Saltar al contenido
Mensaje

Vida y muerte a la luz del evangelio

Filipenses 1:19-26

Muchos creyentes viven atrapados en un error de enfoque: o temen la muerte por falta de fe, o desean morir simplemente para escapar de sus problemas. Pablo, preso en Roma, nos ofrece una perspectiva radicalmente distinta a la luz del Evangelio. Este es un texto introspectivo, pero no es nostálgico ni lastimoso; al contrario, refleja un ánimo vibrante, quizás triunfante. El Apóstol nos enseña que aunque «morir es ganancia», el creyente sabio entiende que permanecer en la tierra, aún en la más estrecha circunstancia, es una gran oportunidad. Lo más sensato no es escapar al descanso eterno o evadir nuestras circunstancias, sino predicar desde allí el evangelio y edificar la iglesia de Cristo, transformar la limitación actual en una plataforma para el evangelio.

Transcripción automática

El apóstol Pablo estaba preso en Roma, atado a un soldado romano. Esta carta a los filipenses se conoce como una de las cartas escritas desde la prisión, y desde esa limitación el apóstol transmite gozo y consuelo a la iglesia. Son muchos los creyentes que se encuentran atrapados en un error de enfoque: o le temen a la muerte por falta de fe, o desean morir simplemente para escapar de sus problemas. Quisiera persuadirte de que no es sabio estar pensando en la muerte, que eso de estarse entregando no glorifica al Señor. Si usted tiene a Jesucristo como su Señor y su Salvador, con relación a la muerte ya no hay nada que buscar. Su desperdicio podría estar de este lado de la existencia.

Porque sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación, conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado. Antes bien, con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte. Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor. Pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros. Y confiado en ello, sé que quedaré, que aún permaneceré con todos vosotros, para vuestro provecho y gozo de la fe, para que abunde vuestra gloria de mí en Cristo Jesús, por mi presencia otra vez entre vosotros.

— Filipenses 1:19-26

Un reclamo de vida

Pablo está preso en Roma y nos ofrece una perspectiva radicalmente distinta. Este es un texto introspectivo: el apóstol está reflexionando sobre realidades que nos sobrecogen, como pensar en la muerte. Pero no está amargado, no tiene un tono lastimero. Se siente como un triunfante. Le dice a la iglesia que está listo para partir con Cristo y lo desea, pero al mismo tiempo está listo para permanecer en esta tierra y seguir glorificando al Señor. No se trata solamente de buscar en Cristo seguridad para la vida eterna; se trata también de buscar en Cristo una vida relevante en este momento. Ahora es que hay que echar el pleito.

Parece muy piadoso el creyente que sube los brazos al cielo y se entrega: «Señor, llévame ahora mismo.» No, no hay sabiduría en eso. Una gran manera de vivir incluye aceptar la vida y sus circunstancias como la asignación de Dios para ti. Y en vez de claudicar, reclamar. Dice Pablo: «Esto resultará en mi liberación.» Él no se ha entregado. «Oren por mí», dice. El apóstol Pablo no es un pragmático, no es una persona depresiva, no es un hombre que anda por los contenes diciendo que está listo para morirse. Es un reclamo de vida. Decía el Señor que mientras haya luz, mientras aún haya claridad, tengo que hacer las obras de mi Padre. Un creyente que vive de esta manera alta no se entrega, no deja que las circunstancias lo distraigan, sino que ve cómo las circunstancias podrían estar conspirando a favor de la causa de Cristo.

La suministración del Espíritu

Yo estoy persuadido de que esto es lo que es ser pro vida. Un creyente pro vida es un creyente que está a favor de la vida desde el nacimiento y hasta que el Señor reclame esa vida. No hay limitación alguna que el creyente pueda disculpar. Pablo está preso, no puede moverse, un soldado lo tiene atado, pero la palabra no está presa. Es un asunto de fidelidad: el Señor quiere ver que todavía queremos tirar, que todavía queremos hacer cosas productivas con nuestra vida.

Es interesante la palabra que utiliza el apóstol: «la suministración del Espíritu de Jesucristo». En la Grecia antigua aparecían hombres, mecenas, que financiaban coros completos, orquestas completas. Gente que le gustaba la música y buscaban un director, un productor, y financiaban todo un coro para la ciudad. El término que utiliza Pablo es ese mismo. Él está mirando al Espíritu de Jesucristo como el gran mecenas que tiene todos los recursos. Percusión, violines, cielos, vientos, trompetas: todo lo que haga falta para exaltar el nombre del Señor, a un creyente se le suministrará. Son dos alternativas: o tú te entregas o tú esperas tu suministración. Todo lo que el creyente necesite para dar el testimonio de Cristo lo recibirá en cualquier escenario posible. En enfermedad, en pobreza, en frustración, el Señor te puede suministrar una oportunidad para glorificarle. La pregunta no es si tú estás o no estás cómodo.

El temor principal

Lo que se está debatiendo en medio de tu aflicción no es si tú vas a estar cómodo, sino si vas o no vas a avergonzar a Cristo, si vas o no vas a magnificar a Cristo. En tu tribulación, ¿cuál es tu temor principal? Quizás te aflige llegar a fin de mes, quizás te aflige un diagnóstico médico, quizás te aflige una situación familiar. ¿Y cuál es tu temor? Quizás tu temor sea lo que dirá la gente sobre ti, o que la gente cambie su percepción sobre ti. Entonces a ti te importa tu imagen personal y no te importa la magnificación de Cristo. Temor a descender en tu calidad de vida, temor a la precariedad, o el orgullo material de volver a tu punto de inicio.

El temor de Pablo no era ese. A Pablo le afligía pensar que en medio de sus prisiones él pudiera avergonzar a Cristo. Pensar que pudiera perder alguna oportunidad para magnificar a Cristo. La NTB lo traduce así: «Tengo la plena seguridad y la esperanza de que jamás seré avergonzado, sino que seguiré actuando con valor por Cristo.» A Pablo no le importaba mucho lo que la gente pensara sobre él. Le importaba actuar con valor por Cristo. Eso cambia completamente los conflictos, los dolores, las aflicciones. Lo que se está debatiendo en este momento es la gloria de Dios, no tu comodidad. Los conflictos domésticos, los problemas familiares, las situaciones en el matrimonio: lo que se está debatiendo es si tú encontrarás vías para evitar avergonzar a Cristo y para hacer que Cristo se vea más grande que tú.

Magnificar a Cristo

¿Qué es magnificar a Cristo? Tú no vas a lograr que Cristo sea más grande de lo que es. Él es inconmensurablemente grande. Pero a través de tus circunstancias, tú podrías lograr que alguien vea a Cristo como Cristo realmente es. Y Él es más grande que tus circunstancias. Nuestra circunstancia más limitante es donde Cristo se ve aún más grande.

La clave en todas estas cosas es un tema de negocio. Pablo está hablando de ganancia. No fue el traductor que puso la palabra; realmente en el original el término que utiliza Pablo viene del vocabulario financiero. Pablo está pensando en un comerciante que sacrificó cosas ahora mismo para lograr más del otro lado. Un comerciante que puso una fábrica, depreció la maquinaria, hizo el producto, sacó diez veces más de lo que había invertido, y cuando le dicen que los equipos están dañados él dice: «Bótenlo, que ya le sacamos diez veces lo que valía.» Pablo está diciendo: para mí el vivir es Cristo, el morir es ganancia. Yo estoy listo para partir porque ya mi capital está en otra parte.

Si tú realmente supieras dónde está tu tesoro, podrías estar mucho menos aferrado a todas estas cosas que hay de este lado de la existencia. Porque de este lado todo está en veremos. La salud está en veremos. La paz está en veremos. Las relaciones están en veremos. Los negocios, los empleos, ni se diga. Pero lo que ya llegó allá, eso está seguro. «Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia.» Mi dinero está en otra parte, es lo que él está diciendo. Entonces dice que tiene un gran dilema: «Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra…» Otro término económico. Pablo está hablando como un inversionista. Tiene inversión en el reino, inversión en la obra del Señor.

El dilema del inversionista

Vivir para beneficio de la obra o partir y estar con Cristo, que es muchísimo mejor. ¡Qué bueno es tener opciones! Recuerdo cuando trabajaba en una empresa que estaban cerrando mi unidad de negocio. Cada semana había despidos y todo el mundo se jalaba los moños. Pero había un gerente que se reía; tenía un plan en otra parte. Mientras tanto hizo su trabajo, estaba desarrollando una empresa constructora. Cuando le dieron sus prestaciones, ya tenía su futuro en otra parte. Ese es un creyente que tiene opciones porque ha vivido su vida bien para la gloria del Señor.

Piensa como un inversionista. Si el Señor te va a dar un año, diez, veinte más, no te entregues, no te retires. ¿Cómo puedo utilizar este tiempo para que repercuta en el mayor beneficio eterno? ¿Cuál es la mejor decisión espiritual que puedo tomar en este momento? Una persona que piensa como un inversionista le dice que no a un asunto actual para poder decir que sí a un asunto futuro. Todo creyente en algún momento tendrá que tomar una decisión como esa: sacrificar algo de valor ahora para obtener después un beneficio mayor. Hay que hacer un patrimonio espiritual. Hay que hacer un cúmulo en la presencia del Señor, que cuando uno llega allá, realmente diga: parto para irme con Él.

El tierno deseo de edificar

Escuchen la ternura del apóstol Pablo. Versículo 25: «Y confiado en esto, sé que quedaré, que aún permaneceré con todos vosotros, para vuestro provecho y gozo de la fe.» Pablo tenía sus detractores, cantidad de gente que se oponía a su ministerio. Y este hombre que está preso todavía está pensando en el bienestar de los filipenses. Si el Señor le permite dos años más, podría hacer que la iglesia tenga un poquito más de gozo. Pablo quería que ellos se gloriaran en Cristo por el ministerio suyo. Si el Señor le da cinco más, quiere que se sigan sintiendo orgullosos.

Tener una iglesia que se goce sinceramente en tu servicio es una razón para persistir. Hay un sofisma que hace mucho daño: asumir que toda gloria es inapropiada. No. Pablo tenía una profunda satisfacción de que los filipenses estuvieran contentos con el ministerio que el Señor le había concedido. Hay una alegría en servir a la iglesia del Señor, de que nuestros dones repercutan en alegría y utilidad para nuestros hermanos.

Valora los recursos del Señor

El apóstol Pablo no era tan valorado como le valoramos nosotros. Probablemente a los hermanos que te sirven en tu iglesia, tú asumes que siempre te lo van a dar así. Todos son muy valiosos. Ayer en la reunión de miembros decía: «Acérquense al hermano y denle las gracias.» El año entero cuidando los números de la iglesia, pagando servicios, gestionando proveedores. «Eso es lo que él debe hacer porque ese es su trabajo.» No, no: él lo está haciendo para Cristo y para tu beneficio. Lo mínimo que deberíamos decir es gracias.

Uno debería atesorar los recursos que el Señor le da a una iglesia. Desde el hermano que te cuela el café hasta aquel que te predica la palabra. Cuando encuentras gente que con ternura te sirve, deberías alegrarte con ellos. Valoren a su pastor, valoren a los obreros. Es muy triste quedarse sin obrero. Oro por la iglesia del Señor.