Pueden tener su escritura abierta, libro de Malaquías, capítulo dos. Y continuemos la enseñanza donde la dejamos. Con la ayuda del Señor hemos cubierto parte ya del capítulo 1. Hemos cubierto también el capítulo dos desde el versículo 1 y hasta el versículo 9. Y con su ayuda hoy estaremos terminando el capítulo dos. Estos son los versículos desde el 10 y hasta el 17. Los primeros dos temas que hemos considerado en estas porciones de Malaquías: el primero, una advertencia acerca de la adoración descuidada; el segundo, una advertencia acerca de un comportamiento descuidado, y hoy es hasta cierto punto la continuación del segundo, pero con una advertencia especial acerca de los compromisos descuidados. Libro de Malaquías, desde el versículo 10 en adelante, Malaquías, el último libro del Antiguo Testamento.
Si han estado participando de esta serie de exposiciones, todo el preámbulo anterior aplica. Es el mismo pueblo, es el mismo momento histórico, es la misma necesidad. Es el mismo profeta que está hablando. Dice así la palabra del Señor, póngase un momento sobre sus pies y leamos estos versículos desde el 10 y hasta el 17, para que lo tengamos completos en la mente antes de pasar a exponerlos. Dice así la sagrada Escritura, es el Señor hablando por medio del profeta Malaquías, capítulo dos, versículo 10 en adelante:
¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué, pues, nos portamos deslealmente el uno contra el otro, profanando el pacto de nuestros padres?
Prevaricó Judá, y en Israel y en Jerusalén se ha cometido abominación, porque Judá ha profanado el santuario de Jehová que él amó, y se casó con hija de dios extraño. Jehová cortará de las tiendas de Jacob al hombre que hiciere esto, al que vela y al que responde, y al que ofrece ofrenda a Jehová de los ejércitos.
Y esta otra vez haréis cubrir el altar de Jehová de lágrimas, de llanto y de clamor; así que no miraré más a la ofrenda para aceptarla con gusto de vuestra mano. Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera y la mujer de tu pacto.
¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud.
Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales.
Habéis hecho cansar a Jehová con vuestras palabras. Y decís: ¿En qué le hemos cansado? En que decís: Cualquiera que hace mal agrada a Jehová, y en los tales se complace; o, si no, ¿dónde está el Dios de justicia?
— Malaquías 2:10-17
Puede sentarse, hermanos amados. Después de advertir a los sacerdotes primero sobre la adoración descuidada y después sobre muchos otros descuidos en su conducta, aquí pasa ahora a reprender al pueblo por los descuidos en sus compromisos. Al estar ellos debilitados espiritual y moralmente, se habían entregado a la deslealtad en sus relaciones generales. Esto es, eludiendo sus compromisos en su relación con Dios, uniéndose a hija de dios extraño, y en su pacto matrimonial, dejando la mujer de su juventud.
Dios fiel frente a un pueblo desleal: marco general de los compromisos
Las partes anteriores de esta profecía, desde el capítulo 1 versículo 5 al capítulo dos versículo 9, muestran una progresión que prepara el camino para llevarnos al corazón mismo de un tema muy actual: Dios es fiel y honra su pacto para con nosotros a pesar de nuestras faltas. Todas estas faltas que vimos desde el capítulo 1 y hasta el capítulo dos versículo 9, el esposo, esto es Dios, ha recibido múltiples y reiteradas ofensas. Tiene razones legítimas para hacerlo, pero no se divorcia, pues aun teniendo la opción, Dios aborrece el repudio.
La posición de Dios sobre la permanencia del pacto matrimonial tiene su origen en su propio testimonio. Lo que he estado mostrando estas últimas dos semanas es la infidelidad del pueblo del Señor y la fidelidad de Dios. Lo que he estado mostrando estas últimas semanas es que Dios ha tenido razones para repudiar y no ha repudiado. Lo que he estado mostrando es que Dios se puede apartar temporalmente, pero Dios siempre honra y honrará el pacto. Y en esta última parte he llegado a la conclusión natural de todo esto: el Señor está haciendo un llamado a honrar los compromisos, y Él ha demostrado que honra sus compromisos.
Tres áreas de compromisos estaré hoy exponiendo. Primero, compromisos generales. Después, nuestro compromiso con Dios de mantener nuestra fidelidad con un pueblo particular. Y después, el compromiso matrimonial, el pacto matrimonial. Y en estas tres cosas, para cada una de ellas, la razón es la misma: Dios es fiel. Y todos nosotros podemos dar testimonio de la fidelidad de Dios. Nosotros faltamos y Dios se mantuvo fiel, y ahora este Dios fiel, que honra el pacto, nos llama a nosotros a dar un fuerte testimonio acerca de la lealtad.
Comenzaré exponiendo los compromisos generales. Versículo 10:
¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué, pues, nos portamos deslealmente el uno contra el otro, profanando el pacto de nuestros padres?
— Malaquías 2:10
Quizás dos maneras se podrían ver este primer versículo: se podría ver como una introducción a los versículos siguientes o se podría ver como una advertencia acerca de honrar los compromisos generales. Ambas son correctas. Usted puede ver esto como un preámbulo a los compromisos siguientes, que el Señor está llamándonos a honrar, o podría verlo como un llamado a que seamos leales en todos nuestros compromisos. Creo que ambas son correctas.
No traicionar, no ser desleales, y para esto Malaquías nos da dos razones. Están ahí muy evidentes en el versículo 10, las dos razones que da Malaquías por las cuales estamos llamados a honrar todos nuestros compromisos. En primer lugar, es que tenemos todos el mismo Padre. Y si somos hijos de Dios, tenemos que evitar que nuestro Padre celestial sea avergonzado por tener hijos que prometen y no cumplen. El hecho de que tengamos un mismo Padre celestial debería ser una carga potente en nosotros que avive nuestra fibra moral para poner nuestra palabra y también poner nuestra intención.
Si usted es hijo de Dios, no avergüence a su Padre. Primera razón, que ya sea como preámbulo o como compromisos generales, que da Malaquías acerca de esto, es que tienes que ser leal porque eres hijo de Dios. Dios cuida el nombre de su familia. Estoy seguro que cualquier padre aquí presente, si su hijo fuera avergonzado porque asumió un compromiso y no lo logró y tuviera los medios, el padre mismo saliera a honrar ese compromiso. Diría: el nombre de mi familia está ahora mismo sobre el suelo. Yo no puedo permitir que el nombre de esta casa sea tirado a la tierra por un hijo irresponsable. Dios es tu Padre; si Dios es tu Padre, tienes un llamado solemne a honrar a Dios siendo leal.
Y lo otro, hermano, el segundo argumento, otra razón potente que da Malaquías por lo cual todo compromiso ha de ser honrado, es que Dios es el creador, y la creación es suya, y la deslealtad daña la creación de Dios. No quiero detenerme ahí demasiado, solamente en esa introducción que hace Malaquías acerca de los compromisos generales, pero él dice dos razones que deben ser tomadas en cuenta: si eres hijo de Dios, el nombre de la familia de Dios está siendo en ti representado y queremos que sea dignamente representado. Si tenemos un mismo Padre, vamos a honrar los compromisos que asumimos.
Es más, hasta los hermanos se comportan así. Estoy seguro que un hermano suyo querido no tiene la capacidad de un gran compromiso y usted mismo le animaría, le diría: hermano, hermana, no te metas en eso, que eres malo para tus compromisos, eso va a traer deshonra sobre ti, deshonra sobre todos nosotros. No que eres malo, sino que eres malo a tus compromisos. Segunda razón: Dios es el Dios de la creación, Él creó el cielo, la tierra y sustenta su creación, y la deslealtad es un virus en la creación de Dios, hace daño a tantas cosas.
Miren, la deslealtad daña la creación porque crea un clima de desconfianza donde el uno no confía en el otro, donde todo el mundo se tiene que estar cuidando, una cultura de engaño donde todo el mundo piensa que está siendo vejado por el otro. Mecanismos muy costosos para asegurar la lealtad. Lo que se invierte en una sociedad desleal para tratar de que el mínimo de los compromisos se asuma, eso cuesta mucho. Medios pecaminosos. Cuando una sociedad se entrega y se debilita espiritual primero, después moralmente, se vuelve una sociedad difícil de operar, donde uno no puede confiar en la palabra de nadie. Y el trato más sencillo requiere un ejército de hombres para que velen por ese trato.
La violencia, hermano, está hermanada a la deslealtad en los compromisos. Trae pobreza. Está demostrado que las sociedades más desleales son también las sociedades más pobres; donde la gente no cumple lo que promete, eso empobrece la sociedad. Yo soy un pastor, hermano, no soy un filósofo, pero tengo que apelar a las cosas. Miren, Seipel, un economista admirado, catedrático en la Universidad de Michigan, demostró que la pobreza extrema está hermanada a la falta de honradez en los compromisos y que una de las maneras en que la gente sale de la pobreza es cuando comienza a honrar su palabra y asume un compromiso y lo cumple.
El Señor dice que cuando ellos están haciendo esto, están profanando el pacto de sus padres. Me llama la atención que el Señor le llama el pacto de sus padres. El pacto era con ellos, pero era un pacto viejito ya, no era nuevo. Tú eres un beneficiario de ese pacto, pero no fuiste tú tanto el que firmaste, es el pacto con tus padres. Me llama la atención que el pacto puede ser viejo, puede ser anterior, lo pudo haber firmado otra generación, pero el Señor honra ese pacto, el pacto de sus padres. Además, ese pacto les daba a ellos una identidad especial que debería hacer que el compromiso sea muy alto. Ser un miembro del pacto del Señor debería tener en ti una pasión para que todo compromiso sea honrado.
Clavo un poco más, si tengo que hacer la espina. Miren, esto es un pecado nacional. Estoy convencido de que cada sociedad tiene sus pecados particulares, así como le decía Pablo de los cretenses: “Los cretenses, siempre mentirosos”. Dominicanos, siempre desleales. Y usted me va a decir: “Ay, está tirando tierra sobre la dominicanidad”. Es que tenemos un problema, hermano. Lo tengo yo, lo tienes tú. Nosotros no operamos al margen de nuestra sociedad. Vivimos en una sociedad que no honra los compromisos. Hay una frase que se le atribuye a Lilís. Decía Lilís que las deudas viejas no se pagan, y las nuevas se dejan poner viejas. Ah, sí, sí, sí, hermano, eso representa bien al dominicano medio.
Esa alegría de decir una cosa y hacer otra, o no hacer nada. Firmar y después mirar tu firma y decir: “Oblígame. Oblígame, demándame, haz lo que tú quieras”. Eso es muy dominicano, hermano. Les digo que estoy luchando en mi iglesia local con un asunto que es nacional, es nuestra característica: los dominicanos desleales. Es más, que en el mundo las deslealtades son muy valoradas. Hay determinadas entrevistas de trabajo donde se valora que una persona no tenga mucho criterio moral, una persona esté dispuesta, que su conciencia no grite muy duro, y hay determinadas preguntas que deben hacerse en reuniones laborales donde se puede identificar si esta persona tiene una fibra moral fuerte o si es una persona que tiene una moral relajada. Y hay determinados perfiles profesionales para los cuales una moral relajada ayuda.
Vamos a contratar una persona que no sea muy rigurosa, una gente que pueda mirar a otra parte, una gente que pueda hacerlo, que pueda hacer lo que sea. La deslealtad. Clavo más hondo, hermano, el asunto. Déjenme mostrar cómo se expresa esta deslealtad en la sociedad. Son aquellos que hacen un gran compromiso y después hacen los graciosos: “Era relajando, no era en serio”, o salen con una broma. Salir con “gracia” (entre comillas) de los compromisos asumidos es algo muy nuestro. “Tómate en serio… no, eso era relajando”. Pero tú te comprometiste. “Ay, que tú eres muy serio, demasiado riguroso con eso. Ustedes siempre están cogiéndose las cosas muy a pecho”. Cuando te comprometiste. “Porque no hay que ser tan rígido”. Eso es nuestro. Muy cuadrados, sí.
Exagerar las condiciones asumidas y después estar atado, eso es muy duro. Es que me han puesto ahí ahora unas condiciones duras, puertas había cuando tú entró en lo que se estaba comprometiendo. Es un robo que usted voluntariamente asumió. Asumir que al otro se le olvidó el compromiso, eso se llama hacerse loco. Yo me comprometí, pero no está pensando en eso, y si él no está pensando, yo tampoco. Imagínate, si él no se recuerda, voy a poner yo dejar de recordárselo. Frecuentemente la gente se recuerda, lo que pasa es que se queda en silencio, y tu testimonio se va al suelo.
La deslealtad en la cultura y el llamado a compromisos generales responsables
Escudarse en la autocompasión para no honrar el compromiso: “Estoy muy cansado, estoy muy ajetreado, a mí también me quedaron mal”. En nuestra sociedad, si a ti te quedan mal y tú incumples, te ves bien. Es una cadena de incumplimiento. Tú asumiste un compromiso. “Todo lo que pasó fue que Fulano también me quedó mal; como me quedó mal, entonces yo quedé bien”. Los dos quedaron mal. Y yo les digo esto, no quiero aburrirles con el tema, pero hablo con personas de otros países, y cuando se refieren a nosotros, nos dicen eso. Me decía una persona en California: “Yo no sé qué hacer, porque yo hablo con personas que asumen compromiso conmigo y después me quedo esperando; nunca me dicen nada, tengo que estar detrás de ellos”. Así es que operamos.
¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué, pues, nos portamos deslealmente el uno contra el otro, profanando el pacto de nuestros padres?
— Malaquías 2:10
Una manera de profanar el pacto que tenemos con el Señor, primero lo hizo con Abraham y después, a través de Cristo, con todo aquel que ha puesto en Él su confianza, toda esta línea espiritual, es honrando nuestros compromisos. Y cuando honras tu compromiso, te comportas como un buen hijo de tu Padre, porque tu Padre sí honra los compromisos.
Quiero llamar a mi iglesia, hermano, a que cultive la lealtad, primero la lealtad general. Algunas ideas generales. Si usted quiere ser leal, sea cuidadoso con los compromisos que usted asume. Me he dado cuenta que aquellos que son más leales se comprometen poco, pero se comprometen bien. Es gente que no tiene el “sí” a flor de labios, que hay que ser muy diligente para conseguir su “sí”, pero si se compromete, cumple.
Uno a veces piensa que algo característico nuestro es que somos gente muy dispuesta. Y que estamos “para cualquier cosa”. Usted le pide a un dominicano, le dice que sí: “Oh, claro, sí”. “¿Y tú sabes si vas a poder?” Hay gente que dice “sí”, y tú ves su agenda, tú sabes, tú tienes tiempo, tú sabes realmente a qué te estás comprometiendo. “Claro, le damos, le damos. Vamos para eso, vamos a darle”. Y después no le dan. Y tú: “¿Pero qué pasó?”.
Sea pesimista con relación a la duración del entusiasmo. Miren, todo compromiso nuevo entusiasma. El asunto es que eso no dura. Tarde o temprano, todo compromiso debe ser honrado, y honrar los compromisos cuesta. Qué emoción dan las cosas nuevas: los compromisos nuevos, las relaciones nuevas, los trabajos nuevos, los negocios nuevos. Pero qué difícil es mantener eso a largo plazo. Todas las cosas cansan, dice el libro de Eclesiastés; no hay ningún compromiso que te entusiasme permanentemente. Administre eso. Sepa todo el mundo que es más emocionante firmar que cumplir.
Qué bueno cuando tú recibes: “Le estamos llamando para darle esta tarjeta de crédito”, y te mandan esa tarjeta de crédito nueva. ¡Wow, qué emocionante! Y qué pereza da cuando esa tarjeta de crédito está llena, ya se venció y hay que pagarla. Ese entusiasmo se va.
Miren, valoren la hermosura de un pacto sostenido. La gente se emociona por un pacto nuevo: “Tenemos una nueva relación, nuevo pacto, nuevo acuerdo”. Emociónate por acuerdos que han sido honrados por generaciones. Qué bonito es eso. La hermosura de un pacto sostenido, que tú dices: “Mira, firmamos ahí, nos comprometimos ahí y hemos honrado el compromiso consistentemente”. Que te emocione más la lealtad al compromiso que el compromiso nuevo que acaba de firmar y tiene la tinta fresca. Hablo de “firmar” en sentido metafórico, que te acabas de comprometer con tus palabras, quizás.
Así rápido, hermano, solamente de introducción: busca para comprometerte una contraparte que tenga el mismo nivel de convicción que tú o más. Si tú vas a ser solidario con alguien en un compromiso, trata de que esa persona tenga la misma pasión que tú por honrar sus compromisos, sobre todo compromisos relacionales. Átate… mire, me he aconsejado esto tantas veces a mis hermanos: un negocio nuevo, qué pasión, “¡guau, qué sueño!”. Todo el mundo entra solo y después cada uno tiene que buscar un abogado para que lo saque.
Qué entusiasmo dan los negocios nuevos. Hagan negocio y sean solidarios con gente que tenga el mismo nivel de compromiso que usted, gente que pierda dinero, pero que cumpla, que tú digas: “Mire, yo entré ahí por mi propio medio, perderé dinero, pero el real compromiso ahí está”. Venza la tentación de ganar en todo momento. Miren esta expresión de deslealtad: cada vez que tú seleccionas una opción, aparecen cinco otras opciones que van a ser superiores, es lo normal. Y frecuentemente, cuando la gente selecciona una opción, aparecen más opciones, un tratado desempleado.
Tiene seis meses buscando trabajo, mandando currículum. Va a una empresa con entusiasmo, un proceso de reclutamiento, y le terminan dando la posición a usted. Hay una celebración que dura una semana, y consigue otro trabajo. El libre mercado. “Yo no estoy obligado”. Pero están contando con usted allí, ya lo reclutaron, ya te dijeron que iba a hacer ese trabajo. “Bueno, pues conseguí otro que me van a pagar 2000 pesos más. Me buscan 2000 pesos más, me voy”. Nos reímos, hermano, pero eso pasa todos los días. Aún entre creyentes, que asumen compromisos laborales y después que la empresa ha hecho un entusiasmo con ellos, no los honran porque consiguieron una oferta mejor.
Entonces aquí a qué apelamos: “Hay libre mercado, yo no me debo a eso, no hay nada legal”. Hermano, las cosas no tienen que ser necesariamente legales; hay cosas que no son legales y también son indebidas. Que usted tenga el mecanismo para romper el compromiso no significa que tenga que romperlo. No crea que esa empresa se queda con una buena percepción de usted. “Oye, qué entusiasmado estaba, y después…” Entonces dice: “Ahora vamos a comenzar de nuevo el proceso, porque consiguió un mejor trabajo”. No seas desleal con el empleador. Siempre te van a encontrar un trabajo mejor, un trabajo más bonito, pero comprométase en algún lugar y genere un resultado ahí antes de salir.
Dos recomendaciones más para honrar los compromisos generales y me muevo. Mire, asuma a Dios como su notario. Que sea Dios que dé fe pública de tus compromisos. El Señor sea el que diga: “Yo lo vi, él se comprometió”. Ahí se va a romper la tentación de que “a mí nadie me vio, todavía nadie sabe, yo puedo salir, pero todavía nadie sabe que yo entré”. Dios lo sabe.
Y entienda el valor de un buen testimonio, que eso es un proceso lento construirlo. ¿Sabes cómo se va construyendo un testimonio de lealtad? Con decisiones que te sacrifican, dejarte de ganar los 2000 pesos más para honrar el compromiso. Y tú no tienes que decirlo, pero quizás eventualmente alguien se entere: “Él recibió una mejor oferta, pero él se comprometió a hacer ese trabajo y lo hizo”.
He hablado acerca de compromisos generales. Leo el versículo 11 para hablar ahora acerca de nuestro compromiso de fidelidad con Dios. Dice versículo 11, también el 12:
Prevaricó Judá, y en Israel y en Jerusalén se ha cometido abominación; porque Judá ha profanado el santuario de Jehová que él amó, y se casó con hija de dios extraño. Jehová cortará de las tiendas de Jacob al hombre que hiciere esto, al que vela y al que responde, y al que ofrece ofrenda a Jehová de los ejércitos.
— Malaquías 2:11-12
¿Cuál es la segunda falta en los compromisos? Faltar a un compromiso de fidelidad con Dios y a la particularidad que tenemos como pueblo del Señor. Aquí hay un fuerte argumento contra el universalismo. Sospecho que muchos hermanos míos todavía piensan que creyente y no creyente es lo mismo, y que ser cristiano o incrédulo es la misma cosa. Sospecho que pueden haber hermanos míos todavía que piensan: “La única diferencia es que uno es un poco más devoto, uno se congrega y ellos no, pero ellos son temerosos de Dios, también son gente que aman”. Sospecho que puede prevalecer ese pensamiento.
Para Dios no hay un pueblo, hay dos pueblos, correctamente diferenciados. Y Él puede ser el creador de ambos pueblos y hasta puede tener en su gracia común actitudes favorables hacia un pueblo, pero el Señor no quiere que esos dos pueblos se junten. Tú me vas a decir que es lo mismo, según el Señor, unirse con mujer de Dios extraño. Eso es una falta al compromiso, porque Él entiende que son dos pueblos.
Y alguien entonces me va a decir: “Ah, pero eso no es discriminación”. Sí lo es. “Y eso no es un asunto…” Si Dios puede hacerlo. Él considera que dos pueblos son dos pueblos distintos. Una cosa es el pueblo del Señor, el pueblo del pacto, y otra los otros pueblos que sirven a otros dioses, y el pueblo del pacto no se une en yugo desigual a otros pueblos. Somos pueblos completamente distintos. Es un asunto de pacto, no de sentimientos.
Yugo desigual: unión con hija de dios extraño y sus excusas
Tú puedes abrazar a un pecador, a un incrédulo, darle besitos, cargarlo, adoptarlo como hijo tuyo, pero no puedes entrarlo al pueblo del Señor. Estoy hablando en este momento no acerca de personas que vinieron a los caminos del Señor teniendo pactos previos con personas que no aman a Dios; estoy hablando en este momento de personas que todavía tienen la opción de elegir un cónyuge creyente. Si es tu elección todavía, si es tu decisión todavía, nunca debería casarse un creyente con un impío. Usted me va a decir: “Nada, Pastor, pero yo estoy…” Hay respuesta del Señor para los que vinieron al Señor y ya tienen compromisos matrimoniales previos. El Señor les llama a honrarlos.
Sin embargo, si eres todavía un creyente soltero, una creyente soltera, si eres un viudo cristiano, cásate con una persona de tu mismo pueblo, y no hacerlo es deshonrar a tu Dios. Y mire, nosotros fuimos colocados en el mundo, pero nosotros no somos del mundo. La situación en Israel es que el Señor colocó a ellos delante de otros pueblos durante 70 años. En 70 años, la afinidad: “Ya que vivimos juntos, ya que no hay frontera, ya que comemos juntos, vamos a casarnos también”. No, no, no. Que estés en medio del mundo no significa que seas parte del mundo. Tienes que mantener tu particularidad como cristiano en medio del mundo donde el Señor te ha colocado.
Por eso decía el Señor: “Yo no te pido que los saques del mundo, sino que los guardes. Guárdalos en tu verdad; tu palabra es verdad”. Todo creyente tiene un llamado solemne a que, cuando haga un pacto matrimonial, sea un pacto matrimonial con otros creyentes. Ahí vienen las personas y me dicen: “Pero hay gente que se han casado…” Sí, es verdad. “Y hay creyentes que se han casado con impío…” Es verdad. “¿Y yo no podría casarme?” Sí, usted podría casarse, pero su pastor se lo desaconseja.
Se ve feo cuando uno le dice esas cosas, porque la gente siempre quiere tomar sus elecciones; nadie anda buscando la bendición mía para cosas que están deshonrando al Señor. La gente me dirá: “Pastor, ¿y qué va a hacer si él quiere casarse?” Bueno, él podría casarse, claro, yo no puedo ir a agarrarlo, no puedo amarrarlo con sogas, hermano. Pero tengo que decirle cuál es el consejo de Dios acerca de las uniones con otros pueblos. El Señor lo aborrece. Eso es abominación, es prevaricación.
Miren, ninguna de las excusas, y yo he escuchado muchas excusas, ninguna excusa puede eliminar la evaluación que hizo Dios. La evaluación que hizo Dios es: prevaricación y abominación. Excusas hay muchas, muy interesantes y hasta muy emocionantes, pero nada pueden contra las cosas que Dios ya ha dicho.
Ah, y cuántas excusas. La hermana que dice: “Yo me voy a casar con este que apareció porque yo tengo ya 15, 20, 25, 30, 40 años esperando el hombre adecuado y no ha llegado. Ahora, este fue el que apareció, y como ya yo esperé, entonces yo puedo proceder”. Hermana, espera 10, 15, 20 años más y la espera nunca va a poder violentar lo que Dios evaluó como abominación y como prevaricación. Que hayas sido diligente en esperar no te exime de culpa.
Ah, y es la hermana que dice: “Yo este fue el que llegó y me voy a casar con él”. Es el hermano que dice: “Yo me voy a casar con ella, porque ya yo tuve otros novios cristianos y se comportaban como impíos. Y como yo tuve una mala experiencia de haber tenido novios que se comportaban como impíos, entonces me voy a casar con esta”. ¿Y por qué no te casaste con aquel que era cristiano y se comportaba como impío? Porque, de todos modos, terminaste casándote con un impío.
No le hace lógica, hermano, ese razonamiento. Me dicen: “Pastor, yo me voy a casar con ese, porque yo tuve otro que era un cristiano y se comportaba como un impío”. ¿Y lo dejaste? “Pues se comportaba como un impío”. Te hubieras casado con él, porque por lo menos su comportamiento era el de los impíos, pero él profesaba como un cristiano. Aunque hayan creyentes que en sus relaciones de noviazgo se hayan comportado como impíos, eso no exime que tengas que casarte con creyentes, con una creyente. No te cases con la hija de dioses raros, de dioses extraños.
Ay, cuántas veces: “Pastor, es que él viene de una familia cristiana y tiene valores familiares, y estoy enamorada, estoy enamorado”. Y tú dices: él tiene valores familiares. Esos valores familiares… la gente confunde los valores familiares con el pacto. Nadie ha entrado a una relación de pacto con Dios por un “valor familiar”. Uno no entra en esto por un asunto familiar; “no, él es una gente que honra la familia, su familia, sus padres son gente…” No, esto no es un asunto de familiaridad. ¿Cómo está su relación con Dios? ¿Tiene o no tiene pacto?
No te unas con impíos, aunque ese impío tenga que esté rodeado de creyentes. Él puede tener que su mamá, su papá, sus hermanos y todo el mundo sean cristianos. El asunto es que él no tiene una relación de pacto con Dios. “Es mejor que muchos cristianos”. Miren, se lo dije una vez y se lo repito: el más malogrado de los vivos es mejor que el más maquillado de los muertos. Puede ser un creyente malogrado, puede ser un creyente díscolo, puede ser un creyente que no tenga un buen testimonio ahora mismo, pero está vivo.
El otro puede estar maquillado, puede ser una persona que tenga un buen comportamiento ahora mismo, pero se está muriendo. Está en degeneración, está muerto en sus delitos y pecados; por muy maquillado que esté un muerto, es un cadáver que se está descomponiendo. Perdóneme si hablo en términos muy duros, hermano, porque tengo que enseñarle cuál es la perspectiva de Dios, y la perspectiva de Dios es que eso es prevaricación y abominación.
“Ganar” al cónyuge incrédulo y el riesgo de unirse a hija de dios extraño
Hay alguien que me dice: “Yo creo que yo podría ganarle para Cristo”. ¿Y usted es el Espíritu Santo? ¿Usted puede convencer al hombre de su pecado? ¿Puede regenerarlo, puede santificarlo, puede mutar su vida? Si es así, llámeme, que lo contratamos aquí. Usted no es el Espíritu Santo, hermano.
Y advierto: la Escritura tiene consejos acerca de creyentes que están casados con cónyuges no cristianos, compromisos previos. Y lo que dice la Escritura es:
Y si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone.
— 1 Corintios 7:12-13
Y después dice que puede ser que a través de su testimonio sea ganado. Puede ser, hermano. Eso no está asegurado. Casos como esos suceden. Alguien me dirá: “No, porque yo sé de una hermana que tuvo un marido inconverso y ella oró al Señor, y el Señor terminó…”. Sí, hermano, el Señor trajo a su esposo; el Señor oyó. Yo oro porque el Señor traiga los cónyuges de mis hermanos, de mis hermanas. Pero son proyectos riesgosos, hermano, y abominación y prevaricación, porque de hecho es abominación y prevaricación con una lejana posibilidad de que termine en buen término. Y si eso termina en buen término, tampoco celebre como aprobación.
Porque hay gente que agarra su despropósito y después que el Señor hizo su obra, entonces quiere decir que lo que hizo estaba bien. No, hermano, usted deshonró al Señor, y el Señor, a pesar de eso, se glorificó. Que me dice: “Él no se opone, ella no se opone a que yo sirva a Cristo. La verdad es que ella no se opone; está dispuesta a acompañarme, él viene conmigo, él no se opone”. Oiga, hermano, cuántas razones para evitar un pacto matrimonial con la hija de un dios extraño.
Hermano querido, hermana querida, que puedes establecer un pacto ahora que todavía no estás atado a un pacto, no te unas a un incrédulo porque él nunca podrá conocerte profundamente. Hay toda un área de tu vida que no va a poder ver ni entender; eso le es locura. La cosa más valiosa de tu existencia, que es el carácter de Cristo en ti, él no lo entiende, ella no lo entiende, y te vas a sentir muy solo, muy desamparado. No vas a poder conectarte profundamente. Todo cónyuge se quiere conectar no solamente íntimamente, no solamente socialmente, también espiritualmente, y ese vínculo espiritual no va a suceder.
Tendrás que quedarte ahí para honrar un pacto, pero no vas a poder tener una complicidad espiritual con ese cónyuge que no ha sido despertado por la agencia del Espíritu Santo. Evita unirte con un incrédulo porque tendrás que sujetarte a una persona que no se sujeta a Dios. Apelo a las mismas cosas. Hace cuatro años prediqué este tema en la iglesia y lo decía: que unirse a un incrédulo es como montarte en un carro de copiloto con una persona borracha. No sabe para dónde va su vida, no tiene dirección.
Y yo viví eso, hermano. Un borracho a mí me dio una bola y aceleró el carro. Era un compañero de trabajo que tenía un Mercedes Benz viejo, un Mercedes viejo, y borracho. Borracho, que le gusta discutir. Y me dice: “No, que los Mercedes Benz corren”. Y yo: “Ay, yo no sé”. “Ah, pues tú dices que mi carro no corre”. Yo: “Yo no sé, fulano, si tu carro corre o no corre; tú estás borracho ahora mismo, agárrate, que yo no quiero discutir”. Aceleró ese Mercedes Benz viejo, hermano, la línea de Casa España y cruzó por ahí. Es que yo me di cuenta que hay un paso, ese es el paso de la vida, tiene un salto. Lo pasó, tenía aquella más de 120 para sentir ese vehículo. Voló ese asunto por allá porque él quería demostrarme que su carro corría, borracho. Y fácilmente nos accidentamos, nos matamos.
Y, hermano, perdónenme si soy desconsiderado, porque esa es la realidad de muchos cónyuges cristianos ahora mismo, que tienen atado al lado a un incrédulo, que está dirigiendo su vida, y ellos tratan de persuadirlo de que baje la velocidad, hermano, y qué difícil es tratar de quitarle a la gente su pecado. Escuchamos una creyente que dice: “Cuando yo salgo con él en sus bebidas, yo le pongo refrescos, le pongo cosas para ver si andamos más seguros”. Qué difícil es tener al lado a eso. Y usted me dice: “No, yo puedo hacerlo porque yo soy hombre; ella se va a sujetar a mí”. Mentira. Ninguna mujer incrédula se sujeta a ningún hombre. Usted terminará sujeto, dándose también.
Hermano, para que una mujer se sujete a un marido, tiene que ser una mujer no solamente cristiana, una mujer cristiana consagrada al Señor. Y usted me va a decir: un impío muerto en sus delitos y pecados va a terminar sujetándose a ningún hombre. No es verdad. Esa persona no amará la parte más valiosa de tu ser, que es la relación con Dios. Yo te pregunto, hermana creyente que tienes ese pretendiente impío que te está enamorando: ¿qué él ama de ti? ¿Qué es lo que le atrae? ¿Qué es lo que le gusta, qué es lo que…? Él dice que tú estás “buena”. Que tú estás buena. Y póngale a “tú estás buena” lo que usted quiera ponerle.
Oiga, hermano, la realidad. Mire, póngale a eso; da un poco de ruido, pero póngale a eso lo que usted quiera ponerle: sea que le gusten tus ojos, sea que le guste tu cabello, sea que le gusten tus manos, sea que le guste el contorno de tu cuerpo. Pero esa persona no ama las cosas más valiosas que hay en ti, que es tu relación con Dios; no ama tu Dios. ¿Y por qué te ha enamorado? ¿Qué es lo que le gusta de ti?
Oiga, a mí no me gusta, hermano, predicar con chistes y cosas, pero la verdad es que hasta da risa el asunto, porque eso es lo que le gusta. Ay, hermana querida, ¿qué es lo que él ama de ti? ¿Qué es lo que le gusta? “No, que él dice que mis ojos, que mi cabello, que mi forma…” ¿Él ama tu relación con Dios? Ningún hombre que no ame tu relación con Dios es digno de ti. No lo merece, hermano, no aplica. Dice: “Ah, no, él me pretende y…”. Él no ama tu Dios.
Imagínate que seas una mujer viuda, tienes un niño pequeño, y que un hombre te está pretendiendo. Él dice: “Yo te amo a ti, pero ese hijo tuyo mira a ver si lo mandas donde la abuela, mira a ver qué tú haces con él, porque yo no quiero muchacho en mi vida”. Entonces, pero ese es mi hijo. Que tú no lo amas, no amas más mío. Pues tú no me quieres a mí tampoco. Que tú no amas mi Dios, que tú no estás dispuesto a enamorarte de mi Dios, que tú no estás tan apasionado por mi Dios como por mí, tú y yo no podemos tener una relación.
Les recomendé en un sermón anterior que miren historias de años atrás. Si ustedes quieren saber cómo años atrás los creyentes se enamoraban, yo les traje una nota de amor que escribió Jonathan Edwards en la primera página de su libro de gramática griega. Él escribió una nota de amor a su pretendida, a una hermana creyente. Él le decía: “Dicen que hay una joven que es amada por ese gran Ser que hizo el cielo, que hizo el mundo y lo gobierna, y que hay ciertas temporadas en las cuales ese gran Ser, de alguna u otra forma invisible, llega a ella y le llena la mente con un deleite sumamente dulce, y que a ella apenas le preocupa ninguna otra cosa que no sea meditar en Él. Tiene una maravillosa dulzura, serenidad y benevolencia universalmente, sobre todo después que ese gran Dios se le ha manifestado algunas veces. Va de un lugar al otro cantando con dulzura y siempre parece estar llena de gozo y de placer, y nadie sabe por qué. Le encanta estar sola, caminando por los campos y las arboledas, y parece haber siempre alguien invisible que conversa con ella”.
Bueno, es un hombre enamorado por las razones que vale la pena. “¿Y por qué te gusta ella?” “Porque está buena”. Mano, así te pregunto, hermano: ¿él ama tu benevolencia, él ama tu templanza, él ama el fruto del Espíritu Santo, él ama tu relación con Dios? ¿Él está impresionado de la paz que hay en ti, él está impresionado de tu devoción, él está impresionado por tu fervor al servir al Señor? Él está impresionado porque te encontró sirviendo a Cristo y él también quiere servir a Cristo y ve que los dos pueden hacerlo. ¿Qué es lo que ese hombre ama en ti?
Unirse a hija de dios extraño profana el santuario y daña la descendencia
Hermano, hermana, si usted todavía no ha tomado una decisión, tome la decisión de honrar al Señor en sus relaciones matrimoniales. No se una a un incrédulo. Mire, te será difícil criar a los hijos en el temor del Señor. Dice ahí, como una de las cosas por las cuales el Señor quiere que tú cuides ese vínculo, es porque el Señor quiere levantarse descendencia, quiere levantarse hijos para Dios. Qué difícil es criar a los hijos en el temor del Señor con un cónyuge que no ama tu Dios. Tú los encaminas por este lado y él los encamina para allá. Tú tratas de edificarlos y él los deconstruye. Él está matizando lo que tú les estás diciendo. Qué difícil es criar hijos creyentes con un cónyuge que no ama a tu Dios.
¿Se puede lograr? Sí, se puede lograr, hermano. El Señor hace milagros, hace milagros, se ha demostrado. Siempre, cuando depende de usted, críe sus hijos con una persona que ama a su Dios.
Doy dos razones más, hermanos, al siguiente compromiso. Estas mismas dos razones las dice el texto. Dice que quienes hacen eso profanan el santuario del Señor:
Prevaricó Judá, y en Israel y en Jerusalén se ha cometido abominación; porque Judá ha profanado el santuario de Jehová que él amó, y se casó con hija de dios extraño.
— Malaquías 2:11
Hermanos queridos, estas cosas han sucedido. Han sucedido creyentes que se han unido en yugo desigual, se han unido con incrédulos. Y cuando lo han hecho han traído tristeza al pueblo del Señor, han profanado el santuario del Señor. Hermano querido, no te unas con una novia con la vocación de casarte, no te acerques, no establezcas un pacto matrimonial con una incrédula, porque con esto estás dañando corporativamente al pueblo de Dios. Se corrompe el santuario con eso.
Debería, hermano, ser una advertencia fuerte lo que dice el versículo 11, que es hija de dios extraño. Miren, nadie es neutral en su devoción. Quien no está al día de hoy sirviendo al Dios verdadero, algún dios está sirviendo. Anteriormente la gente servía a los palos, servía al sol, a las estrellas, a la luna. Al día de hoy sirven al dinero, a la vanidad, a la superficialidad. Unirte a una hija de un dios extraño es unirte a una mujer que lo que ama es la superficialidad, la vanidad; ese es su dios.
Y quien se casa con alguien así tiene a ese dios como suegro. Usted está emparentando con la maldad. Lo dice la Escritura, hermano, que cuando te haces uno con la hija de un dios extraño… Alguien más va a decir: miren, todo el que se casa, se casa con la familia de su cónyuge, quiera o no quiera. La gente dice: “No, que yo la amo a ella”. Mire, usted se va a casar con la familia de ese cónyuge. Usted se casa con el dios de ese cónyuge también. Usted quisiera estar emparentado con el dios dinero, con el dios vanidad, con el dios lujuria. No emparente, hermano. No dañe el pacto del Señor.
Hoy, hermano, yo he tratado en este sermón de ponerle la explicación, pero también de apretar a mis hermanos, de llenarle de una falta de urgencia. Tengo que ahondar aún más. Dice la Escritura que el Señor va a cortar al hombre que hiciere esto, “al que vela y al que responde”, es un giro gramatical en el hebreo que parece que era un refrán que ya uno no lo entiende, pero lo que transmite la sensación es que el Señor está ofendido tanto con el que cometió la acción como con quien lo respaldó.
Hermanos, sea precavido para que no seas copartícipe de esa abominación y de esa prevaricación y toma decisiones radicales. Evitemos poner el afecto al amigo, al familiar por encima del pacto del Señor. Tú puedes amar a esa persona, pero no su conducta. Tú dices: “Ah, pero es que es mi hijo. Es mi hijo, es mi hija, es mi prima, es mi hermana”. Sea quien sea, usted puede amar a su hermana como persona, amar a su hermano como persona, amar a su tío, amar a su familiar y rechazar su conducta. Decir: “Mira, te amo como mi familiar directo, quiero lo mejor para ti, pero la manera de Dios. Y no estoy de acuerdo con esa unión, no estoy de acuerdo”.
Ya como que no hay nadie que no está de acuerdo con las uniones, ¿no te has fijado en eso? Ahora, el que se va a casar con cualquiera, en cualquier despropósito, todo el mundo está a favor. ¿Cómo vas a tú decir que estás a favor de algo que está corrompiendo el pacto de Dios? Evite usted participar en esa unión, aunque eventualmente termine firmando el matrimonio cuando suceda. ¿Me pueden entender lo que estoy aconsejando? Hasta cuando sea un matrimonio ya consumado, que haya un pacto ante el Señor, rechace eso. Ya cuando se casen usted no pueda, ya sí se fundieron, hermano, usted no puede ir y serruchar eso. Pero de antemano, hasta el momento de la boda, usted manifieste que usted desaprueba esa unión.
No se encariñe con el incrédulo. Pues ahí es que está el asunto, hermano, que primero es un asunto afectivo. Te encariñas y después es un lío sacarte todo eso del corazón. No se encariñe cuando eso es un asunto irrevocablemente juzgado; que eso es un pacto ante el Señor. Usted tendrá que asumirlo como el cónyuge de su familiar, el hijo de dios extraño. Pero hasta el último momento manifieste de manera verbal, de manera simbólica, con su actitud que a usted le está desagradando. Y dígale: “Hermano querido, yo estaba esperando otra pareja para ti, yo estaba esperando otro cónyuge para ti. No era la persona que me parecía”. Y tú dices: “Ay, pero se va a entristecer”. Sí, que se entristezca, porque quizás esa tristeza haga que anule eso antes de que sea irrevocable.
Y cuando ese matrimonio suceda, si sucede, que es el caso no deseable, evite la promoción de esa conducta. Porque el problema es que participan de un pecado, no solamente lo cometen, sino que después se encargan de difundir que esas son maneras loables. Cosas que han traído vergüenza al pueblo del Señor, después que la gente las comete, quieren salir con poesía, decir: “Yo lo hice, pero el Señor también se glorificó”. Hermano, eso es vergonzoso. Eso que tú hiciste estaba mal. No promuevas esa conducta que ha traído vergüenza, ha traído lágrimas al pueblo del Señor.
Dice el versículo 12 que después quieren traer ofrenda:
Jehová cortará de las tiendas de Jacob al hombre que hiciere esto, al que vela y al que responde, y al que ofrece ofrenda a Jehová de los ejércitos.
— Malaquías 2:12
Oye qué tal la maldad de este tiempo, que la gente deshonra el pacto del Señor y cree que con ofrendas puede solucionarlo. Yo quisiera compartir tanto testimonio, hermano, pero la prudencia no me lo permite. Pero no son uno ni dos los casos de gente que han emparentado con incrédulos, que después de entonces sucede que es un incrédulo benevolente, que es un incrédulo generoso, que es un incrédulo dispuesto, que es alguien que quiere ayudar a la iglesia, al cuerpo del Señor. No traigas ofrenda. No vengas ahora a “recompensar” con ofrenda haber dañado el pueblo del Señor. Cómanse su ofrenda ustedes. Que no es bonito ante el Señor, no es agradable, no es algo honroso.
“Al que vela, y al que responde, y al que ofrece ofrenda a Jehová de los ejércitos”. Deje de tratar de compensar con asuntos materiales, si no ha honrado su pacto de fidelidad con su Dios.
El pacto matrimonial: lágrimas en el altar y Dios testigo de la mujer de tu juventud
Dice el versículo 13:
Y esta otra vez haréis cubrir el altar de Jehová de lágrimas, de llanto y de clamor; así que no miraré más a la ofrenda, para aceptarla con gusto de vuestra mano. Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto.
— Malaquías 2:13-14
Eso es lo que hacen. Miren, cuando un miembro de una iglesia cristiana se une con un incrédulo, lo que hace es que cubre el altar de Jehová de llanto, de lágrimas y de clamor. Cuánto daño hacen las uniones con impíos dentro del pueblo del Señor. Y ellos están celebrando y disfrutando, y el pueblo del Señor lo que está es sufriendo. O sea, tú ves a un hermano tuyo, una hermana tuya caminando al despeñadero, hacer un pacto con un incrédulo, y tú ves el ejército de hermanos que aconsejan, y tú los ves.
Y tú ves a ellos, entonces… primero, es una cosa difícil: hay una gente que te ha enamorado; eso, mire, es difícil. Y hay hermanos que por amor al Señor todavía lo hacen, dan el consejo negativo, y lo que hacen es que los agreden, los rechazan, les dicen cosas. Están cuidando de ti, cuidando que des un mal paso, que te va a acompañar durante toda la vida. Esas cosas, hermano, esas cosas solamente la glorificación del Señor va a poder restaurarlas. Eso tiene un lastre que te va a acompañar hasta el último día.
Les he hablado acerca de honrar los compromisos generales. Les he hablado acerca de no unirse con la hija de un dios extraño, siempre y cuando tengas la opción. Si ya sucedió que viniste a los caminos del Señor con un cónyuge que no ama a Dios, permanezca en ese vínculo matrimonial y honre al Señor del pacto, aunque le sea difícil, y le será difícil. Pero honre a su Dios.
La última parte, hermano, déjenme hablar acerca de nuestro compromiso en el pacto matrimonial. Versículo 14 en adelante:
Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto. ¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales.
— Malaquías 2:14-16
Lo digo sin duda: este es el tema más gravoso en los días actuales para cualquier iglesia. Uno puede predicar de cualquier tema, la gente recibe eso, pero cuando les habla acerca de permanecer en el vínculo matrimonial, es un tema que la gente lo siente que le molesta, le es gravoso, y sé que es así. Es un tema que ha generado mucho daño. Yo estoy pastoreando una generación que ha sido dañada por el divorcio. La generación que yo pastoreo es una generación que ha sido destruida por gente que no honra pactos matrimoniales.
Gran parte de las personas que yo aconsejo son personas que vienen de hogares que han sido dañados por la infidelidad, por el adulterio, por la promiscuidad, por gente que no honró el vínculo matrimonial. Y cuando uno predica estas cosas, la gente no quiere ni siquiera volver a pensar en eso, porque es algo que le ha hecho mucho daño. Ahora, a pesar del daño, yo tengo que predicarle a mis hermanos cuál es la posición de Dios sobre el vínculo matrimonial.
Hago un preámbulo necesario, hermano, no para exaltarme, sino por amor a ustedes. Cada vez que predico este tema, yo sé que hay una conversación negativa donde las personas dicen: “El pastor está predicando, lo que pasa es que no ha visto lo que dice Mateo; él no ha visto todavía lo que dijo Pablo; él no vio tal versículo”. Miren, le digo esto con limpia conciencia y por amor a ustedes: tengo 19 años estudiando este tema. No fue algo que en esta semana yo estuve buscando a ver qué digo. Yo tengo 19 años estudiando con seriedad el tema del divorcio, porque a mí me afectó de cerca.
Lo sufrí, y como lo sufrí, busqué refugio en Dios y en lo que decía Dios sobre el divorcio. Es un tema que no solamente me ha dañado a mí, sino que ha dañado a gente que yo amo mucho y les ha dañado de cerca y les sigue dañando. Y cada vez que el divorcio alcanza a uno, yo vuelvo y leo el tema del divorcio, y siempre llego a la misma conclusión. 19 años tengo estudiando el tema. Les digo esto para quitar la objeción intelectual, los que dicen: “Lo que pasa es que el pastor no vio tal versículo”. Hermano, le digo esto en amor: creo que he visto todas las referencias directas e indirectas que tiene el Antiguo y el Nuevo Testamento acerca del divorcio.
Y les digo esto en amor: no es un insensible que les está predicando este tema, no es una persona fría. Ahí viene Satanás y pone el pensamiento: “Él lo predica porque él no lo ha vivido, porque él no está en la situación”. Quien les predica esto lo vivió, y lo sigue viviendo, y lo sufre, lo sufre. Y yo quisiera que fuera distinto. Yo quisiera a veces retroceder la vida diez años, treinta años, cuarenta años, para tratar de que alguien que amo en el Señor y por afectos fraternales tome mejores decisiones por el Señor, pero no puedo hacerlo. Tengo que explicar la perspectiva de Dios, no piensen que es un asunto insensible de una gente que no les ama, que quiere solamente venir a filosofar en un púlpito. No. Es alguien que lo siente de verdad y que ha estudiado esto con seriedad.
Les diré que Malaquías va al centro mismo del tema del divorcio. Usted podría ir a diferentes partes de la Escritura, pero Malaquías va al corazón del problema. Es un tema amplio en la Escritura, y me voy a limitar solamente a Malaquías. Malaquías da un marco de por lo menos siete principios a los cuales se debe estudiar el tema. Si usted quisiera ver esos principios en detalle, nos reunimos en reuniones pastorales y puedo pastorearle al sentido de eso, pero le daré siete principios generales para que entienda la perspectiva de Dios acerca del tema del divorcio.
Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto.
— Malaquías 2:14
Primer principio que debemos entender para entender el tema de divorcio a la luz de la Escritura: la parte vulnerada de la relación, aquel que fue deshonrado, a quien le fueron desleales, siempre tendrá la mejor defensa del mundo: Dios atestigua a su favor. Y siento que como iglesia, los evangélicos hemos cometido un error histórico al tratar el tema del divorcio, y es que a la parte vulnerada la hemos dejado sola.
Ciertamente el divorcio es un tema que trae vergüenza, que trae dolor, pero quien ha sido deshonrado, quien ha sido abandonado, a quien le han sido desleales, la iglesia no puede vejarle dos veces. Dios atestigua a su favor. Cuando un hombre abandona su pacto matrimonial, el Señor se pone del lado de esa mujer.
Me gustaría llamar a la iglesia local a que cerremos filas con la gente que otros se han dejado llevar de sus caprichos y de su egoísmo y les han deshonrado. La iglesia debería abrazar al cónyuge que ha sido faltado al respeto, porque Dios está de su lado, Dios atestigua en su favor.
¿Cuántos hermanos nuestros han sido vejados dos veces? El cónyuge faltó al compromiso y la iglesia entonces también los dejó en blanco porque “es un divorciado”, porque “es una divorciada”. Espere, hermano, porque quizás ha sido la víctima de alguien que fue desleal, y Dios está de su parte. Quisiera llamar a la iglesia a que abrace a sus hermanos que han sufrido por cónyuges desleales que han faltado su compromiso. Abrace a su hermano, abrace a su hermana. Eso honra, eso no avergüenza. Primer principio, hermanos: entendamos que Dios está del lado de la parte afectada. Dios atestigua a su favor. Tener a Dios en una barra de defensa es un asunto muy poderoso. Tener un testigo como Él, hermano, eso podría hacer cualquier juez temblar: vino Dios, Dios mismo vino a atestiguar a tu favor.
Los impíos piensan que no, que “yo salí bien”. Tienes a Dios en tu contra por tu deslealtad. Segundo principio: los hombres tenemos en esto una especial responsabilidad en el problema. Alguien me dirá: “Pero por qué no dice ahí ‘las mujeres que dejaron al hombre de su juventud’”. Porque eso casi nunca sucede. No es frecuente. En el caso de deslealtad en el pacto matrimonial, en caso de divorcio, es poco común la historia: “Dejó una mujer en sus 50 años, se enamoró de un muchachito de 25 y dejó a su marido y sus hijos y se fue a vivir una aventura”. Eso no es frecuente. Puede suceder; estamos en un mundo caído, hermano, y aquí uno mira cantidad de cosas que uno quisiera no ver. Pero el caso más frecuente es uno que deja a la mujer de su juventud. Eso es lo más frecuente.
Y es que, hermano, los hombres somos especialmente atraídos hacia nuevos retos. Por eso es que los hombres somos tan vulnerables con esto. Porque la mujer tiene una vocación a la estabilidad, a la permanencia, a estar tranquila, a estar segura. Al hombre le gusta la aventura, el conquistar, el tener un reto por delante. Entonces yo les aconsejo a todos mis hermanos, cónyuges cristianos, que asuman como reto reenamorar a su esposa.
Yo encuentro hombres que son muy diligentes cuando tienen que enamorar una mujer nueva, pero a su esposa, la mujer de su juventud, no; “con esa yo no puedo”. Pero tú dices que puedes con aquella. No hay mujer con la que tú no puedas, esa es la mujer; fájate ahí, reenamora a esa misma. El hombre anda buscando retos nuevos, siempre quiere renombrar. Además, hermano, hay un asunto ahí de baja autoestima que muchos hombres resuelven teniendo hijos en la calle, enamorando muchachitas; la baja autoestima, eso de afirmarse, de sentir que son hombres. Demuestra que eres un hombre permaneciendo con la mujer de tu juventud y reenamorándola quizás cinco veces más.
Yo digo que una pareja que ha mantenido 40 años de vínculo matrimonial, ahí se han reenamorado diez veces. Y lo que tú amabas de ella en los años 70 no es lo que tú amas de ella en los años 80, y cada vez te enamoras de cosas distintas. Es que el hombre tiene una propensión al reto. Por eso es que es desleal, por eso que Dios centra el foco del problema principalmente en el hombre.
Egoísmo, compañera y mujer de tu pacto: principios sobre el divorcio
Póngale el paréntesis de que hay mujeres desleales; las hay. Pero lo más frecuente es que un hombre abandone a la mujer de su juventud. Los hombres tenemos una especial responsabilidad. Segundo principio: somos especialmente atraídos a mujeres más jóvenes y, al mismo tiempo, somos especialmente atractivos para ellas. Por eso hay que tener cierta interesa para honrar el pacto matrimonial.
Tercer principio: miren, en el divorcio siempre hay un elemento de egoísmo. Me llama la atención que el Señor le dice: “Tú has sido desleal con tu compañera”. Compañera. El Señor le llama la que comenzó contigo, la que emprendió contigo un proyecto de familia sin planes de terminar sola. “Tú has sido desleal con tu compañera”. Ese término que utiliza el Señor tiene una carga emocional. Hay tres términos que el Señor utiliza que están llenos de significado.
El primer término es ese: “la mujer de tu juventud”, cuando estaban jóvenes los dos, cuando ella era atractiva, la que se envejeció en tus manos. Esa, el Señor te está hablando: la mujer de tu juventud. Después dice “tu compañera”. Eso tiene una carga emocional. Tu compañera: la que ha estado al lado tuyo, la que emprendió contigo ese proyecto de familia, la que te acompañó en la procreación, la que crió tus hijos, la que los cuidó, la que te permitió a ti ser padre, tener hijos. Esa es tu compañera, la que ha estado al lado tuyo. La que los llevó en su vientre, la que los llevó durante nueve meses para que sean hijos tuyos. Esa es tu compañera, la que estuvo ahí contigo, la que te acompañó en tus años difíciles.
A esa, a la cual tú le debes en gran medida tu estabilidad emocional, económica, tu prestancia social. Un hombre tiene cierto prestigio social solamente por el hecho de tener una mujer al lado; una buena esposa llena a ese hombre de honra y le coloca un posicionamiento social que el soltero no lo tiene. Esa que te ha dado ese posicionamiento, esa que te da estabilidad, esa que hizo patrimonio contigo, esa que te acompañó en tu soledad, como Adán, que dice que no encontró ayuda idónea, algo que le llenara su soledad. Esa que te acompañó en tu soledad. Tu compañera. El Señor está atestiguando por tu compañera.
Siempre, hermano, en el tema del divorcio hay un asunto de egoísmo. Esa manifestación del egoísmo son aquellos que dicen: “Yo creo que yo merezco algo mejor. Yo creo que todavía tengo otras opciones mejores. Yo creo que todavía puedo ser atractivo para una mujer más joven”. Pero el Señor te está hablando: “Yo estoy atestiguando contra ti por la mujer de tu juventud y tu compañera. ¿Dónde está?”.
Ay, hermano, otra expresión cargada de significado: “la mujer de tu pacto”. ¿Dónde está? Para Dios este no es un tema emocional, no es lo que tú estás sintiendo, es un tema de pacto. Cuando la gente dice: “No, ya yo he soportado más que cualquiera”. Tú no has soportado más que Dios. “La mujer de tu pacto”, ¿dónde está? “No, ya yo agoté todas las posibilidades”. Yo siento que hay gente que viene conmigo a reuniones pastorales en crisis matrimoniales no buscando una salida, lo que están buscando es un endoso. Lo que ellos quieren es decir: “Ya hablé con el pastor, eso lo puedo poner en la lista de causas que hacen legítimo mi divorcio”.
He sentido eso: que gente viene a reuniones pastorales con un divorcio en la mano pre-tomado. Y vienen para decir: “No, ya yo agoté, yo fui donde el psicólogo, yo fui donde un hombre viejo, una mujer mayor, yo fui ya donde el pastor, ya yo fui. Agoté todas las posibilidades, ya mi divorcio está libre. Puedo comenzar otro proyecto”. ¿Y tu compañera y la mujer de tu pacto, dónde está? Y el Dios del pacto, que te está señalando la mujer de tu pacto, el Dios que no te abandonó a ti cuando tú fuiste desleal, es el que te está diciendo: “Tú estás siendo desleal; por eso yo soy el testigo contra ti”.
Ay, hermano, el versículo 15 dice:
¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios.
— Malaquías 2:15
Me faltarían horas para aplicar ese asunto, pero para Dios el vínculo matrimonial es un asunto concreto, no solo simbólico. Eso de que “se fundirán en un solo ser”, eso pasó de verdad. Por eso, hermano, es que, como pastor, a pesar de que hay hermanos que han tenido otras posiciones y ministros serios que afirman otras cosas, yo entiendo, hermano, a la luz de la Escritura y a la luz de todo el abanico bíblico, que lo único que anula un pacto matrimonial es la muerte. Eso es lo único.
Y les digo con limpia conciencia, aunque otros pastores hayan llegado a otras conclusiones leyendo las mismas Escrituras. A mí me parece que lo que es más consistente es que el pacto matrimonial solamente se anula con la muerte. Eso se fundió. Usted, el divorcio, lo puede separar y hay razones legítimas para divorciarse, pero usted se divorció y quedará vinculado para siempre con esa persona, quiera o no lo quiera. Hay gente que habla del divorcio en términos muy alegres: “Ah, yo me divorcié, estoy divorciado”, miren, eso no es así. Separar algo que Dios unió toma años, años, años. Las consecuencias de ese matrimonio le alcanzarán para siempre.
Por eso, a la luz de la Escritura, le diré que lo que yo veo ahí es que solo la muerte separa esa fundición que hace el Señor.
Resumiendo los principios de Malaquías hasta aquí: primero, la parte vulnerada siempre tendrá la mejor defensa del mundo, que es Dios, que está de su lado. Segundo, los hombres tenemos una especial responsabilidad en el problema, “la mujer de tu juventud”. Tercero, siempre hay un asunto de egoísmo: tu compañera, la que comenzó contigo, la que ha estado al lado tuyo en tus momentos más difíciles. Cuarto principio: para Dios esto no es un tema emocional de cómo tú te sientas, sino un asunto de pacto: la mujer de tu pacto.
Quinto: Dios se toma en serio fundirse en un solo ser; eso es algo concreto. Esa fundición es real. Sexto lugar, hermano, este es el asunto concluyente: lo que el Señor dice.
Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio.
— Malaquías 2:16
Mire, yo le puedo enseñar el divorcio más “bonito” del mundo, el más colorido, el divorcio más sano. La gente habla del divorcio en unos términos… Hay psicólogos, hay toda una serie de terapeutas que se encargan de hacer que algo que es vergonzoso parezca honroso y te dan miles de razones: “Fue un divorcio limpio, un divorcio bonito, un divorcio donde tienen buena relación entre ellos, los hijos fueron asesorados, los hijos se pusieron en manos de terapeutas, cada uno tuvo el suyo, la familia pudo entrar, ellos mismos se pusieron de acuerdo en el partimiento de los bienes, no hubo escándalo, no hubo violencia: un divorcio limpio”.
Bueno, traiga el divorcio más limpio del mundo, y yo le diré las mismas cosas:
Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio.
— Malaquías 2:16
“Pastor, mire, ahí no hubo nada; todo estuvo bien”. Eso estuvo bonito ante los hombres. Hermano, Dios aborrece el repudio.
“¿Y qué hacemos, dejamos que ese hombre mate a esa mujer?”. No dice la Escritura que hay razones legítimas para una separación, y una cláusula dice que hay razones en las cuales podría llevar que un cónyuge no esté atado a ese inconverso, a ese incircunciso, a ese abusador. Sin embargo, aun hay un divorcio, aun hay un alejamiento, aún hay algo, hermano; aún haya un asunto que sea todavía… eso sigue siendo un asunto que Dios lo aborrece, lo repudia.
Trate usted de ser la parte vulnerada, que no suceda que usted cree el caso, pero entienda que todavía el divorcio sigue siendo un asunto repulsivo para Dios. Este es el asunto central: hay dos maneras de ver el tema del divorcio. Usted lo puede ver desde la perspectiva de los sentimientos, cómo usted se siente, o lo puede ver desde la perspectiva de qué siente Dios al respecto. Y como usted comienza, así mismo termina. Si usted comienza por “cómo yo me siento”, si usted comienza por “qué mal estoy, qué triste estoy, qué deshonrado he sido”, usted siempre termina pensando que el divorcio es algo honroso. Si usted comienza partiendo del principio de que “Jehová Dios de Israel ha dicho que aborrece el repudio”, entonces usted termina en otra conclusión muy distinta.
Usted puede haber sido víctima de un divorcio; todavía eso sigue siendo un asunto vergonzoso delante de Dios. No hay divorcios bonitos. No hay divorcios rápidos. La gente quisiera que eso termine rápido, y ay cuántas personas yo he aconsejado que dicen: “Ya estamos divorciados”. No, espérate, a eso le faltan años, ese proceso; años, años, años. Cuando usted se muera, usted estará desligado de ese pacto matrimonial, completamente.
Guardaos en vuestro espíritu: llamado a la lealtad y oración final
Termino con lo siguiente, hermano, y doy en esto un poco de aliento. El séptimo principio para entender el tema del divorcio a la luz de las Escrituras está en el versículo 16 completo:
Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales.
— Malaquías 2:16
Esta última parte del versículo, hermano, es el principio número siete: “Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales”. Para mantener el pacto matrimonial hace falta mucho más que estar presente; hay que guardarse. No basta con estar ahí; usted tiene que guardar su corazón, guardar su vida, guardar su matrimonio. Guárdese. Es un asunto en activo. Guardarse es algo que se está buscando constantemente. No asumamos que por el hecho de dormir en la misma casa vamos a tener una dinámica familiar vibrante. Hay que guardarse para el Señor. Guarde primero su espíritu, y su matrimonio caminará bien. Es el séptimo principio, hermano: hace falta algo más que estar presente, hay que guardarse para el Señor.
Quiero llamar a los matrimonios aquí presentes, y este será su motivo de oración de esta semana, a que nos guardemos para el Señor en nuestro espíritu, hermano, que nos fortalezcamos especialmente. Esta secuencia de enseñanza sobre Malaquías apunta a este asunto. A menos que ustedes se llenen de la palabra del Señor, a menos que ustedes aparten el pecado, a menos que usted saque la sociedad de su mente y la llene de la palabra del Señor, que eso esté en su boca, que usted viva a la luz de ella, que usted celebre el pacto con el Señor, que usted se impresione del pacto que el Señor tiene con su pueblo, usted no podrá guardarse.
¿Cómo usted se guarda? Llenándose de su palabra, celebrando el pacto. Mientras más usted mire la fidelidad de Dios, más pasión tendrá por su propia fidelidad. Oro por la iglesia local, que el Señor permita que seamos una iglesia que se pone del lado de aquel de quien Dios se pone del lado. Que busquemos las víctimas, hermanos, las víctimas del divorcio, que las busquemos como iglesia y que las abracemos. Y al mismo tiempo, que nos guardemos, para que no nos alcance a nosotros.
Que el Señor nos permita honrar nuestros compromisos generales. Que el Señor nos permita honrar ese compromiso de fidelidad, uniéndonos dentro del pueblo del Señor. Y que el Señor nos permita guardarnos en el pacto matrimonial. Que el Señor ponga mayor gracia en aquellos que, por desconocimiento, se han recasado y ya tienen un nuevo pacto. Que el Señor les dé mayor gracia. Que el Señor les dé mayor gracia a aquellos que han sido vejados por cónyuges infieles y desleales. Y que el Señor también les dé mayor gracia a aquellos que, con ignorancia, con entendimiento, han ellos mismos dañado a la mujer de su juventud y también a sus hijos. Que el Señor ponga mayor gracia y que traiga misericordia.
El divorcio no es un pecado imperdonable, hermano. En Cristo también hay mayor gracia para este tipo de casos. Que el Señor llene nuestra iglesia de gracia para que un tema espinoso como este podamos tratarlo con libertad.
Bendice, Señor, este pueblo con una pasión renovada por la lealtad. Llénanos de tu Espíritu, de tu conocimiento, de tu sabiduría, Señor, y que esto se manifieste en decir que sí, y decir que sí, y decir que no, y decir que no. Que nuestro sí sea sí, nuestro no sea no. Llena, Señor, a los hombres de esta iglesia de una pasión renovada por sus cónyuges, creyentes o inconversos, que tengan una pasión renovada, Señor, por la mujer de su juventud.
Ay, Señor, llena a las mujeres de esta iglesia, casadas con cónyuges creyentes o inconversos, de una pasión renovada de honrar ellas también el pacto. Mantén tus ojos cerrados, hermano. Intercedamos por los solteros de nuestra iglesia. Mira, Señor, aquellos que aún no se han casado, los que han enviudado y podrían casarse nuevamente. Cuídales, Señor. Que si acaso es tu voluntad que permanezcan solteros, Señor, que encuentren deleite en la soltería y que vean los beneficios que hay en la soltería para glorificarte a ti, como dice tu palabra, Señor, que el soltero está totalmente disponible para servirte a ti.
Cuida a los jovencitos, adolescentes de nuestra iglesia, Señor, de tener que atarse a la pesada carga de un hombre muerto o una mujer muerta en sus delitos y pecados y que está en degeneración. Dale la bendición de casarse, Señor, con mujeres y hombres creyentes que amen a su Dios. Ay, Señor, dales el deleite de encontrar pretendientes que celebren en ellos las mejores cosas, que se deleiten en su benevolencia, en la gracia que tú has puesto, en su relación contigo.
Cuida nuestros compromisos también más sencillos. Ay, Padre, elevo un clamor especial por aquellos que han sufrido y siguen sufriendo por las decisiones de otros. Mira aquellos hijos que fueron maltratados por padres, Señor, que deshonraron a sus madres. Mira, Señor, las mujeres que están hoy solas porque encontraron cónyuges desleales. Mira los hombres, Señor, a los cuales también les tocaron mujeres que faltaron al pacto. Llénales de mayor gracia. Ay, Señor, permite que en ellos primen las convicciones sobre las emociones; que comiencen, no preguntándose cómo se sienten, Señor, sino cómo te sientes tú, y que al ver tu perspectiva cierren filas, Señor, con tu palabra.
Utiliza esta iglesia, Señor, como un refugio en esta ciudad para aquellos que han sido víctimas del divorcio, padres e hijos, Señor, que han sido dañados por cónyuges desleales. Que este sea un lugar donde encuentren, Señor, un entorno seguro y acogedor, donde haya gente que cierre filas contigo, siendo testigo a favor de ellos. Llena esta iglesia, Señor, de un amor especial hacia los divorciados, de una sabiduría especial para cada caso.
Ay, Padre, tú has visto que con sinceridad he abierto mi corazón delante de mis hermanos y les he explicado, con sinceridad, Señor, el entendimiento que con diligencia he tenido acerca de tus Escrituras. Mira aquellos que han recibido otros consejos; que prevalezcas tú, Señor. Sea Dios veraz y todo hombre mentiroso.
Gracias, tú, por tu palabra, Señor. Gracias por el acompañamiento de tu Santo Espíritu en la exposición. Gracias por este día en tu presencia. Nos despedimos, Señor, en alabanza, en el nombre de Jesús.
Amén. Cantemos al Señor, hermanos queridos.