En todo El Mundo comenzamos en nuestra iglesia una serie de enseñanza sobre liderazgo. Hoy, en la primera de ellas, estaremos enseñando sobre el liderazgo todo el mes de agosto. Desde el domingo 5 de agosto y hasta el domingo 26 de agosto, todos los domingos de agosto estaremos tratando el mismo tema en diferentes pasajes de las Escrituras. Hoy estaremos hablando sobre liderazgo, el inicio de la serie, y estaremos utilizando la misma porción de la Escritura que ha leído nuestra hermana Lillian, que es el encuentro entre Moisés y su suegro Jetro. Pueden tenerlo ahí en sus Biblias, en el libro de Éxodo, en el capítulo 18 a partir del versículo 1. Recuerden que es una serie completa y cada domingo entonces estaremos tratando el mismo tema desde un pasaje distinto de las Escrituras, pero toda la serie trata el mismo tema, que es liderazgo.
Paralelamente a esto, entonces vamos también formando maestros, vamos formando líderes en nuestra iglesia, en los talleres que tenemos, en los cursos que tenemos todos los miércoles de agosto. De algún modo, tanto la enseñanza como los cursos van de la mano. Pueden buscar en sus Biblias en el libro de Éxodo en el capítulo 18, márquenlo ahí para que entonces nos preparemos en oración delante del Señor. Si lo tienen, entonces cierren sus ojos un momento y nos encomendamos al Señor. Ahora nos disponemos, Señor, a escuchar tu Palabra. Sabemos que ella es viva, Señor, sabemos que ella es eficaz, sabemos que es más importante que una espada de doble filo. Permite, Señor, que cuando hoy escuchemos tu Palabra también la obedezcamos. Como te pedimos todos los domingos, te pedimos ahora: mira nuestra voluntad, Señor, que es débil.
Te pedimos que tú fortalezcas nuestro hombre interior para que no solamente escuchemos, sino que también pongamos en práctica estas cosas, Señor, que de verdad tienen el potencial para cambiar nuestras vidas. Dirige nuestra mente, dirige nuestro enfoque, dirige nuestra atención. Ayúdanos, Padre, a llegar a tu voluntad. Permítenos, Señor, escuchar y obedecer para tu gloria. En el nombre de Jesús, amén. Dentro de sus programas está el bosquejo de este tema, que es el primero de una serie de sermones sobre el liderazgo. Hermano, las razones que tengo para tratar esta serie extensa es que entiendo que a nuestra iglesia le hacen falta líderes, líderes. Es más, en algún sentido la limitante más grande que tiene una iglesia para el cumplimiento de su misión es que se levanten maestros, que se levanten líderes que puedan de algún modo repartirse la carga y que la iglesia entera sea atendida.
Dice así la introducción: para el avance de la iglesia en su misión es necesario levantar obreros que colaboren con la obra, líderes que puedan conducir a otros, maestros que formen discípulos y supervisores que coordinen el trabajo de sus hermanos. En el capítulo 18 del libro de Éxodo se relata el encuentro de Moisés con su suegro Jetro y el consejo que recibió de él para la administración del pueblo. De su consejo podemos extraer preciosas lecciones de liderazgo que pueden ser aplicadas hoy en la administración de la iglesia.
El aumento del pueblo y la necesidad de líderes
En este pasaje principalmente aprendemos que cuando el pueblo aumenta es imposible que un solo hombre pueda administrarlo, aunque tuviera la sabiduría, la experiencia y la paciencia que tuvo Moisés. Necesitamos distribuir el trabajo y compartir la carga, creando oportunidades para que hermanos idóneos participen en el liderazgo. Antes de entrar al cuerpo de la enseñanza, me gustaría advertirles que cuando ustedes escuchen este tema no se imaginen solamente a los líderes que ya tenemos. Aquí tenemos hermanos que están en diferentes niveles de compromiso, tenemos hermanos que están en diferentes niveles de madurez, tenemos algunos que están comenzando a caminar con el Señor hoy y tenemos a otros que ya tienen años caminando.
Al mismo tiempo tenemos hermanos que ya son muy maduros, hermanos que conocen las Escrituras y que han comenzado a obedecerlas, y tenemos otros hermanos que ahora mismo están comenzando a conocer las Escrituras. Sin importar tu nivel de compromiso, sin importar tu momento de madurez, te animo a que te puedas imaginar a ti mismo como, aunque sea, un líder de nuestra congregación. Cuando uno habla de liderazgo inmediatamente se piensa en los líderes que ya tenemos; o sea, tú estás pensando en el hermano Edwin, quizá tú estás pensando en los diáconos, estás pensando: ahí está el pastor. Quiero que te imagines a ti mismo como un líder potencial de nuestra iglesia y que esta serie de sermones, de algún modo, te vaya preparando y te vayas abriendo la expectativa de que podrías tú ser utilizado también por Dios en el liderazgo de nuestra iglesia.
Esa es la expectativa delante del Señor. Es mi trabajo de este año que, al finalizar el 2012, nuestra iglesia tenga un cuerpo de líderes mucho más amplio. Cuando vengo a predicar este tema, tengo la expectativa de que probablemente mañana el Señor te utilice a ti también en el liderazgo. Cuando he preparado esta serie no he estado pensando únicamente en los líderes que ya tenemos establecidos en nuestra iglesia. Estoy pensando en los nuevos creyentes que vienen entrando ahora, que probablemente el Señor puede utilizarles a ellos para conducir a sus hermanos. Es la expectativa de todo cristiano, no solamente recibir, sino que también eventualmente pueda llegar a dar. Ábrete tú a la posibilidad de que Dios quiera usarte.
Sin importar que tengamos líderes establecidos, ábrete a que puedas ser parte de la próxima generación de líderes en nuestra iglesia. Esta serie de sermones tiene ese propósito y tiene ese objetivo: imagínate a ti mismo como un líder potencial. Tú me dirás que te faltan muchas cosas. Yo lo sé, te faltan muchas cosas y no te estoy diciendo que ya mañana comienzas a servir en el liderazgo. Te estoy diciendo que tienes que tener la expectativa, tienes que tener una intención y comenzar a abrir tu mente a la posibilidad de que puedas ser un líder en nuestra congregación. Abre tus expectativas y recibe así esta serie de enseñanzas sobre el encuentro de Moisés con su suegro Jetro.
Lectura del texto y la motivación de la visita de Jetro
En el bosquejo estaremos viendo cinco partes principales. Lo primero que veremos es la motivación de la visita de Jetro, para qué quiso visitarle. En segundo lugar, tenemos a Moisés contando a su suegro lo que Dios había estado haciendo con ellos. Luego veremos a Jetro contemplando el trabajo de Moisés, luego el consejo de Jetro y, al final, la respuesta de Moisés. Cinco partes de este encuentro extenso entre Moisés y su suegro Jetro. Dicho esto, leamos la primera parte en el libro de Éxodo, en el capítulo 18:
Oyó Jetro, sacerdote de Madián, suegro de Moisés, todas las cosas que Dios había hecho con Moisés y con Israel su pueblo, y cómo Jehová había sacado a Israel de Egipto. Y tomó Jetro, suegro de Moisés, a Séfora la mujer de Moisés, después que él la envió, y a sus dos hijos: el uno se llamaba Gersón, porque dijo: Forastero he sido en tierra ajena; y el otro se llamaba Eliezer, porque dijo: El Dios de mi padre me ayudó, y me libró de la espada de Faraón. Y Jetro, el suegro de Moisés, con los hijos y la mujer de éste, vino a Moisés en el desierto, donde estaba acampando junto al monte de Dios. Y dijo a Moisés: Yo tu suegro Jetro vengo a ti, con tu mujer, y sus dos hijos con ella. Y salió Moisés a recibir a su suegro, y se inclinó y lo besó; y se preguntaron el uno al otro cómo estaban, y vinieron a la tienda.
— Éxodo 18:1–7
En este encuentro, hermano, quiero que analicemos primero la motivación del mismo. Veo dos motivaciones principales. Lo primero es que Jetro quería ver la obra que Dios había estado haciendo en el pueblo de Israel, siendo conducido el pueblo por este líder llamado Moisés. Me llama esto la atención, porque cuando Dios hace cosas en medio de nosotros las hace para beneficio nuestro, pero las hace también para que su nombre sea memorable en toda la tierra. La obra que Dios había estado haciendo en Israel comenzaba a ser sonora en otros pueblos y, desde Madián, llegó la noticia. Desde Madián salió el suegro de Moisés porque quería ver de primera mano esta preciosa obra que Dios había hecho en medio de su pueblo Israel.
Ver la obra de Dios fue para beneficio de Israel y para testimonio de todo el mundo. Esta fue la primera motivación que quizás tenía Jetro, pero hay una segunda motivación en la que quiero detenerme: él quería compartir con su familiar. Tal como decía nuestra hermana Lillian, miren qué relación más bonita entre el suegro y el esposo de su hija, una relación humana que es estrecha. Cuando leía esto comparaba la relación que tenía Moisés con Jetro con la diferente relación que tenía Jacob con su suegro Labán. Oigan qué asunto tan distinto: aquellos dos que tenían la misma relación habían terminado en conflicto, uno acusando al otro de diferentes cosas, y estos dos, Moisés y su suegro, tienen una relación de paz.
Además, el primer empleador de Moisés, ¿quién fue? Jetro. Cuando Moisés salió de Egipto fue a cuidar las ovejas de Jetro, y parece que cuidando las ovejas de Jetro se entretejieron con él en una muy buena relación. Aún después que Moisés había abandonado a Jetro, este escuchó lo que Dios había hecho en la vida de Israel y quiso venir a constatar de primera mano y también a compartir con su familia. Hermano, qué relación más bonita entre dos hombres. Yo creo que esto debe animarnos a nosotros a buscar, de algún modo, a los familiares varones de nuestras esposas. Quiero animar a los hombres de esta iglesia a que no se queden solamente en “yo me casé”, sino que busquen al padre de su esposa, busquen a sus hermanos, traten de comer con ellos, de cultivar una buena relación.
Quizás tú me digas: “Es que son hombres muy distintos a mí”. Claro que van a ser distintos, pero de todos modos pueden tener una buena relación. Déjenme dar testimonio. Yo les diré que cuando yo conocí al padre de Carolina yo decía: con este hombre y yo como que no voy a cuadrar. Su personalidad es muy distinta a la mía. Ustedes conocerán a Leonel, que lo tendremos aquí dándonos otros cursos, pero su personalidad y la mía no se parecen. Él es un hombre muy reservado, muy hacia adentro, no es muy expresivo. Cuando yo fui allá a su casa y lo conocí, la primera vez me dio la mano y se fue, y no me dedicó mucho tiempo. Yo dije: “Ah, como que este hombre…”. Sin embargo, oré: “Señor, permíteme tener una buena relación con el padre de mi futura esposa”, y el Señor me ha abierto puertas que ustedes no se imaginan.
Quiero decirte esto porque a lo mejor inicialmente tú no tienes una buena relación con los familiares de tu esposa y tú piensas que siempre tiene que ser así. No necesariamente. Ora al Señor, pídele que ponga gracia, porque es mi oración como tu pastor que la relación que tengas con los hombres, con los varones de la casa de tu esposa, sea la relación que tenía Jetro con Moisés. Es mi oración que la relación que tenga tu esposo, la relación que tengan los hombres en tu familia, sea una relación de paz, una relación de amor. La primera intención era ver la obra de Dios, pero la segunda, parece que Jetro de verdad quería compartir con Moisés.
Generaciones, suegros y la prudencia de Jetro
Hermano, parece que él tenía el deseo de verlo. Quizás habían durado años sin verse y él quería ir a ponerlo al día, quería pasar tiempo con Moisés, compartir un buen tiempo familiar. De esta buena relación con los suegros al menos tres cosas rápidas podemos extraer, y más también. Lo primero: la generación saliente y la generación entrante. Jóvenes de esta iglesia, yo te animo, joven de esta congregación, a abrirte a la posibilidad de que probablemente el Señor tiene consejos para ti en la boca de tu suegro. Hermano de esta congregación, te animo a abrirte a la posibilidad de que probablemente el papá de tu esposa, el papá de quien hoy es tu novia, mañana salga como uno de tus principales consejeros. Te animo a descargar delante del Señor una relación como la relación que tenía Moisés con Jetro.
Aparte de esto, veo que la motivación que él tenía no era solamente visitarle; también quiso darle un consejo. Cuando Moisés estaba luchando con este momento de tensión, él recibió a la esposa y a los hijos de Moisés en su casa. Hermano, él fue hospedador con los familiares de Moisés, pero aparte de todo esto, también vino a tener cuidado de Moisés, el esposo de su hija. Más adelante en la historia él le dice: “Mira, tú te estás volviendo loco con este pueblo que estás cuidando, y no me estás cuidando al esposo de mi hija”. Estaba cuidando de una generación saliente y una generación entrante, y eso es algo que nosotros podemos de algún modo cultivar.
Otro aspecto es la prudencia. ¿Vieron ustedes que cuando él se iba acercando le mandó avisar? “Yo, tu suegro Jetro, vengo a ti con tu mujer y tus dos hijos con ella”. No se le apareció de golpe a Moisés. Miren la prudencia que manifestó el suegro de Moisés al decirle: “Vengo, estoy acercándome y traigo a tu esposa y traigo también a tus hijos”. Pero quiero que analicemos un poco más la mutua admiración. Nos dice que cuando Moisés supo que venía su suegro, salió de la tienda y le fue a recibir. Ese es un dato de deferencia. Si fuera una persona que no te importa, tú te quedas en tu tienda, dejas que la gente entre. No. Cuando él supo que venía Jetro, dejó su tienda y caminó un poco hacia allá y lo encontró en el camino. Fue un acto de cortesía, es un acto de bienvenida; es decirle a Jetro: “Estoy contento de que tú estés aquí con nosotros”.
Cuando llegó, se inclinó. Un reconocimiento, quizás por los años de Jetro, un reconocimiento por su experiencia. El más pequeño se inclinaba ante el más grande. Qué hermoso, hermano, qué hermoso es el joven que cuando viene el suegro él no quiere competir con el suegro, sino que puede humillarse y decirle: “Usted tiene más años que yo, usted tiene mi respeto, usted tiene mi deferencia, usted puede aconsejarme a mí”. Moisés bien pudo haber dicho: “Oye, suegro, mira quién soy yo ahora, yo soy el líder del pueblo que acaba de cruzar el Mar Rojo; ven tú a inclinarte delante de mí”. Pero no. Moisés se humilló delante de él en un voto de reverencia. Aparte de eso, hermano, lo besó, un gesto de ternura, de cariño.
Los hombres latinoamericanos tenemos que tener cuidado con esto, porque entre hombres somos muy ariscos. Fíjense lo que hizo Moisés. Acompáñenme al versículo 7:
Y salió Moisés a recibir a su suegro, y se inclinó y lo besó; y se preguntaron el uno al otro cómo estaban, y vinieron a la tienda.
— Éxodo 18:7
Ese beso entre hombres a algunos les parecería raro, pero entre los orientales, entre los hombres, hay compañerismo, hay amistad. Qué bonito sería ver a los hombres dominicanos abrazarse. Yo mismo, cuando vaya hoy donde un hermano, quiero darle un abrazo. Quiero que se manifieste ese cariño. Animo a los hombres, hermanos, tómanse en cuenta que los hombres latinoamericanos, como que ni esos gestos tenemos; los hombres somos distantes. Qué bonito el gesto de Moisés: él fue donde Jetro, se inclinó y le besó, y dice el texto que se preguntaron el uno al otro cómo estaban, se pusieron al día. “Cuánto tiempo que no te veo, Moisés. ¿Cruzaste el Mar Rojo? ¿Cómo fue eso?”. Se pusieron al día.
Qué buena relación entre dos hombres. Y entonces concluye la primera parte del encuentro con que Moisés le dice que entre en su tienda. De algún modo, está diciendo: “Te estoy dando la bienvenida a mi casa, yo soy quien te estoy invitando, yo soy quien te estoy trayendo”. Hermanos de esta congregación que están haciendo familia, hombres de esta iglesia que están pensando en casarse, les animo a que no esperen que su suegro venga; vayan y búsquenlo, tráiganlo a su casa, intégrenlo en su dinámica familiar para que él se sienta bienvenido. Eso hizo Moisés: lo invitó a su casa. Esa es la motivación de la visita.
Moisés da testimonio a su suegro
Pasemos rápido a lo que Moisés le cuenta a Jetro, a lo que Dios había hecho. Dice:
Y contó Moisés a su suegro todas las cosas que Jehová había hecho a Faraón y a los egipcios por amor de Israel, y todo el trabajo que habían pasado en el camino, y cómo los había librado Jehová. Y se alegró Jetro de todo el bien que Jehová había hecho a Israel, al haberlo librado de mano de los egipcios. Y Jetro dijo: Bendito sea Jehová, que os libró de mano de los egipcios, y de la mano de Faraón, y que libró al pueblo de la mano de los egipcios. Ahora conozco que Jehová es más grande que todos los dioses; porque en lo que se ensoberbecieron prevaleció contra ellos. Y tomó Jetro, suegro de Moisés, holocausto y sacrificios para Dios; y vino Aarón y todos los ancianos de Israel para comer con el suegro de Moisés delante de Dios.
— Éxodo 18:8–12
Oigan qué bonito: “Vengan, ancianos, para que coman con mi suegro”. De algún modo Moisés estaba honrando a Jetro. Quiero que analicemos un poquito lo que Moisés contó y cómo se lo contó. Lo primero: el protagonista no fue Moisés en la historia. ¿Se dieron cuenta? Moisés no estaba diciendo “yo tomé al pueblo y lo crucé” ni se estaba echando el mérito. Moisés le habló de la manera en que Dios había levantado su mano a favor de Israel. El foco estaba en Dios y no en Moisés.
Qué bonito, hermano, cuando un hombre puede hablar no diciendo “yo logré esto”, “yo concreté tal cosa”, sino “por la misericordia del Señor, con la ayuda del Señor pude hacer esto y pude hacer aquello”. No hay cosa más incómoda que una reunión de hombres donde uno se levanta a hablar de sus logros. Uno habla del negocio que cerró, el otro del vehículo que compró, el otro está diciendo de la casa en la playa, y se acaba convirtiendo en una reunión bien incómoda. Qué bonita es la reunión de hombres donde los hombres, en vez de llamar la atención hacia ellos mismos, llaman todos la atención hacia Dios.
El enfoque de Moisés no fue “yo con mi propia fuerza”, el enfoque fue: el Señor, por su gran amor y su misericordia para Israel, ha hecho tal cosa en medio nuestro. Algo también que me llamó la atención: él dijo “hemos cogido lucha en el camino”. ¿A qué se está refiriendo? Él se está refiriendo a que el pueblo se le había sublevado varias veces, se habían airado contra él, era una queja constante en el camino, cada vez que había una dificultad estaba el pueblo quejándose. Pero Moisés no recordaba estas experiencias como con un dolor profundo, sino que habló positivamente de sus marchas y trabajo en el camino. Las murmuraciones, los chismes, las dificultades, y en todo esto dijo: “Nos ha librado Jehová”.
Como líder me llama la atención de Moisés que las dificultades con el pueblo no lo frustraron hasta el punto de hacerlo sangrar por la herida. Él no estaba quejándose con Jetro de que el pueblo lo maltrató; podía decir que en todas esas cosas los había librado el Señor. El encuentro con Jetro, hermano, muestra también cómo Moisés da testimonio. Él le dice que la obra de Dios fue un testimonio hacia Jetro. Jetro quizás no era un creyente. Lo más probable es que Jetro haya sido, como sacerdote de Madián, un pagano. Lo más probable es que él fuera un sacerdote de un pueblo pagano. Pero este hombre pagano vino a visitar a Moisés y en este encuentro Moisés no se quedó en temas triviales, sino que aprovechó para decir lo que Dios había hecho en su vida.
Es un buen testimonio para cualquier creyente. Cada vez que venga un familiar tuyo a tu casa, con prudencia, con mucha sabiduría, encárgate de decirle a tu familiar las grandes cosas que el Señor ha hecho en medio tuyo, para que probablemente ese familiar diga lo mismo que dijo Jetro: “Ahora conozco que Jehová es más grande que todos los dioses”. Hermano, es una gran cosa cuando un cristiano da testimonio en su casa. Algo que encuentro lamentable son hermanos que cuando reciben visitas se dejan arrastrar por la visita. Cuando los reciben, si la visita es pagana, el hermano se convierte en pagano durante dos semanas. Si la visita es inconstante, entonces el hermano se convierte en inconstante durante dos semanas.
Te animo, hermano, a que cuando tengas visita en tu casa no te dejes arrastrar por esa sola visita, sino arrástrala tú hacia tus convicciones. Moisés aprovechó para decirle a su suegro Jetro lo que el Señor estaba haciendo en medio de ellos, y lo que Jetro dijo, hermano, es lo que dirá cualquier persona incrédula cuando venga a la casa de un cristiano y vea la obra de Dios: “Ahora conozco que no hay Dios como Jehová”.
Jetro contempla el trabajo de Moisés
Entramos ahora en la parte interesantísima donde Jetro contempla el trabajo de Moisés. Dice el texto:
Aconteció que al día siguiente se sentó Moisés a juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo delante de Moisés desde la mañana hasta la tarde. Viendo el suegro de Moisés todo lo que él hacía con el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces tú con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde? Y Moisés respondió a su suegro: Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios. Cuando tienen asuntos, vienen a mí; y yo juzgo entre el uno y el otro, y declaro las ordenanzas de Dios y sus leyes.
— Éxodo 18:13–16
Detengámonos un momento ahí. Moisés tenía visita, pero al otro día se levantó a trabajar. Hermano, aplica esto a tu vida. Qué bueno que tú tienes visitas en tu casa, pero tú tienes responsabilidades delante de tu Dios y con tu pueblo. Moisés no descuidó sus obligaciones por la visita de Jetro. Una buena práctica de todo creyente es que, si una persona viene a tu casa un domingo en la mañana, en la medida de lo posible, tú lo invites para que venga a la iglesia contigo. Eso es bueno. La entrada a la iglesia es gratis, no hay que pagar, así que tráelo. Hay gente que tiene la excusa de que se le apareció una visita en la casa y por eso no viene al culto. Hermanos, he sabido de gente que, teniendo una boda el sábado, se va con la visita a la boda, pero para el culto del domingo en la mañana no es capaz de decirle: “Vamos para la iglesia”.
Te animo a que digas: “Vamos para la iglesia conmigo, ven a mi iglesia, vamos a adorar el nombre del Señor”. Qué bonito es ver a un creyente que, cuando tiene amigos en la casa, no se queda con el amigo en la sala, sino que se levanta con el amigo también para cumplir su trabajo para el Señor. Efectivamente, Jetro pudo ver el trabajo de Moisés. En esto encuentro otra lección muy valiosa. Moisés fue visto trabajando desde afuera por una persona que no era tan familiar con su entorno diario. En el liderazgo pasa algo así: cuando uno está en el día a día hay cosas que no ve, pero una persona que viene desde fuera puede ver lo que tú estás haciendo y, de algún modo, hacerte recomendaciones que, si eres como Moisés y las recibes con humildad y diligencia, podrán ser de mucha bendición para ti.
Jetro vino a contemplar el trabajo de Moisés y, cuando lo contempló, conoció de primera mano lo que estaba sucediendo antes de opinar. Él estuvo ahí, observó y luego entonces le hizo unas recomendaciones que, a mí me parece, son útiles todavía para la iglesia en el momento actual. Leamos un poco más:
Entonces el suegro de Moisés le dijo: No está bien lo que haces. Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo; porque el trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo. Oye ahora mi voz; yo te aconsejaré, y Dios estará contigo; está tú por el pueblo delante de Dios, y somete tú los asuntos a Dios. Y enseña a ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde deben andar, y lo que han de hacer. Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez. Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo; y todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño. Así aliviarás la carga de sobre ti, y la llevarán ellos contigo. Si esto hicieres, y Dios te lo mandare, tú podrás sostenerte; y también todo este pueblo irá en paz a su lugar.
— Éxodo 18:17–23
Nueve elementos del consejo de Jetro
El consejo de Jetro tiene nueve aspectos. Lo primero es que él confronta directamente. ¿No les parece medio fuerte eso? “Moisés, no está bien lo que haces”. Claro que hacía falta. A veces hace falta que tengamos la claridad de decirle a la gente cuando están participando en asuntos que son un despropósito. A veces damos tanta vuelta para decirle a alguien que claramente está equivocado, que claramente está desacertado, que claramente está haciendo cosas inapropiadas. Jetro vino con contundencia: “No está bien lo que haces”. Un asunto claro.
Pero no se quedó solamente en la confrontación. En segundo lugar, él hace una advertencia: “Desfallecerás del todo tú, y también este pueblo”. O sea, no vino solamente a decirlo por decir, vino a decírselo porque estaba sinceramente preocupado por él. Hermano, ponte a pensar lo que hubiera pasado en Israel si ese hombre se desploma en el desierto. Sí, el Señor hubiera levantado otro líder, pero hubiera sido muy difícil para Israel. De aquí aprendemos que el agotamiento del líder afecta a todo el pueblo. El cansancio de liderazgo es algo que se debe evitar. Jetro vio a su familiar y le dijo: “Eso es insoportable, Moisés. Si sigues así vas a desfallecer tú y, cuando desfallezcas tú, va a desfallecer todo el pueblo que está contigo”.
En tercer lugar, él dimensiona el trabajo y le dice: “El trabajo es demasiado pesado para ti, no podrás hacerlo tú solo”. Lo primero fue la confrontación, lo segundo la advertencia, lo tercero la dimensión del trabajo. En cuarto lugar, él lo anima y le dice: “Dios estará contigo”. Como que lo está animando, lo está mimando. Ustedes no saben el ánimo que hace falta a veces para empujar un proyecto de Dios. Los líderes no somos personas autosuficientes, los líderes nos caemos, a veces en la semana yo estoy dubitativo, a veces me estoy preguntando si acaso estamos haciendo lo correcto delante del Señor, a veces me siento desmotivado. El mismo Moisés recibió el ánimo de su suegro, y qué bueno fue esa palmadita en la espalda: “Dios estará contigo”.
En quinto lugar, le enfoca en lo principal. Le dice: “Está tú por el pueblo delante de Dios, somete tú los asuntos a Dios y enseña a ellos las ordenanzas y las leyes, muéstrales el camino por donde deben andar y lo que han de hacer”. Es decir, Moisés, la cosa más importante que tú tienes que estar haciendo es enseñarle a tus hermanos la ley de Dios. Permite que tus hermanos busquen entre ellos y te traigan a ti solamente la carga más grande. Le saca de encima tareas secundarias para que él se concentre en lo esencial.
En sexto lugar, le da una estrategia concreta, y en esa estrategia le dice: “Escoge hombres idóneos con características específicas”. Y aquí quiero detenerme un poco para que lo analicemos. Lo primero que nos dice que tenían que tener estos hombres era virtud. Hermano, a la obra del Señor le hacen falta muchos líderes, pero la verdad es que los líderes que hacen falta son líderes virtuosos. Una traducción contemporánea puede traducir la palabra “virtud” como “capaz”. O sea, busca hombres, pero busca hombres que sean virtuosos, busca hombres que sean capaces. Otra traducción lo puede traducir como “potencialidad”: busca hombres que tengan potencial.
Algo que me preocupa a veces es que veo que en la iglesia del Señor, en vez de buscar líderes virtuosos, se busca gente que tiene tiempo disponible, se busca gente que está ahí “libre”. Una iglesia debe buscar líderes virtuosos, debe buscar personas capaces, debe buscar gente con potencial. A la iglesia del Señor no le hace falta la “draga”, no le hace falta el desechado, no le hace falta el perezoso. A la obra del Señor no solamente hay que delegarla, hay que delegarla en hombres virtuosos. Qué bueno es poder decir: “Mira, ese varón es un varón de virtud, es un hombre capaz, es un hombre con potencial”.
Aparte de eso, dice que sean temerosos de Dios, o sea, que en su vida diaria contemplen primero cómo pensará Dios sobre ellos antes de contemplar qué pensarán los hombres. Eso es tener temor de Dios. A la obra del Señor le hacen falta líderes, pero líderes virtuosos, líderes temerosos de Dios. Dice al mismo tiempo: líderes que sean varones de verdad, que tengan la verdad, y que aborrezcan las ganancias mal habidas. Como colofón, quiero decirte quién no debe ser un líder de una iglesia. Estamos deseando que surjan líderes en nuestra congregación, pero nunca busquen un líder para una iglesia solamente porque tenga tiempo disponible.
“Bueno, aquí está el pueblo, hay que hacer tales cosas, busquemos a la gente que tiene tiempo disponible”. Hermano, normalmente que alguien tenga tiempo disponible no es una buena señal para el liderazgo. Es más, en mi experiencia, los líderes que han sido tomados por el Señor para su obra han sido los hombres más ocupados de esta tierra. Si buscamos a Moisés, era un hombre formado, era un hombre que tenía altas ocupaciones en Egipto y desde allá lo sacó Dios para libertar a un pueblo. Si buscamos a Daniel, Daniel no era un ocioso que estaba buscando qué hacer. Era un hombre que, cuando el rey de Babilonia deseó poner príncipes, pensó en Daniel.
Si se fijan en Mateo, Mateo era un recaudador de impuestos, un hombre con responsabilidades. Pablo era un erudito intelectualmente, con una amplitud de pensamiento extraordinaria, preparado y reconocido. Pablo no era un hombre que estaba sentado en su casa. Pedro tampoco. Los primeros discípulos del Señor eran pescadores, y no pescadores cualquiera, se supone que eran medianos empresarios. Hoy también yo he visto que aquellas personas que tienen tiempo disponible, cuando vienen a la iglesia, trabajan con menos disposición que aquellos que tienen agendas muy apretadas. El hecho de que una persona tenga tiempo disponible no necesariamente indica que deba ser un líder de una iglesia.
Al mismo tiempo, hay otros que dicen: “Debe salir fulano, porque él nunca lo ha hecho, siempre le toca el turno a otro”. Hermano, no es por turno. Que haya virtud, que haya capacidad, que haya potencial, que haya verdad, que haya integridad, que haya temor de Dios. “Ah, pero fulano nunca lo ha hecho, siempre ponen a zutano”. Hermanos, no es por turno. Que alguien nunca lo haya hecho tampoco es un indicador. Hay otras personas que tienen mucha disposición, pero al mismo tiempo son tan incapaces. ¿Han visto esa combinación? Una persona muy dispuesta, pero todo lo entrega mal. A todo dice que sí y a nada de lo que dijo que sí termina entregándolo bien. Hermano, que una persona esté dispuesta no significa que sea un buen líder.
Hay otros que dicen: “Fulano ya tiene aquí diez años, tenemos que hacer algo con fulano”. Que tenga veinte más, que se quede sentado. Si no hay virtud, si no hay potencial, si no hay capacidad, no es digno del reino del Señor para liderar. Permítanme traerles una lectura. Hay un libro que yo recomiendo a todo líder, se llama “Discursos a mis estudiantes”. Fue una serie de conferencias que se dieron en el siglo XIX para aspirantes a pastores de congregaciones. Les comparto una historieta que pinta muy bien a cierta clase de pretendientes al ministerio. Dice que un maestro entrevistaba a un muchacho que quería ser líder en una iglesia y le pregunta: “Muchacho, ¿por qué razón te parece que debes de ser un líder, un ministro en una iglesia?”.
El muchacho le dice: “Señor, fui puesto en el despacho de un abogado, pero no pude soportar el encierro, no pude estar en el ambiente estudiando leyes. Se vio claramente que la providencia había obstruido mi camino porque perdí la colocación”. O sea, intentó trabajar como abogado y lo despidieron. “¿Y qué hiciste después?”. “Pues, señor, me vi inducido a abrir una tienda, pero no se me dio el negocio. No pienso que mi destino haya sido nunca el comercio y pareció que el Señor cerrara también ese camino, porque fracasé y me vi luego en grandes dificultades”. Ya fracasó como abogado y fracasó en el comercio. “Desde entonces he trabajado vendiendo seguros de vida y he procurado conseguir una escuela, además de vender, pero siempre he encontrado obstáculos, y algo dentro de mí me hace sentir que yo debo ser ministro del Señor”.
Fracasó como abogado, fracasó como comerciante, fracasó vendiendo seguros, fracasó buscando escuela, y ahora entiende que debe de ser un ministro del Señor. El maestro suele dar esta respuesta: “Bien lo entiendo, usted ha fracasado en todo y por lo mismo juzga que el Señor le ha concedido votos especiales para su servicio. Pero temo que se haya usted olvidado de que el ministerio debe formarse de la flor innata de los hombres, y no de lo que no sirve para nada. Un hombre que alcanzaría buen éxito como predicador lo alcanzaría probablemente también como comerciante, como abogado o en cualquier otro oficio. Un ministro realmente estimable habría podido distinguirse en todo. Apenas habrá cosa imposible para un hombre que pueda conservar una congregación unida por años enteros, siendo instrumento de edificación durante centenares consecutivos de días consagrados al Señor. Debe ser poseedor de algunas habilidades y de ninguna manera un necio bueno para nada”.
Perdónenme, hermanos, pero estamos buscando líderes para la iglesia. No estamos buscando el desecho, no estamos buscando la gente que no consiguió otro oficio. Yo mismo he conocido personas que se inscriben en el seminario bíblico porque ya intentaron como comerciantes, intentaron otras cosas y no les fue bien. Hermano, un ministro estimable es, como dice este maestro, una persona tal que pudo haber dedicado su vida a cualquier cosa, y vino al ministerio. Cuadra con las características que recomendó Jetro a Moisés: hombres de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia.
En séptimo lugar, el consejo de Jetro incluía que los pusiera según su capacidad. Dice que los ponga por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez. Aquí quiero animarte. El texto da a entender que había hombres que podían conducir a mil, pero había otros que no tenían capacidad para conducir a mil, sino a cien. Quizás había otros que no podían conducir ni siquiera a cien, sino a cincuenta, y otros que solamente podían conducir a diez. La estrategia estaba en poner a la gente y delegar responsabilidades según su capacidad. Dice también el libro de Eclesiastés que todo lo que venga a la mano hazlo según tus fuerzas.
Hermano que estás aquí hoy, quizás te invitamos a que camines a participar en el liderazgo de la iglesia y tú dices: “Pastor, yo no tengo capacidad para conducir a cien”. Conduce a uno. El problema no es si son mil o son diez. ¿Te ha tocado pensar eso? “Pastor, es que yo no tengo capacidad para conducir a cincuenta”. Conducta a diez. “Es que diez son muchos”. Entonces conduce a uno, pero haz algo. No es un asunto de religión, es un asunto de obediencia al modelo bíblico. Jetro le dice a Moisés: “Ponlos según sus capacidades. Si alguno demuestra más, que conduzca a mil; si alguno demuestra menos, que conduzca a diez”.
En octavo lugar, en el consejo está la prudencia y la dependencia. Le dice: “Si Dios te lo ordenare”. A mí me encanta la manera en que Jetro concluye el asunto. Al final, como diciendo: “Yo te estoy dando el consejo, pero pídele a Dios a ver si Dios también te lo ordena”. No es que porque Jetro lo diga ya está. “Si Dios te lo ordenare, entonces podrás sostenerte y el pueblo irá en paz”. Tenemos que ser muy cuidadosos con las fórmulas mágicas. Hay personas que quieren que todo el mundo se conduzca según la norma de ellos. “Mira, haz esto, que esto no falla”. No. Hay muchas maneras de llegar al mismo punto. Jetro le dice a Moisés: “Hazlo, pero si Dios está contigo”.
En noveno lugar, le deja la visión de los resultados: “Tú podrás sostenerte y también todo este pueblo irá en paz a su lugar”. Es decir, el fruto del liderazgo bien distribuido es descanso para el líder y paz para el pueblo.
La tarea del líder: mediar y traer paz
Según entiendo, si Moisés seguía el consejo, lo primero que pasaría es que podría sostenerse él y también todo ese pueblo. Hermano de esta iglesia que te estás abriendo a la posibilidad de integrarte al liderazgo, ¿cuál es la responsabilidad de un líder en la iglesia según este texto? Que un líder aconseje y medie entre sus hermanos. ¿Quieres saber una buena señal de que alguien tiene potencial de liderazgo? Pregúntate: en el grupo donde se desempeña, ¿qué está saliendo de allí? Donde hay un líder, la gente tiende a ponerse de acuerdo, donde hay un líder se pone la Palabra del Señor, donde hay un líder se está llevando al pueblo a la voluntad de Dios. Donde no hay liderazgo, normalmente los grupos están peleándose, están tensionándose, están jalándose los moños unos a otros.
El liderazgo en una iglesia lo ejercen personas que tienen la capacidad de aconsejar y de mediar entre sus hermanos. Les dicen: “Hermanos, vamos a calmarnos, vamos a ver qué dice el Señor”, y que cuando eso suceda el pueblo esté en paz. En nuestra iglesia, si te estás abriendo a la posibilidad de ser un líder entre nosotros, piensa que tu responsabilidad será mediar entre tus hermanos, aconsejarles, traer consuelo con la Palabra del Señor y procurar que en el pueblo completo haya paz. Cuando no hay liderazgo, entonces el pueblo entra en conflicto. Esa es una parte esencial de la vida de la iglesia.
Debo conmoverme un poco en esto, y así, ya de último, hablamos de las respuestas de Moisés. ¿Qué hizo Moisés con este consejo? Dice el texto:
Y oyó Moisés la voz de su suegro, e hizo todo lo que dijo. Escogió Moisés varones de virtud de entre todo Israel, y los puso por jefes sobre el pueblo, sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta y sobre diez. Y juzgaban al pueblo en todo tiempo; el asunto difícil lo traían a Moisés, y ellos juzgaban todo asunto pequeño. Y despidió Moisés a su suegro, y éste se fue a su tierra.
— Éxodo 18:24–27
La respuesta de Moisés y la búsqueda de líderes virtuosos
Moisés oyó la voz de su suegro e hizo todo lo que le dijo. Entonces escogió varones de virtud entre todo Israel. Vuelvo al mismo caso: Moisés no salió buscando “quién está desocupado”, no salió preguntando “quién quiere”. Él salió a buscar donde estaba la virtud. Quiero llamar la atención de los hermanos maduros en esta congregación: hace falta que salgan a buscar la virtud. Hay personas que tú ves que tienen potencial para liderazgo, personas que tú ves que tienen madera, pero hace falta que alguien los reclute, hace falta que alguien los traiga.
Ahora mismo tenemos un programa de formación para líderes, hermanos, que se ha diseñado para eso. Queremos que al final de año tengamos una generación de personas que puedan mediar entre sus hermanos, personas que puedan servir a sus hermanos, personas que puedan liderarlos. Moisés salió buscando hombres que tuvieran virtud. Y oyendo la voz de su suegro, hizo todo lo que le dijo. Escogió varones de virtud entre todo Israel y los puso por jefes sobre el pueblo: sobre mil, sobre cien, sobre cincuenta y sobre diez. Y juzgaban al pueblo en todo tiempo; el asunto difícil lo traían a Moisés y ellos juzgaban todo asunto pequeño. Y así, al final, despidió Moisés a su suegro, y este se fue a su tierra. Ahí termina la historia del encuentro.
¿Qué aprendemos sobre liderazgo en el encuentro entre Moisés y Jetro, hermano? Aprendemos que probablemente en Pez Mundial hay líderes que están por aquí sentados. Hay líderes que están ahí, hay líderes que están en diferentes momentos de su liderazgo. Algunos podrán conducir a un solo hermano ahora mismo, pero hay otros que ya pueden conducir a cinco, y hay otros que quizá puedan conducir a cien, y hay otros que pueden conducir a mil. Diferentes hermanos tienen diferentes potencialidades.
Aprendemos también que en el pueblo del Señor debemos buscar lo mejor. A alguien le preguntaron una vez: “¿Quién debería ser un ministro en una iglesia?”. Y este hombre respondió: “Un ministro en una iglesia debería ser la misma persona que, si acaso faltara en el pueblo, cuando empezaran a buscar a alguien, dirían: ‘Este hombre es el que hace falta’”. Eso es lo que debe ser un ministro de una iglesia: alguien que, aun sin título, ya ejerce influencia, ya sirve, ya ama, ya aconseja. De la misma manera, tú puedes perfilarte como un posible líder.
Dice la Escritura que es correcto anhelar un obispado. Lo decía el apóstol Pablo: “Si alguno anhela obispado, buena obra desea”. Debemos anhelar liderazgo, hermano, pero tenemos que pensar siempre en estas cosas: en la virtud, en el temor de Dios, en la verdad. Al mismo tiempo, ponte a pensar qué tiene cada persona. Sigue escuchando este tema de liderazgo y, al mismo tiempo, ábrete a la posibilidad de que probablemente el Señor quiera utilizarles a ustedes del mismo modo que utilizó en tiempos de Moisés a muchos otros hombres en Israel.