En el año tercero del reinado de Joacim, rey de Judá, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, a Jerusalén, y la sitió.
Y el Señor entregó en sus manos a Joacim, rey de Judá, y parte de los utensilios de la casa de Dios; y los trajo a tierra de Sinar, a la casa de su dios, y colocó los utensilios en la casa del tesoro de su dios.
Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes,
muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñasen las letras y la lengua de los caldeos.
Y les señaló el rey ración para cada día, de la provisión de la comida del rey y del vino que él bebía; y que los criase tres años, para que al fin de ellos se presentasen delante del rey.
Entre éstos estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, de los hijos de Judá.
A estos el jefe de los eunucos puso nombres; puso a Daniel, Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-nego.
Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse.
Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos;
y dijo el jefe de los eunucos a Daniel: Temo a mi señor el rey, que señaló vuestra comida y vuestra bebida; pues luego que él vea vuestros rostros más pálidos que los de los muchachos que son semejantes a vosotros, condenaréis para con el rey mi cabeza.
Entonces dijo Daniel a Melzar, que estaba puesto por el jefe de los eunucos sobre Daniel, Ananías, Misael y Azarías:
Te ruego que hagas la prueba con tus siervos por diez días, y nos den legumbres a comer y agua a beber.
Compara luego nuestros rostros con los rostros de los muchachos que comen de la porción de la comida del rey, y haz después con tus siervos según veas.
Consintió, pues, con ellos en esto, y probó con ellos diez días.
Y al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos mejor y más robusto que el de los otros muchachos que comían de la porción de la comida del rey.
Así, pues, Melzar se llevaba la porción de la comida de ellos, y el vino que habían de beber, y les daba legumbres.
A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños.
Pasados, pues, los días al fin de los cuales había dicho el rey que los trajesen, el jefe de los eunucos los trajo delante de Nabucodonosor.
Y el rey habló con ellos, y no fueron hallados entre todos ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías; así, pues, estuvieron delante del rey.
En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino.
Y continuó Daniel hasta el año primero del rey Ciro.
— Daniel 1:1-21
La juventud y el llamado de Dios en tiempos de crisis
Esta es una porción de la Escritura que frecuentemente se comparte en cultos de jóvenes. Es una porción de la Escritura frecuentemente utilizada para animar a los jóvenes, y yo he tenido un vivo interés en hablar a mis hermanos más jóvenes. Sin embargo, hoy no quisiera hablar pensando especialmente en ellos, quisiera hablar a sus padres, a sus familiares y a la congregación más adulta con respecto a la juventud. La palabra del Señor siempre es útil para toda persona, pero hoy no estoy pensando especialmente en los más jóvenes de mi iglesia, sino en los más adultos.
Quisiera hablarles a aquellos que ya peinan canas respecto del valor y la importancia que tiene la juventud en los planes y propósitos de Dios. La gente quiere que yo le predique a sus hijos, y yo creo que tengo que predicarles a ustedes. El problema en la sociedad es que todo el mundo quiere que alguien le resuelva el problema de sus hijos. Hace mucho que los terapeutas familiares identificaron que la familia es un sistema, y cuando un padre va donde un terapeuta para que le arregle el hijo, el terapeuta le dice: vengan usted y su esposa primero, y después hablemos con sus hijos.
La iglesia quiere que los jóvenes sean instruidos, la iglesia quiere que los jóvenes sean valientes, y yo quiero hablar hoy especialmente a aquellos que ya no se consideran entre los jóvenes, sobre la importancia de la juventud. En correlación a Jerusalén, Babilonia era la gran ciudad, quizá el Nueva York de su tiempo, el lugar del poder, del desenfreno y del pecado. Por lo cual Babilonia llegó a ser un símil entre la iglesia y el mundo, y más que un territorio, Babilonia llegó a ser tenida como un sistema de valores opuesto a Dios. Si usted busca el texto bíblico, simbólicamente Babilonia es lo opuesto a lo que significaba Jerusalén: Jerusalén era la ciudad de Dios donde estaba el templo de Dios, y Babilonia era lo opuesto.
¿Qué es la juventud? La juventud es un tiempo de exploración, de probar los límites y medir las fuerzas. Eso es la juventud, un tiempo limitado, una ventana de tiempo. No es una característica permanente; lamentablemente, llegará alguien y se nos va yendo la juventud. No dura para siempre; de hecho, es una parte relativamente corta de nuestra existencia, pero al mismo tiempo muy útil en los planes de Dios, y no hay dos tiempos para redimir tu juventud. Alguien dirá: ya pasaron mis años y no pude dedicarle mi juventud a Dios. Yo espero que aquellos que todavía van entrando a la juventud o están en la juventud sí puedan hacerlo, y quisiera hablar a los más grandes para que creemos las oportunidades, las expectativas y las condiciones para que nuestra juventud pueda hacer una gran contribución en los planes y proyectos de Dios.
Crisis en el pueblo de Dios y el surgimiento de instrumentos jóvenes
Llegar a Babilonia en la juventud parecía el camino perfecto para la destrucción de Daniel y sus amigos, pero no fue así. Dios obró providencialmente, y estos muchachos jovencísimos, en vez de integrarse al mundo, tomaron una decisión valiente; veremos que se puede glorificar a Dios viviendo en Babilonia. Hablaré primero del momento que estaba viviendo el pueblo del Señor: era un momento de abierta crisis, un panorama desolador. Comienzan los primeros versículos diciendo que en un año sucedió un fenómeno negativo: en el tercer año del reinado de Joacim, rey de Judá, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, a Jerusalén y la sitió.
Una ciudad sitiada era una experiencia agotadora, desoladora, traumática. No solamente era una ciudad tomada como posesión, sino una ciudad sitiada: incertidumbre, grandes privaciones y mucho temor. Después nos dice que la casa del Señor había sido despojada y sus instrumentos habían sido profanados. Si usted quiere saber lo que es una crisis en el pueblo del Señor, mire eso: aquí hay una crisis política, también hay una crisis espiritual, y el Señor lo permitió. Por dondequiera que me muevo hay estadísticas, hay alarmas, hay alertas: el cristianismo está en crisis, la juventud no se compromete, y cuando los jóvenes habían sido tomados como botín, Dios estaba haciendo algo.
Y yo digo esto por convicción: frecuentemente la provisión del Señor a las crisis de su pueblo es un joven. Dios está castigando a Israel, pero al mismo tiempo se está levantando instrumentos, y en medio de una abierta crisis espiritual y política, el Señor se está levantando instrumentos que usted no los ve y es otra cosa. No hablo solamente por hablar; si usted ve la palabra del Señor de Génesis a Apocalipsis verá que cada vez que el pueblo del Señor estaba en crisis, el Señor se levantó un instrumento, y frecuentemente fue un instrumento joven.
José fue vendido por sus hermanos cuando tenía 17 años, y cuando todo el mundo dejó de ver a José, el Señor se estaba levantando una historia. Y usted dejó de ver a José, y lo va a ver de nuevo probablemente de 20 años hacia arriba y ya Dios había hecho su obra. Ay, que dónde están los jóvenes, qué va a pasar; yo no sé qué va a pasar, hermano, pero yo sé que frecuentemente cuando nosotros no estamos viendo lo que Dios está haciendo, el Señor está haciendo algo, porque Dios nunca deja de actuar en la historia. Lo que le pido al Señor es que nos dé los ojos abiertos para ser sensibles y ver lo que Dios está haciendo.
Ejemplos bíblicos de juventud usada por Dios
En la crisis espiritual que vivía la ciudad de Dios en tiempos de Samuel, el Señor lo utilizó a él como instrumento, y cuando era un muchachito el Señor le habló en un momento de abierta pecaminosidad. Y Samuel, siendo muchacho, tuvo que atender situaciones de las que nosotros no queremos que los muchachos escuchen: inmoralidad, pecaminosidad, falta de reverencia, castigo de Dios, todo eso lo vivió Samuel antes de los 15. Tenemos evidencia del trato de Dios con David desde que era un niño. Josías comenzó a reinar a los 8 años, y a los 16 aproximadamente ya estaba comenzando una reforma espiritual.
Juan, el apóstol del cual estuvimos predicando intensamente en los últimos años, era quizás el más joven entre los discípulos de Cristo, aproximadamente 17 años, y probablemente antes de sus 20 ya había presenciado con sus ojos el ministerio de Cristo y sus grandes milagros, de forma tal que a los 20 ya era un instrumento útil a los planes y propósitos de Dios. ¿Qué están haciendo los muchachos nuestros a los 20? A los 20 muchos todavía están buscando señal, buscando de qué se trata el mundo, y probablemente a sus 20, Juan el apóstol ya era un apóstol de Jesucristo.
María era jovencísima, por lo menos diré que era más joven que Elisabet su pariente. No quiero hacer aquí como una letanía interminable, pero Timoteo probablemente a los 25 ya era el instrumento que el apóstol Pablo había puesto en sus ojos para continuar el testimonio del Señor. Y aquí hay cuatro jóvenes que sin ellos saberlo ya Dios los estaba mirando, les había preparado para grandes planes, propósitos y proyectos. ¿Qué es lo que le quiero decir a la iglesia? Que es necesario entregar responsabilidad a los jóvenes y prepararlos para decidir bien. No es un asunto de salir corriendo y de hacer un esfuerzo mecánico; es un asunto de ser sensibles y entender que la vida pasa rápido.
Usted hoy es joven y mañana no lo es, y si no lo hizo hoy no lo va a hacer nunca. ¿Qué es lo que pasa? Que uno siempre piensa que va a haber tiempo, y llega un momento en que no hay fuerzas. Llega un momento en que las fuerzas físicas se agotan y también las fuerzas espirituales; llega un momento cuando uno no tiene el ánimo que tenía antes. Estaba recordando con Edwin el día pasado la película de “Carlito’s Way”, y Carlitos pensaba que se iba a llevar el mundo por delante. Y alguien, que era Benny Blanco del Bronx, le dijo: tarde o temprano se te va a acabar el vapor, y quien lo mató fue Benny Blanco, un muchacho, y tarde o temprano Carlitos ya también era un viejo, y cuando tú creías que te ibas a poder llevar siempre el mundo por delante, tarde o temprano se te va a acabar el vapor.
Dios forma instrumentos en lo oculto y la iglesia debe ver a la juventud
Solamente introduzco el tema cuando traigo ese versículo; lo que le estoy mostrando es que en los momentos de mayor crisis frecuentemente el Señor se está levantando un instrumento que no vemos, y que esos instrumentos en este momento no son visibles para nosotros. ¿Qué quiere el Señor? Que sí lo sean. Es muy probable que aquellos que van a estar luchando la batalla de Israel en este momento para ti sean perfectos desconocidos. Y que nosotros nos movemos haciendo la voluntad del Señor, creyendo que eso va a ser posible. Perdón, ¿el hermano Edwin quiere decirme algo?
Saco de aquí algunas aplicaciones, hermano, y nos movemos. No siempre andes buscando cosas inmediatas, cosas que estén listas, instrumentos que estén terminados. Dios se hace los instrumentos a través del tiempo. La iglesia del Señor no se mueve por lo que dicen los ojos, nosotros nos movemos por una convicción de que Dios está haciendo algo. Y frecuentemente los planes y proyectos que el Señor está desarrollando entre nosotros los va a hacer en medio de la juventud.
Hablemos ahora de los versículos 4 al 7 y veamos el plan de Babilonia para desarrollar los hijos de Israel. Dicen así los versículos 3 y 4: “Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real, de los príncipes, muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñasen las letras y la lengua de los caldeos”.
La primera parte del plan era seleccionar muchachos con potencial para estar en la casa del rey. Alguien me dice: no, es que los muchachos como que no quieren hacer nada. Probablemente Nabucodonosor encuentra qué hacer con los muchachos. Alguien me dirá: no, mira, que realmente esos muchachos no tienen actitud; probablemente para Babilonia sí tienen actitud. La iglesia no ve el talento que probablemente en este momento hay un call center que lo está mirando. No es que me rasgo las vestiduras, hermano, pero el mismo muchacho que nosotros entendemos que no tiene potencial, en este momento hay una gran empresa que está poniendo en ellos sus ojos.
Los mismos muchachos que la iglesia está entreteniendo están siendo tomados en serio por el mundo. Yo veo a mis hermanos más jóvenes que van entrando al mercado laboral y ya van asumiendo responsabilidad, y yo me lamento sinceramente que nunca he visto ese mismo nivel de involucramiento en las cosas del Señor. Yo digo: pues sí, tenía madera, o sea, que una corporación encontró qué hacer con ellos; nosotros como que no encontramos en qué involucrarlos en los caminos del Señor. Hermano querido, pareciera que Nabucodonosor tiene los ojos abiertos y nosotros tenemos los ojos cerrados.
El plan intencional de Babilonia frente a la pasividad de la iglesia
La delincuencia se nutre de la gente más joven. Aquellos que están haciendo en este momento gran daño no han llegado todavía a los 30. Los exponentes de la cultura urbana no han llegado a los 25. Las granjas deportivas suplen mano de obra de calidad para las Grandes Ligas, y en este momento hay muchachos que tienen 16 años y ya tienen el cuerpo desarrollado de un adulto, listos para sacar la pelota de jonrón en las Grandes Ligas. ¿Qué estamos mirando nosotros? ¿Quiénes son los que van a luchar la batalla de Israel? Seguimos pensando en los que tienen 40 y 50.
Hermano, estoy haciendo este parangón: probablemente el mundo está considerando el talento de nuestros hijos y nosotros no estamos mirando lo que Dios está haciendo en medio de nosotros. Y estamos esperando que tengan 40 años para ver si los involucramos, y probablemente cuando ya estén cansados, explotados, cuando ya no tengan fuerza alguna, nosotros vamos a querer darle la pelota a ver si pueden hacer algo en la cancha. No es que cometamos una irresponsabilidad, hermano, es que tengamos la sensibilidad de entender que nuestros muchachos han sido hechos a la imagen de Dios para propósitos muy altos, y que, si no lo involucramos, si no le ponemos la pelota en la mano, no van a suceder esos propósitos.
La segunda parte del plan, dice el versículo 4: “muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñasen las letras y lengua de los caldeos”. Ellos estaban dispuestos a enseñarles algo, a introducir a esos muchachos en su cultura; las letras y la lengua de los caldeos era su cultura. Bueno, los caminos del Señor tienen su propia cultura; nosotros tenemos la cultura cristiana, tenemos una manera de hacer las cosas, tenemos un nuevo entendimiento, tenemos una perspectiva que es distinta, y eso requiere tiempo.
Los muchachos necesitan afirmar esa cultura, porque si no, el mundo les va a enseñar su cultura. Y van a hablar como habla el mundo y van a pensar como piensa el mundo. Dice el versículo 5: “Y les señaló el rey ración para cada día, de la provisión de la comida del rey y del vino que él bebía; y que los criase tres años”. Nabucodonosor no andaba buscando un muchacho que estuviera listo, estaba buscando un muchacho para dedicarle tres años de inducción. Yo creo que ustedes están de acuerdo conmigo, hermano, que si se hace un trabajo intencional durante tres años, algo se saca. El detalle es pagar el precio.
Yo vengo del mundo del desarrollo de software. El mundo del desarrollo de software busca muchachos que también tienen 16, 17 años para inducirlos, y les dan un plan: mira, este es un plan de aprendizaje donde tú vas a lograr en seis meses, en un bootcamp, ser un desarrollador junior. Y ellos se esfuerzan durante seis meses y lo logran, y a los seis meses ya son un junior en una empresa, tienen un carnet puesto y se están proyectando para comerse el mundo; a los dos años ya están pensando en ser un senior, un full stack, a los cinco están pensando en ser arquitectos, y después poner su propia empresa. ¿Cuál es el plan de desarrollo de recursos que tiene la iglesia del Señor?
Falta de un plan de desarrollo cristiano y la responsabilidad de los padres
El plan de la iglesia muchas veces es: tráiganlos los domingos y vamos a ver si sacamos algo de ellos. No, no me malentienda, no es que vengo a rasgarme las vestiduras; yo solamente quisiera cargar a mi iglesia con la perspectiva de que desarrollar recursos que sean útiles para la causa de Cristo requiere tiempo. Y que, si estamos esperando recursos terminados, siempre vamos a buscar recursos que andan en aproximadamente 60 años. Les rodearon de amenidades temporales: comida del rey y del vino que él bebía; cualquiera quiere comer de eso y beber de eso.
Veía a uno que entró al mercado laboral y en su empresa le esperó una canasta de amenidades, y desde que lo reclutaron ya le están halagando y hablándole de las potencialidades. ¿Y qué estamos haciendo en el pueblo del Señor? La iglesia adquiere recursos terminados; el mundo los desarrolla. Se espera que se mantengan impolutos y que no cometan errores; el mundo los tolera. Hay un plan de desarrollo de recursos en el mundo que te pone una persona experimentada con un aprendiz y le dice: comete errores; no los cometas todos juntos, pero comete algunos, que yo voy a estar aquí para ayudarte.
Cuando la iglesia intenta involucrarlos, el mundo y las ocupaciones temporales han cautivado su imaginación. Hermano, no es que todo el mundo deba ser un pastor, eso no es, pero todo el mundo debería tener la causa de Cristo como prioridad número uno en su vida. Y a menos que hagamos un esfuerzo intencional para que eso suceda, eso no va a suceder de manera automática. Tenemos que comenzar a dar los pasos hoy, tomando los muchachos en serio.
Dice que los pusieron al cuidado de un experto, un entrenador, que se llamaba Aspenaz, que tenía un plan de desarrollo. Le dijo el rey a Aspenaz que los criase durante tres años. Yo quisiera hablar en este momento a los padres y a los maestros de escuela bíblica en nuestra iglesia. Yo sospecho que los padres y los maestros de escuela bíblica aún no comprenden del todo cuál es el propósito de lo que estamos haciendo, y el hecho de que tenemos un tiempo limitado para incidir en una generación. Tarde o temprano los muchachos se van. La pregunta es: ¿cómo se van a ir?
Identidad, cambio de nombres y el “éxito” mundano
La gente lee la historia de Daniel y se le olvida que esto está anunciando que en Israel hubo un trabajo previo. Alguien le mostró cuál era el único Dios verdadero, alguien cautivó su mente con una identidad, de forma tal que cuando llegaron a Babilonia ellos no estaban en Babilonia sin una visión. Ellos no llegaron secos a Babilonia; llegaron a Babilonia llenos de Dios y cautivados por una visión: que habían conocido al único Dios verdadero, que este Dios tenía un pueblo. De forma tal que cuando llegaron a Babilonia ellos no estaban entregados a Babilonia.
Yo me imagino a Daniel caminando en Babilonia, mirando eso como ridículo: “esta gente adorando todavía imágenes, estas personas tan torpes en su conocimiento, no conocen al Dios verdadero”. Daniel no estaba buscando una identidad en Babilonia, él llegó a Babilonia con una identidad. Tarde o temprano los muchachos van al mercado laboral, tarde o temprano los muchachos se mudan, tarde o temprano salen de nuestro alcance; el asunto es cómo están saliendo.
Les cambiaron los nombres. El nombre es el centro de la identidad de una persona; cuando tú le cambias el nombre, tú estás diciendo: ahora yo tengo un derecho sobre ti y te doy otra identidad. El nombre de Daniel es un nombre precioso, significa “Dios es mi juez”. Ellos dijeron: “¿cómo que Dios es tu juez? Ese es el Dios de los judíos; no, no, no, no, vamos a llamarte Beltsasar”, que significa “príncipe de Bel”, y se pretendía reemplazar la fuente de su autoridad de Dios a Bel.
Ananías significa “a quien Jehová ha favorecido”; no, Ananías no, ahora “iluminado por Rak”, el dios del sol. Hablo, hermano, de cómo el mundo hace ese cambio de identidad. Hay niños que crecieron entre nosotros, pero luego tú los ves que tienen una aproximación distinta a la vida; tú los ves que tienen decisiones que no son las decisiones del pueblo del Señor. Azarías significa “a quien ayuda Jehová”; no, Azarías no, o sea, “el que te está ayudando somos nosotros, te vamos a recordar que a ti te ayudamos nosotros”. Ese nombre no, ahora Abed-nego, “siervo del fuego resplandeciente”.
Bueno, para muchos padres cristianos inmaduros esto es un modelo de éxito: “mis hijos ya están enrolados en el mundo, es un crossover exitoso, ya están siendo aceptados, ya les dieron un nuevo nombre, ya están siendo asimilados; les está yendo bien en su trabajo, tienen reconocimiento, tienen poder, tienen privilegios, están comiendo de la mesa del rey, tienen un puesto futuro”. Para padres inmaduros, estos muchachos lo estaban logrando. Tú le preguntas a los papás cristianos por los muchachos: “¿cómo están?” “No, ya están trabajando, ya fulano es gerente, el otro es supervisor, ya tiene su material”.
Hermano querido, nada de eso es pecaminoso en sí mismo; ahora, ¿dónde está el corazón de esos hijos? ¿Cómo está su pasión por el Señor? ¿Qué están haciendo en este momento que tenga un valor eterno? ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo y perder su alma? Para muchos padres cristianos torpes en su formación, esto es un modelo de éxito: que el mundo abrace a sus hijos, que el mundo reclute a sus hijos, que el mundo valore a sus hijos. “No, están pegados, aquí no nos falta nada; la mano derecha de Nabucodonosor es el hijo mío, al que yo crié”.
Ay, hermano, nuestros hijos deberían estar en este momento sirviendo los propósitos de Dios, y eso no va a suceder solamente porque nosotros lo queramos; hay que hacer planes y proyectos, hay que hacer los planes y proyectos. Aspenaz tenía un plan de tres años para colocar los muchachos en la casa del rey, y eso es más que darle curitas bíblicas. He estado mostrando el plan que Babilonia tenía para desarrollar los hijos de Israel; hablo ahora de la decisión valiente que tomó Daniel.
Decisión valiente surgida de una formación previa
Del 8 al 13 se menciona a Daniel tomando la decisión, pero no piensen que Daniel llegó a tomar esa decisión de cero a cien. La gente lee eso y se le olvida que Daniel es un hijo de Israel, que desde temprana edad se le inculcó que existe Dios, el único Dios, que no hay más Dios fuera de Él y que Dios había elegido a Israel como un pueblo especial. Al leer esta historia usted no puede subestimar el trabajo hecho previamente por su pueblo, sus padres, su nación, que formó en él una identidad particular que lo acompañaba en Babilonia.
Él no estaba sorprendido ni desubicado, ni a ver qué le enseñaban; no, él llegó ya sabiendo. Ay, qué hermoso un muchacho que entra al mercado laboral y no anda buscando identidad, porque cuando la empresa le habla de que “esta es tu vida”, él le dice: “tú no eres mi vida, tú eres mi trabajo”. Y si la empresa le dice: “mira, que yo soy tu futuro”, qué hermoso ese muchacho que temprano le dice a la empresa: “tú no eres mi futuro, tú eres un medio que Dios puede utilizar para sostenerme, pero tú no eres mi futuro; mi futuro está en las manos de Dios”.
Qué hermoso el muchacho que la industria del entretenimiento no puede cautivar su imaginación, porque está impresionado con la adoración del único Dios verdadero. Y qué triste un muchacho que todavía su imaginación está siendo atraída por otras cosas, que anda buscando el ritmo del momento, el exponente del momento, la aceptación de los hombres del momento. Qué hermoso es un muchacho que dice: “allá no hay algo que el mundo me pueda dar, porque en Cristo yo tengo mi identidad”.
Detrás de un Daniel que decide valientemente hay unos padres, hay una historia, hay una escuela, hay un proyecto, hay un barrio, hay una comunidad. El colegio tiene un proyecto, el barrio tiene un proyecto, el trabajo tiene un proyecto; nosotros no podemos impedir que lleguen oportunidades, lo que podemos es trabajar para que esas oportunidades se administren de manera diferente. No es un antiintelectualismo de que los muchachos no estudien, es que entiendan que la vida del hombre no está en los estudios, que una maestría no te va a cambiar la vida, que Cristo te la cambió.
Ay, hermano, cuánto más quisiera yo ver que mis hermanos sean exitosos en sus trabajos; una persona que es exitosa en el trabajo es una persona que entiende que el trabajo no es la vida, y que con eso también se puede glorificar al Señor, pero que eso suceda es secundario. El primer lugar en mi vida debe tenerlo Cristo. Hablo en este momento a abuelos que están aquí presentes, a padres que están presentes: cada vez es más común ver padres cristianos criando muchachos para el mundo, muchachos mundanos, con prácticas de crianza que no son la práctica de crianza del pueblo de Dios. Y después está la expectativa de que la iglesia no está haciendo el trabajo.
Hermano querido, tu pastor te está diciendo que la iglesia no hará tu trabajo. Si tú eres un padre cristiano, tú tienes una responsabilidad primaria en formar la identidad de tus hijos en los planes y proyectos de Dios, y yo no puedo hacer eso por ti. Yo te puedo ayudar, te puedo asistir. Lean la declaración de propósito de nuestro ministerio de niños y verán que en segundo lugar dice que nosotros ayudamos a los padres en la formación espiritual de sus hijos, pero como mucho podemos ayudarte. Tú tienes una responsabilidad solemne delante de Dios de preparar a tus hijos para vivir en Babilonia.
Mundanalidad en la crianza y la necesidad de una burbuja protectora
Y a menos que rechaces la forma mundana de criar los hijos, entonces tus hijos no van a servir a Dios; van a encontrar otra cosa que va a capturar su imaginación. Son padres que asumen que el cristianismo es algo como cultural, de que ellos van a la iglesia y eso es suficiente, pero no hay una forma de vida sacrificial, sino que siempre hay un acomodamiento en estas cosas. Y ellos entienden que están siendo usados por Dios para educar a sus hijos, prepararlos para el mundo, porque los traen el domingo a la iglesia. Traerlos el domingo a la iglesia no es suficiente; no te regodees de decir: “me congregué con mis hijos cuatro semanas al mes”. Eso no es suficiente, hay algo mucho más grande.
Traer el cuerpo a la casa del Señor no es lo que va a marcar una diferencia; hay algo que debe estar en la imaginación de ese muchacho, en el corazón de ese muchacho, en la identidad de ese muchacho, que tú deberías estar trabajando todos los días. Porque por el hecho de que lo traigas a la casa del Señor, hermano, cuántas personas vinieron durante miles de domingos en su vida a la casa del Señor y en este momento no tienen una identidad cristiana. Eso no les creó una identidad.
Son padres que ellos mismos no son un modelo de convicción, de piedad, de servicio. No esperes que tus hijos tengan lo que tú mismo les estás negando. ¿Cuáles son tus convicciones? ¿Las saben ellos? ¿Cuáles son tus conversaciones? ¿Cómo se ve la piedad reflejada en ti? ¿Qué tan comprometido estás en la casa del Señor? Hermano, le va mejor, hablo con locura, pero digo lo que ven mis ojos, le va mejor a los muchachos que vienen a la casa del Señor y sus padres no son cristianos, que a los muchachos que vienen a la casa del Señor teniendo padres cristianos que no son un buen ejemplo.
Son más fructíferos aquellos que llegan desamparados a la casa del Señor y aquí consiguen una identidad, que aquellos que llegan a la casa del Señor a través de su familia y su familia no tiene los distintivos cristianos. Yo te pregunto: ¿tú eres un padre cristiano que quiere que tu hijo tenga una militancia firme? ¿Qué estás haciendo tú? Es natural, hermano, que nuestros hijos vean dónde está nuestro corazón, lo que nos gusta, lo que nos da deleite, lo que nos mueve. Hijos de padres que tienen una militancia sacrificial para el Señor tienen la tendencia de también sacrificarse y militar para servir a Cristo.
Son padres cristianos con expectativas exclusivamente temporales, eso se llama mundanalidad. Si el plan que tú tienes para tu muchacho es un plan de una vida de 70 años dedicada a asuntos que son exclusivamente temporales, perdiste el rumbo. Los estudios, la carrera, el matrimonio, la casa, el dinero: ¿qué están haciendo tus hijos en este momento que tenga un valor eterno? Que sean profesionales solamente no es la meta, que se casen solamente no es la meta; la meta es una vida donde Dios tenga la prioridad en ese corazón.
Si tus metas de crianza son las mismas metas que tiene el mundo, perdiste el rumbo. “Ah, no, que el pastor quiere que todo el mundo sea como él, que todo el mundo sea un pastor”. Yo no quiero que todo el mundo sea un pastor; yo quiero que todos los muchachos tengan a Cristo en el primer lugar de su corazón, y eso es más que terminar los estudios, es más que ser estudiante meritorio. ¿De qué le sirve al muchacho ser un estudiante meritorio que no tiene un corazón para Dios? Pero yo veo a mis hermanos padres cristianos que su gozo está en que su hijo es estudiante meritorio; yo quisiera que quizás no fuera meritorio en la escuela, pero que fuera meritorio delante de Dios.
Influencia de amigos, medios y cultura: por qué se necesita una “burbuja”
Que tuviera un corazón vivo espiritualmente. ¿De qué sirve tener un muchacho meritorio que no está vivo espiritualmente? Veo padres cristianos con mucha ansiedad para que sus hijos encajen en el mundo y sean aceptados, dando los pasos necesarios para que encajen. Los cristianos históricamente hemos preparado nuestros hijos para que sean rechazados por el mundo, y decirles: vale la pena. No, yo quisiera que el mundo me lo reciba, que no me lo rechace, que no me lo afueren del mundo. Hermano querido, lo van a hacer, porque él tiene una identidad que es distinta a la identidad del mundo.
Y nosotros no preparamos nuestros hijos para que sean abrazados por el mundo; los preparamos para que entiendan que el mundo les rechazará, pero que ellos tienen una herencia gloriosa en Cristo, una identidad que es diferente. Los judíos históricamente han producido hijos que soportan, hijos que resisten, que pueden ir a cualquier cultura y decir: “yo soy judío, yo sé que a ti no te gusta, pero yo tengo una dieta particular, tengo una identidad particular, y yo creo que conozco al único Dios verdadero”.
No es lograr que no los rechacen y colocarlos allí; esa no es la meta. La meta es que cuando el mundo les diga que no, ellos le digan que sí a Cristo. Ay, hermano, no he venido, yo le pedí al Señor que me permita no venir hoy a hacer esto como una letanía de quejas, sino a animarte al respecto, a exhortarte. Padres cristianos que mantienen a sus hijos con una exposición innecesaria al mundo desde la más temprana edad, y después están esperando tener héroes de la fe.
¿Qué es lo que escuchan tus hijos? ¿Cuáles son las conversaciones que escuchan tus hijos? ¿Cuáles son los medios que ven tus hijos? ¿Cuáles son las relaciones de tus hijos? Por regla general, un niño necesita ser sobreprotegido. Si tú no dejas a un niño en medio de un grupo de desconocidos que dispongan de su vida, tú no deberías dejarlo frente a una pantalla solo. Me digan ustedes: ¿un niño de 11 años que está invirtiendo en este momento dos horas a ver TikTok, realmente vamos a poder nosotros competir con unos cuantos minutos que le estamos compartiendo la palabra del Señor domingo en la mañana, para que él vuelva el domingo en la tarde a ver TikTok y en eso se le vaya la vida?
La industria del mundo está exportando mundanalidad a sus ojos, y tú estás esperando que ellos vayan a ser héroes de la fe. Y ellos como que no quieren ir a la iglesia, y tarde o temprano cuando tienen aproximadamente 17 años, los hijos de padres creyentes debutan como incrédulos, y están los papás jalándose los moños: “¿de qué fue lo que pasó con mi muchacho, dónde fue que la iglesia falló?” No fue la iglesia que falló, es que la responsabilidad es tuya.
¿Cuáles son sus amigos en este momento? ¿Con quiénes pasan el tiempo? ¿Qué aman sus amigos? Miren, es difícil ser un niño cristiano que está rodeado de amigos inconversos que no aman a Dios ni aman las cosas de Dios, y la mundanalidad que aman tus amiguitos es lo mismo que tú quieres amar, porque todo ser humano anda buscando un lugar donde él sea aceptado, donde sea comprendido, donde sea aupado. Y muchas de las cosas inmorales que desean tus hijos no las desean ellos porque eso sea bueno, las desean porque sus amiguitos también las tienen.
“Ah, que ustedes quieren que los niños vivan en una burbuja”. Durante un tiempo, sí. Y no nos debe avergonzar decirlo; durante un tiempo un niño necesita una burbuja: la burbuja de su familia, la burbuja de su identidad, la burbuja de su iglesia, la burbuja de la música cristiana. “Ah, que escuchando solamente quieren que uno escuche la misma música”; no es eso, en las edades más tempranas la casa debería ser una burbuja para ellos, porque todavía no están listos para vivir en Babilonia. Y si no están listos para vivir en Babilonia, vamos a aprovechar el tiempo para formarlos.
Convicciones personales, “no contaminarse” y decisiones pequeñas
No es que esas son las canciones que a mí me gustan; en este momento tus hijos no deberían ser expuestos a canciones que los formen en otra identidad. “Ah, que es el programa que yo escucho en la radio cuando voy de camino al trabajo”; yo lo que te pregunto es qué está escuchando tu hijo, que tiene un cerebro aún más permeable que el tuyo. “Ah, eso es religiosidad”. No, hermano, así es que se prepara un muchacho para que viva en Babilonia y que el sistema no se lo beba.
Daniel se propuso en su corazón no contaminarse, hermano, pero yo no creo que él llegó ahí lleno de YouTube, de Netflix, de TikTok. ¿Me siguen en esto? No es que Daniel estaba haciendo “scroll” en una red social en Babilonia y dijo: “yo como que no me voy a contaminar con eso”. No, yo veo a Daniel y a sus amigos con una mente que estaba imbuida en la ley de Dios, en los testimonios de su Dios, y cuando le mostraron una opción dijeron: no, nosotros no.
Yo pregunto, hermano, cuando nuestros muchachos tengan que decidir, ¿están listos? Yo no soy su papá, hermano, yo soy solamente su pastor, pero yo creo que no están listos. Daniel entendió que el asunto era más que comida. Vivimos en tiempos donde son los padres los que dicen: “Daniel, come, que te vas a morir”. Vivimos en días tan peligrosos que son los mismos padres cristianos los que le dicen a sus hijos: “mi hijo, no sea tan riguroso, tú no estás en la iglesia”. Vivimos en días tan peligrosos que son los mismos padres cristianos los que le dicen a los hijos cristianos que participen: “Dios te entiende”, y que buscan darle recursos retóricos a sus hijos para que participen en las mismas cosas en las que participa el mundo.
Daniel no comió la comida del rey ni bebió el vino que él bebía porque sabía que eso era un símbolo y que representaba algo más que gastronomía. Daniel sabía que el vino representaba algo que, con su decisión, podía hacer una diferencia. “¿Y por qué él no quiere comerse la comida? ¿Y por qué ustedes no quieren que se vea la película? ¿Y qué es lo que tiene ese canal de YouTube? ¿Y qué es lo que pasa con la música no cristiana que ustedes quieren que ellos no la escuchen? ¿Y qué es lo que pasa con ese concierto?”
Andan conciertos, no es solamente un concierto; pero todos los jóvenes van para ese concierto, un concierto secular. No es solamente un concierto; ahí hay algo más que música. Hay una forma de vestir en el concierto, una forma de conducirse en el concierto. El joven que no tiene la formación adecuada no solamente quiere ir a un concierto a escuchar música; no piense que ellos van a ir para eso, porque eso lo escuchan en Spotify. Es un deseo de transgredir los límites, es un deseo de probar las fuerzas, es un deseo de hacer algo rápido porque “se me está acabando la juventud”.
Y si no están formados, hermano, hay que mostrarles. Con esfuerzo retórico, Daniel, siendo sabio, podía justificar el asunto; yo te lo ayudo: “Daniel, eso no es para tanto, eso es comida, y si no te la comes hoy, tarde o temprano te la vas a comer, porque tú estás en Babilonia; te van a traer la comida ahora siempre de Jerusalén para que te la comas aquí”. Hermano, respete cuando un creyente quiere hacer en la vida, en asuntos que a usted le parecen irrisorios, la voluntad de Dios.
Porque uno a veces quiere hacer la voluntad de Dios en un asunto y siempre hay un creyente diciéndote que tú estás siendo muy riguroso. Si Dios le está guiando a alguien a que eso haga, la voluntad de Dios, déjelo tranquilo. Y cuando tu hijo quiera hacer en la vida la voluntad de Dios, no estés pensando en ponérsela más fácil para que le vaya bien en el mundo. Al muchacho cristiano no le va a ir bien en el mundo porque haga las cosas mundanas; Dios providencialmente va a tener misericordia de ellos.
Lo legítimo, lo distorsionado y la presión de integrarse a Babilonia
Al consentir en esto pequeño, Daniel estaría abriendo las puertas a cosas mucho más grandes; ya por ahí había una estatua que estaban diseñando de 60 codos para que los hombres se inclinaran. Si yo comienzo comiéndome la comida del rey sin problema alguno, también me voy a doblar delante de la estatua. El carácter se construye a través de una serie de pequeñas decisiones; tú primero decides en esas áreas pequeñas hacer la voluntad del Señor, y después en una más grande.
Yo estoy persuadido de que estos muchachos no se doblaron ante la estatua que aparece en el capítulo 3 de Daniel porque en este momento eligieron comer legumbres. Lo que pasa es que la gente quiere luchar directo contra las estatuas: “tráigame la estatua que yo no me doblaré”. Hermano, primero dile que no a las cosas pequeñas y luego tú le vas a decir que no a las cosas grandes, y así se construye un carácter cristiano: en pequeñas decisiones. A veces no reírte, a veces no ir; todo el mundo se ríe, tú no te ríes, y eso glorifica a Dios. Y tú sabes que el chiste estaba bueno, pero dices: “yo sé que eso está ofendiendo a mi Dios y hago el esfuerzo de no reírme”.
A veces no comer, a veces abstenerte. Yo sé de hermanos míos que en su casa pueden tomar cualquier bebida, pero en lugares públicos ellos han elegido no tomar, y entonces: “¿y por qué no?” “Ah, pero eso es un doble estándar”. Hermano, sea respetuoso de cuando los creyentes toman decisiones para glorificar al Señor en departamentos de su vida. Respete eso, que Daniel no quiso comerse la comida del rey y beberse el vino.
No hay tal cosa como una moral elástica o geográfica. Dios es el mismo en todas partes; lo que a Dios no le gusta que se haga en su iglesia, no le gusta que se haga en tu casa, no le gusta que se haga en tu barrio, no le gusta que se haga en tu escuela, en tu universidad, en tu trabajo, en tu negocio y en ninguna otra parte. No hay una moral elástica que se extiende o se contrae; Dios es el mismo en todas partes, y Daniel está viviendo para Dios en Babilonia como si estuviera en Jerusalén. Qué locura.
Y nosotros queremos vivir como cristianos en este mundo que no ama a Dios; es una locura. ¿Qué es lo que representaba la comida del rey? Alguien dice: “pero bien, vino se ha bebido siempre, comida se ha comido siempre”. Es, hermano, que Melzar era un pícaro, porque él se llevaba, sospecho, para su casa la comida del rey y le daba también las legumbres a Daniel. Ojalá que Dios le ayude y que le siga ayudando durante los tres años. Hermano, esa es la vida en que vive un creyente: uno le dice que no a cosas que parecen irrisorias y enseguida aparece alguien que las agarra. Y tú dices: “me lo estoy perdiendo durante tres años”.
Póngase usted en el caso de que durante tres años se limite en un área de su vida que todo el mundo entiende que es legítima, y que alguien está aprovechando lo que usted se limitó porque usted entiende que eso está glorificando al Señor. Es duro; cualquiera lo hace tres días, pero tres años. ¿Qué es lo que representa la comida del rey? Representa algo legítimo que Dios había creado. Yo necesito comer; usted sabía que uno, si no come, se muere. Ahí arranca la perversidad, cuando uno quiere entender que las cosas solamente son fisiológicas, fácticas, prácticas: “yo como lo que sea, porque comida es comida y Dios hizo mi cuerpo para que coma; yo veo lo que haya que ver, porque Dios me hizo a mí para el deleite; yo participo de lo que haya que participar, porque Dios tiene control de todas las cosas”.
Ese es el tipo de persona que está caminando a integrarse totalmente a Babilonia. Lo que representaba esa comida era algo legítimo, algo necesario; la comida no es inmoral, y la comida el cuerpo la necesita. Algo legítimo, algo necesario, pero había sido desdibujado de forma tal que no solamente era alimento, sino también una forma de idolatría. Para ellos eso era magia gastronómica, era una experiencia. Cuando la cosa más sencilla en este mundo la toman y hacen de ella una perversidad.
Los hombres ahora mismo tenemos problemas para visitar una barbería; se suponía que ahí lo que hacen es que cortan el cabello, pero ya ahí no solamente cortan el cabello, ahí se hace mucha cosa. Y uno tiene que decir: “no, por ahí no voy”. “Ah, pero eso es una bobería”. Está bien, es una bobería, yo voy a elegir otra. “Pero es un viaje solamente”. Eso es turismo; probablemente para ti, en tu mente ingenua, eso es solamente turismo; para otra persona no es un viaje de graduación, eso es otra cosa.
Y tú no deberías querer ir, porque los planes que tú tienes no son turismo, es algo más. Si en los planes que tú tienes es turismo, pero los planes que tienen ellos son otra cosa, el mundo vive en eso, donde te ponen cosas legítimas que han sido dadas por Dios y te las muestran como que lo que hay ahí, porque es legítimo y ha sido dado por Dios, es agradable. Hermano, no era solamente comida, era idolatría; y ellos, cuando comían, participaban de una serie de cosas dedicadas a su dios, de las cuales Daniel no quería participar.
Sexo, música y otros “recipientes” de perversidad
No era solamente comida lo que te estoy diciendo; hay comida y algo más. Y no es muy complejo de entender que hay cosas que no son solamente lo que parecen. No es solamente sexo; hay sexo y algo más. La música es música; a uno le gusta el arte, eso es arte, la excusa es que se trata de combinar sonidos con el tiempo. Eso es música, eso es arte. ¿Tienes un “apa”? Ahí hay más que música.
Ah, que ustedes están en contra del dembow. Hermano, no estamos en contra del dembow, ni de la guira, ni del mambo violento ni de ningún otro ritmo; ese no es el problema. No es el recipiente, es el contenido. La música es un recipiente que está conteniendo perversidad, y cuando tú le pones eso en la mesa y tú ves los niños desde pequeños consumiendo y haciendo los bailes y las cosas, “ay, qué lindo, lo hace, mira este, y este tiene el último”. Y tú ves al niño desde pequeño haciendo ese tipo de cosas y consumiendo eso con tragos grandes.
Y al mundo eso no le sorprende; debería sorprenderte a ti. Por eso le digo, hermano, que necesitamos una burbuja. En un momento la burbuja no va a durar para siempre, pero por un momento nuestros hijos necesitan una burbuja, porque si los cinco amiguitos están haciendo lo que están haciendo todos los demás, probablemente ellos también lo harán. No es reconocimiento ni fama solamente; ahí hay algo más. No es el poder por poder; ahí hay algo más.
No era solamente comida lo que estaba en la mesa del rey; era idolatría. Daniel actuó según sus convicciones; él pidió en Babilonia que no se le obligase. Oye qué hermoso un muchacho que en su colegio dice: “no, a mí no; permítanme que yo no haga eso, eso va en contra de mis convicciones”. Qué lindo un niño de 12 años que se planta ante su maestro y le dice: “que lo hagan los demás, a mí permítame, profe, no hacerlo; yo tengo otra formación, tengo otra identidad, yo conozco al único Dios verdadero”.
“Ven, pero que eso todos los niños lo van a hacer”; háganlo. Sería hermoso un muchacho que haya sido preparado desde los 7, 8, 9, 10 años, que cuando llegue a los 11 él tenga un lugar firme y pueda decir “no”. Yo me imagino que ese jefe de los eunucos se quedó petrificado cuando Daniel dijo que no, porque ¿quién le dice que no a Babilonia? Es un muchacho que quizá tiene 17 años en este momento.
Pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase. Qué es lo menos que debe decir un hijo de Dios en esta tierra cuando le piden hacer cosas: “no me obliguen”. Y si tú lo haces en la escuela, después lo harás en tu primer trabajo, y después cuando seas gerente, y después cuando seas el dueño de una empresa. Y qué hermoso una persona que dice: “no me obliguen, eso va en contra de mis convicciones, yo tengo principios que son muy altos”. Hay gente que ni siquiera eso hace.
Dios pone gracia y hace a sus hijos diez veces mejores
Y es que, director, hermano, muchas veces cuando tú dices “no me obliguen”, lo que hacen es que te llevan la cabeza; por eso cuando uno dice “no me obliguen” uno está confiando en que el Señor va a tener misericordia. Es interesante que el que habló fue Daniel, pero también tenía amigos creyentes. En todo grupo de amiguitos cristianos hay uno que debe hablar. Yo recuerdo momentos así en mi adolescencia donde alguno dijo que no; yo quizá quería decir que sí, pero alguno dijo que no, y cuando él dijo que no me recordó cuáles eran mis convicciones.
Quizá los amigos de Daniel estaban por comer; no quiero ponerle yo cosas al texto, hermano, pero el que aparece hablando es Daniel, y Daniel dijo: “yo no”. ¿Y los otros? Bueno, pues vamos con él. Ay, hermano, qué bendición es un amigo cristiano que te clava el codo y te dice: “fulano, no”. Fulano, cierra los ojos, no lo veas. Qué hermoso es un caballero cristiano que tiene un amigo cristiano que le dice: “fulano, no mires para allá, no la mires de nuevo; yo sé que te gustó, pero no vuelvas a mirar”. Y qué hermosa una dama cristiana que ve una actitud y le dice a otra hermana: “confía en el Señor que te proveerá, no te desesperes”.
Hace falta tener amistades piadosas para hacer la voluntad del Señor, porque el que está rodeado de incrédulos en Babilonia murió, murió. Quizá tú estás teniendo más dificultad para hacer la voluntad del Señor en tu vida porque te estás rodeando de amistades que no hacen la voluntad del Señor. He estado mostrando la decisión valiente; terminaré mostrando la forma providencial en que fueron guardados.
Bueno, cuando tus hijos tomen decisiones como esta no les va a ir bien a nivel humano, porque el mundo no les va a ayudar. La convicción que tenemos como creyentes es que Dios tiene control de la historia, y que mi provisión, mi prosperidad, no dependen de lo que Babilonia me quiera dar o no me quiera dar, que mi vida está en las manos de Dios. ¿Qué hizo Dios? Dice el versículo 9: “Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos”. Eso es hermoso.
Eso no es pleitesía, eso no es que Daniel está haciendo cosas inapropiadas; es que el Señor puso gracia. Qué hermoso el muchacho que en su trabajo Dios le pone gracia. Espera que Dios te ponga gracia en el trabajo; si tú eres cristiano y tú dices: “yo espero que Dios me ponga gracia”, tú no lo vas a poder ejercer a menos que seas cristiano de verdad, y que aún siendo cristiano tú digas: “yo espero que Dios me ponga gracia”.
El mundo del arte, del entretenimiento, hay jóvenes que quieren incidir ahí: “no, si tú eres cristiano tú no puedes dedicarte a la música”. Si tú eres cristiano tú vas a tener que plantarte y decir: “yo espero que el Señor ponga en mí gracia”. Pero hay cosas que un creyente no tolera. Yo sufrí, hermano, ver músicos talentosísimos, amigos míos, que estaban tocando en cosas que ofendían a su Dios; me decían: “no, eso es música solamente, un oficio; ah, que como tú no te dedicas a la música entonces me voy a morir de hambre”.
Yo te entiendo, quizá te vas a morir de hambre, pero en el cielo hay un Dios y tu sustento viene de allá, no de ahí. Dios puso gracia. Por favor, no le digan a los muchachos: “mira, vete más lento, vete al paso, no seas tan riguroso”. Dile: “mi amor, si tú tienes intención de glorificar a tu Dios, ora, y Dios te puede poner gracia”. Y cuando yo tenía tu edad también tomé una cadena de decisiones pequeñas en el mismo sentido, y yo testifico que Dios ha puesto gracia.
Yo quisiera ver adultos de más de 40 años en esta iglesia que desfilen y vengan por aquí y puedan decirles a los más jóvenes: “el Señor me prosperó, y cuando me pidieron que hiciera eso no lo hice; no que si tú, como muchacha, no eres agradable no te van a dar la oportunidad”, y tú dices: “yo no ando haciendo eso, porque eso ofende a mi Dios, y yo espero que como quiera me van a dar la oportunidad”. “Ah, pero tú tienes demasiadas expectativas en el Dios que está en el cielo, que te va a ayudar”. Yo quisiera ver a mis hermanas que le digan a las más jóvenes: “mi amor, eso es mentira, lo que el mundo dice, que hay que hacer eso para lograr lo otro; Dios te puede ayudar”.
Milagro, vocación y valor de servir al Señor en la juventud
La gracia que hace falta es la gracia de Dios, no la gracia de los hombres. Después dice el versículo 14 que Dios permitió que el plan de Daniel de comer legumbres fuera aceptado: “Consintió, pues, con ellos en esto, y probó con ellos diez días”. Vamos a ver. No traten de buscar explicaciones científicas a eso; hay gente que ha especulado y ha dicho: “no, lo que pasa es que él se volvió vegetariano, y como se volvió vegetariano su cutis se mejoró”. Eso no da para mucho.
Si usted se dedica a vivir una dieta vegetariana, probablemente en 10 días no se siente gran cosa; fue un milagro. Hablábamos hoy en la escuela bíblica de los milagros: que el Señor interrumpe el curso natural de las leyes físicas. El Señor hizo un milagro, de forma tal que esas legumbres les nutrieron de manera especial, pero yo creo que el Señor hizo que su rostro se volviera rosagante; lo hizo Dios, no las legumbres.
Yo he visto hasta libros, hermano, que hablan de eso, de que “hay que comer como Daniel para que tengamos la salud que Daniel tuvo”; en 10 días no se logra. Pruébese legumbres durante 10 días; lo que te quiero mostrar con las legumbres es que hay cosas que son difíciles, y que si es difícil mantenerse a legumbres durante 10 días, también es difícil en otras áreas de nuestra vida hacer la voluntad del Señor. Yo entiendo que no es fácil no tener un noviazgo como el mundo lo plantea, sino un noviazgo que glorifique al Señor.
Entonces, ¿cómo que vamos a ser novios? ¿Vamos a ser novios como el mundo o vamos a ser novios como glorifica al Señor? Qué hermoso si tu novio o tu novia es cristiano y te dice: “a la manera de Dios”, y entendemos que el Señor ha reservado el sexo para el matrimonio, y otras cosas más. He tratado de no escandalizar, hermano, pero he estado predicando en diferentes lugares y hablando a los jóvenes, y hay padres que se escandalizan de que uno hable de homosexualidad, de sexo. Ellos están escuchando eso desde los 9 años, y lo están escuchando de la manera más grotesca posible.
Todavía hay padres que se escandalizan de muchachos que tienen 18 y están pensando en sus relaciones sin referencia a Dios. Eso no va a prosperar, porque nadie va a querer tener otro que sea tan piadoso como ella o tan piadoso como él que valga la pena. Dios permitió que el plan fuera aceptado, y dice el versículo 15: “Y al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos mejor y más robusto que el de los otros muchachos que comían de la porción de la comida del rey”. El Señor lo hizo.
Tu hijo va a estar robusto providencialmente; no generes ansiedad de que si él toma en serio los caminos del Señor, si se compromete, le va a ir mal. Ay, hermano, a veces veo padres cristianos que tienen hijos con vocación para el ministerio y les echan agua. “No, mi amor, no; bueno, la obra del Señor también necesita obreros, y esto también es un trabajo legítimo”. La obra del Señor necesita gente que dedique su vida a este trabajo también.
Hay padres que prefieren que sus hijos estén en Burger King entregando sándwiches, en vez de estar en la casa del Señor entregando la palabra. Este es un trabajo honroso, un privilegio, y si tu hijo tiene vocación, aun Pablo dice: “no lo detengas”. Dice el versículo 17 que Dios les dio algo mucho más valioso que la apariencia física. La apariencia física es un don de Dios, hermano, pero no es lo único que Dios da. A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias, y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños.
Dios les dio algo mucho más valioso. Los midieron, dice el versículo 19: “Y el rey habló con ellos, y no fueron hallados entre todos ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías”. Habló con ellos, habló con todos los muchachos que estaban siendo preparados, y no fueron encontrados entre todos ellos otros como Daniel. Me gusta, hermano, que aquí les pusieron su nombre; me imagino a Daniel escribiendo este libro, y cuando él escribió su libro, quizás ya siendo un anciano, dijo: “Daniel”. Es como si dijera: “es que yo me llamo así”.
Identidad afirmada, diez veces mejores y el reto actual
Qué hermoso muchacho que reclama su identidad. Yo me imagino a Daniel siendo ya un anciano escribiendo este libro y poniendo: “no fueron hallados entre todos ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías”. Oye, está poniendo los nombres hebreos, los nombres viejos, está diciendo: “es que yo soy Daniel, y él es Ananías, y el otro es Misael, y el otro se llama Azarías; así es que nosotros nos llamamos”. Ya no son muchachos, son creyentes ya en sus 30, 40 años, y él dice: “y ahora yo soy aún más explícitamente cristiano; que lo sepa el mundo, esto es lo que yo soy, esta es mi identidad: siervo de Dios, ese soy yo”.
“En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores”. Hermano, la mundanalidad puede mejorar un poco las oportunidades de tus hijos, pero por la gracia del Señor él los puede hacer diez veces mejores. Es mi deseo, hermano, mi oración, que mis hermanos más jóvenes sean hallados en cualquier área diez veces mejores. Mídelo de cabeza a cabeza, tú vas a encontrar que son diez veces mejores, y que la gente diga: “¿y cómo es que ustedes lo logran, y cómo es que lo han hecho?”
Yo creo, hermano, que necesitamos casos de éxito de gente que viva en la piedad. No voy a ser imprudente; he sido cuidadoso, porque uno no quiere llenar esto de ejemplos personales, pero yo testifico a cualquier muchacho que en este momento tenga 17 años que vale la pena hacerlo a la manera de Dios y comerse las legumbres. Y que cuando te midan con los de tu generación seas diez veces mejor, hermano. Y eso no es ostentación, no es vanidad, eso es la misericordia del Señor.
Espero no cometer una imprudencia, pero estuve pasando balance de una serie de muchachos que comenzaron conmigo el proyecto de siembra de iglesia. Y aquello, hermano, no era que traíamos un grupo desarrollado; éramos muchachos jóvenes que no teníamos mucho. El Señor tuvo misericordia, y yo miro mis hermanos que comenzaron conmigo, y en cada área de la vida yo los encuentro diez veces mejores. Dedicaron su juventud a servir al Señor, y les ha ido bien en su trabajo, les ha ido bien en sus negocios, les ha ido bien en sus matrimonios: diez veces mejores.
Y tú ves los muchachos ahora pensando si se van a comprometer o no en los caminos del Señor. Claro que te debes comprometer, y el Señor te puede hacer diez veces mejor. Y yo, que soy su pastor, hermano, testifico que en todas las áreas de la vida, cuando veo mi vida tiempo atrás y la veo ahora, veo que diez veces mejores; y que por donde quiera que midan mi vida, ha valido la pena vivirla de frente a Dios. Que no he perdido, hermano, sino que he ganado; diez veces mejores.
Ese es el paradigma, no es un poco mejor que la manera del mundo. Algo me decía Rafael: “mira, en los negocios si tú te vuelves un poco más como ellos, si tú hablas lo que ellos hablan, si tú…”. Algo me dijo: “mira, tú tienes que cultivar un poco más el asunto de ser más ‘sensual’ en la negociación; cuando tú estés negociando tú tienes que pretender un poco, así es que el mundo lo logra”. Hermano, yo seré un poco aburrido, pero yo testifico que el Señor ha permitido que los negocios se cierren diez veces mejores. Que se han ganado los contratos, no porque me volví más sensual en la negociación, sino más frontal, cada vez más claro, cada vez más explícito.
Le pueden preguntar a mis clientes, que saben que yo soy un cristiano y saben que soy un pastor. Me decía alguien: “si tú dices que eres un pastor, la gente no va a querer trabajar contigo”. Hermano, me ponen los negocios en la mano, no porque yo sea un pastor o no, es que el Señor pone la gracia, diez veces mejores. Es lo que le puedo decir a los más jóvenes. Y uno vive muy explícito; la gente piensa: “no, mira, ellos están ahí cogiendo mucha lucha”. No, hermano, el que ha hecho la voluntad del Señor, el Señor ha tenido misericordia, y yo veo a los muchachos que comenzaron conmigo y en todas las áreas de la vida les digo: diez veces mejores.
“En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos”. Esto es lo que esta tierra, hermano, está llena de magos y astrólogos, de muchachos llenos de perversidad que piensan que con su magia y su astrología van a lograr sus objetivos. Que el Señor te dé lo que te puedo decir: diez veces mejor que todos los magos y astrólogos que había en su reino. Y alguien dirá: “no, pero tú lo puedes lograr, pero no vas a permanecer así; viviendo así no se permanece”. Pero dice aquí: “Y continuó Daniel hasta el año primero del rey Ciro”. Tres reyes pasaron, y ahí estaba Daniel haciendo la voluntad de Dios, viviendo de frente a Dios.
Llamado final a dedicar la juventud y a formar a la próxima generación
Alguien me dice: “es que yo estoy en una industria que si lo hago así me muero de hambre”. Entonces cambia de industria, estudia otra cosa. La juventud no es un ídolo; yo no he venido aquí a exaltar a los jóvenes. La juventud no es un ídolo, es un instrumento limitado. Hablo en este momento a los más jóvenes: si tú tienes menos de 25, tú puedes todavía resolver dedicar tu juventud a Dios y a su servicio. Eso no se repite, hermano; los 25 no vuelven, los 30 tampoco.
Tú no puedes esperarte a tener 60 años para intentar dedicar tu juventud a Dios. Qué gozo da a un muchacho decir: “yo serví a Dios en mi juventud, y en cada transición importante de mi vida Dios ha tenido el primer lugar”. Tenemos un reto por delante. Miren, cuando esta iglesia inició éramos jovencísimos; ya no lo somos tanto. El Señor tuvo misericordia, la media de edad de esta iglesia era 20 y pico de años; en este momento estamos cerca de 40, la media de edad.
Necesitamos jóvenes que quieran dedicar su vida a hacer la voluntad del Señor. Yo voy a la iglesia mirando al jovencito; no como que ellos no pueden, o como que no tienen talento evidente. Un call center lo va a agarrar, una banca lo va a agarrar, lo van a poner ahí en la caja de un supermercado a pasar productos; ahí es que lo va a agarrar el mundo. Todo eso son trabajos legítimos, pero el trabajo más importante es dedicar nuestra vida para la gloria del Señor.