Estamos en una serie de sermones sobre el tema del liderazgo y continuamos. Le vamos a pedir al Señor en oración que Él nos dirija en este momento y que podamos aprender más de Él. También vamos a pedirle al Señor que levante líderes en nuestra iglesia, que levante nuevos líderes en nuestra iglesia. Nos encomendamos delante de ti, Señor, en oración. Dice tu Escritura que sin ti nada podemos hacer. Queremos, Padre, testificar nuestra dependencia. Es el mismo libro, Señor, que tienen muchas otras personas, pero queremos que con nosotros este libro sea distinto. Queremos leer, Padre, tu Palabra, pero también queremos ser instruidos directamente por ti. Permite que tu Santo Espíritu esté hoy aquí, Señor, facilitando este proceso de enseñanza. Permite que tu Espíritu Santo esté aquí visitándonos hoy, Señor, para que veamos desde una nueva perspectiva quizás pasajes de las Escrituras que ya hemos visto en nuestras lecturas devocionales. Permite, Señor, que nuestros hermanos cuando escuchen entiendan que tu Palabra está hablando directamente a ellos.
Dirige tú, Señor, nuestra mente. Dirige nuestro enfoque hacia ti. Permítenos, Padre, comer ampliamente hoy de tu Palabra. Permite, Señor, que cuando tu Palabra se sirva, sea un gran banquete, que la gente no quede con hambre. Permite, Padre, que podamos sembrar hoy la motivación. Permite que podamos sembrar hoy la intención. Permite que podamos sembrar hoy la disponibilidad. Señor, permite que entre nuestros hermanos se levante alguien y diga: “Yo puedo ser el próximo”. Mira nuestra congregación, Señor, y como pidió el Padre Moisés por su pueblo, así mismo pido yo que no falten líderes en nuestra iglesia, Señor, que no falte gente, que tu Espíritu esté adentro de ellos, Señor, para hacer tu voluntad y para ayudar a sus hermanos a hacer tu voluntad y no la suya.
Doy un momentito, hermano, para que tú ores ahí por alguien que tengas cerca y le encomiendes delante del Señor. Doy un chance ahí para que tú puedas orar por nuestros hermanos y decirle: “Señor, quizás este que tengo aquí al lado sea un próximo líder. Quizá esta que tengo aquí sea nuestra próxima maestra”. Doy un chance ahí, hermano, para que encomiendes ante el Señor a quien tengas cerca. Quizás tú no lo ves ahora mismo, pero el Señor puede ser que le esté mirando. Quizás tú no pienses que hay potencial. Quizás tú no pienses que haya oportunidad. Quizás lo intentó antes y ya no pudo. Ora al Señor por esa persona que tengas cerca y pídele que le levante.
Carga por el liderazgo y visión para la ciudad
Levanta, Señor, líderes en nuestra congregación. Mira este pueblo aquí reunido, Señor, levanta los próximos maestros. Mira este pueblo aquí reunido, Señor, en el cual tú has colocado dones, habilidades, talentos múltiples. Permítenos, Señor, preparar a nuestro pueblo para que en un próximo momento, permítenos, Señor, preparar nuestra congregación para los nuevos tiempos. Permítenos depender de ti, Señor, y que tal como levantaste a Josué ante sus hermanos, Señor, así levantes tú nuestros hermanos ante nosotros. Para la gloria tuya te lo pedimos, en el nombre de Jesús. Amén.
Hermano, detrás de esta serie hay una carga en mi corazón de enseñarle esto a ustedes. Estaba preparando de algún modo algunos sermones que yo tenía, los tenía como frenados, como que estaba esperando un momento para poderlos compartir todos juntos. Es más, mucho del material que he estado compartiendo los domingos y que estaré compartiendo durante agosto es material que estaba preparado desde hace mucho tiempo, que estaba ahí guardado, esperando un momento para poder hablar con mi congregación al respecto de estos temas. Estamos hablando sobre liderazgo.
Hermano, quizá usted se ha hecho la pregunta: “Pastor, ¿por qué está tan esmerado en hablarlo?, ¿por qué está tan dedicado a tratar el tema de liderazgo, si somos un grupo muy pequeño, si aquí no hay muchas necesidades?”. Hermano, es que hasta que nosotros no hagamos una generación de maestros que prepare a la generación de creyentes siguientes, nuestra iglesia no va a crecer. Seguiremos siendo una multitud que recibe personas de vez en cuando, pero lo que hace que la gente realmente tenga los cambios del Señor es que aparezca un hermano mayor que le dedique tiempo. Lo que va a permitir que nuestra iglesia crezca no es que hagamos eventos de vez en cuando, es que levantemos maestros para que cuando hagamos algo reciban esas personas y las discipulen para la gloria del Señor. Hacen falta manos en nuestra congregación.
Hermano, cuando yo veo nuestra iglesia en el futuro, yo no pienso en lo que tenemos ahora mismo. Yo veo el mapa grande de Santo Domingo y a veces yo veo esta gran ciudad, hermano, y yo me pregunto: ¿cuántos maestros harán falta para nosotros poder discipular por lo menos el 10% de esta ciudad? A veces yo voy al mapa de Santo Domingo y veo Santo Domingo en sus diferentes partes y me pregunto: ¿cuántos maestros hacen falta que el Señor levante para poder discipular este pueblo? Usted me dirá: “Bueno, ¿pero hace falta para lo que tenemos ahora mismo?”. Hermano, pero esta ciudad es muy grande. La necesidad imperiosa que tiene la iglesia del Señor en este tiempo es que se levanten hermanos mayores que puedan discipular a otros, que puedan formarlos. Por eso estoy hablando de liderazgo.
Por otro lado, hermano, también comienzo, con el paso del tiempo, a sentir la carga. Estoy muy contento, estoy celebrando 30 años, y eso es algo que me tiene muy alegre. Mire, yo estoy contentísimo cada vez que puedo celebrar un año más en el Señor. Yo me siento contento. Pero estoy pensando, hermano: ¿qué será de nuestra iglesia en los próximos 20 años?, ¿qué será de nuestra congregación en el futuro?
Urgencia de preparar relevos y maestros
Te digo de nuevo, quizá tú estás pensando: “Bueno, pero ahora mismo no hace falta”. Hermano, si no lo buscamos ahora, nunca hará falta. Si no comenzamos en este momento a formar la generación de maestros que forme la próxima generación de discípulos, la verdad es que nunca lo lograremos. A nuestra iglesia le hacen falta maestros. Usted me dirá: “Pastor, pero ya tenemos algunos líderes”. Sí, hermano, pero hace falta más, y el mismo liderazgo que tenemos es necesario formarlo todavía más. Celebro con estos cursos de formación que estamos dando los miércoles. Tenemos toda la congregación representada ahí. Hermanos que están llegando ahora mismo a los caminos del Señor y ya quieren prepararse para servir, y yo me emociono. Y hay hermanos que ya tienen cinco años entre nosotros, pero quieren prepararse todavía para servir mejor, y yo me emociono también.
En nuestra iglesia hemos estado predicando durante cuatro años y medio tratando de formar en ustedes el carácter de Cristo. Pero ahora queremos formarlos a ustedes para que formen ustedes en otros el carácter de Cristo. Esta serie de enseñanzas sobre liderazgo son enseñanzas que ustedes deben atesorar, porque quizás dentro de poco les haga falta en la preparación necesaria para una iglesia que va a crecer.
Liderazgo: vamos a analizar hoy transiciones, de Moisés a Josué. Acompáñenme en el libro de Números, en el capítulo 27. Estaremos leyendo desde el versículo 12 y hasta el versículo 23. Hablábamos el domingo pasado del consejo de liderazgo que recibió Moisés de su suegro Jetro. Ahora veamos a Moisés saliendo del liderazgo para que entre un nuevo líder joven, llamado Josué. Números es de los primeros libros en la Biblia. Capítulo 27 del libro de Números, a partir del versículo 12. Transiciones de liderazgo: de Moisés hasta Josué. Doy un momentito para que puedan buscarlo en sus Biblias. Transiciones de liderazgo desde Moisés y hasta Josué. Si lo tienen, entonces márquenlo ahí. Permítanme compartirles un poco más a nivel de introducción.
Yo estaba reunido hace unos meses con un grupo de jóvenes muy emprendedores. Eran muchachos que estaban entre los 27 años y los 35, estaban como en esa franja generacional. Todos tenían una alta formación, y yo les veía a ellos, y cuando hablaba con ellos decía: “Estos son los próximos capitanes de empresa que tendrá Santo Domingo”. Y yo por un momento, hermano, tuve la convicción de que yo estaba al lado del próximo Pepín Corripio, ¿usted me puede entender eso? Eran muchachos jóvenes, muchachos vivos. Estas personas tienen como garra, que se quieren llevar la vida por delante, que uno les ve que tienen una ambición sana, una ambición de la sana, como personas que uno ve: “Mira, este como que se está preparando para no ser alguien más”.
Yo estaba en esa reunión de personas y me habían invitado porque querían conocerme.
Una ciudad con profesionales, pero sin pastores
Ellos me conocían en mi faceta quizá de emprendedor, de empresario. Ellos querían conocerme, conocer lo que yo estaba haciendo en el momento, y estaba reunido con ellos, hermano. Y yo cuando estaba con ellos decía: “Mira, esta ciudad a mí no me necesita, le necesita a ellos”. Y yo salí de esa reunión, hermano, con el pleno convencimiento de que este país ya tiene formada una generación de próximos capitanes de empresa que van a llevar la economía dominicana en los próximos años. Este será un país próspero. Es más, podemos decirlo, hermano, sin que parezca política, pero un gran acierto de este gobierno que está saliendo fue que mandó una generación de dominicanos a hacer maestrías, posgrados, y ahora mismo cada dominicano tiene a alguien que está estudiando en España. Díganme que no.
Todo el mundo conoce a alguien que está en el extranjero formándose. Y estas personas que se están formando se están formando porque eventualmente van a venir a este país y van a desarrollar la próxima gran empresa, el próximo emporio comercial. Hermano, yo salí de esa reunión con esos muchachos muy formados y con mucha ambición de la sana, con el convencimiento de que Santo Domingo no necesitaba a Raúl Rafael Pérez, empresario. Que a nivel económico esto ha sido, está pertrechado, está en gran medida cuidado en Santo Domingo. Y yo le pregunto a ustedes: ¿quién lo hará?, ¿cuál será la generación que va a formar el carácter de esta ciudad para que ese beneficio económico de algún modo no le haga daño?
Yo conozco mucha gente que está estudiando ahora mismo en Inglaterra, que está estudiando en España, que está estudiando en Sudamérica, preparándose para económicamente impulsar este país. Pero, ¿la iglesia está formando a sus obreros para que pastoreen la ciudad de Santo Domingo por los próximos 25 años? Yo no lo veo, hermanos. Esta ciudad necesita que se levante una generación de maestros que están en diferentes momentos de su vida, pero que se hagan disponibles para poder cuidar espiritualmente de la ciudad de Santo Domingo. Y así como es necesario que cada vez más gente tenga maestrías y posgrados, es necesario que cada vez más las iglesias formemos los líderes, los maestros que vayan a conducir espiritualmente esta ciudad por los próximos años.
Hermano, es urgencia en nuestra iglesia que se levanten maestros. Es urgencia en nuestra iglesia que se levanten líderes. Dice la Escritura que cuando no hay liderazgo, entonces el pueblo se desenfrena, el pueblo pierde el rumbo. Acompáñame al libro de Números en el capítulo 27. Dice así la Palabra del Señor, lo leemos completo hasta el versículo 23:
Jehová dijo a Moisés: “Sube a este monte Abarim, y verás la tierra que he dado a los hijos de Israel; y después que la hayas visto, tú también serás reunido a tu pueblo, como fue reunido tu hermano Aarón, pues fuiste rebelde a mi mandato en el desierto de Zin, en la rencilla de la congregación, no santificándome en las aguas a ojos de ellos. Estas son las aguas de la rencilla de Cades, en el desierto de Zin”.
Entonces respondió Moisés a Jehová, diciendo: “Ponga Jehová, Dios de los espíritus de toda carne, un varón sobre la congregación, que salga delante de ellos y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca, para que la congregación de Jehová no sea como ovejas sin pastor”.
Y Jehová dijo a Moisés: “Toma a Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pon tu mano sobre él; y lo pondrás delante del sacerdote Eleazar, y delante de toda la congregación, y le darás el cargo en presencia de ellos; y pondrás de tu dignidad sobre él, para que toda la congregación de los hijos de Israel le obedezca. Él se pondrá delante del sacerdote Eleazar, y le consultará por el juicio del Urim delante de Jehová; por el dicho de él saldrán, y por el dicho de él entrarán él y todos los hijos de Israel con él, y toda la congregación”.
Y Moisés hizo como Jehová le había mandado, pues tomó a Josué y lo puso delante del sacerdote Eleazar y de toda la congregación. Y puso sobre él sus manos, y le dio el cargo, como Jehová había mandado por mano de Moisés.
— Números 27:12-23
Dice su bosquejo que la mejor evidencia de un liderazgo fructífero es la multiplicación. Después de la obra misma, el trabajo más valioso que puede desarrollar un líder es formar otros líderes que la continúen. Asimismo, una obra que permanece es la mejor evidencia de la calidad del material con que construyó la generación anterior. En la transición del liderazgo de Moisés vemos lecciones que podemos aplicar nosotros a nuestros llamados.
Miren, yo participé en una reunión de evaluación de un gerente en conjunto. No sé si ustedes han visto esto, que es un tipo de reunión de evaluación donde aparecen candidatos y diferentes personas de la empresa son invitadas a participar en cómo se evalúa el gerente. Es como decir: vamos a traer una persona de su equipo de trabajo, vamos a traer otro gerente de la compañía, vamos a traer un vicepresidente, y los cuatro le vamos a hacer una reunión conjunta. En esta reunión conjunta, hermano, había muchas personas que tenían su folder amarillo debajo del brazo, se supone que con su currículum, y todos estos aspirantes a futuros gerentes estuvieron allí congregados.
La prueba del liderazgo: lo que queda después de ti
Había una persona con mucha experiencia; quizás era, no recuerdo su posición, quizá un vicepresidente. Había un gerente que iba a trabajar con él en condición de colega, y ahí estaba yo mirando, que sería un supervisado. Pero en la reunión comenzaron a hacerle preguntas a este hombre. Le preguntaban: “Háblenos acerca de sus anteriores experiencias de gerencia”. Y apareció un hombre que tenía como un perfil muy desarrollado. Y cuando llegó a la reunión dijo: “Bueno, yo fui gerente comercial de tal empresa y cuando salí de la empresa el departamento entero hubo que cerrarlo porque no apareció nadie que lo hiciera como yo. Después, entonces, pasé a tal organización y en esa organización, cuando yo salí, tuvieron que buscar tres para que hagan lo único que yo estaba haciendo. No pudieron conseguir alguien que me reemplazara, tuvieron que buscar a tres”.
Este hombre continúa hablando así, con esta grandilocuencia. Y lo que era común en todas sus experiencias de liderazgo es que cuando él salió, el asunto se cayó. Yo no sé qué habrá pasado por la mente del otro gerente, del vicepresidente, pero al final él no fue el electo. Y yo estoy casi seguro que yo sé por qué él no fue electo, y que usted también sabe por qué no fue electo.
Hermano, si realmente usted ha hecho bien el trabajo donde usted ha estado, la mejor señal de que usted lo hizo bien es que después de usted el trabajo permanece. ¿Tú quieres saber si lo que tú estás haciendo para el Señor es un trabajo que es valioso? Pregúntate: cuando yo deje de hacer esto, ¿habrá personas ahí que puedan continuar la labor o tendré yo que decir como dijo aquel gerente: “Después de mí eso se cayó, después de mí hubo que buscar a tres”? Hermano, la mejor señal de que estamos haciendo bien las cosas para el Señor es que la obra permanece aun más allá de nosotros. Moisés lo hizo bien, porque después de Moisés el pueblo no se quedó en el desierto; el pueblo entró en la tierra prometida. Moisés no entró, pero el pueblo entró.
Hermano que te estás perfilando como un futuro líder de nuestra iglesia, quiero advertirte inicialmente que harás bien tu trabajo para el Señor cuando puedas preparar a alguien que continúe tu trabajo, y que cuando tú te vayas la gente diga: “Mira, él se fue, pero esto está quizás mejor que cuando él estaba aquí”. Primer punto de nueve que quiero compartirles: la transición comenzó antes de que apareciera la necesidad. Hermano, Moisés no se murió de golpe. Él tuvo un tiempecito para introducirlo. Pero el Señor le dijo a Moisés: comienza a abrirte a la posibilidad de que alguien va a continuar este trabajo antes de que tengas que despedirte. La transición en el liderazgo debe comenzar antes de que aparezca la necesidad.
Hermano, nuestra congregación no puede esperar a tener aquí una multitud de gente dispersa para comenzar a pensar: “Hay que formar maestros”. Tenemos que comenzar a formar maestros hoy. Ustedes quizá piensan: “Somos un equipo muy pequeño, aquí todas las cosas se pueden solucionar sobre la marcha”. Hermano, tenemos que comenzar hoy, cuando tenemos las aguas más o menos tranquilas, porque eventualmente tendremos un aluvión y tenemos que tener capacidad de respuesta. La transición tiene que comenzar antes de que surja la necesidad.
¿Por qué ahora, hermano?, ¿por qué ahora, quizás, cuando no hace falta?, ¿por qué ahora, cuando quizá todavía podemos manejar las cosas sobre la marcha?, ¿por qué ahora? Porque la transición tiene que comenzar antes de que la necesidad sea urgente.
El mejor trabajo, hermano, es el trabajo que se hace con la mente clara y la mente tranquila. El peor trabajo es el trabajo desde la reacción. Saben qué es esa reacción: que cuando tengamos aquí una multitud de personas con la que no podamos, vamos a comenzar a improvisar líderes, vamos a comenzar a ver “si alguien podría hacerlo”. Hermano, tenemos que comenzar ahora, cuando la necesidad todavía no es urgente. Tenemos que comenzar la transición antes de que aparezca la necesidad.
Cada líder tiene su momento y su humanidad
Segunda cosa, tengo que ir rápido porque son nueve: Dios tiene un momento para cada líder. Hermano, el momento de Moisés terminó. Y por qué, ¿por qué un gran hombre de Dios no se va a quedar para siempre? Ningún líder se va a quedar en el momento eternamente. Todo el mundo tiene un tiempo, y hay un momento en que se tienen que hacer las cosas. Te tengo que decir a ti: hay un momento para tu liderazgo. Y tú dices: “Hermano, pero ahora mismo yo no lo veo”. Quizás tú seas el siguiente, pero no ha llegado tu momento. Cada líder tiene un momento. Yo sé que uno se desespera, hermano, y quisiera hacer las cosas más temprano que tarde. Cada líder tiene un momento.
Y de que cada líder tiene un momento, de ahí se desprenden tres cosas. Lo primero es: no desesperarse. Tener paciencia en lo que llega tu momento. ¿Quién fue que pidió a Josué?, ¿quién fue el que lo recomendó? No fue Moisés, fue el Señor que le dijo: “Ahí está Josué”. Pero Moisés lo conocía, y el Señor se lo recordó. Hermano, quizá tú piensas: “Bueno, ¿y mi Pastor me tomará en cuenta?, ¿y el líder bajo el cual yo ahora mismo estoy me tendrá en cuenta?”. Hermano, si él no se recuerda, se lo recordará el Señor. Pero cada líder tiene un momento.
Moisés había comenzado a capacitar a Josué antes, pero cuando Moisés le preguntó al Señor, el Señor pensó en Josué. Cada líder tiene un momento, hermano, y ese momento no puede pasarse ni puede llegar antes. Eso es como un lanzamiento para que salga de jonrón: el bate y la pelota tienen que estar encima del home en el mismo momento. Eso es un jonrón. Yo se lo comenté una vez. Yo de niño jugué pelota, y de lo que yo recuerdo que me enseñaron fue cómo se saca un jonrón, aunque nunca lo saqué. Yo nunca supe cómo fue, hermano, pero a mí me dijo el entrenador: “Mira, un jonrón se da cuando la pelota y el bate se encuentran en el centro del box, en el centro del triángulo. Cuando la pelota está ahí y usted le da a la pelota en el mismo centro, se va de jonrón”. Y me dijo: “Si el bate llega más temprano que la pelota, se va de foul para el left field; y si el bate llega más tarde que la pelota, se va de foul para right field”. O sea, un jonrón es la sincronización entre la pelota y el bate.
Hermano, en los cambios del Señor sucede lo mismo. Nadie debe entrar más temprano ni debe entrar más tarde al liderazgo. Todo líder tiene un momento. No te desesperes. Lo segundo: ocupa tu tiempo, en lo que llega tu momento, en prepararte. Un problema en los caminos del Señor es que tenemos mucha gente que quiere hacerlo, pero muy poca gente que se está preparando para hacerlo. Tenemos mucha gente, hermanos, que quisieran ser no tanto líderes sino jefes. Son personas que no quieren pagar el precio de capacitarse, pagar el precio de prepararse, pero ya quieren hacerlo. En lo que nos llega el momento, el líder no se ociosamente se sienta; Josué no se cruzó de brazos, pero ahí estaba: “Señor, cualquier cosa, yo estoy aquí. Cualquier cosa, yo estoy aquí”.
Hermano, el mejor líder es el líder que es llamado. Una persona que es llamada es aquella que se está capacitando para el Señor y aparece una necesidad y te mandan a buscar. “Mira, dice el Señor…”. ¿Recuerdan cómo llamaron a David? David estaba preparándose. Él se preparaba luchando con osos, matando leones, y eventualmente hizo falta uno en Israel y mandaron a buscar uno. Y llevaron a todos los hermanos de David, y a él no lo llamaron. Parecía de tan pocas cosas ante sus familiares, ante sus hermanos, que a él ni siquiera lo tomaron en cuenta. Pero ¿saben qué dijo el Señor? “¿Y tú no tienes otro hijo que no esté aquí? Porque como que no ha llegado el que el Señor está buscando”. Hermano, el mejor líder es el líder que es mandado a buscar directamente por el Señor, y el peor líder es el líder que irrumpe.
Con tristeza he visto congregaciones que tienen un liderazgo usurpado. Son personas que están en una congregación y en vez de invertir el tiempo en prepararse, lo que quieren es arrebatar. Lo que quieren es: “Yo quiero ser el próximo”, y quieren forzar. Hermano, no forces, que eventualmente el Señor te mandará a buscar. Lo primero: no te desesperes. Lo segundo: invierte tu tiempo en prepararte. Fue lo que hizo Josué, con discreción, hermanos, con paciencia. Josué no era improvisado.
Le digo tres cosas. Lo primero: Josué era el siervo de Moisés. Si usted le preguntaba: “¿Y tú qué es lo que eres aquí?”, él decía: “El siervo de este hombre que el Señor ha puesto aquí durante un tiempo”. “¿Y qué es lo que tú haces?” “Yo estoy aquí para lo que me necesite”. Josué no estaba por allá guardado. A diferencia de otros que quizá estaban buscando protagonismo, ¿saben qué estaba haciendo Josué? Siendo el siervo de Moisés.
Lo segundo: Josué tuvo oportunidad de estar con Moisés en dos momentos cruciales en la vida del pueblo, dos momentos cruciales. Primer momento crucial: la batalla de Amalec. ¿Saben qué sucedió en la batalla de Amalec? Está en el libro de Éxodo, capítulo 17. En la batalla de Amalec aparece el equipo de liderazgo completo de Moisés. Ahí se menciona el equipo de liderazgo de Moisés. Moisés tenía en su equipo de liderazgo a su hermano Aarón, un hombre clave en el ministerio de Moisés, Aarón estaba ahí. Otro hombre que tenía al lado era un hombre llamado Hur, que estaba junto a Aarón, y tenían como la misma función: uno le agarraba un brazo y el otro, el otro. Y también tenía a Josué, que estaba abajo dirigiendo el fragor de la batalla. Estaba abajo, y al mismo tiempo había un sacerdote que era sobrino de Moisés, que era el sacerdote Eleazar. Ese era el equipo al ministerio de Moisés durante años.
La posición de Josué dentro del pueblo, si tú le preguntabas: “¿Tú qué eres, Josué?”, él decía: “Siervo de Moisés”. “Pero, Josué, ¿tú no puedes estarte quieto?” “Yo soy el siervo de Moisés”. Pero como siervo de Moisés participó con él de la batalla de Amalec y se entrenó.
¿Y tú sabes cuál fue el único hombre de Israel que acompañó a Moisés a buscar las tablas de la ley? Josué. En un momento el pueblo entero caminando, y Moisés se devolvió. Él le dice: “El pueblo entero se queda aquí. Vamos un poco más hacia arriba. Después el grupo se queda aquí. Josué, ven conmigo”.
En lo que llega tu momento de liderazgo, ten paciencia. En lo que llega tu momento de liderazgo, prepárate. El problema está en que hay mucha gente que quiere llamar la atención ante el pueblo, pero que no quiere pagar el precio de prepararse. Le digo algo rápido, hermano: prepararse, ¿qué es prepararse? Mire, prepararse en el dominio de las Escrituras. Prepararse en la paciencia. Prepararse en la administración de las cosas del Señor. Comienza a foguearte en los caminos del Señor en lo que llega tu momento. Pero cada líder tiene un momento. Lo primero: la transición comenzó antes de la necesidad. Lo segundo: el liderazgo de cada hombre tiene su momento, y el Señor así lo ha determinado.
Tercero que le quiero decir es que Moisés no entró a la tierra prometida porque cometió un error. Y yo me pregunto: ¡Guau!, este gran hombre de Dios, Moisés. Hermano, aquí en este momento el Señor está confrontando a Moisés, y miren lo que le está diciendo. Le dice el Señor a Moisés: “Vas a ver la tierra desde lejos y no entrarás, porque fuiste rebelde a mi mandato en el desierto de Zin, en la rencilla de la congregación, no santificándome en las aguas a ojos de ellos”. Hermano, y eso quedó documentado. Este hombre, en su momento, casi cumple; ya lo que faltaba era entrar al pueblo. Tocando, tocando a tiro de la tierra prometida del Señor, y el Señor le dice: “Moisés, tú no vas a entrar porque tú en medio no me diste a mí la gloria. Tú te rebelaste”.
Aquí tengo que darle, hermano, otra lección de liderazgo para que se vayan preparando: el liderazgo no está hecho de gente perfecta. Cuando el Señor le reprendió, Moisés no se quejó. La actitud de Moisés fue: “No, Señor, está bien”. Hermano, el liderazgo no es para hombres perfectos, es para hombres humildes. Hay gente que entiende que el liderazgo es para hombres que son perfectos y que no tienen ninguna falla. Hermano, mire, un líder es una persona que está llena de tantas fallas como tú. Lo único que tiene es que, por amor, va a ser disponible para que el Señor lo use en beneficio tuyo.
Es vergonzoso que el Señor documentara por qué el gran hombre de Dios, Moisés, no entró a la tierra prometida. El Señor lo documentó para que nosotros aprendamos que los líderes son imperfectos, que son hombres que a veces no tienen el control de su carácter, que son personas que cometen errores y que esos errores suben ante la presencia del Señor. Eso fue documentado ahí, hermano, para beneficio tuyo y beneficio mío. No idealices el liderazgo. El liderazgo no es para hombres perfectos, es para hombres dispuestos y humildes.
El Señor le dijo: “No vas a entrar”. “Bueno, es lo que me tocó, lo veré desde lejos”. Humildad, hermano, humildad. A veces uno idealiza el liderazgo, piensa que el liderazgo es para el hombre perfecto, el hombre que no tiene faltas. Claro, un hombre de Dios, la intención de Moisés no era permanecer en eso; fueron hechos aislados. Pero en el liderazgo, hermano, hay imperfección. En el liderazgo hay faltas.
Moisés antepone el bien del pueblo a su propio deseo
Pero me gusta el versículo 15, y quiero leerlo de nuevo:
Entonces respondió Moisés a Jehová, diciendo: “Ponga Jehová, Dios de los espíritus de toda carne, un varón sobre la congregación, que salga delante de ellos, y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca, para que la congregación de Jehová no sea como ovejas sin pastor”.
— Números 27:15-17
Hermano, el mayor interés que había en el corazón de Moisés no era entrar. El mayor interés que había en el corazón de Moisés es que el pueblo no se quedara sin líder. El mayor interés que había en el corazón de Moisés, cuando él ora, es: “Mira, quizá yo no voy a entrar, pero por favor levanta un líder en la congregación que entre al pueblo, que vaya delante de ellos”. Moisés colocó el interés colectivo por encima de su interés personal.
Yo estaba analizando eso, hermano: si a mí el Señor es que me dice eso, en vez de yo pensar en cualquier otro hermano, quizá lo que yo hubiera pensado es: “Ay, Señor, pero déjame entrar; ay, Señor, pero no me dejes fuera; permíteme yo entrar a la tierra”. Usted sabe lo que es usted luchar por entrar a la tierra prometida, cargar un pueblo por el desierto y después quedarse afuera. Ahora, el interés que Moisés tiene es: “Quizá yo no entre, pero que el pueblo entre. Quizá yo no pase, pero que el pueblo no se quede fuera. Quizá yo no logre lo que era mi proyecto, pero yo voy a anteponer mi interés personal al interés colectivo. Señor, levanta por tu misericordia un líder en la congregación para que el pueblo no quede desprovisto”.
Y miren que la expresión que utilizó Moisés fue la misma expresión que eventualmente citó Cristo cuando miró al pueblo de Israel. ¿Qué expresión fue que citó Cristo? Es la misma expresión, no es otra. Cuando les dice: “Para que no estén como ovejas sin pastor”. Hermano, la misma expresión que utilizó Moisés orando al Padre fue la misma expresión que utilizó el Señor cuando vio las ciudades desprovistas. El Señor dijo: “¡Wow!, mira cómo están estos hombres, están perdidos como ovejas que no tienen pastor”.
Quiero animar a la gente en nuestra iglesia a que comience a ver Santo Domingo como una ciudad que no tiene quien le guíe. Que comience a ver Santo Domingo como una ciudad que necesita líderes, como una ciudad que necesita maestros, como una ciudad que necesita pastores, como un pueblo que está perdido en su camino como oveja que no tiene pastor.
“Que salga delante de ellos y que entre delante de ellos, que los saque y que los introduzca, para que la congregación de Jehová no sea como ovejas sin pastor”. Miren, no hay una cosa más triste que una congregación que se queda sin líderes. Hermano, yo tuve, siendo un niño, que vivir la experiencia de lo que fueron los Templos Evangélicos y la Misión de las Antillas. Lo que pasó con los Templos Evangélicos y la Misión de las Antillas fue que se quedaron sin líderes.
Hermano, qué triste ver una congregación que no tiene nadie que le guíe, nadie que le entre, nadie que le saque. Una congregación, hermano, que no está representada, una congregación que está acéfala. Qué triste la iglesia que se queda sin líderes. Tenemos que preocuparnos, hermanos, por tener una buena doctrina, por tener una buena formación, por predicar bíblicamente, pero al mismo tiempo debe ser una urgencia de toda congregación que en ningún momento falten líderes.
La carga que tenía Moisés era: “Señor, antes de que yo me vaya, dame la satisfacción, quizás no de entrar a la tierra prometida, pero por lo menos permíteme irme con la convicción de que tú levantaste a alguien para que los entre. Permíteme, Señor, que mi congregación no se quede sin líderes”. Era la carga que había en el corazón de Moisés.
Era la misma carga que había en el corazón de Cristo. Él decía al Señor: “Rueguen al Señor para que envíe obreros. Rueguen al Señor para que levante obreros”. Hermano, la misma carga que debe haber en Pez Mundial: “Señor, levanta obreros en nuestra iglesia, levanta maestros en nuestra iglesia, levanta gente que pueda mover al pueblo”.
Y Jehová dijo a Moisés —esto está en el versículo 18—:
“Toma a Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu”.
— Números 27:18
Ese “espíritu” ahí aparece con minúscula, está hablando del espíritu del hombre. Eso se podría traducir de diferentes maneras, pero una traducción de eso es: “Fíjate en ese hombre que es un hombre en el cual hay energía”. Se podría traducir: un hombre en el cual hay vigor, un hombre en el cual hay pasión, un hombre que tiene carga. ¿Han mirado este tipo de personas que siempre andan con los brazos medio caídos, así, como que no tienen gusto por nada? No. “Busca, fíjate en Josué porque es un hombre enérgico”.
Un líder consagrado, pero también enérgico
Dice la Escritura que debemos hacer una cosa sin dejar de hacer la otra. Permítame decirle esto: miren, es importante que el líder del Señor sea un líder consagrado al Señor, que sea un líder que tenga pasión por la santidad, que sea un líder que tenga pasión por las Escrituras, que sea un líder que camine, como le dijo el Señor eventualmente a Josué, que no se desvíe a izquierda ni a derecha. Pero al mismo tiempo, además de todo eso que es necesario —hermano, eso es necesario—, al mismo tiempo es necesario que el líder cristiano sea un líder enérgico.
Me ha tocado a mí últimamente ver una generación de líderes que se está subiendo que andan como siempre con el morro “pabao”, siempre como con gente que no sabe para dónde va. Hermano, es necesario que el líder cristiano sea un líder enérgico. Le decía el Señor a Josué: “Esfuérzate y sé valiente”, o sea, no te quedes ahí como momificando, de que esperando, ¡echa pa’lante! Hay mensajes y llamados del Señor que se caen porque no aparece gente que se pare en dos pies y diga: “Vamos para adelante, vamos a empezar este asunto”. Hay gente que se necesita que se pare en los caminos del Señor y diga: “Hey, aquí estamos, aquí hay gente que tiene vida”.
El Señor le dijo a Moisés: “Fíjate en Josué porque Josué es un hombre que tiene espíritu, es un hombre que tiene energía, es un hombre que tiene pasión, es un hombre enérgico, es una persona que podría de algún modo ser un líder”. Le digo de nuevo: es importante que el líder cristiano sea una persona consagrada al Señor, una persona formada en las Escrituras, pero por favor que no le falte energía.
¿Han visto esta gente que hay que empujarla en todo? Yo tengo el convencimiento de que en el mundo hay gente que nació para ser empujada y hay gente que nació para empujar a los otros. Que el líder sea de las personas que nacieron para empujar a los otros. Este tipo de persona que no tiene iniciativa, que todas las cosas hay que cargarlas: “Fulano, ¿pero tú podrías hacer eso?” “Yo creo que sí”. “Fulano, ¿pero tú podrías…?” “Ay, como que no tengo ánimo yo…”. Hermano, el líder cristiano es una gente para que empuje al que no tiene ánimo. O sea, el líder cristiano es una persona para que le ponga rueditas a los demás, no una persona para que la estemos cargando.
¿Han visto esta gente que hay que estarlo siempre dándole la palmadita? Hay gente, hermano, que si no le dan la palmadita en la espalda no camina. El líder cristiano es una persona que de algún modo a veces tiene que depender del Señor y hacer así: “Vamos para adelante, porque aunque nadie aplauda, aunque nadie dé la palmadita, tengo que hacerlo”. El líder cristiano debe ser una persona enérgica.
Quiero aclarar algo, que después no digan: “Ah, que solamente hace falta ser enérgico”. No, que sea enérgico y que sea consagrado, que sea bíblico, pero por favor que no sea alguien que entró a este mundo para ser cargado. Que sea alguien que entró a este mundo para cargar.
Le decía también el Señor:
“Y pondrás tu mano sobre él”.
— Números 27:18
Es poner la mano de Moisés sobre Josué. Hermano, quizá no todo el mundo entiende esto, pero el judío lo entendía. Todos entendían lo que era la delegación. Había situaciones en que el anciano de la congregación ponía su mano sobre el joven, y cuando le ponía la mano lo que le estaba diciendo es: “Este es el próximo”. Lo estaba legitimando, le estaba endosando, le estaba respaldando.
Qué triste es ver líderes que se levantan que nadie podría hablar por ellos. Una vez hablé con una persona que me dice que quiere sembrar una iglesia y yo le pregunto: “¿Y cuál es tu iglesia ahora mismo?” “No, yo no tengo iglesia, yo estoy buscando un grupo”. “¿Y no hay nadie que te endose?”. “No”. Entonces le pregunto: “¿Hay algún líder que pueda hablar por ti?, ¿hay alguna persona que pueda decir quién eres tú, de dónde tú vienes?”. Ha salido peleado de todos los lugares, no puede hablar bien de ningún líder que haya tenido.
Hermano, ¿quién te endosa?, ¿quién te pone la mano?, ¿quién te aúpa? Tengo que decirle: de algún modo, toda congregación tiene gente que habla por esa congregación, y todo líder tiene personas que hablan por ese líder. Qué diferente fuera esta iglesia si yo estuviera aquí tirado “al garete”, por ejemplo, si no hubiera nadie que pudiera decir: “Yo lo conozco”. No le parece que son asientos distintos. Qué distinto sería esta iglesia si el que viniera aquí dijera: “No, porque yo no tengo ninguna congregación”. Yo tengo que decir, hermano, que si acaso yo estoy aquí hoy es porque en algún momento él tuvo que decirlo públicamente. No lo dijo por compromiso, lo dijo porque estaba convencido de eso. Quizá yo estoy hoy en el ministerio porque José Parra en un momento me empujó.
El valor de que alguien te ponga la mano
Y en situaciones, hermanos, donde en mi mejor momento, de algún modo Parra me puso la mano. Un líder levanta a otro líder. Hermano que te estás de algún modo abriendo a la posibilidad de entrar al liderazgo, de ser mañana un maestro, de ser mañana un pastor, de ser mañana un líder, de ser un obrero: trata de que, antes de irte de cualquier lugar, cuando tú te vayas, alguien te ponga la mano. Y si acaso tú te vas y no dio tiempo a que te pusieran la mano, busca a esa persona y que te la ponga.
¿Pueden entenderme esto? O sea, trate de, antes de usted irse de cualquier lugar, que la persona bajo cuya supervisión usted ha estado sirviendo le ponga la mano. Y si por alguna razón no dio el tiempo para que le ponga la mano cuando estaba saliendo, búsquelo usted y dígale que se la ponga. Si usted está aquí hoy y usted de algún modo salió de otro lugar, busque a esa gente y que le endosen.
Yo testifico, hermano, que en un momento, por imprudente, por imprudente, apareció una gran oportunidad de servicio. Yo me lié en las oportunidades ministeriales. Me lié en eso, me lié. Estaba en eso, no salía. Yo tenía compromisos para predicar aquí, compromisos para predicar allá, diferentes congregaciones que me solicitaban. Ayudaba aquí y ayudaba allá, y llegó un momento, hermano, en que durante seis meses yo no vi a mi Pastor, no veía a Parra. Y ya virtualmente yo estaba fuera de la congregación. Yo había hablado con él un año antes y le dije que iba a estar ayudando a otras iglesias, pero hacía meses que no lo veía. Y cuando comenzamos la iglesia, en el primer culto de la iglesia, Parra no estuvo aquí.
Después yo analicé: “Pero Parra no me ha puesto la mano, pero cuidado… pero cuidado”. Hermano, y yo caigo humildemente en su oficina y le digo: “Pastor, mire, yo me imagino que ya le habrán dicho que la iglesia comenzó”. “Oh sí, Junior, tú me dijiste que ibas a sembrar la iglesia y toda la cosa”. Y le dije: “Yo lo que quiero es que usted sepa que de algún modo yo cuento con usted”. “Sí”. Y le dije: “A mí me gustaría que eventualmente usted vaya un día y predique y ore por uno, aunque sea, y que ore por los líderes de la iglesia, y que ore por mí”. Hermano, lo que yo estaba buscando es que me pongan la mano.
Le repito de nuevo: trata de antes de irte de cualquier lugar, trata de que tu líder ponga la mano sobre ti. Y si no te la puso, después tú búscalo y dile que te la ponga. Qué triste ver a estas personas que donde quiera que van andan como sublevados, andan como que salieron mal de un lugar, andan en conflicto, andan echando como peste sobre los lugares donde estuvieron antes. Hermano, sea humilde y, como Josué, permite que alguien te ponga la mano. Poner la mano, como decía Edwin, significa autoridad, significa delegación, significa “estamos de acuerdo contigo”, significa “eres el próximo”, significa “te encomendamos”.
Se describe en la iglesia primitiva que cuando alguien recibía llamado del Señor para ir a algún lugar, la congregación completa le ponía la mano. Le decía: “Hermano, te estamos respaldando, estamos contigo en esto y de algún modo te endosamos”. Me muevo un poco más.
“Y lo pondrás delante del sacerdote Eleazar y delante de toda la congregación, y le darás el cargo en presencia de ellos”.
— Números 27:19
Hermanos, no solamente lo estaba endosando, también lo estaba instalando. Yo me pongo a pensar: quizá los hijos estaban ahí medio “bembúditos”. Yo me imagino que Eleazar, hermano, que era sobrino de Moisés, tenía su chimbita puesta. Sobrino de Moisés, tenía ahí su: “Ay, ¿y por qué están poniendo a Josué?, ¿y por qué no yo?”. Hermano, cada vez que hay que instalar a un líder, hay gente que genera reacción, y eso siempre tiene su: “Sí, y fue fulano; ¿y por qué a fulano y no a mí? Yo tengo más tiempo”.
Hermano, ten paciencia en eso, porque se instala un líder a la vez. Eventualmente, otra generación, la de Eleazar, también fue levantada, y dice la Biblia que esa generación dio tanto fruto como la generación de Josué. Pero Moisés fue y buscó a Josué y lo instaló delante de la congregación. Hay gente, hermano, que está acostumbrada a trabajar siempre con el mismo líder, Moisés, y ahora: “¿Y siempre va a ser él?, ¿y por qué ahora es Josué?”.
Mañana va a pasar en esta iglesia que instalemos líderes nuevos y los pongamos al cuidado de la congregación, y hay gente entonces que no se va a sentir bien, que va a tener como roces. En humildad, hermano, espera tu momento. Entiende, sobre todo, que el Dios que logró que Moisés fuera un gran líder también puede lograr que Josué lo sea. Tranquiliza tu corazón, hermano. El Dios que tuvo misericordia del liderazgo saliente, al mismo tiempo será el Dios que tendrá misericordia del liderazgo entrante.
“Y Moisés hizo como Jehová le había mandado, pues tomó a Josué y lo puso delante del sacerdote Eleazar y de toda la congregación, y puso sobre él sus manos y le dio el cargo, como Jehová había mandado por mano de Moisés”.
Dios habla al nuevo líder: “Esfuérzate y sé valiente”
Quiero terminar, hermano, leyendo el primer capítulo del libro de Josué y diciéndote lo siguiente. Busca Josué capítulo 1. Vamos a ver a Josué instalado. Moisés le entregó el cargo a Josué. Moisés impuso sus manos sobre Josué. Y Moisés había dedicado tiempo a entrenar a Josué. Pero ahora llega el momento en que ya Moisés no está. Moisés murió, tal como el Señor le había dicho, y ahora está Josué solo delante de la congregación. Miren lo que sucedió:
Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: “Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie. Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Éufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol será vuestro territorio. Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas”.
— Josué 1:1-9
Aconteció que después de la muerte de Moisés, siervo de Jehová, Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés. Oigan cómo el Señor llama a Josué: servidor de Moisés. Diciendo: “Mi siervo Moisés ha muerto. Ahora, pues, levántate y pasa este Jordán tú y todo este pueblo a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie, desde el desierto y hasta el Líbano, hasta el gran río Éufrates, toda la tierra de los heteos, hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio. Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida. Como estuve con Moisés, estaré contigo. No te dejaré ni te desampararé”. Me gusta este versículo: “Esfuérzate”. Lo mismo. Lo mismo. O sea, no te quedes ahí como esperando que llueva de arriba para abajo. Esfuérzate.
Líder potencial en nuestra congregación, vengo a decirte hoy: esfuérzate. O sea, trata de que, humanamente hablando, lo que el Señor te ha dado no dejarlo guardado. Esfuérzate. “Y sé valiente, porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente, de nuevo, esfuérzate y sé valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó. No te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley. Sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito, porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien. Mira que te mando, de nuevo, esfuérzate y sé valiente. No temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo dondequiera que vayas”.
El Señor le recordó que no se apartara ni a la izquierda ni a la derecha de la ley. Pero ¿saben qué le dijo varias veces? “Esfuérzate y sé valiente”. Hermano, la ciudad de Santo Domingo necesita líderes. La ciudad de Santo Domingo necesita maestros. La ciudad de Santo Domingo necesita pastores. Yo puedo hacer, primero, lo que yo te puedo decir a ti hoy en esta segunda parte de la serie sobre liderazgo, es lo mismo que le dijo varias veces el Señor a Josué: esfuérzate, sé valiente, no temas, no desmayes. Jehová tu Dios estará contigo dondequiera que vayas.
Permítanme orar por ustedes, para que el Señor les acompañe en este proceso.
Oración final por obreros y por la ciudad
Te presento a mis hermanos, Señor. Mira que hemos estado motivando el liderazgo, Señor. Hemos estado desarrollando programas para capacitar líderes. Te pido desde ahora, Señor, por mis hermanos que están aquí reunidos. Mira aquellos, Padre, que podrían mover eventualmente al pueblo, entrarlo y sacarlo. Mira aquellos, Señor, en los que tú has puesto espíritu, que has puesto en ellos vigor, que has puesto en ellos capacidad, Señor, de disponer cosas.
Ay, Padre, permite que el liderazgo comience a inquietar gente en nuestra congregación. Danos la satisfacción de que en los próximos años se levanten en nuestra iglesia, Señor… Ay, qué bonito sería, Señor, si nuestra iglesia tuviera el privilegio de levantar desde aquí los próximos maestros que discipulen esta ciudad. Qué privilegio sería, Señor, si de nuestra iglesia, Pez Mundial, se levantara la generación de hermanos que no se desvían de tu Palabra ni a la izquierda ni a la derecha, pero que se esfuercen y sean valientes para mover el pueblo de un lugar al otro. Ten misericordia de Santo Domingo, Señor, y responde a través del liderazgo.
Espero un momentito, hermano, para que tú pienses que el próximo líder podrías ser tú. Te doy un chancecito, hermano, para que tú pienses que yo no voy a estar aquí para siempre. Doy un chance, hermano, para que te abras a la posibilidad de que quizás mañana el Señor ponga otro líder sobre ti. Oro por ti, hermano, para que el Señor ponga en ti la humildad y el desprendimiento que puso en Eleazar, en todos los hijos de Aarón.
Oro por ti, hermano, para que, ya sea que el Señor traiga un líder nuevo sobre ti o que el Señor te levante a ti como un líder nuevo sobre nuestra congregación, el Señor te permita poner los ojos más allá de tu propio interés, en el interés colectivo, y que te estilice ese avance. Doy un chance, hermano, ahí para que tú te preguntes a ti mismo: “¿Puedo ser yo un próximo maestro de esta iglesia?”. Oro por ti, hermano, para que te preguntes a ti mismo: “¿Podría ser yo un próximo pastor en esta ciudad?”.
Ay, Padre, envía obreros, envía obreros, Señor. ¡Cuánta necesidad! Así como hay gente académicamente formada, haya gente espiritualmente formada para que cuide de Santo Domingo.
Ay, Señor, mira cómo Santo Domingo crece económicamente, mira cómo crece profesionalmente, pero mira cómo decrece espiritualmente. Ay, Señor, mira esta ciudad, cómo avanza en diferentes aspectos. Mira cómo cada vez hay más torres, cómo cada vez hay más vías de comunicación. Mira, Señor, cómo crece la infraestructura de Santo Domingo, pero mira, Señor, el liderazgo cristiano, cómo cada vez se ve más escaso. Levanta, Señor, maestros en nuestra iglesia en diferentes momentos de su vida, que se hagan disponibles para cuidar de esta ciudad.
Termino orando por la congregación en la semana. Encomiendo, Señor, a mi iglesia en esta semana. Permite que este domingo, Señor, cuando salgamos de aquí, vayamos a nuestra casa y sigamos con nuestra mente centrada en ti. Encomiendo a mis hermanos, Señor, que irán a sus diferentes trabajos. Encomiendo a aquellos que estarán formándose ahora, Señor, en nuestro primer curso de Cristianismo Básico. Te encomiendo, Señor, a nuestra gente para que esta semana sea una semana de victoria, para que esta semana, Señor, sea una semana de concreciones.
Para que esta semana, Señor, del mismo modo que les estoy retando yo, Padre, para que se abran a la posibilidad de dirigir, para que se abran, Señor, a la posibilidad de ser instrumentos tuyos para el beneficio de tu iglesia, así mismo, Señor, en la semana ellos sigan inquietados y que busquen más. Levanta líderes en nuestra iglesia, Señor. Envía obreros. Cuida de esta ciudad, Señor. Respóndenos por medio de líderes. Así como Israel clamaba, Señor, y tú enviabas un juez, así nuestra iglesia clama, Señor, para que tú mandes líderes. Todo esto para la gloria tuya, en el nombre de Jesús. Amén.