Es el capítulo 18 del libro de Génesis, parte del trato de Dios con Abraham. Y desde esta porción de la Escritura quisiera mostrar a Abraham, y con él el rol de un padre en el plan de Dios. Es parte de la historia de Abraham y ver desde aquí el rol que desempeñó él como padre en el plan de Dios. Dice así la sagrada Escritura, libro de Génesis, capítulo 18. Estaré exponiendo los versículos 17 al 19, pero para dar contexto leeré también desde el versículo 1. Dice así la sagrada Escritura, la palabra de Dios, “Promesa del nacimiento de Isaac”:
Después le apareció Jehová en el encinar de Mamre, estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día. Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él; y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, y se postró en tierra, y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu siervo. Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y recostaos debajo de un árbol, y traeré un bocado de pan, y sustentad vuestro corazón; y después pasaréis, pues por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo. Y ellos dijeron: Haz así como has dicho. Entonces Abraham fue de prisa a la tienda a Sara, y le dijo: Toma pronto tres medidas de flor de harina, y amasa y haz panes cocidos debajo del rescoldo. Y corrió Abraham a las vacas, y tomó un becerro tierno y bueno.
— Génesis 18:1-7
O sea, se le apareció Jehová a Abraham. Y sigue diciendo el texto que él tomó ese becerro tierno y bueno, una buena carne, y lo preparó para estos visitantes. Vemos a un hombre recibiendo a Jehová mismo, manifestado en esta forma, junto con dos varones que luego se aclara que son ángeles, y la escena es la de un hogar, una tienda, un matrimonio envejeciente recibiendo una visita especial de parte de Dios. Desde ahí, el Señor va a introducir palabras que tienen implicaciones para la historia de la redención y para el rol de Abraham como padre.
Hospitalidad de Abraham, anuncio del hijo y risa de Sara
Y lo dio al criado, y éste se dio prisa a prepararlo. Tomó también mantequilla y leche, y el becerro que había preparado, y lo puso delante de ellos; y él se estuvo con ellos debajo del árbol, y comieron. Y le dijeron: “¿Dónde está Sara, tu mujer?” Y él respondió: “Aquí en la tienda”. Entonces dijo:
De cierto volveré a ti; y según el tiempo de la vida, he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo. Y Sara escuchaba a la puerta de la tienda, que estaba detrás de él. Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres. Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: Después que he envejecido, ¿tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo? Entonces Jehová dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo: Será cierto que he de dar a luz, siendo ya vieja? ¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo. Entonces Sara negó, diciendo: No me reí; porque tuvo miedo. Y él dijo: No es así, sino que te has reído.
— Génesis 18:10-15
Y los varones se levantaron de allí y miraron hacia Sodoma, y Abraham iba con ellos acompañándolos. Y Jehová dijo:
¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer, habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra? Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.
— Génesis 18:17-19
Leo de nuevo ese versículo, que es el que pienso exponer: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él”. Pueden sentarse, mis hermanos. En nuestro país se celebra hoy el Día de los Padres, y el camino más fácil sería tomar la historia de Abraham y tratar desde aquí de extrapolar algunas lecciones morales para los padres que están presentes. Ese sería el camino fácil: ver quizás la vida doméstica de Abraham, ver la reverencia de Abraham al recibir los emisarios de parte de Dios, ver el trato de Abraham con su señora o con sus sirvientes, o las actitudes personales de Abraham.
Lo más fácil sería asumir que Abraham es un buen ejemplo y extraer desde aquí lecciones para padres, y decir: “Miren qué hombre, miren cómo recibe a los visitantes, miren la cortesía, miren la generosidad”. Sin embargo, yo estoy persuadido de que Abraham, por él mismo, no es un buen ejemplo, y puedo demostrarlo. Abraham es un hombre común y corriente que fue llamado por Dios para establecer con él una relación de pacto, de forma tal que instruyera a sus hijos en su camino y sus descendientes alcanzaran para sí, por obediencia al pacto, grandes bendiciones. La tentación en Génesis es tomar la vida doméstica de los patriarcas y sacar de aquí lecciones: “No, son buenas historias”. Pero Génesis está plagado de malos ejemplos, y los patriarcas no fueron usados por Dios porque tuvieron carácter perfecto, fueron usados por Dios porque Dios es perfecto y muy poderoso.
Los patriarcas: historias de pecado y la centralidad del plan de redención
Un grupo de hombres imperfectos fueron colocados en el centro del plan de redención. Eso es la historia de los patriarcas: estos hombres utilizados por el Señor para formar la nación de Israel. Sus historias se nos describen en el libro de Génesis, y sus historias son historias de mentira, de engaño, de poligamia, de incesto, de borracheras, de celos, de parcialidad, de pleitos muchos. Y usted podría tomar con pinzas de la historia y decir: “Bueno, es el Día de los Padres, vamos a buscar lo mejorcito de ellos; yo seleccioné a Abraham”, y en lo mejorcito de ellos encuentro un hombre mentiroso, un hombre que en 35 años el Señor fue refinando su corazón, y un hombre que no era perfecto, pero que fue llamado providencialmente por el Señor, y el Señor le perfeccionó y llegó a ser el padre de la fe.
Hermano, sea cuidadoso con las historias bíblicas, porque las historias bíblicas no están aquí para hacer “moralinas” de ellas. El centro de toda esta historia es el plan de redención y cómo el Señor, contra los hombres mismos, hace que avancen sus planes. Esto es lo primero que debemos entender hoy: un hombre y su casa entrando con Dios en una relación de pacto. Lo otro es la consecuencia natural. Uno dice: “Bueno, yo quisiera, hermano, hablar del trato de Abraham hacia su señora Sara; no lo trate de imitar. ¡Wow!, yo quisiera ver las prácticas de crianza de Jacob; no lo imite. Me gustaría ver la relación de Noé con sus hijos; véala y mire a Cristo”.
Las historias del Antiguo Testamento no están allá para sacar de ellas ejemplos morales, están allá para que nosotros mismos nos maravillemos cómo el Señor, contra todo pronóstico y a pesar de ellos, utilizó hombres imperfectos para hacer avanzar sus planes. Y los padres dicen: “Y esto para el Día de los Padres…”. Bueno, yo estoy persuadido de que no hay justo ni aun uno. Y si tomo a Abraham, en la medida en que lo entretengo como ejemplo moralista, eso es en detrimento tuyo y mío. Si ni siquiera de Abraham podemos decir que fue perfecto, sino que tuvo que ser perfeccionado por Dios para que alcanzara su propósito, ¿qué será de nosotros como padres?
El llamado más alto para un padre cristiano y una anécdota sobre Abraham y Sara
Esto es lo primero. Lo otro es la consecuencia natural. ¿Cuál es la consecuencia natural? El llamado más alto para un padre cristiano es llegar a participar, desde su casa, en la historia de la redención, siendo una influencia espiritual y asumiendo con responsabilidad la instrucción de los suyos en los caminos del Señor, de forma tal que los suyos hereden la promesa. Me reí en esta semana hablando con Caro del trato de Abraham con Sara. Yo me decía: “Si hubiese sido en otro tiempo, quizá vienen los emisarios de Dios y él le dice: Sara, prepara comida; y la mujer le reprende: aquí no hay nada, ¿acaso tú has traído comida?, ¿ahora quieren que nos pongamos a cocinar?”. Y uno dice: “Qué bonito trato, el trato de Sara”. Hermano, no trate de imitar eso como si fuera una receta matrimonial.
No son moralinas. Es una lección. ¿Cuál es la lección? Que Dios está haciendo un pueblo, y que hombres como Abraham, como Isaac y como Jacob fueron utilizados por Dios para establecer ese pueblo, y que Dios aún en nuestros días sigue extendiendo ese pueblo, y que padres como tú y como yo podemos ser parte de la historia de la redención. No es una historia moral, es una historia de providencia. Comienzo mostrando el momento en que Abraham recibió esta promesa. Dicen así los versículos 10 y 11 que ya leímos: el Señor dijo que volvería, y que según el tiempo de la vida, Sara, su mujer, tendría un hijo.
Y Sara escuchaba a la puerta de la tienda que estaba detrás de él, y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada, él tenía quizás 99 y ella 90, y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres; ya no menstruaba, no había probabilidad humana de procreación. “Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: Después que he envejecido, ¿tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?”. Esta historia es una historia de imposibilidad. Abraham recibió la promesa de forma general quizás a los 65 años, y cuando estaba por cumplir 100, el Señor le visitó de nuevo. O sea, que habían pasado 35 años donde Abraham estuvo caminando en los caminos de Dios y todavía no tenía un hijo.
35 años de espera: gracia, dependencia y la señal del pacto
En este momento Abraham todavía no es el padre de la promesa, pero el Señor viene y le reitera. Y estas historias parecen historias repetitivas, pero yo creo que Dios tiene un plan. Y está esperando 35 años de forma tal que Abraham entienda que él no va a ser el padre de la promesa porque fuera inteligente, porque fuera sabio, porque fuera un buen esposo. Es que el Señor providencialmente le daría un hijo de la promesa. Ay, hermano, padre que estás presente, yo no quisiera transmitirte la pesada carga de que te esfuerces para ser “un padre de la promesa”, como si fuera por tu fuerza. Yo quisiera transmitirte la actitud dependiente de que si Abraham, el padre de la fe, no fue parte de la historia de la redención por su genialidad, por sus buenas prácticas domésticas, tampoco nosotros; todos tendremos que depender de Dios.
Si el Señor me concediera la oración, yo esperaría que los padres que están aquí hoy entiendan que nosotros no podemos, por nuestros propios medios, participar en la historia de la redención; que esto es una gracia que el Señor puede darnos. Abraham había ya esperado e incluso intentado por sus propios medios. De hecho, en lo humano él había podido procrear: procreó a Ismael. Pero en lo espiritual todavía él no tenía el hijo de la promesa, y el Señor ya antes le dijo: “No es Ismael; yo te daré un hijo y será el hijo de la promesa”. Los intentos humanos no hacen que nosotros participemos del plan de redención; el Señor puede concederte tener hijos de la promesa.
Menos de un año antes el Señor le hizo una visita que se parece a esta, y en esta visita el Señor les reiteró varias cosas; entre ellas, la promesa se la hizo aún más concreta y cambió sus nombres: de Abram le puso Abraham, y a su esposa también le cambió el nombre. Y en este momento Abraham se circuncidó. No podemos ver la circuncisión, que es la señal del pacto, como algo que fue parte de Abraham desde el comienzo y no es así; en la etapa final, ya cuando Abraham iba a concebir a Isaac, entonces el Señor le estableció la circuncisión, y dice que se circuncidó Abraham y también circuncidó a los suyos. La circuncisión era la señal del pacto.
Hermano, la historia que hay aquí no es una historia doméstica de un matrimonio que no puede tener hijos y el Señor se los concede. La historia que hay aquí es una historia de redención, donde el Señor, a través de un grupo de hombres, está alcanzando sus propósitos, y en este momento utiliza dos envejecientes para que nos demos cuenta que la historia es la de Dios y no la nuestra. Uno pudiera decir: “¿Y por qué el Señor no llamó a Abraham cuando tenía 35 y cuando Sara tenía sus 20?”. El Señor estaba mostrando que la historia de la redención es suya y no nuestra, y nos está mostrando que esto no es un asunto biológico, que es un asunto providencial.
Elección soberana y la incapacidad humana de Abraham
La historia de la redención no se ha terminado, pero yo creo que la historia de la redención es algo mucho más grande que llegar a tener hijos. A todos nosotros nos felicitan el día de hoy: “Felicidades, padres”, nos felicitamos los unos a los otros. Nosotros podríamos, en lo humano, tener hijos, pero con la ayuda del Señor podemos tener hijos dentro de la promesa dada a Abraham. No es la historia de un matrimonio, es la historia de la redención. Abraham había tenido 35 años para prepararse. Uno ve a Abraham siendo llamado por Dios y parece que Abraham era perfecto; no, Abraham era un hombre igual que los hombres de su tiempo. ¿Y por qué el Señor seleccionó a Abraham? Pregúnteselo a él.
A mí me llama la atención que Pablo respondió muchas cosas en el Nuevo Testamento a la luz de esta historia, pero no trató de responder por qué el Señor se seleccionó a uno y no a los otros. “Porque él quiso” es la respuesta. ¿Y por qué el Señor te salvó a ti? “Porque él quiso” es la respuesta. Bueno, por favor, no veamos a Abraham como que Abraham era un hombre bueno y por ser bueno el Señor lo utilizó. Abraham era un hombre común y corriente, y no era bueno, y el Señor quiso utilizar a Abraham para sus propósitos. Y esperó que Abraham y su esposa fueran envejecientes para entonces darle al hijo de la promesa, de forma tal que el Señor está mostrando que la historia es suya y no mía.
Él había salido ya de su tierra y su parentela. Desde el capítulo 12 de Génesis se describe una larga historia y usted dice: “¿Por qué se describen tantos hechos?”. En gran medida, para que veamos el trato de Dios con su siervo de forma tal que perfeccionó su corazón. Y usted llega a Génesis 18:19 y usted dice: “Wow, esto es que Abraham entonces estaba listo desde el principio”. No, Abraham fue perfeccionado durante 35 años, de forma tal que entendió cuáles eran los caminos de Dios y pudo instruir su casa. Muestro que Abraham no era bueno, hermano; aquí vengo yo ahora como a difamar a Abraham. El Señor me cuide, el Señor me cuide, porque no es tomar un personaje y destruirlo por destruirlo.
La gente anda buscando personajes buenos y malos, como los muñequitos. En la Biblia no hay eso; en la Biblia hay muchos personajes malos y un solo bueno. ¿Han visto esta actitud como polarizante? Las personas dicen: “Mira, el bueno contra el malo”. El Señor decía: “¿Por qué me llamas bueno? Si solamente hay uno que es bueno”. A los niños a veces se comete el error de darles en la escuelita bíblica una idea de que hay personajes buenos. A mí me enseñaron que Sansón era bueno, y después de adulto leí la historia y dije: “¿Dónde es que él es bueno aquí?”. Él era bueno para cometer pecado, era bueno para desobedecer a sus padres, era bueno para ofender a Dios. Abraham no era bueno; Dios es bueno.
Pecados de Abraham, providencia de Dios y la familia como proyecto espiritual
Miren, después de salir de su tierra para ir a Canaán, en un momento difícil dice que Abraham descendió —y así mismo se traduce Génesis 12:10— y fue a Egipto. Dios le dijo: “Quédate en Canaán”, pero en algún momento se puso dura la cosa y el hombre descendió a Egipto. ¿Y qué tú buscas en Egipto? Problemas. Abraham tuvo temor del hombre y reiteradamente mintió, exponiendo a su esposa al adulterio. Le dijo: “Tú eres muy bonita y probablemente si me ven contigo me van a matar; di que tú eres mi hermana”. Y él consintió en que su mujer sea tratada como su hermana y fuera puesta en la casa de un hombre poderoso, y el Señor le habló a ese hombre. Le dice: “¿Qué estás por hacer? Esa es una mujer casada”.
Y yo me preguntaba: “Abraham, ¿y tú no lo sabías, que estabas exponiendo a tu esposa a semejante cosa?”. ¿Tengo yo hoy, hermano, que desacreditar a Abraham? No, yo no desacredito a Abraham, yo exalto a Cristo. Si hay un personaje bueno en la Escritura, es el Señor. Y si Abraham fue salvo, fue salvo por los méritos de Cristo. El Señor le dijo: “Sal de tu tierra y de tu parentela”, pero él obedeció parcialmente el mandamiento: se llevó un sobrino, a Lot, que después le dio problemas, y tuvo que pasar años para que entonces el Señor lo desarraigara y lo mandara lejos, para que Abraham entonces tuviera en cumplimiento el mandamiento. Y él no lo cumplió por sus propios medios, sino por la providencia del Señor.
Eso es un padre tratando de hacer la voluntad del Señor, todavía cargado de cosas antiguas que el Señor hace rato que le mandó a quitar, y si el Señor no te la quitara providencialmente tú tampoco nunca las soltarías. Luego volvió a mentir, y yo digo: “Abraham, ya tú no sabes que la mentira ofende a Dios”, y expuso de nuevo a su esposa al adulterio, y el Señor de nuevo tuvo misericordia de Abraham. Después se dio a la presión de Sarai, tomando una sierva egipcia y procreó a Ismael. Esas historias que las personas leen en Génesis dicen: “Wow, mira, mira lo que pasó, cómo es que es lo que pasó…”. No lea eso como que eso es normal, porque si usted entiende que eso es normal usted es peor.
Y luego de tal larga espera y de preparación espiritual de 35 años, el Señor entonces le dice que se circuncide —que es la señal del pacto— y le dice que Sara, ya cuando no puede concebir por medios humanos, es a través de ella que va a venir la promesa. Por favor, hermano, entienda que estas no son historias domésticas para que nosotros las repliquemos, sino que esta es la historia de la redención en vivo y directo, y Dios nos está mostrando cómo él alcanza su propósito en nosotros. Usted, por sus propios medios, no será el instrumento que Dios usará; Dios puede preparar él mismo sus instrumentos. La gente piensa que los patriarcas fueron utilizados porque eran buenos, que eran hombres dignos, que eran hombres apartados; no, Dios les apartó, Dios les hizo buenos, o por lo menos aceptos para alcanzar su propósito.
Urgencia de Dios: el hijo de la promesa y la condición del pacto
Alguna aplicación y me muevo. Mira, la urgencia de Dios no estaba en cumplir el deseo natural de que un matrimonio tuviera hijos; eso no era. La urgencia de Dios estaba en cumplir una promesa que viene desde el principio de Génesis y se consuma en Apocalipsis. Aunque antes Abraham procreó naturalmente, Dios dramáticamente esperó la imposibilidad para traer a Isaac, de forma tal que está mostrando que ese hijo es suyo y no de Abraham, es el hijo de la promesa. Quiero llegar al versículo 19. Estaba hablando del momento en que Abraham recibe la promesa, un momento de imposibilidad donde habían dos envejecientes.
¿Qué dice el 19? Recuerden que todavía Abraham no tiene a Isaac, pero el Señor le está diciendo, después de 35 años de preparación: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él”. Ese versículo le rompe a uno la cabeza con relación al plan de Dios para Israel. Yo crecí en un ambiente donde me enseñaron que Dios tenía dos tratos: un trato con Israel y un trato con los gentiles, y que al final “todo Israel será salvo”. ¿Por qué? Porque eran hijos de Abraham.
Cuando yo leo versículos como este, me muestra que esto no solamente era un proceso natural; era un proceso de instrucción, de dependencia de Dios, y que todos nosotros no podemos lograrlo por nuestros propios medios, sino que el Señor lo logra en nosotros. Lo traduce así Reina-Valera: “Porque yo sé que mandará a sus hijos…”. Me gusta cómo lo traduce la NVI, porque le da más carga a la providencia del Señor y creo que hace más justicia al texto: “Porque yo lo he escogido”, dice. Y nos confirma que la historia de la redención es algo providencial, no opera por capacidad humana. No era que Abraham podía hacer mi voluntad, sino que “yo le he escogido”.
Elección, cabeza de casa y perspectiva federal de la familia
Otra traducción también aceptable dice: “Porque yo lo conozco”, y uno pregunta: “¿Y por qué tú lo conoces así?”. “Porque yo lo he preparado para eso”. Yo no quisiera que mis hermanos saquen pecho y digan: “Por nuestros propios medios entraremos en la historia de la redención”. No. Si el Señor nos ayuda, si el Señor nos escoge, si el Señor nos da parte en la historia de la redención, entonces participaremos, porque “yo le he escogido para esto”. Un hombre piadoso reconoce su incapacidad y depende de Dios humildemente. Abraham no saca pecho y dice: “Dios me escogió porque yo…”. No, Dios me escogió para esto.
Isaac no debería sacar pecho, sino decir: “Yo soy parte de una historia que comenzó antes de mí; yo soy humilde y reconozco el trato de Dios con mi familia”. Y yo creo que Jacob mismo reconoce su incapacidad: “Yo no puedo; soy un engañador, un mentiroso, con una promesa más grande que él mismo”. En algún momento yo leía la historia de Jacob y entendía como que Jacob era bueno y Esaú era malo, y Jacob estaba buscando espiritualmente caminar con Dios; y no, él era un engañador. Él andaba buscando otra cosa, y Dios andaba buscándolo a él. No es que Jacob era bueno y Esaú era malo; no, Dios es bueno y escoge a Jacob, eso es.
Después dice el texto —voy siguiendo la Biblia de las Américas primero—: “Yo le he escogido”, después: “para que mande a sus hijos y a su casa después de él”. Aquí hay un proyecto, y este proyecto se está estableciendo a través de la familia. Se muestra la familia como una entidad federal, como una casa, no solamente un proyecto de procreación; es una entidad delante de Dios, con un dominio y una cabeza que establece un orden espiritual en esa casa. “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí”, dice él. No es: “Ah, es que Abraham es un hombre de oración, entonces yo voy a hacer algo en su vida”. No. “Yo he escogido a Abraham para que Abraham establezca una casa, una familia con una identidad diferente”.
Yo sé, hermano, que mis explicaciones no son exhaustivas y yo hago mi mejor esfuerzo, pero yo mismo, para entender el orden de la Escritura, tuve que entender versículos como ese. ¿Cómo es que yo soy parte de la herencia de Adán y cómo es que yo estoy en Cristo? ¿Y cómo es esto de que el pecado de los padres…? Es que el Señor tiene un pensamiento federal sobre una casa. Él no solamente ve dos personas que se casaron y tuvieron un hijo; él está mirando una entidad que se estableció, y a través de esa entidad el Señor está haciendo algo. Es una perspectiva federal de la familia: una casa establecida, una cabeza en esa familia, y esa cabeza va a establecer un orden, y el Señor entiende que es legítimo que lo haga.
Casa, linaje y transmisión espiritual más allá de la biología
“Mandará a sus hijos y a su casa después de sí”. La familia tiene un sentido de trascendencia. Una familia no es solamente una convención social, es un proyecto espiritual, y ese proyecto espiritual tiene una cabeza espiritual y el Señor habla con ella. Es interesante que el Señor no habló con Sara, habló con Abraham. Le dijo: “¿Dónde está Sara?”. Y en el Edén el Señor no habló con Eva, habló con Adán y le dijo: “¿Dónde estás tú?”. Hay un orden, hay un orden en esta creación, y los hombres han querido desconocerlo. Para entender la historia de la redención debemos entender que esto tiene un orden: el Señor estableció que a través de una casa, a través de una cabeza, se establezca un orden espiritual.
Ese término “casa” en la Biblia alude no solo a un espacio físico, sino a un espacio de influencia. “Porque yo sé que mandará a su casa y a sus hijos”. No es un lugar físico; Abraham era errante. No es su tienda lo que le están diciendo, es un linaje: el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. El Señor no está pensando solamente en un espacio físico. Eso nos rompe la cabeza a nosotros como occidentales, porque nosotros entendemos que la gente, cada uno, tiene su espacio y no tiene ningún arraigo. El Señor ve en esto un orden espiritual.
Es evidente que la influencia era espiritual, pues Abraham no podría mandar físicamente a su casa después de él, pero espiritualmente sí podía incidir. Abraham no podría llegar quizás hasta José, quizá no podría llegar hasta Judá, pero él podría establecer un orden espiritual, y esa semilla espiritual que era la promesa del Señor pasaría de una generación a la otra. Es una manera distinta de ver el proyecto. Otro asunto que rompe la cabeza: las personas asumen que por ser judío y ser de Israel ya usted es hijo de Abraham; no. Más que procrear en lo físico, este era un proyecto de instrucción. Dice: “que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio”.
No es herencia mecánica: hijos de la promesa y el verdadero Israel
No es: “Abraham, ten hijos, porque tus hijos y tus hijos serán salvos”. Sino: “Abraham, ten hijos y ejerce sobre ellos una influencia espiritual, de forma tal que tus hijos terminarán heredando las promesas”. Quien no entiende ese asunto siempre está generando situaciones al leer la Biblia, porque ve el pueblo de Israel y se da cuenta que era un grupo también de hombres perversos, y que muchos de ellos no eran hombres regenerados y no hacían la voluntad de Dios, y dice: “¿Cómo es que ellos son el pueblo de Dios?”. Dice el texto: “en el camino de Jehová”. Recuerden que el Señor se le reveló a Abraham y Abraham estuvo caminando con Dios durante 35 años, y ahora el Señor le dice: “Eso mismo es lo que tus hijos necesitan aprender”.
Y ellos no heredarán los beneficios del pacto de manera mecánica o genética, ellos heredarán los beneficios del pacto porque tendrán el privilegio de que tú ejerzas sobre ellos una influencia espiritual y les instruyas a andar en mi camino, andando en justicia y andando en juicio. Cuando Israel peca, Israel no es salvo. Israel es salvo siempre y cuando se cumplan los compromisos y las condiciones que tenía el pacto. Eso no lo digo yo, hermano, el Señor eventualmente lo clarificó aún más. Dijo que el verdadero Israel, los verdaderos hijos de Abraham, no eran aquellos que habían sido engendrados naturalmente:
Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.
— Lucas 3:8
“Dejen la presunción espiritual”, es lo que les está diciendo. Y Pablo en Romanos explica que Israel no es solamente un asunto físico, que es un asunto espiritual y que hay nacimiento espiritual. “Yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová…”. Ay, hermano mío, que invierte una gran cantidad de tiempo orando por sus hijos diciendo que sus hijos son “hijos de la promesa”. Y dicen: “Mis hijos van a ser salvos porque yo soy cristiano y mis hijos son hijos de la promesa”. Hermano, ¿sabe cuáles son los hijos de la promesa? Aquellos que son instruidos en los caminos del Señor, de forma tal que guardan el pacto y heredan las bendiciones del pacto.
Estos no son asuntos genéticos, no son asuntos de herencia física; estos son asuntos espirituales. Para que Abraham y sus hijos heredaran la promesa, tenían que guardar el mandamiento de Jehová, es lo que puedo decir. Salgamos de este ánimo mecanicista de asumir la familia y entender que porque son hijos nuestros, entonces serán salvos. Los hijos de Abraham necesitaban instrucción, y Abraham también. Y si ellos guardaban el pacto, entonces heredarían las bendiciones del pacto. Y los nuestros no serán salvos mecánicamente; hay una influencia espiritual, hay una casa establecida y hay una instrucción dada, y a través de la instrucción entonces ellos pueden llegar a ser salvos, es lo que puedo mostrar.
Contraste con Sodoma, diligencia de Abraham y la construcción de una casa espiritual
Lo que sigue en el texto es Sodoma y Gomorra, y yo vuelvo al Señor haciendo un paralelismo. Hay una ciudad de hombres que no hacen mi voluntad y yo estoy presto a destruirlos, y aquí hay un nacimiento con la promesa, donde si hay instrucción, entonces habrá bendición y heredarán el pacto. Hay una comparación: “Abraham, yo estoy haciendo contigo un pacto, yo espero que tú guardes el pacto, pero yo quiero que tú sepas que yo estoy ahora mismo de camino a destruir una ciudad”. Piense esto, hermano querido: nosotros no seremos destruidos porque somos parte de un pacto; somos parte de una casa espiritual que ha sido establecida.
Pero Abraham sabía que Sodoma y Gomorra iban a ser destruidas. Dice el versículo 20:
Entonces Jehová le dijo: Por cuanto el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo…
— Génesis 18:20
¿Qué es lo que el Señor le está diciendo? “Abraham, contigo yo estoy estableciendo en este momento una promesa espiritual y estoy estableciendo un pacto, y hay condiciones del pacto y yo espero que tú cumplas el pacto, pero si no cumples el pacto, ustedes también, igual que Sodoma, pueden ser destruidos”. Y ahí uno se pregunta: “¿Y Abraham qué hizo? Dios le dijo todo; ¿y Abraham qué hizo: instruyó a sus hijos o no los instruyó?”. Hermano, lea Génesis así; no lea Génesis como narrativas familiares para imitar, lea Génesis como Dios desarrollando una historia a través de estos hombres.
Y usted encontrará que realmente Abraham alcanzó el propósito. Hago un resumen rápido. Eventualmente Abraham tuvo que casar a su hijo Isaac, y ¿sabe qué hizo? Buscó un siervo suyo y le dijo: “No le busques de Canaán la esposa; ve allá, a mi parentela; ten cuidado”. Le dijo: “Júramelo delante de Jehová que no buscarás una mujer cananea para mi hijo”. Él estaba haciendo una casa espiritual. Y usted puede decirme: “Pastor, pero yo no puedo hacer eso”. Quizás si usted comienza tarde no puede hacerlo, hermano, pero transmitir a nuestros hijos que hay un pueblo, que hay un legado, que hay una herencia, y que hay cosas que se hacen y cosas que no se hacen, eso lo hizo Abraham y lo puede hacer usted. Y Abraham no era mejor que usted.
Pero el siervo de Abraham tampoco era un desconocido. Evidentemente también había conocido el testimonio de Abraham, de forma tal que el siervo de Abraham no se aproximó al proyecto como un asunto físico, solamente una diligencia, sino que oró a Dios. Y uno encuentra al siervo de Abraham orando a Dios, y uno dice: “¿Y de quién aprendió él a orar?”. Claro, de su señor Abraham, que está estableciendo una casa espiritual.
Influencia espiritual, Isaac, Jacob y la santificación de la casa
Después el siervo recibió una respuesta favorable, y ¿sabe qué hizo cuando recibió respuesta favorable? Se inclinó, adoró a Jehová y bendijo al Dios de su amo. Hermano, hermoso. Abraham no se conformó con decir: “Yo tengo la promesa y la promesa se la dejo a mis hijos”. No. Abraham instruyó a los suyos en los caminos de Jehová, y eventualmente los suyos tomaron también decisiones en cuanto a ese linaje y caminaron de frente a Dios, y terminaron heredando la promesa. ¿Todos ellos? Le diría: no, aquellos en los cuales el Señor hizo una labor de instrucción y de gracia. A él le preguntaron: “Oh, pero es verdad, Abraham ha sido bendecido”. ¿Sabe qué dijo el siervo? “Es que Jehová le ha bendecido”.
Después vendrá la historia de Isaac, una historia cortita en la Escritura, pero dice que Isaac comenzó a adorar al Dios de Abraham. Y después viene la historia de Jacob, y usted dice: “Jacob, esa historia comenzó muy mal”. Unos cuantos capítulos requirió. Yo a veces veo, hermano —y esto solamente que sea una chanza, pero yo puedo hacerlo—, como que el mayor número de capítulos que se le dedica a la historia de los patriarcas es el mayor esfuerzo que Dios hizo para que uno en relación al otro terminara haciendo la voluntad de Dios. Son varios capítulos de la historia de Jacob, quizá desde el 28 al 35, y es un proceso de santificación para Jacob, y Jacob termina santificando a su familia, cambiando su nombre de Jacob a Israel y haciendo la voluntad de Dios.
No es que Jacob solamente heredó la promesa mecánicamente; no, él heredó la promesa, recibió instrucción y después recibió santificación, y terminó haciendo en su vida la voluntad de Dios. Y el Israel que usted encuentra santificando a su familia en el capítulo 35 de Génesis no es el Jacob que usted encuentra haciendo chanchullos familiares al principio de la historia. Con esto estoy mostrando, hermano, que estas historias no son historias para buscar personajes buenos que replicar; es para ver cómo Dios santificó a estas personas, de forma tal que estableció un linaje. Y si el Señor lo hizo con ellos, lo puede hacer con nosotros.
Y alguien me dirá: “Pastor, ¿y cuál es el mensaje? Es el Día de los Padres…”. Que necesitamos santificación. “Pastor, ¿y cuál es el mensaje para nosotros?”. Que no nos conformemos solamente con engendrar, que hay que capacitar e instruir. “¿Y qué podemos aprender como padres?”. Que el Señor puede tener de nosotros misericordia y permitirnos establecer una casa espiritual. Pero no es un asunto mecánico, hermano; padre por ser padre no te da nada. Queremos las promesas.
El verdadero Israel, la condición de obediencia y la prioridad de lo espiritual
Quien no entiende este asunto siempre está exagerando el lugar del Israel nacional, y atesorando a Israel como si fuera un asunto maravilloso en sí mismo. Vean los profetas hablando a Israel de las violaciones del pacto: “Han violado el pacto, han violado el pacto y han violado el pacto; no tendrán la herencia”, y eventualmente siendo despojados. ¿Quién es el verdadero Israel? Los verdaderos hijos de Abraham eran aquellos que guardaban el camino de Jehová.
Después dice el versículo 19 —y cierro la exposición de ese texto— que está condicionando la promesa a la obediencia: “Que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él”. Esa actitud pasiva de esperar la promesa del pacto hay que dejarla. Un pacto tiene condiciones: en medio hay dos partes: aquí está Dios, aquí estás tú, y hay una condición; y cuando tú honras el pacto, entonces recibes la recompensa, y cuando no, recibes castigo. No es un asunto mecánico, transaccional solamente, pero la promesa se condicionó a la obediencia: “para que haga el Señor venir sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él”. No es un asunto solamente de que yo soy un hijo de la promesa; es un asunto de que yo cumplo las promesas.
Hablo aquí a los padres: mire, las bendiciones espirituales del pacto de Jehová son incomparables con cualquier bendición material. De hecho, aquellos que no eran parte de la promesa también fueron bendecidos. Ismael, el Señor trajo promesas sobre Ismael, pero no la promesa eterna que le había dado a Abraham. Reyes salieron de él, dijo el Señor. Usted busca a Jacob y a Esaú y tanto Jacob como Esaú prosperaron materialmente, pero la prosperidad temporal no es el todo del hombre.
Ismael, Esaú, Jacob y la herencia que realmente vale
Lea la historia de Esaú y se va a dar cuenta que Esaú no era un desarropado, no era un hombre que no tenía patrimonio. Era un hombre que tenía prestancia, era un hombre que tenía dignidad. En algún momento se encontraron los dos hermanos, y cuando se encontraron los dos se dijeron el uno al otro: “Yo estoy bendecido, ¿y tú?”. “Y yo también”. “Yo no necesito nada”. “Tú tampoco”. ¿Y cuál es la diferencia? Usted los lee, los ve y los compara en lo material y probablemente estaban iguales, pero en lo espiritual Jacob tenía la promesa.
Con esto le quiero mostrar a los padres que no basta con que a nuestros hijos materialmente les vaya bien. Tanto a Jacob como a Esaú les fue bien, tanto a Ismael como a Isaac les fue bien materialmente. Lo que importa es que hereden la promesa de Dios, y la promesa de Dios es algo superlativo con relación a cualquier bien material. Ahora te pregunto yo a ti, papá que estás presente, ¿cómo tú sabes que a tus hijos les está yendo bien? No porque ya estudiaron, no porque tienen bienes. ¿Sabe por qué a nuestros hijos les está yendo bien? “Que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él”.
A nuestros hijos les está yendo bien cuando son hijos de la promesa, cuando están guardando el pacto, cuando son parte de algo que no solamente dura unos 30 o 40 años, cuando tienen promesas eternas. Y en esa promesa nosotros como padres nos gozamos. Aunque los patriarcas llegaron todos a ser materialmente prósperos, su mayor tesoro fue su posición ante Dios. Abraham era un hombre muy rico. Yo quisiera entrevistar al hermano; pero si entrevistáramos a Abraham y le preguntáramos: “Abraham, ¿qué es lo más valioso que tú tienes?”, yo puedo hablar por él. “Yo era un hombre común y corriente; yo, sin Dios, pude haber acumulado patrimonio con mi inteligencia. La cosa más valiosa que tengo, lo que no pude haber ganado por mis propios medios, es la promesa de Dios sobre mi vida”.
Entonces le pregunta a uno a un Jacob santificado: “Jacob, ¿qué es la cosa más valiosa que tú tienes?”. Y yo no creo que él esté contando su cabeza de ganado, no creo que esté contando sus pozos. Con toda seguridad va a decir: “Yo tengo pozos, yo tengo criados, yo tengo cabeza de ganado, pero la cosa más valiosa que hay sobre mí es la promesa de Dios que en mí es realidad”. Usted le pregunta a los hijos de Jacob cuál era su herencia, y le dirán que la herencia era una herencia espiritual.
Llamado final a los padres: no conformarse solo con engendrar
Hermano, estoy mostrándole con esto que la historia de la redención es algo más grande que un buen ejemplo de un padre que hace la voluntad del Señor. Es un asunto providencial, y el Señor puede concedernos, aun fuera del pacto, prosperidad temporal, como Ismael o Esaú, pero no una relación con Dios. Una relación con Dios es un asunto de pacto y es una providencia del Señor. Gózate cuando a los tuyos no solamente materialmente les vaya bien, porque a Esaú le fue bien materialmente. Gózate cuando los tuyos hayan sido incluidos dentro del pacto que el Señor ha establecido con su pueblo.
Obtener la bendición del pacto debería ser un estímulo para que, como padres, nosotros caminemos con Dios e instruyamos a nuestros hijos. Escribí, hermano, para concluir, esto: no nos conformemos con tener hijos. No nos conformemos con que nuestros hijos alcancen prosperidad temporal. La meta de un padre piadoso ha de ser instruir a sus hijos y a toda su casa para que sean alcanzados ellos por las bendiciones del pacto del Señor. Esa es la promesa más grande. Que el Señor nos ayude a todos nosotros como padres, que veamos en esto un proyecto espiritual.