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Una madre ejemplar: Tres Ejemplo, Tres Principios

2 Timoteo 1:3-5

A través de las historias de la madre de Moisés, Ana y la familia de Timoteo, se muestra cómo una madre ejemplar transmite valores, enseña a servir a Dios y deja un legado espiritual duradero en sus hijos.

Predicado24 de junio de 2012
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Le pido que ahora cierre sus ojos y que nos preparemos para hablar sobre ejemplo de madre, un sermón que deben escuchar las madres, también los hijos, también los padres, los esposos, un sermón que es para toda la familia. Dentro de su programa está el bosquejo de la enseñanza de hoy. Estaremos considerando tres ejemplos de madres y principios que podemos extraer de allí. Antes de orar les pido que busquen su Biblia y lo marquen en tres pasajes distintos: el libro de Éxodo en el capítulo dos, póngale ahí un lápiz, algún marcador para que mantengan la cita. Así podemos avanzar más rápido.

También estaremos leyendo el libro de Primera de Samuel en el capítulo 1 y en el capítulo dos, pueden marcar ahí, y también estaremos leyendo en Segunda a Timoteo en el capítulo 1. Tres ejemplos de madres: libro de Primera de Samuel, capítulo 1; libro de Segunda a Timoteo, capítulo 1; y libro de Éxodo en el capítulo dos. ¿Pueden buscarlo en sus Biblias? Los hermanos que están allá atrás también se pueden unir aquí, acercarse a la congregación con sus Biblias, para que todos juntos escuchemos la Palabra del Señor. Te doy un chancecito para que lo marquen. Estaremos orando, entonces comenzamos la enseñanza: libro de Éxodo en el capítulo dos, Éxodo 2; libro de Primera de Samuel en el capítulo 1; libro de Segunda a Timoteo en el capítulo 1. Tres ejemplos de madres.

Estaremos viendo su impacto en sus hijos: el impacto en la vida de Moisés, el impacto en la vida de Samuel y el impacto en la vida de Timoteo. Como le decíamos, la iglesia tiene que aprovechar el día de las madres para instruir. Tenemos que honrar a las madres, pero también tenemos que enseñar cuál es el consejo del Señor al respecto. Preparémonos para recibir esto a través de su Palabra. Cierren sus ojos un momento. Míranos, Señor, que estamos aquí, quizá ya un poco agotados después de un largo programa, pero aún disponibles para recibir tu consejo. Eso es lo que queremos pedirte. Te pedimos bendición para todas las madres que están aquí, bendición para todas las familias que aquí se encuentran, Señor, y queremos recibir tu instrucción a través de tu Palabra.

Permite, Señor, que estos ejemplos de madre que estaremos considerando en tu Escritura sean, como dice el Salmo 119, lámpara a nuestros pies. Permite que las madres aquí presentes, Señor, puedan ver estos ejemplos y extraer de aquí, Señor, preciosas verdades para edificarse en la maternidad. Permite que los hombres que estamos aquí presentes, Señor, también podamos aprender y que los hijos que aquí estamos, Señor, también seamos instruidos.

Advertencia sobre ideas equivocadas y sentido del Día de las Madres

Permite que sea tu Santo Espíritu viniendo a nuestra mente, para que entendamos tu Palabra, Señor, y la pongamos por obra. Permítenos no solamente celebrar a las madres, Señor, permite que las madres salgan de aquí celebradas y también que salgan de aquí instruidas. Como te hemos estado pidiendo, Señor, últimamente, te volvemos a pedir: permite que cualquier idea que nosotros hayamos permitido que repose en nuestra mente, que no está alineada, Señor, al consejo de tu Palabra, por medio de la predicación sea confrontada y que en esta batalla, Señor, de nuestra opinión y tu revelación, que gane tu revelación. Permítenos, Señor, entender lo que tú quieres de nosotros y aferrarnos a eso, Señor, como nuestra única verdad. Permite que conceptos, opiniones, Señor, ideas que hayan llegado a nuestra mente, que no hayan sido fruto de tu revelación, Señor, sean puestos de lado y que gane tu instrucción, para tu gloria, en el nombre de Jesús. Amén.

Muchos de ustedes quizá no saben por qué se celebra hoy el Día de las Madres. Esto comenzó en el siglo pasado en Estados Unidos, en Virginia, con una señora, una señora de apellido Jarvis que quería agradar a su mamá. Era una señora muy influyente, muy influyente. Entonces ella comenzó a enviar cartas a diferentes funcionarios y logró que en diferentes estados de los Estados Unidos se conmemorara que un domingo de mayo era el día especial para celebrar a las madres. Ella tenía esto en el corazón, y es que las madres sean agradadas, algo que era muy bueno.

Sucedió que años después, esto que para ella era una bonita intención se convirtió en Estados Unidos en una actividad muy mercantil, y ella se sintió defraudada. Se sintió defraudada a un nivel tal que ella misma comenzó a escribir unas nuevas cartas, y no solamente cartas, sino que comenzó a hacer activismo para que el Día de las Madres se deje de celebrar. ¡Oye bien qué paradoja! Ella que inicialmente quería celebrar y que mandó cartas y logró que se inaugurara el Día de las Madres, ella misma eventualmente mandó una nueva carta pidiéndole a las autoridades que ya no celebraran oficialmente el Día de las Madres porque se había desvirtuado. Se había convertido en una celebración vacía, se había convertido a veces en una idolatría.

Y por eso tengo cierta preocupación. Siento preocupación porque en República Dominicana somos muy dados a celebrar a la mamá, pero a veces colocamos a la mamá en un pedestal y nos olvidamos de que las madres son humanas. Esto siembra preocupación porque debemos honrar a las madres, pero nunca idolatrarlas. Hay una diferencia entre lo que es la honra a la madre y lo que es idolatría, que inicialmente, a modo de introducción, me gustaría compartirle.

Honra versus idolatría de la madre

¿Qué es la honra y qué es la idolatría? La honra es declarar públicamente, es darle el lugar que le corresponde. Eso es honra. Ahora, hay una serie de madres ídolos que se han ido celebrando, y esto comienza con hijos que le atribuyen a su madre cualidades que no tienen. Miren, este domingo todas las madres son perfectas. Este domingo todas las madres son impolutas. En este domingo las madres no fallan. En este domingo la madre es lo más parecido a un ídolo que usted pueda conseguir. Quiero decirles: los cristianos honramos a las madres, pero tenemos que colocar a las madres en su justa dimensión. Las madres son humanas, las madres fallan. Lo que tienen las madres es una responsabilidad especial que Dios les ha encomendado, pero la madre nunca debe ser considerada un ídolo.

Hay otros que no tienen ni siquiera una relación con su mamá, sino una transacción de dar y recibir, como se peregrina donde la virgencita. Si se quiere algo, entonces voy donde mamá, y si mi mamá me da lo que quiero, entonces voy y le doy un regalo. En esta transacción de dar y recibir sin tener una relación real se va convirtiendo la mamá en algo que no es la voluntad del Señor. Algunos la honran solamente los días especiales. Quiero cambiar este paradigma y decirles: los cristianos tenemos que honrar a las madres todos los días del año, y una vez al año entonces especialmente las destacamos.

Las madres cristianas no deberían conformarse con escuchar lo que la prensa dice de ustedes. No. Ustedes son mujeres vulnerables, son seres humanos, y con la ayuda del Señor, entonces entendemos que ustedes podrían ser unas mejores madres. Yo quiero que los hijos que están aquí, por favor, me presten mucha atención, porque dice la Escritura en el libro de Efesios, en el capítulo 6:

Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.

— Efesios 6:2–3

Recuerdo que el año pasado predicaba de esto, y les doy esto a modo de introducción también, que el año pasado les enseñé que, en cuanto a honra, papá y mamá vienen juntos. Antes de entrar a considerar los ejemplos de madre, les diré: traten de hoy celebrar a mamá, y mamá, asegúrese de señalar que usted tiene también un marido al lado. Mamá, asegúrese, por favor, de, si a usted le es posible, incluir también a papá, y que papá también sea distinguido. Honra a tu padre y a tu madre para que te vaya bien.

Pasando la introducción, hay tres ejemplos de madre que me gustaría que consideráramos. Son porciones de las Escrituras a través de las cuales podemos ver ejemplos, y me gustaría que todas las madres que están aquí presentes, cuando vean estas Escrituras, confronten eso con lo que la prensa le está diciendo: que mamá es perfecta, que mamá no falla, que mamá es un ser del otro mundo. Y por favor, que recuerden: mamá falla, mamá es imperfecta, mamá todavía, con la ayuda del Señor, puede ser una mejor madre, y cuando vean estos ejemplos, que tomen la ilustración de las Escrituras.

La madre de Moisés: transmitir valores que perduran

Primer ejemplo es la madre de Moisés, libro de Éxodo en el capítulo dos. Leemos la Palabra del Señor. Es el ejemplo de la madre de Moisés. Dice la Palabra del Señor, capítulo dos del libro de Éxodo:

Un varón de la familia de Leví fue y tomó por mujer a una hija de Leví; la que concibió, y dio a luz un hijo; y viéndole que era hermoso, le tuvo escondido tres meses. Pero no pudiendo ocultarle más tiempo, tomó una arquilla de juncos, y la calafateó con asfalto y brea; y colocó en ella al niño, y lo puso en un carrizal a la orilla del río. Y una hermana suya se puso a lo lejos, para ver lo que le acontecería.

Y la hija de Faraón descendió a lavarse al río, y paseándose sus doncellas por la ribera del río, vio ella la arquilla en el carrizal, y envió una criada suya a que la tomase. Y cuando la abrió, vio al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo: De los niños de los hebreos es éste.

Entonces su hermana dijo a la hija de Faraón: ¿Iré a llamarte una nodriza de las hebreas, para que te críe este niño? Y la hija de Faraón respondió: Ve. Entonces fue la doncella, y llamó a la madre del niño, a la cual dijo la hija de Faraón: Lleva a este niño y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó al niño y lo crió.

Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué.

En aquellos días, sucedió que crecido ya Moisés, salió a sus hermanos, y los vio en sus duras tareas, y observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos. Entonces miró a todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena. Al día siguiente salió, y vio a dos hebreos que reñían; entonces dijo al que maltrataba al otro: ¿Por qué golpeas a tu prójimo? Y él respondió: ¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros? ¿Piensas matarme como mataste al egipcio? Entonces Moisés tuvo miedo, y dijo: Ciertamente esto ha sido descubierto. Oyendo Faraón acerca de este hecho, procuró matar a Moisés; pero Moisés huyó de delante de Faraón, y habitó en la tierra de Madián.

— Éxodo 2:1–15

Lo que sigue a continuación es la historia de la milagrosa liberación de Egipto del pueblo de Dios, comandada por Moisés. Un ejemplo de madre. Quizá aquí hay madres que piensan que sus hijos son muy pequeños. Quizás hay otras que piensan que quizá sus hijos pronto se van a ir de las manos. Un principio que quiero compartir es que una madre ejemplar transmite a sus hijos valores que les acompañarán durante toda su vida. El ejemplo de la madre de Moisés es un ejemplo especial porque no pudo estar con su hijo durante mucho tiempo.

Ahora, se evidencia en esta historia que el tiempo que esta madre tuvo al lado de su hijo fue un tiempo aprovechado. Se evidencia en esta historia que quizás solamente estuvo con él los primeros años, pero después que este hombre se hizo viejo, todavía estos valores que le había estado inculcando su mamá se mantenían en el interior de él. Y sin importar la influencia sobre la mente de Moisés que pudo tener Egipto, la mayor potencia cultural de aquel tiempo, todavía Moisés se mantenía fiel a los valores que su madre le había inculcado en aquellos primeros años.

Madres cristianas que están aquí, ustedes tienen una oportunidad maravillosa en las manos. La oportunidad que tienen es aprovechar estos años que sus hijos estarán al lado suyo, porque eventualmente, algunos más temprano, algunos más tarde, saldrán de sus manos. Y lo único que quizás pueda permanecer con los hijos de ustedes son aquellos valores que pudieron ustedes inculcarles a ellos mientras sus hijos estuvieron en su casa. Mujeres cristianas, por favor, aprovechen el tiempo. Quizás tu hijo vivirá en tu casa durante 17 años, quizás tu hijo vivirá en tu casa durante 25, quizás solamente vivirá los primeros años, como vivió el hijo de esta madre, pero tienes una oportunidad maravillosa de inculcar a tus hijos unos valores que les pueden acompañar durante toda la vida.

La canasta, la entrega y la supervisión de lejos

Algunas cosas que aprendemos del ejemplo de la madre de Moisés: que cuidó de él, ¿saben hasta cuándo? Hasta que le fue posible. Llegó un momento que era insoportable, porque si se quedaba con el niño en su casa, entonces lo que iban a hacer era que se lo iban a matar. Ahora, en el tiempo que esa madre estuvo cuidando de ese niño, le cuidó, le inculcó unos valores que le acompañaron durante toda la vida. Yo te pregunto, ¿qué tiempo tienes tú? Algo que yo lamento es que mujeres cristianas han tenido sus hijos en su casa, algunos hasta los 30 años, y cuando sus hijos entonces salen de sus manos, como que no se encuentran esos valores que le transmitió su madre.

¿Dónde está el ejemplo de instrucción que le diste al hijo? Quiera el Señor que los valores que les inculques a tus hijos los primeros años sean valores que les acompañen durante toda la vida, como acompañaron los valores a Moisés mientras estuvo en Egipto. Otra cosa que aprendemos es que esta madre le dio a su hijo herramientas según su capacidad, según sus fuerzas. ¿Qué era lo que ella pudo darle a su hijo en ese momento? No podía mandarlo a otro país, no podía. ¿Qué le dio? Una canasta. Y tú me preguntarías, ¿esa canasta es algo suficiente? Bueno, pero era lo que esa mamá tenía en el momento.

Madres de Pez Mundial, lo que quiero estimularles con esa historia es que traten de no romperse la cabeza tratando de darle a sus hijos lo que no pueden darle. Si acaso lo único que tú puedes darle es una canasta, dale una canasta y espera que el Señor haga un milagro. Muchas madres están forzadas, muchas madres están descorazonadas porque quizá no han podido darle a sus hijos una canasta más segura. Entiende: dale a tus hijos aquello que el Señor te haya puesto en la mano, y cuenta con que el Señor con eso entonces puede hacer un gran milagro.

Madres de Pez Mundial, aprendamos en el ejemplo de Moisés. Algo que me llama la atención de esta mujer es que, miren, yo veo lo que es el proceso de la maternidad. Tú que has sido madre, imagínate lo que es tener un niño en el vientre, acariciarlo durante nueve meses, verlo llorar y después tener que desprenderte de tu hijo y ponerlo ahí, a la orilla del río, para que la corriente del río lleve a tu hijo río abajo. Miren, eso es desesperante. Pero hay aquí una lección importante y espiritual: en determinado momento de la vida de tu hijo tú tendrás que desprenderte de tu hijo y ponerlo, ¿sabes dónde? No en el río, sino en las manos de Dios.

Hay madres que generan traumas cuando los hijos se les tienen que separar. Hermano, esta madre mandó a su hijo no para la universidad, mandó a su hijo no para un matrimonio —gloria al Señor por las madres que han podido casar a sus hijos—. Esta madre mandó a su hijo no a vivir a otra ciudad muy lejana. Esta madre tuvo que poner a su hijo en la corriente de un río, y de la corriente de un río el Señor levantó al libertador. Madres que están aquí presentes hoy, aprendamos la historia de Moisés, que esta madre eventualmente tuvo que poner a su hijo en las manos del Señor.

Madres que están aquí que quieren sobreproteger innecesariamente a sus hijos, entiendan: si tú tienes una canasta en la mano, pónsela, y si puedes calafatear la canasta para que no se le meta mucha agua, calafatea la canasta. Pero entiende que la canasta de tu hijo será cuidada porque tu hijo será encomendado en las manos del Señor. Es lo mejor que una madre puede hacer por su hijo.

Preparar, no aislar: valores que viajan con los hijos

¿Hay algo más que podamos aprender de esta historia? Sí, hay algo más. Ella no se hizo la loca poniendo al niño ahí; mandó a supervisarlo. “Vete tú detrás. Yo lo voy a poner ahí. Vé tú dándole seguimiento a ver dónde termina la canasta.” Hermano, desde lejos supervisó su avance. Madres que están aquí presentes, quizás sus hijos eventualmente tengan que soltarlos y tengan sus hijos que salir de su influencia y tengan sus hijos que salir de su casa, pero por favor no los suelten totalmente. Quédate y mándales una supervisión, aunque sea de lejos.

Hermano, por esta actitud proactiva de esta madre, que mandó a vigilar la canasta donde terminaba, eventualmente apareció una oportunidad, y esta muchacha le dijo: “Mira, ¿quieres que te busque una nodriza?” Y le buscó la misma mamá. ¡Qué bueno es una madre que no se desentiende totalmente de sus hijos, sino que les da supervisión de lejos! Yo supe de un colegio que intentó comenzar aquí un sistema de cámaras de vigilancia para que los padres puedan ver a sus hijos. No recuerdo qué colegio era, pero alguien me mencionó el caso: era poner cámaras de vigilancia para que los padres desde el trabajo entonces puedan ver a los hijos, y hubo que quitarlas.

Madres histéricas llamando: “¡Es que el niño tiene el juguete en la mano, mira…!” O sea, no funcionó, el proyecto se cayó porque las madres no dejaban de quitarle el dedo. Estaban trabajando y mirando qué está pasando con el hijo. Hermano, entiende esto: da una supervisión prudente desde lejos, pero entiende que tus hijos están en las manos del Señor. Hay esferas donde un hijo no puede ser cuidado por ti; hay esferas donde entonces es una oportunidad para que el Señor sea glorificado. Por último, en este ejemplo, ¿qué aprendemos? En vez de aislarlo, prepáralo.

Madre cristiana, miren, la mejor herramienta que ustedes tienen no es aislar a sus hijos del mundo, es prepararlos para vivir en el mundo de una manera totalmente diferente. Qué buenos esos muchachos formados con valores cristianos, que podrían ir, hermanos, al lugar más descompuesto sobre esta tierra y permanecer aún allí con sus valores. Qué buenos son los hijos que tienen los valores por la estatura de los valores que tenía Moisés, que en medio de Egipto, la influencia cultural más grande de aquel tiempo, Moisés pudo hacer prevalecer los valores que en unos cortos años su mamá pudo depositarle.

Madres que están aquí, tienen una oportunidad preciosa. Hay alertas, miren: las mejores estrategias para cuidar de sus hijos todo el tiempo es inculcarles buenos valores. Los valores llegan más allá que las herramientas —canastas— y que la supervisión —mandó su hermana. Tú quieres algo que sea más fuerte que la supervisión y más fuerte que las herramientas; más fuerte que todo esto son los valores. Madres que están aquí presentes, primer principio: transmítanles a sus hijos unos valores que les acompañen durante toda la vida.

Qué bueno es ver una madre que esté en paz. ¿Han visto una mujer que ya despidió a sus hijos, pero que ya se mantiene reposada? Ella dice: “No importa dónde están mis hijos hoy, mis hijos están hoy donde el Señor haya permitido que estén, pero donde quiera que estén, allí les acompañarán sus valores.” Doña, mamá de Pez Mundial, tú no siempre vas a poderte ir detrás de tus hijos, pero siempre vas a poder mandar tus valores detrás. Madre, hay lugares donde tú no vas a poder llegar con tus hijos, pero hay lugares donde tus hijos podrían llegar con tus valores. La lección en esto es darles valores que les acompañen durante toda la vida. Primer ejemplo de madre es la madre de Moisés. Vamos al segundo.

Ana: enseñar a servir a Dios con desprendimiento

Es del libro de Primera de Samuel, capítulo 1. Veremos el capítulo 1 y también leeremos algunos versículos del capítulo dos. Dice así la Palabra del Señor, libro de Primera de Samuel en el capítulo 1. Primer principio que vimos: una madre ejemplar transmite a sus hijos valores que les acompañarán durante toda su vida. Segundo principio: una madre ejemplar enseña a sus hijos a servir a Dios con desprendimiento y dedicación. Dice así la Palabra del Señor:

Hubo un varón de Ramatáim de Zofim, del monte de Efraín, que se llamaba Elcana, hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zup, efrateo. Y tenía él dos mujeres; el nombre de una era Ana, y el de la otra Penina. Y Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía.

Todos los años aquel varón subía de su ciudad para adorar y para ofrecer sacrificios a Jehová de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes de Jehová. Y cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas, a cada uno su parte. Pero a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana, aunque Jehová no le había concedido tener hijos.

Y su rival la irritaba enojándola y entristeciéndola, porque Jehová no le había concedido tener hijos. Así hacía cada año; cuando subía a la casa de Jehová, la irritaba así; por lo cual Ana lloraba, y no comía. Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿Por qué no comes? ¿Y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?

Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehová, ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.

— 1 Samuel 1:1–11

Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí estaba observando la boca de ella. Me muevo un poco más al final, dice así el versículo 20:

Aconteció que al cumplirse el tiempo, después de haber concebido Ana, dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo: Por cuanto lo pedí a Jehová.

— 1 Samuel 1:20

Era la historia de una mujer que no tenía hijos. En Israel, el no tener hijos era visto como una maldición. Una mujer sin hijos era la tristeza más profunda que una mujer podía tener en ese tiempo. Los hijos, si se pueden tener, se tienen. Para aquel tiempo, una mujer que no tenía hijos veía esto como su mayor frustración. Y esta mujer oró a Jehová pidiendo un hijo, y le ofreció a Jehová que si acaso le daba un hijo, lo dedicaría a Él todos los días de su vida.

Y miren qué sucedió después. Leo el versículo 21:

Después subió aquel varón Elcana con toda su familia, para ofrecer a Jehová el sacrificio acostumbrado, y su voto. Pero Ana no subió, sino dijo a su marido: Yo no subiré hasta que el niño sea destetado, para que lo lleve y sea presentado delante de Jehová, y se quede allá para siempre.

— 1 Samuel 1:21–22

Hermano, ¡qué desprendimiento mostró Ana! No tenía ningún hijo, y de la salvación que Dios le da por medio de un hijo, entonces ella decide ofrecerlo a Jehová. Y no solamente lo ofreció a Jehová, hermano. Miren, hay una parte de este capítulo que a mí me emociona profundamente. Está en el capítulo dos. Miren qué sucedió: ella lo llevó donde el sacerdote y lo dejó allá trabajando, pero no se acabó así solamente, sino que ella proveyó a Samuel de las herramientas necesarias para que sirviera al Señor con dignidad.

Ana vistiendo a Samuel: herramientas para el servicio

Le hizo una vestidurita especial. Yo me imagino a este muchachito allá, hermano, vestidito de blanco. La mamá dijo: “No, si él va a quedar sirviendo al Señor, que tenga una ropita adecuada.” Lean conmigo el versículo 18 del capítulo dos:

Y el joven Samuel ministraba en la presencia de Jehová, vestido de un efod de lino. Y le hacía su madre una túnica pequeña, y se la traía cada año, cuando subía con su marido para ofrecer el sacrificio acostumbrado. Y Elí bendijo a Elcana y a su mujer, diciendo: Jehová te dé hijos de esta mujer en lugar del que pidió a Jehová. Y se volvieron a su casa. Y visitó Jehová a Ana, y ella concibió, y dio a luz tres hijos y dos hijas. Y el joven Samuel crecía delante de Jehová.

— 1 Samuel 2:18–21

Qué preciosa historia, hermano. Miren, hay varias cosas que uno aprende de esta historia. Una cosa que uno puede aprender de la historia de Ana y de Samuel es que ella le dio un ejemplo a su familia de lo que es desprendimiento y dedicación. El hijo que el Señor le dio, ella se quitó el hijo y se lo entregó al Señor, y desde niño ese niño, hasta que se hizo hombre, vivió ahí en los atrios del templo. Pero desde su casa, mientras tanto él estaba en su juventud ministrando, ella le hacía unas vestiduras especiales y se las llevaba para que ministrara al Señor bonito, dándole herramientas a su hijo para que adorara al Señor.

¿Qué aprendemos de todo esto? Que es importante darles un ejemplo, es importante darles herramientas. Que una mujer ejemplar enseña a sus hijos a servir con desprendimiento y dedicación. Lamento yo el caso de las hermanas que no proveen las herramientas necesarias para que sus niños, sus adolescentes y sus jóvenes sirvan al Señor con dignidad. Hermanos de esta iglesia, por favor: la Biblia de su hijo, quien debe comprarla es usted. Quien debe asegurarse de que sus hijos participen en una escuela bíblica es usted. Quien tiene que tener gran carga porque sus hijos reciban instrucción cristiana es usted.

¿Eres tú quien debe fomentar el ministerio en la vida de los niños y los adolescentes? Es su madre. De las peores cosas que me ha tocado ver a mí en el ministerio es ver unos padres que se han opuesto a que sus hijos caminen espiritualmente. De las peores cosas, de las cosas más aberrantes que yo he visto en el ministerio, es ver unos padres que han estado impidiendo que sus hijos caminen con el Señor. Qué gran bendición son aquellos hijos como Samuel, a los que les tocan madres como Ana.

Fomentar el llamado espiritual de los hijos

Qué bueno es un padre que identifica los dones de su hijo y le dice: “Mira, mi hijo tiene inquietudes. Mi hijo, ¿a ti te gustaría hacer música en la casa del Señor? ¿Te gustaría tocar la guitarra? ¿Te gustaría tocar el piano? Mijo, veo que te gusta leer la Biblia. ¿A ti te gustaría eventualmente predicar? ¿Te imaginas como un predicador, mijo? Y quizás tú quieras ser un pastor.” Qué triste es esa madre que, en vez de alimentar el hambre de Dios en su hijo, lo que hace es alimentar el hambre de dinero. “Mi hija, tú tienes que casarte con un hombre de dinero. Tú tienes que buscar una mujer de tal forma.” Qué triste eso en un padre que en vez de alimentar las ansias espirituales de sus hijos lo que hace es alimentar el materialismo y la carnalidad.

Qué bonitas son las madres tipo Ana, que no solamente dedicó su hijo al Señor, sino que le hacía pequeñas vestiduras. Qué bonitos son los padres que pueden tomar un niño pequeño e irlo encaminando, ir alentando en esos niños el deseo de Dios. Cuatro formas de ayudar a que tus hijos sirvan al Señor. Te doy ideas, son ideas nada más.

Dale un ejemplo tú. Qué bueno es un hijo que ve a su padre involucrado en los caminos del Señor, un hijo que ve a su madre dedicada a los caminos del Señor, un hijo que le dice: “Papá, pero tú vas mucho a la iglesia.” “Sí, mi hijo, es que es mi iglesia. Yo no solamente recibo, sino también doy.” “Papá, ¿pero por qué es que vamos a la iglesia varias veces por semana?” “Sí, es que hay gente que solamente va allá, pero yo también sirvo en mi iglesia, y eso es muy bueno, mi hijo.”

Perdóname, pero yo veo padres que llevan a sus hijos y los inscriben en diferentes cursos, los ponen aquí, los ponen allá. Qué bonito es un padre que transporta a su hijo para que participe de una actividad de la iglesia. Miren, el próximo sábado hay una actividad preciosa para que tú motives a tus hijos. Págales un taxi, mándalos con alguien, logra que tus hijos tengan instrucción espiritual. Ora por ellos. Hay un testimonio de una mujer, es la madre de los hermanos Wesley, Susana Wesley.

Oración, herramientas y seguimiento espiritual

¿Saben cuántos hijos tuvo Susana Wesley? Yo le iba a dejar de tarea que busquen la cantidad de hijos que ella tuvo, pero ella oraba todos los días una hora por sus hijos, y encomendaba a todos sus hijos delante del Señor. De los hijos de Susana Wesley, dos de ellos trastornaron Inglaterra. Eso subió ahí con la oración. Qué bueno es un hijo que crece con el ardor de la oración de su mamá. Qué bueno es un hijo que crece acompañado ahí en oración. Qué bueno es un hijo que crece así.

Hermano, perdóname, pero yo lo lamento, lamento estas cosas. Si tu hijo tiene inquietud, provéele herramientas. Consígele la herramienta, el material de escuela bíblica, cómpraselo. Su Biblia, cómprasela. Miren, yo recuerdo el momento en que yo comencé a desarrollar hambre por la Palabra del Señor. A mí me mandaron a buscar una Biblia de estudio que no era mía. Yo tengo esa Biblia por ahí todavía. Yo recuerdo: me mandaron a comprar una Biblia de estudio que no era mía, era una Biblia de estudio que mandó a comprar mi mamá y que me parece que le costó dinero, y yo fui a buscar esa Biblia de estudio. Desde que yo la vi, en el camino, hermano, yo venía así, en el camino, ojeando mi Biblia de estudio, y cuando llegué a su casa yo se la entregué, pero no se la quería dar.

Era una Biblia de estudio, recuerdo, Reina-Valera, 1995, Biblia edición de estudio, una Biblia en piedra, hermano. Eso es un asunto para muchachos. Yo recuerdo que en esa Biblia, hermano, en esa Biblia, le cogí yo hambre a la Palabra del Señor, y eventualmente me la regaló. Me la dio. Pero quizás, hermano, el haberle regalado esa Biblia de estudio a su hijo alimentó en mí el deseo de la Palabra del Señor. Qué bonito es un padre que, cuando el hijo le hace preguntas, le busca respuestas. Qué bonito es el padre que, cuando su hija manifiesta inquietudes, alimenta esa inquietud. Qué bonitos son los padres que proveen herramientas para sus hijos, y eso es lo que te recomiendo: que ores por ellos, que les proveas herramientas, que les des el ejemplo y que te mantengas al tanto de su avance espiritual.

Alerta: el avance espiritual de tus hijos es tan importante como el avance académico. No me gusta cuando un muchacho está medio lento en matemáticas, está medio flojo; padre, revisa. Así mismo, revisa espiritualmente a tus hijos. Ténlos en un tanteo. Tú lo apartas: “Mijo, ven acá, ¿y tú qué piensas sobre Dios? ¿Para quién te parece a ti que es Dios?” Miren, los niños a temprana edad aprenden a dominar estos conceptos. “¿Y tú qué crees sobre el pecado? ¿Tú sabes que somos pecadores, y tú sabes que el Señor perdona?” Tantealo, ve cómo está tu hijo, y si tú lo ves que está medio lento, mándalo a reforzamiento.

¿Aquí hay alguien que estudió con Mariano Matemática? ¿Alguien estudió con Mariano Matemática alguna vez? Miren, cuando los muchachos estaban medio flojos en la escuela, lo mandaban a Los Minas, a una escuelita que se llamaba Mariano Matemática, y él le daba reforzamiento de álgebra, de física, trigonometría. Hermano, si usted ve que su hijo está medio lentico en los caminos del Señor, consígale algún reforzamiento. ¿Cómo tú te sentirías si tu hijo ya tiene 12 años y todavía tiene el cuerpo de un niño de 7? ¿Cómo te sentirías tú si tu niño, todo el mundo pasó de curso, y te mandan una nota: el niño reprobó?

Padres, madres que están aquí, miren, hay gente que en la iglesia del Señor hace rato que está reprobando en escuela bíblica. Hace rato que están reprobando, hace rato que no dan señales. Preocúpate espiritualmente por tus hijos, así como tú te preocupas por su avance físico y académico. Preocúpate por esto. Supervísalo, motívalo y ayúdalo, porque el principio nos dice que una madre ejemplar enseña a sus hijos a servir a Dios con desprendimiento y dedicación.

Timoteo: un legado espiritual de tres generaciones

Paso al tercer ejemplo, que es el último. Acompáñame en el libro de Segunda a Timoteo, capítulo 1, del versículo 3 hasta el versículo 5. Dice así la Palabra del Señor:

Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo; trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.

— 2 Timoteo 1:3–5

Leo esto de nuevo: “Deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo; trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.” Una fe de tercera generación, hermano. Nos dice el principio número 3 que una madre ejemplar transmite a sus hijos un legado espiritual.

He sabido de padres que se preocupan porque ya pasó su edad productiva y no van a poder dejar a sus hijos una casa. “Ay, ya parece que no voy a poder dejar una casa a mis hijos.” Hay padres preocupados porque no pudieron dejarle a sus hijos una educación superior. Hay otros que están afanados porque quizá no han podido dejarle una cuenta de ahorros. ¿Y qué tal de un legado espiritual? Así como hay preciadas posesiones que van de generación en generación, la posesión más graciosa de una familia cristiana es la posesión de esta preciosa promesa que tenemos nosotros: una fe no fingida.

Qué bueno, ¿verdad?, el ejemplo de Timoteo. ¿Cómo construir un legado espiritual para tus hijos? Miren, hay una diferencia aquí, una palabra sencilla, pero cásate con la diferencia. Es importante que ores por tus hijos, pero todavía hay algo más importante que tú puedes hacer: orar con tus hijos.

Orar con los hijos y caminar con ellos a la iglesia

“Y tú me dirás: ‘No, es que mis hijos como que se distraen’.” Sí, es verdad, se distraen. Y tú los llamas: “Mijo, ven, vamos a orar”, y tú les juntas las manitos así, y él va a estar loco por pasar al mundo 4-1 de Mario 3, pero tú sin problema, tú lo pones ahí, a que ore contigo: “Ven, mi hijo.” Qué bonito es eso, hermano. No solamente orar por tus hijos, sino orar con tus hijos. Ora con ellos. Tú que quieres un legado espiritual para tus hijos, ora con tus hijos, tráelos a la iglesia.

Perdóname, hermano, pero miren, un padre cristiano, una madre cristiana no deja a sus hijos en la casa. No, no, no. Los cristianos nos congregamos los domingos en la mañana para recibir la instrucción del consejo de la Palabra del Señor. Normalmente los hijos de padres cristianos pusilánimes terminan siendo discípulos pusilánimes. La influencia que un padre tiene en la vida de un hijo espiritualmente, eso es incontable. Miren, eso yo lo veo vez tras vez. Hijos cristianos de padres cristianos poco comprometidos manifiestan el mismo nivel de compromiso que papá y mamá.

Tú quieres que… miren, hay veces que hay más fruto en un muchacho cuyos padres no están en la iglesia que en un muchacho cuyos padres están en la iglesia pero confiados de otro afuera. Tú quieres un legado espiritual para tus hijos. Me gustan esos padres que caminan con sus hijos: “Vamos para la iglesia”, y los traen. “Voy a la iglesia”, tráelos a la iglesia. Ora con ellos, cuéntales tu testimonio.

Hay padres aquí que sus hijos quizá no saben por qué son cristianos, y quizá piensan que mamá va a la iglesia —eso que hace la gente grande que hace muchas cosas así, que no sabe por qué la hacen—. Qué bonito es una mamá que una vez sienta a su hija menor y le dice: “Mija, mira, tú ves que yo voy a la iglesia los domingos. Yo realmente creo esto. Yo creo que en el cielo hay un Dios. Yo los domingos adoro a ese Dios.” Muchas veces los hijos podrían pensar que sus padres hacen cosas para el Señor de manera rutinaria, porque siempre lo han hecho.

Qué bonito es una mamá que le dice: “Mira, mija, yo antes no iba a la iglesia, pero cuando yo tenía cerca de 30 años, yo entregué mi vida a Cristo. Cuando yo tenía 40 años yo comencé a ir a la iglesia. Yo vi la diferencia.” Perdóname, pero miren, muchachos con formación cristiana se notan fuera de la iglesia, y las madres cristianas que estamos celebrando hoy tienen una gran responsabilidad para que eso pase.

Perseverar aunque el esposo no apoye

Perdóname: hay mujeres que los maridos no les ayudan mucho, y una mujer está sujeta a su marido, pero si tu marido no quiere caminar, por amor a tus hijos, coge para la iglesia. He sabido de mujeres cuyos maridos no quieren acompañarlas, que él no quiere ir para la iglesia. Coge tú con tus hijos, que tú sabes que eso es bueno. En la medida de lo posible y con mucho amor, pero tú le dices: “Mi amor, mira, tú como que no quieres caminar espiritualmente, pero permíteme, aunque sea, llevar los muchachos. Ir yo. Yo te dejo la comida hecha.” Una mujer cristiana trae los suyos a la iglesia y les cuenta su testimonio.

Invierte con sabiduría para dejarles a tus hijos un legado espiritual. Invierte tu tiempo. Las clases bíblicas de los niños en esta iglesia no son clases bíblicas para entretener a los muchachos. Aquí no vienen los muchachos a jugar con “así”. Aquí vienen los muchachos a recibir instrucción. Si hay algo en esta iglesia en lo que podemos sentirnos, miren, satisfechos, es que nuestro ministerio de niños aquí no es un pasatiempo. Se ve el fruto en los niños.

Ahora, nuestro ministerio de niños funciona con padres en las casas o tutores que hacen su labor. Aquí tenemos hermanos que están dedicados a instruir a esos muchachos en los caminos del Señor, pero hay tarea que se tiene que hacer en la casa, y ellos preguntan, y yo pregunto también: ¿cómo van las tareas? ¿Las están haciendo en la casa? Porque tengo la firme convicción: si el niño de un padre cristiano viene a la iglesia y participa aquí, pero cuando va a la casa más nunca ve eso, él no entiende que eso es importante.

Hay tareas que se tienen que hacer en la casa. ¿Han visto los niños participando aquí con versículos? Esos versículos son asignaciones para aprendérselos en la casa. Invierte tu tiempo en tus hijos, haz la encomienda, invierte tu dinero en ellos. Ciertamente, hermano, miren, servir al Señor es un sacrificio en muchos sentidos, pero, caramba, cuánto vale la pena. Invierte en esto tu esfuerzo.

Instrucciones para los hijos: escuchar, reconocer y cuidar

Dejo las madres un poco de lado y termino hablando a los hijos. ¿Qué dijimos sobre las madres? Hemos dicho que las madres deben hacer esto, un legado espiritual para sus hijos; deben hacerlo hasta donde el Señor les ayude. Pero, ¿qué tal de los hijos en el Día de las Madres? Miren, hay tres cosas que los hijos cristianos podemos hacer para honrar a nuestra mamá. Y estas cosas no siempre estamos al 100. Yo le voy a pedir que usted trate de echar un chin más para adelante en esto. Yo sé que todos tenemos la intención de hacerlo, pero por favor avanza un poco más.

Lo primero: escúchala. Dice el libro de Proverbios:

El que escarnece a su padre y menosprecia la enseñanza de la madre, los cuervos de la cañada lo saquen, y lo devoren los hijos del águila.

— Proverbios 30:17

Eso es fuerte. Y también dice la Escritura:

Oye a tu padre, a aquel que te engendró; y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies.

— Proverbios 23:22

Mejor que las mamás se tapen los oídos un chingo, que yo quiero hablarles a los hijos. Miren, nuestras madres, cuando van envejeciendo, no siempre tienen la misma agilidad para las cosas. Van perdiendo vitalidad. La mujer se maltrata más que el hombre, tiene un asunto físico. Sí. Hay veces que mamá no sabe con tanta agilidad que el hijo pasar los canales del control remoto. Ayuda a mamá con paciencia, que ella muchas veces te metió la compota en la boca. ¿Me entienden con esto?

Hijos que estamos aquí presentes, por favor, ese

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