Su momento y permítanme presentar la iglesia ante el Señor. Antes de abrir la Escritura aquí con mis hermanos. Padre, venimos ante tu presencia, primero a reconocer ante ti, Señor, que entendemos el valor que tu Palabra tiene. Reconocemos delante de ti, Señor, que cuando recibimos tu Palabra la recibimos como Palabra tuya. Es tu testimonio, Señor, son tus ordenanzas, es tu instrucción.
Encomiendo a mi iglesia, que hoy está congregada, para que a través de tu Escritura, Señor, tú permitas que nuestros pensamientos sean revisados, que nuestras suposiciones, Señor, sean corregidas, que nuestras posiciones sean movidas. Que ideas, conceptos, cosas a las cuales quizás, Señor, por costumbre, por tradición, estamos aferrados, puedan ser revisados. Y que cuando escuchemos tu revelación, que tu revelación prevalezca.
Este tema sensible que vengo, Señor, a predicar hoy ante mis hermanos, un tema en el cual la cultura quizás se nos ha ido por delante, te pedimos que tu Palabra prevalezca. Danos el privilegio, Señor, de que tu Palabra nos confronte, de que tu Palabra nos corrija, de que nuestro pensamiento sea llevado al pensamiento tuyo. Bendice, Señor, esta congregación con el pan de tu Palabra. Todo esto te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
Hermano, estamos comenzando la Navidad, yo he venido a introducir el tema. Les advierto que yo he tenido poco éxito en las introducciones, casi siempre cuando yo digo que voy a introducir un tema termino predicando el tema casi completo. Pero me propongo, con la ayuda del Señor, solamente introducir el tema para que ustedes reflexionen al respecto de esto durante la semana, y que vengan el próximo domingo, porque estaremos predicando acerca de la Encarnación de Cristo. Hoy me propongo solamente enunciar el tema y dar una introducción al respecto de esto.
La cultura del “espíritu navideño” y el llamado a entender
Estamos hablando de Navidad y he titulado esta introducción: “Navidad con entendimiento”. Aunque ustedes no me lo digan, yo sé que vengo a predicar un tema sensible, porque la cultura se ha encargado de que uno anhele que venga la Navidad. Desde octubre ya se van sintiendo las vislumbres navideñas y la gente comienza a “ponerse en Navidad”. No sé si han escuchado hablar acerca del espíritu navideño, del espíritu de la Navidad.
Esto hace que la cultura se ponga contenta, hace que el ser humano tenga como unos deseos especiales, y se habla del espíritu de la Navidad como algo místico, como algo que envuelve, algo que rodea, “la Navidad está en el ambiente”, dice la gente. Quisiera que en este año, hermano, podamos celebrar la Navidad, pero que lo celebremos con entendimiento. Que si acaso la cultura ha hecho su mella en mi congregación y en mi iglesia, el Señor permita que la Escritura nos lleve, no a lo que la cultura dice que es la Navidad, sino a lo que la Escritura nos dice que es, y que podamos celebrarla a la manera de Dios.
Tengo como propósito, y solamente en esta introducción, hacer una labor preventiva, hacer una labor correctiva y llevar la mente de esta iglesia para que permanezca durante toda la semana meditando al respecto acerca de por qué es que la Navidad es importante. Navidad con entendimiento. Dice nuestra introducción que, para celebrar la Navidad con entendimiento, hace falta que las emociones tengan su origen en la fuente correcta. Que no apelen primordialmente a las tradiciones o a las expectativas de festividad, de regalos o de tiempo de esparcimiento que componen lo que el mundo llama el espíritu navideño, sino a un entendimiento claro de quién fue que nació, el contexto de su nacimiento y, sobre todo, su propósito.
Hoy introduciremos en nuestra iglesia el verdadero sentido de la Navidad: la celebración del acontecimiento más extraordinario que ha sucedido sobre esta tierra desde el comienzo de la historia, el Verbo haciéndose hombre para habitar en medio nuestro. Me propongo, hermano, enseñarles hoy qué no es la Navidad. Quizás ustedes, porque están condicionados para esto, si alguien les preguntara, un amigo: “¿De qué se trata la Navidad?”, ustedes responderían: “La Navidad se trata de un tiempo para compartir en familia”. Quizás alguno de ustedes, si la gente le dice: “¿Cuándo tú sientes que llegó la Navidad?”, tú dices: “Yo siento que llegó la Navidad cuando pintamos la casa, yo siento que entró la Navidad…”.
Costumbres navideñas y el verdadero significado
…cuando escucho los primeros villancicos”. Hay gente que relaciona la Navidad con “Sima sabor navideño” o con una canción de El Buki. Quizás alguno está relacionando la Navidad con el doble sueldo, con el cambio de clima, con buenas acciones, con melancolía, con esperanza, con estrenar ropa o con comer muy bueno. Lo mejor del caso es que vengo a decirles que muchas de esas cosas no es que están mal. No está mal que en diciembre usted coma bueno, no está mal que en diciembre, si puede, usted estrene ropa, no está mal, hermano, que usted pinte su casa. No está mal que usted ponga un arbolito. Son asuntos culturales y tradicionales.
Sin embargo, si usted pintó su casa, puso el arbolito, comió bueno, cambió la ropa, compró regalos, sintió el “espíritu navideño” y todo eso sucedió, muy probablemente usted todavía no ha celebrado la Navidad. No está mal tener la comida del 24, la Nochebuena; lo que está muy mal es entender que la Nochebuena, el 24, es la verdadera Navidad. Y más mal está aún que usted se llama cristiano y que la iglesia del Señor se deje llevar por el aluvión del mundo y caiga detrás de estas cosas y se le olvide celebrar la verdadera Navidad. Hermano, no hay un despropósito más grande.
Yo entendería que los alumnos de mi esposa, si se les preguntara, podrían relacionar la Navidad con las buenas acciones, con los regalos, con la Nochebuena; pero algo inadmisible es que a un cristiano se le pregunte qué es la Navidad y todavía diga: “La Navidad es un tiempo para compartir con familia”. Eso es bueno que se haga en la vida, pero eso no es Navidad. El término “Navidad” viene de “natividad”; lo que la iglesia de Cristo celebra en este tiempo es la natividad de nuestro Señor Jesucristo. Y si usted puso bombillitos en su casa, no se sienta mal por sus bombillitos. Si usted puso arbolito en su casa, no se sienta mal por los arbolitos. Pero todavía, ni con bombillitos ni con arbolitos, usted está celebrando la Navidad.
Si les doy un chin más de introducción, ustedes me dicen, porque estoy solamente introduciendo, introduciendo el tema. ¿Qué es lo que la iglesia celebra en este tiempo? He venido a decirles tres cosas: quién fue que nació, en segundo lugar, en qué contexto nació y, en tercer lugar, para qué nació este hombre.
Quién fue que nació: el Verbo eterno
Hay una emotividad en el ambiente acerca del nacimiento de Cristo: “Nació el niño Jesús”, y es una excusa del mundo para celebrar a su manera. He venido a decir, hermano, buenas razones para celebrar la Navidad. Y que podrían faltarnos cualquier cosa, pero que no nos falte el entendimiento. Les testifico que me contaban un caso que me llenó de tristeza. Es una señora que es trabajadora doméstica. En su trabajo le dieron la Navidad, y ella dijo: “Con esto yo lo que voy a hacer es que voy a comprar ropa solamente a mis hijos para que tengan con qué comenzar el año escolar, pero yo no voy a hacer cena; yo solo voy a comprarle ropa y yo voy a cenar en Navidad arroz, habichuela y carne”.
Qué tristeza. Yo me sentí triste: “¡Ah, cómo! En esa casa no va a haber Nochebuena, que van a tener en Nochebuena arroz, habichuela y carne, porque lo poquito que tenían lo tuvieron que invertir en ropa”. Qué tristeza, hermano. Tristeza es, pero tristeza no es que no se coma puerco asado; tristeza es que llegue la Navidad y la gente no entienda lo que realmente ha sucedido. Que nos falte el puerco asado, pero que no nos falte el verdadero entendimiento de la Navidad. Parece una tragedia que llegue la Nochebuena y en esa casa solamente haya víveres, que van a comer “tronco” en Navidad. Tragedia es que llegó Cristo y se nos olvidó lo que verdaderamente estamos celebrando.
Hermano, le digo: descanse. Si usted puede cambiar una muda de ropa en Navidad, cambie la muda de ropa. Si usted puede compartir con su familia en Navidad, comparta con los familiares del campo. Si usted puede escuchar villancicos, si usted puede participar en un angelito, participe en un angelito. Pero que no se le olvide de qué verdaderamente se trata celebrar la Navidad. Y para entender de qué se trata celebrar la Navidad, hay que entender quién fue que nació. Acompáñenme en sus Biblias al Evangelio de Juan, capítulo 1.
Diferentes evangelistas pusieron genealogías de Jesús. ¿Quiénes nos ofrecen una genealogía de Jesús? El evangelista Mateo hace una genealogía de Jesús y comienza la genealogía de Jesús desde Abraham. Entonces se pregunta: ¿y por qué razón Mateo comienza la genealogía de Jesús con Abraham? Porque Mateo escribió primariamente para judíos y él quería demostrarle a los judíos que en Cristo se cumplía la promesa dada a Abraham de que en él serían benditas todas las naciones de la tierra. ¿Quién más ofrece genealogías? Lucas. Lucas es un evangelio con vocación universal, para todos los pueblos, ya sean judíos o sean gentiles, y Lucas comenzó la genealogía de Cristo, no la comenzó con Abraham, sino que se fue más atrás todavía y la comenzó con Adán.
Juan fue todavía más intrépido, y no comenzó la genealogía de Jesús con Abraham, ni tampoco la comenzó con Adán. Juan se fue más atrás y comenzó la genealogía de Jesús desde antes del comienzo de los tiempos, desde la eternidad. Capítulo 1 del Evangelio de Juan. Escuchen dónde Juan comienza su genealogía, Evangelio de Juan, capítulo 1, versículo 1, dice así la Palabra del Señor:
En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo. Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.
— Juan 1:1-18
Hermano, en primer lugar, déjeme decirle quién fue que vino. La Navidad es una época especial, no es porque las tiendas nos estén diciendo que “Navidad, tiempo de compartir”, “Navidad, tiempo de celebrar”. La Navidad es un tiempo especial por un hecho, hermano, que todavía yo estoy procesando en mi mente cómo eso sucedió. Pero en un momento de la historia, el que hizo el tiempo, el que hizo el mundo, el que hizo el momento, entró en la historia y se hizo hombre.
El Verbo, Dios creador hecho hombre
Lo que celebramos en este tiempo es que aquel que hizo el tiempo, que hizo el espacio, que hizo las estrellas, que hizo el sol, que te hizo a ti, en un momento de la historia, de manera intrépida, entró en la historia. Él mismo se hizo hombre y estuvo en un pesebre. Y para usted entender la Navidad, usted tiene que entender quién fue que nació. Sobrecoge uno imaginarse a aquel que hizo el mundo con el poder de su Palabra, postrado en un pesebre, mirando al hombre desde abajo. Aquel que hizo el firmamento, en un momento era un niño muy pequeño, y estaba mirando al hombre desde abajo. La relevancia de quién nació.
Dice el versículo 1: “En el principio…”, esto es, en el principio de la historia. Y nos dice que este que nació no nació en ese momento, sino que tenía una preexistencia y existía desde el principio. Cristo es eterno. Uno puede encontrar a Cristo prefigurado en el Antiguo Testamento, a Cristo encarnado en los Evangelios y puede encontrar a Cristo glorificado después de su ascensión, pero Cristo es eterno. Si usted solamente celebra un niñito que nació: no, no es un niñito que nació; es Dios hecho hombre que se encarnó. Esto no emociona tanto como emociona la foto que nos ponen en la Navidad y tal cosa; esto no emociona, esto llena al hombre de convicción.
La Navidad es importante para la iglesia cristiana porque el que nació no fue un niño más. El que nació fue aquel que hizo el mundo con el poder de su Palabra, el sustentador de todas las cosas. Nos dice que el Verbo… ¿por qué se le llama a Cristo “el Verbo”? El Verbo significa la Palabra, la expresión, la manifestación, el canal por el cual nos relacionamos. Cuando nos dice que Cristo es el Verbo de Dios, nos está diciendo: a través de Cristo es que Dios se expresó al ser humano. Nos está diciendo que con la Palabra, que con el Verbo, es que Dios se relaciona con el ser humano. Nos está anunciando su personalidad y hasta sus intenciones.
Cuando usted escucha hablar a una persona, usted conoce mejor a esa persona. Es más, usted se va a reunir con una persona importante, y si esa persona guarda un silencio largo, ese silencio es desesperante. Tú te vas a reunir con él, sabes que es alguien importante, pero no ha dicho palabra. Tú estás a la expectativa, porque cuando él hable, a través de su voz tú vas a entender cosas sobre la persona con la cual tú te estás encontrando. Quizá su timbre de voz anuncie algo, quizá la manera en que se introduzca, quizás su saludo, quizás cuando manifieste cuáles son sus expectativas.
Porque Cristo es el Verbo de Dios encarnado, es porque a través de Cristo nosotros podemos entender la voluntad de Dios. Nosotros podemos entender la personalidad de Dios, nosotros podemos relacionarnos con Dios. ¿Qué más significa que él sea Verbo? El Verbo es la Palabra creadora de Dios. ¿Quién fue el que se encarnó? Ajá, que “ha nacido un niño”. No, no ha nacido un niño; el Creador del cielo y la tierra se hizo hombre, y estuvo en medio nuestro. Eso es Navidad.
Atributos del Verbo y su relevancia en Navidad
¿Qué nos dice? Tres atributos del Verbo. Lo primero: “En el principio era el Verbo”. “El principio” está hablando de la historia. En el principio era el Verbo; antes que comenzara la historia ya estaba Cristo. “Y el Verbo era con Dios”: no solamente es preexistente, sino también que es coexistente con Dios. Cristo es una parte plena de la Deidad. Y también, por si alguna duda queda después, lo resume: “y el Verbo era Dios”. ¿Sabes por qué es que la Navidad estremece al mundo? Porque en la Navidad no nació un niño; en Navidad Dios se hizo hombre.
Lo importante, hermano, no es que “vamos a asistir al nacimiento de un niño”; es que Dios se hizo hombre. No todos los niños son esperados igual. No sé si usted ha tenido que ir a visitar a la clínica a un niño que nació de una persona que remotamente usted conoce, y usted fue a cumplir con esa persona y fue a la clínica. No es lo mismo que cuando nace cualquier niño de la iglesia, que vamos porque “nació el niño de mi hermano”. Miren, cuando nazca Lucas, que es el próximo que está por ahí de camino, cuando nació Lucas no es que vamos porque “nació un niño”. No, no: “Nació un niño… nació Lucas”, y es que yo sé quién está naciendo, yo conozco a sus padres. Hermano, nació Cristo.
No es un nacimiento que emociona solo porque todos los bebés emocionan. Uno ve un niño y hay una ternura, una cosa; por eso el nacimiento emociona. Ahora, para un cristiano no es una emoción superficial o ligera: “No, nació Cristo, el Verbo encarnado, el que era desde el principio, el coexistente, el sustentador de todas las cosas”. Por eso la Navidad es relevante para un cristiano. Hermano, si a ustedes les dijeran que nació un niño, cualquier persona diría: “Niños nacen todos los días en esta tierra”. No, no es que nació un niño, es que Dios se hizo hombre en un momento de la historia y entró en la historia.
Dice el versículo 2, y reitera todo lo anterior: “Este era en el principio con Dios”. Y el versículo 3 nos dice que “todas las cosas por él fueron hechas”. Este que nació es el que es coexistente con Dios, el que es Dios mismo, el que es preexistente y el que hizo todas las cosas. Hoy, el privilegio es que estamos asistiendo al nacimiento del Creador que se está encarnando. Pero las tiendas no lo ponen así en un cartel, ni el periódico, porque esto no vende comercialmente. Esto le vende a los cristianos; esto le da convicción al cristiano de que el que nació fue Dios mismo que se hizo hombre.
El versículo 4 dice que “en él estaba la vida”. Nos está diciendo que él no solamente fue el creador del mundo material, sino también el creador y sustentador del mundo animado; que si acaso hay vida sobre la tierra, hay vida porque él dio vida. Cuando le prediquen el domingo aquel sobre la Encarnación, por favor, no estén pensando en que “nació un niño”, porque niños nacen todos los días en diferentes maternidades. Piensen que Dios se hizo hombre, se encarnó para el beneficio tuyo. Dice que “en él estaba la vida”, no solamente autor de la vida material sino de todo el mundo animado, “y la vida era la luz de los hombres”.
Cristo, luz en medio de la oscuridad
¿Qué es ser “la luz de los hombres”? Cristo, la consumación de todo conocimiento; Cristo, la consumación de toda ciencia; Cristo, la consumación de las letras, de la filosofía, de la ley; Cristo es la verdadera religión y la excelencia en cuanto a la moral. Si el ser humano ha alcanzado alguna luz, es porque se ha parecido un poquito a Cristo. El que nació, o el que nació, es la cúspide de todo conocimiento humano, de toda expresión humana, de toda moral humana, de toda ley humana. Es él. El que nació es el que hizo todas las cosas y él es la luz: lo más claro, lo más puro, la magnitud más grande.
Dice el versículo 5 que “la luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella”. Ya aquí entonces nos está hablando un poquito del contexto. La gente dice: “Nació Cristo”. ¿Por qué Cristo tenía que nacer? “Ah, que nació Cristo, nació Cristo… ¿y para qué Cristo tenía que nacer?” Es que antes de Cristo la condición del ser humano era absoluta tinieblas. Y si acaso Dios no se hubiese hecho hombre, todavía nosotros hubiéramos estado viviendo en la oscuridad. Dice que la luz vino y que él era la luz de los hombres: “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella”.
Un poquito del contexto, hermano. ¿Por qué valorar el nacimiento de Cristo? Usted tiene que entender cómo estábamos antes de Cristo y qué sería de nosotros si Cristo no se hubiese hecho hombre. Para entender la Encarnación hay que entender cuál es la necesidad de la Encarnación. Hermanos, estábamos en absoluta tinieblas. Dice la Escritura: “El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz”. No veas a Cristo, hermano, en el nacimiento como “ah, que nació un niño”. No nació un niño; porque él nació, tengo yo un poquito de luz; porque él nació, tengo yo un poquito de cordura; porque él nació, tengo yo esperanza.
Por eso es que la iglesia tiene que celebrar a Cristo en la Navidad, al Dios que se encarnó. Es que a través de Cristo… ese es nuestro contexto: a través de él nosotros tenemos luz, a través de él salimos de las tinieblas. Vivíamos en total oscuridad, dice la Escritura. Ya le dije quién fue que nació, ¿verdad? Que no fue un niño cualquiera, el que nació fue aquel que hizo el mundo con el poder de su Palabra, el preexistente, el coexistente, Dios mismo. ¿Y cuál fue el contexto del nacimiento? Que nació en un contexto de total oscuridad. Era necesario que él se hiciera hombre.
Miren qué asunto interesante: el que creó el mundo, hermanos, por el poder de su Palabra, vio cómo el mundo comenzó a vivir en una densa tiniebla y oscuridad. Quizás eso lo relata bien C. S. Lewis a través de su pluma, y relata cómo era el mundo. ¿Han visto las películas de Narnia? ¿Cuál es la atmósfera de Narnia en general? Frío, tinieblas, soledad. Hermano, él vino. Él vino porque cuando él vino fue la luz. Algo que a mí me sobrecoge es que este que hizo un mundo perfecto, el pecado lo destruyó, y él mismo se hizo hombre para reparar la creación de adentro hacia afuera.
Dios se encarna para regenerar la creación
¡Qué tipo era este que estábamos haciendo! Porque el mismo que hizo el mundo por el poder de su Palabra dijo: “El pecado ha venido a destruir. Entonces yo me voy a hacer hombre y desde adentro, entonces yo voy a regenerar la creación”. “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo”, dice la Escritura. Dice la Escritura que “la creación gime”. Oigan qué sorprendente: este que hizo el mundo perfecto, ideal, el pecado vino y lo destruyó, y él ahora se está encarnando para combatir el pecado desde adentro. Él era la luz de los hombres.
¿Cuál es el contexto? Total oscuridad. ¿Qué más dice? Que alguien preparó el camino. Yo pienso que en Navidad a Juan el Bautista no se le ha dado el mérito que Juan el Bautista merece. Navidad no es solamente un tiempo de reflexión, no sabemos acerca de qué es que hay que reflexionar. Cuando la Biblia nos habla de Juan el Bautista, Juan el Bautista le decía al pueblo: “Arrepiéntanse, porque viene caminando ya aquel que es la luz del mundo. Arrepiéntanse. Prepárense para recibir a Cristo”.
¿Qué debería hacer la iglesia en Navidad? ¿Dónde deberíamos estar? Deberíamos estar diciéndole al mundo: “Ey, en Navidad nació Cristo. Arrepiéntanse, bautícense, enderecen sus caminos”, como decía Juan el Bautista. Miren, en la antigüedad, cuando venía alguien importante, delante suyo iba su heraldo. Y casi el trabajo del heraldo era que cuando llegara la persona importante, la gente estuviera en el momento para recibirlo con la dignidad que había que recibirlo. Cuando llegaba un rey, por ejemplo, eso se puede ver en los libros de caballería; cuando llegaba un hombre importante, iba adelante su escudero y decía: “Por aquí viene el gran señor”, y el pueblo entero estaba esperando a este hombre.
¿Qué papel desempeña en el contexto de la venida de Cristo Juan el Bautista? ¿Por qué se menciona aquí? Porque Juan el Bautista preparó el camino. Juan el Bautista venía diciéndole al pueblo: “No cuenten con que yo le voy a iluminar, pero estén preparados porque por ahí viene el que ilumina. No cuenten con que yo puedo resolver su problema, pero yo vengo a decirles que estén preparados porque por ahí viene la respuesta de Dios para el problema del hombre”. ¿Por qué Juan el Bautista es necesario en Navidad? Porque Juan el Bautista hace la función que la iglesia debe hacer en Navidad.
Este fue el contexto: total oscuridad, la preparación de un camino con arrepentimiento, el despertamiento a la conciencia. Y después se nos dice lo mismo que sucede en este tiempo en Navidad: que cuando vino la luz al mundo, “a lo suyo vino…”.
Rechazo, propósito y distorsiones actuales
…“y los suyos no le recibieron”. ¿Cuál fue el contexto de la venida de Cristo? El rechazo de su propio pueblo. Les he enseñado ya quién fue que nació: el que nació no fue un niño más; niños nacen todos los días. El que nació fue el que creó el mundo con el poder de su Palabra y se hizo hombre para reparar el mundo de adentro hacia afuera. Él venció el pecado desde adentro, hermano. ¿Cuál fue el contexto? Una total oscuridad, y por eso era necesario que viniera la luz, la preparación del camino, y por eso es necesario anunciar el arrepentimiento, y el rechazo de su propio pueblo.
Ahora me propongo explicarle la última parte, y con esto termino mi introducción: ¿cuál es el propósito del nacimiento de Cristo? Esto es lo que van a ver menos en Navidad. Lo que menos van a ver es que les digan para qué nació el niño. Cuando estaban pintando por aquí, estábamos invitando para la actividad de familia. Yo iba con Carolina, y nos detuvimos en una casa, y había un señor hablando. Después me di cuenta de que estaba muy ebrio. Y esta persona me dijo: “Yo quiero que usted me diga, pastor, algo que yo pregunté en mi trabajo, porque estaban poniendo el arbolito y le estaban echando nieve. Yo le decía a la gente en mi trabajo que donde Cristo nació no había nieve”.
Hermano, estuvimos hablando ahí acerca de los asuntos que son culturales, son tradicionales, y de los asuntos que son revelados de Dios. En última instancia este hombre, como que estaba ebrio, se fue por ahí caminando y se fue. Pero yo me quedé pensando lo siguiente: ¿cuál es el propósito de la Navidad? ¿Para qué, en enfoque, realmente Cristo nació? Si usted comió dulces, si usted oyó villancicos y usted no entendió el propósito de la Navidad, se perdió la Navidad. Me propongo que mi iglesia no se pierda la Navidad.
¿Cuál es el propósito de la Navidad? El propósito de la Navidad es la salvación universal. “Nos ha nacido hoy…”. ¿Qué es lo que dice la Escritura, hermano? “Nos ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor”. ¿Cuál es el propósito? El que nació no solamente nació un niño; nació un Salvador. ¿Por qué es importante el nacimiento? Porque hay salvación. Escuchen, hermano, esto es Navidad o no es Navidad. Miren, esto es Navidad, versículo 12:
Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.
— Juan 1:12
Salvación universal y potestad de ser hechos hijos de Dios
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. Habla de una potestad para ser hechos hijos de Dios. Esa palabra “potestad” está cargada de significado en el original, tiene dos significados principales. ¿Qué es potestad? Es una autorización legal, pero al mismo tiempo es una capacidad sobrenatural. Imagínese usted que usted tuviera la capacidad de hacer que el burro vuele. ¿Quién tiene esa capacidad? Yo no la tengo. Así mismo es la potestad de hacer que un pecador se reconcilie con el Señor y llegue a ser hecho hijo de Dios. Eso es como hacer que el burro vuele, es algo imposible para nosotros.
Hermanos, Navidad: con la natividad, a nosotros se nos ha dado la potestad de ser hechos hijos de Dios. Cuando a ustedes les anuncien en Navidad: “Nació Cristo”, usted recuérdese: “Porque Cristo nació, yo tengo la potestad de ser hecho hijo de Dios”. Sin Cristo, hermano, nosotros no fuéramos hijos de Dios. “A los que creen en su nombre”. Primero, salvación universal. Pero Cristo no solamente nos dio salvación universal.
Miren lo que dice: “Juan dio testimonio de él y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí es antes de mí, porque era primero que yo. Porque de su plenitud tomamos todos…”. ¿Cómo la Escritura enseña al hombre, hermano? ¿Cómo es que nos enseña? Nos enseña no solamente en una patente oscuridad; también nos enseña en una total descomposición. Al ser humano siempre le falta algo. La gente quiere sentir, sentir: “Yo quiero sentir una vida plena”. Hermano, Navidad para nosotros es vida plena en Cristo.
La gente quiere sentir satisfacción y busca los placeres de la carne, busca la vanagloria de los ojos, la vanidad de la vida. Quiere plenitud. El ser humano se siente incompleto. ¿Qué es Navidad? En Navidad se completa el corazón de los hombres. Hermano, en el momento que Adán pecó, un vacío vino al corazón del hombre, porque Dios se apartó de él, el sustentador de todas las cosas. Navidad es que él se hizo hombre, no solamente para darnos salvación universal, también se hizo hombre porque de su plenitud tomamos todos. Él es pleno, yo no.
Plenitud, gracia sobre gracia y conocimiento de Dios
Pero en Navidad yo tengo el privilegio de tomar de la plenitud de Cristo, “gracia sobre gracia”. ¿Qué significa “gracia sobre gracia”? Que esto va en aumento, en aumento y en aumento. Cuando Cristo vino, hermano, él nos dio la oportunidad de ser hechos hijos de Dios, y nosotros que estamos quebrados, nosotros que estamos descompuestos, nos estamos regenerando. De su plenitud estamos tomando. Dice la Escritura que va “gracia sobre gracia”, o sea, que progresivamente Cristo nos va regenerando.
¿Cuál es el propósito de la Navidad? Lo primero: salvación universal para todos los hombres que creen en él. Lo segundo: la plenitud de Dios puesta en nosotros. Por eso es que la vida cristiana hoy uno está bien y mañana va a estar mejor. Miren, a medida que pasa el tiempo, los años, uno dice: “A mí lo que me ha cambiado es el Señor”. Uno se va recomponiendo, uno se va regenerando, uno se va vivificando, uno va tomando de la plenitud de Cristo, gracia sobre gracia, gracia sobre gracia.
¿Cuál es mi deseo para mi iglesia en esta Navidad, hermano? Que tomemos de la plenitud de Dios, gracia sobre gracia. ¿Y por qué era importante que él se encarnara? Ha sido introducción, hermanos, ha sido introductorio, ha sido introductorio. Ya voy, hermano. Ya les dije quién fue que nació, ¿verdad? El que creó el mundo con el poder de su Palabra, ese se hizo hombre. ¿Cuál fue el contexto? Total oscuridad, la preparación del camino por la predicación del arrepentimiento, el rechazo de su propio pueblo. ¿Cuál fue su propósito? La salvación universal, tomar de su plenitud.
Pero también Cristo nos permite lo siguiente. Dice el versículo 18:
A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.
— Juan 1:18
¿Por qué Cristo nació? Porque cuando Cristo se hizo hombre, él nos presentó al Padre. Nosotros conocemos mejor a Dios porque él se hizo hombre y Cristo nos presenta al Padre. Treinta y tres años estuvo aquí el que hizo este planeta, por no decir la creación completa, para ponerlo un poquito más limitado. Y uno conoció a Dios personalmente, vívidamente. Vimos a Cristo actuar y dijimos: “¡Guau, Dios es así!”. Tercer propósito de la Encarnación: Cristo se encarnó para que podamos conocer a Dios.
Hermano, les diré: el domingo estaremos predicando acerca de la Navidad, pero me gustaría que ustedes reciban en Navidad, no un niño en un pesebre, como se lo van a enseñar en los diferentes lugares. Me gustaría que ustedes recuerden que en Navidad estamos anunciando salvación universal, plenitud de Dios y, al mismo tiempo, estamos predicando el conocimiento de un Dios personal que se hizo hombre para que tal cosa fuera posible.
Oración final: Navidad con entendimiento
Oro por ustedes. He pretendido hacer una introducción, hermano. Que el Señor nos permita celebrar la Navidad con entendimiento. Cierren sus ojos un momento y permítanme orar.
Introducimos aquí, Señor, los temas de Navidad en nuestra iglesia. Te damos las gracias, Señor, porque podemos tener el entendimiento y valorar la Navidad como lo que Navidad es. Reconocemos que tú, siendo Dios, te hiciste hombre. Reconocemos, Señor, que nosotros, seres creados, tenemos el privilegio de verte en medio nuestro. Reconocemos, Señor, que vivíamos en total oscuridad. Reconocemos, Señor, que nuestra conciencia milagrosamente ha sido despertada.
Agradecemos, Padre, por la salvación universal, por esta promesa que tenemos, Señor, de recibir de ti plenitud, gracia sobre gracia, y por la oportunidad de conocer al Padre. Tu iglesia, Señor, celebra Navidad con entendimiento. Gracias por hacerte hombre, gracias por estar en medio nuestro, gracias por tu provisión para nosotros. En el nombre de Jesús. Amén.