Quiero que busques en sus Biblias la carta a los filipenses, capítulo dos. Yo no necesito presentación, ustedes saben mi nombre, saben lo mañoso que yo soy de la comida, así que no hay presentación, ¿verdad, cierto? Le doy gracias a los hermanos, casi a todos, que tuvieron presente el año pasado a Isabel y la pérdida que tuvimos. Aún seguimos recuperándonos; saben los que son padres que no es fácil perder un hijo, pero seguimos consolándonos en el Señor. De nada sirve decir que estamos “bien”, porque no es que estamos sumamente bien, pero aun así confiamos en la misericordia de Dios, así que gracias. Y de verdad, los que me han escrito por WhatsApp, que todavía yo no les he respondido, hermano, perdónenme, perdónenme, hermano, perdónenme por esa debilidad, pero aun así eso no quiere decir que no se les aprecia.
¿Vamos, están conmigo, cierto? La carta a los filipenses, capítulo dos. Vamos a considerar algunos versículos, o trece versículos, de manera particular en el día de hoy. Cuando el pastor Rafael me dice que me invitó a exponer la Palabra, dije: “¡Wow, qué difícil para mí realmente!”. Y no necesariamente porque quizás no lo pueda hacer, sino porque siempre es un privilegio enorme poder exponer la Palabra de Dios al pueblo de Dios. Así que he orado y vengo ante ustedes con mucho temor y temblor, pero esperando que el Señor pueda edificar su iglesia con su Palabra, y que Él pueda usarme como instrumento de edificación.
Leemos estos versículos. Repito: la carta a los filipenses, capítulo dos, del versículo 1 hasta el versículo 13.
Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo de amor, si hay alguna comunión del Espíritu, si algún afecto y compasión, haced completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito. Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses sino más bien los intereses de los demás. Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús,
el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Así que, amados míos, tal como siempre habéis obedecido, no solo en mi presencia, sino ahora mucho más en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito.
— Filipenses 2:1-13
Hacer todas estas cosas sin murmuración ni discusión. Puede sentarse. Mi abuelo siempre me decía que no hay que “bendecir” la Palabra del Señor porque son la Palabra del Señor, así que ellas siempre, en este caso, están bendecidas.
En el día de hoy quiero compartir esta porción de las Escrituras y puse como título: “Jesucristo nuestro mejor estándar: ¿cómo vivir a la altura de Cristo?”. Y automáticamente, cuando yo escucho “cómo vivir a la altura de Cristo”, pues me quedo corto, no sé ustedes. Ya sabemos quién fue Cristo, acabamos de leer un pasaje que Ruth también pudo leer, de cómo el apóstol describe esa actitud que tuvo Cristo. Y ya sabemos, por ejemplo, hoy en la escuela bíblica vimos cómo Él enseñaba con esa autoridad, cómo hablaba acerca de la obra que su Padre lo había enviado a hacer. Así que cuando escuchamos esto, realmente, para mí —no sé ustedes—, como que quedamos cortos, ¿cierto?
Primera exposición al texto y contexto de Filipenses
El título es: Jesucristo nuestro mejor estándar, ¿cómo vivir a la altura de Cristo? La primera vez que escuché de este capítulo de la carta a los filipenses tenía 13 años. Hace un poquito de tiempo, no tanto… básicamente en el 2012, algo así. Yo recuerdo —al igual que Yisai y otro chico que se han criado aquí en la iglesia— haber recitado siempre el Salmo 23, y también ser expuesto a libros y a cartas del Nuevo Testamento. Pero no fue hasta ese entonces que el capítulo dos de la carta a los filipenses me llamó la atención.
Resulta que la madre de mi mejor amigo justamente se estaba graduando de primero en teología en ese momento, y le habían colocado a su grupo, o a su tesis, “Kenosis”. Y yo: “¿Qué rayos? ¿Cómo así? No entiendo nada. Kenosis, ¿cómo así?”. Y luego ella se dedicó a explicar por qué le habían colocado ese título a la tesis, “Kenosis”, y cómo eso se encontraba en el segundo capítulo de Filipenses. Yo digo: “Tengo que ir a la Biblia”. De hecho, en ese mismo año descubrí que en el Nuevo Testamento había una carta que tenía por título Judas. Y yo: “¿Judas? Pero, ¿eso fue Judas Iscariote o qué?”. Así que fue un año como de mucho aprendizaje para mí, pero me llamó poderosamente la atención ese título que habían colocado esos hermanos en ese momento, llamado “Kenosis”.
Ahora, yo no vengo a hablar necesariamente de la “Kenosis” —aunque vamos a ver un poquito más de qué trata esto—, sino que hoy me propongo, mis hermanos, dos cosas. Número uno: poder entender la importancia de vivir a la altura de Cristo. Y número dos: cómo el apóstol Pablo se esfuerza, no solo con los filipenses, sino también con nosotros, con este mismo llamado: el hecho de que nuestro estándar debe ser Cristo Jesús, y vamos a ver por qué específicamente.
A modo de introducción rápida de la carta, sabemos que esto es una carta clasificada como carta carcelaria, porque el apóstol Pablo se encontraba ya en sus últimos tiempos de ministerio, estaba preso en Roma; entonces produjo algunas cartas como la de Filipenses, Efesios, Colosenses, entre otras. De manera particular, esta carta tiene versículos que ahora son muy famosos y que han edificado a la iglesia a lo largo de su historia, como “todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, por ejemplo, “sé vivir en abundancia tanto como en escasez”.
Otro versículo también muy poderoso que es uno de mis favoritos de esta carta, que está en el capítulo 1 versículo 6 —lo voy a parafrasear—, algo como que: “El que comenzó la buena obra en ustedes la terminará hasta el día de Jesucristo”. Gloria a Dios por eso; el hecho de que no soy yo quien va a terminar la obra, sino que ya, en un momento mucho antes de la fundación del mundo, Dios en Cristo había predestinado esto para nosotros. Así que este es un rápido contexto de esta carta: Pablo se encuentra preso de una manera particular.
Y otra cosa que resalta esta carta es el hecho de que, casi en todos los cuatro capítulos que tiene, menciona la palabra “gozo”. Hace un tiempecito atrás tuve la oportunidad de predicar algo acerca del capítulo 4 con relación al gozo, y es increíble cómo un hombre preso, cierto, en sus prisiones, está exhortando a unos hermanos libres que estaban sufriendo, pero les estaba recordando una y otra vez el hecho de que eran bienaventurados por tener el Evangelio y sufrir por el Evangelio.
Así que eso es, rápido, el contexto de dónde se encuentra la carta a los filipenses: Pablo preso, estos hermanos eran muy amados por él, como vamos a ver. Y luego de abrir con una tremenda oración en el capítulo 1 de la carta, entonces procede a explicar una situación de manera particular que se estaba dando en la iglesia.
Problemas internos en una iglesia sana
Recordar que la carta a los filipenses, o la iglesia de Filipos de manera particular, es una iglesia sana en comparación con otras iglesias como la de Corinto, o como los gálatas, que estaban vendiendo o comprometiendo la esencia del Evangelio. Pero aquí, de manera particular —Isari me preguntó, creo que fue ayer: “¿Cómo así que Pablo está corrigiendo a la iglesia de Filipos en este capítulo 2?”—, interesante, porque dentro de todas las iglesias que estaban en Asia Menor, la de Filipos, de manera particular, había colaborado de una manera intencional con Pablo.
A tal punto que si ustedes, por ejemplo, siguen explorando la carta, se van a encontrar con un hombre bien interesante. Para los que no tienen hijos, bueno, también para mí, le podemos poner el nombre: Epafrodito. Y él, de manera particular, es enviado a sostener a Pablo; luego se enferma, Pablo nuevamente lo envía con esta carta a ellos. Así que podemos ver la militancia intencional que tenían los hermanos de Filipos con relación a la expansión del Evangelio. Pero aún con todas esas virtudes, como vamos a ver, Pablo tiene algo que decirles. Pablo tiene que apuntarles nuevamente su mirada al hecho de que Cristo es nuestro mejor estándar.
Lo primero que vamos a ver en esta mañana es un llamado a vivir el estándar cristiano. Segundo, vamos a estar mirando a cómo Cristo es ese ejemplo del estándar cristiano. Y por último, entonces, vamos a aterrizar en cómo se ve una vida —valga la redundancia— que vive el estándar cristiano.
Vayan conmigo de nuevo a la Biblia, vamos a leer los versículos del 1 al 4 nuevamente. Repito: vamos a ver un llamado a vivir el estándar cristiano.
Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo de amor, si hay alguna comunión del Espíritu, si algún afecto y compasión, haced completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito. Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses sino más bien los intereses de los demás.
— Filipenses 2:1-4
La iglesia de Filipos se distinguía por muchas cualidades. Pablo llama a sus miembros “hermanos míos amados”, según el capítulo 4 versículo 1. De manera también que expone la generosidad que estos hermanos habían mostrado; ya había hablado de Epafrodito y cómo él colaboró con Pablo durante sus prisiones.
Pero, como sucede con frecuencia, los asuntos de casa —o sea, dentro de la iglesia— no marchaban necesariamente tan bien como lo de afuera. Los filipenses estaban muy conscientes de su participación en la expansión del Evangelio, ya vemos cómo ayudaban a Pablo y colaboraban con Pablo. Sin embargo, adentro, entre ellos, había una situación.
Y yo planteé algunas preguntas: por ejemplo, ¿había ciertos disturbios en casa? ¿Eran los miembros demasiado severos unos con otros? ¿No se soportaban los unos a los otros? ¿Habían quizás entre ellos quienes exageraban los defectos de los demás, al mismo tiempo que minimizaban sus virtudes? Estas preguntas, durante mi estudio del segundo capítulo, como que dije: “Tengo que compartirlo con la iglesia”.
Repito: ¿eran los miembros demasiado severos unos con otros?, ¿no se soportaban?, ¿habían quizás entre ellos quienes exageraban los defectos de los demás, al mismo tiempo que minimizaban sus virtudes? ¿Eso pasa en la iglesia? Lo decimos con dolor, claro. Y es bueno que incluso seamos muy transparentes con las personas que aún no conocen a Cristo. Como siempre hemos escuchado: la iglesia no es un espacio de personas perfectas, y se compara con un hospital; todos estamos rehabilitándonos del pecado.
El estándar cristiano: estímulo, consuelo, comunión y compasión
Es duro reconocer que los asuntos de casa, internos, muchas veces no están bien. Y esta iglesia, aunque Pablo la elogia de una manera particular a lo largo de los cuatro capítulos —los invito a que los puedan leer luego en su casa—, aun así las cosas no estaban marchando tan bien.
Nótese que Pablo dice “si” —no como que dudando, sino en forma retórica—. Vamos a volver al versículo 1, dice:
Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo de amor, si hay alguna comunión del Espíritu, si algún afecto y compasión…
De manera particular, el apóstol no está dudando de que realmente hay un estímulo real de Cristo en los filipenses. Tampoco está negando que hay un consuelo de amor entre ellos. Tampoco está negando que hay una comunión real del Espíritu. Simplemente el apóstol está llamando la atención, en ese momento, a ellos —y obviamente también a nosotros— para que consideremos lo siguiente: cuán efectivos son en realidad el hecho de que esas cosas —un estímulo en Cristo, un consuelo de amor, una comunión del Espíritu— deben estar presentes, porque representan el estándar cristiano entre nosotros.
Yo, de manera particular, busqué una versión que me encantó, que dice: “Si hay, pues, en vosotros algún estímulo en Cristo, como ciertamente lo hay; si alguna súplica persuasiva que brote del amor, como en verdad sí la hay… llenad la medida de mi gozo”.
Y rápido me gustaría explorar cómo está determinado el estándar del creyente, si realmente está caracterizado por estas cosas que Pablo está hablando. Número uno: algún estímulo real en Cristo. Dos: si hay algún consuelo de amor. Tres: si hay alguna comunión del Espíritu. Cuatro: si hay algún afecto y compasión.
Así que el primer componente que está dentro del estándar cristiano es el siguiente: un estímulo real en Cristo. Me gustó cómo la Nueva Versión Internacional lo declara, dice: “Por lo tanto, si sienten algún estímulo en su unión con Cristo…”. Básicamente, el apóstol Pablo en otra carta, de manera específica —y quiero que lo puedan buscar si así desean— es Efesios, capítulo 1, del versículo 3 en adelante. Es una oración que el apóstol está haciendo, y miren cómo lo hace, miren cómo él expresa ese estímulo real que hay en Cristo:
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él. En amor nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme a la buena intención de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia que gratuitamente ha impartido sobre nosotros en el Amado. En él tenemos redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados según las riquezas de su gracia.
— Efesios 1:3-7
El estímulo que Pablo está hablando en este capítulo de Filipenses lo expresa específicamente en Efesios: el hecho de la unión que tenemos con Cristo. Es esa redención que Él, solamente Él, hizo posible. Un verdadero estímulo en Cristo resalta el hecho de que fuimos comprados por su sangre, y esa sangre hace posible mi unión con Él. Es el primer componente que Pablo integra para poder determinar cómo está compuesto el estándar cristiano.
El hecho de que debe existir un estímulo real en Cristo: mi unión con Cristo debe empujarme hacia otros, mi unión con Cristo debe empujarme a ser humilde, como vamos a ver más adelante. Estuve buscando qué es un estímulo, cómo por ejemplo los psicólogos, los médicos, otras ciencias están de acuerdo en que es un estímulo. Un estímulo es una señal externa o interna capaz de causar una reacción en un organismo. Esa unión con Cristo realmente resalta una reacción en nosotros: el hecho de que fuimos comprados por su sangre, y eso entonces nos hace estar en Él.
Así que el estándar del creyente está determinado, número uno, por un estímulo real en Cristo. Todos los que estamos aquí estamos unidos a Cristo, ¿bien?
Ahora, como vamos a ver más adelante, el Espíritu Santo tiene algo que ver con esa unión. Segundo: un consuelo de amor en Cristo. En otras versiones pudiera notarse la desconexión porque dice: “Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo de amor…”. ¿Pero de qué amor, Pablo? ¿Del amor filia? Para nada. Es el amor que ya previamente Cristo ha demostrado en su redención y su obra sacrificial a favor de pecadores. Esa unión con Cristo al final se traduce como un consuelo de amor. ¿Cuál es el consuelo de amor? Bueno, que nosotros éramos pecadores y Él nos amó de manera incondicional.
Así que el segundo componente que determina el estándar del creyente es un consuelo de amor en Cristo. Primero, un estímulo real en Cristo; segundo, un consuelo de amor en Cristo; tercero, una comunión del Espíritu.
Y aquí realmente sí es importante. Él dice: “Si hay alguna comunión del Espíritu”. Bueno, de manera particular, ahí la palabra “Espíritu” está en mayúscula y ya sabemos que está apuntando directamente a la tercera persona de la Trinidad. Ahora, ¿cómo sucede esto? Esto también es un gran misterio:
En él también vosotros, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído, fuisteis sellados en él con el Espíritu Santo de la promesa, que nos es dado como garantía de nuestra herencia, con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios, para alabanza de su gloria.
— Efesios 1:13-14
Esa palabra de que fuimos sellados con el Espíritu resalta la idea de Filipenses 2: el hecho de tener esa comunión con el Espíritu es que en algún momento de su vida Dios lo selló con el Espíritu Santo. Esas arras de garantía directamente de Él.
Hermanos, es un gran privilegio no solo tener un real estímulo en Cristo, no solo contar con un consuelo de amor, sino ahora tener la tercera persona de la Trinidad habitando con nosotros. ¿Ha pensado en eso realmente? La tercera persona de la Trinidad, la que se paseaba —según el primer capítulo de Génesis— sobre las aguas, está ahora garantizando que en un momento determinado nuestra redención se va a hacer completa en Cristo Jesús. Gloria sea a nuestro Dios, el hecho de que contamos con una verdadera comunión, y esa comunión del Espíritu también determina el estándar del creyente.
El afecto y la compasión, y la triple orientación
No hay duda alguna de que se trata de una comunión con el Espíritu Santo, una verdadera participación en Él y en todos sus beneficios. Ya sabemos que el Espíritu Santo no solo nos une a Cristo, sino que también da dones para la edificación de la iglesia. Pero no tan solo da dones, sino que nos acompaña como un “paracleto”, como Juan lo describe, dándonos ayuda en esta ardua tarea que es nuestra santificación progresiva.
En este año, de manera particular, yo le he pedido a Dios: “Guau, ¿en serio yo estoy progresando en santidad?”. Porque según el estándar, muchas veces quedamos cortos. Y hay que ser sinceros: hay temporadas; hay temporadas donde estamos en baja, hay temporadas donde estamos en alta. Pero ¿sabe qué, hermano? No dude en que ese “paracleto”, esa unión real, está con usted justamente acompañándole, ¿para qué? Para que pueda vivir el estándar cristiano. Él no lo va a dejar en vergüenza. Amén. Tenemos que confiar en eso, no depender necesariamente de nuestras fuerzas. Realmente no somos suficientes, no lo somos. ¿Y sabe qué? Cuando queremos tener el control de nuestras vidas, cuando queremos vivir una vida moralmente “correcta” que represente lo que nosotros somos, fracasamos.
Nuestra santificación está en Cristo, está en el Espíritu Santo, está en su Palabra, no en la manera en que yo me puedo esforzar para ser un “mejor cristiano”. Lo vamos a ver más adelante, como Pablo hace un llamado a ocuparnos de nuestra salvación con temor y temblor, y al mismo tiempo cómo Dios obra todo para el bien del creyente.
Así que, sin lugar a duda, todos esos elementos son esenciales para evidenciar que realmente estamos atendiendo al llamado imperativo de vivir el estándar cristiano. Hay otro, por ejemplo, que Pablo resalta: un afecto y compasión. La Nueva Traducción Viviente, de manera particular, lo pone en forma de pregunta:
“¿Tienen ustedes un corazón tierno y compasivo?”.
¿Tienen ustedes un corazón tierno y compasivo? La compasión era algo que caracterizaba a nuestro Señor Jesucristo. Y ¿sabe qué? También me quedo corto. Podemos ser más dados a tener pena que compasión, y no es lo mismo. La pena no te empuja a nada. “Qué pena que los niños en África se están muriendo”, por ejemplo. “Qué pena que mi hermano no es cristiano. Qué pena que, de repente, en países como Turquía el cristianismo es menos conocido y la Coca-Cola la conocen más”. Qué pena.
Sin embargo, ¿la compasión qué hace? Te lleva a dar una milla extra. Es como encarnar en la situación que está pasando tu prójimo. Así que Pablo no solo llama la atención al hecho de que si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo, si hay amor, si hay alguna comunión en el Espíritu, también resalta el hecho de que dentro del estándar cristiano debe haber un afecto y una compasión evidente.
Cuando escogí este texto le decía a Dios: “Mira, yo estoy lejos de ser un profeta. Y no quisiera hablar cosas que tú realmente no has inspirado, no quisiera tampoco insinuar que sé cosas. Pero una y otra vez sabemos que la Palabra de Dios es la que santifica al creyente. Son ellas”.
Así que Pablo continúa y dice: “¿Tienen ustedes un corazón tierno y compasivo?”. “Filipenses, Pablo, hemos colaborado contigo de manera intencional, te hemos enviado hermanos con provisiones, tú mismo nos acabas de decir en el capítulo 4 versículo 1 que somos tu corona, que tú estás gozoso”. “Sí, yo lo sé. Sin embargo, no están militando como se debería en el estándar cristiano”.
Ahora bien, hay una condición que se da desde el versículo 1 hasta el versículo 4, y algunos teólogos han llamado a esto “la triple orientación”. No es que en realidad sean tres orientaciones distintas, sino una triple orientación en una misma dirección. En esencia, el mandamiento es uno, aunque trae gracias estrechamente relacionadas que pueden ser diferenciadas. Estas son —en el versículo 2— la unidad; en el versículo 3, la humildad; y en el versículo 4, la solicitud.
La unidad es sumamente importante en la iglesia. ¿Qué hace la iglesia tan especial, mis hermanos? ¿Qué hace la iglesia tan especial? Es Cristo. Si no, fuéramos un club cualquiera, otra organización cualquiera. Lo que hace especial la iglesia del Señor es el hecho de que hay una unidad, y esa unidad, ¿sabe qué, Randy? No depende de nosotros. No depende de nosotros. Si dependiera de nosotros, ninguno estuviéramos aquí juntos. Me gusta el rojo, me gusta tal canción, quiero hacer énfasis en tal doctrina… Pero qué bueno que la unidad no depende de nosotros, sino que depende específicamente de Cristo.
En el versículo 3 él habla acerca de la humildad, y esa humildad tiene que ver con una disposición a reconocer que el hermano merece ser servido.
Y aquí hago un gran paréntesis. Miren, cuando la Biblia habla de que yo debo de poner al prójimo primero, de que yo debo de reconocer a ese hermano, no está necesariamente diciendo que mi autoestima debe estar baja y que yo debo considerar que esa persona es “dignamente” mejor que yo. No. Siempre hace el llamado a reconocer una disposición de servicio.
Humildad, servicio y lucha con el ego
En el matrimonio es algo que es muy evidente. De verdad que cuando yo estoy viendo mi serie, yo no quiero que ella me pida agua. “La nevera está más cerca del cuarto que de la sala, ¿por qué no eres tú que vas?”. Pero ella me pide agua. Y para poner un ejemplo sencillo, hay otras cosas: fregar, trapear, qué hacer… Y bueno, los que están casados, que tienen muchos años, ya sabrán que dentro del matrimonio —lo hablábamos el viernes con unos jóvenes— es donde tú puedes vivir el Evangelio: el hecho de perdonar, de tolerar, esa humildad de reconocer: “Mira, yo sé que yo tengo la razón. Yo estoy seguro de que yo tengo la razón. Sin embargo, reconocer humildemente que ella es mi prójimo, o que su cónyuge es su prójimo, y que debo tener una disposición de servicio”.
Y seamos claros: muchas veces quedamos cortos, hermanos, muy cortos. Y eso es parte del estándar cristiano.
Continuamos: versículo 4, habla acerca de la solicitud. ¿Pero qué solicitud, de manera particular? Lo leemos:
no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás.
— Filipenses 2:4
Qué difícil es eso. Está muy fácil leerlo: “No buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás”. ¿Sabe por qué? Porque nuestra motivación muchas veces está cargada, y creemos que estamos buscando el interés de los demás, pero no es así. “Señor, yo estoy convencido realmente de que la iglesia Pez Mundial lo que necesita es esto”. Pero puede ser que mi condición esté distorsionada, y no necesariamente yo esté pensando en el interés de los demás, sino en mi propio interés. Qué difícil, ¿cierto? Pero no imposible. Recordemos: no imposible.
Es conmovedora la forma en que inicia la triple orientación. El corazón del apóstol estaba gozoso por las muchas virtudes que estaban presentes en los hermanos de Filipos, como ya había resaltado, pero la medida de gozo no estaba completa. Según lo que vemos, por ejemplo, en estos mismos versículos, él dice:
no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús…
— Filipenses 2:4-5
Y aguánteme ahí.
Pablo resalta el hecho de que muchas veces nosotros estamos militando la vida cristiana de una manera automática, y no nos paramos a pensar: “Ok, ¿realmente estoy en unidad? ¿Realmente entiendo la unidad de Cristo? ¿Realmente estoy siendo humilde? ¿Realmente estoy atendiendo a la solicitud del versículo 4 —no buscar cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás—?”.
Y recordemos que estamos hablando acerca del estándar del cristiano. ¿Qué es eso? No es otra cosa. No es “hablar en lenguas”… aguánteme. No estoy diciendo que hablar en lenguas esté mal, ni que profetizar esté mal. Sino que: unidad, humildad, solicitud. Eso es lo que Pablo está resaltando en estos versículos.
De manera particular, la palabra que aparece en el original aquí, que se traduce por “humildad” o “disposición”, era empleada por la persona no creyente con un sentido negativo: cobardía, bajeza, entre otras cosas. Josefo dice que ser humilde en ese tiempo era ser peor que un esclavo. Y es justamente esa palabra la que Pablo resalta allí: “ser humilde”.
No buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás.
— Filipenses 2:4
Este es el estándar cristiano. Cuando el mundo dice que yo no debo poner el interés de otro primero, porque “el otro se tiene que cuidar” y “yo tengo obviamente mis propios intereses”, cuando el mundo dice esa premisa, el creyente dice: “No. No busco cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás”. Ese es el llamado que Pablo está haciendo a la iglesia de Dios. Amén.
Es la feliz condición que resulta cuando cada miembro de la iglesia se estima inferior a los demás, cuando se ama los unos a los otros con un amor fraternal. Repito: es fácil leer, repetir, decir esto. Pero en el día a día, yo no creo que Rafael sea “mejor” que yo. Yo no creo que él… o que yo tenga que servirle de una manera particular. Es la naturaleza pecaminosa luchando con nosotros, o ese remanente de pecado, como lo señala Calvino.
Pero una y otra vez el apóstol resalta y dice:
no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás.
— Filipenses 2:4
Y esto entonces resalta el estándar cristiano.
Cristo como ejemplo supremo del estándar cristiano
Ahora me muevo rápido a mostrar cómo Pablo expone un ejemplo sumamente vital. Se encuentra específicamente en los versículos del 5 al 11. Ahora vamos a ver un ejemplo del estándar cristiano. Vimos ese llamado, vemos la unidad, vemos la solicitud, vemos la humildad, vemos lo que determina el estándar cristiano. Ahora vamos a ver un ejemplo del estándar cristiano.
Filipenses 2, del versículo 5 al 11. Vamos a leerlo:
Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
— Filipenses 2:5-11
Pablo ahora dirige la mirada de los hermanos en Filipos a un ejemplo crucial, para subrayar esta exhortación e indicar la fuente de donde sale el vigor necesario para afrontar la vida y vivir estos principios. El apóstol señala el ejemplo de Cristo, el cual, para salvar a otros, renunció a sí mismo y alcanzó la gloria. “Tened continuamente en vosotros la misma actitud que también tuvo Cristo”.
Juan Calvino resalta dos cosas particulares acerca de estos textos, específicamente del versículo 5 hasta el 11. Calvino comenta de una forma excelente y lo dividió en dos partes. Primero: cómo Pablo invita a imitar a Cristo para poder cumplir la regla de la vida, que era poder tener la misma actitud que tuvo Cristo. Segundo: nos trae hacia Él, para que en este camino podamos alcanzar la verdadera gloria.
Y ¿saben qué, mis hermanos? La verdadera gloria es traerle gloria al Padre. Cuando vivo a la altura de Cristo, según el estándar cristiano, entonces soy capaz de experimentar el verdadero gozo o éxito de la vida. No es hacerme un nombre. Al contrario, es traer gloria al Padre, y con eso entonces voy a estar viviendo, asumiendo, el estándar cristiano.
De manera particular, estos versículos me emocionan mucho. Del 5 al 11, en el original, es como si fuera una canción. Era una canción que la iglesia primitiva conocía. De hecho, de una manera interesante, en el original tiene sentido cuando Pablo dice:
Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse…
Y luego continúa. Es como si fuera recordándoles esa canción que estaba presente en la liturgia cristiana en ese momento. Así que pudiéramos leer este pasaje como si fuera letra de una canción que Pablo nuevamente les recuerda y que era muy conocida entre ellos, según la tradición cristiana.
Me gustaría que puedan escuchar a este comentarista, él se llama William Hendriksen, y menciona lo siguiente: “En verdad, hay cierto aspecto en el que Cristo no puede ser nuestro ejemplo. No podemos copiar su obra redentora ni sufrir ni morir vicariamente”. Eso lo tenemos claro, ¿cierto? Hay un mediador, un solo mediador entre Dios y los hombres, que es Cristo Jesús. “Pero, con la ayuda de Dios, podemos y debemos imitar el espíritu que movió los actos de salvación que hizo Cristo. La negación de uno mismo en favor de los demás debe estar presente y crecer en la vida de cada discípulo. Esto forma parte por igual del estándar cristiano”.
Así que no es que hay un solo componente; hay varios componentes que al final te dan como resultado el estándar cristiano, y justamente estamos viendo el ejemplo de Cristo.
Es precisamente el Señor quien también puede ser nuestro ejemplo porque, de manera particular, Él se humilló. Dice el versículo 6:
el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse.
— Filipenses 2:6
Ahorita escuché al pastor y a Edwin hablando acerca de si fuera posible conocer quiénes se van a salvar y quiénes no. El pastor decía que eso lo podría colocar en una situación incómoda; a mí realmente me hubiera gustado saber quién se va a salvar y quién no se va a salvar, claro. Sin embargo, aquí vemos un Ser que sí sabe quiénes se van a salvar y quiénes no se van a salvar. Pero en el versículo 6 Pablo es muy claro y dice que, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse.
sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres.
— Filipenses 2:7
Ese es el ejemplo del estándar de vida cristiana, y Pablo lo resalta en esos versículos.
La kenosis: el despojo de Cristo
En el Nuevo Testamento, la palabra “forma” aquí es “morfé”, y solo está presente en dos escritos: en esta carta a los filipenses y en el Evangelio de Marcos, capítulo 16 versículo 12. Y la otra palabra, que sería “condición” (“schema”), también aparece dos veces y es únicamente en Filipenses. “Morfé”, o forma, hace referencia a algo íntimo, esencial y permanente en la naturaleza de una persona, mientras que “schema”, o condición, apunta a un aspecto externo.
Lo que Pablo está diciendo aquí es que Jesús mismo, antes de encarnarse, tenía la naturaleza divina, y Él no estimó retener esa naturaleza divina, sino que se despojó. Y aquí traigo a colación la palabra que mencioné cuando inicié el sermón, ¿la recuerdan? “Kenosis”. Esa palabra aquí en el versículo 7:
sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres.
— Filipenses 2:7
Esa expresión “se despojó” en el original es “ekenosen”: hubo algo que pasó, algo que solo Cristo pudo haber ejecutado.
Al menos pude resaltar cuatro cosas que nos ayudan a entender cómo realmente Cristo es el ejemplo del estándar cristiano:
- Renunció a su relación favorable con respecto a la ley divina.
- Renunció a sus riquezas.
- Renunció a su gloria celestial.
- Renunció a la autonomía de su autoridad.
Desglosemos esto rápido. El hecho de que Él renunció a su relación favorable con respecto a la ley divina implica que Cristo no era culpable delante de Dios, para nada; al contrario, era su Hijo amado, como el Padre lo resalta. Sin embargo, Él renunció a esa relación favorable, a esa comunión perfecta intra-trinitaria.
Segundo, renunció a sus riquezas. Pablo, en la segunda carta a los corintios, habla acerca de cómo Cristo, que era rico, se hizo pobre por nosotros. Y la idea de esa riqueza no solo engloba lo material, sino su posición. Estamos hablando del Verbo encarnado, del que “hizo tabernáculo”, según Juan, y habitó entre la humanidad. Él renunció a eso.
Tercero, renunció a su gloria celestial. Ya sabemos, de hecho, cuando Él está orando en el Evangelio de Juan, Él dice: “Padre, glorifícame con aquella gloria que tenía contigo antes que el mundo fuese”. Y es glorioso ver cómo nuestro Señor Jesucristo, durante el proceso de encarnación, renunció a esa manifestación plena de su gloria.
Cuarto, renunció a la autonomía de su autoridad. Eso lo podemos ver a través de los Evangelios. Le preguntan a Jesús: “¿Cuándo tú vas a venir de nuevo?”. ¿Y qué dice? “De ese día nadie sabe, solo mi Padre”. Increíble cómo nuestro Señor Jesucristo, según Pablo, en el versículo 7 “se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres”.
y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
— Filipenses 2:8
Calvino resalta nuevamente: fue el Hijo de Dios mismo quien se vació a sí mismo, aunque solamente con referencia a su naturaleza humana. Cristo renunció a su ambiente de gloria; la majestad de los hombres no era suficiente para la gloria que Cristo tenía previamente, así que fue capaz de vaciarse a sí mismo con la finalidad de servir a la humanidad, a sus enemigos. Él tomó la forma de siervo, pero sin perder la forma de Dios. Y esto es precisamente lo que hace posible el hecho de que Cristo sea un ejemplo del estándar cristiano.
Pablo expone la verdad de que jamás hubo un siervo que sirviera más inmutablemente. Hubo una devoción total. Cristo es el ejemplo vivo de qué es un cristiano, de cómo vive un cristiano.
Obviamente, para nosotros, cuando leemos esos versículos, decimos: “Wow, Señor”. No le bastó el hecho de venir y hacerse hombre, sino que en su condición de hombre se humilló y murió. Y no solamente murió, sino que murió en una cruz. De manera particular, Pablo resalta eso: “y muerte de cruz”. Ya sabemos lo que implicaba la muerte de cruz en ese momento: vergüenza, maldición, castigo público.
Así que no le bastó el hecho de renunciar a su gloria, a su relación favorable con su Padre, a sus riquezas, a su autoridad, sino que, cuando se encarnó, también se humilló, se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Gloria a Dios por nuestro Señor Jesucristo y cómo Él es realmente nuestro estándar, nuestro ejemplo del estándar cristiano.
Exaltación de Cristo y llamado a la humillación
El pensamiento subyacente de los versículos 5 al 8 es este: en verdad, si Cristo Jesús se humilló a sí mismo en forma tan profunda, nosotros deberíamos estar siempre dispuestos a humillarnos aún más. Si Él obedeció hasta la muerte, y muerte de cruz, nosotros deberíamos tener esa clase de obediencia con relación a la dirección de Dios, esforzarnos en progresar en nuestras vidas de manera que podamos ver el espíritu de unidad, humildad y solicitud que estaba presente en nuestro Señor.
Repito: estas son cosas muy fáciles de hablar, de decir. Pero cuando estamos militando en la fe cristiana es donde realmente como que vemos: “Ok, no me cuadra. De verdad yo quiero ser mejor que otro. Yo quiero sobresalir en el trabajo. Yo no quiero servirle a otros; quiero que me sirvan a mí. Yo me esforcé para eso”. No, hermano. Ese no es el estándar cristiano. Ese no es el llamado que el Señor ha hecho.
Y luego Pablo muestra el resultado de la humillación de Cristo:
Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
— Filipenses 2:9-11
La humillación de Cristo termina en exaltación. Y ese patrón —humillación, servicio, obediencia, y luego gloria— es el mismo patrón que se nos aplica a nosotros, en una medida distinta, claro, pero en la misma lógica del Reino: el que se humilla será exaltado.
Ocuparse de la salvación: el resultado de vivir el estándar
Ya vimos un llamado al estándar, vimos lo que implica, vimos el ejemplo del estándar. Ahora rápido vamos a aterrizar este avión. ¿Cuál es el resultado entonces de vivir el estándar cristiano? Pablo continúa específicamente en el versículo 12 de una manera particular, y aquí hay una conjunción interesante. Luego que les pone el ejemplo de Cristo, él dice:
Así que, amados míos, tal como siempre habéis obedecido, no solo en mi presencia sino ahora mucho más en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito.
— Filipenses 2:12-13
Hace el llamado al estándar cristiano, coloca el ejemplo del estándar cristiano, que es Cristo, y ahora dice: “Filipenses, de manera particular; Pez Mundial, esta es la manera en que ustedes deben vivir”.
El resultado número uno: el estándar cristiano te va a llevar al hecho de que tú te vas a ocupar de una manera intencional de tu salvación. Y aquí, como buen reformado, hago una cláusula grande: este texto no está apuntando al hecho de que nosotros ya tenemos la salvación y que, por lo tanto, con mis medios yo voy a ser capaz de retenerla. Pablo no está diciendo eso, mis hermanos. Tampoco está diciendo que yo tengo que hacer algo para permanecer salvo. Ya sabemos que soy salvo solamente a través del sacrificio de Cristo.
Señores, si alguien le dice algo contrario, noté la Biblia. El hecho de yo ocuparme de mi salvación con temor y temblor implica que esas cualidades que previamente Pablo ya ha expuesto están presentes. De esa manera yo me voy a ocupar de mi salvación con temor y temblor. De hecho, ese “ocupaos” está en un verbo progresivo: es continuamente, el hecho de que yo tengo que estar velando que realmente el distintivo de ese estándar de Cristo está en mi vida.
Repito: no le estoy diciendo que se haga la pregunta que se popularizó mucho, creo que fue en los 80 o 90: “¿Qué haría Jesús en esta situación?”. Con toda reverencia, claro, pero esa no es la pregunta principal. La pregunta es: “¿Qué Jesús te está llamando a hacer?”. ¿Cuál es el estándar? ¿Cuál es la altura? Ya lo vimos del versículo 5 al versículo 11: despojarse, servir, humildad, unidad. De manera particular, entonces, ocuparme de mi salvación con temor y temblor implica que voy a estar consciente de que, en mi vida, el estándar, la altura de Cristo continuamente me confronta.
Yo me convertí en el 2013. Desde 2013 hasta el 20XX —lo que sea que el Señor me permita—, voy a ocuparme de una manera intencional de mi salvación con temor y temblor. ¿Temor de qué? Temor de defraudar al que ya me compró; pero ese “defraudar” no quiere decir que voy a perder la salvación, sino que me va a motivar a tener un temor reverente por mi Señor, que me compró con sangre preciosa en la cruz del Calvario.
Porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su buena voluntad.
— Filipenses 2:13
Eso es como la cereza del pastel. Al final Pablo está diciendo: “Miren, este es el estándar cristiano, este es el ejemplo, este es el llamado que yo estoy haciendo, y ahora, filipenses, ahora Pez Mundial, yo quiero que ustedes se ocupen en su salvación con temor y temblor. ¿Saben por qué? Porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su buena voluntad”.
Yo descanso en esas verdades. En el hecho de que vivir el estándar cristiano no depende exclusivamente de mis fuerzas. Sabemos que tenemos un rol ahí, no podemos evitarlo; dice “ocupaos”, es un llamado. Sin embargo, vivir a la altura de Cristo, vivir el estándar cristiano es posible porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer para su buena voluntad.
De hecho, unos versículos anteriores, en el capítulo 1 versículo 6, dice:
Estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.
— Filipenses 1:6
Gloria sea a Dios, el hecho de que nosotros sí tenemos algo que hacer en la ecuación; sin embargo, Dios es quien obra en nosotros el querer como el hacer para su buena voluntad. Dios está interesado en que nosotros podamos vivir el estándar cristiano. Dios está interesado en que nosotros podamos vivir a la altura de Cristo.
Yo sé que es tedioso, que duele, que incluso ahora mismo vamos a la casa y quizá no estemos dando un ejemplo del estándar cristiano. Pero, ¿sabe qué, hermano? Ocúpate de tu salvación con temor y temblor, porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su buena voluntad.
Implicaciones prácticas y desafío final
¿Cómo puedo vivir esto? Rápido, algunas implicaciones.
Esto me da una libertad para obedecer a Cristo de una manera increíble, de manera que va a emanar de mí el fruto del Espíritu, que está reflejado en la carta a los gálatas, capítulo 5, del versículo 22 al 23. Me da libertad para amar a mi prójimo y servirlo de una manera particular. Me da la libertad ahora también de poder participar activamente del ministerio de la reconciliación, según lo que establece 2 Corintios 5:18.
Y termino rápido con algunas preguntas. Yo sé que aquí hay madres, padres, esposos, jefes, empleados. ¿Cómo usted entiende que, durante esta semana, el estándar cristiano va a ser evidente en esas áreas de sus vidas? Yo no tengo todas las respuestas. Yo tengo la Biblia, y fue expuesta. Ahora, ¿cómo ustedes pueden asumir esos principios y vivirlos en su matrimonio, en su relación de empleado con su jefe, como padre, como madre, como amigo, como hermano?
Ese es el desafío que hoy Pablo —no yo, Pablo de manera particular— le deja a ustedes. ¿Cómo podemos ver el estándar cristiano en cada área de nuestra vida? Ese es el desafío que hoy, en este caso, el Señor da a su iglesia.