Son algunas historias, otros son hechos, otros son ordenanzas directas del Señor, que son parte integral de su revelación y que nos permiten entender nuestra realidad en Cristo de manera más cabal. Es importante que entendamos a Cristo, su ministerio, su obra, documentadas en el Nuevo Testamento, pero también es absolutamente necesario que veamos todo esto que se ha documentado a favor nuestro en el primer trato del Señor con su pueblo, con Israel. Porque al mismo Dios que sirvieron ellos, es el Dios que servimos nosotros. Y la posesión que tenían ellos en el Señor, nosotros hemos llegado también a tener; así como eran ellos el pueblo del Señor, su pueblo especial, también la iglesia es su pueblo.
Y el trato del Señor con el pueblo de Israel, en muchos sentidos, es extrapolable porque estamos sirviendo al mismo Dios; no son dos dioses, es el mismo Dios, y lo que Dios reveló a ellos también es revelación para nosotros. Veremos hoy una historia larga. Es una de las historias pequeñas más documentadas en toda la Escritura. Hay veces que hay historias que la Escritura documenta solamente en un capítulo, en algunos versículos, pero a esta historia, que es la relación de Balaam y su intención primero de maldecir al pueblo del Señor, después cómo el Señor torna su intento de maldición en bendición, la Escritura le dedica tres capítulos y, después, menciones aisladas en diferentes libros de las Escrituras.
Es más, debe ser esta una de las historias más comentadas a lo largo de toda la revelación de Dios. Balaam bendice a Israel. Lo que haremos es que leeremos, así de manera detallada, estos tres capítulos y después vendremos parte por parte. En primer lugar, para estudiar el carácter del rey Balac, que fue el que mandó a buscar a Balaam. Después veremos el carácter de Balaam. Y terminaremos analizando las tres bendiciones dadas por Dios a Israel por medio de él. Acompáñenme al libro de Números, en el capítulo 22, después el 23 y luego el 24. Antes de leerles, ambiento en dónde estamos. Ya el pueblo del Señor había sido libertado, había trajinado por el desierto durante muchos años. Está ya quizás en la última parte de su peregrinar antes de entrar a la tierra prometida. Ya el Señor le ha dado una gran cantidad de victorias.
Balac conspira y Dios interviene en el camino de Balaam
Y sucede entonces esta historia, una historia que, como veremos, el pueblo del Señor se enteró después, porque antes de que el pueblo llegara ya el Señor había dispuesto. Acompáñenme a Números, capítulo 22, leamos el capítulo completo, después el 23 y terminemos en el 24. Dice así la palabra del Señor:
Partieron los hijos de Israel, y acamparon en los campos de Moab, junto al Jordán frente a Jericó. Y vio Balac hijo de Zipor todo lo que Israel había hecho al amorreo. Y Moab tuvo gran temor a causa de este pueblo, porque era mucho; y se angustió Moab a causa de los hijos de Israel. Y dijo Moab a los ancianos de Madián: Ahora lamerá esta gente todos nuestros contornos, como lame el buey la grama del campo. Y Balac hijo de Zipor era entonces rey de Moab.
Por tanto, envió mensajeros a Balaam hijo de Beor, en Petor, que está junto al río, en la tierra de los hijos de su pueblo, para que lo llamasen, diciendo: Un pueblo ha salido de Egipto, y he aquí cubre la faz de la tierra, y habita delante de mí. Ven, pues, ahora te ruego, maldíceme este pueblo, porque es más fuerte que yo; quizá yo pueda herirlo, y echarlo de la tierra; pues yo sé que el que tú bendigas será bendito, y el que tú maldigas será maldito.
Fueron los ancianos de Moab y los ancianos de Madián, con las dádivas de adivinación en su mano, y llegaron a Balaam, y le dijeron las palabras de Balac. Él les dijo: Reposad aquí esta noche, y yo os daré respuesta, según Jehová me hablare. Así los príncipes de Moab se quedaron con Balaam. Y vino Dios a Balaam, y le dijo: ¿Qué varones son estos que están contigo? Y Balaam respondió a Dios: Balac hijo de Zipor, rey de Moab, ha enviado a decirme: He aquí este pueblo que ha salido de Egipto, cubre la faz de la tierra; ven, pues, ahora y maldícemelo; quizá podré pelear contra él, y echarlo.
Entonces dijo Dios a Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es.
— Números 22:1–12
Así, Balaam se levantó por la mañana y dijo a los príncipes de Balac: Volveos a vuestra tierra, porque Jehová no me quiere dejar ir con vosotros. Y los príncipes de Moab se levantaron y vinieron a Balac, y dijeron: Balaam no quiso venir con nosotros. Volvió Balac a enviar otra vez más príncipes, y más honorables que los otros, los cuales vinieron a Balaam y le dijeron: Así dice Balac hijo de Zipor: Te ruego que no dejes de venir a mí.
Porque sin duda te honraré mucho, y haré lo que tú me digas; ven, pues, ahora, maldíceme este pueblo. Y Balaam respondió y dijo a los siervos de Balac: Aunque Balac me diese su casa llena de plata y oro, no puedo traspasar la palabra de Jehová mi Dios, para hacer cosa chica ni grande. Os ruego, por tanto, ahora, que reposéis aquí esta noche, para que yo sepa qué me vuelve a decir Jehová.
Y vino Dios a Balaam de noche y le dijo: Si vinieron para llamarte estos hombres, levántate y vete con ellos; pero harás lo que yo te diga.
— Números 22:17–20
Así Balaam se levantó por la mañana y enalbardó su asna y fue con los príncipes de Moab. Y la ira de Dios se encendió porque él iba, y el ángel de Jehová se puso en el camino por adversario suyo. Iba, pues, él montado sobre su asna, y con él dos criados suyos. Y el asna vio al ángel de Jehová que estaba en el camino con su espada desnuda en la mano y se apartó el asna del camino, e iba por el campo. Entonces azotó Balaam al asna para hacerla volver al camino.
Y el asna vio al ángel de Jehová que estaba en el camino con su espada desnuda en su mano, y se apartó del camino e iba por el campo. Entonces azotó Balaam al asna para hacerla volver al camino. Pero el ángel de Jehová se puso en una senda de viñas, que tenía pared a un lado y pared al otro. Y viendo el asna al ángel de Jehová, se pegó a la pared, y apretó contra la pared el pie de Balaam; y él volvió a azotarla. Y el ángel de Jehová pasó más allá, y se puso en una angostura, donde no había camino para apartarse ni a derecha ni a izquierda. Y viendo el asna al ángel de Jehová, se echó debajo de Balaam; y se encendió la ira de Balaam, y azotó al asna con un palo.
Entonces Jehová abrió la boca del asna, la cual dijo a Balaam: ¿Qué te he hecho, que me has azotado estas tres veces? Y Balaam respondió al asna: Porque te has burlado de mí. Ojalá tuviera espada en mi mano, que ahora te mataría. Y el asna dijo a Balaam: ¿No soy yo tu asna, sobre mí has cabalgado desde que tú me tienes hasta este día? ¿He acostumbrado a hacerlo así contigo? Y él respondió: No.
Entonces Jehová abrió los ojos de Balaam, y vio al ángel de Jehová que estaba en el camino, y tenía su espada desnuda en su mano; y Balaam hizo reverencia, y se inclinó sobre su rostro. Y el ángel de Jehová le dijo: ¿Por qué has azotado tu asna estas tres veces? He aquí, yo he salido para resistirte, porque tu camino es perverso delante de mí. El asna me ha visto, y se ha apartado luego de delante de mí estas tres veces; y si de mí no se hubiera apartado, yo también ahora te mataría a ti, y a ella dejaría viva.
— Números 22:28–33
Entonces Balaam dijo al ángel de Jehová: He pecado, porque no sabía que tú te ponías delante de mí en el camino; mas ahora, si te parece mal, yo me volveré. Y el ángel de Jehová dijo a Balaam: Ve con esos hombres; pero la palabra que yo te diga, ésa hablarás. Así Balaam fue con los príncipes de Balac. Dejémoslo hasta ahí un momento, hermanos.
Nuestra introducción dice que el camino del pueblo de Dios sobre el mundo está lleno de peligros, peligros que en la mayoría de los casos no sería capaz de evitar o prevenir si el Señor en su misericordia no le guardara. El enemigo de nuestras almas nos acecha, pero aquel que nos llamó nos defiende y preserva.
La conspiración oculta y la providencia que el pueblo no ve
Esto se hace evidente en la historia de Balaam: el rey de Moab conspira para maldecirle y lo intenta tres veces, pero Dios convierte este intento de maldición en una triple bendición. Emociona aún más ver que esta fue una historia que Israel conoció retrospectivamente, después que sucedieran los hechos. Del mismo modo, las misericordias de Dios nos rodean a nosotros, su iglesia, y solamente cuando estemos ante su presencia sabremos y nos deleitaremos en las diferentes formas en que su providencia guardó nuestro caminar sobre esta tierra.
Lo que está sucediendo es que se está conspirando contra el pueblo del Señor y el pueblo del Señor todavía no lo sabe. Todavía Israel no ha entrado, ni siquiera ha visto a Moab, pero en Moab ya se está conspirando contra el pueblo del Señor. Se ha mandado a buscar un brujo para que este brujo eche maldición sobre el pueblo del Señor, que es Balaam, y cuando este brujo viene, el Señor se lo impide. Se ha mandado a un ángel a que estorbe al brujo en el camino e Israel todavía no lo sabe.
Lo que más emociona de esta historia, hermanos, es ver la providencia del Señor aun en nuestro desconocimiento. No son pocas las maneras en que el Señor debe haber cuidado a su iglesia en este tiempo, que su iglesia ni siquiera entró en conciencia de la manera en que el Señor estaba cuidando, pero el Señor estaba allí. Es más, hermanos, sería imposible que usted haya permanecido ni siquiera un día en los caminos del Señor si no fuera por su providencia. En nuestras propias fuerzas nosotros estamos desprovistos. Satanás está tramando cosas contra el pueblo del Señor en este momento, y si uno se pusiera a pensar en las diferentes trampas que ha tejido el enemigo, quizá ni siquiera nosotros viviéramos.
Sin embargo, se deja ver en esta historia que antes de que el pueblo llegara ya el Señor había estado preparando cosas para defender a su pueblo. Y que hay momentos en que el Señor nos defiende y ni siquiera nosotros hacemos conciencia de que la mano del Señor ha estado a favor de nosotros. Me gustaría que analizáramos primero el carácter de este rey malvado que se está oponiendo al pueblo del Señor. Se llama el rey Balac, rey de Moab. ¿Quiénes son los moabitas? En estos estudios bíblicos que hemos tenido los miércoles acerca del libro de Génesis, vimos en un momento de dónde se desprendieron todos estos pueblos.
Balac: oposición innecesaria e ignorante contra el pueblo de Dios
Los moabitas son descendientes de Lot. Son hermanos de los amonitas. Moab y Amón son los hijos de Lot, o sea que de algún modo son familiares lejanos, aunque fuera del pueblo de Israel. Si los de Israel son descendientes de Abraham, entonces estos son por lo menos primos cercanos del pueblo del Señor. Y algo que llama la atención es que este rey se opuso al pueblo del Señor innecesariamente. Israel no estaba llamado a pelear contra Moab. Es más, Israel, con muchos de los pueblos por los cuales atravesó, lo que hizo fue que pidió permiso. La ordenanza del Señor era expulsar a los cananeos, un pueblo que se había vuelto aborrecible delante del Señor, pero no era como que el pueblo del Señor venía caminando y haciendo guerra con todo el que se encontraba en medio.
Es más, con Edom, que en Edom son los descendientes de Esaú, cuando ellos pasaron por la tierra de Edom, mandaron cartas y pidieron permiso, y le dijeron a los edomitas: Permítannos pasar por el campo de ustedes y nosotros ni siquiera tocaremos las uvas que encontremos en el camino. Vemos aquí una oposición y un intento de maldición que, de entrada, es innecesario. No había que maldecir a Israel, no había que oponerse a Israel, Israel no vino a pelear contigo.
Creo que entonces quiero establecer que son muchos los hombres que en este tiempo se oponen al pueblo del Señor, ni siquiera llamémoslo, si acaso se pudiera llamar así, por necesidad, sino que lo hacen por ignorancia. Algunos se rebelan contra Dios por desobediencia y otros se rebelan contra el Señor por ignorancia. Son muchos los hombres en este tiempo que, cuando les preguntas: ¿Y por qué, qué tienes, ese sentimiento tan negativo contra Dios y contra su pueblo? “No sé, pero me opongo al pueblo del Señor”. Eso se llama oposición por ignorancia.
A este hombre le hubiera ido mejor si, en vez de oponerse, por lo menos preguntara quiénes son ellos. ¿Recuerdan cuando vimos los gabaonitas? Los gabaonitas tuvieron formas más virtuosas que estos. Los gabaonitas no tenían derecho porque ellos sí eran parte de los cananeos y estaban ahí mezclados, pero estos no. Pero los gabaonitas, que estaban entre los cananeos, sí manifestaron que tenían la intención de acercarse al pueblo del Señor.
Son muchos los hombres en este tiempo que se parecen al rey de Moab: andan ni siquiera sin investigar de qué se tratan los caminos del Señor; se oponen porque se oponen, es como “porque sí”. Son muchas las personas que están como gratuitamente opuestas a Dios, no saben lo que están haciendo, pero están opuestos por ignorancia.
Otra característica de este rey es que él entendía que podía contratar el poder de las tinieblas contra el poder de Dios. Y que ciertamente él sabía que este pueblo venía desde Egipto y que el Señor le había sacado con mano fuerte, pero él entendía que él podía buscar un representante, él podía buscar un brujo, y contraponer el poder de Balaam al poder de Dios.
El poder limitado de las tinieblas y el falso profeta Balaam
Aquí se ven dos cosas. Lo primero, hermanos: el poder de las tinieblas es real. No podemos ignorar que realmente Satanás opera en el mundo. Dice la Escritura que cuando Satanás se rebeló, se llevó millares y millares de ángeles; son demonios al día de hoy, y que las fuerzas de las tinieblas son reales. Pero el poder, hermanos, el poder de Balaam no es ni siquiera contraopuesto al poder de Dios.
No hay tal cosa como una lucha cósmica entre la luz y las tinieblas, como entre Satanás y Dios. Eso no existe en la Escritura, eso es caricatura. Te quieren enseñar como que Satanás es todopoderoso y que va a haber una gran batalla al final de los tiempos. Señores, dice el libro apocalíptico que al final de los tiempos el resplandor del Señor solamente va a destruir a Satanás. No es como que en la gran batalla final va a haber como muchos tiros y, por un lado Satanás, y como un pulseo de que el Señor se está cayendo y Satanás dominando. Eso no existe. Dice la Escritura que con el resplandor, solamente el resplandor del Señor será suficiente.
La maldad que existe en este tiempo, las fuerzas de las tinieblas, son reales y están sobre la tierra porque el Señor lo ha permitido. Sin embargo, el poder de Balaam es minúsculo con relación al poder del Señor. Llama la atención que este, que era, digamos, el púgil, su representante, su pupilo del rey de Moab, cuando viene él dice: “Yo tengo que pedir permiso. Yo sé que usted quiere que yo lo maldiga, pero a esa gente yo tengo que pedirle permiso a Jehová”. Miren a Balac dónde ha entrado.
Balac, un momentico, pero Balaam es un representante, un prototipo de esos hombres que quieren, por ignorancia, hacer grandes despropósitos. Es más, yo a veces pienso que le ha hecho más daño a la humanidad la ignorancia de algunos que la oposición instruida de otros. Gente que ni siquiera se ha preocupado por saber quién es Dios y quién es ese pueblo del Señor, y están opinando tantas cosas. Esos son los que se parecen a Balac.
¿Qué más vemos sobre él aquí? Vemos que él llamó al falso profeta y el primer llamado lo hizo enviando mensajeros, expresando públicamente que creía en su poder. Envió dádivas de adivinación; eso, dádivas de adivinación, es dinero: te estoy enviando un botín de dinero para que por eso entonces tú me lo maldigas. Y no salió en el primer viaje, entonces mandó un segundo con mensajeros aún más honorables, con un ruego profundo, con una oferta material más grande. Dice: “Te honraré mucho, mucho”. Y él se puso hasta en sus manos totalmente; le dijo: “Haré lo que tú me digas”.
¿Y aquí pasa Balaam. ¿Quién es Balaam?
Balaam: un profeta contradictorio, usado pero no aprobado
Miren, Balaam es uno de los personajes más contradictorios que hay en todas las Escrituras. Si usted lo ve hablando, parece un santo, pero si usted ve su accionar, es un demonio. O sea, Balaam es un despropósito, un contrasentido; eso es lo más ambivalente que hay en las Escrituras. Es un falso profeta que está acostumbrado a dar augurios por dinero, pero que también dice que conoce a Jehová y adora a Jehová. Dice que “Jehová, mi Dios”.
De él se habla en casi todas las partes de la Escritura. Miren, en el libro de Números, un poco más adelante, se dice que aconsejó a los moabitas que se mezclaran con Israel para corromperles y ponerles a adorar a sus dioses. Dice: “He aquí, por consejo de Balaam, las mujeres de su pueblo fueron causa de que los hijos de Israel prevalecieron contra Jehová en lo tocante a Baal-peor, por lo que hubo mortandad en la congregación de Jehová”. Oigan, para qué se prestó Balaam: después que vio que no pudo maldecir, lo que aconsejó por detrás fue: “Júntense, mándenle mujeres y llévenlos a la idolatría”.
Se menciona en Deuteronomio 23:3–6 que fue aniquilado, junto con los madianitas, quizá por su misma perversión. En el libro de Josué se dice que era un adivino. En Josué 13 y Josué 24 se menciona en resumen que Josué lo venció en la conquista. En Nehemías, después del exilio, la historia fue contada para memoria de Israel, de lo que no se debía hacer. Miqueas 6:5 lo menciona como un recordatorio de la fidelidad del Señor a pesar de su intención. Segunda de Pedro, capítulo 2, lo compara con los falsos maestros de este tiempo. Dice Pedro: “Han dejado el camino recto y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad, y fue reprendido por su iniquidad”. En Judas 11 habla de que era un falso profeta, y dice: “¡Ay de ellos! Porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré”. Y en Apocalipsis 2:14 dice que algunos retienen la doctrina de Balaam.
Lo digo, hermanos, que Balaam fue infame. Fue un personaje, un profeta, digamos, famoso, pero no por su virtud, sino por su perversión. Cuando se encuentra con Dios, manifiesta reverencia, pero después que Dios se va, entonces él vuelve a hacer sus mismas cosas. Fue guiado por dinero. Algo que llama la atención es que él como que entendía que podía lograr las dos cosas. Cuando vinieron el primer viaje, les dijo: “Miren, yo no puedo ir con ustedes porque Jehová no me lo permite, pero mi intención sería ir”. O sea, él no está diciendo: “Tan mal que yo bendiga al pueblo del Señor, tan mal que yo me ofrezca a dar augurios por dinero, eso no; el asunto es que no me lo permiten”.
Pero si me lo permitieran… Al segundo viaje ya el Señor le había dicho: “Balaam, ese pueblo es bendito del Señor, no puede ser maldecido”. Vuelven con más dinero, vuelven con más dignidad, vuelven a enviarlo con una invitación todavía más agresiva, y él les dijo: “Déjenme consultar de nuevo con Jehová”. Yo me pregunté: ¿Qué era lo que aspiraba Balaam? ¿Era que Balaam aspiraba a que realmente Dios podía cambiar de posición y que él podía lograr el santo y la limosna, que podía lograr cumplir con la voluntad del Señor y al mismo tiempo conseguir los beneficios?
Balaam es un prototipo de aquellos hombres que nunca se entregan totalmente, sino que van de las luces a las sombras. Yo sé que ustedes también conocen a algunos que son así, que un momento están con Dios, y cuando están con Dios son la maravilla ante Dios, pero luego hacen con su vida lo que les parezca más satisfactorio, más placentero. Que cuando hay que manifestar devoción al Señor ellos dicen: “Él es el Señor, él es Jehová, él es mi Dios”, decía Balaam; pero que, cuando le dice Moab: “Ven con nosotros”, él ata bulto con Moab y va.
Orar contra la voluntad de Dios y la necedad de Balaam
Yo me pregunto: ¿Y qué pretendía Balaam yendo con Moab? ¿Cuál era su intención? Oigan los contrastes. Cuando vienen donde él con dinero, les dice: “Miren, yo… quizá quisiera ir, pero es que Jehová no me lo permite”. Cuando vienen de nuevo con dinero, les dice: “Déjenme orar a Jehová de nuevo”. Y yo les pregunto, hermanos: ¿Hay que orarle al Señor por un despropósito? Lo que el Señor ha dicho que está mal, ¿deberíamos orarle por eso? Pero es mucha la gente que anda orándole al Señor por sus pecados.
“Mira, yo sé que eso al Señor no le agrada, pero déjame pedirle al Señor a ver si él…” Yo sé que no debemos ir en contra de la voluntad del Señor, “pero déjame orar al Señor para que él me lo diga directamente, que eso no”. Hermanos, yo hice eso. Yo recuerdo un momento en que yo quería hacer mi voluntad y no la del Señor, y yo decía: “Déjame orar al Señor, a ver si es que yo no leí bien las Escrituras”.
Hermano, la palabra del Señor está clara. La actitud ante el pecado no es buscar a ver si el Señor cambia de opinión, porque dice la Escritura que él es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Oigan los contrastes. Cuando Naamán fue donde Eliseo con un carro lleno de vestidos y de oro y de monedas, ¿qué hizo Eliseo? Ni siquiera salió. Y Naamán quiso darle cosas, y él le dijo: “No, vete, vete con tus cosas”. Quien salió fue Gehazi, y se llenó de lepra.
Cuando Satanás vino donde Cristo en el desierto a tentarle, él le dijo: “Vete de mí, Satanás”. Cristo ni por un momento acarició la oportunidad de hacer la voluntad satánica para disfrutar de los beneficios materiales. Y Pedro, cuando vino Simón el mago, oigan lo que le dijo: “Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón, porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás”.
¿Y qué hace Balaam cuando vienen donde él? Los pone a dormir en su casa, hace un compás de espera a ver si puede. Yo me imagino la turbación que tenía Balaam en su corazón. Dice: “Guau, yo quisiera maldecir a esta gente y conseguir el botín, pero es que Dios no me lo ha permitido; déjame ver si Dios me lo permite”.
¿Y José, hermanos? ¿Qué hizo José ante la tentación? José quería hacer la voluntad del Señor, y vio la oportunidad de satisfacer los deseos de su carne, y dice que José salió corriendo. Hermanos que están aquí presentes, aquí hay una preciosa lección para la iglesia de Cristo: no deberíamos estar nosotros deseando, ni orando, ni esperando un momento a ver si vemos una señal para hacer lo que el Señor directamente ya ha dicho.
Ahora, otra cosa muy rara aquí es: ¿de dónde vino Balaam y por qué conocía a Jehová? Balaam vino de Mesopotamia, tierra de los patriarcas. Y hay evidencia en esto, hermanos, de que el pensamiento y la adoración al Dios verdadero era algo que se tenía en memoria en toda la tierra, y que Israel quizás fue el único pueblo que se mantuvo íntegro a la verdadera adoración a Dios, pero entre diferentes pueblos de la tierra todavía prevalecía conocimiento. Balaam conocía a Jehová, así como conocía otras deidades; también conocía a otros dioses.
Dios suelta al necio y la diferencia entre ser usado y ser aprobado
Hermanos, el pensamiento de Dios no fue exclusivo al pueblo de Israel. Dios se reveló y diferentes pueblos conocieron la gloria de Dios. Sin embargo, la adoración monoteísta exclusiva estuvo dentro solamente de Israel. Algunos impíos ven en esto una contradicción; dicen: “Pero, ¿por qué si al Señor le permitió ir después se lo opuso? Porque él fue porque el Señor le permitió ir, ¿o no fue que el Señor se lo permitió?”.
Hermanos, yo no quiero hacer de esto un punto muy fuerte, pero también yo lo veo como un tipo de advertencia. Hay gente que el Señor como que la suelta en su necedad. “¿Tú quieres? Está bien, suelto. ¿Tú quieres? Dale, ve”. Y cosecha las consecuencias. Yo le tengo un poco de miedo a eso, hermanos, de que el Señor suelte a uno sobre su maldad, porque miren, si no fuera por la misericordia del Señor…
“Ok, Balaam, yo te dije que ese pueblo es bendito del Señor, ya tú sabes lo que hay; ve”. Si uno viera la historia hasta ese momento, uno entendería que Balaam era un adorador a Dios que realmente estaba obedeciendo, pero lo que se evidencia, hermanos, es que el Señor toleró a Balaam, pero para hacer evidente la maldad que había en su corazón. Por lo menos en nueve porciones más de la Escritura se refleja lo que había verdaderamente en el corazón de Balaam: deseo de dinero, de poder, que era un falso profeta, que después corrompió a Israel. Uno de los mayores daños a Israel se lo hizo Balaam con ese consejo que dio un capítulo después.
También me llama la atención en esto que no es lo mismo ser usado por Dios que ser aprobado por Dios. Ciertamente Balaam fue usado por Dios para bendición, pero no significa que Balaam fuera aprobado por Dios. Por eso le decía Pablo a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte ante Dios aprobado”. No era: “Timoteo, procura con diligencia que Dios te use”. Hermano, Dios puede usar a cualquier persona, hasta una burra usó Dios para que hable.
Hermano que está aquí presente, que tú hayas sido usado por Dios no significa que hayas sido aprobado por Dios. Son muchos los hombres de este tiempo, falsos maestros, falsos profetas de esos que hacen mucho ruido, que la gente te dirá: “Pero mira, ese hace milagros, ese es usado por Dios poderosamente, ese es profeta de Dios”. Recuérdales a Balaam. Y cuando te digan que están haciendo milagros por el Señor, tú les dices que el Señor mismo dijo que muchos dirán que en su nombre hicieron milagros, echaron fuera demonios, y él les dirá: “Apartaos de mí, hacedores de maldad, que yo nunca os conocí”.
Hermanos, Balaam es un ejemplo de que ser usado por Dios no significa ser aprobado por Dios. Y que hombres perversos pueden ser utilizados por Dios como instrumento. ¿O no utilizó el Señor a Nabucodonosor? ¿O no utilizó el Señor a Ciro, rey de Persia? ¿O no utilizó el Señor a cantidad de personas que no tenían un carácter agradable delante de él? Ser usado por el Señor no significa ser aprobado por el Señor. Timoteo, no es que “procura con diligencia ser usado por Dios”; no: “Procura con diligencia presentarte ante Dios aprobado”.
En el caminar cristiano ustedes verán milagros, ustedes verán gente manifestar poder, ustedes verán gente hablar en nombre del Señor, y hasta hablarán la verdad. Balaam profetizó no tres sino cuatro veces, y las cuatro veces lo que profetizó fue verdad. Esto llama la atención porque grandes escándalos que han destruido la iglesia del Señor han sido creados por hombres que predican la palabra del Señor con verdad, pero que en su carácter personal no están siendo aprobados por Dios.
Miren, yo he escuchado a Jimmy Swaggart predicar, e hice una vez el esfuerzo de ver cómo estaba predicando Jimmy Swaggart en el momento que fue descubierto su pecado. Hermanos, eran sermones grandes; lo que predicaba Jimmy Swaggart era la verdad de Dios, eran las Escrituras. Pero al mismo tiempo vivía en un desorden sexual que terminó llevándolo a la ruina. Que un predicador pueda tener un alto púlpito, que una persona pueda hablar con verdad, no significa que su carácter esté siendo aprobado por Dios.
Si a usted le parece eso difícil de entender, recuerde que el Señor, para hablar en un momento, hasta una burra utilizó. No quiero descartar esto de que: “Mira, si la persona predica la palabra del Señor, es un hombre piadoso”. No, aguántese. Son muchos los perversos que trazan la palabra del Señor con verdad. “Ah, ese hombre hace milagros, hace prodigios, hace señales, entonces es un siervo del Señor”. No, no, no. Son muchos los Balaams de este tiempo que profetizan con verdad y que hacen milagros del Señor, pero no procuran con diligencia presentarse ante Dios aprobados.
La burra de Balaam y la verdadera actitud delante de Dios
Tener un mensaje correcto, tener señales y prodigios, no significa que Dios esté aprobando al hombre. Balaam es un ejemplo de ambas cosas. No quiero ahondar más en eso, hermanos, pero la cristiandad está llena en este tiempo de hombres que hacen milagros y gente que tiene la Palabra versión en su boca. No te guíes de eso, hay algo más.
¿Qué vemos también en esto? Vemos la actitud. Yo quisiera poner a la burra de Balaam a predicar, hermanos. Yo pienso que la burra de Balaam puede ser una tremenda evangelista. Al ver el mensajero del Señor se apartó dos veces, y a la tercera se agachó. Si usted no quiere escuchar la Palabra del Señor, escuche a la burra de Balaam. Mire, cuando usted esté en contra del Señor, apártate, apártate, después agáchate; al Señor no se le saca el pecho. O sea, Balaam venía en contra de Dios y quería encontrarse con Dios. Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo, dice la Escritura.
¿Cuál debe ser la actitud de un pecador si ese pecador entiende que está ante la presencia del Señor? Apártate y después agáchate. Es un profundo temor. Miren, la burra de Balaam manifestó más devoción que Balaam mismo. Esos que están ahí no piensen que era que los animales tienen pensamiento; no. Así como Satanás utilizó un animal astuto para engañar a Adán y Eva en el jardín, aquí el Señor utilizó un animal un poco ingenuo para reprender a Balaam; pero era Dios mismo que estaba hablando ahí.
No era como que los animales tienen inteligencia para hablar, no. El Señor es todopoderoso, y si tiene que poner su palabra en boca de una burra, la pondrá. Las piedras, dice la Escritura, que si nosotros nos callamos, las piedras hablarán. O sea, no hagamos de esto un punto de que “no, entonces los animales hablan, los animales tienen conciencia”. No, hermanos, los burros no hablan. Es evidente en la Escritura que el Señor abrió la boca, o sea, que fue el Señor que habló por medio de esa burra. Era el Señor que estaba reprendiendo a Balaam, no era la burra, era el Señor mismo.
Nos movemos entonces un poco más. Versículo 36 en adelante del 22:
Oyendo Balac que Balaam venía, salió a recibirlo a la ciudad de Moab que está junto al límite de Arnón, que está al extremo de su territorio. Y Balac dijo a Balaam: ¿No te envié yo a llamar? ¿Por qué no has venido a mí? ¿No podré yo honrarte?
— Números 22:36–37
Aquí él se está pavoneando: “Bueno, pero tengo rato mandándote, te he mandado a buscar dos veces, ¿es que tú dudas que yo tenga dinero?, ¿es que tú dudas que yo pueda tratarte como se trata a un hombre de tu dignidad?”. Balaam respondió a Balac: “He aquí, yo he venido a ti; mas, ¿podré ahora hablar alguna cosa? La palabra que Dios pusiere en mi boca, ésa hablaré”.
Hermano, parece que la reprensión del ángel la tenía fresca en la mente todavía. Uno ve aquí a Balaam, y uno dice: “No, pero este hombre de verdad se arrepintió”. Búsquelo dos capítulos después y verá quién es verdaderamente Balaam. Son muchos los hombres que tienen encuentros temporales con el Señor y quedan como impresionados, pero después se les va el susto. Yo tengo casos cercanos de gente que yo los vi caer al piso, humillados ante el Señor, y después de eso la primera semana todavía tenían devoción, la segunda un chin, la tercera y la cuarta, el mismo Balaam de siempre.
Él nada más cogió un susto; no es un arrepentimiento. Aquí vemos a Balaam, que todavía está como… “No, no, yo…”, pero claro, tú te acabas de encontrar un ángel, tuviste una burra hablando, y no digo yo si tú dices que vas a hablar la palabra de Jehová; hasta yo, cualquiera.
Arrepentimiento verdadero y la primera profecía: un pueblo apartado
Ahora, eso no es arrepentimiento. Hermanos, que se entienda con esto que el arrepentimiento no es un susto temporal; el arrepentimiento es una resolución permanente de hacer la voluntad del Señor. Que dure una semana la voluntad del Señor, eso no es arrepentimiento. ¿Qué quiero establecer con esto? Que el verdadero arrepentimiento se expresa en una obediencia a través del tiempo. Por eso tengo yo cierto miedo a estas personas que vienen a una iglesia, dicen que ya se arrepintieron y que su vida cambió. El Señor transforma, lo veíamos en la clase de escuela bíblica, pero no es por sustos, no es por pequeñas impresiones; es algo que permanece a través del tiempo.
“La palabra que Dios ponga en mi boca, ésa hablaré”. Y Balaam fue con Balac, y vinieron a Kiriat-huzot. Y Balac hizo matar bueyes y ovejas, y envió a Balaam y a los príncipes que estaban con él. El día siguiente Balac tomó a Balaam y lo hizo subir a Bamot-baal, y desde allí vio a los más cercanos del pueblo. Y Balaam dijo a Balac: “Edifícame aquí siete altares y prepárame aquí siete becerros y siete carneros”. Y Balac hizo como le dijo Balaam, y ofrecieron Balac y Balaam un becerro y un carnero en cada altar.
Y Balaam dijo a Balac: “Ponte junto a tu holocausto y yo iré; quizá Jehová vendrá al encuentro, y cualquier cosa que me mostrare te avisaré”. Y se fue a un monte descubierto. Y vino Dios al encuentro de Balaam, y éste le dijo: “Siete altares he ordenado, y en cada altar he ofrecido un becerro y un carnero”. Y Jehová puso palabra en la boca de Balaam. Algo interesante, hermanos, es que la relación del Señor con Balaam era como un poco transaccional. Balaam quería decirle: “Yo te he agradado”. El Señor ni siquiera miró eso que le presentó. “Balaam, es que tú no me estás adorando; lo que me interesa es que la boca tuya me sea útil para dar un mensaje, pero no es que yo esté aprobando tus altares”. Ahí él manejaba adoración a los paganos. No sé, el sacrificio a Dios no fue poco; él puso altares. Hermanos, que el Señor le haya puesto profecía en su boca es porque el Señor quería dar un mensaje.
Mírenlo aquí: Jehová puso palabra en la boca de Balaam. Algo interesante, hermanos, es que el giro que Jehová transmite es como algo que no es tuyo, sino que es de otro. “Lo que tú vas a decir es como que soy yo; ve y da eso como mensajero”. Tiene importancia el mensajero a la luz del mensaje; no, tú eres un simple mensajero que va de A a B. “Balaam, voy a poner palabras en tu boca, vuélvete a Balac y dile así”.
Aquí viene una serie de tres profecías que da Balaam sobre Israel, y en cada una de estas profecías nos anuncia un asunto en especial. No puedo detenerme, por asuntos de tiempo, a analizar cada una de las profecías íntegramente, pero cada una de ellas nos transmite una lección especial acerca de Dios o acerca de su pueblo. Esta es la primera profecía, y veremos la lección que nos transmite. Dice así:
Y volvió a él; y he aquí que él estaba junto a su holocausto, él y todos los príncipes de Moab. Y él tomó su parábola y dijo:
De Aram me trajo Balac, rey de Moab, de los montes del oriente: Ven, maldíceme a Jacob, y ven, execrad a Israel. ¿Por qué maldeciré yo al que Dios no ha maldecido? ¿Y por qué he de execrar al que Jehová no ha execrado? Porque de la cumbre de las peñas lo veré, y desde los collados lo miraré; he aquí un pueblo que habitará confiado, y no será contado entre las naciones. ¿Quién contará el polvo de Jacob, o el número de la cuarta parte de Israel? Muera yo la muerte de los rectos, y mi postrimería sea como la suya.
— Números 23:6–10
Entonces Balac dijo a Balaam: “¿Qué me has hecho? Te he traído para que maldigas a mis enemigos, y he aquí has proferido bendiciones”. Y él respondió y dijo: “¿No cuidaré de decir lo que Jehová ponga en mi boca?”.
Primer intento de maldición, el Señor lo torna en bendición. ¿Qué nos enseña el Señor en esta primera bendición sobre Israel? Eso está en el versículo 9: “Un pueblo que habitará confiado y no será contado entre las naciones”. Nos transmite la idea de que Israel es un pueblo particular, que es un pueblo separado, que el pueblo del Señor está entre las naciones, pero no es contado entre las naciones. Me gusta como lo traduce la NVI: “Un pueblo que vive apartado, que no se cuenta entre las naciones”. Y la Biblia de las Américas dice: “He aquí, es un pueblo que mora aparte y no será contado entre las naciones”.
Es la sensación, hermanos, de que el pueblo del Señor es un pueblo especial. Ustedes son pueblos de la tierra todos, pero en medio de la tierra habita un pueblo que es distinto. Hermanos, cuando cantamos que somos el pueblo del Señor, que somos un pueblo especial, ¿a qué nos referimos? A eso: a que los ojos del Señor recorren todos los contornos de la tierra, pero en medio de la tierra existe un pueblo que es un pueblo especial, que es el pueblo del Señor, que fue inicialmente Israel y después está compuesto por todos aquellos que han reconocido que Jesús es el Cristo, que es el Hijo de Dios.
En esta promesa, hermanos, nosotros también podemos encontrar consuelo. Cuando querían maldecir, el Señor dijo: “No, ese es un pueblo bendito; es un pueblo bendito porque en medio de las naciones es un pueblo especial”.
Segunda bendición: la fidelidad de Dios por encima de la iniquidad
Hay mucho más que ver en eso, hermanos, pero si tú te vas a quedar con una lección de la primera profecía, quédate con esa lección: el pueblo del Señor es bendecido por el Señor, y el pueblo del Señor es un pueblo apartado de todas las demás naciones. La mano del Señor está a favor de su pueblo.
Sigue avanzando más. Le dijo Balac: “Te ruego que vengas conmigo a otro lugar”. Balac entendía que mientras más alto el lugar, entonces más confianza había en que había más poder, o algunos autores dicen que era como que podía ver más cantidad de pueblo, pero él hizo tres intentos distintos. “Haz otro intento más”, le dijo Balac: “Te ruego que vengas conmigo a otro lugar, desde el cual los veas; solamente a los más cercanos verás y no los verás a todos, y desde allí me los maldecirás”. Y lo llevó al campo de Zofim, a la cumbre del Pisga, edificó siete altares y ofreció un becerro y un carnero en cada altar.
Entonces él dijo a Balac: “Ponte aquí junto a tu holocausto, y yo iré a encontrar a Dios allí”. Y Jehová salió al encuentro de Balaam y puso palabra en su boca, y le dijo: “Vuélvete a Balac y dile así”. Y vino a él, y he aquí que él estaba junto a su holocausto, y con él los príncipes de Moab. Y le dijo Balac: “¿Qué ha dicho Jehová?”. Entonces él tomó su parábola y dijo:
Balac, levántate y oye; escucha mis palabras, hijo de Zipor. Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? He aquí, he recibido orden de bendecir; él dio bendición, y no podré revocarla. No ha notado iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel. Jehová su Dios está con él, y júbilo de rey en él. Dios los ha sacado de Egipto; tiene fuerzas como de búfalo. Porque contra Jacob no hay agüero, ni adivinación contra Israel; como ahora será dicho de Jacob y de Israel: Lo que ha hecho Dios. He aquí, el pueblo que como león se levantará, y como león se erguirá; no se echará hasta que devore la presa, y beba la sangre de los muertos.
— Números 23:18–24
Segunda gran bendición, segundo intento de maldición. ¿Qué idea nos transmite? Dice aquí que Dios es fiel, que amaba a su pueblo a pesar de ellos mismos. Hermanos, acompáñenme ustedes mismos al versículo 21: “No ha notado iniquidad en Jacob ni ha visto perversidad en Israel”. Y ahora yo les pregunto a ustedes: ¿Israel era bueno? ¿No había perversidad allí? Si van tres capítulos a la izquierda y tres capítulos a la derecha, encontrarán que eso estaba lleno de perversidad.
¿Qué nos dice esta segunda bendición? Me gusta cómo lo traduce la NVI: “Dios no se ha fijado en la maldad de Jacob ni ha reparado en la violencia de Israel. El Señor su Dios está con ellos, entre ellos se aclama al rey”. ¿Qué es lo que nos dice aquí, hermanos? Que el amor de Dios a Israel es un amor permanente, que Dios sí es fiel y por eso ama; introduce el concepto de amor de pacto.
Después le preguntaron: “Señor, ¿y por qué amaste a Israel?”. Y él dijo: “Israel ha fallado, Israel se ha ido detrás de todos los pueblos, pero aun así yo le amaré, le amaré de pura gracia”. Hermanos que están aquí presentes, no condicionen el amor del Señor hacia su pueblo a la dignidad que tenga el pueblo del Señor. No. La dignidad del pueblo del Señor debe ser la consecuencia del amor de Dios hacia su pueblo.
Si yo pusiera a revisar mi corazón, hermanos, y a buscar las razones que Dios tendría para amarme, no habría nada. Y yo tengo que concluir como concluyó la segunda profecía de Balaam: “No ha notado iniquidad en Jacob ni ha visto perversidad en Israel”. O como tradujo la NVI: “No se ha fijado en la maldad de Jacob ni ha reparado en la violencia de Israel”.
Segunda cosa, hermanos, segundo intento de maldición que se convierte en profecía: Dios es fiel. La historia de la redención no es la historia de la fidelidad del hombre, es la historia de la fidelidad de Dios.
Tercera bendición y el Espíritu de Dios sobre un hombre perverso
Pero no se queda aquí la historia. Hay más intentos de maldición. Entonces Balac dijo a Balaam: “Ya que no lo maldices, tampoco lo bendigas”. Yo lo entiendo: “Está bien, Balaam, que tú no lo quieras maldecir, pero no te emociones tanto”. Es que esta segunda bendición, hermanos, fue como una bendición florida; él como que lo sintió. Él no solamente dijo algo, sino que ya estaba emocionado. “Balaam, aguanta, recuerda que fui yo que te mandé a buscar”.
“Ya que no lo maldices, tampoco lo bendigas”. Balaam respondió y dijo a Balac: “¿No te he dicho que todo lo que Jehová me diga eso tengo que hacer?”. Y dijo Balac a Balaam: “Te ruego que vengas, te llevaré a otro lugar; por ventura parecerá bien a Dios que desde allí me lo maldigas”. Y Balaam lo llevó a la cumbre de Peor, que mira hacia el desierto, el monte más alto que había en Moab. “Mira, vamos al monte más alto, y desde aquí ven que de aquí sí tú vas a maldecírmelo”.
Entonces Balaam dijo a Balac: “Edifícame aquí siete altares y prepárame aquí siete becerros y siete carneros”. Y Balac hizo como Balaam le dijo, y ofreció un becerro y un carnero en cada altar.
En esta quiero detenerme un ratito. Esta es diferente. Y aquí pasa algo, hermanos, que es extraordinario, que a mí me congoja ver lo que está sucediendo aquí. Escuchen:
Cuando vio Balaam que parecía bien a Jehová que él bendijese a Israel, no fue, como la primera y segunda vez, en busca de agüeros, sino que puso su rostro hacia el desierto; y alzando sus ojos, vio a Israel alojado por sus tribus; y el Espíritu de Dios vino sobre él.
— Números 24:1–2
Esto es muy raro. Parece que la primera y segunda vez, cuando Balaam fue a buscar a Dios, hizo sus articulaciones de magia con base a los paganos, y aun así Dios puso palabra en su boca. Pero cuando él se convenció de que “Mira, no hay manera, Jehová ha bendecido a Israel, no porque Israel sea bueno, no porque Israel sea el más grande, sino porque Dios es fiel y bendijo a esa gente”, él dijo: “Ya yo sé que a Jehová le parece bien que yo bendiga a Israel”.
Y alzando sus ojos vio a Israel alojado por sus tribus en el desierto, y el Espíritu de Dios vino sobre él. Entonces tomó su parábola y dijo:
Dijo Balaam hijo de Beor, y dijo el varón de ojos abiertos; dijo el que oyó los dichos de Dios, el que vio la visión del Omnipotente, caído, pero con los ojos abiertos: ¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob, tus habitaciones, oh Israel! Como arroyos están extendidas, como huertos junto al río, como aloes plantados por Jehová, como cedros junto a las aguas. De sus manos destilarán aguas, y su descendencia será en muchas aguas; se enaltecerá su rey más que Agag, y su reino será engrandecido. Dios lo sacó de Egipto; tiene fuerzas como de búfalo; devorará a las naciones enemigas, desmenuzará sus huesos, y las traspasará con sus saetas. Se encorvará para echarse como león, y como leona; ¿quién lo despertará? Benditos los que te bendijeren, y malditos los que te maldijeren.
— Números 24:3–9
Hermanos, lleno del Espíritu Santo estaba Balaam. Un caso raro. Aquí hay otra evidencia de que el que una persona tenga el Espíritu de Dios posado sobre él no significa que Dios lo apruebe. Dice que el Espíritu de Dios vino sobre Balaam. Miren, aquí el calvinismo tiene un problema, un problema que no saben cómo responderlo, porque encontramos a un hombre sobre el cual Dios estaba y que profetizó en el nombre del Señor, y después, entonces, dice un capítulo después que era un hombre malvado y que murió en su iniquidad.
Que Dios esté sobre una persona temporalmente no significa que Dios la apruebe. Y hay una lección espiritual. Balaam habló del pueblo de Dios como ni siquiera los judíos hablaban de ellos mismos. Usted le dice a un judío de ese momento, cuando habían llegado, y usted le pregunta: “¿Y cómo ustedes se ven?”. “Aquí estamos medio muertos; estamos muertos de hambre, no hay carne; usted sabe, cuando no le dan carne, no le dan cebolla, no le dan vegetales. Hambre estamos pasando aquí nosotros”.
¿Y cómo veía Balaam, lleno del Espíritu de Dios, al pueblo del Señor? Él lo veía: “¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob, tus habitaciones, oh Israel! Como arroyos están extendidas, como huertos junto al río, como aloes plantados por Jehová, como cedros junto a las aguas”.
Ver la dignidad del pueblo de Dios con ojos espirituales
¿Será de nosotros que está hablando? ¿Será así como veía Balaam? Hermanos, aquí hay una lección espiritual: para ver la virtud que tiene el pueblo de Dios, hay que estar lleno del Espíritu Santo. Para ver la dignidad que tiene el pueblo del Señor, tiene que venir el Espíritu de Dios y abrir los ojos espirituales.
Si nosotros vemos la realidad del pueblo del Señor sobre la tierra, dice la Escritura que nosotros somos contados entre los peores; que somos por muertos, que somos insignificantes. Pero cuando el Espíritu de Dios abre los ojos del hombre, el hombre dice que el pueblo del Señor, sus tiendas son hermosas, sus habitaciones son extensas, sus arroyos, sus huertos, sus aloes, sus cedros; que sus manos destilan aguas.
Hermanos, hay una lección espiritual aquí: para uno ver la dignidad que tiene la iglesia del Señor, solamente con la ayuda del Espíritu Santo uno puede ver eso. Yo lo he testificado varias veces, que cuando yo voy por el sur, por ejemplo, la carretera que va de Barahona a Pedernales, yo he contado que en cada hilito hay cerca de quince iglesias que se están cayendo de lado: “Iglesia de Dios”, “Iglesia Asamblea”, “Iglesia de esta”, “Iglesia de la otra”, “Iglesia del otro”. Y uno dice: “Wow, pero esas iglesias…”. Si tú la ves con los ojos carnales, tú verás madera y tejas que se están yendo de lado.
Ahí dentro está el pueblo del Señor. Y si no lo viera con los ojos espirituales, no entendería la dignidad de lo que sucede ahí dentro. Si uno lo mira con los ojos carnales, uno diría: “No, bien están los que están en otra parte”. Hermanos, nuestra iglesia local, si tú miras la iglesia local, la iglesia evangélica mundial, con ojos carnales, tú dirás: “No, esto es un grupito de gente aquí, un grupúsculo, un grupo de personas que no saben bien para dónde van; el que menos sabe soy yo”. Si tú lo miras con los ojos carnales, hermanos, tú dirás: “No, es un grupo de gente que está ahí, vamos a ver”.
Pero si el Señor permitiera que el Espíritu de Dios viniera sobre nuestra mente y abriera nuestros ojos, ¿qué veríamos? ¿Qué veríamos? Yo creo que, como Balaam, diríamos: “¡Cuán hermosas son tus tiendas, tus habitaciones, tus arroyos, tus huertos, tus aloes, tus cedros, tus manos! Y qué hermoso es tu Rey”.
A la dignidad de la iglesia del Señor se llega cuando el Señor le abre los ojos a uno. Es más, usted sabe que usted es salvo porque usted llega a amar al pueblo del Señor, y hay un cariño especial que uno tiene a estas cositas así, que nos dan como siempre por muertos, como decía Pablo, y que nadie daría nada por su pueblo. Hermanos, la dignidad que tiene depende de que el Espíritu de Dios nos permita ver el pueblo del Señor como el pueblo del Señor es.
Y después nos dice: “Se enaltecerá su rey más que Agag”. Miren la dignidad que tiene Israel, una dignidad que ni siquiera Israel mismo la ve. Y en esto, hermanos, yo tengo que llamar la atención: el pueblo del Señor siempre se subvalúa. Tú hablas con cualquier judío de cuando habían llegado, y si le dices: “¿Cómo ustedes se ven?”, “Aquí estamos medio muertos, estamos muertos de hambre, no hay carne…”.
Y ¿cómo te ve Balaam, lleno del Espíritu Santo? Como arroyos extendidos, como cedros plantados. Hermanos que están aquí presentes, si tú vieras tu vida misma con los ojos carnales, tú entenderías que tú estás entre los últimos; pero si tú miras tu vida por un momento como la ve Dios, tú verás que eres bendecido, que eres protegido por el Señor, y sobre todo la dignidad que tiene tu Rey.
La cuarta profecía: la estrella de Jacob que es Cristo
Pero no se queda aquí el asunto. Después de esto, yo me imagino que fácil lo hubieran matado. “Fue hasta bueno”, porque después de traer un hombre de Mesopotamia para que te maldiga a un pueblo, y que este hombre te bendiga tres veces, ¿qué es lo siguiente? Mírenlo aquí, lo siguiente:
Entonces se encendió la ira de Balac contra Balaam, y batiendo sus manos le dijo: Para maldecir a mis enemigos te he llamado, y he aquí los has bendecido ya tres veces. Ahora huye a tu lugar. Yo dije que te honraría, mas he aquí que Jehová te ha privado de honra.
— Números 24:10–11
No cuentes con que te vaya a dar nada; te vas con las manos vacías. Parece que Balaam todavía tenía su cosquillita de que: “Claro, pues yo vine a dar el servicio”. Él no dio el servicio. Él fue, hizo, y él no garantizó nada. Y Balaam le respondió: “¿No lo declaré yo también a tus mensajeros que me enviaste, diciendo: Si Balac me diese su casa llena de plata y oro, yo no podré traspasar lo dicho por Jehová para hacer cosa buena ni mala de mi arbitrio; más lo que hable Jehová, eso diré?”.
“He aquí, yo me voy ahora a mi pueblo. Por tanto, ven, te indicaré lo que este pueblo ha de hacer a tu pueblo en los postreros días”. Le dio una ñapa, hermanos. “Está bien, no me paguen; pero oiga lo último”. No fueron tres, fueron cuatro. Pues le dio tres y una ñapa. Para que ustedes vean, no solamente yo doy ñapa, Balaam también daba su ñapa. Y oigan la ñapa, oigan lo que este profeta pagano dijo:
Ven, te indicaré lo que este pueblo ha de hacer a tu pueblo en los postreros días. Y tomó su parábola y dijo: Dijo Balaam hijo de Beor, y dijo el varón de ojos abiertos; dijo el que oyó los dichos de Jehová, y el que sabe la ciencia del Altísimo, el que vio la visión del Omnipotente, caído, pero con los ojos abiertos:
Lo veré, mas no ahora; lo miraré, mas no de cerca; saldrá estrella de Jacob, y se levantará cetro de Israel, y herirá las sienes de Moab, y destruirá a todos los hijos de Set.
— Números 24:14–17
¿Y quién es ese, hermanos? Cristo. Si tú quieres saber la relevancia de Cristo, de Cristo habló todo el mundo en el Antiguo Testamento; hasta Balaam habló de Cristo. Hermanos, de Cristo habló Isaías, habló David, habló Miqueas; Cristo es la persona central de la historia. Hasta el profeta falso Balaam habló de Cristo: “Saldrá estrella de Jacob y se levantará cetro en Israel”.
Y sigue:
Será tomada Edom, será también tomada Seir por sus enemigos; Israel se portará varonilmente. De Jacob saldrá el dominador, y destruirá lo que quedare de la ciudad. Y viendo a Amalec, tomó su parábola y dijo: Amalec, cabeza de naciones; mas al fin perecerá para siempre. Y viendo al ceneo, tomó su parábola y dijo: Fuerte es tu habitación; pon en la peña tu nido; porque el ceneo será echado, cuando Asiria te llevará cautivo.
— Números 24:18–22
Todo eso sucedió, hermanos. Todos esos pueblos fueron tratados de la misma manera que habló Balaam. Por eso les digo: lo que Balaam dijo fue verdad; su dificultad no estaba en su boca, estaba en su corazón. Tomó su parábola otra vez y dijo:
¡Ay! ¿Quién vivirá cuando hiciere Dios estas cosas? Vendrán naves de la costa de Quitim, y afligirán a Asiria, afligirán también a Heber; mas él también perecerá para siempre.
— Números 24:23–24
Entonces se levantó Balaam y se fue, y volvió a su lugar, y también Balac se fue por su camino.
Aplicación final: si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?
Hermanos, qué intento de oponerse al pueblo del Señor, y de qué manera sabe librar el Señor a su pueblo. A veces yo, como pastor suyo, veo a mis hermanos y me veo a mí mismo, y digo: “Wow, ¿y quién podrá? ¿Permaneceremos? ¿Podrán mis hermanos mantenerse en pie después de la aflicción? ¿Podrán mis hermanos soportar la tentación? ¿Podrán mis hermanos seguir caminando después de breve tribulación momentánea?”.
Yo les diré, hermanos: el Señor está aderezando mesa delante de tus angustiadores. “Jehová es mi pastor, nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar, junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días”.
Lo maravilloso de toda esta historia, hermanos, es que Israel ni siquiera se enteró de estos cuatro augurios. Israel ni siquiera supo lo que Balaam estaba tramando, lo que Balac estaba tramando, lo que Balaam no pudo hacer. Hermanos, te diré: tú eres el pueblo del Señor. Satanás conspira contra tu alma, pero tú eres el pueblo del Señor.
Yo lo terminaba en mi sermón de la misma manera que comenzamos el culto de hoy:
¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.
¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero.
Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
— Romanos 8:31–39
Que Dios bendiga a su pueblo.
Oración final y despedida
Oremos al Señor. Gracias, Señor, por tus promesas, gracias, Señor, por tu provisión, gracias por tu misericordia. Gracias porque todavía estamos aquí, Señor. Gracias porque no has tomado en cuenta la iniquidad de Jacob ni el pecado de Israel. Gracias, Señor, por tu gracia. Gracias por esta manada pequeña, gracias por este pequeño rebaño que tú sí sabes pastorear. Gracias, Señor, porque tu mano y tu favor están a favor de tu pueblo.
Te encomiendo a mis hermanos, Señor. Mira que, como su pastor, quizá me faltan a mí humanamente las fuerzas para guiarles, pero sé que tus ovejas están en tus manos, Señor, y que nadie las podrá arrebatar de allí. Gracias por la confianza que da, Señor, el ver que tú cuidas de Israel aun cuando Israel no estaba mirando. Gracias, Señor, porque solamente cuando estemos en tu presencia veremos la multiforme gracia tuya, que obró a favor de tu pueblo para que tu pueblo, en su trajinar, tuviera, Señor, un feliz encuentro contigo en tu presencia, para la gloria tuya, Señor.
En el nombre de Jesús. Amén.
Que el Señor te bendiga, hermano. Nos vemos el próximo miércoles en nuestro culto de estudio bíblico.