Domingos 9:30 AM y 11:30 AM Gazcue, Santo Domingo
Saltar al contenido

El afán y la ansiedad

Lucas 12:22-34

La ansiedad no desaparece cuando tenemos más recursos, sino cuando comprendemos que Dios tiene cuidado de nosotros. El Señor ilustró con cuervos y lirios que Él cuida tanto de lo sustancial como de lo secundario, y nos llamó a ser impulsados no por el temor, sino por la mayordomía y la trascendencia.

Predicado18 de febrero de 2024
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Pónganse ahí sobre sus pies, abran su Biblia en el libro de Lucas, en el capítulo 12. Estaremos continuando la enseñanza donde la dejamos la semana pasada. La semana pasada llegamos hasta el versículo 21, y ahora, con el favor del Señor, veremos Lucas capítulo 12 desde el 22 y hasta el 34, para mostrar desde aquí cómo podemos, con la ayuda del Señor, lidiar con el afán y la ansiedad. Es la misma porción de la Escritura, es el mismo contexto que vimos el domingo pasado, pero por un asunto de tiempo, de espacio y sobre todo de énfasis, preferí exponerlo aparte. Cuando digo que es la misma enseñanza, me refiero a que es el mismo énfasis, pues cambia el interlocutor: en aquel momento era una enseñanza para un hombre que hizo una pregunta entre la multitud, y en este momento es una enseñanza para los discípulos del Señor.

Dice así la Escritura.

Dijo luego a sus discípulos: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis. La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido. Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves? ¿Y quién de vosotros podrá con afanarse añadir a su estatura un codo? Pues si no podéis ni aun lo que es menos, ¿por qué os afanáis por lo demás? Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. Y si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo, y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud. Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas. Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas. No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

— Lucas 12:22-34

Un mensaje para los discípulos

Pueden sentarse, mis hermanos. Recuerden que es una continuación del mismo texto que expusimos el domingo pasado. En aquel momento el Señor estuvo interactuando principalmente con un hombre impertinente que hizo una pregunta al respecto de la partición de una herencia, y el Señor le respondió con la parábola del rico insensato. Sabemos que los discípulos de Cristo también escucharon la parábola del rico insensato; sin embargo, el destinatario principal en ese momento no eran los discípulos de Cristo. Ahora el Señor, que acaba de compartir con la multitud la parábola del rico insensato y sus graneros, quita la atención de la multitud y trae exhortación a sus discípulos. Cambia el énfasis.

Cambia el sentimiento, cambia hasta el propósito. Es la misma enseñanza, pero una cosa es la enseñanza dada a los incrédulos de una multitud y otra cosa es la enseñanza dada a aquellos que han sido comprados a precio de sangre y forman parte del rebaño del Señor. En esto hay un cariño especial que a mí me conmueve. Yo me gozo en ver que el Maestro puede hablar de un modo el mismo tema a una multitud y hablar de otro modo el mismo tema a sus discípulos. Hay en esto una especialidad; de hecho, el estado de ánimo ya no se siente igual.

En el sermón anterior del texto, el que estaba inmediatamente antes, el estado de ánimo del Maestro era el de alguien que se sentía quizás hasta desairado: este hombre preguntando cosas impertinentes, déjame responderle con esta parábola. Pero en este momento yo veo al Señor exaltando a sus discípulos, y les habla hasta con ternura. Yo creo que todos los hombres deben saber el desperdicio que es vivir una vida para acaparar riquezas, pero los discípulos de Cristo en especial deben saber que Dios tiene cuidado de ellos, de forma tal que dejen de ocupar sus vidas en atender sus bienes y ocupen sus vidas en buscar cosas más altas.

Un rico insensato debe saber que tarde o temprano tendrá un encuentro con Jesús; pero un discípulo de Cristo debe pensar: wow, tarde o temprano yo me encontraré con mi Padre celestial, que ha estado cuidando tiernamente de mí. No es igual. Un discípulo efectivo es aquel que ha dominado la ansiosa inquietud de la cual habló Jesús, esa ansiosa inquietud en la cual vive el mundo, sabiendo que Dios en Cristo ha suplido para nosotros todas estas cosas.

Me conmueve ver cómo el Señor, al hablar de la ansiedad, trató los asuntos sustanciales, como la comida, y también trató los asuntos accesorios, como la vestimenta. Pareciera como que el Señor dijera: no se preocupen por la vestimenta, solamente coman; pero no es eso lo que les está diciendo. Él dice que tanto lo sustancial como lo secundario, el Señor sabe que nosotros tenemos necesidad de ello, y que podemos buscar el reino abiertamente sabiendo que, desde el vestido hasta la comida, en el Señor están cubiertos.

Para cada área el Señor ilustró con un elemento de la naturaleza: para una lo ilustró con las aves y para la otra lo ilustró con los lirios. El Señor está diciendo, de la una y de la otra: descuídense un poco ustedes al respecto de eso, busquen el reino, porque su Padre celestial está ocupado en eso. Los que están ocupados buscando tanto su sustento como los asuntos externos… no es «no coman y esténse quietos», no: confíen plenamente en que de las cosas aparentemente más superficiales —como pareciera un lirio, que uno dice «¿para qué existen los lirios?»—, porque al Señor también le importa la belleza, él también tiene esa atención hacia uno. Él termina con un llamado a vivir de forma frugal, haciendo tesoros en el cielo.

Comienzo mostrando un mensaje que es orientado específicamente para los discípulos del Señor. Dice el texto: «dijo luego» —luego de interactuar con este impertinente que está preguntando cosas de herencia, luego de la parábola del rico insensato—, «dijo luego a sus discípulos». En la parábola anterior hay reprensión; ahora hay exhortación paternal a sus discípulos, un sentido de propiedad.

Mano, sobran las palabras, pero usted debe apropiarse del mensaje de Cristo de acuerdo a cómo Cristo está interactuando. Si él está hablando a sus discípulos, yo soy un discípulo suyo, me está hablando a mí; y si él está interactuando con un rico insensato, eso es a él. Yo también puedo aprender, pero yo tengo que poner el corazón de acuerdo al momento. No hay chance alguno para que un discípulo pueda distraerse de la enseñanza del Maestro. Aun cuando el Maestro está reprendiendo a una multitud, yo estoy aprendiendo algo; pero cuando el Maestro va a exhortar a sus discípulos: aquí estoy, esto es para mí.

Antes él ilustró con graneros de un rico insensato; ahora él va a hablar con aves y flores. Qué chulería. Sin abusar del texto, hermano, yo puedo sentir que esto tiene hasta los violines. Que los incrédulos, hermano, se queden ahí en los graneros; ahora, Señor, a tus discípulos, con las aves, con las flores.

La lección aquí es que el pueblo de Dios tiene una dignidad especial. Yo me alejo de aquello de los predicadores que quieren predicarle a la iglesia como si la iglesia estuviera compuesta por incrédulos. No es así: la iglesia del Señor tiene una dignidad especial. Exhortar a la iglesia de Cristo debe tener hasta un cuidado especial. Yo sé que la gente se acostumbra a este predicador estridente que siempre está como apaleando al pueblo del Señor, haciendo que se sientan incrédulos. Usted no es un incrédulo.

En el mundo, usted ha sido comprado a precio de sangre. En usted, y por medio de Cristo, Dios tiene una complacencia especial. Y la misma enseñanza que el Señor les daba a los incrédulos, después se la daba de manera diferente a sus discípulos. Usted no es una multitud. Líbreme el Señor de tratar a aquellos que han sido comprados por él a precio de sangre como si fueran el común de los hombres. Hermano querido, usted no es el común de los hombres, usted es de los discípulos de Cristo. Usted debería en este momento decir: ok, ahora se trata de mí; en la predicación anterior, pastor, yo agarré algo, pero aquí esto es lo mío. El mensaje es para los discípulos.

En nosotros Dios se complace a través de Cristo —hablo con cuidado— aun en nuestra insensatez o hasta impertinencia. Nosotros no tenemos que ser prudentes para ser amados en Cristo. Si ustedes quieren ir a la descripción, hay un capítulo en la Escritura, Lucas 15, donde el Señor habla con parábolas, con enseñanzas, acerca de hijos suyos que probablemente están extraviados. Quizás esa es la parábola suya, no la parábola del rico insensato: esa es la suya. En Cristo yo me puedo sentir como la moneda perdida, como la oveja perdida, como el hijo pródigo; pero soy hijo, eso es importante, soy discípulo.

Líbreme el Señor de predicarle al pueblo del Señor como si fueran incrédulos. Y admito que a veces uno como que lo necesita, pero yo mismo escucho mi predicación y vuelvo y reflexiono, y después de predicar digo: como que enfaticé demasiado lo que se le debería enfatizar al incrédulo, y no al pueblo del Señor. El Señor estaba deseoso de predicarle a la iglesia este texto, porque esto es para sus discípulos. Un hijo no será desechado. Aunque muchos de nosotros seamos la oveja perdida, la moneda perdida, el hijo pródigo; somos el hijo al cual el Padre reprende, pero somos hijos sobre todo. Agárrenme eso ahí, hermano, porque yo no quiero predicarles a ustedes hoy como si fueran incrédulos, no: yo quiero predicarle al pueblo del Señor.

Después dice: «por tanto os digo». Después de haberles enseñado aquello, ahora yo quiero decirles algo a ustedes. Y les da dos ejemplos. Estoy en el texto: «Dijo luego a sus discípulos: por tanto os digo, no os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis». Y yo digo: pero Señor, aquí tú como que detallas más. En la parábola anterior era un asunto común y general, pero ahora tú como que detallas más. Y yo te respondo por el Señor: es que tú tienes la capacidad de gustar esos detalles.

El incrédulo rechaza en el aire la enseñanza del Señor y se va, pero el discípulo de Cristo dice: yo puedo saborear esos pequeños detalles, dame los detalles, Señor. Y yo veo algo en el Señor: a aquellos que no tenían un nuevo nacimiento, a aquellos que no tenían esperanza, en la enseñanza él les hablaba en generalidades; pero cuando le enseñaba lo mismo a sus discípulos, él les detallaba. Hermano, usted tiene la capacidad de gozarse en los detalles de la enseñanza del Señor. Gócese. Yo no veo al Señor gastando pólvora en tratar de persuadir retóricamente a los inconversos para que operen como cristianos; yo veo aquí al Señor llenando de detalles la enseñanza que le va a dar a sus discípulos, porque ellos tienen la capacidad de aprovecharla. Y tú también.

Por tanto —dado que les he estado enseñando estas cosas—, dijo luego Jesús a sus discípulos: por tanto os digo, no os afanéis por vuestra vida, qué comeréis ustedes, ni por el cuerpo, qué vestiréis. La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido. Esa es una enseñanza que tiene la vocación de quedarse un poco abierta: hay cosas que el Señor enseñó para que un discípulo se quede pensando en eso. Y tú deberías reflexionar en tu corazón a qué se refiere el Señor con que la vida es más que la comida, y a qué se refiere el Señor con que el cuerpo es más que el vestido. Yo sé que uno ha hecho la práctica de que el predicador todo lo responda, pero yo creo que parte de ser el pueblo del Señor es que uno mismo también debería pensar. El Señor te está invitando: ¡hey, discípulo mío, reflexiona al respecto!

Piensa en la satisfacción, piensa: hay una cosa que va primero y otra cosa que va después. El Señor te está hablando a ti. Y después va con dos ejemplos; ahora no son parábolas, sino ilustraciones desde la naturaleza. Ambas comienzan con un «considerad»: nos dice «considerad los cuervos» y después «considerad los lirios». Y ese «considerad» importa, pues es un llamado a mirar detenidamente, a sentarte a observar. Cuando tú dices: hay una lección espiritual que, si yo me dedico a mirarla, si yo la considero, yo podría ser edificado.

Considerad los cuervos

El primer ejemplo: considerad los cuervos. Estoy en el 24: «Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves?». Quizá aquí el hombre que recibió la parábola del granero lo notaba: pero ahora le dice, yo estuve hablando de unos graneros, consideren los cuervos. Vivan como viven los cuervecillos, es lo que le está diciendo.

¿Qué es el cuervo? Si tengo que considerar los cuervos, yo me dediqué a ver documentales de los cuervos. Me mandaron a que considerara los cuervos; yo estuve en YouTube buscando de los cuervos, hermano, porque si me mandaron a considerar los cuervos, yo… Bueno, yo quiero ser con mi Señor un poco ingenuo. Y a mi casa llegan pajaritos, pero no he visto cuervos, entonces hay que buscar los cuervos. Y cuando me mandaron a considerar los cuervos, lo primero que pensé: señores, ¿por qué esto nos pone a compararnos con un ave tan fea?

Los cuervos, dentro de la naturaleza, quizás no son el ave más bonita. Y es porque en este momento el Señor no está enfatizando los asuntos secundarios: está enfatizando un asunto sustancial, que es la alimentación. Sin embargo, el cuervo, proporcionalmente a su cuerpo, al tamaño de su cerebro, es un ave sumamente inteligente. Elementos que encontré sobre el cuervo: que los cuervos son muy diligentes en buscar su sustento, son animalitos que procuran hasta herramientas básicas y precarias para comer. Se han visto cuervos que, para abrir diferentes nueces, las lanzan a diferentes sitios esperando que las nueces abran. Y uno dice: wow, ¿pero qué tienen los cuervos? Son laboriosos.

Hay algo que ustedes no van a encontrar en ningún documental sobre los cuervos, en ninguna literatura científica sobre los cuervos: un cuervo buscando un psiquiatra porque está ansioso. Pueden ser diligentes y trabajadores, pero no están en ansiedad. Pueden buscar herramientas para procurar su sustento, pero no están ansiosos. La clave aquí, hermano, no es «consideren a los cuervos y vivan sin trabajar». No, lo que están diciendo es: trabaja, dale para adelante, sé diligente, creativo, procura tu sustento, pero sin ansiedad.

Hay gente que lee estos textos y lo que entiende es que Cristo estaba mandando a que nos reposemos en la casa y estemos mirando el techo, el abanico que se mueve, y que no hagamos nada con nuestra existencia. Ese no es el llamado de Dios para un discípulo suyo. El llamado de Dios para un discípulo suyo es que sean laboriosos, diligentes, creativos, pero sin ansiedad. El tema aquí no es contra el trabajo, el tema aquí es contra la ansiedad. Y quizás el cuervo no es el animalito más bonito, pero es sumamente diligente. Sea diligente, pero sin ansiedad, es lo que te están diciendo. Son esforzados, creativos, muy activos.

Miren los cuervos, están diciendo. ¿Y qué no tienen los cuervos? Hay cosas que no tienen. Dice él mismo: no siembran. Yo puedo elaborar estrategias para procurar un sustento, pero todavía los cuervos no han aprendido que tienen que sembrar para comer. Todo eso es proyectar el futuro, y este es el problema del ser humano: el ser humano, dentro de la creación, es la única criatura de Dios que puede proyectarse hacia el futuro. Nosotros fuimos creados para la eternidad, y eso puede ser algo maravilloso, pues nos lleva a depender de Dios; pero al mismo tiempo puede ser una maldición que nos afecte, pues nos hace procurar lo que no podemos. Tú puedes proyectar el pensamiento de la eternidad, pero no puedes procurar los recursos de la eternidad: eso está al alcance de Dios.

Ellos no siembran, tampoco tienen despensa ni granero, y Dios los alimenta. Y después te dice: ¿no valéis vosotros mucho más que las aves? Lo que yo aprendí nuevo esta semana mientras estudiaba el texto es que las aves no son conscientes, pero Dios está cuidando de ellas. Y yo probablemente no soy consciente, pero Dios está cuidando de mí. Tú vas a dejar la ansiedad porque hace rato que el Señor está cuidando de ti. Esa es la lección espiritual.

La ansiedad no viene de la falta de recursos

Veo aquí, hermano, que la ansiedad no tiene su origen en la falta de recursos, sino que es un asunto de confianza. La ansiedad no va a desaparecer cuando yo tenga más recursos, un granero más grande; no va a desaparecer cuando yo aprenda a sembrar. La ansiedad va a desaparecer cuando yo comprenda que Dios tiene cuidado de mí. Eso es lo que es difícil: el cristiano es el que tiene más dificultad de adentrarse en la doctrina del cuidado de Dios. La doctrina es tan sencilla como que Dios es bueno y él tiene cuidado de su criatura, y a veces le toma décadas a uno llegar a interiorizarlo.

Hoy estábamos hablando de la soberanía de Dios en la escuela bíblica. La gente se adentra más fácil en la doctrina de la soberanía de Dios que en la doctrina del cuidado de Dios sobre todas sus criaturas. Esto es sencillo, no es un asunto muy difícil de entender; de hecho, el Señor eligió enseñarlo e ilustrarlo de manera poética, porque lo que hace falta es meditar en Dios y en su cuidado de uno. No es un asunto difícil de entender: lo que es difícil es adentrarse en él.

Dice el 24: ¿no valéis ustedes mucho más que las aves? El texto infiere que con nuestra ansiosa inquietud nosotros no vamos a resolver el problema; que es Dios quien está teniendo cuidado de nosotros y quien hace rato que nos está sustentando. No fuimos nosotros los que nos hemos traído hasta aquí, sino la providencia del Señor y su cuidado. Y cuando entendí eso, yo seguí siendo tan provisto como lo era antes, pero ahora tuve un corazón agradecido delante de Dios. Así sí.

«Ah, pastor, usted me está dando la clave entonces para que yo viva con sustento y con vestido». No, hermano: tú estás en este momento con sustento y con vestido aunque estés en abierta ignorancia. Tú no necesitas ser sabio, inteligente o maduro para que Dios cuide de ti, es lo que te estoy mostrando. Él es tan bueno que hace salir su sol sobre justos y sobre injustos. El cuidado y la responsabilidad de Dios no están sujetos a que el cuervo alcance un nuevo nivel de conciencia.

Veía un documental sobre los cuervos que decía que los cuervos son de los pocos animales en la naturaleza que se autoperciben, que se reconocen: se ven ante un espejo y ellos saben que hay un cuervo. Usted no necesita alcanzar un nuevo nivel de conciencia para que Dios tenga cuidado de usted. Aun de los más perversos el Señor tiene cuidado, hermano; ¿no va a tener cuidado de nosotros, que hemos sido comprados a precio de sangre? Lo que estoy mostrando aquí es que la lección espiritual no es «y Dios comenzará a cuidarme»: es «Dios te ha estado cuidando», aunque tú no hayas sido consciente. Porque si cuida de los cuervos, cuidará también de nosotros.

¿Qué te muestro, hermano? Si tus recursos aumentaran, tu ansiedad aumentaría de manera desproporcionada. La gente piensa: esto se resuelve aumentando los recursos. Usted puede tener el doble de recursos de los que tenga ahora y va a tener cuatro veces más ansiedad de la que tiene ahora mismo, porque mientras más usted tenga, más ansiedad tendrá de tener que cuidar lo que usted tiene. De hecho, cuando ustedes tenían menos, estaban menos ansiosos, pues tenían menos que perder. La ansiedad en el ser humano es el temor a perder lo que tú tienes, de forma tal que eso no se resuelve con recursos.

Hay un mal camino, una falsa expectativa: yo quiero tener menos ansiedad, eso significa que vamos entonces al pluriempleo. Ahí viene la gente: el pastor me está predicando a mí, estamos en esto, en vencer la ansiedad, y todo lo estamos intentando, hermano. Oye, si yo pudiera hacer un part-time en alguna parte, porque yo tengo una ansiedad que me está consumiendo… ¿Qué es lo que se está haciendo? «Yo lo que necesito es otra fuente de sustento». No: un salario, dos salarios, ¿cuántos salarios? Tenga cuatro y va a tener ocho niveles de ansiedad más fuertes.

No se resuelve con el pluriempleo, no se resuelve con el autoempleo. ¿Sabes? «Que yo tengo este nivel de ansiedad porque yo no soy mi propio jefe, yo no soy un autoempleado, yo voy a trabajar para mí mismo, y ahora sí que voy a empujar lo mío, porque nadie va a cuidar de mí, me voy a cuidar yo mismo». Tú estabas más tranquilo cuando eras un empleado de ocho a cinco, cuando alguien estaba cuidando humanamente de ti. La ansiedad no disminuyó porque tú tengas un autoempleo, es lo que estoy demostrando.

¿Cuántas horas extras es que va a trabajar? «Démelas todas a mí, que yo le doy para adelante». ¿Cuántas son? ¿Le va a poner un día más a la semana para trabajar más horas extras? Las horas extras no han hecho que desaparezca la ansiedad de tu corazón. Y yo hago software para manejar ese tipo de cosas, hermano. «Ah, estuve esta semana haciendo horas extras, horas extraordinarias». Y la gente se mata en la empresa: que me la den a mí, que fulano no me la autorizó. Estaba haciendo un software para autorización de horas extras: no, que me la den a mí, que no se la den al otro. Y eso las empresas lo atesoran, porque ellos piensan que un chin más de hora extra que me autoricen va a ser un chin menos de ansiedad. Tú puedes convertir toda tu jornada en una gran hora extra y vas a estar más ansioso de lo que estabas antes. La ansiedad no desaparece así.

¿Cuál es el camino correcto para vencer la ansiedad? Tú vas a tener que mejorar tu teología, conocer mejor a tu Dios. Yo te edifico, hermano: mi ansiedad no desapareció cuando yo fui mi propio empleador, mi ansiedad no desapareció cuando la cuenta corriente se llenó, la ansiedad tampoco desapareció cuando aumentaron mis bienes. Aumentó la ansiedad. Y por momentos, cuando aumenta la ansiedad, no es que hayan bajado los bienes: la provisión del Señor sigue estando ahí, constante. Lo que ha disminuido es mi confianza en que Dios cuida de mí. De forma tal que para estar menos ansioso no se trata de estar mejor provisto: es ser más consciente de que hay un Dios que es bueno y que está cuidando de nosotros.

El camino correcto es mejorar nuestra teología. Conoce mejor a tu Dios, ten una relación personal con él, real; considera su persona. ¿Quién es realmente el Dios al cual uno sirve? Estudia su carácter: Dios es grande, Dios es bueno, Dios es perfecto, él es amoroso, él es tierno para con sus hijos, él es muy paciente. Considera sus obras, su fidelidad, tu propia experiencia, tu relación con Dios. Analiza eso. No salga a buscar las oportunidades, hermano, la lista de los mejores empleos: tú vas a saltar de un empleo al otro y vas a tener cada vez más ansiedad.

Y tú dices: pero tú ves a tu hermano saltando de un empleo al otro y tú no le dices nada. Hermano, cada quien tiene que vivir su experiencia con Dios. Y a veces el Señor permite que sus hijos se zafaconeen en esta tierra para que se persuadan de que él tiene cuidado de sus hijos, porque uno no se va a pasar esta existencia atajando a la gente. «Pastor, es que voy a aplicar a ese trabajo». Dele para adelante, mande el currículum. Te llamaron: ¿y estás menos ansioso o no? Vamos a ver si en el siguiente se te va.

No, hermano, es que uno quiere como que la gente viva de un tropiezo al otro. El asunto es que todos nosotros estamos en este ejercicio vano de reducir la ansiedad aumentando los medios. Y como se reduce la ansiedad es aumentando la confianza: mientras más confianza yo tenga en el Dios que me está cuidando, menos ansiedad voy a tener por estos medios precarios que nunca han podido cuidar de mí. Eso es lo que estoy demostrando, y cada quien tiene que tener su propia experiencia con Dios. Ya cambiaste de todos los trabajos que vas a cambiar; ya dejaste de dar F5 a ver si depositaron. Todos estamos en eso, hermano: entrar tres veces a una cuenta corriente a ver si entró el mensaje, si depositó el cliente, si el pago entró. Ahí no es que está nuestro sosiego: nuestro sosiego está en que hay un Dios que es muy grande y que está teniendo cuidado de nosotros.

Considerad los lirios

Primero considera los cuervos, después considera los lirios. Y yo digo: señores, ¿por qué hay que hablar de los lirios? Porque lo secundario también importa. De hecho, la ansiedad por comida… casi ninguno de ustedes tiene ansiedad por alimentos; lo que está generando la ansiedad son los accesorios, son las añadiduras. Y si algo accesorio te puedes encontrar, agarra un lirio. ¿Qué se hace con un lirio? Vamos de nuevo, hermano: documentales sobre los lirios.

¡Ah! Yo estuve buscando: ¿se come?, ¿se hace té de lirio?, ¿se puede usar como la flor de jamaica? A mí me pareció interesante la flor de jamaica porque es bonita pero también se hace en infusión, entonces está chulo. ¿Qué se hace con el lirio? No se lo beba, hermano, no se lo coma. ¿Un dulce de lirio? No: los lirios son bonitos. ¿Y por qué el lirio? Porque son bonitos, son flores grandes, muy vistosas, tienen detalles. Y a través del lirio el Señor te está ilustrando esa parte de la existencia que nosotros no podemos negar, hermano: los seres humanos no solamente estamos aquí para comer, también estamos aquí para deleitarnos. No solamente estamos en esta tierra para este trabajo de comer, comer y comer; también el Señor está esmerado en nuestro deleite.

Deleite: el lirio existe para que sepamos que el Señor también hace cosas que son bonitas, agradables a los ojos, olorosas. A mí el lirio me cogió, hermano; y claro, me dijeron: ya, no me traiga más de eso, tráeme flores de las otras, porque eso te llena la habitación, es denso. Pero la verdad es que uno, como hombre, quiere regalar flores grandes; entonces, las flores chiquitas… Truco para los varones, hermano: las flores chiquitas son bonitas, pero las grandes impresionan.

Eso es lo que tienen los lirios, hermano: que los lirios son coloridos, los lirios son frondosos, los lirios son grandes, son olorosos, son vistosos, llaman la atención. No es para que usted evite morirse de hambre: es para que evite morirse de aburrimiento, de una vida monótona. El Señor también está pensando en esas cosas, es lo que está mostrando.

Dice el 27: considerad —dedíquense a verlo—, considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan. El pastor Luis Esteve bromeaba con sus padres, que ya son ancianos y ya se han retirado, y les decía: los lirios. Bueno, no sea solamente un lirio: sea un cuervo y un lirio al mismo tiempo. Es una broma, no es el centro. Estamos hablando de considerar los lirios: ¿qué es lo que tiene un lirio, cómo crecen? No trabajan ni hilan; mas os digo que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.

El Señor está tomando el lirio para destacar una parte que parece un asunto superficial. Y aquí es que la gente dijo: no, pero el Señor acaba de mandarle un boche a uno que preguntó por una herencia; cuidado, que se preguntan por superficialidades, por ropa, por zapatos y por cosas como esas. Antes de que se lo pregunten, el Señor se lo está respondiendo: le está diciendo que también de eso, también hay. El Señor está cuidando de ti: el Señor no solamente está cuidando de tu comida, también el Señor está cuidando de tu vestimenta. Él no solamente te manda a que consideres a los cuervos, que son muy diligentes al comer; también a considerar los lirios, que son muy hermosos al vestir.

¿Qué es lo que tiene un lirio? Se está mostrando que Dios está teniendo cuidado de cosas que aparentemente son un desperdicio. Y ahí está este creyente práctico, que a mí no me agrada: esta gente está pensando que todo eso se lo va a comer la tierra, que eso se va a quemar. Está bien, se va a quemar, pero eso da su satisfacción temporal también. ¿Han visto a esta gente, que todo lo que es secundario como que se puede soslayar? No: viaje, hermano, si puede. Si el Señor le da un lirio de esos, que se llama viaje, viaje, hermano, y deléitese. Que la moda, que los colores, que el estilo, que el cuidado del pelo: hermano, si usted puede cuidar de esas cosas, cuídelas. Que esos son lirios; no son cosas principales, se lo estoy mostrando.

Es interesante que el Señor les ha hablado así a sus discípulos, porque le acaba de decir a un necio: deja de estar preguntando por superficialidades. Y si el Señor no habla de esto, va a aparecer un hermano mío de los que parecen más piadosos que la media, diciendo: esas cosas no hay que buscarlas. No hay que buscarlas insistentemente, pero hay que recibirlas de Dios; y si el Señor se las concede, disfrútenlas.

«¿Para qué existen las flores? Eso de que demanden flores…». Quien habla de eso, hermano, tiene un pobre sentido estético, y está hablando de lo pobremente cultivada que ha sido su alma. «A mí que me manden un picapollo, a mí no me manden flores». Eso está hablando muy feo de tu corazón, de que todavía probablemente tú no has sido agradado con cosas así: los buenos olores, las buenas texturas, la forma. No, hermano, no: hay cosas que también valen la pena, se lo estoy mostrando. El Señor te está mostrando que lo que parece secundario, hasta de eso él tiene cuidado de ti. Ya se me dañó la predicación, hermano, porque en cuanto uno habla de picapollo, ya la predicación como que se volvió otra cosa.

Hermano, un cristiano no es un asceta, no es una persona que dice: no, yo no consumo ninguna música, ningún perfume, ningún olor, ninguna moda, ningún calzado. No se vuelva un estrafalario, no se venda a esas cosas; pero si el Señor le concede buen gusto, disfrute de esas cosas. «No, yo no uso ningún accesorio porque eso no es prioritario». No sea un estrafalario, pero si usted sabe el valor que tiene alguna cosa, el significado, úselo y agradezca por eso, que hasta de eso el Señor tiene cuidado.

No solamente confiamos en Dios para los asuntos sustanciales como la comida: Dios proveerá todas las cosas, es lo que estoy mostrando. Y hay gente que no se deja proveer de Dios porque entiende que Dios solamente da comida. Dios da comida, Dios también da las flores, Dios también da los colores, Dios también da los diseños, la creación. Hay gente que vive en esto de confiar en Dios y confiar en ellos mismos, y lo que dicen es: si confío en Dios, solamente comeré. Lo que él te está diciendo es: usted no solamente comerá, usted comerá y tendrá una vida muy rica.

De hecho, el ejemplo que ponen aquí, hermano, es un ejemplo hasta raro, porque Salomón era un sibarita, era una persona de gustos elaborados. En Eclesiastés él dirá que probó su corazón con todas las cosas: Salomón probó desde la arquitectura hasta la poesía, y sabía lo que es plantar un jardín, o ver las maderas que son cultivadas en otras partes del mundo. Salomón tuvo una vida muy rica, y está diciendo que ni aun Salomón, hermano, se pudo vestir como se viste un lirio; y que de nosotros el Señor cuida como cuida de ellos.

Te está mostrando que un creyente no debe hacer de esos asuntos lo principal, pero que cuando ponemos en Dios nuestra confianza, la ponemos para las cosas más primarias, como la alimentación, y también para los asuntos secundarios o hasta terciarios. Dios tiene un cuidado completo sobre mí, es lo que te está diciendo. Ni aun Salomón. Jardines, palacios, alimentos, reconocimiento público tuvo Salomón; y dice: ni aun Salomón se vestía como se viste un lirio. No busques superficialidades en primer lugar, hermano; pero uno de los asuntos más accesorios, que el Señor sabe que nosotros no necesitamos, él está cuidando de eso.

La ansiosa inquietud

Ahora concluye ambos puntos hablando de la ansiosa inquietud que hay que evitar. Dice el 29, después de las dos ilustraciones, cuervos y lirios; ahora dice él: vosotros, pues —de nuevo: ustedes, discípulos de Cristo, tú—, «vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud». Esa palabra, hermano, yo la tengo subrayada: ansiosa inquietud. «Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas». Agárrenme aquí, hermano.

Aquí vuelvo yo a lo más notorio del mundo evangélico: el mundo evangélico estrafalario, el mundo evangélico como a blanco y negro, el mundo evangélico como que no se ve, que no gusta de nada. El Señor sabe que nosotros tenemos necesidad de todas esas cosas, es lo que te estoy mostrando: todas esas cosas. Desear piadosamente es algo legítimo; la ansiosa inquietud es lo que es peligroso, pues nos conduce al pecado. No hay un problema en que algunos hermanos deseen la recreación, deseen la comida, deseen las cosas básicas y también las cosas que parecen hasta insustanciales. El asunto es no tener una ansiosa inquietud, porque es peligroso.

«Pastor, ¿y eso es pecado?». No, no es pecado; de hecho, cantidad de gente entiende que eso es ser muy piadoso, ser una persona muy responsable, una persona diligente. Una cosa es diligencia, otra cosa es ansiedad. Yo mismo me pregunto en mi corazón: ¿dónde está el límite? Porque yo quiero ser un hombre diligente, esforzado; pero digo: ¿qué es lo que me mueve?, ¿qué es lo que mueve mi esfuerzo? Si es temor, ya es pecaminoso.

La ansiosa inquietud es peligrosa porque disminuye drásticamente la claridad de nuestros juicios. Una persona que tenga ansiosa inquietud no está pensando bien. Y gran cantidad de las malas decisiones que tú has tomado en tu vida, que te están alcanzando y te están pasando facturas, fueron decisiones que tomaste en un momento de ansiosa inquietud. Si hubieras entendido que Dios tenía cuidado de ti, tanto de los asuntos sustanciales como de los secundarios, no hubieses decidido ese asunto. La ansiosa inquietud es mala porque te hace tomar malas decisiones, y cuesta mucho, sobre todo en satisfacción.

Y ahí está el creyente teniendo que pagar una decisión que yo tomé hace treinta y seis meses, cuando yo pensaba que se me estaba acabando la vida; y aquí estoy yo, no solamente más ansioso que antes, sino con el mismo problema que antes. Ahí es que llega el pecado. Y esas cosas, ¿saben cuál es el problema? Que no parecen pecaminosas. Dejar de confiar en Dios no parece pecaminoso, eso no es inmoralidad sexual, eso no es un culto falso, eso parece un asunto muy piadoso. No lo es: es ansiosa inquietud, que te hace tomar malas decisiones.

La ansiosa inquietud es peligrosa porque anula tu capacidad de comprensión. Tú puedes recibir la mejor predicación disponible, los mejores principios bíblicos que tengas a la disposición, pero no tienes capacidad de retener. Tú puedes traer tu cuerpo a la casa de Dios, pero tu mente está disparándose en ansiosa inquietud, y ese ruido interno hace que tú no seas edificable. Y tú dices: pero esta persona recibió la predicación, esta persona recibió enseñanza. Una cosa es que sea expuesta la enseñanza y otra cosa es que uno sea edificable. Y para que nuestro corazón sea edificable, tú tienes que tener cierto reposo en Dios. En ese correr tras el viento, correr tras el viento, estás perdiendo la oportunidad de ser edificado, porque eso anula tu capacidad de comprensión.

Según se ve aquí mismo, limita tu perspectiva. Quien está en ansiosa inquietud está pensando para el aquí y el ahora. Entonces una persona dice: vamos a reflexionar sobre nuestra vida de acá a los próximos dos mil años. «Tú te estás volviendo loco: yo tengo necesidad de mi primogenitura». Eso es lo que tenía el hombre de los graneros, eso es lo que tenía el hombre que hizo la pregunta: él tenía algo del aquí y el ahora, esto es lo que me está generando la ansiedad hoy.

La ansiosa inquietud le hace a las relaciones lo mismo que les hace la lujuria. Está esa persona que es dominada por la lujuria, que no puede tener una relación natural: todas las relaciones son un medio para satisfacer su pecado. Una persona que tenga ansiosa inquietud, para él todas las relaciones son un medio: déjame pasar tiempo con fulano porque él me va a ayudar a estar menos ansioso, porque él me va a conseguir tal cosa. Y tú te cansas de que la gente te use a ti como un proxy para satisfacer su corazón. Es Cristo el que satisface, no yo.

«No, mira, estos amigos, o los otros amigos, o una reunión aquí, o déjame asistir allá». ¿Han visto a esta gente que siempre está forzando las relaciones para lograr algo que él entiende que le va a quitar su ansiedad? La ansiosa inquietud le hace a las relaciones lo mismo que la lujuria: las daña, y llega un momento en que tú te quedas solo. Es que fulano siempre tiene que estar gritando su ansiedad, siempre está gritando su desespero, él siempre tiene que estar diciendo que no está satisfecho, él siempre anda buscando algo a través de la gente. Tú no puedes relacionarte de manera sana, ni siquiera en la vida de la iglesia: el que vive esa ansiosa inquietud siempre está en la vida de la iglesia siendo como un disturbio, siempre está hablando de que tiene una necesidad, de que está por lograr algo. Ya Cristo logró todo por nosotros, hermano. Cuando uno tiene vida de iglesia, tiene que estar un poco reposado: ya estamos satisfechos en Dios.

Te lleva, aun siendo un discípulo de Cristo, a vivir como los mundanos. Dice el 30: «porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo». Esto se llama mundanalidad. «Pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas». Está diciendo: cuando tú tengas ansiosa inquietud, tú estás igual que tu compañero de trabajo, que tu vecino, que esas personas que no tienen a Dios. ¿Y cuál es la diferencia entre un creyente y un inconverso? Que el creyente no tiene ansiosa inquietud. Debe ser.

¿Cómo se rompe eso, hermano? Me repito a mí mismo: eso no se rompe con el pluriempleo, no se rompe con el autoempleo, no se rompe con muchas horas extras, no se rompe de salto en salto, de empleador en empleador; y tampoco se rompe con inteligencia financiera. Hemos estado hablando en nuestra iglesia, en grupos pequeños, de finanzas. Hermano, tú puedes ser un genio de las finanzas y tener la ansiedad aquí. Yo pensaba, hermano, que la ansiosa inquietud se iba cuando leyera los libros que había que leer. No, hermano: usted puede ser un genio. Mire a las personas, genios financieros, genios de las finanzas: en este momento, úlceras, sobresaltos, no tan tranquilos; y pajaritos como los cuervos, hermano, y lirios del campo, tan tranquilitos delante del Señor.

Es que no se resuelve con inteligencia financiera. Lea los libros que hay que leer, léalos, eso es bueno, como mayordomía; pero eso no te va a quitar la ansiedad. La ansiedad se quita cuando tú creas que hay un Dios que es muy grande y muy bueno que está cuidando de ti. Y vengan a los grupos pequeños de finanzas, hermanos, que serán muy buenos; lea libros buenos, eso ayuda. Y dedícate a estudiar a tu Dios.

Distingue entre tu responsabilidad, que es buscar el reino, y la obra que le corresponde a él. Es interesante el 31, porque me quita la carga: dice «mas buscad el reino de Dios», y después dice «y todas estas cosas os serán añadidas». Es interesante que el texto infiere que nosotros no podremos añadir esas cosas, sino que esas cosas te serán añadidas. Lo que nosotros sí podemos hacer es buscar el reino de Dios. Ese es el cambio en la ecuación, hermano: usted deja de buscar las otras cosas y busca el reino, y Dios te va a seguir añadiendo lo que él siempre te ha añadido. Es que no está a nuestro alcance; nuestra área de responsabilidad no está en buscar esas cosas.

Dos fuerzas más poderosas que la ansiedad

Voy a exponer los últimos versículos, hermanos, pero hago aquí un interludio. Pareciera que si uno quita esa ambición desproporcionada, esa ansiedad, la gente va a terminar siendo como gente sin ánimo, sin gusto, como que no van a hacer nada, que la gente se va a entregar al ocio, a la vagancia. Hay que dejar que la gente esté como ansiosa. De hecho, en este mundo, si una persona pierde la ansiedad se vuelve un objetivo del mundo, porque este mundo no solamente requiere que usted haga cosas, sino que las haga de manera ansiosa.

Me impresiona que la gente que me quiere a mí me mande a hacer cosas nuevas. «Mira, pero ¿tú te has considerado…?». Yo no quiero eso, ya, no, no quiero hacerlo. «Pero mira estas ofertas que están saliendo aquí». No me muestres esas ofertas, gracias. ¿Se me entiende, hermano? Todo creyente debe vivir en una sana mayordomía de saber qué va a hacer y qué no va a hacer. Y cuando ya tú discerniste qué Dios te mandó a hacer y qué no te mandó a hacer, tú me puedes mandar las mejores oportunidades de esta tierra y no son para mí. Ya, deja de mandarme eso.

Pero en este mundo, si alguien no vive siempre como con el cuchillo en la boca buscándose su futuro, pareciera que es un objetivo. «No, es que tú eres muy conformista; no, es que tú no andas buscando; ah, el dinero sí hace falta». Deja el asunto. Hay hermanas que lo viven presionando. Esa decisión doméstica todo matrimonio cristiano debe tomarla: en qué van a trabajar, cuándo van a trabajar. Mira, deja a esa gente tranquila, que probablemente a esa persona le requirió ya cinco años de su vida llegar a tener esa buena decisión de mayordomía por la cual esas personas están haciendo lo que van a hacer. «No, mira, una oportunidad más grande». Estate quieto.

Lo que mueve al hombre no es solamente la ansiosa inquietud. Hay dos fuerzas que para un creyente piadoso son aún más poderosas que la fuerza de la ansiedad. Una de esas fuerzas se llama mayordomía. ¿Qué es mayordomía? Es un sentido de responsabilidad al saber que estamos administrando los recursos que Dios nos ha dado. Un creyente no puede ser impulsado por ansiedad: tú debes ser impulsado por mayordomía.

¿Qué te impulsa? Bueno, trabajo, y trabajo mucho. De hecho, esta semana entendí que tengo que poner un límite, porque si me llevo de lo que voy a hacer, tanto en lo ministerial como en cualquier otra área, no me detengo. El viernes bajé el breaker, a la mitad, y me fui para la clase de música. Uno siempre puede hacer un poco más, yo sé, pero eso no hay que hacerlo siempre. Llega un momento en que usted baja el breaker, que dice: ya, stop, se acabó.

¿Qué muestro al respecto, hermano? Que hay una fuerza más fuerte que la ansiedad. Hay gente que está acostumbrada a ser impulsada por la ansiedad, que si no están ansiosos no producen: yo tengo que estar como sobresaltado para poder producir. El asunto es que hay una fuerza más poderosa que la ansiedad, y se llama mayordomía: entender que hay un Dios en el cielo que te ha permitido administrar recursos, y que tienes que ser un buen mayordomo de los recursos que has recibido de Dios. Eso es una fuerza poderosa; cuando tú entiendes que lo estás haciendo por eso, tú lo haces sin ansiedad. Tú dices: me impulsa la responsabilidad ante mi Dios.

Hay otra fuerza que también impulsa mucho, se llama trascendencia. Trascendencia es pensar en el impacto que tienen nuestras acciones desde ahora y hasta la eternidad. Tú no quieres ser impulsado por ansiedad: tú quieres ser impulsado por un sentido de trascendencia. Un sentido de trascendencia te dice: yo no puedo desaprovechar mi tiempo, hay algo que tengo que hacer en mi generación; va a llegar un momento en que voy a verme en la presencia del Señor, y me gustaría, de manera saludable, presentar fruto delante de mi Dios. No es un asunto culposo, no es un asunto para lograr mi salvación —eso no te va a salvar—, pero tú quieres vivirlo como un acto de adoración a Dios y con un sentido de trascendencia. Eso impulsa.

Oye, ¿por qué tú te levantas? ¿Por qué lo haces? Porque quiero tener buena mayordomía y tengo un sentido de trascendencia; sé que mis acciones de hoy impactan desde aquí y hasta la eternidad. Grandes hombres de Dios vivían con un sentido de trascendencia, y es lo que el Señor está mostrando: que pensemos que la vida no se detiene ahora mismo, que hagamos tesoros en los cielos. Eso es trascendencia.

No temáis, manada pequeña

Del 32 al 34 está la última parte del texto, y nos hace un llamado a vivir de forma frugal. La frugalidad es no vivir con mucho, vivir con lo suficiente. Dice el 32: «No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino». No fuercen, deja de forzar, te están diciendo. ¿Y eso es tuyo?

Un cliente una vez me avergonzó así. Yo llegué con quince argumentos para cambiar el proyecto, y me dijo: ya, vamos a hablar de otra cosa, deja de forzar, ya vamos a hacer el asunto. Yo llegué así, con diez cosas: ¡ah!, vamos más, más, más. Ya, estate tranquilo, ya vendiste. ¿Qué es lo que Dios te está diciendo? Ya vendiste, ya, mira, vamos a hacer proyectos, lo vamos a hacer, vamos a hacerlo hasta el momento que tú quieras, pero ya, vamos a hablar de otra cosa. Aquí Dios está haciendo lo mismo contigo: ya el reino es tuyo. ¡Ya! ¡Ey, quieto, quieto! Ese toro que tú tienes por dentro, que quiere llevarse el mundo por delante: ya esto es tuyo, te están diciendo.

«No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino». Hey, tranquilo, están diciendo. Calma, calma, espérate, vas muy rápido. Esa es la historia de mi vida, hermano: yo siempre voy demasiado rápido, quiero conocer demasiadas cosas muy rápido, y al final no hago nada. Y el Señor te dice: hey, tranquilo. ¿Tú vas a llevarte el mundo por delante, tú vas a hacerlo, tú vas a ser más fuerte que Dios? O sea, ¿que si tú no te esfuerzas tanto, entonces Dios no va a hacer lo que va a hacer? ¿Quién eres tú? No hay que esforzarse tanto, es lo que te están diciendo. No temas, manada pequeña. Domina ese sentimiento, el sentimiento del temor.

Esto no es un llamado a vivir como en el vacío —ah, no, yo no hago nada—; no. Es la consecuencia esperable de haber creído en Dios: ya no tengo temor. Antes de venir a Cristo tú tenías temor: me voy a morir de hambre, los acreedores van contra mí, si yo no lo hago ahora mismo… Hey, tranquilo, te están diciendo, quieto ahí. Alguien me dice: ah, pastor, pues usted es muy cómodo. Hermano, la ansiedad en mí también aparece varias veces.

Algo hermoso, delicioso, es cuando la provisión del Señor llega sin mediar temor. Mira, el corazón está tranquilo, estate quieto ahí: de hambre no nos vamos a morir. Y el Señor hace lo que va a hacer. Y tú te dices a ti mismo: viste, que no hay que estar ansioso. Ese es el círculo virtuoso, hermano. Tú dices: mira, se venció la ansiosa inquietud, eso no me está dominando; yo seguí trabajando por un sentido de buena mayordomía, por un sentido de trascendencia, de hacer riqueza en los cielos, y el Señor fue proveyendo en medio, y el Señor nos avergüenza.

Yo te edifico, hermano: mis mejores momentos de provisión material no se corresponden con mis niveles de diligencia. Cuando yo menos he hecho, el Señor ha hecho cosas mucho más grandes; cuando yo he entendido que ahora sí se van a dar las cosas, no se dan. No depende de uno, hermano, nunca ha dependido de uno, ni dependerá de uno tampoco: depende de que Dios tenga misericordia, es lo que te estoy mostrando. «Este año sí, mire, este año yo le voy a dar con todo, yo voy a lograrlo, dale»; y terminas cansado. Y después tú dices: no, mire, este año yo no voy a hacer nada, voy a depender del Señor y voy a confiar; e igual se queda la cosa y no sucede nada. Y después el Señor lo hace cuando quiere hacerlo. Es lo que estoy mostrando: no depende de tu accionar, depende de su misericordia; él lo hace cuando quiera hacerlo.

Cambia la percepción. Dice: manada pequeña. Yo sé que ustedes piensan que no son ricos, yo sé que ustedes piensan que no son un ejército lleno de pertrechos militares, yo sé: ustedes son una manada pequeña. Ay, señores, ¿para dónde vamos? Esa es la actitud del pobre. Los que venimos, hermano, de un estrato donde no tenemos bienes abundantes, nos cuidamos demasiado. Algo que tenemos los que venimos de ahí es que entendemos que, si dejamos de movernos, nos vamos a morir de hambre. Los ricos tienen mucho, ellos pueden.

No temas, manada pequeña. Yo sé que ustedes se subestiman a ustedes mismos. Ese versículo, hermano, es de los versículos más hermosos de todo el Nuevo Testamento: «No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino». Ay, hermano, eso que están diciendo ahí es más importante que la diligencia, más importante que tener patrimonio. No es que muchos se lo merecen: no, no, no temáis, porque fue él quien, en su beneplácito, quiso amarlos a ustedes. Esténse quietos, que él los está amando. Hay algunas personas que dicen: mira, fulano, muéstrate tranquilo, que eso ya te lo dieron.

Interesante, hermano, que dice que al reino no le ha parecido que ustedes se lo ganen. No: él ha tenido a bien, ha tenido el beneplácito, la condescendencia de dárselo a ustedes. Dejen la ansiedad, esténse quietos: ustedes están enriquecidos. Un regalo imprevisto, impresionante: a vuestro Padre le ha placido daros el reino.

Y si realmente tú entiendes eso, eso activa algo en ti, que es la vida de un discípulo. Si realmente tú lo entendiste; si tú entiendes que has sido amado, si tú entiendes que realmente él te ha enriquecido, si tú entiendes que ya eso es nuestro, y que en el momento de Dios eso va a ocurrir —tanto lo más básico, como la alimentación, como lo más secundario, como la vestimenta—; si tú entendiste que eso ya es nuestro y que el Señor te lo va a dar si conviene y cuando él quiera, tú puedes hacer esto. ¿Y qué es lo que puedes hacer?

Donde está vuestro tesoro

Esta es una decisión trascendental: vender lo que posees, no aferrarte a eso. «Y dad limosna» —dad misericordia—; «haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón». Si eso ha sucedido, si tú entiendes que Dios te está cuidando, ahora tú puedes pasar a un punto más alto, tú puedes ser un poco más intrépido al respecto: vivir con menos, cargarte de menos, trabajar menos, para buscar el reino.

Y cuando yo predico estas cosas no estoy mandando ideas al aire: es que la obra del Señor necesita que tú estés un poco tranquilo para que se haga, para que nosotros podamos ser útiles a Dios. Tú no puedes vivir con el corazón aquí y ser un discípulo de Cristo. No puedes vivir con ese desasosiego, en el sudor por las cosas de esta tierra, y al mismo tiempo serle útil a Dios. Para que tú le seas útil a Dios y te desprendas un poco, tú tienes que entender que has sido enriquecido, que él está cuidando de ti. Vivimos buscando oportunidades para hacer con nuestros recursos lo que haría el Señor: cambiamos el beneficio temporal por un beneficio eterno. Esto no requiere presión ni manipulación: es vencer el temor y entender que Dios cuida de mí.

Porque donde está vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón. Uno quiere llegar a donde están sus cosas. ¿Por qué tú te entregas? Porque tu tesoro está aquí. Si tu tesoro está aquí, entonces dale de todo: cinco trabajos, cuarenta horas extras, dale para adelante, porque tu tesoro está aquí. Si tu tesoro está en otra parte, tú priorizas esa parte.

Le conté hace mucho tiempo de un amiguito de la iglesia Lucerna, Juan —hace años, no sé de él, pero siendo adolescentes los dos—, él me contó que su padre estaba desaparecido, que no se sabía dónde estaba su padre. ¿Y qué pasó con él? Su padre se fue a Estados Unidos, se quedó ilegal, y como se quedó ilegal no podía volver al país; pero en Estados Unidos puso negocios de bodegas, prestaba dinero, hacía otras cosas parecidas. Hace muchos años de eso, hermano, no lo recuerdo del todo. Pero lo que sucedió es que él, estando ilegal en Estados Unidos, prosperó. Sucedió que la vida siguió sucediendo: tenía aquí a sus hijos, tenía aquí a su madre, su madre enfermó, y él estaba en ese dilema.

¿Cuánto vendimos hoy? ¿Lo depositaste? Y tal cosa. Y vivía en ese afán. No podía irse, porque él prosperó siendo ilegal. Entonces, en ese dilema, terminó yéndose en yola, y no se sabe dónde terminó. Usted ve la historia y le parece muy dramática, hermano, pero eso es perfectamente entendible: su tesoro estaba allá. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Mientras más cosas tengas puestas allá arriba, más tus ojos estarán en las cosas de arriba. Oro por la iglesia, hermano, para que el Señor nos permita vencer la ansiosa inquietud. Recuerden, hermano, que yo predico estas cosas y a veces las predico con tanta confianza y entereza que parece que yo ya lo logré. Seguimos luchando, hermano, y venciendo en Cristo todos los días.

Recibe lo nuevo por correo

Los mensajes del domingo, los devocionales y los artículos. Sin frecuencia fija y sin publicidad.

Puedes darte de baja cuando quieras.

En vivo PezMundial Radio