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500 años de la reforma protestante

Salmo 145; Mateo 16:18

Este sermón recorre la historia del impacto de la reforma protestante en la República Dominicana como testimonio de que Cristo ha edificado su iglesia también en nuestro país, generación tras generación.

Predicado29 de octubre de 2017
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Pueden ponerse un momento sobre sus pies para que leamos juntos los primeros versículos del Salmo 145. Dentro de unos días se estará conmemorando el aniversario 500, 500 años de la Reforma Protestante. Para nosotros, hermanos, esto es un momento importante del mover de Dios en la historia, y sin ánimo de celebrar un evento más que a nuestro Dios, celebramos lo que Dios hizo en ese momento de la historia.

He seleccionado para introducir hoy este tema el Salmo 145 porque es una exaltación de las grandes obras de nuestro Dios. Dice así la palabra del Señor:

Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre. Cada día te bendeciré y alabaré tu nombre eternamente y para siempre. Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; y su grandeza es inescrutable. Generación a generación celebrará tus obras, y anunciará tus poderosos hechos. En la hermosura de la gloria de tu magnificencia, y en tus hechos maravillosos meditaré. Del poder de tus hechos estupendos hablarán los hombres, y yo publicaré tu grandeza. Proclamarán la memoria de tu inmensa bondad, y cantarán tu justicia. Clemente y misericordioso es Jehová, lento para la ira y grande en misericordia. Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras.

— Salmo 145:1–9

Leo de nuevo, hermanos, el versículo cuatro. Acompáñenme ustedes en este versículo cuatro:

Generación a generación celebrará tus obras, y anunciará tus poderosos hechos.

— Salmo 145:4

Gloria al Señor, pueden sentarse, hermanos amados. Es mi deseo siempre, hermanos, tomar la mañana del domingo para exponer la sagrada Escritura.

Predicación como exaltación y presentación del tema

No lo hago simplemente como una exposición académica: hablaba en días pasados al respecto de esto con un hermano querido y le decía la tentación que a veces tenemos de convertir la exposición de la Escritura solamente en una exposición intelectual. No lo hacemos así. En la exposición de la Escritura estamos proclamando la grandeza de nuestro Dios; de hecho, la predicación de la palabra es la exaltación del nombre de aquel que inspiró la palabra.

Hoy tenemos por delante la Reforma Protestante, y 500 años, hermanos, es un momento importante, por lo cual he querido aprovechar el momento para celebrar la gloria del precioso nombre de nuestro Señor, mirando cómo ha tenido misericordia de nuestro país, que fue alcanzado también por las brisas de la reforma casi desde su momento inicial. Es el impacto de la Reforma Protestante en la República Dominicana lo que queremos considerar.

Dice nuestra introducción que los cristianos somos reconocidos como el pueblo del libro por nuestro apego a las Escrituras, y así mismo deberíamos ser reconocidos también como el pueblo del testimonio por nuestra disposición a contar las grandes obras que Dios ha hecho por nosotros. Así era reconocido Israel, tanto por el libro de la ley que les definía como por el testimonio de una generación a la otra de las grandes obras que el Señor había hecho en medio de ellos, tal cual dice el Salmo 145.

El 31 de octubre se conmemoran los 500 años de la Reforma Protestante, un movimiento que Dios levantó en Europa en el siglo XVI para afirmar su iglesia en lo que se conoció como las cinco solas: sola Escritura, solo Cristo, solo por gracia, solo por fe y solo Dios sea dada la gloria. Los creyentes de la República Dominicana nos maravillamos al saber que desde muy temprano los vientos de reforma llegaron a nuestras tierras. Hoy veremos la importancia de contar la historia y resumiremos el impacto de la Reforma Protestante en la República Dominicana.

La importancia de contar la historia y la promesa de Cristo

Hermanos queridos, cuando nosotros contamos la historia estamos testificando de nuestro Dios. Cuando decimos lo que Dios ha hecho, estamos haciendo lo mismo que hacía el pueblo de Israel, que cuando el Señor hacía una gran obra en medio de ellos dejaba un testimonio simbólico de que Dios había visitado a su pueblo. Lo que pretendo hacer hoy es algo distinto a lo que hago cada domingo, que normalmente es exponer una larga porción de la Escritura; hoy quiero ver con ustedes el impacto de la Reforma Protestante en la República Dominicana, pero no puedo dejar de apelar a las Escrituras.

Lo que quisiera ver con ustedes es cómo el Señor ha estado cumpliendo su promesa de que Él edificaría su iglesia y ni aun las puertas del Hades prevalecerían contra ella. Yo quiero ver cómo Dios ha edificado su iglesia en la República Dominicana. La próxima semana será ya 31, y yo espero que ustedes hagan memoria de cómo el Señor ha tenido misericordia de nosotros. Es un testimonio de la soberanía de Dios.

Cada dos años, hermanos —ese ritmo que he tenido— ocupo un momento en nuestra iglesia para recordar la historia, para decirles a los creyentes de este tiempo que esto no comenzó con nosotros, que la misericordia del Señor hacia nuestro pueblo comenzó tiempo atrás. Y es que la historia de la iglesia no es perfecta. Son 2000 años de un pueblo con sus luces y sus sombras, pero en ella se hace evidente el cumplimiento de la promesa de Cristo: Él ha estado edificando su iglesia y las puertas del Hades no han podido prevalecer contra ella.

Cuando hablamos de la historia de la iglesia no es sobre los hombres, no es sobre los personajes; es sobre la soberanía de Dios. Quiero mostrar hoy, hermano, que Dios ha sido fuerte en nuestro país desde tiempo atrás y no ha dejado el Caribe insular sin su testimonio. Es el impacto de la Reforma Protestante en la República Dominicana. Tenemos que conocer la historia; el pueblo del Señor debe estudiar la historia.

Por qué los creyentes deben conocer la historia

Hay varias razones que tenemos, hermanos, para no solamente ver la Escritura, sino también ver lo que Dios ha estado haciendo en medio de nosotros. Un creyente tiene que conocer las grandes obras de su Dios, porque cuando lo hace entonces fortalece su fe. Yo espero, hermanos, que el día de hoy, al ver el mover de Dios en nuestra tierra, nuestra fe sea fortalecida.

También esto nos hace humildes. Cada generación de creyentes tiene la tentación de pensar que es la única, que las cosas comenzaron con ella. Hermano, nuestro Dios ha estado moviéndose con nosotros desde tiempo atrás. Antepasados nuestros alcanzaron la Escritura y alcanzaron la salvación también por la fe. Ver la historia nos da luz sobre los problemas del presente, anima nuestras trayectorias cristianas y es uno de los tres filamentos de nuestra fe. El cristianismo es por convicción, es también una práctica que nos lleva a esta convicción, pero también es una historia. Dios intervino en la historia y dejó un testimonio de Él mismo.

Conocen los términos “protestantes” y “evangélicos”, pero quisiera por favor resumirlos con ustedes. ¿Hay alguno, hermano, que haya estado hace 24 meses cuando estuvimos compartiendo estas cosas? Por favor, me levanta su manito. Veo algunos. ¿Quién no había estado la última vez cuando compartimos la historia del protestantismo, quién no había estado? Veo otro buen número. Creo que es el momento preciso para no dar por sentado que cuando decimos que somos una iglesia protestante, usted sabe de qué estamos hablando.

¿Qué es la Reforma Protestante? ¿Qué es ser protestante, hermanos amados? Es una diversidad de confesiones, pero primero es un calificativo despectivo; no es algo agradable. Fue un nombre atribuido en el siglo XVI a los reformadores por sus contrarios. Sucedió un caso en Alemania donde se permitió que los príncipes —una parte de ellos— predicaran abiertamente el catolicismo romano como se había hecho históricamente, y fue prohibida la predicación como la entendían, a través de la Escritura, los reformadores.

Protestantes y evangélicos: definiciones y rasgos

Se les atribuyó este nombre porque ellos elevaron una protesta formal, y desde entonces recibieron este nombre, no porque lo hayan buscado ellos, sino porque aquellos que protestaban entonces fueron llamados protestantes. ¿Quiénes eran los protestantes del siglo XVI? Aquellas personas que no se conformaban con la religión tradicional tal cual la habían recibido; otros que se oponían a ellos dijeron: “Ellos son los protestantes”, es como decir “los inconformes”, “los inconformistas”, aquellos que no aceptan las cosas tal cual la tradición se las ha dicho. Era un término despectivo, pero llegó a definir a todas estas personas que no se sometían a la religión tradicional.

¿Qué son entonces los evangélicos? Es una diversidad de confesiones de corte protestante con orígenes distintos, aunque con tres elementos comunes, esencialmente tres. Cuando decimos que somos protestantes, estamos diciendo que respondemos a aquella reforma del siglo XVI, donde las personas no se conformaron con la religión tradicional, sino que buscaron, entre otras cosas, que la fe fuera ajustada a la Escritura y que se dejaran prácticas que entendían que eran ofensivas a Dios. Sin embargo, dentro de los protestantes hay una corriente que se define como evangélica. No es lo mismo ser protestante que ser evangélico, y de hecho hay protestantes que no lo son.

Los luteranos, por ejemplo, son una expresión protestante que mayoritariamente no es evangélica. Cuando decimos que somos evangélicos, decimos que somos parte de estas confesiones que se caracterizan por estos tres elementos: primero, una total confianza en la Biblia como palabra de Dios; segundo, una preocupación por llevar el mensaje de salvación con la experiencia personal de haber nacido de nuevo; y tercero, un énfasis por la vida en santidad. Los evangélicos nos definimos porque somos un pueblo que permanece en la palabra del Señor. Casi cada actividad evangélica comienza, termina y permanece en la Escritura.

Por otro lado, los evangélicos tenemos una pasión, una preocupación única por llevar el mensaje de salvación. Si usted, por ejemplo, es un anglicano, usted podría ser un creyente anglicano y llegar a entender que por nacer dentro de un hogar anglicano ya usted es parte de la promesa. Los evangélicos decimos que todo hombre necesita ser predicado y que cada persona necesita tener una experiencia única de salvación en el Señor.

Llegada del protestantismo a tierras dominicanas

Además, una definición justa de lo que es un evangélico incluye una preocupación por vivir en santidad, no entender que la fe cristiana es solamente un asunto nominal que está en nuestra mente, sino que “de modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es”. Nos definimos como protestantes y nos definimos como evangélicos. ¿Desde cuándo ha llegado esta corriente a la República Dominicana?

Quiero mostrar tres partes del protestantismo en la República Dominicana. Primero, mostrarles que las personas que habitaban en esta parte de la isla de La Hispaniola, desde el tiempo de la colonia, ya llegaron a tener Biblias; hubo testimonios de salvación y personas que testificaron haber nacido de nuevo. Después quisiera mostrar los primeros hermanos nuestros que llegaron a nuestro país desde otros lugares y se radicaron aquí y comenzaron a vivir su fe, habiendo conocido a Cristo en otros países, pero al trasladarse al territorio comenzaron a vivir su fe entre nosotros. Luego quisiera mencionar la última oleada, que ha sido el protestantismo de misiones, las primeras misiones evangélicas y protestantes que llegaron a la República Dominicana.

Cuando lo hago, hermano, no trato de exaltar estas misiones, no trato de exaltar a estos obreros, no trato de exaltar ni siquiera el momento de la historia; lo que trato de buscar con esto, hermano, es exaltar el nombre de nuestro Señor, que ha tenido misericordia de nosotros desde antaño. Me traslado entonces —iré muy rápido, quizás a 20 años, hermano, por cada minuto— para mostrar desde cuándo el Señor ha estado mostrando su fidelidad hacia nosotros.

¿Quiénes fueron los primeros que trajeron el Evangelio a nuestras tierras? Quizás le parezca esto una clase de historia. Usted ha escuchado hablar de lo que es un filibustero, lo que es un bucanero, lo que es un pirata y lo que es un corsario. Ser pirata o ser corsario dependía de quién lo nombrara. Piratas se llamaban a estos marineros que se dedicaban a asaltar las embarcaciones, pero si usted era alguien que hacía esto formalmente, con el endoso de alguna corona, entonces no era pirata, sino que era corsario.

Bucaneros, Biblias y devastaciones de Osorio

Los primeros que trajeron Biblias y testimonio de Cristo —testimonio de Cristo según su palabra— a nuestra tierra fueron estos bucaneros, estos filibusteros que llegaron por la parte norte y daban testimonio del Señor. Entre ellos hay personajes que yo sé que ustedes conocen, como Francis Drake. ¿Quién era Francis Drake? Si usted le pregunta a alguien que es español, le dirá que es un pirata, pero en Inglaterra era Sir Francis Drake. Y estas personas, cuando llegaban a estas tierras, no solamente venían a hacer trueque y a llevar mercancía, sino que también dejaban Biblias y daban testimonio del Señor.

No estamos en este momento —no se confunda— celebrando la figura de Francis Drake, el pirata, o de Sir Francis Drake. Lo que estamos diciendo es que con esas embarcaciones venía también la palabra del Señor. Más historia: el protestantismo colonial. En 1585 hubo un tribunal permanente que estableció la corona de España para contrarrestar la predicación de los protestantes. Ellos querían terminar, como dicen literalmente los documentos, con “la mala secta luterana”. O sea que estamos diciendo que ya desde los 1500 había presencia de protestantes en nuestro país.

Un poco más hacia adelante, 1594: primer informe de actividad protestante en la parte norte del país. Lo que se documenta en la historia es que para esta fecha ya había hermanos que habían sido bautizados, personas que vivían como cristianos, quizá pequeñas capillas que habían sido establecidas, y en una incursión católica se encontraron 300 Biblias en nuestro territorio. Sorpréndanse: esas Biblias no hacía muchos años que se habían comenzado a publicar en español.

Hay una historia que se documenta: desde Ginebra se embarcaron Biblias, se pusieron Biblias en túneles y fueron enviadas a diversas partes del mundo, y parece que parte de esas Biblias llegaron a la República Dominicana. No sabemos específicamente qué traducción fue, pero por la fecha en que se documentó probablemente haya sido la Biblia del Oso o alguna otra Biblia cercana, y somos de los pocos países que tienen testimonio de haber recibido Biblias en español desde el tiempo de la colonia española.

Estas Biblias fueron buscadas y se quemaron, según documentan los historiadores, 300 de ellas en la plaza de Santo Domingo. Pero si se buscaron 300, yo sospecho que había más Biblias por allí guardadas y que es probable que aún más Biblias en español hayan sido introducidas a la República Dominicana.

Conquista, reformadores y la banda del norte

Después vienen 1605, un momento histórico que quizás ustedes conocen: son las devastaciones de Osorio. Las devastaciones de Osorio, los libros de historia las documentan solamente como un asunto económico o político, pero una de las causas principales de la devastación de Osorio era impedir que en la banda del norte siguiera la influencia de los protestantes. De hecho, hay una carta que fue enviada a la corona de España donde dice el arzobispo de Santo Domingo que si acaso no se tomaba control de la banda del norte, tarde o temprano todo este territorio que era parte de la colonia española iba a terminar siendo un territorio protestante.

Más tarde, en 1608, se instala un tribunal en Cartagena de Indias para resolver el mismo problema. Lo que quisiera mostrar, hermanos, es que la historia de nuestro país está muy cerca de la historia del protestantismo. Por ejemplo, 1492 el descubrimiento de América, pero muy cerca, 1517 Martín Lutero clavó sus 95 tesis en la catedral de Wittenberg. O sea que están muy cerca en el período de tiempo un evento del otro evento.

Me muevo un poco más. Quizás conocen a Hernán Cortés. Quiero mostrarles que Hernán Cortés no solamente era un conquistador español, era un hombre profundamente católico, era un hombre que se había encargado de traer misioneros a diferentes partes de las Américas, intentaba convertir a los prisioneros, y él entendía su trabajo más que como una empresa solamente de conquista, como una empresa misionera.

Un decreto de 1539 de Hernán Cortés prohibió el castigo físico, pero solamente durante la instrucción religiosa; él decía que si una persona estaba tomando catequesis, estaba tomando el catecismo, no debía ser molestada. Ustedes pueden ver que estos conquistadores de antaño no solamente eran figuras políticas o figuras que actuaban en el nombre de una corona, eran personas que tenían también convicciones y trataban de que prevalecieran unas o las otras.

Hablé un poco de Francis Drake, que estuvo en la isla de La Hispaniola también. De hecho, en una incursión suya —dicen los historiadores, yo nunca lo he visto, pero dicen que está ahí— hay una bola de cañón de uno de los barcos de Francis Drake que quedó depositada encima de la catedral de Santo Domingo. Cuando entró al territorio él vino a conquistar, vino a devastar, vino a dañar un poco la balanza, a afectar un poco la balanza de la corona española, pero este hombre era un protestante devoto, recalcitrante. Era un inglés que había sido convertido por su papá, porque en los tiempos en que los protestantes eran perseguidos en Inglaterra su papá se lo llevó en un barco y allí le adoctrinó.

En su nave se celebraban cultos, intentaba convertir a los prisioneros católicos y cuando estuvo en la República Dominicana hizo de la catedral de Santo Domingo su propia casa, y es probable que en la catedral de Santo Domingo se celebraran cultos protestantes. Pongo la aclaración de nuevo, hermano: no quiero hacer yo una apología de Francis Drake; lo que quiero decirle es que era un hombre que tenía convicciones religiosas y que a través de él muy probablemente algunas personas también fueran convertidas en el territorio dominicano. Él también, al igual que Hernán Cortés, veía sus incursiones como una empresa espiritual.

Devastaciones, ciudades y control religioso

En las devastaciones de Osorio se perseguían intereses que eran económicos, pero también intereses espirituales. En esta parte, la banda del norte, había ciudades que ya no existen al día de hoy. Una ciudad, por ejemplo, que ya no existe era la ciudad de Bayajá. La ciudad de Montecristi existe todavía, pero también fue afectada por las devastaciones de Osorio, igual que Puerto Plata, y había otra ciudad que se llamaba Yaguana. Estas ciudades eran ciudades principalmente protestantes para la época; fueron despobladas y nacieron ciudades nuevas.

Lo que se buscaba en todo era que la banda del norte quedaba lejos de la capital, Santo Domingo, donde estaba el principal control. Entonces lo que se buscaba era acercar las ciudades y fundaron ciudades nuevas tomando los habitantes de Bayajá y de Yaguana. ¿Y qué ciudad nació de Bayajá y de Yaguana? Nació Bayaguana, una ciudad recién poblada, una ciudad recién hecha para tratar de alejar las personas de la banda del norte y alejarlas de la influencia protestante. Esto produjo una rebelión de alguien que probablemente también era un cristiano, se llamaba Hernando de Montoro, y todo eso está documentado en la historia del país.

Solamente quiero acotar, hermano, que las devastaciones de Osorio no fueron solamente un asunto económico; también eran la manera de contrarrestar el avance de la Reforma Protestante y, sobre todo, lo que más molestaba a las autoridades católicas era la incursión de Biblias en idioma español al territorio nuestro. Un poco más hacia adelante entonces viene el protestantismo de migraciones. Esto es distinto: ya no estamos hablando aquí de protestantes que venían en barcos, quizás, y predicaban en diferentes partes del territorio, sino de hermanos nuestros que se trasladaban de ciudad y llegaban al territorio de La Hispaniola como cristianos.

En tiempos de Boyer —Boyer llegó a ser presidente de ambas partes de la isla—, es una historia un poco enrevesada, pero comenzó con Francia obteniendo la parte occidental de la isla de La Hispaniola y después tomando ambas partes. Vino entonces la independencia haitiana, y en 1824 hubo tolerancia religiosa por primera vez en el territorio, en tiempos del presidente Boyer. Boyer permitió que se predicara por primera vez en la isla de La Hispaniola abiertamente y que se trajera la sagrada Escritura por una empresa promovida por él.

Negros libertos y colonias protestantes

Entonces llegaron a nuestro territorio 6000 negros libertos junto al reverendo Isaac Miller. Hubo una iglesia que entonces recuerdan porque salió en las noticias hace cerca de cuatro años, que era la iglesia Bethel en Estados Unidos donde hubo un tiroteo; mataron al pastor y mataron a otras personas más. De esa misma iglesia salieron esos 6000 negros libertos; es una iglesia metodista africana.

En este tiempo en que aquí había estos movimientos en la isla, Estados Unidos tenía sus propios problemas, por ejemplo, el problema de la esclavitud, y esta situación donde negros libertos no podían hacer uso pleno de sus derechos. El presidente Boyer mandó emisarios a los Estados Unidos y les dijo que si tomaban un barco y podían llegar a La Hispaniola, él podía asegurarles la libertad y sus derechos civiles. Apareció entonces alguien que fue a la iglesia; le dijo a estos hermanos: “Ustedes quieren vivir como cristianos y en plena libertad, pueden ir a La Hispaniola”.

Seis mil de ellos llegaron a la República Dominicana. Es muy interesante porque estas personas hicieron colonias protestantes en el país, y todavía hasta tiempos recientes había algunos que guardaban una medalla que se les dio en su país, donde se decía que eran negros libertos y que no podían volver a ser esclavizados. Personas en Puerto Plata y Samaná todavía guardaban esa memoria de sus antepasados.

Estos eran protestantes que no se hicieron protestantes en nuestra isla, sino que vinieron desde otra parte. Establecieron iglesias aquí. La primera capilla protestante fue establecida por ellos en Puerto Plata en 1836. Puerto Plata y Samaná son de los primeros lugares donde hubo iglesias protestantes y tienen una preciosa historia del evangelicalismo.

Luego, 1838: por primera vez un ministro tuvo el permiso para predicar abiertamente. Era el misionero Carty, y toda su correspondencia con Inglaterra y otras partes se guarda intacta y está bien documentada y traducida al español. Hay dos libros por lo menos: uno son las cartas de Carty y otro las cartas del misionero Tindal, y es emocionante ver estas historias de cuando La Hispaniola todavía estaba llena de bosques, no había todavía vías de comunicación terrestres. Ellos tomaban la vía marítima y iban, por ejemplo, desde Puerto Príncipe a Samaná, de Samaná a Puerto Plata, de Puerto Plata a Santo Domingo, todo por la vía marítima.

Misioneros, alfabetización y la “chorcha”

Por ejemplo, dice Carty en sus notas que él tomaba un caballo, ponía una hamaca y salía a predicar donde encontrara la gente, y esas notas son preciosas de ver, cómo personas, hermanos nuestros en este territorio, aquí donde se hablaban tres idiomas distintos —francés, español e inglés en algunas partes—, estos misioneros iban y les predicaban a las personas en el idioma que ellas pudieran entenderles.

Hay preciosos testimonios de salvación, con los cuales quiero seguir estableciendo, hermano, que la misericordia del Señor hacia nuestro país viene desde tiempo atrás y que muy temprano las brisas de la Reforma Protestante llegaron hacia la República Dominicana. En 1840 se firma el primer tratado formal con la sociedad metodista de Londres para enviar Biblias y literatura evangelística hacia la isla de La Hispaniola. En diferentes momentos esta isla fue un solo territorio, a veces fue dos, pero siempre se estuvo predicando la palabra del Señor.

En Haití, por otro lado, se vivieron los efectos de la Revolución Francesa. Hubo una revolución haitiana y colonos franceses se trasladaron hacia el territorio dominicano, el territorio que respondía a la colonia española, y lo que se documenta es el contraste que se vivía, porque la parte que ahora es Haití era una parte mucho más secular, y estos colonos franceses no vivían como cristianos. También entró el secularismo a Haití. Luego vino la libertad de culto y diferentes conflictos de poder entre el estado y la iglesia.

Con esto, hermano, lo que quiero definir es que hay ciertas diferencias en cómo se vivió el protestantismo en Haití y cómo se vivió en la República Dominicana. Paradójicamente, casi todas las misiones protestantes que llegaron a La Hispaniola entraron primero por Puerto Príncipe y después vinieron a este lado de la isla. La razón principal es que en Haití hubo libertad de culto antes que la hubiera en nuestro territorio. Alexandre Pétion, en Haití, permitió la entrada de misioneros protestantes.

Esto es una historia interesante también, porque misioneros como William Wilberforce, muy conocido en Inglaterra, llegaron a tener correspondencia con ministros haitianos. Por ejemplo, hay una carta donde Pétion solicitó a William Wilberforce el envío de profesores ingleses a su territorio para establecer escuelas con un sistema de administración de escuelas públicas que había comenzado un hermano protestante en Inglaterra, y esta correspondencia entre Pétion y William Wilberforce está guardada y bien documentada.

Boyer, libertad de culto y ruinas de San Francisco

También Diego Thompson, que fue un misionero que estuvo en gran parte de los países de Latinoamérica, fue de los pioneros trayendo, por ejemplo, Biblias, trayendo literatura; estuvo en Haití y es muy probable que estuviera en la República Dominicana. Casi en aquel momento, casi todo lo que llegaba a una parte de la isla también llegaba a la otra.

¿Cómo se vivió el protestantismo en la República Dominicana? Cuando Boyer llegó a dominar ambos territorios, hubo un conflicto entre Boyer y la iglesia católica romana. Boyer quería que el arzobispado se trasladara a Puerto Príncipe; la iglesia católica se sentía más afín a España y se negó a hacerlo. Dicen los historiadores que probablemente, en una reacción a la actitud de las autoridades católicas en el país, entonces Boyer, para aprovechar las autoridades haitianas, permitió la libertad de culto en ambos territorios y permitió que estos misioneros también llegaran a la parte de nuestro país.

Entre las motivaciones que tenía Boyer es probable que no hayan sido motivaciones piadosas. Era un político que estaba buscando la manera de asegurar el control del territorio y él pensó que traer negros libertos desde los Estados Unidos y hacer colonias con ellos en diferentes partes del país podía reducir la presencia de bucaneros y establecer estas personas que tenían oficios y que eran personas de reconocida laboriosidad. También dice otro historiador que quizá la motivación que tenía Boyer era lograr que la fisonomía del país se integrara mejor; como estaba muy polarizada la parte española con la parte francesa, él entendió que traer un tercer elemento al territorio podría ayudar a la unificación nacional.

Todo esto concluyó en que llegaran miles de protestantes de otras partes y se estableciera una gran cantidad de iglesias en nuestro territorio. Estos negros libertos llegaron en 1824 bajo promesas distintas que les hizo Boyer. La primera promesa que les hizo fue que en el país iban a tener absoluta libertad religiosa. La segunda, que les iba a dar tierras propias, por lo menos 100 acres por niño que tuviera cada familia, y eso es mucha tierra. Estas personas que vivían en los Estados Unidos con libertades mínimas veían una oportunidad en tomar un barco, llegar aquí con libertad religiosa y también tener tierras propias.

De hecho, en aquel momento quien tenía tierras propias tenía mucha prosperidad casi garantizada. También se vendía el país completo, el territorio completo, como un paraíso de la libertad, y se decía que cualquiera que lograra llegar en un barco tenía asegurados tres meses de alimentación.

Prioridades de los negros libertos y la educación

Ustedes imaginarán que Boyer no cumplió ni siquiera la mitad de lo que estaba ofreciendo, y de hecho lo que recibieron la mayoría de nuestros hermanos fue libertad religiosa, y algunos de ellos recibieron el terreno, el cual comenzaron a cultivar. Se les permitieron también algunos lugares de reunión, y paradójicamente uno de los primeros lugares donde se reunieron los protestantes en la República Dominicana son los que hoy se conocen como las ruinas de San Francisco, el antiguo monasterio de San Francisco.

Ustedes conocen estas ruinas en la zona colonial. Este fue uno de los primeros lugares donde los protestantes hicieron cultos y se leyeron públicamente las Escrituras en la República Dominicana. Hay una historia muy interesante y es que estos hermanos eran hermanos muy fogosos, adorando al Señor; dicen que había un piso de madera y que en uno de esos cultos muy animados rompieron el piso y parte de la construcción se vino abajo. A partir de ese momento no volvieron a reunirse allí y se unieron a otro grupo que había venido y se asentó en Samaná. Paradójicamente, lo que era un monasterio católico llegó a ser de los primeros lugares donde se hicieron cultos y se leyeron las sagradas Escrituras en lo que hoy es territorio dominicano.

¿Cuáles eran sus prioridades cuando llegaron al país? Ellos buscaron a alguien que era también un hermano que promovió el proyecto, y él decía que había que venir aquí entre otras cosas a predicar el Evangelio y ofrecer servicios religiosos gratuitamente. Me interesa la palabra “gratuitamente”, porque en la República Dominicana la iglesia católica romana ofrecía servicios religiosos; sin embargo, gran parte de ellos tenían que ser pagados, y muchos de los servicios que daba la iglesia católica eran servicios que debían ser comprados. Estos negros libertos, cuando vinieron con sus ministros, venían con la resolución de predicar el Evangelio y dar servicios religiosos de manera gratuita, siempre y cuando pudieran obtener el permiso.

Entre los que pudieron venir primero estaba John Tindal, que predicaba tanto en inglés como en francés y como en español. Ustedes se imaginarán que cuando ellos se movían no siempre sabían el lenguaje de las personas que estaban visitando; eran hermanos muy bien formados, muy educados, y que tenían la capacidad de predicar en más de un idioma. También ellos tenían como prioridad alfabetizar a cuantos se les fuera posible, especialmente entre sus feligreses y las personas de color. En aquel momento de la historia, una persona de color no recibía la educación pública, no recibía alfabetización; para ser alfabetizado, conocer las letras, aprender a leer o tener acceso a la cultura, usted tenía que enrolarse en alguna orden religiosa, o su familia tenía que ser rica y poder pagar por su educación.

La chorcha, contribuciones culturales y nueva intolerancia

Estos negros libertos llegaron al país y quisieron establecer un sistema de alfabetización para cuantas personas pudieran hacerlo. Entre sus méritos está que alfabetizaron a Gregorio Luperón y también a Ulises Heureaux, que llegaron a ser grandes líderes en ambos lados del territorio. Otra de las cosas que querían era establecer un sistema de educación primaria sin distinciones sociales, y esto fue una gran contribución de estos negros libertos protestantes a la República Dominicana.

Hay un asunto muy interesante y es que sus antepasados todavía viven, por ejemplo, en Samaná y Puerto Plata. Una de ellas es Martha Wilmore, y ella describe —hay muchas grabaciones de entrevistas que se le han hecho— y entre las cosas que ella describe es que estos negros libertos vinieron porque tenían el temor de que fueran recapturados y vueltos a esclavizar en Estados Unidos, y que vinieron a nuestro territorio tratando de huir de un segundo período de esclavitud.

También dice ella que cuando se establecieron, se establecieron en Samaná y Puerto Plata, y que lo hicieron por su cercanía con islas inglesas, por afinidad cultural principalmente, y también para no estar tan cerca de Santo Domingo, donde había mucha persecución por el pueblo católico y ciertos prejuicios. Hay dos iglesias que ellos establecieron desde aquel momento, eran iglesias metodistas wesleyanas. Una es la que se conoce en Samaná como “la chorcha”. No sé si han visto esta iglesia, aunque sea desde lejos cuando han estado en Samaná. Es una iglesia preciosa —hablo del templo, de la infraestructura—; ese mandato todavía existe y en los gobiernos de Balaguer esto fue muy debatido porque toda esa parte se quería despoblar para hacer nuevas infraestructuras, y se logró que se declarara esto como un patrimonio nacional, y al día de hoy permanece la chorcha como un testimonio de nuestros primeros hermanos protestantes que llegaron a la República Dominicana.

Esta es la iglesia de la cual he estado hablando. Es una iglesia preciosa, y la historia es que esta iglesia no se fabricó aquí, sino que la iglesia existía en Inglaterra, se desarmó, se puso en un barco y la volvieron a reensamblar en territorio dominicano. Estos hermanos eran tan elaborados que trajeron hasta su propio templo. En el patio de esta iglesia están sepultados lo que ven allá, esa parte blanca: son las tumbas de los primeros misioneros protestantes que vinieron con ellos. Fueron enterrados en el mismo lugar de la iglesia y al día de hoy es una iglesia floreciente. Muchos de los ministros han sido descendientes directos de los primeros misioneros; ellos conservan sus raíces protestantes con mucho orgullo y mucha satisfacción. Son hermanos que se sienten muy satisfechos de haber venido al país y haber sido utilizados por el Señor para traer la palabra a nuestra tierra.

Diferentes contribuciones de ellos: primero, la educación pública en el país, no educación de élite, sino educación para todo el mundo. Sus pasiones, la difusión de diferentes oficios en el territorio nacional. También fue la primera comunidad formada como protestantes entre nosotros. Trajeron una gastronomía particular; platos de la cocina dominicana fueron introducidos por estos hermanos nuestros que llegaron a nuestro territorio. Su espiritualidad era una espiritualidad sencilla, era una liturgia muy espontánea; tenían unos cantos que llamaban “cantos espirituales”, y era un culto, hermano, donde no se sabía a qué hora terminaba, y gloria al Señor, porque el testimonio que dan hermanos era que el Espíritu Santo les visitaba especialmente.

Restauración, nuevas misiones y primera denominación nacional

Son hermanos muy fogosos, son todavía estas iglesias al día de hoy hermanos muy fogosos, y así también lo fueron en sus inicios. Algo también que aportaron fue una cercanía con partes del mundo en las cuales nosotros no teníamos contactos: una cercanía por sus relaciones con Inglaterra y también con otras islas que tenían afinidad con ellos.

Más hacia adelante regresó la intolerancia religiosa. En 1862 fue anulada la libertad de culto y estos hermanos todos quedaron en una posición muy estrecha. Ellos salieron desde los Estados Unidos buscando libertad religiosa, buscando no ser perseguidos, entonces cuando cambió el gobierno y vino la anexión a España regresó la intolerancia religiosa y estos hermanos quedaron en una posición estrecha. Hay cartas que ellos le mandaron a su gobierno; dicen que el presidente Lincoln nunca les respondió, pero hay cartas que ellos enviaron diciendo que se les estaban vejando sus derechos porque llegaron al país con un acuerdo entre un país y el otro, y que las libertades que ellos habían adquirido debían ser respetadas. En gran medida, la guerra de Restauración fue animada por estos negros libertos que entendían el valor de la libertad. Indirectamente, la causa de la restauración nacional vino a través de ellos.

¿Qué pasó durante el nacimiento de la República? Lo primero, una reacción católica a todo lo que era protestante. Veían esto como una vejación haitiana, entendían que era una influencia de la otra parte del territorio. La libertad de culto se expresó, pero en ese documento se puso un “pero”, o sea que había muchas excepciones a la libertad de culto. Los fundadores de la República eran católicos devotos, aunque es muy interesante que Duarte estuvo tanto en Inglaterra como en otros lugares donde había influencia protestante, y algunos historiadores podemos rastrear en sus ideas de libertad ciertos ideales protestantes.

En Estados Unidos se preocuparon, e Inglaterra también, sobre el estado de las personas suyas que vivían aquí, y Buenaventura Báez —muy interesante— buscó el favor del clero primero y después el favor de los protestantes; estos líderes nacionales trataban de ver dónde iban a ser respaldados y así mismo iba su apoyo. ¿Qué pasó durante la anexión a España? Se prohibió todo lo que no fuera católico. Aquí está la carta que le mencioné, de 1863, donde estos negros libertos le preguntan a su presidente qué iba a hacer a favor de ellos para asegurar que los derechos adquiridos no les fueran negados.

Quizás la parte más interesante a favor de esto es un decreto favorable del gobierno restaurador, que restableció la libertad de culto en 1865, y desde aquel momento, quizá a veces más, a veces menos, pero nuestro territorio ha disfrutado de libertad de culto y diferentes credos han podido ser predicados. Primera ola: el protestantismo colonial, que venía principalmente con personas que visitaban el territorio y le predicaban a los criollos. Segunda ola: protestantismo de migraciones, personas que conocieron a Cristo en otros territorios pero se mudaron a vivir en la República Dominicana.

Protestantismo de misiones y persecuciones

Tercera ola, tercera ola del protestantismo: se conoce como protestantismo de misiones. El gran avivamiento en Estados Unidos e Inglaterra produjo una empresa misionera boyante que envió misioneros a diferentes partes del mundo, incluido nuestro territorio. En 1889 la Iglesia Metodista Libre llegó vía Haití y se estableció en Montecristi y fundó la primera congregación de criollos. Había iglesias ya existiendo, pero eran iglesias donde sus cultos eran en inglés o en francés y principalmente entre extranjeros cristianos que se habían establecido en el país. Estos hermanos establecieron la primera iglesia habiendo ganado para Cristo solamente criollos; eran iglesias en español.

Había una gran agresividad desde las autoridades católicas, y dicen los historiadores que buscaban personas para lanzar piedras contra las iglesias, y en una de estas incursiones donde piedras eran lanzadas —casi todas las iglesias se establecían en las afueras—, si ustedes buscan en la historia del protestantismo en la República Dominicana, lo último lugar donde llegó el protestantismo fue la capital. La capital, el centro, Santo Domingo, era un polo católico muy fuerte, y las autoridades católicas perseguían más a las iglesias mientras más cerca estaban de la capital.

Lo que hacían las misiones era que se establecían en las afueras, comenzando por Montecristi y pueblos alejados. En estas incursiones donde venían a lanzar piedras contra las capillas murió, alcanzada por una piedra, una hermana nuestra; no sé si literalmente “apedreada” es el término, pero una de las piedras lanzadas le impactó la cabeza y murió la hermana Luisa Paulino.

En 1922 apareció la primera denominación nativa en la República Dominicana; se llama Iglesia Evangélica Dominicana. Fue una alianza, una unión entre iglesias moravianas que había en el país, iglesias wesleyanas que aquí había, iglesias presbiterianas. Todos estos metodistas wesleyanos y otros se unieron en una sola denominación, hicieron la primera iglesia nacional que se llama así mismo la denominación “Iglesia Evangélica Dominicana”. Es la herencia de aquellos metodistas wesleyanos que llegaron por los 1800, otros moravianos y presbiterianos que llegaron en otro momento.

Barney Morgan, templos evangélicos y nuevas denominaciones

Dicen que un hermano vino desde Puerto Rico, vio la situación de las iglesias en el país, regresó a Puerto Rico, y cuando regresó vino con el proyecto de hacer una gran denominación nacional y unir a todas estas pequeñas iglesias que habían quedado sueltas o que se habían desprendido de sus misiones iniciales. Esta iglesia tiene el mérito de ser la primera denominación netamente nacional.

Esta Iglesia Metodista Libre, en 1889, envió como misionero a Montecristi al hermano Samuel Miles. Hay hermanos con quienes he hablado que conocieron a familiares de Miles; fue un misionero muy querido en toda esa parte del país. En 1894 celebraron el primer bautismo abierto, hermano, en el río Yaque; o sea, tenemos ese momento en un río, y todo lo que se documenta es cómo el Señor estaba visitando especialmente nuestro país en ese tiempo. Fueron abiertamente perseguidos, y allí fue que murió la hermana que le mencioné.

La Iglesia Evangélica Dominicana, episcopales, moravos, metodistas que estaban aquí, enviaron otro misionero. Hay un hermano que ustedes quizá conocen porque muchas partes del país llevan su nombre: era el hermano Barney Morgan. Han escuchado hablar de Barney Morgan; hay calles en el país que llevan su nombre, hay un hospital. Este fue de los primeros superintendentes de esta obra y vino desde otro país, y luego del ciclón San Zenón participó en la reconstrucción nacional, y casi todos los fondos internacionales que llegaron a la República Dominicana para la reconstrucción del país después de San Zenón fueron gestionados por este hermano nuestro.

Los historiadores resaltan la obra de Barney Morgan. Él trajo cantidad de organizaciones cívicas a la República Dominicana, comenzó escuelas de enfermería, comenzó escuelas, hospitales públicos, y la obra pionera de Barney Morgan contribuyó a cambiar la percepción de las familias de clase alta dominicana acerca de los protestantes. Al interactuar con Barney Morgan entendieron que los protestantes no eran personas sin instrucción, que eran personas que podían tener formación y hacer grandes contribuciones sociales también al país.

En la conferencia misionera mundial de Edimburgo en 1910 fue que comenzó la iniciativa de comenzar la primera obra nacional. Luego, en 1939, llegaron al país los primeros misioneros de los Templos Evangélicos; llegaron con la Misión de las Antillas, salieron desde Cuba. Esas son historias interesantes también, porque llegaron a Cuba estos hermanos. Era un hermano de nombre Labastida que conoció al Señor en Cuba de la siguiente manera: alguien había matado, me parece, que a su padre, y él regresó a Cuba a tomar venganza, y cuando iba en el barco rumbo a Cuba a tomar venganza, dijo que iba a matar al hombre que mató a su padre. El Señor le alcanzó con salvación, y cuando llegó a Cuba hizo profesión de fe y estableció un seminario en Caimito del Río.

Asambleas de Dios, bautistas y templos bíblicos

Desde el seminario de Caimito del Río vinieron otros misioneros de Canadá y otras partes del mundo y comenzaron a enviar misioneros a otras partes de las Antillas. Él, junto a Elmer Thompson, comenzaron esa obra, se llama la Misión Evangélica de las Antillas, y enviaron primeros misioneros a la República Dominicana desde el año 1939. Yo estuve —le doy las gracias al Señor— este año en ese lugar del cual salieron los primeros misioneros. Es un seminario precioso que tiene lugares para dormir, tiene una capilla, una biblioteca; ellos formaban obreros para enviarlos a otras partes del Caribe, y de ahí vino esta denominación que comenzó en la República Dominicana: los Templos Evangélicos. Esos misioneros vivieron aquí casi hasta que murieron.

Misioneros, por ejemplo, como la señorita Doris, como el reverendo Cecil Samuels, cubanos que vinieron aquí como don Hilario Díaz, hicieron una obra tremenda en la República Dominicana, sobre todo en los campos del Sur. En 1942 se establecieron en la República Dominicana las Asambleas de Dios, que ha sido quizás la obra que más ha crecido en nuestro territorio desde entonces y con un fruto precioso para la gloria del Señor.

En el 46 llegaron los primeros misioneros bautistas, entre ellos eran el hermano Brown y su esposa Dorothy, y también comenzaron a hacer una obra, ahorrando en el Sur, en el Seibo. Después, en el 49, llegaron el misionero Meyer y el misionero Schumey, que eran también bautistas. En el 56 llegaron a la República Dominicana unos misioneros que se llaman en otras partes del mundo “la Iglesia de los Hermanos”; por ejemplo, en España son llamados “la Iglesia de los Hermanos”, y es una historia interesante porque cuando llegaron a la República Dominicana les preguntaba el estado cómo se llamaba su iglesia y dijeron: “Nosotros somos los hermanos”, y les preguntaron por un nombre de iglesia.

Entonces, lo que se dice en broma es que fue Trujillo que les puso “Templo Bíblico”, porque él decía que ese nombre “los hermanos” no era nombre de iglesia, que tenían que tener un nombre que sonara a nombre de iglesia. De hecho, en todas las partes del mundo —Sudamérica, España— su iglesia se llama “Iglesia de los Hermanos”, pero en la República Dominicana el nombre que adquirieron fue el nombre de “Templos Bíblicos”.

Evangelismo, contribuciones y participación cívica

Esta iglesia también tenía unas características interesantes: era una iglesia pastoreada por misioneros; los misioneros estaban en más de una obra al mismo tiempo. Hay hermanos que recuerdan que hicieron profesión de fe en campañas evangelísticas que estas personas hacían al aire libre en diferentes barrios de la República Dominicana, y fue de las primeras obras que comenzó a hacer trabajo evangelístico. Las iglesias de los Hermanos —Templo Bíblico—, las iglesias bautistas, fueron las primeras que comenzaron a hacer trabajo evangelístico en la capital del país. Casi todas las demás obras fueron obras que quedaron relegadas al Este, al Sur y en otras partes del territorio.

Siete grandes contribuciones de estos primeros protestantes a la República Dominicana, que es algo a donde quería llegar: ¿de qué manera la Reforma Protestante ha impactado nuestro territorio? Lo primero, innegable, hermano, es con la predicación del Evangelio. Mentiríamos si dijéramos que no había salvación antes de que llegaran los protestantes, porque el brazo del Señor nunca ha sido detenido para salvar, y yo estoy absolutamente convencido de que hubo salvación antes de que estos hermanos llegaran al país. Sin embargo, con su llegada se comenzó a dar un testimonio del Evangelio con una evidencia personal de haber nacido de nuevo, y según los términos bíblicos se comenzó a predicar la Escritura abiertamente.

También, entre sus contribuciones, está la masificación de la educación, que la educación no fuera solamente para una élite. Donde quiera que llegamos los protestantes nos ocupamos de que las personas aprendan a leer. ¿Por qué nos ocupamos de que las personas aprendan a leer? Para que lean la sagrada Escritura. Dondequiera que llegan misiones protestantes —eso es un asunto interesante—, los protestantes, a diferencia de las misiones católicas: donde llegan los católicos se forman élites, sobre todo a través de los jesuitas, pero donde llegan protestantes se forma el pueblo mismo, porque somos el pueblo del libro. La pasión por la alfabetización, la pasión por las escuelas bíblicas —que en sus orígenes eran escuelas bíblicas de alfabetización— es para que las personas pudieran leer en su idioma la sagrada Escritura.

Artes, independencia y legado de la reforma

También un fomento a las artes, a las letras, a la música. Todo eso es una gran contribución evangélica. No es algo de lo cual nos sentimos satisfechos, pero al día de hoy casi todo grupo popular de música en la República Dominicana va a tener algún músico que fue evangélico en algún momento; algunos de ellos fueron formados en las iglesias. El asunto es, hermano, que en pocos lugares la persona tiene la experiencia de ser expuesta a la música con tanta frecuencia como en una iglesia cristiana.

Otro aporte es el estímulo del proyecto de independencia. Los creyentes protestantes estuvieron animando a las personas a que teníamos que tener una patria que garantice los derechos a todo el mundo, y como en los tiempos católicos perdíamos la libertad de culto, estos primeros protestantes estuvieron impulsando la causa de la independencia. Programas de asistencia: todo este movimiento de las ONG, todo este movimiento de organizaciones cívicas, de los Boy Scouts, Defensa Civil, todo eso, casi siempre hay un protestante que estuvo detrás de estas iniciativas, aupándolas para que nuestro país sea beneficiado.

Instituciones hasta como Profamilia —que al día de hoy son un estorbo a la causa de Cristo y un gran daño en este país— fueron fundadas inicialmente por pastores evangélicos, y eventualmente el secularismo las secuestró. La movilidad social: es muy interesante ver cómo una persona es rescatada de sus vicios por una iglesia evangélica y pronto se convierte en un ciudadano que camina derecho y contribuye a su iglesia y también contribuye al país, y esta causa de rescatar lo que la sociedad no buscaba es una causa que puede ser directamente atribuida a la contribución de los protestantes en la República Dominicana.

La participación cívica: no hay una organización que tenga más participación en nuestro país que las iglesias evangélicas. Usted no va a encontrar un club, usted no va a encontrar una asociación, usted no va a encontrar ninguna entidad que nuclee, que agrupe tantas personas de manera voluntaria como hacen las iglesias evangélicas. Usted va a cualquier pueblo y se encuentra cien iglesias evangélicas, y cada una de esas iglesias tiene su membresía formal, cada una de esas iglesias tiene un liderazgo formal, cada una de esas iglesias son personas que, de manera altruista, desinteresada y por la causa de Cristo, se sacrifican para dar un testimonio en su lugar y tener una entidad que tenga una participación que beneficia a toda la sociedad. Solamente la iglesia evangélica tiene presencia en todos los pueblos de la República Dominicana, tiene un activismo permanente y es una organización que se ha sabido desarrollar históricamente al margen de cualquier otra institución, gobierno o entidad de poder. La participación que logran las iglesias evangélicas en la República Dominicana y en cualquier otra parte del mundo es algo que contribuye al país y es un legado de la Reforma Protestante.

Tres periodos distintos donde el Señor ha estado visitando nuestro país: primero, los tiempos de la colonia; el Señor nos visitó y Biblias fueron traídas a nuestro país, hermanos vinieron aquí y dieron testimonio del Señor, nativos hicieron profesión de fe. Después, en tiempos de las grandes migraciones, hermanos nuestros de otros países se trasladaron hacia la República Dominicana y también dieron testimonio. Hay muchos testimonios documentados, por ejemplo, de hermanos que vinieron a trabajar en el tren en San Pedro, y mientras hacían trabajos mecánicos, reparando parte de ese precarril que transportaba mercancía, estos hermanos dieron testimonio y hasta comenzaron iglesias. Lo más reciente: el protestantismo de misiones, este gran esfuerzo misionero donde casi cualquier gran denominación a nivel mundial envió misioneros a la República Dominicana, un trabajo, hermano, un fruto que permanece hasta el día de hoy.

Llamado a gratitud, lectura final y oración

¿Por qué me interesa que la iglesia conozca estas cosas, hermano? Para que estemos agradecidos del Señor, de haber tenido cuidado de nosotros desde muy temprano. Para que veamos que el Señor no dejó a la República Dominicana al margen de este gran movimiento de reforma que hace 500 años impactó Europa y después el resto del mundo. El Señor ha cumplido su promesa; contra viento y marea su iglesia ha podido prevalecer también en la República Dominicana. El Señor dijo que edificaría su iglesia y que ni aun las puertas del Hades prevalecerían contra ella, y deseo estimularles, hermano, hasta que entendamos que el hecho de que nosotros estemos aquí hoy es una evidencia directa de que el Señor también en el Caribe insular, en la República Dominicana, ha cumplido evidentemente su promesa.

Gloria sea dada a nuestro Señor, que nos ha traído hasta aquí. Oro por todos ustedes, y nuestro ministerio de adoración se prepara para terminar cantando. Leo de nuevo la porción de la Escritura que leí al principio. Leeré Salmo 145:4 y luego leeré Mateo, capítulo 16, versículo 18:

Generación a generación celebrará tus obras, y anunciará tus poderosos hechos.

— Salmo 145:4

Y yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca —sobre la afirmación de Pedro de que Él es el Cristo, el Hijo del Dios viviente— edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

— Mateo 16:18

Te damos muchas gracias, Señor, por la fidelidad que tú has mostrado a este pequeño territorio, generación tras generación. Gracias, Señor, porque unos cuantos metros cuadrados tú te aseguraste de que tu palabra aquí llegara. Gracias, Señor, porque lo que hubiera pasado desapercibido para cualquiera fue objeto de tu atención. Gracias, Señor, porque con altas y con bajas el Evangelio ha llegado a nuestra tierra, y aquí estamos nosotros para testificarlo.

Gracias, Señor, por la cantidad de instrumentos que por más de 400 años tú has estado consistentemente levantando a favor de los habitantes de este territorio. Te pedimos por este país, Señor: sigue teniendo cuidado de nosotros, Señor; permite que tu palabra sobreabunde. Padre, te vemos a ti detrás de cualquier movimiento de reforma. Como iglesia te celebramos a ti y no a los hombres, Señor; no a nosotros, no a nosotros, sino a tu nombre sea dada la gloria. Gracias, Señor, por testimonio de tantos años en un solo territorio. Todo esto para tu gloria, en el nombre de Jesús.

Que cuando llegue el 31 de octubre, hermano, ustedes celebren a Cristo y su gracia, que ha sido manifestada a favor de nosotros.

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