Oremos al Padre. Permite, Padre, que pronto en nuestra iglesia veamos más gente conectada, veamos más gente compartiendo su fe. Permite que pronto, Señor, aquellos que están alrededor nuestro también puedan ser impactados con nuestros testimonios. Permite que el fruto, Señor, de nuestro esfuerzo por compartir la fe, aunque nosotros no lo veamos, sepamos que está ahí. Permite que muchas personas sean alcanzadas porque mis hermanos compartan con ellos su testimonio. Permíteme, Señor, compartir mi fe con alguien más.
Permite que la gente de nuestra iglesia, que hoy haya estado recibiendo, que hace años ha estado recibiendo, pronto también esté compartiendo. Permite que aquellos, Señor, con los cuales alguien anteriormente y en otra época compartió su fe, eventualmente compartan su fe en otro tiempo y en otro lugar con otras personas. Todo esto para la gloria de tu nombre. Amén, amén. Acompáñenme en sus Biblias en el libro de Hebreos, en el capítulo 5 y en el versículo 12.
Lo que hemos visto en este video es una serie de personas que, en diferentes momentos de su vida, compartieron su fe. Lo que hemos visto en este video es una serie de personas que eventualmente dieron por gracia aquello que habían recibido. Lo que estamos mirando es un grupo de personas comunes y corrientes, como todos nosotros, que tomaron la decisión de no solamente ser discípulos, sino también ser maestros. Libro de Hebreos, en el capítulo 5 y en el versículo 12.
Lo que vengo a enseñar hoy es un asunto sumamente urgente con relación a nuestra jornada de predicación de este año. Lo que vengo a compartirles me parece que es un asunto que tenemos que comenzar a resolver desde ya. Es importante invitar una persona a la jornada, pero es más importante pensar en lo que sucederá después de la jornada. Es importante que las personas reciban al Señor, pero es importante que gente como tú y como yo pasemos tiempo con ellos, para que esa gente sea formada en el Señor. Es importante que las personas se conviertan a Cristo, pero lo más importante es que las personas puedan ser conectadas a Cristo.
Si a mí me preguntara una persona en este momento cuál es la necesidad más grande que tiene la iglesia del Señor, yo le diría sin lugar a dudas que la necesidad más grande que tiene la iglesia del Señor es que se levante una generación de maestros, usados por el Señor, que puedan llevar al Señor a otros. Lo que más hace falta es gente que no solamente reciba, sino gente que también eventualmente pueda dar.
Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.
— Hebreos 5:12
Urgencia de maestros después de la jornada
Cuando yo vi por primera vez, hermano, ese video, la verdad que me estremecí. Es imaginar personas que son como tú, es imaginar personas que son como yo, gente que es común pero que están haciendo algo extraordinario. Y esto extraordinario que están haciendo en el mundo es ser utilizados por el Señor, personas usadas por su Espíritu para que no solamente reciban, sino que también aprendan a dar. Después de otra jornada, hermano, es posible que nuestra iglesia se duplique en número durante la jornada, y yo me pregunto: ¿cuáles son los maestros de nuestra iglesia que van a recibir a esa gente y que le enseñarán lo que es ser un cristiano?
¿Cuáles son las personas de nuestra congregación que tendrán la disponibilidad de pasar vida con otra vida, para que en esa vida se forme la vida de Cristo? ¿Cuáles son los hermanos de nuestra iglesia que tienen la disponibilidad no solamente de venir un domingo aquí, sino también de entre semana juntarse con personas en Ikea, de encontrarse con personas en El Americano, de encontrarse con personas por su trabajo, para pasar tiempo con esa gente hasta formar en esa gente el carácter de Cristo? Hermano, la campaña, la jornada, ese es el primer paso, pero el gran paso viene después.
Hago aquí un preámbulo. Miren, si a mí me preguntara alguien: “Yo quiero hacerme cristiano ahora mismo”, inmediatamente yo tendría que decirle a la persona: “Tú te estás haciendo cristiano para aprender a ser discípulo y llegar a ser maestro”. Yo les pregunto a algunos de ustedes que están aquí y que se matricularon en una universidad: ¿con qué intención se matricularon, con ser estudiantes para toda la vida? A los hermanos que están aquí que eventualmente fueron a la universidad, les pregunto: ¿ustedes fueron a la universidad con la intención de ser un estudiante eterno?
No, fueron a la universidad con la intención de eventualmente prepararse para hacer algo productivo. Nadie debe hacerse cristiano solamente por serlo. Uno se hace cristiano con la intención de eventualmente llegar a ser maestro. Libro de Hebreos, en el capítulo 5 y en el versículo 12, dice así la Escritura, y es una queja del autor acerca de la congregación. Es una queja. Él les dice:
Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.
— Hebreos 5:12
Hermano, miren, a finales del año pasado el equipo pastoral de esta iglesia se reunió y estuvo tratando de analizar hacia dónde iba nuestra iglesia en los próximos años, y encontramos lo siguiente: que el Señor nos ha ayudado a establecer una iglesia, pero que nuestra iglesia necesita crecer en discipulado y necesita establecer relaciones.
La meta: de discípulos a maestros
Hermano, es importante que la gente venga un domingo a la iglesia, pero donde está el fruto en la vida cristiana es cuando esa persona se conecta a otra persona y juntos entonces caminan hacia el Señor. Es necesario que en nuestra iglesia se levanten maestros. ¿Qué es un maestro? Una persona que ha crecido en los caminos del Señor con la intención de dar. Tenemos diferentes audiencias aquí: tenemos creyentes comprometidos, tenemos personas que comienzan a caminar con el Señor, tenemos algunos que todavía ni siquiera tienen al Señor. El destino de todos los discípulos de Cristo es eventualmente llegar a ser un… ¿qué?, llegar a ser un maestro. ¿Y qué es un maestro? Una persona que ha tenido la experiencia necesaria y que ya puede dar.
Miren, esto no se entiende bien porque nosotros somos occidentales, pero en el mundo judío, donde comenzaron los primeros procesos de discipulado, en la sociedad judía del primer siglo, un maestro que era llamado rabino estaba entre las personas más respetadas de la sociedad. Pues la vida del pueblo giraba en torno a la Ley y ellos instruían a las personas y les ayudaban a interpretarla. La aspiración de muchos jóvenes era convertirse en maestros. Pero para lograrlo tenían que ser seleccionados primero como discípulos de un maestro ya establecido.
Así como cualquier muchacho dominicano quiere jugar pelota y ser pelotero, en el mundo judío cualquier muchacho quería ser un rabino. Así como hay niños que desde temprana edad están agarrando el bate y están haciendo gestos, tal vez con la actitud de pelotero, así mismo en el mundo judío había muchachos que desde los nueve años ya estaban pensando que probablemente ellos eventualmente llegarían a ser rabinos. Pero, hermano, no bastaba solamente desearlo, también había que tener unas condiciones. También había que recibir una oportunidad y no todo el mundo llegaba a tal cosa.
Eran tres momentos en la vida de discipulado de los judíos, tres niveles. El primer nivel se llamaba Bet Sefer. Era un nivel donde los muchachos que tenían menos de diez años eran enviados a una escuela de un rabino y eran instruidos en la Torá. ¿Qué era la Torá? Los primeros cinco libros de la Biblia: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Todos los muchachos judíos, hasta los diez años, eran enviados a ese primer nivel con la intención de ser formados en la Torá. Ahora, sucedía que todos los muchachos del pueblo iban ahí a esa instrucción, pero no todos los muchachos demostraban el mismo empeño.
Se esperaba que al final del primer nivel de instrucción judía ya esos muchachos recordaran de memoria todos los versículos de la Torá, y eso no todos lo conseguían. Entonces, cuando llegaban a los diez años, la mayoría de los muchachos iban a su casa y aprendían el oficio familiar. Si tu papá era pescador, bueno, pues entonces terminabas haciendo pescador. Si tu papá era carpintero, tú terminabas siendo carpintero. Pero había una élite entre esos muchachos que tenían madera para llegar a ser rabinos, y entre esos muchachos iba su maestro a su casa.
El modelo judío de discípulo y rabino
El maestro iba a su casa y le decía a su padre: “Mira, tu hijo ha estado en mi instrucción y en mi instrucción ha demostrado que él tiene madera para posiblemente pasar al siguiente nivel, después al tercero, y después que un gran rabino entonces le reciba. Permíteme que él no venga a la casa y que aprenda a ser carpintero, sino que él se quede con nosotros aquí en la escuela y que pase al segundo nivel”. El segundo nivel se llamaba Bet Talmud. En este nivel no era solamente la Torá, los primeros cinco libros, sino que trataban de memorizar el Antiguo Testamento completo.
Los que no habían demostrado que tenían el empeño para aprender la Torá completa, entonces ahora trataban de aprender la Biblia desde Génesis hasta Malaquías. Y cuando estas personas pasaban el Bet Talmud, eso era casi como que usted estuviera en triple A. Bueno, lo que le estoy diciendo es que en el mundo judío llegar a ser maestro era el mayor prestigio que había. Cuando llegaba un rabino a cualquier paraje, la gente se amontonaba porque querían escuchar al rabino, porque era un gran privilegio. La dignidad que tenía un rabino era demasiado grande.
Cuando llegaban, hermano, a este segundo nivel y que ya podían memorizar desde Génesis hasta Malaquías, y que demostraban habilidades de razonamiento, que podían no solamente memorizar y citar, sino que también podían analizar, entonces ya estaban como en triple A y les faltaba el momento más importante de su vida. Y es que un maestro ya establecido entonces los recibiera como sus discípulos. Lo que hacían estas personas, después de haber pasado desde la niñez tratando de entrar a este sistema, era ir donde un rabino ya establecido y decirle: “Maestro, ¿sería posible que usted me recibiera entre sus discípulos?”.
Entonces el maestro comenzaba a hacer preguntas y trataba de tantearlo. Le decía: “Dime, ¿qué dice el profeta Jeremías?”. Entonces trataba de indagar si el muchacho realmente tenía habilidades mnemotécnicas. Después trataba de investigar cómo estaba su capacidad de razonamiento. “¿Qué harías tú si alguna persona del pueblo te pidiera consulta en tal área?”. Y después que indagaba al muchacho en todo esto, entonces sondeaba su carácter. Le preguntaba: “¿Acaso tienes tú la capacidad? ¿Eres tú estoico? ¿Puedes tú resistir los momentos más difíciles? ¿Podrías tú venir a convivir conmigo durante años?”.
¿Podrías dejar a tu familia atrás, tu comunidad atrás, tu familiaridad atrás? Entre estos muchachos no todo el mundo podía llegar a aquello, pero cuando el maestro sondeaba a una persona, entonces el maestro decía una palabra.
“Sígueme”: el llamado al discipulado
Y esa palabra, hermano, era como que a usted le dieran un contrato en Grandes Ligas por 50 millones de dólares. El maestro le decía: “Sígueme”. Y cuando un muchacho que desde los diez años, desde antes de los diez años, ha estado pensando en su mente que él podría llegarse a convertir en un rabino, ve la oportunidad de que este maestro lo reciba y que él llegará a ser un maestro igual que él y que eventualmente tendrá también a sus discípulos, era la noticia más extraordinaria que sucedía en una familia. “Un hijo mío llegó a ser un gran rabino, un hijo mío”.
Eso es como si a usted le firmaran un muchacho en Harvard, como si lo firmaran en MIT, como si alguna gran institución le permitiera entrar allí. Y entonces ese muchacho, cuando el maestro consideraba —escuchen—: desde los siete hasta los diez años aprendiendo la Torá; desde los diez y hasta la juventud aprendiendo a los profetas; después pasando años bajo la cátedra de su rabino; entonces cuando el rabino consideraba que el muchacho podría comenzar a hacer sus pininos por sus propios medios, cuando él consideraba que ya había recibido la instrucción suficiente, entonces le daba la oportunidad de iniciar sus primeros pininos. Pero todavía de pocas, le daba la oportunidad, todavía no era un rabino.
Entonces, al final, ya cuando estaba consumado y que su rabino que lo estaba formando ya se estaba retirando, entonces le decía: “Después de mí, entonces tú”. Esta persona entonces heredaba el prestigio de generaciones de maestros antes que él, y tenía, hermano, lo que tenía el apóstol Pablo. Hago paréntesis aquí. Miren, en todos los discípulos de Cristo ninguno de ellos pudo memorizar la Torá. La mayoría eran pescadores. Ellos fueron, intentaron y les dieron release. Aquí hay peloteros releaseados, esos que cuando van, intentan dar un par de toques en triple A y los mandan para atrás, les dicen: “No da para pelotero”.
Los discípulos de Cristo eran pescadores, eran hombres del pueblo. Dice la Biblia que lo vil de este mundo escogió Dios. ¿Saben con qué intención? Con que su gloria sea aún más grande. Quizá cuando te digo que había que memorizar tú dices: “Yo no tengo la capacidad para ser maestro”. Yo tampoco, hermano. Pero el Señor, en su misericordia, aún hoy en día elige maestros, personas que puedan hacer grandes sacrificios con la intención de formar discípulos. Pero para llegar a ser maestro, hermano, hay que seguir por lo menos tres cosas.
Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.
— Hebreos 5:12
Discípulos, multitudes y el verdadero interés
“Debiendo de ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de la palabra de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche y no de alimento sólido”. Miren, una congregación cristiana tiene gente que está en diferentes momentos y que tiene diferentes intereses. Por favor, que nadie se sienta aludido, pero yo sé que aquí hay gente cuyo interés en la vida cristiana es llegar un domingo, sentarse en una iglesia y volver para su casa, a su vida normal. Yo estoy convencido de que aquí hay gente que no van a llegar a ser grandes maestros en los caminos del Señor. ¿Por qué? Porque quizás no tienen la madera, porque quizá no tienen el interés.
Así como el muchacho que juega pelota de niño y después, cuando llega a la escuela, su mundo es otro, ya no quiere agarrar el bate y los guantes, así mismo en los caminos del Señor hay personas que solamente quieren venir a la iglesia. Pero estoy convencido de que aquí, entre mis hermanos, debe haber algunos, debe haber algunos en los que el Señor haya puesto la intención de poder pasar a un siguiente nivel en la vida cristiana y de eventualmente ser ellos quienes formen otros discípulos. Yo estoy convencido de que aquí, en esta congregación, si somos una iglesia de 220 miembros, prontamente aquí se deben levantar aunque sea cinco maestros.
Deben haber algunos de nuestros hermanos que estén dispuestos a pagar el precio de tener discípulos, que estén dispuestos a pagar el precio de eventualmente comenzar otras congregaciones, que estén dispuestos a pagar el precio de quizá aquí mismo, aquí mismo en la iglesia, comenzar un grupo de discipulado. Yo estoy convencido de que aquí hay personas que ya deberían de haber sido maestros. ¿Y por qué no sucede? Primera noticia: con que vengas a la iglesia no llegarás a ser un maestro.
Miren, el Señor era un maestro, era un rabino. Quizás no entre los rabinos oficiales de los judíos, pero era el más grande de los maestros. Y Él llamaba discípulos. ¿Y saben cuántos discípulos tenía el Señor? Tenía doce. ¿Y saben cuánta gente oía al Señor? Multitudes. Miles de personas estaban alrededor del Señor, pero ¿saben cuántos eran los discípulos de Cristo? Doce. Hermano, te estoy diciendo que no todo el que viene a una iglesia tiene el mismo interés. Ahora, entre toda esa gente que se congregaban a escuchar a Cristo, había algunos.
Había algunos que no solamente eran personas que venían e iban, sino que eran personas que eran discípulos de Cristo. Y entre sus discípulos, entonces Cristo compartía de manera especial. ¿Qué hacemos para llegar a ser maestros? Lo primero que necesitamos aprender es a ser discípulos. Perdóname, hermano, pero hay gente que necesita ser instruida en lo que es el discipulado. Hay gente que necesita ser instruida en lo que significa ser un discípulo, porque si tú no aprendes a ser un discípulo y eventualmente llegas a ser un maestro, no terminas siendo un maestro, terminas siendo un profesor.
Un profesor es una persona que puede buscar un pizarrón y explicarte una teoría, explicarte un teorema. Es una persona que podría sorprenderte con sus ideas, pero no hay relación. Para llegar a ser maestro, lo primero es aprender a ser discípulo, hermano. Nadie en Israel podría pararse y decir: “Vengan y síganme”, porque lo primero que te iban a preguntar es: “Y a quién tú has seguido”. Nadie en Israel podía pararse y pretender porque te preguntaban: “¿Y de dónde vienes tú?”. Por eso el apóstol Pablo decía que él fue instruido a los pies de Gamaliel, porque Gamaliel fue instruido a los pies de Hillel, y Hillel pertenecía a una escuela de rabinos.
O sea, estamos diciendo que para tú llegar a ser un maestro primero tienes que aprender a ser un discípulo. “Jesús se volvió, y al ver que le seguían, les preguntó: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí —que traducido es, Maestro—, ¿dónde moras?”. Hermano, miren, en un mundo judío que lee esto, lee una sutileza que para nosotros nos pasa por alto.
Estos eran los discípulos de Juan, y ahora vienen donde Jesús y le preguntan: “¿Dónde tú te hospedas?”. ¿Qué es lo que le están preguntando? La pregunta no es “¿Dónde tú enseñas? ¿Dónde tú predicas? ¿Aquí, en el mar de Galilea?”. No, no, no. Nunca. O sea, lo que nosotros queremos saber no es dónde tú enseñas. Lo que queremos es saber dónde tú vives. En esa pregunta, hermano, hay una actitud: “Mira, nosotros estamos dispuestos a que si tú vives aquí, aquí mismo vamos a vivir nosotros; a que si tú estás aquí, aquí mismo estaré yo; y si tú te mueves, tú no te vas a mover solo, contigo voy yo”.
En Israel, un gran maestro llamado Elías tenía el prestigio que tienen todos los grandes maestros, y cualquier muchacho veía escuelas de profetas que querían ser los herederos de Elías. Pero había un muchacho que se llamaba Eliseo, y este muchacho que se llamaba Eliseo, hermano, escuchó: “Mira, el Señor ya se va a llevar a Elías, el Señor, tu maestro, será quitado de ti”.
Humildad y sometimiento: marca de un discípulo
Y cuando le preguntaron qué él quería, ¿saben lo que él pidió? Usted diría: “Ese está loco”. Eliseo pidió: “Yo quiero de eso que tú tienes, y lo quiero en una doble medida. Yo quiero ser el siguiente. Yo no quiero que tú me des, no, yo quiero ser el siguiente”. Y dice que él desde ese momento no le perdió ni pie ni pisada a su Señor. Elías fue arrebatado hacia arriba y Eliseo fue lleno del poder de Dios. Hermano, lo que te estoy diciendo con esto es que si tú quieres eventualmente convertirte en un maestro en nuestra iglesia, tú tienes que aprender a ser un discípulo, porque no todo el mundo que visita una iglesia es discípulo.
Hay gente que piensa que ser discípulo de Cristo es venir a la iglesia. No es eso ser un discípulo de Cristo. Ser discípulo de Cristo es seguir a un hermano mayor, seguir a un maestro, seguir a una persona que te podría dar algo. Y para ser discípulo hay que aprender a hacer los asuntos del discípulo. Miren, aunque uno puede tocar la puerta, la verdad es que un maestro elige a su discípulo. Tú no vas a donde un maestro y dices: “Aquí vine yo y hay que seleccionarme”. No. Tú vas con humildad donde un maestro, ese maestro te recibe y comparte contigo no solamente su sermón, comparte contigo también su vida.
Perdóname, hermano, pero si tú no puedes citar hacia atrás una persona que haya sido un maestro para ti, lo más probable es que nunca vayas a tener un discípulo. Para llegar a ser maestro es necesario ser discípulo, y un discípulo es elegido por su maestro. Uno busca la manera, hermano, uno busca la manera, pero hay gente que se la pone difícil, hay maestros que dan poco. Miren, a mí me tocó lidiar con un maestro que no daba fácil, que era parco. Yo recuerdo que yo iba donde Parra y yo sentía que era árido, ¿usted me entiende esto?
Yo le tocaba la puerta. Yo recuerdo que yo le decía: “Parra, pero lléveme con usted, que yo quiero ver cómo usted lo hace hoy”. “Junior, acompáñame”, él me decía, “ven conmigo”. Y yo: “Pero Parra, tú no me das un entrenamiento”. Y él: “No, Junior, tú vienes y tú ves lo que yo hago”. Yo le pregunté a Parra: “Pastor, ¿y de quién fue que usted aprendió?”. “No, del Pastor Jacinto”. “¿Y cómo Jacinto lo hacía?”. “Él me llevaba donde él iba y yo veía lo que Jacinto hacía”.
Hermano, a veces uno aspira a que el maestro como que va a venir donde uno y le va a dar diez folleticos en la mano. No. El maestro lo que te permite es: “Camina conmigo y mira lo que vamos haciendo”, y eventualmente en esa relación sucede el discipulado. Queremos que en Pez Mundial se levanten maestros que tengan discípulos y que la gente les siga. Miren, un discípulo sigue a su maestro. Hay una distorsión en el modelo de discipulado, y es que hemos acostumbrado a la gente de las iglesias a que el pastor siga a la oveja.
Hermanos, si el pastor sigue a la oveja, entonces la manada se pierde, ¿me siguen en esto? Hay gente que ha entendido que vive para que el pastor esté detrás de ellos. Claro, hermano, miren, el pastor excepcionalmente se devuelve a buscar la oveja que se quedó atrás, pero normalmente las ovejas tienen que aprender a seguir a su pastor. Dos herramientas utiliza un pastor: un pastor tiene una vara y tiene un callado. ¿Y qué es un callado? Miren, un callado son dos… Un callado, usted no se lo imagina como que él se agachó y cogió un callado. Son dos trozos de piedra.
Los pastores no siempre andan agachados. Los pastores no siempre van así. ¿Saben cómo anda un pastor con su rebaño? El pastor va alante y con su callado va chocando, y las ovejas aprenden a escuchar su sonido. El callado es del pastor y le siguen. Eventualmente una oveja se pierde, el pastor se devuelve y la busca, pero lo natural es que el discípulo siga a su maestro. Recuerdo que, trabajando yo bajo la influencia de Parra, la queja de todos los líderes de Parra era: “No, pero que este pastor como que no busca a uno, este pastor como que no está atento”.
Y en un momento lo analicé y yo también lo sentí durante años. Hermano, yo salí con los jóvenes de Lucerna y Parra a mí nunca me buscó para decirme: “Te voy a dar una instrucción, esto es lo que se va a hacer”. No, no. Y miren, la forma en que Parra daba los comentarios era tan sutil. Me decía: “Junior, mira, yo estoy pensando tal cosa, ¿qué tú crees que se puede hacer?”. Y todos los líderes me decían que el pastor era uno como que… “Los líderes de la iglesia no lo buscan”. Hermano, la verdad es que yo busqué muy poco a Parra, sí, de verdad.
Y si yo quería ser un discípulo cercano de él, yo tenía que aprender a buscarlo. Y tuve que aprender a buscarlo, lo aprendí tarde, hermano. Se me iba el tiempo en que yo decía: “El pastor no me busca”. La oveja sigue a su pastor. Dice el Señor: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen”. Vamos a aterrizar con relación a esto. Yo quiero preguntar lo mismo: ¿tú estás siguiendo a tu pastor? Perdóname, hermano, pero hay gente que viene a la iglesia y tiene su propia agenda. Hay gente que viene a la iglesia y tiene su propio ritmo. Hay gente que quiere venir a la manada y tener su propia ruta.
La verdad es que en el modelo de discipulado el discípulo sigue a su maestro y la oveja sigue a su pastor. Y dice el Señor que “mis ovejas oyen mi voz y me siguen”. Me muevo un poco, hermano. Un discípulo tiene expectativa, eso es lo que yo veo. A veces los creyentes como que no tienen hambre.
Hambre espiritual y el yugo del maestro
Hay personas que están como que no tienen hambre, como que ahí están los recursos y “si sucede, sucede, y si no, no”. Caramba, hermano, si usted tiene tres años en esta iglesia y todavía usted como que no tiene alguien que lo vea a usted como un referente, preocúpese. Si usted tiene ya cuatro años en esta iglesia desde que comenzamos y todavía los miembros de esta iglesia no te ven a ti como un referente, como una persona a quien podrían ellos preguntarle, como una persona a quien podrían ellos consultarle, como alguien con quien ellos quisieran pasar el tiempo, preocúpate.
Si tú tienes años en los caminos del Señor y todavía no hay nadie que, como en el video que acabamos de ver, diga: “Yo estoy en los caminos del Señor porque fulano me impactó con su vida, porque me influenció con su vida, porque él me dedicó su tiempo”, estás tú perdiendo tu tiempo, hermano. Pregúntate: después de tantos años, ¿está todo encaminado, aunque sea al segundo nivel, de convertirte en un gran maestro? ¿Estás tú encaminado ya, como que vas haciendo la idea de que podrías formar a otros? ¿O estás esperando que pase el tiempo para llegar a ser maestro?
Tenemos que aprender a ser discípulos. Miren, hay algo que es difícil, una palabra que incomoda, y es la palabra “sometimiento”. Una doctrina cardinal en el discipulado de la Escritura es que un discípulo se someta a su maestro. ¿Qué es someterse? Cada maestro tenía su yugo. Por eso el Señor les dijo: “Vengan a mí, porque mi yugo es ligero”. Tú querías seguir a un maestro rabino, el maestro te decía: “Mira, este es mi yugo”. ¿Y qué era? Algunos tenían más de 500 normas.
Una norma, por ejemplo: “Usted es mi maestro, usted se sienta en el suelo y yo me siento en un banco”. Eso era un yugo de un maestro. Perdóname, un yugo de un maestro. Otro yugo: “Bueno, si usted va a seguirme a mí, el maestro camina adelante y tú vienes detrás”. Eso era un yugo. Y había maestros que eran tan exigentes en eso que era casi imposible seguirlos. Pero la verdad, hermano, es que si tú vas a seguir un maestro, cada maestro tiene su yugo.
Tiene su forma de hacer las cosas, tiene su método. Yo les comenté: yo estudiaba en la Escuela Nacional de Altas y Oficios y me enseñaron a rebobinar transformadores. Rebobinar un transformador, hermano, debe tener quince maneras. Usted calcula la forma, la densidad del núcleo y demás. Eso debe tener quince maneras, pero en Altas y Oficios se rebobinaban los núcleos según el método del maestro William. Y cuando tú rebobinabas un transformador con un método alternativo y lo llevabas, no estaba bien rebobinado. ¿Por qué? Porque no lo rebobinaste según el método del maestro William.
Tenemos que aprender esto. ¿Han visto personas que quieren venir a una iglesia y ellos tienen su propio método, y quieren que se les haga su propio programa y quieren que se les haga…? Hermano, usted me perdona, pero si usted vino a esta congregación y usted va a venir aquí a sentarse en esta congregación, usted va a seguir a un pastor. O sea, usted no viene aquí y me trae su agenda de dónde usted quiere que yo lo lleve.
¿Me siguen en esto? Hay personas que quieren venir: “Joven, pastor, ¿usted es el pastor? Sí. Mire, yo tengo aquí esta agenda, estos son los pastos que yo quisiera comer”. Bueno, hay gente que quiere controlar hasta los termómetros, el pastor predica y… No es así. Algo que yo no negocio es hacia dónde va la enseñanza de esta iglesia. ¿Usted me puede seguir esto? Mire, yo estoy convencido de que hay muchos pastos en Santo Domingo, y hay muchos lugares donde se pudiera comer, pero yo he elegido como pastor de esta iglesia los pastos que vamos a frecuentar.
“Pastor, mire, yo tengo aquí una carta de ruta para que usted me lleve”. ¿Usted vino a un tour o usted quiere seguir a un maestro? ¿Qué es lo que estamos tratando de hacer? Quiero decirte con esto que un discípulo anhela continuar el legado de un maestro. ¿Sabe por qué razón los maestros no seleccionaban a todo el mundo? Porque él trataba de ver: “Este muchacho, ¿realmente tiene la madera para continuar lo que hemos estado haciendo?”.
Cuando estoy preparando un sermón, yo voy la semana hablando con gente. Yo estaba esta semana hablando, y yo traté… Hay aquí un ingeniero hidráulico que yo admiro mucho. “Padre, mire, ¿usted conoce a Marcelo Jorge? ¿Usted conoce a Marcelo Jorge?”. Miren, ¿usted ha oído hablar de Marcelo Jorge, hermano mío? Mire, cuando usted habla aquí en el área de la hidráulica de Marcelo Jorge, hay que sentarse. ¿Por qué? Porque es un maestro de este país, o sea, de las personas que más conocen aquí de asuntos de ingeniería hidráulica, de proyectos de generación.
Marcelo Jorge. Y yo estuve analizando, yo me reuní con un discípulo de Marcelo Jorge y le pregunté: “Ven acá, ¿y de quién aprendió Marcelo Jorge?”. “Mira, había un científico de la Universidad de Stanford que hizo unos cálculos de cómo era que se calculaba generación, e hizo un modelo matemático para eso. Y ese modelo matemático llegó a Costa Rica, y muchos ingenieros dominicanos fueron a Costa Rica y fueron impactados por ese gran maestro que vino de la Universidad de Stanford. Entre esa generación de ingenieros estaba Marcelo Jorge”.
Y después que Marcelo Jorge vino a República Dominicana, entonces se fue a la UASD y él ofreció que le iba a dar acompañamiento a estudiantes de ingeniería civil y eléctrica que quisieran hacer tesis. Y él asesoró a esos alumnos y a cada uno le dio una tesis distinta, y eventualmente ellos aprendieron asuntos de hidráulica y de generación según el método de quién. Según el método que Marcelo en Chile escuchó de este ingeniero científico de Stanford, que fue llamado a esa cátedra.
Y me dice: “Después Marcelo fue nombrado en la CDE, y cuando fue nombrado en CDE, entonces buscó toda esa generación de ingenieros que habían sido formados por él en la Universidad Autónoma. Y esos ingenieros, al día de hoy, son los mayores consultores que hay en este país acerca de hidráulica y de generación. Entre ellos está el papá de mi esposa, que es don García”. “¿Y con quién usted aprendió?”. Y él me tendrá que decir eventualmente…
“Bueno, lo que me ayudó fue Marcelo. Y Marcelo en Chile conoció a este de la Universidad de Stanford, que ayudó tal cosa”. Hermano, lo que estoy estableciendo con esto es que cada discípulo continúa el legado de un maestro. Le decía Pablo a Timoteo: “Esto que te he dado te encomiendo que lo instruyas tú a otros hombres fieles, que sean idóneos para enseñar también a otros”. O sea, continúa el legado que te están transfiriendo.
Hermano, una característica —y aquí yo me quiero parar—: miren, para ser discípulo hay que tener paciencia. En los caminos del Señor no hay más maestros porque la gente se desespera. Esto es lento. Le estoy hablando de que eran treinta años que había que esperar para llegar a ser rabino en Israel y estar en eso desde los seis años. ¿Sabe el tiempo que le toma a un muchacho llegar a jugar en Grandes Ligas? ¿Sabe el tiempo que le toma a un muchacho llegar a estar en unas olimpiadas? Hermano, todas las cosas que realmente son importantes son cosas que llevan tiempo. La gente quiere acelerarse, quiere hacerlo más rápido.
Hay una anécdota que yo recuerdo, que cita Charles Spurgeon en su libro “Discurso a mis estudiantes”. Ellos tenían un colegio donde preparaban pastores y misioneros. Entonces, cuando un pastor iba a ser preparado, lo enviaban a ese colegio para que estudie, y allí lo entrevistaban, a ver si se podía seleccionar. Entonces cuenta la historia de un hermano que era el evaluador, y que le estaban enviando misioneros para enviarlos a otro lugar. Ya le enviaron: “Mira, te estamos refiriendo a estos misioneros para que tú evalúes su capacitación, para que tú evalúes su experiencia, para que tú evalúes su amor por el Señor y determines si este muchacho tiene madera para llegar a ser un misionero”.
Y, ¿saben?, él les dio algunas pruebas sencillas. Le dijo: “Ah, mire, muchacho, ¿usted quiere ser misionero? Ah, muy bien. Venga a mi oficina tal día a las 6 de la mañana. Y yo sé que usted vive lejos”. Y el muchacho, dice, corrió sobre Inglaterra, millas y millas, y llegó a la oficina del evaluador, quien iba a determinar si él sería enviado como misionero. Y llegó a las 6 de la mañana. Pero dice el evaluador que él no entró a su oficina a las 6, sino que se quedó ahí esperando y leyendo, y que entró a su oficina a las 10.
El muchacho miró el reloj varias veces, pero permaneció ahí desde las 6 de la mañana y hasta las 10, a ser evaluado para ser considerado como misionero. Y cuando él llegó, le hizo preguntas muy sencillas. Él le dijo: “¿Cuál ha sido su preparación?”. “Ah, bueno, yo me preparé en tal congregación, allí se me han dado tales oportunidades”. “¿Cuál es su capacitación?”. “Yo estudié en tal lugar, hasta tal nivel”.
“Me parece muy bien. ¿Ama usted al Señor?”. Y el muchacho, aspirando a ser misionero, respondió: “Le amo al Señor”. “Muy bien, ya usted tiene la mitad de la evaluación. Permítame ahora hacerle algunas preguntas. ¿Usted podría deletrear la palabra ‘gato’?”. El muchacho que está esperando ayuda, que se ha levantado a las 6, llega a las 10, ya pasan los primeros cinco minutos, ya siente que la entrevista está por terminar. “¿Usted podría deletrear…? Yo sé que quizás sea un poco difícil, pero esfuércese que usted lo logra, deletréeme la palabra ‘gato’”.
“G – A – T – O, gato”. “Muy bien, lo logró. Pero, ¿usted cree que puede deletrear la palabra ‘perro’? ¿Será que este evaluador es loco? ¿Será que me considera un estúpido?”. Bueno, mi hermano, yo leí eso últimamente, pero si a mí hace diez años me hacen esa misma evaluación, el primero que lo manda a freír rábano soy yo. “Pero, ¿usted está loco? Yo estoy aquí desde las 6 de la mañana, yo estoy viendo que usted me recibe a las 10 y me está poniendo ahora a deletrear palabras estúpidas, de ‘gato’ y ‘perro’”.
Y el muchacho dice, dice el evaluador… Yo le voy a leer las referencias que él dio, el evaluador, en la carta. Pero dice que el muchacho buscó en su mente y le dijo: “P – E – R – R – O, perro”. “Bien, usted puede perfectamente deletrear la palabra ‘gato’ y ‘perro’. ¿Y qué tiene esto que ver con teología? ¿Y qué tiene esto que ver con misiones? Nada. ¿Y usted cree que pueda decirme, rápido, rápido, rápido, cuánto son 2 + 2?”. “Bueno, 2 + 2 = 4”. “¿Y a qué lugar es que usted quiere ir como misionero?”. “A tal”. “Excelente, yo envío su carta de retroalimentación”.
Le leo la carta. El hermano mandó su carta y él dijo lo siguiente: “El señor Matthew…”, dijo en la Junta del Comité: “Yo recomiendo debidamente y cordialmente a este joven. He examinado sus certificaciones y su carácter y, además, lo he sujetado a una prueba personal de tal naturaleza que pocos la habrían podido soportar. Probé su abnegación, haciéndolo levantarse muy temprano en la mañana. Probé su carácter y probé su humildad. Él puede deletrear ‘gato’ y ‘perro’ y sabe decir dos veces dos es cuatro, de lo cual deduzco que será un excelente misionero”.
Hermanos, en la obra del Señor hay más gente que sabe Biblia que gente que tiene humildad. En la obra del Señor hay más gente que podría predicar en cualquier lugar que gente que tenga la humildad de decir “gato”, “perro” y “2 + 2 = 4”. La marca de un discípulo de Cristo es la humildad. Cantidad de personas que quieren ser maestros, cantidad de personas que quieren… Ahora yo evalúo hacia atrás, hermano. Yo decía: “Parra a mí no me mandaba a predicar, yo… Pastor, yo no le pregunté: ‘Pastor, ¿y por qué usted a mí no me da?’”.
¿Saben las veces que yo prediqué un domingo en la iglesia de Lucerna? Un domingo, un domingo, un domingo. Las veces que yo prediqué, hermano, en una congregación de Dios, serví durante años. Estaban las veces que un domingo, quizá cuatro. Y las oportunidades que Parra me mandaba a mí para predicar eran oportunidades difíciles. “Mira, hay un estudio bíblico donde no se puede llegar, en tal lugar, y dalo tú. Aquí en el retiro de los hermanos tal…”. Una vez en un retiro me daban oportunidades. En los retiros me daban una cápsula, eso era. ¿Y saben lo que me decía Parra? “Junior, tú siempre tienes que tener tus dos sermones ahí preparados, porque tú no sabes en qué momento te va a llegar la oportunidad”.
Hermano, soporta una vez. Se han tardado años. Yo tenía un sermón ahí que lo voy a volver a predicar el domingo próximo aquí, pero ese sermón estuvo conmigo en mi Biblia, hermano, años, esperando que me dieran la oportunidad de predicarlo. Y otras iglesias me invitaban, y en la mía no. Perdóname, hermano, pero ya yo tengo aquí… Quizá yo podría predicar en un año 300 sermones.
Pero en aquel momento lo que yo necesitaba desarrollar no era mi habilidad para predicar sermones, era mi habilidad para someterme a que mi pastor es Parra, y que esto va al ritmo de él, y que cuando él determine entonces se hará. Era aprender a deletrear “gato” y “perro” y decir que “2 + 2 = 4”. Mucha gente se desesperó, hermano, y se frustró y dijo: “No, pero…”. Hermano, quizá porque yo dije allí “2 + 2 = 4”, “gato” y “perro”, quizá hoy el Señor me usa en un ministerio.
Perdóname, pero una marca de un discípulo de Cristo es la humildad. Hay que tener humildad para esperar la instrucción, hay que tener humildad para esperar la oportunidad sin arrebatarla, hay que tener humildad, hermano, para esperar tu comisión. Eventualmente, gente que está aquí, quizás hoy tú no tienes mucha oportunidad, pero eventualmente tu problema será cómo administrar tu tiempo para cuidar a tus discípulos.
Sacrificio, tiempo y costo del ministerio
Miren, había días en la iglesia de Lucerna que yo no tenía nada que hacer, o sea, nada, hermano. Llegará un momento, Rafael, en que tu problema será cómo administrar correctamente tu agenda para cuidar a tus discípulos. Llegará el momento en que tú tendrás que administrarte para poder dar los sermones que convienen. Habrá el momento en que tú tendrás que depender del Señor para predicar un sermón porque ya usaste los dos sermones que tenías en la Biblia. Habrá un momento en que tu problema no será de oportunidad, pero cuando tengas la oportunidad es necesario que hayas desarrollado antes la humildad.
Para llegar a ser maestro hay que ser un discípulo, y un discípulo humilde. Me paso al segundo punto: hay que hacer grandes sacrificios. Y parte de esto ya lo he dicho. Decía el Señor, le decía a Pedro:
Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido. Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del Evangelio, que no reciba cien veces más ahora, en este tiempo, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.
— Marcos 10:28–30
Hermano, para llegar a ser un maestro hay que sacrificarse. Miren, la obra del Señor no camina más rápido porque nadie quiere hacer sacrificio. Todo el mundo quiere: “Aquí estoy yo”. Hermano, la verdad es que a la obra del Señor no le hace falta el figureo, lo que le hace falta es gente que se ensucie las manos. Que no se escuche feo esto, hermano, pero muchas de las cosas que yo hago en mi ministerio pastoral las hago porque sé que hay que hacerlas, entre ellas muchas veces orar.
Hablen con mi esposa y Carolina les dirá lo que lucho yo con la oración y con tener constancia en estas cosas. No es como que a uno le sale solo. Ahora, hermano, cuando yo me encomiendo ante el Señor en oración, el fruto viene; cuando no lo hago, no. No es como… Miren, el que yo sirva al Señor como pastor, yo tengo todas las debilidades que tienen ustedes. Ah, hermano, hay algo que yo estoy convencido, y es que sin la ayuda del Señor nada podemos hacer. Pero yo lucho de la misma manera que luchas tú.
Ahora, yo te pregunto: ¿tú crees que el pelotero que está corriendo y dando las cinco vueltas al play, tú crees que a él no le duelen las cinco vueltas? No, hermano, desde que tú has dado tres, el dolor que da en la batata… Solamente pensar en que se podría jugar la Serie Mundial es lo que compensa el dolor que da en la batata.
Nada, hermano, que tenga fruto es fácil. Todo requiere sacrificio. Para llegar a ser maestros hay que hacer grandes sacrificios en su tiempo. Perdóname, pero el miembro más básico, el “paquete dame”… Cuando usted pide un combo, si usted lo quiere mediano o regular, siempre hay uno que es más bajito, pero no se lo ofrecen, que es el regular. Le dicen: “¿Lo va a querer mediano o agrandado?”. Yo les digo: “No, denme el regular o el vaso chiquito”. Hermano, el miembro más regular de la iglesia del Señor, el miembro más regular, viene aquí un domingo, oye la Biblia y oye un sermón.
Ese es el más regular. Ahora, el miembro mediano, o sea, la persona que podría dar un poco más, también cuando en nuestra iglesia hay asuntos extraordinarios como una jornada. Perdóneme, pero vengan a la jornada de oración y ustedes van a ver las mismas caras, la gente que viene desde lejos y que se sacrifica porque esto le interesa. Y hay gente que ustedes… Yo entiendo, hay personas que tienen dificultades grandes y hay que entenderlo. Pero se evidencia que hay gente que dan al 100, y hay gente que dan al 70, y hay gente que dan al 30.
Ahora, si usted quiere llegar a ser un maestro, por favor, no dé al 30. No puede ser un maestro si no está sacrificando su tiempo. Te pregunto: ¿cuántas de tus horas van hoy a la casa del Señor? ¿Cuántas horas de tu tiempo van hoy a la casa del Señor? “Bueno, yo vengo a la escuela bíblica…”. Pero, ¿cuánto de tu tiempo, cuántas veces entre semana pasas tiempo con otra gente para compartir tu fe? Ser un maestro requerirá tiempo.
Hermano, el dinero. A veces me es incómodo tener que hablar de mí mismo, pero dice el apóstol Pablo, cuando Pablo iba a hablar de él mismo, él decía: “Perdónenme un momento de locura”. Hermano, perdónenme un momento de locura, pero miren, desarrollarme en el ministerio tiene consecuencias económicas sobre mi familia. No es la misma la vida de una persona que le está dedicando a la semana horas al ministerio, que una persona que lo que está enfocada es en producir dinero en cualquier empresa. No es la misma vida.
No es lo mismo. Si vas a llegar a ser un gran maestro hay que esforzarse, y esto económicamente tendrá impacto. Hay horas extra que no se van a poder trabajar, hay proyectos que no se van a poder agarrar, vas a tener que hacerte disponible. Y temporalmente vas a sentir esa disponibilidad que le estás dando a tu proyecto de formar a otra persona para el Señor; lo sentirás en tu economía. Pero toda renuncia es más profunda, hermano. Lo vas a sentir en tu esfuerzo.
El cansancio de un ministro… Hay enfermedades que se han diagnosticado que son enfermedades de ministros. Yo tengo cierta preocupación porque hay úlceras que son úlceras recurrentes en los ministros. Hermano, es que el ajetreo de… Mire, no hay una cosa que canse más que cuidar de una gente que no tiene perro. ¿Aquí quién tiene perros y gatos? Mire, cuidar a un animalito chiquito. Ahora imagínese usted lo que es cuidar gente. Bueno, según la gente avanza, avanzas tú; y cuando la gente se cae, tú sientes que te caes.
Decía Pablo que él lloraba con gemidos delante del Señor por sus discípulos. Él decía: “Estoy rogando por ustedes con lágrimas, mi corazón desfallece por ustedes”. Hermano, ¿qué se siente? La vida de un maestro es una vida de desprendimiento hacia los demás. Pero para llegar a ser maestros hay que aprender a ser discípulos y hay que hacer grandes sacrificios.
Hermano, yo quiero animar a gente que está en esta congregación, que aquí hay madera para gente. Se podrían levantar generaciones de discípulos, pero hay que sacrificarse. En último lugar quiero detallar lo que esto significa: necesitamos invertir en relaciones. Entre las cosas más costosas que hay en la vida es desarrollar una relación. Por eso la gente tiene sus mismos amigos de siempre, porque cuesta, cuesta.
Acompáñenme en sus Biblias en el libro de Segunda a Timoteo, capítulo 4, versículo 7 al 22.
He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida. Procura venir pronto a verme, porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica; Crescente a Galacia, y Tito a Dalmacia. Sólo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio. A Tíquico lo envié a Éfeso. Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo, y los libros, mayormente los pergaminos. Alejandro el calderero me ha causado muchos males; el Señor le pague conforme a sus hechos. Guárdate tú también de él, pues en gran manera se ha opuesto a nuestras palabras. En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen; así fui librado de la boca del león. Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén. Saluda a Prisca y a Aquila, y a la casa de Onesíforo. Erasto se quedó en Corinto, y a Trófimo dejé en Mileto enfermo. Procura venir antes del invierno. Eubulo te saluda, y Pudente, Lino, Claudia y todos los hermanos. El Señor Jesucristo esté con tu espíritu. La gracia sea con vosotros. Amén.
— 2 Timoteo 4:7–22
Pablo, sus inversiones en personas y el costo relacional
El apóstol Pablo está escribiéndole aquí a Timoteo, su discípulo, a su hijo en la fe, al que ha seguido su legado, al que ha estado comiendo de él, al que ha estado pasando tiempo con Pablo, al que estuvo al borde de la muerte alguna ocasión, al que viajó con él. Ahora Pablo le escribe a Timoteo y le dice: “Procura pronto venir a verme, porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica”.
Primer nombre que se menciona aquí donde Pablo hizo una inversión en gente: Demas. ¿Y qué pasó con Demas? Que le desamparó. ¿Me siguen en este razonamiento? Pablo está invirtiendo en gente. Dice: “Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica; Crescente a Galacia, y Tito a Dalmacia”. Otro más, Crescente; otro más, Tito. “Sólo Lucas está conmigo”. Otro más, Lucas. “Toma a Marcos” —otro más, Marcos— “y tráele contigo porque me es útil para el ministerio. A Tíquico lo envié a Éfeso. Trae cuando vengas el capote que dejé en Troas en casa de Carpo”. Otro más, Carpo.
“Y los libros, mayormente los pergaminos. Alejandro, el calderero, me ha causado muchos males”. Otro nombre en quien Pablo invirtió y le causó males, Alejandro el calderero. “El Señor le pague conforme a sus hechos. Guárdate tú también de él, pues en gran manera se ha opuesto a nuestras palabras. En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon”. Las inversiones que Pablo estaba haciendo en la gente le hicieron el claro, hermano. En un momento le hicieron el claro a Pablo.
Esa es la realidad: gente a la que Pablo le dio, que cuando está siendo acusado dijeron: “No venga a ser que se me pegue algo en este juicio”. El claro le hicieron. “Pero el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación y que todos los gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del león. Y el Señor me librará de toda obra mala y me preservará para su reino celestial; a él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén”.
“Saluda a Prisca y Aquila y a la casa de Onesíforo”. Otro más, Prisca y Aquila, otra familia más. “Erasto se quedó en Corinto, y a Trófimo lo dejé en Mileto enfermo”. Procura venir a verme antes del invierno. “Te saludan Eubulo, Pudente, Lino, Claudia y todos los hermanos”. Cuántos nombres. Llegar a ser un maestro es invertir en la vida de la gente. Muchas veces lo que inviertas en la vida de la gente, la gente no lo produce.
Llegar a ser un maestro es desgastador, porque tú inviertes en gente y la gente te abandona. Llegar a ser maestro es desgastador, porque tú inviertes en la gente y no lo aprovechan. Llegar a ser maestro es desgastador, porque la gente no va al ritmo que tú quieres, va al ritmo que tiene la gente. Hermano, una de las dificultades por las cuales no llegamos a ser maestros es porque no queremos invertir en gente. Hay que tener paciencia, hay que tener humildad, hay que tener desprendimiento, hay que soportar muchas cosas, pero vale la pena.
Barreras, prejuicios y ejemplos del video
Hermano, es la única manera en que funciona el discipulado. Algunas barreras que se tienen que derribar para que funcione bien. La barrera de la costumbre. ¿Sabes por qué tú no estás siendo discipulador? Porque ya estás acostumbrado a que lo hacen por ti. La queja de la gente cuando se casa, ¿saben cuál es? En su familia paterna: “Mira, este, que en su casa no hacía de nada y ahora míralo cómo está ahí, guayando”. Gente que en su vida ha sabido cuánto cuesta una libra de habichuelas rojas. Usted lo oye hablando de precio porque ya él no está en la casa de sus padres. Es que él tiene que comprarla él para comérsela.
“Ay, pero es que en mi casa yo no hacía eso”. Es que eso era en tu casa, que él era casero, porque había quien se lo hiciera. Hermano, ¿sabes por qué no funciona el discipulado? Por costumbre. La gente se acostumbró solamente a recibir. ¿Saben por qué no funciona? Por la falta de fruto. Dice la Escritura que el fruto del Espíritu Santo es amor, paz, gozo, benignidad, bondad. Si eso no está en ti, tú no se lo puedes dar a nadie. Antes de que tú puedas producir un discípulo, en ti debe haber fruto.
Otra barrera: la familiaridad. ¿Saben que Juan el Bautista era primo de Jesús? Ya sabían ese asunto, y el primo reconoció al gran Maestro. Hermano, quizá tú tengas que discipular a un familiar, a un primo, a un tío. Asúmelo como que es un discípulo y ya. Los hermanos de Jesús inicialmente estaban reacios, pero los hermanos de Cristo llegaron a ser grandes líderes de la iglesia. ¿Por qué? Porque Cristo los asumió como discípulos. A veces sucede que: “Mira, yo quisiera que alguien hablara con mi hermano…”. Pero ahí estás tú. “Ay, mira, yo quisiera que alguien discipulara a mi hijo…”. Discipula tú a tu hijo, discipula tú a tu hermano, discipula tú a tu primo.
Hermano, tenemos una gran oportunidad de discipular también a nuestros seres queridos, pero tenemos que romperlo, bajar esa barrera. ¿Vieron en este video que aparece una joven que discipuló a un señor? Ahí hay tres barreras en una, cuatro barreras en una. ¿Ustedes recuerdan el video? La japonesa, o asiática, que discipuló a un señor minusválido. Primera barrera: es un señor de otra generación. Ella es una joven y él un envejeciente. “Ay, ¿y qué yo voy a hablar con ese señor? Ay, ¿cómo yo le hablo?”. Primera barrera: no es de la misma generación.
Segunda barrera: ella es una joven y él es un hombre; ella es hembra y él es varón. “Ay, ¿y yo podría discipular a un hombre? Yo podría discipular… Ay, a mí no me gusta discipular mujeres…”. Hermano, la verdad es que en la iglesia del Señor esos son prejuicios que se deben derribar. En la iglesia del Señor discipulamos hombres, discipulamos mujeres, y mujeres también eventualmente podrían trabajar con hombres. Otra barrera: él es minusválido. “Él conmigo no va a jugar básquetbol”. Es verdad, porque le faltan las piernas.
¿Ustedes me siguen en esto? Son cosas… El hombre natural pasa tiempo con la gente que es como él. Ahora, ella pasó tiempo con una gente que no era como ella. Cuarta barrera: ella era casada y él, soltero. ¿Ustedes vieron que ella estaba allá con su esposo y el amigo al lado? Perdón, ella con su esposo y el señor al lado. Hermano, tienen que caer barreras para que funcione el discipulado, y una de esas barreras son las barreras de los prejuicios. Son las barreras del género, la barrera de la falta de expectativa.
Hermanos, hay gente que piensa que no podría hacer nada hasta que lo hace. Gran cantidad de cosas que tú piensas que serían imposibles de hacer, inténtalo. Cuando intentas discipular, el Señor te ayudará a discipular. Hermano, termino aquí. Nuestra jornada de predicación es el primer momento. Lo que viene después es discipulado. Escucha esto: nuestra jornada de predicación es un primer momento. Lo que viene después es discipulado.
Lo hemos hablado muchas veces en nuestra iglesia, hermano. Justo después que termina nuestra jornada de oración comenzaremos los miércoles jornada de discipulado. Y antes del miércoles, si a ti te interesa llegar a formar a otro, te animo a que tú me llames a mi casa. No me lo digas hoy después del culto. Tú me llamas a mi casa o me mandas un correo y me dices: “Pastor, mira, a mí me interesa discipular, a mí me interesa formar a otros. Quizá yo todavía no tengo la madurez, pero yo quiero formarme para formar”.
En Pez Mundial estaremos lanzando, justo después de la jornada, nuestra red de discipulado y queremos ver gente formando gente. Queremos ver gente aprendiendo a ser discípulos. Queremos ver gente teniendo un nivel de sacrificio y queremos ver gente invirtiendo en relaciones. Podemos ver el video una vez más. Vamos a poner el video una vez más para que veamos cómo funcionan las relaciones en el discipulado, y después entonces terminaremos orando para despedir nuestro culto.
Él es Andrés. Andrés se convirtió en seguidor de Jesús hace dos semanas. Aún sigue dando sus primeros pasos. Se hizo creyente aparentemente por Carla, y ellos no se conocen. ¿Cómo puede ser esto posible? Bueno, veamos cómo sucedió. Carla amaba a Jesús desde muy temprana edad y durante la universidad su vida fue de gran impacto a sus amigos. A pesar de que los estudiantes se exponían a muchas tentaciones, ella no fue parte de eso. Ella estaba comprometida con su fe, fe que inspiraba a su amiga con quien ella vivía.
Liz le confesó a Carla que ella quería tener eso que le hacía tener esa fe, y ella creyó. Años después, en el primer trabajo de Liz, conoció a Jorge. Jorge fue atropellado por un conductor alcoholizado cuando él tenía trece años. Él aún tenía resentimiento y coraje por lo sucedido. Jorge y Liz se hicieron amigos y no pasó mucho tiempo cuando él empezó a ir a la iglesia con Liz y su esposo. Después de un tiempo en la búsqueda de respuestas, le entregó su vida a Cristo.
Jorge se convirtió en un conferencista. Cuando él se convirtió en creyente, Jorge tuvo una nueva perspectiva de la vida. Expresaba públicamente y sin rencor lo que le habían robado, agradecido de la segunda oportunidad que se le había otorgado. Un día él compartió sobre cómo superar las dificultades y escoger la alegría. Fue un mensaje que tenía tanta pasión que inspiró a las personas a compartir su video en internet.
El video de Jorge también inspiró a Mario. Si alguien realmente necesitaba ser inspirado era él. Tenía muchos problemas, vivía como un esposo indiferente, un padre ausente y un pésimo amigo. Nadie lo odiaba más de lo que él se odiaba a sí mismo. Todo eso cambió el día que miró a Jorge en ese video. Él rindió su miserable vida a Dios y fue transformado. Ahora él sabía lo que tenía que hacer. Mario trabajó duro para rescatar a su familia y, al mismo tiempo, empezó a trabajar con jóvenes adultos que se encontraban en peligro de echar a perder sus vidas.
Uno de esos jóvenes era Andrés. Andrés nunca conoció a su padre. Siempre estaba brincando de una mala decisión a una peor. Por eso mismo siempre tenía problemas con la ley. Nadie le había enseñado cómo tener una vida digna, y todo eso terminó cuando conoció a Mario. Él se convirtió en la figura paterna que Andrés nunca pudo tener, y con él aprendió sobre honestidad, autocontrol, integridad y de dónde venían todos esos principios. Dos meses después Andrés realizó un acto público de su fe en Cristo, y por supuesto Mario estaba ahí.
Ahora puedes ver la conexión. Andrés fue impactado por Mario, que fue influenciado por Jorge. Jorge recuperó la alegría con Liz, que conoció a Jesús gracias a Carla. Gracias a que Carla compartió su fe, la vida de Andrés fue transformada. Interesante, estas dos vidas conectadas no se conocen y nunca se conocerán.
Hermano, ¿ustedes vieron que el joven tenía aretito, dos aretitos? ¿Estás tú dispuesto a discipular gente con aretito? Perdóname, hermano, pero ¿quién quiere pasar su tiempo con un minusválido amargado? ¿Quién quiere? ¿Tú has pasado tiempo con alguien que está amargado, que lo único que sale de dentro de él es peste, que lo único que sale es amargura, que trata a los otros con desdén porque él mismo está amargado? ¿Estás tú dispuesto a discipular gente amargada?
Hermano, perdóname, pero ¿ustedes vieron a este hombre que tiene su familia destruida? ¿Quién quiere compartir? ¿Te ha tocado pasar tiempo con gente que tiene su familia destruida, que lo único que te habla es de los problemas que hay en su casa, de los problemas que hay con su mujer, de los problemas que hay con su marido, de los problemas…? ¿Estás tú dispuesto a discipular gente así? Eso es invertir en relaciones.
La verdad es que la barrera que hace falta que se derribe para que funcione el discipulado son las barreras de tus prejuicios. Cuando eso se rompa, entonces nuestra iglesia crecerá no solamente en número, sino que crecerá en discípulos y crecerá también en maestros. Oremos al Señor.
Quita, Señor, los prejuicios de la gente de Pez Mundial. Permítenos discipular a la gente que no es como nosotros. Permítenos, Padre, acompañar con nuestras vidas otras vidas hasta que muestren en ellas el fruto de tu Espíritu Santo. Danos la disponibilidad, Señor, para pasar tiempo con gente que no es como nosotros. Danos la disponibilidad, Señor, para romper prejuicios sociales. Danos la disponibilidad, Señor, para dejar nuestros propios intereses y enfocarnos, aunque sea temporalmente, en los intereses de alguien más. Ayúdanos, Señor, a discipular.
Señor, mira las personas que están aquí congregadas hoy que mañana podrían ser grandes maestros. Hazlos humildes. Mira las personas que están aquí congregadas hoy, Señor, que mañana tendrán sus discípulos. Hazlos, Señor, gente de sacrificio. Mira las personas que están aquí presentes, que en su agenda no hay nadie más que ellos mismos. Hazlos disponibles, Señor, para alguien más. Encomendamos la Jornada Esperanza. Padre, permite que al final no solamente sean personas que levanten la mano queriendo aceptar al Señor, sino que haya al lado otra persona que levante la mano porque quiere acompañarlo a caminar con el Señor.
Levanta, Señor, en nuestra iglesia discípulos. Levanta, Señor, en nuestra iglesia maestros. Todo esto para tu gloria, en el nombre de Jesús. Amén. Que el Señor les bendiga mucho. Nos vemos el próximo miércoles para nuestra oración.