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Cómo vencer la soledad

Eclesiastés 4:7-12

Dios nos creó para la vida en comunidad; las relaciones son más valiosas que los bienes materiales y, con la ayuda del Señor, podemos vencer la soledad.

Predicado5 de noviembre de 2023
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Yo me volví otra vez, y vi vanidad debajo del sol:

Está un hombre solo y sin sucesor, que no tiene hijo ni hermano; pero nunca cesa de trabajar, ni sus ojos se sacian de sus riquezas, ni se pregunta: ¿Para quién trabajo yo, y defraudo mi alma del bien? También esto es vanidad, y duro trabajo.

Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto.

— Eclesiastés 4:7-12

Introducción: el problema de la soledad

Es el libro de Eclesiastés, en el capítulo cuatro, desde el versículo 7 y hasta el 12. Y quisiera, desde esta porción de la Escritura, mostrarle a la congregación cómo, con la ayuda del Señor, escuchen la expresión, cómo con la ayuda de Dios, no en nuestras propias fuerzas, sino con la ayuda del Señor, podemos vencer la soledad. Es el libro de Eclesiastés, en el capítulo cuatro, versículos 7 al 12. Dice así la Sagrada Escritura, la Palabra de Dios.

“Yo me volví otra vez”, dice el autor de Eclesiastés, “yo me volví otra vez y vi vanidad debajo del sol. Está un hombre solo y sin sucesor, que no tiene hijo ni hermano, pero nunca cesa de trabajar, ni sus ojos se sacian de sus riquezas, ni se pregunta: ¿para quién trabajo yo y defraudo mi alma del bien? También esto es vanidad y duro trabajo.

Mejores son dos que uno, porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo!, que cuando cayere no habrá segundo que lo levante. También, si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas, ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto”. Pueden sentarse.

Introduzco esta porción de la Escritura diciéndole que, aunque el matrimonio es una de las relaciones más valiosas que nuestro Dios nos ha dado, este texto, aunque frecuentemente es utilizado en bodas para alentar a los matrimonios, no se limita estrictamente a las relaciones matrimoniales ni familiares. Este texto de Eclesiastés es una celebración del compañerismo.

Es una oda a la vida en comunidad, y está el autor de Eclesiastés estimulando a todos los lectores al respecto de que estar acompañado es mucho mejor que estar solo. Esto aplica para la amistad, aplica para la familiaridad, aplica también para el matrimonio, para la crianza de los hijos, a los compadres, los amigos, los vecinos y cualquier relación que tiene que ver con más de uno.

La vida en comunidad como diseño de Dios

El mundo contemporáneo nos vende la idea de que un solitario tiene una vida superior, y no es así. Los seres humanos no hemos sido creados para la soledad; hemos sido creados para la vida gregaria, para la vida en comunidad. Y cualquier expresión de familiaridad, compañerismo, amistad debe ser celebrada, y es lo que está haciendo el autor de Eclesiastés.

Es cierto que el matrimonio es muy satisfactorio, es un regalo de Dios, pero no todo el mundo va a participar en el matrimonio. Pero, por el privilegio del Señor, a casi todos nos ha tocado una familia; si no una familia natural, por lo menos una familia de acogida. Este texto de Eclesiastés lo que está celebrando es la vida en comunidad. Nos dice que “mejores son dos que uno”, que ser un solitario no es un estado mejor, sino pobreza.

Comienza con un pequeño relato sobre un hombre solitario, con muchos bienes y pocas relaciones, y luego avanza con cuatro beneficios de la vida en comunidad. Le pido al Señor que me permita transmitirle a la congregación una actitud exaltada al respecto del compañerismo. No pretendo yo engañar a nadie: vivir en comunidad es doloroso, es difícil, es agotador, pero es mejor.

Ese refrán que dice “mejor solo que mal acompañado”, en algún sentido, por temporadas, todos estaremos más o menos bien acompañados, pero es mejor estar más o menos bien acompañado que estar en soledad. Yo quisiera que ustedes salgan de aquí diciendo que si usted tiene un hijo en su vida, ya su vida es mejor; que si el Señor le ha dado padres, usted debería estar agradecido de tener padres; que si Cristo, en su misericordia, le ha permitido tener amigos, hermanos, ya su vida es mejor que su estado anterior, que el compañerismo es un estado superior a la soledad.

De hecho, este mundo caído y sin Dios está diseñado para que usted termine solo. Cuando titulo la enseñanza “Cómo vencer la soledad”, le titulo así porque este mundo sin Dios está diseñado para que usted muera solo. Y solamente por la misericordia de Dios podemos suspender la soledad.

El plan del enemigo y la misericordia de Dios

El plan estratégico del diablo es que usted termine solo, porque el ser más solitario que hay en toda la creación de Dios es Satanás. Satanás fue desterrado de la presencia de Dios, de la comunión con Él, y en este momento habita en la más palpable soledad, y su plan estratégico es que los hombres sin Dios terminen en soledad. De forma tal que, si en su casa todavía hay algún familiar, por lo menos uno, ya su vida es mejor.

Los conflictos, las expectativas desbordadas, la vida ajetreada en la cual nos ha tocado convivir, está todo servido de forma tal que usted termine solo; pero por la misericordia de Dios todavía hay familia, por la misericordia de Dios todavía hay iglesias, por la misericordia de Dios todavía hay amigos. Quisiera hoy rescatar la vida en comunidad como un regalo del Señor.

No predico en el vacío. Yo estoy persuadido, y los números lo confirman, de que en este momento habitan en el planeta Tierra tres de las generaciones más prósperas de toda la historia. Yo soy pastor, no economista, pero veo los números, y dicen los economistas que en los últimos 1500 años el progreso económico había sido relativamente lineal, pero los últimos 150 eso se ha disparado en una curva tan pronunciada que es difícil hasta graficarlo. La prosperidad es mayúscula.

Vivimos en un mundo muy conectado, vivimos en un mundo rodeado de tecnología, pero el ser humano, año tras año, se encuentra más solo, y uno de los problemas mundiales son las personas en soledad. Se piensa en el abuelito que nadie lo visita, pero lo que dicen las estadísticas es que los jóvenes de las nuevas generaciones están aún más solos que sus abuelos.

Y que el dolor más profundo en la vida de la gente no es el dolor físico, sino el dolor emocional de sentir que estás rodeado de gente, de comunicación, pero estás solo. La soledad es uno de los problemas humanos de nuestros días. Las familias tienden a ser mucho más pequeñas y distantes, y las relaciones en general son mucho más superficiales que antes.

Soledad emocional y propósito de la iglesia

Hay un tipo de soledad muy desesperante: usted sentirse rodeado de gente, pero no conectado con nadie. No es la voluntad de Dios que uno viva así. La Escritura rescata al compañerismo como un estado mejor. Dios quiere que usted tenga sentido de pertenencia. El Señor quiere que usted tenga familiaridad. El Señor quiere que los abuelos se conecten con los nietos y que los padres se conecten entre ellos.

Lo menos que quiero yo es venir a hacerle sentir culposo, porque ya tenemos demasiado. De hecho, en este momento los padres ya le dieron su evaluación de medio término. Si tienen dos niños, ya le dieron dos evaluaciones; tres, y los padres vivimos cansados porque todo el mundo nos reprende por dondequiera que uno va caminando: “tienen que hacerlo mejor, no lo están haciendo bien”. El mundo caído no nos viene a la iglesia a eso. La iglesia del Señor es de los pocos lugares en esta tierra donde hay esperanza, y hay esperanza porque el Señor no ha venido a reprendernos, Él ha venido a exhortarnos, y Él nos da tanto la exhortación como la capacidad. Y con la ayuda del Señor podemos vivir en comunidad.

No es un asunto de darle un listado de cosas para que usted salga y las haga, es un asunto de mostrarle cuál es el consejo de Dios y, al mismo tiempo, mostrarle a Dios, de forma tal que dependamos de Él. Y con la ayuda del Señor podemos vencer la soledad. ¿Cómo podemos vencer la soledad? Dos estrategias. Lo primero es entender que las relaciones son más valiosas que los bienes materiales.

Dice la Escritura, figuradamente hablando, en el versículo 7, que él volvió y vio otra vez, y vio vanidad debajo del sol. Cuando el autor de Eclesiastés habla de “vanidad”, literalmente está hablando de humo. Es algo que se desvanece. Vanidad en la Escritura es una ilusión, es algo que no da seguridad, que no da satisfacción.

Vanidad, en los términos de Eclesiastés, es algo en lo cual los seres humanos ponen la confianza porque les encanta, pero no vale la pena. ¿Cuál fue la vanidad que él vio? La vanidad de un hombre solitario que está tratando, a través de los bienes materiales, de encontrar satisfacción. No hay satisfacción en los bienes materiales, a menos que haya también relaciones.

El hombre solitario y la ilusión de las riquezas

Dice: “Está un hombre solo y sin sucesor”. Un solo versículo, pero qué dramático: que no tiene hijo y tampoco hermano. Este hombre no tiene familia. “Pero nunca cesa de trabajar, ni sus ojos se sacian de sus riquezas, ni se pregunta: ¿para quién trabajo yo y defraudo mi alma del bien? También esto es vanidad y duro trabajo”. Es la vida de un hombre solitario.

El mundo contemporáneo nos muestra que un hombre exitoso es un hombre que rompió todas sus relaciones, de forma tal que pudo priorizar el beneficio económico. La Escritura muestra eso como vanidad, como locura, algo que no vale la pena. El mundo te muestra que el camino correcto es no tener hijos, que el camino correcto es ni siquiera casarte, que el camino correcto es ser un solitario, y que si eres un solitario entonces tus posibilidades económicas se van a maximizar. La Escritura muestra esto como pobreza.

Desde el pensamiento de Dios, las relaciones valen más que los bienes, y la única manera de disfrutar los bienes es teniendo relaciones. De nada sirve hacerte rico, priorizar el trabajo duro, si no hay con quién celebrar la riqueza. Lo que está mostrando la Escritura es que esto es vanidad.

De nuevo, hermano, amigo, lo menos que quiero yo es hacer el trabajo del diablo. El diablo quiere que tú te sientas culposo. El Señor quiere que tú sientas esperanza. Quizás estás trabajando duro porque entiendes que al final de la línea, al final de la historia, hay satisfacción. No hay satisfacción. La satisfacción no está en los bienes materiales. La satisfacción está prioritariamente en las relaciones.

Es más fácil decirlo que vivirlo. Vivimos en días donde los hombres, aun pudiendo tener matrimonio e hijos, posponen el proyecto familiar porque están buscando enriquecerse. La Escritura muestra que las riquezas no están en los bienes materiales. ¿Cuántas son las personas que están tomando decisiones en contra de sus relaciones y a favor de sus bienes? La Escritura muestra esto como locura.

Si se resume, es un hombre sin familia. Está solo y sin sucesor, pero al mismo tiempo no tiene ni siquiera un hermano. Estoy persuadido de que la Escritura no está poniendo el foco principalmente en el matrimonio, está poniendo el foco en las relaciones.

Relación versus bienes: hijos, hermanos y tiempo

¿Cuántos hombres prósperos, pero solos, conocen ustedes que en este momento están en soledad? ¿Cuántas son las personas que pueden tener todo lo que el hombre moderno entiende que hay que tener: el carro, el apartamento y las vacaciones, pero no hay con quién compartir las vacaciones, no hay a quién montar en el carro, y la casa está vacía? Comprar la siguiente casa no creará más satisfacción en tu vida. Probablemente vivir alquilado, con familia, es mejor que tener una casa propia en soledad.

El mundo te arrincona y te muestra que las relaciones empobrecen. La Escritura te abre los ojos y te muestra que gran parte de las riquezas de la vida del hombre está en tener amigos, en tener matrimonio, en tener hijos, en tener familia. Es interesante que el autor mencione hijos y mencione hermanos, pues no todo el mundo se va a casar, no todos tendrán hijos, pero todos necesitamos tener familias.

Yo veo que las personas piensan que el matrimonio es el todo del hombre. No es así. El matrimonio es el todo de algunos hombres porque quizá no tuvieron padres, porque quizá no tuvieron hermanos, porque quizá no tienen amigos. Dios ha diseñado la vida de forma tal que sean relaciones muy ricas y muy variadas. No es un solo tipo de relación. Para tener una vida plena hace falta tener muchas relaciones, y mientras más relaciones nutridas, más rica estará tu vida.

Aquí hay un “pero”, y yo creo que el “pero” es una crítica. Recíbalo en amor. Después que se menciona al hombre, hay un “pero”: el hombre no tiene hijos ni tiene hermanos. No quiero abusar del texto, pero hay gente que tiene hijos y hermanos, y es como si no los tuviera, porque hijos y hermanos requieren tiempo. Hijos y hermanos requieren tiempo, entiendan esto.

Hay un hombre que aparece, que es el caso más triste: aquel que no tiene en lo físico ni hijo ni hermano; pero el más triste es el que tiene hijos y hermanos y es como si no los tuviera, porque, ¿qué le debería dar a los seres humanos? Los está atendiendo a sus bienes. Hay un “pero”. ¿Cuál es el pero?

Dice que no tiene hijos ni hermanos, o sea, no tiene familia. Pero nunca cesa de trabajar. Ay, que el Señor tenga misericordia, porque son muchas las personas que están en este momento distraídas en el trabajo porque no quieren recordar que no tienen ni hijos ni sirven ni tienen hermanos. Dice que este hombre no cesa de trabajar.

Lamentable, pero las empresas priorizan contratar ese tipo de perfil. ¿Cuál es el perfil atractivo? Es el ejecutivo que no tiene hijos ni hermanos, es el ejecutivo que no tiene niños pequeños, es la persona de mediana edad que nunca se casó, es aquel que su vida es el negocio, que no anda pensando que hay que pasar tiempo en la familia, no. Él anda pensando que hay que maximizar el beneficio económico.

Preguntas que despiertan: ¿para quién trabajo?

Ese es el perfil atractivo para las empresas. Una madre no es atractiva, un hombre responsable en su casa no es atractivo: “está muy atado”. Pero es feliz, es bienaventurado, es un privilegiado. Este, pero, el que nunca cesa de trabajar, que ni sus ojos se sacian de sus riquezas. Y lo más lamentable es que nunca se pregunta, dice la Escritura.

Yo quisiera que la gente salga de aquí por lo menos preguntándose. Las preguntas a veces son el medio de gracia en el cual el Señor interviene. Son las tres cosas que dice el texto que el hombre no hace: no cesa de trabajar, no se satisface ni se hace preguntas. ¿Y cuál es la pregunta que hay que hacerse?

“¿Para qué trabajo? ¿Por qué hago lo que hago?” Es duro responder esa pregunta, y maduro es cuando la gente realmente lo logra. Muchas personas están más entretenidas porque no lo han logrado. Si tú lograras acumular bienes, te darías cuenta de lo insatisfactorios que son los bienes cuando no hay con quién compartir esos bienes.

Yo creo que la vida de mucha gente todavía es viable porque no lo han logrado, porque si lograran tener muchos bienes y pocos amigos, se dieran cuenta de la locura en la cual estuvieron viviendo. Y eso no se recupera. Tú puedes acumular bienes durante 40 años, y probablemente digas: “ahora tengo 20 para disfrutarlo”. Los 20 años últimos no van a dar el tiempo de hacer las relaciones con las cuales se disfrutan los bienes.

No quiero azotar a nadie, pero las relaciones hay que comenzarlas temprano para que sean satisfactorias. “Ni se pregunta”. La pregunta: ¿para qué? ¿Para qué trabajas? Yo me hago esa misma pregunta: ¿y por qué trabajo?, ¿por qué lo hago?, ¿por qué me esfuerzo? La respuesta más llana es que te estás esforzando porque realmente tú entiendes que, si te esfuerzas un poco más, vas a encontrar el deleite y la satisfacción.

Dice el Evangelio que la vida del hombre no consiste en los bienes que posee, pero pareciera que sí, y hay un ejército que te recuerda todos los días que si tú lo logras, entonces vas a estar satisfecho. Qué triste la persona que lo logra. Eso siempre termina en vanidad, eso siempre termina en decepción. Para algunos hasta termina en suicidio. Y es que lo lograron. ¿Y ahora para qué?

Priorizar relaciones sobre bienes

Y mientras más tengas, ese “para qué” va a ser más doloroso. “No pasé tiempo con mis padres, no pasé tiempo con mis hijos, no dediqué tiempo a mis hermanos, no tuve tiempo ni siquiera para Dios. Yo nunca me pude congregar en una iglesia porque siempre prioricé lo económico”. Cuando se te está acabando el tiempo, te vas a tener que preguntar “¿para qué?”, para estar más insatisfecho que la media de los hombres. Hay personas que tienen menos que tú y tienen más plenitud.

Yo creo que este es uno de los propósitos del día de reposo: que el hombre reflexione para qué está trabajando. Ey, si tú tienes padres todavía, tómate tiempo, busca a tus padres. Si tú tienes hijos: “no, que mis hijos están grandes”, busca a tus hijos. Si tú tienes hermanos, el Señor no los mandó a desaparecer, búscalos.

O sea, tú tienes amigos, un compadre, llama al compadre. Un día pasa algo con una persona y le pregunté: “¿y el compadre tuyo dónde está?”. Me dice: “pero tú eres un pastor evangélico, los evangélicos no bautizan los hijos, ¿para qué tú me preguntas el compadre?”. Es que tú necesitas relaciones en tu vida, tú no puedes ser un solitario. Un solitario es peligroso. ¿Dónde están los amigos con quienes disfrutas estar?

Primera cosa para vencer la soledad es entender que las relaciones son más valiosas que los bienes. No te sientas insatisfecho porque te falte un cero en tu cuenta corriente. Siéntete insatisfecho porque no has tenido el tiempo de atender las relaciones que Dios te ha dado.

Segunda cosa: recuérdate los beneficios de la compañía, que son muchos. Y aquí hay cuatro beneficios. Es interesante que no está describiendo aquí los beneficios de los bienes, no, los beneficios de las relaciones. Porque las relaciones, según el pensamiento de Dios, son más importantes que los bienes.

De nuevo, hermano, el Señor no solamente te da un estado de cosas para que tú las hagas, Él te da la capacidad. Y si el Señor te ha inquietado respecto de algo, no dependas de ti mismo. Él te pone el querer como el hacer, por su buena voluntad. La iglesia es el lugar donde hay esperanza. No es acusarte, es mostrarte el camino y al mismo tiempo mostrarte la dependencia de Dios.

¿Cuáles son los beneficios del “no va el dos” ese? Nos mencionan cuatro beneficios de estar acompañados, de forma tal que te están demostrando que como solitario no estás de nada. Eso parece como sofisticación, una persona diciendo: “yo no dependo de nadie”. Dios quiera que tú dependas de alguien. “Yo puedo con llevar mi vida yo solo”. No puedes. Hay años donde la gente entiende: “yo soy suelto”. No, tú no puedes ser suelto.

Primer beneficio: mejor recompensa trabajando juntos

Los seres humanos somos codependientes. Tú me necesitas, yo te necesito, y no estoy hablando solamente de la familia primaria. Tú necesitas muchas relaciones para tener una vida plena. La satisfacción del hombre está en sus relaciones.

Primera razón, primer beneficio, dice el versículo 9: “Mejores son dos que uno, porque tienen mejor paga de su trabajo”. Esa es una razón. Esta elección debe ser consciente y premeditada, pues es realmente difícil trabajar junto a otros, y cada año tendrás innumerables razones para quedarte solo. Pero tú debes elegir el compañerismo, debes elegir la vida en comunidad. Dos o más es el estándar de Dios.

El mundo ha sido diseñado de forma tal, el mundo sin Dios, que el triunfador solitario recibe los aplausos. En la perspectiva de Dios, estar acompañado es mejor que estar solitario, de forma tal que tú debas elegir y ver como un privilegio poder trabajar en equipo.

Bueno, esa no era mi personalidad antes de venir a Cristo. Antes de venir a los caminos del Señor yo era el tipo solitario que me entretenía por mis propios medios. Yo decía: “yo mismo puedo”. Humildemente he reconocido que yo necesito otros seres humanos para tener una vida plena.

Y que el lobo solitario es un estado muy deplorable con relación a aquel que está acompañado. Yo mismo prefiero estar mal acompañado a estar solo. Y si tú me pones a elegir otro ser humano para más o menos convivir, o quedarme solo, dame el otro ser humano, dámelo. Y si me das los mejores, mejor aún. Es una convicción, hermanos.

O sea, si tú no tienes esa convicción, siempre vas a terminar solo, porque las relaciones están llenas de malentendidos, las relaciones están llenas de responsabilidades. Cuando tú trabajas junto a otro, hay una lentitud inicial. “Yo solo lo hago más rápido”. Es verdad. El asunto es que acompañado da más satisfacción. Deje la mezquindad de pensar que usted solo puede, que usted solo no puede.

Busque a otros. “Bueno, es que a mí no me gusta, a mí me gusta yo solo, porque cuando uno hace con otros, eso trae conflicto”. Y es verdad. Yo elijo los conflictos. Dénme los conflictos y denme otro ser humano.

Volví a ver la película del Padrino y me llamó la atención que Michael Corleone termina solo, y una de las escenas más tristes del cine es cuando Michael Corleone termina en una silla, muriéndose, y solamente sale un perrito. Bueno, trate de no morirse junto al perrito. Hay que tener hijos, hay que tener amigos, hay que tener padres, hay que tener hermanos, hay que abrazar la salvación. Aquí también vecinos, compañeros de trabajo.

El mundo contemporáneo nos vende la salvación de cómo nosotros podríamos usar a los seres humanos como si fueran electrodomésticos. Ellos no son electrodomésticos, son seres humanos que tienen la imagen de Dios, y eso vale mucho.

Trabajo, presencia y calor humano

“No, yo trabajo desde mi casa, hay gente que no volvió a la oficina porque ‘no, el teletrabajo, yo de mi casa’”. Hermano, el teletrabajo es un estado inferior a causa de que te impide trabajar con otros que tienen la imagen de Dios, y parte de la satisfacción en la vida de uno está en eso. Es mejor en vivo que por Zoom.

La imagen de Dios está en el ser humano, y eso debe producir un deleite en aquel que tiene entendimiento. “No, yo no necesito a nadie para hacer mi trabajo, yo elegí una carrera que yo la puedo hacer trabajando a distancia”. No, hermano, elija trabajar de cerca con otros seres humanos, que eso enriquece mucho. Es muy satisfactorio para el que tiene convicción.

Primera cosa: hay mejor retribución cuando trabajas junto a otros. En el mundo de las inversiones, normalmente los grupos de inversión eligen empresas que tengan más de un fundador, y el solitario casi nunca recibe capital. Vamos mirando que hay mejor paga por su trabajo.

Hay una expresión recurrida en liderazgo que dice que, si tú quieres ir rápido, ve tú solo, pero si quieres ir muy lejos, entonces ve acompañado. Las cosas que vale la pena se hacen de más de dos. El mundo te dice que no, que tú solo puedes. No puedes tú solo.

“Si me quedo solo me voy a poner triste. Si me quedo solo no tendré con quién compartir. Si me quedo solo, entonces voy a producir mucho menos”. Es un asunto de convicción, porque razones habrán, año tras año, para quedarte solo. Cada vez que se pongan difíciles las cosas, si tú no estás persuadido de que ese es el diseño de Dios, te vas a quedar solo.

Recuerda que estoy trabajando para que venzamos la soledad, y hay que vencerla año tras año. O sea, tú vas a tener razones para quedarte solo, pero tú eliges a los seres humanos de nuevo.

Segundo: hay mayor seguridad. Dice el versículo 10: “Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere no habrá segundo que lo levante”. Hay mayor seguridad. Esta parte del texto abrió mis ojos al compañerismo general más allá del matrimonio.

“¡Ay del solo!”. Ese “ay” tú tienes que sentirlo, porque parece que el autor quiere que tú lo sientas. Él no escribió muchas cosas; puso un “ay”, como “uf”, de forma tal que tú lo sientas. Hay cosas que no son para entender, hay cosas que son para sentirlas, y después que tú las sientes tú las entiendes. Un sentido de lamento: que de verdad no tiene nadie que lo haga con él, uf.

Que esa persona tiene tanta responsabilidad sobre sus hombros y él está él solo, uf. ¡Ay del solo! Que le está yendo tan bien y no tiene con quién compartir su alegría, ay, qué lamento. Que le dieron el ascenso y no hay nadie a quién llamar. ¿A quién tú puedes llamar ahora? ¿Con quién vas a gozar? ¿Quién te va a celebrar? “No, no tengo a nadie”. ¡Ay del solo!

Caídas, apoyo y el “ay del solo”

Sentido de lamento respecto a la soledad, de forma tal que uno como que se estremece de eso y dice: “yo no quiero que eso prevalezca en mí, yo necesito, yo elijo compartirme”. Esto alude a los viajes del mundo antiguo, que estaban llenos de trampas, de peligros. Y en diferentes formas todos caeremos, por lo cual necesitamos un compañero que nos levante. Si no en lo físico, en lo emocional.

No hay nadie que sea tan fuerte emocionalmente que se mantenga con esa cadencia año tras año: “ahí, ahí, ahí”. Por momentos tú dices “que sí”, y a veces el otro dice: “vamos juntos, que aquí estamos”. ¡Ay del solo!

No criar hijos: la mayor empatía para aquellos que lo han hecho solos. Pero estar acompañado es un estado mejor, y aun el que está solo debe reconocer que criar hijos solo es duro. Hay algunos que están solos y al mismo tiempo promueven que la soledad es mejor. No, no es mejor. Y si usted tiene una abuela que le ayude, intégrela. Y si tiene a alguien que le dé la mano, diga “gracias”, porque ¡ay del solo!

Todos caemos en el desánimo, la frustración, la falta de juicio o de criterio por momentos. ¿Cuántas cosas han sido salvadas porque hubo un compañero que le dijo “no, por ahí no”? ¿Cuántos negocios se fueron a la ruina porque apareció el empresario solitario que no tuvo nadie al lado que le pudiera persuadir: “por ahí no”? ¡Ay del solo!

Aún en la universidad, aquellos que comienzan, estudian juntos, se mantienen juntos, tienen más probabilidad de terminar juntos. “No, yo estudio solo, yo hago mi propia presentación, mi introducción. A mí no me gustan los trabajos en grupo, profesor, deme mi tema a mí, que yo lo hago”. Ay, no, no, no. Así no. Comienza a ejercitar el músculo del compañerismo.

“A mí me gusta ponerle demasiado detalle a mis cosas, yo lo hago solo”. No. Ahí es que viene el fracaso. Permite que los otros también pongan un chin, y eso va a desarrollar el músculo para otras áreas de la vida donde también necesitarás hacerlo acompañado. ¡Ay del solo!

El autor expresó la deplorable condición de la soledad con ese gesto: “ay”. No es para que salgas ahora por la calle a gritar, hermano, pero cuando te lo veas, cultiva el lamento del corazón: que lo logró y nadie le ayudó; de verdad nadie le ayudó.

Llegó solo. Ay, que de verdad le está yendo tan bien y no hay nadie que le esté ayudando, no tiene equipo. Ay, que de verdad él tiene algo que es tan gratificante y no tiene nadie con qué compartirlo. Qué desesperanza.

Tercer beneficio: calor mutuo y límites de la tecnología

Quédese imaginando a una persona que está tomando vacaciones sola, y mira un destino, y mira alrededor y dice: “no hay nadie”. Las memorias de vacaciones son satisfactorias porque hay gente con quien compartirlas. Qué triste estar en un destino turístico, donde hay cosas que ver, y no hay con quién verlas. Qué triste una persona que nadie quiere ver sus fotos. Dele un chancecito ahí, hermano; que se sienta el “ay”, ¿me entiende? Siéntalo, siéntalo un chin, el “ay”.

Wow, uf. Recuerde, hermano, no estoy hablando solamente de esposa e hijos. Es un asunto, un entretejido muy amplio: amigos, vecinos, familiares, padres, abuelos. Gran parte de la satisfacción del hombre es poder lograr cosas cuando todavía tiene seres queridos vivos para podérselo mostrar. “¿Y tú para quién trabajas?” Yo trabajo para que alguien que amo pueda verlo. Comparte tu vida con alguien más. ¿Oyes lo que te estoy diciendo?

Sentido de compasión en lo que transmite ese “ay” ante alguien que está en soledad, un sentido de rechazo a entregarse a esa condición: “ay no, no, no, fulano, no te vamos a dejar a ti solo; el de Apple también”. “No, no, no”; “pero te vamos a dar a ti las dos comisiones”. “No, no me des las dos comisiones, yo prefiero hacerlo con alguien”. ¡Ay del solo!

En un mundo acelerado es fácil quedarnos solos por practicidad: “ahora hay que estar esperando la gente, y yo que no tengo tiempo, no, yo por eso me gusta hacer mis cosas solo”. Ahí. ¡Ay del solo!

Dice el 11: “También”, oye, está dando como argumento tras argumento, “no te quedes solo, no te quedes solo, no te quedes solo”. Dice el 11: “También, si dos duermen juntos, se calentarán mutuamente; mas, ¿cómo se calentará uno solo?”. Ahí comienza la gente a pensar en tecnología: “bueno, están hablando de un asunto figurado”. Te están diciendo que hay necesidades humanas que Dios te quiere suplir a través de otro ser humano.

Es verdad que sí, tenemos aire acondicionado, calentadores, que si pones el aire en 22, una sábana, una colcha y todas esas cosas, pero ese no es el sentido. El sentido es que tú necesitas en tu vida otros seres humanos, porque hay parte de tu vida que el Señor quiere satisfacerlas a través de otra persona.

Vivimos en los días donde parece que la tecnología puede satisfacerlo todo, y no es así. Tú puedes vivir en una casa llena de electrodomésticos y sentirte vacío. Esa es mi generación. Mi generación entiende que hay un gadget o una app para resolver todos los problemas, y no es así. El sentido de compañerismo que da solamente un ser humano, no hay app que lo pueda satisfacer.

Sentido de vacío: estar rodeado de tecnología y sentirte tan solo. Yo creo que hay mucha fortaleza emocional y también mucha humanidad en aquel que puede reconocer que necesita a otros y decirlo abiertamente: “mira, realmente yo te necesito”. Yo creo que a uno le comienza a ir mejor en las relaciones cuando uno manifiesta que uno necesita al otro.

Hermoso un papá que, en vez de estar peleando con los hijos, diga: “mi amor, no es peleando, y no es peleando que yo estoy contigo; es que tú me haces falta, eso es lo que pasa”. Vengan a ver si me entienden. En vez de esos pleitos familiares de que, como que, no sabemos de qué se está peleando, dilo abiertamente: “estoy solo y yo necesito un abrazo, eh”.

Somos seres humanos, no aplicaciones

Yo, en mi hogar —ustedes pueden hablar con mi familia y yo creo que ellos pueden dar precioso testimonio de lo que ha hecho Dios en mi vida, porque eso no salió de mí solo—, pero yo les he dicho a mi gente: “para mí no es negociable; hay que llamarme a mí, hay que llamarme”.

No por una realidad de control, sino porque yo lo necesito. Déjenme el celular, mi nombre no está allá arriba, pero hay que llamarme, hay que buscarme. Sí. Y en la iglesia lo mismo, hermanos. O sea, yo elijo que mi gente tiene que darme cariño. Yo hablo con pastores que me dicen: “no, son tus ovejas”. No. Yo me resisto a tener un tipo de iglesia donde yo sea un comunicador y no sea un miembro. Yo soy parte de este pueblo y yo necesito el cariño de mis hermanos.

Señores, hay que reconocer que somos seres humanos, ¿me entiende? No somos máquinas, no somos aplicaciones, no somos gadgets. Nosotros somos seres humanos, y los seres humanos tenemos hambre de otro ser humano. De forma tal que es muy satisfactorio cuando tú sientes el calor humano. Y no solamente estoy hablando de calor físico, es sentir otro ser humano en tu vida, sentir que hay gente alrededor tuyo. Eso Dios lo diseñó así, y cuando eso se satisface legítimamente, es muy agradable.

Pasar un buen tiempo al lado de un amigo y tú dices: “wow, qué bien me sentí”. Díselo. No uses a los seres humanos como si fueran máquinas, que no lo son. No son botones que se prenden o se apagan. No pases tiempo con otro ser humano y tú lo prendes como que tú le das “siguiente capítulo” en Netflix.

Él es un ser humano, no es Netflix, ¿entiendes? No es como “dale play y ahora el siguiente capítulo”. No. Los seres humanos tenemos que hacer una danza, tenemos que compartirnos. Cuando a ti te dicen: “vamos a bebernos un café”, y tú dices: “yo no bebo café”. No, eso no es lo que te están diciendo; lo que te están diciendo es: “vamos a juntarnos”.

Queremos un dulcecito de por medio, y los seres humanos hablamos, y después entramos en temas más profundos. Y tú dices: “no, vamos directo al punto”. No; es que somos seres humanos, no somos máquinas. Hay algo más. “Eso es lo que a mí no me gusta de hablar con la gente, mejor pedir Uber, mejor todas las aplicaciones”. No uses los seres humanos como si fueran aplicaciones.

No te quedes rodeado de tecnología, que ahora entendemos que todo es así. Para que los seres humanos hablemos de cosas profundas y nos conozcamos profundamente, hace falta tiempo. Entonces no me digas que te vas a dedicar a una regla rígida de 20 minutos: “ponte ahí, coge un ticket, vamos a hablar”. No, no, no. Los seres humanos, eso tiene un nombre, hermano: hay que poder compartirse, distenderse es la palabra.

Tiempo, distensión y múltiples relaciones

Y para distenderse, tú tienes que, si quieres tener una conversación valiosa con una persona, mínimo dos horas, ¿entiendes? No son 20 minutos: “vamos a hablar, a ver, toma tú la minuta”. Esto no es una reunión de trabajo, somos seres humanos que nos estamos compartiendo, y hace falta distenderse, la palabra, podernos compartir.

Dios ha provisto diferentes relaciones para un diferente grupo de necesidades. Hay gente que sobrecarga las relaciones: “no, porque yo tengo un hijo, y con ese hijo yo resuelvo todo”. Suelta un chin al hijo, y agárrese de otro más, porque es demasiado para un ser humano. Un ser humano tiene demasiadas necesidades para que todo se satisfaga a través de un hijo, o de cuatro; no da. O el esposo, o la esposa.

Estoy hablando de la sociedad que tiene el corazón de un ser humano. Hay personas que se casan y piensan que el matrimonio lo es todo. Hermano, el matrimonio es satisfactorio, pero no lo es todo. No lo es todo. Usted necesita un matrimonio, usted necesita unos padres, usted necesita unos hermanos, unos vecinos, unos amigos, unos compañeros de trabajo. Hay gente que hay que mandarla a trabajar, no necesariamente por lo económico, sino por lo relacional, porque tu corazón necesita conectarse con otros seres humanos.

Y no es el dinero el asunto. La gente piensa que solamente se trabaja por dinero. También se trabaja por socialización, por sentir calor humano. Vamos, yo lo siento. Yo voy a una empresa y hay un gustito que ahí se siente, hay algo, una complicidad, un “vamos a la hora del almuerzo, ¿qué trajiste tú?, ¿y fulano?, ¿qué es lo que le pasa?, que el microondas, que quién fue que lo usó?” Todas esas cosas, hermano, eso es parte del ser humano.

El café, que “no, que están barajando mucho, que están siendo seres humanos”, ¿te entiendes?, porque no son máquinas. Que “¿dónde comemos hoy?, que el viernes no traigan comida, que vamos a un patá donde un sitio?”. Eso es parte, participe de ese mundillo, que eso enriquece mucho. Eso enriquece mucho.

Los vecinos: “¿cómo estamos?”. Son relaciones que hay que buscarlas. Anime a su cónyuge a que se vincule con sus amistades, con sus familiares. “Llama a la amiga tuya”. Está todito el cónyuge que entiende que él es suficiente para su pareja. ¿Y quién eres tú? Es tan complejo que un ser humano pueda entender que usted solo puede decir: “no, mi amor, yo te voy a llenar todas las necesidades”. ¿Pero quién es usted?

No sobrecargar una sola relación

“Yo te voy a satisfacer completamente”. ¿De verdad? Mándela para donde la mamá. No, en serio. O sea, ve, sal, da una vuelta, hablen, hablen, busca a las amigas. No, en broma y en serio, es una realidad. Los seres humanos no podemos entender que una relación basta. Ha habido otra persona solitaria que, cuando se casa, entiende que un solo ser humano le va a suplir lo que le debieron haber suplido sus abuelos, sus primos, sus hermanos, sus vecinos, la comunidad completa. ¿Pero quién es ese ser humano?

Esas son relaciones que están sobrecargadas. Busca a sus padres. Es una satisfacción, si usted tiene sus padres vivos, búsquelos. Hay una satisfacción de estar ahí, en la casa de mami, de papi: cómo está la gente, cómo pelean, qué tanto que la casa de ellos. Porque si no, se lo va a tener que tirar usted esa situación.

Que drene un poco. Hay algo cuando un hijo va a la casa de sus padres, una satisfacción, un sentido de confort que se siente ahí. No es lo que debe ir cargando la esposa también, ¿entiende? Es todo un equipo. Somos los seres humanos, tenemos múltiples necesidades.

Recuerda que se mencionó que no tiene ni hijos ni hermanos. O sea, que las relaciones todas son valiosas. De hecho, son gente manipuladora que quieren como ellos solos: “yo te voy a suplir de todo”. Eso es una esclavitud. Eso esclaviza. Tú tengas relaciones hasta un poco pasivas: se relaciona contigo, no conoces mucho, pero esas personas son parte de tu vida.

Yo tengo cerca de un año y medio caminando en el parque de Las Praderas, y hay personas que yo no sé su nombre, pero me hacen falta. Los dos viejitos que caminan ahí; no los he visto, y: “¿dónde están?”. “Hola, hola, hola”. Y tú dices: “¿y eso vale la pena?”. Claro. Estás interactuando con otros seres humanos.

Yo voy a Las Praderas, camino, no que yo conozco íntimamente, pero a veces rompo el hielo y le pregunto a una persona. Nos vemos ahí. No le conozco el nombre, pero hay gente que dice “hola”; ese “adiós”, ese aquí estamos, somos seres humanos, ¿entiendes? Eso es lo que está diciendo el texto: usted necesita eso para vencer la soledad.

Ahí viene la gente: “no, que estoy deprimido”. Claro que estás deprimido, estás funcionando fuera de tu diseño. Tú te estás usando a ti mismo como si fueras una máquina, y no lo eres.

Dios no reemplaza, sino nutre nuestras relaciones

Aun en tu relación con Dios. Hay personas que piensan: “yo tengo mi relación con Dios, y ya no necesito a nadie”. Normalmente Dios te deja sentir su amor a través de tu familia, a través de tus amigos, a través de tus vecinos. Dios no reemplaza las relaciones que tenemos, Él las nutre, las hace que sean aún más significativas.

¿Cuántas son las personas que, habiendo venido a los caminos del Señor, se quedan solos? No es la voluntad del Señor. “Ah, es que ellos no son cristianos”. Yo no estoy diciendo que todos tienen que ser cristianos; son familia, son hermanos, son regalos de Dios para tu vida. Aprovéchalos, abrázalos, que te den satisfacción.

Dice el 12: “Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto”. Sentido de protección y resistencia. Mire, nosotros, como seres humanos, ¿qué es lo que podemos ser? La gente quiere que nosotros, como seres humanos, seamos como aplicaciones. Somos seres humanos, es lo que somos.

Los seres humanos somos más vulnerables de lo que estamos dispuestos a reconocer, y nos quebramos más pronto de lo que decimos. Lo que pasa es que cuando tú te quiebras emocionalmente, te vuelves violento, te vuelves apático, y lo que pasa es que te has quebrado emocionalmente y no quieres reconocer que te hacen falta los otros seres humanos. A Caín lo castigaron con desterrarlo, y se quejó.

Cuando Caín vio el castigo, él dijo: “tremendo mi castigo, ¿quién puede soportar eso?”. Nadie quiere vivir en soledad, ni siquiera Caín quería vivir en soledad.

Cada nueva cuerda que es parte del tejido hace mucho más fuerte la trenza completa. El ser humano con una resistencia emocional fuerte es una trenza bien tejida. Y si tú pones dos, más fuerte, y si pones tres, aún más. Dejen eso en cuatro. Los seres humanos necesitamos un tejido robusto para poder prevalecer.

Porque si no, siempre te vas a estar cayendo. “No, yo me sé, ya yo me conozco, yo me sé reiniciar yo solo”. No, no, no. No. Ahí es que viene el alcohol, ahí es que vienen las drogas, ahí es que viene la personalidad antisocial, ahí es que viene la tristeza, la falta de significado, la soledad.

Se habla mucho de fortaleza intelectual y física, pero tu fortaleza emocional depende mucho de tus relaciones. Una persona emocionalmente fuerte es una persona que tiene relaciones. ¿Tú quieres saber si alguien tiene resistencia emocional? Pregúntate: ¿esta persona tiene familia? “¿Tiene familia?” Sí. Qué fuerte. La persona tiene resistencia emocional. Pregúntate.

Tejido social: familia, iglesia y terceros lugares

No es que hagamos acepción de personas, hermano, es que tengamos cierta compasión, pero al mismo tiempo sabiduría. Si tú puedes casarte con una persona que tenga familia, has ganado más. Y si no, traten de buscar familia. ¿Me siguen? Esto no es para que te sientas culposo, es para que te conectes.

“No, tú y yo solos vamos contra el mundo”. ¿Y quién te dijo? ¿De verdad? Hay gente, hermano, que no tiene un tejido emocional fuerte, y eso se puede construir. Una de las comunidades de acogida más graciosas que existen en esta tierra es la iglesia. Hay personas que probablemente no conocieron sus padres, o los perdieron. Una iglesia da un tejido social de gente de la que tú te sientes parte, de gente que tú puedes presentar.

Qué triste es un joven que está conociendo a otro u otra joven, y le dice: “¿y quién es tu gente?, ¿dónde están?”. “No, que yo no tengo a nadie, solamente te tengo a ti”. Vamos a tratar de buscar, porque tú y yo necesitamos mucha gente. Bueno, para que un matrimonio se mantenga en pie necesita mucha gente que esté orando y ocupándose a favor de ese matrimonio.

Para que la relación padre e hijo se mantenga en pie, hace falta que no sea solamente esa relación, sino que haya otras relaciones, y eso hay que buscarlo. Cordón de tres dobleces no se quiebra fácilmente.

No es hacer acepción de personas, pero cuando tú te des cuenta de que una persona es un solitario, di un “ay” y ora por él, y póntele a disposición. Eso es muy personal de cada quien: que alguien quiera ser parte de un tejido, eso no se impone. Pero hay recursos. La gente anda buscando medicina, la gente anda buscando terapia; también hay amigos, ¿entiendes? Todo eso está bueno: si se necesitan medicinas, usa las medicinas; si se necesita terapia, vaya a terapia. Pero hay cosas que están más a la mano: son relaciones.

Busca a su vecino, busca a sus amigos, busca a sus familiares. Busca a la tía, caiga allá. Hay gente que tiene que reencontrarse con los suyos. Preguntas. Me recuerda, hermano, que no es que te sientas culposo, es que veas el diseño de Dios y dependas de Él. Pero te hago preguntas: ¿qué tantos amigos tienes?

Yo me pregunté eso hace unos cuantos años, y me dio lucha. Alguien me preguntó, y bueno, Ryan, que vive en Dajabón, quizá yo le podía decir que es mi amigo. “¿Y de Dajabón para acá?”. Espera, está muy lejos. Entonces, ¿me entienden, hermano? O sea, ¿quiénes son tus amigos? Una persona que tú puedas hacer una llamada y no se asuste cuando vea tu número. Dime.

Toma el celular tuyo y piensa en tu listado: ¿a quién tú puedes llamar, hacer una llamada, y que no se asuste? “Fulano, ¿tú me estás llamando? ¿Y para qué tú me estás llamando? ¿Pasó algo?”. “No, no pasó nada”.

Revisando nuestras conexiones actuales

Tú te das cuenta que hay relación cuando tú puedes llamar a una persona y no se asusta: “dime, tanto tiempo”. Esa es la pregunta: ¿cuántas personas tú puedes llamar? ¿Qué tan cercana está tu familia ahora mismo? “No, que tenemos conflicto, tenemos situaciones, limemos las asperezas, busca tu familia, si la tienes todavía”.

¿Qué tan fuerte tu matrimonio? ¿Cómo está tu relación con tus hijos? “No, que mis hijos son grandes ya, que se fueron de la casa”. Son tus hijos todavía. Me entienden esto, hermano: que, según el diseño de Dios, los hijos siempre son hijos, y los padres siempre son padres, sin importar la edad.

Este mundo caído, de muerte a los 18, “no, que a los 18 se va”. Busca el versículo de la Biblia donde dice que a los 18. Abraham era un viejo ya, y todavía tenía cuidado de los suyos. Lo que te quiero mostrar es que estas son relaciones que permanecen. Claro, permanecen de manera distinta. “No, que yo me casé; ‘dejará el hombre a su padre y a su madre’”. No abusemos de eso, hermano. En un sentido, vas a dejar a tu padre y a tu madre, pero seguirán siendo tu padre y tu madre.

¿Tienes relaciones importantes en tu iglesia? No es si tú tienes una iglesia, te estoy preguntando ahora. Ahora prevalece la idea de la iglesia como un lugar donde la gente asiste. La gente dice: “yo asisto a esa iglesia”. La pregunta no es si usted asiste a esa iglesia.

¿A usted lo conocen? ¿Usted pertenece? ¿Tiene hermanos que lo aman, que lo llaman? Busquen en su WhatsApp: ¿están los nombres de su gente? “No, yo voy los domingos”. Eso no es. Que usted vaya los domingos, hermano, es una forma de soledad. Una forma de soledad es asistir a una iglesia, pero no compartirse. Hay que compartirse. “Ay, que esto trae problemas”. Es verdad.

¿Tú tienes un pastor? Pregunta. No es “un pastor”, ¿hay alguien que vaya a dar cuenta al Señor por ti? ¿Tienes una relación pastoral? ¿Cómo están tus relaciones laborales? Y ahorita está esa persona que en la empresa siempre está evadiendo las relaciones: “yo aquí vine a trabajar”. No. No solamente vino a trabajar, usted vino a ser un ser humano.

Las empresas contratan seres humanos. Compártase. Participe del mundillo de la empresa. “No, a mí no me gusta eso, yo vine a hacer mi trabajo y a mí que no me distraigan”. Espérese. Es verdad, pero hay un porcentaje del tiempo en que también ser parte de una organización es conectarse.

Salir de la burbuja: vecinos y terceros lugares

Y los vecinos, ¿lo conocen? ¿Saben su nombre? Yo no me regodeo de esto, pero yo era el tipo de persona que era un completo desconocido para los vecinos, y ahora estoy medio asumiendo la Junta de Vecinos por mi casa. ¿Me siguen en esto? Llamé a mi hermano Jonathan para que me asesore: “mira, yo no sé”. Y de verdad, hermano, yo no sé de esto, yo no tengo esa experiencia, pero entiendo que tengo que ser luz y ser sal, y que Dios me hizo un ser humano, y que en esa residencial habitan otros seres humanos que tienen la imagen de Dios.

Es un asunto hermoso cuando un creyente no es un antisocial, sino que se conecta y dice: “yo tengo la imagen de Dios, tú también; yo respeto eso y te busco. Y si puedo solucionar un problema, quiero hacerlo genuinamente”.

¿Cuáles son tus terceros lugares? En filosofía, hace unos cuantos años emergió el término “terceros lugares”. ¿Qué es un tercer lugar? Son sitios neutrales y voluntarios donde las personas se reúnen por el placer de estar juntas. Es un café, es un parque, es un restaurante, es un hobby, es un colmado.

¿Hay algún lugar donde tú vayas por el placer de estar ahí? Con caro, di una vuelta por la Zona Colonial y caminé, y encontré grupitos, quizá cinco grupitos de personas jugando ajedrez, jugando dominó, jugando tablero. Son terceros lugares.

Esa vida de esa persona es mejor a causa de tener un grupito donde, probablemente, los viernes se reúnen a jugar ajedrez. Busque un hobby, haga algo con otros seres humanos. Deje la pantalla, ¿entiende? Eso no satisface, eso da soledad. Eso da soledad. Esto, esto, el cara a cara, eso da humanidad.

Y ahí viene: “ah, es el asunto, Armando, cómo predica tantas cosas, la gente siempre recuerda lo que no debe recordar. ¿Qué fue lo que el pastor habló, que la explicación del…?”. Eso no es nada ni pecaminoso ni malo, pero trae soledad. Es una persona que anda haciendo “scroll” en una red social hasta tarde en la noche por lo sola que se encuentra. Busca un ser humano y abrázalo, que eso es mejor. Busca un hijo y dale una vuelta. Cocine para alguien, ¿entiende? Cocine para alguien, invítelo para su casa para que coma, que eso es mejor que estar haciendo “scroll” a ver ahí en una red social, como si fuéramos máquinas.

“Si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto”.

La relación que ordena todas las demás

Termino con esto, hermano: deme ahora toda su atención. No puedo dejar de predicar el Evangelio. La relación más importante en la vida de todo ser humano es su relación con Dios. Cuando tu relación con Dios se pone en el lugar correcto, casi todas tus demás relaciones comienzan a organizarse.

Así como quien tiene buena relación con sus padres regularmente tiene buena relación con sus hijos, con sus nietos, y hace una cascada de cosas buenas, cuando tu relación con Dios mejora, dice la Escritura que hasta con tus enemigos el Señor te reconcilia.

¿Qué es lo que dice el Evangelio? El Evangelio dice que el Señor nos amó tanto…

Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo.

— 2 Corintios 5:19

No es la voluntad de Dios que tú andes suelto. Él ha tomado la iniciativa en la reconciliación. ¿Qué es lo que dice el Evangelio? Que nosotros estábamos solos en el mundo, sin Dios y sin esperanza, pero que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo.

Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Hay muchas relaciones que en este momento, tristemente, no son accionables. Hay conflictos familiares que hay que dejárselos a Dios. La situación en la Junta de Vecinos, eso vamos a dejarlo allí y a convivir.

Pero siempre es posible restaurar tu relación con Dios, y cuando tu relación con Dios mejora, todo lo demás se vuelve más viable. Este es el Evangelio: que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados.

Hay gente que dice: “yo no puedo buscar a Dios porque tengo muchas cosas”. Dice aquí que Dios no está tomando en cuenta los pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Esa “palabra de la reconciliación” es el mensaje del Evangelio.

La noticia más importante que tú puedes escuchar este año es que el Señor quiere tener una relación contigo. ¿Es satisfactorio eso? Obviamente. Tú dices: “yo estoy muy solo, mi familia está en crisis, mis hijos están en crisis, mis padres están en crisis, el trabajo está en crisis, el matrimonio está en crisis”. Aquí hay una relación que se puede restaurar: la relación con Dios.

¿Qué hace falta para esto? Una decisión sincera en el corazón de decirle al Señor, que tiene los brazos extendidos, que te está mandando la palabra de reconciliación: “sí, Señor, yo quiero paz contigo”.

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