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Firmes y juntos

Oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio.

— Filipenses 1:27 (RVR1960)

La firmeza cristiana es una firmeza corporativa: quien se queda solo está corriendo peligro.

El versículo no dice «estés firme», en singular, dice «firmes», en plural. Y después dice «combatiendo unánimes», no «combate tú solo.» Pablo escribe en plural porque está describiendo una realidad que es fundamentalmente comunitaria: la vida cristiana. Hay una tendencia muy humana de tomar los textos más corporativos de la Escritura y volverlos singulares, de leer «compórtense» como si dijera «compórtate». Esa lectura tiene una función: darle cobertura teológica a una soledad que el Nuevo Testamento no celebra en ningún lugar.

El Nuevo Testamento tiene más de treinta mandatos del tipo «los unos a los otros»: amaos, sobrellevad las cargas, exhortaos, confesaos. No hay manera de practicar ninguno de esos mandatos en soledad. El creyente que lleva mucho tiempo desconectado de una comunidad real —no solo de una membresía formal o de un grupo de mensajes— está en desobediencia abierta, aunque no se sienta así. El pelotón avanzó y él se quedó solo, y eso es vulnerabilidad. Igual de iluso es el soldado que pretende ganar por sí solo una batalla, como el creyente que cree que va a permanecer firme estando solo.

Pablo habla de estar «en un mismo espíritu» y de «combatir unánimes.» Las dos frases apuntan hacia lo mismo: la unidad no es algo que sucede por accidente, es algo que se busca. Alinearse, sincronizarse, llegar a importarle lo que le importa al otro, es una resolución. La división más grande en una comunidad no ocurre cuando la gente deja de verse; ocurre cuando la gente se sigue viendo pero su corazón ya no está ahí. Puedes estar presente en el culto y haberte ido hace tres años. Puedes ser el primero en recibir las notificaciones del grupo de mensajes y vivir completamente ajeno a lo que Cristo está haciendo en ese pueblo.

La lucha principal de un creyente vive en su propio corazón. Para esa lucha interna, para retener las verdades del evangelio cuando los pensamientos tiran hacia otro lado, cuando el ánimo baja y la carga parece demasiada, necesitas gente que te recuerde a Cristo. Que te digan «recuérdate que el Señor es tu sustento» cuando la alegría del momento amenaza con ocupar el lugar que solo a Cristo le corresponde. Que te recuerden que «nada nos separará del amor de Dios» cuando te sientes culposo o defraudado. Para eso el Señor te dio hermanos.

Oración: Señor, perdóname por las veces en que he creído que podía hacer esto solo. Hoy reconozco que me hiciste para vivir esta fe en comunidad, y que alejarme de mi pueblo me deja expuesto. Ayúdame a buscar activamente estar en un mismo espíritu con mis hermanos. Que me importe lo que les importa a ellos, que su carga me pese y que su alegría me alegre. Y dame gracia para ser para alguien el hermano que recuerda a Cristo cuando más se necesita. En el nombre de Cristo. Amén.