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Bernabe las actitudes de un lider discreto

Hechos 11:19-26

A través del ejemplo de Bernabé, este sermón llama a la iglesia a cultivar actitudes de liderazgo discreto que integran a otros, celebran la gracia de Dios, conectan oportunidades con recursos y producen gran fruto por medio de colaboradores.

Predicado23 de julio de 2017
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Pueden buscar sus Biblias, amados hermanos, en el libro de los Hechos. Y continuemos allí esta serie de exposiciones que hemos tenido en nuestra iglesia local acerca de la necesidad del liderazgo. Nos movemos hoy hasta el libro de los Hechos. Vayamos juntos hasta Hechos, capítulo 9. Pueden buscar la Escritura en el libro de los Hechos en el capítulo 9 y ponerse por un momento sobre sus pies para que leamos esta primera porción de la Palabra. Estaremos viendo hoy la vida de un instrumento utilizado por el Señor con mucho fruto en la iglesia primitiva, y que frecuentemente pasa desapercibido en la iglesia contemporánea. Estaremos viendo a Bernabé y las actitudes de un líder discreto. Dice así la Palabra del Señor en el libro de los Hechos en el capítulo 9.

Estaremos viendo desde el versículo 26 hasta el 27. Está hablando acerca de la conversión de Saulo y después del encuentro entre Saulo y Bernabé, dice así la Escritura:

Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuere discípulo. Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús.

— Hechos 9:26-27

Leo también el 28: “Y estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía”. Puede sentarse, hermanos amados. Dice nuestra introducción que la literatura sobre liderazgo…

Liderazgo cristiano y la misión de hacer discípulos

Y esto, tristemente, aún en la literatura cristiana sobre el liderazgo, abundan los ejemplos carnales. Son personalidades dominantes que, en medio de mucho reconocimiento público, asumen tareas monumentales con el fin de forjar su propia historia. Las palabras de estos líderes son citadas, sus ejemplos se convierten en modelos y son un fuerte referente para todo el que quiere aprender sobre liderazgo. Hay otros que lideran en formas más discretas, pero esos otros no salen en aquellos libros. Bernabé pertenece a este segundo grupo; con relativa discreción participó en los momentos más importantes de la iglesia primitiva, y sus iniciativas fueron trascendentales para el avance de la causa de Cristo en el mundo antiguo.

Hoy veremos cuatro de sus actitudes como líder, un buen ejemplo para los obreros cristianos. Veremos, tomando en cuenta el ejemplo de Bernabé, en primer lugar, que Bernabé tomó la iniciativa para integrar a otros. Veremos, en segundo lugar, que Bernabé veía y celebraba la gracia de Dios allí donde otros solamente veían problemas. En tercer lugar veremos que tenía buen ojo para identificar y unir las oportunidades con los recursos, y terminaremos viendo que Bernabé tuvo su mayor fruto principalmente a través de sus colaboradores.

Tengo ya, amados, tres sermones visitando el mismo tema del liderazgo. Yo sé que muchos de ustedes desearían que yo vuelva a exponer como he hecho siempre, y durante años, en mi iglesia: solamente Escritura, versículo a versículo, de libros de la Escritura completos; ese es mi deleite. Sin embargo, cada cierto tiempo, amados, como iglesia tenemos que visitar un gran tema a la luz de la Palabra del Señor. Lo ilustro de la manera siguiente: si esto fuera un equipo de béisbol, si esto fuera una liga, aunque fuera una liga infantil, podríamos dedicar horas a hablar de la historia del béisbol.

Podríamos dedicar horas a hablar de los fundamentos del béisbol, pero tarde o temprano, si usted está en esta liga, va a tener que darle dos vueltas al play. Jugar béisbol no es opcional, hermanos queridos. La tarea que nosotros tenemos por delante es la tarea de hacer discípulos para Cristo. Y como iglesia, a mí me gustaría recordarles que esto no es un aerópago, que aquí no venimos solamente a conocer la Escritura con el fin de meditar la Escritura. Nosotros venimos a crecer en el Señor con la intención de llegar a ser maestros y formar discípulos. La gran comisión dice: “Vayan por el mundo y hagan discípulos”.

Y cuando repaso lo que se ha estado enseñando en esta iglesia en los últimos cinco años, yo calculo que tenemos más de ciento cincuenta horas de enseñanza de la Palabra del Señor, pero no hemos recalcado tanto la necesidad de que estamos preparándonos en la Palabra del Señor con la intención de ser útiles para el Señor en la misión de formar discípulos para Cristo. No quisiera, amados, que como iglesia invirtamos toda la vida de nuestra iglesia solamente en profundizar, sin salir a hacer discípulos.

Me interesa seguir predicando respecto a estas cosas, hermano, porque quiero mover la iglesia. Quiero que la iglesia interiorice estas actitudes que son necesarias en el liderazgo para poder seguir haciendo discípulos. Yo siento, hermano, que no es que me sienta mal por haber mostrado el fondo; tenemos que ver el fondo, pero también tenemos que ver la forma. Tenemos que ver la Escritura, pero tenemos también, amados, que hacer lo que dice la Escritura. Me gustaría comenzar a mover la iglesia respecto de la necesidad de crecer con las habilidades necesarias para ser útiles al Señor en el movimiento de su causa.

Yo estoy convencido de que el Señor está haciendo algo en la historia, yo lo veo en su Palabra, hermano. Yo veo que el Señor se ha manifestado en la historia y está haciendo algo en la historia. Me gustaría que mi iglesia participe de esto que el Señor está haciendo en medio de nosotros. Estaré mostrando hoy un instrumento que el Señor utilizó para mover su causa, es Bernabé. Y quisiera que la iglesia interiorizara todas estas actitudes, como si esas actitudes ya fueran suyas.

Recuerdo un profesor de física que era muy buen profesor de física que tuve en secundaria. Él estuvo hablando de la palanca, hermano, durante clases: la palanca, la palanca. Un día llevó un palo y una piedra, y el día que él llevó el palo y la piedra yo entendí lo que era una palanca. Yo quiero decirles, hermanos, que hoy he venido a mostrarles la palanca; a decirles que si usted ha estado creciendo en el Señor, ha estado creciendo en la gracia, en el conocimiento del Señor, ha sido con un propósito específico. El propósito específico es que sea útil al Señor en la causa que el Señor ha estado impulsando en medio de nosotros.

Primera actitud: Bernabé integra a los que están al margen

Parto del ejemplo de Bernabé y estaré mostrando desde el libro de los Hechos cuáles fueron las actitudes que se manifestaron en él y que nosotros, como iglesia, podemos replicar. La primera actitud que quiero mostrarle es que Bernabé tomó la iniciativa de integrar a otros al pueblo del Señor. Saulo había estado persiguiendo la iglesia. El Señor había hecho una obra en Saulo, pero la iglesia todavía no entendía esta obra que el Señor había hecho en Saulo. Como un gran riesgo, Saulo regresó al lugar del cual había partido. Saulo, quizás tres años antes, había consentido el apedreamiento de Esteban en Jerusalén. Tiempo pasó, Saulo se encontró con el Señor en el camino de Damasco y ahora regresa al lugar del cual salió, y cuando regresa a Jerusalén sucede lo que es esperable que suceda: que la iglesia no quería encontrarse con Saulo.

Dice el versículo 26: “Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuera discípulo”. Y aquí comienza el Señor a utilizar ese instrumento que es el instrumento de Bernabé. ¿De qué manera vemos una actitud de liderazgo en Bernabé? Bernabé tomó la iniciativa de integrar a otros cuando otros tenían los ojos cerrados. Yo quiero mostrarle a mi iglesia que necesitamos que se manifieste entre nosotros liderazgo, haciendo que aquellos que están al margen entonces comiencen a estar dentro. ¿Para qué sirve el liderazgo en una iglesia, amados? El liderazgo en una iglesia sirve para acercar a aquellos que se han quedado afuera.

Yo creo que todos ustedes pueden testificar que, si acaso son miembros de una iglesia local, son miembros de la iglesia local porque alguien en esa iglesia local tomó el tiempo de integrarlos. Quedarse al margen de la iglesia es lo que más frecuentemente sucede. Saulo se había quedado al margen de la iglesia. Bernabé es un gran líder, es un líder que estuvo dispuesto a correr riesgos, y para eso existen los líderes. Hermano, si la iglesia no tuviera líderes, lo que sucedería es que las personas siempre estuvieran en la puerta, pero nunca dejarían de entrar. Y yo he tenido el temor de que en nuestra iglesia hemos estado pecando de ese mal. Cada cierto tiempo, una gran multitud de personas viene a nuestra iglesia local, pero el rendimiento que hay después de esto es mínimo, las personas vienen y se quedan en la puerta.

Podemos invitar a los eventos, podemos predicar la Palabra del Señor, ellos vienen y se congregan con nosotros, pero después, ¿qué va a suceder? Que a menos que alguien salga a traerles, a menos que alguien salga a buscar a la persona, siempre se quedarán al margen. Como iglesia local yo quisiera transmitirles esta actitud de Bernabé, y es que Bernabé agarró por la mano a alguien que se había quedado al margen. Habían dos cosas que necesitaban ser contadas, y son las cosas que a mí me gustaría que mi iglesia comience a indagar y a buscar entre las personas que se están manifestando.

Dice la Escritura en el versículo 27: “Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles; y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús”. Yo conozco mi iglesia, hermano. Nosotros podemos ser una iglesia hasta cierto punto acogedora, pero no somos la iglesia más relacionada.

De hecho, estos temas siempre se sienten como que son un balde de agua fría, como que la gente quiere venir y estar aquí sentada y que nos den las cosas, pero esto de comprometernos a ir más allá de nuestro círculo estrictamente íntimo, como que eso no es lo nuestro. Esta es una iglesia de gente muy trabajadora, de gente muy esforzada, pero esto de salir a buscar al que se quedó afuera, como que no va con nosotros. Amados, yo quisiera que, a partir de hoy, a la luz del ejemplo de Bernabé, esto cambie en nuestra iglesia local.

Queremos ser una iglesia que sea más palpable, una iglesia que salga a buscar aquel que nadie está buscando integrar, y para eso hace falta crecer en el liderazgo. Las actitudes que hace falta que se manifiesten para que nos parezcamos a Bernabé en este sentido, hermano, de pasar de un modo de conservación a un modo de alcance, es no elegir siempre la misma gente, es estar abierto a nuevos recursos. Bueno, el instrumento que el Señor había estado desarrollando se llamaba Saulo. Y era un instrumento que el Señor había estado desarrollando en la historia a fuego lento durante años, pero nadie en la iglesia local había visto a Saulo. Pero todo el mundo había visto a Pedro.

¿Cuál es el problema en la iglesia, hermano? Que siempre nos quedamos fijos mirando los mismos instrumentos que el Señor ha venido utilizando, y si usted le pregunta a una persona qué instrumento hace falta, todo el mundo va a señalar a Pedro.

El fruto de integrar a otros y transición a Antioquía

Bernabé salió a buscar a Saulo. Hermano, te lo digo de nuevo, te lo digo otra vez: necesitamos que nuestros líderes aprendan a tomar la iniciativa de integrar a otros, que la gente no se quede al margen. ¿Cuál fue el fruto de todo esto, hermano? En corto tiempo la iglesia de Jerusalén estaría siendo bendecida por los dones de Pablo. Dice asimismo el versículo 29: “Y hablaba denodadamente en el nombre de Jesús, y disputaba con los griegos; mas éstos procuraban matarle”. Lo que sucedió es que, en corto tiempo, Pablo comenzó a ser fructífero para la iglesia de Jerusalén.

Hermanos queridos, yo estoy seguro que hay mucha gente que está cerca de nuestra iglesia, pero hace falta que se levante la iniciativa de liderazgo de tomar a alguien por los brazos e integrarle. Se levanta una persona que rompa un poco el hielo, que toque esa puerta, que le tome y que lo traiga a la iglesia local. Estoy seguro que hay dones que el Señor quiere atraer a nuestra iglesia; hace falta líderes para salir a buscar esos dones. Quiero mostrarles así toda la historia de Bernabé, hermano, porque es relativamente corta, pero siempre fructífera. La primera actitud de liderazgo es esa: él tomó la iniciativa de integrar a alguien que se había quedado al margen.

Me muevo dos capítulos rápidamente, llego hasta el capítulo 11. Veamos ahora otra actitud en Bernabé. La primera: integró a otros. ¿Cuál es la segunda? Bernabé veía y celebraba la gracia de Dios allí donde otros solamente veían problemas y dificultades. De poco sucedió esto: el Señor hizo una gran obra que nadie pudo haber pronosticado en la iglesia primitiva. La gran obra que el Señor hizo es que utilizó gentiles para comenzar una iglesia.

Dice el capítulo 11 desde el versículo 19 hasta el versículo 24:

Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino sólo a los judíos. Pero había entre ellos unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús. Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor. Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé que fuese hasta Antioquía. Este, cuando llegó y vio la gracia de Dios, se regocijó, y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor. Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor.

— Hechos 11:19-24

Segunda actitud: ver y celebrar la gracia de Dios

¿Cuál fue la gran obra que el Señor hizo en este momento? La gran obra que el Señor hizo en este momento es que comenzó una iglesia de gentiles por la predicación de gentiles. Lo que había sucedido desde otro momento es que la iglesia había estado recluida casi exclusivamente al pueblo judío, y los apóstoles, todos judíos, habían comenzado iglesias entre los judíos, y aquellos que habían estado con los apóstoles también comenzaban iglesias en otra parte con judíos. Aparecieron unos hombres gentiles que comenzaron a predicar entre los gentiles y el Señor hizo una obra.

Hermano, todo esto en la iglesia primitiva olía a problema. De hecho, Pedro, que era el principal líder entre ellos, fue cuestionado por las autoridades de Jerusalén porque había estado compartiendo con gentiles. Ahora aparece una iglesia que no solamente con gentiles se convierte, sino que gentiles dan testimonio a gentiles y entre ellos surge una iglesia. Hago aquí una nota que ustedes deben tener en su mente: esta iglesia nació fruto de la persecución de Saulo. Como Saulo había estado persiguiendo la iglesia, entonces nació una iglesia en Antioquía. Esto era algo novedoso, esto era algo que había tomado a la iglesia desprevenida, esto era algo que no se había planificado, y han mandado a Bernabé, con mucha probabilidad, a que “resuelva el problema” de Antioquía.

Bernabé ve, y que no venga a suceder la controversia que sucedió cuando Pedro fue a la casa de Cornelio. Que no tenga que suceder de aquí una tensión. Yo me gozo, hermano, primero en lo que Bernabé hizo; me gozo también en la razón por la cual lo hizo y me gozo en el fruto de que Bernabé lo hubiese hecho. Son expresiones estas de la gracia del Señor que nosotros no podemos planificar, pero que nosotros tenemos que tener el ojo abierto para cuando sucedan.

Yo tengo el convencimiento de que el Señor no tiene que pedirnos permiso a ninguno de nosotros para hacer sus grandes obras. Yo tengo el firme convencimiento desde la Escritura de que mi Dios es soberano y Él manifiesta la gracia donde Él quiere, como Él quiere. Si la iglesia del Señor, hermano, fuera un asunto de planificación solamente, donde nos sentáramos con una planilla de Excel y nosotros decimos: “Hoy vamos a sembrar por aquí, mañana la iglesia surgirá por allá”, esto no fuera la iglesia del Señor. La iglesia del Señor, hermano, tiene que mantenerse reaccionando a estas cosas, y es que en diferentes lugares suceden brotes de la multiforme gracia de Dios.

Y cuando eso sucede entre nosotros, tenemos que tener la disposición de reconocerlos. Yo no sé por dónde, amados, el Señor va a mandar el fruto para nuestra iglesia local, pero por donde el Señor lo mande, nosotros como iglesia tenemos que estar dispuestos a recogerlo. ¿Qué hizo Bernabé, hermano? Hubo una manifestación de la gracia del Señor, de que estos gentiles predicaron y tuvieron fruto, y cuando él llegó, él no llegó con una actitud de reprensión, hermano. Miren cómo llegó Bernabé. Dice el versículo 23: “Este, o sea, Bernabé, cuando llegó y vio la gracia de Dios…” Él no vio aquí un grupo de gentiles indoctos, gente que estaban al margen de Israel y que no tienen la experiencia necesaria, que han estado predicando sin respeto, sino que este hombre piadoso lo que vio fue la gracia de Dios.

Y cuando Bernabé vio la gracia de Dios, se regocijó, hermano. Y exhortó a todos que, con propósito de corazón, permanecieran fieles al Señor. Y esto lo hizo porque era un varón bueno y lleno del Espíritu Santo y de fe, y una gran multitud fue agregada al Señor. Hermano, uno va caminando y se sorprende con la gracia del Señor. Yo quisiera que la iglesia tenga gente que crezca en esta actitud de liderazgo, y es ver y celebrar la gracia del Señor.

¿De qué manera se expresa la gracia del Señor que nosotros no la estamos esperando? Es que tú tienes una conversación con una persona donde vas a dar un consejo, y es una persona que todo lo que encuentras es turbación. Tú comienzas a ver que hay manifestaciones de la multiforme gracia de Dios, y sabe lo que pasa en tu corazón, que tú te emocionas. Donde otros solamente ven un hombre, una mujer confundida, tú comienzas a ver un brote de la gracia del Señor y te entusiasmas.

Ay, hermano, yo quisiera que como iglesia nosotros cultivemos una actitud de entusiasmo ante las cosas que el Señor por su gracia ha estado haciendo alrededor de nosotros. Me gustaría que nos levantáramos como iglesia a tener los ojos abiertos y que caminemos por la calle esperando que el Señor hoy puede sorprendernos, y dondequiera que tú veas un brote de la gracia del Señor, tú celebres la gracia. Lo que Bernabé vio allí no eran simplemente gentiles haciendo culto. Miren, esa gente de Judea, esa gente que estaba en Jerusalén, eran lo ultra conservador del judeocristianismo.

Del judaísmo, después salían en los tiempos de los Gálatas a decirle a la iglesia que había que volver a la senda de los judíos. Esas personas tenían recelo de que los gentiles por sus propios medios podían ser iglesia y hasta podían dar testimonio. Pero cuando Bernabé lo ve, lo celebra.

Gracia en medio de problemas y testimonio de crecimiento

Ay, hermano, ¿cómo es que nosotros vemos frecuentemente la manifestación de la gracia del Señor? Son personas que están siendo atraídas por Dios por medio de pérdidas. Frecuentemente tú encuentras a una persona que ha perdido el trabajo, que ha perdido un familiar, que ha perdido el entusiasmo, y lo que tú estás mirando, cuando tú lo miras con la perspectiva de Bernabé, es una persona a la que el Señor en este momento le está quitando algo para darle algo todavía más grande, pero tienes que tener una actitud de celebración.

Iglesia, yo quisiera que nosotros nos moviéramos con los ojos abiertos de que nuestro Dios está haciendo cosas en medio de nosotros, y a menos que tengas esta actitud de entusiasmo que tenía Bernabé, tú siempre vas a ver problemas y dificultades: “Ahí viene otro con más problemas, ahí viene otro con más dificultades”. Una persona que se parece a Bernabé en este sentido está viendo las oportunidades que el Señor está creando en diferentes lugares sin pedirnos permiso.

Iglesia, nosotros no tenemos que darle permiso a nuestro Dios para que nuestro Dios manifieste su gracia. Podemos ir a donde el Señor manifestó su gracia, ver la gracia del Señor y regocijarnos con una actitud de entusiasmo. Ay, qué hermoso sería que en nuestra iglesia esta actitud de entusiasmo ante el avance de la obra del Señor fuera parte como de nuestro ADN. Que tengamos esta actitud de decir: “Guau, mira lo que Dios ha hecho, mira lo que Dios está haciendo”. Que camináramos, amados, con esta actitud de sorprendernos ante lo que el Señor hace en nuestra marcha.

¿Cuáles son las manifestaciones de la gracia del Señor, hermanos? El crecimiento de una iglesia local, miren, eso hay que verlo. Yo vi, hermano, la iglesia local donde yo crecí; yo vi un momento donde el Señor la multiplicó. Y eso había que verlo. Bueno, iglesia Bruselas no fue una iglesia relativamente grande, era una iglesia quizás de ciento cincuenta, doscientos miembros, pero en un momento, hermano, el Señor abrió las ventanas de los cielos a favor de esa iglesia local, y el crecimiento que hubo en esa iglesia, hermano, es un asunto que para mí fue memorable.

Yo todavía recuerdo a mi hermana Maribel Félix, a mi hermano Darío Perdomo, a José Parra y a dos más haciendo un bautismo multitudinario, como para unas setenta personas en fila. Bueno, los primeros talleres de membresía que yo organicé era organizar talleres de membresía para dar talleres para setenta personas al mismo tiempo. ¿Y sabe lo que pasó? Se produjo una tristeza en la iglesia local. Y tú veías a los hermanos diciendo: “No llego ahora a la iglesia, no encuentro dónde sentarme, porque estos nuevos creyentes no saben que yo tengo en esta iglesia quince años, y ahí es que yo me he sentado. Y esa gente que no sabe comportarse en el culto, y que viene a la iglesia, no sabe que estamos en la casa del Señor”.

Hermano, tú tienes dos actitudes: o desarrollas una actitud de reproche, una actitud de cuestionamiento, o tú dices: “Aquí ha sucedido algo que ni tú ni yo pudimos haber hecho, y es que el Señor ha alcanzado a esas personas para salvación, y durante un tiempo la iglesia estará relativamente incómoda, hermano, pero la iglesia no debe estar triste, sino que debe estar expectante y gozosa de celebrar la gran obra que el Señor ha hecho en su iglesia”. La actitud de Bernabé que yo quisiera replicar en mi iglesia local es esa actitud de que, cuando el Señor quiera que crezca, que creció, y salimos a regocijarnos, a gozarnos, queremos verlo, queremos regocijarnos.

Y cuando lo veamos, amados, vamos a exhortar. Lo primero que él hizo fue que se regocijó. Hay personas que han desarrollado cierta ceguera a la obra de Dios, y cuando el Señor está haciendo sus obras más preciosas, hay gente que no está mirando. Hay gente que en la obra del Señor siempre está mirando problemas, siempre está mirando dificultades, y hay otros que en la cosa más pequeña están mirando la poderosa mano de Dios.

Yo quisiera que mi iglesia crezca en esta actitud de Bernabé, hermano, de que cuando tú vayas y veas, tú te entusiasmes, tú te regocijes. Dice que cuando llegó allá, estoy en el 23, “este, cuando llegó y vio la gracia de Dios…” Hermano, a veces la gracia del Señor se ve en un aparente problema, que la iglesia está preocupada porque… No, no, ¿qué preocupación, si es el Señor que lo está haciendo?

Yo he visto iglesias nacer en lugares donde nadie estaba esperando que nazca una iglesia. Lugares que estaban como cerrados, alguien va y da testimonio, y ahí se reúne un grupo de personas y comienza a pedir obreros. Y hay alguien que va a decir: “Pero ya ese asunto sin planificación, así no debe comenzar una iglesia; eso es un desorden, lo primero es que no tienen obreros, una iglesia sin pastor”. Hermano, el Señor manifestó su gracia, el Señor mostró su gloria. Celebremos lo que está haciendo.

Lo que hizo Bernabé fue que cuando él llegó, él vio. Observación, hermano, eso es lo que llamo: él vio. Llegó y vio. No quiero ser puntilloso en eso, hermano, pero óigalo: él llegó y vio.

Tener ojos abiertos a la obra de Dios

Hermano, ¿usted no sabe lo que pasa por un hermano mío que no ve la manifestación de la obra del Señor? Y yo tengo, por semana, hermano, yo veo hasta diez maneras en que el Señor se está moviendo. Yo encuentro a alguien que estaba relativamente pasivo en las cosas del Señor, que ahora ha manifestado cierto interés en servir al Señor en un ministerio, y la gente ve eso y dice: “No, son inconstantes”. Pues yo estoy mirando, amados, que el Señor lo está despertando.

Tú hablas con una persona y te das cuenta que en esa persona hay dones preciosos que podrían ser muy valiosos para el crecimiento de la iglesia, que hasta ese momento habían permanecido relativamente ocultos. Cuando tú abres los ojos, hermano, a que el Señor ha estado prodigando su gracia, tú caminas con una actitud de sorprendente, tú vas encontrando provisión, vas encontrando recursos. Hay veces que tú ves que en un grupo de creyentes se manifiesta una actitud idónea o que es conducente a que el Señor haga algo en medio de su pueblo, y todo eso, hermano, tú lo ves, tú ves la actitud, y quizás ahí el Señor está levantando un ministro, quizá ahí el Señor está levantando una pasión hacia el ministerio, quizá ahí el Señor está levantando un precioso instrumento.

Como iglesia tenemos que tener los ojos abiertos a que la multiforme gracia del Señor se está prodigando en medio de nosotros. Hoy, por segunda vez en mi sermón, he tenido que apelar a mi pastor Parra, hermano. Es que para mí fue memorable. Por el lado suyo yo celebro eso, mi pastor Parra, que caminaba con los ojos abiertos. Yo acompañé a mi pastor a varias visitas pastorales. Parra era un pastor que hacía rondas: el hermano prendía su carrito, iba de casa en casa visitando los hermanos, aún los muy ancianos, y cuando él salía, hermano, él siempre veía lo que yo no veía.

Él veía a un familiar que, cuando él leyó la Escritura, el familiar inclinó la cabeza, y él vivía tomando anotaciones. Decía: “Junior, cuando fuimos a la casa de fulano, yo vi ahí que alguien como que se inclinó”. Para él una leve inclinación del rostro, hermano, él estaba extendiendo lecturas espirituales.

Si a mí me permitía relatar qué sucedió, yo fui a la casa con él. ¿Recuerdan el método de Parra, ese pastor? ¿Qué es lo que usted hace? Usted les lee un salmo, uno va y siempre pide agua; si te brindan un jugo, tú te lo bebes, y si te ofrecen elegir, tú siempre pides café. Y yo iba con Parra y me bebía el café, leía el salmo, y él veía, hermano. Él veía familiares que se inclinaban, él se daba cuenta de cuando una persona tomaba la iniciativa, o la tomaba él. Tenía los ojos abiertos espiritualmente.

Hermanos e iglesia, yo estoy seguro que mi Dios está haciendo cosas en medio de nosotros que muy probablemente nosotros no tenemos los ojos abiertos para poder discernir lo que el Señor está haciendo. Perdóname un momento de “locura”, como decía el apóstol Pablo, pero comparto un poco mi testimonio. La primera vez que yo pensé que yo podía ser un ministro del Señor y entrar al ministerio pastoral, yo era muy joven. Y estaba en una reunión de estudio bíblico, el pastor Parra me pidió que dirigiera un estudio bíblico. Y en medio del estudio bíblico, una hermana de la iglesia, que era sumamente controversial, yo estoy enseñando el estudio bíblico y la hermana me reprendió.

No recuerdo del todo qué fue lo que sucedió, pero yo recuerdo que tras leer la Escritura quizá lo hice con un poco de altivez o quizá no tuve la gracia necesaria, pero esa hermana primero dijo que eso no era así, y después dijo: “Cae mal un muchacho patada enseñando la Escritura de esa manera”. Y ¿sabe qué pasó, hermano? Que cuando la hermana me reprendió en medio del estudio bíblico, mi pastor estaba allí, y yo lo que hice fue preocuparme mucho por la hermana. Y no me importó tanto si estábamos de acuerdo o no en lo que yo había enseñado, sino que primero me disculpé con ella y después del estudio bíblico me acerqué a la hermana nuevamente y traté de animarla.

Y Parra me vio desde lejos, y sabe lo que me dijo: “Junior, así mismo, síguelo haciendo”. Me dijo: “Eso es lo que hace un pastor”. Gloria al Señor por pastores como Parra que tenían los ojos abiertos ante lo que el Señor estaba haciendo en medio de ellos, y pudo reconocer una vocación y un don que el Señor había puesto. A partir de ese momento comenzó él a darme libros, comenzó a darme instrucción hasta que me matriculó en un seminario, pero él identificó en una pequeña reunión lo que quizá nadie más vio.

Regocijo y exhortación como formas de liderazgo

Un hermano que no ha crecido en liderazgo como estaba Bernabé es un hermano que ante eso “vio un problema”: en el estudio bíblico hubo un problema, Junior estaba predicando y un hermano se levantó, dijo tal cosa… Parra, obrando, vio un problema, hermano. Él vio una preciosa oportunidad. Él se dio cuenta que el Señor estaba levantando dones, que el Señor estaba levantando gracia. Él vio manifestaciones y comenzó a celebrarlas.

Ay, hermano, la actitud que te quiero replicar es la actitud que hubo en Bernabé: que Bernabé vio lo que los otros no estaban mirando. Primera observación: él llegó y vio. Después, hermano, dice que él se regocijó. El regocijo es la alegría manifiesta. Yo no conozco un líder, hermano, que no tenga esa capacidad, y es la capacidad de regocijarse. Un regocijo, hermano, es algo que sale, como que se te mueve, que tú ves algo y tú dices: “Guau, el Señor lo hizo”.

Quiero interiorizar esta actitud en mi iglesia local, hermano, una actitud necesaria en el liderazgo, una actitud necesaria en los obreros del Señor, una actitud de regocijo ante la obra de su Señor. Mira, la obra del Señor es algo tan delicado que nosotros no podemos producirla por nuestros propios medios; cuando eso sucede, hermano, eso es algo tan extraordinario que tú dices: “El Espíritu Santo es el que se mueve como el viento. Yo no lo puedo ver, pero ha hecho aquí una manifestación, ha hecho aquí una expresión”, y uno tiene que decir: “Guau, gracias, Señor”.

Lo tercero que él hizo, dice que los exhortó. La traducción de la Biblia de las Américas y también de la NVI traduce ahí “los animó”. Es lo mismo. Dar ánimo, dar exhortación, es buscar a una persona que ya está haciendo algo bien y decirle: “Síguelo haciendo”. Dice que los animó, los estimuló a que sigan en la misma dirección, y lo que les dijo fue que tuvieran el propósito de permanecer fieles al Señor.

Dice el versículo 23, al final: “Se regocijó y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor”. Bernabé está reconociendo que esa iglesia es una iglesia de gente fiel y la está estimulando a que permanezcan fieles al Señor. Usted ha visto a otra persona que ante algo nuevo nunca ve nada bueno. Si la obra nueva no puede ser fiel como el paradigma, si es nuevo no puede ser fiel, “se están acabando de llegar, no pueden tener nada”. Hermano, Bernabé está celebrando algo que ya tenían, y es que estos hermanos estaban fieles en el Señor. Él dijo: “Guau, yo vine, los vi, me regocijé y celebro que están fieles en el Señor”.

¿Cómo nos podemos aplicar esto? ¿Cómo podemos vivir esto, en la realidad de materiales, hermanos? Hay gente que está haciendo algo, y lo está haciendo bien. Hace falta que algún líder lo note. Hay gente que está haciendo algo con la actitud correcta, hace falta que alguien venga y le anime, le exhorte y le diga: “Ey, así mismo lo estás haciendo bien, sigue avanzando en esa misma dirección, y ten el propósito en tu corazón de permanecer haciendo eso mismo que estás haciendo para el Señor”. Confírmele a alguien que está en el camino correcto, que está haciendo las cosas bien, exprésele a alguien expectativas positivas sobre él: permanencia y mucho fruto.

Miren, las expectativas que uno tiene sobre la gente son importantes. Qué triste es una iglesia donde sobre sus discípulos nadie tiene una expectativa favorable. Ayuda mucho en la vida cristiana, hermano, el saber que alguien te está mirando. Siempre tendré agradecimiento en mi corazón hacia mi hermano Nahum, porque mi hermano Nahum, cuando yo comencé a caminar en el Señor, él me miraba. Siempre reconoceré a mi hermano Daniel, porque mi hermano Daniel me miraba desde lejos. Eran jóvenes mayores que yo que en un momento comenzaron en la iglesia local un movimiento que se llamaba “el hermano mayor”, y te asignaban uno para que te mirara.

Hermano, yo me sentía bien porque me estaban mirando. ¿Sabe que todo el que está nuevo en algo, hay gente que paga para que alguien lo vea? Ahora mismo la tendencia es tener un personal trainer, que lo que hace en gran medida es mirarte, porque no hace el ejercicio a nombre tuyo, él te mira. ¿Han visto eso? Parece, hermano, como un asunto innecesario, pero miren, tener los ojos de alguien encima tuyo que te diga si estás haciendo el ejercicio correcto en la dirección correcta es un deleite. Se siente bien.

La importancia de animar y supervisar a otros

Qué hermoso sería si en nuestra iglesia local se levantaran hermanos que comenzaran a mirar a otros hermanos y les digan: “Guau, lo estás haciendo bien, síguelo haciendo. Así mismo estás, en la dirección correcta”. Eso se llama exhortar, eso se llama animar. Dale una meta a alguien, conviértete en su supervisor. A mí me daban unos folleticos, hermano, y mi deleite era llenar esos folleticos para entregárselos a mi hermano mayor.

El hecho de tener a alguien que podía ser el depositario de mi folletico lleno era un entusiasmo para mí llenar el folletico. Todavía yo recuerdo lecciones espirituales que aprendí llenando aquellos folleticos, pero el hecho de yo saber que había alguien que iba a recibir eso, que lo iba a revisar, que me iba a hacer algún comentario, era una motivación.

Ay, hermanos queridos, que el Señor levante gente en nuestra iglesia que le diga a alguien: “Lo estás haciendo bien, y ten el propósito firme en tu corazón de permanecer fiel para el Señor”. Primera cosa que hizo Bernabé: él fue, él lo vio, hermano. Después que lo vio, se emocionó profundamente, hermano. Oye, eso es bonito: tú ver la obra del Señor.

Yo estuve en Cuba solo tres meses, hermano, y yo vi cómo el Señor estaba moviéndose allá. Yo saltaba en un pie, y yo no puse un dedo ahí, hermano. O sea, yo llegué una noche que me invitaron a predicar a una iglesia y yo vi una iglesia que tiene —yo les conté esa historia— como cuatro niveles de piso, y en cada piso hay, hermano, un circuito cerrado con televisores de tubo, no son televisores de pantalla plana, no, televisores de tubo, así grandes, y ellos se reúnen así hacia arriba. Hermano, una multitud de personas con un gozo extraordinario, y yo estaba mirando la obra de mi Señor allá, yo estaba saltando en un pie.

Hermano, esa capacidad de regocijarnos, de no ver con indiferencia la obra del Señor. Y lo otro que él hizo fue exhortar: “Permanezcan fieles en esa misma dirección”. Ahora, ¿por qué Bernabé hizo lo que hizo? También nos lo dice la Escritura. Bernabé hizo lo que hizo, dice la Escritura, porque era un varón bueno. Y hay poca gente en la Escritura de quien digan simplemente que es bueno. Es una persona en la que la bondad le describe bien. “Mira, esa persona es buena”; es como cuando uno dice de manera contemporánea: “Esa es una persona con un corazón grande”, es una persona que tiene esa capacidad de manifestar bondad, de buscar el bienestar de la gente. Es lo primero que se menciona de él: es que era un varón bueno, era un varón de corazón grande, tenía una disposición hacia la bondad, a buscar el bienestar de la iglesia.

Lo segundo, hermano: estaba lleno del Espíritu Santo. Y a mí me sorprende como uno se encuentra con personas que supuestamente están llenas del Espíritu Santo, pero no se manifiesta en sus relaciones. Yo veo que eso viene de la mano: cuando tú estás lleno del Espíritu Santo, tú estás lleno de una pasión por celebrar la obra del Señor, tú estás lleno de una pasión por participar en la obra del Señor. Y también él era una persona que estaba llena de fe.

El resultado de todo esto, hermano, fue que una gran multitud fue agregada a la iglesia del Señor. Lo dice el versículo 24: “Y una gran multitud fue agregada al Señor”. Primera actitud de Bernabé que he estado promoviendo, que he estado animando en mi iglesia local, es que Bernabé tomaba la iniciativa de integrar a los que otros no buscaban. Él vio que había un Saulo en la puerta que estaba tocando y que nadie le abría, y él le dice: “Ven, pasa, yo te introduzco”.

Tercera actitud: conectar oportunidades con recursos

Segunda actitud en Bernabé que he estado entusiasmando a mi iglesia respecto de ella, es que Bernabé veía la gracia de Dios allí donde los otros solamente veían dificultades: “Ve y resuelve el problema de Antioquía”. No; yo voy a deleitarme en lo que el Señor está haciendo en Antioquía.

Me muevo rápido, hermano, porque tengo dos actitudes más para compartir. Ya él se emocionó, ya él vio la gracia, ya él exhortó, pero cuando la iglesia creció, hermano, apareció un problema nuevo: cantidad de creyentes, pocos maestros. Él tenía un buen ojo. Dice el versículo 25 y 26 del mismo capítulo 11: “Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquía. Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía”.

Aquel Saulo a quien él había abierto la puerta para la iglesia primitiva, Saulo había regresado a Tarso. Estaba en su casa. Bernabé vio una oportunidad: aquí hay mucha gente que está dispuesta, aquí hay mucha gente que necesita entrenamiento, y él conocía un instrumento. Él conocía un instrumento que parece, hermano, que no estaba en el radar de nadie más en la iglesia primitiva, pero sí estaba en el radar de Bernabé.

Me llama la atención que Saulo había ido allá y había estado con los apóstoles, pero quien lo notó fue Bernabé. Bernabé vio una oportunidad y salió a buscar allí, hermano; donde otro veía solamente problema, él veía soluciones. Es frecuente que la gente que ha crecido en un liderazgo que se parece a Bernabé siempre tenga más oportunidades que recursos. De hecho, uno debería preocuparse, hermano, cuando tenga más recursos que oportunidades; es una mala señal.

Bernabé vio una oportunidad y él tenía un recurso por allá guardado en Tarso, y salió a buscar ese recurso. Ese término de “salió a buscarlo” en el original tiene una connotación de diligencia. Yo no sé si era que Saulo estaba predicando en Tarso, yo no sé si es que él desconocía su ubicación, pero él salió a buscarlo, como quien dice: “Yo tengo aquí un problema, yo salgo a buscarle una solución. Yo tengo aquí una oportunidad y salgo a buscar dónde está el instrumento que puede resolver esa necesidad”.

Una característica en el liderazgo, hermano, es que uno siempre está en reclutamiento, buscando dónde es que el Señor está levantando recursos que pueden atender las diferentes oportunidades. Los problemas frecuentes, hermanos, son que hay más personas que espacio, que hay más trabajo que manos. Eso es lo que siempre pasa. Yo he visto que los líderes siempre tienen inventario de recursos, siempre andan buscando: “Mira, por ahí hay alguien que se está formando, hay alguien que se está capacitando, hay alguien…”. Él no sale a buscar a Pedro de nuevo, le digo, hermano. Él no sale a buscar a los líderes establecidos, él sale a buscar un líder emergente.

Miren, en nuestra iglesia local, yo estoy seguro que aquí hay cantidad de personas que tienen los dones, que tienen los talentos, que tienen los recursos que el Señor nos ha mandado; tenemos que notarlos, tenemos que verlos, tenemos que utilizarlos. Bernabé identificó que había trabajo y salió a buscar a Saulo.

Aquí quiero, hermano, también transicionar un asunto. En nuestra iglesia, durante nueve años como iglesia local, nosotros hemos, intencionalmente, buscado nuestros recursos solamente a modo interno. Yo quisiera que como iglesia no cerremos los ojos, hermano, a que el Señor puede tener un Saulo en alguna parte. Y cuando el Señor quiera traer los recursos de cualquier lugar, hermano, hagamos lo que hizo Bernabé y hagamos lo que hizo la iglesia en Antioquía: recibamos lo que el Señor nos mande, hermanos, de los lugares de los cuales el Señor nos lo traiga.

Pablo llegó, comenzó a enseñar y en esto tuvieron mucho fruto. ¿Cuáles fueron los logros en todo esto? Primero, una iglesia enseñada: “enseñaron a mucha gente”. Lo segundo, ministerio consolidado: “se congregaron allí todo un año”. Una iglesia con un muy buen testimonio: dice que “se les llamó por primera vez cristianos en Antioquía”.

¿Cuál fue el logro de todo esto, hermano? Antioquía fue una cantera de líderes que comenzaron a exportarse para toda la iglesia primitiva. Una iglesia relativamente nueva, se nos menciona por lo menos cinco líderes distintos por su nombre. Escuchen lo que dice el capítulo 13 en los primeros versículos: “Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía profetas y maestros”: una iglesia relativamente nueva, pero tenía profetas y tenía maestros. Primer lugar, Bernabé. Le digo, hermano, miren, Bernabé era tremendo líder en la iglesia primitiva y frecuentemente pasa desapercibido.

Dice, en primer lugar, Bernabé; en segundo lugar, Simón, el que se llamaba Níger; en tercer lugar, Lucio de Cirene; en cuarto lugar, Manaén, el que se había criado junto con Herodes el tetrarca; y en quinto lugar, hermano, Saulo. En quinto lugar. De todos modos, es una curiosidad, hermano: el orden en una lista para esta gente importaba.

Cuarta actitud: producir fruto a través de colaboradores

Quien se presentaba de primero tenía la preeminencia. Pablo aparecía de quinto, hermano. Había aquí una cantera de líderes en una iglesia relativamente nueva. Luego quiero mostrarle aquí que Bernabé logró algo, y es unir una oportunidad y un recurso. ¿Cómo podemos nosotros vivir esto en nuestra iglesia local? Miren, hay muchas oportunidades entre nosotros que están insatisfechas. Hay muchos dones que no están siendo utilizados. ¿Qué es lo que hace una persona que atiende la actitud de Bernabé? Identifica dónde está la oportunidad, identifica dónde están los dones. Como él tiene los ojos abiertos, puede juntar un don con una oportunidad. Que el Señor permita, hermano, que sucedan muchos enlaces de ese tipo entre nosotros en los próximos años.

Termino mostrando, hermanos, la actitud que a mí me parece más celebrable en el liderazgo de Bernabé. Ya he mostrado que él tomaba la iniciativa de integrar a otros. He mostrado, en segundo lugar, que él veía y celebraba la gracia de Dios allí donde otros solamente veían dificultades. He mostrado que él sabía conectar las oportunidades con los recursos y reclutaba para la obra de Cristo. Doy una ñapa aquí, hermano: miren, no tengan miedo de reclutar para la obra del Señor. Yo mismo he sido hasta cierto punto pasivo. Pero en la obra del Señor, hermano, donde quiera que tú veas obra del Señor y usted sepa dónde hay talento, haga la oportunidad de reclutar ese talento para la obra del Señor.

Hay veces que tú te encuentras un don que está siendo archivado en una parte y tú encuentras un lugar donde ese don está siendo muy necesitado. Una responsabilidad cristiana es poner los dones, talentos y recursos del Señor allí donde rindan el mayor resultado a la obra del Señor. Eso se llama responsabilidad cristiana.

Termino mostrando la cualidad que encuentro más grande, más celebrable, más impresionante. Es que Bernabé tuvo su mayor fruto a través de sus colaboradores. El fruto cuantificable en la obra de Bernabé quizá uno puede circunscribirlo local y exclusivamente a esos años en la iglesia de Antioquía. Sin embargo, en esos años de Bernabé en la iglesia de Antioquía él forjó, formó y envió líderes que desarrollaron una obra tan grande, hermano, que nos ha llegado a nosotros todavía hasta aquí.

En esta última parte tengo que recalcar: Bernabé, en la primera parte del ministerio de Saulo, siempre fue el primero. Si buscan Hechos 11:30, dice: “Enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y Saulo”, Bernabé de primero. Hechos 12:25 dice: “Y Bernabé y Saulo, cumplido su servicio, volvieron de Jerusalén”, Bernabé primero, Saulo segundo.

Hermano, durante mucho tiempo Bernabé tuvo la preeminencia en el ministerio. Más hacia adelante se nos dice —ya les he presentado esto— en Hechos 13:1 se mencionan cinco líderes de Antioquía: Bernabé, en primer lugar, y Saulo en quinto lugar. Dice asimismo Hechos 13:2: “Ministrando éstos al Señor y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo”, hermano: Bernabé primero, Saulo segundo.

Me muevo un poco más, llego hasta Hechos 14. Miren, en el 14 sucedió un caso interesante, y es que ellos llegaron y predicaron a una ciudad, y en esa ciudad querían tratarlo como dioses. Dice asimismo el capítulo 14, a partir del versículo 11: “Entonces la gente, visto lo que Pablo había hecho, alzó la voz, diciendo en lengua licaónica: ‘Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros’. Y a Bernabé llamaron Júpiter, y a Pablo Mercurio, porque éste era el que llevaba la palabra”.

Yo vengo a predicar la Escritura de Cristo, hermano, pero tengo que decirle que la deidad pagana de los griegos Júpiter era el dios más grande, el dios supremo. Y Mercurio era el portavoz de los dioses. Están diciendo que Bernabé es Júpiter y Pablo es Mercurio. Con esto lo que le quiero decir, amados, es el nivel de liderazgo y reconocimiento que llegó a tener Bernabé en la iglesia primitiva: el primero.

A partir de un momento, hermano, estas cosas comenzaron a cambiar. Desde el capítulo 13 en adelante, entonces comienza a mencionarse primero Pablo y después Bernabé. ¿Y qué fue lo que sucedió? A partir del capítulo 13, el Señor comienza a utilizar a su instrumento, que era el apóstol Pablo, de una manera tan extraordinaria, con tanta contundencia, que Pablo entonces asume la preeminencia. ¿Y qué pasa con Bernabé, hermano? ¿“No, Pablo, tú sabes que yo tengo que venir de primero; fui yo que te busqué en Tarso, yo fui que te traje a Antioquía, yo fui que te presenté delante de los apóstoles cuando no te querían recibir; yo aparecía de primero en la lista en la cual tú aparecías de quinto. ¿Cómo va a ser que ahora tú tienes la preeminencia?”?

No, hermano. Él fluyó con ese asunto y él dijo: “La obra no es mía, ni es de Saulo, la obra es del Señor”. A partir de ese momento despegó el ministerio del apóstol Pablo, y Bernabé, hermano, siguió haciendo la obra del Señor.

De hecho, hubo una trifulca, una diferencia de opinión, hubo un pleito loco, dice la Escritura, entre Pablo y Bernabé, porque en el primer viaje misionero Bernabé llevó otro colaborador suyo. Así como él había salido a buscar a Saulo, él buscó otro; se llamaba Juan Marcos. Y Juan Marcos se le devolvió en el camino. Y en el segundo viaje, el apóstol Pablo no quería llevar a Juan Marcos, y Bernabé insistía en que fuera llevado Juan Marcos, y dice que hubo tal diferencia entre los dos que Pablo se fue por un lado y Bernabé se fue por otro con Juan Marcos.

Paciencia con colaboradores: el caso de Juan Marcos

Hermano, Bernabé tenía una pasión por reclutar obreros que a mí me parece extraordinaria. Y tenía lo que hace falta para reclutar obreros: paciencia, perseverancia, dar segundas oportunidades. Miren, quien no quiera hacer un trabajo solo tiene que estar dispuesto a que la gente alrededor se le caiga varias veces. Aquellos que en su liderazgo son solamente de una sola salida siempre terminan solos. Hay que ser un poco magnánimo en cuanto a prodigar gracia en las relaciones y entender que hay gente como Juan Marcos que a veces se devuelve y luego se une y permanece firme hasta el final.

Me llama la atención que él conservó esa relación con Juan Marcos, a pesar de la oposición de Pablo. Él estuvo más dispuesto que Pablo a otorgar una segunda oportunidad; fue más paciente que Pablo en sus relaciones. ¿Y el logro de todo esto cuál fue, hermano? Miren, más tarde el ministerio de Juan Marcos fue tan influyente en la iglesia primitiva que él escribió —el que, en orden, Mateo, Marcos, es el segundo de los evangelios, pero con historicidad fue el primero de los evangelios escritos— el primero que documentó la historia de nuestro Señor Jesucristo fue este instrumento al cual Bernabé le dio una segunda oportunidad.

Y Pablo, que fue el colaborador suyo cercano, que después descolló y fue más alto que él todavía, desarrolló después de haber estado con Bernabé tres viajes misioneros más, si se considera como viaje también su último apresamiento en Roma, y escribió, hermano, gran parte del Nuevo Testamento. Y usted va a decir: “¿Y Bernabé, qué pasó de él?”. Hermano, nada: que eso también es fruto de su ministerio. El fruto del ministerio de Bernabé fue aún más amplio a través de sus colaboradores que a través del mismo.

Ay, hermanos queridos, tengamos el corazón dispuesto. En nuestra iglesia, el Señor va a traer instrumentos que, humanamente hablando y carnalmente hablando, nos van a sacar ventaja. ¿Y sabe cómo hace uno? Aplaude. Tenga los ojos abiertos: que entre nosotros el Señor puede levantar y traer instrumentos que en el primer viaje misionero nosotros vayamos de primero, pero en el segundo y tercero se vayan solos y hagan todavía cosas más grandes para el Señor.

La actitud de liderazgo que había en Bernabé es que él fue cardinal para levantar dos líderes clave de la iglesia primitiva. ¿Esta historia saben cómo termina? Recuerden que Pablo no quería que Bernabé se llevara a Juan Marcos, y decía: “No, Juan Marcos no va con nosotros, ese que se apartó de nosotros en nuestras misiones”.

Al final de su ministerio, le escribe el apóstol Pablo a Timoteo, Segunda Timoteo, capítulo cuatro, versículo 11, dice Pablo a Timoteo —ya ha pasado tiempo, hermano, de aquella dificultad entre Pablo y Bernabé— tiempo después, ya el apóstol Pablo en sus postrimerías, le escribe a Timoteo y le dice: “Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio”. ¿Y quién lo desarrolló? ¿Sabe, hermano, que todo el mundo quiere recursos ya terminados? Pero hay gente como Bernabé que desarrolla los recursos.

Pablo no quería llevarlo, Bernabé se quedó con él y lo formó, y lo formó bien. Al final de su ministerio, hermano, Pablo y Juan Marcos, los dos colaboradores de Bernabé, terminaron trabajando juntos para la gloria del Señor. Hermano, preparémonos en nuestra iglesia para esas preciosas transiciones donde el Señor renueva sus instrumentos, levanta cada vez cosas más grandes, porque al final la obra no es de Pablo, la obra no es de Bernabé, la obra no es de Juan Marcos, la obra no es mía ni la obra es suya: la obra es del Señor.

Que el Señor siga cultivando actitudes de liderazgo en nuestra iglesia. Oro por la iglesia local.

Oración por líderes y llamado al compromiso

Oh Señor, nuevamente vuelvo a tu presencia a clamar para que tú nos levantes líderes. Nuevamente, Señor, vengo a pedir por mi iglesia para que se manifiesten entre nosotros actitudes de liderazgo. Oro, Señor, para que tú pongas en nosotros pasión, ardor, Señor, por el avance de tu causa. Abre nuestros ojos espirituales para que podamos ver lo que tú estás haciendo en medio de nosotros. Permítenos reconocer, Señor, tu multiforme gracia alrededor nuestro. Permítenos, Señor, deleitarnos, emocionarnos, entusiasmarnos, celebrar, Señor, lo que tú estás haciendo. Haznos sensibles, Señor, a tu obra.

Ay, Padre, no generoso, permite que veamos al que llegó hoy, Señor. Haz que esta iglesia sea más relacional, haz que esta iglesia, Señor, enlace más, conecte más. Muévenos, Señor, a salir de nuestro círculo estrictamente íntimo y extender los lazos relacionales hacia aquellas personas que tú has estado acercando. Permítenos, Padre, hacernos disponibles para añadir uno más.

Sácanos, Señor, de nuestra zona de confort relacional; sácanos, Señor, de nuestra zona de seguridad; sácanos, Señor, de nuestra zona de tradición, y llévanos, Señor, a la novedad. Enséñanos los instrumentos que tú acabas de enviar, Señor; enséñanos los dones que tú has estado forjando a favor de tu obra. Ay, Señor, entusiasma a mis hermanos con asumir a alguien más. Levanta hermanos mayores, levanta gente que pongan expectativas piadosas y saludables sobre los otros. Permite que mis hermanos, Señor, asuman el reto de tener expectativas espirituales sobre alguien más, de exhortar a alguien, Señor.

Ay, Padre, y otra vez me vuelvo a pedirte que no dejes tú de proveer instrumentos para tu pueblo. No dejes de levantarnos paladines, Señor; levanta hoy uno más, Señor, trae a alguien que se entusiasme. Levanta vocación, Señor, en nuestra iglesia. Permite que los más jóvenes puedan asumir el reto, como decía el profeta, Señor, de cargar el yugo desde su juventud. Permite, Señor, que los hermanos mayores sientan la santa reprensión de que han recibido mucho, Señor, y todavía no están corriendo.

Enséñanos que somos obreros, Señor, no filósofos. Sácanos de nuestra zona de confort intelectual y llévanos a poner la mano en el arado. Transiciónanos como iglesia, Señor, para que estemos en una posición favorable de hacer tu obra en medio de nosotros. Bendice, Señor, esta iglesia local. Bendice a las personas que han llegado últimamente. Bendice, Señor, a los que han estado desde siempre.

Mantenga sus ojos ahí cerrados. Si hay alguien que aquí está hoy congregado y ha escuchado, y ha visto a un pastor predicarle a sus hermanos acerca de la pasión de buscar a alguien más, estamos hablando de ti.

Invitación al evangelio y cierre del culto

La pasión que hay en la iglesia cristiana es de añadir a alguien más, porque Cristo ha muerto también por ti. El Señor ha dicho que abramos los ojos, que ya los campos están listos. Si hay alguien aquí que está congregado hoy y me ha visto entusiasmar a la iglesia acerca de buscar a alguien más, quizás eres tú el que estamos buscando.

Dice la Escritura, el Señor mismo hablando: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron; mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les ha dado la potestad de ser hechos hijos de Dios”. Estos hijos suyos son creados en Cristo Jesús para buenas obras. Quizás el Señor te ha traído aquí hoy a la puerta, como al siguiente instrumento que quiere utilizar para la expansión de su causa en medio de nosotros.

Si tú estás aquí, has escuchado la predicación, quizá me has visto decirte el qué; deja decirte el por qué. Y es que Cristo vino y murió por nosotros en una cruz, pagó el precio de nuestros pecados, y ahora invita a todos los hombres que vengan a Él a recibir rica gracia, perdón de sus pecados. Es tan sencillo como que confieses delante del Señor tu falta y vengas a su pueblo. Será un gusto recibirte hoy, más que nunca que hemos entusiasmado a la iglesia, será un gusto integrarte.

Dice la Escritura también que si confesamos nuestros pecados, el Señor es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad. Ay, el Señor llamó a su pueblo y dijo: “Vengan, y estemos a cuenta”. El Señor quiere hoy pagar deudas, el Señor quiere hoy limpiar pecados, el Señor quiere hoy romper el yugo; el Señor puede hacerlo.

Si has reconocido a nuestro Señor, si has reconocido, si has escuchado su invitación, yo te invito a que no lo dejes para después. Hoy reconoce delante del Señor tu falta, reconoce tus pecados, toca la puerta, intégrate al pueblo, y te daremos la bienvenida. Dice también la Escritura que “el que creyere y fuere bautizado será salvo”. Todo creyente verdadero cree en su corazón y va a las aguas del bautismo. Será un gusto recibirte en nuestra iglesia local, darte los rudimentos básicos de la fe cristiana y acompañarte hacia las aguas.

Gracias, Señor, por tu Palabra predicada. Gracias, Señor, por la misericordia que has tenido con nuestra iglesia en estos años. Ayúdanos también, Señor, en esta transición. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Nuestros hermanos del ministerio de adoración nos despiden con alabanzas al Señor.

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