En el libro de Éxodo, en el capítulo 1, leeremos la historia de Moisés, y hablaremos de cómo la familia es un regalo de Dios: el ejemplo de los padres de Moisés. Puedan buscar sus Biblias en el libro de Éxodo; en el capítulo 1 estaremos considerando una amplia porción de la Escritura y extrayendo del ejemplo de los padres de Moisés enseñanzas prácticas para todos los padres que están aquí presentes. El libro de Éxodo es el segundo libro en orden en la Escritura, está justo después de Génesis. La porción que estaremos exponiendo es el capítulo 1, desde el versículo 7 al 22, y después el capítulo 2 desde el versículo 1 y hasta el versículo 11: el ejemplo de los padres de Moisés.
Dice nuestra introducción que esta es la historia de unos padres cuyo hijo nació en un momento de la historia poco favorable; que tuvieron que proveerle a su hijo con los limitados recursos que tuvieron a mano y que aprovecharon bien el tiempo y el beneficio que providencialmente recibieron: poder formar en los primeros años el carácter de su hijo de forma tal que pudiera retener sus convicciones durante toda su vida, cuando ya no estuviera con ellos. Al mismo tiempo, esta es la historia de Moisés, el líder que Dios utilizó para libertar a su pueblo de la esclavitud. Hoy aprenderemos el gran impacto que los padres pueden tener en la vida de sus hijos cuando hacen las cosas a la manera de Dios, aún en los tiempos más difíciles, y al mismo tiempo veremos el gran beneficio que esto tiene para toda la sociedad.
Antes de leer la historia de Moisés, me gustaría leer Proverbios capítulo 22 y versículo 6, que dice:
Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.
— Proverbios 22:6
Esto es al mismo tiempo, número uno, una ordenanza del Señor, y está acompañada con una promesa del Señor. La ordenanza del Señor es esta: instruye al niño en su camino, y la promesa del Señor es la que sigue: y aun cuando fuere viejo no se apartará de él. Nos dice esta porción que hay un trabajo temprano que deberían estar haciendo los padres, y que hay un beneficio futuro que ellos pueden esperar; el trabajo temprano es instruir al niño en su camino y el beneficio futuro es la promesa de que aun cuando fuere viejo no se apartará de él.
Esta porción de la Escritura de Proverbios se ve reflejada en esta historia que consideraremos en lo adelante, en la historia de Moisés en su nacimiento. Libro de Éxodo, en el capítulo 1, leeremos desde el versículo 7 en adelante; dice así la palabra del Señor:
Y los hijos de Israel fructificaron y se multiplicaron, y fueron aumentados y fortalecidos en extremo, y se llenó de ellos la tierra. Entre tanto, se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José; y dijo a su pueblo: He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es mayor y más fuerte que nosotros. Ahora, pues, seamos sabios para con él, para que no se multiplique; y acontezca que, viniendo guerra, él también se una a nuestros enemigos, y pelee contra nosotros, y se vaya de la tierra. Entonces pusieron sobre ellos comisarios de tributos que los molestasen con sus cargas, y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés. Pero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían; de manera que los egipcios temían a los hijos de Israel. Y los egipcios hicieron servir a los hijos de Israel con dureza; y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigor. Y habló el rey de Egipto a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra y la otra Fúa; y les dijo: Cuando asistáis a las hebreas en sus partos, y veáis el sexo, si es hijo, matadlo, y si es hija, entonces viva. Pero las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida a los niños. Y el rey de Egipto hizo llamar a las parteras y les dijo: ¿Por qué habéis hecho esto, que habéis preservado la vida a los niños? Y las parteras respondieron a Faraón: Porque las mujeres hebreas no son como las egipcias, pues son robustas y dan a luz antes que la partera venga a ellas. Y Dios hizo bien a las parteras; y el pueblo se multiplicó y se fortaleció en gran manera. Y por haber las parteras temido a Dios, él prosperó sus familias. Entonces Faraón mandó a todo su pueblo, diciendo: Echad al río a todo hijo que nazca, y a toda hija preservad la vida.
— Éxodo 1:7–22
Un hijo en tiempos históricamente desfavorables
Leeremos un adelanto, una parte más de esta historia, pero creo que ya pueden tener un poco de contexto. En este momento histórico nació el libertador del pueblo de Israel; nació en un momento de esclavitud, de dura servidumbre. Nació en el momento más difícil en que cualquier niño puede entrar sobre esta tierra, humanamente hablando, y al mismo tiempo aquí extraemos la primera lección que nos da este texto. La primera es la siguiente: ¿qué aprendemos de los padres de Moisés en esta lectura? Aprendemos que ellos tuvieron un hijo en un momento histórico poco favorable; una de las grandes dificultades que tiene la familia en este tiempo es que la gente siempre apela al mundo y te dice: “La cosa está difícil para tener familia”.
Uno de los obstáculos para que más niños vengan al mundo precisamente es ese: “La cosa es muy difícil, la situación no está para tener hijos”. Me gustaría que por un momento consideráramos el tiempo desfavorable en que nació Moisés: ¿cuáles eran los tiempos de Moisés y qué razones podían tener los padres de Moisés para no tener hijos en este tiempo? La primera razón es que había un nuevo Faraón y este nuevo Faraón no conocía al pueblo de Israel; ellos podían esperar que iba a cambiar su situación económica, iban a pasar de ser productores libres a ser esclavos. Durante un largo período de tiempo el pueblo de Israel disfrutó en Egipto de relativa paz, pero en este momento las cosas comienzan a cambiar y en la historia vemos que se complican de una forma cada vez más acelerada.
Primero hay un cambio de Faraón; segundo, hay una nueva política de hostilidad, y esta política fue diseñada precisamente para evitar que la familia siga extendiéndose, para evitar que el pueblo de Israel, la familia, crezca. ¿Cuál fue esta política de hostilidad? Lo primero: aumento del trabajo; ¿qué buscó el nuevo rey de Egipto aumentando el trabajo de los hebreos? Él estaba buscando por medio del agotamiento que se hiciera una separación en la familia; quizá ya los padres no iban a su casa, quizá los hombres tenían que quedarse para preparar los ladrillos. Quizás el agotamiento era tan amplio que cuando llegaban a su casa lo que querían era dormir un rato y volver a sus duras labores; díganme ustedes, ¿este es un momento apropiado para tener un hijo? No, no lo es; ¿este es un momento deseable para traer hijos a la tierra? No, no lo es, pero en este preciso momento de la historia el Señor eligió un contexto desfavorable.
Para traer al libertador de su pueblo tenían además maltrato físico, tenían fatiga, al mismo tiempo había una conspiración con las parteras. Pretendía el Faraón conspirar para que todo varón que llegara a estas parteras, cuando lo traían al mundo, por algún método que, gracias al Señor porque fuera tan grotesca esta historia no se describe cuál era, pero ellos tenían que quitarle la vida. Y aquí vemos una lección también en el ejemplo de las parteras, y es que aquellos que defendemos la vida siempre podemos contar con el favor de Dios; estas mujeres se sentían amenazadas, pero ellas eligieron hacer la voluntad del Señor y preservar la vida de esos niños en vez de hacer la voluntad del Faraón, que era quizás lo más cómodo. Dice que el Señor vio su acto y entonces les bendijo, y ¿con qué les bendijo el Señor? Les bendijo con una bendición para su familia, y sus familias también fueron aumentadas.
¿Cuál fue el momento de Moisés? ¿Cuál fue su tiempo? Inicialmente era una conspiración discreta con las parteras para que ellas le quitaran la vida al varón, pero después era un abierto genocidio y se le dijo a todos los egipcios: “Cuando nazcan los hijos de las hebreas, ustedes mismos tomen sus hijos y échenlos al río”. ¿Es un momento favorable para traer un hijo al mundo? No lo es. ¿Es un momento favorable para tener familia? No lo es. Ahora, la gracia del Señor se ve en esta historia: que con todos los factores en contra, aun así, siendo esclavos, los judíos se casaban, tenían hijos, defendían la vida y educaban a sus hijos.
Perdónenme, hermanos y amigos que están aquí, porque las noticias que uno escucha son contrarias a la familia, que la cosa está difícil. Casarse ahora mismo es como un misterio para cualquier joven que está aquí presente, cualquier joven, cualquiera de nuestras hermanas, cualquiera de nuestras amigas que está aquí, cualquiera de nuestros hermanos que no se han casado; quizás si le comentan a sus amigos no creyentes que quieren hacer familia, lo primero que harán es que se pondrán la mano en la cabeza: “¿Que tú te quieres casar? ¿Que quieres hacer familia en este tiempo?”. Ha sido históricamente el plan de Satanás oponerse a la voluntad de Dios; y como el Señor diseñó la familia para bendecir al mundo, asimismo Satanás se opone a cualquier proyecto de familia. Por eso tenemos que celebrar la familia en medio nuestro, y cada vez que otros hermanos deciden pasar al frente, ir al altar y casarse, eso debe ser un motivo de fiesta para toda la iglesia cristiana.
Tiempos difíciles ayer y hoy para la familia
Les recuerdo: si la cosa está difícil en este tiempo para hacer familia, los judíos en tiempos de esclavitud, en tiempos donde tenían que hacer ladrillo, en tiempos donde eran azotados, en tiempos donde tenían comisarios sobre ellos, en ese tiempo de hostilidad los judíos hacían familia. Quisiera detenerme en esta estadística: el 50 % de tus hijos morirán; hermanos, amigos, ¿quién quisiera tener hijos cuando la estadística te dice que si es varón será asesinado? Ya se imaginan, en tiempos que no había sonografía, la presión que debían tener las mujeres judías; tener su hijo, su criatura en el vientre y esperar en el Señor que fuera hembra, porque si acaso era varón, su vecino va a tomar el hijo, lo va a echar al río.
Nos quejamos de “lo difícil que es este tiempo”, de lo difícil que es hacer familia hoy en día, de lo difícil que está, pero más difícil era en el tiempo de Moisés. Ninguno de ustedes ha tenido esta estadística en contra, que el 50 % de tus hijos irremediablemente tendrá que morir. ¿Por qué razón quiero hacer énfasis en el contexto en que nació Moisés? Porque nosotros nos quejamos de nuestro tiempo, pero a nosotros nos ha ido bien; nosotros nos quejamos de lo difícil que es hacer familia en este tiempo, pero este es quizás el contexto más favorable. Dice el libro de Proverbios también que no es sabio decir que todo tiempo pasado fue mejor; dicen algunos: “Ah, si fuera el tiempo de mi padre que se podía hacer familia; si fuera el tiempo de mi abuelo que se podía tener hijos”. No; quizás los tiempos tuyos son tiempos mucho más favorables para la familia que el tiempo de tus padres.
¿Qué aprendemos de los padres de Moisés? Que tuvieron un hijo, que se casaron, que hicieron familia en tiempos históricos desfavorables. Quiero animar a las familias que están aquí; el Señor nos ha dado una bendición extraordinaria en nuestra iglesia en este tiempo: hemos recibido muchas parejas jóvenes. En un momento yo tuve la bendición de casar por lo menos cinco de mis amigos juntos; en los últimos años nuestra iglesia ha sido bendecida con proyectos familiares. Quiero animar a las familias que estamos comenzando: no nos quejemos tanto de los tiempos actuales, miremos hacia atrás a los tiempos de Moisés y digamos: “Si las estadísticas eran más desfavorables en su tiempo y el Señor en su tiempo mostró su gracia, ¿qué no podemos esperar que el Señor haga en nuestras familias en este tiempo?”.
¿Si fue difícil en tiempo de Moisés y en tiempo de Moisés el Señor se glorificó, no se podrá glorificar todavía el Señor en tiempos nuestros? A veces las noticias, a veces el comentario del trabajo, a veces lo que dice la sociedad sobre la familia nos llena de miedo, nos llena de temor. Tengo que decirles: siéntanse en libertad de ver la provisión del Señor para aquellos que, en los tiempos más hostiles, queremos hacer su voluntad. No es una locura hacer familia en este tiempo, no es un despropósito anhelar hijos en este tiempo; es la bendición del Señor que siempre está sobre el proyecto de familia, porque la familia fue idea de Dios.
Hago una pausa aquí. Ya les he dicho el tiempo de Moisés y lo difícil que era hacer familia en aquel tiempo y el valor que mostraron los judíos para multiplicarse en el contexto más difícil. ¿Y qué pasa en este tiempo? ¿Cuáles son las razones para no hacer familia? ¿Cuáles son las razones para no traer hijos al mundo? Miren, dice en una carta de Pablo, y también en segunda a Timoteo, que una característica de los hombres de los postreros días, hay dos características principales; se levantarán hombres que serán amadores de sí mismos y, en segundo lugar, sin afecto natural. Los hombres de los postreros días se describen como una generación de gente egoísta; dice: “amadores de sí mismos y sin afecto natural”.
¿Cuáles son las razones para no hacer familia en este tiempo? ¿Cuáles son las razones para no tener hijos en este tiempo? Son razones que tienen su origen en una palabra que quizá le parezca fea, pero que está dentro de todos los hombres a menos que el Señor haga una obra: se llama egoísmo. ¿Cuáles son las razones para no traer hijos al mundo? ¿Cuáles son las razones para no casarse? La primera razón es una razón económica: “¿Que tú te vas a casar? ¿Y cómo? ¿Que tú te vas a casar? ¿Y con qué? ¿Que pretendes hacer familia tú?”.
Egoísmo moderno y mentira contra la familia
Escuchamos una comunicadora de estas que habla mucho por televisión, que le preguntaron: “¿Usted piensa casarse o tener hijos?”, y ella respondió: “No, yo no pienso ni casarme ni tener hijos”. “¿Sí? ¿Por qué?”, decía ella. “Porque un hijo representa siete años de atraso económico”. ¿Cuál es la característica de los hombres en este tiempo? Es un egoísmo que hay anidado en su corazón; son amadores de sí mismos y no tienen afecto natural. ¿Por qué la gente no anhela en este tiempo la familia? Bueno, porque es que la familia, económicamente, “es un atraso”. Es mentira.
Mire, yo podría debatir esto teológicamente, podría debatirlo sociológicamente, podría debatirlo económicamente, pero en cada argumento creo que puedo ganar la discusión de que el progreso económico está atado al núcleo familiar. Eso no lo inventé yo; me lo enseñó el doctor Duncan hace muchos años, él hizo una estadística durante mucho tiempo y dijo: “El progreso económico está atado al núcleo familiar; las personas progresan más cuando se casan”. Escúchenlo; podría debatir esto teológicamente, podría hacerlo sociológicamente, podría hacerlo económicamente, pero está demostrado que la familia es símbolo de progreso.
Las sociedades donde se celebra la familia son sociedades donde a la economía le va mejor; es más, hasta en lo laboral es así. ¿Qué nos dicen en este tiempo? “Hacer familia, tener hijos, eso es algo que atrasa económicamente”. Es mentira; Satanás ha aprovechado el egoísmo que ha puesto en el corazón de los hombres para hacernos creer que familia es sinónimo de atraso, y no es verdad. Si acaso no sirve un argumento teológico, si acaso no sirve un argumento sociológico, si acaso no sirve un argumento económico, yo podría poner a desfilar por aquí gran cantidad de amigos míos que se han casado, algunos hace más tiempo, algunos menos, y todos podrán testificar: “Nos va mejor desde que nos casamos”.
Es más, casi por decirlo con una chanza: el salario del soltero no rinde igual que el salario que tiene propósito. La familia no nos atrasó; la familia es progreso. Es más, la familia ha sido el instrumento que el Señor ha utilizado históricamente para bendecir a los judíos. Dice la gente: “No, es que los judíos son banqueros, es que los judíos son personas muy fuertes en los negocios”. No; es que los judíos creen en la familia.
¿Saben por qué es que en Latinoamérica, una de las razones por las cuales en Latinoamérica no tenemos más progreso económico? No quiero desviarme del tema, pero estas son razones sociológicas. En sociedades donde las personas se casan y se recasan hasta cuatro veces, donde comienzan y recomienzan proyectos familiares, ¿cómo va a haber progreso económico? Sociedades donde las personas se casan y después entonces no respetan el compromiso que hicieron ante Dios en un altar, y recomienzan, y recomienzan, y recomienzan; y uno encuentra personas que después de cuatro recomienzos todavía quieren recomenzar.
¿Cómo va a haber progreso económico sin el respeto de la familia y sin la bendición del Señor? No solamente la bendición de los hijos; también hay bendiciones materiales. ¿Cuáles son las razones en este tiempo para no tener hijos? La primera, ya la he explicado: motivos económicos. La segunda, dicen algunos: “Es que en este tiempo hay tanta inseguridad, hay tanta violencia; no tenemos una seguridad social que ayude como los países desarrollados, ¿cómo vamos a traer hijos al mundo?”. Hermano, ¿y qué seguridad social tenían los padres de Moisés? ¿Qué seguridad tenía un esclavo? ¿Qué expectativas tenía esta gente? Y aun así los judíos defendían la vida, defendían la familia, se casaban y tenían hijos.
Razones en este tiempo hay también razones cosméticas: “Sí, ¿cómo va a ser que vamos a tener hijos? El cuerpo va a cambiar; tendremos que amamantar”. Razones cosméticas. También hay razones sociales: “Mira, hay cierta presión que tenemos: ¿tú te vas a casar? Tú te llevas eso muy pronto. Pero, ¿después? ¿Que vas a tener otro hijo?”. Hay cierta presión social sobre las familias que quieren hacer las cosas a la manera de Dios; hay cierta presión social que se tiene en conversaciones o sobremesa con los amigos. Lo que les diré es que dice la segunda carta de Pablo a Timoteo que en los postreros tiempos aparecerán hombres amadores de sí mismos y sin afecto natural.
Todos son prejuicios, todas son desinformaciones; es lo que Satanás hace. Dice la Escritura que Satanás es un mentiroso y ha colado mentira para dañar esta preciosa institución que ha sido creada por Dios. Primer ejemplo: los padres de Moisés se animaron a hacer familia y tener hijos en un contexto poco favorable; pero una noticia que les doy aquí, como ñapa, es que Moisés no fue el primero, y ellos tenían dos más. Tenían a Aarón, tenían a María; o sea, ya tenían dos hijos más, que nacieron en tiempos de más libertad, que nacieron en tiempos donde el 50 % de sus hijos no morirían, que nacieron en tiempos donde los hijos no eran echados al río. Pero aun así, en el contexto más desfavorable, ellos dijeron: “Tener hijos es una bendición de Dios”.
Una canasta de juncos y recursos limitados
Primera cosa que les he enseñado, primer ejemplo de los padres de Moisés, es que tuvieron hijos con las estadísticas en contra. Leamos un poco más; leeremos desde Éxodo capítulo 2, versículo 1 y hasta el versículo 11. Dice así la palabra del Señor:
Un varón de la casa de Leví fue y tomó por mujer a una hija de Leví, la que concibió, y dio a luz un hijo; y viéndole que era hermoso, le tuvo escondido tres meses. Pero no pudiendo ocultarle más tiempo, tomó una arquilla de juncos, y la calafateó con asfalto y brea, y colocó en ella al niño, y lo puso en un carrizal a la orilla del río. Y una hermana suya se puso a lo lejos, para ver lo que le acontecería. Y la hija de Faraón descendió a lavarse al río, y paseándose sus doncellas por la ribera del río, vio ella la arquilla en el carrizal, y envió una criada suya a que la tomase. Y cuando la abrió, vio al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo: De los niños de los hebreos es éste.
— Éxodo 2:1–6
Hago una pausa aquí para enseñar la siguiente lección que aprendemos de los padres de Moisés. La primera que hemos aprendido es que esta gente hizo familia en contextos poco favorables; ¿y la segunda? La segunda lección que aprendemos es que ellos hicieron lo mejor que podían con unos recursos muy limitados.
¿Quién era Moisés, este bebé que nace, que tiene la estadística en contra? Era un hijo de esclavos; ¿qué le podía esperar? ¿Qué podía ser este niño? O que lo mataran, o que fuera un esclavo. ¿Eso motiva a tener hijos? Miren, a veces los padres, cuando ven la situación que tienen alrededor y ven lo que le espera a sus hijos, quizás se llenan de amplia desmotivación: “¿Qué le esperará a mis hijos?”. A Moisés le esperaba una de dos cosas: o lo mataban, o se convertía en un esclavo, hijo de esclavos; a un hijo de esclavos le esperaba picar piedra, le esperaban carencias materiales amplias, le esperaba tener un padre poco presente. En tiempos de esclavitud, las madres tenían que criar no solamente con amplia carencia, sino prácticamente solas, porque los hombres estaban picando piedra.
Le esperaba un absoluto secreto en sus primeros años; poca celebración. Qué triste es traer un niño al mundo y que tú no puedas celebrarlo, que no tengas a tus amigas, que no tengas a tus familiares; en absoluto silencio, durante tres meses. Por el mismo tiempo, una madre muy sola; es natural que cuando una mujer pare estén ahí sus amigas, estén ahí los vecinos, esté ahí alguien ayudando, pero en absoluto silencio dio a luz y se quedó callada durante tres meses. ¿Qué temía ella? ¿La mano de quién podía quitarle la vida a su niño? ¿Cómo podía salvar la vida de su niño? Bueno, lo que tenía era una canasta de juncos, y con una canasta de juncos, ¿se podía salvar la vida del niño? No, humanamente no, pero era lo que ella tenía a mano.
La lección que podemos aprender aquí es que con unos recursos muy limitados, cuando los padres son piadosos, se quieren preservar la familia y hacer la voluntad del Señor, el Señor provee mucho más allá. Aquí hay gente agarrándose la cabeza porque no tiene con qué comprarle a su niño la pinta, la niña, la Santa María; la madre de Moisés solamente tenía una pequeña canastica de juncos. Pero al mismo tiempo ella tenía dentro el valor de la familia y sabía que la familia fue creada por Dios y que Dios podía proveer para los suyos.
Quiero hablar de la canasta. ¿Qué era esto? Bueno, era lo mejor que encontraron en su medio, un pequeño barquito improvisado, hecho de juncos. Dice que lo calafateó, lo cubrió con asfalto y brea. ¿Qué hace esto? Le dio la mejor preparación posible. Padres que están aquí presentes, quizá tu hijo no pueda tener las condiciones que tienen los hijos de los egipcios, quizá tu hijo no pueda tener la condición que tiene el hijo del vecino, pero aunque casi lo único que tengas sea una pequeña canastica de juncos, calafatea lo mejor que puedas tu barca y espera que el Señor haga algún milagro.
Lo que se mostró con Moisés es que los niños que llegan más lejos no son los niños que tienen los barcos más grandes; son los niños que tienen el Dios más grande. Y que una pequeña barca en la mano del Señor puede hacer que ahí se preserve la vida del libertador de todo un pueblo. Padres que están aquí presentes, que quizás están muy afanados; y quizás no son esclavos, pero viven como esclavos para comprar el barco más grande; padres que están aquí presentes, que quizás no son esclavos, pero viven como esclavos para asegurar a sus hijos la mejor de las condiciones, les diré: a tu hijo no le irá bien porque tenga al lado la barca más grande y la mayor protección; a tu hijo le irá bien porque cuente con la misericordia y la benevolencia del Señor.
Calafatear la barquita: hacer lo mejor con lo que tenemos
El proyecto familiar puede ser salvado con una pequeña canasta calafateada con asfalto y también con brea. ¿Qué veo en esto? Veo la dedicación de una madre; quizás otra hubiese puesto a su hijo en el río, lo deja ir a la orilla y que se muera, pero no, esta fue una madre dedicada, que dijo: “Déjame, por lo menos, por lo menos, yo no sé qué será de él, pero déjame calafatear la canasta y hacer lo mejor con lo que tengo”.
Padres que están aquí presentes, el Señor no te llama a ti a hacer lo que no está en tu mano; dice el libro de Eclesiastés, libro de sabiduría de las Escrituras: “Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas”. ¿Qué es lo que el Señor te ha provisto para poner a tu hijo? Una educación inicial regular, pues dale una educación inicial regular. ¿Qué es lo que te ha dado? ¿El Señor te ha permitido vestir a tu niño, a tu niña, con ropitas sencillas? Entonces viste a tu niño, a tu niña, con ropitas sencillas; eso no marca la diferencia. Lo que marca la diferencia es la benevolencia del Señor a favor de una familia.
¿Cuánta competencia en este tiempo, hasta entre los padres cristianos? Cuánta competencia hay porque el niño tenga la canasta más grande, y yo me pregunto: ¿y calafateaste lo que tienes? Pueden entender el concepto de calafatear: es tomar el medio que está ahí, “bueno, esto es lo que tengo, pero déjame adecuar el medio lo mejor, según los recursos que tengo a mano: asfalto y brea”. Te pongo un ejemplo: quizá tu niño no pueda estudiar en un colegio privado, pero un niño estudiando en una escuela pública, con un padre bien presente, yo estoy seguro que tiene un mejor rendimiento que un niño en el mejor de los colegios, con un padre ausente.
¿Qué es calafatear la canasta? Es tomar esos pocos recursos que el Señor te ha dado y usarlos tan bien como te sea posible. “Ay, es que yo no tengo los recursos para pagarle a mi niño la estimulación temprana; no tengo los recursos para las leches; ‘señor, hay que comprar la leche de tal marca o de la otra’, porque esta es la que va a estimular su pequeño cerebrito”. Hermano, si el Señor se lo dio, hágalo; mi estímulo en esto es que hagan lo mejor con lo que tienen; que lo que el Señor te proveyó, úsalo.
Mi deseo no fuera que ninguno de nosotros tengamos que echar pa’lante en contra de una esclavitud moderna, pero si tenemos que hacerlo, hermano, vamos a hacer lo mejor con lo que tenemos. ¿Qué es calafatear la canasta? “Bueno, yo no tengo con qué pagarle a mi familia un club para que mis hijos se relacionen con los hijos de fulano”. Eso se usa; te dicen: “Hay que inscribirse en tal club, hay que frecuentar determinados lugares, porque ahí es que los hijos nuestros se van a relacionar con los hijos de fulano, y yo quisiera que mi hijo conociera una hija de tal familia, y que mi hija conociera un hijo de tal familia”. Quizás tú no tengas con qué hacer ese juego social, ahora te diré: la canasta no es lo que conoce la diferencia, es el Dios de la canasta.
El Señor me dio la oportunidad esta semana de ir hasta Miches; me invitaron de la Fundación Cisneros a que diera un taller en una escuela en extremo pobre. No quiero como cargarles de metáforas con esto, pero era una escuelita; Miches es un pueblo limitado: imagínese usted un campo de Miches, un campo de Miches. Yo tenía un grupo de estudiantes que querían recibir información acerca de cómo se comienza un negocio; me invitó esta fundación, me dijo: “Rafael, que has comenzado empresas, vamos a invitarte para que tú des allá una charla”, y yo fui con gusto a Miches.
La iglesia como asfalto y brea para nuestros hijos
Cuando compartíamos, estos muchachos tenían un hambre sorprendente por hacer cosas con su vida, y yo miraba sus recursos; creaba algo de impotencia, ¿verdad? Uno dice: “¡Wow!, pero ¿hay justicia en esto?”. El hambre que tú no encuentras en ningún colegio privado de Santo Domingo de los más caros, de muchachos en su edad, de hacer cosas con su vida, yo la encontré en un campo de Miches, en un lugar más remoto. Yo hablaba con estos muchachos y ellos me pedían consejo al respecto, y hablando acerca de cosas que podrían mejorar sus condiciones para que les fuera mejor, el primer consejo que yo pude darles fue lo siguiente: “Busquen una iglesia, hagan en ella su membresía y sirvan allí vocacionalmente”.
Ellos me preguntaban: “¿Y qué tiene que ver una iglesia con eso? ¿Qué tiene que ver con eso?”. Una de las cosas que me pidieron es que narrara mi historia personal de cómo yo comencé una empresa y cómo he podido comenzar diferentes proyectos, cómo he podido salir a camino. Y la única razón que yo pude encontrar en medio de que marcó la diferencia es que mi madre temprano me llevó a la escuelita bíblica de una iglesia; eso elevó mis oportunidades.
Los padres me dicen: “Yo no tengo los recursos para mandar a mi hijo a que vaya al learning center tal, para que le enseñen esto y lo otro”, y su hija ya está yendo a una escuelita bíblica en una iglesia. Yo no encuentro una barquita más calafateada que un niño que en su primera infancia entre en contacto con la palabra del Señor, entre en contacto con gente que ama al Señor, que haga sus amigos en la iglesia.
Les explico cómo es que funciona esto, hermano. Miren, una iglesia eleva las oportunidades de la gente en muchas áreas; no solamente la iglesia le enseña a la gente la verdad, sino que la iglesia cultiva el pensamiento crítico. Un niño criado en la iglesia y que ha entrado en contacto con ideas, no es lo mismo que un niño que lo único que ha visto en su vida es Pokémon, Diego y Dora; es un niño que tiene el criterio necesario para, cuando sus amiguitos van a la izquierda, decir: “No, yo no voy a la izquierda, porque yo tengo criterio propio”. Eso es asfalto, eso es calafatear la barquita completa.
¿Qué es una iglesia? Una iglesia es la oportunidad que tienen los niños de compartir con otros niños y también con adultos de diferentes generaciones; la vida de una persona que creció en contacto con otras personas en una iglesia, de más de una generación, de más de una personalidad, no es la misma vida de un niño que lo que está es encerrado en un apartamento viendo televisión. Y una tercera cosa, y podría citarles más: la iglesia estimula el liderazgo; está demostrado que personas que han servido en una iglesia desde niños, cuando llegan a las empresas les va mejor. ¿Y por qué?
Hermano, cuando yo tenía 13 años, ya yo era el líder de adolescentes de mi iglesia y estaba coordinando a los muchachitos; y después, más adelante, ya yo era el presidente de jóvenes de más de 80 jóvenes, que estaba coordinando sus actividades. Y después yo era superintendente de escuela bíblica, como con 19 años; y me contrataron en una empresa, ¿y qué yo hice en una empresa? Utilicé las habilidades que había aprendido en una iglesia. Tú quieres calafatear con asfalto y brea la vida de tus niños: llévalos a servir como voluntarios en una iglesia.
En cuarto lugar, las iglesias nos enseñan a servir desinteresadamente; no servir porque nos dan algo a cambio, sino servir de buena gana porque el Señor se lo merece. Padres que están aquí presentes, que tienen la cabeza grande buscando la canasta más grande, calafateen la pequeña barquita de los recursos limitados que tú tienes, con la brea de poner a tus hijos en contacto con la palabra del Señor en una iglesia local.
¿Qué esfuerzos hacen los padres por llevar los niños de un lugar a otro? ¿Haces el mismo esfuerzo por traerlos a las nueve para que los pongan en la escuelita bíblica? ¿Qué esfuerzos hacen los padres para que los niños tengan sus útiles escolares? ¿Ya tú le compraste su primera Biblia a tu niño? ¿Qué aprendemos aquí de los padres de Moisés? Que hicieron lo mejor que pudieron con lo que tuvieron a mano.
Termino esta parte con un detalle: también le pusieron supervisión; su hermanita estaba mirando la canasta desde lejos, y quizás porque tenía supervisión, aprovecharon esa oportunidad. Entérate, entérate, entérate de cómo le va a tus hijos; preocúpate por observarlos desde lejos; pero entiende, entiende, entiende que hay cosas sobre las cuales tú no vas a poder tener control, y en esas cosas, cuando pongas la pequeña arquilla bien calafateada sobre el agua, tú tienes que confiar en la providencia del Señor.
Padres que están aquí presentes, ¿ustedes oran por sus hijos? ¿Qué poder tiene un padre, una madre que ora por sus hijos? “Señor, permite que a mi hijo le vaya bien; permite que la pequeña barquita de mi hijo no naufrague en las aguas de esta sociedad; permite que mi hijo se mantenga caminando recto en medio de un mundo que camina doblado”. ¡Qué impacto tiene un padre que se preocupa por sus hijos!
Aprovechar los primeros años y la providencia de Dios
Primera cosa que les he enseñado de la historia de esta familia es que los padres de Moisés tuvieron hijos en momentos poco favorables. Lo segundo es que hicieron lo mejor con lo que tuvieron más a mano. La tercera cosa que les voy a enseñar, la vemos leyendo un poco más el capítulo 2, leo del 6 en adelante:
Y cuando la abrió, vio al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo: De los niños de los hebreos es éste. Entonces su hermana dijo a la hija de Faraón: ¿Iré a llamarte una nodriza de las hebreas, para que te críe este niño? Y la hija de Faraón respondió: Ve. Entonces fue la doncella, y llamó a la madre del niño, a la cual dijo la hija de Faraón: Lleva a este niño y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó al niño y lo crió. Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué.
— Éxodo 2:6–10
En esta “contradicción” yo veo la providencia del Señor: ella vio al niño y, siendo ella hija de Faraón, sintió compasión. Todos están matando a estos niños, y yo siento compasión por uno de ellos. ¡Qué extraordinario, hermano! Así es que el Señor provee; que tenga el Señor compasión por los hijos tuyos del mismo modo, que tenga el Señor cuidado por los hijos tuyos del mismo modo; que tú sepas que, cuando tú no puedas cuidar de ellos porque ya las fuerzas no te alcancen, tú cuentas con que el Dios omnipotente está a favor de tus hijos.
Dice el texto que entonces su hermana, que lo estaba mirando desde lejos, dijo a la hija de Faraón: “¿Iré a llamarte una nodriza de las hebreas, para que te críe este niño?”. Y la hija de Faraón respondió: “Ve”; entonces fue la doncella y llamó a la madre del niño. Esa es la providencia del Señor; padres, ábranse a la posibilidad, ábranse a la posibilidad de ver en sus hijos la providencia del Señor, de cosas que tú digas: “Mira, eso yo no podía haberlo logrado para los míos con mis propias fuerzas, pero el Señor fue más allá de mis fuerzas”. “Yo no pude haber logrado que la hija de Faraón muestre benevolencia hacia mi niño, pero el Señor omnipotente preservó la vida de Moisés”.
Y la hija de Faraón dijo a la madre: “Lleva a este niño y críamelo, y yo te lo pagaré”. ¡Oh, hermano, cómo mejoran las condiciones de esa casa! Primero, ella no sabía si podía proveer para cuidarlo más allá de tres meses; ahora le dicen que se lo cuide y que tenga cuidado de lo que le pasa a ese muchacho, porque, dicho en otras palabras, es hijastro de la hija de Faraón. Y, además, le devuelven los recursos necesarios para que ella cuide de él; hermano, qué privilegio más grande.
Y la mujer tomó al niño y lo crió; y cuando lo crió, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó y le puso por nombre Moisés, porque dijo: “De las aguas lo saqué”. ¿Qué quiero enseñarles ahora, en tercer lugar? Que usen bien el tiempo para aprovechar la provisión de Dios en los primeros años.
¿Qué tenía por delante ahora la madre de Moisés? Tenía unos años, los primeros años, los años más importantes; una oportunidad bajada del cielo para crear en ese niño el carácter necesario, ponerle los valores, ponerle la integridad, ponerle las convicciones que acompañen a ese muchacho cuando ya no esté al alcance de su madre, sino que esté en la casa de Faraón. ¿Y qué hizo esta mujer? Precisamente eso.
¿Qué quiero animar, hermano? A que aprovechen los primeros años de la vida de su niño y que lo hagan con hambre, lo hagan con urgencia. Miren, va a haber un momento en que sus hijos no van a ser tan maleables como lo son ahora; va a llegar un momento en que sus hijos van a tener que tomar sus propias decisiones, pero aprovechen los primeros años para inculcar en sus hijos los conocimientos, las convicciones, el ejemplo, la corrección necesaria, para que, cuando ya no estén ahí en su casa y estén fuera de su alcance, esas convicciones, esos valores, ese ejemplo, esa corrección los acompañen durante toda su vida.
Moisés fue a vivir a la casa de Faraón, y gloria al Señor, porque en casa de Faraón aprendió a escribir; ese muchacho escribió los primeros cinco libros de la Biblia. Moisés era un letrado de su tiempo, y ¿dónde aprendió esa cultura? Bueno, en casa de Faraón; por eso aprendió en casa de Faraón, se puso sobre una base que aprendió en casa de su mamá. Padres que están aquí, pongan ustedes la base y encima de esa base que a su hijo le pongan cualquier otra cosa, pero la base ponla tú.
Padres que están aquí presentes, trabajen con urgencia los primeros años para poner en sus hijos convicciones. ¿Qué convicción hay que poner en la mente de un niño temprano? Que en el cielo hay un Dios, que ese Dios se reveló a nosotros, que nos dio las Sagradas Escrituras, que a través de las Sagradas Escrituras podemos ser sabios para salvación, que es en Cristo Jesús. Aprovechen los primeros años con urgencia.
El valor del trabajo temprano en la formación espiritual
Padres, les digo: ustedes van a ser padres durante toda la vida, pero los primeros años de la vida de sus hijos son los momentos más importantes, son momentos trascendentales. En ese momento hay que ponerle temprano la base a ese muchacho: conocimiento de Dios, integridad, ejemplo, convicción. ¿Y para qué se le pone eso? Acompáñenme para que vean para qué se pone eso, versículo 11:
En aquellos días, crecido ya Moisés, salió a sus hermanos y los vio en sus duras tareas, y observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos.
— Éxodo 2:11
En aquellos días, ya Moisés vivía en casa de Faraón, ya era un hombre; y sucedió que, crecido ya Moisés, salió a sus hermanos. ¿Y quiénes eran sus hermanos? “Oh, pero ¿no era hijo de Faraón?”. Sus hermanos, los hebreos, y los vio en sus duras tareas, y observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, y a él eso le dolía. Oh, hermano, la hija de Faraón agarró al muchacho tarde; la hija de Faraón agarró al muchacho tarde. Su mamá aprovechó los primeros años para decirle a ese niño: “Tus hermanos son los hebreos, nosotros somos el pueblo de Dios, Dios tiene una promesa para nosotros”. Y la hija de Faraón lo tomó ya, quizás se estima, cuando tenía más de 12 años; y cuando tenía más de 12 años, le enseñó letras, le enseñó arquitectura, le enseñó administración, le enseñó diferentes cosas que se enseñaban a los hijos de Faraón, pero la base de los primeros años, la base de los primeros años estaba puesta.
Hermanos y amigos que están aquí, no hay provisión más grande que tú puedas darle a tus hijos que poner la base en sus primeros años; que cuando tu hijo tenga 15, adentro de ese pecho esté el temor de Dios. Dice la Escritura que el principio de la sabiduría es el temor del Señor. Qué hermoso es un niño que, cuando ya entra a la secundaria, qué hermoso es un joven que, cuando llega a la universidad, ya tiene un criterio: “Enséñenme lo que ustedes quieran enseñarme, porque yo sé escuchar todo y retener lo bueno”.
Qué triste es un padre que quiere que ayer le atrasó, hombres de 25, mujeres de 30 años tratando de educarlos a destiempo. “Mi hija, mira lo que dice la palabra del Señor…”. Hazlo temprano, hazlo temprano; instruye al niño en su camino y aun cuando fuere viejo no se apartará de él. Padres que están aquí presentes, ¿cuál es mi estímulo para ustedes esta mañana? Que aprovechen bien el tiempo, aprovechen la provisión del Señor; que si el Señor te ha dado hijos que estén bajo tu techo en esos primeros años, esfuérzate todo lo que esté a tu alcance.
A pertrechar a ese muchacho de conocimiento, dale ejemplo. Una debilidad que he visto en los padres cristianos es que no comparten con sus hijos sus verdaderas convicciones; ¿tú le dijiste a tu hijo por qué es que tú eres cristiano? Qué hermoso es un padre que sienta a su hijo y le dice: “Mira, hijo, tú me ves que yo voy a la iglesia todos los domingos, pero yo quiero decirte que yo voy con convicción. Tú me ves que yo leo la Escritura, pero yo quiero decirte que no es solamente porque ‘en esta casa se lee la Biblia’”. Muchos hijos cristianos no permanecen en los caminos del Señor porque sus padres se aseguran de que ellos vean cosas, pero no les dicen la razón de las cosas.
Dile a tus hijos, cuando tengan ya la suficiente madurez para saberlo, cómo era tu vida antes y después de venir a Cristo; pon en ellos convicción. Primera cosa que les he enseñado es que esta gente hizo familia en los momentos más difíciles, y el Señor les bendijo. Segunda cosa que les he enseñado es que hicieron lo mejor con lo que tuvieron a mano, una pequeña barquita, pero bien calafateada. Qué hermoso es un niño que tiene recursos limitados, pero cuyos padres se han asegurado de aprovechar esos recursos tan bien como les fuera posible.
Qué lindo es un niño que quizá no tiene la mejor ropa, no son las mejores marcas, pero su ropita está limpia; son ropitas bien acondicionadas. Qué hermosa es una madre que usa sus manos para hacer de recursos limitados cosas todavía más grandes. Y la tercera cosa que les he enseñado es que sus hijos no van a estar en su casa para siempre; hay un desespero que se produce en los padres cuando los hijos comienzan a tomar sus propias decisiones, cuando los hijos comienzan a irse solos a la escuela o al trabajo.
Tú no puedes meterte al lado de la universidad con tus hijos; eso se hace en los primeros años: instruye al niño en su camino y aun cuando fuere viejo no se apartará de él. Tres cosas que les he enseñado: lo primero, podemos hacer familia y contar con la bendición de Dios en los momentos más difíciles; segunda cosa que les he enseñado, podemos utilizar recursos limitados de manera extraordinaria; y tercera cosa que les he enseñado, el valor de los primeros años.
Leo de nuevo el versículo 11: “En aquellos días sucedió que, crecido ya Moisés, salió a sus hermanos y los vio en sus duras tareas y observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos”. Me gusta esa última parte: “sus hermanos”.
Desafíos, oración por las familias y llamado a la familia de Dios
Padres que están aquí presentes, quiero animarles; aquí sé que tengo padres en diferentes momentos de la vida. Hay algunos que ya se casaron y están esperando que el Señor les provea con hijos; hay otros que ya tienen hijos y el Señor se los ha provisto. Tenemos otros que están ahora mismo estrenando y están esperando tener los niños en el brazo; tenemos otros que ya tienen niños pequeños, hay otros que ya tienen niños más grandes. ¿Cuál es mi estímulo? Aprovechen bien el tiempo; no traten de tener la barca más grande, traten de poner el mejor asfalto y la mejor brea.
¿Cuál es mi estímulo? No dejen que el mundo les venda la idea de que hacer familia es imposible. ¿Cuál es mi estímulo? Si el Señor no les ha dado más, usen lo que tengan de la mejor manera posible. ¿Cuál es mi estímulo? Hagan el trabajo temprano, para que cuando llegue el tiempo, cuando llegue el tiempo, el Señor a través de ese trabajo entonces se glorifique.
Qué hermoso sería si tuviéramos aquí presentes hoy los padres de los hombres que van a cambiar este país para bien; ¿quién fue Moisés? El líder más grande que el Señor le dio a Israel hasta Jesús; quizás solamente en importancia Jesús tuvo un mayor liderazgo que Moisés. ¿Y de dónde vino Moisés? Vino de una familia en el contexto de la esclavitud. Qué hermoso sería si los padres desearan que sus hijos hagan grandes cosas; qué hermoso sería si los padres oraran al respecto, si fuera motivo de oración: “Señor, permite que la vida de mi hijo valga la pena”.
Qué hermoso sería ver padres diciendo: “Señor, permite que la vida de mi hijo valga la pena; que el Señor te bendiga aunque tu hijo sea un gran comerciante; que el Señor te bendiga si tu hijo es un gran ministro; que el Señor te bendiga si tu hijo es un gran gobernante; que el Señor bendiga a esta sociedad con los hijos suyos”. Permítanme orar al Señor por todos ustedes. Cierren sus ojos un momento y nos encomendamos al Señor.
“Mira, Padre, cada persona aquí congregada. Mira a aquellos que todavía no han hecho familia; mira a aquellos que no se han casado. Padre, inquieta les ahora con la bendición del matrimonio. Y mira a aquellos, Padre, que han comprado la idea del mundo de que es imposible casarse y permanecer para la gloria tuya en un mismo nido. Mira la estadística que nos habla en contra, que nos dice que la mitad de los matrimonios se divorcian. Permite, Padre, que cada joven que está aquí presente, que ha escuchado la predicación, sea estimulado a hacer familia al tiempo que tú se lo permitas”.
“Te pido, Padre, por aquellos que están aquí a quienes tú les has dado la bendición de tener hijos; permite que hagan lo que tengan que hacer, Señor, según las fuerzas que tú les has dado, los recursos que tú les proveas. Te pido, Señor, por los padres que están aquí para que no compren la idea del mundo, para que vean a sus hijos como regalo del Señor, como cosa valiosa”.
Mantén tus ojos ahí cerrados; dice la Escritura, dice la palabra del Señor:
He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud.
— Salmos 127:3–4
“Te pido, Padre, por aquellos que están aquí congregados que tienen hijos pequeños; permite que vean el privilegio de tener sus hijos en su casa, permite que vean el valor, Señor, que la instrucción tiene en la vida de una familia. Permite que la iglesia sea un recurso para la bendición de estas familias aquí presentes; permite que de aquí a los años, Señor, ya puedan ver la diferencia de haber venido a una iglesia, escuchar tu palabra y traer a sus hijos con ellos”.
“Te pido por aquellos, Padre, que ya tienen hijos grandes, para que también a ellos les acompañe tu misericordia. Bendice las familias aquí congregadas, bendice, Señor, esta sociedad con mejores familias”.
Teniendo tus ojos ahí cerrados un momento, lo que hemos compartido aquí es un poco del consejo de la palabra del Señor al respecto de la familia; pero mal haríamos si no aprovecháramos este momento para hablar de la mejor familia que podemos tener, que es la familia de Dios. Mantén tus ojos ahí cerrados mientras te digo que hay una familia todavía más grande, una familia todavía más importante, una familia todavía más especial, todavía más trascendental, y es la familia espiritual: es la familia de Dios; eso se llama iglesia.
Qué bueno que tienes el deseo de ser padre, qué bueno que ya eres padre; tengo que decirte que ya tú tienes un Padre; hay Uno que te hizo y que quiere adoptarte en condición de hijo. Qué hermoso sería si hoy, el Día de la Familia, también la familia espiritual —que es la iglesia— es aumentada. Quizás viniste excepcionalmente, a responder la invitación de venir a celebrar con nosotros; mi invitación ahora es más grande: yo te invito a que resuelvas hoy ser también parte de la familia de Dios, una familia enorme. Somos los hijos de Abraham espiritualmente hablando, una familia que está presente en casi cada parte de la tierra y que se aumenta y se aumenta extraordinariamente por la bendición del Señor.
Qué hermoso sería si el Señor hoy, el Día de la Familia, también aumenta nuestra familia espiritual. Dice la Escritura:
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
— 1 Juan 1:9
Y sea propicio también el momento para decirte que hay una enemistad entre tú y tu Padre; así como la historia del hijo pródigo, esa historia te representa a ti. Estando lejos de la casa de tu Padre, en este momento puedes ser acercado; el Señor te espera con los brazos abiertos. Dice la Escritura:
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.
— Apocalipsis 3:20
Si tú quieres ser aumentado, agregado hoy a la familia de Dios, a la familia más grande, la familia más importante —la familia física anuncia la familia espiritual, y la familia espiritual fortalece la familia física—, la mayor bendición que una familia puede tener es caminar en los caminos del Señor. Puedes decirle al Señor, ahí con tus palabras, en silencio, en tu mente; no tienes que decírmelo a mí, el Señor te escucha; puedes decirle al Señor: “Señor, te pido que perdones mis pecados, que me aceptes como tu hijo, que me instruyas en tus caminos, que inscribas mi nombre en el Libro de la Vida, porque yo quiero tener la herencia que está reservada para los que te esperan”. Y dice la Escritura que si tú confiesas tus pecados, él te perdonará.
Date un momento ahí para reflexionar si puedes comenzar hoy una nueva vida en los caminos del Señor. Pídele al Señor en oración que perdone tus pecados, que inscriba tu nombre en el Libro de la Vida, que te añada a su familia; dile: “Recíbeme como tu hijo, Señor”.
Bautismo, compromiso público y bendición final
Si tú has hecho esta oración, dice la Escritura:
El que creyere y fuere bautizado, será salvo.
— Marcos 16:16a
Los cristianos históricamente nos hemos bautizado dando un testimonio público de que hemos aceptado que Jesús es el Cristo, el Mesías esperado, el Hijo de Dios, y que también es nuestro Salvador. Cuando tú te bautizas, significa, del mismo modo que significaba anteriormente, que eres parte de la familia de Dios; es un símbolo que anuncia que eres parte de la familia de Dios.
En nuestra iglesia estaremos comenzando pronto talleres de preparación para el bautismo, y todas las personas que han escuchado la predicación del Evangelio y no han sido bautizadas están invitadas a participar. Termino orando por toda la familia y todas las personas aquí congregadas.
“Bendice, Señor, esta congregación; gracias porque nos das el privilegio de celebrar la familia. Permite que la sabiduría, Señor, que has puesto aquí, no de mí sino de tu Escritura, permanezca en la mente de cada persona aquí congregada. Bendice a los solteros, Señor; bendícelos con matrimonio. Bendice, Señor, a los casados con muchos hijos y bendice, Señor, a los padres con hijos con vidas que valgan la pena para la gloria tuya. En el nombre de Jesús. Amén”.