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Significado de Bautismo

Hechos 8:26-40

El bautismo no es un simple rito con agua, sino una ordenanza de Cristo que expresa la obra de salvación ya realizada en el corazón: fe en Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios, devoción, arrepentimiento y unirse públicamente al pueblo de Dios.

Predicado25 de mayo de 2014
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Cierre sus ojos un momento y encomendémonos al Señor en este culto especial de bautismos. Señor, tenemos el privilegio de ser expuestos a la predicación de tu palabra. Encomendamos esta congregación aquí reunida en Los Mogotes. Encomendamos, Señor, específicamente a las personas que están aquí y aún no han sido bautizadas, y a aquellos, Señor, que están aquí, que han sido bautizados, también te los encomendamos.

Permite que con la exposición de tus Escrituras, sabiendo que ella es viva, que ella es eficaz, que ella es cortante como una espada de dos filos, tu palabra haga hoy ese efecto en los corazones. Permite que seamos hoy animados, confrontados, desafiados y motivados, Señor, quizás a reconsiderar estas cosas en las cuales ya hemos creído y permanecemos, o si no, Señor, abrir por primera vez nuestros ojos a la realidad del evangelio. Permite que cada persona aquí congregada tenga su momento de compromiso contigo; que aquellos que no han creído, crean, y que los que creyeron, Señor, sean edificados. Permite que la exposición de tu palabra sea edificación para tu pueblo.

En el nombre de Cristo Jesús. Amén.

Acompáñenme en sus Biblias, hermanos, al libro de los Hechos, Hechos capítulo 8. Y hoy que estaremos llevando a una de nuestras hermanas a las aguas del bautismo, es muy apropiado el día para hablar del bautismo como tal y del significado que tienen estas cosas. Estaremos exponiendo la Escritura en el libro de Hechos, en el capítulo 8, desde el versículo 26 y hasta el versículo 40. Es el bautismo del etíope, y uno de los múltiples bautismos que se documentan en el Nuevo Testamento. Lo que haremos, hermanos, es leer la Escritura en el bautismo del etíope, y desde esta porción de la Escritura entonces consideraremos qué nos enseña esta historia.

Lectura de Hechos 8:26–40 y estructura del mensaje

En primer lugar veremos la providencia de Dios para nuestra salvación; en segundo, las actitudes que deben de estar presentes en una persona que está siendo bautizada; en tercer lugar veremos el significado del bautismo y el efecto que el bautismo hace en las personas.

En lo que buscan sus Biblias, Hechos capítulo 8, les animo a que oren por hermanos y hermanas de nuestra iglesia que están teniendo padecimientos de salud. Algunos hermanos están enfermos, que es la razón por la cual hoy no están aquí; otros han estado enfermos en la semana, con diferentes padecimientos. Ahorita me llamó nuestra hermana Jackling, que no pudo estar en el bautismo porque su madre amaneció también muy enferma de esta gripe que parece que en Jaina específicamente ha estado afectando, y estaban un poco preocupados. Oren por ellos, llámenles y llévenles ahí en sus oraciones.

Acompáñenme al libro de los Hechos de los apóstoles, Hechos capítulo 8, en la conversión del eunuco etíope. Vamos a leer la Escritura desde un poco antes. Leamos desde el 26. Dice así la palabra del Señor, libro de los Hechos, en el capítulo 8, versículo 26 en adelante:

Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto. Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace, reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar, volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías. Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro. Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: ¿Pero entiendes lo que lees? Él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él. El pasaje de la Escritura que leía era éste: Como oveja a la muerte fue llevado; y como cordero mudo delante del que lo trasquila, así no abrió su boca. En su humillación no se le hizo justicia; mas su generación, ¿quién la contará? Porque fue quitada de la tierra su vida. Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto, de sí mismo, o de algún otro? Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta Escritura, le anunció el evangelio de Jesús. Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó. Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino.

— Hechos 8:26–39

Dice la introducción de nuestro programa que, antes de ser bautizados, todos nuestros hermanos son intencionalmente instruidos sobre el significado de esta ordenanza, de forma tal que pueden participar en ella con entendimiento. Sin embargo, el momento mismo del bautismo es muy oportuno para volver a recordarlo, tanto para el beneficio de quien estará siendo llevado a las aguas y de quienes han participado de esta ordenanza, pero muy especialmente como oportunidad de predicación a las personas presentes que todavía no han recibido a Cristo.

Providencia de Dios en la salvación del eunuco

Hoy veremos el significado del bautismo y la razón por la que, en más de 2000 años de historia, esta ordenanza se ha venido practicando. Esta es una historia relativamente conocida en el Nuevo Testamento. Es un hombre que ha venido a Jerusalén, quizá porque era un devoto creyente, y cuando regresa a su país, a Etiopía, se encuentra en el camino con la salvación del Señor y es bautizado. Me gustaría anunciar desde esta porción de la Escritura tres cosas principalmente: lo primero, la providencia del Señor en la salvación; lo segundo, las actitudes que debe manifestar quien va a ser bautizado; y lo tercero, el simbolismo y significado que tienen estas cosas.

Lo primero que me llama la atención de esta porción de la Escritura es la manera providencial en que el Señor estaba disponiendo las cosas para que este hombre sea bautizado y sea alcanzado con salvación. Este eunuco al parecer era un alto funcionario del gobierno de Etiopía. Aquí se menciona a Candace; no es un nombre propio, era el título que utilizaban las reinas de los etíopes, así como hay Faraón, así como hay también Darío: era el nombre de honor. A diferencia de otros reinados que ustedes quizás conocen, en Etiopía era un poco distinto, porque había un rey que era un hombre, pero quien gobernaba Etiopía no era necesariamente el rey, sino que era la mamá del rey. Oiga qué asunto más extraño: él no era un funcionario del rey de Etiopía, sino que la mamá del rey era como la matriarca del reino.

Los etíopes entendían que ser rey era un asunto muy digno para que el rey suyo se involucrara en la política, y le dejaban eso a la mamá del rey. Este hombre trabajaba directamente con la reina de ese lugar. Pero dice la Escritura que había venido a Jerusalén para adorar, y esto guarda mucho sentido con una serie de sermones que estuvo predicando nuestra iglesia de personas de diferentes pueblos paganos que iban a la ciudad de Israel y se encontraban con la salvación. Me recuerda a los gabaonitas, me recuerda a Rahab, me recuerda, por ejemplo, a Naamán, que no eran judíos, no eran parte del pueblo del Señor, pero reconocían que el Dios verdadero era el Dios de Israel. Este era un hombre que al parecer era un hombre devoto. No lo dice la Escritura, pero muy probablemente ya era un prosélito del judaísmo, alguien que vivía en otra parte, pero que iba a adorar en Jerusalén porque entendía que en Jerusalén estaba Dios.

Veo en esto la provisión de Dios y su providencia en nuestra salvación, utilizando instrumentos humanos, pero dos lados de una historia: un hombre devoto que está haciendo lo que está a su alcance para encontrarse con Dios, pero un Dios misericordioso que está enviando un emisario para que ese hombre se encuentre con Él. Son como dos historias juntas. Por un lado vemos un hombre que va en un carro, y por otro lado vemos al Señor llamando a un creyente para que vaya a bautizar a ese hombre. Felipe no lo sabía. Mientras tanto, él iba corriendo de Jerusalén hacia el camino que va a Etiopía; al mismo tiempo, el Señor estaba mandando un emisario para interceptarlo en el camino y alcanzarlo para salvación.

En esto quiero enseñar, queridos hermanos míos, que la salvación no es una casualidad, que la salvación es un acto providencial del Señor, y que cualquier persona que se ha encontrado con el Señor para salvación es una persona para la cual el Señor determinó que alguien se encontrara con ella y que le predicara. Que si acaso nuestra hermana Leticia va a ser hoy alcanzada con el bautismo, no es una casualidad que ella sea parte de la familia del Señor, que es el Señor quien dispone la salvación generosamente, y que, mientras tanto, este etíope estaba buscando del Señor por sus propios medios, el Señor ya había enviado a Felipe para que se encontrara con él. Hermanos, así es que el Señor opera para el beneficio de nuestra salvación.

Quizás tú no puedes ver esos dos lados en tu propia salvación, pero yo te aseguro que, en el momento que comenzaste a buscar de Dios, el Señor ya estaba disponiendo instrumentos para que tú te encontraras con Él. No siempre queda clara en la Escritura esta parte A y la parte B de la historia, pero a veces solamente vemos la parte B y a veces solamente vemos la parte A. Y esto ha traído un gran dilema de personas que dicen que la salvación es solamente un asunto de Dios, y otros que dicen que la salvación es solamente un asunto del hombre; que si fuiste salvo, fuiste salvo por tus propios medios y porque tú estabas leyendo al profeta Isaías, y otro dirá que fuiste salvo porque el Señor te mandó a encontrarte con Felipe.

¿Qué te diré con esto, hermano? Que ambas cosas son correctas. En el momento en que un hombre manifiesta piedad y el deseo de encontrarse con Dios, el Señor dispone de los recursos de la gracia para que ese hombre sea encontrado para salvación. Y usted me preguntará: “Pastor, ¿qué llega primero? ¿Que el etíope comienza a leer al profeta Isaías o que el Señor le haya mandado a Felipe a encontrarse con él?”. Yo no sé qué cosa sucede primero, hermano; yo diré que sucede de manera conjunta. Pero en el momento en que un hombre comienza a buscar de Dios, el Señor comienza a enviar los recursos para que ese hombre sea salvo.

En esto vemos también que en la salvación hay una parte que el hombre hace. Este hombre se había movido a Jerusalén, este hombre había manifestado devoción; pero al mismo tiempo vemos que hay una parte que Dios hace. El hombre se mueve hacia Dios y Dios se mueve hacia el hombre. De nuevo pregúnteme: “Pastor, ¿qué sucede primero, primero la devoción y después el Señor manda los recursos?”. Hermano, la Escritura no enseña qué cosa viene primero. Lo que le quiero enseñar yo a ustedes es que ambas cosas son necesarias. Para que haya salvación debe haber la disposición del corazón del hombre, pero al mismo tiempo debe estar la provisión que viene desde el corazón de Dios.

Devoción, Escritura y disposición a ser guiado

¿Qué nos enseña esta historia? Lo primero que nos enseña es que el Señor usa instrumentos humanos y que las historias de salvación regularmente tienen dos partes. Así mismo sucedió con Saulo, lo que fue la porción de la Escritura que elegí para nuestro penúltimo bautismo. Así ha sucedido en diferentes otras partes de la Escritura: hombres que están manifestando el deseo de hacer cosas para Dios, y el Señor que está respondiendo desde el cielo para que los hombres se encuentren con Él.

Pero la parte principal que quiero exponerles, hermanos, son las actitudes que vemos en este etíope, y son precisamente las actitudes que debe haber en cualquier persona que está por ser bautizada. ¿Qué vemos en este hombre? Lo primero que vemos es su devoción. Yo estoy seguro que en Etiopía había diferentes deidades, pero él entendía que tenía que ir a Jerusalén para adorar a Dios. Esto no es extraño en la Escritura. Hay diferentes hombres que son parte de diferentes pueblos y van a Jerusalén a adorar al Señor. Así mismo dice Hechos capítulo 8:

Un etíope, eunuco, funcionario de Candace, reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar.

— Hechos 8:27

Esta historia algunas personas la leen y la leen de manera muy simplista, y solamente entienden que un hombre se encontró con el Señor y fue bautizado. No. Este que se encontró con Dios era una persona que parece que ya había estado insistentemente buscando a Dios. Era una persona que estaba yendo a Jerusalén para adorar, no era un hombre nominal; era una persona que se movía. Pero también vemos en este hombre su dedicación al estudio de las Escrituras. Estaba estudiando al profeta Isaías.

Yo no sé si ustedes conocen gente como este eunuco. Gente como este eunuco son personas que se están moviendo hacia diferentes lugares porque quieren encontrarse con Dios. Son personas que han comenzado a leer las sagradas Escrituras. Todo esto anuncia que este hombre de verdad tenía el deseo de encontrarse con Dios. En primer lugar, su devoción al venir a Jerusalén; después, su dedicación a las Escrituras.

Quiero explicar esta porción, hermanos, porque he escuchado hermanos que predican desde Hechos 8 y te dicen que, para que una persona sea bautizada, solamente hace falta que haya agua. Hermanos, aquí había agua, pero había algo más que agua. Sigan viendo esto. Alguien me dirá: “Pastor, pero cualquier persona puede ser bautizada, porque se dice en Hechos que si aquí hay agua, no hay nada que impida que yo sea bautizado”. Claro que no hay nada allá que impida que sea bautizado, porque tienes tiempo viajando a Jerusalén, porque has estado leyendo las Escrituras, porque has sido evangelizado desde Isaías. Así sí.

Les repito, hermanos: yo he visto personas que dicen: “No, no hace falta que la gente reciba ni siquiera instrucción, porque el etíope no fue instruido”. ¿Cómo que no fue instruido? ¿No te das cuenta que es un hombre devoto? Es una persona que tiene tiempo viajando a Jerusalén, que es una persona que estaba estudiando. Ahí se menciona Isaías, hermano, pero yo no dudo que haya leído también el Pentateuco. Yo no dudo que haya leído también la profecía de Daniel, las de Jeremías. Si tiene el rollo de Isaías en la mano, ¿por qué no podía tener algunos otros rollos también en su carro?

Estoy diciendo que este hombre, hermanos, no era un hombre común y corriente que estaba pasando por allí, se encontró con agua y fue bautizado. Estamos hablando de un hombre devoto que había estado yendo a Jerusalén para adorar y que había estado estudiando dedicadamente las sagradas Escrituras. ¿Qué me llama la atención sobre él? Son cosas que deben estar presentes en una persona que va a ser bautizada. Alguien que quiere ser llevado a las aguas tiene que haber manifestado su devoción a Dios. Alguien que está por ser llevado a las aguas tiene que haber demostrado su interés en las sagradas Escrituras.

Alguien me preguntará: “Pastor, ¿por qué es que duran un poquito los talleres de membresía?”. Miren, yo he visto sabiduría en extender esto cada vez un poco más. Y es que he entendido que quizá en tres meses uno puede ver que una persona realmente tiene la devoción para mantenerse en estas cosas, y no es una persona que solamente está emocionada por un momento. Algo, por ejemplo, que a mí me da así una emoción muy fuerte es ver las Biblias de las personas que yo particularmente últimamente he estado bautizando. Son Biblias rayadas, son personas que uno ve la Escritura y están resaltadas. Uno se da cuenta de que son personas que quieren ser bautizadas, pero que son personas que han estado estudiando las sagradas Escrituras.

¿Cuáles son las actitudes que tienen que estar presentes en una persona que está por ser llevada a las aguas? Debe haber manifestado devoción como este eunuco; debe haber manifestado su dedicación a las Escrituras. Algo que no quiero que pasemos de largo: este hombre también manifestó una disposición a dejarse guiar. Felipe se acercó y Felipe le dijo: “¿Tú entiendes lo que estás leyendo?”. Y este hombre le dijo: “¿Cómo voy a entender, si no hay nadie que me lo explique? Explícamelo tú”.

¿Cuáles son las actitudes necesarias para ir a las aguas del bautismo? La actitud de poderte dejar guiar por alguien más. El Señor providencialmente, entre los medios de la gracia, las cosas que utiliza son hombres comunes y corrientes para permitir que ellos mismos enseñen la Escritura a alguien más. ¿Es posible que una persona sola en su casa lea la Escritura y la entienda? Es posible, pero al parecer el Señor, en su misericordia, para hacernos dependientes los unos de los otros, permite que la luz de la Escritura brille más cuando yo tengo un hermano tuyo al lado.

Carácter comunitario del evangelio y preguntas sinceras

Hermano, ¿usted no cree conmigo que el Señor era poderoso para darle entendimiento al etíope y que él mismo, estudiando el rollo de Isaías, fuera evangelizado? ¿Podía hacerlo el Señor? ¿Y por qué el Señor entonces le manda a Felipe? Porque el cristianismo no es una religión individualista, no es individual; es una religión comunitaria y colectiva. Un hermano enseña a otro hermano, un hermano bautiza a otro hermano, un hermano le da luz a otro hermano.

El Señor pudo haber alcanzado a este etíope de otra manera, pero eligió a otro hermano suyo para que le trajera el evangelio, para que él entienda que los caminos del Señor no son caminos individuales, sino que son caminos colectivos; que el que milita en los caminos de Cristo no milita de manera individual, sino que milita con otro al lado.

¿Qué ha manifestado este eunuco? Ha manifestado su disposición a dejarse guiar. Así mismo, él dijo:

¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él.

— Hechos 8:31

Escuchen esta palabra: él le rogó a Felipe. “Felipe, súbete conmigo y enséñame lo que quiere decir Isaías”. ¿Cuáles son las actitudes que deben estar presentes? Debe haber manifestado devoción, debe haber manifestado una dedicación a las Escrituras, debe haber manifestado una disposición a dejarse guiar.

¿Cuáles son actitudes deseables ver en una persona que está por ser llevada a las aguas? Tiene inquietudes. Es una persona con inquietudes, pero manifiesta sus inquietudes con sinceridad y pertinencia. Miren que él le pregunta: “¿Isaías está hablando aquí de él mismo o está hablando de alguien más?”. No es una pregunta facciosa, no es una pregunta curiosa, no es una pregunta accesoria, sino: “Realmente a mí me interesa saber de quién está hablando Isaías”.

Qué distinto es el caso de personas que vienen a los caminos del Señor y se dejan confundir a veces con asuntos, casos secundarios, y en vez de preguntar para aprender, quieren preguntar para cuestionar; y en vez de preguntar para verdaderamente crecer, lo que quieren es preguntar para desafiar los caminos del Señor. ¿Han visto estas personas que antes de venir a Cristo no hacen preguntas con la intención de madurar, sino que hacen preguntas con la intención de desafiar?

Es quizás como la mujer samaritana: el Señor le está hablando de que adentro de ella puede emerger una vida que puede ser algo que salte para vida eterna, y ella quiere debatir acerca de si debemos adorar en Samaria o en Jerusalén. No. Las preguntas que tenía este etíope eran preguntas sinceras y muy pertinentes. Él dice: “Estoy leyendo Isaías 53, vamos a hablar de Isaías 53 ahora, pero estoy leyendo Isaías 53 y yo no sé si Isaías está hablando de Isaías mismo o está hablando de otro que no es Isaías”.

Y con esto paso al punto siguiente: la manera en que fue evangelizado. Hermanos, hay gente que viene a los caminos del Señor y ya hasta la vida del Señor se manifestó en ellos, pero todavía hace falta que se les explique estas cosas. El evangelismo no es enamorarte acerca de la vida cristiana. El evangelismo no es decirte lo linda que es mi iglesia. Es más: el evangelismo tampoco es, inicialmente, acerca de las virtudes de la moral cristiana, de qué bonita es la vida cristiana. Eso no es hacer evangelismo. Una persona que ha sido evangelizada es una persona que ha sido expuesta de la misma manera que expuso Felipe al etíope.

¿A qué expuso Felipe al etíope? Entonces Felipe, versículo 35, abriendo su boca y comenzando desde esta Escritura, le anunció el evangelio de Jesús. ¿Y por qué desde esta Escritura, hermanos? Isaías 53 es un capítulo de la Escritura que toda persona que se llama cristiano tiene que haber considerado en algún momento. Un cristiano, un cristiano de verdad, una persona que confiesa como confesó este etíope, es una persona que leyó Isaías 53, porque Isaías 53… miren, Isaías 53 fue escrito 700 años antes de Cristo, y 700 años antes de Cristo se describió, de manera vívida, de manera precisa, de manera muy concreta, cómo iba a ser el ministerio de Cristo.

Él está preguntando: “¿De quién está hablando? Estoy valorando Isaías, ¿de él mismo o de otro más?”. Y Felipe le dijo: “Se está hablando de Cristo”. ¿Y qué es lo que dice Isaías 53? Solamente, hermanos, para quitarles la duda, yo les voy a leer un chin, para quitar la duda, para que ustedes sepan qué era lo que se preguntaba el etíope. Miren lo que dice Isaías 53. Setecientos años antes de que naciera Cristo, el Señor habló por medio del profeta Isaías, setecientos años, hermanos; no son 50, no son 10 años. Setecientos años antes de Cristo se escribió la siguiente porción de la Escritura, que dice de la manera siguiente:

¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes; y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.

— Isaías 53:1–9

¿De quién usted cree que se estaba hablando? Pregunto yo, como preguntó el etíope: “¿Pues Isaías está hablando de él mismo o de alguien más?”. ¿Qué ustedes le responden? Está hablando de Cristo.

Evangelizar mostrando a Cristo en las profecías

¿Qué es evangelizar a una persona? Yo les decía que un amigo me llamó porque leyó Génesis y quedó impresionado. Bueno, yo inmediatamente busqué la manera de encontrarme con mi amigo; fuimos, salimos, salí con su esposa y con él, y con Carolina, y fuimos a un lugar a cenar, y le llevamos de regalo una Biblia. Hermanos, ¿qué fue lo primero que yo busqué en mi Biblia, para su Biblia ahora, para enseñarle a él? Yo le había recomendado que leyera el evangelio de Juan, y fui a Isaías 53, y con Isaías 53 le enseñé a mi amigo que Cristo no es un invento, que Cristo no es una casualidad, que Cristo es una realidad histórica profetizada siglos antes.

Y cuando él vio que Isaías, 700 años antes, había hablado de Cristo, abrió sus ojos y dijo: “Wow, pero lo que dice ahí y lo que dicen los evangelios es lo mismo”. Hermanos, la manera en que una persona es evangelizada es mostrando el cumplimiento profético de Cristo en todas las Escrituras. Si tú te llamas cristiano y todavía tú no entiendes que Cristo cumplió la profecía, tu fe no está sustentada en un lugar muy sólido.

Es la forma en que fue evangelizado el etíope. ¿Y cómo fue? Bueno, lo que hizo Felipe fue que, comenzando desde Isaías 53, le mostró la realidad de Cristo en todas las Escrituras. ¿Ustedes me entienden ahora, hermanos, que no es solamente agua? ¿Pueden entenderme ustedes ahora, hermanos, por qué hace falta algo más que agua? Más que agua hace falta devoción, hace falta dedicación a las Escrituras, hace falta una disposición a dejarse guiar, hace falta que manifieste sus inquietudes de manera sincera y pertinente, y hace falta que sea evangelizado desde el punto de vista de que Cristo cumplió las profecías.

Pero, ¿cómo se manifiesta en el etíope? Se manifiesta su humildad. Él dijo: “¿Hay algún impedimento?”. Y no es una pregunta retórica, hermanos. Realmente él quiere saber: “¿Hay algo que me impida a mí unirme a la familia de Dios?”. Y, sobre todo, me impresiona la confesión de su fe, que es la respuesta natural a la manera en que fue evangelizado.

Acompáñenme en sus Biblias, capítulo 8, versículo 36:

Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.

— Hechos 8:36–37

Hermanos, no lean eso rápido, que eso que hay ahí es un credo. Escuchen cuál fue lo que el etíope está respondiendo. Este hombre de Etiopía ha manifestado aquí un credo. Él dice: “Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios”. Jesucristo, hermanos, es una combinación de dos palabras que dice “Jesús, Cristo”, Yeshúa HaMashíaj en hebreo. Lo que él está diciendo aquí es: “Yo creo que Jesús, el hijo de María y José, es el Cristo, es el Mesías profetizado, es el Mesías prometido, y al mismo tiempo yo creo que Él es el Hijo de Dios”.

¿Qué es un cristiano? Es una persona que dice: “Creo”, y dice “creo” porque ha sido persuadido en las Escrituras de que definitivamente Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Pez, hermanos, en griego… por eso nuestra iglesia se llama Pez Mundial. Lo que identifica “pez” en griego es eso mismo: pez en griego es un acróstico que significa “Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador”.

¿Qué es lo que el etíope está manifestando? “Yo creo”, pero no es que “creo que yo soy bueno”, no es que “yo creo que yo puedo ser una mejor persona”. Yo lo que creo es que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y mi Salvador. No fue uno ni son tres años. ¿Cuál es el tiempo saludable para que una persona se bautice? Uno: el que creyere, primero creer, y fuere después bautizado será salvo. Que la convicción debe anteceder a la manifestación del símbolo; que los sacramentos no funcionan porque funcionan, sino que funcionan porque hay una convicción detrás.

Miren con qué sabiduría la Escritura lo enseña: dice “el que creyere” —el asunto racional que está en la mente— y “después fuere bautizado” —la manifestación pública, que son las aguas—, ese será salvo. En el bautismo del etíope, la ceremonia fue precedida por la convicción. También me llama la atención que Felipe constató la sinceridad de su decisión. No fue Felipe el que decidió que se bautizara el etíope; fue el etíope que dice: “Yo estoy listo para ser bautizado, porque ya estoy en condición, desde las Escrituras, de manifestar que Jesús es el Cristo”.

Simbolismo del bautismo: agua, muerte y limpieza

Entonces analicemos, hermanos, el bautismo en su simbolismo. ¿Por qué el agua? ¿Por qué es necesario que haya agua? ¿Por qué la inmersión? El bautismo es un acto ceremonial, hermanos, un sacramento se le llama, una ordenanza dada por Cristo, y es muy sencilla, a un punto tal que, si una persona no entendió el significado que esto tiene, solamente se mojó y no hay nada más.

Antes de dar otros detalles les diré que esto es algo que es universal. En cualquier parte del mundo, cualquier persona puede ser bautizada. El agua, hermanos, está en Etiopía, el agua está en Jerusalén, el agua está en República Dominicana, hay agua en todas partes. Algo muy interesante es que el ceremonial del bautismo no está atado, como estaban atados otros cultos a los pueblos. Cada deidad, en las religiones paganas, había que adorarla y había que comprometerse con ella en su propio lugar, pero el bautismo se manifiesta en diferentes lugares. Hay personas que fueron bautizadas en Jerusalén; hay otras personas que fueron bautizadas en lugares paganos; hay gente que fue bautizada en las afueras, en pueblos lejanos. El bautismo es universal: donde quiera que haya agua.

¿Cuál es el simbolismo del bautismo? Bueno, ya a Leticia yo le expliqué esto en los talleres de membresía, pero hoy se lo recuerdo a ustedes. En primer lugar, el bautismo manifiesta nuestra anterior condición. Dice la Escritura que estábamos muertos en nuestros delitos y pecados. Y usted me dirá: “Yo estaba muerto en mis delitos y pecados, pero yo sentía que todavía estaba vivo”. Eso era un tiempecito nada más, para que usted viera cómo le iba a llegar la destrucción. Dice la Escritura que el pecado va avanzando, y a veces el avance parece un avance lento, pero sabemos que cualquier persona que no esté en Cristo está caminando hacia su destrucción. Hay gente que soporta más que otra, pero el bautismo anuncia que todos nosotros estábamos muertos en nuestros delitos y pecados.

Cuando la persona es sumergida en las aguas, es llevada a un medio donde no podría sobrevivir. ¿Cuál es el mayor tiempo que una persona podría permanecer debajo de las aguas? Si tiene buenos pulmones, si tiene buen ejercicio cardiovascular, quizá dure un minuto, pero la mayoría de las personas, al segundo 40, terminarían muertas. El anuncio del bautismo es nuestra anterior condición: estábamos muertos. También anuncia nuestra urgente necesidad. Así mismo como la premura con que uno quiere volver a respirar cuando es llevado a estar bajo las aguas, eso anuncia, hermanos, la urgencia que hay de respirar la nueva vida, la urgencia que hay de nacer, y la premura que debe haber en todo hombre de nacer nuevamente en Cristo.

¿Qué anuncia el bautismo? Nuestra sincera intención de mantenernos limpios. Las aguas del bautismo, hermanos, son aguas simbólicas, así como en la entrada del tabernáculo había una fuente de bronce donde las personas iban y rociaban agua sobre sus manos, y simbólicamente estaban diciendo: “Señor, queremos ser limpios”. Por medio de las aguas del bautismo, que son aguas limpias, una persona anuncia: “Yo quiero estar limpio en el Señor, y quiero en adelante mantener una vida de pureza delante de Él”.

Al mismo tiempo, dice Pablo que anuncia la obra del Espíritu Santo en nosotros; le llama a eso “lavamiento de la regeneración”. Miren, la obra de salvación es una obra hasta cierto punto misteriosa, y utilizo la palabra misterio en el sentido de que hay cosas que, como que nosotros no podemos verlas, están siendo veladas para nosotros. Yo nunca he visto al Espíritu Santo regenerando a un ser humano, pero el bautismo, de algún modo, anuncia que el Señor, así mismo, nos pasa de muerte a vida y hace que se vea visible algo que, de otro modo, no sería concreto.

También el bautismo anuncia nuestra dependencia. Nadie se bautiza a sí mismo. No hay nadie en 2000 años de historia que haya ido a bautizarse él mismo. ¿Han sabido de alguien que fue y se tiró en el río y se bautizó solo? Nadie dice: “Mira, yo voy a ir a tal lugar a bautizarme yo mismo”. No. Nadie se bautiza; todo el mundo es bautizado. Miren qué interesante: no hay nadie en 2000 años de historia que haya dicho: “Yo me bauticé”. No. “Yo fui bautizado”. Y hay personas que son bautizadas por un hermano y otras bautizadas por otro hermano, pero un cristiano bautiza a otro cristiano.

Qué interesante, en el simbolismo del bautismo, que el bautismo nos vuelva a recordar que el cristianismo no es para vivirlo de manera suelta y particular. Una de las cosas por la cual nadie podría ser cristiano si fuera uno solo es que él no se podría bautizar. Analicen esto, hermanos: si usted fuera uno solo, usted no tuviera una iglesia local, no habría hermanos que le bautizaran. La gran comisión fue dada a la iglesia; el Señor le dio la autoridad a la iglesia de que la iglesia bautizara en el nombre de Cristo a cualquier persona que creyera. Pero para que alguien se bautice hacen falta por lo menos dos. Si alguien me preguntara: “¿Cuál es el mínimo necesario?”. Por lo menos dos. Y si hay tres, dice la Escritura que donde hay dos o tres reunidos en su nombre, ahí está el Señor, pero por lo menos dos. Nadie es cristiano de un culto particular e individual; por lo menos dos hacen falta: uno para ser bautizado y otro para que lo bautice.

Participación en la muerte de Cristo y gozo del bautismo

Pero al mismo tiempo, hermanos, y con esto voy cerrando el simbolismo, el bautismo anuncia nuestra voluntaria participación en la muerte de Cristo. Nosotros no podemos crucificarnos; ya el Señor murió por todos nosotros. Pero el Señor ha dicho que cualquier persona que cree que el Señor murió por sus pecados tiene la capacidad de ir a las aguas, y que cuando él vaya a las aguas, en las aguas él está anunciando la muerte de Cristo. Está anunciando también que se levantará con Cristo.

¿Y qué produce el bautismo? Es la última parte de la Escritura que quiero considerar. Miren qué produjo el bautismo en la vida del etíope. Dice el texto:

Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó. Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino.

— Hechos 8:38–39

Hermanos, el bautismo produce un gozo, y es un gozo que no es fruto de una emoción pasajera; es un gozo que es fruto de la convicción. Yo recuerdo el momento en que yo fui bautizado y todavía yo me emociono. Me emociona saber, hermanos, que en 2000 años de historia Cristo se bautizó. Tan pesado es eso, que Cristo fue bautizado. El que no tenía pecado, Él se bautizó. ¿Y para qué se bautizó Cristo? Para ejemplo a nosotros mismos. Que Pablo fue bautizado. Que todos aquellos que creyeron también fueron bautizados. En 2000 años de historia, multitud de creyentes han sido bautizados. Es el gozo que produce la convicción, un gozo que viene de la historia, un gozo que viene de saber que nuestros pecados han sido perdonados, un gozo que viene de saber que hoy nuestra hermana Leticia va a ser bautizada, y que hay gozo también en toda la iglesia que está presenciando su bautismo.

Oremos al Señor para que el gozo esté en el corazón de ella, y que también el gozo se extienda. Pónganse de pie un momento y oremos al Señor. Después de la oración, los hermanos que me acompañarán en el bautismo vamos a cambiarnos, y los demás hermanos pueden irse acomodando alrededor del agua. Oremos al Señor para que el gozo del bautismo se haga manifiesto en nuestra congregación.

Mira este privilegio que tenemos hoy, Señor, de que, del mismo modo que ha sucedido en 2000 años de historia, hoy otra persona es añadida a tu familia formalmente por medio de las aguas. Te pedimos, Señor, que este gozo que estuvo en el etíope sea un gozo que tenga el corazón de Leticia. Te pedimos, Señor, que sea el gozo que esté también en el corazón nuestro. Permite, Padre, que las aguas del bautismo sean testimonio para quienes en ellas participan y también, Señor, para todo aquel que está presenciando esta ordenanza.

Anima hoy nuestro corazón, Señor, por medio de participar en esto y dar cumplimiento a la gran comisión. En el nombre de Cristo Jesús. Amén.

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