Domingos 9:30 AM y 11:30 AM Gazcue, Santo Domingo
Saltar al contenido

Cultivando amistades saludables

Proverbios 17:17

Las relaciones entre amigos se han distorsionado hacia dos extremos: por un lado la superficialidad de contactos sin compromiso, y por el otro la exageración en la cercanía que se vuelve enfermiza. Entre esos extremos, la Palabra de Dios nos llama a cultivar amistades saludables: en todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia.

Predicado12 de febrero de 2012
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Y nos preparamos ahora para recibir la instrucción de la palabra del Señor, más instrucción de la palabra del Señor. Siempre decimos que la palabra del Señor se debe recibir con expectativa; usted debe venir con la intención de que Dios le hable a través de su palabra, de hacerla suya, de aplicársela al corazón. Le pido que no se me distraiga mucho con Valentín, Memo; ya intentamos a ver si lo movíamos y no pudimos. Hoy nos han decorado la plaza con Valentín, y precisamente quiero tomar la temporada para buscar la instrucción del Señor al respecto.

Como el mundo entero estará celebrando el amor y la amistad en esta semana, pero con ignorancia, me gustaría que vayamos a la palabra del Señor para que nosotros celebremos el amor y la amistad con convicción. El mundo se deja llevar principalmente, aupado por las tiendas y todo este movimiento comercial alrededor del amor y la amistad, y va deformando lo que es el amor, lo que es la amistad. Le pido que vayamos al consejo de la palabra del Señor para que, ahora con instrucción, podamos desarrollar amistades saludables.

Antes que esto, le pido que cierren sus ojitos ahí donde están y que en oración nos encomendemos delante del Señor. Venimos delante de ti, Señor, con la Biblia en la mano, venimos delante de ti, Señor, con tu palabra en nuestras manos, venimos delante de ti, Señor, a pedirte que cuando tu palabra sea predicada sea entendida y puesta por obra. Mira cuánta confusión hay alrededor de este tema. Mira cuánto error hay alrededor de este tema. Mira cuánta gente está confundida, mira cuántas personas están celebrando, Señor, sin ningún tipo de sentido.

Permite que con tu palabra podamos desarrollar relaciones de amistad saludables, que podamos, Señor, amar a la gente como la amas tú. Que no nos dejemos llevar del aluvión de información distorsionada que el mundo produce en este tiempo, sino, Señor, que vayamos a la fuente, a la única autorizada para hablar de estas cosas, y que lo hagamos a la manera tuya. En el nombre de Jesús, amén.

Estaremos hoy hablando en Red Mundial precisamente sobre cultivar amistades saludables. Yo sé que usted todavía tiene un amigo; en la medida de lo posible, todos hemos tratado de desarrollar amistad. Ahora vamos a aprender cómo podemos esas mismas amistades tornarlas para que brillen más. Quizás tienes muchos amigos, quizás tienes pocos; aprendamos hoy cómo cultivar amistades saludables. Todo esto basado en el consejo de la palabra del Señor. Es apropiada la temporada, es apropiado el momento; ya las tiendas están mandando la publicidad.

Dos extremos en las amistades: superficialidad y exageración

Los periódicos pesan más en este tiempo, ¿se han fijado en eso? Mira, a cualquiera se le caen los brazos levantando un periódico en esta semana. Yo no sé cómo hacen los repartidores, porque esos periódicos vienen full, hermano, esos vienen con encartes especiales, oportunidades por correo, llegan ofertas de hoteles. Miren, esto es un aluvión de información sobre el amor y la amistad. La iglesia tiene que decir ante esto algo, sí, tenemos que decirlo. ¿Qué tenemos que decir? El consejo de la palabra del Señor. En su bosquejo, en la parte central, están los puntos principales de la enseñanza para que puedan irlo completando; ahí están también los versículos principales para que pueda meditar en ellos durante la semana.

Si algo te llama especialmente la atención, si alguna cita el Señor habla a ti especialmente, anótalo ahí en tu bosquejo. Acostúmbrate a traer tu lápiz, hermano; ya que la iglesia te da la hoja, trae tú el lápiz. Acostúmbrate a venir a la casa del Señor con tu lápiz, o busca un lápiz prestado, pero acostúmbrate a tomar nota. Escribe ahí la palabra del Señor, subráyala; si algo el Señor de algún modo te da una luz especial, subráyalo ahí, márcalo, para un mayor aprovechamiento.

A modo de introducción, hermano, le diré: las relaciones entre amigos se han estado distorsionando y esto ha ido a los extremos. Son como dos lados. Cuando se habla de amor y amistad, muchas personas o se van a la izquierda o se van a la derecha, pero se van a los extremos. En un extremo está la superficialidad: esto es el “contacto”, la persona que tiene cantidad de contactos, pero no tiene un solo amigo. Es el primer extremo. Es la persona que puede tener una gran cantidad de amigos en Facebook y dice: “Se me llenó el Facebook, ya”. Hay personas que le ponen “lleno, lista llena, ya no me cabe otro más”, cantidad de contactos.

La superficialidad de este tiempo: son las personas que abren su Messenger y hay cantidad de ventanitas allí parpadeando, sus supuestos amigos. Superficialidad por un lado. Y por otro lado, entonces, está la exageración de la cercanía, está el “canchanchaneamiento”. Están estos amigos inseparables que se vuelven casi enfermizos, donde tienen que andar uno al lado del otro y pegados siempre. Dos extremos, hermano.

Primer extremo: la superficialidad. Y al otro extremo está el abuso del amor y la amistad: personas que atan su vida a la vida de otro a un punto casi enfermo. Entre estos dos extremos, el extremo superficial por un lado y el extremo exagerado por el otro, yo creo que podemos edificar, podemos cultivar amistades saludables. Esto es bueno. El libro de Proverbios dice así:

En todo tiempo ama el amigo,

y es como un hermano en tiempo de angustia.

— Proverbios 17:17

Consejo del libro de Proverbios: “En todo tiempo ama el amigo”. A nivel de introducción, dos extremos sobre los cuales debemos de cuidar: cuídate de la superficialidad de este tiempo, del amigo-contacto. Y cuídate, por otro lado, del abuso de este tiempo, del amigo inseparable, el que piensa que tu destino debes atarlo al destino de tu amigo. Ambos extremos. ¿En medio qué encontramos? Encontramos las amistades saludables.

Dos versículos más también del libro de Proverbios para que veamos cómo se manifiestan estos dos extremos. Dice el libro de Proverbios:

Detén tu pie de la casa de tu vecino,

no sea que, hastiado de ti, te aborrezca.

— Proverbios 25:17

Un extremo. Y al mismo tiempo, el mismo libro de Proverbios entonces nos dice:

El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo;

y amigo hay más unido que un hermano.

— Proverbios 18:24

Mira aquí las dos partes: que tengamos amistades, pero que sean amistades saludables. Para esto, le estaré compartiendo tres principios sobre amistades saludables basados todos en la palabra del Señor. En cada uno de estos principios quizás tú puedas verte reflejado; en cada uno de estos principios quizás tú puedas encontrar alguna oportunidad para mejorar una amistad. En cada uno de estos principios recíbelo así, hermano.

Primer principio: amar siempre, aunque no haya relación

Principio sustentado en la palabra del Señor, el único consejo autorizado en este tema. Defino un principio: un principio es una aplicación universal sobre algo. La Escritura está llena de principios. Un principio es universal, un principio trasciende la cultura, un principio trasciende el tiempo. Por eso la palabra del Señor tiene una sabiduría tan práctica, porque es una sabiduría atemporal. Estos principios que utilizaron hermanos que escribieron el libro de Proverbios hace miles de años, principios para cultivar amistades saludables, son los mismos principios que la iglesia del Señor puede apropiarse en el siglo 21 para cultivar amistades saludables.

Y el principio número uno es este: es posible amar a una persona sin necesariamente establecer una relación. Lo abundo más. Se ha creído que nosotros tenemos que estar cargados de amigos y que cualquier persona que nos encontremos en la calle debe ser nuestro amigo inseparable. Algunas personas han malentendido el mandamiento del Señor y piensan como que tenemos que establecer una relación de amistad con todas las personas que tenemos cerca. Y si acaso tenemos un trabajo nuevo, ya todos nuestros compañeros de trabajo deberían de ser amigos entrañables; y si acaso nos mudamos a un lugar nuevo, todos nuestros vecinos deberían de ser amigos entrañables; y si acaso tenemos que transportarnos entre el punto A y el punto B, todas las personas que encontramos en el camino entonces deberían de ser también amigos entrañables.

¿Qué dice al respecto la palabra del Señor? Dice así:

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.

— Lucas 10:27

La palabra aquí clave, hermano, es la palabra prójimo. Dice la Escritura que nosotros podemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, pero ¿de qué se trata esto? ¿Se trata de ir estableciendo relaciones de amistad con todas las personas que encontramos en el camino o se trata de algo distinto a esto?

¿Qué es un prójimo? La mejor palabra para definir “prójimo” es “próximo”. Lo que está diciendo la Escritura es que nosotros deberíamos amar a nuestro próximo como a nosotros mismos. Un próximo, un prójimo, es amar la persona que tienes justo al lado. Regularmente el hombre natural ama aquellas personas con las cuales coincide especialmente; sin embargo, dice la Escritura que nosotros deberíamos amar a cualquier persona que tengamos al lado.

Cuando el Señor explicó esto, le preguntaron los discípulos: “¿Y cómo entendemos qué es un prójimo?”. Entonces Él les contó una historia. Les dijo: había un hombre que venía caminando y encontró en el camino a otro hombre herido, que era totalmente desconocido para él y pertenecía a un pueblo contrario. Él le tomó, lo llevó a un lugar y le amó por medio de un acto de servicio, le cuidó. Eso es un próximo.

Lo que está diciendo aquí el Señor, hermano, es que nosotros tenemos que tener una disposición para amar a cualquier persona, a pesar de que no entablemos con esa persona una relación que sea para toda la vida. Una cosa es amar y otra cosa es la amistad. Amar es la disposición, la disposición a servirle, la disposición a cuidarles, la disposición a recoger una persona aunque te sea un total desconocido. Esa disposición debe tenerla cualquier cristiano.

Quiero explicar, para que esto se entienda mejor, lo que es establecer una relación y lo que es amar, utilizando las palabras con que en griego se definía amor. Los griegos tenían tres palabras, y de esas tres hay dos que son palabras que están en la Escritura. La primera palabra que tenían para definir lo que era el amor era el amor “eros”, que normalmente la gente lo relaciona con amor erótico, y también es así, pero es mucho más. El amor eros no se trata solamente de un amor sexual, de un amor carnal, sino de un amor posesivo. Eso es lo que significa eros: personas que tienen una profunda necesidad y quieren satisfacerla. Eso es eros.

Es un amor que desea o quiere poseer, una emoción muy intensa, aunque sea pasajera. Eso es eros. El amor eros es el amor del Titanic; ustedes vieron la película. Yo estoy convencido de que ese amor de Titanic funcionó porque el barco no llegó al puerto. Si ese barco llega al puerto, ese amor se desbarata. Ese es el amor platónico. El amor platónico es un amor muy intenso, aunque fugaz; un amor muy intenso, un amor inconcreto, un amor que no llega a realizarse. Esos son amores siempre sobrevaluados. Una llama intensa, es un deseo profundo por poseer algo.

Todos en algún momento hemos deseado fuertemente algo. Dice la Escritura que el amor no busca lo suyo; es cierto, pero inicialmente a veces lo buscamos, y eso no impide que el amor se concrete. ¿Me siguen en esto? El amor eros es el amor que se celebra en el día de San Valentín. Es un deseo, es una pasión, es un arrebato. Ahora, la Escritura también ofrece dos palabras para definir amor. En el amor eros todo el mundo quiere para mí; con los habladores, “es para mí, y para mí, y para mí; yo tengo necesidades, llénenme; yo tengo carencias, denme”. Eso es lo que es amor eros: es una pasión, un arrebato, es un asunto muy intenso, aunque efímero, aunque fugaz, pero se siente profundamente.

Sin embargo, la Escritura ofrece la palabra “filo” o “fileo”. Es un amor que busca compartir. Es el amor que ha superado el eros; a pesar de haberse consumado el deseo y satisfecho la carencia, permanece en una relación. Cada vez que la Escritura utiliza la palabra “filo” o “filia”, se está hablando de un amor relacional. No es solamente que tuviste la disposición de amar a una persona; es que tuviste la disposición de amar a una persona y sacrificarte para permanecer con ella en una relación. Para entrar en el amor filial se requiere sacrificio. Con estos términos se describen las relaciones de amistad.

Ahora le pregunto: ¿todas las manifestaciones de amor en la Escritura son amor “filias”? No, hermano, muchas de ellas sí, pero hay otro tipo de amor, que es todavía un amor más desprendido, que es el amor “ágape”. Es el amor que da. Es un amor desinteresado, que no necesariamente busca nada a cambio; que da sin esperar o hasta sin sentir. Ágape es un término utilizado en el Nuevo Testamento para enseñar ese nuevo tipo de amor introducido por Cristo.

Cada vez que la Biblia habla de amor ágape está hablando de un amor que da, aunque no reciba nada a cambio. Es el amor que tuvo el buen samaritano, que recogió a su próximo en el camino. Quizás el próximo no tenía nada que darle al samaritano, pero el samaritano le recogió; eso es amor ágape. Ese tipo de amor es el amor más olvidado de este tiempo. Es un amor que no solamente busca compartir, que no solamente busca obtener; es un amor que puede dar a pesar de que no reciba nada a cambio. Es el amor con que te amó Dios a ti. Dice la Escritura:

Porque de tal manera amó Dios al mundo…

La palabra que utiliza ahí es “ágape”: “de tal manera ágape Dios al mundo”. Cuando tú y yo no teníamos nada que darle a Dios, entonces ya Dios nos estaba amando. Eso es ágape.

Amar por convicción: ágape y fileo en la vida cristiana

Miren, el amor que Dios tiene para nosotros no es un amor que está basado en sentimientos. No es que el Señor: “¡Ay!”. No, no. Es un amor que está basado en convicciones. Él dijo: “Yo les he amado y les amaré hasta el final. Yo les ágape”. El amor eros es un amor donde buscamos satisfacer solamente; es el amor más superficial de todos. El amor filias es el amor donde buscamos compartir. El amor ágape es el amor donde buscamos dar.

Me preguntan: “¿Qué es mejor, filias o ágape?”. Ambos, hermanos, ambos. Para determinadas relaciones está el amor filias y para otras relaciones está el amor ágape. ¿Por qué razón no podemos tener amor filial con todo el mundo? Porque la vida no da. Establecer una relación de amistad es un asunto costoso, es un gran sacrificio, hermano, es algo que hasta desgasta. Dice la canción: “Yo quiero tener un millón de amigos”, pero no da la vida para administrar un millón de relaciones de amistad.

Póngales a esto que hay algo más sutil. Lo que te quiero decir es que un cristiano tiene que tener la disposición de amar todo el tiempo, de ágape todo el tiempo, de dar al necesitado, de cuidar al que está sufriendo. Sin embargo, también a veces establecemos filias, relaciones de amistad. Hoy quiero hacer esa definición y que se quede en su mente. Un cristiano tiene que tener la disposición de siempre ser amable; eso es ágape, eso es dar. Y también tiene que tener la disposición, en la medida de lo posible, de ser amigo; eso es fileo, es compartir.

Aquel que se acostumbra a operar siempre en filio, entonces siempre está esperando que el amigo le corresponda, y no, no funciona así. En muchas de nuestras manifestaciones de amor no recibimos nada a cambio; son amores ágape. Una persona que está necesitando en la calle ayuda, tú no debes esperar que la persona te diga ni siquiera gracias. Es ágape. Sin embargo, hay determinadas relaciones, la amistad, donde no solamente estamos dando, sino que también estamos compartiendo. Eso es amor filias: ser amable y ser amigo.

Miren, yo dudo que una persona tenga disponibilidad en su agenda, en su tiempo, en su energía, para cultivar veinte relaciones de amistad. No creo que suceda tal cosa; no, no, no es posible. Sin embargo, hermano, podemos tener nosotros la disponibilidad de desarrollar un amor ágape para miles de personas al mismo tiempo, eso sí. Manifestaciones del amor: hermano, a veces no establecemos una relación de amistad y a veces amamos y punto. Eso es lo que es amor ágape: es amor y punto.

Gran parte de lo que el Señor espera en nuestras manifestaciones de amor es que operemos en ágape, que operemos dando amor, que operemos siendo amables, siendo serviciales, ayudando a los necesitados, aunque no recibamos de ese necesitado nada a cambio. Muchas de las frustraciones en las relaciones de amistad es que las personas piensan que todas las amistades son amistades para corresponder, que todas las manifestaciones de amor son manifestaciones para corresponder; y no, hermano. Gran parte de la manifestación de amor que hace un cristiano es un amor que no espera nada a cambio. Ágape.

Dos palabras, dos manifestaciones, dos expresiones del amor. Muchas veces el amor se expresa de una manera totalmente desprendida: es ágape. Y muchas otras veces el amor se manifiesta en una relación correspondida: es fileo. ¿Cuál es mejor, pastor, es mejor ágape o mejor filias? Hermanos, como el Señor se lo permita.

Quiero hacer un paréntesis, porque hay personas que piensan que en su iglesia todos deberían ser amigos entrañables; tal cosa no es posible. Normalmente, en tu iglesia tú tienes ágape con todos tus hermanos, y cuando te encuentras con tu hermano el domingo tú le ágape con un abrazo; eso es muy bueno. Y cuando sale un estudio bíblico de su casa, tú le ágape con una visita; eso es muy bueno. Ahora, hay determinados hermanos en tu congregación que llegan a ser para ti filias, llegan a ser amigos entrañables, llegan a ser amigos muy queridos, llegan a cuidarse los unos a los otros.

¿Cómo es, hermano? No hay tiempo para desarrollar, no hay vida para desarrollar, en una congregación donde hay más de treinta personas, una relación de amigos entrañables con todo el mundo. Eso es una ilusión. Ahora, tenemos que tener la disposición de ágape a todos nuestros hermanos. Pausa aquí: ¿me está siguiendo? Ágape es cuando yo doy aunque no reciba; fileo es cuando yo comparto en una relación de amistad.

¿Qué le quiero enseñar? Ágape es un ejercicio de la voluntad y no necesariamente de las emociones; es un amor a causa de lo que hace y no necesariamente de lo que siente. Fileo representa una unión especial, una vinculación fuerte con alguien, un afecto que se manifiesta en dos direcciones para compartir, dar y recibir. Mi consejo, hermano: muévase en ágape y haga su fileo en ambos. En ambos. Hay hermanos que quieren el fileo con todo el mundo. No da, no da, no da fileo, hermano; no da para tener una relación especial, una vinculación entrañable, para uno decir: “Mira, esos son para mí mis amigos con quienes yo voy a…”. No, hermano. Ahora, ágape con todo el mundo, por favor.

Amar aunque no sintamos: el ejemplo de Cristo

Ágape, hermano, es un ejercicio de la voluntad. También hay otra confusión: hay personas que piensan que cada vez que van a amar a una persona tienen que sentir una cosquillita en el estómago. No es así. Amar a la persona, hermano, es manifestarle alguna acción en su beneficio, aunque usted no necesariamente lo sienta. Hay veces que uno encuentra a un necesitado que está pidiendo de ti algo, una carencia está buscando llenarla a través de ti, y tú dices: “Mira, yo no te voy a dar lo que tú necesitas porque no lo estoy sintiendo y no quiero ser hipócrita”. Claro que sí: estás siendo un desconsiderado. Ágape a esa persona, aunque no lo sientas. ¿Me siguen en esto?

Hay gente que piensan que cada vez que van por la calle y que tienen que manifestar amor a una persona tienen que sentir algo aquí dentro, como un cosquilleo. No, hermano. El ágape no necesariamente siente, aunque en la medida de lo posible sienta. Ha habido momentos en que han abusado del ágape y dicen: “No, porque el ágape no está sustentado en sentimientos, hay que hacer lo que hay que hacer; hay que amar a la persona, que tú no trates…”. Hermano, trata de sentirlo, pero si no lo sientes, ama; esa es la idea. Trata de sentirlo, trata de desearlo, trata de que sea algo satisfactorio para usted, pero si no, hermano, ágape de todos modos.

El Señor, cuando iba rumbo a la cruz, le dijo a sus discípulos: “Yo les he amado a ustedes y les amaré hasta el final”. Él está diciendo: “Yo los ágape a ustedes; yo les he dado a ustedes y yo ágape hasta el final”. Cristo en la cruz, hermano, no era Romeo y Julieta. Cristo en la cruz no era Titanic, Cristo en la cruz no era “The Notebook”. Cristo en la cruz era un amor fruto de la convicción. Él había dicho que ágape, y ágape en la cruz, aunque no estuviera sintiendo la cosa más satisfactoria del mundo, hermano, pero Él dijo que amaría a sus discípulos hasta el final. Eso es ágape.

A veces hay un hermano enfermo y preguntas tú: “Hermano, yo no voy a visitar al hermano al hospital porque yo no lo siento como yo…”. Hermano, ama ágape. Visita a tu hermano enfermo, lo sientas una cosquillita o no la sientas, hazlo. Hay gente que se ha preguntado a veces: “¿Y es necesario, entonces, mira, que yo no soy muy cercano al hermano…?”. No es porque seas cercano, no es porque lo sientas, es porque hay que hacerlo; como es tu hermano, ágape.

Un amor que da aunque no necesariamente sea correspondido. Alerta: miren, cuando decimos que amamos ágape a Dios no nos referimos necesariamente a un sentimiento, sino a la disposición que hay en nuestra voluntad a obedecerle. Por eso dice la Escritura:

Si me amáis, guardad mis mandamientos.

Casi siempre, cuando la Biblia habla de amor a Dios, habla de ágape. “Si me amáis”, esto es, “si me ágape, guardad mis mandamientos”. En este tiempo hay gente que está teniendo unas relaciones con Cristo como tipo eros, unas relaciones con Cristo como un sentimiento, hermano. Hay veces que un cristiano hace la voluntad del Señor aunque no lo sienta, porque es un amor ágape. Es un amor que se manifiesta a través de hechos, no necesariamente es emocional.

Digo “no necesariamente” porque, hermano, gócese en hacer la voluntad del Señor. Dice la Escritura que la voluntad del Señor debe agradarnos; dice que la voluntad del Señor debe ser nuestra delicia; dice que más dulce que la miel, hermano, debe ser su voluntad. Sin embargo, le tengo que decir: muchas veces yo no he sentido esa miel, pero lo hago. Muchas veces hacemos lo que el Señor dijo que teníamos que hacer porque amamos al Señor por nuestra obediencia, aunque no sintamos la miel, aunque no nos sintamos.

Me preguntan: “Rafael, ¿tú siempre tienes la disposición de obedecer al Señor?”. No, hermano. Mire, la mayoría de las veces yo estoy peleando; yo veo lo que dice el Señor y yo estoy ahí luchando, como testificaba ahorita. A veces digo: “No, es que la voluntad del Señor está muy lejos”; a veces digo que está muy profunda, luchando a veces, hermano, pero lo hago porque amo al Señor. Si amas al Señor, guarda sus mandamientos, si ágape al Señor. Un amor que no es fruto de la emoción o del cosquilleo en la barriga, sino que es fruto de las convicciones y que se manifiesta por medio de acciones. Entonces, obedeces al Señor.

Cuando Cristo ora al Padre en Getsemaní, Él no fue obediente al Padre porque dijo: “Señor, estoy aquí deseoso de ir a la cruz”. No. Él dijo: “Iré a la cruz”. Esa es una convicción de hacer lo que hay que hacer. He seleccionado algunos versículos para que vean cómo se manifiesta la palabra “ágape” y cómo todo esto toma otro significado lejos de lo que es la cultura popular. Por ejemplo, dice la Escritura:

Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.

— Mateo 5:44–45

Cuando dice “amad”, la palabra ahí no es fileo, es ágape.

Ya usted entiende lo que es ágape y lo que es fileo. Cuando el Señor nos dice aquí que amemos a nuestros enemigos, la palabra que utiliza es la palabra ágape. Dice Él: “Yo os digo: amad —ágape— a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen y orad por los que os ultrajan y os persiguen”. Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos y que hace llover sobre justos e injustos.

Dice la Escritura que nosotros tenemos que tener la disposición de ágape, de amar con un tipo de amor a nuestros enemigos, aunque ellos no nos devuelvan nada a cambio. ¿Por qué? Porque de la misma manera en que el Señor nos ha amado históricamente, hermano. El Señor hace que el oxígeno esté ahí disponible, a pesar de que tú, por medio de ese oxígeno, tomes la fuerza para ofenderle. El Señor te ha amado a ti a pesar de que tú no has correspondido su amor. Por eso Él dice: “Ágape a vuestros enemigos”.

Entonces podemos entender ahora: no es que tú vas a desarrollar una relación de amistad, mano, entrañable con tu enemigo y que “mira, ya somos canchanchanes”. No, hermano. Lo que significa es que si tu enemigo necesitara de ti, no lo rechaces. Lo que significa es que si tienes alguna oportunidad para manifestar tu amor al que se te opone, no lo dudes y hazlo. Eso es amar a un enemigo. No es como era antes: “Éramos enemigos y ahora somos amigos entrañables”. No. Quizás él está allá y yo aquí, pero desde aquí le amo. Esa es la manifestación.

Otro texto:

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.

— Juan 3:16

Cuando dice “amó”, no es fileo ahí; es ágape: “Porque de tal manera ágape Dios al mundo…”.

Miren, ¿fue doloroso para el Padre dar su Hijo? No fue un asunto de: “Ay, llévenselo”. No, no, no, hermano. El amor del Señor fue un amor ágape, fue un amor desprendido. Es más, Él ha dado a su Hijo, y la mayoría de ustedes en algún momento de su vida rechazó el regalo del Señor, pero a pesar de eso, ágape Dios al mundo. Esa es la expresión. O sea, el amor de que estamos hablando aquí no es el amor de emoción; es el amor de convicción. No es el amor de una emoción muy profunda en el corazón; es el amor de una acción concreta a favor del necesitado. Es ágape.

Ágape al enemigo y ejemplos de la vida diaria

Deberes de los cristianos con los enemigos. Pausita aquí. “Pastor, pero yo no tengo enemigos; yo soy una gente que no tengo problemas con nadie. Yo no tengo problemas con nadie, yo soy una persona que tengo buenas relaciones con todos los hombres; yo no… no hay nadie que sea mi enemigo”. Mire, un enemigo, desde el punto de vista de la Biblia, lo que significa es un adversario. Cualquier persona que esté en contra nuestra coyunturalmente o por alguna razón concreta, eso es un adversario.

Lo que está diciendo la Escritura es que esa persona que se ha opuesto a ti en algún momento, por alguna circunstancia, eso es un enemigo. No es que “mira, si nos vemos no entramos; no nos podemos ver porque desde que nos vemos…”. No. Eso no es un enemigo. Es cualquier persona que se te opone. Pongo un caso: los dos son empleados del mismo departamento; están luchando por la misma posición; hay un solo ascenso, hay una sola posición de ascenso. ¿Quién es tu enemigo en ese momento? El mismo compañerito de trabajo tuyo que quiere la misma posición que tú quieres. Ese es tu adversario. “Ay, pero yo como quiera lo quiero; es una persona…”. ¿Qué dice la Escritura? Que si alguien está coyunturalmente, o como sea, en contra tuya, ama a esa persona.

Por poner un ejemplo, yo tuve una vecina que fue mi opositora en un momento: tuve que sacar los gallos que tenía en el patio de mi casa. Oiga, hermano, qué asunto. Ustedes saben lo que yo quería mis gallos. Oh, pero hace unos meses llegó una vecina allá, a las ocho de la mañana, y me tocó la puerta. Ella fue a decirme que yo tenía que sacar los gallos de mi casa, y lo que me dijo fue que en la zona metropolitana no se tienen esos animales. Oh, pero hermano, yo me levanté a abrir la puerta y me recibe la vecina: “No, porque en la zona metropolitana se tienen perros, se tienen gatos, pero no se tienen ese tipo de animales”, y yo me dije a mí adentro: “Oh, pero la vecina me está mandando para el campo”.

La señora llegó allá, hermano, airada. Yo le digo: “Bueno, vecina, vamos…”. Ella me dijo: “No, es que yo soy una mujer que tengo el sueño muy sensible y esos gallos cantan y no me dejan dormir”. Yo: “Sí, vamos a buscar la vuelta, vecina”. Y no, no, no; o sea, ella quería que yo le dijera que me lo comiera. No sé si me entiende. Uno lidia con situaciones de ese tipo todos los días: el vecino que te coge el parqueo, ese es el adversario; la persona que te dijo dos palabras descompuestas porque se despertó con la boca cruzada, ese es el adversario.

El que venía… tú ibas a cruzar y se atravesó en la calle y te bloqueó, ese es el adversario. El que se comió la luz roja, ese es el adversario. El ladrón que te rompió el carro para sacarte el radio, ese es el adversario. “Ah no, porque yo no tengo ningún enemigo, yo tengo buena relación con todos”. Ese es el adversario: la muchacha de servicio al cliente que por alguna razón no te dio el servicio que esperabas y nunca te reconocieron, ese es el adversario. Cualquier persona, hermano, que por alguna situación esté en tu contra, eso es adversario.

Bueno, pues cuando la vecina vino, lo primero que sucedió fue que yo, como es natural, me molesté. Y pensé: “¿Quién es ella para venirme a decir a mí el tipo de animal que yo debo tener en mi patio?”. Y pensé yo así para adentro: “Si me da la gana, hasta un caballo tengo yo en mi patio”. Eso fue lo que pensé para mis adentros, así callado. Dice la Escritura: “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón”, pero ahí calladito. Yo la vi que tenía ojeras, hermano, parecía que no había dormido. Y así que allá adentro yo: “No, no, digo yo, un gallo, un caballo pongo yo en mi patio si me da la gana”.

Pero después, hermano, también le dije: “Vecina, vamos a buscar la vuelta, vamos a…”. Después lo que más pique me dio fue cuando dijo: “Yo soy abogada”. Ay, qué pique, hermano, eso; qué pique, hermano, así por dentro: “Yo soy abogada”. Pero humildemente, después pensé: “Quizá es cierto que la vecina tiene un sueño sensible y no ha podido dormir, es verdad”. Después pensé: “Ciertamente para mí escuchar un gallo cantar en la mañana, eso me evoca el campo, porque, verdad, yo tengo corazón de campesino, por eso es que yo siempre en mi casa… por eso tengo los gallos, porque yo tengo corazón de campesino. Pero quizá la vecina no ha experimentado lo que es la vida en el campo y que, cuando canta el gallo, a ella eso lo que le da es un estorbo y no una evocación al campo que dejó”. Eso es cierto.

Y, por otro lado, pienso: en esta discusión el cristiano soy yo. Bueno, pues en la medida de lo posible… el problema después fue agarrar los gallos, porque los gallos estaban grandísimos, las gallinas. Miren, eso fue un proceso para agarrar ese gallo, esa gallina, pero con amor y humildad recogí mi gallo, mi gallina, y alguien me prestó un patio y trasplante: mudé el gallo para otro lugar.

¿Qué dice la Escritura que debemos hacer por nuestros opositores? Debemos bendecirlos. Yo no sé si usted sabe lo que es bendecir. Miren, bendecir es hablar bien con la boca. Dice la Escritura que lo que tú tienes que hacer con ese compañero de trabajo que está oponiéndose a ti en tu proyecto es hablar sólo lo que es bueno y edifica, en voz alta, con la boca. Bendecir es eso.

He visto a personas que participan en un grupo, y en esas reuniones se intercambian puntos de vista, y hay alguien que no está de acuerdo contigo. Y cuando sale de la reunión: “Oye, mano, ¿tú viste a fulano lo que estaba diciendo? Qué necio”. En una discusión, hermano, siempre hay personas que están de un lado y están de otro; ahora, no necesariamente hay que despotricar contra la persona que no está de acuerdo contigo. Dice la Biblia: bendecidlos, hablar bien.

Eso es difícil. A veces tú dices: “Pastor, hay gente que yo no le encuentro nada que decirle”. Yo te aconsejo el 360. Miren, no hay nadie que sea tan malo como dicen sus enemigos ni nadie que sea tan bueno como dicen sus amigos. El ser humano tiene la divinidad de Dios en él, hermano; Dios le hizo, aunque eso se ha ido deteriorando por consecuencia del pecado. En la persona más mala de esta tierra, alguna luz tú vas a encontrar. No hay nadie que sea tan malo como dicen sus enemigos ni tan bueno como dicen sus amigos.

“Yo no puedo bendecirlo porque no tengo nada bueno que decir sobre él”. Búscalo. Yo tengo un cliente que no me paga a tiempo, hermano, y eso a mí… pero cuando yo tengo cosas que decir, yo digo: “Ese hombre es trabajador”. Yo trabajé una vez en la empresa de un señor que es perverso, hermano. Aquí hay empresarios perversos, y yo, siendo casi un adolescente, trabajé en la empresa de ese señor, y yo vi su manejo por dentro. Y cuando la gente me preguntaba: “¿Y tú trabajas con ese hombre?”. “Sí, yo trabajo con ese hombre”. Y no tenía nada bueno que decir, pero yo reconozco que él se levanta a las cinco de la mañana y está en la oficina para trabajar. Y cuando me preguntan: “Él es un hombre trabajador, que a las cinco está en su oficina”. Eso.

Miren, en las personas más difíciles que el Señor te ha mandado a tu vida, algo tú puedes encontrar con qué bendecirlo. La gente más oscura tiene algo de luz. ¿Qué te recomiendo? El 360. Dale la vuelta y búscale algo bueno para destacárselo y elige bendecir en vez de maldecir; en vez de maldecir, hacerles el bien. Dice, hermano, sin importar que la vecina me haya llamado campesino y que me haya hecho… yo tengo que reconocer que quizás su sueño era muy sensible y que tenía ojeras. Y perdóname, porque mi hermana Rocío me dijo en un momento que había un gallo en el patio de su casa, que ella no quería que el Chiqui se le despertara, porque aquel gallo —no el mío, sino éste—.

Hacerles el bien, hermano. Si ella necesita dormir, díganme ustedes, ¿voy yo a morir por gallos? No. De verdad, me hacían falta esos animalitos, pero tengo una mata de coco que me regaló mi hermano Virgilio y me entretengo con ella. ¿Me siguen en esto? Los gallos no son imprescindibles. Ahora, yo tengo que amar a esa persona. Orar por ellos.

Miren, yo no lo había pensado, pero quizá el Señor me mandó esa señora para que yo ore por ella, y cuando viene a ver lo que le hace falta es entregar su vida a Cristo y va a dormir tranquila. Cuando viene a ver el Señor me la puso en la puerta de mi casa para que ore por ella. Dice la Escritura que tenemos que amar a nuestros enemigos, que orar por ellos, que hacerles el bien y que tenemos que bendecirles. Todo eso es ágape.

Segundo principio: ágape siempre, fileo “en la medida de lo posible”

En muchas de esas cosas quizá tú no lo vas a sentir. Muchas cosas quizás no son algo que te salga naturalmente: es una disposición. Amar a una persona a pesar de que la persona te adversa siempre es posible. Ágape a nuestros enemigos, aunque no necesariamente fileo. No he vuelto a ver la vecina; yo ni entendí bien en cuál de los apartamentos que tengo al lado era que ella vivía. ¿Me entienden en esto? No hubo un fileo entre nosotros; la vecina no va a mi casa a beber café, ni voy yo a su casa a beber el suyo; pero ya los gallos no están y la vecina pudo dormir. Eso es ágape. Ágape es hacerlo, aunque no necesariamente haya en esto una relación entrañable y una correspondencia.

Ágape siempre y fileo en la medida de lo posible. Ese es mi consejo. Ágape siempre, hermano, ama siempre, ama siempre desprendidamente, generosamente. Y, en la medida de lo posible, establécete en una relación fileo. Ágape siempre, fileo en la medida de lo posible.

Paso al punto número dos, siguiente principio: para establecer una relación de amistad tenemos primero que estar de acuerdo. Bueno, para que exista fileo de algún modo va a haber un acuerdo allí; el ágape se da sin condiciones, el ágape se da en una sola dirección. Pero para que exista fileo, para que tú puedas decir: “Mira, somos amigos y nos establecimos en una relación de amistad”, tenemos primero que estar de acuerdo. Dice la Escritura, en el libro de Amós:

¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?

— Amós 3:3

¿Será tal cosa posible? No. La respuesta para eso es no. Un amigo, en el cual tú te relacionas, en el cual estableces una relación de amistad, son personas que tienen puntos coincidentes. Alguien me dirá: “Pero mira, fulano era mi adversario en un momento, y hoy nos establecimos en una relación de amistad”. Bueno, pero buscaron sus puntos coincidentes.

Tener una relación de amistad, tener un fileo con la persona, es necesario primero estar de acuerdo. ¿En qué estamos de acuerdo, cuáles son estos puntos coincidentes que propician una amistad? Miren, es muy difícil que seamos amigos entrañables si no compartimos nuestras convicciones. Muy difícil. Si yo amo a Dios y tú le adversas, no es posible que tengamos fileo. Algunas personas, cuando vienen a Cristo, tienen que sacrificar amistades entrañables: amigos que se les oponen a que adoren al Señor. ¿Significa esto que jamás ames a la persona? ¿Significa que jamás? No. Significa que quizás tengas que administrar la relación con esa persona, y que ya no sea fileo, sino que sea ágape.

“Amigo, cuando tú necesites de mí, estoy aquí. Pero no necesariamente ahora nos vamos a juntar tres veces a la semana, porque ahora yo tengo otras convicciones”. Nuestros valores: hay personas que fueron amigos entrañables en un momento, pero luego sus valores cambiaron y, cuando cambiaron tus valores, ya nos distanciamos. Esos distanciamientos suceden, hermano. Nuestros intereses: hay personas que estaban muy juntas en un momento, pero después se casan, hacen familia, y los intereses disgregan.

Ágape siempre, fileo en la medida de lo posible. Dice la Escritura:

No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia?, ¿y qué comunión la luz con las tinieblas?

— 2 Corintios 6:14

Te estoy enseñando hoy, hermano, que tenemos que tener la disposición de amar a cualquier persona: la persona esté de acuerdo con nosotros o esté en contra; la persona ame a Dios o lo ofenda. Ama ágape a todo el mundo. Sin embargo, administra tu fileo.

Configura tus relaciones de amistad, hermano. Establece relaciones de amistad con personas con las cuales tú puedas compartir sus convicciones, puedas compartir sus valores, puedas compartir sus intereses. Es más, hermano, hay amigos que con la distancia se separan. Las amistades no son matrimonio. El matrimonio está “que la muerte los separe”; las amistades, a veces la distancia las separa, los intereses las separan, las convicciones las separan.

Hay gente que piensa que tiene que ser amigo y generan una ansiedad: “Porque fulano y yo somos los mejores amigos…”. Y no, hermano. Miren, la gente cambia. El fileo… a veces estamos juntos aquí y nos amamos, y a veces nos mudamos y nos distanciamos. Ágape siempre, fileo en la medida de lo posible. Primer punto, hermano: podemos amar a una persona sin establecer una relación. Segundo punto: para que podamos establecernos en una relación con una persona es necesario que estemos de acuerdo.

Yugo desigual, amistades y carácter

Lo primero: ama siempre. Lo segundo: fileo en la medida de lo posible, con personas con las que puedas compartir tus convicciones, tus valores y tus intereses. Perdóname que vuelva atrás un momentito: ¿es posible que mi mejor amigo sea una persona que no ame a Dios y que estemos totalmente separados en nuestras convicciones? No, no, eso no es posible. ¿Es posible que mi amigo entrañable sea…? No, no es posible. ¿Qué relación tendrá la luz con las tinieblas? Ninguna. Ninguna. “Pues conmigo quiero ofender a Dios”. Entonces tú vas a sentirte mal con tu amigo y te vas a sentir mal con tu Dios. “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos”.

Miren, el versículo aplica para las relaciones de pareja, pero también funciona para las relaciones de amistad; también funciona para las relaciones de negocios. ¿Debería yo establecerme con un socio comercial que no comparte mis convicciones? Nunca. Muchos de nuestros problemas están en que vivimos haciendo fileo con todo el mundo. ¿Saben lo difícil que es tener una sociedad comercial con una persona con la que tú no compartes sus intereses, con quien tú no compartes sus valores, con quien tú no compartes sus convicciones? Eso es difícil. “Tenemos un negocio juntos, pero no queremos estar juntos”. Difícil.

“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos”, dice la Escritura. Tercer punto, y es el último: nuestras relaciones de amistad moldean nuestro carácter. Tarde o temprano tú te vas a terminar pareciendo a tus amigos. Tarde o temprano tus amigos terminarán dándote la forma. Dice el libro de Proverbios:

El hierro se afila con el hierro,

y el hombre con el trato del hombre.

— Proverbios 27:17

El hierro, chocando con el hierro, se aguzan, hermano, se afila, rozando con el hierro; y el hombre, rozando con el hombre, dice la Escritura, que tú tomas la forma de la persona que tengas al lado. No es descabellado lo que nos dicen, que “el que anda con cojo, al año cojea”, hermano. Es cierto. Con el tiempo terminas pareciéndote a tus amigos, terminas hablando como tus amigos. Quien te impacta a ti constantemente, eventualmente tú terminas pareciéndote a esa persona. Imitas sus giros verbales e imitas, hermano, su vocabulario, imitas sus actitudes.

Por eso es que tenemos que tener mucho cuidado con las personas a las cuales le damos totalmente nuestro oído. Miren, hay un programa de radio en República Dominicana que ejerce una influencia muy significativa sobre los hombres. Lo transmiten a las seis de la tarde por Sol. No es que te estoy diciendo que está mal escucharlo; no, es que tienes que administrarte. He visto hombres que se parecen a Ñonguito y hombres que se parecen a Correa, y hay gente que se parece a Hochi. Imitan sus actitudes, imitan sus conversaciones. “Esto, esto, esto, esto; nunca tal cosa, siempre lo otro; nunca tal cosa”. Es un Ñonguito hablando.

La influencia de Ñonguito está fuerte sobre la gente, que termina imitando su vocabulario, pero eventualmente también imita sus actitudes. Eventualmente quizás también se separa de la esposa; eventualmente terminarán bebiendo donde Correa, que es lo que… ¿Me siguen en este giro? Tú terminas convirtiéndote en aquello que permites que te influencie. Hay que ser muy cuidadoso. No es que no escuches un programa que otro, es que no permitas que su influencia sobre ti sea tan fuerte hasta que termines imitando su carácter.

El hierro se afila con el hierro y el hombre en el trato con el hombre. Miren, hay una porción de la Escritura, en el libro de Reyes, en el capítulo 12, del verso 1 al 19 —quiero que lo anoten en sus bosquejos para que lo lean durante la semana—, es la historia de Roboam. Roboam era un hombre que tenía malos amigos. ¿Saben qué fue lo que separó las tribus de Israel? Un mal consejo de sus amigos. En un momento trascendental en la historia de Israel se levantó un hombre llamado Roboam, que pidió el consejo de sus amigos, y el consejo de sus amigos era un consejo que ofendía al Señor. Hundió al reino de Israel.

Hay matrimonios que se van a la cuesta por el mal consejo de un amigo o de una amiga. En un momento de dificultad matrimonial, tu amigo no tiene las convicciones sobre matrimonio que tienes tú, y vas donde tu amigo: “Amigo, ¿tú opinas tal cosa?”. “No, deja esa mujer, deja ese hombre”. Y se va abajo el matrimonio por el mal consejo de un amigo, de una amiga. Sé cuidadoso con tus relaciones de fileo, sé muy cuidadoso con tus relaciones de amistad, porque tus relaciones de amistad tarde o temprano terminan marcando tu carácter.

Amistades a evitar según Proverbios

Hay cuatro ejemplos de amistades a evitar que son claras de la Escritura, en el libro de Proverbios. Dice la Escritura que nosotros tenemos que tener mucho cuidado, en primer lugar, con los violentos:

No te hagas amigo de gente violenta

ni te juntes con los iracundos,

no sea que aprendas sus malas costumbres

y tú mismo caigas en la trampa.

— Proverbios 22:24–25

No os hagáis amigos de gente violenta. Vuelvo a nuestra definición: ágape al violento, al iracundo, pero ten cuidado con el fileo. Has visto a esos amigos tuyos, hermanos, furiosos, impulsivos, iracundos; a esas personas que su tendencia natural es agredir. ¿Has visto a esos amigos que manotean mucho alrededor tuyo, que toda cosa es como dando golpes? ¿Has visto amigos con una “fila”: siempre quieren estar como agrediendo? ¿Has visto a ese amigo que es intolerable, que tú sales con él y pasas vergüenza, que vas a un restaurante y cuando lo tratan mal quiere tirar los platos? ¿Has visto a ese amigo? Dice la Escritura: no te hagas amigo de gente violenta. “Pastor, entonces yo no debería…”. Ámale, sírvele, está disponible para cuando te necesite; ágape con él. Con el fileo, ten cuidado.

¿Has visto a esas personas que reaccionan con violencia? ¿Has visto a personas que en general…? Hay gente que quiere empujar los carros: “¿Tú no viste esa gente que dijeron…?”. Le da al carro. Dice la Escritura que no te hagas amigo de gente violenta, no sea que aprendas sus malas costumbres: vas a terminar tú dándole a la bocina del carro, vas a terminar tú dándole al televisor, manoteando a todo el mundo. No te hagas amigo de gente violenta.

Otro tipo de amistades a evitar: miren, dice la Escritura que no deberíamos ser amigos de los necios:

El que con sabios anda, sabio se vuelve;

el que con necios se junta, saldrá mal parado.

— Proverbios 13:20

El necio: gente imprudente, gente insensata, gente superficial. Hay muchos cristianos que tienen problemas en sus relaciones porque han elegido amigos superficiales. “Oh, pero ¿cómo va a ser que tu amigo entrañable sea el amigo que cada vez que salen a la Avenida de la Salud lo que quiere es hacer filas? ¿Cómo va a ser que tu amigo entrañable sea el amigo que cada vez que hay una superficialidad nueva en Santo Domingo vaya vendido tras esa superficialidad?”. No. “¿Cómo va a ser que tu compañero de camino sea un compañero de camino insensato, imprudente?”. Dice la Escritura que tenemos que tener cuidado con los necios.

No puede ser que un cristiano maduro diga que su mejor amigo es un necio; no, porque tarde o temprano te vas a volver necio. Amistades a evitar: tenemos que evitar al violento, tenemos que evitar al necio. Dice la Escritura que tenemos que evitar al malvado:

No envidies a los malvados

ni procures su compañía;

porque en su corazón traman violencia

y no hablan más que de cometer fechorías.

— Proverbios 24:1–2

“Ay, pero mira, él… yo soy amigo de…”, ni voy a mencionar nombres, “pero él, ahí en la adolescencia, él está vendiendo, él está en el asunto, que él…”. No, hermano. Si él se salió para allá, entonces yo me separo, porque hay personas que han terminado mal paradas por un amigo entrañable. “Es que él era mi amigo, y no era yo que estaba en eso; lo que pasa es que era amigo mío. Estábamos en el mismo carro y nos cogieron juntos”. Hermano, ten cuidado. El malvado, depravado, el destructor, el perverso. No cultives tu amistad, no fileo con esa gente.

No escuches tú la historia: “No, mira, él no estaba en eso, fue que estaba ahí con sus amigos”. Tarde o temprano te tocará la misma suerte de tus amigos. Y dice la Escritura que tenemos que tener cuidado con los blasfemos:

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados

ni se detiene en la senda de los pecadores

ni cultiva la amistad de los blasfemos.

— Salmos 1:1

¿Quién es un blasfemo? Mala palabroso. Estas gentes que en cada cuatro consonantes y vocales que ponen juntos sueltan una mala palabra; que tienen un lenguaje perverso. Estoy jugando, pero… no hay que decir “así siempre”. ¿Has visto a esas gentes que disfrutan las palabras descompuestas? Algunos dicen: “No, que yo me desahogo así; ya, pastor”.

Yo reprendí a un amigo, le decía: “Mira, un cristiano tiene que refrenar su boca y su lengua y no decir siempre lo que quiera decir”. Es más, uno de los sacrificios más grandes que hay que hacer por el reino del Señor a veces es callarse cuando conviene, no darle a “play” a la boca. Quedarse ahí. La gente tiene la boca sucia, la gente tiene la boca “embadurná” con jamón de Cuba. No cultives amistad con esa gente.

Los burlones: esa gente que cada vez que hay un personaje, están burlándose de alguien. El libro de Proverbios habla de la gente que hace señas con la boca. La gente que pone nombre, la gente que desmedita a los otros: “Mira el chiquito, mira la gordita, el bizco, el cuatro ojos…”. Hermano, no. El lago, el flaco, el gambao. Hermano, ten cuidado con la persona que en sus relaciones interpersonales es dada a poner nombres. No cultives amistad con esa gente. ¿No conocen ustedes personas así? A todo el mundo le tienen un adjetivo.

Mala palabrosos, burlones, irreverentes. ¿Has visto a tu “amigo” que se burla de la Biblia? “La Biblia, ah no, la Biblia…”. Yo tengo familiares que hacen mofa de las cosas de Dios. Bueno, es mi familiar y ágape con él, hermano, pero yo no fileo con esa gente. ¿Has visto a esa persona que todos los cuentos que tiene son un cuento perverso, que ofende al Señor, que ofende la iglesia del Señor, que ofende las Escrituras, que para todas las cosas tiene un cuento? No, hermano. No debemos fileo con los blasfemos.

Relaciones a evitar, hermano: tenemos que evitar las relaciones con los violentos, con los necios, con los malvados y con los blasfemos, y con muchos otros que menciona el libro de Proverbios. Finalmente, hermano, te digo lo siguiente: miren, un buen amigo puede hacer por tu fe lo que cien libros no pueden lograr.

Es más, yo me atrevería a decirte: tu desempeño espiritual, en gran medida, estará determinado por las relaciones de fileo que tú puedas construir alrededor de ti. No quiero ser escatológico, pero en muchas áreas de tu vida tú llegarás tan lejos como tus amigos lo permitan. Te animo de corazón a que elijas cultivar relaciones de amistad con gente que tenga tus mismas convicciones, gente que tenga tus mismos intereses y gente que tenga tus mismos valores.

¿Qué puede hacer un amigo? Porque, mira, un amigo puede transferirte sus conocimientos. Es valioso que vengas a la casa del Señor y que escuches su palabra, pero, hermano, con qué receptividad vemos la palabra del Señor cuando un amigo nos la comparte. Un amigo muy querido que dice: “Mira, amigo, yo leí este salmo esta semana que me impactó y quiero compartirlo”. Hermano, mire, eso tiene un valor tremendo.

El poder de un buen amigo y llamada final

Qué bonitos son los amigos que nos comparten las Escrituras, que nos comparten su testimonio, que cuando nos encontramos con ellos lo que tienen en su boca es una palabra de aliento. O quizás, hermano, un amigo que cuando te reúnes con él tú lo encuentras deseoso de que puedan reunirse alrededor de la palabra del Señor. Qué hermosura. En eso, un buen amigo te transmite sus conocimientos, te da un buen ejemplo de ellos.

Mira, yo me atrevería a decir que en mi adolescencia yo permanecí en la palabra por Daniel Adón. Daniel Adón era un amigo allá en mi iglesia, mucho más grande que yo, pero yo le admiraba. Si Sales y tú conoces a Daniel, pues ¿y qué es lo que tenía Daniel? Era un hermano igualito que tú, un hermano dado al estudio de la palabra del Señor. Por gente como Daniel Adón quizás hoy estoy yo en los caminos del Señor. Pero yo admiraba a Daniel y pasaba tiempo con él. Daniel me prestaba su Biblia de estudio, la Thompson. Daniel tenía una Biblia Thompson. Y yo le decía a Daniel… nosotros disfrutábamos de discutir temas con diferentes gente, y a veces yo tenía un “enfrentamiento bíblico” con alguien los sábados, y le decía el jueves: “Daniel, préstame tu Thompson, que mañana…”. Y yo iba donde Daniel y buscaba la Biblia Thompson, hermano.

Él me decía: “Te la voy a prestar, pero me la devuelves el sábado en la noche, porque tengo que ir a la escuela bíblica”. Qué buenos son los amigos así, hermano. Miren, las amistades en el camino del Señor determinan de algún modo el desarrollo de uno. Quizás por Daniel Adón estoy yo hoy perseverando en los caminos del Señor, porque le admiraba, porque teníamos un tema en común. Me dio mucha pena que encontré a José Ramón Santana en días pasados, otro que era de otro grupo, y que hoy se descarrió; como que no le veo devoción. Pero quizás, hermano, por tener amigos en la fe podemos perseverar.

Además de esto, aparte de que te dan sus conocimientos, de que te dan un ejemplo práctico de ellos, ellos te acompañan a ponerlos en práctica. Qué bueno es eso. Ágape a todo el mundo; fileo, hermano, con gente que de algún modo puedas tener unas convicciones en común.

Mi consejo en esto: elige tus amigos con sabiduría. Te animo a que elijas tus amigos con sabiduría. Si nuestros amigos moldean nuestro carácter, si nuestros amigos de algún modo marcan nuestro corazón, tenemos que elegir nuestros amigos con sabiduría. Cierra tus ojos un momento y permíteme orar por ti delante del Señor.

Recibe lo nuevo por correo

Los mensajes del domingo, los devocionales y los artículos. Sin frecuencia fija y sin publicidad.

Puedes darte de baja cuando quieras.

En vivo PezMundial Radio