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Mensaje

Una vida digna del evangelio

Filipenses 1:27-28

Después de exponer cómo sus propios sufrimientos han servido para el avance del Evangelio, el apóstol Pablo cambia el enfoque hacia los filipenses. Los exhorta a vivir de una manera distintivamente cristiana, pero lo hace con una base particular: no apela a su propio sacrificio como un estándar moral ni busca ejercer autoridad basada en su dolor. Presenta el Evangelio de Cristo como la única norma de conducta digna de alinear con ella nuestra vida. Hoy veremos cómo el evangelio (no las palabras de un líder influyente o la presión social) puede impulsar el testimonio de la iglesia, cómo mantenernos firmes y combatir unánimes por el evangelio y cómo evitar ser intimidados por los que se oponen.

Transcripción automática

Pónganse ahí sobre sus pies y abran sus Biblias en Filipenses 1, versículos 27 y 28, para ver en esta porción de la escritura cómo se ve una vida digna del evangelio.

Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que, o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio, y en nada intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición, más para vosotros de salvación. Y esto de Dios.

— Filipenses 1:27-28

Pueden sentarse mis hermanos. Es una vida digna del evangelio de Jesucristo. Pablo había estado exponiendo cómo sus propios sufrimientos habían sido utilizados por Dios providencialmente para el avance del evangelio. Ahora el enfoque, él lo quita de sus prisiones y lo pone en la responsabilidad que tienen los filipenses de vivir según un estándar de Dios.

Él los exhorta a vivir una manera distintivamente cristiana, sin embargo lo hace desde una base particular. El argumento aquí no es «miren como yo estoy preso, miren mis sufrimientos y vivan así.» No, ese no es el argumento. El argumento es «miren a Cristo, miren el glorioso evangelio de Jesucristo,» y cuando la gloria del evangelio de Jesucristo haya captado su imaginación, haya despertado su interés, entonces vivan así.

Aquí hay algo que usted debe leer entre líneas y es que el apóstol Pablo no está llamando la atención hacia él mismo o su sufrimiento, sino que ha estado llamando la atención hacia Cristo. El argumento simple pudo haber sido: dado que yo estoy padeciendo a causa de la justicia, entonces padezcan ustedes también. Pero ese no es el argumento. El argumento es: ustedes han recibido el glorioso evangelio de Jesucristo. Y el glorioso evangelio de Jesucristo tiene tal dignidad que podría ser el motor que impulse el testimonio de tu vida.

El argumento aquí no es «vivan como yo vivo.» No. El argumento aquí es «vivan vidas que sean dignas del evangelio que ustedes ya han recibido.» Quisiera en esta porción de la escritura mostrarle a la iglesia el evangelio como una regla de vida, algo que podría informar todas tus decisiones, tu pensamiento, tu existencia. Quisiera también mostrarle a la iglesia que necesitamos hacer un trabajo en equipo para resistir.

El evangelio como regla de vida

Y le pediré que me tengan paciencia porque cada vez que he predicado de ese tema siento indiferencia. Gente que ni siquiera quiere intentar vivir de manera comunitaria, sino que ya asumió que la vida cristiana se puede vivir de manera individual. Y sobre todo yo quisiera traerle mucho estímulo al respecto de que realmente es posible anular el miedo teniendo una perspectiva amplia de lo que Cristo ya ha hecho. Y que la iglesia de Cristo no vive como atemorizada sino que deberíamos vivir con una resolución valiente.

Seremos combatidos, seremos rechazados, pero el Señor nos concede esto y esto tiene una preciosa lección para nuestro corazón. Yo siento hermano que no tengo nada que darle a la iglesia en esta temporada que no sea el evangelio de Cristo. Y ustedes no necesitan otra cosa que no sea el evangelio de Cristo. El evangelio de Cristo es una perspectiva, el evangelio de Cristo es una realidad, el evangelio de Cristo es un hecho. Y este hecho informa todas las áreas de nuestra existencia y uno siempre termina hablando del evangelio. Pero yo quisiera en esta temporada comenzar hablando del evangelio, permanecer hablando del evangelio y terminar hablando del evangelio de Cristo.

Ay hermano, que la iglesia no tiene algo más glorioso que el evangelio de Jesucristo. El evangelio es una razón para usted sembrarse ahí, el evangelio es una razón para usted permanecer allí. Esta debe ser la regla que informe toda tu existencia.

Recursos insuficientes que no son el evangelio

Hay una manera muy pobre de vivir la vida cristiana. Esta manera muy pobre de vivir la vida cristiana es vivir a la luz de otros códigos que nos han dado. Las reglas que no son la realidad del evangelio de Jesucristo. Son reglas insuficientes pero muy comunes. Y hay personas que asumen estas reglas que no son reglas necesariamente malas, no son recursos impropios. Son como las rueditas de la bicicleta con la cual usted aprende a mantener el equilibrio y a veces ayuda, pero trata de no llegar a los 18 con la ruedita atrás.

Son recursos que ayudan y que te podrían durante una temporada asistir como te asiste una muleta, pero esperamos que usted sea rehabilitado en Cristo de forma tal que deje de utilizar la muleta. Estaré dando un listado de recursos que utilizan mis hermanos y que utilizo yo mismo y que todos hemos utilizado alguna vez, pero que no deberíamos abusar del recurso. Abuso de recursos se convierte en tu realidad. No quieres caminar siempre con una muleta. Quieres montar bicicleta con libertad. No siempre tener las rueditas.

Dice él: «Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo.» Hay cierta incapacidad percibida que tienen ciertos creyentes a vivir vidas de acuerdo al evangelio de Cristo. Y como no están viviendo de acuerdo al evangelio de Cristo, y como todavía no han sentido el poder del evangelio que les impulsa, el equilibrio del evangelio en el mundo que te mantiene en una línea recta sin caer a la izquierda o a la derecha, entonces todavía necesitas las rueditas. ¿Cuáles son las rueditas?

Algunos son asistidos por el seguimiento de un hermano mayor, la supervisión constante de un obrero, y quieren vivir en este juego del gato y el ratón, donde yo salgo y si nadie me ve, entonces yo procedo. Y hay otros entonces que hacen el papel del gato y quieren vivir observando a los creyentes y cuidado si este se desvía y cuidado si aquel. Ay hermano. Eso es una vida muy pobre.

El evangelio es muy glorioso, muy potente. Para tú asumir como tu norma de vida, tu estándar, la supervisión de otra persona, ¿cómo va a ser que toda la seguridad de tu alma está en este momento depositada a que un hermano mayor te vea o no te vea? Sobre todo, ese hermano mayor no puede ver tu corazón. No te puede ver la intimidad de tu privacidad. Él no puede ver tus pensamientos, pero Cristo ve tus pensamientos y el evangelio informa tus pensamientos.

Pablo no está diciendo «vivan vidas acordes a las expectativas que la gente tiene de ustedes.» No. «Vivan vidas que sean dignas del evangelio de Jesucristo.» Ese seguimiento parece tan tierno y tan bonito, pero es un vicio enorme. Hay gente que nunca aprende a vivir de acuerdo a Cristo, sino que siempre está viviendo de acuerdo a las personas que me están mirando. Eso agota. Agota al gato y agota al ratón.

Yo reevalúo mis prácticas pastorales y yo resolví, hermano, no vivir en eso. Temprano en mi ministerio. Yo no quisiera que nadie viva para Cristo porque yo le estoy mirando. Yo podría mirar a aquel que no es consciente de que Cristo espera algo de él y yo podría exhortarte, yo podría animarte, podría hasta reprenderte, pero no puedo asumirte en mi agenda como que voy a dedicar mi vida a cuidar de ti porque yo estoy cuidando de mí mismo con dificultad.

Y la ruedita no es lo que el Señor ha establecido para ti. Uno se siente bien cuando alguien le cuida o cuando alguien le ve. Esa no es la tarea de un pastor. Dice Efesios 4:12 que la tarea de un pastor es capacitar a los santos para la obra del ministerio. Escucha la diferencia. No es «estate siempre agarrando para que no te caigas,» sino capacitarte para que tú vivas a la luz del evangelio de Jesucristo. Para la edificación del cuerpo de Cristo, después dice el apóstol Pablo.

Eso ha hecho una caricatura de las relaciones pastorales y ha hecho un daño tremendo donde la gente no fluye de manera natural. «Ah, que el pastor está interactuando conmigo, eso es que me está mirando.» Ay hermano, no. Yo estoy mirando a Cristo. Yo quiero que tú mires a Cristo. Y no quisiera que la tesitura de nuestra relación pastoral sea que tú siempre sientas que te estoy mirando a ver si te falta algo. Ay no, no, no, no. Mírate tú un poco a mí también, que yo necesito a Cristo. Y si acaso ves en mi corazón, si acaso ves en mi vida una oportunidad para que Cristo sea mejor reflejado, anímate tú mismo a que yo me parezca un poco más a Cristo. Y yo te animo a que tú te parezcas un poco más a Cristo.

En vez de vivir esto de que si tú me ves o yo te veo, tratemos todo de que Cristo nos vea y sobre todo de que Cristo se vea en nosotros. Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo. Otros viven según resoluciones morales, otros según códigos de conducta humanos que no afectan el corazón. Según el testimonio de alguien, según el legado que nos dieron.

Ay, el testimonio de alguien puede ayudarte hasta cierto punto, pero tú no puedes vivir la vida comprometida con el testimonio de alguien más. Ya él vivió para la gloria de Dios, vive tú también para la gloria de Dios. «No, que aquí hay un estándar, hay una impronta, que aquellos que nos presentaron el evangelio nos dejaron esta vara muy alta.» La vara más alta es Cristo. Y todo aquel que no está viviendo una vida digna del evangelio de Cristo está perdiendo su vida.

El evangelio es poder de Dios

La presión social de creyentes y en especial la presión social de los no creyentes. ¿Saben que los no creyentes nos cuidan más hasta que nosotros mismos? «Tú eres cristiano.» Es como bajo amenaza. «Cuidado, te estoy mirando.» Mírame, porque yo estoy mirando a Cristo. La vida de los que no han nacido de nuevo no puede ser la persona que esté cuidando tu alma. Tu alma es cuidada por Cristo y tu alma se cuida para Cristo.

Lo que está diciendo el apóstol Pablo es que tengan una vida que sea digna del evangelio de Cristo porque el evangelio es el estándar y no ninguna de esas cosas. Ninguno de los anteriores es completamente incorrecto. Tienen cierta utilidad. Lo que son es insuficientes. Esas cosas no cambian el corazón. Esas cosas no afectan permanentemente la conducta. Cada vez que te quiten los ojos, entonces se te va a quitar también el distintivo cristiano. Es como un laqueado en el cual la gente vive y hay que vivirle reponiendo el laqueado. Ahí, hermano, termina de entregar tu vida completamente a Cristo y vivir una vida digna del evangelio de Cristo.

Porque el evangelio es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree. El legalismo no es poder de Dios, la supervisión no es poder de Dios, la soga corta no es poder de Dios, el gato y el ratón no es poder de Dios: el evangelio es poder de Dios. Por eso Pablo decía que no se avergonzaba. Y me gozo que dice «para salvación de todo aquel que cree.» El poder de Dios para ti y también el poder de Dios para mí. El poder de Dios para nosotros.

Es el medio que Dios ha dado. Ese poder no está en el creyente, ese poder está en Dios. Eso no es magia que se pueda hacer un truco de manera arbitraria, es providencia. Y el poder del Señor te sorprende. Cuando tú dejas de vivir para que alguien te vea o no te vea y tú comienzas a querer vivir una vida digna del evangelio, el poder del evangelio te sorprende. En capacidades que tú jamás pensaste que ibas a poder tener. Y en áreas de tu vida donde tú no pensabas que era posible vivir vidas distintivamente cristianas, Dios lo hace posible. No son quince ojos sobre ti, es el poder de Dios en ti, esa es la diferencia.

De forma tal que si yo te puedo inquietar en algo, te quiero inquietar a que dejes de temer al incrédulo y dejes de temer al cristiano y comiences a procurar el poder de Dios en ti. Y órale al Señor, dile «Señor, fortaléceme para ver en mí, aquí, el poder del evangelio. Permíteme Señor experimentar esta fuerza.» Dice la palabra que el poder que levantó a Cristo de entre los muertos está disponible para vivificar su iglesia.

Y un creyente que tiene una vida nutrida por Cristo es un creyente que vive una vida digna del evangelio de Cristo. Lo que se corresponde con el diseño de Dios es aquello que produce el poder de Dios. No es algo que está a tu alcance, es poder de Dios que opera en ti. Esto anula el ego, anula la autosuficiencia. Cuando tú sientes que avanzaste o que creciste, ya tú no te sientes altivo, ya no miras a los demás por encima del hombro, sino que a los demás tú también le muestras Cristo.

Y lo mejor que tú puedes decirle a la iglesia de Cristo es «hey, está funcionando.» No «yo lo estoy logrando, ahora soy más fuerte, ahora soy más maduro, tengo más carácter,» sino «Cristo lo está logrando en mí.» El ego, el legalismo, el autocuidado por temor a alguien produce vanidad, pero el evangelio produce humildad. Es un carácter humilde donde un creyente dice «no es que no he sido yo, yo mismo estoy sorprendido. El Señor lo va haciendo en mí y puede hacerlo también en ti.» Y es hermoso.

Vivir como ciudadanos del reino

Ese poder ha estado disponible y este es un estándar apropiado. Interesante. Como lo traduce la NTB, dice «vivir como ciudadanos del reino.» Es un término, una combinación de dos términos. Uno tiene que ver con equivalencia y otro tiene que ver con ciudad, con polis. Se está diciendo: «viva una vida que sea equivalente a la ciudadanía que ustedes tienen.»

Vivimos en días donde ya nadie trata de vivir con dignidad, sino que todo el mundo como que asume que todo vale. Lo que dice la historia es que 100 años atrás una persona que sabía leer y escribir, esa persona tenía cierta dignidad. Y decía «no, yo sé escribir mi nombre, yo sé leer y sé escribir.» Eso fue bajando. Señores, casi una generación atrás, si una persona tenía un bachillerato, esa persona se comportaba de manera diferente, pues entendía que tenía responsabilidades sociales acorde a «yo soy bachiller.»

Siempre hago el mismo cuento, pero me marcó mucho. Decía alguien que en su pueblo iban a esperar a la guagua que venía de la capital con los universitarios. Las personas tenían una dignidad. Los universitarios. Antes un doctor tenía prestancia. Últimamente están bailando en TikTok, pero antes un doctor tenía prestancia. El mismo cirujano. Pero antes un doctor no se prestaba a eso. Pues decía «espérate, es que yo tengo una investidura. Yo soy un médico. Me pesa el ruedo. Ey, me pesa el ruedo.»

Vivimos en días donde pareciera que nada es nada y que la dignidad no existe. Sí, hay asuntos que se corresponden con tu rol. Los procesos de contratación han tenido que ser revisados porque antes le daban a una persona una gerencia y esa persona entendía el componte que tenía que tener un gerente. Al día de hoy le dan una gerencia y las personas quieren vivir y hacer de eso su mote. «De que yo no soy como lo de antes, yo soy de los nuevos.» Ay no hermano, mira, hay un comportamiento que se corresponde con tu posición. Antes le daban un anillo de profesional así grande, con el escudo.

Compórtense como es digno del evangelio de Jesucristo. Que cuando la gente quiera saber qué es un buen esposo, te puedan ver a ti. Que cuando puedan entender lo que es un padre de familia, te puedan ver a ti. Que cuando quieran ver lo que es cualquier oficio bien llevado, un maestro de escuela… Mira, esa es yo, un maestro de escuela, ¡excelente! Y cuando la gente quiera ver lo que es el resultado de los ciudadanos del reino de Cristo, entonces nos puedan ver a nosotros.

«¡Ah, es que nosotros ya no somos como los cristianos de antes!» Nosotros los cristianos seguimos siendo igual, porque el estándar es Cristo. A Cristo no hay que excederle los bordes. Cristo sigue siendo el mismo, ayer, hoy y por los siglos. Y hay un comportamiento que es digno del evangelio de Jesucristo, que se corresponde con eso. Es un estándar que es muy apropiado.

Atesora la dignidad de tu salvación

Hermano, ¿tú sientes la dignidad que tiene tu salvación? Si tú no sientes la dignidad que tiene tu salvación, entonces tú no vas a tener un comportamiento digno. La dignidad que tiene tu salvación. ¿Sabes lo poco común que tú tienes? ¡Ey! Esto no abunda. Dentro de este mundo de pecado, de injusticia y de maldad, las personas que tienen conciencia de que han sido salvados por el poder del Cristo, somos minoría. Tú puedes atesorar eso. Eso es una obra sobrenatural del Espíritu Santo, eso no estaba a tu alcance. Tú has sido integrado a un nuevo pueblo. Tú te sientes distinto. Tú ves el mundo siguiendo en su derrotero y tú no lo miras con altivez pero tú lo miras con diferencia.

A veces se le ocurren las ilustraciones más burdas para las cosas más gloriosas. Yo recuerdo cuando dejé de ser peatón. Eran tres carros que yo tenía que tomar. Si tenía dinero, si no una guagua. Cogí lucha ahí. Bueno, hay algo que no es que tú te sientas más grande que los otros, pero debería anunciarse que hay algo diferente. Yo recuerdo cuando comencé a trabajar que hubo en mí como una dignidad diferente, yo me sentía útil. Y sobre todo recuerdo mi primer salario, uno dice «oh, pues ya yo soy empleado, es distinto.»

¿Cómo va a ser que vamos a decir ahora que ser cristiano no es nada? Usted ha pasado de muerte a vida. Usted ha pasado de la orfandad a la adopción. Usted ha pasado del castigo al perdón y ha pasado de la desesperación a la esperanza. ¿Y cómo va a ser que sus recursos evangelísticos sean «acepta a Cristo que en tu vida eso va a ser igual»? No, no va a ser igual. Vas a vivir una vida digna del evangelio de Jesucristo. La vida que se corresponda con esto que tú has recibido. Y eso es algo que tú deberías atesorarlo. «No, mira, eso no va a cambiar tu vida.» ¿Cómo que no va a cambiar tu vida? Sigue andando a pie para que tú veas. ¿Es igual? No, no es igual.

No, te estoy inquietando al respecto de que entiendas que realmente deberías atesorar las diferencias. La Iglesia de Cristo tiene otra melodía, la Iglesia de Cristo tiene otra cadencia, tiene otro ritmo, tiene otros compases. Nosotros tenemos una musiquita que es diferente. Hay un meme, un recurso de estos de vídeo que se ha hecho popular, que dos personas se encuentran, chocan y se les caen los audífonos. Y cuando se ponen los audífonos, uno se pone el audífono del otro. Y muestra la persona, y muestra la música que la persona está escuchando. Entonces, te das cuenta que cada persona, su musiquita, se corresponde con su estética, se corresponde con su porte. Bueno, el creyente tiene otra música. Una música — no estoy hablando en este momento de ritmos musicales — estoy hablando de una manera de vivir. Lugares, que tiene un compás diferente, un ritmo que es distinto y eso a ti debería producirte orgullo y no vergüenza. Si tú eres miembro de esta ciudad, esto debería producirte orgullo y no vergüenza.

Firmes en un mismo espíritu

«Que se comporten como es digno del evangelio de Cristo.» Dice el 27 en la segunda parte: «Que ya sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio.» Ahora él llama a la iglesia a que haga equipo para resistir.

Te he inquietado primero, hermano, de que hay una vida que se corresponde con el evangelio de Cristo. Ahora quisiera inquietarte al respecto de que tenemos que resistir en equipo y no sueltos. En el Nuevo Testamento se escribió una perspectiva corporativa, comunitaria, plural. Y la gente toma textos como este y los hace singulares. Y tenemos una capacidad para ver lo más plural de la escritura y tomarlo de modo individual. ¡Compórtate! No, no «compórtate»: compórtense. Estén firmes. No es «afírmate.» No, no, no. Estemos firmes. Esto es un trabajo de equipo.

Y la primera manera en que tú sabes que tú estás firme es porque tú estás firme junto con otros. No quiero ser categórico hermano, pero un elemento importante de la firmeza del pueblo del Señor es que es una firmeza corporativa y comunitaria. Y si tú estás solo del pueblo del Señor y te has quedado al margen, no hay que hacer un equipo de 15 personas para evaluar tu alma y decir que si tú estás corriendo peligro. No, estás corriendo peligro. Porque tu pelotón caminó y tú te quedaste solo. «No es que yo puedo cuidar de mí, yo no necesito de nadie más.» Es que el Señor no va a probar que tú te cuides tú solo. El Señor quiere que nos cuidemos juntos.

Un trabajo en equipo. Dice: «firmes en un mismo espíritu» y después dice «combatiendo unánimes.» Es «en un mismo espíritu» y «unánime.» Es un limón en los ojos del cristiano del siglo XXI. Individual, independiente, suelto. Bueno, ¿con quién es que tú estás viviendo tu vida cristiana? No te estoy diciendo que, no estoy hablando en esto de que si tú tienes una iglesia, si tú eres miembro formal de una iglesia, en el mundo de la iglesia. No te estoy diciendo si te estás congregando, si estás participando en una liturgia, si tú tienes un pedazo de culto con alguien o con otro. Te estoy diciendo que con quién es que tú estás viviendo esta música, esta vida cristiana, este ritmo.

Esta es una gran diferencia entre la autodisciplina del mundo y el cristianismo. El cristianismo es profundamente comunitario, imposible de vivir en soledad. Escucha la palabra: imposible de vivir en soledad. Te lo enseñaron en talleres de membresía, que hay más de 30 «los unos a los otros» en el Nuevo Testamento, que tú no puedes vivir tú solo. Y que si tú no estás teniendo un conjunto de creyentes con los cuales estás practicando más de 30 «los unos a los otros» que salen en el Nuevo Testamento, tú estás en abierta desobediencia y tu alma corre peligro. «No, yo no lo siento, mira, no me ha alcanzado ningún tiro.» Estás solo, es peligroso.

Estén firmes juntos. Igual de iluso es el soldado que pretende ganar por sí solo una batalla, como iluso es el creyente que cree que va a vivir firme él estando solo. Reflexión ahí hermano, que aquí es que yo he sentido que cuando… mire, la escritura se repite porque nuestra alma necesita reiteración. Entonces cada vez que llegamos a textos donde hablan de la perspectiva corporativa de la iglesia, yo siento a mis hermanos como un poco indiferentes, de que eso cuesta mucho, eso es muy difícil.

La firmeza es corporativa

Lo que dice aquí el versículo 27: combatiendo unánimes, y antes de eso dijo en un mismo espíritu, una disposición interior. Las relaciones importan a la luz del evangelio. Estar en un mismo espíritu no es algo que va a suceder de manera fortuita o natural, eso se busca. Alinearnos, sincronizarnos, llegar a importarnos es algo que se pretende. No quedarse solo es una resolución.

Eso no va a salir como «ah no, mira.» No, no, tú debes buscar el pueblo y si el pueblo se movió, entonces tú te mueves. Es estar en un mismo espíritu. Es lo que tu alma necesita en este momento. No basta con estar físicamente en la batalla, tú tienes que estar con nosotros, tenemos que ser un solo hombre. Una iglesia podría estar junta físicamente, pero dividida en intención.

La división más grande no es cuando la gente se deja de ver. La división más grande es cuando la gente se sigue viendo, pero no está ahí. Y hay gente que hace rato se fue de diferentes lugares. Tú te das cuenta, tú no tienes que esperar que tu matrimonio se te incendie, tú no tienes que esperar que lleguen los abogados para darte cuenta que aquí hay algo. Y tú no sabes definir lo que es, pero hay algo que falta.

No hay que llamar y decir que ya estamos listos. No, espérate, tú te fuiste hace rato, probablemente te fuiste hace tres años. Y no hay que cambiar la membresía de una iglesia para que tu corazón ya no esté aquí. Y lo que más daña la vida de una iglesia local es esa separación cuando no estamos juntos en intención. No es si tú estás en el grupo de WhatsApp.

Vivimos en días tan superficiales que la membresía en un grupo de WhatsApp importa más que el corazón. Trato hermano de… yo vivo en este asunto porque yo soy más que un predicador, soy un pastor, tengo que pastorear un pueblo. Y rendirle cuenta al Señor por este pueblo. Y hay cosas que me afectan hermano. Recuerdo que años atrás una persona era miembro de esta iglesia y yo le llamé porque hacía tiempo que no le veía. Y tuvo que hacer un gran esfuerzo para que la persona sepa quién era que le estaba llamando. «Mira, el pastor Rafael de la Iglesia Pez Mundial. ¿Quién es que me llama? Sí, te estoy llamando. Mira, hermano, hace tiempo que no te veo en la iglesia.» «¡Ah, pastor! Sí, ¿cómo tú estás? Yo voy a ir, sí.» Tiempo después, le removimos del grupo de WhatsApp y la persona me mandó tres párrafos. Hermano, tres párrafos por WhatsApp. Eso es mucho. Eso mata a cualquiera.

¿Dónde está tu corazón? ¿Cómo están tus sentimientos? ¿Quién está en tu esfera? ¿En quién es que tú estás pensando? ¿Con quién tú estás compartiendo la fe? ¿Con quién es que te estás manteniendo firme en la palabra? Que hay que responder. «Pero yo fui.» Eso no es. ¿Qué desaire tú sientes cuando tú tienes cariño hacia alguien en tu familia y esa persona es displicente al respecto de ese cariño? ¿Qué es lo que tú quieres decirle? Qué duro es decirle a una persona «pero yo te amo.» «Y es que tú tienes que estar más presente porque yo te quiero. Yo quiero estar contigo.»

Deja un momento, que la gente va a dejar de intentarlo y cuando la gente deje de intentarlo, entonces te va a sentir que te abandonaron a ti. Firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio. ¿Con quién tú estás combatiendo por la fe del evangelio? «No, yo lo hago solo.» No, no, no, no. No. Recuerda que tengo que pastorear respecto de esto. La iglesia no solamente necesita tener números en una membresía, necesita tener corazones que estén alineados en el mismo propósito. Responde tú como miembro de esta iglesia si lo eres. ¿Tú sabes hacia dónde está caminando la visión de tu iglesia? ¿Tú sabes qué es prioritario en este momento en tu congregación, qué estamos haciendo? ¿Tú te sientes parte, te sientes involucrado? Eso no se resuelve con cambiar de iglesia. Lo que debe cambiar es la actitud de tu corazón. Y esa indiferencia se resuelve con el evangelio. Si tú realmente entiendes el privilegio que es tener hermanos, tener iglesia, tener un lugar con el cual tú puedas hacer fuerza por la causa de Cristo, entonces tú lo ves como un privilegio.

Combatiendo juntos por la fe del evangelio

Dice: «combatiendo unánimes por la fe del evangelio.» Aquí la carga del texto no está en la fe, en el acto de creer. La carga del texto está en que el evangelio tiene un contenido objetivo. El evangelio nos dice que Cristo murió por nuestros pecados, que fue sepultado y que resucitó al tercer día. Superlativamente. Y que no vamos a conocer un amor más grande que esto. Ese es el evangelio.

Y cada vez que haya otro amor que esté coqueteando con tu corazón, tu hermano es el que te debe clavar el codo y te diga «ay, por ahí no. Tú eres de Cristo. Somos de Cristo.» Mano, qué hermoso es una persona que en una conversación no tiene ni que corregirte por otra línea. «Wow, felicidades, míralo, lógraste. Gloria al Señor por eso.» Ese «gloria al Señor por eso» te está cuidando.

¿Te das cuenta cómo no hay que hacer tampoco de que vivir interrumpiendo a nadie? «Pero mira, te estoy llamando para decir que lo logré, me dieron el ascenso, tengo la promoción, ya estamos para firmar.» «¡Wow hermano! Me gozo contigo, gloria al Señor. Yo estaba esperando eso desde hace mucho. Pero recuérdate que tú eres valioso en Cristo antes que te dieran ese ascenso.»

«¿Cómo van los bonos hermano? ¿Se los dieron?» «El bono llegó ahí, hermano, mira.» «Gloria al Señor, resuelve aquí, allá y allá. Gloria al Señor para eso. Pues recuérdate que el Señor es tu sustento.» Y cuando los hijos están tratando de desbordar, ¿no? Un padre creyente, piadoso, le dice al otro: «Cristo primero, los hijos después.» Los hijos no son tu vida, por momentos te van a dar más alegría, después más tristeza. Y cuando los padres también se vuelven, porque es otra historia hermano, también te dicen «mira, tus padres no son el todo, tarde o temprano se van, tarde o temprano te decepcionan, te desencantan, pero Cristo no cambia.»

Tú necesitas gente que esté alrededor tuyo, haciendo bola con esto, haciendo equipo con esto. Tú necesitas… la gente habla ahora de «yo quiero mi tribu.» Agarra una tribu espiritual, agarra un grupo de creyentes para que juntos montemos el evangelio. Tú me lo pones, yo te lo pongo a ti. Es como el protector solar en la playa. Tú me untas, yo te unto. Dame a Cristo, yo te doy a Cristo. Eso es: unánimes, combatiendo juntos.

La lucha principal está en nosotros

Esa batalla de combatir juntos. La gente quiere ver eso y ponerse en modo defensivo. «¿A quién le damos? Dos piedras en la mano.» Ay hermano, yo no tengo una lucha casada con nadie, más querida, más directamente, más violenta, que la lucha que tengo contra Rafael Pérez. El perro. Es con nosotros mismos. ¿Cuál es la lucha principal que tiene un creyente? El campo de batalla de su mente. En mí vienen pensamientos. A mí vienen deseos. Y yo necesito gente que me diga «hey, hey, hey, espérate. Oh, oh, oh. Rafa, te está yendo lejos.» Tú necesitas gente al lado que te recuerde a Cristo. Tú necesitas hermanos con los cuales tú combatas unánime. ¿A quién le vamos a dar? A nosotros mismos.

Ese combatir… hay gente que lo ha leído y anda buscando joyetico para salir para la calle a arrancar cabeza. Mano, la lucha está en nosotros. La lucha está en tu corazón, está en los deseos. Es de retener, la lucha es eso, de que tú retengas la verdad del evangelio. El evangelio nos recuerda que la recompensa está por delante, que no está aquí, que nosotros estamos en tránsito.

Cuando vamos llegando a esa edad donde tú sientes que no se alcanzaron los sueños, tú necesitas un creyente que te diga que el sueño ya se alcanzó. Es que eso no era necesario, eran los trailers. Cristo ya está esperándote con los brazos abiertos y la esperanza está puesta en otra parte. Cuando tú te sientes culposo, cuando tú te sientes decaído, defraudado, tú necesitas a alguien que te diga que nada nos separará del amor de Dios que es en Cristo Jesús. «Tú no sabes lo que yo estoy viviendo.» «Lo que yo sé es lo que Cristo vivió por ti, eso es lo que yo sé.»

Hermanos, miren, es una idea poderosa, toda una gente está atrincherada en ese pensamiento. «Tú no sabes lo que yo estoy viviendo.» Uy, eso da como allá hermano, como en el fondo del alma. «Tú no sabes lo que yo estoy viviendo.» Ay, ay el pobre. Agárrate que para allá va Cristo. Es un volteo así del evangelio. Lo que yo sé es lo que Cristo vivió por ti cuando tú no merecías que nadie viviera en nombre tuyo.

Yo lo que sé es que Cristo pagó por ti cuando tú no tenías nada que pagar. Yo te recuerdo muerto en tu delito y pecado y tú te veías feo muerto en tu delito y pecado. Obvio, mal estabas tú antes. «No, que han sido años muy malos y han venido todos juntos.» Malos eran los años que tú estabas muerto en tu delito y pecado. Eso eran los años malos. Wow, yo quiero más gente que me hable así.

¿Sabes por qué? Hay una gente que te hace la segunda voz. «Aquí estoy yo, un año malo. Sí, hombre, así estoy yo también.» Dímelo, evangelio. ¿Tú has visto esa gente que se apropia del dolor del otro? Si tú no me vas a pasar la mano, por lo menos muéstrame a Cristo. Oye, qué duro, hermano, que tú compartiendo con gente que lo que hace es empujarte un poco más al precipicio. Y aquí está toda la esperanza del evangelio.

Escúchate: estoy diciendo que cuando te están llamando a estar firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio, es unánimes para retener las gloriosas verdades del evangelio, pues el evangelio tiene una base que es objetiva y un creyente necesita recordar esa base objetiva. «Pero yo no estoy descarriado.» No estás descarriado, pero hace rato que se te cayó la carga, el camión va vacío, devuélvete. Mira, allí se te cayó. Y mira allá también. Dóblate ahí si te cayó un pedazo de tus convicciones, retén la verdad del evangelio.

Perspectivas que anulan el miedo

En el 28 hay unas perspectivas que anulan el miedo. «Y en nada intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación, y esto de Dios.» La oposición a que un creyente viva según el evangelio es real. Porque tú tienes otra música, tú tienes otro ritmo, tú tienes otros tiempos. Y en la feria de las vanidades que es este mundo, el que no compra su ticket es mal visto. Está todo el mundo aquí, estamos todos, y la gente está comprando, y tú no estás comprando, y tú llamas la atención. Y «¿él por qué no compra? Aquí estamos vendiendo vanagloria, ¿y por qué él no quiere vanagloria? Él es raro, ¿verdad?»

Es duro compartir con gente que van a un ritmo que no va. Y cuando todo el mundo está en vanidad, en ostentación, en llenarle los ojos a alguien, el creyente está pensando en Cristo, y la gente te ve a ti con una actitud, hermano, así como de condescendencia. «Ay, que el pobre, míralo. ¿Y será que él no tiene con qué comprar en la Feria de las Vanidades?»

«¿Qué es lo que está diciendo? Entonces déjame prestarte.» Pero tú no quieres que te presten. «Entonces tú tienes un problema, que están vendiendo y tú no quieres comprar.» «Es que yo no tengo un problema. ¿Tú crees que yo tengo un problema? Yo lo que tengo es una solución, tremenda solución, la encontré yo en Cristo.»

Y es que vivir así, hermano, se vuelve aborrecible al mundo. Ustedes tienen que participar en una reunión de marketing para que ustedes vean cómo segmentan a la población. Tú vas a ver cómo les segmentan. «Mira, este es este segmento, este segmento y este. Este segmento responde a este, este segmento responde al otro.» Y alguien va a decir «pero acá hay una parte así de la población que no me ha podido segmentar. No me ha encontrado cómo mandarle el algoritmo atrás. ¿Y qué es lo que ellos quieren?» Lo único que ustedes no pueden vender. Lo único que una multinacional no puede empaquetar. No es lo que nosotros queremos. Queremos a Cristo y ellos no pueden darnos a Cristo.

Un creyente es insobornable, es un creyente, no puede ser segmentado, nosotros no cabemos en ninguna matriz, porque ya nuestra satisfacción está en Cristo, no tenemos hambre. Y cuando el mundo está haciendo planes para prospectar a los pecadores, tratando de atraerles por las cosas más grandes, más pequeñas, sus embudos de venta van hacia ti, tú dices «yo estoy pago.»

No te sientas intimidado

«Y en nada intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición.» No te sientas intimidado. Ese término alude a un caballo que iba caminando y se asustó. No te asustes. El mundo no te va a hacer la segunda voz, el mundo no te va a promover. Tus familiares, hermanos, quedan desesperantes, empáticos. Miren, los familiares de uno no creyentes están perdidos. Ellos quieren agradarnos y quieren que nosotros nos sentamos bien, pero es que ellos no saben cómo es que se agrada a una gente que ya su corazón está en otra parte. Y uno los ve haciendo ingentes esfuerzos para agradar a uno.

No te sientas intimidado. Ellos van a hacer mucho ruido, pero no pueden tocar tu alma. Tú le perteneces a Cristo. Es verdad que ellos tienen el entendimiento entenebrecido, pero tú tienes los ojos abiertos, y esto es razonable. Mira, la fe cristiana es razonable, esto tiene sentido para quien tiene los ojos abiertos. La razón por la cual esto no tiene sentido para ellos es porque dice que el príncipe de este mundo ha cerrado su entendimiento. Ellos no pueden verlo, pero esto es razonable.

Sobre todo esta perspectiva hermano. Cuando tú sientas la oposición, eso es de hecho una buena señal. Y es una señal que te la dio el Señor. Cuando tú sientas que el mundo no te aplauda, cuando tú sientas que el mundo no te celebra, cuando tú sientas que el mundo te combata, no lo veas como algo malo. Escucha lo que dice el texto y la hermosura con que Pablo lo describe. Dice así: «Para ellos, ciertamente, es indicio de perdición.»

Ah, ok, ya yo sé por qué es que no me entienden. Ya yo sé por qué es que les desespero. Eh, los cristianos somos desesperantes para el mundo. Y no usas tu fe para desesperar a nadie, pues ya desesperante es. Comprendes, las convicciones de uno desesperan al mundo, entonces no trates tú de ser más desesperante de lo que ya lo eres. Pero cuando eso suceda tú tienes que decir «ah ok, ya yo entiendo que no se trata de mí, se trata de que yo aporto algo.»

Fue Cristo que dijo: «Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo, pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece.» Cuando el mundo no te haga la segunda voz, cuando el mundo no te promueva, cuando el mundo no te reconozca, entonces di «ok, ya estoy entendiendo. Es que ya yo estoy viviendo un sistema diferente.» Es que soy yo el que me salí. El mundo no está mal — hablo con cuidado, hermano — en su entendimiento. El mundo no está mal. Ellos son consistentes a su nivel de entendimiento. Y tú tampoco estás mal, porque tú eres consistente a tu nivel de entendimiento.

Para ellos es indicio de perdición, que es una razón para orar y seguir presentándole el evangelio. Es que él necesita el evangelio, él no necesita que yo le explique ni que lo justifique. Tú necesitas ver a Cristo. Pero tú no puedes hacer que el otro cambie; lo que tú puedes cambiar eres tú. Para nosotros eso es señal de salvación de parte de Dios. Cada vez que alguien te retira esa amistad a causa de Cristo, hermano, estoy hablando. Cada vez que alguien tú sientas que cambió hacia ti a causa de Cristo, tú deberías decir: se está viviendo de manera diferente, se ve el evangelio.

Miren, el evangelio es la buena noticia de que nuestra deuda ha sido saldada en Cristo. No por nuestra capacidad de caminar rectamente, sino por su gracia. El evangelio es descanso, pero el evangelio también es movimiento. Cuando has recibido del evangelio, eso se vuelve en el motor que te hace vivir de manera diferente. El evangelio no es pasivo, es activo, es una dirección, una dirección que glorifica al Señor y se vive una vida que es digna del evangelio de Cristo.

Esa misma forma, una forma que es digna, entonces choca con el mundo y produce un alto contraste. Y tú sientes que el mundo está en tu contra. El mundo no está en contra tuyo, el mundo está en contra de Cristo. Y como tú estás a favor de Cristo, entonces está en contra tuyo también. Sin embargo, esa oposición es algo que confirma que nosotros somos de Cristo. Que el Señor te conceda vivir una vida que sea digna del evangelio que tú has recibido. Y que aquellos que hoy te están combatiendo, mañana tengan la misma esperanza que tienes tú. Oro por la iglesia.