Pónganse un momento sobre sus pies para leer. Los 12 versículos de este salmo, es el salmo 26. Esos salmos sobre la integridad. Así le titulan algunas traducciones, “una declaración de integridad”. Salmo 26 desde el versículo 1 y hasta el versículo 12. Es un salmo escrito por el rey David. Dice así la palabra del Señor:
Júzgame, oh Jehová, Porque yo en mi integridad he andado, He confiado a sí mismo en Jehová sin titubear. Escudríñame, oh Jehová, y pruébame, Examina mis íntimos pensamientos y mi corazón. Porque tu misericordia está delante de mis ojos, Y ando en tu verdad. No me he sentado con hombres hipócritas, Ni entré con los que andan simuladamente. Aborrecí la reunión de los malignos, Y con los impíos nunca me senté. Lavaré en inocencia mis manos, Y así andaré alrededor de tu altar, oh Jehová, Para exclamar con voz de acción de gracias, Y para contar todas tus maravillas. Jehová, la habitación de tu casa he amado, Y el lugar de la morada de tu gloria. No arrebates con los pecadores mi alma, Ni mi vida con hombres sanguinarios, En cuyas manos está el mal, Y su diestra está llena de sobornos. Mas yo andaré en mi integridad; Redímeme, y ten misericordia de mí. Mi pie ha estado en rectitud; En las congregaciones bendeciré a Jehová.
— Salmo 26:1–12
Leamos juntos, hermanos, antes de sentarse de nuevo, los versículos 1 y 2 de este salmo:
Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado; He confiado a sí mismo en Jehová, sin titubear. Escudríñame, oh Jehová, y pruébame; Examina a mis íntimos pensamientos y mi corazón.
— Salmo 26:1–2
Puede sentarse, hermanos, amigos.
El corazón de David y la realidad de nuestros pecados
No tenemos mucha información al respecto de este salmo, que es el salmo 26, más allá de que él mismo se titula que es un salmo de David. Sabemos esto; no conocemos la ocasión, el motivo puntual que le llevó a escribir este salmo. Sí, sabemos que lo escribió él. Hay otros salmos que uno podría vincularlos con algún momento de la vida del autor; este no es el caso. Del rey David sabemos muchas cosas; es una de las vidas más documentadas en el Antiguo Testamento. De hecho, es uno de los personajes que el Señor eligió providencialmente para que episodios muy oscuros de su vida fueran documentados para allí mostrar su gracia y su poder para restaurar a los suyos.
Esto ha hecho que la figura del rey David haya llegado a ser caricaturizada por algunos, y han concluido que David era una persona con debilidades abiertas, entregado al pecado, que no tenía un estándar muy alto acerca de la integridad. Me entusiasma saber que salmos como el salmo 26 nos muestran cuál era el deseo profundo del corazón del rey David. Que, a diferencia de lo que han creído algunos, que a causa de sus hechos lamentables muy documentados en las Escrituras, David era un hombre que amaba profundamente la integridad. Y es cierto que quizás algunos tres episodios de pecados, episodios tristes y siempre con consecuencias lamentables, fueron muy bien documentados en las Escrituras, pero también nosotros podemos decir que si el Señor permitiera que nuestra vida interior fuera pública y nuestros pecados salieran a la luz, quizá no se documentarían tres sino 13, o 30.
Con esto lo que quiero mostrar, hermanos queridos, es que cuando usted encuentre personajes en las Escrituras que el Señor, en su misericordia para nosotros, nos muestre sus momentos oscuros, no los describamos como que eran amantes de la oscuridad. Que no tomemos como ocasión figuras como la del rey David para nosotros darle riendas sueltas a nuestro pecado, sino que confrontemos esto con todos los episodios de las Escrituras y pasajes como el salmo 26. Entendamos que este es el corazón prevaleciente en aquellos que verdaderamente han conocido al Señor. Que creyentes verdaderos podemos tener momentos oscuros, pero aún ahí en nuestra oscuridad podemos decir que seguimos amando y buscando la integridad.
Definición de integridad y el clamor: “Júzgame, oh Jehová”
Quizás este salmo es una expresión muy devocional del rey David; era su oración, era su deseo. ¿Y cuál era su oración y su deseo? Su oración y su deseo eran por un caminar recto y por una vida en integridad. El término integridad como tal alude a algo que está completo, algo que no tiene faltas, algo que tiene consistencia, y debe ser este el deseo piadoso de todo verdadero creyente. Anhelamos que nuestras convicciones, nuestros pensamientos y nuestras acciones estén muy de la mano. Aunque testificamos, hermanos, que por momentos sentimos la reprensión del Señor, porque aunque conocemos la verdad, nuestro caminar quizás se fue en otra dirección, no hagamos de esto una costumbre. La integridad anuncia una correlación entre lo público y lo privado.
Es aquel cuya vida puede ser vista desde lejos y también desde cerca y encontraremos lo mismo. He estado predicando en el comienzo de este año de asuntos en los cuales, si nos esforzamos como iglesia, creo que podríamos tener en esto una gran bendición. Qué hermoso sería si pudiéramos relacionar cualquier avance, cualquier triunfo en nuestra vida personal, familiar o congregacional con nuestro caminar derecho en la presencia de Dios. De hecho, esta expresión con la cual comienza el salmo, donde el salmista dice “júzgame, oh Jehová”, esa expresión “júzgame” tiene una connotación de reconocimiento, de reivindicación; es una persona que está segura de que ha hecho lo correcto, a un punto tal que puede reclamar lo que le corresponde.
Qué hermoso sería que así como iglesia viniéramos aquí y dijéramos: “Señor, en cuanto ha dependido de nosotros hemos hecho lo que es correcto; en cuanto hemos tenido ocasión y oportunidad, hemos caminado por el camino que hay que caminar. Júzgame, Señor, júzgame, Señor”. Mientras leía esto meditaba al respecto de que quizás, en un exceso de prudencia, hemos abusado de la discreción, a un punto tal que pareciera que no amamos la integridad. Emociona saber que personajes del Antiguo Testamento relacionaban su caminar recto con la bendición de Dios a un punto que frecuentemente podían ir a la presencia del Señor a buscar su recompensa. Leí esta semana el libro de Nehemías y encontraba que en el relato aparecen oraciones intercaladas, donde, en medio de sus aflicciones, Nehemías miraba hacia el cielo y le decía: “Señor, tú estás mirando”.
Dios como audiencia y la lucha por la integridad en medio del mundo
“Estoy haciendo lo correcto. Reivindícame, Señor. Recompénsame, Señor. Tómalo en cuenta”, decía él frecuentemente. Quisiera tomar como ocasión este salmo para estimular a mi iglesia respecto de qué podemos hacer para andar en integridad. No asumamos que andar en integridad será un asunto sencillo. Mientras estemos en este mundo de pecado, de injusticia y de maldad, y a causa de tener una naturaleza aún corruptible, las condiciones no están a nuestro favor. Estamos navegando con el viento en contra, sobre una nave muy precaria y con una tripulación indispuesta, que es nuestra propia carne. Esta es la condición perfecta para un naufragio. Como creyentes no creemos que tengamos en nosotros mismos capacidad alguna para andar en integridad, pero buscamos la integridad y esperamos que el Señor nos ayude.
Sabemos que ya no está completamente a nuestro alcance, pero que sí hay cosas que podemos accionar: podemos tomar resoluciones, tomar decisiones, mantener una intención y, sobre todo, iniciativas en la dirección correcta, confiando en que en lo demás seremos oportunamente ayudados por el Señor. Este es el sentido general del salmo que nos ocupa. Comienza describiendo lo que había sido el accionar de David para vivir en integridad y termina clamando a Dios por ayuda. Esta es una buena proporción entre disposición y dependencia. Mi anhelo para nosotros, hermanos, es que reunamos esta combinación entre una disposición a buscar la integridad y, al mismo tiempo, una dependencia para andar en integridad. Que no confiemos solamente en que, ya que somos del Señor, entonces estamos bien, sino que nos digamos a nosotros mismos: “Ya que somos del Señor, necesitamos estar mejor”.
Que no sea solamente un asunto de nuestra posición en Cristo, sino también de nuestro anhelo en Cristo. Que podamos decir, como recomendaba el apóstol Pablo, que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; sí, las cosas viejas pasaron y he aquí que todas son hechas nuevas.
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
— 2 Corintios 5:17
Y como leíamos hoy al inicio de nuestro culto en el libro de Efesios, podamos testificar que somos hechura suya y que podamos decir también: “Creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.
Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
— Efesios 2:10
Que no nos conformemos con decir “amamos la integridad”, sino que podamos decirnos a nosotros mismos “y estamos caminando en ella”. A la luz de este salmo 26 podemos ver, en primer lugar, desde el versículo 1 y hasta el versículo 3, que para andar en integridad ayuda mucho el tener una buena audiencia, y que la mejor audiencia para nuestra integridad no es el vecino, no es el enemigo, no es el familiar; la mejor audiencia es el Señor.
Una audiencia correcta: vivir delante de Dios, no de los hombres
Comienza diciendo: “Júzgame, oh Jehová”. David estaba esperando en Dios su recompensa. Él no estaba esperando que sus enemigos lo noten; él no estaba esperando que su pueblo lo tome en cuenta. Él no le está diciendo a Israel: “Aquí está el rey que levanta sus manos limpias”. No. Él está yendo delante de su Dios y le dice a su Dios: “Júzgame tú, oh Jehová”. Lo que he visto, hermanos queridos, en las Escrituras y en mi experiencia diaria, es que es imposible andar en integridad a menos que hagamos de Dios nuestro auditorio. Muchos hermanos míos han elegido públicos incorrectos para andar en integridad. Son aquellos que dicen: “Andamos en integridad para superar a nuestros enemigos, para que ellos vean que somos mejores”.
No hace falta. Si la audiencia de tu caminar correcto son los enemigos del pueblo del Señor, has perdido. En primer lugar, porque a ellos no les importa. Hay hermanos que se sienten entusiasmados porque ya aquellos que no aman a Cristo se están dando cuenta. La verdad es que no hace falta. Que tu Señor lo tome en cuenta, que tu Dios lo vea. Hay aún otros que han hecho del público y audiencia para su andar recto en la presencia del Señor, no al Señor ante el cual ellos andan en su presencia, sino al pueblo, y dicen: “Me gusta el caminar correcto. Prefiero tomar esta decisión para que mis hermanos lo vean”. Gloria al Señor por ser tomado en cuenta, gracias.
Pero hay áreas de tu vida donde tú no podrás verme, y hay áreas de mi vida donde tú no podrás verme a mí. Si la audiencia para tu integridad es tu iglesia local, son tus líderes, es tu pastor o es tu hermano, has perdido, porque por muy cercanos que caminemos tú y yo, nos veremos algunas veces por semana, pero nuestro Dios nos está viendo siempre. Para andar en integridad necesitamos tener una mejor audiencia, que no sean los enemigos del pueblo del Señor, pero al mismo tiempo que no sea el mismo pueblo. David bien pudo haber dicho: “Aquí está su rey, y su rey les dice que se ha apartado del pecado”. No. David va a la presencia de su Dios y le dice: “Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado”. Quizás mi pueblo no lo ha visto, pero yo quiero que tú lo veas. Quizás la noticia no ha llegado a mis enemigos, pero yo quiero que mi Dios lo sepa.
He estado mostrando algunos públicos, algunas audiencias, que son incorrectas: no deben ser tus enemigos y tampoco deberían ser tus amigos; que sea tu Dios. Muchos hermanos míos han confundido el andar recto en integridad delante de Dios con lo que el mundo le llama “moralidad”. Son aquellos que dicen: “Andamos en integridad como un legado, testimonio para nuestra familia. Yo voy a hacer lo correcto porque no quiero avergonzar a mis padres”. Qué bueno. Hay otros que dicen: “Haré lo correcto porque quiero darle un buen testimonio a mis hijos”. Qué bueno. Sin embargo, tus padres frecuentemente pueden hacer grandes concesiones acerca de lo que es un caminar recto, y tomando algunas decisiones en el carril que la sociedad espera, podríamos llenar las expectativas de nuestros padres, pero todavía no haber llegado ni siquiera a los tobillos de las expectativas de nuestro Dios.
Una mujer y un hombre, haciendo su mejor esfuerzo, podrían llegar a tener buen testimonio ante sus hijos, pero bien podría probarte tu propia familia y terminar siendo rechazado por tu Dios. Ni la esposa, ni los hijos, ni la madre, ni el padre son una buena audiencia para nuestra integridad. Que podamos decir nosotros, en oración: “Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado”. El único que realmente te conoce es el único que realmente puede juzgarte. Al único que realmente puede verte es al único que realmente le importa. Y si comienzas a andar en integridad delante de tu Dios, aunque ese no fuera tu propósito principal, el colateral de esto es que los enemigos del pueblo del Señor lo notarán. El colateral de esto es que tu familia lo notará, y el colateral de esto es que tu iglesia y tu liderazgo también lo reconocerán, pero no será para ellos principalmente, sino para tu Dios.
Confianza en la misericordia de Dios y Su mirada que escudriña
¿Qué necesitamos para andar en integridad? Necesitamos tener una mejor audiencia. Dice aquí David: “He confiado asimismo en Jehová sin titubear”. Hermanos, integridad es un asunto de confianza. Cada vez que tu integridad está en juego, tu confianza en tu Dios está puesta en juego. ¿Por qué flaquea nuestra integridad? Porque flaquea nuestra confianza en nuestro Dios. Estaré mostrando que vivir en integridad es un asunto costoso, y a menos que confíes en tu Dios, no lo lograrás. Guarda esto estrecha relación con cómo termina el versículo 3: “Porque tu misericordia está delante de mis ojos, y ando en tu verdad”. “Tu misericordia”. Traducciones más contemporáneas traducen esto diciendo: “Siempre estoy consciente de tu amor inagotable; tu gran amor lo tengo muy presente”. Son las cosas que permiten que caminemos en integridad: es entender que tu Dios te está mirando y que tu Dios te está ayudando. A menos que entiendas que a tu Dios tu integridad le importa, que tu Dios puede satisfacerte y proveerte, siempre tu integridad estará siendo desafiada.
Pero tú, cuando has confiado asimismo en Jehová sin titubear, entonces podrías tener un caminar derecho. ¿Cuál es el riesgo de la falta de integridad? Dejar de confiar en que Dios te ama y quiere proveerte; dejar de confiar en que Dios te ama y quiere satisfacerte. Cada vez que tu confianza en tu Dios ha sido desafiada, en lo siguiente que será desafiada será tu integridad, tu consistencia. He estado mostrando que la mejor audiencia es Dios. Y la razón está aquí mismo: lo que el Señor puede ver de nosotros, ningún ser humano lo alcanzará. De hecho, nosotros podríamos ser muy aplaudidos por los hombres y realmente no lograr el aplauso de Dios. Y quien se acostumbró a recibir el aplauso de los hombres puede ser que se dé por satisfecho. Me gustaría mostrarte, hermanos queridos, que solamente la mirada de Dios puede llegar un poco más allá. Dice aquí tres expresiones de la obra de Dios.
Estoy en el versículo 2. Pueden identificar ahí las tres expresiones. La primera de ellas dice: “Escudríñame”. Hay seres humanos muy curiosos, pero nadie escudriña como escudriña Dios. El Señor va más allá de tus acciones, llega a tus intenciones y llega a la condición del corazón. Hay seres humanos muy curiosos, pero nadie puede escudriñar como escudriña Dios. La otra expresión está justo al lado; dice: “Pruébame”. Y la tercera dice: “Examíname”. Todas son sinónimas, pero en su lengua original cada una tiene una connotación un poco distinta, en el mismo sentido, en la misma dirección. La primera de ellas, “escudríñame”, alude a hacer un escrutinio como cuando alguien va al médico preventivamente y le dice: “Doctor, mándeme la analítica, revise a ver cómo está mi cuerpo”. Es una persona que no se da a sí misma por satisfecha, sino que entiende que alguien con capacidad para ver lo que él no ve podría examinarle. Él va y le dice: “Escudríñame”.
Hermano, ni tú ni yo somos capaces de escudriñarnos nosotros mismos, sobre todo si nos miramos a nosotros mismos. Si nos medimos, hacemos grandes concesiones; somos más prestos a escudriñar con calidad a los otros que a escudriñarnos nosotros mismos. Es difícil uno mirar sus propias faltas. Me recuerdan a aquellos profesores que, cuando evaluaban, decían: “Vamos a hacer autoevaluación. ¿Cuánto usted cree que se merece?”. ¿Cómo hago para decirle que sí, que suene mal? El profesor preguntaba: “¿De cuánto tú crees que tú mereces?”. Y tú dices: “¿Cómo puedo lograr…?”. Todo el mundo se autoevalúa de 85 hacia arriba. Ese “escudríñame, oh Jehová” es un entendimiento de que nosotros mismos no somos capaces de examinarnos. Necesitamos que un tercero confiable nos examine; ese tercero confiable es Él. ¿Saben que así comienza la salvación? Todo ser humano piensa que está bien, hasta que el Señor le escudriña.
Dios que prueba y examina el corazón, más allá de las acciones
Una de las primeras cosas que hace el Señor con nosotros es que nos escudriña, nos enseña nuestra verdadera condición. La otra expresión es “pruébame”, y es la misma expresión con la que, cuando Moisés le escribió al pueblo, les dijo qué era lo que Dios había estado haciendo con ellos en el desierto a través de una serie de vicisitudes: estaba probando cuál era la verdadera condición de su corazón. David está diciendo aquí: “Señor, permite que a través de tus circunstancias mi corazón sea probado para ver lo que verdaderamente hay en él”. Mientras yo veía esto, hermano, me decía a mí mismo: verdaderamente este hombre amaba la integridad, porque solamente una persona que ama la integridad desea hacer que su integridad sea aprobada. Nosotros quisiéramos que nuestra integridad le sea dada por hecho, pero él quería que su integridad sea aprobada.
La tercera dice: “Examíname”, es como cuando un orfebre examina algún metal y puede extraer una pequeña partícula de otra pequeña partícula. Es decir: “Esto sobra y esto falta para alcanzar el nivel de pureza que hace falta. Esto va y aquello no va”. Ese es el trabajo que David quería que Dios hiciera con él. Decía él: “Mis pensamientos y también mi corazón”. ¿Saben hasta dónde llega la evaluación del ser humano? La evaluación del ser humano llega hacia las acciones: “Esta persona actuó correctamente”. David no solamente quería que sus acciones fueran evaluadas; él quería que sus pensamientos y, al mismo tiempo, su corazón mismo, el Señor lo pusiera bajo el microscopio y dijera lo que había en él.
Dice él: “Porque tu misericordia está delante de mis ojos, y ando en tu verdad”. Las dos cosas. La primera lectura de esto pareciera que David está seguro de sí mismo; no. Él no es que está seguro de sí mismo, es que está seguro de que Dios es misericordioso. De eso está seguro. Y está muy consciente de su amor inagotable; está muy consciente de que su gran amor siempre está presente, de que sus misericordias son parte de su evaluación. Hermano, deberíamos querer ser evaluados por nuestro Dios, porque su misericordia está siempre presente. Por favor, hermano, reemplace con esos tres filtros, que todos están en Dios, cualquier filtro humano que usted haya tenido para su propia integridad. ¿Cuáles son nuestros filtros? La gente dice: “Yo soy íntegro porque yo tengo el conocimiento de lo que es la integridad”. Tú no sabes lo que es la integridad; Dios sabe.
No confíes en tu entendimiento, no confíes en tu precaución, no confíes en tu sensibilidad. Confía en que un tercero poderoso, que es Dios, Él puede ver lo que hay en tu corazón. He estado mostrando, en primer lugar, que para poder andar en integridad necesitamos tener una mejor audiencia, y esa audiencia es Dios. Quisiera ahora mostrar algo que es doloroso, y es que andar en integridad requiere grandes sacrificios.
Sacrificios relacionales y rechazo de las formas del mundo
Desde el versículo 4 hasta el versículo 5, David está diciendo resoluciones que él ha tomado en su vida. Las resoluciones son estas. Dice él: “No me he sentado con hombres hipócritas, ni entré con los que andan simuladamente. Aborrecí la reunión de los malignos, y con los impíos nunca me senté”. Quien toma resoluciones como esas, humanamente hablando, se muere de hambre.
Aquí David está hablando de cuáles fueron las relaciones que él sacrificó. Vamos a andar en integridad; no es un asunto barato. Usted puede decidirlo y decir: “Yo voy a caminar recto”, pero mañana tendrá que sacrificar una relación. Mañana tendrá que sacrificar una oportunidad. Mañana un deseo de su corazón usted tendrá que decirle que no. Y cuando eso suceda, entonces vaya de nuevo al versículo 1 y diga: “Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado”. La opción aquí es elegir buscar nuestra provisión, buscar nuestro sustento, buscar nuestra aprobación a través de esas relaciones incorrectas, o esperar a que el Señor nos reconozca. David está diciendo: “Yo lo estoy buscando en ti, porque aquello yo lo sacrifiqué”.
¿Qué sacrificó David? Dice que evitó a los hipócritas y simuladores, que llegó a aborrecer la reunión de los malignos y que rehuyó sentarse con los impíos. ¿Qué representan todas estas relaciones? No quiero ser exhaustivo, pero lo primero que estas relaciones significan son grandes beneficios económicos. Hermano, en este mundo de pecado, de injusticia, de maldad, ¿quiénes son los que reparten el pastel? Los hipócritas y simuladores. De ellos, cualquier comerciante no cristiano le dirá que el mejor de sus vendedores será uno que reúna esas cualidades. Usted quiere hacer su negocio, que le vaya bien. Busque alguno que sea hipócrita, busque alguno que sepa andar simuladamente, busque alguno que ame la reunión de los malignos y busque alguno que le encante sentarse con los impíos.
¿Qué significa sacrificar esto? El respaldo y la representación social, la facilidad para cualquier proceso. Estas son de las cosas, hermano, que ponen a un creyente en estrecho, porque uno entiende que la única manera de que sea viable la vida cristiana es si el Señor nos ayuda. Porque si el Señor no recompensara nuestra integridad, la verdad es que nos vamos a morir de hambre. Aquí hay una clarificación, y es que un hombre en la posición de David, siendo rey de Israel, es esperable que tuviera que compartir con gente hipócrita, gente simuladora y gente maligna, pero es evidente que David no llegó a amar su compañía y, sobre todo, no llegó tampoco a replicar sus formas. Es imposible evitar el contacto; lo que debemos rechazar intencionalmente no es la persona, sino las actitudes.
Estar en el mundo sin replicar sus formas: misión y celo santo
Yo mismo podría citarle por lo menos 20 personas en la vida del rey David que reunieron alguna de esas características. Yo podría llamarle reyes con los cuales David compartió; yo podría llamarle colaboradores suyos con los cuales David vivía. El asunto no es si estás o no estás con ellos. Es imposible que en un mundo de pecado, de injusticia y de maldad vivamos en una nube. Lo que es posible es no llegar a amar lo que ellos aman; lo que sí es posible es llegar a rechazar lo que ellos aman; lo que es posible es llegar a evitar replicar sus formas. Usted no puede elegir sus vecinos, usted no puede elegir sus familiares, usted no puede elegir sus empleadores, usted no puede elegir el país en el cual usted está, usted no elige sus gobernantes. Ahora, usted, en medio de un mundo de pecado, de injusticia, de maldad, usted puede elegir no replicar sus formas, no amar lo que ellos están haciendo.
Hay un hermano que me dice: “Pastor, yo he leído este salmo y me doy cuenta que yo no puedo tener este trabajo, porque yo rechazo intensamente lo que aquí está sucediendo”. Si tú lo rechazas intensamente, de lo profundo de tu corazón, probablemente tú te aseguro en ese lugar. El problema está cuando tú amas lo que ahí sucede, cuando tú deseas hacer lo que ahí se hace, cuando sus prácticas y sus formas a ti te parecen tan naturales que tú quisieras quedarte viviendo ahí para siempre. Frecuentemente yo tengo reuniones pastorales con gente que me dice: “Tengo compañeros de trabajo que son hostiles a mi fe; trabajo en una empresa donde yo no estoy de acuerdo completamente con lo que allí está sucediendo”. Yo le digo: “Hermano, ¿está seguro?”.
Cuando llegues a entender que eso es normal, cuando llegues a llamar a lo malo bueno y a lo bueno malo, cuando esas cosas ya en ti no levantan la atención, entonces estás corriendo peligro. No quiero aquí llevar a mi iglesia a una obediencia mecánica, decirle: “No solamente comparto con gente que se parezca a nosotros”. No, no se trata de eso. De lo que se trata es de cuidar tu corazón. Una persona que anda en integridad, la integridad comienza en él. Yo no puedo evitar las decisiones de mi entorno, no puedo evitar las acciones de mi entorno. Yo lo que puedo decirle a mi corazón es: “Mientras ellos lo hacen, yo no me deleito”. ¿Cuál es la recomendación que puedo hacer al respecto de esto, hermano?
Que su compañía sea para nosotros un sacrificio y no un deleite. Que su compañía sea para nosotros una misión y no unas vacaciones. Aquí es que la gente frecuentemente me dice: “Pastor, pero es que el Señor se reunía con los pecadores, con las prostitutas, con los publicanos recaudadores”. Sí, pero el Señor les llamaba enfermos. Él decía: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos”.
Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.
— Marcos 2:17a
El problema está con hermanos míos que le quieren llamar a ellos “sanos” y a nosotros hacernos creer que estamos enfermos. Desde la perspectiva del Señor, Él pasaba tiempo con ellos porque Él era la salud y en ellos estaba la enfermedad. No era que el Señor decía: “Ellos son prohombres, yo no soy tanto”, y les daba el aplauso; no. Lo que el Señor sabe es que donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia.
Pero cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia.
— Romanos 5:20b
No tomemos la gracia de nuestro Señor Jesucristo para llamar a lo malo bueno y a lo bueno malo. Cantidad de hermanos míos se han llevado de ese cliché de que “el Señor nos ha llamado a compartir con los pecadores” y se han olvidado que estamos en misión, no en deleite. Si tú te deleitas en lo que ellos se deleitan, quizás esa no es tu misión. ¿Cuál es la actitud correcta, hermanos, para vivir esto de que “aborrecí la reunión de los malignos”, de que “no me he sentado con hombres hipócritas ni con los impíos”? ¿Qué podemos hacer? Hermano, viva como vivía Pablo cuando estaba en Atenas, que dice Hechos 17:16 que su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría.
Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría.
— Hechos 17:16
Integridad en la ciudad, integridad en la casa y en el culto
Ay, hermano, no es mi vocación que ninguno de ustedes se salga de la ciudad de Santo Domingo. Yo lo que quisiera es que todos nuestros corazones ardan al ver la ciudad entregada a la idolatría. “Pastor, ¿después de este sermón yo tengo que mudarme del barrio?”. No, no, no, no; no es que te mudes del barrio, es que tu corazón arda a causa de las maneras particulares en que en tu entorno se ofende a tu Dios. Mientras leía esto, recordaba al rey David, por ejemplo, visitando al rey Aquis, recordaba al rey David con los hijos de Sarvia, que decía que eran hombres violentos, sanguinarios. Hermano, yo no puedo evitar la violencia de mis compañeros. Yo puedo evitar replicar su violencia. Yo puedo evitar amar su violencia. Hermano, participa allí, pero no participe de sus formas.
¿Cuál es mi deseo para esta congregación? Es que sean como Lot en Sodoma, no como se veía en el libro de Génesis, sino como lo describe Pedro en 2 Pedro 2:7, que dice que Lot estaba abrumado por la nefanda conducta de los malvados.
Y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados.
— 2 Pedro 2:7
Hermano, que su nefanda conducta a ti te abrume. Yo tiendo a evitar las discusiones de asuntos contemporáneos; lo que quiero mostrar es que no es la forma, es el fondo. Hace una semana fue muy popular una campaña entre mis hermanos: “Cancelemos Netflix, cancelemos Netflix; hay un programa que ofende al Señor”. Hermano, si el Señor le guió a eso, cancélelo. Pero como cristianos nosotros no podemos lograr que el entorno se doble. Nosotros lo que podemos evitar es doblarnos con el entorno. ¿Y qué hacemos después? Agarramos por la frecuencia de FM, después por AM y onda corta, en los periódicos de circulación nacional y en toda la página de internet. No podemos lograr que el mundo se torne para nosotros; lo que podemos lograr es luchar por nuestra propia integridad, no doblarnos con el mundo, saber cuándo apartarse. Hermano, de nuevo, ay hermano, qué bien deberían hacer: cancelar Netflix, Spotify, YouTube y salir poco de su casa. Entiendan esto: si el Señor le guió y usted entiende que para usted es una gran debilidad, a un punto tal, hermano, hágalo.
Lo que le quiero mostrar es que importa más rechazar la actitud que esperar que los impíos amen nuestra conducta. ¿Cuál es mi deseo para la iglesia, hermano? Que usted se parezca, en su caminar por el mundo, a Jonás cuando estaba caminando rumbo a Nínive. Dios le dijo a Jonás que vaya a Nínive, pero él no quería realmente en su corazón ir, y yo le entiendo. ¿Cuál es mi deseo para ti, iglesia? No es que te salgas, sino que tú lo hagas por obediencia. Jonás terminó yendo a Nínive porque el Señor le mandó para Nínive.
Mi deseo siempre para esta iglesia ha sido que vivamos a la luz de la oración del Señor:
No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.
— Juan 17:15–17
¿Cuál es mi deseo y mi oración por ustedes? No es que se salgan del lugar donde Dios les puso, sino que vivan en ese lugar de manera diferente. ¿Cómo podemos nosotros evitar sentarnos con los hipócritas? ¿Cómo podemos nosotros evitar a los que andan simuladamente? ¿Cómo podemos nosotros aborrecer la reunión de los malignos? Hay veces que, mecánicamente, usted no va a poder salirse, pero tendrá que decirle a su corazón: “Corazón mío, este no es tu lugar. Corazón mío, estamos aquí en este momento, pero desearíamos no estar aquí”. Y cuando tú no puedas salirte, ore profundamente en su corazón y diga: “Señor, que venga tu reino y que se haga tu voluntad en la tierra, así mismo como se hace en el cielo”.
A veces no podremos evitar sentarnos en el mismo espacio, a veces no podremos evitar tenerlos como clientes, tenerlos como proveedores; lo que podemos es afirmar nuestras convicciones en nuestro propio corazón. He estado mostrando, en primer lugar, que necesitamos mejor audiencia para nuestra integridad; que no sea yo, hermano, que tu audiencia no sea yo y que tú no seas mi audiencia. Que tu audiencia no sea tu familia y que tu familia no sea tu audiencia. Que nuestra audiencia sea el Señor. He estado mostrando también que la integridad requiere amplio sacrificio. Hermano, una persona que pudo andar en integridad es una persona que tomó decisiones en su vida que lo colocaron en posiciones precarias. Para David no fue fácil; tampoco será para nosotros.
La integridad como ofrenda: manos limpias alrededor del altar
Dice del versículo 6 al versículo 8 cuál era la utilidad de la santidad. ¿Integridad, para qué es que sirve la integridad? Dice así: “Lavaré en inocencia mis manos, y así andaré alrededor de tu altar, oh Jehová”. Hermano, ¿para qué sirve la integridad? Para andar con las manos limpias alrededor del altar de Jehová. ¿Para qué sirve la integridad? Para poder hablar de ella en la presencia del Señor. Simbólicamente, hermano, lavarse las manos es una persona que dice: “Yo no lo hice”. Hay muchas cosas que, cuando usted llega el domingo y viene al culto, usted puede traer a la presencia del Señor. Hay hermanos que, cuando vienen a la presencia del Señor, ya tienen una alabanza a flor de labios y tienen una predisposición a exaltar al Señor con sus palabras. Y cuando llegan aquí, hermanos, ya no hay que decirles: “Canta a tu Dios”; ellos vienen desde los atrios, ya ellos vienen cantando y vienen alabando al Señor. Eso es precioso, eso es bonito. Hay hermanos que han dispuesto su ofrenda para Dios con mucha antelación; hay casas donde cada familiar sale de su casa, desde el niño hasta el adulto, sale con su ofrenda en la mano porque van a ofrendarle a su Dios. Qué hermoso.
¿Qué tal si como iglesia nosotros le ofrendamos a nuestro Dios nuestra integridad? Y cuando nos reunimos aquí podemos decirle al Señor: “Lavaré en inocencia mis manos, y así andaré alrededor de tu altar, oh Jehová”. El altar era el lugar donde se llevaban los sacrificios. David lo que está diciendo es: “Mi integridad es una forma de sacrificio”. Qué hermoso sería un hermano que llegase un domingo y levantase la mano y dijera: “Señor, esta semana, para tu gloria, me aparté. En esta temporada de mi vida, Señor, ese pecado, ya no más. Ese asunto que anteriormente me traía mala conciencia, ese asunto que anteriormente traía tristeza, Señor…”. El enemigo de tu alma, cuando tú vienes a la presencia del Señor a adorarle, te recuerda cuál ha sido tu caminar, y cuando tú quieres exaltar al Señor como que tú no te sientes cómodo. ¿Y qué es lo que pasa? Es que no te sientes apto; sientes que tus manos están sucias.
Qué incómodo es estar inapropiadamente cuando sabes que Dios te está mirando. ¿Para qué sirve la integridad, hermano? Para caminar con libertad en la casa del Señor. Así como traemos otras ofrendas, traigamos también manos limpias. Acostumbrémonos a querer vivir así, a levantar la mano y que el Señor vea en nosotros santidad. Algún hermano va a decir: “Ah, pero tú no sabes, porque hay pecados que son ocultos”. Bueno, por lo menos renuncia a aquello de lo cual usted es consciente. En esos sofismas vive la gente y no avanza en integridad, porque dicen: “No, tú nunca estás 100% limpio”. Espérese; yo sé que hay niveles y hay niveles.
Pero en cuanto ha dependido de nosotros, todo aquello que pudimos hacer para la gloria del Señor ha sido hecho. No espere que su Dios, hermano, es un juez injusto que anda buscando los periquitos como para agarrarlo a usted. Si usted ha sido fiel en lo que el Señor le ha permitido, gócese en traer sus manos limpias. La cocina de su casa tiene niveles de limpieza. Yo espero que todos ustedes limpien bien su cocina. Y si llevamos microscopios, hermano, puede ser que aparezcan cosas. Ahora, si usted sabe que hay cosas, usted tiene mala conciencia. Sabemos que no hay detergente alguno que penetre hasta la hendidura pequeña de los pequeños recovecos de su cocina, pero trate de limpiar.
Y cuando usted ha limpiado, usted dice: “Si traen el microscopio, algo aparece, pero tengo limpia conciencia delante de Dios”. Hermano, no es que yo esté anhelando que vengamos aquí como si fuéramos impolutos; siempre hay oportunidad y siempre hay misericordia. Ahora, qué hermoso es decirle: “Señor, la casa se limpió para tu gloria. No solamente recibe mi alabanza, no solamente recibe mi ofrenda; recibe mi integridad, Señor, porque para ti es que lo he hecho”. Más o menos, cuando tengamos un interés activo en que Dios nos está mirando y que está recompensando y que a Él le gusta, no lograremos vivir en integridad, porque no se ve. Tal cual les enseñé de la oración semanas antes, ahora les enseño de la integridad: a menos que lo hagas para tu Dios, no lo lograrás, porque no se ve. Ahora, qué hermoso es que, cuando llegas aquí a la presencia del Señor y tú comienzas con la primera alabanza, le digas: “Señor, aquí hay manos limpias. Aquí no solamente hay labios que cantan; aquí hay una persona que ha tomado esta semana decisiones difíciles para cosas que a ti te son muy gratas. Señor, recibe mi integridad como un acto de ofrenda; recibe esto, Señor, como un acto de adoración. Lavaré en inocencia mis manos, y así andaré alrededor de tu altar, oh Jehová”. Qué hermoso sería, hermano, si el Señor recibe nuestra integridad.
Acción de gracias por victorias en integridad y amor por la casa de Dios
¿Qué más dice él? Dice el versículo 7: “Para exclamar con voz de acción de gracias y para contar todas tus maravillas”. Por favor, hermano, cuando usted logre caminar una semana, un mes, un año, una temporada de su vida en integridad, levante acción de gracias al Señor por eso, porque por usted mismo no iba a poder lograrlo. Es hermoso mirar hacia atrás y decirle: “Señor, aquí hay acción de gracias, porque para tu gloria y con tu ayuda estamos caminando derecho en eso que anteriormente era mi vergüenza, en eso que anteriormente era mi falta, en eso que anteriormente era mi debilidad recurrente”. Ahora levante acción de gracias: “Señor, tomé una decisión y tú me ayudaste. Acción de gracias”.
Cuente eso como las maravillas del Señor. De los milagros contemporáneos más impresionantes está el que nosotros, que tenemos naturaleza corruptible, podamos andar con caminar recto en esta dispensación donde las cosas tienden siempre a la maldad. Que pueda levantarse aquí un ejército de personas que levanten manos santas con la ayuda del Señor es un milagro. ¿Para qué sirve la integridad? Dice el versículo 8: “Jehová, la habitación de tu casa he amado, y el lugar de la morada de tu gloria”. Wow. La integridad sirve, hermano, para desear estar en la casa y en la presencia del Señor. Sabemos que hay veces que no queremos estar; la presencia del Señor es incómoda. No siempre es fácil sentirse en falta.
Nadie quiere estar en un lugar donde se siente consistentemente reprendido. De hecho, así se hace evidente la salvación, porque cuando uno viene al Señor, uno frecuentemente se siente reprendido, y al mismo tiempo frecuentemente se siente invitado. ¿Cómo uno se da cuenta de que la salvación es real? Porque una gente viene a la casa del Señor y, frecuentemente, se siente profundamente ofendido y, al mismo tiempo, él se siente profundamente amado, y me dice: “¿Y esta combinación qué es? Como que por un lado me destruyen y por otro me edifican; por un lado me rechazan y por otro lado…”. Eso es el Evangelio, hermano, eso es el Evangelio. Sin embargo, son muchos los creyentes que, después que el Señor así les enseñó su pecado y les restauró, han vuelto atrás y han vuelto a practicar las mismas cosas y pierden el deseo de estar en su casa. Se vuelve esto una espiral descendente.
¿Recuerdan aquella experiencia cuando estaban en la escuela y no habían hecho la tarea? Incómodo; usted quería que el profesor se lo olvidara. Nadie quiere estar en falta. Bueno, cansa venir a la casa del Señor a sentirse en falta. No debe llegar un momento cuando el Señor ya esté cansado de estar luchando con este asunto que frecuentemente te trae mala conciencia, que frecuentemente te recuerda que no estás apto para estar en su presencia. “Padre, si realmente tú me has pasado de muerte a vida, permíteme caminar, caminar en rectitud, en integridad, ser consistente”. ¿Quién disfruta el culto cristiano? ¿Quién disfruta la presencia del Señor? Aquella persona que siente que hizo su tarea. El jueves pasado asistí como oyente a la clase de música del hermano Edgar; él estaba dando teoría musical.
Y pude evocar los pensamientos de cuando en Azua yo iba a la clase de música, y pude recordar que realmente había estudiantes que disfrutaban intensamente la clase de música; no era mi caso. Y llegaban, hermanos, con un instrumento y con un deseo intenso de enseñar a la profesora la lección 31 del Pozzoli. Y cuando había que dar la lección 31, a mí me entraba ansiedad. ¿Y por qué? No hice la tarea. Y uno se cansa de que siempre le estén marcando el mismo compás. Y el profesor se daba cuenta y te decía: “¿Prácticaste en la semana?”. “No, no practiqué”. “¿Y así que usted quiere ser músico?”. Hermano, uno viene a la presencia del Señor, y cuando uno no se aparta del pecado consistentemente, lo que se produce no es gozo, sino reprensión, desesperación, tristeza. Eso como que se va consumiendo el gozo del creyente, y lo que debería ser un encuentro precioso con el Señor, lo que viene es vergüenza, lo que viene es reprensión, y llega un momento en que esas cosas casi te vencen. Hermano, ama a tu Señor; rechaza esas cosas para que puedas decir como el salmista: “Jehová, la habitación de tu casa he amado y el lugar de la morada de tu gloria”. ¿Cómo tú vas a amar la habitación de su casa y el lugar de la morada de su gloria si tú no estás presto para estar en su presencia? ¿Para qué sirve la integridad, hermano? Para gozarnos.
Disposición y dependencia: decisiones valientes y clamor por misericordia
Termina el salmista mostrando mucha esperanza. La estructura de estos salmos en hebreo se conoce como un quiasmo, y es que lo primero alude a lo último: primero se dicen unas cosas y después se afirman. Y los primeros tres versículos guardan relación con los últimos; del 1 al 3 se parece a lo que dice del 11 hasta el 12. Del 1 al 3 dice: “Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado”; y después dice el versículo 11: “Mas yo andaré en mi integridad; redímeme y ten misericordia de mí”. En la primera se ve la diligencia de David en hacerlo; en la segunda parte se ve la dependencia de David, al esperar en su Dios. Ese es el equilibrio de un creyente.
La preocupación mía está en que mis hermanos solamente están esperando en que el Señor haga algo. “Yo quiero andar en integridad”. Apártate. Hay que aterrizar, hermano, a asuntos prácticos. Es sencillo: hay asuntos en esta semana que en tu agenda no deberían entrar; ya ahí hay un paso. Hay asuntos en esta semana que en tu dieta de contenido no deberían entrar; ahí hay una oportunidad. “No, yo estoy esperando que el Señor me ayude a andar en integridad”. Espérese, hermano. Primero léalo del 1 al 3 y después vaya del 11 al 12. Primero diga: “Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado”, y después diga: “Mas yo andaré en mi integridad; redímeme y ten misericordia de mí”.
Lo que estoy mostrando es que aquellos que han tomado decisiones valientes de andar en integridad pueden esperar efectivamente ser rescatados por Dios. A veces, usted transitará por caminos donde usted dirá: “Si no es porque el Señor me redime, me rescata, aquí caigo”. Pero si usted ha amado la integridad y ha hecho su parte, espere que el Señor le va a rescatar. El asunto está en que mis hermanos, yo siento, a veces no accionan, no hacen nada. “No, yo estoy esperando que la integridad me llegue de repente”. No, hermano. Busque la integridad y espere la integridad. Sea diligente en buscarla, y después dependa activamente en su Dios desde el 11 en adelante.
Aún en el 9 y en el 10 se da cuenta que David no podía hacerlo. Fíjense lo que dice el 4: “No me he sentado con hombres hipócritas”. ¿Qué dice el 9? “No arrebates con los pecadores mi alma, ni mi vida con hombres sanguinarios”. “Señor, evítamelos”. Hermano, cuando tomamos decisiones de hacer la voluntad del Señor, esperamos activamente que el Señor nos ayude. Es mi deseo que como iglesia podamos, esta semana, tomar decisiones que nos coloquen en el camino de la integridad, y al mismo tiempo que podamos testificar que nuestro Dios nos rescató. Hay áreas de tu vida que quizá en este momento no estaban en discusión. Hay creyentes que entregan una parte de sí y hay otra que dicen: “Mira, de eso no se va a hablar durante esta temporada; de eso…”. Hay cosas que son difíciles, son cosas que son vergonzosas, son cosas muy duras, pero tú sabes que ahí, en esa gaveta, sabes que todo el mundo en su casa tiene una gavetica.
Abrir la “gavetica”, tomar resoluciones y clamar por redención
Donde se guardan cosas que usted no quiere que la gente vea. Hay cosas que se guardan debajo del colchón. Hay cosas que se guardan en pequeños recipientes adentro de otro cajón. Hay áreas, departamentos donde quizá hace mucho que no entra la luz. Es mi deseo que el Señor traiga luz para la integridad en nuestras vidas en esta semana. Que usted pueda abrir la gavetica y decir: “Señor, ahí en esa área donde yo había dejado de luchar, en ese departamento de mi vida donde yo sé que no estoy haciendo tu voluntad, donde yo anteriormente consistentemente he fracasado, para tu gloria y con tu ayuda, en esta semana vuelvo a intentarlo, porque el próximo domingo yo vengo a tu casa y quiero levantar manos santas”. Es mi deseo, hermano, que en esta semana haya en nuestra iglesia resoluciones de obediencia.
Resoluciones de que cuando usted resuelva eso, usted mismo le dé un poco de risa, al decir: “¿De dónde va a venir la fuerza?”. Dios te ayudará. Es así, hermano. El versículo 11: “Mas yo andaré en mi integridad; redímeme y ten misericordia de mí”. Es como una persona que se está lanzando en paracaídas y dice: “Señor, aquí voy. Yo no creo que lo logre. Agárrame, Señor. Ten misericordia de mí. Señor, esto traerá gran daño sobre mi vida; esto traerá gran daño sobre mis relaciones; esto será un asunto que me colocará en estrecho. Yo andaré en mi integridad; redímeme, Señor; ten misericordia de mí”. Hermano, láncese y que el Señor tenga misericordia de usted, que el Señor tenga misericordia de usted. Que podamos decir todos juntos pronto, hermano, quizá tan pronto como el próximo domingo.
Póngase ahí de pie y leamos el versículo 12 juntos, hermano, y ahí mismo terminemos en oración. Que el Señor nos dé los medios, que el Señor nos dé la gracia para decir, de aquí a poco tiempo, quizás el próximo domingo. Leámoslo juntos:
Mi pie ha estado en rectitud; En las congregaciones bendeciré a Jehová.
— Salmo 26:12
Hermano, que el Señor te lo conceda. Léelo ahí de nuevo, hermano, como para ti; léelo como para ti: “Mi pie ha estado en rectitud; en las congregaciones bendeciré a Jehová”. Hermano, siéntelo como para ti: “En las congregaciones bendeciré a Jehová”. Es mi deseo, es mi anhelo, es mi oración que tus pies anden en rectitud. Esto tendrá gran beneficio para tu vida, gran beneficio para tu familia, gran beneficio para nuestra iglesia.
Cada vez que uno de nosotros se aparta del mal, hermano, estamos en el carril correcto. Como iglesia nos va a ir bien, como familia nos va a ir bien, como creyentes nos va a ir bien. El Señor está mirando; el Señor recompensa la integridad. Oro ahí por esta congregación para que pueda tomar decisiones. Por favor, cuando ore ahí, hermano, permita que el Espíritu Santo. Él es el que nos convence de pecado, de justicia y de juicio. Si aquí hay alguien que el Espíritu Santo ya está inquietando su corazón, tome resoluciones ahí delante del Señor. Oro primero por la iglesia.
Oración final por integridad personal y conversión
Señor, mira tu pueblo aquí. Tú conoces nuestra situación individual, particular. Tú conoces allí donde hay que apartar los ojos. Señor, tú conoces dónde es que tenemos que quitar el oído. Tú conoces adónde es que no deberíamos sentarnos, Señor. Padre, enséñanos en esta semana qué evitar. Enséñanos, Señor, dónde apartarnos. Enséñanos dónde caminar pronto, Señor, y seguir de largo sin mirar hacia allá. Padre, te pido que tú cuides especialmente los ojos de esta iglesia, que cuides especialmente nuestros oídos. Padre, cuida nuestro corazón. Permite que allí donde mis hermanos consistentemente han flaqueado, Padre, que en este momento, con tu ayuda y para tu gloria, se levanten. Padre, ¿qué más deseo? Y es que en esta iglesia todos podamos caminar en integridad. Permite que la integridad entre nosotros, Señor, sea un asunto constante. Trae consistencia, Señor. Trae correlación entre lo público y lo privado. Trae, Señor, armonía en nuestros pensamientos, en nuestras decisiones, en nuestras acciones.
Mantén tus ojos ahí cerrados, hermano. Si tú has estado en medio del pueblo del Señor y tú has escuchado que es posible apartarse del pecado, no es por tus propios medios. El Señor recompensa al diligente. Cuando queremos hacer su voluntad, el Señor nos da los medios. Podemos testificar que si hay alguien que logró apartarse del pecado, el Señor ha estado operando en él. Esas cosas son más fuertes que tú, son más fuertes que yo, pero no son más fuertes que Aquel que nos llamó. Si el Señor te está llamando, el Señor también te dará la fuerza. ¿Será que hay alguien que tiene hoy que tomar una decisión? La decisión trascendental en la vida de seguir a Cristo es apartarse del mundo, es apartarse del mal, es buscar a Cristo intensamente. Puedes decirle ahí al Señor en tu corazón, con tus palabras: “Señor, yo he escuchado que se ha predicado sobre la integridad; yo quiero esto para mi vida”.
“Yo quiero, Señor, que lo que yo estoy oyendo sean mis convicciones y que lo que yo estoy creyendo sean mis acciones”. Dile al Señor ahí que te ayude. Dile al Señor: “Perdona mis pecados; dame la fuerza, Señor”. Ora con tus palabras; lo que hace falta es sinceridad de corazón. Dile al Señor: “Dame las fuerzas porque no puedo. Dame entendimiento porque no lo tengo. Redímeme y ten misericordia de mí”. Dile ahí al Señor con tus palabras. Dice la Escritura:
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.
— 1 Juan 1:9
Dile al Señor ahí: “Señor, yo confieso mis pecados; límpiame de toda maldad. Dame un caminar recto; ayúdame a caminar en rectitud. Trae integridad”. Padre, bendice esta congregación. Trae, Señor, respiro para nuestras vidas. Trae limpia conciencia a nuestro culto, Señor. Trae gozo en nuestras reuniones. Permite que anhelemos venir a tu casa para redimir esto, Señor, para entregar esto ante ti, para presentar, Señor, nuestro caminar de esta semana para que tú revises nuestro expediente, Señor, y nos encuentres aceptos. Nos deleitamos en ti, Señor, nos gozamos en ti. Esperamos ser rescatados. En el nombre de Jesucristo, que es nuestro Señor. Amén.
Dios le bendiga, hermanos queridos. Que el Señor les guarde, que el Señor nos ayude a todos nosotros. Despidámonos cantando al nombre del Señor.