Placer estar por aquí nuevamente. Hace unos años estuve visitándolos, específicamente en el año 2021. Todavía estábamos en la pandemia, estábamos usando mascarilla y todo eso, pero siempre es un privilegio venir aquí. Sé que el pastor Luis es muy querido aquí en esta iglesia, al igual que el pastor Rafael allá. Había tenido chance también de reunirme varias veces con él y con Randy. Sé que el Señor está haciendo grandes cosas en esa iglesia. Espero que en el día de hoy sea el Señor hablando a través de su Palabra. Me acompaña mi esposa y mi niña Gabriela. Cuando vinimos la primera vez, Gabriela estaba en la barriga en ese año, y ahora regresamos y hay otra que está en la barriga.
Entonces mi esposa le dijo al pastor: “Cada vez que nos invitan, venimos embarazados”. Entonces vamos a ver lo que hacemos. Pero siempre predicar la Palabra del Señor es un privilegio, pero es un reto a la vez, porque le estás predicando al pueblo de Dios la Palabra de Dios. Yo quiero, yo sé que oramos, pero yo quiero orar por la iglesia y quiero orar también para que sea el Señor abriendo los corazones y que sea el Señor hablando a través de su Palabra a nuestras vidas. Padre, te damos gracias, te damos gracias por el privilegio que tú nos das de estar aquí en esta mañana. Gracias por tu fidelidad, gracias porque a pesar de nosotros tú obras, mira nuestros corazones, Padre, te pedimos que estén dispuestos y disponibles a escuchar tu Palabra, que no sean las palabras mías que salgan sino tu Palabra, que podamos aprender de ella y ponerla en práctica.
Gracias por la vida de los líderes de esta iglesia, el pastor. Gracias porque tú estás usando a Randy aquí también. Te pido por cada uno de los miembros, por los adoradores, Padre, para que tú sigas obrando en esta congregación y que ellos sigan impactando este lugar, Padre. En tu nombre oramos, Jesús, amén.
Ilustración deportiva y lectura del contexto bíblico
Como saben, este es un país deportista: hay muchos peloteros, jugadores de baloncesto, el voleibol está creciendo mucho e incluso atletas que practican el atletismo, como Marileidy Paulino, y tuvimos en tiempos pasados a Félix Sánchez. Cada año, o cada cuatro años mejor dicho, se celebran los Juegos Olímpicos, pero ese proceso no inicia en el momento que inician los Juegos Olímpicos, sino que es un proceso de preparación que tienen todos los atletas. Por ejemplo, aquí se juegan los juegos nacionales, luego los juegos centroamericanos, los panamericanos, preolímpico, hasta llegar a los Juegos Olímpicos.
Es un proceso arduo, donde los atletas tienen que entrenarse, donde tienen que sacrificar muchas cosas, abstenerse de ciertos alimentos, incluso de pasar tiempo con los familiares. Volviendo a hablar de Marileidy Paulino, el otro día escuchaba una entrevista donde ella decía que, cuando inició en el atletismo, que ella tenía que entrenar hasta el 31 de diciembre y le decían: “Esta está loca”. Pero ella sabía la meta que tenía y vemos los resultados ahora, cuando la vemos ganar diferentes certámenes de su deporte. Lo mismo pasa con nosotros: el Señor nos dice en su Palabra que debemos entrenarnos, debemos disciplinarnos, debemos ejercitarnos para la piedad. Ese ejercicio de nosotros tal vez no es, o no es, como los atletas que buscan un fin, ya sea ganar un premio, tener resultados, obtener dinero, sino que el fin de nosotros es parecernos más a Cristo.
Estamos llamados a entrenarnos, a entrenarnos para la piedad, a cultivar la piedad, a vivir una vida de devoción al Señor y de crecer de tal manera que nos parezcamos cada momento a Cristo. Y eso es lo que el apóstol Pablo le dice a su discípulo Timoteo. Lo encontramos en la primera carta del apóstol Pablo a Timoteo, capítulo cuatro. Vamos a estar enfocándonos en esta mañana en los versículos 7 al 8, pero yo quiero leer el capítulo cuatro, iniciando en el versículo 1 hasta el 10, para así entender el contexto de lo que Pablo le está diciendo a su discípulo Timoteo. Vamos a estar leyendo Primera de Timoteo capítulo cuatro, versos del 1 hasta el 10. Leemos la Palabra del Señor, si me dan un poco, he estado un poco afectado de la gripe, y por eso a veces…
Pero el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios, mediante la hipocresía de mentirosos que tienen cauterizada la conciencia. Estos prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participaran de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad. Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado. Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido. Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera. Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida por todos. Que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen.
— 1 Timoteo 4:1-10
Le damos gracias al Señor por su Palabra. Esta primera carta del apóstol Pablo a Timoteo es una de las cartas pastorales que él escribió. Escribió Primera de Timoteo, Segunda de Timoteo y la carta a su discípulo Tito también. Aquí el apóstol Pablo comienza pidiéndole a Timoteo que se quedara en Éfeso para que contrarrestara las diferentes falsas enseñanzas que se estaban moviendo en ese lugar. Vemos en diferentes momentos donde Pablo muestra el cariño que tenía por Timoteo, incluso a lo largo de sus escritos Pablo menciona más de cinco veces a Timoteo en sus diferentes cartas.
¿A quién le está rogando? A Timoteo le había rogado que se quedara en Éfeso para contrarrestar las falsas enseñanzas. Él le da instrucciones para que supiera cómo debía ser el liderazgo de la iglesia. Lo vemos en el capítulo 3, cuando le habla de los requisitos de los obispos, los requisitos de los diáconos, y también le habla sobre cómo orar por las personas que están en eminencia. A la vez podemos ver que le habla a Timoteo de cómo cuidar su vida personal, pero también cómo, como el líder de la iglesia, debía él cuidar la salud espiritual de la congregación.
Falsas enseñanzas y el llamado a rechazar lo que no aprovecha
Cuando entramos a este capítulo cuatro que acabamos de leer, los primeros versículos, vemos que él está diciendo a Timoteo algo que iba a pasar, donde vendrían personas engañadoras que intentarían y van a intentar llevar a la iglesia por un camino que no era el que el Señor quería. Ellos vendrían y prohibirían alimentos que el Señor había creado para que fueran ingeridos, para que se comieran, y le está hablando aquí de que cuidara eso. Le dice en el versículo 6: “Al señalar estas cosas a los hermanos serás un buen ministro de Cristo Jesús, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido”. ¿Pero qué era lo que él había señalado? Lo que él le había dicho anteriormente, hablándole de esas personas que vendrían y cómo Timoteo debía enseñar a la congregación.
Cuando llegamos a los versículos 7 y 8, que son los pasajes que vamos a utilizar como base de este sermón, vemos cómo le dice que no se mezcle, que no se asocie con aquellas personas que enseñaban las falsas enseñanzas. Le dice en el versículo 7: “Pero nada tengas que ver con las fábulas profanas propias de viejas, más bien disciplínate a ti mismo para la piedad”. Y esa es la primera enseñanza que vamos a encontrar en este sermón hablando de “Cultivando la piedad”: cultivar la piedad requiere que rechacemos todo lo que impide nuestro crecimiento espiritual. Timoteo debía rechazar las fábulas que se habían inventado, donde hombres habían sacado de genealogías. Esas genealogías las encontramos en la Palabra con el propósito de señalarnos, decirnos el origen de alguien.
Por ejemplo, Mateo comienza con la genealogía de Cristo; ahí sabemos el origen, de dónde procedía. Pero esos hombres comenzaban a inventar genealogías interminables que no llegaban a ningún fin, con el único propósito de llamar la atención, muchas veces con el propósito de disuadir a aquellas personas que estaban buscando de la fe verdadera. Pero él le dice a Timoteo: rechaza eso, no te asocies con esas personas, no permitas que ellos enseñen eso tampoco. Hay una versión, la Nueva Traducción Viviente, que lo dice de la siguiente manera, esta primera parte del versículo 7: “No pierdas el tiempo discutiendo sobre ideas mundanas y cuentos de viejas”. Otra versión dice: “No presten atención a historias falsas que la gente inventa”.
Estos maestros, y Pablo lo corrige más al principio de la carta, donde les dice que ellos querían ser maestros de la ley, pero no la conocían, no porque la ley es mala en sí misma, sino porque lo que ellos estaban enseñando no tenía ningún fundamento bíblico. En nuestros días no es algo tampoco que es extraño a nosotros. Vemos constantemente cómo falsas enseñanzas se levantan en la iglesia. El relativismo ha permeado muchos de los púlpitos de las iglesias hoy día, donde se enseñan enseñanzas que no tienen ningún fundamento bíblico, simplemente es producto de la curiosidad del individuo, la novedad. A mucha gente le gusta ser novedoso, tener una enseñanza “profunda”, como le llaman, pero sin ningún sustento.
Rechazar la falsa enseñanza y la influencia del mundo
La Biblia dice, y Pablo le dice a Timoteo: rechaza eso. Y es lo que nosotros tenemos que hacer también, rechazar todo aquello que no tenga ningún fundamento en las Escrituras. No nos sirve para el crecimiento espiritual, no nos sirve para nuestro propósito que es crecer en la piedad, parecernos más a Cristo. Debemos rechazar todo eso, de no mezclarnos con esa enseñanza. Es lo que Pablo le está diciendo a Timoteo: eso para nada aprovecha, no tiene ningún sentido, no es lo que estamos buscando, por lo tanto debemos rechazarlo.
A manera de ilustración, durante la pandemia una de las cosas que sufrimos, y decían que era como una enfermedad, era la ola de información que llegaban a las redes sociales, al WhatsApp, a los grupos, informaciones que en su mayoría eran informaciones falsas, pero mucha gente la creía. ¿Y qué pasaba con eso? Que cuando venía la información verdadera, la gente ya estaba sesgada con la información falsa e inmediatamente decía: “No, ya yo sé eso”. Yo recuerdo un caso que había un señor que al principio dijo: “Ya yo sé cuál es la solución para el COVID: es la malagueta”. Y conozco personas que comenzaron a comprar malagueta y masticar malagueta, porque “la malagueta era la solución”. Todo el mundo estaba buscando una solución a esa nueva enfermedad.
Lo mismo pasa con las personas cuando están buscando, tienen preguntas sobre la Biblia, tienen preguntas sobre la fe, y llega alguien y las responde, aunque no tenga ningún sustento bíblico. Comenzamos a aceptar eso, y eso es lo que pasa con las falsas enseñanzas. Por eso el apóstol Pablo le está diciendo a su discípulo Timoteo: rechaza eso, eso es invento de hombres, eso para nada aprovecha para el crecimiento de la iglesia ni para tu crecimiento personal. Vemos que Pablo también menciona en Tito 1:14, hablando de algo similar:
y no presten atención a mitos judaicos, y a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad.
— Tito 1:14
Eso es lo que pasa con esas enseñanzas: nos apartan de la verdad, de lo que verdaderamente provoca el crecimiento en nuestras vidas.
Por eso tenemos que ser vigilantes, tenemos que estar atentos a qué cosas nosotros le estamos prestando atención, a qué cosas nos estamos exponiendo. A veces tomamos eso mucho a la ligera, decimos: “Bueno, tiene algo bíblico”, pero “algo bíblico” no es la verdad, porque regularmente la diferencia entre una cosa falsa y una verdadera es que la falsa muchas veces tiene algo de verdad, pero después todo es falso. Y eso es algo normal en nuestros días, escuchamos mensajes que más que ayudarnos a ser piadosos lo que levantan es nuestra carne, nuestro orgullo, el foco en el hombre, el foco en que el hombre sabe más que el otro.
Debates, orgullo religioso y evaluación personal
Y es algo frecuente en las redes sociales, donde vemos, Randy y yo hablábamos ahorita, y era algo que tenía en la mente predicar hoy, de los debates en las redes sociales, donde vemos personas que tienen una teología, intentan debatir con todo el mundo y su única intención es decir: “Yo sé más que los otros”. Esa no es la finalidad de nosotros, y eso era lo que querían esos hombres: decir “yo tengo el conocimiento”. Y Pablo le dice a Timoteo más adelante que ellos querían enriquecerse con la piedad, utilizando las cosas de Dios para enriquecerse, y eso es lo que pasa en nuestros días también.
El propósito de nosotros no es saber más que el otro, sino disciplinarnos para la piedad, que es lo que Pablo le va a decir más adelante, la segunda parte de este versículo. Pero yo quiero hacerte unas preguntas para ver cómo estamos, si es a qué te estás exponiendo constantemente. ¿Qué información está entrando en tu vida? ¿Qué información está entrando en tu mente? ¿Qué información tú estás permitiendo que entre a tu corazón? Porque la información que tenemos nos cambia. ¿Estás rechazando las cosas que no contribuyen a tu crecimiento espiritual o simplemente estás aceptando eso? ¿Estás permitiendo que la mala enseñanza, los rudimentos del mundo, el pensamiento del mundo entren a tu mente, a tu corazón?
Porque todo lo que entra en nuestra mente va a provocar que accionemos de esa manera. Si es la Palabra de Dios que entra a nuestras vidas, va a provocar un cambio en nosotros; si es el pensamiento del mundo, va a provocar que actuemos como el mundo. Entonces pensemos: ¿qué estamos permitiendo que entre? ¿Estamos rechazando eso que está viniendo a nosotros? ¿Estamos rechazando toda esa información que no se adapta a la Palabra, que no tiene ningún fundamento bíblico para nuestro crecimiento espiritual? Y Pablo le dice lo primero, esto que vimos, que es que cultivar la piedad requiere que rechacemos todo lo que impide nuestro crecimiento espiritual.
Pero le dice la parte b de este versículo 7, del capítulo cuatro: “Más bien disciplínate a ti mismo para la piedad”. Algunas traducciones lo dicen: “Entrénate”, otras dicen: “Ejercítate para la piedad”. Las disciplinas no son fáciles. Cuando usted está comenzando a hacer ejercicio, le cuesta mucho, y más si trabaja temprano y tiene que levantarse a las cinco de la mañana.
Disciplinarse para la piedad: sentido, costo y medios
Si el reloj no suena, lo deja, o si el teléfono suena, le dice: “Ahorita”, y cuando llega la hora dice: “Hoy no voy a correr, no me voy a disciplinar”. Pero las disciplinas se pueden cultivar porque son disciplinas; no es que hay alguien que es más disciplinado que otros, todos podemos cultivar las disciplinas. Y la palabra que Pablo utiliza aquí donde dice “disciplínate a ti mismo” hace alusión al gimnasio; viene del griego, que es la misma palabra que se usa para “gimnasio”, y podemos hablar del gimnasio griego de ese tiempo, donde se entrenaban los luchadores, los que tiraban el disco, los diferentes deportistas, para hacer ejercicio y así participar en los diferentes juegos y tener un buen desempeño.
Pero Pablo no dice que nos disciplinemos de esa manera. Es bueno hacer ejercicio, no es malo, pero Pablo está hablando aquí: disciplínate con el fin de que tú seas más piadoso. Y la piedad la podemos ver como la devoción, como ser más santo, como crecer espiritualmente, crecer a la semejanza de Cristo, que es el propósito de nosotros. Él le dice a Tito, en el capítulo 2, versículo 12 del libro de Tito:
enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente.
— Tito 2:12
Vivamos de una manera distinta, que nos disciplinemos. Como les decía, la disciplina conlleva un sacrificio, por eso a mucha gente no le gusta hacer sacrificio. La disciplina no viene simplemente con el deseo. Hay mucha gente que dice: “Yo sé que necesito cambiar”, pero se queda ahí. “Yo sé que necesito hacer un esfuerzo”. Hay otros que no saben que necesitan hacer un esfuerzo y no hacen nada. Hay otros que saben que necesitan hacer un esfuerzo y se quedan ahí, pero hay otros que dicen: “Yo necesito hacer un esfuerzo”, y se disciplinan, se esfuerzan, toman una posición de que necesitan cambiar y van a trabajar para eso.
Y esa es la diferencia: en que tú entiendas que tú necesitas disciplinarte y que tú vas a ejercer esa disciplina. Y hablando de las disciplinas espirituales, podemos buscar una definición de Donald Whitney, que escribió un libro llamado Disciplinas espirituales, y él dice: “Son medios ordenados por Dios, a través de los cuales nos traemos a nosotros mismos delante de Dios para experimentarle a Él y ser transformados a la imagen de Cristo”. Son medios que el Señor utiliza para transformarnos a la semejanza de Cristo. ¿Y cuáles son esos medios que vemos en la Escritura? La lectura de la Palabra, la oración. El evangelismo también es un medio que el Señor utiliza, disciplinarnos para evangelizar.
Y era una de las cosas que hablaba con la iglesia la semana pasada, donde muchas veces no evangelizamos porque no nos disciplinamos para eso, no planificamos que vamos a evangelizar, no somos intencionales con eso. No somos intencionales con eso, pero debemos de disciplinarnos a través de la lectura de la Palabra. Pero esas disciplinas tienen un propósito. Es lo que nos dice Pablo: “para la piedad”. La disciplina tiene un sentido. No es leer la Palabra simplemente por leerla, no es orar simplemente por orar, no es discipular simplemente por discipular, no es tener un compañerismo en la iglesia simplemente por eso, sino que todo eso tiene un fin, que es disciplinarnos para la piedad, tiene un propósito.
Propósito de las disciplinas y hábito espiritual
El atleta, cuando está entrenando, imagínese lo arduo, lo difícil que es usted entrenarse sin ningún sentido. Usted levantarse y decir: “Yo voy a correr”, pero sin tener ningún propósito con eso. Lo mismo nos sucede a nosotros cuando leemos la Palabra. No es un deseo, es una disciplina donde muchas veces no vas a sentir eso, pero debes entrenarte para disciplinarte. Los hábitos comienzan de esa manera. Hay un experto en hábitos que dice que si usted quiere hacer algo comience haciendo cosas pequeñas. Si usted quiere comenzar a hacer ejercicio, seis minutos, y después eso se va a convertir en más tiempo.
Lo mismo podemos decir con las disciplinas espirituales. Si usted no tiene el hábito de leer la Palabra, comience a leer un capítulo, varios versículos, un pasaje que tenga una idea completa. Comience a hacerlo cada día, haga el sacrificio de hacerlo cada día, pero teniendo en mente el propósito de eso que usted está haciendo, que es parecerse más a Cristo. No es simplemente tener conocimiento, no es simplemente decir: “Yo soy más espiritual porque paso cinco horas orando todos los días”, no. El propósito es parecernos más a Cristo, ese es el sentido. Y el mismo Whitney, en su libro Disciplinas espirituales, hace una ilustración de cómo hacer disciplina sin ningún propósito.
Él da la ilustración de un jovencito, un niño llamado Kevin, que su papá lo tiene estudiando música y él va todos los días con su guitarra, pero va de una manera pesada, no le ve ningún sentido a eso, no le gusta. Pero en la ilustración dice el autor del libro que se le aparece un ángel y le presenta a un músico. Ese músico tiene un escenario donde tiene un teatro lleno de personas y está tocando su guitarra, tocando muy bien y todo el mundo disfrutando de la música. Y cuando se acaba la imagen que estaba viendo el niño, el ángel le dice: “Ese eres tú, ese es en quien tú te vas a convertir si sigues practicando”. Y eso motiva al niño a que siga practicando.
Lo mismo podemos decir nosotros: ¿tenemos una imagen de en qué nosotros nos vamos a convertir? Ustedes saben en quién es: en la semejanza de Cristo. Estamos creciendo, y si tenemos eso en mente cuando vamos a practicar las disciplinas espirituales, parecernos más a Cristo, crecer en la piedad, no es algo que hacemos sin ningún sentido. Tiene un propósito eso que debemos hacer. Y por eso Pablo se disciplinaba a sí mismo. Mire lo que el apóstol Pablo nos dice en Primera de Corintios 9, versículos del 24 en adelante:
¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire; sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.
— 1 Corintios 9:24-27
Pablo se disciplinaba a sí mismo. Esa es la meta: parecernos más a Cristo. Así que, mis hermanos, que sea un deseo, un anhelo en nosotros de practicar las disciplinas espirituales. Son medios que nos traen a Dios y que Dios utiliza para transformar nuestras vidas más a la semejanza del varón perfecto que es Cristo Jesús.
Práctica concreta de las disciplinas: oración y vida diaria
Entonces, viendo esto, mis hermanos, viendo estas disciplinas espirituales, ¿con qué frecuencia tú practicas las disciplinas espirituales? ¿Con qué frecuencia tú vas a orar? No simplemente cuando nos estamos quedando dormidos y decimos: “Gracias, Señor Jesús, amén”. O como decía un primo mío, que murió hace un tiempo, cuando iba a comer uno se daba cuenta que iba a comer porque decía: “Gracias, Señor Jesús”, y ya usted sabía que él estaba comiendo. Pero no, no es de esa manera, simplemente cuando estamos cansados, cuando estamos agotados.
Hablando de la oración, decía Martín Lutero: “Tengo tantas cosas que hacer hoy que pasaré las primeras horas del día orando”. Mientras más cosas tenía, más oraba, y esa debe ser la actitud de nosotros. Pero no simplemente, como le dije, orar sin ningún sentido, sino orar porque en la oración nos parecemos, tenemos una relación, una comunicación con Dios, y eso nos transforma. Recuerden lo que dice el mismo Pablo: somos transformados cuando vemos la gloria de Cristo, somos transformados cuando tenemos una relación con Cristo, con Dios, somos transformados cuando nos exponemos a la disciplina, somos transformados.
¿Es tu anhelo parecerte más a Cristo? Porque si es nuestro anhelo parecernos más a Cristo, debemos de practicar las disciplinas espirituales. Pero otra cosa es, ya hemos visto dos cosas: primero, que cultivar la piedad requiere que rechacemos todo lo que impide nuestro crecimiento espiritual; y lo segundo es que cultivar la piedad requiere que nos disciplinemos, que nos disciplinemos. Y lo tercero que vamos a ver es que cultivar la piedad tiene beneficios ahora y en la vida venidera.
El ejercicio físico, dentro de los beneficios que nos puede dar, podemos mencionar reducir el estrés, nos ayuda a estar saludables, a perder peso. Hay muchos beneficios que podemos citar, pero el ejercicio para la piedad tiene muchos más beneficios, porque no se limita simplemente a esta vida, sino que también en la vida venidera tendremos beneficios por disciplinarnos en la piedad.
Beneficios presentes y futuros de la piedad
De manera, mis hermanos, que vemos esto con un propósito, la disciplina con algún sentido y viéndolo lo provechoso que es. Por eso decía Matthew Henry: “El provecho de la piedad radica en gran parte en la promesa, y las promesas para la gente piadosa se relacionan parcialmente con la vida presente, pero especialmente con la vida venidera. Aunque perdamos por Cristo, no perderemos para Él. Si Cristo es el Salvador de todos los hombres, entonces será mucho más quien recompensa a quien le busca y le sirve. Él proveerá bien para quienes Él haya hecho nuevas criaturas”.
Tenemos la recompensa que nos promete la Palabra, de que si nos disciplinamos a la piedad, si crecemos más a la semejanza de Él, nuestra recompensa no se limita, como el ejercicio físico. Y mucha gente ha utilizado este versículo 8 para decir: “No, no hay que hacer ejercicio”. Pablo no está diciendo necesariamente eso. Lo que él está comparando es el ejercicio físico con la piedad y dice: “La piedad tiene muchísimos más beneficios”. No es malo hacer ejercicio físico, pero muchos comentaristas hablan de que Timoteo tenía la tendencia de hacer ejercicio y por eso Pablo habla de esta parte, de que la piedad beneficia más que el ejercicio físico.
Vimos todos los beneficios, pero que el Señor nos permita a nosotros crecer en las disciplinas espirituales, sabiendo los beneficios que tendremos no solamente en esta tierra, sino en la venidera. De manera, mis hermanos, que practicar las disciplinas espirituales, aunque al principio, si tú no tienes el hábito de hacerlo, resulta difícil ver el propósito que tienen y ver los beneficios que nos darán, debe de motivarnos a nosotros a disciplinarnos.
Estrategias prácticas y la adoración como fin
Debemos hacer un programa de estudio de manera sistemática, leer las Escrituras, no simplemente leer un pasaje de manera esporádica, o leer un pasaje hoy, otro mañana sin ningún sentido, y luego que nos pregunten: “¿Qué leíste esta mañana?”. “Yo leí algo que estaba muy bueno, pero no me acuerdo ahora mismo”. No. La Palabra de manera sistemática: “Voy a leer Efesios, déjame leer el primer capítulo, mañana leo el segundo, luego leo el tercero”, o me siento de una sola sentada y en 20 minutos leo Efesios completo. Buscar estrategias para disciplinarnos. Igual con la oración, igual con el evangelismo, igual con el compañerismo, igual con la adoración.
Y algo interesante de la adoración es que tanto el evangelismo, la lectura de la Palabra, son un medio para nosotros para hacernos a Cristo. La adoración es un fin en sí mismo, porque nosotros fuimos creados para adorar al Señor. La adoración también es parte de las disciplinas espirituales y tiene beneficios no solamente en esta vida, sino en la venidera. ¿Estás viendo los beneficios de la piedad en tu vida? ¿Estás disfrutando esos beneficios que el Señor nos promete? ¿Estás disfrutando de las promesas? ¿Estás esperando tú las promesas del Señor, de lo que Él nos dice que nos dará a aquellos que practicamos las disciplinas espirituales, esos beneficios que vendrán para nosotros?
A pesar de que la piedad no hace que esta vida sea más cómoda, ni que haya más dinero, ni que dé más placeres, ni hace que todo sea más fácil en esta vida presente, indudablemente la hace la mejor. Dice Charles Spurgeon: la hace la mejor, la más duradera. No nos va a hacer la vida cómoda, porque tenemos que ir contra un mundo que nos incita a hacer todo lo contrario.
Conclusión y llamado a una vida de piedad visible
Vivimos en un mundo que no le ve sentido a las prácticas espirituales. Pero aquellos que hemos nacido de nuevo sí entendemos esos beneficios. No nos va a hacer la vida más cómoda ni más llevadera, pero sí es la mejor vida que podemos vivir: disciplinarnos para la piedad. Hemos visto las tres cosas que este pasaje nos enseña: cultivar la piedad requiere que rechacemos todo lo que impide nuestro crecimiento espiritual; cultivar la piedad requiere que nos disciplinemos; y también cultivar la piedad tiene beneficios ahora, en este mundo, y en el futuro, en el mundo venidero.
Debemos practicar, mis hermanos, las disciplinas espirituales en nuestras vidas con el fin de parecernos más a Cristo. Es el mensaje que Pablo le daba a su discípulo Timoteo, y es el mensaje que tenemos nosotros hoy en día. Que el Señor nos ayude a ser transformados cada día más a su imagen, de manera que crezcamos y podamos dar fruto y podamos reflejarlo a Él dondequiera que estemos: en nuestro trabajo, en nuestros hogares, en nuestras escuelas, en las universidades. Que podamos reflejar a Cristo, pero todo eso viene cuando nosotros nos disciplinamos y practicamos esos medios que el Señor nos ha dado para nosotros crecer en nuestra vida espiritual y poder dar frutos que muestren que tenemos una relación con Él.
No quiero que me malentienda: las disciplinas espirituales no nos salvan, pero son una evidencia de que tú has nacido de nuevo, cuando tú anhelas disciplinarte en ellas, cuando tú anhelas utilizar las disciplinas espirituales para crecer a la semejanza de Cristo.