De algún modo también la enseñanza de hoy guarda relación con lo que comenzamos a ver el miércoles pasado en el estudio bíblico de Exploremos Génesis, pero hoy veremos de manera expositiva el capítulo cuatro, y es la generación de los hijos de Caín. Pueden tener su Biblia allí marcada en el libro de Génesis, en el capítulo cuatro, y como siempre hacemos, oremos al Señor para que sea Él quien nos conduzca a través de su palabra. Señor, venimos aquí con la expectativa de fe de que estamos por abrir tu Escritura, y que allí está contenido lo que tú entendías que era necesario para nuestra edificación. Te encomiendo cada uno de mis hermanos y amigos aquí congregados.
Que tenemos esta magnífica oportunidad, Señor, de que sea tu pensamiento el que inunde nuestro propio pensamiento, de que sea tu revelación perfecta la que dé luz a nuestro entendimiento. Permite, Padre, que a través de esta historia, de este ejemplo quizás negativo del Antiguo Testamento, nosotros seamos animados, seamos confortados, seamos desafiados, y que algo en nosotros hoy cambie. Permite, Señor, que en cada persona aquí congregada hoy haya actitudes que sean dejadas atrás y actitudes que sean asumidas. Permite, Padre, que no cometamos nosotros el mismo error y que allí donde tropezaron otros, tu pueblo se levante.
Que allí, Señor, donde anteriormente nuestros antepasados no pudieron glorificarte, se levante un pueblo nuevo, Señor, que es tu iglesia y que tenga victoria donde otros cayeron. Acompáñanos tú, Señor, en la exposición de tu palabra, condúcete tú a tu pueblo en este momento. En Cristo Jesús. Amén.
Dice la introducción a este sermón, que he titulado “El camino de Caín”, porque así mismo se refiere a esta porción de la Escritura otro de los libros de ella misma. Se dice que casi todo el mundo sabe que Caín mató a Abel, esto es parte de la cultura popular, así como casi todo el mundo sabe que Adán y Eva comieron el fruto prohibido. Son partes de la Escritura que ya están como en la memoria de todos los hombres, esto no hay que enseñarlo. Todo el mundo sabe que Caín mató a Abel, ya, pero pocos conocen la historia completa: la de un hombre que nunca puso a Dios en el primer lugar de su vida, que no se arrepintió cuando tuvo la oportunidad de hacerlo y que edificó toda una civilización, que son los cainitas, que prosperó, entre comillas, de espaldas a Dios y también cosechó sus consecuencias.
Hoy veremos el camino de Caín, que tristemente es el mismo que transitan la mayoría de los hombres en este tiempo.
Un ejemplo negativo para evitar y lectura del texto bíblico
Es un ejemplo negativo puesto en las Escrituras para que podamos evitarlo. Lo que estamos por leer no es un ejemplo para imitar, es un ejemplo para evitar. Y son de estas historias que a veces los incrédulos dicen: “La Biblia habla de violencia, la Biblia habla de pecado, entonces eso es bueno”. No, eso no es bueno. La Escritura enseña en tres maneras distintas: enseña con ordenanzas directas del Señor, enseña con ejemplos positivos que son ejemplos para que la iglesia imite, y enseña con ejemplos negativos que son ejemplos a evitar. Lo que estamos por leer es un ejemplo negativo, y ¿qué debemos hacer nosotros? Todo lo que esté a nuestro alcance para que no se vuelva a repetir. Acompáñenme en sus Biblias, libro de Génesis, capítulo cuatro.
Leeremos completamente desde el versículo 1 y hasta el versículo 24. Es el camino de Caín y sus descendientes, es la generación de los hijos de Caín. Dice así la palabra del Señor:
Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón. Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra. Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda;
pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? Y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñarás de él. Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.
Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra. Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado.
He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare me matará. Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara. Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén. Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc.
Y a Enoc le nació Irad, e Irad engendró a Mehujael, y Mehujael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lamec. Y Lamec tomó para sí dos mujeres; el nombre de la una fue Ada, y el nombre de la otra Zila. Y Ada dio a luz a Jabal, el cual fue padre de los que habitan en tiendas y crían ganados. Y el nombre de su hermano fue Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan arpa y flauta. Y Zila también dio a luz a Tubal-caín, artífice de toda obra de bronce y de hierro; y la hermana de Tubal-caín fue Naama.
Y dijo Lamec a sus mujeres: Ada y Zila, oíd mi voz; mujeres de Lamec, escuchad mi dicho: Que un varón mataré por mi herida, Y un joven por mi golpe. Si siete veces será vengado Caín, Lamec en verdad setenta veces siete lo será.
— Génesis 4:1-24
Esto que hemos leído es la descendencia de Caín, es Caín y su generación. Y la pregunta que estoy por responder es: ¿cómo llegó a ser la familia de Caín la civilización más perversa de la antigüedad? Antes del diluvio no hubo gente tan grande en su poderío, tan grande en su cultura, tan grande en su música como los hijos de Caín, pero al mismo tiempo no hubo nadie que los superara en perversidad. ¿Cómo se llega a construir una civilización de la maldad? ¿Cómo llegó la humanidad a corromperse a un punto tan amplio? ¿Cómo se recorrió el camino de Caín?
Si esto fuera un asunto por kilómetros, me gustaría separar el sermón así mismo: primer kilómetro, segundo kilómetro, tercer kilómetro, cuarto y quinto, para que ustedes entiendan la manera progresiva en que el hombre se va separando de Dios y termina haciéndose aborrecible.
Primer kilómetro: una baja visión de Dios evidenciada en la adoración
¿Cómo comenzó toda esta historia? ¿Cuál fue el camino de Caín? Primer kilómetro del camino de Caín, es la primera parte: comenzó con Caín, el padre de todos ellos, teniendo un bajo concepto de Dios. ¿Cuál fue la raíz de esta civilización tan perversa? ¿Cómo comenzó todo esto? Sencillo: comenzó con un hombre que no colocó a Dios en el lugar que debía haberlo colocado. Esto se describe de los versículos 1 al 5. Dice que pasaba el tiempo, versículo 3, “Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas, y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante”.
Esto que vemos aquí son las primeras expresiones de adoración en toda la Escritura. Es la primera vez que vemos a los hombres ofreciendo ofrendas, pero al mismo tiempo vemos que desde el principio no todas las ofrendas han sido iguales y no todos los hombres han tenido la misma idea de Dios. Vemos que son actos voluntarios, al parecer la adoración es algo inherente al ser humano. No vemos a Dios exigiendo ofrendas, sino que vemos al hombre llevando ofrendas a Dios. Parece que la adoración está en nuestro corazón y el hombre fue creado para adorar. Al mismo tiempo, vemos que cada uno de ellos adoró al Señor de acuerdo a los medios que tenía a su alcance, uno lo hizo con los frutos de la tierra y otro lo hizo con animales porque era pastor de ovejas.
Vemos también la adoración como actos racionales e intencionales, siendo que algunos disciernen lo que están ofrendando y tratan de ofrendar mejor, y hay otros que no lo hacen, pero el Señor sí sabe la intención con que se está haciendo. Y vemos también que son actos vistos, recibidos y aprobados por Dios. ¿Cuál fue la diferencia entre la ofrenda de Abel y la ofrenda de Caín? Porque una fue recibida por el Señor y a Caín no se le dijo nada. ¿Ustedes podrían identificar, hermanos, cuáles fueron los dos elementos? ¿Cuál fue la diferencia entre la una y la otra? La ofrenda de Abel fue una ofrenda de los primogénitos y ofrendó de lo más gordo de entre sus animales.
Perdónenme, ¿cuál fue la de Abel? Ofrendó de los primogénitos y ofrendó de lo más gordo. Esto anunciaba dedicación y desprendimiento. ¿Y qué entregó Caín? Una ofrenda. Una ofrenda, sin más. ¿Ahora qué es lo que anuncia esto en el fondo? Que Abel tenía un alto concepto de Dios y Caín entendía que ahí estaba Dios y que se le llevaba una ofrenda. Casi todo el mundo sabe que Caín mató a Abel, pero no entienden que el origen de todo esto era un problema en la adoración. Yo he visto que el regalo se calibra de acuerdo al lugar que tiene en nosotros la persona a agradar.
Hay regalos y hay regalos, y la dedicación, el valor que tiene un regalo depende del valor que tiene para ti la persona a la cual tú le estás regalando. Hay regalos que se compran de camino, y hay regalos que se buscan con antelación. Hay regalos que uno pasa, va de camino y se para quizás en la farmacia, busca algún detallito, y hay regalos que las personas invierten meses en elaborarlos. Y la dedicación y el valor que tenga tu regalo dependerá del lugar que ocupa en ti la persona a agradar. Tomando en cuenta, hermanos, la ofrenda de Caín, uno se da cuenta que el concepto que tenía Caín de Dios era muy bajo. Él entregó una ofrenda, pero no fue una ofrenda dedicada.
Sin embargo, vemos que el Señor sí sabía la intención que había en cada uno de ellos. Hay dos expresiones con la que el Señor aprobó a Abel que me gustaría destacar. No quiero decir “la de Caín en contraposición con la de Abel”, pero miren lo que dice: “Pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya”, y miren lo que dice antes: “Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda”. Algo que me llama la atención de la ofrenda de Abel es que el Señor primero miró a Abel y después miró lo que Abel tenía en sus manos. No dice solamente: “El Señor miró con agrado la ofrenda de Abel”, no. En la ofrenda de Caín, el Señor no miró con agrado la ofrenda; en la de Abel, el Señor primero miró el carácter del hombre y después entonces aprobó al hombre y aprobó también su ofrenda.
En que fue distinta la ofrenda de Abel: que Abel era un hombre que tenía un corazón para Dios y al mismo tiempo era una persona que adoraba a Dios en consecuencia. ¿Cuál es el camino de Caín? ¿Cómo comenzaron los cainitas? Comenzaron con su padre, su antepasado, teniendo una muy baja idea de quién era Dios. Lo que he visto, hermanos, es que todos los pecados evidencian un problema en la adoración. Si tú estás lidiando con un pecado, con algún área de tu vida, hazte la siguiente pregunta: en esa área de mi vida, ¿qué lugar ocupa Dios? Dondequiera que se encuentra el ser humano ofendiendo a Dios en diferente manera, todo tiene aquí su comienzo. ¿Qué significa Dios para ti? ¿En qué lugar está Dios?
Cuando Dios está en un lugar muy alto, entonces tu devoción así mismo lo anuncia y tu ofrenda en consecuencia. Hay varias señales de alerta que me gustaría traer a la congregación para que no sigan el camino de Caín. Primer kilómetro, el camino de Caín comenzó teniendo un bajo concepto de Dios, evidenciado en su adoración. ¿Cuáles son señales de alerta? Han visto una adoración que es como nominal. Son personas que vienen y adoran, que dicen: “Yo voy y adoro”, pero no hay, hermanos, como una emoción, no hay un anhelo, no hay un fervor, no hay una adoración que se dé. Por ejemplo, usted se levanta en su casa, viene a la iglesia, adora al Señor y vuelve. Eso se llama una ofrenda de la tierra.
Claro, yo quiero ir a preguntarle a mi iglesia local, hermano, usted, ¿está dando al Señor una ofrenda de los primogénitos, de lo más gordo? ¿Es una ofrenda seleccionada, es una ofrenda dedicada? Y no estoy hablando en este momento del valor económico, no estoy hablando de cuando tú das dinero al Señor, estoy hablando de la devoción que sale de ti para el Señor. Lo que sale desde adentro es proporcional a la imagen que tú tienes de Dios. Hermanos, si el Señor fuera a medir en este momento la imagen que tú tienes de Él en base al fervor de tu adoración, ¿qué entendería Dios que le estás dando?
¿Cómo se manifiesta? A veces es una falta de interés por las cosas del Señor, en dar la prioridad a las cosas materiales, en dejar las cosas de Dios para última hora y “si se puede”. Hermano, te estoy alentando en esto, porque el primer kilómetro del camino de Caín comenzó ahí. Comenzó con un problema en la adoración. Caín tenía una baja imagen de quién era Dios, y como tenía una baja imagen de quién era Dios, así mismo entonces él estaba adorando.
Aplicaciones prácticas sobre la adoración y la dedicación
Hermanos que están aquí presentes, nuestra adoración anuncia el lugar que Dios ocupa en nuestras vidas. Y como esta iglesia adora al Señor, está demostrando el lugar que Dios tiene en esta iglesia. Y les diré que primero será aprobado el hombre, después será aprobada su ofrenda. No sé en qué kilómetro tú estás, pero si te sales del kilómetro 1, entonces tú te devuelves más fácil. Vamos a llegar al kilómetro 5, hermanos, del camino de Caín, pero el kilómetro 1 comienza ahí, con un problema en la adoración.
Quizá tú mismo deberías evaluarte y decir: ¿cómo está mi adoración al Señor?, ¿cómo está mi fervor cuando yo canto?, ¿cómo canto?, ¿cuando participo en un culto cristiano, cómo participo en el culto cristiano? ¿Es un deleite para mí venir a la casa del Señor a adorarle, o yo voy y adoro como Caín? Yo me imagino que Caín, hermanos, salió de sus tierras y agarró una cosa y se la llevó a Dios. Así me imagino, porque yo no sé qué fue lo que le llevó, hermano, pero yo me imagino que quizá agarró un fruto de algo: “Ah, mira, que vamos, hay que adorar al Señor. ¿Qué agarro? Agarro esto y se lo llevo”.
En cambio Abel, hermanos, Abel tenía quizás semanas o meses elaborando su ofrenda. Es una ofrenda engordada, es la ofrenda primera. Me imagino que Abel, la oveja parió y dijo: “No, la primera, la primera es de Dios, porque el Señor es el Padre de todos nosotros, y Él fue quien hizo toda la creación. Es la primera, es la primicia”. Ahí hay una dedicación, hay una selección. Yo pudiera poner, hermanos, un ejemplo, un ejemplo así de la simpleza local, lo hago con confianza. ¿Usted cree que es lo mismo usted parar por el supermercado a comprarle a un hermano una guanábana que usted vea, que el hermano Virgilio ha estado cultivando una guanábana en su patio y le trajo esa guanábana?
¿Usted cree que es lo mismo? Bueno, hay zapotes y hay zapotes, hay mangos y hay mangos. Una cosa es que a ti te digan: “Mira, yo tengo en mi casa unos plátanos sembrados y de esos plátanos que yo estoy echándole agua, que estoy cultivando, de esos plátanos, una mano es tuya”, y otra cosa es que usted pase por la carretera y compre unos plátanos. Hermano, la adoración al Señor es lo mismo. La adoración al Señor no solamente debe manifestar un valor material, debe manifestar también una proporción de la imagen que Dios tiene en nuestro corazón. Es lo mejor de nuestra ofrenda, es lo mejor de nuestra adoración, es conseguir para el Señor lo mejor.
En la forma en que nos congregamos. Y usted dirá: “Pastor, eso es ser religioso”, pero los cristianos tenemos que quedar ejemplo, y yo mismo veo a veces que corro cien metros en el camino de Caín. Hay momentos de mi vida donde yo he dispuesto mi ropa antes de congregarme, y otros momentos en que llega el día y es: “Ah, vamos a ver al Señor, ¿qué me pongo?”. Hay momentos, hermanos, donde yo he limpiado mis zapatos antes del domingo, y hay momentos donde llega el domingo y a las once aparecen los zapatos. Hay momentos en que tú has hecho tu tarea de la escuela bíblica, y hay momentos en que tú llegas a la iglesia como en blanco. Hay momentos donde uno se preparó para adorar al Señor, y hay otros momentos donde uno adoró al Señor con lo que salió.
Y la expresión fue así: “Eso… vamos a ver, Señor”. Hay gente que dice: “No, Dios sabe lo que hay en el corazón”. Ese es el espíritu de Caín: “Lo que hay en el corazón”. Bueno, ¿cuál es el espíritu de Caín? Hacer las cosas de manera nominal, hacer las cosas “si se puede”. Quizás agarrar un fruto en el camino y llevarlo delante del Señor. ¿Y cuál es el espíritu de Abel? La dedicación, la preparación, el deleite, el agradar al Dios que te creó.
No te digo, hermano, que ya si estás en el primer kilómetro estás perdido. Todavía tú puedes volver. Tú puedes decir: “Mira, parece que estoy recorriendo el camino de Caín”. Primer kilómetro del camino de Caín: vas a hacer las cosas de manera nominal, vas a hacer las cosas en el último momento, vas a hacer las cosas de manera acartonada, en tu devoción no se manifestará su fervor. Hermano, hay forma de cantar canciones y hay forma de cantar canciones. Tú mismo lo has notado. Hay veces que el pueblo del Señor adora al Señor, y tú ves que el pueblo está adorando, y hay veces que el pueblo canta.
Hay canciones y hay canciones. Mira, la canción está ahí, entonces hay veces que se canta: “Mira cuál amor nos ha dado el Padre…”, y hay veces, hermano, que tú dices: “¡Mira cuál amor nos ha dado el Padre!”. Hay veces que tú dices: “Has aumentado, oh Dios, tus maravillas”, y hay veces que tú dices: “Has aumentado, Dios, tus maravillas, yo doy testimonio de eso”. Hay momentos que tú dices: “Celebrad a Cristo, celebrad”, y hay momentos en que tú dices: “Celebrad a Cristo, celebradlo”. No es lo mismo.
Como te dije, no son los mismos zapotes, no son la misma guanábana, no son los mismos mangos, no son las mismas canciones. No son las mismas ofrendas, no es lo mismo, hermano. Y no te estoy acusando, yo mismo lo he hecho y lo hago. No es lo mismo: “Vamos a ofrendar al Señor, están pasando el cambumbito de las ofrendas, a ver si tengo algo”, y lo que sacas son quizás baurus, el de la tarjeta, cosas, y dices: “¿Habré traído yo ofrenda? Oye, hay que ofrendar al Señor, ¿habré traído yo algo?”. Y tú sacas de ahí un asunto así.
A mí me enseñó Parra, a mí me enseñó Parra que cuando uno ofrenda al Señor uno no embolilla el dinero, el dinero para ofrendar al Señor, eso de embolarlo, no. Hermano, uno dice: “Sí, yo…”, y no es la cantidad, hermano, es la dedicación. No es lo mismo tú haber seleccionado en tu casa lo que tú vas a ofrendar al Señor, sean 25 pesos, sean 10, pero tú seleccionarlos y doblarlo, y decir: “Mira, esta es mi ofrenda y la voy a poner aquí para que cuando estemos ofrendando esto fue lo que yo dediqué al Señor”. ¿Es mucho, es poco? No se trata de eso, se trata de mi intención: “Esto es lo que yo le he dedicado al Señor”. “Ah, llegaron las ofrendas”.
Hermano, hay una emoción que yo siento en mi casa, yo le digo a Harol cuando preparamos los diezmos, lo ponemos en un sobre, lo marcamos: “Aquí está el diezmo, está en mi Biblia”. Y tal, hermano, pero ya hay otro loco porque canten la canción, porque yo quiero ofrendar al Señor. No es lo mismo que: “Vamos a ofrendar al Señor, deja ver si hay algo”.
¿Usted puede entender? Hay ofrendas y hay ofrendas. Una cosa es seleccionar, una cosa es dedicar y otra cosa es lo que aparezca, lo que encuentre en el camino, una ofrenda de la tierra, y dársela. ¿Que el Señor la recibe? No, hermano, el Señor vio con agrado la ofrenda de Abel y no vio del mismo modo la ofrenda de Caín.
Primer kilómetro en el camino de Caín: comenzó con una baja imagen de Dios que se manifestó en su adoración. Pero no se quedó ahí. El camino de Caín se siguió desarrollando. ¿Cómo avanzó? Segundo kilómetro, hermanos, del camino de Caín. Si tú estás en el primero, devuélvete. Dale para atrás, hermano, vuelve a hacer las primeras obras, vuelve a hacer las cosas para el Señor con dedicación.
Segundo kilómetro: rechazar la reprensión de Dios
Por ahí hay un kilómetro todavía más peligroso. Avanzamos al kilómetro dos del camino de Caín: avanzó rechazando la reprensión de Dios. Dice el 6 y el 7:
Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? Y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñarás de él.
— Génesis 4:6-7
¿Y qué hizo Caín, hermano? Dios salió a buscar a Caín. Me sorprende este asunto, y es que históricamente se ve desde Génesis hasta Apocalipsis que Dios siempre ha tomado la iniciativa. No fue Caín que le dijo: “Señor, reconozco mi pecado, reconozco mi adoración acartonada, reconozco que no te he traído lo mejor de los frutos, reconozco que la tierra es tuya y yo no te he dado lo que te corresponde, reconozco, Señor, que estoy en falta”, sino que el Señor vino a Caín y le reprendió. ¿Y qué hizo Caín?
Tal vez hablando quizá en su corazón: “Yo resuelvo matándolo a él; yo mi problema es con él, no voy a adorar mejor, yo voy a matar al que adora”. Hermano, Dios buscó a Caín. Esto me sobrecoge: Dios buscó a Caín. Caín no fue, no tuvo un corazón para Dios, Caín no reconoció que Dios era el dueño de la tierra, que Dios era el dueño de los animales, que Dios era el dueño de él mismo. Dios buscó a Caín. El Señor reconoció que hay un problema en el corazón de Caín y le salió al encuentro. Dios reprendió a Caín, pero Caín se mantuvo indiferente.
¿Cuál fue la reprensión del Señor? Lo primero, le mostró la raíz del problema: “Caín, tu problema no es Abel, es que no fuiste aprobado por mí”. Hermano, esto es una gran alerta para cualquier cristiano. Cuando uno ofende a Dios, uno seguido quiere buscar un culpable humano para atribuirle a él el problema. No, tu problema no es conmigo, tu problema no es con el hermano, tu problema es con Dios. Hay algo que el ser humano siente cuando es reprobado por Dios, y se llama vergüenza. Y esa vergüenza, si no hay un corazón sincero, entonces lo que se convierte es en soberbia. Yo no reconozco mi falta, sino que ahora yo quiero también demostrar mi soberbia.
El Señor le mostró la raíz de su problema: “Tú no fuiste aprobado, Caín”. Hermano, la aprobación de Dios debe ser el motor de nuestra existencia. Si usted está buscando la razón por la cual vivir, es para que Dios lo aplauda. Dice la Escritura: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse”. Si hay un motor para la existencia humana, es conseguir una sonrisa del Creador. Algo que a mí me mueve profundamente es poder recibir un día esa voz del Señor que me diga: “Ven, buen siervo y fiel. Sobre poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor”. Y si hay algo a lo cual un cristiano debe tenerle temor es que le digan: “Apartaos de mí, hacedores de maldad, nunca os conocí”.
Hermano, Dios reprendió a Caín, y en la reprensión del Señor se ve su misericordia. El Señor le mostró la raíz del problema, lo animó a hacerlo de manera diferente. Le dice: “Si tú lo haces bien, yo lo voy a recibir. Hazlo”. Pues el Señor quiere que Caín le ofrende bien. Era Caín quien tenía que salir a buscar a Dios, pero Dios salió a buscar a Caín: “Caín, hazlo diferente, hazlo mejor y tú vas a ver cómo también vas a ser aprobado y también vas a ser celebrado”. Lo animó. Le advirtió sobre el poder del pecado, sobre el proceso de la tentación. Le dijo: “Mira, el pecado está al acecho, es como una fiera, es como un león que está detrás de la puerta”.
La versión Reina-Valera 60, la traducción quizá no es la mejor para ese versículo porque a veces genera como cierta confusión cuando dice: “Con todo esto, tú te enseñarás de él”. No está hablando aquí de Abel, está hablando del pecado, está hablando de la tentación. La Reina-Valera del 95 lo traduce mejor, le dice: “El pecado está al acecho. De todos modos, tú puedes vencerlo”. La TLA también, la NVI también lo traduce así mismo. Lo dice: “El pecado te está persiguiendo, el pecado es como un león, pero tú tienes los recursos para vencer”.
¿Qué es lo que el Señor le está diciendo? “Caín, Caín, no te entregues. Yo sé que estás siendo tentado, yo sé que tienes la tentación de desarrollar tu soberbia, pero arrepiéntete. El pecado está al acecho”. Pero también le alentó y le dijo: “Tú puedes dominarlo”.
¿Qué aprendemos de todo esto, hermanos? El pecado está obrando en Caín y dice la Escritura que es como una fiera, es como un león que está ahí esperando a la puerta. El pecado espera al acecho. Pero también podemos saber nosotros y tener la misma esperanza que se le dio a Caín: “Caín, con todo esto, tú puedes dominarlo”. A veces vemos el pecado como un asunto irresistible, como un asunto que es dominador. El Señor está diciendo: “Caín, Caín, con todo esto, el pecado está al acecho, pero tú puedes dominarlo, tú puedes enseñorearte de eso, de tus instintos naturales”.
También dice la Escritura en 1 Corintios 10:13 que ninguno de nosotros es tentado más allá de sus fuerzas. ¿Qué es lo que el Señor nos está enseñando en esto? Que Caín fue un asesino, no fue por falta de información, fue por no hacer la voluntad del Señor. El Señor le dijo: “Caín, arrepiéntete, Caín, vuelve atrás, Caín, el pecado te está al acecho, Caín, tú puedes vencerlo”. ¿Y qué hizo Caín? Guardó silencio y mató a Abel.
Me emociona, hermanos, que la reprensión del Señor siempre viene acompañada de esperanza. “Caín, tu vida no tiene que ser lo que ha sido hasta ahora, tú puedes hacer las cosas de manera diferente”. Hay diferentes maneras, hermanos, en que el Señor nos reprende en la actualidad, y todas esas maneras debemos recibirlas como medios de la gracia del Señor. Hay veces que el Espíritu Santo habla a nuestra conciencia. ¿Tú has sentido eso alguna vez, hermano? Es como la reprensión del Señor, que tú la sientes, como que: “Ay, como que eso no está bien”. Gloria al Señor por aquel que tiene una conciencia sensible.
Cuando el Espíritu Santo habla a su mente, puede sentir como ese jalón del Señor. Hay veces, hermanos, que tú has dado un paso incorrecto, pero tú seguido como que sientes una tristeza profunda en tu corazón y dices: “Lo hice mal”. No celebro tu pecado, hermano, pero el hecho de que tú tengas esa sensibilidad, gloria al Señor por eso, porque eso es un recurso maravilloso de la gracia del Señor: tener una conciencia sensible, tener una conciencia que siente entristecerse.
Caín nunca se entristeció porque deshonró al Señor, se entristeció porque él no fue reconocido, pero su tristeza no era la tristeza de arrepentimiento. Es la tristeza del soberbio: “Yo quiero que me den lo que le están dando a él”. Gloria al Señor por aquel hermano que todavía siente tristeza en su corazón. Parece que no ha llegado todavía al kilómetro dos; quizá está en el kilómetro uno y puede devolverse con más facilidad.
Medios en que el Señor nos reprende en este tiempo: por el ejemplo de otro hermano, positivo o negativo. Hay veces que tú ves un caso en la vida de alguien y tú dices: “Guau, Dios me está hablando a mí a través de la vida de ese hombre, a través de esa experiencia de vida del otro, el Señor me está hablando a mí de manera positiva para que lo imite, de manera negativa para que lo evite”. Hay veces que tú ves un semejante tuyo que ya tomó el camino que tú estás por tomar, y tú dices: “No, ese no es el camino que lleva a la voluntad del Señor, ese es el camino que lleva a la destrucción. Ese no es mi camino”.
A veces, por su palabra. ¿Tú has llorado alguna vez y has mojado alguna de las páginas de una Biblia? Hay veces que tú lees la palabra del Señor y tú dices: “Ay, pero ese soy yo. Ten misericordia de mí, Señor”. Gloria al Señor por el hermano que ha podido mojar las páginas de su Biblia porque ha sido reprendido por el Señor. Quizás según un salmo, quizás en la experiencia de algún personaje de las Escrituras que tú dices: “Pero ese soy yo”. Hermano, que la Escritura hable a tu corazón a un punto tal que te conmueva, gloria al Señor por eso.
Pero son muchas las veces que el Señor nos habla por la reprensión de un hermano tuyo, que a veces el hermano más humilde viene de parte del Señor, de la misma manera que el profeta fue donde David. Gloria al Señor por aquel hermano que fue reprendido por un hermano suyo, porque quizá ese salvó tu vida. No te digo, hermano, que eso es cómodo. Miren, de los privilegios que uno tiene de ser miembro de iglesia es que hay alguien que te pueda reprender. Le doy las gracias al Señor por cada hermano que en algún momento se ha acercado a mi vida para decirme: “Mira, no estás caminando de manera correcta”, porque quizá es el recurso que el Señor ha enviado a mi vida para evitar que camine un kilómetro más en el camino de Caín.
Primer kilómetro del camino de Caín, hermano: una idea de Dios disminuida, una idea de Dios por el suelo, manifestada en sus ofrendas. Segundo kilómetro: rechazó la reprensión del Señor.
Tercer kilómetro: resentimiento contra Dios y asesinato del inocente
Me sorprende, hermano, que solamente Dios habló, y Caín no dijo nada. “Caín, ¿qué tú vas a decir al respecto?”. Nada. En mi soberbia estoy aquí. “Caín, pero di algo, mira, el Señor te está reprendiendo, el Señor te está alentando, el Señor…”. “Nada. Matar a mi hermano es lo que voy a hacer”. Primer kilómetro comenzó teniendo un bajo concepto de Dios; segundo kilómetro avanzó rechazando la reprensión. Tercer kilómetro: Caín le dio rienda suelta a sus resentimientos contra Dios matando a un inocente.
Dice asimismo el versículo 8:
Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.
— Génesis 4:8
Hermanos, yo les pregunto, ¿qué le hizo Abel a Caín? ¿Y por qué le mata? Abel nunca le faltó. Dios le advirtió a Caín sobre el poder del pecado y él no le hizo caso. Fue un acto premeditado, hermano; lo que más me sorprende de esto es que yo entendería que en un pleito, donde ha ido el hermano peleando, yo entendería un caso; no que lo justifico, pero yo entendería que en el fragor quizás de una discusión, que tome y mate a su hermano. Pero tú sabes lo que es usted disponer de la vida de su hermano con premeditación y alevosía, determinarlo de antes.
Parece que Caín, en el momento que su ofrenda fue rechazada, ya dispuso asesinar. El Señor vino, le reprendió, y él se quedó callado y mantuvo la disposición en su corazón. Invitó a su hermano al campo y le mató. No fue que estuvimos peleando, no parece que fue al acecho, a tu hermano más pequeño. Hermanos, según el sentido común, el más grande cuida al más pequeño. El Señor le pregunta: “¿Dónde está tu hermano?”. Y él dice: “¿Soy yo el guarda de él?”. Sí, deberías de serlo. Claro que deberías de serlo.
La realidad en esto, hermanos, nos enseña en el libro de Gálatas y en otras partes de las Escrituras. Se dice que Caín odiaba a Abel porque Abel amaba a Dios. Y esto es algo que es una doctrina que se desarrolla desde Génesis, hermanos, hasta Apocalipsis, y es que en el mundo hay dos simientes. Hay una simiente que es del maligno y una simiente que es de Dios. Hay hombres que tienen ahí esa semilla del pecado y la cultivan, y hay hombres que tienen la semilla de arrepentimiento y así mismo se manifiesta en sus frutos. Dice asimismo la Escritura que Caín mató a Abel porque Caín era del maligno.
Debemos decir esto, hermanos: no hay un punto neutro. A Eva se le profetizó que va a haber una lucha histórica entre dos simientes: entre la simiente que le cree la mentira de Satanás y se deja dominar por él, y la simiente que se levanta y glorifica al Señor creyendo las promesas de Dios. ¿Cuál era la razón del odio de Caín hacia Abel? Que Caín era un impío y Abel un devoto. Nos debe llamar la atención lo siguiente: ¿por qué aquellos que son indiferentes hacia las cosas del Señor, a ellos les molesta tanto la devoción de nosotros?
Hay gente que Dios ni le va ni le viene, pero les molesta en gran medida que los hombres adoren. Entonces, si tú no tienes ningún concepto de Dios, ¿por qué te molesta tanto que yo adore a Dios con mi vida? Hermano, no hay forma de ser neutro. O tú estás contra Dios o estás a favor de Él. Dijo asimismo Jesucristo: Él dijo: “El que conmigo no recoge, desparrama”. No hay un punto medio. Hay gente que dice: “Yo a Dios ni lo defiendo ni lo acuso”. No, o estás a favor de Él o estás en contra de Él.
¿Por qué razón mató Caín a Abel? Porque Abel era un devoto a Dios y él había sido dominado por el maligno. Esas dos naturalezas, esas dos posiciones. O tú estás siendo dominado por el Espíritu Santo de Dios y darás buen fruto, obras de arrepentimiento; o estás siendo dominado por el pecado. Dice asimismo el apóstol Pablo: “Dentro de mí hay una lucha, hay una parte que quiere hacer la voluntad del Señor y hay otra parte que se opone a que haga la voluntad del Señor”. Son dos simientes, y simiente significa semilla o germen, algo que va a crecer eventualmente. Es una simiente maligna y una simiente que hace la voluntad del Señor.
Tercer kilómetro de Caín: dio rienda suelta a su resentimiento contra Dios y mató a un inocente. Hermano, pero esto no se queda aquí. ¿Cómo comenzó? Una baja imagen de Dios. ¿Cómo avanzó? Rechazando la reprensión. ¿Cómo se desarrolló? Dando rienda suelta a sus resentimientos contra Dios.
Cuarto kilómetro: oportunidad de arrepentimiento desperdiciada
Kilómetro cuatro: cuando tuvo la oportunidad de arrepentirse, siguió preocupado por las cosas materiales. Miren esto que es paradójico, versículos del 9 al 15. El Señor llamó a Caín nuevamente. Hermanos, dos veces salió Dios a buscar a Caín. “Y Jehová dijo a Caín…”. Aparece Dios de nuevo hablando con Caín. Hermanos, ¿y por qué el Señor no castigó a Caín hasta ahí inmediatamente?, ¿por qué no lo destruyó?, ¿por qué no le quitó su propia vida? Miren lo que le dice:
Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra. Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado.
He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare me matará.
— Génesis 4:9-14
Hermanos, esto está lleno de mentira. Tengo que explicar esta porción. Recuerden: Dios salió a buscar a Caín nuevamente. Dios tenía la autoridad para destruir a ese malvado en el momento, pero salió a buscarlo. Y Dios, hermano, es tan bueno que hasta le pregunta. Entonces, ya para acá. El Señor le pregunta a Caín porque la intención de Dios es que confiese su pecado, porque la confesión le conduce al arrepentimiento. Le dice: “¿Qué has hecho?”. Y, en vez de confesar su pecado, Caín respondió con soberbia.
Yo le pregunto, hermanos, ¿usted cree que esa es manera de responderle al Creador? Dijo: “¿Acaso soy yo guarda de mi hermano?”. ¿Esa es la manera de responderle a Dios? Hermano, eso solamente merece que a un muchacho le den por la boca, que se le discipline, que le diga así a su papá. Imagínese usted hablarle a Dios así. Que a un niño le pregunten por su hermanito y diga: “¿Acaso soy yo guarda de mi hermanito?”. Eso merece que ese muchacho ruede. Y estamos hablando de un hombre. O sea, tú te vas a poner a decirle a Dios: “¿Acaso soy yo guarda de mi hermano?”.
¿Qué estamos manifestando aquí de nuevo, hermano? Que ya el corazón de Caín está todavía ahora más dominado por el pecado. Ahora le responde a Dios con agresividad, con soberbia, con altanería. ¿Cómo tú te vas a poner a decir: “Yo no soy quien para cuidar la vida de Abel”? En algún momento esa es la manera de interactuar con Dios. Y le sobrevino el castigo. Me llama la atención que el castigo fue directamente a lo que era su ídolo: era la tierra. Caín era un hombre atado a las cosas materiales. No se desprendía del fruto de la tierra para adorar al Señor, y ahora el Señor le dice que la tierra le dará poco fruto y que él no podrá estar establecido en un lugar, sino que tendrá que ser errante.
Y cuatro paradojas que yo veo en Caín. Oigan las paradojas. Lo primero que él dice: “Grande es mi castigo”. Él encuentra que el castigo de Dios es desproporcionado. “Pero, ¿y tu pecado, Caín?”. No, el pecado de él es chiquito; Dios es malo, mira cómo me castiga. “Y tú no le acabas de quitar la vida a un inocente”. Oigan qué paradoja: encontró que el castigo era grande, que era desproporcionado, pero su pecado, no. “Mi pecado no hay problema, yo puedo matar porque soy Caín”. Caín, tú le has quitado la vida a Abel, que es un inocente, y ahora tú encuentras que, porque te mandan a ser errante en la tierra y te salvan la vida, tú encuentras que es un castigo desproporcionado hacia el pecador.
Todo lo que viene de Dios, el pecador entiende que es demasiado grande, pero no entiende que está ofendiendo a Dios. Él no entiende que está viviendo de espaldas a Dios, él no entiende que sus pecados lo han vuelto aborrecible delante de Dios. No es que Dios es injusto. Él le dice: “Grande es mi castigo”, como que le están dando algo… Caín, bien te ha ido.
¿Qué merecía Caín, hermanos? ¿Qué piensan? ¿Qué merecía Caín? La muerte, por lo menos la muerte natural en este momento. Se le ha salvado la vida quizás para que tenga eventualmente la oportunidad de arrepentirse, pero él entiende que Dios es injusto, que es desproporcionado. Por otro lado, oigan la paradoja: “Y sucederá que cualquiera que me hallare me matará”. O sea, a ti te preocupa que te quiten tu vida, pero no hay ningún problema en que tú mates a Abel. Oigan las paradojas de Caín, o sea, él acaba de quitarle la vida por asechanza, por premeditación y alevosía.
Justo después él dice: “Señor, tú me estás mandando por la tierra, pero eso es peligroso, me pueden matar”. ¿Y tú no acabas de matar a alguien? Oigan la desproporción del pecador. Es lo que el pecado hace, dice la Escritura: hasta lo bueno le llaman malo y a lo malo le llaman bueno. Él entiende que su pecado es chiquito y que el castigo de Dios es desproporcionado. Él entiende que a él hay que asegurarle la vida porque ahora cualquiera entonces lo va a matar. Sí, bien te haría que te mataran, justo acabas de quitarle la vida a alguien.
Hermano, pero me llama más la atención en esto que, a pesar de su pecado, a pesar de su mal carácter, a pesar de su falta de arrepentimiento, Dios le protege. Aquí vuelvo, hermano, a enero, el primer sermón que les prediqué: bueno es Dios para con todos. Hermano, hasta con Caín Dios fue bueno. No le dio lo que le correspondía, sino que le preservó la vida. Le dijo: “No, mira, vas a andar errante, pero nadie se atreva a levantar la mano contra Caín, porque le castigaré siete veces”. ¡Para colmo!
Dios no echó a Caín de su presencia, él se fue por sus propios pies. Pero él le dice a Dios: “Tú me estás echando ahora de tu presencia”. No, Caín, tú eres el que estás huyendo de mi presencia. Tú eres el que no has querido relacionarte con el Creador. Pero mira lo que él dice: “He aquí me echas hoy de la tierra” —es verdad— “y de tu presencia me esconderé”. ¿Por qué? Porque tú quieres. ¿Sabes por qué te vas a esconder de mi presencia? Porque eres un pecador que no te arrepientes, y el Señor no tiene comunión con los pecadores. ¿Han visto al malvado que culpa a Dios de su destino? “Dios es muy malo, porque Dios me ha castigado, mira lo que ha dispuesto el Señor”. ¿Y por qué tú no te arrepientes de tus pecados?
Ciertamente el Señor castigó el pecado de Caín, pero obró con misericordia. Y Caín salió por sus propios pies. Dice asimismo el versículo 16 que marcó la suerte de sus descendientes:
Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén.
— Génesis 4:16
Más nunca volvió Caín a tener contacto con Dios.
¿Cuál es el kilómetro cinco del camino de Caín? Primer kilómetro: comenzó teniendo un bajo concepto de Dios, evidenciado en su adoración pobre. Kilómetro dos: rechazó la reprensión del Señor, guardó silencio en vez de pedir misericordia. Kilómetro tres: Caín le dio rienda suelta a su resentimiento y mató a un inocente. Kilómetro cuatro: cuando tuvo la oportunidad de arrepentirse ante Dios, que le buscó, siguió preocupado por las cosas materiales, su seguridad física, su protección. “Oye Caín, para ti te preocupa tanto tu vida natural, que nadie te la quite. ¿Por qué no te preocupa tanto tu asunto espiritual, tú tener paz con Dios y volver a relacionarte con tu Creador?”.
Quinto kilómetro: una civilización sin Dios y su paralelismo con hoy
¿Cuál, hermano, el kilómetro cinco? Caín edificó una civilización sin Dios y cosechó su consecuencia. El mandato fue que el hombre prosperó, entre comillas, prosperó. De los hombres más prósperos que aparecen en la Escritura, de las generaciones más prósperas, son los cainitas. Miren, los cainitas fueron los primeros en edificar ciudades. Fueron gente de tiendas y al mismo tiempo fueron agricultores. Sorpréndanse que el Señor le dijo a Caín: “Caín, tú vas a andar errante”. Pero, ¿qué fue lo primero que hizo Caín? Construyó una ciudad.
Amigo, a usted le han castigado, lo han mandado a que sea errante. Arrepiéntase. No, no, él edificó una ciudad. Es la soberbia, hermano, que había en el corazón de Caín. Desarrollaron la música; fueron los primeros músicos. La herrería; fueron herreros. La poesía; fueron poetas. Hermano, pero en todo ese desarrollo humano, al mismo tiempo se ve el desarrollo de la maldad. Esas cosas iban de la mano. Había una prosperidad material, pero cuando Dios sale de la ecuación, hermano, todo se daña. Eran músicos, pero ¿qué cantaban? Eran poetas, pero ¿para qué utilizaban la poesía? Sabían manejar materiales de herrería, parece que hicieron armas en algún momento, ¿pero para qué utilizaban esto? Para la violencia.
Evidencia de su maldad: lo primero, hermano, un hijo de Caín, un descendiente de él, lo primero que hizo fue tomar dos mujeres, un polígamo. ¿Y el matrimonio no era una institución hecha por Dios? Corrompieron la institución del matrimonio. Los primeros que corrompieron la institución del matrimonio fueron los cainitas. Eran vengativos. Decía Lamec: “Porque si alguien me hiere yo mataré a un hombre”. Escuchen, este multiplicó los pecados de su padre. Oigan cuál era su pensamiento:
Un varón mataré por mi herida, Y un joven por mi golpe. Si siete veces será vengado Caín, Lamec en verdad setenta veces siete lo será.
— Génesis 4:23-24
O sea, si me hieren, cualquiera que me hiera yo mato a un hombre. ¡Eso es subir la tapa! Oigan cuál es el concepto que tienen esta gente. Yo no me imagino vivir en medio de una ciudad así, hermano, una ciudad de gente violenta, una ciudad de gente polígama, una ciudad de gente vengativa. “Si me hieren mato a un hombre, y si me golpean, eso sí: si me golpean, mato a un muchacho, mato a un joven”. Oiga el concepto que tiene esta gente, o sea, una generación de gente violenta, de gente vengativa, de gente soberbia. “Siete veces será vengado Caín; Lamec en verdad setenta veces siete”.
Hermano, lo que se ha visto es que el carácter de un pueblo se refleja en su arte. Y usted me dirá: “Bueno, eran los tiempos de Caín, que los hombres eran perversos y que los hombres eran vengativos”. Yo he hecho un ejercicio de escuchar lo que estamos cantando en República Dominicana, hermano. Analícelo. ¿Desde qué hablan las canciones de este tiempo?, ¿de qué hablan? Analícelas. Usted quiere saber cómo va el carácter de un pueblo, pregunte de qué canta esa gente. ¿De qué cantaban los cainitas? Cantaban de violencia, cantaban de soberbia, le cantaban a sus múltiples mujeres, cantaban de venganza, de falta de misericordia. ¿De qué cantan?
Analice la cultura popular dominicana y usted se dará cuenta que nosotros no estamos muy lejos de los cainitas. De tener muchas mujeres, de una vida licenciosa, de manifestaciones de poder, de venganza, de “si me dan un golpe, yo devuelvo más fuerte”. Hermano, analiza la música de un pueblo y entenderás cuál es su carácter. Nosotros no estamos muy lejos de ser como los cainitas.
Ahora, yo quiero concluir, hermanos, con una advertencia. Los cainitas fueron prósperos, fueron gente ingeniosa, fueron personas que construyeron ciudades, que edificaron las artes plásticas, que desarrollaron la herrería, la música, pero dejaron a Dios de lado. ¿Cuál es la realidad de este tiempo, hermano? Que tú encuentras personas que dicen: “Mira, él es un tremendo doctor, el mejor en su área”. ¿Y qué lugar ocupa Dios en su vida? Ninguno. “Él es un tremendo ingeniero, él hace los edificios más grandes”. Y tú te preguntas: “¿Y Dios qué lugar ocupa en su vida?”. Ninguno.
Caín y su familia se casó, y la familia, ¿no es un regalo del Señor? Y en su familia no encontraban hombres que te digan: “Mira, él es el padre de una familia muy bonita”. ¿Y qué lugar ocupa Dios en esa familia? Ninguno. Hermanos que están aquí presentes, el kilómetro cinco de Caín es de mucha preocupación. Es una persona que prosperó, pero prosperó de espaldas a Dios. Esta generación siguió aumentando y, en el capítulo 6 de Génesis, ya el Señor dice: “Esta gente, la maldad ha subido tanto a mi presencia que tengo que destruir la tierra a causa de ellos”.
Nosotros, en este tiempo, vivimos en medio de una generación parecida a la generación de Caín, de personas que no quieren hacer la voluntad del Señor, de gente que no quiere arrepentirse, de personas que tienen una imagen reducida del Creador.
Esperanza: la línea de Set y el llamado a volver a Dios
¿Cuál es el camino, hermanos? Miren qué sucedió después, al final. El capítulo cuatro termina con un ejemplo positivo, versículos 25 en adelante:
Y conoció de nuevo Adán a su mujer, la cual dio a luz un hijo, y llamó su nombre Set, porque dijo: Dios me ha sustituido otro hijo en lugar de Abel, a quien mató Caín. Y a Set también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová.
— Génesis 4:25-26
¿Cuál es mi llamado, hermanos? Miren, nosotros vivimos en este tiempo en medio de la generación de los hijos de Caín, de gente que está prosperando mucho pero de espaldas a Dios, de personas soberbias, personas vengativas, personas que celebran la inmoralidad. ¿Cuál es la respuesta de Dios para una generación malvada? Que se aparezcan otros hombres, con otra simiente, con otros valores. “Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová”.
Hermanos, de la generación de los cainitas fue destruida completa, y ¿saben quién fue el único sobreviviente? Un descendiente de Set. Ninguno de los suyos sobrevivió. Su generación fue borrada, su historia fue quebrada. Una generación muy próspera. Es más, la Escritura evidencia, hermanos, que después del diluvio hubo cierto retroceso en la humanidad y hubo que comenzar a descubrir las técnicas de herrería, hubo que comenzar de nuevo a desarrollar la música, hubo que comenzar de nuevo a edificar ciudades. Se perdió mucho del conocimiento antiguo porque esta gente cultivó el conocimiento, pero de espaldas a Dios.
¿En qué era vives tú? Nunca antes como ahora ha florecido la ciencia, nunca antes como ahora han florecido los negocios, nunca antes como ahora han florecido las artes plásticas, nunca antes como ahora ha aumentado el bienestar del hombre, pero Dios ha sido sacado de la ecuación. Llamo en este momento a mis hermanos que están en el kilómetro tres a que se devuelvan, los que están en el kilómetro cuatro también, los que están en el kilómetro dos también, y que volvamos, hermanos, a colocar a Dios en el lugar que le corresponde en la sociedad.
Entre las cosas que la iglesia hace en medio de la gente es recordarle a la gente que pueden prosperar con Dios, pero que esa prosperidad sin Dios no será bendecida. Dice la Escritura que “la bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella”. ¿Cuál es mi deseo, hermanos? Que ustedes sean prosperados en las artes, que sean prosperados en la construcción, que sean prosperados en la herrería, que sean prosperados en la agricultura, que sean prosperados en sus oficios, pero que la prosperidad de ustedes no sea como la prosperidad de los hijos de Caín, sino una prosperidad que tenga a Dios en un lugar muy alto.
Oración final y llamado personal
Oro al Señor por mi iglesia local. Te pido, Padre, por este pueblo que está aquí reunido, y mi clamor es, Señor, que tú nos sorprendas como reprendiste a Caín, pero que nosotros seamos distintos a él. Permite que cada persona que está aquí congregada, Señor, que quizá está en el kilómetro uno, en el kilómetro dos del camino de Caín, sepa devolverse a tiempo y hacer las primeras obras. Te pido, Señor, por mis hermanos que están aquí, que quizás ha sido tu palabra hoy la que los ha reprendido, que quizá, Señor, han considerado lo que están dando para tu gloria y han encontrado que ha sido una ofrenda como la de Caín.
Mira nuestra ofrenda de alabanza, Señor, mira nuestra ofrenda de obediencia. Ay, Señor, te pido, así como a Caín tú le llamaste dos veces, llámanos a nosotros, y si hace falta tres, llámanos. Mira cualquier persona que está aquí congregada, Señor, que esté quizá muy preocupada por los negocios de la tierra, pero que no te esté colocando a ti en el primer lugar, que lo haga. Mira aquellos, Señor, que están aquí presentes, que al escuchar la reprensión quizá solamente guardan un silencio soberbio como el silencio soberbio de Caín. Hazlos sensibles, Señor.
Mira aquellos, Padre, que en vez de arrepentirse lo que están haciendo es añadiendo pecado sobre su pecado. Mira, Señor, cómo pasó Caín de la soberbia a la violencia. Te pido, Padre, que mis hermanos prosperen cada uno en las cosas que tú les has dado, pero que la prosperidad esté acompañada con una devoción a ti cada vez más alta. Permite, Señor, que este pueblo levante tu nombre; así mismo, Señor, que levanten la sal; permite, Señor, que este pueblo levante la economía y al mismo tiempo, Señor, que levanten tu nombre. Permite que se levante, Señor, una generación que no sea como los hijos de Caín.
De nuevo, Padre, miramos a cada uno de nosotros, cómo tenemos la tentación de deslizarnos. Mira el pecado que está acechando detrás de la puerta. Permítenos sacar el pie a tiempo. Permítenos rectificar temprano, y permite, Señor, que la prosperidad de mis hermanos no les añada tristeza con ella. Si hay alguna persona que está aquí presente y que todavía no ha entregado su vida a Cristo, quizá el Señor le haya reprendido hoy, y en vez de hacer como Caín pueda hacer como los hijos de Set, que levantaron el nombre del Señor.
Puedes decirle ahí al Señor, en tu corazón, si no tienes la conciencia de que eres un cristiano: “Señor, perdona mis pecados, me arrepiento, comienzo a levantar tu nombre, comienzo a entregarte una mejor ofrenda, una mejor adoración”. Si aquí hay hermanos míos que han sido sorprendidos en el kilómetro tres, cuatro, dos, o quizá en los primeros pasos del camino de Caín, te pido ahí, hermano, que le digas al Señor en oración: “Gracias, Señor, por reprenderme, mañana lo haré distinto”.
Bienaventurado aquel que es reprendido por el Señor y tiene la humildad de reconocer su falta. Este no será destruido, sino que será levantado. Levanta, Señor, todavía un pueblo que sea como los hijos de Set, que levanten también tu nombre. Bendícenos a cada uno de nosotros, Señor, acompáñanos en toda esta semana, llévanos a nuestros diferentes lugares en paz, y permite que en esta semana, en las oportunidades que tengamos, Señor, te demos a ti el primer lugar, para tu gloria. En el nombre de Jesús. Amén.
Despedida
Que el Señor les bendiga, hermanos. Nos vemos el próximo miércoles para nuestro culto de estudio bíblico del libro de Génesis. Que el Señor les bendiga.