Después de la Navidad, cuando el mundo guarda la decoración, la iglesia debería mantener el enfoque: contemplar a Cristo no es la labor de un mes sino la tarea de toda la vida. Cuando le miramos a cara descubierta, como en un espejo, somos transformados de gloria en gloria en su misma imagen por la obra del Espíritu Santo.
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Llegué hoy a la iglesia y ya no estaba la decoración de Navidad. Al dejar de ver la decoración, sentí que se terminó la temporada. Se terminó la temporada, pero Cristo sigue siendo el tema de la iglesia del Señor. Con la Navidad me pasa lo mismo que con la playa: la disfruto mucho más cuando ya han pasado los días festivos. Cuando el turista se está yendo, entonces yo voy llegando. Cuando el mundo está buscando cajas para guardar la decoración, yo tengo la convicción de que los cristianos deberíamos mantener el enfoque.
Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.
— 2 Corintios 3:18
Más allá de la Navidad
Nuestro trabajo principal no es hacer que la gente piense en Cristo durante la Navidad, sino dedicarnos nosotros mismos permanentemente a contemplar a Cristo. Esto no es la labor de un mes, no es la labor de un festivo, no es ni siquiera la labor del año; es la labor de una vida. Se ha identificado a nivel mundial que el 16 de enero es el día más triste del año, cuando los índices de ansiedad y depresión se disparan. Lo que demuestra que la Navidad cultural no es suficiente para satisfacer las necesidades profundas del corazón del hombre.
Yo necesito ver a Cristo; no puedo dejar de verlo. Cuando dejo de ver a Cristo, la vida se me vuelve insoportable. Un creyente habituado a contemplar las glorias de Dios ya no puede vivir sin eso. Cuando dejes de ver a tu Señor, la familia se te volverá un hastío, en tu día a día no podrás dar un paso adicional, sentirás que el gozo de tu vida se esfumó. Después de haber visto las glorias del Señor, no puedes vivir sin contemplar a Cristo. Los antiguos le llamaban a esto la imitación, y estoy persuadido de que imitación es mucho más que obediencia.
El privilegio de ver a Cristo
Esto es un privilegio de la iglesia del Señor. Las posibilidades que teníamos los seres humanos de mirar a Cristo con el rostro descubierto eran mínimas. Pablo está apelando a una historia del Antiguo Testamento: el libro de Éxodo, capítulo 34, cuando Moisés fue a recibir la ley de Dios. Durante cuarenta días estuvo en la presencia del Señor, y sin que fuera para él dramáticamente evidente, su rostro se fue transformando. Cuando descendió, su rostro resplandecía de forma tal que era molesto para el pueblo y tuvo que cubrirlo con un velo.
«Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta…» Nosotros no estamos en la situación del pueblo anteriormente; estamos en una mejor situación. Moisés contempló la gloria de Dios en forma solitaria; nosotros todos juntos podemos contemplar la gloria de Cristo. La transformación de Moisés fue temporal; la nuestra se esperaría que sea permanente, y que mientras más veamos a Cristo, más nos parezcamos a Él.
Yo no creo que haya otra manera posible de vivir en santidad que no sea viendo a Cristo. La iglesia del Señor no se une con actividades especiales; se une cuando todos nos ponemos a una para mirar en la misma dirección, y la dirección es Cristo. No necesariamente porque tú te pareces más a mí o yo me parezco más a ti, sino porque los dos nos parecemos un poco más a Cristo. Ver a Cristo a rostro descubierto significa que Dios se ha acercado o nos ha acercado a Él de forma tal que nuestros pecados han sido borrados.
Contemplar como en un espejo
La única manera de que el consejo de Dios haga sentido para ti es porque has visto a Cristo con el rostro descubierto. Más que mirar, es mirar detenidamente, como por un espejo. En el mundo antiguo los espejos no eran abundantes. Tener un espejo era una herramienta muy exclusiva, y quien tenía uno lo usaba con dedicación, corrección y atención en pequeños detalles.
Cuando una persona mira a Cristo detenidamente, llega a tener niveles de autoconciencia que están por encima de la media. Cristo es el varón perfecto, y cuando lo ves, te ves a ti. Te das cuenta de lo que a ti te falta y lo que a Él le sobra. Ese contraste es lo que produce la madurez espiritual. Más que un asunto de obediencia o memorización, el proceso del discipulado es un asunto de admiración e imitación. Vemos a Cristo y tratamos de ser como Él es. Inicialmente su rol nos queda muy grande, pero poco a poco vamos entrando en personaje.
La imitación de Cristo
Cuando comienzas a imitar a Cristo, vas a sentir que eres como una caricatura de Cristo. Eso es natural inicialmente. Dices: «Es que yo no sé hablar como Él habla, pensar como Él piensa, sentir como Él siente.» Yo sé que no sabes, pero tienes que entrar en el asunto. En cada área del saber, las personas llegan a tener el comportamiento a través de la imitación.
Lea la Biblia, pero no solamente lea la Biblia. Mire la historia de Cristo como si fuera un espejo para usted. Trate de replicarle, de que sus atributos comunicables lleguen a estar en usted. ¿Cómo habla? ¿Cómo actúa? ¿Cómo ora? ¿Qué haría en determinadas circunstancias? ¿Cuáles de sus actitudes te quedan grandes ahora mismo? Todo cambio requiere imitación. Eventualmente te desconoces a ti mismo y después llegas a asumirlo.
Transformados de gloria en gloria
«Nosotros todos» —parece una expresión redundante, pero el apóstol estaba destacando que parecerse a Cristo es algo que está y debe estar al alcance del común de los creyentes. No es para los apóstoles ni para los privilegiados; es para toda la iglesia. Lee los evangelios con una mirada diferente: no solamente quieres leer, quieres imitar. Hay que cambiar el ángulo. Léalo con hambre, con entusiasmo, tomando notas.
Contempla a Cristo en la vida de la iglesia local. Lo más hermoso de una iglesia no es la versión anterior; es comparar lo que antes éramos y lo que hoy somos en Cristo. Deberías tener el gusto de catar los pequeños rasgos del carácter de Cristo que ahora conviven y son parte de la vida de tus hermanos. Una iglesia no es hermosa porque sea muy grande; es hermosa porque allí está ocurriendo una transformación singular. ¿Qué hay en tu iglesia local que por medios naturales no puedes explicar?
La transformación no es de idea en idea ni de pensamiento en pensamiento, como ocurren las transformaciones intelectuales. Somos transformados de gloria en gloria: una obra en la parte más profunda del ser humano. No es de conducta en conducta, como una intervención psicológica. Es algo que glorifica a Dios y admira a los hombres, de forma tal que la gente no puede explicarlo por medios naturales.
La comunidad que celebra
Si por adquirir algunos gramos de materiales preciosos la gente mueve kilos de tierra, yo creo que hacer el esfuerzo mínimo de contemplar a Cristo para obtener un poco más de esta gloria justifica todo el esfuerzo. Hay que celebrar lo que Cristo está haciendo en medio de nosotros. La comunidad cristiana ha perdido ese ánimo de celebración, de hablar abiertamente de que estamos siendo transformados. Es raro que un creyente le diga a otro: «Celebro que ahí ya hay menos de ti y más de Cristo.»
El apóstol Pablo dijo: «Así que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha franqueza.» Si tenemos esperanza de que realmente podemos ser transformados de gloria en gloria, hablemos con franqueza. Destaca las conversaciones en las que sentiste madurez en tus hermanos, sensibilidad, profundidad. Reconoce a aquellos que te inspiran y te estimulan a imitar mejor a Cristo. Llega un momento en que el creyente te da un trasunto: puedes ver a Cristo en ellos. Y dices: «Cuando estuve contigo fue tan agradable; pude sentir a mi Maestro.»
La obra del Espíritu
«Como por el Espíritu del Señor.» Tú contemplas, pero no puedes transformarte a ti mismo. El Espíritu del Señor lo va haciendo en todos nosotros. Solo clarifico que dependencia no es pasividad. Que sea el Espíritu Santo quien lo haga no significa que yo no deba desearlo. Colóquese en el camino de los medios de la gracia del Señor; por donde el Señor está haciendo, colóquese ahí.
No depende de nuestras aptitudes. Para el canto y el cálculo matemático hay que tener aptitudes específicas. Para esto lo que hay que tener es el deseo, y el Señor lo va a hacer en ti. Que Él lo haga y no nosotros anuncia que todo está disponible permanentemente, en todo tiempo y lugar. No es una iglesia que te va transformando ni un predicador ni un seminario. Quien te va a transformar es Cristo. Vaya directamente a Cristo.
Esto aplica en todos los momentos de la vida, en todas las circunstancias, para varones y hembras, adultos y niños. Todos debemos imitar a Cristo. No está circunscrito en una generación de creyentes; es algo atemporal. El que la Navidad cultural sea insuficiente para satisfacer las necesidades del hombre es la mejor evidencia de que solamente Cristo satisface plenamente la vida del hombre. Que cuando baje el ruido y los medios vuelvan a su transmisión regular, la iglesia mantenga su énfasis en la persona de Jesús. Él es nuestro programa, Él es nuestro tema y es también todo nuestro calendario.