Hoy acompáñenme en sus Biblias en el Evangelio de Mateo. Si se fijan, en todo el campamento las lecturas estarán centradas en el Evangelio de Mateo. Los devocionales serán sobre el Evangelio de Mateo. También la predicación estará allí. Acompáñenme a Mateo, en el capítulo 3; hoy no leeremos el 13, sino solamente la introducción al Reino: Mateo, capítulo 3, en el versículo 2. Capítulo 3 del Evangelio de Mateo y en el versículo 2, e inmediatamente después leeremos Mateo, capítulo 4 y versículo 17. Antes de leer, hermanos, le pido que me miren para acá por un momento.
Miren, el Reino de los cielos es el mensaje central de todos los evangelios. El Reino de los cielos es el tema que deberíamos conocer todos los cristianos. Y el Reino de los cielos es, al mismo tiempo, lo que uno debería poderle explicar a toda persona que todavía no ha conocido a Cristo. Conocer el Reino de los cielos nos permitirá a todos nosotros valorar más nuestra salvación y, al mismo tiempo, nos permitirá una segunda cosa: tener una pasión renovada para compartir nuestra fe con aquellas personas que todavía no son parte del Reino.
Si ustedes quieren saber la centralidad que tiene el Reino de los cielos en los evangelios, les diré que cuando Juan el Bautista comenzó a predicar, cuando predicaba, decía, es versículo 2; leo también el 1:
En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea y diciendo: arrepentíos, porque el Reino de los cielos se ha acercado.
— Mateo 3:1-2
Y si quieren reafirmar la importancia que tiene el Reino de los cielos, miren cómo comenzó nuestro Señor Jesucristo su ministerio público. El primer sermón que predicó nuestro Señor Jesucristo, miren lo que él decía, en el mismo Evangelio de Mateo, capítulo 4 y versículo 17:
Desde entonces comenzó Jesús a predicar y a decir: arrepentíos, porque el Reino de los cielos se ha acercado.
— Mateo 4:17
El Reino de los cielos se ha acercado; es como que una instancia del Reino que había permanecido lejos de él, en este momento comienza a ser atraída hacia acá. Cierre sus ojos un momento y, antes de explicar la introducción, encomendémonos delante del Señor.
Mira, Señor, que comenzamos esta jornada de enseñanzas en el campamento acerca del Reino. Mira esta oportunidad que hay hoy, Señor, y es que toda persona aquí congregada entienda la relevancia que tiene el Reino de los cielos para todas las personas creyentes y no creyentes.
Oración inicial y propósito del mensaje
Permite, Señor, que cuando contemplemos ahora la manera en que tú comenzaste a predicar, y cómo comenzó con el Bautista, y cómo comenzaron los apóstoles, y cómo ha predicado la iglesia en 2000 años de historia, tengamos una pasión renovada por descubrir el Reino, por valorar el Reino y, al mismo tiempo, por extender el Reino a todas partes. Todo esto te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Recuerden que solamente estamos en introducción, hermanos, en introducción. Nos limitaremos al asunto de la palabra “Reino de los cielos”: por qué Reino y por qué “de los cielos”. La realidad, hermanos, es que nuestro Dios es un Dios soberano, y esto significa que él rige toda su creación. Dice la Escritura que de Dios es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan. Él es el dueño, y la razón por la cual se dice que es de él es porque él la fundó.
Nuestro Dios no solamente debe reinar en el cielo; también él debería estar reinando ahora mismo sobre la tierra. Sin embargo, ha sucedido algo, y es que, en un asunto inaudito en 6000 años de historia, hay una parte del territorio que Dios creó en la cual a Dios no se le está dando gloria. Estos son asuntos inauditos, porque nuestro Dios es eterno y él eternamente ha recibido la gloria de todas sus criaturas.
Por ejemplo, en el cielo no hay dudas de quién reina. Si usted pudiera caminar sobre el cielo y le preguntara a un ángel: “Ángel, ¿quién está reinando aquí arriba?”, no hay duda en la mente de ese ángel de que en el cielo Dios reina. No hay discusión, no hay pleito, no hay debate en el cielo sobre quién es Dios, quién es el soberano, quién merece toda la gloria; en el cielo eso está clarísimo.
La creación, el cosmos y la rebelión humana
Sin embargo, Dios no solamente creó los cielos; también Dios creó la tierra. Si ustedes van al libro de Génesis, en el capítulo 1, aparece Dios creando los cielos y la tierra, que es el lugar donde nosotros vivimos. Y en los cielos y la tierra ha sucedido un asunto inaudito. Primero, son territorios relativamente pequeños con relación al cosmos completo. Si usted mira la creación de Dios, cada vez los científicos nos dicen que mientras más potentes son sus telescopios y mientras más lejos siguen mirando, más cosas siguen encontrando.
Hay una serie de televisión, por ejemplo, que se llama “Cosmos”, de Carl Sagan, en la que él dice que el planeta tierra es un punto con relación a toda la magnificencia que es el cosmos. Hermanos, en todas las partes del cosmos, en toda la creación, lo que se dice es que la gloria y la honra se han dado a Dios porque él la fundó, porque él la hizo, porque él tiene el derecho a regir sobre toda su creación. Pero durante 6000 años ha estado sucediendo un asunto inaudito. ¿Cuál es el asunto inaudito? Que en la parte más pequeña de toda la creación, que se llama el planeta tierra, donde Dios colocó a un regente que se llama el hombre, al Dios que hizo los cielos y la tierra no se le ha estado dando la gloria.
Y el Reino de los cielos ha quedado como limitado, no porque nuestro Dios no tenga el poder para resarcir todo esto y volverlo a su punto original, sino porque él ha elegido que voluntariamente las criaturas —lo pongo entre paréntesis— elijan volver voluntariamente a darle la gloria al Creador, que merece todas las glorias y la honra, no ahora, sino por los siglos de los siglos. Cuando comenzó Jesús a predicar, él decía: “El Reino de los cielos se ha acercado”. ¿Por qué el Reino de los cielos se ha acercado? Porque ustedes, hombres, durante miles de años han vivido en desobediencia, y Dios ha elegido extender su misericordia y no destruir su creación, sino que ha dado la oportunidad de que los hombres voluntariamente se arrepientan.
Y si todavía quieren saber la dimensión que esto tiene, de la extensión del Reino entre los hombres, déjenme hablarles de otra rebelión. Antes de que los hombres eligieran desobedecer a Dios y rebelarse, sucedió en el cielo otra rebelión. Dice la Escritura que la tercera parte de los ángeles se rebelaron contra el Creador.
La rebelión angelical y la oportunidad de los hombres
¿Y qué pasó con esta tercera parte de los ángeles? Dice la Escritura que Dios les desterró, y dice asimismo la Escritura, al final, que les tiene reservadas prisiones eternas. Y sorpréndanse: esos ángeles ahora mismo, según el plan de Dios, no tienen esperanza. La razón por la cual yo le digo que en el cielo no hay duda de quién reina es que cuando alguien intentó rebelarse contra Dios fue desterrado del cielo. En el cielo no sucede esto que sucede en la tierra, donde hay hombres que adoran a Dios y hay hombres que se adoran a sí mismos; en el cielo no hay dudas de que Dios reina.
¿Cuál es la relevancia de predicar el Reino a los hombres? Es que el Señor, en su misericordia, no nos ha desterrado, no nos ha destruido y ha permitido, en un compás de tiempo, que los hombres elijan volver a rendir gloria al Creador. Y cuando Cristo vino a la tierra comenzó a decir: “El Reino de los cielos se ha acercado”. El Reino de los cielos está creciendo entre ustedes, a pesar de que durante miles de años el hombre había vivido en desobediencia. En este momento está la oportunidad de que el Reino de los cielos también se extienda aquí debajo.
Por eso dice el Padre nuestro: “Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu Reino”. Y después él dice qué es lo que es esto de “venga tu Reino”; él dice: “Hágase tu voluntad en la tierra del mismo modo que se hace tu voluntad ahora mismo en los cielos”. ¿Qué hace el Reino del Señor? El Reino del Señor es toda aquella parte de la creación del Señor donde las criaturas voluntariamente rinden culto a su Creador.
¿Qué es el Reino del Señor? Es todo corazón donde se reconoce el señorío de Cristo sobre su vida. ¿Qué es el Reino de los cielos? Es toda vida que es vivida para la gloria del Señor que hizo el cielo y la tierra con el poder de su palabra. Cuando los cristianos decimos: “Venga tu Reino”, lo que estamos diciendo es: anhelamos que la creación vuelva a aquel punto original donde no había duda de que había un Creador en el cielo y en la tierra, criaturas que tenían que darle a él la gloria.
Reino e iglesia: semejanzas y diferencias
Reino e iglesia, ¿es lo mismo el Reino que la iglesia? Son semejantes, sin embargo, les diré que la iglesia tiene aproximadamente 2000 años de historia. ¿Cuál es la diferencia entre el Reino y la iglesia? La iglesia es la gente que Dios ha elegido en este tiempo para extender su Reino, pero la iglesia tuvo un comienzo. Cristo dijo en Mateo 16: “Yo edificaré mi iglesia”; o sea, él estaba hablando en futuro: “Yo edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”.
Cuando Cristo dijo esto en Mateo 16, Cristo dijo: “Yo la edificaré eventualmente”, por eso se marca el inicio de la iglesia cristiana el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo descendió sobre la iglesia y fortaleció a los cristianos para que hicieran la voluntad de Dios. Sin embargo, el Señor no comenzó a reinar en el momento que comenzó la iglesia. Dios ha reinado eternamente. El Reino de Dios es un Reino eterno. La iglesia de Dios es una iglesia que tuvo un comienzo; fue un instrumento que el Señor eligió para comunicar a los hombres su Reino, pero el Reino trasciende la iglesia.
El hombre puede elegir vivir en desobediencia, pero Dios sigue reinando. Tú puedes elegir sublevarte contra Dios, pero Dios sigue siendo Dios. Por eso dice el Salmo: “Reconoced que Dios es Dios; él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos y ovejas de su prado”. Hermanos, no coloquemos al hombre en el lugar de Dios; no, no, no, no. Reconozcamos que Dios es Dios.
Cuando la iglesia ora “Venga tu Reino”, cuando nosotros predicamos el Reino, cuando nosotros extendemos el Reino, lo que buscamos es que providencialmente el Señor le dé el entendimiento a la criatura para que abandone la locura —porque así se llama, locura— de entender que el hombre es el centro del universo y vuelva a entender que Dios es Dios y el hombre es una criatura de Dios. Y el primer fin del ser humano es reconocer la gloria y la grandeza de aquel Dios todopoderoso y, al mismo tiempo, lleno de amor, que hizo al hombre y le colocó en un lugar.
Anticipando las próximas enseñanzas sobre el Reino
Yo quisiera seguir predicando acerca del Reino, hermanos, pero les dije que es para mañana. Con la ayuda del Señor, mañana estaremos viendo la manera sobrenatural en que crece el Reino a través de la semilla de mostaza, y el próximo domingo estaremos viendo el valor singular que tiene el Reino de los cielos a un punto tal que les estará invitando a ustedes, que quizás todavía no se sienten parte del Reino del Señor, a que lo consideren. Se consideren. Lo primero es que es racional; después, que es sabio; y después, que es conveniente volver a reconocer que Dios reina y permitir que el Señor vuelva a reinar en cada corazón y en cada vida.
Permítanme orar por todos ustedes para que la enseñanza que estaremos compartiendo sea provechosa. Cierre sus ojos un momento.
Padre nuestro, tú que reinas eternamente, tú que estás sentado en gloria, Señor, tú que vives con una gente, rodeado de una majestad de ángeles que dicen: “Santo, Santo, Santo”. Tú que no tienes comienzo ni final, nosotros que somos seres creados, en este momento reconocemos que tú reinas.
Oración final y clamor por la extensión del Reino
En este momento admitimos, Señor, que la rebeldía es una locura, que solamente por ignorancia un hombre puede elegir colocarse él mismo en el lugar de Dios. Reconocemos tu grandeza, Señor. Reconocemos que así como todas las criaturas, así, Señor, como millares y millares y millares de ángeles en este momento reconocen en el cielo que tú reinas, reconocemos que cada vez son más los hombres, Señor, entre los cuales estamos nosotros, que decimos: “Mi corazón es una porción del Reino y en mí crece esta semilla”.
Padre, te damos las gracias porque nos has dado el privilegio de abandonar nuestra rebeldía y voluntariamente someternos a ti. Recomiendo en este momento, de manera especial, cualquier persona que esté reunida en este campamento que no tenga la certeza, Señor, de que tú reinas sobre su vida; quizás, Señor, que por ignorancia está en rebeldía, para que tú permitas, por medio del Espíritu Santo, que abran los ojos a esta nueva realidad, que es nueva para ellos, Señor, pero que ha sido la realidad eternamente. Y es que tú sigues siendo Dios y estás sentado en el trono de gloria, y que nosotros, seres rebeldes, tenemos el privilegio de volver a tener paz y comunión con el Dios omnipotente que hizo el cielo y la tierra con el poder de tu palabra.
Permite, Padre, que en este campamento haya gente que al final pueda decir: “Sobre mí Dios reina”. Venga tu Reino, Señor; que se haga tu voluntad en la tierra así como se hace tu voluntad en el cielo. Todo esto te lo pedimos para gloria tuya, en el nombre de Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Les dejo entonces con nuestro hermano Yonatan con algunos anuncios, y nos veremos mañana en dos talleres, y al final del día estaremos compartiendo la enseñanza de la semilla de mostaza.