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Lo que el Señor ya hizo y lo que hará

Salmo 138:1-8

A la luz del Salmo 138, el predicador mira hacia atrás para reconocer la fidelidad de Dios en su vida y, sobre esa base, confía plenamente en que Jehová cumplirá su propósito en él hacia el futuro.

Predicado16 de julio de 2023
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Te alabaré con todo mi corazón; delante de los dioses te cantaré salmos. Me postraré hacia tu santo templo y alabaré tu nombre por tu misericordia y tu fidelidad, porque has engrandecido tu nombre y tu palabra sobre todas las cosas. El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma.

Te alabarán, oh Jehová, todos los reyes de la tierra, porque han oído los dichos de tu boca. Y cantarán de los caminos de Jehová, porque la gloria de Jehová es grande. Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos.

Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás; contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano, y me salvará tu diestra. Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; no desampares la obra de tus manos.

— Salmo 138:1-8

Introducción: Lo que el Señor ya hizo y lo que hará

En el Salmo 138 vamos a compartir ocho versículos de la Palabra del Señor. Estaremos viendo lo que el Señor ya había hecho en la vida del salmista y también lo que él, por convicción, sabía que el Señor haría. Sabremos lo que el Señor ya hizo y lo que el Señor hará. El Salmo 138 es un salmo de David y, como leímos, llega a un punto alto cuando él declara: “Jehová cumplirá su propósito en mí. Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; no desampares la obra de tus manos”. Pueden sentarse, mis hermanos.

Recuerden lo que les dije hace tres domingos, que tenía el interés no solamente de predicar la Escritura, sino también de decirles cómo el Señor me guió a esta porción de la Escritura. No solamente quiero predicar, sino decirle a la iglesia cómo el Señor hace que un texto emerja. Son tantas las cosas de las cuales se puede predicar en la Palabra que me parece interesante contar cómo uno llega a ese texto.

Este Salmo 138 es un salmo de David. A veces sucede, no siempre, pero cuando sucede es algo muy bonito: que tú estás considerando un texto, que el Señor te ha estado pastoreando por ese texto, y de repente te invitan de algún lugar para que hables de ese mismo texto. Es un asunto providencial. Eso fue lo que sucedió la semana pasada. Yo estaba en este tenor, con este salmo en el corazón, y un grupo de jóvenes que me invita regularmente me pidió que hablara del último versículo de este salmo. Y es maravilloso cómo coincide lo que ya está en tu pensamiento con lo mismo para lo cual otros te invitan; ahí yo puedo ver las manos del Señor en ese asunto.

Testimonio personal y gratitud por la fidelidad de Dios

Del mismo modo, me pareció sabio y pertinente poder edificar a la iglesia con este salmo, que de algún modo habla a mi corazón de manera muy personal, de manera muy particular. Recuerden que ya tengo 40, hermano, entonces ya soy un millennial de 40. Y tengo, oigan esto maravilloso, más de la mitad de mi vida sirviendo a mi Señor. No digo esto para exaltarme, hermano, lo digo para testificar de la misericordia del Señor. Ya yo no tengo recuerdo sin el Señor, o sea, gran parte de mi mente se pobló con recuerdos del Señor, de lo que Dios ha hecho.

Y esto para mí es un motivo de mucha satisfacción. Hay gente que se enorgullece de decir: “Yo era drogadicto, yo era machetero, yo era tal cosa”. Amigos, hermano, qué gozo me da decir que mis recuerdos más tempranos son caminando en medio de la casa del Señor, y que desde niño yo fui traído a la casa del Señor y aquí el Señor me ha guardado. Pero no solamente eso, hermano: desde hace más de la mitad de mi vida yo tengo documentado, recuerdo, constancia, objetivamente, sirviendo en la casa del Señor; no solamente recibiendo, sino sirviendo en la casa del Señor.

Por lo cual, cuando llego a los 40 años, yo estaba esperando que me visitara la tristecita esa de la que la gente habla, la “crisis de mediana edad”. Y yo lo que tengo es un entusiasmo, hermano, de que cuando miro para atrás veo el poderoso brazo del Señor que me ha traído hasta aquí, de forma tal que cuando me proyecto hacia adelante, yo puedo decir al unísono con el salmista: “Jehová cumplirá su propósito en mí”. Porque si lo ha hecho antes, ¿por qué va a dejar de hacerlo mañana?

Una idea rectora para toda la vida cristiana

Cuando hablo así, hermano querido, tengo que matizar que no es que yo sea una persona que tenga recursos emocionales ilimitados, que siempre estoy vibrante. Caro, mi esposa, me conoce, y ella me ve todos los días; a veces tengo el ánimo más alto, a veces más bajito. Soy un ser humano común y corriente, de los chiquitos. A veces me desanimo, a veces siento como que las cosas no están caminando, pero hay algo, una idea rectora que me está visitando desde hace ya más de 20 años, y es que puedo ver mi vida dentro de algo que Dios está haciendo.

Y si el Señor tiene tantos años haciendo lo que está haciendo en mí, estoy muy confiado de que en el porvenir tendré momentos de alta, momentos de baja, pero que el Señor cumplirá su propósito en mí. Esa es una idea rectora. Este salmo es un salmo de David, y haber servido al Señor desde su niñez preparó a David para escribir un salmo como este. Este no es el salmo del nuevo creyente, aunque gloria al Señor por aquellos que están comenzando hoy en los caminos del Señor. Este es el caso de un creyente que desde su niñez ha estado siendo visitado por los propósitos de su Dios, aun cuando él no era consciente de eso.

Puedo apelar a esas historias, pues son las historias que todos conocemos. David, cuando era un muchacho, estaba cuidando ovejas. Andaban buscando un rey para ungirlo y él estaba haciendo unas cuantas cosas por allá. Lo mandaron a buscar y él no sabía para qué lo estaban buscando. Asumo que David no entendió del todo lo que estaba sucediendo en ese momento. Jehová había provisto al profeta, el profeta mandó a buscar a los hijos de su padre, trajeron a todos menos a David. El profeta dijo: “Falta alguien”, y mandaron a buscar a David.

Cuando llegó David, ungieron a David. Él no supo lo que estaba sucediendo y siguió con su vida común y corriente, pero en este momento, ya más adelante, David puede entender que hay un hilo conductor en la historia y que él no es el personaje principal, pero que por lo menos es parte de los tramoyistas, por decirlo así, de los planes y proyectos de Dios. Este es uno de los versículos más recurridos de todo el Antiguo Testamento, así como Romanos 8:28 es el caballito de batalla de muchos hermanos, que dicen que a los que aman a Dios, todas las cosas le ayudan a bien.

El “Romanos 8:28” del Antiguo Testamento

El Salmo 138:8 es el Romanos 8:28 del Antiguo Testamento. Las personas dicen: “Jehová cumplirá su propósito en mí”, pero desconocen que, para decir eso con propiedad, hay que haber sido visitado por Dios como fue visitado David, y poder decir con convicción lo que él está diciendo desde el versículo 1 hasta el versículo 6. Para captar ese versículo 8 en toda su intención hace falta haber entendido ese contexto inmediato.

El salmista se encuentra maravillado al haber recibido respuesta a su oración, que es lo que dice en el versículo 3: que el Señor había respondido su oración, por lo que ahora se siente impulsado a dar alabanza. No es solamente algo como que “yo voy a cantar porque voy a cantar”, sino que él está adorando al Señor con la convicción de un motivo de oración contestado. Y también él entiende que todo esto va a repercutir en testimonio, según se ve del versículo 4 al 6.

Luego, al considerar lo que Dios ya había hecho, entonces declara con absoluta confianza que Dios lo volvería a hacer otra vez, las veces que hiciera falta. Y no solamente esto, sino que el Señor, con toda seguridad, cumpliría su propósito en él. Este es un hombre que recibió respuesta y que, con ánimo resuelto, ahora abraza la providencia del Señor para todas las temporadas de su vida. Es alguien que puede decir: “El Señor me llamó; la gente no creía, la gente no quería, y al final el Señor lo hizo. Después fui perseguido, pensé que iba a perder mi vida y el Señor me guardó. Me han visitado situaciones, me he ido al suelo, me he levantado y el Señor ha estado conmigo”.

Si este hombre tenía 40 años en este momento, puede decir: “Si el Señor tiene 40 años corriéndome, lo hará las veces que haga falta y más que eso: el Señor cumplirá su propósito en mí”. Voy a ir rápido para hablar de lo que el Señor ya hizo, porque quiero llegar al versículo 8. Recuerden que el 8 es el versículo al que quiero llegar, pero del 1 al 6 él dice que lo que el Señor había hecho produjo primero alabanza: “Te alabaré con todo mi corazón; delante de los dioses te cantaré salmos. Me postraré hacia tu santo templo y alabaré tu nombre por tu misericordia y tu fidelidad, porque has engrandecido tu nombre y tu palabra sobre todas las cosas. El día que clamé me respondiste”.

Adorar a Dios por quién es y por lo que hace

Él está adorando al Señor, pero no está adorando al Señor como probablemente viniste tú hoy a adorar al Señor, y no es incorrecto hacerlo. A veces uno adora al Señor porque tiene que adorar al Señor, por un asunto de su grandeza, por un asunto de nuestra pequeñez, por un asunto de reverencia. Si usted está en la casa del Señor, no se aloque: adore al Señor. Lo adoramos porque tenemos que hacerlo. Entiendo: Dios es real y él es grande, y si yo soy su siervo y soy pequeño, lo menos que debo hacer en la presencia del Señor es adorarle. Y esa es una buena razón para adorar al Señor: que tú te has sobrecogido de que él es grande y tú eres pequeño.

Pero hay una razón aún más importante, o al menos más intensa en la experiencia, para adorar al Señor, y es que tú adores al Señor por algo que el Señor recientemente ha hecho en tu vida. Yo no soy un “catador profesional” de adoración, pero yo sé que la adoración no es igual en todos los casos. No es lo mismo una persona que adora al Señor porque debe adorar al Señor, que una persona que acaba de ver la providencia del Señor que de manera favorable le visitó y dice: “Señor, te alabaré con todo mi corazón porque has respondido mi oración”. Ese es el caso aquí.

Yo quisiera que mi iglesia buscara tanto el rostro del Señor, que de manera frecuente y reiterada viniera a la casa del Señor con un ánimo nuevo y resuelto de adorar al Señor con todo su corazón. No solamente porque Dios es grande, no solamente porque somos sus siervos, sino porque el Señor recientemente respondió tu oración. El tiempo de adoración es diferente cuando tú adoras en consecuencia a que tu Dios ha estado obrando. Y lo paradójico es que tu Dios ha estado obrando, pero probablemente tú no lo has estado reconociendo.

Aquí hay un hombre que clamó a Dios, aquí hay un hombre que oró a Dios y que Dios le respondió, y él supo que el Señor había respondido su oración. ¿Cuántas son las cosas que el Señor ha hecho en la vida de todos nosotros y probablemente las hemos dado por dadas, las hemos tenido por cosas comunes y corrientes, y ha sido la poderosa mano del Señor obrando a favor de nosotros? He aprendido que cuando oro y el Señor responde, yo soy presto a darle al Señor las gracias, y la adoración sale de manera diferente. Yo puedo ocupar aquí el púlpito domingo tras domingo durante todo un año diciéndole a la iglesia que debería adorar al Señor porque él es grande, pero yo quisiera que tú adores al Señor porque has probado recientemente que tu Dios es misericordioso.

Dios engrandecido ante nuestros ojos

Él dice que le cantará con todo su corazón. Dice: no es un asunto de mis labios, es un asunto que sale desde adentro. Después dice que le cantará delante de los dioses. “Dioses” es cualquier cosa con “d” minúscula, cualquier cosa que compite con el Dios verdadero. Llega un momento en que tú estás en un contexto que quizás no es adecuado, pero tú tienes que adorar a Dios y tú dices: “Señor, aunque eso todavía esté ahí, aquí también estoy yo, y yo quiero decir que tú eres grande, que tú eres real, que tú eres el único Dios verdadero”.

Y hay una frase donde él dice que el Señor había engrandecido: “Porque has engrandecido tu nombre y tu palabra”. Bueno, no hay manera de que Dios se vuelva más grande. Estamos de acuerdo en esto: nosotros no podemos poner a Dios de que de 7 pies a 8 pies y 9 pulgadas. Dios es Dios y él es grande; Dios no va a ser más bueno de lo que Dios ya es. No hay manera de que él se convierta en un Dios aún más maravilloso de lo que ya es. Ahora, Dios puede ser más grande para ti, y cuando Dios ha estado obrando, probablemente anteriormente tú lo veías como un Dios de 7 pies, pero después te das cuenta de que él es alto y sublime, y que su falda llena el templo.

No es que él se volvió así a partir de ese momento; eso él lo era desde antes. Pero tú fuiste consciente. Lo que estoy abriéndote es la realidad de que cuando tú has orado a tu Dios y Dios te ha respondido, tu Dios, ante tus ojos, se ve mucho más grande. Y en este sentido es que el salmista dice que Dios ha engrandecido. Es como decir: “Señor, ahora yo veo que tú eres más bueno de lo que yo pensaba; ahora veo que tú eres aún más poderoso”. “De oídas te había oído, mas ahora mis ojos te ven”.

Hermano, no quiero venir a hablar de mí mismo, pero tengo un ánimo de que en este momento tengo que testificar lo que mi Dios ha hecho. Yo puedo testificar, en 40 años, que he probado que mi Dios es bueno.

Dios se hace grande en lo cotidiano

Y misericordioso. Y miro hacia atrás, hermano, y he sido visitado por las misericordias de mi Dios. Pero no fui visitado solamente en los 90; no es que Dios actuó y se fue a dormir temprano, hermano. Recientemente he visto expresiones renovadas de su tierno cuidado sobre mí, de forma tal que se ha vuelto un chiste en mi casa. Vemos diferentes cosas y yo le digo a Caro: “Es que mi Dios me ama”. Y es como un juego, hermano, pero me sale de allá adentro. Comenzó siendo una chanza, pero ya me sale de manera natural. Cuando veo pequeños detalles en el día a día que me agradan y siento que mi Dios está aderezando la mesa delante de mí, más adelante de mí, digo: “Es que mi Dios me ama”.

¿Y qué es lo que está pasando? ¿Están pasando cosas extraordinarias? Es que mi Dios está teniendo cuidado de mí. Entonces quisiera decirte, hermano, que Dios se vuelve mucho más grande para ti. No vamos a lograr que Dios sea más grande, pero podemos trabajar para que Dios sea más grande para nuestra iglesia, para que Dios sea más grande en tu vida. Engrandecer a Dios delante tuyo es una consecuencia de haber orado, ver respuesta y reconocer que Dios está obrando.

Todo esto repercutiría en testimonio: “Te alabarán, oh Jehová, todos los reyes de la tierra”, dice él. Podemos decirle a la gente, a los compañeros de trabajo, a los vecinos, a los familiares: “Ven, porque tú necesitas de Dios”, pero yo quisiera que ellos quieran venir porque vieron a Dios obrando en la vida de nosotros. Que nuestro Dios nos haya visitado de manera tan evidente, que “te alabarán, oh Jehová, todos los reyes de la tierra”.

¿Qué es lo que Dios ha hecho? Es interesante, hermano, porque de manera concreta el salmista no dijo qué fue lo que Dios hizo, pero se ve que fue un asunto grande, y que cuando Dios lo hizo esto repercutió no solamente en su gratitud, de forma tal que Dios pareció engrandecerse, sino que al mismo tiempo esto repercutió en testimonio. Él dice: “Te alabarán, oh Jehová, todos los reyes de la tierra, porque han oído los dichos de tu boca y cantarán de los caminos de Jehová; porque la gloria de Jehová es grande. Porque Jehová es excelso y atiende al humilde”.

Yo tengo cuidado con decir “excelso en su camino” porque es que yo me aprendí el corito, hermano, entonces el corito dice: “Porque Jehová es excelso en su camino…”. Y uno sigue hablando la letra del coro. Pero ¿qué dice el texto? Que él es excelso. El compositor lo agregó “en su camino” por asunto de rima, de armonía. Pero bueno, que tu Dios es excelso, eso sí yo quiero que tú lo veas, pero también yo quisiera que lo vean tus familiares.

Testimonio ante la familia y el mundo

He tenido una carga esta semana. Acompañé a mi papá a una diligencia médica y tengo que acompañarlo a otra, y yo le he estado orando al Señor para que mi papá pueda ver que no solamente yo soy un cristiano, sino que él vea que mi Dios me ha visitado. Yo le he testificado, le he regalado Biblia, lo he puesto a leer el evangelio de Juan, pero ahora yo quisiera que el Señor le permita ver que en mí no es un asunto solamente de que yo soy cristiano, yo quisiera que él vea que mi Dios es real en mí. ¿Entiendes? Para que él diga que mi Dios es excelso.

Es testificar con palabras y, al mismo tiempo, testificar con acción; que tu vida sea tan evidentemente tocada por tu Dios, que tus familiares tengan que decir: “¿Dónde es que está el Dios que tú has conocido?”. Yo creo que si “te alabarán, oh Jehová, todos los reyes de la tierra”, esos “reyes” son también esos familiares que no han creído, para que terminen adorando el nombre del Señor. Hermano, mi oración y deseo es que en tu vida sea tan real la obra de Dios en ti, que tus familiares tengan que adorar el nombre de tu Dios.

“Porque han oído los dichos de tu boca”. De parte nuestra, nosotros estamos diciendo que nuestro Dios nos está visitando. Yo he tenido ese cuidado, hermano, de que mi papá pueda entender: “Ah, mira, es que él tiene buena formación, es que él es trabajador, es que el Señor le dio una buena mujer”. No es eso. Es que mi Dios ha estado conmigo y me ha estado ayudando. Cuando él pasa por mi casa a beberse un café, yo quisiera que vea que en mi casa hay un buen ambiente, que realmente el Señor me ha dado dos hijos, una esposa, y que en esta casa hacemos la voluntad del Señor; y que él pueda entender que no es una anécdota cultural, que realmente mi vida ha sido transformada para bien a causa de que desde niño he servido al Señor.

Eso es lo que yo quisiera que pase también en la vida tuya. Que la gente que tú tengas alrededor diga: “Guau, pero a fulano…”, ellos lo van a decir en su vocabulario: “le está yendo bien, está contento, se le ve como un brillito”. Mi Dios lo ha visitado. De forma tal que ellos van a tener que reconocer que hay dos maneras de vivir: de cara a Dios y de espaldas a Dios, y que vivir de cara a Dios es bueno.

De que realmente en el Señor hay recompensa. Y hablando en tus términos, hermano, con relación a servir al Señor, a mí me parece muy necesario, porque ahora pareciera como que servir al Señor es solamente un asunto de ser un estoico: “Dios es soberano, y ya”. Pero Dios es soberano y también es bueno, misericordioso, y a veces nos da cosas muy agradables. Y cuando nos da eso, las personas que tenemos alrededor deberían concluir que realmente vale la pena servir a Cristo.

Mirar hacia el futuro a la luz del pasado de fidelidad

Ya les hablé de lo que el Señor había hecho. Pero aquí era que quería llegar: lo que el Señor hará. Aquí hay más resolución confiada, que es la consecuencia natural de haber orado a Dios y recibido respuesta. El versículo 7 y el 8 son la consecuencia del 1 al 6. Dado que él está sirviendo al Señor desde niño y que el Señor ha respondido, y que él ha probado que el Señor es misericordioso y fiel, como dice el versículo 2, que él había probado que su Dios, cuando él clamó, le respondió y que le fortaleció con vigor en su alma, entonces ahora él dice en el 7 y en el 8: “Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás”.

¿Y por qué? Porque lo hiciste antes. Bueno, el futuro está en la mano de Dios y no en la nuestra, pero a causa del pasado, que hemos vivido con Dios, nosotros podemos confiar en el porvenir, de forma tal que decimos: “Cuando me visite la angustia, él me vivificará”. “¿Oye cómo va este año? ¿Qué tú crees?”. Puede estar muy bueno, puede estar muy malo, pero yo sé que mi Dios estará conmigo en este año. Esa es la resolución frente a los conflictos, las situaciones, los avatares de vivir: “Contra la ira de mis enemigos, extenderás tu mano y me salvará tu diestra”.

Son tantas las veces que el Señor había salvado a David, que él dice: “En lo adelante me seguirá salvando”.

Aprender a confiar otra vez en el mismo Dios

Han sido tantas las ocasiones en que he podido resbalar y el Señor con su mano poderosa me ha sostenido, que yo digo: “No resbalaré”. Y tú dices: “¿Y qué sabes tú?”. Yo no confío en mí mismo, yo confío en el Dios que permitió que ayer no resbalara, y si ayer me ayudó, me ayudará mañana. Eso es lo que él está diciendo. Es una resolución de decir: “Mi Dios lo hará otra vez”.

Te pregunto, hermano: ¿en tu vida el Señor ha hecho algo? ¿Has visto la poderosa mano de Dios? Si Dios lo hizo ayer, lo hará otra vez. Eso es lo que te estoy diciendo. Un asunto de madurez cristiana es entender que tú has probado, tú lo has aprobado, tú lo has visto: él te ha ayudado. “Ay, ahora, yo no sé lo que va a pasar mañana”. Hermano, deja de estar cuidando lo que el Señor te ha dado, porque tú no pudiste buscarlo por tus propios medios.

Y son tantas áreas que generan ansiedad. “Ay, el trabajito este que tengo…”. Recuerdo los días en que yo trabajaba para una telefónica, y yo entendía que era el mejor trabajo que yo podía tener en esta tierra. Y recuerdo cuando me dieron mi carta de despido, me dijeron que ya no iban a requerir mis servicios. En lo humano, hermano, yo podía ver que yo estaba bien, pero me habían movido el piso, y yo pensaba: “¿Volveré a tener un trabajo como este? ¿Y qué pasará?”.

Si usted está en Cristo, el final de algo bueno puede ser el principio de algo aún mejor. Recuerda, hermano, que hay un paralelismo entre el versículo 8 y Romanos 8:28: “A los que aman a Dios, que han sido llamados de acuerdo a su propósito, todas las cosas les ayudan a bien”. No es que todas las cosas van a ser buenas, sino que todas las cosas ayudarán a su buen propósito, confabulan de acuerdo a la providencia del Señor.

Han pasado unos cuantos años, hermano, desde ese trabajo. Por la misericordia del Señor, todavía estamos aquí. Yo pensé que jamás iba a poder tener ingresos similares a los que tenía en ese lugar. No sé si tengo mucho o poco, hermano, pero todavía estamos aquí.

Recordar de dónde Dios nos sacó

Vuelvo a recordar de dónde el Señor te sacó, y tú podrás inferir para dónde el Señor te puede llevar. Es un buen balance decir: “Si el Señor me mostró su fidelidad en aquella área”, ya sea el trabajo, ya sea el matrimonio. Yo no tengo un matrimonio perfecto, hermano, pero sí muy satisfactorio. Pero tampoco me dejo engañar del diablo con esa ansiedad de: “¿Qué va a pasar con el matrimonio?”. Bueno, tengo ya unos cuantos años en esto, y el Señor creo que me seguirá ayudando. ¿Podemos estar de acuerdo en esto? “¿Y qué va a pasar mañana? ¿Y esto?”. Yo tengo ya unos cuantos años conociendo a Caro, y el Señor aquí nos ha ayudado; yo espero que nos siga ayudando.

El diablo trae ansiedad con los hijos. “Los muchachos van a desbaratar todo, que mira…”. Estamos orando. A veces se han hecho cambios y cosas, pero yo espero que todos nuestros hijos permanezcan en Cristo. “Ay, que tú no sabes porque mira, el Señor permitió que salieran hijos como Absalón…”. Cuídame, Señor. Pero yo estoy esperando que el Señor me dé un David, ¿entiendes? He confiado, hermano, en el asunto de sonreír al porvenir, como dice también Proverbios. No es vivir como “Ay, ¿qué va a pasar?”. Si Dios tuvo misericordia ayer, la puede tener mañana, y aun cuando no sucedan las cosas como nosotros estamos esperando, sabemos que el Señor va a sacar de ahí algo mucho mejor.

Gran parte de las cosas no han sido como las soñamos, pero han sido mucho mejor. La providencia del Señor, los propósitos del Señor, son más altos que nuestro pensamiento. Él sabe que en la próxima angustia serás vivificado y sabe que en el próximo peligro serás salvado; eso es lo que él sabe. “¿Será cómodo? ¿Será bueno? ¿Será corto o será largo?”. Yo lo que sé es que si el Señor está conmigo, hermano, si el Señor lo sigue haciendo, lo seguirá haciendo. Y en la iglesia local, lo mismo.

Cerré el fin de año haciendo planes y proyectos para los próximos cinco años, y miro hacia atrás y digo: “Oh Señor, hay muchos retos en el ministerio. Falta esto, sobra aquello, en esto todavía estamos como en los mismos momentos y demás”. Pero la iglesia ha probado ya 15 años de la fidelidad del Señor.

La fidelidad de Dios con su iglesia local

Yo espero los próximos 15, si el Señor sigue con nosotros. “Ah, no, que qué va a pasar…”. Esto no es un asunto, hermano, de lo que dicen mis ojos. Yo he probado que Dios ha estado con nosotros, y si él estuvo con nosotros desde 2008 hasta aquí, ¿cómo no va a estar aquí hasta que él venga?

Del 1 al 6, él mira para atrás y dice: “El Señor, hasta aquí, me ha ayudado, me ha mostrado su misericordia”. Ahora, en el 7, dice: “Que vengan los enemigos, que vengan las aflicciones, y el Señor me va a ayudar y el Señor me va a salvar”. Entonces llega al versículo 8. Miren, yo he tenido una carga, porque la gente necesita un sentido de propósito. De hecho, tengo una carga con los más jóvenes. Yo necesito, yo quisiera, yo anhelo que ellos sientan que su vida no es solamente “una vida”, sino que sientan que ellos son una pieza en algo más grande que Dios está haciendo.

Yo creo que gran parte de lo que nos permite a nosotros terminar bien es ver que nuestra vida es probablemente un punto que parece humanamente insignificante, pero que es un punto en el gran cuadro que el Señor ha estado haciendo. La gente genera aflicción porque siente que su vida no es tan significativa: “Yo no soy muy reconocido, no tengo muchos seguidores, no soy un influencer, la gente no me reconoce, cuando llego no me notan”. De eso no se trata la vida. “Ah, que todavía no soy rico, no soy famoso, no soy reconocido, no soy poderoso…”. De eso no se trata la vida.

De hecho, lo que dice el salmista aquí no es que Dios cumplirá “mi” propósito. ¿Es eso lo que dice? No. Lo que dice el salmista es: “Jehová cumplirá su propósito en mí”. Lo muy importante no es si mi vida tiene sentido. Lo más importante es si existe un Dios que, a causa de su existencia, hace que la existencia tenga sentido. “Es que yo siento como que yo no tengo propósito…”. La pregunta es: ¿tú sirves a un Dios que sí tiene propósito? “Ay, es que mis sueños, yo siento que no se están cumpliendo…”.

Encontrar propósito en el propósito de Dios

“Mi visión, mis metas… yo siento que estoy caminando hacia atrás”. La pregunta buena no es esa. La pregunta buena es: ¿Tú crees que tu Dios tiene un propósito y lo cumplirá? ¿Tú te sientes parte del propósito de Dios? Porque si tú te llegas a sentir parte del propósito de Dios, ya no importa cuántos seguidores tienes. Ya no importa si eres muy reconocido o no. No importa qué tanta influencia tú tienes. Tampoco importa tu dinero, tu estilo. Lo importante es que eres parte de algo mucho más grande, y eso de lo cual tú eres parte tiene 100% de seguridad de que terminará bien.

La clave de una vida satisfactoria no es encontrar “el propósito de tu vida”. La clave de una vida satisfactoria es encontrarse con un Dios que tiene propósito y perderse en él, de forma tal que, al final, tú digas: “Mi vida, ¿para qué valió la pena? Para que el Señor, aunque fuera en un punto, hiciera en mi generación y en mi tiempo lo que Dios iba a hacer”.

Pero de aquí a poco todos nosotros seremos olvidados. ¿Has pensado que de aquí a 100 años no se van a recordar de usted? ¿Cuántas fotos hay que tirarse para trascender? Nosotros servimos a un Dios que es trascendente, y él tiene propósito. La gente asume que si uno deja un retrato colgado en una pared ya trascendió. Hay una canción que yo escuchaba; esa canción me da risa y tristeza, a la vez un poco de desánimo. Dice: “Quitaron hasta la foto de mamá…”. Es una canción que habla de que, como quitaron el retrato de mamá, ya se perdió el valor familiar. Es como si tener a los antepasados pegados en la pared significara que los tenemos presentes.

La pregunta es: ¿Cuántas fotos hay que dejar tiradas? Y en 200 años usted tiene el 100% de seguridad de que la gente no va a pensar en usted. Ahora, piérdase hoy en el propósito del Señor, y yo le diré que su vida tendrá sentido desde aquí hasta la eternidad, sin importar lo que digan los números. “¿Cuál es mi legado?”. Este es mi legado: “Jehová cumplirá su propósito en mí”.

El salmista reconoce que Dios cumpliría su propósito, no “mi propósito”. La vida de David no se trataba de que David tenía un sueño. Se trataba de que Dios tiene sueños. Y yo soy útil a los sueños de Dios. “Ah, que yo quisiera tener un sentido de utilidad mucho más grande…”. Bueno, en la película de Dios hay un solo protagonista: se llama Cristo. Y probablemente dentro de la película del Señor, usted no sea ni personaje secundario. Alguien dirá: “Seré un extra”. Quizá ni eso. Quizá usted sea un tramoya, parte de la utilería.

Hermano, si en toda una película Cristo es el protagonista, con toda seguridad, desde mi punto de vista, otros serán personajes secundarios; yo no me consideraría ni siquiera un extra, hermano. Pero si yo soy el florero, sí, hermano; el que lleva el carrito con el agua, ese soy yo, hermano. Esta es la película que vale la pena vivir, este es el sueño que vale la pena tener. No se trata de si lo estamos logrando, si lo estamos consiguiendo: “Es que yo hice un plan para mi vida y mira, mi plan todavía no se ha alcanzado”.

Tu plan y el plan de Dios

No está mal tener planes, tener proyectos, tener una visión de vida; lo que está muy mal es que de ahí venga tu satisfacción, de ahí venga tu trascendencia. Tu satisfacción, tu sentido de utilidad, tu trascendencia está en que tú fuiste encontrado por un Dios que tiene propósito. Por eso tu vida tiene sentido: “Mi Dios cumplirá su propósito en mí”, dice él.

Nosotros no lo escribimos, no lo diseñamos; nosotros fuimos incluidos. Por eso dice 2 Timoteo 1:9:

quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos.

— 2 Timoteo 1:9

O sea que el guion se escribió de antemano. Y ese guion fue escrito pensando en que tú ibas a ser el pequeño florero que iba a estar en el mantelito donde otro personaje secundario y extras iban a tomar el café. ¡Gloria al Señor por tu pequeño personaje! Recuerda: no te llamó según el propósito tuyo, sino según el propósito suyo, y una gracia que te fue dada en Cristo Jesús. De tanto estaba pensado, hermano, que tu papel estaba en Cristo.

De forma tal que el Señor diseñó la nación donde tú ibas a nacer, la familia donde ibas a crecer, la iglesia donde ibas a servir. El Señor lo ha diseñado todo. Y yo a veces digo: “¿Estaré en la familia correcta? Yo no sé. ¿Estaré en la nación correcta? Yo no sé si este será mi país. ¿Estaré en la iglesia correcta?”. Hermano, yo no sé de nada de esas cosas. Ahora, hay algo que sí sé, y es que yo estoy en el Señor. Y aquí se está filmando la película.

No es escribir visiones o proyectos de vida, sino conocer, humildemente, que Dios tiene un propósito. “Yo quisiera poder discernir el guion, hermano…”. No luches con eso. Es demasiado grande, muy abrumador. Piénsalo: la historia de la salvación requirió 400 años con un pueblo dentro de otro pueblo, y de ahí salieron, y tú dices: “Guau, pero es que esto es demasiado extenso, demasiado grande…”. Hermano, no trates de discernir completamente el propósito de Dios, porque tampoco estamos llamados a eso. Trata de que en tu vida se cumpla el propósito de Dios, ese pequeño papel; eso es a lo que te estoy llamando.

Alguien dirá: “Ah, yo no sé si mi vida valió la pena, porque solamente he sido ama de casa y me he dedicado a tareas domésticas…”. Sea la ama de casa que está participando en la película de su Dios. Eso es lo que puedo decirle.

“Ah, yo entonces maldiciendo mi vida porque estoy sirviendo en este momento en un banco, una institución financiera, y este trabajo mío no tiene sentido…”. Trate de ser la cajera del banco que conoció al Dios que tiene propósito. Lo que puedo decirle. “Mi carrera yo siento que va detenida, porque todo el que estudió conmigo en mi generación ya ha logrado tantas cosas…”. Trate de ser usted el abogado, el ingeniero, el médico, el secretario, lo que fuera, en el cual se está cumpliendo el propósito de Dios.

No se trata de qué tanto nos movemos, hermano.

No vivir para ser notado, sino para ser útil

Ha sucedido algo. Había un proyecto en el cual participé en algún momento, y se grabó un documental. Era un proyecto importante. Se grabó un documental y, en el documental, grabaron a todo el que participó ahí, de algún modo: los orígenes, las personas. A mí me gusta esa jarana de captar a la gente con cara de documental: “Este proyecto fue concebido de tal manera, y desde el año tal había sucedido, y fulano de tal…”. Después vinieron otros. Ah, caramba, llamaron a Rafael Pérez para que también hablara.

Yo trabajé la parte técnica del proyecto y me grabaron. Yo puse también mi cara de documental, y lancé las manos así, teorizando. Después lo proyectaron. Cortaron la parte mía. No salí. Insignificante. ¿Quién es Rafael Pérez? Digamos, hermano, en un asunto donde está don Freddy Ginebra, ¿qué hace Rafael Pérez teorizando ahí? Vaya. Me cortaron, hermano. Yo mismo me hubiese cortado.

Lo que les estoy queriendo decir, hermanos, es que no se ocupen tanto de ser notados. No se ocupen tanto de salir en el documental. Ocúpense de que en su vida, a la manera de Dios, se cumpla el propósito de su Dios en la esfera doméstica, en la esfera laboral, en la esfera ministerial.

El término “propósito” es mucho más significativo que “sueño”, que “visión”, que “meta”, que “proyecto”. Es más significativo, primero, porque es un propósito no tuyo, sino suyo. “Sueño” se relaciona con una cosa que carece de realidad y fundamento, sin esperanza de realizarse, según la Real Academia de la Lengua. Un sueño es algo un poco ilusorio; en cambio, los propósitos de Dios no son ilusorios. Dios tiene un propósito concreto y ya ha demostrado, a lo largo de la historia, que él cumplirá su propósito.

“Visión” puede ser útil, pero alude a una previsión de cómo esto terminará siendo, no a un designio. No es tanto la visión que yo tengo para mi vida. Yo tengo una visión, hermanos, de algún modo, de lo que yo pienso que va a pasar con mi vida de aquí en adelante. Yo tengo previstas algunas cosas, y a la luz de la fe yo estoy seguro de que se va a cumplir el propósito de mi Dios. La visión de Dios se cumplirá. Es una buena mayordomía tú esbozar cosas, pero escríbalas suave, escríbalas a lápiz, porque quizá va a tener que borrarlas.

Pensando en lo ministerial, hermano, yo, en este momento, desarrollo un ministerio que es muy satisfactorio para mí en gran medida, y le doy las gracias al Señor por el tipo de ministerio que me ha permitido desarrollar. Yo le oro al Señor y le digo: “Señor, yo soy uno de los pastores que tiene esta ciudad; el que se entusiasma, tiene respeto de esto, habla conmigo como de locura”. Pero le digo: “Señor, estoy muy contento con lo que tú me has permitido hacer”.

Cuando Dios reescribe nuestros planes

Pero en muchos sentidos ha sido muy diferente de las cosas que yo soñé. Y algo que hace el Señor es que cuando él te va mostrando su proyecto, naturalmente tú te mueres al tuyo. “Señor, yo quería eso por ahí…”. Y el Señor te muestra otra cosa, y tú dices: “Ni te voy a enseñar lo que yo quería. Hagamos el tuyo”. Esa es la dinámica, hermano. Yo encuentro, en lo ministerial, planes y proyectos que yo había pensado para la iglesia entre el 2005 y el 2007; esto ha sido muy distinto, hermano, pero ha sido mejor. Y tampoco ha sido que uno está aferrado a algo; cualquier cosa que el Señor te muestra es más grande que cualquier cosa que tú hayas pensado. Sus caminos son más altos que nuestros caminos, sus pensamientos más altos que nuestros pensamientos.

Frecuentemente ignoramos, hermano, hacia dónde vamos, pero sabemos que nuestra vida tiene propósito. Yo he visto cómo se filma una película. A veces la gente piensa que uno es experto en eso; no, hermano, es que uno tiene cierta curiosidad. Y yo he visto cómo se hace una película. Las películas no se hacen de manera lineal. El diseñador de la producción decide grabar todas las escenas de una locación, y las hacen juntas; y a veces los actores graban el final, una parte del medio y una escena de la primera parte de la película. Después viene otra persona y graban otro pedazo del medio, después el final y después… Y viene alguien que es el montador, quien compone todo eso y le da un sentido.

A veces tú sientes que estás terminando y en realidad estás comenzando. A veces te sientes que estás comenzando y realmente eso va a ir para el final. El diseñador de la producción es Dios. “Jehová cumplirá su propósito en mí”. ¿Cómo él va a hacer que todo esto salga y tenga sentido? Solamente Dios lo sabrá, hermano. Yo sé que estamos grabando, eso sí. Todavía estamos dentro de su creación, haciendo su propósito; yo sé que se está grabando.

Y yo espero que el Señor no me quite lo que yo fui llamado a hacer. Proyectos de vida, metas, tantas cosas son útiles, necesarias. Yo regularmente le pregunto a la gente: “Mira, trata de esbozar los próximos años: qué tú piensas hacer para el Señor, en buena mayordomía”. Pero no mueras en eso; el Señor puede hacer otras cosas.

Hay razones por las cuales “propósito” es mucho más significativo que metas, que visión, que sueño. “Propósito” alude a algo que hemos recibido desde arriba, de Dios, que no tiene su origen en nosotros: es su propósito. Durante muchos años yo decía: “Este es el propósito de mi vida”, porque fue así que lo aprendí. Ahora yo digo: “Esto es lo que yo he podido ver que es el propósito de Dios para la vida mía”. Pero yo no tengo absoluta seguridad. “Señor, espero que veas que en mí hay una buena intención, pero no es que alguien me diga: ‘Mira, tú estás absolutamente convencido de que lo que tú hiciste hoy desde que te levantaste era lo que Dios quería’”.

Propósito, utilidad y transcender en Cristo

Yo, por lo menos, estoy convencido de que él me permitió hacerlo. Me permitió levantarme, poner primero un pie, después el otro. Ningún ángel me dijo: “Ahora una cosa primero, la otra después”. Ahora, yo sé que Dios tiene un propósito. No es tanto la particularidad de cada detalle. También “propósito” es muy importante porque tiene una connotación de utilidad, algo que tiene sentido. Propósito no es que Dios va a hacer “cualquier cosa”, sino algo que tiene sentido.

“Yo quisiera que mi vida fuera más significativa…”. Encuentra a Cristo. “Yo quisiera saber cuál es mi identidad…”. Encuentra a Cristo. “Yo siento como que no tengo sueños, no tengo metas…”. Agarra los de Cristo. Sobre todo, el propósito es algo mucho más trascendente. No importa que tu personaje sea muy grande; importa porque viene de Dios. Yo prefiero ser un extra en la película de Dios que personaje principal en la película mía.

Esto mueve al creyente. En gran medida, esto es un testimonio; después entendemos. Yo puedo decirte que hace muchos años entendí que mi vida tenía sentido dentro del gran cuadro de lo que Dios estaba haciendo, de forma tal que esto ha repercutido en mucho bien para mi vida y quiero compartirlo contigo.

Miren, quien no tiene propósito es movido por otra cosa; algo te va a mover. Si tú no eres movido por el propósito de tu Dios, algo te está moviendo. El ser humano no funciona en la nada. Todo el mundo trata de darle a su vida algún tipo de sentido. Si tú no has conocido a Dios, probablemente estés siendo movido por la competencia y la presión social. ¿Por qué es movido el hombre común y corriente? Fulano se movió un poco; yo me muevo también. Él volvió a moverse; nosotros vamos a movernos más que él. La pregunta es: ¿y hacia dónde los están moviendo?

El hombre sin Dios siempre está compitiendo. A veces compite contra un primo, a veces compite contra su propio esposo o esposa, a veces contra otras familias. Si tú no tienes sentido de que tu vida está dentro del propósito de Dios, entonces vas a estar siempre siendo víctima de la competencia y la presión social: “Fulano cambió, yo también tengo que cambiar; fulano lo logró, yo también lo voy a lograr”.

Lo que mueve a los que no tienen propósito

Otros son movidos por las modas pasajeras. Hermano, que el Señor te libre de las modas. Y no está mal, porque parte de vivir en sociedad es entender que hay códigos, pero que no sea eso lo que te mueva. Yo miro para atrás, hermano, y me da vergüenza hasta decirlo, pero en algún momento estuve triste porque no podía comprar una prenda de determinada marca. Marca que creo que ya ni existe. Era una marca de ropa que, cuando tú comprabas la ropa, te daban una calcomanía y tú la ponías atrás en el carro. Ni yo tenía con qué comprar la marca ni tenía carro. Saludos a todos los millennials que querían tener prendas marca Benetton.

Lo que le quiero decir, hermano, es que tú miras para atrás y tú dices: “Lo que anteriormente era una razón de tristeza, de agobio, de angustia, hoy me parece ridículo”. Por ejemplo, adolescentes que ahora mismo están tristes porque no pueden tener ropa de tal marca. El vestido, la música, la carrera profesional… Hay otros movidos por las expectativas de otros, a veces la presión familiar. Y todo eso mueve: la familia te mueve. “¿Por qué tú hiciste lo que hiciste? Porque yo era el proyecto de mi familia”.

En muchos sentidos, gran parte de lo que la gente logra en esta tierra es porque tiene una mamá que está apoyando detrás. Ahora, yo siento que algo que mueve con más fuerza que una mamá diligente son los propósitos de un Dios que es muy grande. Qué hermoso el joven que dice: “Yo no hago las cosas en mi vida porque mami quiere que yo las haga, es que yo siento que yo soy parte del propósito de Dios y estoy sirviendo a mi generación a los propósitos de mi Dios”. Y esto es lo que le pone en curso.

Esa presión familiar no es algo malo; ¿quién, sino tu familia natural, anda buscando el bienestar de tu vida? Sin embargo, es un peligro. Aun más, si tu familia es un buen referente. ¿Saben por qué mucha gente está perdida? Porque tuvo un papá honorable. A veces el que no tiene papá le va mejor, porque agarra el propósito de Dios. Pero hay gente que están sirviendo en este momento el propósito de sus padres.

Otros son movidos por los ciclos naturales de la vida. De manera natural, eventualmente tú vas a tener que dejar de hacer las cosas de niño. No vas a poder seguir siendo un niño eterno. Hay gente que sale de la adolescencia como a los 35, pero tarde o temprano salen. La vida y los procesos naturales de la vida te empujan: dejarás de ser niño, dejarás de ser adolescente, hasta dejarás de ser adulto. Quieras o no quieras, vas a tener que decir: “Ahora soy un adulto mayor”.

Ser movidos por los propósitos de Dios, no por la presión

Lo que quiero mostrarte, hermano, es que todos estamos siendo movidos por algo. Claro, yo quisiera que tú seas movido por los propósitos de tu Dios, no por la agenda de alguien, no por las expectativas familiares, no por los ciclos de la vida en el sentido de que “ya corresponde que yo asuma un rol distinto porque tengo tal edad”. No. Que tú digas: “Ahora corresponde que yo asuma un rol distinto porque entiendo que Dios me hizo con sentido, con propósito; que sirvo a un Dios personal; que tengo que cerrar ciclos, no porque la sociedad espera que los cierre, sino porque esto glorifica al Señor”.

Hay otros que son movidos por sus instintos. El instinto de reproducción mueve bastante, hermano; hay gente que se mueve por la necesidad de reproducirse. Hay otros movidos por el instinto de adquisición: “Tengo que hacer esto, porque si no, eventualmente no voy a poder comprar tal cosa”. Y hay otros que hacen lo que hay que hacer porque, si no, no van a poder reproducirse. Esos son instintos. Hay también el instinto de trascendencia, la fama, el intento de control.

Si tú encuentras el propósito de Dios, esas cosas pueden ser razones secundarias para moverte, pero hay algo más principal, que son ideas rectoras en tu vida, que te dicen: “Mi vida tiene sentido a causa de que he conocido a un Dios personal que tiene agenda, que tiene un guion, y me ha dado a mí un personaje secundario. Soy parte de los proyectos, de los propósitos de mi Dios”.

Puedo testificar, hermano, que esto es muy necesario para transitar en este mundo. Quien no ha encontrado al Dios personal siempre anda haciéndose preguntas de “por qué” y “para qué”. Y eso siempre termina en amargura y en desilusión. “¿Por qué sucede algo? ¿Por qué sucede lo otro? ¿Por qué esto quedó así? ¿Por qué lo cortaron?”. Porque el guion no lo escribiste tú; lo escribió Dios.

Cantidad de muchachos andan buscando solución a cosas de su vida que no saben ellos. “Ay, no, yo tenía que haber nacido en una familia que tuviera tales características; mi papá debió haber crecido conmigo; ¿por qué mis padres se separaron?”. “¿Por qué nací del modo que nací?”. Porque el Señor así lo permitió; esa es la respuesta que tú vas a tener que encontrar. Y si no, la tristeza te va a vencer. “Ah, que yo no conocí a mi mamá; que no conocí a mi papá; ay, que yo no tengo hermanos…”.

“Si mi padre y mi madre me dejaran, con todo Jehová me recogerá”. Y te dará un papel importante en la película que tu Dios está creando.

Descansar en el Dios que escribió el guion

Quien no tiene propósito anda siempre buscando algo. Supe de un hombre que estaba en una racha mala de su vida y alguien le dijo a un amigo suyo: “Fulano anda siempre buscando un papá”. ¿Y por qué fulano ha cometido esos errores? Porque él siempre anda buscando un papá. Se sentía atraído a hombres poderosos, a personas que tuvieran control, a gente influyente. ¿Y por qué? Porque no tuvo un papá.

Si tú no tuviste un papá, que no sea un delincuente el que te adopte. Que tu Padre celestial, que tiene un plan para tu vida, sea el que te adopte. Y ese plan termina bien. Tener un sentido de propósito es muy necesario, porque un creyente con sentido de propósito puede pensar y esperar en Dios a largo plazo. A quien no le da la urgencia, lo que lo dobla: “Hay que hacer algo mañana porque, si no, mi vida se desbarata, porque si no, mi vida no tiene sentido”. De verdad, hermano, el Señor no requiere 80 años para que tu vida tenga significado.

Yo lo ilustro siempre con las mismas cosas, pero no es que yo sea experto en música clásica, hermano; es lo que conozco. El “Bolero de Ravel”, por lo menos mensualmente, vuelvo y lo escucho. Es una pieza repetitiva que tiene una cadencia y un tiempo desesperante, y en la orquesta los instrumentos van entrando uno a uno. Comienza con un movimiento de percusión sumamente lento. ¿Y qué hace mientras tanto el clarinete? Nada, el clarinete está ahí. Y después entra otro instrumento y hay dos sonando, y después pasa el tiempo. Yo lo que hago es que voy a YouTube y adelanto, lo llevo hasta el minuto 3.

Tú comparas el minuto 1, donde solamente habían tres instrumentos, y el minuto 3; tú sientes como si fuera el estruendo de muchas aguas, y todos los instrumentos terminan participando, pero no en el momento en que tú querías entrar. Si tú entras antes de tiempo, dañaste la pieza. Es una pieza desesperante que reta al que la ejecuta: “Yo no puedo hacer dibujitos, tengo que estar ahí tranquilo hasta que llegue mi momento”.

“Ah, pero es que ya yo tengo 60 años. Yo no tengo tiempo…”. En un día el Señor puede hacer… Hay gente que nació para ocupar un día, y hay otros a los que les dieron la pesada carga de estar dándole a la percusión desde el minuto 1 hasta el final de la pieza. Y tú dices: “No, mi vida no tiene sentido porque no estoy bailando, no me estoy moviendo…”. Hermano, no es de moverse mucho, es de hacer lo que Dios te mandó a hacer.

Si lo ilustro con el béisbol, hay dos figuras: el bateador emergente y el pitcher relevista. ¿Qué ellos hacen? Ven el juego. El bateador emergente: “Ahí viene él…”, y el relevista, lo mismo. Uno podría decir: “Yo quisiera estar desde el primer inning, yo quisiera ser el catcher…”. Pero usted es relevista; usted vamos a ver si lo vamos a necesitar. Pero al final el equipo es el que gana.

Cómo encontrarte dentro del propósito de Dios

¿Cómo puedo encontrarme a mí mismo en el propósito de Dios? Voy rápido. Primera cosa: reconoce que existe un Dios personal. Yo no sirvo a una fuerza, al universo; yo sirvo a un Dios. Existe un Dios personal y, a causa de eso, sus propósitos son personales. A mí me emociona pensar que el Señor me conoce por mi nombre, y que cuando yo llegue a su presencia él no me va a preguntar: “¿De cuál eres tú? ¿Dónde era que tú estabas?”. Él me conoce desde el vientre de mi madre. Tengo mis cabellos contados; él conoce mi debilidad y conoce mi fortaleza, y él me amó con amor eterno.

Y este Dios eterno y personal… Un Dios impersonal no satisface. Abraza una pared, abraza un block, abraza un árbol. La creación inanimada no satisface. Me satisface servir a un Dios personal, que me conoce por mi nombre y que, cuando yo llegue a su presencia, él me mirará con la mirada de quien me conoce. ¿Usted entiende? Es la mirada de quien te invita con los ojos.

Hermano, yo estoy esperando escuchar su voz, que diga: “Ven, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel…”. “Sí, yo era el que quitaba el florero, ese que tú me quitabas, Señor; el florero… aquí está. El tramoya, el que llevaba el agua, Señor, aquí está en la película tuya”. “Ven, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra…”. Ay, hermano, cuando él diga eso: “Entra en el gozo de tu Señor”.

Entonces imagina escuchar eso y estar siendo invitado a entrar a una eternidad de gozo. Estás siendo invitado a un lugar donde tienen todas las respuestas a todas tus preguntas. Cualquier cosa que tú puedas quedarte en este momento sin respuesta, el Señor la tiene guardada. “Entra en el gozo de tu Señor”. Yo espero eso.

Yo creo que entender que estamos viviendo con un Dios personal es la primera cosa en cómo yo puedo encontrarme en el propósito de Dios. Tú no encuentras primero el propósito; primero encuentras al Dios que tiene propósitos. Tú puedes encontrar el mapa o puedes encontrar al Autor.

Hay gente que leyó la Biblia, y hay gente de la cual Dios se encontró con ellos. Pero al encontrar al Dios que tiene propósitos, tu vida termina teniendo propósito. Si ya tú eres un creyente y no estás muy claro… nunca tenemos completa claridad, hermano. Yo he hablado decenas de veces con líderes cristianos respecto a sentir que estamos haciendo lo que Dios quiere que hagamos, y nadie tiene absoluta seguridad. Yo quisiera que alguien me diga: “Dame la certificación de que lo que yo estoy haciendo hoy es lo que Dios quiere que se haga”. Nadie tiene absoluta seguridad. Ahora, tenemos limpia conciencia, eso sí.

Señales de que estás caminando en el propósito de Dios

Según lo que hemos entendido de la Palabra, el Señor nos ha estado usando, de forma tal que esto tiene sentido. No es absoluta la seguridad; hay aproximaciones. ¿Cómo yo sé que ya lo encontré, que realmente mi vida tiene propósito? Innegablemente, tú conociste a Dios.

Si alguien se pregunta: “¿Tú sientes que tu vida tiene sentido, que tu vida tiene propósito?”. “Yo creo que sí, porque tuve hijos… creo que sí”. Si tú no tienes al Dios que escribió el guion, tú no tienes propósito.

Tú sabes que tienes propósito porque, en tu vida, hay reposo. Decía Agustín de Hipona, poéticamente: “Nos has hecho, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti”. Es un sentido de reposo que tú tienes si tu vida tiene propósito. Ese reposo no es ausencia de conflicto, ni de tensión; es que, en la cosa esencial, en tu vida hay piso, hay estructura, hay paz.

En Juan 15, del 8 al 11, sabemos que cuando estamos en el Señor estamos llevando fruto, y tú sabes que en tu vida hay fruto. Hay alguno que tiene un fruto súper abundante, pero aunque sea un fruto mínimo, debería haber en tu vida. No es cualquier fruto, es algo que se hace en tu vida por agencia de Dios; por ti mismo no salía.

Testifico que cuando tu vida se encuentra con el propósito de Dios, hay un sentido de que encaja. Como en un rompecabezas: hay piezas que parece que van ahí, y a veces uno las aprieta, por la impotencia de tratar de buscar la pieza donde encaja; pero cuando tú la encuentras, tú sientes que hay algo más fluido. Encaja dentro de algo mucho más grande.

“Jehová cumplirá su propósito en mí”. Después dice él: “Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre”. No es a causa de nuestros méritos, sino a causa de su misericordia. Y al final termina de nuevo orando. Y ahora pregunto: si Dios tiene, en su providencia y su soberanía, ya escribió el guion y él sabe cómo todo termina, ¿para qué orar? Si tú estás cumpliendo en tu vida el propósito de Dios, ¿para qué orar? Vamos a ponerlo en piloto automático: “Señor, haz lo que tú vayas a hacer…”.

Siempre recuerdo aquel que le dijo al Señor: “Jehová, haga como él quiera”. Esto es algo para atesorar, para desear y también para pedir. Él dice: “No desampares la obra de tus manos”. Él dice: “Ey, dale cariño al personaje que tú has creado. Yo soy tuyo, soy una pieza de tu rompecabezas”. Miren cómo él pide: él no pide “dame un propósito”, no, no. Él dice: “Señor, no desampares la obra de tus manos”.

Hermano, qué bonito cuando alguien ora así: “Señor, ayúdame, no me desampares, porque yo soy parte de lo que tú estás haciendo”. Eso es lo que él está diciendo. Qué hermoso el que pide con esa convicción, de que mi vida importa.

Entonces, ¿para qué orar? Pues, hermano, porque si no fuera así, ¿para qué ni siquiera orar a Dios? ¿Por qué Dios tendría interés en nosotros? Porque él te amó con amor eterno.

Dios no olvida la obra de sus manos

Isaías 49, del 14 al 16, dice:

Pero Sion dijo: Me dejó Jehová, y el Señor se olvidó de mí. ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros.

— Isaías 49:14-16

Sin embargo, Jerusalén decía: “El Señor me ha abandonado, el Señor me ha olvidado”. ¿Realmente, hermano, eso es así? “Jamás”, dice él. Después se pregunta: “¿Puede una madre olvidar al niño de pecho? ¿Puede no sentir amor por el niño que dio a luz? Pero aun si eso fuera posible, yo no los olvidaría a ustedes. Mira, he escrito tu nombre en la palma de mis manos; en mi mente siempre está la imagen de las murallas de Jerusalén convertidas en ruinas”. El Señor le dice: “Ustedes se sienten tan derribados, pero yo todavía los estoy pensando, yo todavía los tengo presentes”.

Ora de otro modo, con ese reconocimiento: tú no estás pidiendo como un incrédulo. Tú dices: “Señor, yo sé que tú me viste, yo sé que tú me llamaste, yo sé que tú me salvaste. No desampares la obra de tus manos. Alcanza tu propósito en mí”.

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