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Cuatro buenos motivos para adorarle

Salmo 107

El Salmo 107 nos muestra, en cuatro cuadros distintos, cómo Dios libra a su pueblo de la perdición, de la rebeldía, de la insensatez y de las aflicciones de la vida, dándonos motivos sólidos para adorarle con gratitud en toda circunstancia.

Predicado12 de octubre de 2014
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Lo que sucedió después de que Jerusalén fue destruida, de que el templo fue profanado, de que el pueblo fue llevado cautivo, es una historia que también se describe en las Escrituras en dos maneras distintas. El Señor no dejó de mandar profetas a su pueblo, a pesar de que el pueblo estaba en la cautividad. Por ejemplo, el profeta Jeremías siguió profetizando aun con Israel ya siendo cautivo, y luego vino el profeta Ezequiel y también profetizó. Pero no solamente por medio de esos profetas, de Jeremías y Ezequiel, vemos lo que pasó con el pueblo del Señor cuando fue llevado al cautiverio, también por medio de los Salmos, que son canciones, nosotros podemos entender no solamente desde la perspectiva de Dios, sino también desde la perspectiva del ser humano, estas lecciones espirituales que tuvo el cautiverio en esta gente.

El Salmo 107, por ejemplo, es uno de una serie de salmos que con mucha probabilidad fue escrito en el tiempo del cautiverio. Leo de nuestra introducción: que el libro de los Salmos es el más extenso de todas las Sagradas Escrituras. Así como los libros históricos nos narran los grandes acontecimientos de Dios en la obra de la redención, Salmos describe los sentimientos que tenía el pueblo hacia estos acontecimientos. Cuando el pueblo tenía confianza, aparece el salmista cantando confianza; cuando el pueblo sentía angustia, aparece el salmista describiendo su angustia; y cuando el pueblo tenía acción de gracias, asimismo los diferentes salmos cuentan las acciones de gracias a Jehová su Dios. Cada uno de los 150 salmos fue escrito en un contexto histórico específico.

Por lo que muchos de ellos nos permiten entender mejor la historia. No solamente vemos lo que Dios dijo al pueblo, esto es, la instrucción, sino también la respuesta del pueblo hacia Dios en adoración. El Salmo 107, que es el que nos compete, es un salmo de acción de gracias, comienza como una invitación general a que alabemos a Jehová y luego, en cuatro partes, nos da suficientes motivos para hacerlo. Nos dice que lo hagamos porque nos rescató de andar errantes, nos dice que lo hagamos porque nos rescató de nuestra rebeldía, nos dice que lo hagamos porque nos rescató de nuestra insensatez, y al mismo tiempo nos dice que lo hagamos porque nos rescata de las aflicciones de la vida. Hoy aprenderemos a estudiar los Salmos y encontraremos aliento en uno de ellos.

Por qué estudiar y valorar los Salmos

Por asuntos de espacio, hermanos, no puedo, en este año predicando el Antiguo Testamento, exponer cada salmo. No tengo 150 domingos, por ejemplo, para en 150 domingos explicar cada uno de los salmos. Sin embargo, podría tomar salmos selectos y enseñarles a ustedes cómo valorar los Salmos, por qué valorar los Salmos y cómo estudiarlos. Por ejemplo, en esta misma semana, en nuestras lecturas bíblicas devocionales estaremos considerando hoy Salmo 91, mañana Salmo 90, Salmo 92 y el martes Salmo 94. O sea que tendremos muchos salmos para practicar lo que aspiro hoy a hacer: enseñarles el valor que tienen los Salmos para el pueblo del Señor, luego explicarles la estructura de uno de los salmos, que es el Salmo 107, y luego tratar de conseguir lecciones de aliento para nosotros en el día de hoy a través de ellos.

Si me preguntaran las razones para estudiar los Salmos, les diría que primariamente tenemos que estudiar los Salmos porque es el libro más largo de todas las Escrituras. Usted no encontrará otro libro, más allá del libro de los Salmos, que tenga, por ejemplo, 150 capítulos. Salmos solamente cubre en dimensión casi el Pentateuco. Los evangelios, por ejemplo, en dimensión son equiparables con los Salmos, o las cartas del apóstol Pablo. O sea que dejar de estudiar los Salmos sería dejar de estudiar gran parte del contenido de las Escrituras. Pero en segundo lugar, no solamente es el libro más amplio, sino que es el libro más amplio y se centra en la adoración de Dios. Es más: hay más capítulos en la Escritura que tratan del hombre adorando a Dios que capítulos que tratan de Dios instruyendo al hombre, porque el centro de la vida del hombre es la adoración.

Los Salmos son muchos, y es necesario que sea así, porque gran parte de lo que nosotros haremos con nuestra vida es adorar a nuestro Señor. Otra razón: los Salmos son expresiones de adoración que Dios ya aceptó. Hermano, yo no estoy seguro de que el Señor esté aceptando todas las canciones que componemos nosotros en este tiempo para adorarle a Él, pero yo sé que estas 150 ya Él las aceptó. Eso nos da mucha seguridad. No está mal que se compongan nuevas canciones, pero cada nueva canción que se compone es una canción que se compone y yo verdaderamente no sé hasta qué punto el Señor las acepte todas, pero estos 150, yo sé que el Señor los aceptó y podemos estudiarlos con confianza y al mismo tiempo podemos encontrar en ellos una guía de cómo adorar al Señor.

Sería muy útil que cualquier persona que aspire a adorar a Dios, ya sea con palabras, con oraciones, con canciones, se lea los Salmos y coja ahí punta, porque ya Dios estos los aprobó. También nos muestran el sentimiento del pueblo. Hermano, cuando usted escucha cómo canta y qué canta un pueblo, usted puede entender su sentir, su sentimiento y también usted puede entender cuáles son sus prioridades. Por ponerle un ejemplo, usted sale ahora mismo a escuchar lo que es la música popular dominicana y lo que cantan los dominicanos popularmente en este tiempo, y usted entenderá qué es lo que hay en el corazón. Salga a buscar las canciones populares ahora mismo, principalmente de los exponentes urbanos, y usted entenderá por dónde anda, usted entenderá por dónde anda el pensamiento de este pueblo y usted entenderá por dónde anda el corazón de este pueblo. Hermano, los pueblos cantan sus realidades.

Y es verdad que esa es la realidad, pero no es una realidad buena ni loable, ni digna de recibir aplausos, pero la gente canta su realidad. Cuando usted entienda cómo cantaba el pueblo del Señor, usted podrá ponerse en el corazón de Israel antiguo en el momento en que escribió esos salmos y, a pesar de que hay salmos de esos que son salmos que tienen expresiones que no necesariamente son loables, todos esos salmos describen lo que el pueblo estaba sintiendo en su momento histórico. Algo más: sí, hermanos, estos salmos pueden a nosotros darnos aliento y un aliento confiable en nuestro momento de tribulación y dificultad. Antes de considerar el Salmo 107 y después de este preámbulo, oremos al Señor para que sea Él que nos dirija.

Tenemos ante nosotros, Señor, tu Palabra. Sabemos que tu Palabra es una palabra confiable. Estamos, Señor, casi comenzando a exponerla y a considerarla. Sabemos, Señor, que tu Palabra es poderosa para hacer que hay cosas adentro de nuestro hombre interior sean movidas. Permite, Señor, que al considerar este salmo, que es literatura inspirada, que es un salmo que ya desde la antigüedad fue recibido, que es la misma canción con la cual tu pueblo te ha venido cantando por los años y los años, permite que nosotros aprendamos a hacerlo y que encontremos también confianza. Mira cada uno de mis hermanos aquí congregados, permite que a través de esta porción de la Escritura ellos sean animados, sean confrontados, y sobre todo, Señor, que pongan su confianza en el mismo lugar que la pusieron estos hombres que escribieron tu Palabra. En el nombre de Cristo Jesús, amén. Acompáñenme, hermanos, al Salmo 107.

Cómo leer un salmo: estructura y estribillos

Este es un salmo de acción de gracias al Señor, tal como les decía, muy probablemente fue escrito al final del periodo del cautiverio, cuando el pueblo ya comenzaba a ver esperanza. Hay dos claves para entender un salmo, y eso aplíquenlo al Salmo 107 y a cualquier otro salmo. Lo primero es que entiendan que se trata de música, es algo poético hasta cierto punto, pero no en el sentido occidental, sino en el sentido oriental. A diferencia de la música nuestra, que la rima está en las palabras, que la armonía está en el ritmo, la armonía de un salmo de este tipo está en las ideas, y hay estribillos que se repiten. El salmo vez tras vez, tras vez, tras vez, y cuando uno identifica esos estribillos, entonces uno puede tener la estructura del salmo. Por ejemplo, en este salmo, que es el Salmo 107, ustedes encontrarán que hay una expresión que es muy repetitiva.

Cada vez que describe una realidad, entonces dice el salmista: “Luego clamaron a Jehová en su angustia y los libró de sus aflicciones”, y se lo va repitiendo. Se repite cuatro veces en el salmo, cada vez que se comparte una idea, se cierra con esa expresión: “Luego clamaron a Jehová en su angustia y los libró de todas sus aflicciones”. Miren el versículo 6, por ejemplo, antes de que leamos el salmo completo para que entiendan la estructura, dice el 6:

Entonces clamaron a Jehová en su angustia, y los libró de sus aflicciones.

— Salmo 107:6

Luego dice el 13:

Luego que clamaron a Jehová en su angustia, los libró de sus aflicciones.

— Salmo 107:13

Y así cada vez vuelve y repite. Dice el 19:

Pero clamaron a Jehová en su angustia, y los libró de sus aflicciones.

— Salmo 107:19

Esta es como la estructura del salmo. El salmo comparte una idea, cierra la idea: “Luego clamaron a Jehová en su angustia y los libró de todas sus aflicciones”, y lo que está tratando de hacer el salmista es, por medio de cuatro hechos distintos, recordarnos la fidelidad del Señor para ayudarnos a nosotros, no en un tipo de aflicción, sino en todas nuestras aflicciones. Esto se hace con los Salmos: lo primero es entender la estructura que tienen, porque como una canción, cuando usted escucha un disco, usted es capaz de seguirlo. El disco dice tan tan tan tan tan… ya el tan… y cuando usted lo encuentra ya como que se sabe la canción.

Con los Salmos sucede que cuando uno encuentra la temática del salmo, la estructura con estos estribillos que se repiten, ya uno puede entender el sentir principal que tenía el salmista. El sentir principal que tenía el salmista cuando escribió el Salmo 107 era decirnos a nosotros que podemos clamar a Jehová en nuestra angustia y Él nos librará de todas nuestras aflicciones. Hay cuatro puntos desde los cuales somos liberados, que no solo nos enseña el Salmo 107. Comienza con una introducción, que es lo que leeremos ahora, que va desde el versículo 1 hasta el versículo 3, y después comienza a describir cada uno de estos aspectos en los cuales nosotros podemos sentir la liberación del Señor. Colóquense también en el momento histórico, que ayuda mucho. Gran parte de los salmos se escribieron a consecuencia de algo.

Por ejemplo, Moisés escribía canciones después de los momentos de liberación del Señor. Cuando pasaron el Mar Rojo se escribió una canción. Entonces, si uno lee la canción entendiendo que responde a un acontecimiento, uno puede entender el contexto histórico de esa canción. Por ejemplo, el rey David escribió gran cantidad de salmos cuando estaba siendo perseguido por el rey Saúl, y cuando uno lee los salmos de David, entonces uno entiende el momento en que esos salmos se escribieron. Hay otros salmos como estos que se escribieron en el tiempo del cautiverio, antes de que el pueblo viera el final, y cuando el pueblo comenzó a entender que el Señor estaba libertando. Entonces entender el contexto histórico nos da más información sobre el salmo. Dice el 107 de la manera siguiente. La introducción al salmo dice así:

Alabad a Jehová, porque él es bueno; porque para siempre es su misericordia.

— Salmo 107:1

Pónganse en el contexto histórico, hermanos: esta gente fue deportada a Babilonia, están viviendo en un pueblo que no es el suyo, el Señor les castigó, muchos de ellos fueron muertos a espada, muchos perdieron, casi todo el mundo perdió lo que tenía y fue llevado esclavo a una ciudad, pero en medio de su aflicción el pueblo del Señor podía decir: “Alabad a Jehová, porque él es bueno; porque para siempre es su misericordia”. Pueden entender la importancia de entender el contexto histórico. Ya que entendemos que el pueblo está en aflicción y el pueblo está cantando este tipo de cosas, entendemos que en medio de la más profunda tristeza podemos decir nosotros: “Alabad a Jehová, porque él es bueno; porque para siempre es su misericordia”.

Primer motivo: Dios nos rescata de andar errantes

Díganlo los redimidos de Jehová, los que ha redimido del poder del enemigo, y los ha congregado de las tierras, del oriente y del occidente, del norte y del sur.

— Salmo 107:2–3

Y aquí comienza a describirnos el primer aspecto de la liberación, y son cuatro. El primero: el Señor nos rescata de andar errantes, esto es, falta de dirección. Dice el versículo 4 y hasta el versículo 9, primer aspecto de la liberación:

Anduvieron perdidos por el desierto, por la soledad sin camino, sin hallar ciudad en donde vivir. Hambrientos y sedientos, su alma desfallecía en ellos. Entonces clamaron a Jehová en su angustia, y los libró de sus aflicciones.

— Salmo 107:4–6

Primer momento de liberación del Señor: el Señor nos ha libertado cuando estábamos nosotros perdidos, sin rumbo, sin ningún tipo de dirección. Es la primera razón, ese primer motivo que tenemos nosotros para adorarle. Hermanos, sospecho que a veces nosotros cantamos al Señor y no sabemos por qué estamos cantando. A veces se invita a que se adore al Señor y la gente no encuentra motivos por los cuales adorar al Señor. Si usted quiere entender un buen motivo por el cual hay que adorarle, entienda que podemos adorar al Señor porque Él nos ha rescatado a nosotros cuando nosotros estábamos errantes.

Y tú me dirás: “Yo no soy parte del antiguo Israel, yo no fui deportado, el Señor a mí no me ha tenido que recoger en Babilonia”. Hermano, la realidad de todos nosotros antes de venir a Cristo es que estábamos perdidos y rumbo al mundo, sin ciudad donde ir. Entonces clamamos a Jehová en nuestra angustia y nos libró de todas nuestras aflicciones. ¿Tú quieres tener un buen motivo para adorar al Señor? Adora al Señor porque Él te ha sacado de la perdición. Él lo va describiendo, dice: porque estabas solo, porque estabas sin ciudad, porque estabas hambriento y porque estabas sediento. ¿Cuál es la realidad del hombre antes de venir a Cristo? Una falta de propósito, un vacío existencial, trayectorias humanas que no caminan a ninguna parte. Entonces clamamos a Jehová en nuestra angustia y nos libró de todas nuestras aflicciones.

Si tú no encontraras una razón para adorarle, si tú no entendieras por qué razón Dios es bueno, como dice al principio y que para siempre es su misericordia, recuerda de dónde el Señor te sacó a ti y podrás decir como el salmista: “Entonces clamamos a Jehová en nuestra angustia y nos libró de todas nuestras aflicciones”. Hay una respuesta que el Señor le dio. Está en el versículo 7.

Los dirigió por camino recto, para que viniesen a ciudad habitable. Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres. Porque sacia al alma menesterosa, y llena de bien el alma hambrienta.

— Salmo 107:7–9

La respuesta que el Señor le ha dado es la siguiente: los dirigió por camino recto para que viniesen a ciudad habitable. Hermanos, respuesta que el Señor ha dado a todo creyente. El Señor te recogió a ti en tu perdición. Hermano, tú estabas tan perdido que tú ni siquiera sabías lo perdido que estabas. Yo no sé si han tenido la experiencia de estar conociendo un lugar y perder toda expectativa de que van a encontrar el rumbo, cuando uno hace que uno se parquea y apaga el carro, que uno dice: “Ya, que me vengan a buscar”. Esa es la experiencia del hombre que está sin Dios.

Él va a intentar por diferentes caminos, él va a salir a buscar diferentes alternativas, pero va a llegar un momento que él dice: “Yo no sé para dónde voy. Si camino a la izquierda, yo no sé si llego; si camino a la derecha, yo no sé si llego”. Llega un momento que uno ha dado tantas vueltas que cuando uno sabe que si uno sigue avanzando, uno dice: “Cuidado si mientras más acelero, más me aparto de para dónde voy”. La realidad del hombre sin Dios es que está perdido en sus delitos y pecados. Ha estado buscando diferentes caminos alternativos, pero ninguno de esos caminos alcanza. La realidad de nosotros antes de venir al Señor era esa: estábamos perdidos en nuestro despropósito, nos sentíamos vacíos, no teníamos ningún tipo de trayectoria plena, y el Señor ha cambiado nuestra confusión por un camino derecho que conduce hacia una ciudad habitable.

Es más, una de las características que tenemos los cristianos que nos da un cierto sentido de seguridad ante el impío es que, sin importar, hermano, lo oscuro que se ponga el camino, nosotros sabemos que vamos en un camino recto que conduce hacia alguna parte. Y puede ser que la aflicción esté alrededor de nosotros, puede ser que venga la turbación sobre nosotros, pero sabemos que el camino es recto. La vida cristiana no es un camino curvo, no es un camino confuso, es un camino recto y es un camino recto que conduce hacia alguna parte. Esa parte es una ciudad habitable. Un cristiano sabe para dónde va y sabe que está en el camino que conduce a la salvación.

Ilustraciones de un camino recto y la esperanza del creyente

Nos pueden faltar muchas cosas, hermanos, pero no perdamos de vista que nosotros estamos en el camino recto y que vamos hacia una ciudad habitable. A veces, hermano, cuando uno va manejando, uno se pregunta si uno llegará. Le pongo una ilustración: ir a Pedernales es relativamente fácil, después que usted cruza Oviedo usted le da para allá, y es una carretera que lo mucho que usted puede encontrar en el camino es una vaca. Pero no se pierde. Hermano, usted va para Pedernales y siempre y cuando usted se mantenga en la carretera, usted de Oviedo llega a Pedernales. En la entrada de Baní, por ejemplo, hay cierta confusión, porque cuando uno llega uno dice: “¿Ahora dónde doblo, sigo?”. No es lo mismo, hermano. Para usted ir de Santo Domingo a San Cristóbal, Azua, usted tiene que pasar por Baní y puede ser que en Baní se pierda porque hay que doblar y salir de nuevo. Ahora, de Oviedo a Pedernales es un camino recto que llega a Pedernales.

Como mucho usted se cansa, le da calor. Hay veces que en el pie de caminar, de manejar, como que… yo a veces en el camino a Pedernales me he parado, hermano, y parqueo el carro, respiro un poco, pero yo sé para dónde voy y sé que estoy en un camino recto que me llevará a alguna parte. La vida cristiana es lo mismo. No necesariamente el camino cristiano es un camino corto, quizás es un camino largo, pero es un camino recto. No hay mucha confusión en esto, hermano: sabemos para dónde vamos y sabemos que el lugar para donde vamos es una ciudad habitable, es la esperanza que tenemos los cristianos. Podemos adorar al Señor porque en medio de nuestra perdición Él cambió nuestro despropósito por una trayectoria firme hacia un lugar que vale la pena.

Los dirigió por camino recto, para que viniesen a ciudad habitable. Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres. Porque sacia al alma menesterosa, y llena de bien al alma hambrienta.

— Salmo 107:7–9

Pasemos a un segundo momento del cual el Señor nos liberta. En un primer momento, el Señor nos libertó cuando estábamos perdidos, sin ninguna esperanza, y nos puso en un camino recto de camino hacia una ciudad habitable. Veamos otro lugar del cual el Señor nos liberta. Está en el mismo capítulo 107, del versículo 10 hasta el 16: el Señor nos liberta de la prisión de la rebeldía.

Algunos moraban en tinieblas y sombra de muerte, aprisionados en aflicción y en hierros, por cuanto fueron rebeldes a las palabras de Jehová, y aborrecieron el consejo del Altísimo. Por eso quebrantó con el trabajo sus corazones; cayeron, y no hubo quien los ayudase.

— Salmo 107:10–12

Y aquí está la razón por la cual estaban en esa condición. Hermanos, ¿serías tú hace unos cuantos años? ¿Cuál es la realidad del hombre sin Dios? Está rebelado contra la Palabra del Señor y aborrece el consejo del Altísimo. ¿Tú recuerdas, hermano, cuando te daban de esas cosas de Dios y te eran repulsivas, que la Palabra del Señor no tenía ningún valor para ti, que lo que hoy tú atesoras como tu tesoro más valioso te era indiferente? De ese lugar el Señor también nos rescata, y es una razón poderosa para adorarle. El Señor nos rescata a nosotros de la prisión de la rebeldía.

Luego que clamaron a Jehová en su angustia, los libró de sus aflicciones. Los sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte, y rompió sus prisiones. Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres. Porque quebrantó las puertas de bronce, y desmenuzó los cerrojos de hierro.

— Salmo 107:13–16

Hermano, la prisión de la rebeldía es un asunto del que solamente con la ayuda del Señor nosotros pudimos haber salido. Antes de venir a Cristo, tú eras sabio en tu propia opinión. No hay una cosa más difícil que predicar el evangelio a aquel que es sabio en su propia opinión. Tú le predicas el evangelio y lo rechaza. Hermano, antes de venir al Señor se parece a aquel enfermo que tiene que beberse el medicamento y lo escupe, y tú le traes la Palabra del Señor y él mecánicamente rechaza la Palabra del Señor. Eso es lo que hace la rebeldía en el corazón del hombre.

Segundo motivo: libertados de la rebeldía

Hermano, si el Señor no hubiera quebrantado puertas de bronce, desmenuzado cerrojos de hierro, nosotros todavía estuviéramos en la prisión de la rebeldía. Aquí se nos enseña cómo se llega a la rebeldía, pero también se nos enseña cómo se sale de la rebeldía. Miren cómo se llega. Se llega así: “Algunos moraban en tinieblas y sombra de muerte, aprisionados en aflicción y en hierros. ¿Y por qué llegaron ahí? Por cuanto fueron rebeldes a las palabras de Jehová y aborrecieron el consejo del Altísimo”. Hermano, de la rebeldía hacia la Palabra del Señor se termina en esclavitud, y esa esclavitud es tan fuerte que, si el Señor no hiciera lo que dice el versículo 16, nosotros nunca hubiésemos salido, porque “quebrantó las puertas de bronce y desmenuzó los cerrojos de hierro”.

Hay un temor que tengo hacia mis hermanos que a veces ven su pasado y la obra que el Señor hizo como algo normal, y ven su salvación como el siguiente paso natural. Hermano, si no hubiese sido por la poderosa mano del Señor, hoy tú no tuvieras las convicciones que tienes. Si no hubiese sido por la mano del Señor que rompió las cadenas de tu rebeldía, tú nunca hubieses sido libre para servir a Cristo. Si hoy tú entiendes la Palabra del Señor, si hoy tú te confiesas un cristiano, tienes que decir lo que dice el Salmo 107 al comienzo: “Alabad a Jehová, porque él es bueno”, porque solamente Cristo te pudo haber sacado a ti de ahí.

¿Eres un cristiano, has entendido el evangelio, hoy amas la Palabra del Señor? No lo hiciste de manera natural. El Señor es tan poderoso que eso parece fácil, pero no lo es. Prisiones de hierro fueron rotas para que tú te abras a la realidad de Dios. Pero no solamente hay algunos que son sabios en su propia opinión, hay otros que niegan a Dios. Es cómodo. Cada cierto tiempo yo me encuentro con un nuevo ateo que me dice: “No, yo soy ateo”. Yo le pregunto: “¿Y cómo tú llegas a esa conclusión?”. Hermano, en el fondo lo que hay en eso es una aparente comodidad. Cuando tú dices que tú eres ateo o agnóstico, tú niegas la existencia de Dios y tú niegas también tu responsabilidad ante Dios, y eso te coloca en cierta comodidad para vivir tu vida.

Ahora, si reconoces que Dios es Dios, no solamente tendrás que reconocer que hay un Dios, sino que reconocerás que este Dios tiene una demanda hacia los hombres. Es cómodo llamarse ateo, es cómodo llamarse agnóstico, pero es muy peligroso. Eso te dirige a prisiones de esclavitud. Eso tiene consecuencias que son consecuencias morales y también son consecuencias físicas. Nos habla aquí de prisiones de aflicción y nos dice también de hierros de los cuales el Señor nos sacó. ¿Hay motivos para adorarle al Señor? Los hay. Primero, en tu confusión te sacó de tu perdición y te puso en un camino recto que llega a una ciudad habitable. Y en segundo lugar, cuando estabas preso en la rebeldía, el Señor te sacó de allí y te trajo a la libertad.

Pero no solamente eso, hermanos, tenemos que caminar un poco más. En esta que sigue quiero detenerme un poco. En primer lugar les he enseñado que el Señor nos sacó a nosotros de la perdición cuando estábamos sin rumbo y nos puso en un camino derecho. En segundo lugar les he enseñado que solamente por la poderosa mano del Señor, cuando dejamos su Palabra y terminamos siendo esclavos, solamente por su poderosa mano pudimos abrir los ojos a las realidades de Dios.

Tercer motivo: rescatados de la insensatez

En tercer lugar, dice del 17 al 20 que también nos libra de otra cosa, y es la siguiente:

Fueron afligidos los insensatos a causa del camino de su rebelión y a causa de sus maldades. Su alma abominó todo alimento, y llegaron hasta las puertas de la muerte. Pero clamaron a Jehová en su angustia, y los libró de sus aflicciones. Envió su palabra, y los sanó, y los libró de su ruina. Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres.

— Salmo 107:17–21

Hay una diferencia sutil entre este caso y el anterior. El caso anterior es del hombre rebelde que intencionalmente ha rechazado la Palabra del Señor. Este caso es de un hombre insensato, que la Palabra del Señor todavía no ha llegado a su mente. Son dos casos distintos, porque uno es intencional. Ambos son intencionales, pero en uno hay una intención explícita de rechazar algo, y en el otro ha sido el desconocimiento. Dice 1 Pedro, capítulo 1, versículo 18, que todos nosotros hemos sido rescatados de nuestra vana manera de vivir. Nosotros clamamos a Dios en nuestra angustia cuando estamos viviendo de manera vana. Así mismo, una vana manera de vivir es una manera de vivir superficial.

Miren, cuando la Palabra del Señor no está en la mente de un hombre, su mente se entrega a la vanidad y termina siendo preso de diferentes cosas. Algunos, por ejemplo, terminan siendo presa de una atracción excesiva hacia el cuerpo. ¿Han visto a personas superficiales que solamente piensan en su vestir, solamente piensan en su cuerpo, solamente piensan en cómo se ven? Es una vana manera de vivir, de ahí el Señor nos ha sacado. Ahí se llega sacando la Palabra del Señor de la mente. Cuando tú dejas el vacío, entonces la insensatez llega por ahí. Hay otros que son presa de la fama y del dinero.

Hay otros que son presa de los deleites de la carne que no dan nunca una satisfacción completa, pero que ellos piensan que sí. Fueron afligidos los insensatos. Hermano, la insensatez produce aflicción. “Su alma abominó todo alimento y llegaron hasta las puertas de la muerte. Pero clamaron a Jehová en su angustia y los libró de todas sus aflicciones”. ¿Cómo fue que el Señor lo hizo? Dice: “Envió su palabra y los sanó”. Hermano, la Palabra de Dios ejerce un efecto corrector sobre el alma del hombre. Al vano, el Señor le pone su Palabra y lo sana; aquel que es presa del dinero, el Señor le pone su Palabra y lo sana; aquel que es presa de llamar la atención hacia sí mismo, el Señor le pone la Palabra y lo sana. Cuando tú sacas la Palabra del Señor, el hombre se entrega a la vanidad.

Hasta aquí quería llegar. En primer lugar, que el Señor nos ha librado cuando no teníamos ningún rumbo en nuestra vida ni sabíamos para dónde íbamos: Él nos puso un camino recto que llega a ciudad habitable. En segundo lugar, les he dicho que cuando nos entregamos a la rebelión e intencionalmente rechazamos su Palabra, terminamos presos y en prisiones de hierro; de ahí el Señor rompió los cerrojos y nos sacó. En tercer lugar, les he dicho que el Señor nos libra de la insensatez y nos hace gente sabia, gente prudente, gente con discernimiento. Doy aquí una ñapa: ¿qué es discernir?

Hermanos, hay gente que está esperando… la Escritura habla de que hay un discernimiento, y hay gente que está esperando que un día el discernimiento le va a llegar de manera automática y van a poder saber lo que es bueno y lo que es malo. El discernimiento es sencillo. Discernir es tener algo verdadero y tener algo falso y ver que eso no se parece. Así lo enseñan en los bancos, hermano. En los bancos le enseñan a las personas a distinguir. Le dicen: “¿Cómo yo distingo si un billete de 100 y otro billete de 100 no son verdaderos?”. Es sencillo: tengo que tener dos billetes de 100 en la mano. Este es un billete falso y este es un billete verdadero, y yo comparo y digo: “Mira, tiene esto, tiene esto o le falta aquello”. Cuando tú puedes discernir eso, son dos billetes de 100 igual, pero hay uno que tiene unas características y otro tiene otras características.

¿Qué es discernir espiritualmente hablando? Tú tienes la Palabra del Señor en tu mente y tú tienes el error que te enseña el mundo del otro lado, y tú contrastas la Palabra del Señor con lo que dice el mundo, y tú dices: “No se parece”. Hermano, el discernimiento es un asunto que se cultiva. Llega un momento, no lo he sabido por experiencia propia, pero he escuchado el comentario, que las personas que trabajan contando billetes ya por el tacto, por el tacto pueden sentir el papel. Ya no tienen que hacer un esfuerzo intencional de decir “voy a ver”, sino que ya lo sienten en la mano por el tacto. Hermano, llega un momento en la mente del cristiano que la Palabra del Señor abunda a un punto tal que ya el error se cae por gravedad y él dice: “Esto viene”, pero la Palabra del Señor le enseñó otra cosa. Eso es discernir.

Dice, hermano, no es algo que usted va a aprender automáticamente como en el año cinco de la vida cristiana, no; a menos que tú reemplaces insensatez con la sabiduría de su Palabra, nunca serás un creyente sabio. ¿Quién es un creyente sabio? Un hermano que ha leído las Escrituras completas, que ha meditado en ellas y que las tiene frescas en la mente. Ha reemplazado la insensatez con la instrucción. Dice la Escritura que eso sana, que eso remedia los males.

Cuarto motivo: aflicciones y la metáfora del navegante

Tengo que pasar al cuarto, donde deseo detenerme. Aquí se cambia un poquito la estructura del salmo y se nos menciona por medio de una metáfora. Dice:

Los que descienden al mar en naves, y hacen negocio en las muchas aguas, ellos han visto las obras de Jehová, y sus maravillas en las profundidades. Porque habló, e hizo levantar un viento tempestuoso, que encrespa sus ondas. Suben a los cielos, descienden a los abismos; sus almas se derriten con el mal. Tiemblan y titubean como ebrios, y toda su ciencia es inútil. Entonces claman a Jehová en su angustia, y los libra de sus aflicciones. Cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas. Luego se alegran, porque se apaciguaron; y así los guía al puerto que deseaban.

— Salmo 107:23–30

Aquí el salmista enriquece el salmo y lo hace por medio de una metáfora: la vida del navegante. La imagen que nos da metafóricamente es la de un navegante experimentado, no una persona que salió con su barquito al agua y que está en la orilla, sino una persona que está acostumbrada a echarse al mar. “Los que descienden al mar en naves”; no estamos hablando aquí de pequeños barquitos, estamos hablando aquí de un navegante experimentado. Una persona que está acostumbrada a hacer negocios quizás de un territorio al otro, alguien que el mar… uno podría decir: ya el mar no le sorprende.

Dice aquí: “Ellos han visto las obras de Jehová y sus maravillas en las profundidades, porque habló e hizo levantar un viento tempestuoso que encrespa sus ondas. Suben a los cielos y descienden a los abismos, sus almas se derriten con el mal”, y este navegante experimentado miren cómo se siente. Dice el 27: “Tiemblan y titubean como ebrios y toda su ciencia les es inútil”. Bueno, hay gente que tiene experiencia navegando, pero hay olas que el Señor levanta por las cuales nuestra mayor experiencia no es suficiente. Pongo un ejemplo de lo que son navegantes experimentados.

Invito a que piensen en gente que cuida el cuerpo. ¿Han visto a esas personas que pueden contar calorías durante un año? Yo he hecho eso, hermano, por semanas, contar calorías, pero no me ha dado… hay gente que durante años ha estado contando calorías, que todo lo que ingiere él sabe: “Tiene tanta proteína, tiene tanto consumo calórico”. Hermano, hay gente que come con una tabla en la mano y te dice: “Mira, esa no, esa no; esta, porque esta tiene una mejor proteína, de más calidad”. Hermano, hay gente que tiene diez años contando calorías y cuidando su cuerpo de los medicamentos, y a ese que tiene diez años, a ese se le enferma el cuerpo.

La insuficiencia de nuestra experiencia humana

Al navegante experimentado de los asuntos de salud, ese que jamás se ha parado en un “ulcimi churrá”, en una comida que sirven en una fundita, sino que solamente ha estado comiendo vegetales y cosas de mucha calidad, a ese se enferma. Metafóricamente hablando, ese es el navegante experimentado para el cual su experiencia no fue suficiente. ¿Han visto la gente, hermanos, que tiene control del último peso que entra y sale de su bolsillo? Son personas que llevan sus finanzas personales y viven controlando: “No, mira, yo tengo un presupuesto, estoy ajustado a mi presupuesto, yo sé que produzco tanto, tengo un excedente de tanto, siempre tengo un 20% de ahorros, siempre hay un fondo que tengo ahí guardado por una emergencia”. A ese navegante experimentado le va a llegar un momento que su organización… “Tiemblan y titubean como ebrios y toda su ciencia les es inútil”.

Hermano, ¿está mal cuidar el cuerpo? No está mal. ¿Está mal cuidar las finanzas personales? No está mal. Lo que está muy mal es que tú entiendas que tu experiencia puede sobreponerse a la aflicción. Llegará un momento que enfrentarás cosas para las cuales el navegante más experimentado, ese que está acostumbrado a lanzarse al mar en naves y cruzar de un lugar al otro, se va a tener que tambalear como ebrio, que va a estar que no sabe para dónde va. ¿Han visto alguno con su profesión y oficio impecables? Esa persona que logró, hermano, conseguir la experiencia, conseguir la titulación y conseguir la posición al mismo tiempo. Uno dice: “¡Wow! Eso es un profesional”. Ese estudió su oficio, experimentado en su oficio, hizo todos los cursos que había que hacer, complementó todo. Hay gente completa, que dice: “Mira, si tú estudiaste ingeniería industrial, sería muy bueno que tú completes con una maestría en tal cosa y luego cierres con algo allá”.

Hermano, hay gente que en su titulación ha encontrado una seguridad vana. ¿Está mal eso? No, no está mal. Ahora, ese que en su posición se dedicó a hacerlo va a llegar un momento que su experiencia le servirá de poco. Y en la familia, hermano, te invito a pensar en la persona que se leyó todos los libritos del doctor Dobson. El doctor Dobson quizá es la autoridad mundial en temas de familia entre los cristianos, y hay personas que han leído todos los libros del doctor Dobson: “Cómo tener un noviazgo saludable, cómo tener un matrimonio saludable, cómo tener hijos incluidos en los caminos del Señor”. Hermano, y se le cae la familia. Uno entendería que una persona que había hecho todos los pasos correctos… no, son navegantes experimentados en temas de familia.

“Hermano, suben a los cielos, descienden a los abismos, sus almas se derriten con el mal, tiemblan y titubean como ebrios y toda su ciencia les es inútil”. ¿Está mal leer temas de familia? Lean los libros del doctor Dobson, que son muy buenos, pero confíen, hermanos, que va a llegar un momento que la mayor experiencia que usted tenga sobre ese tema… hace que la ola suba y usted no se va a sentir firme. Aquel que cuida su seguridad física, la gente que no se expone. Bueno, hay gente que después de las 9 de la noche dice: “Yo no salgo de mi casa después de esa hora porque no hay nada bueno que se le pegue a uno después de esa hora”.

Juventud, seguridad y la mano de Dios en la tribulación

¿Han visto a estas personas, hermanos, que si no hay luz no salen? Estas personas que no corren ningún riesgo físico, que dicen: “No, mira, yo pongo cuatro candados y cuando alguien me visita tiene que llamarme por teléfono, si yo no abro esa puerta, nadie entra”. Hay gente que tiene políticas de seguridad extremas, hermanos, para su seguridad física, y muchos de ellos amanecen con un ladrón en la casa. No quiero, hermano, hacer que te bajes la guardia en esto; lo que les quería decir es que sin Dios, sin Dios, sin Dios en la ecuación, nuestra mayor seguridad, nuestra mayor experiencia, no sirve de nada.

¿Han visto ustedes a otros confiar en la juventud? Mire, la juventud, hermano, es valiosa. Lo que usted hace a los 20 no lo hace a los 30, y lo que usted hace a los 60 no lo puede estar haciendo después de eso. Dice la Escritura así mismo: “Alégrate, joven, en tu juventud, antes que vengan los días malos en los cuales digas: ‘No tengo en ellos contentamiento’”. La juventud, hermano, es algo muy bueno, es un activo muy valioso. Pero está sobrevaluado. Muchachitos, muchachitos acabados de nacer se enferman de enfermedades que se deberían estar tratando en los ancianos. ¿Y cómo cayó ese de 23 años con un infarto fulminante, qué pasó? “Suben a los cielos, descienden a los abismos, sus almas se derriten con el mal, tiemblan y titubean como ebrios”.

Hermano, la parte final del Salmo 107 aspira a quitar de nosotros cualquier tipo de seguridad que esté más allá de Dios. Estamos expuestos a enfermedades, estamos expuestos a carencias materiales, estamos expuestos a pérdidas. Hermano, la naturaleza misma a veces conspira contra uno. “Tiemblan y titubean como ebrios y toda su ciencia les es inútil” a los navegantes experimentados. “Entonces claman a Jehová en su angustia y los libra de todas sus aflicciones. Cambia la tempestad en sosiego y se apaciguan sus ondas”.

Hermano, yo no he venido a decirte que tú siempre vas a ser exitoso en la salud del cuerpo. No he venido a decirte que siempre serás exitoso en tus finanzas. No he venido a decirte que siempre serás exitoso en tu profesión, en tu familia, en tu seguridad física, que la juventud… no. Hermano, yo lo que vengo a decirte es que todas esas cosas en un momento fallan, y cuando alguna de esas cosas falle tendrás que clamar a Jehová en tu angustia y Él te librará de todas tus aflicciones. ¿Y no es esto, hermano, no es esto? No es: “Ah, yo soy cristiano, entonces no me va a venir la aflicción”. Nos llega igual. Hermanos, los cristianos tenemos crisis familiares, tenemos crisis de salud, tenemos crisis económicas, tenemos despidos. Hermano, usted puede ser el mejor profesional cristiano, lo van a despedir en su trabajo, su seguridad física nos falta, todas esas cosas; pero sabemos que podemos clamar a Jehová en nuestra angustia y es Jehová quien nos libra de todas nuestras aflicciones.

Dios levanta la tempestad: aflicción y providencia

Tengo que aclarar aquí. Hay un malentendido. Hay gente que ha pensado que la aflicción es como una consecuencia de pecados particulares. “Hermano, te despidieron del trabajo, ten cuidado si tú no estabas orando, ten cuidado si tú estabas participando en pecados…”. Y es probable, es probable, hermano, no seguro, es probable que el Señor te castigue por un pecado puntual. Pero hay gente que no ha pecado de manera particular en ninguna manera y le llega. Digo esto con cuidado, hermano. Por la providencia del Señor a veces Él obra a favor nuestro y a veces parece que obra en contra nuestra. Se lo demuestro. Miren lo que dice el Salmo 107:

Ellos han visto las obras de Jehová, y sus maravillas en las profundidades. Porque habló, e hizo levantar un viento tempestuoso, que encrespa sus ondas.

— Salmo 107:24–25

¿Quién habló? Jehová. Ajá, hermano, entonces Jehová es quien levanta la ola. Él es quien permite que esto suceda. Miren, esta creación está sujeta a la mano de Dios. No hay un temblor de tierra que el Señor no permita; no hay una ola que se mueva sin que el Señor lo permita. Quien levanta la tribulación es Dios. Por eso el sabio Job pudo decir:

Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.

— Job 1:21

No fue: “Jehová dio, y el diablo quitó”, no. “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito”. Hermano, cuando usted se encuentre una tribulación de esas que le llegan a uno en diferentes áreas de la vida, no piense primero… primero evalúese y piense a ver si acaso hay algo. Por ejemplo, Jonás estaba en desobediencia, se monta en un barco y el barco se estaba hundiendo por causa de Jonás. Ahora, no siempre, hermano, es que Jonás haya pecado. Hay veces que el Señor de todos modos manda la tempestad en la vida del creyente. ¿Ahora, para qué lo hace?

Quiero descartar que la tempestad se deba siempre a pecados particulares. A veces usted no ha hecho nada indebido y le roban. A veces usted no ha hecho nada indebido y lo despiden del trabajo. A veces, hermano, usted no ha hecho nada indebido y le toca un hijo rebelde. A veces usted no ha hecho nada y le toca que le abandone el cónyuge. A veces usted no ha hecho nada y tiene hambre. Le digo otro caso. Busquen Lucas 8 para que ustedes vean si eso es verdad: “Entonces clamaron a Jehová en su angustia y los libró de todas sus aflicciones”. Mire Lucas 8, versículo 22. Quiero demostrar con esto, hermano, que hay situaciones que nos sobrevienen, no necesariamente porque estemos lejos de Dios o estemos cerca, no necesariamente porque seamos buenos o seamos malos, que hay situaciones que llegan porque llegan.

Aconteció un día, que entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y partieron. Pero mientras navegaban, él se durmió. Y se desencadenó una tempestad de viento en el lago; y se anegaban y peligraban. Y vinieron a él y le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Despertando él, reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza. Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban y se decían unos a otros: ¿Quién es éste, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?

— Lucas 8:22–25

Hermano, aquí no estamos hablando de que si el Señor está lejos del barco, el barco se hunde; el Señor está dentro del barco y se está hundiendo. Miren qué paradoja es esto. A uno le dicen: “No, si tú te alejas de Dios, hermano…”. Es verdad, nos sucede a todo el mundo. Esta gente tenía a Dios mismo en el barco y el barco se estaba hundiendo. Explíqueme esta paradoja. ¿No le han dicho: “Ten cuidado si tú te alejas de Dios, porque si estás lejos de Dios te va a suceder tal cosa”? El Señor estaba ahí. ¿Tú sabes lo que es estar en un barco con el Señor ahí, ahí? Entonces, imagínate que se ahogue Cristo. Eso no puede suceder, hermano. La naturaleza no puede oponerse a su Creador.

Cristo estaba al lado de los discípulos, y ahí, con Cristo al lado, los discípulos están experimentando tempestad. Yo te quiero enseñar con esto, hermano, una lección espiritual: que por muy bien que tú estés delante del Señor, te llegará la aflicción. ¿Y qué hacemos cuando nos llega la aflicción? “Entonces clamamos a Jehová en nuestra angustia y Él nos libra de todas las aflicciones”. El Señor estaba ahí al lado de ellos, hermano, y ellos fueron y clamaron al Señor. El Señor se durmió; yo estoy infiriendo cosas, pero el Señor se durmió para que ellos tuvieran que clamar y despertarlo: “Maestro…”. Y Él les dijo: “¿Dónde está vuestra fe?”.

Por qué Dios permite las aflicciones

Y atemorizados se maravillaban y se decían unos a otros: “¿Quién es este, que aun los vientos y las aguas manda y le obedecen?”. Hermano, cuando tú clamas a Jehová en tu angustia, el Señor intervendrá en tu salud, en tus finanzas, en tu familia, en tu profesión, en tu calamidad, y lo que era anteriormente un motivo de ansiedad se convertirá en un motivo de acción de gracias. ¿Para qué el Señor permite las aflicciones? Hermano, yo encuentro dos razones en esto, quizás hasta tres.

Lo primero, para que nosotros recordemos que no vivimos en el cielo, sino en un mundo caído. Desde que el hombre cayó en pecado, la creación misma sufrió las consecuencias. Las consecuencias del pecado vinieron sobre el hombre y vinieron sobre toda la creación. Dice la Escritura que aun la creación gime con dolores esperando la consumación de estas cosas. Bueno, nosotros no vivimos en un mundo justo, vivimos en una creación que cayó, y el pecado ha hecho todo esto maltrecho. El Señor perdonó nuestro pecado, pero nos ha dejado a veces esta calamidad para que nos recordemos que el pecado tiene consecuencias.

Tú no fuiste hecho para envejecer y envejeces. “Pero si el Señor perdonó mi pecado, si la muerte, hermano, es consecuencia del pecado, ¿por qué el Señor me permite envejecer?”. Para que experimentes lo que es el poder del pecado sobre el hombre, a pesar de que la muerte ya no es una realidad para ti, porque tienes más que muerte, tienes vida. Yo pretendo, en los próximos años, preparar a mis hermanos para que envejezcan con dignidad. Para que usted entienda, hermano, que de los 30 pa’lante estamos bajando. No, pero es verdad, hermano, la cúspide de la vida son los 30 años, de ahí para allá estamos bajando. Usted cumplió 30, prepárese. Le digo, hermano, se ve muy feo, se ve muy feo un envejeciente cristiano avergonzando a Cristo, quejándose innecesariamente, sin reconocer que la enfermedad, el pecado y la degeneración del cuerpo es un recordatorio palpable de que nosotros somos seres caídos que, por la misericordia del Señor, tenemos esperanza, porque el pecado es una realidad.

Usted tiene más de 30 años, prepárese que pronto la visión suya va a ir perdiendo facultades. Bueno, algunos nacen con ese problema, pero se pierde. Prepárese, hermano, prepárese que los brazos se le van a poner, como dice así mismo la Escritura, que los brazos se ponen temblorosos. Eso va entrando con la edad, y usted va a sentir que se le van a poner los brazos un poco temblorosos, eso le da. Hermano, es un recordatorio palpable de que el pecado es real. Miren, si Cristo hubiese dejado la creación tal como estaba, nosotros no anhelaríamos el cielo. Si Él no dejara la creación a sí misma, no anhelaríamos nosotros un cielo nuevo y una tierra nueva. Nos ha dejado todos estos malestares para que recordemos que nuestra casa está más allá, más allá del sol, dice el himno: “Más allá del sol, yo tengo un hogar, hogar dulce hogar, más allá del sol”.

Hermano, si uno no perdiera facultades en el cuerpo, no entendiera que hay un hotel en la gloria, y uno dice: “Señor, ni siquiera vengas”, si no anhelara la venida de Cristo y la consumación de todas estas cosas. Uno anhela, como dice el apóstol Pablo, irse a la presencia del Señor, porque uno sabe que allá tendremos todas nuestras facultades. Usted tiene más de 30, hermano, los sabores no van a tener la misma intensidad, se va perdiendo, hermano, la facultad. A mí me decía en días pasados una persona que cocina muy bueno, me decía: “No, mira, ya yo como que los sabores no los distingo igual”. Se van perdiendo facultades. Sus seres queridos se le van a ir yendo, uno alante y otros después, pero es parte de la vida. La muerte, hermano, la muerte, que quizá es el recordatorio más palpable que nosotros tenemos del poder de los efectos del pecado, es que vemos morir a los seres queridos. A veces duele más cuando los mayores ven a los más jóvenes, pero siempre duele.

Ahí visitaba yo ayer a mi barbero, un hermano. Bueno, ustedes lo conocen. Me dijo que se murió una de sus hermanas en la semana, y parece que se querían mucho. Y él estaba recordando. Mientras él me recortaba, yo le veía la tristeza en el rostro, y él estaba recordándome, se veía la tristeza ahí, él se estaba recordando su tristeza. Mire, el hombre peca y el hombre se muere. El pecado tiene sus consecuencias.

La aflicción como recurso de santificación y nuestra respuesta

¿Qué les digo con todo esto, hermano? Hay veces que el Señor permite la tribulación, no porque hayas pecado de manera particular, sino porque sabemos todos que el pecado está en el mundo y que es una realidad. Pero en segundo lugar, el Señor permite que esto suceda, que nos lleve a tribulación, porque es un recurso para santificarnos. Si cada cierto tiempo el Señor no levantara la ola, uno no dijera: “Sálvanos, Señor, que perecemos”. Nos volveríamos autosuficientes, iríamos por la vida por nuestros propios rumbos. Hay veces que el Señor te permite que la tribulación te llegue para que tú ores, para que tú clames, para que tú recuerdes que Él quiere cuidar de ti.

Hermano, si el Señor no mandara la tribulación, ellos no hubiesen dicho: “¿Quién es este, que aun el viento y el mar le obedecen?”. ¿Por qué el Señor sube la ola? ¿Por qué el Señor permite que el navegante experto, este que se echaba al mar, en este momento esté como los ebrios y que toda su ciencia sea inútil? Para que este que es muy experimentado no se crea autosuficiente y, en su autosuficiencia, tenga que decir: “Entonces claman a Jehová en su angustia y Dios los libra de todas sus aflicciones”. Quiero cuidar a mis hermanos de la tentación de confiar en la tranquilidad. Hermano, yo no sé qué tan inquieta está tu vida ahora mismo; lo que te vengo a decir es que puede ser que se ponga peor.

Todo ser humano entiende que tiene más aflicción de la que puede aguantar. Tú le preguntas a cualquiera y te dice: “Mira, yo tengo una situación económica ahora mismo que yo no soporto”. Tú le preguntas a una persona: “Yo tengo un dolor en el cuerpo que no soporto”. Y tú no sabes, eso se puede complicar. Los cristianos no estamos llamados a anunciarle a nuestros hermanos aparente paz en esta tierra. Nosotros estamos llamados a anunciarle a nuestros hermanos que suficiente es Dios para, sin importar qué tan alto suba la ola, de ahí el Señor puede rescatarte. Si has perdido algún familiar, si has sentido la enfermedad, si te han robado, si has perdido el trabajo, si lo has sentido en tu familia, clama a Jehová en tu angustia y Jehová te puede librar de todas tus aflicciones.

Escuchen lo que hace el Señor, versículo 29 en adelante:

Cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas. Luego se alegran, porque se apaciguaron; y así los guía al puerto que deseaban. Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres. Exáltenlo en la congregación del pueblo, y en la reunión de ancianos lo alaben.

— Salmo 107:29–32

Hermano, qué hermoso es cuando uno ha clamado al Señor y uno ve que el Señor cambió la tempestad en sosiego, aunque sea un sosiego temporal, hermano, pero uno respira. Oh, hermano, entre el hacha de cáncer y el palo, uno sabe que en la vida hay aflicción, pero cuando el Señor nos ha dado sosiego, uno: “¡Uf, Señor, gracias porque me sacaste de ahí!”. “Luego se alegran porque se apaciguaron, y así los guía al puerto que desean. Alaben las misericordias de Jehová y sus maravillas para con los hijos de los hombres, exháltenlo en la congregación del pueblo y en la reunión de ancianos lo alaben”.

El convierte los ríos en desierto, y los manantiales de las aguas en sequedades; la tierra fructífera en estéril, por la maldad de los que la habitan. Vuelve el desierto en estanque de aguas, y la tierra seca en manantiales. Allí establece a los hambrientos, y fundan ciudad en donde vivir. Siembran campos, y plantan viñas, y rinden abundante fruto. Los bendice, y se multiplican en gran manera; y no disminuye su ganado.

— Salmo 107:33–38

Hermano, primero dice cómo el Señor quita y después cómo el Señor devuelve. Allí establece a los hambrientos y fundan ciudad en donde vivir, siembran campos y plantan viñas y rinden abundante fruto, los bendice y se multiplican en gran manera y no disminuye su ganado.

Luego son menoscabados y abatidos a causa de tiranía, de males y congojas. El esparce menosprecio sobre los príncipes, y les hace andar perdidos, vagabundos y sin camino. Levanta de la miseria al pobre, y hace multiplicar las familias como rebaños de ovejas. Véalo los rectos, y alégrense, y todos los malos cierren su boca. ¿Quién es sabio y guardará estas cosas, y entenderá las misericordias de Jehová?

— Salmo 107:39–43

Hermano, lo que está describiendo el salmista es que esa es la vida cristiana: una vida de tribulación, de aflicciones, pero de todo lugar el Señor nos recogerá. Es totalmente improcedente predicar a los hermanos solamente beneficios en esta tierra. Miren, el salmista después de decir la metáfora del barco, comienza a decir: el Señor se lo va a llevar todo y les va a devolver todo, el Señor va a secar el manantial y al mismo tiempo va a plantar un desierto. Es como un contrasentido, porque la realidad de la vida es esa: “Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito”.

“Luego son menoscabados y abatidos”, o sea, de nuevo nos toca. Sí, nos toca de nuevo. Oye, hermano, recuerda tu última aflicción. Recuerda la última. ¿Dónde la sentiste? ¿Perdiste un familiar, perdiste trabajo, tuviste aflicción en tu casa? El Señor te dio sosiego. Prepárate, hermano, que probablemente de nuevo suba la ola, pero de ahí también el Señor te rescatará. Miren cómo el salmista vuelve a repetir la historia en el 39: luego de esto, que el Señor les establece, son menoscabados y abatidos a causa de tiranía, de males y de congojas. Él esparce menosprecio sobre los príncipes y les hace andar perdidos, vagabundos y sin camino, levanta de la miseria al pobre, de nuevo te levanta, y hace multiplicar las familias como rebaños de ovejas.

“Véanlo los rectos y alégrense y todos los malos cierren su boca. ¿Quién es sabio y guardará estas cosas? Entenderá las misericordias de Jehová”. ¿Qué es entender las misericordias de Jehová? Que en tu vida subirá la ola y bajará la ola; que en tu vida lo perderás todo y lo recuperarás todo; que hasta que te establezcas en la ciudad segura hacia la cual tú estás caminando, por el camino derecho que termina en ciudad habitable, tú vas a vivir altas y bajas, pero en todos los lugares el Señor nos recogerá.

Oración final por la iglesia en medio de la aflicción

Permítanme orar por mi iglesia local para que sepa glorificar al Señor en los momentos de aflicción. Cierre sus ojos un momento, y oro por la iglesia.

Te pido, Señor, por mis hermanos, en sus diferentes momentos en su caminar hacia ti. Mira a aquellos que están ahora mismo en tiempos de sosiego y pueden respirar. Permite que en su aparente descanso no se olviden de clamar a ti, Señor, en su angustia, para que tú los recojas, para que tú les libres. Mira a aquellos que están ahora mismo en medio de la ola, Señor, y sienten que se rompe el barco. Te pido que sean especialmente fortalecidos, Señor, para entender que su vida está en tus manos, y que si es tu voluntad, prevalecerán, y si no, Señor, estarán en mejor lugar, en tu presencia.

Te pido por aquellos padres que han sentido la tribulación en la parte más cercana, en su cuerpo, en sus cónyuges, en sus hijos. Permite, Señor, que entiendan que a pesar de su aflicción tú puedes estar ahí, “durmiendo” y descansando, Señor, pero que estás ahí en el barco con nosotros. Que nuestra vida está en tus manos, Señor, que la tierra no puede atentar contra el Creador y que nosotros estamos en las manos tuyas. Permite que tengamos confianza renovada, Señor, para enfrentar la tribulación con dignidad.

Padre, te pido encarecidamente que mis hermanos, cuando les llegue la tribulación, se comporten como cristianos. Permite que aquellos, Señor, a quienes la aflicción se les ha acercado, se comporten como cristianos, que puedan dar testimonio a los impíos, Señor, de que ellos han confiado en aquel que no puede ser conmovido. Gracias, Padre, por esta esperanza cierta, gracias por este salmo de acción de gracias, gracias, Señor, porque en tu Palabra nosotros encontramos sosiego. En el nombre de Cristo, amén.

Que el Señor les bendiga, hermanos, que el Señor les anime, que el Señor les ayude en su aflicción. Nos vemos el próximo miércoles en nuestro culto y estudio bíblico.

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