Firmes, pero no solos
Estar firmes en el evangelio no es un acto solitario; es una formación en la que tu escudo protege también a tu compañero.
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Estar firmes en el evangelio no es un acto solitario; es una formación en la que tu escudo protege también a tu compañero.
Más que aprender cosas nuevas, la vida cristiana consiste en retener lo que ya recibiste: a Cristo.
Apropiarte del evangelio requiere una decisión deliberada, no un proceso automático.
Puedes tener todo el vocabulario cristiano, toda la cultura cristiana y toda la historia de la iglesia, y no haber recibido el evangelio.
El evangelio no es solamente el punto de entrada a la vida cristiana; el evangelio es la vida cristiana.
El evangelio no se defiende como una posición filosófica; se anuncia como una noticia que el oyente puede recibir o rechazar.
El evangelio es la buena noticia de que Dios reina y ha elegido salvar al hombre por medio de la obra de Cristo. Pero no basta con escucharlo: hay que recibirlo, perseverar en él y retener la palabra.
El evangelio no es una teoría ni un sistema religioso; es una noticia que viene de parte de un Rey.
La gracia de Dios no es solo una disposición pasiva, sino un tutor activo que nos educa para vivir entre dos manifestaciones: la epifanía personal de la salvación y la manifestación gloriosa de la segunda venida de Cristo.
La gracia que se ha manifestado en el creyente puede conducirle en dos direcciones opuestas: hacia una gratitud humilde o hacia una altanería pecaminosa. Pablo le pide a Tito que les recuerde a los cretenses que se sujeten y muestren mansedumbre, porque ellos mismos en otro tiempo no eran distintos.
El nacimiento de Cristo no fue solamente para los piadosos de Israel. Los magos de Oriente nos enseñan que la salvación es del Señor, que Cristo también es para aquellos que se encuentran más lejos, y que lo prioritario es adorarle.
Dios se revela a su pueblo con un profundo sentido histórico y ha provisto sabiduría para los días venideros. Justo antes de entrar a la tierra prometida, Moisés exhorta al pueblo a tres tareas esenciales: no olvidarse de Jehová, no repetir los pecados de siempre, y contar la historia correctamente.
Después de 40 años en el desierto, Moisés enfrenta la misma murmuración del pueblo. Pero esta vez, dominado por el cansancio y la ira, golpea la roca en vez de hablarle, perdiendo el privilegio de entrar a la tierra prometida.
Los discípulos caminaron con Jesús por años, pero aún se sentían turbados e insatisfechos. Cristo no les ofrece empatía, sino una clase de teología: él es el camino, la verdad y la vida. En su persona se encuentra la dirección, el conocimiento y la plenitud que todo ser humano necesita.
Después de haber fracasado con el becerro de oro, Israel recibe la invitación de ofrendar para la construcción del tabernáculo. Lo que aquí se presenta no es simplemente un mandato, sino una invitación a participar personal y activamente en la adoración a Dios con los recursos que él mismo ha provisto.
Mientras más entendamos lo extraordinario que es el verdadero convencimiento de pecado, más nos gozaremos al ser testigos de una genuina obra del Señor.
Quienes por años hemos estado leyendo la Biblia podemos dar por sentado que todo el que tiene una sabe usarla, y quienes comienzan a leerla piensan que algunos tienen una capacidad especial que les permite llegar instantáneamente a cualquier versículo de la misma, para ellos, es buscar la aguja en un pajar y una labor estresante.
No está mal hacer planes y proyectos, no está mal tener una estrategia para administrar el fruto, pero la única mejora que puede ser considerada importante es llevar la iglesia cada vez más a su fundamento original: aquello ordenado por Cristo y documentado por sus apóstoles es la fuente de las mejoras; en eso, al tiempo de Dios, veremos un fruto que permanece.
Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis...