Domingos 9:30 AM y 11:30 AM Gazcue, Santo Domingo
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El ejemplo de los Bereanos

Hechos 17:10-12

Los creyentes de Berea no se conformaron con oír el mensaje del Evangelio, sino que confirmaron cuidadosamente en las Escrituras todo lo que se les enseñaba, y así creyeron con convicción profunda en Cristo. El cristianismo no es para perezosos, sino para hombres y mujeres que piensan, disciernen y se rinden a la verdad bíblica.

Predicado19 de febrero de 2012
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Excelente, nos disponemos a escuchar el consejo de la palabra del Señor. Estaremos hablando hoy, hermanos, del ejemplo de los bereanos, el ejemplo de la iglesia de Berea, unos hermanos que recibieron la palabra del Señor y no solamente la escucharon, sino que profundizaron en ella. Quiero que aprendamos hoy cómo confirmar la enseñanza que recibimos directamente en las Escrituras. Le diré que vengo a hablarle hoy a aquellas personas que han recibido la enseñanza, la palabra del Señor, solamente de oídas; personas que han venido aquí quizá durante varios domingos, han estado siendo expuestos a la predicación de la palabra del Señor, pero que solamente la han tenido a nivel de oídas.

Todavía como que no se ha enraizado la palabra del Señor, todavía no se han apropiado totalmente de ella, no han puesto al Señor todavía en ella su confianza. Les invito a que me acompañen al libro de los Hechos, en el capítulo 17. Leeremos desde el versículo 10 y hasta el versículo 12, el ejemplo de los hermanos, el ejemplo de los bereanos, que aprendamos hoy a confirmar la enseñanza por medio de las Escrituras. Un momentito para que puedan buscarlo en el libro de Hechos, en el capítulo 17. Busquen sus Biblias y márquenlo allí: el ejemplo de los hermanos de Berea, el ejemplo de los bereanos. Capítulo 17 del libro de los Hechos.

Leemos desde el versículo 10 y hasta el versículo 12. Está hablando, hermanos, de uno de los viajes misioneros de Pablo y de diferentes ciudades donde Pablo estuvo predicando, y llega a esta ciudad, y fíjense lo que se dice:

Inmediatamente los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas hasta Berea; y ellos, habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los judíos. Y éstos —estos eran los hermanos de esa sinagoga— eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así. Así que creyeron muchos de ellos, y mujeres griegas de distinción, y no pocos hombres.

— Hechos 17:10-12

Quiero leer con ustedes de nuevo el versículo 11. Dice así: “Y éstos” —estos son los hermanos de Berea— “eran más nobles que los que estaban en Tesalónica”, otros hermanos que también habían recibido el evangelio, “pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así”.

No estamos considerando el testimonio de una iglesia prudente solamente; estamos considerando el testimonio de unos hermanos que recibieron el evangelio no solamente de oídas. Estamos considerando el testimonio de unos hermanos que fueron más nobles que otros que también recibieron el evangelio. ¿Y su nobleza residió en qué? ¿En qué fue que residió su nobleza, alguien lo captó, su nobleza, hermanos? En que no solamente la recibieron con solicitud, sino que escudriñaron cada día en sus casas aquello que se les había predicado de oídas, para ver si estas cosas eran así.

A nivel de introducción les digo: miren, la religión cristiana no es para perezosos. El cristianismo no es para gente lenta, hermanos. El cristianismo no es para personas que quieren recibir un asunto superficial, emocionarse un poco, irse a su casa. Eso no es el cristianismo, no es para ellos. No es para personas que vengan aquí, reciban como una untadita de la palabra del Señor, que no profundice demasiado para yo irme a mi casa y tratar de militar en eso. No, no, no, hermanos. El cristianismo no es para gente perezosa. La religión cristiana es para gente diligente, gente que no se conforma con solamente escuchar la palabra, sino que escudriña las Escrituras con cuidado y cree, pero cree con convicción.

No todas las audiencias son iguales. Cuando te estoy diciendo con esto que los hermanos de Tesalónica, excelente que recibieron la palabra del Señor también, pero era una audiencia fácil. Hay otro tipo de personas a las que se les predica el evangelio, y en el momento lo creen y ya son cristianos. Gloria al Señor por gente como esa, no está mal; hay personas, hermanos, que reciben como de una manera más pronta quizá. La iglesia de Tesalónica era una iglesia donde Pablo fue, predicó, creyeron y gloria al Señor. Sin embargo, el apóstol Pablo notó que los hermanos de Berea no lo hicieron así. No fue que rechazaron a Pablo; dice que recibieron lo que Pablo les enseñó con mucha solicitud, pero cuando Pablo dejaba de predicar, entonces iban inmediatamente a las Escrituras para poder constatar que lo que estaban recibiendo, hermanos, era fidedigno, que lo que estaban recibiendo era así.

Confirmar la doctrina por medio de las Escrituras

El mérito, hermanos, el mérito de los hermanos de Berea estuvo en que no solamente escucharon la doctrina, sino que confirmaron la doctrina por medio de las Escrituras. Yo te pregunto a ti: ¿estás tú en condición de demostrar por medio de las Escrituras aquellas cosas que tú has recibido como verdad? ¿Estás tú en condición, en momentos de dificultad, en momentos de lucha, en momentos, hermanos, donde está siendo atacada tu fe, estás tú en condición de demostrar por medio de las Escrituras aquellas cosas en las cuales tú has fundamentado tu fe?

Es el deseo, hermanos, que todos los hermanos de esta congregación, en algún momento de su vida, puedan ir a las Escrituras, mientras más temprano mejor, y que no solamente escuchen al pastor Rafael predicar, sino que puedan ir ellos mismos, en su propia Biblia, y constatar allí, tal como hicieron los hermanos de Berea, que lo que se estaba predicando era lo que el Señor había indicado. Quiero darles dos citas de uno que para mí es un autor dilecto, un autor que es de mis autores favoritos, C. S. Lewis.

Decía él: “Muchos cristianos tienen la idea de que siempre que uno sea bueno no importa que sea un tonto. Esto es un malentendido”. Decía también C. S. Lewis, hermanos: “A Dios no le disgustan menos los perezosos intelectuales que cualquier otra clase de perezosos. Hacerse cristiano exigirá todo de ustedes, el cerebro incluido”. Y dice otro gran autor cristiano, hermano, John Stott: “Creer es también pensar”. Lo que le estoy a ustedes, hermanos, animando este domingo es a que no se queden solamente con escuchar la palabra del Señor, que no se queden solamente con que se predicó el sermón y yo voy a mi casa, y ya hay mérito en esto. No, hermanos.

Estoy animándoles a que no sean perezosos, sino diligentes, a que cuando ustedes reciban el sermón de la palabra del Señor lo reciban con toda solicitud, pero que vayan a su casa a buscar más. Qué bueno es el hermano que no se conforma con recibir solamente el sermón del domingo, sino el hermano que va directamente a las Escrituras y trata, hermanos, de constatar allí esto que se le ha predicado.

El medio oral y el medio escrito: combinación saludable

Estaré hablando de esto, hermanos, y he separado el mismo pasaje de la Escritura que leímos inicialmente, lo he separado en tres partes para que aprendamos del ejemplo de los hermanos de Berea. Primera parte: el medio oral y el medio escrito son una combinación saludable. Dice la Escritura: “Recibieron la palabra con toda solicitud”. Esto es lo que Pablo les predicaba, lo que Pablo les decía. “Pablo, predícanos, que te escuchamos y lo recibimos con solicitud”. Medio oral, hermanos; oralmente recibir, excelente. Pero al mismo tiempo, “escudriñando cada día las Escrituras”. Es una combinación: el sermón predicado, el sermón hablado, y al mismo tiempo lo que estoy constatando en las Escrituras para ver si estas cosas son verdad.

Puedo ver la diferencia en su madurez, en aquellos cristianos que vienen a la iglesia y reciben el sermón, y aquellos hermanos que no solamente reciben el sermón, sino que toman notas. Por lo menos en la escuela dominical hay un hermano que, cuando recibe la enseñanza, él no se conforma con lo que el maestro está diciendo, sino: “Maestro, repítame la cita”, y anota. Hermano, hay un gran avance en el hermano que puede ver la verdad del Señor con sus propios ojos. No fue solamente que me lo predicaron en la escuela bíblica, no fue solamente que lo escuché en el sermón del domingo, sino que yo mismo lo leí y lo marqué y lo entendí, hermano. Hay una gran diferencia en estas cosas.

Los creyentes de Berea en esto fueron nobles, fueron nobles porque no solamente recibieron con solicitud, fueron nobles porque constataron en las Escrituras —esto era quizás el Antiguo Testamento, aquello que Pablo les había estado predicando— una combinación entre el medio oral y el medio escrito. Miren, no es que uno esté en contraposición del otro. Excelente, hermano, que tú puedas escuchar la palabra del Señor desde el púlpito. Excelente que puedas escuchar la palabra del Señor en televisión. Pero por favor, hermano, acostúmbrate a que lo que tú escuches llevarlo directamente a las Escrituras y contrastarlo con la palabra del Señor. Son combinaciones, y uno tiene un beneficio y otro tiene otro.

Por ejemplo, el medio oral ayuda a la difusión. Las ideas se difunden oralmente de manera extremadamente rápida, extremadamente útil, pero al mismo tiempo el medio escrito contiene una profundidad. No es lo mismo que te lean un versículo de la Escritura a que tú vayas y lo leas en tu Biblia, lo leas la mitad, lo medites, vuelvas atrás, lo leas completo. Hermano, el medio escrito permite la profundidad. El medio oral es muy bueno porque permite el alcance, eso va mucho más rápido, pero al mismo tiempo el medio escrito tiene la precisión. Qué bueno es, hermano, que puedas partir un versículo en tres y decir: “Mira, esta idea termina aquí, y después entonces viene una idea secundaria que continúa”.

Yo tengo el convencimiento de que cada parte de la Escritura el Señor permitió que se escribiera así. Qué bueno es, hermano, que puedas partir un pasaje de las Escrituras y darle a eso un ordenamiento lógico, qué bueno es un hermano que puede apropiarse de las Escrituras. El medio escrito te permite tener esa profundidad.

Pasivo y activo: cómo escuchamos y cómo leemos

Al mismo tiempo, mis hermanos, uno es pasivo y otro es activo. No me lo tienen que decir porque yo lo he contado por observación: hay personas que vienen el domingo, me traen su cuerpo y lo ponen en una silla. Hermano, para recibir un sermón oral no hace falta hacer un gran ejercicio intelectual; pero para recibirlo bien sí hay que estar dispuesto. Ahora, hay personas que vienen y se sientan así, traen el cuerpo, son pasivos. Es muy difícil, hermano, que usted lea una carta como la carta a los Romanos, una epístola como la epístola a los Romanos, y usted se quede de manera pasiva. Para usted entender tiene que tener un involucramiento activo.

En el medio oral usted lo recibe, pero ¿no le ha pasado a ustedes que a veces como que se pierden en el hilo? “¿De qué era que estaban hablando, como que perdí el enfoque?”. Ahora, en el medio escrito tú tienes que estar muy involucrado en eso para captar el sentido. El medio oral es pasivo, el medio escrito es activo. La cabeza oye una cosa y como que sigue, pero cuando estás leyendo un libro, si tú no entendiste, te paras y tratas de volver atrás y recobras, hermano. Es un involucramiento activo: en uno se recibe, en el otro se participa.

¿No te has visto tú alguna vez leyendo un libro que estás como participando con el libro? Yo me he visto a veces discutiendo con autores, hermanos. Él me pone una cosa y yo la rayo, a veces le pongo: “No estoy de acuerdo”. Estaba leyendo un libro en días pasados, yo lo he rayado, le ponía ahí: “No, hermano”. Involucrarse por medio de la lectura tiene un aprovechamiento todavía más grande. Uno tiene velocidad, el otro tiene fijación. Y algo que me preocupa mucho en este tiempo: el medio oral permite la repetición. Yo me doy cuenta, hay gente que todo lo que opina lo opina de lo que escuchó, y su opinión es una repetición de lo que dijo alguien.

Ahora, cuando tú lees, no puedes simplemente repetir lo que la persona dijo. Cuando tú lees, tú tienes que razonar y normalmente sacas tus propias ideas. ¿Me siguen en esto? Cuando una persona lee un libro, normalmente no te cita el pasaje del libro palabra por palabra; él termina utilizando el libro como un medio, pero termina haciendo su propio razonamiento. Por eso es importante el medio escrito. Me gustaría que nuestra iglesia no sea una iglesia de gente que solamente escucha la palabra. Me gustaría que nuestra iglesia sea gente diligente en el estudio de la palabra. Es una gran cosa.

Primer punto, hermanos: una combinación entre lo que Pablo decía y lo que decían las Escrituras. Una combinación entre el medio oral y el medio escrito: no solamente Pablo, predícanos, sino “predícanos, pero al mismo tiempo nosotros queremos participar”.

El hábito de la lectura en la vida cristiana

Miren algunos beneficios de cultivar el hábito de la lectura, principalmente entre lectores cristianos. Hago una pausa aquí: hay gente que a mí me dice: “A mí no me gusta leer, yo cuando leo un libro yo me aburro”. Debo decirles que muy difícilmente un cristiano llega a madurar si no aprende a leer. Y si hasta este momento de tu vida tú no has leído ningún libro, todavía no es muy tarde. Porque también te dicen: “No, es que el que no aprendió a leer de niño no va a leer de viejo”. Miren, muchas personas que han llegado a ser buenos lectores, buenos lectores, no comenzaron de niños, sino que comenzaron de adultos.

Yo mismo creo que no leí un libro completo hasta que tuve 16 años. Yo no era dado a la lectura tampoco, pero entendí, hermanos, que un cristiano necesariamente tiene que leer. Y si a ti no te gusta leer, aprende. Hay gente que se queda: “No, a mí no me gusta”. No es si te gusta o no te gusta, hermano; nosotros somos la religión del Libro. Un cristiano tiene que imponerse a veces leer, porque es que el testimonio de las Escrituras es un testimonio escrito. No podemos ser, hermanos, una generación de evangélicos que sean generaciones de audio, generaciones de conferencias. Necesitamos levantar una generación de lectores.

Quizá no vas a comenzar leyendo la historia del cristianismo. Quizá no vas a comenzar leyendo a San Agustín de tapa a tapa, quizás no comiences por ahí. Pero tú puedes comenzar leyendo porciones de la Escritura, analizando porciones de las Escrituras y llegando a disfrutarlo. Así como tú puedes disfrutar un sermón, es posible que tú disfrutes también una carta, disfrutes también un libro histórico. Es posible llegar a disfrutar esto, pero hay que imponérselo.

¿Qué beneficio tenemos de cultivar el hábito de la lectura? Lo primero es conocimiento de primera mano. Hay gente que siempre come donde alguien comió. Hay gente que el conocimiento que tiene del Señor siempre es un conocimiento de segunda mano, siempre lo que alguien leyó y me contó, de lo que alguien estudió y predicó. Hermano, aprender a leer, cultivar el hábito de la lectura, va a permitir que tú no tengas que esperar que alguien coma para que te dé a ti; vas a poder tener conocimiento de primera mano. Esto es importante.

En la medida de lo posible uno tiene que ir a las fuentes primarias, y las fuentes primarias son fuentes escritas. Qué triste el hermano que toda su formación cristiana la tuvo por medio del oído: de lo que alguien le dijo, de lo que alguien le contó, de lo que alguien recorrió y le dio. Qué bueno es aquel hermano que ha podido conectarse directamente en las Escrituras y aprender de primera mano lo que espera el Señor.

Al mismo tiempo, lo mejor de nuestra herencia está en libros. Yo no quiero ser altivo en esto, como nosotros somos de la generación nueva, pero miren: lo mejor del pensamiento cristiano no está en el siglo XX. Hay que ir al siglo XVIII, al siglo XVII, hay que terminar con los puritanos por allá. Lo mejor de la iglesia cristiana está en libros, no está en YouTube. ¿Me entienden? Lo mejor de nuestra herencia no está en video, no está en cassette, no está en CD. Lo mejor de nuestra herencia está en libros, y para tú poder disfrutar de aquello que el Señor le dio a otra generación de creyentes antes que tú, vas a tener que aprender a leer.

¿Qué otra cosa, hermanos? Se aprovecha mejor el tiempo. Una persona que aprende a disfrutar la lectura es muy difícil que esté aburrido. Miren, en nuestro país somos maravillosos porque usted puede leer sin luz. Se fue la luz, usted lee un libro. Qué bueno es un hermano que tiene siempre un libro ahí. A veces en la sala de espera, hay veces que tú estás haciendo horas esperando que algo suceda, tú sacas tu libro y comienzas a leer. Cultivar el hábito de la lectura nos permite aprovechar mejor el tiempo.

Me muevo un poco. Le decía el apóstol Pablo a su hijo espiritual Timoteo: “Entre tanto que yo voy, ocúpate en la lectura, en la exhortación y en la enseñanza”. Ocúpate en leer. Timoteo, no tengas ratos así ociosos, no; ocúpate en leer. Qué buenos son los hermanos que, como los bereanos, les gusta la lectura, les gusta conectarse directamente con lo que el Señor está esperando de nosotros. De nuevo, si tú no has leído ningún libro cristiano hasta ahora, si tú eres una persona que no ha heredado la lectura, yo te invito a que no te conformes solamente con el sermón de Pez Mundial.

Qué triste es, hermano. No es que es muy bueno recibir el sermón, es muy bueno recibir el sermón, pero no te conformes solamente con lo que se está predicando en tu iglesia el domingo. Lleva un plan de lectura bíblica en tu casa. Busca un calendario, busca un buen libro cristiano, aprende a leer. Es necesario para nuestro crecimiento espiritual.

Discernir aun cuando escuchamos sermones

Tengo que moverme un poco rápido en esto porque quiero llegar a la segunda parte, que entiendo, hermanos, que no debemos dejar de mencionar el día de hoy. Segundo punto: al escuchar un sermón tenemos que ejercitar el discernimiento. Hay personas que piensan que solamente debemos discernir las canciones que suenan en la radio, o que solamente deberíamos discernir lo que vemos en la película o lo que vemos en el cine, o que solamente deberíamos discernir lo que aparece en la televisión. Hermanos, miren, gran parte de las falsas enseñanzas no vienen ni por la radio, ni vienen por la televisión, ni vienen por el periódico; la mayoría de las falsas enseñanzas vienen por los púlpitos.

Y en este tiempo hay innumerables oportunidades. Miren, hay conferencias ahora casi todos los meses, ¿han fijado en eso? Casi todos los meses hay una conferencia. La gente asiste a las conferencias con hambre de que le digan cualquier idea y reciben todo lo que oigan como que eso es palabra de Dios. No es así, hermanos. No te acostumbres, no seas de aquellos que van saltando de conferencia en conferencia buscando que les den algo nuevo cada vez. Acostúmbrate a ir directamente a la fuente. Normalmente cuando tú eres confundido no es por televisión; a veces es del mismo púlpito una falsa enseñanza, una enseñanza distorsionada, y como tú recibes todo como bueno… Hermano, un cristiano discierne hasta cuando está escuchando un sermón, esa es la realidad.

No hay un momento donde un cristiano como que apaga su discernimiento y dice: “Todo lo que me digan es verdad”. No. El cristiano siempre está filtrando todas las cosas. Uno mismo, uno mismo. Miren, el maestro más grande que ustedes conozcan en algún momento batea de foul. No hay un maestro del cual tú puedas decir: “Mira, ese es totalmente infalible”. Mi predicador favorito de todos los tiempos, hermanos, ¿cuál ustedes creen que es? Spurgeon. Miren, hay veces que yo leo sermones de Spurgeon y digo: “No, no, no; ahí no. Ahí no puedo acompañarte, Spurgeon, ahí no puedo acompañarte”. ¿Me siguen en esto? Tremendo predicador del siglo XIX, excelente, hermano, pero no todos sus sermones tienen la misma calidad. Es un hombre, un hombre que falla como todos nosotros, un hombre que se desvía.

San Agustín, cuando escribió su famoso libro, llegó un momento en que él escribió una segunda parte que llamó “Retractaciones”. Él dijo que lo que había escrito, después de un tiempo de madurez, él volvió atrás y se dio cuenta de que mucho de eso que había escrito tenía que volver a revisarse, tenía que analizarse. Y “La ciudad de Dios”, después que él escribió “La ciudad de Dios”, él volvió y escribió correcciones sobre “La ciudad de Dios”. La Escritura, hermanos, la Escritura es una; la Escritura es inspirada, es infalible. Ahora, lo que vino después, los comentarios, en eso no podemos confiar de la misma manera. ¿Me pueden seguir en esto?

Cada vez que estás escuchando tienes que preguntarte: “¿Será así? ¿Será como se está diciendo?”. Aquella idea que tú te quedas prendida del sermón, cuando tú vas a buscar en las Escrituras dónde encuentras el sustento para decirlo, entonces tú dices: “Mira, está bueno”. Y en todas las cosas, es una idea interesante, pero tienes que ir a la Biblia para ver si esas cosas eran así, ejercitar el discernimiento, ver si se está diciendo así mismo. Le decía Pablo a los hermanos de Tesalónica: “Examinadlo todo; retened lo bueno”. Él sabía que iban a llegar diferentes maestros que iban a enseñar diferentes cosas con más calidad o con menos calidad, pero él decía: “Examínenlo todo y retengan solamente lo bueno”.

Quiero hacer ahora una diferenciación en lo que es un falso maestro y lo que es un maestro errado, porque no quiero que caigamos en una especie de hilo de persecución, como que cada vez que alguien me va a predicar está por engañarme. No. Miren, una cosa es un falso maestro y una cosa es un maestro errado. Un falso maestro es una persona que intencionalmente permanece en el error. Es una persona que en algún momento predicó un error y cuando se le exhortó, cuando se le animó, cuando se le fue a corregir, él dijo: “Yo soy tan altivo y tan orgulloso, yo estoy por encima de todas las cosas, que yo voy a seguir predicando eso mismo”. Aléjate de ese hombre.

Sin embargo, cualquier hermano en algún momento falla. Hay veces que tú trazas una doctrina y no la trazas con la perfección con que la trazaba Pablo. Pero imagínese usted, hay veces que yo he predicado doctrinas como la justificación y cuando yo escucho el audio digo: “Mira, ese punto puede crear confusión al respecto, me fui mucho mi idea hacia este lado y descuidé el otro”. ¿Me siguen en esto? Una cosa son hermanos que andan predicando intencionalmente el error, que han permanecido en el error, y otra cosa es un hermano que en algún momento faltó, que cuando predicó no pudo trazar la doctrina con la rectitud que la palabra del Señor merece. No siempre, hermanos, uno doctrinalmente puede trazar una línea recta, ¿me siguen en esto?

Tenemos que ser lo suficientemente humildes para entender que somos hermanos, como todos ustedes, que nos perdemos. Miren, a veces yo he trazado mi sermón y me desvío, y yo mismo lo siento, como que… Tenemos que tener la humildad necesaria para distinguir lo que es un falso maestro. Hay libros que yo les diría a ustedes: “Miren, no consuman eso, no lo consuman, no vale la pena. Es una persona que ha estado enseñando eso durante 30 años y confundiendo generaciones; no te dejes confundir tú también”. Pero al mismo tiempo hay muy buenos maestros que llegan a partes que tú dices: “No, no puede ser así”.

Por poner un ejemplo, miren, en República Dominicana ahora mismo es muy leído MacArthur, es muy leído Piper. Yo estaba leyendo un libro de Piper en días pasados y yo estaba emocionado con mi libro. Llegó un momento que como que me apagó el hacha. ¿Y para dónde me mandé? Para las Escrituras, ¿para dónde voy a ir?, ¿para dónde voy? Para las Escrituras. Le puse ahí una interrogación, me fui para la Biblia: “No, no comparto contigo, Piper”, y seguí con otro capítulo. ¿Me siguen en esto?

Es muy peligroso tú como quedarte ahí, como: “Ya, todo lo que me den es verdad y todo lo que me van a dar eso es palabra de Dios”. Por eso hay que tener cuidado. ¿Qué te recomiendo? Miren, al profundizar en doctrina cristiana evita entregarte a un autor. Hay gente a la que le han vendido autores y solamente leen a ese. Hay gente que se casó con un autor y solamente lee a ese. Están esperando que X autor saque otro libro, esperando que Nancy Leigh DeMoss saque el otro libro. Ten cuidado. Es una tremenda autora, gloria al Señor por la hermana Nancy, gloria al Señor, ¿verdad? Gloria al Señor, pero ten cuidado con leer solamente a Nancy.

La gente en esta congregación que le gusta John Piper, ten cuidado con leer solamente a John Piper, porque John Piper también ha bateado de foul. El hermano que se ha casado con John MacArthur, ten cuidado con MacArthur. Ay, el viejito, hermano. Y miren, Adrian Rogers, hermano, “El amor que vale”, padre, ese hermano… Cuando Adrian Rogers escribe sus libros, yo siento que él, ¡wow!, hermano. Y hay veces que en esa brisita así que él transmite hay gente que lee a Lucado, a Max Lucado. Cuando yo leo a Max Lucado, yo tengo amigos que dicen: “Lucado a mí me pastorea desde allá”.

Ten cuidado con Lucado, Lucado también batea. Quiero animarte a que busques buenos libros cristianos, pero que no te vendas a un autor, que no te entregues a un autor, que no te pongas en una silla y que te dejen meter en la cabeza todas las ideas que quieran; porque lo siguiente es peligroso, hermano: nuestra fe es un asunto de vida o muerte. Tú no puedes estar creyendo cualquier disparate. Un cristiano tiene que estar muy alerta, porque lo que tú creas tiene consecuencias eternas. Y yo puse toda mi confianza, mis convicciones, en Cristo. Yo no puedo dejar que de un momento a otro, con un pase de página, cambien mis convicciones, ¿y qué pasó ahí?

Tenemos que estar afirmados en las cosas que hemos creído. Hay que ir a las Escrituras.

Maestros auxiliares y lectura en comunidad

¿Qué te recomiendo? Miren, ten cuidado de hacer del maestro un fin en sí mismo. En la vida cristiana ninguno somos maestros totales, todos somos maestros auxiliares, eso es lo que somos nosotros. No hay nadie que te diga: “Mira, yo soy un maestro porque tengo conocimiento en mí mismo”. Nadie, hermanos. Todos somos fuentes secundarias. Lo mejor que tú puedes hacer es a través de Nancy y de mí conectarte a Cristo. Lo mejor que puedes hacer es a través de John MacArthur conectarte a Cristo. Lo mejor que tú puedes hacer es a través de John Piper conectarte a Cristo, de Adrian Rogers o de cualquier otro. Y si el maestro no logra conectarte a Cristo, no le sigas.

Cuando estás leyendo un libro y el autor está dando muchas vueltas para enseñarte a Cristo, ten cuidado. Pronto te va a poner la foto de él. Cuando estás leyendo un libro y el autor ya se está tardando mucho para mandarte a la fuente, ten cuidado, porque todo en el cristiano termina en Cristo. No somos un fin en nosotros mismos; todo maestro cristiano debe llevar a Cristo. Qué triste una congregación donde la gente sabe más lo que predica su pastor que de Cristo. El éxito mío en esta congregación es que mis hermanos no sepan cómo predica Rafael Pérez, pero que conozcan a Cristo claramente. Esa es mi satisfacción.

Un pastor de congregación no debe aspirar a poner un marco conceptual nuevo, a poner dos doctrinas nuevas. Hermanos, miren esto: nadie es innovador. Todos nosotros enseñamos a Cristo, y si tú quieres saber si estás ante un gran maestro, pregúntate: “¿Me enseña a Cristo claramente?”. Si no lo logra, hermano, es porque anda siendo un fin en sí mismo.

Evita aislarte, hermano. Qué triste es el lector solitario que compra dos libros y se mete en una cueva. Normalmente cuando sale de ahí está tan confundido que da lucha ayudarlo. Qué triste es el hermano que celebra que compró un comentario bíblico y se guarda en su habitación a leerlo él solo, y sale entonces a la calle pensando que tiene la cabeza más grande que todo el mundo. Ten cuidado de aislarte. Lo mejor que tú puedes hacer, hermano, es leer la Biblia y cualquier libro en comunidad, con unos cuantos hermanos al lado. Qué bonito es eso cuando tú compras un libro, buscas a algún otro hermano y le regalas uno, y le dices: “Mira, para que tú lo leas por allá y yo lo leo por aquí”. Le estás regalando el libro, pero también cuando viene a ver le estás tirando tu salvavidas; es el que te va a ir a buscar cuando te pierdas.

Qué bueno es leer un libro entre dos. Yo tengo un amigo muy querido que de vez en cuando yo le animo en mi lectura. “Mira, ¿qué tú estás leyendo?”. Le pregunto y miro a ver si me interesa lo que está leyendo. Dice: “Mira, estoy leyendo tal cosa”. “¿Tú quieres? Léelo”. Es buscando leer de dos en dos. Y a veces me ha llamado: “Mira, ¿tú viste lo que dice ahí?”. “Yo sí, yo lo vi”. Esa es la actitud de un cristiano, hermano, ante cualquier material, esa es la actitud.

Evita perder la perspectiva general. Hay gente que lee un solo tema, un tanto. Hay gente que solamente lee de adoración, adoración, adoración. A mí me gusta leer, hermanos, no solamente temático; de verdad cristiana. Lee adoración, lee justificación, lee santificación. Hay gente que lee escatología, solamente escatología, escatología, sucesos finales, Apocalipsis, “Dejados atrás”, “Búscame el libro así”. Estoy animándote a que cultives el hábito de la lectura, pero no te vayas a un solo lado. Es necesario hacerlo sin dejar de hacer lo otro.

En cuanto a doctrina cristiana, hermanos, hay muchos libros buenos, hay libros que nos ayudan en diferentes sentidos, pero hay tres cosas, hermanos, que son imprescindibles, que un cristiano constate él mismo en las Escrituras antes de leer cualquier libro. Hay tres cosas que yo te motivo y te animo encarecidamente a que lo hagas: tres asuntos imprescindibles acerca de los cuales cada cristiano debe persuadirse él mismo en las Escrituras.

Tres convicciones fundamentales sobre Cristo

¿Qué es un cristiano? Una persona que cree en algo. ¿Y en qué él cree? Él cree que Cristo es real. Bueno, tú vas a tener que ir a las Escrituras y luchar ahí con tu Biblia hasta que tú te convenzas de que Cristo es real, de que Cristo es histórico. Sí, sí, hermanos, tienes que afirmarte en esto, tienes que afirmarte en que Cristo es quien dijo que era, el Hijo de Dios. Eso es fe cristiana. Tú tienes que afirmarte, hermano, en que Cristo hará lo que dijo que haría: eso es salvarnos. Antes de dominar cualquier tema teológico, hay que llegar a un profundo convencimiento de esto, por eso tú tienes que estar agarrado de eso, hermano. Eso es un asunto de vida o muerte.

Un cristiano se agarra de esas tres cosas. Un cristiano es una persona que hace así, dice: “Miren, yo estoy afincado en un profundo convencimiento de que Cristo es real, no es un invento; de que Cristo es histórico, que Él estuvo aquí, estoy profundamente convencido. A mí no me mueven de este asunto: de que Cristo es el Hijo de Dios, hermano”. Y tercero, “yo creo que Cristo hará lo que dijo que haría: eso es salvarme”. Eso es ser cristiano. Eso es lo que fundamenta, hermanos. La gente cree que fe es cualquier cosa. Fe es un profundo convencimiento de eso.

Si ustedes leen esas tres afirmaciones y leen el Credo Apostólico, el Credo Apostólico dice lo mismo: “Creo que Cristo es real, creo que Cristo es histórico, el Hijo de Dios, y creo que Cristo vendrá a salvarme”. Si ustedes leen Lucas 24, el resumen de su ministerio, ¿qué hizo Jesús? Jesús resumió su ministerio con esas tres cosas: “era necesario que se cumpliera lo que de mí había sido escrito”. Hermanos, si ustedes leen el acrónimo de lo que significa “pez” en griego, eso mismo significa: “Yo creo que Cristo es el Hijo de Dios, el Salvador”.

Eso es fundamento, hermanos, eso es fundamento. ¿Qué fue lo que hicieron los bereanos? Los bereanos fueron a ver si ese evangelio que estaba predicando Pablo era un evangelio que guardaba relación con lo que se estaba esperando. Eso es el evangelio. Quiero animarte, hermano, a que tú te vayas de aquí a pegarte en tu Biblia, a asegurarte de que Cristo es real, Cristo es histórico, Cristo es quien dijo que era, el Hijo de Dios, y que Cristo es mi Salvador. Tenemos que estar afirmados en esas cosas.

Luego, hermano, puedes buscar otras ramas, pero esa es la esencia de la fe cristiana. Y esto guarda una relación estrecha con el último punto: creer es mucho más que la aceptación de una doctrina; es rendirse intelectualmente luego de haber luchado. Decían los bereanos: “Así que…”. ¿Cómo?, ¿qué es lo que significa “así que”? ¿Qué es lo que hace qué? Después que yo leí, concluí eso, y entonces viene el “así que”. “Ay, Pablo, te la compro. Mira, ya no tengo esas dudas”.

Hay aquella persona que anda como locos, “¡Ay, ese evangelio es tan bonito, yo quiero ser cristiano ya!”. Espérate, tú no sabes lo que estás haciendo. Por eso en nuestra iglesia le decimos a la gente que tome su taller de membresía, porque allí le enseñamos qué es lo que es un cristiano, y después, cuando va a las aguas, lo firma. Él sabe lo que está firmando. Ese grupo de gente ahí: “Ya yo me hice cristiano”. ¿Y qué es?, ¿por qué tú te convertiste? “No, es que ya había que ser cristiano, ¿no?, visitar una iglesia”. No. Eso es una afirmación profunda, hermanos.

Dice el texto: “Así que…” O sea, después de yo haberlo constatado, después de yo haberme asegurado de que eso es verdad, “así que creyeron muchos de ellos, y mujeres griegas de distinción, y no pocos hombres”. Eso es el “así que”.

La fe cristiana no es credulidad

Tengo que aclarar lo siguiente. Yo tenía urgencia de llegar aquí, hermanos, y estaba viendo este sermón y loco por llegar. De momento ustedes estarán locos por que yo llegue aquí. Miren lo que yo vengo a decirles: que un cristiano no es un crédulo. ¿Me están oyendo bien? Ya ha pasado que una persona me dice: “Mira, tú eres creyente, tú sabes, créeme que tú eres…”. No, hermano. Miren, no hay una cosa menos bronca que un cristiano. Un cristiano no recibe las cosas así. Dice el diccionario que un hombre crédulo es el que cree ligera o fácilmente. Yo no creo así.

Miren, hermanos, yo hacerme cristiano no fue un jueguito. Yo iba a la iglesia y toda la cosa, pero cuando yo dudé de mi fe, yo me fui a las Escrituras, hermano. Yo me recuerdo con una lámpara prendida ahí leyendo y haciendo genealogías, buscando si eso encajaba por aquí, si encajaba por allá. Eso me daba por aquí, me daba por allá, hermano, eso no fue ligero. Cuando yo me anclé en la fe cristiana, yo puse mi convicción en este asunto. Yo entregué todo, hermanos, yo no tengo otra esperanza fuera de Cristo. Esa es la realidad, esto no es un jueguito.

Esto no es de que: “Mira, ahora yo creo en Cristo y mañana en cualquier cosa”. No, hermano. Dice la Escritura que esta es la perla de gran precio. Cuando yo encontré el cristianismo, el cristianismo de verdad, yo me afincqué cuando yo tenía cerca de 17 años. Yo me afincqué en esa doctrina cristiana, y aunque había visitado la iglesia desde temprano, en ese momento de mi vida yo entendí que Cristo era real, de que Cristo era el Hijo de Dios y era mi Salvador. Y me aferré a ese asunto, hermanos, y mi vida entera gira en torno a eso.

¿Y me van a decir a mí que yo soy crédulo? No. Y no hay una cosa más bronca que un cristiano convencido. Un crédulo cree cualquier cosa; no, un cristiano no cree cualquier cosa. La gente ha confundido la palabra: “No, él es muy creyente”. Espérate, no muy creyente, no. Él cree en unas cuantas cosas que él puede contar con las dos manos; las cuenta, en lo que él cree. Yo no muero por cualquier cosa a nivel de doctrina, hermano; si tú me dices, no, yo no muero por cualquier cosa. Pero, miren, yo puedo a ustedes citar con una mano, que hay cinco cosas por las cuales yo muero, que si a mí me quitan esas cinco cosas fundamentales, ya yo no sabría qué hacer con mi vida, de verdad.

Si a mí me quitan esas cinco convicciones, yo haría crisis, quizá termino interno en algún lugar, porque yo estaba afincado en eso. Es lo que quiero que tengas tú, hermano, no una fe ligera de que “no, ya yo estoy creyendo en el Señor”, sino que tú estás aferrado a tu fe, que tú digas: “Eso para mí es una tabla de salvación, yo no suelto ese asunto; eso es oxígeno”.

Un cristiano no es un hombre crédulo; nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar intelectualmente… Miren, el cristianismo es una lucha intelectual con tu propia opinión y con la opinión del mundo. Un cristiano está en lucha, eso cansa. Cansa, cansa, cansa ese asunto, hermanos. Hacerse cristiano es un asunto que, intelectualmente, a veces tú terminas… Oiga, hermano, cuando yo estaba estudiando la redención, yo recuerdo estudiando, hermano, el libro de Romanos, yo terminaba cansado, como: “¡Uh!”. Eso cansa, una lucha ahí, mi pensamiento contra el pensamiento de Dios, y el pensamiento de Dios contra el pensamiento del mundo, hermanos. Es una lucha.

Un cristiano es alguien que luchó y se rindió. Y dijo: “Señor, tú lo superas, tú superas el existencialismo, Señor. Tú superas el racionalismo, tú superas la ilustración, tú superas el posmodernismo, tú lo superas todo. Todo ese tema son paja y coco delante del cristianismo, hermano”. Y cuando tú ves la inmensidad del cristianismo, tú terminas rindiéndote, tú dices: “Ya, no hay que buscar más nada, aquí estoy”. Eso es un cristiano de verdad.

Tengo serias dudas de cada persona que dice: “Yo soy cristiano”, está establecido en una iglesia y no profundizó. La gente me dice: “Yo creí”. ¿En qué tú creíste? ¿Tú creíste que Cristo es el Hijo de Dios? ¿Cómo tú llegaste a ese asunto? Hay veces que yo tanteo a la gente a la inversa. Hay gente que ha pensado que yo estoy perdiendo la fe porque cuando me dicen que son cristianos yo comienzo a preguntar como preguntaría un converso sincero. ¿Ustedes conocen un converso sincero? Una persona que con sinceridad está acercándose a Cristo. Miren, esa es la cosa más deliciosa que yo he encontrado, porque a mí me encanta conducirlo, hermanos. Yo le digo: “Mira, es necesario que suceda esto, esto y esto”.

Un converso sincero hace preguntas. Entonces, yo hago la labor de inconverso sincero. Le pregunto: “¿Cómo tú llegaste a creer que Cristo era verdadero? Porque aparecieron diferentes gente, diferentes líderes, ¿y por qué Cristo? ¿Y por qué los chinos son más que los cristianos?”. Bueno, un cristiano tiene que responder por qué es que Cristo es histórico, por qué es que Cristo es real. “¿Y tú, de dónde sacaste la idea de que Cristo era el Mesías, de que en Él se cumplieron las profecías?”. ¿Qué profecías? ¿Qué era lo que se esperaba?

Hermano, hay que agarrar Isaías, hay que ir a los profetas menores, hay que ver cuáles profecías se cumplieron en Cristo. Es más, casi siempre es en ese momento cuando la gente le pone como el nudito a la fe, cuando se convence y dice: “Mira, eso es verdad, el cristianismo da”. Esto no es un invento, hermanos. Yo tenía un temor en mi corazón, recuerdo que cuando tenía cerca de 15 años, porque yo decía: “Cuidado si todo esto que me han enseñado esto es una tradición”. Y tenía como el temor de constatarlo, yo tenía el temor de desencantarme, yo decía: “Yo no quiero profundizar demasiado, porque en algún momento como que lo voy a perder”.

Hermano, no temas, no temas. El cristianismo se sostiene, esto no es un invento, esto es un asunto real. Convéncete de esa manera. Es una lucha intelectual en algunos casos por largo tiempo, se lucha y luego entonces uno llega a persuadirse de que Cristo es real, de que Cristo es el Hijo de Dios y de que Cristo es mi Salvador. Cuando un incrédulo se vuelve creyente no necesariamente se hace cristiano. Hay gente que deja la incredulidad, pero no se agarra de Cristo. Ten cuidado con ser muy crédulo, hermano. Ten cuidado con recibir cualquier cosa como verdad. Sé como los bereanos, que cuando les trajeron el evangelio ellos encontraron que el evangelio guardaba una estrecha relación con lo que se esperaba y entonces lo recibieron como la palabra del Señor.

Le decía el apóstol Pablo a Timoteo: “Persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste”. El apóstol Pablo en otra ocasión le dice: “La fe que habitó en tu abuela, la fe que una vez habitó en tu mamá”. Es bueno, hermano, cuando nuestros padres nos enseñan la fe, pero Timoteo se persuadió él mismo. Yo no sé si tú eres un cristiano porque tu abuela es cristiana, porque papá es cristiano, porque mi familia son cristianos. No, no, no. Un cristiano con sus propios ojos y su propio entendimiento se persuade. Eso no se presta, hermano.

Sabiendo de quién has aprendido, y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en quién, en Cristo Jesús. Hermano, eso es lo que es la fe: la fe en Cristo Jesús.

Fe, esperanza y amor redefinidos bíblicamente

Yo sospecho que en este tiempo hay demasiado “creyente”. Todo el mundo cree en algo, pero no todo el mundo cree del mismo modo. No quieran meterlos en la misma funda de que: “No, los que creen en algo, que vengan…”. Aguántate, que yo no comparto la misma funda. Yo creo en Cristo Jesús. Yo soy un creyente, no en el sentido de que soy una persona que cree con facilidad, es que yo creo totalmente, pero en Cristo Jesús. Eso es lo que es un cristiano.

La gente tanto tiempo habla de “creer”: hay gente que cree desde que es importante hasta que… Un cristiano cree que Cristo es real, eso es lo que cree. Le decía el Señor a sus discípulos: “He aquí, yo os envío como ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas”. ¿Qué significan estas tres metáforas? Ser como una oveja es ser totalmente dependiente del Señor: sean como ovejas. Una oveja, hermanos, no se cuida por sus propios medios; una oveja se cuida acercándose a su pastor. Cuando Él está diciendo que sean como ovejas, es que sean totalmente dependientes del Señor.

Pero también te dice ahí que cuando tú tienes que defender tu fe, hay que ser como serpiente, prudente como serpiente. A mí me gusta la serpiente como que no se mueve mucho, pero cuando se mueve, se mueve contundente. Así es un cristiano. Tengo muchas dudas de estos cristianos que van moviéndose en sus convicciones de un lado al otro. Tengo amigos, no amigos, son conocidos, que comenzamos juntos, hermanos, y se han desviado. Tengo un amigo que yo lo veo a él que es como un péndulo: a veces lo encuentro en teología de la liberación, de polo a polo, contra el fundamentalismo por allá; a veces está en la derecha religiosa y a veces está en el liberalismo. Yo digo: “Fulano, ¿y dónde es que vas a terminar?”.

Sé prudente como serpiente, o sea, ten cuidado de todo movimiento que te lleva a todos los lugares. Y sencillo como paloma: ¿qué es un cristiano? Una persona que es prudente como una serpiente, o sea, que no está ahí moviéndose de un lado al otro, pero al mismo tiempo es sencillo y depende totalmente del Señor en cuanto a todas sus convicciones. Hermanos, te animo a que tú seas así.

Estoy entrando a la última parte y quiero que redefinamos lo siguiente: fe, esperanza y amor. Miren, la sociedad actual ha redefinido estas tres palabras, pero un cristiano tiene que hablar de fe en un sentido cristiano. Cuando usted dice: “Yo soy un hombre de fe”, no es que usted es un hombre que cree en cualquier cosa; no. Es que tú eres un hombre de fe en la persona de Cristo. Eso es un hombre de fe.

Una vez estaba en un grupo y me dice otro del grupo: “Fulano, tú sabes que tú y yo somos gente de fe”. Y yo sé que lo que él es, es novelista, taoísta, o algo parecido, y tuve que decirle: “No, no, yo tengo fe en Cristo Jesús. Yo creo que tú no crees en Él, ¿verdad?”. No es lo mismo. No es lo mismo, hermano. La gente te dice: “No, yo soy un hombre de fe, yo soy un hombre creyente”. ¿En qué tú eres creyente? ¿En Cristo Jesús o en cualquier cosa? Espérate. Hay que poner su fe en el lugar correcto.

La esperanza. La gente lo define como “esperar que algo pueda suceder”: “Yo tengo la esperanza de que va a llover”. Hermano, eso no es esperanza bíblica. Esperanza, para un cristiano, es esperanza en las firmes promesas de Cristo, y fuera de ahí yo no tengo mucha esperanza. Es más, hermano, que fuera de las promesas de Cristo yo soy hasta medio pesimista. Fuera de la promesa de Cristo… Si Cristo lo prometió, hermanos, miren, yo estoy agarrado de eso hasta la muerte. Ahora, fuera de las promesas de Cristo, yo en algunas cosas soy hasta, como dicen, medio amargado, pero yo no les tengo mucha confianza.

Yo creo mucho en los cheques firmados que tienen las dos firmas, yo. O sea, yo creo mucho en la cosa concreta, yo creo mucho en los proyectos que firmaron el contrato, yo creo mucho en esa cosa, hermano. Entonces hay gente que le mete la “energía mental”: “No, yo tengo fe en que eso se va a dar”. Cuando me le pongan las dos firmas yo creo en ese cheque, hermano. Y si está depositado en mi cuenta corriente —estoy hablando en mi empresa—, porque es que yo tengo amigos que son comerciantes que yo digo que “son hombres de fe”. No, fe tengo yo en Cristo, y fuera de Cristo, hermano, a mí me gustan las dos firmas.

Amor. ¿Qué es amor? La gente termina diciendo: “Amor es un sentimiento así tan chulo y tan fuerte, y una cosa tan bonita cuando lo sientes”. Hermano, para un cristiano amor es seguir el ejemplo de Cristo, eso es amor. Hablamos de amor el domingo pasado. Fe, esperanza y amor el mundo lo ha redefinido según sus términos. Pero para un cristiano, fe es una fe en la persona de Cristo; esperanza es una esperanza en las promesas de Cristo; y amor es amor siguiendo el ejemplo de Cristo. Y fuera de ahí, hermanos, tengan cuidado, fuera de ahí, tengan cuidado. Yo defino fe en esos términos.

¿Dónde vas a poner tu fe?

¿Dónde vas a poner tu fe? Hay gente que pasa de la incredulidad a la credulidad, pero pone su fe en el lugar incorrecto. ¿Dónde vas a poner tu fe? Hay gente, hermanos, que tiene mucha fe, mucha fe en ellos mismos. Eso es autoayuda. Los libros de autoayuda te permiten poner tu fe en el lugar incorrecto, que eres tú mismo. Gente que dicen: “Yo creo en mí, en mi fuerza, en mi capacidad, en que lo voy a lograr”. Todos los libros de autoayuda hablan de “llegar hasta la cima”, “yo creo que voy a llegar hasta la cima”. Eso es poner tu fe en ti mismo. Lugar incorrecto, hermanos, eso es autoayuda.

Hay otros que ponen la fe en otra persona o cosa. Sacan el rosario así, lo ven, lo soban: “Yo tengo fe en mi rosario”, y lo ven así. O ese santo que tienen en la casa, o ese certificado de ahorro, hermano, que tienen abajo de un colchón. O ese candidato. La gente que ve su certificado de ahorro, lo ve, ve esa cifra así y lo soba. Una convicción tan fuerte, hermano, en ese certificado, o en ese documento de terreno. Ahí está “mi terreno y mi casa” en ese delicado así largo. Esos documentos de lo que la gente pone la fe normalmente son largos, no son 8½ por 11; casi siempre son 11 por 17. Gente que saca esos documentos, los ve y dice: “Yo tengo una fe así en eso”.

Hermano, eso se llama idolatría, atribuirle a los objetos, a las personas, lo que sólo le pertenece a Dios. Hay otros que dejan la incredulidad y ponen la fe en la fe. Eso es tan difícil de explicar, pero hay gente que cree en la fe. Hay gente que pone su fe en la fe. “¿Y por qué tú crees que lo vas a lograr?”. “Porque yo tengo fe”. “¿En qué?”. “En la fe”. Hay gente que cree en que creen, y eso es una contradicción. Eso es positivismo, hermano, se le llama a veces “energía mental”, el “chi”, que tú te concentras y te pones para eso y eso va a suceder. “¿Y por qué va a suceder?”. “Porque yo tengo fe”. “¿En qué?”. “En la fe”.

Hermanos, los bereanos pusieron su fe en Cristo. Yo no sé dónde tú todavía tienes tu fe, hermano, pero mi intención es que tú pongas tu fe en el mismo lugar donde pusieron la fe los bereanos: en Cristo. Y que tú mueras por eso. Yo les dije: las cosas por las cuales Rafael Pérez muere, en esa mano caben, no creo, hermano, que yo pueda morir por más de cinco doctrinas. Y que diga: “Mira, eso para mí es esencial, eso yo no lo negocio”.

Hablaba en días pasados con un hermano que me decía: “¿Ustedes son posmilenialistas o premilenialistas?”. Y yo estoy en una posición de respeto, pero yo… Son pocas las cosas por las cuales yo muero. Hay hermanitos que si alguien me juega a mí con la persona de Cristo, de quién Cristo es, hermano, por eso nos damos mordida. Hay que matarme por eso. Esa es la verdad que pica por dentro a veces, porque son cosas en las cuales tú llegas a tener un convencimiento tan profundo que esa es tu vida, hermano, mi vida es eso.

¿Qué te animo finalmente? Cuando los bereanos creyeron, no pusieron su fe en Pablo, no pusieron su fe en ellos mismos. La pusieron en lo que Pablo afirmaba sobre Cristo, y después de haberlo confirmado directamente en las Escrituras. Yo te animo a que tú pongas tu fe en el mismo lugar donde la pusieron los bereanos: en Cristo Jesús.

Inclinen sus ojitos un momento y permítanme orar por ustedes.

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