Le pido, hermano, que vayan buscando sus Biblias, la segunda carta de Pablo a Timoteo, y avancemos con la ayuda del Señor hasta el capítulo dos. La segunda carta de Pablo a Timoteo, acompáñenme hermanos, hasta el capítulo dos. Eso es, vamos a dar un momentito para que los más grandecitos entonces podamos; es la segunda carta de Pablo a Timoteo, en el capítulo dos. Siempre prefiero, hermano, tomar porciones completas de las Escrituras para exponerlas, pero a veces también conviene tomar solamente un versículo de la Escritura y tratar de interiorizar todo lo que una sola expresión el Espíritu Santo inspiró a estos hombres a poner por escrito. Este es un caso de estos, tengo solamente a compartir con ustedes hoy.
El versículo 8 de la segunda carta de Pablo a Timoteo en el capítulo dos. Si ya buscaron sus Biblias, pónganse un momento sobre sus pies. Es un solo versículo de la palabra del Señor, es un solo llamado, es una sola expresión. Dice así la Sagrada Escritura, segunda carta del apóstol Pablo a Timoteo, capítulo dos y versículo 8:
Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio.
— 2 Timoteo 2:8
Es un solo versículo, hermano, es un solo llamado, es una sola expresión: acuérdate de Jesucristo. Pueden sentarse, hermanos queridos. Le digo a modo de introducción que en el último de sus escritos, que es esta carta, la segunda carta a Timoteo, este es el último de los escritos del apóstol Pablo, su última carta.
Ya antes la he expuesto y les he dicho que es el documento más personal que hay en todo el texto paulino. El apóstol Pablo está despidiendo su ministerio, está preparado para morir, y le escribe esta carta a su hijo espiritual Timoteo, donde le hace un solemne llamado a que dirija su pensamiento hacia el Cristo resucitado. Después de apelar a tres imágenes distintas para estimularle a resistir las tribulaciones de su tiempo, apeló primero a la imagen de un soldado, después a la imagen de un atleta y terminó hablando de la imagen de un labrador. El apóstol Pablo no encuentra otro recurso más contundente que este para fortalecerle: es la imagen de Jesucristo resucitado.
Sorprende el hecho de que Pablo tenga que llamar a un obrero como Timoteo a acordarse de Jesucristo, como si el recuerdo del Maestro podría desvanecerse con el tiempo o ser reemplazado por otras experiencias. Pero a la luz de la carta se evidencia que el peligro era real, y si a Timoteo, hermano, podría olvidársele Jesucristo, yo pienso que a nosotros también. Hoy recordaremos a nuestro Señor Jesucristo y veremos la importancia de su memoria para una vida victoriosa. Un solo versículo: acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio.
Permítanme mostrarles, hermanos, en este único versículo, en primer lugar, cuál es el llamado último del apóstol Pablo a su hijo espiritual Timoteo. El llamado es: acuérdate. Quiero mostrarles también la manera particular en que el apóstol Pablo se refirió a su Señor; cómo él se refirió fue: Jesucristo. Y terminaré, hermano, mostrándoles desde este mismo versículo el aspecto de Jesucristo al cual Pablo dirigió la atención de Timoteo: esto es, que Jesucristo es del linaje de David y que Jesucristo está resucitado. Tres cosas en un único versículo: acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio.
“Acuérdate”: llamado permanente, no prólogo
A mí particularmente me impresiona que Jesucristo tenga que ser recordado. Uno de estas cosas por hecho yo pensaría que el discípulo de Pablo, Timoteo, entiende la prioridad que tiene nuestro Señor Jesucristo resucitado y que no hiciera falta llamar su atención. El apóstol Pablo no pensó como yo; él llamó la atención de Timoteo y le dijo: acuérdate de Jesucristo. Imagínense, hermanos, que el Señor providencialmente permitiera que viniera alguien aquí a darnos un mensaje directamente de parte suya y nos dijera esa persona solamente esto: acuérdate de Jesucristo. Creo que deberíamos sentirnos un poco reprendidos. ¿Acaso se nos olvidó el Maestro? ¿Acaso estamos procediendo por nuestra cuenta? Hermano, encuentro muy útil hacer en la iglesia en este año este llamado.
Yo soy de los que llevan anotaciones y estuve repasando lo que los últimos tres años se predicó en nuestra iglesia el día de resurrección. Por ejemplo, en el 2016 estuvimos exponiendo Romanos 8 del 1 al 13, experimentando el poder de la resurrección, gloria al Señor. En el 2015 estuvimos exponiendo primera carta de Pedro, capítulo 1 del 3 al 9, la esperanza de la resurrección, que es una esperanza cierta. Aún en el 2014, nuestro hermano Edwin estuvo exponiendo las evidencias históricas que hay de que nuestro Cristo efectivamente resucitó. Hoy no pretendo hacer ninguna de las otras cosas, solamente he venido a decirles una: acuérdate de Jesucristo.
Hermanos queridos, yo he tenido el solemne temor de que como iglesia hagamos muchas cosas, pero se nos olviden las cosas que son verdaderamente esenciales. Y es que el Cristo resucitado no es un asunto introductorio de la vida cristiana, esa es la vida cristiana. La cruz y la resurrección de nuestro Señor no es un asunto para comenzar a transitar la vida cristiana; de eso se trata la vida cristiana. Un cristiano no solamente entra por Cristo, un cristiano permanece en Cristo, y estas doctrinas no son doctrinas introductorias, estos asuntos son asuntos esenciales. Esto cubre toda la vida cristiana.
Que nuestro Señor murió y resucitó no es una idea de un día, es la idea permanente en la vida cristiana; en esto consiste ser cristiano. Entiendo que el llamado de Pablo a Timoteo es relevante; era relevante en su tiempo, es relevante también en nuestro tiempo, porque nosotros corremos el mismo peligro. Por eso he venido a decirle, iglesia: acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado al tercer día.
Esta expresión “acuérdate”, y quiero defender un poco a Timoteo, lo que esto transmite no es la idea de que Timoteo no estaba pensando en Cristo. No es eso, no era que Timoteo se había olvidado de Cristo. La idea que esto conlleva es que Timoteo necesita permanentemente recordar a Jesucristo. Cuando le dijeron esto, quizás Timoteo pensaba en Cristo; el apóstol Pablo lo que está diciendo es: no dejes de pensar en Cristo. Este “acuérdate” tiene un sentido de permanencia, es como “recuerda frecuente y permanentemente a Jesucristo”. Haz todo lo que te he dicho anteriormente, pero, Timoteo, recuerda a Cristo.
Es algo para estar alerta, es algo de lo cual podemos ser distraídos, es algo que podemos dejar de lado para atender otras cosas. Es algo que requiere un ejercicio intencional, y es algo fundamental de la vida cristiana, pero del cual frecuentemente somos tentados a dejar esto atrás y comenzar a pensar en otras cosas. En diferentes áreas de conocimiento hay conocimientos introductorios, y cuando ya tú superas eso no vuelves a leerlo. Por ejemplo, son pocas las personas que leen el prólogo de un libro cada vez que cambian de capítulo; es más, algunos ni siquiera leen el prólogo. Yo particularmente, hay determinados libros que yo no leo la introducción ni leo el prólogo, yo voy directamente al primer capítulo.
Hermano, la cruz y la resurrección no es el prólogo ni la introducción de la vida cristiana; esa es la vida cristiana. Lo que el apóstol Pablo está diciendo a Timoteo es: Timoteo, mientras hagas una cosa y la otra, acuérdate de Jesucristo. Y si dejas de acordarte de Jesucristo, devuélvete, porque has dejado atrás la cosa esencial, porque la vida cristiana se trata de esto.
Peligro real de desvío: tiempos peligrosos y falsas doctrinas
Comprendo que en diferentes áreas del conocimiento hay asuntos que inicialmente tú los usas y después dejas de usarlos. Por ejemplo, si eres un maestro constructor, para medir un metro inicialmente vas a usar una cinta métrica, pero pasa el tiempo y ya tu ojo te dice lo que es un metro. Si eres ingeniero de software, antes de programar haces flujogramas, pero después pasa el tiempo y ya tú no necesitas hacer el diagrama de flujo porque pasas directamente a la programación. La resurrección de nuestro Señor Jesucristo no es así. Esto no es una cinta métrica que ya tú tienes la medida en la mano, en los ojos; esto no es un diagrama de flujo que puedes dejar de usarlo. La resurrección de nuestro Señor Jesucristo es la doctrina fundamental y lo que permea toda la vida cristiana: acuérdate de Jesucristo.
Doy una alerta aquí, hermanos queridos, y es que yo entiendo que es un reto para todo creyente permanecer en estos asuntos esenciales sin “avanzar”. Parece algo como que ya lo dominamos, como que podemos dejar de hablar de la cruz y la resurrección: “ya yo lo dominé, ya lo tengo”, es una sensación de avance. La vida cristiana es distinta a cualquier área del conocimiento, porque la vida cristiana tiene algunas verdades que son fundamentales, a las cuales tendremos que volver vez tras vez. Es algo en lo cual uno queda inmerso. Cristo, su muerte, su resurrección, es algo en lo cual uno tiene que quedarse detenido; de esto se trata llegar a ser cristiano.
Por eso me emociona cuando el mismo Pablo les escribió a los filipenses y les dijo en el capítulo 3 y en el versículo 1: “A mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro”. Ya he venido a dar la noticia, hermano, que el púlpito cristiano, a menos que usted entienda de qué se tratan estas cosas, tarde o temprano se volverá un poco aburrido. Porque si realmente se está predicando el evangelio, se estará recalcando vez tras vez las mismas cosas. Y tú dirás: “Pero esa cosa ya se predicó; el domingo pasado ya se predicó, el mes pasado ya se predicó. ¿Por qué vuelven a predicar las mismas cosas?”. Porque: acuérdate de Jesucristo.
Timoteo, el recordatorio de Cristo no es algo para dejarlo en el pasado y jamás volver a esto; “acuérdate de Jesucristo” es la cosa en la cual en el púlpito cristiano siempre se está remarcando. Les he estado mostrando en primer lugar, hermanos, cuál es la connotación de esta expresión “acuérdate”. Permítanme mostrarles ahora que el peligro que corría la vida de Timoteo era un peligro real. Timoteo necesitaba acordarse de Jesucristo porque si sus ojos serían desviados de este sencillo, pero real fundamento, Timoteo terminaría desviándose, como se desviaron otros.
El mismo capítulo dos muestra que este peligro era real. Como se describen los tiempos de Timoteo, eran tiempos peligrosos. Dice así mismo la introducción, el primer versículo, capítulo 3: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos”. En mi experiencia pastoral, cuando los tiempos se vuelven peligrosos, los creyentes que permanecen no son los creyentes que dominan muchas cosas al mismo tiempo, son los creyentes que están seguros de una o dos cosas que son cosas esenciales. Lo único que podrá ser un ancla para tu alma en los tiempos peligrosos es esto: acuérdate de Jesucristo.
Lo que sucedía en tiempos de Timoteo era que compañeros suyos en el ministerio habían comenzado a desviarse. Algunos decían que la doctrina que habían recibido, “nueva doctrina”, no era suficiente, que esto era algo demasiado sencillo, que esto no competía con la filosofía de los griegos, que necesitaban ponerle algo más a la vida cristiana. Dice así mismo el versículo 16 del capítulo dos: “Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad, y su palabra carcomerá como gangrena, de los cuales son Himeneo y Fileto; que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos”. Timoteo, acuérdate de Jesucristo para que no te pase lo que les está pasando a Himeneo y a Fileto: recuérdate de Jesucristo.
Una historia de desvíos: la iglesia y sus sustitutos de Cristo
Algo también que podemos ver es que los tiempos de Timoteo, eso era la cuenca del Mediterráneo, era un hervidero de religiones. Dicen los historiadores que usted traía cualquier culto al Mediterráneo y saqueaba de aquí cuatro; usted entraba una idea y sacaba un culto, entraba un culto y sacaba cuatro derivaciones. Timoteo, acuérdate de Jesucristo, porque si no estás firme en las cosas más esenciales, tarde o temprano tu fe terminará siendo trastornada.
Pero la cosa más interesante en esto, hermano, y creo que es el punto más contundente, es que Timoteo tendría que experimentar persecución. Un hecho contemporáneo, según la carta, segunda carta de Pablo a Timoteo: Pablo estaba preso y Roma había sido incendiada. La persecución de los cristianos comenzaba a ser cada vez más dura, cada vez más agresiva. Y si Timoteo no recordaba a Jesucristo, no iba a terminar padeciendo como Jesucristo, sino que se iba a apartar de la fe. Por eso Pablo dice: “Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de entre los muertos conforme a mi evangelio, en el cual sufro penalidades hasta prisiones a modo de malhechor, mas la palabra de Dios no está presa”. Timoteo, acuérdate de Jesucristo, porque si no te acuerdas de Jesucristo, no podrás soportar las tribulaciones.
Hermanos queridos, a mí me parece que es el mismo llamado que necesita este día de resurrección nuestra iglesia: que nos acordemos de Cristo y de Cristo resucitado. Es frecuente que las iglesias se distraigan en diferentes ideas, que son asuntos interesantes pero secundarios. Iglesia, acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos. Si una iglesia no recuerda a Cristo, tarde o temprano se desviará a una área o se desviará a la otra.
Hay iglesias, por ejemplo, que han olvidado a Jesucristo y se han concentrado en las personas. Alguien me dirá: “¿Y no se trata la iglesia de personas?”. No, la iglesia se trata en primer lugar de Jesucristo, y en segundo lugar quizás se trata de las personas. Iglesia, acuérdate de Jesucristo, porque la gente va y la gente viene, pero Cristo permanece. Una iglesia que no está concentrada en Jesucristo se concentrará en las personas.
Me emociona que al final de su ministerio las personas se fueron, pero Jesucristo permanecía. Y aun cuando los hombres comenzaron a irse, todavía Pablo le podía decir a Timoteo: “Timoteo, acuérdate de Jesucristo”. Esta carta es una carta relativamente triste. Dice el apóstol Pablo en el capítulo cuatro, desde el versículo 9 en adelante, él comienza a describir cómo la gente se iba; otros se iban a servir en otras partes, otros habían abandonado la fe cristiana. Él le dice: “Procura venir pronto a verme, porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica; Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia. Solo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráelo contigo, porque me es útil para el ministerio. A Tíquico lo envié a Éfeso”. Todos los hombres o Pablo los había enviado, o ellos se habían ido, pero Jesucristo permanece.
Iglesia querida, quizás se te olvide el nombre de alguien, pero no se te olvide este nombre: acuérdate de Jesucristo. Una iglesia que no pone su atención en Jesucristo pondrá su atención en las relaciones de esta tierra. No son malas relaciones, pero la relación principal de una iglesia es la relación con Jesucristo. Una iglesia que no se concentra en Jesucristo se concentrará en las tareas; estos son los hombres de acción. Hermanos queridos, llegará un momento en nuestras vidas que ya no tendremos fuerza para hacer el ministerio. Llegará un momento en nuestras vidas, como le dijo el Señor al apóstol Pedro, “Llegará un momento en que extenderás tu mano y otro te vestirá”. Y aun en el momento que no nos queden fuerzas, acuérdate de Jesucristo.
Una iglesia que no se concentra en Cristo se concentra en las tareas que se hacen para Cristo, pero no en todos los momentos de la vida podemos hacer las mismas tareas, aunque siempre podemos acordarnos de Cristo. He visto, hermanos, que cada generación de creyentes tiene la tentación de dejar a Cristo de lado, concentrarse en otras cosas. En el siglo segundo y tercero, por ejemplo, la cristiandad se enfocó en los credos, y el reto de la iglesia era tener la doctrina milimétricamente correcta, algo que no era malo, era para defender la fe. Pero ni siquiera los credos pueden reemplazar al Cristo resucitado. Acuérdate de Jesucristo.
Se esperaba que los grandes credos de la historia fortalecieran la iglesia cristiana; sirvieron para defender la fe, pero los credos por sí mismos no producen la vida de la iglesia. La vida de la iglesia es Jesucristo: acuérdate de Jesucristo. En el siglo cuarto la iglesia cambió a Cristo por el poder político y llegó a tener una influencia política superior a la de los grandes imperios. En el siglo quinto la iglesia cambió a Cristo por la extravagancia y comenzaron los monasterios, los ermitaños. En el siglo del 11 al 12 la iglesia cambió a Cristo por las catedrales, y cuando ibas a una catedral percibías algo que se parecía a Cristo: la majestuosidad, la pompa.
Iglesia, ni los credos, ni los asuntos extraordinarios, ni las grandes catedrales góticas pueden reemplazar esto, un toque sencillo, pero contundente para la iglesia cristiana: acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de entre los muertos. No quiero agotarles, hermano, diciéndoles los diferentes desvíos de la iglesia; les menciono tres más. Mire, en el siglo 14 al 15 la cristiandad olvidó a Cristo y se enfocó en las instituciones, y la iglesia llegó a ser una institución muy respetada. Pero hacía falta que Pablo le gritara a Timoteo: acuérdate de Jesucristo. En el siglo XVII se cambiaron a Cristo por la idea; en el siglo XIX y XX, Cristo por los avances científicos.
Hermano, hoy nosotros podríamos también cambiar a Cristo por algo más. He venido a decirle a mi iglesia local: iglesia local, acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de entre los muertos. Les he estado mostrando en primer lugar, hermanos, cuál es el llamado último de Pablo a Timoteo: acuérdate de Jesucristo. ¿Cuál fue la imagen última que dejó Pablo en la mente de su hijo espiritual? El Cristo resucitado.
El nombre que fortalece: Jesús, Señor, Cristo, Jesucristo
Quiero mostrarles, hermano, algo que es sencillo, pero encuentro de extrema importancia: es la forma en que Pablo se refería a nuestro Señor. Hace cerca de cinco semanas estuve recalcando estas cosas, pero yo hago lo mismo que hacía el apóstol Pablo: “Para mí no es gravoso volverles a enseñar las mismas cosas, y para ustedes es seguro”. Cómo el apóstol Pablo se refería a nuestro Señor era: Jesucristo. Y eso no es un detalle, eso es un asunto intencional.
Todas las expresiones del apóstol Pablo hacia nuestro Señor Jesucristo eran expresiones grandes. Por ejemplo, él le llamaba “Señor Jesús”. Toma una concordancia y en muy pocas ocasiones el apóstol Pablo se refirió a nuestro Señor solamente con su nombre; él no se refería a Jesús como “Jesús”, él decía “Señor Jesús”. Él le llamaba “Cristo Jesús” o le llamaba “Jesús Cristo”. Esto tiene mucha intencionalidad. Pablo quería que Timoteo recordara no solamente la historia de este hombre que vivió en Palestina que se llamaba Jesús; Pablo quería que Timoteo recordara a Jesucristo.
Ay, hermano, si yo lograra que mi iglesia recordara a Jesucristo, yo creo que tendríamos en este año una gran ganancia. Es más, he visto que hay un mar de diferencia entre aquellos que se refieren al Maestro como “Jesús” solamente y aquellos que se refieren a él como “Señor”, como “Cristo” o como “Jesús Cristo”. Cada vez que encuentro un hombre que se refiere a mi Maestro como “Jesucristo”, yo encuentro que ahí hay un hombre que tiene madurez en las Escrituras. Y cuando encuentro aquellos que se refieren a él solamente como “Jesús”, me doy cuenta que no han pasado de los asuntos introductorios de la persona de Cristo.
Pablo se refería a Jesús no solamente por su nombre de pila; él no decía “Jesús” o “Jesús de Nazaret”, no, él decía “Jesucristo”, y “Jesucristo” tiene importancia. Miren, Jesús es un nombre, y en tiempos de Jesús muchos otros también se llamaban Jesús. Si usted quiere distinguirlo podría llamarle “Jesús el de Nazaret”, o podría llamarle “Jesús el hijo de José”. Pero para el apóstol Pablo, él no se estaba refiriendo a “Jesús” ni a “Jesús el hijo de José” ni a “Jesús de Nazaret”; él se estaba refiriendo a Jesús el Cristo.
Cuando una persona dice “Jesucristo” no solamente está llamando a Cristo, no solamente está llamando a Jesús, al Maestro, por su nombre familiar o su nombre de pila, está dando el título que nuestro Señor merece. “Señor Jesús” no solamente es un nombre, es un título. Les pongo una ilustración: “Julio” es un nombre, ahora “Julio César” es otra cosa. Si usted va a hablar con el César, usted no se referiría a él como “Julio”: “Yo quiero que Julio me reciba”. No; “Yo quiero que el César me reciba”. “Julio César” es un nombre y es un título: Julio es el César. “Jesucristo” no solamente es un nombre, es un título: Jesús es el Cristo.
Ah, iglesia, yo quisiera que cuando ustedes se refieren a mi Maestro le llamaran a mi Maestro no solamente con su nombre familiar, que se refieran a él con toda la autoridad que tiene su nombre; la autoridad que tiene su nombre es: acuérdate de Jesucristo. Hermano, “Jesucristo” es un nombre, “Jesucristo” es un título, “Jesucristo” es una confesión de fe. Cuando un cristiano dice que él cree en Jesucristo, está diciendo que Jesús de Nazaret no solamente es un hombre normal, común y corriente; él dice que Jesús de Nazaret es el Cristo prometido. Es una expresión y es al mismo tiempo una declaración de fe.
Les digo mi experiencia: cuando personas se refieren a Cristo como “Señor”, tienen entendimiento; cuando se refieren a Cristo como “Jesucristo”, tienen entendimiento. Cuando alguien me habla solamente de “Jesús”, sospecho que me está refiriendo solamente a un personaje histórico, lo cual todo el mundo está de acuerdo. Lo que yo quiero que mi iglesia recuerde no es a “Jesús”; lo que yo quiero que mi iglesia recuerde es que Jesús es el Cristo. Anoten eso: los impíos pocas veces se refieren a Jesús como “Cristo”; pocas veces le llaman “Señor Jesucristo”.
De hecho, hermanos, las autoridades judías conocieron a Jesús como un hombre; ellos sabían que existía un tal Jesús. Yo me emociono con lo que dice el libro de los Hechos en el capítulo 2 y el versículo 36:
Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.
— Hechos 2:36
Hermano, nuestro Jesús no solamente es un Jesús con su nombre de pila; es Jesús que es Señor y es Cristo. No cometas tú el error de los incrédulos, de los impíos, de referirte al Maestro solamente por su nombre; dale también su título, únenlo en uno solo, como hacía el apóstol Pablo: Jesús es Cristo, Jesucristo.
De hecho, hermano, esto es importante y el término hace sentido. La expresión “acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de entre los muertos conforme a mi evangelio”, porque la resurrección fue la evidencia más contundente de que Jesús era Cristo. De hecho, después de su resurrección ya no hubo duda alguna en la mente de sus discípulos de que él era el Cristo. Y si alguien va a llegar al cielo y se va a encontrar con el Padre, es porque reconoció que Jesús era el Cristo.
Si alguien me preguntara a mí: ¿qué es decir “Jesucristo”? Es decir que tú crees que Jesús es el Cristo, y eso es lo que te lleva a la salvación. Nadie es salvo porque cree en Jesús; aguántenme aquí, parece un trabalenguas. De hecho, la mayoría de los hombres cree en Jesús, cree que Jesús existió, cree que es un personaje real. Señores, hay más evidencia histórica de la existencia de Jesús de Nazaret que de la evidencia de Julio César.
Ahora, un cristiano no solamente cree que Jesús existió; lo que afirma un cristiano es que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, como dijo Pedro. Por eso dice Hechos capítulo 16, versículo 31:
Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa.
— Hechos 16:31
La salvación es algo que se obtiene cuando afirmas no solamente que Jesús es real, sino cuando afirmas que Jesús es el Cristo, el Señor, con toda su autoridad y con toda su gloria.
Doy una ñapa aquí más. Estoy esperando ahí que los tres traductores que tengamos consigan la palabra “ñapa”; les doy un poquito más, un bonus. Hermano, la expresión “Jesucristo” era una expresión que tenía tanto poder en la mente de un creyente cuando la recibía, que era capaz de infundir aliento. Cuando Timoteo, en sufrimiento, recibía por su oído la expresión “Jesucristo”, le estaban hablando de un nombre que es sobre todo nombre, de un nombre que está lleno de gloria, de un nombre que está lleno de poder, de un nombre que está lleno de autoridad. En el momento de aflicción, yo quiero que mis oídos escuchen: “Jesús Cristo”, Jesús el Cristo. Hermana, expresión poderosa capaz de infundir aliento.
Cristo del linaje de David y la resurrección: solución a dos luchas
Les he mostrado en primer lugar por qué Pablo le decía a Timoteo: “acuérdate”. Manténlo muy presente, que no se te olvide, no lo dejes de lado, no avances a las cosas “superiores”; quédate en los asuntos esenciales: acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de entre los muertos. Les he mostrado también por qué Pablo se refería a mi Señor como “Señor Jesús”, como “Jesús el Cristo”, como “Cristo Jesús” o “Jesucristo”, una expresión muy alta: un nombre y un título unidos, una confesión de fe y autoridad, porque esto transmitía aliento al corazón de Timoteo en un momento de persecución. Yo quiero saber de Jesús Cristo. Ah, por eso es que existe aquella canción que llena el corazón de la iglesia cuando la entona de emoción: “Su nombre es Cristo, Jesús Cristo”.
Permítanme terminar, hermano, mostrándoles el aspecto de la persona de Cristo, los dos aspectos a los cuales el apóstol Pablo estaba dirigiendo el pensamiento de Timoteo, dos aspectos principales. “Acuérdate de Jesucristo”. Acuérdate de Jesucristo, Jesús, y ahora él le dice qué dos aspectos de la persona de Jesucristo él tenía que tener muy presente. El primer aspecto era que Jesucristo era del linaje de David; el segundo, que era resucitado.
No me voy a detener demasiado en hablar acerca de “del linaje de David”, porque donde quiero llegar es a la resurrección de Cristo. Sin embargo, que sea del linaje de David significaba que Cristo había cumplido efectivamente todas las profecías, que no era una improvisación histórica, que era aquel de quien los profetas habían hablado. Pero que fuera del linaje de David también significaba que era completamente Dios y completamente hombre, perfectamente identificado con nuestra naturaleza, nuestras necesidades.
Donde quiero llegar es aquí: él quiere que les recuerde a Jesucristo, pero que recuerde a Jesucristo resucitado. Si usted conoce lo que es el evangelio, usted está consciente de que el apóstol Pablo está intencionalmente dejando de lado una de las patas principales del evangelio. El evangelio consta de dos elementos: es la buena nueva de que Cristo murió por nuestros pecados y resucitó al tercer día. Una presentación completa del evangelio requiere esos dos elementos: que Cristo murió y que Cristo resucitó, muerto por nuestros pecados y levantado de entre los muertos.
Sin embargo, hay intencionalidad en el apóstol Pablo, porque se concentra solamente en el elemento de la resurrección, porque ese especialmente era el elemento donde Timoteo necesitaba ser afirmado. Y sí, la cruz está implícita, porque si resucitó, también padeció; si él se levantó de entre los muertos, en algún momento tuvo que morir. Sin embargo, lo que Pablo hace explícito es que Cristo fue levantado de entre los muertos. Timoteo está sufriendo, Timoteo está triste, quizá está pensando en devolverse, la aflicción cada vez es más real. El apóstol Pablo elige uno de los elementos de la obra de Cristo por nosotros para llevar hacia ella su atención: él le dice, recuérdate de Jesucristo, resucitado de los muertos, conforme a mi evangelio.
Los dos elementos de nuestra salvación son que Cristo ha perdonado nuestros pecados, pero también que nos ha dado una vida victoriosa, levantándose de entre los muertos. La primera parte de nuestra salvación nos dice que nuestros pecados fueron perdonados; la segunda parte nos dice que ya no hay temor, que ya no hay angustia, que todas estas cosas fueron por Cristo abolidas al levantarse de la muerte y que nuestro enemigo último, lo que anteriormente nos atribuaba, que era la muerte, ya en Cristo ha sido vencido.
Si Timoteo podía tener temor de algo en última instancia, ¿de qué era? De perder la vida. Timoteo podía decir: “Me van a matar; Pablo quizás en semanas iba a ser muerto; Timoteo está pensando: voy a morir, me va a pasar lo mismo que a Pablo”. Pablo está diciendo: recuérdate de Cristo y de Cristo resucitado. Esto es consistente con lo mejor de nuestro Señor Jesucristo: es que no temamos a los que pueden matar el cuerpo. Para los creyentes la muerte no tiene el mismo efecto que tenía para los impíos. Si entendemos que Cristo resucitó y que nosotros nos levantaremos con él, podemos tener paz en los momentos de madura aflicción.
Y la realidad, hermano, es que está la doble lucha de un cristiano, y de la misma manera en que un cristiano piensa en cada una de esas luchas. La primera lucha de un cristiano es una lucha contra el pecado. Y la segunda gran lucha de un cristiano es la lucha contra sus circunstancias. Usted encuentra creyentes que no tienen duda alguna de que Cristo perdonó sus pecados, pero que sus aflicciones diarias pueden hacer que este creyente se sienta desanimado y pueda retroceder.
La cruz de Cristo resuelve el primer problema: Cristo perdonó tus pecados. Y la resurrección de Cristo resuelve el problema segundo: Cristo venció y con él también nosotros. Por eso la convicción profunda que tenemos los creyentes de que por fe ya nosotros estamos sentados con Cristo en las regiones celestiales en gloria, de que ya no hay tribulación definitiva. Contra el pecado, un creyente triunfa mirando la cruz. Y contra las circunstancias hostiles de la vida, los cristianos triunfamos mirando la tumba vacía. Miramos la cruz y encontramos satisfacción para nuestros pecados, y miramos la tumba vacía y encontramos reposo para nuestra alma.
La vida en santidad es posible por la cruz; la vida triunfante es posible por la resurrección. ¿Cómo triunfa un cristiano en medio de la hostilidad? Un cristiano triunfa en medio de la hostilidad poniendo sus ojos en un Cristo resucitado. Si pudiera hacer una explicación de ambos problemas: la lucha con el pecado trae carnalidad, trae culpa, trae vergüenza; la lucha con el pecado la vencemos mirando la cruz de Cristo, su cruz, su sacrificio perfecto. ¿Qué trae la lucha con nuestras circunstancias? Trae temor, ansiedad, poco gozo, mucho afán. Todo esto se resuelve mirando la tumba vacía.
La realidad, hermano, es que nuestras aflicciones temporales operan por la frontera del tiempo. Si usted le quitara la frontera del tiempo, la mayoría de las aflicciones serían más soportables. ¿Por qué la enfermedad es tan dura? La gente dice: “La enfermedad es muy dura porque se nos roba la vida”. ¿Por qué nos quejamos en la enfermedad? Porque la enfermedad nos quita nuestros mejores años. Ahora, la perspectiva eterna que trae a la mente de un creyente la resurrección de Cristo permite que la enfermedad sea un punto en toda su existencia. Él dice: “Estoy ahora mismo temporalmente enfermo, pero estoy eternamente triunfante en mi Señor Jesucristo”.
Aflicciones temporales y victoria eterna: aplicación pastoral
Por eso dice la Escritura que las tribulaciones del tiempo presente no son nada comparables con nuestra gloria futura; cuando Cristo se manifieste, hermano, lo que nosotros somos ha de manifestarse. La resurrección de Cristo permite que la aflicción sea llevadera: puedo estar enfermo, pero eso no define mi existencia. De hecho, hermano, si te quitan la frontera del tiempo, lo que anteriormente marcaba la muerte, cualquier otra cosa es soportable.
Hay relaciones muy hostiles en la vida de un creyente; él dice: “Señor, ¿hasta cuándo?”. Pero cuando te proyectas de aquí hasta la eternidad, entiendes que esa relación hostil es menos que un pestañear en tu existencia eterna, y dices: “Estoy ahora mismo temporalmente atribulado, pero estoy eternamente victorioso en el Señor”. Hay las carencias materiales; hay hermanos que dicen esto: “¿Hasta cuándo, Señor? ¿Será que siempre tendré que lidiar con estas carencias? ¿Será que siempre tendré que lidiar con limitaciones?”. Y miras la tumba que está vacía y ves a un Cristo resucitado.
La persecución, las enfermedades, el poco reconocimiento de los hombres, todo eso genera mucha aflicción al alma que no tiene sus ojos puestos en un Cristo resucitado. Pero si Cristo se levantó de entre los muertos y nosotros ya vencimos con él, nuestras aflicciones temporales no se proyectan en la frontera del tiempo. Por eso dice más hacia adelante el apóstol Pablo, en los versículos 11, 12 y 13:
Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él, también viviremos con él. Si sufrimos, también reinaremos con él. Si le negáremos, él también nos negará. Si fuéremos infieles, él permanece fiel; él no puede negarse a sí mismo.
— 2 Timoteo 2:11-13
El apóstol Pablo quería que el pensamiento de Timoteo se centrara, se enfocara, permaneciera en Jesucristo, pero que permaneciera sobre todo en Jesucristo resucitado. La victoria de Cristo sobre la muerte, hermano, fue lo que permitió que en el primer siglo, segundo siglo y tercer siglo la iglesia cristiana, a pesar de la persecución, fuera una iglesia victoriosa.
Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos, conforme a mi evangelio, en el cual sufro penalidades hasta prisiones a modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa. Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos…
— 2 Timoteo 2:8-10
Iglesia del Señor, yo he venido hoy, en día de resurrección, a afirmarles a ustedes en sus tribulaciones, a decirles: si acaso estás siendo perseguido, acuérdate de Jesucristo. Si acaso tienes enfermedad, acuérdate de Jesucristo. Si acaso hay situaciones hostiles en tu vida, soporta pensando en Jesucristo y en Jesucristo resucitado.
En primer lugar les he mostrado, hermanos, este solo llamado del apóstol Pablo a Timoteo: acuérdate. En segundo lugar, la necesidad de tener una perspectiva muy alta de nuestro Señor: Señor Jesucristo, Cristo Jesús; no “Jesús” solamente, Cristo el Señor. Y en tercer lugar les he mostrado el aspecto principal de la obra de Cristo al cual Pablo quería dirigir la atención de Timoteo. Si la atención de esta iglesia se enfoca, permanece, no se desvía de Jesucristo resucitado, tenemos la experiencia, tenemos la esperanza de ser una iglesia victoriosa, de ser una iglesia triunfante.
Iglesia, acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos, conforme a mi evangelio. Oro por la iglesia cristiana que la perspectiva de la victoria de Cristo sea un elemento de aliento en sus particulares tribulaciones. Mantén tus ojos ahí cerrados, hermano querido, y permíteme orar por ti.
Oración de respuesta y llamado a salvación
Miramos a nosotros, Señor, cual Timoteo, con esta leve tribulación momentánea que amenaza con quitar nuestra mente de Jesucristo. Permite, Señor, que nuestro pensamiento quede prendado a esta firme verdad: que hemos creído en Jesús el Cristo y que él se levantó de entre los muertos. Permite, Señor, que esta esperanza que tenemos, de que hemos vencido en ti y que tenemos una expectativa muy larga de vida eterna en tu presencia, sean elementos de victoria en nuestras circunstancias particulares.
Permite, Señor, que aquellos hermanos míos que están experimentando en este tiempo especial tribulación experimenten también, Señor, la convicción en tu nombre, especial aliento. Ay, Señor, nos acordamos de Jesucristo, levantado de entre los muertos, y nos llenamos de expectativa, de fe, sabiendo que la suya es también nuestra victoria. Mantén tus ojos cerrados, hermanos. ¿Aquí hay alguien que todavía no ha conocido a Jesús como el Cristo? ¿Si aquí hay alguien que todavía se había quedado en los pasos primeros? Si alguien aquí hoy necesita reconocer que Jesús es más que hombre, que es el Hijo de Dios unigénito encarnado, que él es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, hoy, domingo de resurrección, es un buen momento para poner en él toda nuestra confianza.
¿Qué haré para ser salvo? Preguntó el carcelero de Filipos. La respuesta fue la misma:
Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa.
— Hechos 16:31
Si aquí hay alguien que ha creído en Jesús, pero necesita poner su confianza en la obra definitiva de Jesús en la cruz y en la tumba, este es un buen momento para hacerlo. Dice la Escritura que:
A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron; mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.
— Juan 1:11-12
Recibirle y creer en su nombre es: cree que Jesús es quien dijo que era y hará lo que dijo que haría; que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente. No hay un estándar complicado para hacerle honor; sencillez con sinceridad marca la diferencia.
Si tú no te sabes como cristiano y todavía no has puesto en Cristo tu confianza, puedes ir ahí, en oración: “Señor, te pido que perdones mis pecados, perdona mi incredulidad; a partir de este momento pongo en ti toda mi confianza. Reconozco que eres real, que moriste en la cruz por mis pecados y te levantaste victorioso al tercer día”. Este es el evangelio: que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras y resucitó al tercer día conforme a las Escrituras. Si has recibido esto en tu corazón, atesóralo, y en esto consiste la salvación.
Oro por cualquier persona que esté aquí siendo especialmente atribulada. Señor, mira a mis hermanos enfermos; mira a mis hermanos perseguidos; mira a mis hermanos que tienen relaciones hostiles en su casa; mira a mis hermanos que tienen problemas, Señor, de deudas, situaciones financieras; mira a aquellos, Padre, que tienen muchas limitaciones. Permite que la esperanza de vida eterna en Jesucristo, levantado de entre los muertos, sea un especial aliento hoy, domingo de resurrección.
Gracias por tu palabra, Señor. Hacemos memoria de tu obra en la cruz, pero sobre todo, Señor, hacemos memoria de tu obra definitiva al ser levantado de entre los muertos. Exaltamos al Padre en el nombre de Jesucristo. Amén.