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La rebelión de coré - Una rebelión contra Dios

Números 16

La rebelión de Coré no fue simplemente contra Moisés y Aarón, sino una rebelión directa contra Dios y contra la forma en que Él ha determinado ejercer su autoridad sobre su pueblo.

Predicado1 de junio de 2014
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Capítulo 16 del libro de Números. Números es de los primeros libros de la Escritura: Génesis, Éxodo, Levítico, y después está Números, antes de Deuteronomio. Ahí donde están, les invito a que cierren sus ojos y que nos presentemos delante del Señor.

Te presentamos, Señor, esta magnífica oportunidad para exponer tu Escritura contando con que tu Espíritu Santo nos dé el entendimiento y podamos ver tu palabra aquí. Y podamos ser, Señor, animados a responder en consecuencia. Nos encomendamos todos delante de ti, mira, Señor, que es tu autoridad, la autoridad de tu palabra misma que viene a hablar hoy. Te pedimos que cuando ella sea expuesta, aquellos que todavía no han creído, Señor, se sientan motivados a poner al día sus cuentas contigo y que aquellos, Señor, que ya dimos un paso de fe y te creemos podamos ser animados a no cometer los mismos errores que tu pueblo históricamente ha cometido.

Te pedimos que nos dirijas tú en este tiempo de enseñanza, que nos acompañes tú, Señor, que sea tu palabra la que hable a lo profundo en nuestro corazón y que nos conmueva. Y permite que esto no solamente, Señor, nosotros seamos conmovidos, sino que seamos transformados. Todo esto te lo pedimos en el nombre de Cristo. Amén.

Esta porción de la Escritura, hermanos, el libro de Números, me gustaría colocarles en el momento histórico donde está esta Escritura. Nos encontramos con el pueblo del Señor que ha sido libertado de Egipto tal como veíamos hoy en la clase de escuela bíblica. En su peregrinar en el desierto suceden diferentes acontecimientos. Todos estos acontecimientos han sido permitidos por el Señor, con la intención de dar lecciones espirituales tanto para ellos como para nosotros.

El pueblo había ya recibido la ley en el desierto, el pueblo había visto ya la provisión del Señor por medio de alimentos, por medio de protección, por medio de abrigo. El Señor había sacado con mano fuerte a su pueblo de Egipto, y está el pueblo ya por entrar a la tierra prometida, pero no ha entrado todavía. Y en este ínterin entonces sucede esta historia que voy a estar exponiendo: es la rebelión de Coré. Y me gustaría enseñarles que es una rebelión directa contra Dios.

Creo que ha sido una coincidencia afortunada que durante toda esta semana hayamos tenido lecturas bíblicas devocionales relacionadas a la vida de Moisés y que en la escuela bíblica de hoy entonces hayamos estado estudiando detenidamente la liberación del pueblo del Señor desde Egipto. Hoy entonces nos colocamos un paso más hacia adelante y vemos lo que sucedió después que el Señor libertó a su pueblo.

La rebelión como tema central en la historia humana

La razón que tengo para explicar esto es que tiene una profunda relación con la necesidad del hombre en este tiempo. El tema de la rebelión como tal es uno de los temas que más puede ser sistematizado a través de todas las Escrituras. Es más, se podría decir que, tristemente, la historia de la humanidad ha sido la historia de los hombres rebelándose contra su Creador.

Quizás el hecho más antiguo que se describe en toda la Escritura es la rebelión de Luzbel, de Satanás, el cual fue desterrado, fue desechado de la presencia del Señor por haberse rebelado contra el Señor. Quizás el segundo hecho más antiguo es la rebelión de Caín y lo suyo, la rebelión de Adán ante su Padre. Después todos los cainitas, la caída del hombre que se anuncia en Génesis 3 y después la rebelión de los descendientes de Adán, de la que se habla en Génesis 4 y hasta Génesis 11.

Y podríamos rastrear en la Escritura caso tras caso de rebelión, de rebelión contra rebelión, hasta que concluyamos que la historia del hombre tristemente ha sido la historia de la rebelión de la criatura contra su Creador. Este que les traigo es otro ejemplo negativo. No ha sido de manera intencional que he tenido que predicar como ejemplo negativo últimamente, vez tras vez. Pude respirar un poquito el domingo con la historia de Rut, como que fue un aliento medio, pero han sido ejemplos negativos.

Y es que la Escritura nos habla siempre en dos maneras distintas: ejemplos para imitar y ejemplos para evitar, y tenemos que estar avisados de esto para que no imitemos todas las cosas. Les advierto que es un ejemplo negativo porque está colocado allí con la intención de que nosotros aprendamos en cabeza ajena. Se nos dice que nadie aprende en cabeza ajena, la Escritura dice lo contrario, que sí, que cuando vemos las malas decisiones en la vida de los otros, nosotros podemos evitar esas malas decisiones. Y que los errores de los otros pueden producir virtud para nosotros hoy.

Acompáñenme al libro de Números, capítulo 16. Lo que haré es que leeremos toda la historia de la rebelión de Coré y después pasaremos a exponer unos cuatro puntos principales acerca de esta rebelión. Dice así la palabra del Señor, libro de Números, capítulo 16. Leemos completamente desde el versículo 1. Dice la palabra del Señor:

Coré hijo de Izhar, hijo de Coat, hijo de Leví, y Datán y Abiram hijos de Eliab, y On hijo de Pélet, de los hijos de Rubén, tomaron gente, y se levantaron contra Moisés, con doscientos cincuenta varones de los hijos de Israel, príncipes de la congregación, de los del consejo, varones de renombre. Y se juntaron contra Moisés y Aarón, y les dijeron: ¡Basta ya de vosotros! porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en medio de ellos está Jehová: ¿por qué, pues, os levantáis vosotros sobre la congregación de Jehová? Cuando oyó esto Moisés, se postró sobre su rostro; y habló a Coré y a todo su séquito, diciendo: Mañana mostrará Jehová quién es suyo, y quién es santo, y hará que se acerque a él; al que él escogiere, él lo acercará a sí. Haced esto: tomaos incensarios, Coré y todo su séquito, y poned fuego en ellos, y poned en ellos incienso delante de Jehová mañana; y el varón a quien Jehová escogiere, aquel será el santo; esto os baste, hijos de Leví.

— Números 16:1‑7

Lectura completa del pasaje y tensión entre amor y justicia

Dijo más Moisés a Coré: Oíd ahora, hijos de Leví: ¿Os es poco que el Dios de Israel os haya apartado de la congregación de Israel acercándoos a él, para que ministréis en el servicio del tabernáculo de Jehová, y estéis delante de la congregación para ministrarles, y que te hizo acercar a ti, y a todos tus hermanos los hijos de Leví contigo? ¿Procuráis también el sacerdocio? Por tanto, tú y todo tu séquito sois los que os juntáis contra Jehová; pues Aarón, ¿qué es, para que contra él murmuréis?

Y envió Moisés a llamar a Datán y a Abiram hijos de Eliab; mas ellos respondieron: No iremos allá. ¿Es poco que nos hayas hecho venir de una tierra que destila leche y miel, para hacernos morir en el desierto, sino que también te enseñorees de nosotros imperiosamente? Ni tampoco nos has metido tú en tierra que fluya leche y miel, ni nos has dado heredades de tierras y viñas. ¿Sacarás los ojos de estos hombres? No subiremos.

Entonces Moisés se enojó en gran manera, y dijo a Jehová: No mires su ofrenda; ni aun un asno he tomado de ellos, ni a ninguno de ellos he hecho mal. Después dijo Moisés a Coré: Tú y todo tu séquito, poneos mañana delante de Jehová; tú, ellos, y Aarón. Y tomad cada uno su incensario, y poned incienso en ellos, y acercaos delante de Jehová, cada uno con su incensario, doscientos cincuenta incensarios; tú también, y Aarón, cada uno con su incensario. Y tomó cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, y echaron en ellos incienso, y se pusieron a la puerta del tabernáculo de reunión con Moisés y Aarón.

Ya Coré había hecho juntar contra ellos toda la congregación a la puerta del tabernáculo de reunión. Entonces la gloria de Jehová apareció a toda la congregación. Y Jehová habló a Moisés y a Aarón, diciendo: Apartaos de esta congregación, y los consumiré en un momento. Y ellos se postraron sobre sus rostros, y dijeron: ¡Dios, Dios de los espíritus de toda carne! ¿No es un solo hombre el que pecó? ¿Por qué airarte contra toda la congregación? Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a la congregación, y diles: Apartaos de en derredor de la tienda de Coré, Datán y Abiram.

Entonces Moisés se levantó y fue a Datán y Abiram, y los ancianos de Israel fueron en pos de él. Y él habló a la congregación, diciendo: Apartaos ahora de las tiendas de estos hombres impíos, y no toquéis ninguna cosa suya, para que no perezcáis en todos sus pecados. Y se apartaron de las tiendas de Coré, Datán y Abiram en derredor; y Datán y Abiram salieron y se pusieron a la puerta de sus tiendas, con sus mujeres, sus hijos y sus pequeñuelos. Y dijo Moisés: En esto conoceréis que Jehová me ha enviado para que hiciese todas estas cosas, y que no las hice de mi propia voluntad. Si como mueren todos los hombres murieren éstos, o si ellos al ser visitados siguen la suerte de todos los hombres, Jehová no me envió.

Mas si Jehová hiciere algo nuevo, y la tierra abriere su boca y los tragare con todas sus cosas, y descendieren vivos al Seol, entonces conoceréis que estos hombres irritaron a Jehová. Y aconteció que cuando cesó él de hablar todas estas palabras, se abrió la tierra que estaba debajo de ellos. Abrió la tierra su boca, y los tragó a ellos, a sus casas, a todos los hombres de Coré y a todos sus bienes. Y ellos, con todo lo que tenían, descendieron vivos al Seol, y los cubrió la tierra, y perecieron de en medio de la congregación. Y todo Israel, los que estaban en derredor de ellos, huyeron al grito de ellos, porque decían: No nos trague también la tierra.

También salió fuego de delante de Jehová, y consumió a los doscientos cincuenta hombres que ofrecían el incienso. Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo: Di a Eleazar hijo del sacerdote Aarón, que tome los incensarios de en medio del incendio, y derrame más allá el fuego, porque son santificados. Los incensarios de estos que pecaron contra sus almas, y harán de ellos planchas batidas para cubrir el altar; por cuanto ofrecieron con ellos delante de Jehová, son santificados, y serán como señal a los hijos de Israel. Y el sacerdote Eleazar tomó los incensarios de bronce de los quemados, y los batieron para cubrir el altar, en recuerdo para los hijos de Israel, de que ningún extraño que no sea de la descendencia de Aarón se acerque para ofrecer incienso delante de Jehová, para que no sea como Coré y como su séquito, según se lo dijo Jehová por medio de Moisés.

Hermanos, debe ser una de las historias del Antiguo Testamento que es más difícil de entender para los incrédulos, y tan difícil es de entender para los incrédulos como difícil es entender lo que sucederá al final de los tiempos. Así como el hombre tiene dificultades para mirar al futuro y entender que en un momento el Dios justo, que hasta ahora ha mostrado benevolencia para todos los hombres, descenderá, juzgará y determinará castigo para aquellos que se han rebelado históricamente contra Él, así también tenemos problemas cuando miramos al pasado y vemos lo que Dios ha hecho.

Ciertamente lo mismo: que el amor de Dios y su justicia son cosas que caminan de la mano. Que es imposible disgregar a Dios y tomar solamente una parte. Que el mismo Dios que sacó a Israel con mano dura de Egipto y que le amó durante el camino, y que le proveyó, y que le protegió, y que le cuidó, es el mismo Dios justo y recto que determina castigo contra la rebelión. Estos dos atributos de Dios, hermanos, son cosas que deslumbran a cualquier persona: por un lado, su amplio amor, y por otro lado, su absoluta justicia.

Dice nuestra introducción que Dios, como Creador de todas las cosas, es la autoridad última sobre cada materia, el soberano Señor que hizo los cielos, la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, según dice el libro de los Hechos. Un Rey sabio, un Rey íntegro, un Rey justo y también recto. Él mismo ha determinado los medios por los cuales comunica su voluntad, y es nuestro deber conocerla y obedecerla, pues “el fin de todo el discurso oído es este: teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre”.

Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.

— Eclesiastés 12:13

Sin embargo, los hombres han intentado desconocer su voluntad, ya sea de forma explícita o de forma más discreta. Se rebelan contra Dios ignorando sus decretos, evitando escuchar su voz, rechazando sus instrumentos o cuestionando sus designios. Hoy veremos cómo comienza esta rebelión, cómo se manifiesta, de qué manera se extiende y cuáles son sus consecuencias.

Amor desproporcionado, justicia olvidada y el origen de los rebeldes

Es una historia complicada, hermano. Yo quisiera siempre predicar acerca de la gracia, el amor, la benevolencia del Señor. Yo quisiera que siempre que le traiga un sermón a la congregación, venir a hablar del amplio amor del Señor y predicar como prediqué a principios de enero sobre la gracia común del Señor: decir que misericordioso es Jehová para con todos, que es bueno hasta con los perversos.

Lo que sucedería es que si solamente tomara esas porciones de la Escritura, entonces estaría predicando a un Dios desproporcionado. Ya no sería el Dios que se revela en las Escrituras, sino que sería el Dios que Rafael Pérez creó porque le era cómodo predicar de estas cosas. Hoy he venido a traer un mensaje de profunda advertencia. He venido a decir que en Dios conviven el amor y la justicia, y que la mano de Dios, hermano, usted no quisiera encontrarla.

Así como nos deslumbra el gran amor del Señor que cantamos, que es tan ancho que no podemos ir afuera, que es tan profundo que no podemos ir debajo, tanto es el amor, tan grande es el amor de Dios, al mismo tiempo, hermanos, Dios es un Dios recto, es un Dios justo. Y el dedo de Dios da para desaparecer a cualquier hombre. Tengo preocupación de que así como sucede en el mundo, suceda en nuestra iglesia local, que mis hermanos tengan un Dios desproporcionado. Que mis hermanos canten con facilidad del amor de Dios, pero que no teman de su justicia, porque un temor reverente al Dios Creador del cielo y de la tierra es el camino directo que nos lleva a la santificación.

Descuidar esa proporción entre justicia y amor, ese es el camino ancho que lleva a la perdición. La rebelión de Coré, lo que vengo a demostrar, es que no era una rebelión contra Moisés, contra Aarón, sino que era una rebelión directa contra Dios, y así mismo lo dice. Quiero analizar, en primer lugar, que la rebelión siempre encuentra hombres dispuestos. ¿Quiénes eran estos hombres?

Se mencionan tres grupos: primero Coré como tal; después Datán, Abiram y On, que eran de la tribu de Rubén; y después se mencionan los príncipes de Israel, hombres distinguidos, quizá eran representantes de cada una de sus casas paternas. Y yo quisiera hacer un ejercicio: diferir por qué se rebelan contra Dios. ¿Qué es lo que hay en ellos que les hace decir: “Ya basta de ustedes”?

Coré era un levita y tenía un lugar distinguido en el tabernáculo, pero no era el más distinguido. Él tenía un lugar de preponderancia en el santuario, pero no era el lugar de mayor preponderancia en el santuario. Sucedía que en Israel el patriarca, la familia, siempre tenía el primero entre ellos la función sacerdotal, y a pesar de que él era de la tribu de Leví, en su familia un descendiente más joven que él fue elegido para que sea el sacerdote de la casa. Él no fue elegido, pero aun así tenía un lugar preponderante. Cuando Moisés le dice: “Pero tú estás en el santuario, tú estás en la presencia del Señor, tú tienes el derecho, ¿por qué te rebelas?”, yo quiero responder por él: porque hay otro que tiene mayor representatividad que yo.

Datán, Abiram y On, ¿quiénes son? Ellos son de la tribu de Rubén. ¿Y quién es Rubén? El primogénito de Jacob. Su tribu debería de ser la primera tribu de Israel. Sin embargo, en Génesis, al final, aparece Jacob acotando bendición a sus hijos y dice:

Rubén, tú eres mi primogénito, mi fortaleza, y el principio de mi vigor; principal en dignidad, principal en poder. Impetuoso como las aguas, no serás el principal, por cuanto subiste al lecho de tu padre; entonces lo profanaste.

— Génesis 49:3‑4

¿Qué pasó con Rubén? Que convivió con una esposa de su padre: perdió el derecho de primogenitura. Y esta tribu, que debía ser la principal tribu en Israel, entonces perdió su lugar; y algunos dicen que quedó en segundo, yo calculo que quedó como en tercer lugar. De la tribu de Rubén nunca se levantó nadie importante: ningún rey, ningún profeta. Fue quizá la tribu más apagada. Hasta en la tribu más pequeña en número se levantaban hombres dignos, pero en la tribu de Rubén no aparecía nadie.

Bueno, Datán, Abiram y On eran de esa tribu, quizá pensaban ellos: “Nosotros pertenecemos al derecho, y mira esto, que ahora nos han puesto aquí en tercer lugar. El derecho nuestro lo tiene Leví. A Leví fue al que le dieron el derecho del sacerdocio, debíamos ser nosotros. ¿Y Judá? ¿Y las otras tribus?”. ¿Quiénes eran los príncipes? Esos eran un conjunto de hombres que no se dice de dónde eran, pero yo entiendo que se quieren rebelar. Miren, cuando el Señor sacó a su pueblo de Egipto, le dio libertad, le dio protección, le dio alimento, pero también le dio leyes.

Y yo quisiera tomar la libertad, la protección y los alimentos, pero las leyes incomodan. El Dios de Israel no solamente es el Dios que hace que el maná caiga del cielo, también es el Dios que hace que su palabra descienda del cielo. Y lo que había sucedido antes de esto es que Dios había dado la ley, y había dado otras leyes complementarias. Y los príncipes quizá piensan: “Nos han sacado, pero entonces también nos están poniendo restricciones”. “¿Y no es más fácil que nos revelemos y que quitemos todas esas leyes? Ahora hay que vivir en ese ritualismo, hay que vivir en esas cosas”.

Estoy infiriendo, hermano, cuál pudo haber sido el origen de la rebelión: Coré, que era principal, pero no tanto como otros; Datán, Abiram y On, que eran de la tribu de Rubén, que habían perdido el derecho de primogenitura; y los príncipes, hombres distinguidos en Israel, a los que Dios les había dado a sus familias libertad, protección y alimento, pero también les había dado leyes. Hermano que está aquí presente, vengo a decirle que Dios no solamente hace que del cielo descienda el maná, también hizo que del cielo descendiera su voluntad.

Tenemos que entender que Dios no solamente es un Dios proveedor, también es un Dios rector. Que Él no solamente es aquel que pastorea a su pueblo y que su Espíritu pastorea, sino también aquel que dirige a su pueblo. Y el aspecto rector de Dios, el aspecto director de Dios, Dios como rector, Dios como legislador, es un Dios que los príncipes no quisieran tener.

Argumentos de la rebelión y el deseo de poder sin Dios

Les he dicho su origen y cuál pudo haber sido el motivo de su rebelión. Ahora veamos cuáles son sus argumentos. Primer argumento: le dicen, “¡Basta ya de ustedes!”. Yo si lo pusiera en Biblia lenguaje tropical, eso diría como “Está bueno ya”. “Basta ya de ustedes”, es como si dijeran: “¿Pero cómo es esto que nos están poniendo leyes? ¿Cómo es esto que nosotros no podemos ser los primeros? ¿Cómo es esto que Rubén, que debía ser la primera tribu, entonces la dejan en un lugar terciario? ¡Basta ya de ustedes!”.

Lo segundo: exageran su propia valía. Oigan lo que dicen: “Toda esa congregación, toda esa gente, todos ellos son santos”. Digamos del Manutero, parece que eso es verdad. ¿Usted cree que es verdad que todos ellos eran santos? Yo lo dudo mucho. Es más, yo tengo duda hasta de que Moisés y Aarón fueron muy santos, pues dice la Escritura que no hay justo ni aun uno, que todos nos descarriamos como ovejas. ¿Cuál es el argumento de ellos? Le dicen: “¿Y por qué tienen que estar ustedes? Y todos estos, todos estos pueblos, si Dios habita en medio de ellos y todos ellos son santos”.

Hay un valor y una agresividad que manifiestan que no era el mismo valor y agresividad de cuando el Señor descendió allá en el monte Sinaí, con truenos, rayos y humo, cuando el Señor le estaba dando la ley al pueblo. Esta gente se atemorizaron, ellos mismos se atemorizaron. Le dijeron a Moisés:

Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos.

— Éxodo 20:19

Cuando el Señor descendió del cielo a dar la ley con truenos, con humo, con gran poder, ellos se sintieron atemorizados y le dijeron a Moisés: “Nosotros no queremos hablar con Dios”. Pero esos mismos que tiempo antes decían que no querían hablar con Dios porque estaban atemorizados, ahora dicen: “Todos nosotros tenemos la absoluta seguridad de que somos santos y que podemos ir a la presencia del Señor”.

Hermano que está aquí, la rebelión hace que tengas una percepción desproporcionada de tu propio valor. Ah, pero también estaban acusando de tiranía. Le dicen: “Ustedes están sobre la congregación, son unos tiranos”. No es que la congregación estaba sobre ellos, como a mí me parece leyendo todo el Pentateuco que era: Moisés iba cargado con un pueblo que ni siquiera él quería dirigir. Ustedes vieron en la escuela bíblica de hoy que Moisés se resistía a dirigir al pueblo y le decía al Señor: “Señor, manda a otro”. A Moisés le pusieron eso encima.

Y después que le ponen esa pesada carga encima, le dicen: “Ahora es que ustedes están sobre nosotros”. Por eso que Moisés tiene que decirle al Señor: “Ni siquiera un asno le he quitado; ni siquiera un asno he tomado de ellos, ni a ninguno de ellos he hecho mal”. La rebelión siempre encuentra hombres dispuestos: hombres como Coré, como Datán, como Abiram, como On, como los príncipes que no querían las leyes. Sus argumentos: que basta ya de ellos, exageraban su propia valía, les acusaban de tiranos, y tenían una apariencia de inclusión y solidaridad.

“No es por mí, es por el pueblo. No es sobre mí, Moisés, mira, el asunto de que tú estás acabando con esa gente, no es sobre mí”. Oigan, siempre la rebelión está con esa apariencia de inclusión y solidaridad: “No es por nosotros que lo estamos haciendo, es por el pueblo que ustedes están sobre ellos”. Lo que se demuestra es que Coré lo que quería era poder, porque cuando Moisés le dijo: “Mira, vamos a buscar toditos unos incensarios y ponerlos delante del Señor, y que Él elija”, él llevó su incensario. Parece que quería gobernar.

Esa era la aspiración real de Coré: que cuando todos murieran, entonces el Señor deseche a Moisés y lo elija a él. Aún así él dice: “No, yo estoy defendiendo el derecho del pueblo, de esta gente que está aquí marginada por ustedes, ustedes que son tiranos sobre ellos, pero yo me aparezco humildemente con mi incienso ante la presencia del Señor, porque ahora quisiera yo que me den el turno a mí”.

¿Qué aprendemos de esto? Miren, sin Dios no hay autoridad legítima. Lo que sucedía es que Coré estaba ignorando a Dios, pero quería poder sin Dios, y sin Dios no hay autoridad. Si tú sacas a Dios de la ecuación… Miren, en las constituciones del mundo hay dos tipos de constituciones: hay constituciones que apelan a una autoridad máxima, y eso es Dios como Creador del cielo y de la tierra, y comienzan mencionando a Dios. Y hay otras constituciones nacionales que comienzan mencionando los derechos humanos.

Y usted me dirá: ¿qué derecho humano podemos tener si sacamos a Dios de la ecuación? Porque el hombre tiene derechos, al final todas las constituciones terminan, de alguna manera, apelando a algo por encima del hombre. Y es porque los hombres, cuando queremos hacer justicia, tenemos que apelar a una justicia más alta. Si Coré quiere autoridad, la autoridad que él puede tener no es una autoridad crecida por agenciar por su popularidad, que él puede buscarla como se busca el poder político; es una autoridad que tiene que venir de Dios.

Me llama la atención que siempre en la rebelión hay ese espíritu altruista, de que “yo estoy defendiendo los derechos de otro, no es por mí sino por los otros”. Hay un cuento que me gusta mucho, se llama “Rebelión en la granja”, que habla de cómo los animales en la granja en algún momento se rebelaron contra el granjero. Y quienes encabezaron la rebelión fueron los cerdos. Los cerdos decían que estaban buscando la justicia para todos los animales: para el burro, para la gallina, para el caballo; pero que los cerdos no querían gobernar, que los cerdos no querían poder.

Decían: “Es que el granjero, ese tirano, se ha quitado de la granja para que los animales autogestionen”. Al final de la novela comienzan los cerdos a caminar de pie, como caminaba el granjero. Y les dice la gallina, les dice el burro: “¿Pero cómo es que ustedes están caminando de pie como caminaba el granjero? ¿Y no era que les daba vergüenza caminar a cuatro patas como caminamos los animales?”. Entonces los cerdos dicen: “Nosotros podemos caminar de pie como caminaba el granjero, y nosotros no somos el granjero, porque sabemos que todos los animales somos iguales, pero hay animales que somos más iguales que otros”.

Ese es el ser humano. Yo ando buscando los derechos del pueblo, pero inmediatamente tengo la capacidad, entonces yo tiranizo también al pueblo. Me llama la atención de esto, por ejemplo, Ruanda. En Ruanda hay unos conflictos nacionales, hay dos tribus, son tribus de morenos las dos. Hay una película, se llama “Hotel Ruanda”, que describe eso. Decían unos: “Mira, los que están gobernando ahora mismo fueron los que dejaron los suecos, y ellos están gobernando porque tienen la nariz más fina que nosotros. Tenemos que balancear la justicia: es necesario que gobiernen aquellos que tienen la nariz más ancha”.

Tomaron las armas, derrotaron a los que tenían la nariz fina, ¿y qué sucedió cuando gobernaron los que tenían la nariz ancha? Que tiranizaron a los que tenían la nariz más fina, y dentro de diez años va a venir la otra rebelión. Hermano, si usted saca a Dios de la ecuación, no es posible que exista autoridad, y era lo que Coré no entendía. Coré entendía que la autoridad era un asunto de tener el derecho sobre los otros, no que el Señor está gobernando sobre su creación.

Sin Dios tampoco hay solidaridad. Me llama mucho la atención que un grupo de hombres pecadores quieran hacer anuncios de solidaridad, de buscar los derechos de la gente, y yo tengo el temor de que en esas marchas de protesta donde se están buscando los derechos de alguien que ni siquiera se ha visto, lo que hay es un profundo deseo de llamar la atención hacia mí mismo y de promocionarme como una persona solidaria.

Yo sospecho: ¿cómo va a ser que un hombre que está muerto, solito, en su pecado, quiera defender los derechos de alguien que ni siquiera ha visto? Si tú no amas a Dios, tú no puedes amar las criaturas de Dios. No hay solidaridad si Dios no está en la ecuación. Lo que sucede cuando se saca a Dios de la ecuación es que lo que hay es el dominio del más fuerte. Eso es lo que ha sucedido en los países materialistas, donde se saca a Dios de la ecuación. Y si no hay un Creador que gobierna, gobierna quien tenga más capacidad de gobernar, quien tenga más fuerza.

Hay otros que dicen: “Bueno, pues que gobiernen los más inteligentes”. En el fondo es lo mismo: entonces el que sea más hábil, va a dominar al que sea intelectualmente más débil. O el utilitarismo materialista: si nos conviene, entonces lo hacemos. Lo que establecemos es que no podemos amar a los hombres ni reclamar los derechos de nadie si ignoramos a Dios. Dice Asimismo:

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primer y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

— Mateo 22:37‑39

Coré, si tú no amas a Dios y respetas a Dios, no digas que estás defendiendo los derechos de alguien, porque en el fondo lo que estás buscando es tu propia conveniencia. Esto quizá todavía usted siente que no está muy lejos de usted, pero ese es el ser humano. Las personas que rechazan a Dios utilizan un argumento de que están defendiendo la humanidad. Un argumento, por ejemplo, que frecuentemente se cita: “¿Pero cómo puede ser que un Dios tan santo, un Dios tan bueno, vaya a castigar a tanta gente? Yo no es por mí, es que va a castigar a mucha gente, es por ellos que yo estoy reclamando”.

En primer lugar, hermanos, la rebelión siempre encuentra hombres dispuestos, y sus argumentos son argumentos basados en el ego, en su propia carnalidad.

Rebelión contra los instrumentos de Dios y rechazo a la revelación

En segundo lugar, la rebelión no era contra el instrumento, contra Aarón, sino que era contra Dios. ¿Qué le dijo Moisés? Miren cómo le respondió, versículo 11 del capítulo 16:

Por tanto tú y todo tu séquito sois los que os juntáis contra Jehová; pues Aarón, ¿qué es, para que contra él murmuréis?

— Números 16:11

Aarón fue un hombre que el Señor colocó en ese lugar, no por sus méritos propios, sino porque el Señor, que tiene la autoridad sobre todas las cosas, lo puso allí. Lo que yo he visto, hermano, es que todos los instrumentos que el Señor coloca como autoridad delegada de Él se vuelven indeseables. En la Escritura se menciona por lo menos tres lugares donde Dios delega su autoridad, y en los tres lugares genera una roncha en el ser humano porque no le gusta.

Miren, el Señor ha delegado autoridad, como Creador del cielo y de la tierra, en la familia. El Señor ha delegado su autoridad en la familia. ¿Y por qué los hijos se rebelan contra los padres? Porque no les gusta estar bajo autoridad. Usted no tiene que ir muy lejos, usted es testigo. Yo fui hijo, yo tuve una madre, yo tuve un padre. Es natural que los padres en algún momento se vuelvan aborrecibles para sus hijos. ¿En qué momento? En el momento en que los padres ejecutan la autoridad.

En la familia se siente ese asunto: el hombre quiere rebelarse. Yo quiero rebelarme contra mis padres porque los padres ejercen la autoridad en su casa, delegados por la autoridad de Dios. Bueno, el Señor estableció que en la casa, en la familia, en el matrimonio, hay una cabeza. Esa cabeza es un hombre. Y donde quiera que haya un matrimonio, el Señor estableció que en el matrimonio no haya una igualdad como ahora quieren enseñar, donde todo el mundo tiene la misma palabra y el mismo peso, porque si en los matrimonios hubiera una igualdad absoluta, todos los matrimonios se divorciarían al siguiente día por la razón siguiente: ¿cómo se llega a un acuerdo?

Yo digo que sí, tú dices que no, y vamos a estar dando vueltas. El Señor estableció que hay una autoridad, y dice que lo haga en delegación suya, y que lo haga en amor, y que lo haga en una sujeción agradable, del mismo modo que lo hace Cristo para su iglesia. Para cualquier mujer cristiana que tiene un marido al lado, te dirá que en algún momento su marido se volvió algo indeseable, porque la autoridad pica.

Y los gobiernos. Dice la Escritura que no hay gobierno sobre esta tierra que no funcione sino en delegación de la autoridad de Dios, buenos y malos. Que las autoridades civiles han sido puestas por Dios. Y cuando se escribió eso, ¿sabe cuál era la autoridad civil que había? El gobierno romano. No era una autoridad santa, eran gente perversa, pero decían que si Roma gobernaba, gobernaba en delegación de Dios.

Los gobiernos no generan cierta reacción en sus ciudadanos. Es natural, así como natural que se rebelen hijos contra padres, mujeres contra sus maridos, que se rebelen ciudadanos contra gobernantes. Hermano, el liderazgo espiritual no genera un poco de roncha. Mire, yo fui pastoreado. Yo le diré que el 50% del tiempo que fui pastoreado yo estaba en contradicción con mi pastor. Parra me decía: “Vaya para la izquierda”, y yo decía: “¿Y por qué Parra quiere que yo vaya para la izquierda?”. Y él decía cosas, y yo trabajaba una conversación interna siempre relacionando lo que él estaba diciendo.

Pero eso lo entiendo usted, hermano, cuando yo lo pastoreo, porque yo también fui pastoreado. Yo sé qué es ser pastoreado. Ser pastoreado, hermano, es ser empujado, es ser llevado de un lugar al otro hacia la voluntad del Señor, y en esa relación siempre hay un cuestionamiento, en esa relación siempre hay una duda, en esa relación siempre hay un cuidado de si no me están llevando para el lugar correcto. Todo liderazgo que existe en algún momento genera ronchas.

¿Y por qué era que se revelaban? Porque nadie, hermano, quiere estar bajo la autoridad de nadie. Pero lo que está aquí es lo que dice el versículo 11: tú y tu séquito son los que se juntan contra Jehová. Cuando te rebelas contra el instrumento delegado por el Señor, te estás rebelando directamente contra Dios. Lo que pasa es que es más fácil quejarse contra Aarón y Moisés que quejarse contra Dios. Es más fácil decir: “Esta gente no está haciendo lo que tiene que hacer”, que decir: “Dios no nos ha entrado en la tierra prometida”.

Algo que me llama la atención es que el instrumento en nuestros días no es Aarón, no es un hombre; el instrumento en nuestros días es Cristo, luego sus apóstoles y más tarde su testimonio documentado en las Escrituras.

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo.

— Hebreos 1:1‑2

Ahora yo le diré: sin importar el instrumento que el Señor utilice, siempre el instrumento enviado por Dios será un instrumento que produzca rebelión en el corazón de los hombres. Hay una lectura que tengo que leer, desde una parábola, Marcos capítulo 12: son los labradores malvados.

Un hombre plantó una viña, la cercó de vallado, cavó un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que recibiese de éstos del fruto de la viña; mas ellos, tomándole, le golpearon, y le enviaron con las manos vacías. Volvió a enviarles otro siervo; pero apedreándole, le hirieron en la cabeza, y también le enviaron afrentado. Volvió a enviarles otro, y a éste le mataron; y a otros muchos, golpeando a unos y matando a otros. Por último, teniendo aún un hijo suyo amado, lo envió también a ellos, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra. Y tomándole, le mataron, y le echaron fuera de la viña.

— Marcos 12:1‑8

¿Qué pues hará el señor de la viña? Vendrá y destruirá a los labradores, y dará su viña a otros. ¿Ni aun esta Escritura habéis leído? “La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo; el Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos”. Y procuraban prenderle, porque entendían que decía contra ellos aquella parábola, pero temían a la multitud, y dejándole, se fueron.

La Escritura da esta parábola que el Señor históricamente ha enviado diferentes siervos suyos, ha enviado enviados, ha enviado profetas. Envió a Aarón, envió a Moisés, envió a Esdras, envió a todos los profetas del Antiguo Testamento, envió a Isaías, a Jeremías, envió al mismo tiempo a Oseas, envió a Jonás, y cada vez que el Señor envió un profeta, ¿qué hicieron los hombres con el profeta? Entendieron que el profeta venía a importunar, que el profeta venía a dañar.

En última instancia, el Señor envió a su Hijo muy amado. ¿Y qué hicieron con el Hijo muy amado del Señor? Lo crucificaron. Hermano que está aquí presente, ¿qué he venido a decirle? Que el espíritu de rebelión está instalado en el corazón del hombre, y que sin importar el instrumento que el Señor mande, siempre el hombre cuestionará el instrumento. “¿Y por qué Aarón? ¿Y por qué Moisés? ¿Y por qué Juan el Bautista? ¿Y por qué Oseas? ¿Y por qué Miqueas? ¿Y por qué Nahúm? ¿Y por qué Habacuc? ¿Y por qué Isaías? ¿Y por qué Jeremías? ¿Y por qué Cristo?”. El instrumento con más personería que ha enviado Dios a los hombres es Cristo, y Cristo murió crucificado.

Amigos que están aquí presentes, lo que les he dicho es que la historia de la rebelión está en el corazón de los hombres. Cuando te rebelas contra el instrumento, te rebelas contra Dios mismo. ¿Cuáles son las maneras en que el hombre se rebela contra Cristo en estos días?

Hay una que el libro de Romanos la llama envanecimiento, es el envanecimiento científico: “profesando ser sabios, se hicieron necios”. En los últimos meses he tenido telecable en mi casa y he estado mirando los programas de ciencia del cable. ¿Adivinen el programa que dan? Programas de ciencia del cable: “Alienígenas ancestrales”. Yo veo el programa “Alienígenas ancestrales”, donde me enseña un “científico” que dice que lo que hay es que ponerse un gorrito así en forma de embudo para entrar en comunicación con los seres extraterrestres. Yo le digo: el Señor se reveló en su palabra, se ha revelado históricamente. Los programas de ciencia vienen a hablarnos hoy de que hay alienígenas ancestrales.

¿Es tan difícil al hombre reconocer que Dios ha hablado en diferentes tiempos y por diferentes instrumentos? No, no es difícil entender que Dios ha hablado. Lo que pasa es que si entendieran que Dios ha hablado, tendrían que obedecer al Dios Creador del cielo y de la tierra. Es más fácil decir: “Existen alienígenas ancestrales”, porque los alienígenas ancestrales no le demandan nada a ningún hombre.

Que usted crea que hay vida en Marte, ¿cómo cambia su vida al día de hoy? Pero que usted entienda que Dios ha hablado le coloca a usted en el carril de la rebelión de Coré. ¿Cómo es que el hombre en este tiempo ignora el llamado y la autoridad de Dios Creador del cielo y de la tierra?

Hay otros que caricaturizan las Escrituras. Hay gente que le ha dedicado el tiempo a caricaturizar las Escrituras, que si le hubieran dedicado el tiempo a estudiar con seriedad, fueran teólogos al día de hoy. Tienen las cuatro esquinas de la Escritura por donde hay que amarrar la cosa para poner en ridículo a Dios. La historia da testimonio contra ellos, su conciencia da testimonio contra ellos, Dios mismo testigo, las obras dan testimonio contra ellos, y todavía están haciendo el esfuerzo de caricaturizar las Escrituras.

Mire, las Escrituras son serias porque son palabras de Dios. Hay otros que estudian la palabra del Señor, pero con su propia agenda. Miren, la palabra del Señor puede ser usada para afirmar cualquier cosa, pero ese “cualquier cosa” no es la voluntad de Dios. Son aquellos que cuando llegan a la Escritura ya llegan con una agenda preestablecida en su mente. Quieren que la Escritura les diga lo que ellos quieren saber.

Hay otros que aíslan una parte de la Escritura para, con esa parte aislada, contradecir el todo. Hay unos que argumentan la complejidad de la Escritura para no accionar, y dicen: “Es que la Biblia es un libro muy complejo”, y eso sí, yo sé que es ciertamente un poco difícil, como cualquier documento legal. Aquí hay empleados, levánteme la mano, ¿quiénes son empleados? ¿Todos ustedes entienden a la mínima letra del Código Laboral Dominicano? Pero están trabajando de 8 a 5. Quizá Guada llega un poco más allá que nosotros, pero está trabajando de 8 a 5, y le pagan su salario el 15 y el 30.

Y son pocos los casos que han tenido que buscar el Código Laboral para que le paguen su salario. Lo que quiere decir que ciertamente el Código Laboral Dominicano puede ser un poco denso, pero eso no es obstáculo para que hasta el que no puede leer, hasta el que no es alfabetizado, trabaje de 8 a 5 y le paguen su salario. La Escritura puede ser un libro denso, pero eso no significa que nosotros no podamos vivir para la gloria del Señor.

Algunos dirán: “No, es que las Escrituras son libros complejos, son libros antiguos, es difícil entender”. No, no, no. La palabra del Señor está clara, lo que pasa es que tú, en tu rebeldía, en tu rebelión contra el Señor, quieres oscurecer la revelación de Dios, pero la palabra del Señor habla y habla claramente.

Hay otros que quieren condicionar la audiencia al resultado. Datán y Abiram le decían a Moisés: “Mira, es que ustedes no son una autoridad legítima porque nosotros todavía ni tenemos terreno ni tenemos leche ni tenemos miel. Y si nosotros no hemos entrado ni tenemos tierra ni tenemos miel, entonces ustedes no son autoridad legítima”. Hay gente que quisiera que la palabra del Señor funcione como 2 + 2 = 4: “Miren, hay veces que uno hace en los caminos del Señor lo que tiene que hacer y no necesariamente cosecha lo que uno quiere cosechar”.

Hay gente que quisiera que uno le diga: “Pastor, deme ahí cuál es el versículo que yo tengo que obedecer para que me vaya bien”. Hermano, que te vaya bien en la vida, eso depende, servirá desde la perspectiva de Dios. Ahora, yo sé que tú puedes estar dentro de la voluntad del Señor y que te pase como a Job, que tengas tribulación. “Parece que la palabra del Señor no está funcionando”. No, no es tribulación o sin tribulación, es si estás o no estás dentro de la voluntad del Señor. No puedes condicionar la obediencia a los resultados.

En primer lugar les he enseñado que la rebelión siempre encuentra hombres dispuestos, que son hombres malvados. Y en segundo lugar les he dicho que la rebelión contra el instrumento de Dios es una rebelión directa contra Dios, que en este tiempo quizá no tenemos Aarón, pero tenemos a Cristo, y que el hombre se rebela contra Cristo, y que Cristo estuvo en esta tierra, y el hombre le crucificó.

El castigo a los rebeldes y la intercesión a pesar del rechazo

Ahora, ¿cuál fue el castigo a los rebeldes? Se los tragó la tierra. Es un asunto, hermano, que yo mismo lo veo y tengo que entenderlo en el juicio del Señor, porque a mí me parece eso tan drástico: que abra la tierra y que se lleve la gente con sus posesiones. Pero cuando yo miro hacia el futuro, llegará un momento que esta tierra en la cual tú y yo estamos habitando, el impío que está aquí, dice la Escritura que va a ser destruido con fuego.

El castigo a los rebeldes. Miren, cuando ellos le dijeron, Moisés no intentó luchar por el favor del pueblo. Moisés solamente oró al Señor dos veces. Moisés se enojó ciertamente, pero en vez de argumentar más o desahogarse, clamó a Dios. A pesar del rechazo del pueblo, dice que sólo doscientos cincuenta habían volcado todo el pueblo contra Moisés y que lo estaban esperando en el tabernáculo. Moisés se enojó, pero a pesar de su enojo, Moisés intercedió por ellos.

Iglesia que está aquí presente, miren: cuando uno hace la labor de intermediar por los hombres a favor de Dios, los hombres rechazan a uno. Pero así y todo, uno tiene que seguir intercediendo por los hombres. Cristo estaba en la cruz, hermano, el Señor mandó todos sus siervos delante; a uno lo mataron, a otro lo apedrearon, y todos regresaron con las manos vacías. Después mandó a su Hijo muy amado, y cuando su Hijo muy amado estaba en la cruz y lo estaban ahí maltratando, Él dijo:

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

— Lucas 23:34

Hermano que está aquí presente, cuando intercedes a favor de los hombres y haces lo que Dios te ha mandado a hacer, normalmente los hombres rechazan a uno. Pablo, varias veces apedreado, azotado; Pedro murió crucificado. Busquen los apóstoles de Cristo, que todos ellos sufrieron. Les he dicho cómo a Juan lo pusieron en un caldero enorme de aceite y lo entraron ahí, y aun así quedó vivo, y cuando quedó vivo lo mandaron desterrado a la isla de Patmos.

Cristo dijo: “Si eso hicieron conmigo, ¿qué no van a hacer con ustedes?”. Ahora, iglesia que está aquí presente, aun así tenemos que interceder por el pueblo. La generalidad del castigo, la congregación completa, evidencia el avance de la rebelión. Parece desproporcionado. Alguien dirá: “¿Pero cree usted que Dios es más injusto, que pecan unos cuantos y castiga a todo el pueblo?”. Lo que sucede es que todo el pueblo ya se había rebelado también contra Dios, y la actitud del pueblo estaba también en su corazón y se anuncia.

Y la seguridad del castigo anuncia la gravedad de la falta. Hermano, quiero terminar con lo siguiente: a la hora de la rebelión, la rebelión causó más destrucción en el segundo grupo que en el primero. Después que el Señor destruyó a esos hombres, el pueblo completo se rebeló y ahora acusaban a Moisés. Decían que Moisés era el que los había matado. Le decían a Moisés: “Tú eres no solamente un tirano, sino un asesino que mataste a esos hombres”.

Y de poco que murieron ahí, doscientos cincuenta, miles más murieron a causa de la rebelión del pueblo. Lo que sucede con esto es que la ignorancia de unos pocos a veces produce la destrucción de muchos.

Amigo que está aquí presente, la gente piensa que está en paz con Dios, pero no está en paz con Dios. Si tú no estás haciendo la voluntad del Señor en este momento, la rebelión está funcionando en tu corazón. ¿Quién es un cristiano? Un cristiano es un hombre que tiene la humildad de reconocer que en el cielo hay un Creador que sustenta su creación. Es una persona que tiene la humildad para reconocer cuando el Señor envía un siervo a ver cómo está su viña, y en vez de malograr al siervo del Señor, lo que hace es que lo devuelve con buena noticia, diciéndole que está bien tu viña, que está administrando tu creación adecuadamente.

Tú estás habitando una tierra que no es tuya. Tú no te hiciste por tus propios medios. El Señor ha dispuesto una autoridad para regirlo. La autoridad en este tiempo es Cristo, el testimonio de Cristo documentado en las Escrituras. Coré es un ejemplo para nosotros de lo que sucede cuando el hombre se rebelá contra Dios.

Alguien me preguntará: “Pastor, ¿no fue drástico el castigo?”. Sí, fue un castigo proporcional a la falta. Hermano que está aquí presente, les recuerdo: tenemos que recordar esta proporción de Dios. Por un lado, un Dios de amor que alimenta milagrosamente a su pueblo en el desierto, dejando caer el maná del cielo, y por otro lado, un Juez justo, que en el mismo desierto donde alimentó a su pueblo también abrió la tierra para que la tierra se tragara a miles.

Amigos que están aquí presentes, no hay manera de estar en un punto medio. Dijo el Señor que tenemos que estar a favor suyo o en contra suyo. Él lo resumió de manera sencilla:

El que conmigo no recoge, desparrama.

— Mateo 12:30

Lo que sucede con el hombre de este tiempo es que se rebela contra Dios discretamente. Y hay una rebelión discreta que funciona en el corazón del hombre, donde dice: “Yo lo que voy a tratar es de no recibir muchos mensajes de Dios, de no visitar mucho una iglesia, de que no me rasque mucho la conciencia, porque si yo me mantengo al margen, quizá Dios no me ve y puedo alegar ignorancia”.

Dice la Escritura, en el libro de Romanos:

Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.

— Romanos 1:19‑20

Advierto a mis hermanos, pero también advierto a toda persona que está aquí presente. El Señor le dijo al pueblo de Israel: “Apártense de esos hombres impíos para que no se los trague la tierra, ustedes con ellos”.

Aplicación final: detener la rebelión y responder al llamado de Cristo

Oro por esta congregación que está aquí. Esbozo mi oración en dos sentidos. Oro por mis hermanos, aquellos que ya han detenido la rebelión en su corazón y que dejaron de participar en este error de Coré. Permite, Padre, que mis hermanos que están aquí presentes entiendan esta proporción de tu carácter, que no solamente vean al Dios de amor que alimentaba a su pueblo dejando caer el maná del cielo en el desierto, sino que también vean al Juez, al Dios justo, rector sobre la tierra, con el poder para abrir la misma tierra donde les colocó para que se tragara a los impíos.

Pon en mis hermanos, Señor, ese temor reverente a evitar la rebelión y comenzar a obedecer tu voluntad para no correr por el camino de Coré. Oro por cualquier persona que está aquí presente que todavía no tiene la conciencia de haber ajustado con Dios sus cuentas. En tu discreción hay condenación. Ser discreto, no hablar mucho, estar ahí pero sin estar, no rebelarte evidentemente, pero con una rebelión en tu corazón, es lo mismo.

Recuerda que Dios ha estado enviando, Dios ha estado enviando, Dios ha estado enviando. Es tu deber ponerte de acuerdo con el Señor. Dijo el mismo Juez recto, amoroso y poderoso que hizo los cielos y la tierra, en el libro de Apocalipsis:

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

— Apocalipsis 3:20

Tú estás rebelado contra Dios, pero Él te viene a buscar. Del mismo modo que trató Moisés de persuadir a Coré, que personalmente trató Moisés de persuadir a los otros, asimismo quiero persuadirte hoy de que suspendas la rebelión en tu corazón y comiences a glorificar a tu Creador. Es tan sencillo. Dice la Escritura:

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

— 1 Juan 1:9

Puedes decirle ahí al Señor, en el silencio de tu mente, puedes decirle: “Señor, reconozco mi rebelión. Reconozco que en mi silencio he estado perdido. Reconozco que no he estado indagando en tu voluntad como debía haberlo hecho. Reconozco que no he estado haciendo con mi vida lo que debía haber hecho. Reconozco que estoy luchando entre hacer tu voluntad o hacer la mía, y en este momento resuelvo hacer la tuya”.

Eso se llama convertirse. Una persona que se convirtió es una persona que dio media vuelta y, en vez de darle a Dios la espalda, comienza a darle a Dios el rostro. Si tú, con sinceridad, has reconocido tu rebelión, si tú, con sinceridad, has confesado tus pecados, puedes tener la plena confianza de que fiel es el que prometió, de que el Señor ha perdonado tus pecados. Dice también la Escritura que cuando uno cree y se bautiza, uno es salvo.

Tu vida corre peligro hasta que no pones de acuerdo tus cuentas con el Creador. Oro por toda mi congregación, todos mis hermanos y amigos que están aquí. Oro por mí mismo. Ayúdanos a todos nosotros, Señor. Mira el germen de la rebelión, algo que comenzó con Luzbel, con Satanás, algo que llegó al corazón de Adán y Eva, algo que llegó al corazón de Caín, algo que llegó al corazón de Coré. Mira, Señor, también la rebelión que pulula por nuestro corazón y que busca la manera de volcarnos contra ti.

Pedimos, Señor, perdón por nuestra falta. Que tu misericordia nos alcance, Señor, que podamos hacer tu voluntad y no la nuestra. Que podamos respetar, Señor, al soberano que hizo los cielos y la tierra. Te pido especialmente por mi iglesia, Señor, pon en nuestra iglesia este sentido de proporcionalidad, que te veamos con respeto, que te veamos con cercanía, para la gloria tuya. En el nombre de Jesús. Amén.

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