Es Filipenses, en el capítulo cuatro, para leer aquí un versículo de la palabra del Señor. Es la palabra del Señor en el libro de Filipenses, en el capítulo cuatro, versículo 19. Quisiera mostrar aquí cómo encontrar confianza para fin de año, creyendo firmemente que nuestro Dios suplirá. Filipenses 4:19. Es el apóstol Pablo escribiendo a los hermanos, la iglesia, a los Filipenses, y al final de su carta les exhorta con este versículo.
Dice así la Escritura, Filipenses 4:19. Le escribe el apóstol Pablo a esta iglesia y les dice:
Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.
Leo de nuevo este precioso versículo. Pablo exhortando a la iglesia, y al final de su carta le dice: mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Amén. Pueden sentarse, mis hermanos.
Cuando tengo que predicar la palabra del Señor, yo quisiera no tener que exponer un texto, sino solamente exhortar a la iglesia al respecto de algo que Dios quisiera hacer en la vida de ella. Es un solo versículo de la palabra del Señor, es un versículo frecuentemente recurrido, porque cuando uno lo entiende se convierte en verdadero alimento espiritual para uno, y creo que es muy propio para la ocasión del fin de año. El contexto general de la carta: el apóstol Pablo manda una de las cartas más tiernas del Nuevo Testamento, la carta de Pablo a los Filipenses, y al final de la carta entonces coloca en este versículo esta confianza que debería tener todo creyente, de que para todo lo que haga falta el Señor suplirá.
No es, hermanos, que estas sean cosas para uno hacer un ejercicio de entender; se entiende fácil. Aquel ejercicio que nos compete es el ejercicio de interiorizar esta verdad. Es fácil entender intelectualmente que el Señor tiene cuidado de su pueblo. Aquí no hay términos que sean difíciles de entender, aquí no hay una idea filosófica muy elaborada, aquí hay una palabra muy sencilla, pero que con esa sencillez al mismo tiempo debería ser interiorizada por su pueblo: y es que Dios tiene cuidado de nosotros.
Al finalizar el año, los sentimientos más comunes son el sentimiento de pérdida por el tiempo pasado y el sentimiento de ansiedad por el tiempo que está por venir. Yo creo que no está mal sentirse así por un momento, pues nuestro Dios diseñó la creación con estos ciclos de forma tal que cada cierto tiempo nosotros tengamos que reflexionar, pasar balance y proyectarnos. Eso solamente lo tenemos los seres humanos. Y Dios lo hizo así dentro de esta creación. La única creatura que tiene la capacidad de proyectarse es el ser humano. Los animalitos no viven pensando en el futuro ni generan ansiedad. Nosotros sí.
Yo me pregunto: ¿para qué el Señor nos instaló este mecanismo? ¿Por qué los seres humanos tenemos esta necesidad de proyectar cosas, de prever el futuro? No quiero ser concluyente al respecto, hermano, pero después de estudiar el asunto, una de las cosas a las cuales he concluido es que el Señor diseñó estas cosas para que nosotros le necesitemos a Él. Los seres humanos vivimos el presente y evaluamos el pasado, pero para proyectarnos al futuro necesitamos a alguien más grande que nosotros mismos en quien podamos confiar.
Y cuando confiamos en Él llegamos a decir como el apóstol Pablo que: mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Uno pasa balance y, si me dejaran que evalúe yo en cuanto a mi ministerio, yo no recuerdo otro año donde me haya sentido tan descolocado como en el 2023. Esto ha sido un año donde no he podido sentirme, en gran parte del año, en mi elemento. Todo está imprevisto; cada vez que pienso en un sentido o en el otro el Señor cambia las cosas. Pero puedo testificar al mismo tiempo que en ningún año como este me he sentido tan provisto por el Señor, de los Pastorados, como este.
Es una emoción compleja. Si me miro a mí mismo, hermano, durante muchos años yo le he orado al Señor y casi siempre puedo prever hacia dónde el Señor nos está guiando. En este momento, las personas vienen a mí y me dicen: “¿Hacia dónde vamos?”. Y yo no quiero mostrar el futuro, yo quiero mostrar el pasado, yo quiero mostrarles de dónde venimos. Venimos de haber probado por década y media la fidelidad de Dios, cuidando la necesidad de su pueblo de las maneras más dramáticas y al mismo tiempo de las maneras más sencillas. Pero podemos testificar como iglesia que nuestro Dios ha suplido todo lo que ha hecho falta conforme a sus riquezas en gloria.
Generosidad y promesa en el contexto de Filipenses 4
No es un asunto de tener mucha visión o de tener mucha confianza. Esta porción de la Escritura es una promesa, y esta promesa se nos coloca al final de la carta a los Filipenses después de otra pequeña porción de la Escritura donde el apóstol Pablo está dando gracias al Señor porque los Filipenses tuvieron cuidado de él en un asunto material. Dice el apóstol Pablo, leo para dar el contexto, desde el 10 en adelante del capítulo cuatro:
En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación. Y sabéis también vosotros, oh Filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades.
El apóstol Pablo está dando gracias por esta iglesia. Y mientras da gracias y celebra la generosidad de ellos, entonces se les alienta con esta promesa donde les dice: mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falte conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.
El contexto inmediato de esta promesa es un reconocimiento de la generosidad, pero el contexto más amplio es que aquí hay una iglesia verdadera que tiene una misión por delante en la ciudad donde Dios le ha colocado. Y él está diciendo de esta iglesia: no dudo ni por un momento, no es algo extraordinario que ustedes puedan tener contribución material a la obra del Señor; confíen en que mi Dios, pues, suplirá todo lo que haga falta conforme a sus riquezas en Cristo Jesús.
Frecuentemente se expone el texto como si fuera solamente un intercambio. Y mientras me preparaba para predicar la palabra tenía la precaución de que mi iglesia no asuma la generosidad como si fuera una transacción material. ¿Cuál es la transacción material? La transacción material sería que como yo soy generoso con la obra del Señor, entonces por mi generosidad el Señor suplirá todo lo que me haga falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Ese no es el contexto más amplio.
El contexto más amplio, que viene desde el capítulo 1 del libro, es que el apóstol está afirmando a una iglesia del Señor. Les dice: ustedes son del Señor, hasta aquí el Señor les ha ayudado, el Señor seguirá haciendo la obra que comenzó en ustedes, el Señor la terminará hasta el final. Y no duden ni por un momento: para todo lo que les haga falta el Señor suplirá para ustedes conforme a sus riquezas en Cristo Jesús.
No es una transacción material de que porque ustedes dieron van a recibir. Es un asunto de convicción de que, como ustedes son la iglesia del Señor, el Señor va a tener un cuidado de su pueblo y no solamente podrán hacerlo de manera esporádica o específica con una aportación al apóstol Pablo. Para todo lo que ustedes necesiten pueden confiar en que el Señor suplirá para sus necesidades conforme a su promesa en Cristo Jesús.
Sin embargo, la generosidad también debe ser destacada. Yo no quería hablar de dinero al fin de año, hermanos. De hecho, yo como que evito el tema, pero al mismo tiempo veo la facilidad con que el apóstol Pablo habla de la generosidad y cómo la Escritura está inundada de textos al respecto de la generosidad. No creo que lo que hay aquí sea una transacción donde porque yo doy el Señor cuidará de mí. El Señor está cuidando de ti aunque tú no contribuyas. De hecho, el Señor es tan bueno que hace salir su sol sobre justos y sobre injustos.
Generosidad como canal de bendición
Sin embargo, el Señor tiene un cuidado especial de su pueblo, y cuando uno interioriza que es el pueblo del Señor entonces uno puede deleitarse especialmente en aquellas promesas que el Señor le ha dado a su pueblo. Si usted quiere confiar y tener menos ansiedad en el año que está por venir, no piense solamente en que daré y recibiré, piense en que usted es parte del pueblo del Señor y, si el Señor tiene cuidado de su pueblo, cuidará también de mí.
Sin embargo, cuando uno practica la generosidad tiene razones aún más apremiantes para confiar en el cuidado tierno y constante del Señor. He seleccionado solamente cuatro textos que pienso leérselos. Yo le voy a leer y voy a dejar que el texto como que haga su efecto en usted. Son dos de todo el Nuevo Testamento y tres del libro de Proverbios. Permito que use la palabra, hermanos, porque no es el énfasis principal de la predicación de hoy, sin embargo no puedo dejar de destacar la generosidad de esta iglesia. El contexto inmediato es un reconocimiento de la generosidad. Y la sincera generosidad es una razón legítima para esperar provisión.
Dice Lucas 6:38:
Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo, porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.
— Lucas 6:38
Dice 2 Corintios 9:6:
Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.
— 2 Corintios 9:6
Y tres versículos de Proverbios. El primero de ellos es Proverbios 3:9–10:
Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos. Y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto.
— Proverbios 3:9‑10
Otro proverbio, el 11:24–25:
Hay quienes reparten, y les es añadido más; y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza. El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado.
— Proverbios 11:24‑25
Y el último de ellos, Proverbios 19:17:
A Jehová presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho se lo volverá a pagar.
— Proverbios 19:17
El contexto inmediato es que el Señor provee especialmente a aquellos que en su vida se convierten en un canal de bendición. No es la razón principal para hacerlo, no es la razón principal para esperarlo, pero al mismo tiempo practicar la generosidad es una razón legítima para esperar de tu Dios amplia provisión.
Me goza que el apóstol Pablo no solamente instruye, no solamente exhorta, sino que comparte su testimonio personal. Dice él: “Mi Dios, pues, suplirá…”, y yo me preguntaba: ¿y por qué tú no dices “nuestro Dios”? En dos ocasiones en la carta el apóstol Pablo personaliza el asunto. Pareciera que él no quería solamente que se entendiera que él está hablando respecto a Dios; este es su testimonio personal.
¿Cuál es el testimonio personal del apóstol Pablo? Que Dios a él le dio una tarea por cumplir, que Dios a él le llamó al ministerio y que el Señor había tenido de él específico cuidado de sus necesidades particulares. Y ahora, a aquellos que a él le han dado, él les devuelve la exhortación y les dice: ustedes tuvieron cuidado de mí, excelente; mi Dios, pues, suplirá todo lo que les haga falta también a ustedes. Lo que hay aquí es un testimonio. El apóstol Pablo está diciendo: el Señor tiene cuidado de mí; si tiene cuidado de mí, lo tendrá también de ti.
Yo quisiera exhortar a la iglesia al respecto, hermanos, de que no hay nada que Dios nos haya mandado a hacer que no nos dé sus recursos en gracia y gloria para que esa cosa sea hecha. Parecería un asunto poco esperable que el apóstol Pablo pudiera cumplir la tarea que tenía por delante, pero él está diciendo: “No ustedes, sino mi Dios”. Él no está mirando ahora a los Filipenses, él está mirando a su Dios a través de los Filipenses. Él no está mirando ahora personas que tienen cuidado de él, él está mirando a su Dios en el cielo que ha tenido cuidado de él, y él está diciendo: si el Señor ha tenido cuidado de mí lo tendrá también de ustedes. El Dios que hasta aquí me ha ayudado también a ustedes puede ayudarles.
El cierre de la carta: confianza en la providencia
Este es el cierre de la carta, y ese “pues” yo creo que también tiene significado. Es una partícula primaria continuativa, es como que les está diciendo: adicional a todo lo anterior, yo me gozo en esas resoluciones que hay; mi Dios, pues, suplirá. Como ya no les voy a seguir escribiendo, no les voy a mandar más, para todo lo demás confíen en la providencia de Dios. Eso es lo que les está diciendo.
Yo siempre había visto este texto como una consecuencia del contexto inmediato, pero por el contexto general el apóstol Pablo ha instruido a la iglesia, ha exhortado a la iglesia, en un momento hasta con gracia reprendió a la iglesia. Y después de cuatro capítulos él cierra su carta diciendo: mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Lo que yo pueda darle es insuficiente con relación a lo que su Dios tiene reservado para todos ustedes.
Está apuntando ahora a la iglesia. Les dice: miren, yo les puedo dar diferentes cosas, les puedo dar exhortación, les puedo dar instrucción, puedo tener cuidado de ustedes, pero el Señor cuidará de ustedes, es lo que les está diciendo. Y con esto quiero pastorear a la iglesia: que, sin importar los recursos que tú tengas, yo creo que debemos ejercitar el músculo espiritual en buscar directamente del Señor nuestra provisión, más allá de una carta, más allá de una exhortación, más allá de una instrucción. Yo creo que todo creyente tiene la responsabilidad espiritual de sentir particularmente que su Dios está en el cielo y está proveyendo para todas sus necesidades.
Este es el cierre de la carta, y en el cierre dice: “Mi Dios, pues, suplirá”. Esta es la promesa. Aquí Pablo está como cambiando el argumento. Del 10 al 18 el énfasis estaba puesto en los Filipenses, en la manera en que los Filipenses habían cuidado de él. Ahora, en el versículo 19, el énfasis está puesto en Dios y en cómo Dios podría cuidar de ellos. Yo creo que la lección espiritual aquí es cómo uno podría hasta tener cuidado de las necesidades apremiantes que otros pueden tener y olvidarse del hecho de que el Señor cuida de uno. Y así como Pablo necesitaba el recurso material, ellos necesitaban también otras cosas.
De todo muy satisfactoria es esta promesa, porque la promesa no incluye solamente lo material. De hecho, lo que él dice es que suplirá todo lo que os falta. Y esa promesa, si uno la interioriza, es muy satisfactoria. Anoté algunas razones por las cuales yo encuentro que me satisface y pastorea mi corazón esta promesa de que mi Dios suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.
Promesa sólida frente a clichés vacíos
Esta promesa satisface porque es profunda y es real; no es un cliché de esos mágicos religiosos con los que las personas quieren sobrevivir a un año. Anotando unos cuantos clichés, hermanos, y solamente voy a compartir uno, que para muestra un botón. Hay gente que los doce meses del año vive bajo el cliché de que “todo va a estar bien, todo va a estar bien”. ¿Qué significa “todo va a estar bien”? ¿Significa que Dios cumplirá todo mi capricho? ¿Significa que todo va a ocurrir como yo lo deseo? Son clichés con los cuales una gente vive. Eso es distinto; se escucha distinto esto de “todo va a estar bien” a la promesa sólida del Señor que nos dice: mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Es distinto.
Ese “todo va a estar bien” frecuentemente apela a la superficialidad, a lo que yo entiendo que es mi aflicción primaria. Y yo te pregunto: si tú no sabes cuál es el plan de Dios para tu vida, ¿cómo tú dices que “todo va a estar bien”? ¿En qué sentido? ¿Qué es “bien”? Cuando uno tiene que luchar con la providencia del Señor se da cuenta de que asuntos que parecen absurdos y hasta contradictorios podrían ser objetivamente la voluntad de Dios para tu vida, y humanamente hablando “todo no está bien”, pero es lo que conviene.
Figúrese esto: frecuentemente la provisión de Dios no es solucionar las aflicciones del creyente, sino darle entereza para soportar la aflicción. Y cuando uno dice: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os haga falta”, a veces no es la solución al problema, sino la capacidad y entereza para poder enfrentar la aflicción y glorificar al Señor en el asunto. Es distinto, hermano, decir “todo va a estar bien” a decir “mi Dios suplirá todo lo que os falta”.
Por otro lado, ¿qué sabes tú lo que te falta? Uno ora, hermano, y eleva al Señor su súplica con la prudencia que uno tenga y como el Espíritu Santo le dirija. Pero pedir como conviene, ¿cómo lo sabes? A veces yo estoy enfocado pidiéndole al Señor por aquí y donde yo realmente necesito ser cuidado es por aquí. De forma tal que aquello que os falta no necesariamente está en mi perspectiva, pero Dios tiene cuidado de mí.
“Mira, yo creo que estoy seguro porque yo pedí que el Señor cuidara por ahí”. Pero por ahí no es que viene el asunto, sino por aquí, por aquí y por allá. Y qué bueno saber que mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús; no el caprichito particular por el cual nosotros estamos pidiendo, sino todo lo que os falta. Y mientras más yo conozco a Dios y más conozco el plan de Dios para mí, más me doy cuenta de la ingenuidad con la que uno vive aferrándose a caprichos y temporalidades, asumiendo que ese capricho y esa temporalidad es la plenitud del hombre.
Todo lo que os falta probablemente tú ni siquiera lo sabes, pero Dios tiene cuidado de ti. Encuentro satisfactoria esta promesa porque la promesa es profunda y es real. No es lo que los hombres quieren, es lo que Dios quiere suplirle a los hombres. Y si algo te puedo animar para el año entrante, hermano, vive con la expectativa de que Dios cuida de ti, de que Dios cuida de ti, y que probablemente, a pesar de que tú elevas tus oraciones, lo que el Señor quiere suplirte es mucho mejor que aquello que tú estás pidiendo. De forma tal que en vez de tú aferrarte a lo específico de tu oración, tú te aferras al carácter y la voluntad de Dios, que tiene cuidado de los suyos.
¿Por qué encuentro satisfactoria la promesa? Encuentro satisfactoria la promesa porque la promesa ha sido bien probada. La probó Pablo. Pablo dijo: el Señor tiene cuidado de mí, lo ha tenido, nada me ha faltado, he tenido contentamiento. De hecho, que ustedes tuvieran cuidado de mí es una evidencia de que Dios, a través de ustedes, me está cuidando. Y si el Señor cuidó de Pablo, cuidó también de los Filipenses. Y si cuidará de los Filipenses, también cuidará de nosotros.
Generaciones tras generaciones de creyentes han testificado de la fidelidad de Dios para cuidar de su pueblo. Les digo la experiencia en los últimos años de hablar con personas que quieren hacer la obra del Señor, el ministerio, y tratan de compaginar el servir a Cristo y al mismo tiempo cuidar de sus necesidades. Y tú miras el asunto objetivamente y no da la vida: atender las temporalidades mientras se sirve al Señor parece un ejercicio de gimnasia.
Dios suple todo lo que falta para su obra
Pero al mismo tiempo el Señor me ha dado un gozo en esta temporada, hermanos, en que yo puedo testificar a cualquiera que yo tengo quince años cuidando los intereses de Dios y el Señor ha cuidado de mí. Así como Pablo se probó a sí mismo que es posible hacer la voluntad del Señor y tener una vida plena y estar relativamente saciado, así como Pablo les testificó a los Filipenses: sean la iglesia del Señor, obren como la iglesia del Señor, hagan la misión que Dios les ha encomendado y el Señor cuidará de ustedes; yo le quiero decir hoy a la iglesia Paz Mundial que todo lo que Dios nos haya mandado a hacer podemos hacerlo con confianza, pues todo lo que haga falta el Señor lo suplirá de acuerdo a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.
Es satisfactoria porque cubre la totalidad de las necesidades posibles: “todo lo que os falta”. ¡Guau, hermanos, qué satisfactorio! Una vez yo fui con una persona a dar una consultoría, a hacer un proyecto, y la persona me mandó con su chofer. Y él le dijo al chofer: “Mira, todo lo que se necesite, hazlo; tal cosa, cúbrelo”, y al chofer le dio instrucciones muy específicas acerca de lo que él quería que se hiciera, no por mí, sino por su proyecto. No era que me estaba ayudando a mí; él estaba cuidando sus intereses.
Pero cuando llegamos al sitio, la persona cuidó tanto de las cosas que le entregó como un bollito, hermano, así, un fajo, y le dijo: “Mira, para cualquier otra cosa que falte, úsalo de ahí”. Eso da como una satisfacción, hermano, cuando tú dices: guau, esta persona no solamente quiere que se le haga su cosa, sino que al mismo tiempo ha dispuesto todo lo que haga falta para que su proyecto no tenga imprevisto alguno. Y dejó al chofer con un bollito para, si acaso hace falta algo más, que no me vengan con la razón de que no se hizo porque faltaba.
Cuando entendemos que podemos hacer la obra del Señor porque mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús, es la satisfacción de que no hay nada que el Señor nos haya mandado a hacer que no se haga, porque cualquier cosa que falte Él la compensará.
¿Quién te dice qué es lo que falta? Frecuentemente lo que falta más no es lo material. Lo que falta más frecuentemente es el recurso espiritual, y el Señor lo dará. Lo que hace falta más frecuentemente es la sabiduría y el discernimiento, y el Señor lo da. Lo que hace falta más frecuentemente es el carácter, y el Señor lo compensa. Mientras más uno milita en los caminos del Señor, más se da cuenta de que uno ha permanecido en pie no necesariamente porque tenga capacidad, sino porque el Señor diariamente va supliendo todo lo que os falta.
Es satisfactorio, hermanos, porque la promesa es administrada por Dios. Qué bueno que, para todo lo que os falta, Él no se lo ha dado a ningún hombre para que nos supla a nosotros, sino que lo hace Él directamente. “Mi Dios, pues, suplirá…”. Los Filipenses podrían decir: “Bueno, pero si nosotros cuidamos de Pablo, ¿quién cuida de los Filipenses?”. De Pablo cuida Dios, y de los Filipenses también. “Mi Dios, pues, suplirá…”. No un hombre, no una institución, no un Estado.
Hice una corta investigación en algún momento, y gran parte de la ayuda internacional se pierde. O sea, que hay cantidad y cantidad de recursos en esta tierra que instituciones internacionales aportan para que necesidades sean suplidas, y esos recursos se pierden. ¿Por qué se pierden los recursos? La gente dirá: se pierden por corrupción; esa es una razón. Pero el indicador número uno, de acuerdo a investigaciones que se han hecho, no es ni siquiera la corrupción, es simple negligencia. Hay alguien en una parte del mundo que dispuso los recursos para que ese dolor sea suplido, pero alguien vio el dolor y vio el recurso y no hizo nada.
¡Qué impotencia da eso, hermano, cuando tú estás esperando que algo llegue y eso no llega porque alguien se quedó dormido, y eso no llega porque alguien fue perezoso, y eso no llega porque alguien no llenó un formulario! Qué gozo da el saber que las necesidades apremiantes que nosotros tenemos por delante no serán satisfechas confiando en el buen criterio de ningún ser humano, de ninguna institución. “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta”. El cuidado de su pueblo está directamente en las manos de Dios. No es ni siquiera Pablo que va a cuidar las necesidades. ¿El apóstol Pablo, enviado por Dios, entonces suplirá? No, no, no. Dios tiene cuidado de nosotros.
Riquezas en gloria, no solo en lo material
Es satisfactoria la promesa porque a Aquel que la administra yo le conozco. ¡Qué bien cuando ocurre eso, hermanos! No es nepotismo ni familiaridad, pero qué satisfacción da cuando una persona que uno conoce es colocada en la posición de poder hacer algún bien sobre la vida de alguien. “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria…”, y el canal a través del cual lo hace, el canal que todos nosotros conocemos, es el que nos compró a precio de sangre: a través de Cristo Jesús.
He estado mostrando primero esta promesa que da satisfacción. Recalco un poquito el alcance de la misma, para luego llegar a hablar cuál es la fuente de la cual proviene todo esto. ¿Cuál es el alcance? Es decir: “todo lo que os falta”. Las carencias materiales son las cosas primeras que vemos los seres humanos cuando se habla de provisión de Dios. Eso es natural, es así. Alguien dice: “Mira, Dios tiene cuidado de él”. Alguien pensó que Dios le resolvió algún problema material. Sin embargo, si usted mira su corazón hacia dentro, se dará cuenta de que los asuntos materiales no son necesariamente los asuntos que más afligen al hombre sobre esta tierra.
La variopinta expresión de las aflicciones nos dejan pasmados. No piense que realmente la necesidad material es toda la historia. Hay la falsa percepción de que los recursos materiales pueden suplir todas las necesidades, y la única razón por la cual lo vemos así es que no tenemos tantos recursos materiales como aflicciones tenemos. Alguien dice: “Pero si yo tuviera más del recurso material, entonces podría cubrir aún más de mis aflicciones”. Eso nunca se encuentra, y aquellos que lo han encontrado testifican que usted puede tener los recursos materiales y las aflicciones son iguales.
Y ahí es que siempre se levanta alguien que piensa que uno se ha vuelto sabio porque la vida le ha enseñado, y uno dice: “Yo lo sé, pero yo quisiera probarlo. Yo quisiera llegar a tener tantos recursos materiales como para compensar la totalidad de mis aflicciones”. Hermanos, los recursos materiales no satisfacen plenamente las necesidades del hombre, porque hay asuntos que lo material no puede compensar. Las carencias materiales son una parte relativamente pequeña con relación a lo que necesita un ser humano.
Y usted me va a decir: “¿Y qué necesita un ser humano mucho más que agua y luz?”. Son muchas cosas. Son tantas que, cuando usted piensa que ya usted hizo un listado, después se da cuenta de que ese listado crece, y que usted va a necesitar depender de Dios todos los días. De hecho, si a usted le dicen: “Haz un listado de las cinco cosas que tú necesitas para sentirte pleno”, no lo haga, porque después va a tener que hacer otro listado de otras cinco cosas.
Por eso, el alcance de esto, hermanos, es un alcance completo, pleno; es plenitud: “todo lo que os falta”. Miren, ni siquiera nosotros mismos somos conscientes de cuáles son nuestras necesidades apremiantes. De hecho, cuando usted siente: “No, mira, si me solucionan eso, todo lo demás yo podría convivir con eso”, eso es mentira. Yo lo he visto, hermano. A veces yo digo: “Si el Señor me responde esa oración, con todo lo demás yo convivo”, y el Señor me responde eso y luego lo que estaba en segundo lugar se vuelve más grande. Y después digo: “Ok, si el Señor ahora me responde…” Bueno, siempre hay necesidad; lo que te estoy transmitiendo es que siempre hay suficiencia en Cristo Jesús, de forma tal que no lo puntualiza. Déjelo abierto: dice que “todo lo que haga falta” el Señor lo compensará.
Lo que muestro con esto es el alcance de la promesa. No está hablando solamente de necesidades materiales. El apóstol Pablo usa la provisión material como un recurso para apalancar algo mucho más grande. Él dice: ahora, no solamente lo material, sino “todo lo que os falta”.
Donde quiero llegar, hermanos, es a la fuente de todas estas cosas. Yo tengo una mezcla entre preocupación y tristeza, pues veo que nosotros, como cristianos que decimos que hemos nacido de nuevo, podemos comportarnos con una actitud tan materialista como los incrédulos y ponemos nuestra esperanza en las mismas cosas en las que la ponen ellos. Aquí no nos están hablando de riqueza material, sino de un tipo de riqueza que, para entenderla, valorarla, disfrutarla, hay que tener percepción espiritual. Dice así la segunda parte del versículo: “conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”.
“Conforme a sus riquezas en gloria”. Parte de nuestra indiferencia hacia las cosas de arriba es el abierto desconocimiento de que lo material es un reflejo de lo espiritual, y de que cualquier asunto que existe en el mundo material es una versión desmejorada ya, a causa del pecado, la injusticia y la maldad, de cosas eternas que siempre han estado en la presencia del Señor. La creación física es un reflejo de cosas espirituales que no están al alcance de nuestros ojos: que Él habita en gloria, en plenitud, en satisfacción, y que la creación física que nosotros vemos es una expresión de las cosas que están arriba.
La Escritura nos dice frecuentemente que pongamos nuestros ojos en las cosas de arriba. Pero tú estás pensando a ver si te van a aumentar el sueldo en este año. “Pongan sus ojos en las cosas de arriba”, pero tú estás pensando que hay que pagar la casa o la cuota al banco de la hipoteca. “Pongan sus ojos en las cosas de arriba”. En enero ya los colegios comienzan a mandar la reinscripción.
Riquezas en gloria y cosas de arriba
Sin ánimo de que sea un exabrupto, hermanos, yo quisiera mostrarles que las cosas espirituales no están muy divorciadas de las cosas materiales y que cualquier cosa que existe en la esfera material es una representación, en este momento de mala calidad, de las cosas perfectas que han existido eternamente en la presencia de nuestro Padre celestial. Se volvió filosófico el asunto. Es que, para uno tener deleite en las cosas de arriba, uno tiene que entenderlo. Cualquier cosa que le satisface en la esfera temporal es una versión de algo mucho más grande que existe de manera plena y perfecta en la presencia de Dios.
Cualquier asunto que usted piense que existe es algo que ha existido porque Cristo, que ha existido eternamente con el Padre, en algún momento le dio forma física. De hecho, toda la creación a Él se le atribuye. Y las cosas que coexisten, las cosas que se sustentan —sustentar la creación— también se le atribuye a Él. Y la razón por la cual estas cosas se manifestaron también a Él se la dan, porque todo existe por Él y para Él, dice la palabra del Señor.
Un recurso que el Señor me ha dado para tener victoria en este mundo de pecado, de injusticia y de maldad es pensar que cualquier cosa que me brille mucho y me atraiga, esa cosa no es original. Es una copia de algo que existe y está a mi espera en la presencia de mi Padre celestial. Y no hay placer terrenal alguno que sea original en esta tierra. Todo lo que existe en esta tierra es una versión que Cristo tomó de algo que ha existido eternamente en la presencia de su Padre. De forma tal que la palabra nos dice que anhelemos a que lleguen las cosas perfectas.
Alguien dice: “Pero que si yo sirvo a Cristo, entonces yo me voy a perder de todo lo que existe en esta tierra”. No. Usted va a usar mejor todo lo que existe en la tierra y tendrá la oportunidad de experimentar eventualmente la plenitud de todas las cosas. De hecho, en algún momento esta creación será recreada, y todo lo imperfecto desaparecerá y todo lo perfecto entonces tomará su lugar. Y llegará un momento en que nosotros podremos ver cosas que ahora no son satisfactorias en la manera perfecta en que esas cosas todas fueron concebidas.
Dice aquí que lo hará conforme a sus riquezas en gloria. Todo lo que existe ha sido creado por Él y para Él, Colosenses 1:16. Si existe algo satisfactorio ahora mismo, algo que fuera necesario o algo que fuera atractivo, es un reflejo de algo aún mejor y mayor que existe en el cielo. De hecho, el texto y la definición se inclinan no tanto a lo cuantitativo, sino a lo cualitativo.
Alguien dirá: “Conforme a sus riquezas en Cristo Jesús, ¿y qué tan grandes son sus riquezas? ¿Cómo tú mides eso?”. Eso es inconmensurable. Usted ha pensado eso de que usted es rico con relación a alguien. Piense eso. Usted piensa y dice: “No, esa persona es rica”. ¿Con relación a quién? ¿Cómo nosotros podemos decir que Dios es rico y que Él tiene riqueza? ¿Con quién su reino está compitiendo? Ponga dos reinos a competir y diga: “Mira, este reino es rico con relación a cuál”.
Si nosotros estuviéramos solos en este planeta, fuéramos las personas más ricas de este planeta. Somos pobres porque existe gente más rica que nosotros. Entonces, ahora yo le pregunto a usted: ¿y cómo es que nosotros decimos que Él tiene riqueza? ¿Qué es riqueza desde la perspectiva de Dios? ¿Con quién Él compite? La riqueza desde la perspectiva de Dios no es un asunto cuantitativo, de cuánto Dios tiene, sino cualitativo; es un asunto de plenitud. Lo que te están diciendo es que en su presencia hay plenitud, que en su presencia hay cosas que son demasiado grandes, pero no es que Dios sea “más rico”. ¿Con quién se compara Dios? “Vamos a compararlo con todo lo más rico de esta tierra”. ¿Qué es eso con relación a Dios?
Son de las cosas sobre las cuales uno debería pensar cuando dice la palabra “conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. ¿Cuánto Dios tiene? ¿Cinco billones? No. Él no tiene dinero, Él tiene oro, hermanos. Todas son expresiones terrenales para tratar de dimensionar un nivel de gozo, de plenitud y de abundancia que solo existe en la presencia del Señor. Y lo que tú estás diciendo es que de esa abundancia, de esa plenitud, de esa riqueza Él puede tomar un poco y ponerlo en tu corazón.
La gente siempre está esperando dinero, hermanos. No es dinero lo que hace falta; es gozo en plenitud, es satisfacción. Y donde únicamente hay gozo, hay plenitud y satisfacción es en la presencia del Señor: “Delicias a tu diestra para siempre”.
Ay, hermanos, si usted lograra vencer el materialismo y entender que lo que Dios está ponderando es un asunto incuantificable, inconmensurable, que no hay manera de que usted pueda poner eso en comparación con nada, entonces usted buscaría las cosas de arriba y no las de esta tierra. Interesante: cuando los Filipenses le mandaron un dinerito a Pablo —y fue un dinerito, no fueron víveres nada más, fue un buen aporte—, y cuando le mandan eso él les dice: está muy bien, gracias, eso subió como fragante olor al Señor; pero mi Dios, pues, suplirá todo lo que haga falta, no de acuerdo a unos ritos que Él tiene por ahí guardados, sino conforme a sus riquezas en gloria.
En Cristo Jesús: la fuente de toda plenitud
Bueno, yo quisiera que pongas tus ojos en este año en las cosas que son eternas y entender que no hay que tener una cuenta corriente muy grande para tener plenitud de gozo en esta tierra. Lo que hay que tener es un Dios muy grande que está supliendo gozo para ti todos los días. De hecho, si usted tuviera los recursos materiales, no puede comprar el gozo; eso siempre termina en insatisfacción, y ahí es que las personas pierden el rumbo de la vida, pues dicen: “Estoy creciendo materialmente, pero no estoy creciendo en plenitud”.
La única manera de tener plenitud de vuelta a tierra son las riquezas que existen en la presencia del Señor, un asunto que no es cuantitativo, sino cualitativo. No es qué tan rico Dios es materialmente, sino qué tanta plenitud hay en su presencia y qué tanto de eso nosotros podemos tener en esta tierra. Dice que “en Cristo Jesús”, hermanos, y ahí estamos trancados, porque todo el mundo quiere eso, pero no quiere a Cristo. En Cristo. Cristo es la posesión más valiosa que tiene un creyente, lo demás es añadidura.
Yo veo a Pablo cuidando el corazón de los Filipenses, diciéndoles: no se entreguen al materialismo. Han visto a estas personas que predican que Cristo puede darte cantidad de cosas, pero no te predican a Cristo mismo; que Dios te puede proveer de cantidad de cosas, pero no te predican la cosa más valiosa que Dios nos ha provisto. ¿Cuál, hermanos? Con un susto que rompe la cabeza: el autor de la vida, el autor del gozo, el autor de la plenitud; Él es tu mayor posesión.
Que tu riqueza no depende de que tú tengas más o menos de los recursos de Cristo; que tu riqueza depende de que tú tengas a Cristo. De forma tal que lo que Pablo te está diciendo es: ya ustedes tienen las cosas más valiosas, tienen a Cristo, y a través de Cristo les darán también lo otro.
“Mi Dios”, el que me ha suplido a mí, “suplirá a ustedes, pues”, adicional a todo lo anterior —agárrense esto—, “suplirá todo lo que os falta”. No solamente salud, no solamente ingresos, no solamente felicidad temporal, sino todo lo que os falta: un rango amplísimo de provisiones. Conforme a sus riquezas, que no son cuantitativas sino cualitativas, es un asunto de calidad, es un asunto de plenitud, es un asunto de satisfacción. En gloria saca esas riquezas. ¿Alguien dice: “Y dónde es que mejor se vive en esta tierra?”. “Mira, es allí, es allí”. ¿Sabe dónde es que mejor se vive? En gloria. Y después pone: “en Cristo Jesús”.
¿Y por qué en Cristo Jesús? Está evitando que busquemos las provisiones desvinculándolas de la fuente. Hemos oído de la idolatría. ¿Qué es idolatría? La gente piensa que idolatría es solamente prenderle una vela a un santo. Idolatría es sacar a Cristo y tratar de usar aquello que Él sostiene a través de Cristo. Él no quiere ser usado; Él quiere ser satisfactorio por Él mismo. “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y las demás cosas serán añadidas”.
Cristo es el creador, Cristo es el sustentador, Cristo es el legítimo propietario de todo lo creado. Cuando uno tiene riqueza en Cristo, no solamente tiene un valor económico o material; al mismo tiempo es un asunto muy significativo y con sentido de propósito. Romanos 8:32 dice:
El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
— Romanos 8:32
Cuál es el peligro que tenemos como creyentes: comportarnos como incrédulos, salir a buscar las provisiones de Dios, las “todas las cosas” de Dios, y olvidarnos de que la cosa más valiosa que nosotros tenemos es Cristo. Doy un chance ahí, hermanos, como estoy haciendo últimamente, para que usted interiorice un chin, porque no es solamente lanzar ideas al aire.
Por temporadas de mi vida yo me he comportado como un incrédulo. ¿Cuándo me he comportado como incrédulo? Cuando yo entiendo que el gozo en mi vida depende del volumen de mi cuenta corriente. Este año, hermanos, a mediados de diciembre, Caro me encontró haciendo el balance de mi pequeña empresa. Soy un pastor muy vocacional y tengo una pequeña empresa, y saqué la balanza de la empresa. Y cuando saqué el balance los números no me gustaron tanto como pensaba.
Me encontró Caro en la oficina y ella me preguntó: “¿Y tú haces eso todos los años?”. Porque yo saco balance, hermanos; a mí nadie me pide el balance, pero yo lo saco. Y lo curioso fue que la empresa vendió un poquito más que el año pasado, pero ese “un poquito” no compensa ni la inflación, ni el sacrificio, ni esto ni aquello, y como que me sentí de luto por un tiempo. Y digo: “¿Y realmente de ahí es que va a venir el gozo?”.
De ahí es que va a venir la satisfacción. Lo voy a dejar un momentito ahí, hermanos, para que usted reflexione al respecto. No crea que eso es lo que representa. ¿Cuándo uno se comporta como un incrédulo? Cuando uno entiende que el volumen de sus ingresos, que el inventario de sus bienes muebles e inmuebles, que la representación social que él tiene ahí está su plenitud.
“El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas?”.
Vivir como creyentes, no como incrédulos
¿Cuándo el creyente se comporta como un incrédulo? Cuando tratamos de buscar todas las cosas y se nos olvida que ya tenemos a Cristo. Bueno, ni nuestro gozo, ni nuestra seguridad, ni el alcance de lo que podemos hacer para Dios en esta tierra depende del volumen de nuestros ingresos. El Señor tiene otras cosas que darnos.
Pablo está evitando que los Filipenses entiendan que lo material es lo que importa. No. Lo material no es lo que importa, lo que importa es Cristo. Usted ya tiene a Cristo, y si le dieron a Cristo, ¿cómo no le van a dar también lo demás? De hecho, cuando no se tiene a Cristo, las demás cosas se vuelven insatisfactorias. Según Efesios 1:23, Él es “la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”. Cuando no se tiene a Cristo, las mismas cosas que deberían producir fruto y edificación lo que producen es destrucción.
He estado mostrando ahora, hermanos, cuál es la fuente de todas estas cosas. La fuente de todas estas cosas es Cristo, y los recursos que Cristo nos permite tener no necesariamente son esos recursos materiales. Leo de nuevo el versículo para que la palabra de Dios cree el efecto en el corazón del creyente, y quisiera orar no por la iglesia de aquí nada más, sino por el próximo año.
Dice el apóstol Pablo: no ustedes, no los Filipenses; “mi Dios…”. No una iglesia más grande que los Filipenses. Siempre andamos buscando a alguien terrenal más grande que nosotros mismos que nos ayude. “Mi Dios…”. No tu empleador, no tu negocio. “Mi Dios…”. No ese familiar que Dios ha prosperado especialmente en esta temporada. “Mi Dios…”. No mis recursos intelectuales. “Mi Dios…”.
Se llama el testimonio de un empresario no creyente, que él decía que en un momento se fue a la ruina, pero en algún momento, estando muy cabizbajo, un poco depresivo, él se miró a los pies y él dijo: “Mientras contemos con los pies, podemos ponernos en pie”. Y eso fue lo que le ayudó. “Mi Dios…”. No mis recursos emocionales, no mis recursos intelectuales, no mi capacidad de empuje.
“Pues”, adicional a todo lo anterior, para que se ocurra todo lo anterior, para que la iglesia pueda hacer su misión en esta tierra, para que el creyente pueda glorificar a su Padre celestial en todo lo que su Padre celestial le mandó a que le glorifique: “mi Dios, pues, suplirá…”. Todo, hermanos, todo, todo, todo lo que os falta. Que es mucho, y tú ni siquiera sabes qué tanto es. Pero mientras más tú miras tu corazón hacia adentro te vas a dar cuenta del espacio que hay en tu corazón, y todo, todo eso, “mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta”.
Conforme a sus riquezas, en la cual Él habita, en la plenitud en la cual Él está, en el gozo en el cual está la satisfacción. Conforme a sus riquezas en gloria. Y Él lo hará a través de Cristo Jesús. Oro por la iglesia para que ponga sus ojos en las cosas de arriba.