Mensaje

El burrito que el Señor necesita

Marcos 11:1-11

Este es uno de esos textos en la Sagrada Escritura que parecen anecdóticos. Es el conocido relato de la entrada triunfal en Jerusalén, pero quisiera poner el enfoque de la iglesia no en la entrada, sino en el burrito, para mostrar desde esta porción de la escritura aquel burrito que el Señor necesita. Es Marcos capítulo 11.

Cuando se acercaban a Jerusalén, junto a Betfagé y a Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de sus discípulos y les dijo: «Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego que entréis en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis esto?, decid que el Señor lo necesita, y que luego lo devolverá.»

Fueron y hallaron el pollino atado afuera a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron. Y unos de los que estaban allí les dijeron: «¿Qué hacéis desatando el pollino?» Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado, y los dejaron. Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él. También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino. Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces diciendo: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!» Y entró Jesús en Jerusalén y en el templo; y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los doce.

— Marcos 11:1-11

Un texto que no es anecdótico

Este es uno de esos textos en la Sagrada Escritura que parecen anecdóticos. Yo veo al evangelista Marcos invirtiendo mucho texto en describir todo este procedimiento para salir a buscar un burro y yo digo, «Marco, no hacía falta.» Lo importante no es el burro, lo importante es que el Señor entró en la santa ciudad. Sin embargo, en el Señor no hay coincidencia alguna y los evangelistas no estaban sobreabundando. Ellos estaban escribiendo aquellas cosas que el Espíritu Santo quiso dejar testimonio. Y yo creo que si el Espíritu Santo quiso dejar 11 versículos de testimonio donde hay un énfasis marcado en el burro, cosas podemos nosotros aprender en este texto.

Desperdiciaríamos nosotros si no afirmamos que se está cumpliendo una profecía. Es verdad. Dice el libro de Zacarías, profeta Zacarías en el capítulo 9, versículo 9, que el rey entraría a la santa ciudad y que entraría sentado sobre un burro. Entonces, lo que está aquí ocurriendo es cumplimiento profético, pero se cumple la profecía y al mismo tiempo hay gran enseñanza para la iglesia. Si Marcos se detuvo a detallar la búsqueda de un burro, no fue solo para confirmar la profecía de Zacarías 9:9, sino para mostrarnos cómo avanzó la misión y cómo seguiría avanzando. Mostramos aquí que el Señor toma nuestros recursos ordinarios para fines que son gloriosos, que en la misión se encuentran lo terrenal con lo eterno y al mismo tiempo que los mandatos extraordinarios del Señor se cumplen y que hay en estas cosas propósitos que son gloriosos.

Un animalito ordinario como un burro alcanzó un propósito extraordinario y es que a través de él avanzó el cumplimiento profético. Como iglesia estamos caminando, orando al Señor, dependiendo de él para una temporada donde esperamos grandes sacrificios y queremos hacer grandes sacrificios para que se siga predicando el evangelio. Y figuradamente a mí me gustaría mostrar ese sacrificio que no se compara en nada con aquellas cosas que hemos recibido del Señor como si fuera un pequeño burro. Y todos nosotros tenemos cosas que podríamos desatar y ofrecer de forma tal que la misión del Señor avance.

Un instrumento muy ordinario

Comienzo mostrando un instrumento muy ordinario, un burrito. Todo lo que hay en este texto cuenta. Dice que cuando se acercaban a Jerusalén junto a la ciudad de Betfagé y a Betania frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de sus discípulos y les dijo, «Id a la aldea que está enfrente de vosotros y luego que entréis en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre se ha montado. Desatadlo y traedlo.»

Creo que todo lo que está aquí importa, pues los recursos para la misión están entre nosotros, dijo el Señor. A la aldea que está frente a vosotros. Ellos venían de Jericó. Jericó, la ciudad que estaba quizás a 200 metros por debajo del nivel del mar. Vienen caminando de Jericó quizás 22 km y 8 horas, y ya se encuentran a menos de 800 m de la ciudad de Jerusalén. Y cuando ya han caminado todo ese trayecto y están a 800 m de la ciudad de Jerusalén, ya que la parte más difícil del camino ha ocurrido, entonces el Señor detiene la procesión y le dice a dos de sus discípulos, «Entren a la ciudad que les queda al frente y busquen un burrito.» Yo estoy persuadido, hermano, que el burrito no importaba para fines prácticos. Si el Señor ya caminó 22 km y 8 horas y ya está por entrar a la ciudad de Jerusalén, ¿para qué mandara a buscar un burrito? Hay cosas que parecen innecesarias, pero yo estoy persuadido que el Señor sabe todo lo que hace falta y que no solamente hacen falta las cosas más grandes, también hacen falta las cosas que son pequeñas, pues el Señor no dejará nada del cumplimiento profético como un cabo suelto.

De hecho, los discípulos podrían decir, «Señor, si hacía falta un burrito, de haber avisado probablemente con dos días de antelación te buscamos un caballo.» Pero el Señor tiene dispuesto todo lo que hace falta para que la misión se cumpla. Y a mí me emociona el saber que lo que Cristo necesite para que lo que él quiere hacer se haga no está al alcance de nosotros, sino que está al alcance suyo. Él le dijo que vayan directamente a una casa y en esa casa estaba el burrito atado. Alguien dirá, «Es que eso estaba coordinado de antemano.» Hermano, el Señor tiene control de la historia y todo lo que haga falta para que la obra del Señor avance, ya el Señor lo está disponiendo. Esto no es algo como que depende de nosotros. La obra está al alcance suyo y todo lo que el Señor necesite, eso mismo se hará. Amén.

El recurso en el lugar improbable

Los recursos para la misión estaban ya allí. Si Jericó estaba a 20 y pico de kilómetros, tenían 8 horas de camino. Betania, que era una ciudad que ellos conocían bien, estaba muy cerca de Betfagé. ¿Cuál era la ciudad de Betania? Era la ciudad donde Lázaro, era la ciudad de Marta, la ciudad de María. Era el lugar seguro para Jesús y sus discípulos. Pero el Señor no le dijo, «Vayan a la ciudad de Betania,» sino que vayan a la ciudad que les queda al frente. Me llama la atención que el Señor no le mandó al lugar de confort y de confianza, sino que el Señor le mandó a un lugar que era improbable que ellos pudieran conseguir un burro.

De hecho, si lo mandaba a Betania, no solamente aparecía el burro, aparecía comida, lo que el Señor necesitara, pero el Señor le mandó a la ciudad del frente. Estuve investigando y esa era una ciudad, digamos, menor, marginal, la ciudad de Betfagé, una ciudad que estaba muy cerca de Jerusalén. Jerusalén era la gran ciudad donde vivían las autoridades. En Jerusalén estaba la fortaleza. En Jerusalén era que estaban las personas que dominaban. Betfagé era una ciudad marginal donde probablemente si había un burro no te lo iban a prestar con facilidad.

Y el Señor ahora manda dos de sus discípulos a que vayan no a Betania, sino a Betfagé. Si mandaba a Betania aparecía comida, aparecía cuidado, aparecía gente que le conocía. Ey, Lázaro estaba acabado de resucitar. O sea, que si el Señor mandaba a los dos discípulos, vayan a la ciudad de Betania, no solamente aparecía el burro, venía la ciudad completa a entronar a Cristo, pero no le mandó a Betania, sino que le mandó a un lugar improbable. No intente buscar muchos datos de de Betfagé, porque era una ciudad pequeña, marginal. Con relación a Jerusalén era como esos barrios de nuestro país que viven pared con pared con la zona más exclusiva.

Si lo más exclusivo era Jerusalén, Betfagé viene siendo como la Púa junto a Royo Hondo, los Praditos entre los Prados y la Castellana, la Yuca en el centro de Manganagua al lado de los Restauradores, el Manguito detrás de la Castellana, detrás de la Julia de Santo Domingo. Este no voy a hablar porque todos los que viven en Santo Domingo Este son ricos. Ahí no hay.

No, no se me distraigan. Lo que le estoy mostrando es que el Señor no está mandando a los discípulos que vayan a Naco, a Arroyo Hondo y la Castellana a buscar burrito. Lo está mandando para la Yuca, para Manganagua, para la Púa. En el callejón de la Púa, ve y búscame un burrito.

Imaginen a Cristo ignorando las jeepetas del polígono central para meterse en el callejón y pedirle a un padre de familia un motor 70. Si lo mandan a Betania, le mandan a buscar un caballo, un caballo blanco. Y todavía no toca caballo blanco, lo que toca es un burrito. Ay, hermano, lo que estoy mostrándole es que la obra del Señor no camina con los recursos más espléndidos. El Señor va a buscar lo que haga falta y lo sacará de los lugares más improbables. Y probablemente la misión no avanza más entre nosotros porque estamos esperando que el burrito siempre venga de Betania.

Lo que había sucedido en Betania había sido un asunto tan extraordinario que probablemente hubiese hecho entre ellos un revuelo. Usted sabe lo que es ver un hombre de prestancia social que se levantó de entre los muertos, que lo están llorando y en este momento él está comiendo y está en medio de nosotros. Cuando el Señor levantó a Lázaro de entre los muertos, dice que a partir de ese momento los judíos le buscaban para matarle porque había sido un asunto tan extraordinario, irrebatible, que había llamado la atención. Pero el Señor no está buscando el recurso en el lugar probable. Manda a buscar el recurso en el lugar improbable. Yo estoy persuadido, hermano, que los recursos que hagan falta para que la iglesia de Cristo predique el evangelio existen, pero que esos recursos no están necesariamente donde nosotros creemos que están. El Señor buscará el burrito donde tenga que buscarlo.

Esa gente, Marta, María, Lázaro, eran sumamente dispuestos. ¿Recuerdan el pleito entre Marta y María? Querían servir al Señor. Yo me imagino a cualquiera de los discípulos viniendo de que hace falta un burrito. ¿Cómo que hace falta un burrito? Aquí hay dos, y la silla, no quieren que haga falta. Y la alfombra, llévensela de mi casa, hermano. No falta burro, no falta montura y no falta alfombra. Pero el Señor en unos cuantos minutos produjo todo lo que haría falta para que la profecía se cumpliera. Yo estoy persuadido de que no hay que hacer una gran planificación, un gran esfuerzo, no hay que buscar necesariamente a la gente de siempre. Los recursos que hagan falta para la misión están en el terreno mismo y el Señor hará lo que tenga que hacer. Amén.

Hacía falta fe para ir a los pobres

Hacía falta mucha fe y entereza para ir donde los pobres a desatar un burrito. La gente que tiene escasos recursos cuida más lo que tiene. Probablemente en Betania tú desatas el burrito y nadie se da cuenta, pero aquí no.

Nuestros recursos ordinarios y nuestras ciudades marginales pueden tener propósitos que son muy altos entre los planes del Señor. Este texto muestra que un recurso humilde pero valioso como un pollino en el cual ningún hombre se haya montado puede ser utilizado para la causa de Cristo. Y lo que se describe aquí todo tiene intención, hermano. Días estudiando el burro. Y lo que pude discernir es que se necesitan aproximadamente de 2 a 3 años para que un burro pueda ser montado. O sea, que esta familia tenía ese burrito.

El burro en el mundo antiguo y sobre todo en una región rural como esta era una herramienta de trabajo, un medio de transporte práctico y humilde. Los caballos estaban reservados para personas de autoridad. Los caballos no estaban reservados para labores agrícolas como esta. De hecho, moverse en caballo era un asunto muy impresionante. Eran como los vehículos altos del tiempo antiguo. Un burro, por el contrario, era una herramienta muy práctica. El caballo requería granos finos. Un burro se alimentaba con lo mismo que comía la familia. Un burro tenía las prestaciones necesarias para resolver un problema práctico. Y el problema práctico era desde trabajar la tierra hasta transportar la carga o mover a tu familia.

Lo que el Señor está pidiendo no es un lujo, es lo que probablemente una familia pobre y práctica tenía en su casa. Lo habían estado alimentando durante 3 años porque ese hombre estaba esperando que quizás después va a poder descansar un poco más. Por fin voy a tener un segundo burro. Pero el Señor lo está esperando. Era un esfuerzo de años. Ellos no lo sabían. Hay cantidad de cosas que uno está haciendo en su vida que uno no sabe para qué lo está haciendo. Tú lo estás haciendo porque el Señor eventualmente lo va a necesitar. Y las cosas que tú no puedes discernir hoy para qué las tienes, probablemente son las cosas que el Señor está esperando. El burro ordinario que probablemente tú entiendes que es solamente para labores prácticas y agrícolas podría pasar a la historia, y esos recursos ordinarios podrían alcanzar propósitos que son gloriosos.

Los burritos que podemos desatar

Quiero implicarte, hermano, todos tenemos algún recurso valioso que podemos desatar, algún burrito que tenemos atado y ponerlo a la disposición de la misión. Y cuando uno predica este tipo de cosas, la gente primero está pensando en dinero. Yo le diré, el dinero es lo de menos. El recurso más fácil del cual un ser humano puede desprenderse es el dinero por razones que también son prácticas. Una persona alcanza niveles productivos y cuando una persona ya sabe producir 10 pesos, producir 12 no le es muy difícil. Ahora hay recursos que son irrecuperables, que son mucho más valiosos, que se atesoran aún más. La gente se desprende del dinero con mucha facilidad.

Y yo he tratado, hermano, de traerle un compendio de burritos posibles para tratar de mostrarle que todos tenemos algo que podemos ofrecer a favor de la misión y que es un privilegio que nuestros recursos ordinarios sean utilizados para propósito glorioso. El nombre de la familia no sale en el relato y el nombre del burro menos.

Ahora yo estoy persuadido que esa familia tuvo el sano orgullo de que su recursos limitados fue utilizado por Cristo para un propósito muy alto. Hermano, imagínate que estás tú el dueño del burro y que tú digas, yo no lo sabía. Yo le estaba alimentando, yo le estaba cuidando, yo esperaba que era para tareas agrícolas, pero yo no sabía que el Señor lo requeriría. Qué cosa más hermosa. Recursos limitados pueden ser usados por el Señor para propósitos que son muy altos. He estado hablando del dinero, hermano.

El dinero es lo primero aunque la gente piensa. Pero es un burrito fácil de desatar. Es muy recuperable. Está demostrado que una persona volver a su nivel de patrimonio se logra rápido. Te toma 20 años aprender a producir hasta ese punto, pero tú pierdes tu patrimonio y probablemente lo recuperas en uno o en dos. El dinero es muy recuperable.

El burrito del tiempo

El tiempo no. El tiempo es tu recurso más valioso y se vuelve aún más valioso a medida que envejeces. Cuatro horas a la semana a tus 20 no es lo mismo que 4 horas a la semana a tus 40. Cualquier persona se sacrifica de dos o tres pesos, pero no todo el mundo está dispuesto a sacrificar unas cuantas horas. Ese recurso sí cuesta, pero el Señor lo necesita. Hermano, yo tengo agenda y tengo el corazón abierto. Yo estoy persuadido de que la misión requiere recursos prácticos. Y hemos estado orando, hemos estado planificando, pero tu tiempo cuenta. Y probablemente 40 minutos de sueño en la vida de un adulto, eso es valiosísimo. ¿Cuánto pagarían cualquiera de ustedes probablemente para tener 2 horas de sueño más?

Reflexiona sobre tu tiempo, hermano, porque el Señor lo necesita. Pastor, no hable del burro. Hablaremos del burro, hablaremos del dinero y hablaremos del tiempo, porque la misión requiere tus recursos. Es lo que estoy mostrando. Espero no ser irreverente, hermano, pero si el Señor quería, pudo haber entrado en Jerusalén en una nave espacial, pero eligió entrar en un burro y el burro lo tenía alguien. Yo creo que como iglesia nosotros tenemos la ilusión de pensar que la misión avanza como por ósmosis, como que eso sube así, hermano.

La misión avanza con esfuerzo, avanza con desprendimiento, avanza con involucramiento. Y una iglesia que crece, una iglesia que testifica a Cristo, es una iglesia que aprende a desatar el burro. Pastor, no desatemos eso, que eso es secundario. No es secundario, hermano, a causa de su propósito. No es secundario porque Zacarías 9:9 decía que el Señor entraría en un burro y si el Señor entraría en un burro, probablemente el burro está en tu casa. Id a la aldea que está enfrente de vosotros, la aldea pobre, y luego que entréis en ella, hallaréis un pollino atado. El Señor sabía dónde estaba el recurso. En el cual ningún hombre ha montado. El Señor sabía la condición del recurso. Desatadlo y traedlo. Y si algunos dijeron, «¿Por qué hacéis esto?» Decid que el Señor lo necesita y que luego lo devolverá.

El burrito de la energía

Hablemos de tu energía. A veces tú tienes tiempo, pero no tienes fuerza. Un adulto tiene quizás cuatro horas o tres de energía por día y llega un momento que se apaga así.

Estoy hablando de burritos que son difíciles de desatar. Cualquiera pone una transferencia automática en el banco y ahí está mi ofrenda, ahí está mi diezmo, pero dale al Señor esa ventana de tu tiempo donde tú tienes enfoque, donde tú tienes energía, donde tú puedes echar para adelante tu familia, echar para adelante tu negocio, echar para adelante tu vida, hacer las cosas que te interesan. Ahí sí es difícil. Si desatar el burrito del tiempo es difícil, desatar el burrito de tus mejores fuerzas también es difícil. Cuesta mucho servir al Señor después del pluriempleo, de las responsabilidades, de los traslados. Guardar fuerza para servir a Cristo, hermano. Qué cosa más hermosa.

Redimir el tiempo, tu enfoque, esas ventanas de lucidez que tú tienes en el día, úsalas para la causa de Cristo. La gente cree que esa ofrenda es como explotar nuestro tiempo, nuestra vida, nuestra energía, nuestro enfoque en diferentes cosas y traer el cuerpo ya medio zombie. Y aquí estamos adorando al Señor. Tú no estás adorando al Señor. Eso no es una ofrenda agradable. ¿Y qué soy yo? Eso no importa. No, tú eres el burrito probablemente, pero trata de que el burrito no haya sido montado. Trata de que haya sido guardado para el Señor. Qué hermoso es una persona que se reserva para servir a Cristo.

El burrito del entusiasmo

El entusiasmo, hermano, no es solamente hacer la obra del Señor, es hacerla con gusto, con alegría. Ese burrito, el burrito del entusiasmo, es que nada debería producir en mí más satisfacción que Cristo y su obra. Hay gente que es buena haciendo la cosa, pero la hace como sin gusto. El entusiasmo hay que producirlo, hay que buscarlo. Hacer la obra del Señor con alegría, no solamente hacerla como en modo mecánico. Hay hermanos que pueden ser muy fieles en lo que hacen, pero no solamente fidelidad, es entusiasmo en lo que tú haces. Es entender que el Señor está mirando y sobreabundando tus diferentes talentos.

El burrito del ego y la identidad

Este me duele mucho, hermano. El burrito de tu ego y de tu identidad es un nudo muy apretado y difícil de desatar, pues mucho de lo que necesitamos para servir a Cristo requiere que sacrifiquemos una parte de nosotros mismos. La obra de Cristo no solamente necesita recursos, también hace falta que parte de lo que tú eres muera para que eso entonces surja. Y probablemente tú no le estás dando al Señor aquello que el Señor quiere que tú des, porque tú no estás dispuesto a sacrificar esa parte de tu identidad que tú tienes demasiado guardada. Es que yo hacer eso significaría exponerme, es que yo hacer eso significaría incomodarme, significaría salir de mi zona de confort. Yo sé todas esas cosas. Yo tengo 3 años cuidando el burrito, me pidieron que el Señor lo necesita y se llevaron el burrito. ¿Y qué pasa con el burrito? Que el Señor te lo devolverá. Pero vas a sacrificar un poquito de ego y de identidad para hacer la obra del Señor.

Una cosa es hacerlo tú solo y otra cosa es hacerlo tú junto con otros. No habías pensado eso. Que cuenten con mi burrito, pero yo lo llevo y lo traigo. No, no, no. El burrito eres tú mismo y tú vas a tener que exponerte, lidiar con otros. Eso es lo que es ser un discípulo de Cristo. Eso es lo que requiere la misión. Espero no ser imprudente, pero en esta temporada muchos de mis hermanos yo siento como que se metieron en un caparazón, es como que yo no me expongo, que nadie me aborde. Hace falta eso. Yo lo hago, pero lo hago yo solo. El asunto no es hacerlo tú solo, es hacerlo juntos. Porque hacerlo juntos, ahí es que duele, ahí es que vienen los malos entendidos, la controversia, las dificultades.

Es muy fácil decir: ¿Dónde está el Señor? Yo se lo llevo allá. Mándalo conmigo y quítate también tu manto y entremos juntos. Ahí es que está el asunto y eso es lo que es adoración. Adoración no es solamente un asunto individual o personal, adoración también es un asunto corporativo que agrada al Señor.

El burrito de la convivencia

El burrito de tus emociones, el burrito de la convivencia. El concepto de batería social. Todos tenemos una batería social. Ya está, yo hermano, agarré mi asunto. No, mi batería social está baja, no tengo mucha reserva. Llévame al paso.

La iglesia de Cristo necesita una pila grande de batería social para tú lidiar con gente con temperamentos que son diferentes. Es interesante que una familia puso un burrito, pero todos los discípulos pusieron su manto y los que encontraron cortaron ramos y pusieron su propia ropa. Es un asunto corporativo, un asunto comunitario, que adoremos al Señor juntos entre nosotros, y la convivencia cuesta mucho. 40 hermanas de nuestra iglesia o relacionadas de nuestra iglesia estarán el fin de semana en un campamento. Eso parece bonito, hermano, pero eso son unos cuantos días de convivencia. Que el Señor les ayude. Pues eso parece como muy bonito: que vamos a un campamento. Es dormir en una cama que no es la tuya, al lado de gente que no es la gente con la cual tú duermes, con ritmos que no son los tuyos. Y la convivencia es una forma de adoración.

Congregarse, hermano, es un asunto muy pobre. Congregarse solamente. Convivir es lo que cuesta. Venir de manera transaccional a la iglesia, eso es cómodo. Venir, yo me cambio, vengo, tengo mi actitud agradable, se está acabando, sé que es una hora y media, excelente, y volver a irte. Eso es muy fácil. Convivir es lo que cuesta y es el burrito que quizás tú tengas que desatar. La misión necesita todos nuestros recursos. Necesita el burrito, necesita nuestro manto, necesita los ramos que encontremos en el camino y todo lo que haga falta. El Señor lo necesita. Es la clave.

El burrito de la prosperidad

Pellizco un poco más el alma de mis hermanos. El burrito de la prosperidad y de la justa recompensa es duro de desatar porque tú trabajaste mucho y te esforzaste para llegar donde tú estás. Ya cuando tú llegaste se te bloquearon algunas cosas. Y cuánto me recuerda:

Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: «He comprado una hacienda y necesito ir a verla. Te ruego que me excuses.» Otro dijo: «He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos. Te ruego que me excuses.» Y otro dijo: «Acabo de casarme, por tanto no puedo ir.»

— Lucas 14:18-20

Estoy hablando de la prosperidad, hermano. Yo creo que todos ustedes se han prosperado, pero lo más hermoso es cuando una persona prospera y todavía reserva la mejor parte de su tiempo, lo primero, para Cristo. Y dice, «El Señor me ha prosperado en diferentes áreas, pero todavía mi nivel de fidelidad al Señor, mi nivel de constancia, mi nivel de entusiasmo, de tiempo y de disponibilidad se mantiene creciente.»

Te ruego que me excuses. Otro dijo, «He comprado cinco yuntas de bueyes. Voy a probarlos.» Ay, yo con ese vehículo todavía no le he dado carretera. ¿Y cuándo es que le voy a meter en carretera al vehículo? ¿Por qué fue que lo compré? Tengo que probarlo. Esas son las cinco yuntas de bueyes de otro tiempo. Son esas. Te ruego que me excuses. Y el otro dijo, «Acabo de casarme, por tanto no puedo ir.»

Ay, hermano, la misión se detiene porque el Señor te prospera y probablemente si tú todavía tuvieras hambre, si todavía estuvieras jalando aire, si todavía tuvieras unos niveles de piedad mucho más altos de disponibilidad… Probablemente no estás tan disponible hoy porque estás lleno de tus oraciones contestadas. La prosperidad cansa. La prosperidad agota. Es servir a los bienes, y cansa. Servir a la riqueza le llama la Escritura.

Todos comenzaron a excusarse, dice la Palabra. Estamos mostrando diferentes sacrificios grandes o pequeños que nosotros podemos hacer para poner cosas a la disposición de la causa. Podemos sacrificar nuestra emoción, podemos sacrificar nuestro tiempo, podemos sacrificar nuestros recursos materiales.

El mandato extraordinario: «El Señor lo necesita»

Pero la palabra clave aquí es un mandato y aquí me muevo a la segunda parte. El mandato es extraordinario, es el siguiente: el Señor lo necesita. Ya, porque cualquier cosa que tú tengas es el Señor que te lo ha dado. Yo creo que esa gran confusión es lo que detiene la misión, ¿no? Que yo no puedo ahora. Es que te ves ridículo diciendo que tú no puedes ahora, porque la realidad es que si tú tienes algo, lo tienes porque el Señor te lo ha dado y el Señor no te pide a ti nada que él no te lo haya dado primero.

Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti, porque mío es el mundo y su plenitud.

— Salmo 50:12

Tienes todo porque si el Señor te lo está pidiendo es porque te lo dio. Te lo dio y si tú tienes un burrito amarrado es porque el Señor te dio un burrito. De forma tal que para ti la expresión «el Señor lo necesita» debería ser la única respuesta.

La paradoja de la necesidad

Hay una paradoja que es la paradoja de la necesidad. Primera vez que yo escucho eso, de que el Señor necesite algo, y eso hay que explicarlo. ¿Cómo que el Señor lo necesita? ¿El Señor necesita algo? El Señor no tiene ninguna necesidad práctica. Él no necesita de un burro. El Señor es dueño de toda la creación. Me rompe la cabeza que dice que él te lo devolverá. Se me van a llevar mi burro y me lo van a devolver. Oye, qué prudencia tiene el Señor. Di que él te lo devolverá.

Hermano, el Señor no te está pidiendo un burro porque él quiere acomodarse. Él lleva ya más de 20 km caminando a pie y subiendo, y ya lo que faltan son unos cuantos metros y bajando. O sea, que el Señor no te está pidiendo algo porque el Señor está desesperado. Ay, que el Señor está cansado. No, el Señor no está cansado. Eso no es. Por favor, hermano, deje de pensar que las cosas que el Señor requiere de usted las requiere porque el Señor está en necesidad. No, es porque el Señor tiene propósito y porque tu alma lo necesita. Y si el Señor te está pidiendo un burro, a ti es que te conviene que el Señor te pida el burro. De forma tal que tú debes decir, «Señor, yo sé que tú no necesitas un burro, pero yo necesito desprenderme del burro.» El que necesita desprenderse eres tú. El que necesita desprenderse soy yo. El que no necesita un burro es Cristo. Los ángeles están alrededor suyo, hermano. Si era por entrar, lo cargan entre ellos, lo entran.

Tú pensar que el Señor no necesita nada de nosotros y aun así nos pide, deberías sentirlo como un privilegio, deberías sentir que algún propósito hay en esto. Más que ayudar al Señor, se le concedía a esta familia de una ciudad marginal el privilegio de participar en la misión. Amigo, usted está allá en el otro extremo viviendo en Jerusalén, parte atrás, y a su casa el Señor le ha mandado dos discípulos a decirle que necesita su burro. ¿Sabes el privilegio que es eso? No es que el Señor necesita. Ay no, hermano, el Señor no está empobrecido, el Señor no está limitado, el Señor tiene todos los recursos a su disponibilidad. De todos modos, te está pidiendo un burro, un asunto ordinario, innecesario. No es ni siquiera un caballo lo que te están pidiendo, sino un burro. Más que una necesidad física o desesperada, lo que está sucediendo aquí es cumplimiento profético y propósito. Si el Señor está pidiendo algo es porque realmente no es que le hace falta a él lo material, te hace falta a ti y le hace falta a la misión.

Un privilegio, no una súplica

Hay gente que humaniza demasiado a Cristo y siempre estamos entrando como un Cristo en necesidad. Él no está en necesidad. A la samaritana le dijo, «Dame agua.» A la samaritana le dice que le dé agua y a ti te dice que le prestes el burro y que te lo van a devolver y que de verdad lo necesitan. Te están dando el privilegio de que sirvas al Señor.

Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le pedirías, y él te daría agua viva.

— Juan 4:10

Dame de beber. Ay, déjame salvarle la vida, hermano. Tú no estás salvando la vida, tú no estás salvando la misión. Te están dando un privilegio y es participar en la obra del Señor.

Se muestra aquí, hermano, que Cristo es diferente. Este es un rey bueno. Los gobernadores romanos no pedían permiso, arrebataban. Con relación a los romanos, la actitud del Señor es impresionante. Está mostrando la mansedumbre con la cual Cristo está viniendo a nosotros. Los romanos tenían una ley que les autorizaba confiscar temporalmente cualquier propiedad. Era común que pusieran a una persona no a quitarle su burro, sino que le pusieran a cargar su propia carga y le dijeran, «Llévame mi carga.» Y un soldado romano podía interrumpir a un ciudadano de cualquiera de sus súbditos y decirle, «Esta es mi carga y llévala tú.» Y el Señor está pidiendo prestado un burro. Más que un favor, el Señor te está revelando su carácter, su personalidad, que él es bueno, que él es justo, que él no es violento.

Hay una cita de un filósofo estoico, no cristiano, pero describe cómo era. Dice él, para que entiendan cómo funcionaba esa ley, que si tú tuvieras un borriquito aparejado, mientras te sea posible, si hubiese una requisa y se apoderara de él un soldado, déjalo. No te resistas ni rezonges, decía este filósofo. Si no, perderás igual el burro y recibirás unos cuantos palos. O sea, que un soldado romano no mandaba a decir «por favor desaten el burro que el Señor se lo devolverá,» sino que decía, «Suelta el burro que yo lo necesito.»

El Señor está mostrando algo de su carácter. Y yo creo que esa expresión que es una justificación exaltada es la misma expresión que debería mover la misión entre nosotros. Una mezcla entre autoridad, libertad y privilegio. La autoridad de Cristo para pedir, la libertad tuya de desatar tu burro y el privilegio de que los recursos de nosotros se usen para propósitos que son muy grandes. Yo no creo que lo que debería mover la misión es la necesidad, la desesperación, la presión. Yo creo que es esa mezcla: la autoridad de Cristo para pedir, la libertad tuya para desprenderte y al mismo tiempo el privilegio que deberías sentir de que los recursos humildes y ordinarios alcancen propósito muy alto.

Yo creo que es un orgullo que un creyente debería tener, decir, «Los recursos míos están siendo usados en la misión de manera anónima, de manera privada.» Interesante que el nombre de esta familia no se documentó. No hay que poner el nombre tuyo. Yo siempre imagino a Ana que había sacrificado a su hijo y lo llevó a servir al santuario cuando veía a Samuel sirviendo. Qué cosa más hermosa. Un hijo mío está en el santuario. Esta familia del burro quizás no vio el burro entrando, pero después lo supo. Fulano, pero ese no era el burro tuyo. Ay, sí, en el burriquito mío fue que entró el Señor. Qué privilegio. Esta es la cosa más hermosa.

Reflexiona al respecto de esto. Cualquier invitación a desatar un burro es un privilegio para ti. Se te concede, no es una súplica. No vamos a Betfagé a rogar por un burro, por tiempo, por dinero, por dones, sino a involucrar a alguien en la misión y participar en esto, en manifestar la gloria de Cristo.

Los burritos anónimos que se desatan cada semana

Tampoco lo hacemos porque quisiéramos hacerlo. De hecho, yo preferiría aportar mi propio burro en vez de pedirte el tuyo. Lo hacemos porque tu alma lo necesita. Hacemos un gran daño en la obra del Señor cuando son las mismas personas que desatan siempre los mismos burros, porque evitamos que tú participes. Yo creo que deberíamos crear el privilegio de que participen otras personas. Interesante que esta gente, después que se desprendió de su burro, los discípulos entendieron y se quitaron el manto. Y después la ciudad entendió y se quitaron también los suyos. Es un asunto donde tú entiendas el privilegio que es poder participar en la exaltación del gran nombre del Señor.

Qué promesa la de que el Señor te lo devolverá, hermano. Es impresionante porque cualquier cosa de la que nosotros podamos desprendernos es marginal con lo que el Señor nos ha dado y podría darnos. Sin embargo, el Señor nos devuelve con gozo. El Señor nos devuelve con una satisfacción discreta, el Señor nos lo devuelve dándonos temas de conversación desde aquí para la eternidad. Dice la Escritura que hagamos tesoro en los cielos.

Y cuando hablo de estas cosas, hermano, lo que más puedo testificar es que así como no sabemos el nombre de la familia, tampoco sabemos el nombre tuyo, pero hay muchos burriquitos que se desatan durante la semana en la vida de la iglesia. Las personas ven al Señor entrando a Jerusalén y piensan que eso es normal, ¿no? No es normal. Hubo mucho desprendimiento, y la gente ve el pueblo adorando al Señor y piensa que eso sucedió solo, y no es así. Cada semana, antes de que llegue el domingo, hay una gran cantidad de recursos que se ponen a la disposición del Señor discretamente.

Ayer sábado todavía a las 11 había hermanos mandando mensajes, llamándose, disponiendo diferentes cosas para servir al Señor. ¿Para qué? Porque el Señor lo necesita. ¿Y por qué no dan los nombres de la gente que lo hace? No hay que dar los nombres, hermano. Si usted sacrificó algo, si usted entregó algo, el Señor lo sabe y quien debe saberlo ya lo conoció. Amén.

Más de 12 maestros por semana dedican horas de su tiempo a enseñar la Escritura. Hay gente que se dispone. Yo veía un hermano que subía con un bebedero para que usted beba agua y lo probó, lo desarmó, lo arregló y le puso el botellón. Qué hermoso. Y alguien se lo reconoció, hermano. Fue el que desató su burro. Desde la limpieza de la iglesia hasta la coordinación de diferentes ministerios. Decenas de llamadas, de coordinación, de preparación, más de 20 horas.

Los jueves yo disfruto estar aquí. En el jueves pasado esto era gente entrando y gente saliendo en diferentes cosas. Algunos hermanos vinieron a adorar, otros vinieron a ensayar, hay otros que vinieron a coordinar una actividad que tenían. Y yo me gozo de ver cómo los recursos de nosotros son puestos a la disposición de Cristo. Es una tarea anónima que nadie debe ver, pero el Señor lo sabe. Y esas son las cosas que yo veo con mis ojos, hermano. El Señor ve mucho más y a todos se lo devolverá. He estado mostrando un recurso ordinario que era un burro, he estado mostrando un mandato extraordinario: el Señor lo necesita.

El propósito más glorioso

Veamos el propósito más glorioso. Dice desde el versículo 7, «Y trajeron el pollino a Jesús y echaron sobre él sus mantos.» Hermano, eso es lo que toca. Cuando alguien pone un recurso a la disposición de Cristo, otro dice, «Yo también.» Eso es lo que toca. Yo fui el que fui a buscar el burro, pero el Señor no se va a montar en el burro a pelo. Hay que poner el manto. Aquí está mi manto.

Y eso desencadena, hermano. Son como oleadas de sacrificio, de adoración, y el Señor lo va recibiendo. Trajeron el pollino a Jesús y echaron sobre él sus mantos y se sentó sobre él. Ay, hermano, el cumplimiento profético. También muchos tendían sus mantos por el camino. Muchos, escuche, muchos. Y alguien dirá, «Eso no es nada, hermano.» No veas la ropa como la vemos en el mundo actual. En el mundo antiguo, el manto quizás era la prenda más costosa que tenía una persona, porque era una prenda que se usaba junto con otras prendas. El manto le abrigaba del frío, si tenían que dormir a la intemperie se podían cubrir con el manto, y una persona cuidaba su manto. Era una prenda costosa, pero las personas estaban dispuestas a decir, «No, aquel puso el burrito, yo pongo el manto como silla y otro dice, yo pongo el mío para que el Señor entre como si fuera por una alfombra.»

También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles.

— Marcos 11:8

Una escena que parece pintoresca. Están improvisando cosas para que el rey entre con dignidad. Algo curioso, hermano: durante 20 y pico de kilómetros el Señor caminó a pie y subiendo, y ahora bajando sobre una alfombra de mantos, de cosas valiosas para la gente. Eso debería a uno como emocionarlo. Date cuenta, esta gente mirando al Señor entrando a la ciudad y que el Señor está pisando algo que para mí es valioso, pero que está contribuyendo con la manifestación de la dignidad del Señor. Esta gente entendió que lo que ahí sucedió en ese tramo de tiempo es lo que es adoración. Es la gente sacrificando cosas que para ellos son valiosas para que el Señor camine sobre ellas.

Haz una pausa, hermano. Te invito a reflexionar. ¿Qué has tenido tú que sacrificar para que el Señor pase? ¿Qué has tenido tú que poner para que la gloria del Señor se manifieste? El Señor te lo devolverá. Es lo que puedo decirte.

Ayer estaba yo hablando de esto y le preguntaba a Caro que hasta qué edad llega la juventud porque ya como que no está muy claro. Antes me decían que eran 33, pero cuando yo llegué a los 40 yo sentí que terminó mi juventud. Me sentí como que ya no tengo que agarrarme, porque antes había una ley que decía que era tanto, después lo extendieron, ya cuando llegas a los 40 como que ya no soy joven. Quizás lo veré, pero ya como que me apropié de la adultez.

Hubo una satisfacción callada en mi corazón, hermano, y es que yo miré hacia atrás y cuando miré hacia atrás pude decir en oración con humildad, hermano, líbrame el Señor de exaltación, pero yo siento que la causa de Cristo ya se llevó mis mejores años. Ya el Señor caminó sobre ellos. Ya no soy un joven, no soy un muchacho. Hice muchas cosas antes de los 40 años, una cosa y la otra, pero nunca dejé de hacer la obra del Señor. De forma tal que parte de mi satisfacción en este momento de la vida es que la causa de Cristo caminó por encima de mis mejores años. Otros gastaron sus años divirtiéndose, otros gastaron sus años distrayéndose, otros utilizaron sus mejores años para su patrimonio. Y cuando yo llegué a los 40, yo sentí como que le puse el lacito así y dije, «Señor, reciba.»

Hermano, ¿qué cosa tú has tenido que sacrificar para que el Señor camine sobre ella? Probablemente un sueño, probablemente un poco de comodidad, pero esta gente está diciendo, «Mi manto importa, Señor, camina sobre mi manto.»

La escena es pintoresca, pero esa es la actitud correcta. No hay que estar esperando que manden a buscar una silla. No, aquí está mi Señor, usa mi ropa como tu silla. No hay que estar esperando que se mande a buscar una alfombra. Podemos decir, «Señor, utiliza mi ropa como una alfombra.» Se está manifestando su gloria.

También muchos tendían sus mantos por el camino y otros cortaban ramas de los árboles. Todo esto era espontáneo, hermano. Estoy mostrando cosas donde a la gente no le dijeron, «Tú corta un ramo, tú pon la tuya, yo pongo la mía primero, tú la pones.» Es una manifestación espontánea de adoración delante del Señor, porque esta gente entendió que el que está entrando lo merece, tiene dignidad.

Hosanna: un acto de valentía

Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces diciendo: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!»

— Marcos 11:9

Dice el versículo 9, «Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces diciendo, ¡Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señor.» Y esto era en Jerusalén. Bendito el reino de nuestro padre David que viene. Están proclamando a viva voz un asunto que es sumamente peligroso. Te pongo en contexto.

En Jerusalén están esperando al Señor para matarlo porque resucitó a Lázaro. Los judíos están enemistados contra él. Dijeron, «Hay que acabar con el hombre.» Los romanos han dominado Israel y entienden que el César es el Señor. Y Herodes tiene un plan porque él quiere ser el rey de los judíos. Los herodianos defendían el poder y los saduceos le decían a los judíos que dejen sus expectativas mesiánicas, porque cada vez que se levanta una persona con expectativa mesiánica, lo que hacen es que los romanos nos hacen la vida imposible. Y los saduceos le decían a los judíos, «Dejen de estar diciendo que viene un Mesías y vamos a tratar de quedarnos calladitos, que calladitos nos vemos más bonitos.» Y ahora el Señor viene con una multitud bajando que se está despojando de su ropa, que están cortando los ramos. ¿Han visto los regueros que dejan las multitudes? La basura. Una multitud entrando a Jerusalén gritando tales expresiones, eso era casi un suicidio. Es como que aparezcan en un polvorín con una antorcha. Al lado del templo en Jerusalén, donde entró el Señor, estaba la fortaleza Antonia y ahí estaban los soldados romanos con lanza en la mano. O sea, que esta gente está entrando a la ciudad voceando cosas como esta: Hosanna, el rey que ha venido. Le van a pasar por adelante a la fortaleza.

En la fortaleza está preso Barrabás. ¿Saben por qué fue que metieron preso a Barrabás? A Barrabás lo metieron preso porque hizo una revuelta. Y en esa revuelta hubo una víctima y apresaron a Barrabás. Barrabás, aquel que dijeron de que sueltan a Jesús o a Barrabás. Por eso era que Barrabás estaba preso.

En Jerusalén estaban los fariseos que odiaban a Jesús. Era la Pascua. En la Pascua, la ciudad de Jerusalén pasaba de tener quizás 50,000 habitantes a tener cientos de miles de habitantes y era la fiesta judía más importante. Los romanos no eran filosóficos como los griegos. Con los rebeldes esa gente no razonaba. Muy prácticos. Sobreabundo en datos. Ahí estaba Herodes, ahí estaban los saduceos que eran colaboracionistas.

Tiempo atrás Barrabás se había rebelado, estaba preso con unos compañeros por una revuelta. Pilato mató un grupo en el mismo templo. Los galileos eran tenidos como rebeldes. Ellos venían de Galilea. ¿Recuerdan a Pablo que le preguntó allá un dignatario? Le dijo, tú eras aquel egipcio que se levantó e hizo una revuelta. Eran 400 sicarios judíos que se levantaron tiempo después y también fueron apresados.

Y ahora viene el Señor entrando y los que iban delante y los que venían detrás daban voces diciendo, «Hosanna, bendito el que viene en el nombre del Señor.» La palabra Señor era rebelarse políticamente contra César. Bendito el reino de nuestro padre David que viene. Y Herodes sabía que no era hijo de David. Hosanna en las alturas. ¿Qué es lo que puedo decirle de esto, hermano? Que el culto cristiano debería ser notado. Nosotros deberíamos estar llamando la atención de la gente y el culto cristiano debería ser un acto de valentía. Cuando el pueblo del Señor está diciendo Hosanna, eso no es Hosanna ahí como calladito, sino que realmente la ciudad lo sienta.

Un cierre anticlimático

El cierre de todo esto es anticlimático. Después que mandamos a buscar el burro, después que nos despojamos de nuestra ropa, después que hacemos sacrificio, después que entramos dando gritos, después que le pasamos por el frente a la fortaleza Antonia, después que los fariseos, después que los saduceos, después que los herodianos, después que todo el mundo nos ve quitándonos nuestra ropa y cortando los ramos, llegamos. Escuchen:

Y entró Jesús en Jerusalén y en el templo; y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los doce.

— Marcos 11:11

Señor, pero acabamos de dar la vida por ti. Un soldado me estaba mirando fijamente. Y cuando tú entras, ¿qué pasó aquí? No hubo discurso, no hubo coronación. Entró, miró todas las cosas y se volvió a dormir. Hermano, así avanza la causa de Cristo. Uno frecuentemente hace cosas para la gloria del Señor que después como que terminan en nada. Ay, hermano, pero el Señor lo miró, el Señor lo recibió y fue necesario.

Yo quisiera alentar a la iglesia a que quite los ojos de los resultados. Esperamos que el Señor dé un discurso. Esperamos que el Señor limpie el templo, pero el Señor no tiene la urgencia que tenemos nosotros. Nosotros nos despojamos de lo que tenemos que despojarnos y hacemos lo que tenemos que hacer porque el Señor lo merece, aunque no haya un resultado evidente. Gran parte de la adoración correcta termina así, en silencio, saludando a la distancia la promesa del Señor. El Señor no tiene la urgencia que tengo yo. Interesante que lo que decía la profecía es que el Señor entraría en el templo. ¿Y entró o no entró? Lo que decía la profecía es que entraría sentado sobre un burro. ¿No entró sentado sobre un burro?

Entró, hermano. La causa de Cristo no avanza como queremos nosotros que avancen los proyectos humanos. Es un proyecto espiritual y el Señor hace lo que hay que hacer cuando tiene que hacerlo y no tiene la urgencia que tenemos nosotros. Él durmió bien esa noche. Interesante que no durmió en Betfagé, durmió en Betania. Escuchen dónde durmió el Señor. Dice, «Y entró Jesús a Jerusalén y en el templo. Y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los 12.» Vamos a dormir para la casa de Lázaro, vamos a comer bueno. Vamos bajando tranquilos.

Y saben qué hizo el día siguiente: volvió al templo y derribó las mesas. Ay, hermano, que el Señor no tiene la urgencia que tenemos nosotros. Queremos que el Señor reine, queremos que el Señor establezca, pero si usted está por despojarse de algo, si usted está por desatar un burriquito porque tú esperas que el Señor va a hacer lo que tú entiendes que haga, el Señor no tiene tu agenda, tiene la suya. Nosotros servimos a Cristo con la expectativa de que lo recibe y no le metemos la presión que tenemos nosotros. El Señor hará lo que tiene que hacer.

Cómo se ve aquí el evangelio

¿Cómo se ve aquí el evangelio? Miren, en la antigüedad, cuando los reyes venían a invadir o a destruir, usaban un caballo. El caballo era imponente. El caballo anunciaba. De hecho, cuando el Señor venga la segunda vez, dice que vendrá asimismo en un caballo. Que el Señor eligiera un burrito, un burriquito, significaba que venía en son de paz. El evangelio es esta buena noticia de que el Rey llegó delante de unos súbditos rebeldes y que en vez de destruirlos, él quiere perdonarles. Hermano, si a ti el burro te parece poco impresionante, toma el burro como una invitación del Señor de que viene en son de paz. El Señor pudo haber entrado en un caballo. El Señor pudo haber entrado con destrucción y el Señor vino en son de paz.

Yo creo que la manera en que el Señor entró en Jerusalén está anunciando la expectativa que el Señor tiene por nosotros. Si alguien no tiene paz con Dios, que nos vea a nosotros gritando Hosanna, ahí viene el Rey de los judíos, y que entienda que si nosotros hoy reconocemos a este Rey, también él podría hacerlo.

Oro al Señor para que el Rey sea entronado en nuestros corazones y para que nosotros nos despojemos de lo que tengamos que despojarnos para que la causa de Cristo siga avanzando en medio de nosotros. Cierra tus ojos ahí conmigo, hermano, y permíteme orar por ti. Recuerda, el 15 de febrero estamos esperando que nuestra iglesia haga sacrificios importantes, que nos despojemos de cosas que son valiosas, y probablemente en marzo tú estés desencantado porque no veas el bullicio, porque no sientas que valió la pena. Que el Señor lo reciba.