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Mensaje

El afán y la ansiedad

Lucas 12:22-34

La ansiedad no desaparece cuando tenemos más recursos, sino cuando comprendemos que Dios tiene cuidado de nosotros. El Señor ilustró con cuervos y lirios que Él cuida tanto de lo sustancial como de lo secundario, y nos llamó a ser impulsados no por el temor, sino por la mayordomía y la trascendencia.

Transcripción automática

Continuamos la enseñanza donde la dejamos la semana pasada. El Señor acaba de compartir con la multitud la parábola del rico insensato, pero ahora cambia el interlocutor: «Dijo luego a sus discípulos.» Todos los hombres deben saber el desperdicio que es vivir una vida para acaparar riquezas, pero los discípulos de Cristo en especial deben saber que Dios tiene cuidado de ellos. Antes ilustró con graneros de un rico insensato; ahora va a hablar con aves y flores. Que los incrédulos se queden en los graneros; ahora, Señor, a tus discípulos, con las aves, con las flores.

Dijo luego a sus discípulos: Por tanto os digo, no os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis. La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido. Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves? […] No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.

— Lucas 12:22-32

Considerad los cuervos

La lección aquí es que el pueblo de Dios tiene una dignidad especial. Exhortar a la iglesia de Cristo debe tener un cuidado especial. Usted ha sido comprado a precio de sangre. En usted y por medio de Cristo, Dios tiene una complacencia especial. La misma enseñanza que el Señor daba a los incrédulos, después se la daba de manera diferente a sus discípulos. Usted no es una multitud; usted es de los discípulos de Cristo. Aun en nuestra insensatez, Dios se complace en nosotros a través de Cristo.

Los cuervos no siembran, no siegan, no tienen despensa ni granero, y Dios los alimenta. «¿No valéis vosotros mucho más que las aves?» El ser humano, dentro de la creación, es la única criatura que puede proyectarse hacia el futuro. Fuimos creados para la eternidad, y eso puede ser algo maravilloso, pues nos lleva a depender de Dios, pero al mismo tiempo puede ser una maldición, pues nos hace procurar lo que no podemos. Tú puedes proyectar el pensamiento de la eternidad, pero no puedes procurar los recursos de la eternidad. Eso está al alcance de Dios.

Lo que te está mostrando la lección no es que si dejas de cuidarte Dios te va a cuidar. Lo que te está mostrando es que hace rato que Dios te está cuidando mientras tú estás lleno de ansiedad. El cuervo no está comiendo porque él sea muy previsor; está comiendo porque Dios tiene cuidado del cuervo. Y nuestra vida no está cubierta porque nosotros nos estamos cuidando; es que el Señor te está cuidando. La ansiedad no tiene su origen en la falta de recursos, sino que es un asunto de confianza. La ansiedad no va a desaparecer cuando yo tenga más recursos; va a desaparecer cuando comprenda que Dios tiene cuidado de mí.

La ansiedad no se resuelve con recursos

Tú no necesitas ser sabio, inteligente o maduro para que Dios cuide de ti. Él es tan bueno que hace salir su sol sobre justos e injustos. El cuidado de Dios no está sujeto a que el cuervo alcance un nuevo nivel de conciencia. Si tus recursos aumentaran, tu ansiedad aumentaría de manera desproporcionada. Mientras más tengas, más ansiedad tendrás de que tendrás que cuidar lo que tienes. Cuando tenías menos, estabas menos ansioso, pues tenías menos que perder. La ansiedad en el ser humano es el temor a perder lo que tienes.

Eso no se resuelve con el pluriempleo. No se resuelve con el autoempleo. Tú estabas más tranquilo cuando tenías un empleo de ocho a cinco. ¿Cuántas horas extra va a trabajar? Las horas extras no han hecho que desaparezca la ansiedad de tu corazón. No se resuelve saltando de un empleo al otro. Lo que ha disminuido no son los bienes; lo que ha disminuido es tu confianza en que Dios cuida de ti. El camino correcto es mejorar nuestra teología. Conoce mejor a tu Dios, ten una relación personal con Él, considera su persona, estudia su carácter. Dios es grande, Dios es bueno, Dios es perfecto, amoroso, tierno para con sus hijos, muy paciente.

Considerad los lirios

A través del lirio, el Señor ilustra esa parte de la existencia que no podemos negar: los seres humanos no solamente estamos aquí para comer, también estamos aquí para deleitarnos. El Señor está esmerado en nuestro deleite. El lirio existe para que sepamos que Él también hace cosas bonitas, agradables a los ojos, olorosas. Los lirios son coloridos, frondosos, grandes, vistosos. No es para que usted evite morirse de hambre; es para que no se muera de aburrimiento en una vida monótona. El Señor también está pensando en esas cosas.

«Ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.» Salomón era un sibarita, una persona de gustos elaborados; probó desde la arquitectura hasta la poesía. Y dice que ni aun Salomón se pudo vestir como se viste un lirio, y que de nosotros el Señor cuida como cuida de ellos. Un cristiano no es un asceta. Si el Señor le concede buen gusto, disfrute de esas cosas. No solamente confiamos en Dios por los asuntos sustanciales como la comida; Dios proveerá todas las cosas. Dios da comida, pero también da las flores, los colores, los diseños, la recreación. Lo que te está diciendo es: usted no solamente comerá; usted comerá y tendrá una vida muy rica.

La ansiosa inquietud

«Vosotros pues no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud.» Esa palabra, ansiosa inquietud, la tengo subrayada. El Señor sabe que nosotros tenemos necesidad de todas estas cosas. Desear piadosamente es algo legítimo; la ansiosa inquietud es lo que es peligroso, pues nos conduce al pecado. Una cosa es diligencia, otra cosa es ansiedad. ¿Qué es lo que me mueve a mi esfuerzo? ¿Es temor? Entonces ya es pecaminoso.

La ansiosa inquietud disminuye drásticamente la claridad de nuestros juicios. Una persona en ansiosa inquietud no piensa bien, no discierne bien, no toma buenas decisiones. Gran cantidad de las malas decisiones que has tomado en tu vida las tomaste porque dejaste que tu corazón fuera presa de una ansiosa inquietud. La ansiosa inquietud anula tu capacidad de comprensión. Puedes recibir la mejor predicación, los mejores principios bíblicos, pero no tienes capacidad de retener. Tu mente está disparándose en ansiosa inquietud, y ese ruido interno hace que no seas edificable.

La ansiosa inquietud le hace a las relaciones lo mismo que la lujuria. Una persona dominada por la lujuria no puede tener una relación natural; todas las relaciones son un medio para satisfacer su pecado. Una persona con ansiosa inquietud convierte todas las relaciones en un medio para algo. Llega un momento que te quedas solo, porque siempre estás gritando tu desespero, siempre buscando algo a través de la gente. Aun siendo un discípulo de Cristo, la ansiosa inquietud te lleva a vivir como los mundanos. «Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo.» ¿Cuál es la diferencia entre un creyente y un inconverso? El creyente no tiene ansiosa inquietud. Debe ser.

Mayordomía y trascendencia

«Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.» Es interesante que el texto infiere que nosotros no podremos añadir esas cosas, sino que nos serán añadidas. Lo que nosotros sí podemos hacer es buscar el reino de Dios. Es el cambio en la ecuación: dejas de buscar las otras cosas, buscas el reino, y Dios te va a seguir añadiendo lo que siempre te ha añadido. Hay dos fuerzas que para un creyente piadoso son aún más poderosas que la fuerza de la ansiedad.

La primera se llama mayordomía: un sentido de responsabilidad al saber que estamos administrando los recursos que Dios nos ha dado. Un creyente no puede ser impulsado por ansiedad; debe ser impulsado por mayordomía. Cuando entiendes que lo estás haciendo para tu Dios, lo haces sin ansiedad. La segunda fuerza se llama trascendencia: pensar en el impacto que tienen nuestras acciones desde ahora y hasta la eternidad. Un sentido de trascendencia te dice: no puedo desaprovechar mi tiempo, hay algo que tengo que hacer en mi generación. Quiero vivirlo como un acto de adoración a Dios. ¿Por qué te levantas? ¿Por qué lo haces? Porque quiero tener buena mayordomía y tengo un sentido de trascendencia. Sé que mis acciones de hoy impactan desde aquí y hasta la eternidad.

No temáis, manada pequeña

«No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.» Ese versículo es de los más hermosos de todo el Nuevo Testamento. No es que ustedes lo lograron ni que trabajaron mucho y se lo merecen. Fue Él quien en su beneplácito quiso amarlos a ustedes. El reino es tuyo. Ya. Ese toro que tienes por dentro, que quiere llevarse el mundo por delante, estate quieto. Domina ese sentimiento del temor. Esto no es un llamado a vivir en el vacío; es la consecuencia esperable de haber creído en Dios. Recuerda: ansiedad es igual a temor. No operes por miedo; opera por mayordomía y por trascendencia.

Más importante que la diligencia, más importante que tener patrimonio, más importante que tener relaciones o liquidez, es tener la conciencia de que tienes un Padre celestial que está cuidando de ti. Toda la providencia está en la mano de Dios. Si realmente tú entiendes que has sido amado, que realmente Él te ha enriquecido, que ya eso es tuyo, puedes entonces hacer algo trascendental: vender lo que posees, dar limosna, hacerte bolsas que no se envejezcan, tesoros en los cielos donde ladrón no llega ni polilla destruye. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Para que podamos ser útiles a Dios, no podemos vivir con el corazón en un desasosiego por las cosas de esta tierra. Vivimos buscando oportunidades para hacer con nuestros recursos lo que el Señor haría. Cambiamos el beneficio temporal por un beneficio eterno. Esto no requiere presión ni manipulación; es vencer el temor y entender que Dios cuida de nosotros. Oro por la iglesia, que el Señor nos permita vencer la ansiosa inquietud. Yo predico estas cosas con tanta confianza que parece que ya vencí. Seguimos luchando y venciendo en Cristo todos los días.