Al tener ahora dos cultos el domingo, un número de hermanos participa en ambos. Una vez al mes celebramos juntos la Cena del Señor, y la pregunta es natural: ¿sería apropiado tomar los elementos dos veces? La respuesta corta es sí, pero como pastor no quisiera dejarla ahí. La Cena del Señor es una ordenanza; debemos seguir participando de ella hasta que el Señor venga. Es también un momento significativo, no un formalismo. Participar con ligereza, sin detenerte a pensar en lo que estás haciendo, tiene fuertes advertencias bíblicas. Y dado que se debe procurar la participación de toda la iglesia, preferimos celebrarla en ambos cultos del domingo, que es el día en que principalmente nos reunimos.
Lo que le hace falta a ese sí es una palabra: discernimiento1. No hay un número de veces ni un día específico establecido; lo que se debe procurar es que la Cena se observe de forma reiterada y con pleno entendimiento de su valor. Si vas a participar dos veces, reflexiona el doble. Prepara aún mejor tu corazón y evita que la repetición se convierta en rutina. Si estás presente en el segundo culto, no te ausentes de la mesa del Señor por haber participado en el primero, pero tampoco te pongas en modo automático. Aprovecha esa segunda oportunidad para que tu alma reciba edificación una vez más.
«Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí».
— 1 Corintios 11:29
El problema en Corinto no era que hubiera pecados ocultos, como frecuentemente se expone el texto, sino que habían desvirtuado la Cena del Señor hasta convertirla en una comida social, sin reflexionar sobre su significado: anunciar la muerte del Señor hasta que Él venga. Puede que al reflexionar un hermano descubra que necesita arrepentirse, y es correcto hacerlo, pero el énfasis del texto está en evitar el ritualismo y la distorsión. Ese mismo énfasis aplica aquí: si participas una o dos veces, que cada vez sea con la seriedad y la gratitud que la mesa del Señor merece.
Footnotes
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En su uso original, discernir (gr. διακρίνω, diakrínō) tiene la connotación de separar una cosa de otra; en el contexto de la Cena del Señor, reconocemos lo singular que es el cuerpo de Cristo y su sacrificio en la cruz. También significa examinar o escudriñar, y en el mismo capítulo se nos invita a examinarnos a nosotros mismos (v. 31). En resumen, se nos indica una actitud activa, no pasiva: como quien está bien despierto, con los sentidos bien aguzados. ↩
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