Ahora te queremos dar la gloria a ti, alabanza por medio de nuestra obediencia a tu Palabra. Nos disponemos a leerla, Señor, dirige nos tú en este tiempo, responde tú nuestras preguntas, corrige todos nuestros puntos de vista y que reine tu soberana voluntad y no la nuestra. En el nombre de Jesús, amén.
Hoy tengo una enseñanza en siete puntos, hermano, acerca de un tema muy apropiado que es el canto congregacional. Es un tema sencillo, de algún modo no es un tema muy profundo, pero es un tema al mismo tiempo práctico, y es relevante porque es algo en lo que la iglesia participa domingo tras domingo y algunas veces entre semana: es el canto congregacional. Miren, el canto congregacional es una parte importante del culto cristiano y nos da la oportunidad de expresar con música nuestra adoración a Dios. Analizar, conforme a las Escrituras, sus diferentes características puede ayudarnos a tener un mejor canto.
La razón por la cual yo quiero hablar de esto, hermano, es porque hemos estado trabajando el relanzamiento de nuestro ministerio de adoración. Desde enero pasado estamos trabajando en eso, un proyecto que ahora con la ayuda del Señor vamos a poder lanzar en abril. Pero me parece que lanzar el ministerio de adoración de nuevo solamente con nuestros músicos y cantantes es algo muy limitado, porque la adoración congregacional no es algo que sucede en la vida de cuatro adoradores, ¿no? El canto congregacional es algo que tiene que ver con todos nosotros. Y más que relanzar un ministerio de adoración en nuestra iglesia, me parece que debemos trabajar para relanzar la adoración completa en Pez Mundial.
Gloria al Señor porque nuestros músicos, nuestros cantores, pueden coordinarse y hacer esto, dirigirnos en adoración. Hermano, pero la adoración no se trata de enfocarnos en lo que ellos han preparado para nosotros; el canto congregacional es algo en lo cual debe participar toda la iglesia. Lo que se ha hecho es identificar siete características que tienen que estar muy presentes en el canto congregacional, con el fin de que ustedes lo tengan así mismo, que lo tengan presente. Lo he resumido, hermano, y le he puesto un pasaje de la Escritura donde fundamentamos que el canto congregacional tiene que tener esa característica, para que ustedes todavía puedan abundar más. No tengo una porción grande de la Escritura, sino que tengo varias porciones pequeñas, y a la luz de estas porciones entonces entenderemos cuáles son las características que tiene que tener el canto que se celebra en una iglesia cristiana.
En segundo lugar, y a modo de introducción, les diré para despejar cualquier duda que no toda la música cristiana es una música apropiada para el canto congregacional. Me explico un poco: hay canciones cristianas que tienen diferentes características, pero las canciones que se incluyen en el canto donde toda la iglesia participa en eso son canciones con características determinadas. Por otro lado, no todo lo que compone un músico cristiano tampoco debe ser incluido en el canto congregacional.
No toda música cristiana sirve para el culto
Muchos hermanos nuestros, a los que el Señor les ha dado habilidades en los instrumentos o habilidades en la composición, han escrito canciones que son canciones verdaderas, porque es imposible que un hijo del Señor cante algo que no sea apropiado para los hijos del Señor. Sin embargo, muchas canciones que han escrito cantantes cristianos no son canciones apropiadas para el canto congregacional, porque quizás es una canción que escribió un hermano para su esposa, o quizás una canción que escribió un hermano para sus hijos, que podría tener relevancia en una actividad determinada, pero no necesariamente es la canción más apropiada para el canto congregacional.
Que el hermano tenga la habilidad de componer no significa que todo lo que ha compuesto entonces es digno del culto cristiano. Esto tiene su analogía con el predicador. Hermano, yo gran parte de mi exposición oral son sermones para una iglesia, pero hay veces que yo preparo otras exposiciones que no necesariamente son para una iglesia. Esas exposiciones que podría preparar, por poner un ejemplo: yo preparé muchas exposiciones para la universidad sobre diferentes temas. Ahora, que el pastor de la iglesia haya preparado, cuando estuvo en la universidad, una exposición sobre diferentes temas, no significa que porque lo haya preparado el pastor sea algo digno para que lo prediquemos a la iglesia.
Eso es lo que quiero remarcar: que lo haya cantado un cristiano no significa que sea útil para el canto congregacional; que lo haya compuesto un hermano no significa que tenga la característica que tiene que tener la música con que la iglesia, los domingos, celebra la presencia del Señor. Son características muy especiales, y las he listado aquí. Primera característica, hermano, que tiene que tener el canto congregacional —y tenemos que ir un poquito rápido porque son puntos cortos y tengo siete, y algunas características no son una sola, sino que con un pasaje encontramos más de una— y se las leí ahora mismo.
Este es un caso, miren, dice la Escritura:
Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
— Juan 4:23
Aquí en esta primera característica que nos da este versículo encontramos dos. Nos dice que el canto tiene que ser un canto espiritual, y al mismo tiempo nos dice que tiene que ser un canto verdadero. Hermano, un secreto: no todo el que viene el domingo a la iglesia adora mucho; muchos solamente cantan. La adoración que va a Dios es una adoración que sale de un corazón transformado, de una persona que tiene vida espiritual.
Si una persona es ajena a la vida de Dios, a la realidad de Dios, por mucho que tararee una canción nunca esa canción será una manifestación de adoración. Por eso, digamos que, de una manera mucho más precisa, solamente aquel hombre que ha recibido la vida espiritual de Dios, que ha nacido de nuevo, podría adorar al Señor correctamente. No está mal que aquel que no conoce a Dios venga a la iglesia y cante, pero solamente adorará aquel que ha nacido de nuevo, que tiene vida espiritual, que podría cantar al Señor en espíritu y en verdad. Cualquier persona podría cantar, pero solamente adora aquel que tiene el Espíritu de Dios en su corazón y se puede comunicar con Dios.
¿Me siguen en esto? Es muy bueno que cualquier persona venga a una iglesia, pero hay personas que vienen a la iglesia y estas canciones no son una actitud de adoración al Señor, sino que son un tarareo de una canción más, como cualquiera que sale en la radio. Y qué bueno que es una canción a Dios. La verdadera adoración, la adoración que el Señor espera, es una adoración que no solamente es en espíritu, no solamente sale de nuestro interior, de esa parte que Él puso ahí, sino que se hace en verdad, y la verdad es Cristo.
Canto espiritual y verdadero, no solo emoción religiosa
Una canción cristiana apropiada para el canto congregacional, de algún modo, tiene que tender a la verdad y de algún modo tiene que salir de un corazón que ha sido despertado por Dios. Esto es adorar en espíritu y adorar en verdad. Miren, hay mucha gente que está cantando canciones cristianas; por eso no se llama adoración. En muchas emisoras ponen ya canciones cristianas, pero son canciones como cualquier otra, hermano; no son una canción que sale desde un hombre que tiene comunión con Dios y expresa esto a través de música, ni tampoco es una canción que está siendo cantada porque hay aquí un entendimiento intelectual de lo que es verdadero. Son canciones que se cantan porque la pusieron en el radio.
Del mismo modo, hay personas que vienen a la iglesia y cantan porque la incluyeron en el programa del domingo. Ahora, un cristiano que ha nacido de nuevo, el Espíritu de Dios vive en su corazón, él puede adorar al Señor con algo más que con su voz, es algo que sale desde adentro. Y al mismo tiempo, él puede adorar en verdad. Primera parte, hermano: tiene que ser un canto espiritual y tiene que ser un canto verdadero.
Hay canciones que son buenas canciones, pero no son canciones verdaderas. “Desiderata” es una canción bonita, también aplausos y todo, “entre el ruido y las prisas” y todo eso, es una canción hablada que hasta es bonita, Desiderata. Pero en el canto congregacional no cantamos Desiderata, porque eso es verdad quizá para él; nosotros cantamos lo que Cristo nos dijo que era verdad. Esto es lo que tiene que ver. El personal que me dice: “Pastor, ¿y no podríamos cantar tal canción en la iglesia? Porque es una canción bonita”. No, no es solo que sea una canción bonita, una canción emocionante; hace falta que sea una canción verdadera.
En la adoración a Dios y en el canto congregacional cantamos aquello que sale de un corazón que ha sido despertado por Dios, y al mismo tiempo cantamos lo que es verdad. En segundo lugar, hermano —y voy muy rápido—, el canto congregacional tiene necesariamente que estar centrado en Dios. Miren, no les voy a leer este salmo porque ya se lo leí ahorita cuando comenzamos, el Salmo 100. Leí parte de ese salmo, porque ese salmo nos habla de lo que es Dios, y tengo serias dudas de que una persona que no haya conocido a Dios pueda adorar a Dios correctamente, porque no sabe quién es Dios.
Hay muchas personas que no han conocido a Dios y escriben canciones a Dios, y terminan cantándose ellos mismos. Para tú cantar una canción a Dios tienes que tener una profunda comprensión de quién es Dios. Como leía nuestra hermana Jackeline: reconoce que Dios es Dios, Él nos hizo y no nosotros. Hay personas que han centrado la adoración en el intérprete.
Ellos piensan que la adoración es buena siempre y cuando el intérprete que les está dirigiendo desde aquí, desde la iglesia, entonces lo haga bien. No se trata de eso; la adoración no está centrada en los intérpretes. Miren, tenemos que ser cuidadosos. A veces le llamamos a nuestro ministerio de adoración, le llamamos una “banda” porque tiene elementos de una banda, es así. Pero, a diferencia de una banda, el ministerio de adoración de una iglesia no canta para ser visto. Si ustedes van a ver cualquier banda, desde Juan Luis Guerra hasta los Rolling Stones, si ustedes van a ver esa banda, ustedes van a ver la banda interpretar.
Centrado en Dios, no en el intérprete ni en el oyente
Ahora, cuando se viene a la iglesia a cantar, en el canto congregacional no se trata de quién está ejecutando; se trata de Dios, Él es el centro. El centro no es el intérprete, tampoco el centro somos nosotros. Hay personas que les gusta la canción y se están robando la adoración a Dios, porque dicen: “Mira, cántame esa, porque esa como que me hace sentir tan bien”. Hermano, no se trata de que tú te sientas bien; se trata de lo que la canción dice, porque la canción congregacional no está dirigida a ti. Tú te podrás sentir bien por lo que la canción dice acerca de Dios, y como Dios es tu proveedor, entonces lo disfrutas, pero el canto congregacional tiene necesariamente que estar centrado en Dios.
Es más, miren, para escribir canciones cristianas hay que haber estudiado la persona de Dios. No está mal que cualquiera escriba una canción y un hermano quizá más duro se las revise, pero si una persona no ha conocido a Dios y comienza a cantarle a Dios, normalmente usa su imaginación. Miren, el cristianismo no es religión imaginada, esto es una religión revelada. Cualquier cosa que Rafael Pérez tenga para decirle a ustedes sobre Dios es una cosa que Dios ya reveló en su Escritura, porque yo no puedo inventármelo.
Eso de “Dios es dos puntos” y comenzar a hablar una mecaballada sobre Dios, hermano, eso es un contrasentido, es un despropósito. Los incrédulos una vez agarraron una canción que escribió Ricardo Arjona, que él decía: “Hoy Jesús afinó mi guitarra”. ¿Quién es Ricardo Arjona para estar cantando sobre Dios? ¿Ha conocido él a Dios? No, su imaginación. Y en esa canción él dice muchas cosas absurdas que se está inventando, que son fruto de su imaginación.
Cuando nosotros cantamos, al cristiano le cantamos a Dios; no le cantamos a un dios que nos imaginamos, le cantamos a un Dios que se ha revelado a nosotros a través de su Escritura. Por eso la música congregacional tiene que ser una música centrada en Dios, no en lo que yo creo que es Dios, sino en lo que Dios dijo que era Dios. Hermano, no tenemos facultad para nosotros comenzar a poner a Dios a decir cosas. Lamento mucho que algunos adoradores cristianos hayan hecho la labor de ventrílocuos.
Eso que agarran una canción y comienzan a hablar como Dios, le ponen una reverberación atrás: “No te preocupes, mi hijo, yo estoy contigo”. Hermano, eso solo se hace sobre la blasfemia. O sea, lo que yo tengo que decir que dijo Dios es lo que Dios dijo a través de su Escritura, porque ese es el testimonio confiable.
Contra la imaginación religiosa y el antropocentrismo
Lo último que yo he escuchado, novedades de música cristiana, es música cristiana de ultratumba. Hay gente que ha comenzado a poner que los antepasados hablándole desde la muerte, mandándose, y la Escritura dice que los muertos nada saben y que no tienen ninguna comunión con el mundo de los vivos. Por eso les digo que hacer música cristiana no es tan sencillo como poner “Dios”, dos puntos, “Dios, te alabo, te anhelo” y decir cualquier cosa que nos llegue a la mente.
El canto congregacional tiene que estar centrado en Dios, porque podemos cantar sobre Dios aquello que Dios en su misericordia reveló. Por eso, cuando alguien te diga: “Mira, Dios es tal cosa”, tú tienes que preguntar: “¿Y cómo tú supiste que Dios era eso?”. Con la obediencia a Dios, normalmente los incrédulos andan buscando redefinir a Dios, y dicen: “No, Dios no está esperando eso de ti”. “¿Y cómo tú lo sabes?” “A mí me parece que…” “Tú te lo estás cogiendo muy en serio, eso no lo quiere Dios que tú lo hagas”. “¿Y cómo lo sabes tú?” “No, porque a mí me parece que el dios que tengo instalado en mi mente, él no quiere que eso se haga así”.
Ahora, el Dios que se reveló por medio de su Palabra dice que así se hace. Por regla general, hermano, nosotros cantamos lo que Dios dijo que es, no lo que nosotros quisiéramos que Dios sea. No venimos aquí a decirles a ustedes de un dios que nos imaginamos, que “Dios es así”. No, venimos a cantarles a ustedes un Dios que se reveló y las características de Dios. Por eso el canto congregacional, aparte de ser espiritual y verdadero, tiene que estar totalmente centrado en Dios.
Me muevo al tercero y doy una ñapa en el segundo. Miren, no se trata de cómo tú te sientes. A veces yo siento que los músicos cristianos lo que hacen es que buscan cómo está su corazón: “Ay, yo estoy deprimido” y hacen una canción deprimida y dicen que se la cantan al Señor “como el ser humano”. No se trata de cómo tú te sientas, se trata de lo que es Dios. A diferencia de la música del mundo, que lo que hace es involucrar al hombre en una depresión constante, y si yo estoy triste me pone más triste, los cristianos, cuando estamos tristes, entonces cantamos alabanzas a Dios.
Y cuando cantamos sobre la grandeza de Dios, y cuando cantamos sobre la dignidad de Dios, y cuando cantamos sobre la provisión de Dios, entonces salimos, hermano, de nuestro momento de oscuridad. La música cristiana no es una música que sigue el corazón del hombre, sino una música que sigue el corazón de Dios, y lo que nosotros cantamos es aquello que es Dios, y cuando cantamos lo que es Dios, entonces nos sentimos mejor.
Por eso tampoco hacemos la labor del positivismo de decirte: “Mira, tú te vas a sentir bien y todo va a estar bien”. Espérate, si Dios dijo que va a estar bien, estará bien. “Las cosas van a mejorar, no te preocupes, hermano”. Espérate. Por regla general, el canto congregacional tiene que tener canciones que pongan a Dios en el centro. “Digno es el Cordero de Dios”: eso es, hermano, tener a Dios en el centro.
Bueno, tú oyes una canción cristiana que tú como que no la encuentras, y lo que me está diciendo es que él te está cantando no lo que es Dios, sino lo que es él. Es que lo que te está cantando ese músico no es lo que es Dios, sino lo que te está cantando es lo que es él. Y dice la Escritura que maldito el hombre que confía en el hombre.
Participativo: “entre vosotros” y no un concierto
Por regla general, las canciones que cantamos en el culto cristiano son las canciones que celebran a Dios y lo ponen en el centro. Dice así el libro de Efesios:
Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones.
— Efesios 5:19
La palabra clave ahí es “entre vosotros”. El canto congregacional no es un asunto para escucharlo solamente en silencio, que nos digan cosas; no, es un asunto para dirigirnos a la oración y que nosotros le digamos cosas al Señor. Por eso, la mejor canción, hermano, es la canción en que la iglesia participa toda. Ven qué bonito estaba el tiempo de adoración hoy, todo el mundo cantando lo digno que es el Cordero. Eso es lo que es un canto congregacional. No es algo que yo vengo aquí y subo la voz allá arriba para que tú te deleites en mi linda voz, ¿no? Yo vengo aquí a decirte que tú tienes que decir que “digno es el Cordero de Dios”.
Ven la diferencia en esto. O sea, no venimos aquí a que alguien le diga al Señor que Él es digno; venimos aquí para que alguien nos diga a nosotros: “Mira, tenemos que decir que digno es el Cordero de Dios, el que está centrado en el trono de Dios”. Ven que es diferente. Por regla general, el ministerio de adoración de una iglesia no viene aquí a cantarnos; viene aquí a dirigirnos en canciones. Viene aquí, hermano, a que —como ellos nos están coordinando— nosotros leamos aquí, o lo que veamos escrito, y que nosotros con nuestras palabras participemos, dice la Escritura, “entre vosotros”.
Tú me dirás: “Pero que yo no afino”. Canta al pasito; si usted no tiene la voz de Crystal Lewis, entonces usted canta al pasito, pero no deja de cantar. Hermano, miren, la gente cántame peor cuando está en el carro manejando y le pones una canción que le gusta, la canta. ¿Qué tú haces cuando estamos cantando? Beto, tú ahí lo dices al pasito: “Digno es el Cordero de Dios, el que está sentado”, y dilo tú, hermano, con tu boca, porque para eso es, para que lo cantes tú.
A diferencia de un concierto al público de lo que se da en el mundo, donde vienen a cantarte cosas para que tú te emociones, aquí venimos a poner palabras en tu boca, que son palabras que están en las Escrituras, para que tú se las digas al Señor.
Qué es un buen tiempo de canto congregacional
Y si a mí me preguntan qué es un buen tiempo de adoración congregacional, no es un tiempo donde nos sorprenden con mucha musicalización, donde hay una batería, donde… Todo eso está bueno, hermano, para adorar al Señor, nada de eso es malo. Pero el mejor culto de adoración congregacional, el mejor tiempo de canto congregacional, no es donde hay quizás un órgano, donde hay quizás una batería, donde hay quizá acordeones, donde hay metales y donde hay muchas voces y donde hay mucha gente diciendo. No, no, no, hermano.
El mejor tiempo de canto congregacional es donde la iglesia completa canta. Si tú quieres saber si tuvimos hoy un buen tiempo de adoración congregacional, pregúntate: ¿La iglesia cantó? Bueno, hay cosas que son irrelevantes: “Fulano estuvo bien; él como que entró tarde”. Hermano, eso es irrelevante; lo importante es que la iglesia cante. ¿Cantó la iglesia? ¿La iglesia participó en la adoración al Señor? ¿La iglesia pudo externar, abrir su corazón al Señor? Eso es un buen tiempo de adoración congregacional.
Por regla general, el canto congregacional es un canto participativo. Miren los himnos: hay gente que debate si se debería cantar al Señor con himnos de los de antes o con música de la de ahora. Con las dos, hermanos, pero que las dos ayuden a que la iglesia cante. Me importa poco que la canción tenga cien años de historia o que sea una canción acabada de escribir; lo importante es que la canción sea una canción verdadera, que sea una canción centrada en Dios y que le permita a la iglesia cantar. Es una buena canción congregacional que la iglesia cante.
Si viniste y solamente escuchaste, hermano, no participaste. Y dice la Escritura que es “entre vosotros”; que es un asunto que tiene que salir de todos nosotros poniendo un poquito de adoración al Señor. En tercer lugar, hermano, así como te decía que debe ser espiritual y verdadero, que tiene que estar totalmente centrado en Dios, el canto congregacional es un canto participativo.
Esta parte les parecerá rara, pero el Antiguo Testamento lo documenta correctamente: nos dice que tiene que ser un canto coordinado. Es más, hermanos, miren, en el templo de Israel había personas que estaban asignadas precisamente a la coordinación del canto. Que coordinaran, hermano, que cuando el pueblo venga no cante cada uno canciones distintas.
Coordinado y no improvisado desordenado
Imagínense el lío, hermano, si el pueblo dice: “Gracias por aquí, digno es el Cordero” por allá, y todo el mundo se cantara, todo el mundo quisiera cantar, ¿qué fuera esto? Por eso el Señor en su misericordia se aseguró de que se hicieran personas que coordinaran esto. Dice así el libro de 1 Crónicas:
Y Quenanías, principal de los levitas en la música, fue puesto para dirigir el canto, porque era entendido en ello.
— 1 Crónicas 15:22
Yo me imagino lo que Quenanías hacía. Yo a veces me lo imagino, quizás separaba el pueblo por grupos: “Ustedes cantan una estrofa y estos vienen con la otra. Primero cantan ustedes, después cantan los otros”. Él estaba buscando que el pueblo entero participara en el canto congregacional y que participara totalmente coordinado.
Quizás Quenanías lo que hacía era que le ponía el sentido a la adoración: “Miren, vamos a cantar tal salmo, y este salmo es importante porque nos recuerda la grandeza del Señor, nos recuerda su fidelidad”. Entonces les decía: “Ahora vamos a cantar un salmo de la fidelidad del Señor: esta fila primero, aquella fila después, hermano”. Qué bonito, un canto coordinado. También nos dice el libro de Nehemías:
Porque desde el tiempo de David y de Asaf, ya de antiguo, había un director de cantores para los cánticos, alabanzas y acción de gracias a Dios.
— Nehemías 12:46
Viene cada cierto tiempo, se levantan movimientos en las iglesias apuntando a lo espontáneo, y te dicen: “No, que el culto cristiano debería ser un culto donde si yo quiero cantar, canto; si yo quiero leer, leo”. Hermano, esto desde antiguo ha tenido coordinación.
Miren, hasta los motivos de oración que están atrás en su programa se coordinan con una semana de antelación. Y tú dirías: “No, eso es que seguro cualquier hermano se para y ora”. No, hermano. Mire, cuando aquí oramos hoy por nuestro equipo de logística, hubo un hermano que durante la semana estuvo orando por eso y después vino y dirigió a la iglesia en oración. Cuando se oró aquí hoy en cuanto al equipo de administración, hubo un hermano que durante la semana estuvo orando y después yo entonces presenté también el motivo. O sea, no es una improvisación de que: “¿Qué tú crees? ¿Por qué oramos hoy?” No, hermano, esto es un asunto coordinado al Señor.
Lo mismo, miren, si se va a leer un salmo, ese salmo ya se buscó con antelación porque es apropiado para el culto de hoy. Fíjense que todas las lecturas de nuestro culto como que son lecturas que han girado alrededor del canto congregacional.
Coordinación vs. emocionalismo improvisado
Lo que queremos con esto, hermano, es que nuestros cultos sean un culto coordinado. Yo conocí a un director de adoración en una iglesia que él llegaba y agarraba una guitarra, y miraba hacia el infinito, y todo el mundo esperando que comience la música. Y miraba hacia el infinito y se quedaba así, y decía: “Yo, como que me siento triste”, y agarraba la guitarra y daba ya un rasgueo y comenzaba a cantar una serie de asuntos como medio absurdos, que nada tenían que ver con Dios, hermano, sino que tenían mucho que ver con él y con su estado emocional.
Miren, por regla general un cantor cristiano no anda cantando su depresión; lo que anda cantando es que Dios es grande. Nuestra depresión y nuestra experiencia podríamos cantarla, pero sobre todo diciendo cómo se ha manifestado Dios en nuestras experiencias. Muchos salmos comienzan muy depresivos y dicen: “Aquí estoy, Señor, atribulado, abatido”, pero al final dice el salmo: “Pero con todo eso, yo me levantaré y cantaré”. Eso es lo que es un salmista cristiano.
No alguien que se quede ahí como abandonado en su asunto. Y después terminaba esa canción, y toda la iglesia: “¿Y con qué seguimos?” “Ay sí, ahora…” Hermano, esto tiene que ser algo coordinado, debe ser algo armado para el Señor. Esto debe ser algo dispuesto, no una improvisación que sucede en el momento. Debe existir coordinación. ¿Cuántas características es esa, hermano? Entonces, tiene que ser un canto coordinado.
Aquí quiero detenerme mucho más. El canto congregacional, según la Escritura:
¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento.
— 1 Corintios 14:15
Debe ser un canto entendible. Hermano, si tú no estás sabiendo lo que estás cantando, busca un diccionario. Hay gente que quiere que todo se lo simplifiquen: “Yo no entendí la canción, vamos a usar canciones más sencillas”. No, busca un diccionario, porque aprende un himno. No vamos a dejar de cantar ese himno porque el himno dice que “luce refulgente” y “yo no sé lo que significa refulgente”. ¿Cómo va a ser que dejemos de cantar el himno? ¿No es más fácil que tú te busques ahí y veas: “Refulgente, qué es lo que eso significa”?
Cantar con entendimiento es que cuando tú veas algo en la Biblia que se está cantando al Señor, trates de entender lo que se está cantando para que lo disfrutes. Yo siempre apuesto a que se nos repitan las canciones más de una vez, porque la primera vez tú como que ves de qué se trata.
Canto entendible, claro y objetivo
Pero quizá haya en esa canción una parte que tú no entiendas mucho y tú tengas el tiempecito durante la semana para buscar lo que significa una palabra, para entender de qué trata la canción. Y cuando tú vuelvas el domingo y cantes esa canción, ya la vas a cantar con entendimiento. Por regla general, hermano, una canción para el cántico congregacional debe ser una canción clara, no ambigua.
Hay canciones cristianas como que marean, que tú no sabes de qué van. Mira, hay una serie de artistas cristianos ahora como que escriben unas canciones que son como allá en el aire, y te dicen una cosa, y tú como… y yo me quedo como pensando. Miren, hay veces que los salmos, un salmo, son complejos; hay salmos complejos, pero es porque Dios es así, hermano. Miren, nuestro Dios no es fácil, no es “pajeco”. Estamos adorando a un Dios inmenso, hermano, y los adjetivos, aunque describen a Dios, los salmos de algún modo tienen que buscar adjetivos que describan su grandeza.
¿Qué te queda? Tener que dedicarte. Pero intencionalmente no deberíamos de desear ser obtusos: una canción así que esté como media en el aire, que tú no… esos medios raros. ¿Qué otra cosa, hermano? Tenemos que buscar, miren, tenemos que ser objetivos en las canciones. Por regla general, hermano, una canción cristiana está describiendo algún atributo de Dios o alguna gran doctrina cristiana. Eso es una buena canción. “Ay, yo quiero cantar hoy de tal cosa, como que me inspiré”.
En cuanto al canto congregacional, la inspiración tiene algún elemento, hermano, pero sobre todo la revelación. Dios dijo: eso es lo que hay que cantar, lo que Dios dijo, no lo que me surgió; es lo que Dios dijo. Hay una diferencia sutil entre lo que es arte y lo que es diseño. En la historia del arte uno, hermano, te dicen: “Mira, el buen arte es entendido por cada persona de acuerdo a su contexto”. O sea, a ti te enseñan un cuadro; ese cuadro a ti te puede transmitir alegría, y para otro le puede transmitir tristeza. Eso tiene el arte: el arte permite que las cosas se interpreten según.
Ahora, yo me sorprendo porque en la Escritura hay menos arte que diseño. El diseño a todo el mundo le da el mismo mensaje.
Una señal de tránsito no puede ser ambigua: que si tú eres del sur lo ves, ves la señal de tránsito y dices: “¿Como que eso es que pare, y si no entonces qué, velocidad mínima?”. No, las señales de tránsito son diseñadas. Lo mismo una canción cristiana, hermano, debe decir lo mismo a todos nosotros, debe decirnos lo mismo sobre Dios.
Hay este tipo de canción cristiana que tú no sabes si es para el Señor o para un amante. Sinceramente, hay muchas canciones, yo no voy a entrar en este detalle de mencionar nombre, pero yo sé que ustedes han escuchado que yo no sé si le escribieron para que yo se la cante a Carolina o se la escribieron para que el domingo se la cante aquí al Señor.
Claridad, consagración y contenido bíblico abundante
Y como que es ambigua, así como: “Mi amante eres tú, mi…” Bueno, ten cuidado con los adjetivos. Mira, Dios ha elegido metáforas para revelarse, pero esas metáforas tienen significados que son precisos. Eso no es como que cada metáfora bonita que tú te inventes le cae a Dios, no, hermano, ten cuidado con eso. Es más, una vez sucedió —y ese caso yo lo supe de primera mano— de un productor muy conocido que buscó a una artista cristiana y le hizo una producción con la siguiente característica: hizo una producción donde él le dijo: “Mira, si tú la cantas en una iglesia, la gente entiende que es para Dios; pero si la cantas en un concierto fuera de la iglesia, la gente entenderá que es para su pareja”. Y hubo una intención de que fuera ambigua.
¿Sabes lo que significa la palabra “consagración”? La palabra consagración significa que algo está determinado solamente para la adoración a Dios. Pero tenemos que ser cuidadosos en las canciones que ponemos en nuestra boca; las canciones que ustedes cantan, hermano, que sean canciones que claramente su objetivo sea glorificar el nombre del Señor, que sean claras, que no sean una canción que alguien me ha dicho: “¿Y debe mencionar siempre el nombre de Dios?” No siempre, pero se debe entender claramente que es para Dios.
Les voy a pedir a los músicos que me pongan aquí alguna de las canciones, la segunda canción que cantamos, y a ver si analizamos esa letra: “Digno es el Cordero”. Quiero que me pongan la letra en la pantalla para que analicemos la letra: “Digno es el Cordero”.
Digno es el Cordero, santo, santo, santo es Él; levantamos nuestra alabanza al que en el trono está. Un poco más: “Santo, santo, santo, Dios todopoderoso, quien fue, quien es y quien vendrá”. ¿Y qué más? “La creación hoy canta y damos gloria a Él; Tú eres digno, por siempre y siempre”. Hermanos, eso búsquenlo en Apocalipsis, capítulo 4 y 5, estaban cantando eso mismo. Quizás no sea literal lo que ahí está, pero vale la pena repetirlo muchas veces, muchas veces, muchas veces, muchas veces, muchas veces, hermano.
Una adoración cristiana tiene que ser entendible; que sea entendible significa que claramente se entienda que eso es para Dios. Si a todos les ponen eso en Estrella 90, esa canción… Todo el que está escuchando Estrella 90… Esa no la ponen, yo me he dado cuenta. Hermanos, las emisoras seculares han puesto ahora canciones cristianas, pero son las canciones cristianas como de tan pobre contenido teológico que a cualquiera le “pica”.
La canción cristiana cuando el incrédulo la canta le pica un chin. ¿Y por qué no le ponen de esa, hermano? “Ey, papo, que no me ponen de esa, que me pongan de esa, que esa me gusta”. No está mal que pongan canciones cristianas en ninguna emisora, hermano, gloria al Señor, pero que me pongan de las mejores. Miren, un cristiano no escucha un CD con el entendimiento apagado. Tú pones un CD y tú vas a ese CD: “Mira, hay dos canciones que son canciones muy relevantes, hay otra que es un poco floja, y lo otro es medio prescindible”.
No jugar con la adoración; evitar el relajo y lo trivial
Eso… dudo mucho que cuando… Y una vez me preguntó un hermano: “Cuando tú te encuentres delante del Señor, ¿tú le cantarías eso?” “No, no, esa no. Yo le canto una que tenga contenido, que se entienda claramente que era para Dios”.
En esta ñapa en cuanto a lo entendible, miren, nunca se debe jugar con la adoración a Dios. Se levantó hace unos años —gloria al Señor que eso murió como mueren todas las cosas inútiles, que nacen para morir—, comenzó un movimiento de gente que cantaban unos mambos violentos con coritos cristianos medio medio, que era como un relajito, un relajito. Y hay unas canciones, hermano, que son tan absurdas. Miren, uno debe seguirle la precisión a la Escritura.
Usted nunca vio… El arcángel Miguel una vez tuvo un encontronazo, y él no se atrevió, dice, a proferir ninguna maldición, sino que le dijo: “Repréndelo tú, Señor, porque yo no quiero…”. Se cantó muchas veces un corito que decía que “Satanás es un perro que no tiene dientes y que por más que ladre nunca nunca muerde; y allá en el Calvario Cristo lo venció y para que no muerda todos los dientes el Señor le quitó”. El diablo “muelao”. Hermano, con eso no se relaja, no se relaja.
No debemos tener un doble estándar, hermano. La música cristiana se debe medir con lo mismo que se mide un sermón. ¿Cómo sentirías tú si trajéramos aquí a un hermano a predicar, un invitado, y él buscara las grandes doctrinas del evangelio y comenzara a jugar con eso? Tú dirías: “Oye, ¿qué es eso? ¿Que eres salvo pero vamos a…?” No, hermano, yo soy salvo en el Señor, con eso no me juegues. No debemos jugar con la adoración a Dios y hacer de esto un instrumento para alegrarnos entre nosotros. “Ahora Satanás se ha vestido de bombero y a todos los cristianos quiere apagarles el fuego”, y ese jueguito da como una… Hermano, no.
La adoración cristiana debe ser una adoración que, de algún modo, esos coritos, si es un asunto irresistible que usted no puede evitar cantarlo, cántelo en su casa, hermano, póngalo en el radio. Pero para el culto cristiano tenemos que seleccionar canciones que de algún modo sean entendibles y que sean sublimes, hermanos, y que tengan calidad para el Señor. O sea, que sea un asunto elaborado. Diferencia: hay canciones que son para niños.
Claro, “Tengo un amigo que me ama, me ama, me ama”. Pero no te quedes en “Tengo un amigo que me ama”. O sea, un niño quizás no le vamos a poner a cantar esto porque el niño no entiende qué es “Santo, santo, santo es el Cordero”, eso es teología, hermano. Un niño quizá puede cantar, pero hay canciones para niños. Lo mismo dice Pablo: él dice: “Ustedes, cuando eran niños, se les daba leche, pero después entonces se les da alimento sólido”. En cuanto a la música, lo mismo, hermano: tienes que ir creciendo en tu adoración para que vayas entendiendo la carga de significado que tiene la canción más sustanciosa.
Canto como vehículo de la Palabra de Cristo
Abundante en contenido bíblico es el sexto, hermano. Yo descubrí todo esta semana y ese era el versículo que yo necesitaba leer. Miren, la adoración cristiana sirve para ser un vehículo de la revelación de Dios. Dice así:
La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría; cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.
— Colosenses 3:16
Primero, el objetivo: que abunde la Palabra del Señor en nosotros, ¿verdad?, ese es el objetivo. Pero después nos dice dos maneras en que eso se puede cumplir. ¿Cómo se logra, hermano, que la Palabra de Cristo more abundantemente en vosotros? Hay dos maneras; la primera: enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría. Esa es la primera. ¿Qué cosa logramos? Logramos que la Palabra de Cristo more en abundancia en nosotros. Primero, enseñándonos y exhortándonos unos a otros con toda sabiduría: eso es un sermón, hermano, es una porción de la Escritura con la cual enseñamos, con la cual exhortamos con sabiduría.
Pero también hay una coma y nos dice después el segundo vehículo por el cual eso se cumple. Nos dice: cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos, himnos y cánticos espirituales. La segunda manera, hermano, en que podemos lograr que la Palabra de Cristo abunde en nosotros es por medio de salmos, himnos y cánticos espirituales. De aquí, hermano, se presupone que una canción congregacional tiene que tener un sustancioso contenido bíblico.
Y debemos cantar solamente los salmos, hermano, pero que por favor sigan la Escritura, que no la contradigan, que de algún modo tú puedas buscar en la Escritura donde se respalda ese punto de vista. Que no cantes cualquier cosa que te llegue a la mente. Esto es lo que debería hacerse, hermano. Tenemos que evitar las canciones sin sentido; tenemos que evitar, hermano, forzar canciones como para que se parezcan a lo que dice la Biblia.
Es más —y en esto quizás soy ambicioso— pero en un buen tiempo de adoración congregacional, tú te quedas con tanta sustancia de las Escrituras que tú sientes que te predicaron. Miren, en un culto donde se ha estado cantando canciones sustanciosas al Señor, termina el tiempo de adoración y tú sientes como que ya tú tienes tanto contenido cantado de las Escrituras que tú te sientes lleno. Aprende a llenarte de la adoración. Cuando uno sale lleno de la adoración congregacional, no es cuando sale emocionado ni eufórico, no, hermano. Es cuando yo salgo con suficiente contenido de la revelación de Dios en mi mente.
Hay veces que uno se queda tarareando eso ahí: “Digno es, digno es, digno es, digno es”, y es lo mismo que dice Apocalipsis, hermano, lo mismo que decían los ángeles allá. O sea, eso es lo que buscamos: que la adoración congregacional, el canto congregacional, se convierta en un vehículo para el contenido bíblico.
Cántico nuevo y calidad en lo que ofrecemos a Dios
En sexto lugar —voy al último texto de la Escritura—:
Cantadle cántico nuevo; hacedlo bien, tañendo con júbilo.
— Salmo 33:3
Que el “cántico nuevo” tiene que ver con componer canciones nuevas, pero también tiene que ver con cantar canciones que sean apropiadas a lo que Dios está haciendo en la congregación en el momento. Una buena selección de canciones para la congregación refleja la emoción hacia Dios que hay en la congregación en ese momento.
¿Qué es un cántico nuevo, hermano? Que no siempre cantemos las mismas canciones. Yo recuerdo, en el templo evangélico de Azua, que siempre se decía: “Ahora una canción a petición”, y siempre había un hermano que tenía su himno. Ese hermano: “Cántame ese, ese es el mío, es mi himno”. Hermano, yo tengo mis himnos que ese es mi himno. Ahora, yo tengo que cantar un cántico nuevo. Si el Señor, sus misericordias son nuevas cada mañana, y el Señor ha tenido hoy una misericordia de mí de una manera totalmente distinta a como lo hizo ayer, es necesario que yo busque una canción que refleje lo que el Señor hizo hoy.
¿Te ha pasado que tú encuentras una canción cristiana de relevancia que tú dices: “¡Guau, mira, esa canción se parece a lo que está sucediendo en este momento!”? Recuerdo una vez, hermanos, cuando estábamos todavía frente a Teleantillas, que estábamos en un momento de muchas congojas en la congregación, mucha gente enferma, mucha gente que había estado teniendo dificultades personales, y sentíamos la iglesia como que estaba, hermanos, no sé, se sentía como que estaba en un desierto. Yo mismo me sentía, hermano, con tanta gente sufriendo alrededor, tanto dolor, y nos sentíamos como en el desierto.
Y en un culto, hermano, nos llegó una canción, pero una canción sumamente apropiada al momento de la congregación: “Te dará esplendor por ceniza”. Y comenzamos a cantar: “Por cenizas te dará esplendor, gozo por llanto y paz por temor; si algún error has cometido…”. Hermano, esa canción como que fue tan apropiada a la congregación, y no era una canción que estaba acabada de escribir, pero era un cántico nuevo de la congregación hacia Dios. Era un cántico que reflejaba lo que había en ese momento del corazón de la congregación hacia el Señor.
Por eso hay canciones, hermano, varias, y de esas canciones debemos ser muy cuidadosos en seleccionar aquellas canciones para el canto congregacional que reflejen la emoción hacia Dios que hay en la congregación en ese momento. Cuando cantamos “Esplendor por ceniza”, ese momento, hermano, fue glorioso: una toma de la congregación entera cantando: “Esplendor por ceniza, por cenizas te dará esplendor, gozo por llanto y paz por temor”, porque fue una canción apropiada al momento de la congregación.
Muchos salmos de David arriba dicen en el encabezado el momento en que David escribió el salmo. Hay salmos de arrepentimiento y pone arriba el salmista: “Salmo que escribió David cuando cometió pecado contra Betsabé”. Lo ponen allá. Hay otro que dice: “Salmo de victoria, salmo que escribió David cuando logró que entonces el reino fuera unificado”. Hay salmos, hermanos, que siguen momentos. Lo mismo el pueblo: cuando el pueblo de Israel cruzó el Mar Rojo dice que escribieron un cántico, hermano, un cántico, y era un cántico de victoria, un cántico de agradecimiento, era una algarabía que había.
¿Qué debe ser el cántico congregacional? Debe ser nuevo, pero también tiene que tener calidad. Escuchemos esta versión: “Hacedlo bien”. Guau, miren, esa palabra en hebreo, la misma palabra con que se describe la ofrenda de Abel. ¿Leyeron ustedes en el libro de Génesis que Abel preparó una ofrenda especial para el Señor y Caín buscó cualquier cosa? Cuando ahí dice “hacedlo bien”, el mismo término que se utiliza es el mismo término con que Dios describió la ofrenda de Abel.
No era una ofrenda que apareció por ahí: “Una canción, vamos a cantarle esta al Señor, ¿qué tú crees que le cantamos?” No, no, no, hermano, era una ofrenda preparada, era una canción seleccionada. “Hacedlo bien”, dice. Yo prefiero —y eso tiene que ver ahí con que ensayemos—: lo vamos a cantar para el Señor, que lo hagamos con cuidado, que coloquemos una cosa primero y la otra después: “hacedlo bien”.
Y en último lugar, hermano, nos habla a nosotros que debe existir un júbilo: “tañendo con júbilo”. ¿Qué es júbilo, hermano? Que tú sientas lo que estás cantando.
Júbilo, emoción y llamado a relanzar la adoración
Hay por ahí gente, hermano, que canta canciones que describen cosas tan sublimes y se quedan como indiferentes. Hermano, ¿cómo vas a decir que tú cantas “Tu pueblo dice gracias, oh cuán amor, inagotable fidelidad, incomparable grandeza”? ¿Y tú como que quieres que se acabe? Hermano, “tu pueblo dice gracias” y tú tienes que aplaudir, y tú tienes que decir: “Tengo razones para darle gracias”, siempre y cuando haya agradecimiento en tu corazón.
Cantar con júbilo, hermano, no es que la canción tiene que ser ruidosa; eso no es júbilo. Júbilo es algo que sale de adentro de ti, cuando tú puedes entender lo que estás diciendo, cuando tú puedes emocionarte con lo que la canción significa. Eso es lo que es júbilo para el Señor. Séptimo lugar, hermano: nuestro canto congregacional tiene que ser una canción con calidad musical, tiene que ser una canción nueva y una canción que se haga con emoción.
Miren, el próximo domingo me gustaría ver la iglesia cantando distinta. Ya tenemos dos domingos cantando la misma canción; me gustaría que cuando tú vengas el próximo domingo y cantes, tú cantes con entendimiento, hermano. Me gustaría que el próximo domingo lo hagamos en espíritu y en verdad, fruto de gente que han nacido de nuevo; que sea una adoración participativa, donde no solamente esté cantando gente aquí, sino que el pueblo entero, como un solo hombre, esté cantando al Señor; que sea una adoración coordinada —hermano, gloria al Señor que así está siendo—, que no ha sido una improvisación, sino que han sido canciones coordinadas; que entendamos, lo hagamos con entendimiento; que tenga un abundante contenido bíblico. Lean Apocalipsis en esta semana para que cuando ustedes canten el domingo entiendan lo que están cantando.
Que tengamos, hermano, una canción nueva, con calidad musical, y también que la cantemos con emoción. Oremos al Señor porque podamos relanzar la adoración en nuestra iglesia.
Nuestra congregación aquí reunida, Señor, hoy te canta, y qué bueno que te canta con entendimiento, con coordinación. Qué bueno que nuestras canciones tuvieron un abundante contenido bíblico, Señor. Gracias porque, al parecer, había agradecimiento y por eso la canción fue apropiada al momento de la iglesia. Ay, Señor, estamos orando por un relanzamiento de nuestro ministerio de adoración, pero más que nuestro ministerio de adoración, Señor, queremos un relanzamiento de nuestros adoradores.
Permite que los hermanos de nuestra iglesia, Señor, entiendan el valor que tiene la adoración ante ti. Permite, Señor, que cantemos con emoción.
Oración final y despedida
Permite que participemos. Bueno, permítanme pedirle lo mismo al Señor de nuevo. Ay, Padre, permítenos participar en tu adoración, que no vengamos aquí solamente a escuchar o a medir, Señor, sino que vengamos a cantar con libertad. Glorifícate en nuestra adoración congregacional, Señor. Permite que después que terminemos de cantar la última canción, Señor, haya abundante contenido de tu revelación en nuestra mente, que hayamos pensado lo que tú quieres que pensemos. Cuidado, Señor, de desvirtuarnos; mantén nuestra adoración centrada en ti.
Todo esto te lo pedimos para tu gloria y en el nombre de Jesús. Amén. El Señor los bendiga, nos vemos el miércoles en casa de nuestra hermana Betania.