Domingos 9:30 AM y 11:30 AM Gazcue, Santo Domingo
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Una apremiante advertencia ante las amenazas de la fe

Judas 1:1-4

El creyente debe mantenerse vigilante y contender ardientemente por la fe una vez dada a los santos, resistiendo a falsos maestros que convierten la gracia en libertinaje y niegan el señorío de Cristo.

Predicado16 de julio de 2023
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

¿Qué vamos a hablar en el día de hoy, hermanos queridos? Hoy he titulado el mensaje: “Una apremiante advertencia ante las amenazas de la fe”, una apremiante advertencia ante las amenazas de la fe. Mire, cuando estamos bajo una amenaza de cualquier tipo, la reacción natural que tenemos cada uno de nosotros, incluso instintiva, es buscar la manera de evitar que el efecto negativo de esas amenazas venga sobre nosotros. Usted trata de cuidarse, usted trata de protegerse, usted trata de prepararse de manera tal que los efectos de dicho peligro, de dicha amenaza, no sean sobre usted en el mejor de los casos. Pero no siempre es así. Hay veces que la amenaza y el peligro son tan inminentes que van a venir sobre nosotros, que a lo mejor que podemos hacer es atenuar los efectos negativos sobre nosotros, atenuar sus consecuencias negativas.

En el caso de la iglesia cristiana, desde sus orígenes, hermanos queridos, desde sus orígenes ha estado bajo un constante estado de amenazas de todo tipo. De todo tipo. Corrientes heréticas, por ejemplo, que niegan la deidad de Cristo y la Trinidad, una amenaza desde el inicio de la iglesia hasta nuestros días, están ahí. La introducción de la mundanalidad en el seno de la iglesia, muy actual, y lamentablemente ya no es tanto una amenaza, sino un hecho. Otra amenaza es el perverso abuso de la gracia del Señor, asumiendo que como ya yo tengo la gracia del Señor yo tengo toda licencia para pecar, y todo me es permitido, y yo no voy a sufrir ningún tipo de consecuencia.

Y realidades. Ante cualquier amenaza, hermanos, usted se prepara para usted defenderse. Eso es como usted ve la guerra. Guardando un poco el contexto: a Ucrania le habían avisado que los rusos la iban a invadir, y ellos, en cierta manera, antes de esa fatídica fecha de febrero del 2022, intentaron buscar la forma de defenderse para atenuar que la invasión de Rusia a su nación fuera lo menos dañina posible. Y lo hicieron. Entonces, nosotros hacemos un inventario para saber con qué nosotros contamos para poder enfrentar esas amenazas. ¿Qué sistema de defensa nosotros disponemos? ¿Cuáles armas serán efectivas para poder frenar dichas amenazas o vencerlas? Y en esta batalla ha estado la iglesia desde siempre. Desde siempre.

Y hoy más que nunca estas amenazas han pasado a los hechos. Estas amenazas que tal vez estuvieron al principio del comienzo de la iglesia, que afectaron la iglesia primitiva, se han sofisticado más. Se han hecho más sutiles. Han intentado, inclusive, hasta mimetizarse con la misma práctica que tiene la iglesia, pero cuando ya venimos a abrir los ojos están dentro de nosotros. Y todo esto también ha ayudado al extendido criterio de que estamos en una época que a lo bueno le llamamos mal y a lo malo le llamamos bueno. Por tanto, el peligro es muy evidente, hermano. Entonces, en la mañana de hoy vamos a estar mirando la advertencia que tenemos aquí desde la epístola del apóstol Judas, acerca de la amenaza y, más que la amenaza, la situación que estaba viviendo la iglesia de Cristo en este momento determinado con el accionar de algunos falsos maestros.

Judas y la situación de la iglesia primitiva

Estos falsos maestros usaban la libertad cristiana y la gracia gratuita para la inmoralidad. Pero que, a pesar de eso, los verdaderos creyentes deben de luchar firmemente, firmemente contra esto, ya que contamos con el amor del Padre, el ser posesión de Cristo y la herramienta de la fe una vez dada a los santos. Una vez dada a los santos. ¿Qué yo me propongo, hermanos queridos, en el día de hoy? Bueno, mostrar que el creyente debe de mantenerse vigilante ante la irrupción de los falsos maestros en el seno de la iglesia, cuyas vidas y mensajes cargados de mundanalidad niegan el señorío de Cristo y hacen caer consigo a muchos. Por lo que se hace necesario comprender las doctrinas fundamentales, el cuerpo de fe dado a la iglesia, para que nosotros tenazmente, constantemente, insistentemente, intencionalmente estemos luchando contra estas cosas.

Quisiera que me acompañaran a la epístola de Judas; vamos a estarnos concentrando en los primeros cuatro versículos. Dice la Escritura, voy a leer la versión de la Biblia de las Américas, que puede tener alguna diferencia con la de Reina-Valera:

Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Jacobo, a los llamados, amados en Dios Padre y guardados para Jesucristo:

Misericordia, paz y amor os sean multiplicados.

Amados, por el gran empeño que tenía en escribiros acerca de nuestra común salvación, he sentido la necesidad de escribiros exhortándoos a contender ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos.

Pues algunos hombres se han infiltrado encubiertamente, los cuales desde mucho antes estaban marcados para esta condenación, impíos que convierten la gracia de nuestro Dios en libertinaje y niegan a nuestro único Soberano y Señor, Jesucristo.

— Judas 1:1-4

¿Qué vemos aquí? Vamos a entrar en contexto. Estamos ante una epístola. El género epistolar en las Escrituras tiene una estructura que es común: la epístola de Santiago, la epístola de Judas, las cartas pastorales del apóstol Pablo. En la cual hay tres partes esenciales. Lo primero es que vemos una introducción o saludo, como estamos mirando aquí en los versículos 1 y 2. Luego vemos el cuerpo de esta carta, que en el caso particular de la epístola de Judas comprende desde los versículos 3 hasta el versículo 23. Y tiene una conclusión o doxología, que en el caso de la carta de Judas corresponde a los versículos 24 y 25. En el caso de nosotros, esta mañana vamos a estar mirando la introducción o el saludo y vamos a estar viendo el motivo, el por qué, la razón por la cual el apóstol Judas escribió esta carta, que está en los versículos 3 y 4.

Es una carta poco conocida. Hay personas que pueden decir que no hay tantísimo provecho en esta carta, pero si uno trata de prestar un poco de atención, esta es una carta maravillosa. Porque la persona de Cristo se hace claramente visible y hay llamados hechos a la iglesia que permiten que la iglesia despierte y que pueda el Señor utilizar este tipo de predicación para atraer avivamientos en el seno de la iglesia. Los pasajes más conocidos de esta carta son el versículo 3, en el cual hay una exhortación a contender ardientemente por la fe una vez dada y para siempre a los santos; y también está la doxología que está en los versículos 24 y 25, que aunque no voy a exponerla hasta su momento, se la voy a leer, que dice:

Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída y para presentaros sin mancha en presencia de su gloria con gran alegría, al único Dios nuestro Salvador, por medio de Jesucristo nuestro Señor, sea gloria, majestad, dominio y autoridad antes de todo tiempo y ahora y por todos los siglos. Amén.

— Judas 1:24-25

Una extraordinaria manera de concluir una carta. Aparte de estos tres versículos, tiene otros tantos que para la mayoría de los creyentes, inclusive, son desconocidos. Rara vez lo leen. Es raro que uno encuentre, inclusive en algún tipo de programa de lectura bíblica, alguna lectura del libro de Judas que no sean esos tres versículos que yo acabo de leer. Es un desafío para su interpretación, porque inclusive en el cuerpo de la carta Judas utiliza imágenes, trae porciones de libros que no están dentro del canon bíblico, fuentes extrabíblicas de hechos. Por eso es que Judas fue uno de los libros que fue de los últimos en la inclusión del canon, porque había mucha controversia generada en ese sentido.

Pero, no obstante a todo esto, podemos ver acá la historia de lo que era la iglesia primitiva, lo que estaba allí pasando. Que lo mismo por lo que estaban siendo afectados estos hermanos lo seguimos siendo afectados nosotros en el día de hoy. Por lo tanto, a pesar de todo lo anteriormente dicho, entendemos que la carta de Judas es muy importante para el estudio dentro de lo que es la iglesia y sigue siendo relevante dentro de las porciones que están contenidas en el canon del Nuevo Testamento. Judas es una carta típicamente judía. No tiene un lenguaje teológico muy refinado ni muy elevado, como algunos escritos del apóstol Pablo.

¿Quién es Judas y cómo se presenta?

Sino referencias que estaban dirigidas al pueblo para que pudieran entenderla, independientemente de que en su salutación no hay un destinatario específico, y por eso se denomina una carta universal. El lenguaje utilizado allí se infiere que estaba muy orientado a lo que era la iglesia conformada por los judíos que se habían convertido al cristianismo. ¿Qué tenemos? ¿Quién era Judas? Ustedes se van a preguntar: Judas, ¿quién era? Porque nosotros tenemos una referencia acerca de Judas, que es el infame apóstol que traicionó a nuestro Señor Jesucristo. Obviamente, no es de ese Judas que estamos hablando acá, ¿verdad que no? Perdón, había otros Judas. De hecho, Judas era un nombre muy común dentro del Israel antiguo.

Había una tribu que se llamaba la tribu de Judá, que resultó ser la más importante dentro del pueblo judío porque de allí vino el Mesías. ¿Quién es este Judas? Él se presenta ahí, vamos a ver quién era: “Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Jacobo”. Hermano de Jacobo. Ese Jacobo no es otro que el mismo Santiago, que es el autor de la epístola que está contenida en el Nuevo Testamento. Hay un consenso entre todos los comentaristas y biblistas de que esto es así. Y si esta persona que se identifica como hermano de Santiago, como hermano de Jacobo, a su vez es el mismo medio hermano que mencionan las Escrituras de nuestro Señor Jesucristo en Marcos, capítulo 6, versículo 3.

Es decir, que este Judas fue un hermano biológico de nuestro Señor Jesucristo. Algo interesante, porque la propia Escritura, en Hechos capítulo 1, versículo 14, y en otras partes de los evangelios dice que ni aun ellos creían en Jesús al principio de su ministerio, sino que empezaron a creer cuando ya el Señor había resucitado. El concepto que se tiene es que el autor de esta carta es el medio hermano de nuestro Señor Jesucristo. Otra cosa que es bueno resaltar es que en esta carta, toda la carta completa, que es un solo capítulo, es prácticamente una referencia paralela de lo que está contenido en 2 Pedro capítulo 2. En su casa ustedes pueden hacer la comprobación.

En la cual el enfoque principal es la oposición ante las falsas enseñanzas que había en la iglesia primitiva y que hacían tambalear la fe de estos hermanos en aquel entonces. La fecha en la cual se estima que fue escrita esta carta fue entre los años 70 y 90 de nuestra era. Entonces, visto este preámbulo, vamos a entrar en materia. ¿Qué es lo primero que yo quiero decirles, hermanos? ¿Quiénes son los que están preparados para resistir las amenazas? Pero antes que todo quiero resaltar algo muy importante que tiene el texto, y es cómo se presenta Judas. Cómo él se presenta. Dice: “siervo de Jesucristo, siervo de Jesucristo y hermano de Jacobo”. Miren, nosotros acabamos de decir quién es este Judas.

Y uno se pregunta: ¿por qué él no se presentó como “yo soy hermano del Señor Jesucristo”? Y en esta presentación él pone a Jacobo por encima de él. Miren: “yo soy hermano de Jacobo. ¿Ustedes conocen a Jacobo? Sí, yo soy el hermano de él”. Y los estudiosos dicen que dentro de la iglesia de Jerusalén, Santiago era el líder de la iglesia de Jerusalén, pero Judas tampoco se quedaba atrás; es decir, que ellos iban más o menos, en cuanto a lo que era la organización, en cuanto a lo que era el sacar adelante la iglesia de Jerusalén, estaban ahí. Pero sin embargo él viene y se pone un peldaño por debajo. Y esta presentación adquiere mucha relevancia para nosotros porque nos deja una gran enseñanza.

Al hacer esa presentación, de que primero obvia la parte de presentarse como hermano de nuestro Señor Jesucristo y se presenta como hermano de Jacobo, él no está manifestando simplemente un vínculo para legitimarse ante quienes van a estar leyendo la carta, sino que él está haciendo un reconocimiento del liderazgo que tenía Jacobo, su hermano, dentro de la iglesia de Jerusalén. Por otra parte, en vez de él presentarse con el vínculo filial que le unía a nuestro Señor Jesucristo, él lo hace con el calificativo de “siervo”. Esa palabra en el griego es un término que se llama “doulos”, que eso quiere decir esclavo. Esclavo. Él se presenta a sí mismo como un esclavo de Jesucristo, mostrando una humildad que debe de ser un ejemplo para cada uno de nosotros. Nosotros somos siervos de Cristo.

Somos esclavos porque fuimos comprados a precio de sangre. Fuimos redimidos. La redención, eso es lo que implica: que nosotros teníamos otro dueño, éramos esclavos del pecado, pertenecíamos a Satanás, y por medio de la sangre preciosa de nuestro Señor Jesucristo fuimos adquiridos para posesión suya. Fuimos comprados, y eso no es poca cosa, mis hermanos. Él, con ese calificativo de siervo, está legitimando esa condición. Además, lo menos que espera el Señor de cada uno de nosotros, de cada uno de sus siervos, es una vida de obediencia. Es una vida de total sometimiento. Es una vida que refleje, en efecto, la fe que nosotros decimos profesar. Pocas cosas dicen tanto de una persona como la manera que habla de sí misma. Cuando usted va donde una persona y la persona habla de sí misma poniéndose ella arriba en las nubes, a todos nosotros eso nos causa mucha impresión.

Dice: “Mire, tal altanería, mire a esta persona, así es orgullosa, mire a esta persona, así es vanidosa”. Nos causa cierta repulsión. Sin embargo, cuando nosotros vemos que alguien que tiene una posición social, económica, profesional, de renombre, elevada, encumbrada, se presenta con cierta humildad, a nosotros como que nos agrada, como que nos cae bien. Pocas cosas son tan reveladoras como los títulos por los cuales nosotros deseamos ser conocidos. “Yo quiero ser conocido como apóstol”. Cuidado, déjame no decir eso muy duro porque hay hermanos que me pueden… Ay los apóstoles que no hay en esta época, y se autodenominan. “Siervo del Señor Jesucristo”. “Siervo”. Un “maestro”: siervo del Señor Jesucristo. Un “reverendo”: siervo del Señor Jesucristo.

El único título de honor que Judas se permitía era el de siervo de Jesucristo. Es decir, Judas consideraba que no tenía más que un objetivo y una distinción en la vida: el estar siempre a disposición de Jesús para servirle en su causa. La más grande gloria que ningún cristiano pueda alcanzar es la de serle útil a su Señor Jesucristo. La mayor gloria que nosotros podemos alcanzar es esa: serle útil a nuestro Señor Jesucristo. Viendo esto, vamos a hacernos unas cuantas preguntas para traer aplicación. ¿Estamos haciéndonos disponibles para serle útiles al Señor? La actitud con la cual le sirvo a Dios, ¿me da la limpia conciencia de presentarme ante Él como un obrero aprobado? Pregunta. La manera en la cual le sirvo al Señor, ¿me satisface?

¿Produce gozo en mí, o yo me siento a medias con lo que estoy haciendo al Señor y quiero obtener otra posición dentro de mis propios hermanos de mayor renombre? Tengo que seguir, porque la iglesia es eso. El Señor le ha puesto algo al corazón de nuestro pastor, y es que estemos preparando la próxima generación. En el caso de nosotros, los padres, que estamos criando, la próxima generación son nuestros hijos, ellos son los que vienen. En el caso de nosotros, los padres que estamos criando, ¿es nuestro servicio al Señor un buen ejemplo para ellos, de manera que se quieran involucrar en el servicio al Señor, o ven que yo lo hago de mala gana, o ven que yo lo hago como si fuese una obligación, como una carga?

A veces hay que hacerse esas preguntas. ¿Ustedes saben por qué? Porque uno viene y dice: “Pero ven acá, pero el papá de esta persona, de esta joven o de este joven, es una persona que tuvo una trayectoria dentro de una congregación de cierta preponderancia, de cierta importancia. ¿Y por qué su hijo no se involucra?”. Debemos de hacernos esas preguntas. Entonces, ¿quiénes son los que están preparados para resistir esta amenaza? ¿Quiénes? ¿A quién le dirige Judas el contenido de esta carta? Dice aquí: “a los llamados, amados en Dios Padre”. La versión Reina-Valera también agrega “santificados”. “En Dios Padre y guardados para Jesucristo”. A los llamados, amados en Dios Padre y guardados para Jesucristo. Judas se está dirigiendo a los creyentes.

Aquellos que son los que deberían de estar preparados para luchar contra lo que se les venía encima. Aquellos que cuentan con las armas, con los medios necesarios para poder estar en esa contienda. Miren, el cristiano superficial, aquel que está visitando la iglesia, cuando vienen amenazas, son los primeros que caen. ¿Ustedes saben por qué? Porque no hay solidez. No están siendo guardados por el Señor Jesucristo. Usted puede visitar una iglesia, pero si usted no ha sido llamado por el Señor, si el Espíritu Santo no ha sido depositado en usted y usted no ha sido alcanzado para salvación, es totalmente susceptible de desviarse en la enseñanza de estos falsos maestros. A los cristianos en sentido general, que de acuerdo a los méritos de nuestro Señor Jesucristo…

Describe los siguientes puntos que voy a mencionar a continuación. ¿Quiénes son esos? Los cristianos son las personas a las cuales Dios ha llamado, dice ahí. ¿Qué significa eso, “llamar”? Hay una palabra griega que tiene una acepción triple para ese término “llamar”. Por un lado, significa que es la palabra que se utiliza para convocar a una persona a una misión, a un deber, a una responsabilidad. El cristiano está llamado a una responsabilidad de servicio al Señor. Por eso es que ustedes ven que, no sé si es alguien, algún copista, agregó la palabra “santificados” en la Reina-Valera. ¿Y qué es un santificado? ¿Qué es un santo? Alguien que ha sido apartado, alguien que ha sido destinado por un propósito, valga la redundancia, santo para el Señor.

Eso es un llamado. Alguien que ha sido apartado para un uso especial de parte del Señor. Otra connotación de los que son llamados es que se usa para invitar a una persona a una fiesta o a una celebración. Los “llamados”. Recuérdese los llamados a las bodas, las bodas del Cordero, siempre está ese término ahí en las Escrituras: una gran celebración, una invitación a una ocasión alegre. Un cristiano es un invitado a pasar con gozo y con alegría en la presencia del Señor. En su presencia hay plenitud de gozo, es su fiesta. Pero también un “llamado” es alguien que va a un juicio. Es una persona que ha sido citada a un juicio. Es la palabra que se utiliza también para rendir cuentas.

El cristiano está convocado también a presentarse ante el tribunal de Cristo. No solamente es aquel que ha sido llamado para ser apartado por un uso especial del Señor, para que el Señor lo use. No solamente es aquel que ha sido llamado para disfrutar de la fiesta, del banquete que el Señor le tenga preparado, sino también que es el llamado para que nosotros tengamos que dar cuenta delante del tribunal de nuestro Señor Jesucristo. A ese tipo de persona es que Judas está hablando. ¿Cuál otro tipo de persona? Los cristianos son las personas a las que Dios ama. Dice que son “amados en Dios”. Este es el hecho que determina la llamada. Dios me ha llamado porque me amó.

Y dice la Escritura que nosotros le amamos a Él porque Él nos amó primero. Y Él ha mostrado su gracia desde antes de la fundación del mundo. Dice “amados en Dios”. La llamada a las personas es para que sean amadas, pero también para que nosotros le amemos a Él. Es algo que es recíproco. No es que yo voy a estar siempre recibiendo el amor de mi Dios y, sin embargo, para mí es algo totalmente diferente. Y yo les voy a decir una cosa: hay momentos que aun así el Señor muestra su amor cuando nosotros ni siquiera tenemos conciencia, y tratamos de huir de Él. Y Él nos muestra su amor en que, aun nosotros siendo pecadores, Cristo murió por nosotros, dice las Escrituras.

Un amor incondicional, un amor del cual no se puede comprender la anchura, la altura, la profundidad. Ese es el amor de Dios. Dios llama a las personas a una tarea, pero esa tarea es un honor y no una carga. Dios llama a las personas a un servicio, y ese servicio nosotros debemos de hacerlo en amor. ¿A quiénes más le está dirigiendo Judas esta carta? ¿Quiénes son los cristianos? A los que Cristo guarda. Dice aquí: “guardados para Jesucristo”. Guardados para Jesucristo. El cristiano no está nunca abandonado. El verdadero creyente, aquel al cual el Señor le ha extendido su gracia para salvación, miren, puede estar en las últimas, puede estar en la posición más comprometida, puede estar en la situación más exigente, más demandante, más difícil, pero aun así nuestro Señor no lo ha abandonado.

Cristo es nuestro constante centinela, nuestro constante vigía, nuestro compañero de viaje. Miren lo que dice las Escrituras, el apóstol Pablo, Romanos 8:38–39; tanto que uno hace uso de ese versículo, esa porción de la Escritura, se estremece:

Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada, nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

— Romanos 8:38-39

Ninguna cosa creada lo podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Pero vamos a ver lo que dijo el propio Señor Jesucristo a los llamados, a los amados, a los escogidos, a los que son parte de su pueblo. Juan 10:27–30:

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen; y yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.

— Juan 10:27-30

¿Estoy viviendo yo como un creyente? ¿Es el Espíritu Santo una realidad en mí que atestigua que, en efecto, he sido escogido para salvación, he sido llamado a participar de todo esto? A estas personas es que el apóstol Judas les está hablando, a que se preparen. ¿Ustedes saben por qué? Porque ninguna persona que esté fuera del grupo de las cosas que he definido podrá resistir. Lamentablemente tengo esa mala noticia para darle. Ninguna. Caerán, serán engañados, seguirán ese derrotero. El Espíritu Santo no está ahí. Lamentablemente.

Por lo que los creyentes, ante cualquier amenaza o peligro, por grande y desafiante que sea, la actitud que debe de primar en nosotros es la de no temer ni desesperarnos, porque Dios sin duda nos guardará y prevaleceremos. Esto es válido tanto a nivel individual, cada uno de nosotros, como a nivel corporativo en la iglesia, que es conformada por cada uno de nosotros. Por eso es, hermanos queridos, que debemos de cuidarnos unos a los otros, porque la caída de un hermano dentro del cuerpo afecta a la iglesia también. Y por eso, hermano, que si usted está medio carnal…

Alínese, porque eso no solamente le va a afectar a usted, sino también que nos va a afectar a nosotros. Muy bien, hermano: llame, pida ayuda. La lucha no es de usted solo, es una lucha corporativa. Judas le está escribiendo a una iglesia, le está escribiendo a un grupo de hermanos. Él no lo está dirigiendo así: “Judas, siervo del Señor Jesucristo, hermano de Santiago, a mi hermano Felipe. Judas, siervo de Jesucristo, hermano de Santiago, a mi hermano Andrés”. No. Él está escribiendo “a los llamados, amados en Dios Padre y guardados para el Señor Jesucristo”. A su iglesia. A su iglesia. El Señor se encargará, hermanos queridos, de proporcionarnos para la lucha su misericordia, que está aquí, porque sin ella nosotros no estuviéramos vivos. Dice la Escritura que si no fuese por su misericordia, nosotros ya hubiéramos sido consumidos. Y en el libro de los Salmos dice también que la misericordia del Señor es más grande que la vida.

Nos dará también su paz para que, en medio de la turbulencia y el peligro, podamos confiar plenamente en Él. Y también nos da su amor para que podamos apoyarnos en la lucha como un cuerpo, sabiendo que la caída de uno es la caída… afecta, no la caída del cuerpo completo, pero afecta al cuerpo que es la iglesia. Y nosotros estamos llamados a amarnos los unos a los otros, a orar los unos por los otros, a acompañarnos los unos a los otros.

La urgencia de contender por la fe

Hemos visto a quiénes es que Judas les está diciendo, y cuáles son las herramientas con las cuales ellos cuentan. Vamos a ver ahora la urgencia y la necesidad que tenía el apóstol por defender la fe. En el versículo 3 dice:

Amados, por el gran empeño que tenía en escribiros acerca de nuestra común salvación, he sentido la necesidad de escribiros exhortándoos a contender ardientemente por la fe que de una vez y para siempre fue entregada a los santos.

— Judas 1:3

Yo les decía al inicio que los versículos 3 y 4 sintetizan lo que es el motivo de esta carta, la razón de ser, el corazón de esta carta. Y es un llamado a la exhortación para la defensa de la fe debido a la invasión de estos maestros inmorales, herejes, que se estaban introduciendo en la iglesia. Pero aquí hay algo que es bueno que nosotros podamos apreciar y que es bueno que podamos destacar: lo que fue el sentido de urgencia que tuvo el apóstol Judas. ¿Dónde eso se comprueba? Bueno, él dice que él en principio quería escribirles acerca de su común salvación. Él quería hacer un tratado acerca de la salvación y enviárselo a esos hermanos. Pero dice más adelante que “he sentido la necesidad” de dejar eso de lado y entonces abocarme a escribirles a ustedes en este sentido, para advertirles de esta amenaza en ciernes que tienen ustedes.

Él dijo: “No, espérate, esto es todavía más urgente, esto es todavía más importante. Yo, aunque tenga la intención de escribirles ese tratado acerca de la común salvación, tengo que advertirles a ustedes qué es lo que se les viene encima”. Un sentido de urgencia. Judas mostró este sentido de urgencia ya que, dadas las circunstancias en que se escribió la carta, había estado ocupado escribiendo ese tratado de la fe cristiana, pero le llegaron noticias de que algunos malvados y descarriados habían estado difundiendo una enseñanza destructiva. Entonces llegó a la convicción de que debía dejar eso para otro momento y enfocarse en esto que era más importante, que era más urgente.

La cotidianidad a uno lo hace lo mismo. Los que administran la casa, nosotros estamos ahí, y viene, imagínense: hay cosas que son imprescindibles en una casa, que cuando eso falta nos volvemos locos, por lo menos yo. El agua, la electricidad, y si usted está cocinando, que usted se quede sin el combustible, sin el gas. Pero lo del gas lo resolvemos más fácil, porque usted compra comida y usted comió. Pero el asunto es que, imagínese una casa que pueda pasar par de horas sin electricidad, que no sea de un apagón programado, y es un problema. Usted tiene que dejar todo lo que usted está haciendo y tratar de estar llamando, haciendo el reporte a la EDE, o estar buscando, investigando qué fue lo que pasó.

“Mira, que si fue un transformador, que si un problema eléctrico interno que yo tengo en la casa”, para resolverlo. ¿Por qué? Porque eso es algo muy importante. Primero, nosotros no podemos… la vida sería muy difícil sin la electricidad. Usted tiene una nevera llena de alimentos que se le dañan. Entonces uno viene y puede estar haciendo cualquier cosa, y se concentra en eso, en resolverlo.

Y en el trabajo, en el trabajo lo mismo. El trabajo es lo mismo. Y yo sé que juntamente conmigo hay hermanos míos que vivimos en esa lucha constante, de que nosotros podemos definir una agenda, podemos definir un programa de que “esto lo vamos a hacer hoy”. Pero mentira. Mentira, eso no es verdad. Miren, cuando eso ocurra en un día, asustados estamos. Asustados estamos, porque o hay poca actividad en la empresa o hay algún problema. No sé. Porque si la empresa tiene mucha actividad, siempre hay muchos imprevistos. “Mira, que hubo un tapón, que esto no llegó, que hubo una mercancía que hay que entregar y no se liquidó, que mira que a este cliente se le entregó mal esto…”. Miren, esos son 20 mil cosas, y uno puede hacer un plan de que se va a dedicar a eso, y lamentablemente tiene que dejarlo de lado. ¿Ustedes saben por qué? Porque hay cosas que son importantes, pero que si uno les da un poco de delay, las pone en pausa, no van a crear un problema mayor que algunas cosas que surgen de manera súbita, que son críticas.

Que si usted no las resolvió, le crean un problema. Del mismo modo eso pasaba. Por eso es que Judas se concentra en escribirles a estos hermanos, porque si él los enfocaba en eso, la iglesia peligraba. Es muy bonito tú tener un tomo así de teología sistemática, bien, “mira, sí, me voy a nutrir bien”. Pero el asunto es que hay veces que, cuando la casa está cogiendo fuego, lo primero que uno sale a buscar es a los vecinos, y si tienen dos o tres cubos: “Ven, vamos a tirarle dos o tres cubetazos a ver, en lo que llegan los bomberos”.

Y literalmente la iglesia estaba por coger fuego. Entonces, por eso es que el apóstol Judas cambia, redirige su enfoque a esta parte. Definitivamente consideraba el apóstol Judas algo más apremiante, dado el peligro que representaba para la iglesia la exhortación a los hermanos para que lucharan por la fe. Judas asumió plenamente la obligación de ser el vigía del rebaño del Señor. Él era un siervo, y dentro de su concepción de lo que él tenía que disponerse a hacer en la mano del Señor, por su pueblo, él no… y eso está también en el evangelio de Juan, en el mismo capítulo 10: la diferencia entre el buen pastor y el asalariado.

Que el asalariado ve venir el peligro y dice: “Bueno, que se las coman los lobos, las ovejas, yo no tengo que ver con eso”. Pero sin embargo dice que el buen pastor da la vida por sus ovejas. Y aquí podemos ver, en cierto modo, cómo Judas asume esta misma actitud. La pureza de la fe, hermanos, estaba en peligro. Él se apresuró a defender tanto a sus ovejas como a la fe. Eso implicaba dejar de lado el trabajo en el cual él había estado ocupado. Puede ser que Judas no volviera a tener la oportunidad para volver a escribirles a estos hermanos con esta observación y, sin embargo, como lo otro podía ser postergado, tal vez él dijo: “Bueno, en otra ocasión yo puedo hacerlo”.

Pero hay algo interesante: aquello que lo está motivando, la postura acá. Dice aquí: “exhortándoos a contender ardientemente por la fe que fue dada de una vez y para siempre y entregada a los santos”. Dice “contender ardientemente”. ¿Qué es eso? ¿Qué es eso? Él los estaba motivando a que tuvieran una defensa de la fe, no de manera opcional, no una defensa pasiva, no una defensa indiferente, sino todo lo contrario. Contender significa usted pelear, luchar, combatir, batallar. Eso es lo que significa contender: que usted batalle, que usted luche, que usted pelee. Y lo interesante es que el adjetivo que tiene ese sustantivo de contienda indica cómo es que debe de ser esa lucha: “ardientemente”.

Ardientemente. Esa lucha debe ser una lucha activa, debe ser una lucha enérgica, debe de ser una lucha apasionada, vigorosa. Literalmente, que usted “uña y diente” le entre a eso.

Uña y diente. Obviamente, nosotros tenemos más herramientas que no son las uñas y los dientes, porque estamos en Cristo, pero es que la actitud, el sentido de urgencia que quiere comunicar Judas es ese: echando mano a lo que disponemos en Cristo para la batalla. Ya que lo que está en juego no es poca cosa, hermano, no es poca cosa, sino lo que sostiene la iglesia, porque es lo que debemos de luchar. Dice la Escritura que es por la fe dada una vez y para siempre a los santos, que fue entregada a los santos. ¿Y a qué se refiere con eso, con “la fe”? ¿Eso es la creencia de que Jesucristo es Dios, Salvador, y que por los méritos de Él es que yo puedo ver la obra de salvación en mí? En este caso no se refiere a eso.

En este caso se refiere al cuerpo doctrinal. El cuerpo doctrinal, a la enseñanza que había sido dada por los apóstoles a la iglesia y que era lo que le daba forma, lo que era el marco conceptual de la iglesia, lo que la sostenía, por lo menos a nivel de lo que doctrinalmente se refiere, porque quien sostiene la iglesia es el Señor. Pero se refería a eso. La fe no se refiere aquí a la confianza y a la certidumbre que debemos de tener en nuestro Señor Jesucristo, las cuales nos identifican como pueblo de Dios, sino al contenido doctrinal del mensaje enseñado por los apóstoles y sostenido en común por toda la iglesia.

El cristianismo incluye un cuerpo de creencias autoritativas que han sido dadas por el Señor por medio de los apóstoles, los cuales, junto al testimonio de ellos, forman el estándar de la iglesia. Contra eso es lo que Judas les está diciendo que deben contender ardientemente, deben defender ardientemente esta fe. Judas pone de relieve la relación importante entre la doctrina correcta y la fe verdadera. No debemos de comprometer la verdad de la Biblia, ya que esta nos da datos verídicos acerca de Jesús y la salvación. La Biblia es inspirada por Dios y nunca se le debe tergiversar ni cambiar. Cuando se le tergiversa llegamos a confundir lo correcto con lo erróneo.

Y perdemos la visión del único camino que nos conduce a la vida eterna. Antes de escribir de la salvación, por lo tanto, Judas sintió que debía ubicar a sus lectores en el lugar correcto, invitándolos a volver a los rudimentos de la fe, a las doctrinas primigenias, a las doctrinas básicas, a los fundamentos, luego para que la senda de la salvación pudiera ser más clara. “Los santos” se refiere a los creyentes, a los que ya habíamos definido en los versículos anteriores. Pero, ¿dónde se evidencia eso? ¿Dónde? ¿Cuál era la fe, qué era lo que iban a defender? Bueno, hay algunos pasajes en las Escrituras que me ilustran a mí qué era lo que iban a defender.

1 Corintios 15:3–9 dice la Escritura:

Porque yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras; que se apareció a Cefas y después a los doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales viven aún, pero algunos ya duermen. Luego se apareció a Jacobo, después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, se me apareció también a mí.

— 1 Corintios 15:3-8

¿Qué está contenido en eso? Que Cristo murió, que Cristo resucitó, pero murió a causa de qué: por nuestros pecados. Que no solamente Él resucitó, sino que hubo un grupo de personas grande que lo vio resucitado, que hay una evidencia histórica de que Él, en efecto, es resucitado. Eso es parte fundamental. Si en la iglesia se empieza a desmeritar la resurrección de Cristo, ¿sobre qué nos sostenemos, por ejemplo? Si nosotros tratamos de darle un sentido diferente a la muerte de Cristo, que no fue por nuestros pecados, ¿en qué nos sostenemos?

Colosenses 1:15–18:

Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles, ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen. Él también es la cabeza del cuerpo que es la iglesia; y Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, a fin de que Él tenga en todo la primacía.

— Colosenses 1:15-18

Si nosotros empezamos a dudar de que todas las cosas fueron creadas en Cristo, por Cristo y para Cristo, ¿en qué se sostiene la iglesia? Si nosotros empezamos a negar la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, ¿en qué se sostiene la iglesia? En el versículo 4, que es el único que vamos a ver entonces, esta frase no tendría sentido. Dice: “nuestro único soberano y Señor Jesucristo”. Si eso no fuese así…

1 Tesalonicenses 4:16–17 dice:

Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios; y los muertos en Cristo se levantarán primero. Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre.

— 1 Tesalonicenses 4:16-17

Si nosotros quitamos la segunda venida del Señor Jesucristo de nuestro cuerpo doctrinal, ¿en qué se sostiene nuestra fe? ¿Qué estamos esperando? “No va a volver”. Pero yo estoy convencido de que Él volverá. Totalmente. ¿Y ustedes saben qué es lo mejor para nosotros? Que nosotros debemos de vivir como si Él vuelve. Pocas veces… lo olvidamos. Vivimos como que casi Él no va a volver nunca.

Más: 1 Timoteo 1:15:

Palabra fiel y digna de ser aceptada por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero.

— 1 Timoteo 1:15

Lo que yo he querido dejar presentado, dejar ilustrado con estos versículos, es que nuestro cuerpo de doctrina tiene este tipo de cosas que son doctrinas fundamentales: la encarnación, la resurrección de Cristo, su segunda venida, su deidad, su señorío, su poder, su majestad. Y cualquier cosa que atente contra eso… ahí hay problema. “Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. Esta gente, a la cual Judas les estaba escribiendo, estaban abusando de eso. “Por gracia” eran salvos: “Ya yo tengo licencia para pecar, ya la ley moral no tiene que ver nada conmigo, ya yo voy a darle rienda suelta a toda la carnalidad, a toda la mundanalidad, a mi propia concupiscencia. La gracia del Señor es suficiente”. Grave error. Grave error.

Miren, ¿por qué yo les presento estos versículos? Para que ustedes vean, y enfatizo sobre el tema de que la fe a la cual se refiere aquí es el cuerpo doctrinal que se le fue dado a la iglesia. Hay hermanos que entienden que el estudio de la teología es algo árido, algo aburrido, algo que eso no va a tener ningún provecho. Y yo les voy a decir una cosa: esto es algo totalmente errado, totalmente equivocado. De alguna u otra manera, como dijo R. C. Sproul, todos somos teólogos. De alguna u otra manera. Y si usted es al menos un lector fiel —ni siquiera le puse “estudiante”—, al menos un lector fiel de las Escrituras…

Hay cosas que usted debe cuestionarse, hay preguntas que usted debe hacerse, y cuando usted se está haciendo esas preguntas, ¿qué usted está haciendo? Teología. Probablemente no sea muy ortodoxa, pero usted está elucubrando. Usted está cuestionándose, usted está tratando, con lo que usted está leyendo, de forjarse un juicio, forjarse una opinión. Los que se niegan a aprender la doctrina correcta son susceptibles a las falsas enseñanzas porque no están lo bastante arraigados en la palabra de Dios. Debemos entender las doctrinas fundamentales de nuestra fe a fin de que podamos reconocer las falsas doctrinas que socavan la misma y que nos perjudican como iglesia.

Tengo que seguir y discúlpenme, pero cuando el Señor pone algo debemos de seguir y hay que enfatizar. Siguiendo con lo que el Señor le ha puesto en el corazón a nuestro hermano pastor: si nosotros en esta generación no le prestamos importancia a un estudio sistematizado de las Escrituras, al yo saber el contexto, al yo poder discernir, al yo poder estar, como dice el apóstol Pedro en su carta, preparados para presentar defensa de mi fe, “con mansedumbre y reverencia” —él lo dice así—. Aquí Judas dice “contender ardientemente”. Llegará un momento en el cual vamos a tener que dejar de ser políticamente correctos. Pero el apóstol Pedro no la pone tan fuerte, dice: “con mansedumbre y reverencia”. Defensa de nuestra fe.

Si nosotros, en esta generación, no estamos entusiasmados con la idea de generar un cuerpo en mi mente y en mi corazón de la doctrina fundamental, si no asumimos con la importancia debida esas cosas, si no tenemos la conciencia de que eso se debe defender…

O incluso peor: no sabemos ni siquiera cómo defenderla. ¿Qué esperamos de las generaciones siguientes? ¿Ustedes creen que mágicamente nuestros hijos van a asumir el deseo de “no, mira, yo quiero estudiar las Escrituras con profundidad”? El Señor puede hacerlo, en su gracia puede utilizar cualquier medio y lograr eso, pero lo natural es que seamos nosotros mismos. Porque, ¿cuál es la influencia directa que tienen nuestros hijos? ¿Quiénes son? Nuestro hermano pastor hablaba de eso la semana pasada, que él decía que nosotros no podemos operar como que lo que se le enseñe de Cristo a nuestros hijos es lo que vienen a aprender acá, en la escuela dominical, en su clase bíblica domingo tras domingo, y en las actividades complementarias que se están usando. Eso debe ser una responsabilidad nuestra, de cada uno de nosotros. Pero si yo no tengo esa hambre, si yo no tengo ese interés, lo más probable es que mi hijo tampoco lo tenga.

Y les voy a decir algo: los resultados ya están ahí, están a la vista. Están a la vista. Está moviéndose cada vez más una iglesia con una especie de “cristianismo líquido”. Y no líquido porque lo puedan digerir fácilmente o con facilidad, sino líquido porque se está conformando al vaso que le está dando el mundo. En ese recipiente. Pues ahí está, eso lo estamos mirando. ¿Quién falló? ¿Dónde fallamos? Estamos a tiempo. Estamos leyendo esta carta de Judas hoy. Estamos a tiempo. Ese “cristianismo líquido” que se conforma al recipiente que le provee el mundo: expresiones cada vez más mundanas dentro de la iglesia, menos piadosas.

Menos trascendentes. Asumamos, hermanos queridos, con seriedad esto que nos dice el apóstol. Cierro hablándoles un poco de cuáles eran las amenazas. Versículo 4 dice:

Pues algunos hombres se han infiltrado encubiertamente, los cuales desde mucho antes estaban marcados para esta condenación, impíos que convierten la gracia de nuestro Dios en libertinaje y niegan a nuestro único Soberano y Señor, Jesucristo.

— Judas 1:4

¿Cuál es el contexto en el cual Judas está escribiendo esta carta? El contexto del Imperio romano. Y el Imperio romano ya había iniciado su camino a la decadencia. Y lo primero que se refleja cuando una gran nación, un gran imperio, está en decadencia, es la decadencia moral, es lo primero. Y ese es el contexto en el cual estaba Judas. También la iglesia estaba siendo afectada por muchas doctrinas heréticas. El gnosticismo, que entendía que había un conocimiento superior a la revelación que el Señor había dado en las Escrituras, y aquellos que no podían acceder a él no eran santos, estaban en otro nivel. Estaban también apóstatas que negaban la deidad de Cristo. Pero también habla aquí de manera específica de aquellos que convierten la gracia del Señor nuestro Dios en libertinaje.

Libertinaje. La intención de él era resguardarlos de estos falsos maestros que habían empezado a infiltrarse en la iglesia cristiana de manera subrepticia, de manera lenta, como hablábamos en la escuela dominical hace unos días atrás de los falsos maestros que eran lobos vestidos de ovejas. Para reducir el cristianismo a una fe solo de nombre y a una profesión externa, habiendo negado las obligaciones de la santidad de Dios.

Enseñándoles a sus discípulos a vivir en sendas pecaminosas y que al mismo tiempo los halagaban con la esperanza de la vida eterna. Eso los teólogos le han denominado el antinomianismo, que quiere decir que la ley moral del Señor para ellos no tenía ninguna validez. El adulterio, la fornicación, la sensualidad, todo ese tipo de cosas para ellos era nada. Y lo grande del caso es que lo enseñaban, que eso no era nada, que era lo que hacían estos impíos: convertir la gracia de nuestro Dios en libertinaje, negar la soberanía de nuestro Dios. Pervierten la gracia de Dios, convirtiéndola en una licencia para la inmoralidad flagrante. La palabra griega que hemos traducido para “inmoralidad flagrante” es un adjetivo correspondiente a que, miren, la mayoría de las personas tratan de ocultar lo malo que están haciendo.

Y tú ves que están escondidos, y son aquellos: “Mira, yo en la iglesia estoy aquí, pero nadie me está viendo”. Pero en el caso de estas personas ya era abiertamente. Ellos no les paraban a nada. No les importaba que se les viera así. Ya habían perdido la vergüenza. Lo hacían con arrogancia, lo hacían con orgullo. Eran unos desvergonzados, habían perdido su dignidad. ¿Cómo se niega a Cristo, hermano? Se le niega para evitar la persecución: “Yo no quiero que me echen a un lado, yo no quiero que me persigan, yo lo niego. Lo niego por conveniencia: yo quiero acceder a tal o cual organización, pero esa organización está muy íntimamente ligada al progresismo y a la ideología LGBT; yo, por consiguiente, no voy a mencionar nada de que soy creyente porque no me vayan a cepillar”.

Lo podemos negar con vida y conducta: “De labios me honra, pero su corazón está lejos de mí”. Lo podemos negar difundiendo ideas falsas acerca de Él: “Mira, Cristo no resucitó, la Trinidad es una fábula”. Podemos negarlo también poniendo en entredicho, en duda, su palabra.

De manera contemporánea, los falsos maestros no han desaparecido. No han desaparecido, sino que ellos se mantienen activos. Y aunque estos ejemplos suenen fuertes, esa es la realidad que tenemos el día de hoy. Encubrimiento dentro de la iglesia de abusos físicos, psicológicos y hasta sexuales. Y no estoy hablando del catolicismo, estoy hablando de iglesia evangélica, denominaciones fuertes e históricas. Mantenimiento de una doble vida en algunos líderes cristianos que, delante de la congregación, mantienen una impoluta imagen, mientras que en su vida privada dan rienda suelta a sus bajas pasiones carnales.

No voy a mencionar nombres. Hace ya varios años un gran líder cristiano, que el Señor lo usó, me edificó, fue un vivo ejemplo de esto. Murió. Y lo grande del caso es que todo eso salió a la luz después que él muere. Fue tan así que un ministerio vibrante, mundial, se partió como en veinte pedazos. La semana pasada yo compartí con algunos hermanos una información de un gran cisma que se dio en la segunda denominación más grande en los Estados Unidos. No voy a decir la denominación que es, en la cual hubo una ruptura porque había un grupo de estos falsos maestros, de estos amadores del libertinaje, que están aceptando y ejecutando matrimonios entre personas del mismo sexo.

Pero más allá de eso, están ordenando personas para el liderazgo dentro de ese grupo. Pero ahí hubo un grupo de hermanos que definitivamente están contendiendo evidentemente por la fe, y lo que dijeron fue: “Ok, yo me voy para acá”. Hubo un cisma. El impío de la calle cree que: “Ah, qué bueno, ya los cristianos me están aceptando”. No.

La introducción de prácticas mundanas, sobre todo en el culto al Señor, que parecen un fuego extraño en la adoración, no una genuina adoración al Dios verdadero. Soy viejo ya. Estoy “tallao”.

Llamado final a resistir la apostasía

Concluyo. Los cristianos estamos llamados del mundo, de su mal espíritu y temperamento. Somos llamados a ponernos por sobre el mundo para las cosas más elevadas y mejores, para el cielo, para las cosas invisibles y eternas; llamados del pecado a Cristo, de la vanidad a la seriedad, de la inmundicia a la santidad. Y esto conforme al propósito y la gracia divina. La carta de Judas trata temas de la apostasía: cuando la gente se aparta de la verdad de Dios y abraza enseñanzas falsas. Judas les hace recordar a sus lectores el juicio de Dios que decretó contra aquellos que apostataron en el pasado. La próxima vez que tenga la oportunidad de predicarles vamos a ver los ejemplos de gente que se apartó en el pasado de Dios y cómo Dios ejerció su juicio sobre ellos.

La intención de Judas es que se muestre resistencia, que se luche de manera firme y determinada ante tales maestros, ya que no estamos indefensos. Pero debemos de hacer uso de todas las armas de las cuales disponemos: identificándonos con la fe, es decir, el cuerpo de verdad que hemos recibido; orando y usando el poder del Espíritu Santo que el Señor nos ha dado; y viviendo a la luz de la esperanza bienaventurada de su segunda venida.

Que el Señor nos ayude a contender ardientemente por la fe una vez y para siempre entregada a los santos.

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