Ahora sí, les invito a que cierren sus ojos ahí, y cada vez que vamos a leer la Palabra del Señor es importante encomendarnos delante de Él. Les pido que cierren sus ojos y a Él le oramos. Nos disponemos ahora, Señor, a abrir nuevamente tu Palabra para buscar allí la voluntad que tú tienes para nosotros. Que prevalezca tu voluntad, Señor, y no la nuestra; que prevalezca tu consejo, Señor, y no nuestra opinión; que prevalezca, Señor, tu revelación y no nuestros pensamientos. Mira esta congregación que aquí está reunida, Señor, así como te hemos cantado a ti, así como hemos ofrendado para ti, así, Señor, como hemos interactuado entre nosotros, ahora queremos que seas tú quien nos hable a través de tu Palabra.
Mantengan sus ojos ahí cerrados. Señor, te pido que prepares esta tierra como el agricultor, Señor, que primero mueve la tierra antes de colocar la semilla y la remoja un poco; que sea tu Santo Espíritu rociando nuestro corazón, moviendo ahí la tierra, Señor, para que tu semilla encuentre espacio y germine. Queremos ver, Señor, el fruto de esto, queremos ver el fruto de una semilla sembrada en una buena tierra. Encomiendo mi corazón, el corazón de mis hermanos, Señor, permite que estén dadas las condiciones. Permite que estén dadas las condiciones, Señor, para que la semilla prenda y crezca el árbol, Señor, y dé su fruto. En el nombre de Jesús te pedimos esto, amén, amén.
Hermano, yo estoy contentísimo hoy porque vengo a predicar un sermón que tenía cuatro años por predicarlo. De algún modo, lo que vengo a enseñar hoy es una reposición de algo que enseñamos en Pez Mundial, según recuerdo, en septiembre del 2008, sí, según estaba recordando. Hermano, esto teníamos cuatro años por volverlo a predicar en Pez Mundial, y hoy se han dado las condiciones. Yo estoy contentísimo. Esto fue una enseñanza de los tiempos del parqueo, o sea, que tomen eso como referencia. Desde entonces, hermano, habían aparecido diferentes oportunidades y yo estaba esperando el tiempo en que podamos hablar de nuevo del mismo tema, con expectativas, pero no se daba; hoy se dio. Hermano, este domingo venimos a reponer aquello, ahora con una perspectiva distinta, porque estamos en otro momento como iglesia.
Miren, la enseñanza de la Escritura, de algún modo, sigue el momento que la iglesia tiene, y hoy podemos ver parte de esto y entenderlo quizás todavía mejor, porque ya no somos la iglesia que estaba comenzando. En aquel tiempo, Pez Mundial estaba en un tiempo ideal, donde la gente todavía no se conocía, donde la gente comenzaba a mirarse, donde nos estaban dando una enseñanza sobre un tema que era un tema espinoso, pero quizás no nos llamaba tanto la atención porque no lo habíamos experimentado.
La realidad de la vida de iglesia y los conflictos
Es más, a veces yo pienso que es como el Señor que le dijo a sus discípulos: “Yo tengo otras cosas que decirles, pero se las voy a dejar para después”. Hoy, cuando vengo a reponer este tema, yo pienso que estamos en el momento ideal para predicarlo, por lo siguiente: nuestra iglesia va a cumplir cuatro años, y en cuatro años, dándole la vuelta a doce meses cada vez, hemos tenido la oportunidad de conocernos mejor. Hemos tenido la oportunidad de interactuar mejor. Hemos tenido la oportunidad de trabajar juntos en diferentes proyectos. Ya muchos de nosotros nos encantamos y nos desencantamos. Ya hemos generado algunas situaciones. Con la ayuda del Señor, ya hemos sacado algunos nudos.
Pienso, hermano, que estamos en el momento clave, en el momento idóneo, en el momento ideal para hablar de los conflictos en la iglesia. Yo quiero aventurarme más a una pregunta: ¿alguien recuerda ese tema del tiempo del parqueo? ¿Alguien lo recuerda? Rocío, ¿lo recuerda, lo recuerda? Desde aquel momento, hermano, estamos hablando de esto, o sea, lo que vengo a predicarles es algo que ya les prediqué antes, pero no quiero predicarlo solo con conocimiento de causa, ahora quiero predicárselo “post experiencia”. Ahora quiero predicárselo, hermano, después que yo he tenido la oportunidad de haber vivido esto. Antes era como un anuncio de lo que podía suceder, ahora es un anuncio de lo que ha sucedido y cómo el Señor, hasta ahora, nos ha ayudado y desea seguir ayudándonos.
Les invito a que busquen en sus Biblias, en el libro de Hechos, en el capítulo 15, desde el versículo 36 hasta el versículo 41. Estaremos hablando hoy en nuestra iglesia sobre resolver conflictos, resolviendo conflictos en la iglesia. Es el libro de Hechos, en el capítulo 15, desde el versículo 36 hasta el versículo 41. Doy un chancecito para que puedan buscarlo en sus Biblias. Libro de Hechos, capítulo 15, desde el versículo 36 y hasta el versículo 41. Aprenderemos a resolver conflictos en la iglesia. Ya que lo tienen, leemos la Palabra del Señor:
Después de algunos días, Pablo dijo a Bernabé: Volvamos a visitar a los hermanos en todas las ciudades en que hemos anunciado la palabra del Señor, para ver cómo están. Y Bernabé quería que llevasen consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, pero a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde Panfilia, y no había ido con ellos a la obra. Y hubo tal desacuerdo entre ellos, que se separaron el uno del otro; Bernabé, tomando a Marcos, navegó a Chipre, y Pablo, escogiendo a Silas, salió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor, y pasó por Siria y Cilicia, confirmando a las iglesias.
— Hechos 15:36-41
Lo que estamos leyendo aquí, hermano, es uno de los inconvenientes, de los enfrentamientos más acalorados que revela el libro de los Hechos. El contexto de esta historia es el primer viaje misionero del apóstol Pablo. Pablo había salido con Bernabé y había comenzado un viaje misionero predicando el evangelio en diferentes lugares, y a este primer viaje invitaron a un colaborador, y este colaborador se llamaba Juan Marcos. Lo que sucedió fue que en el primer puerto donde se paró el barco, entonces Juan Marcos se devolvió.
El conflicto entre Pablo y Bernabé como ejemplo
Miren, la Escritura no nos da mucho detalle y no sabemos si se devolvió porque estaba enfermo. No sabemos si se devolvió porque quizá no le gustó la navegación. En aquel momento era una navegación muy riesgosa, no era la navegación cómoda de un crucero de hoy; era una navegación mucho más artesanal. Quizá no le gustó este estilo de vida a Juan Marcos. Lo cierto es que Juan Marcos se devolvió. Después de aquello, la misión concluyó, sucedió el concilio de Jerusalén y el apóstol Pablo le dijo a Bernabé: “Bernabé, vamos de nuevo a confirmar las iglesias”. Entonces Bernabé entendía que había que llevar a Juan Marcos y darle una segunda oportunidad, y Pablo entendía que no. Ese es el contexto de esta historia, hermanos.
Dice que hubo tal desacuerdo entre ellos que se separaron el uno del otro. Mire lo que ahí sucedió; la Escritura nos lo da por pinceladas, pero yo, por supuesto, entiendo que el pleito no fue sencillo. Parece que fue una discusión acalorada, hermano, quizás un conflicto muy, muy, muy fuerte. Era una tensión demasiado fuerte, a un punto tal que terminaron separados. Yo me pongo la mano en la cabeza: el apóstol Pablo y Bernabé, que eran quizás pioneros en esto, los primeros sonando, el gran apóstol Pablo, en un altercado con su colaborador a un punto tal que tuvo que separarse. A modo de introducción, les diré que la iglesia no está a salvo del conflicto. Somos una familia real en que las diferencias y los desacuerdos son muy comunes. Sin embargo, seguimos siendo hermanos y trabajando juntos o distantes para la gloria del Señor.
Algunos han pensado que la iglesia del Señor es una comunidad ideal, que esto es un sueño, que aquí no se rompe un plato, que en la casa del Señor no hay ningún tipo de inconveniente, que le dejemos eso al mundo. Hermano, miren, los inconvenientes, los desacuerdos y los conflictos son reales en la iglesia. Y quizás alguien me dirá: “Pero eso es un asunto nuevo, la iglesia en tiempo de los apóstoles era una iglesia…”. Hermano, miren, la iglesia del libro de los Hechos era una iglesia conflictiva. Había chismes, había divisiones, había parcialidad, algunos hacían apiñamiento; decían: “Nosotros somos de tal” y el otro: “Nosotros somos de tal”. Pero vamos un poco más hacia atrás, hermano: los apóstoles del Señor, entre ellos, se ponían zancadillas y se clavaban el codo.
Conflictos desde los apóstoles hasta hoy
Por un momento estaba el Señor con sus discípulos y llegan dos de ellos con su mamá. Óyeme, pero qué intrépidos. Y eran tan agarrados que le dicen al Señor: “Señor, nosotros quisiéramos que en tu reino uno esté a la izquierda y otro a la derecha”. Ni siquiera dijeron: “Uno de nosotros”; no, ellos querían los dos puestos. Lo que están diciendo con esto es que los conflictos estuvieron presentes en tiempo de Cristo, en tiempo de Pablo, y lo están también en nuestro tiempo. Es una paradoja que la gente quiere una iglesia sincera, y todo el mundo anda buscando: “Yo quiero una iglesia que sea una iglesia real, donde la gente sea gente de verdad, donde la gente de verdad…”. Hermano, si somos una iglesia sincera, vamos a tener problemas, porque la apertura, la transparencia, es directamente proporcional al conflicto.
Una iglesia donde no hay problemas es una iglesia donde la gente no se conoce realmente, es una iglesia donde la gente no se desencanta, una iglesia que es un sueño. Pez Mundial no es un sueño. Nuestra iglesia es una iglesia de verdad, y nos damos cuenta, hermano, que estamos vivos de algún modo porque tenemos diferencias, porque tenemos dificultades, y porque esas dificultades aparecen es que, de algún modo, uno entiende que la iglesia del Señor está viva, que es un cuerpo, que es una familia. Ahora quisiera preguntarte: ¿tienes tú hermanos, tienes primos, tienes tíos? Estoy hablando de tu familia sanguínea, tu familia natural. ¿Acaso no hay problemas entre hermanos? La gente se sorprende de que en la casa del Señor tengamos inconvenientes, tengamos conflicto, pero ¿acaso no hay problemas hasta en las mejores familias?
Mire, lo que vengo a decirles hoy no es otra cosa que esto: la iglesia ha tenido problemas y tendrá problemas, ha tenido conflictos y tendrá conflictos. El asunto es la manera en que lidiamos con ellos. Esto es normal, esto es natural, es más, hasta en cierto punto, esto es bueno. Que cuando en la iglesia aparecen dificultades, es una oportunidad para que juntos busquemos la ayuda del Señor y que todos salgamos de esa dificultad siendo mejores y pareciéndonos más a Él. La iglesia del Señor no es una comunidad ideal, sino una comunidad real, es una familia, y en las familias hay problemas.
Dice el libro de Proverbios, este versículo lo leí para ustedes hace poco tiempo, lo repito, dice: “El hierro se afila con el hierro y el hombre en el trato con el hombre”. Y después dice el apóstol Pablo, escribiendo a los corintios: “Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados”. Hermano, la iglesia tiene que ver los inconvenientes y las diferencias como una oportunidad que provee el Señor para que nuestro corazón, para que nuestro carácter sea refinado.
Ilustración de las piedras de río y la madurez cristiana
El ejemplo que tengo para esto es el ejemplo de las piedras. Estas son piedras, y yo puedo hablar con poca autoridad de esto porque yo viví en Azua. Y, aparte de eso, hermano, yo tiré muchas piedras y a mí también me dieron unas cuantas pedradas. Tengo evidencia de que yo tiré piedras, hermano, y yo he aprendido que no todas las piedras son iguales. Estas piedras que he traído aquí para mostrarles son piedras de río, son piedras de arroyo, y estas piedras son distintas a las piedras que usted encuentra en medio de la ciudad. No es lo mismo un trozo de block, hermano, que una piedra refinada en el río. Estas piedras son piedras pulidas, son piedras que tienen ciertas circunferencias, son piedras compactas.
Un juego que jugábamos en Azua era jugar “chato”. Le llamábamos jugar chato, jugar chato con piedra. Usted tiene una piedra, es como si fuera el juego de bolas: usted tiene una piedra y usted intenta darle a la otra piedra. A veces uno jugaba con piedras de poca calidad, y cuando uno tiraba el chato, entonces el chato se desgranaba. A veces tú pensabas que tenías una piedra, pero lo que tenías era un turrón de tierra muy compacto. Estas piedras son piedras de arroyo, son piedras de río. Lo que sucede con las piedras de río es que las piedras de río se pulen, y se pulen en el contacto entre ellas. Cuando viene bajando el río, lo que el río produce es que choquen, que impacten una piedra con la otra piedra, y se van redondeando.
Se van puliendo, se van quitando las imperfecciones, y la piedra queda pulida, la piedra queda maciza, la piedra queda compacta, la piedra tiene mayor calidad. Es una piedra contundente, es una piedra que ha sido pulida por el contacto con otras piedras. Lo mismo sucede con el carácter de un cristiano. El cristiano se pule en el contacto, en el choque, en el enfrentamiento con otros cristianos. El Señor permite que en los conflictos nuestro carácter sea pulido y, así como una piedra del río que queda con una circunferencia tal, queda tan compactada que es contundente, lo mismo espera el Señor que suceda con nuestro carácter. Espera que choquemos unos con los otros y, en ese choque, entonces seamos refinados.
Miren, no en vano, cuando David se le presentó la oportunidad de derribar un gigante, David no salió corriendo a la tierra a buscar un trozo ahí con qué darle al gigante. ¿A dónde fue David? Dice la Escritura:
Y tomó su cayado en su mano, y escogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo.
— 1 Samuel 17:40
Hermano, cuando David quería derribar a un gigante como Goliat, él no busca cualquier tipo de piedra. Él busca una piedra pulida, él busca una piedra que haya chocado, él busca una piedra que haya tenido la experiencia de interactuar con otras piedras. Y lo mismo yo quiero para ustedes. Cuando el Señor piensa en usarte, Él no va buscando a un nuevo creyente que no haya tenido la oportunidad de abrir los ojos a lo que es la iglesia. Él anda buscando a un hermano pulido, un hermano refinado, un hermano que haya chocado, un hermano que haya tenido inconvenientes y que en esos inconvenientes su carácter se haya refinado, porque es el momento en que puede ser más útil al Señor.
El conflicto como herramienta de Dios para pulirnos
Te invito a que veas el conflicto en la iglesia como la oportunidad que está utilizando el Señor para refinar tu corazón, para quitarte los restos, para que tus circunferencias sean mejores, para que seas más compacto, hermano. La madurez cristiana, en gran medida, es una madurez postconflicto. Un hermano maduro es un hermano que ha tenido la oportunidad de lidiar con diferentes inconvenientes en su iglesia local, ha podido retener la fe y retener, al mismo tiempo, el amor al hermano. ¿Qué es un cristiano maduro? Un cristiano que ya ha sido batido por la corriente del río de los conflictos, un cristiano maduro es un cristiano que ya ha podido experimentar su fe de manera real.
Cuando el Señor quiere usar personas, no anda buscando aquel que no tiene ningún rasguño. Anda buscando aquel hermano que, en la experiencia de ser cristiano en una iglesia local, ha podido pulirse. Mire, una de las cosas por las cuales existe la iglesia local es porque en la iglesia local nos pulimos, es porque en la iglesia local chocamos, y a través de este choque, hermano, a través de esta corriente de los conflictos que nos hace generar situaciones los unos con los otros, entonces nuestro carácter se va refinando y nos parecemos al Señor.
Quiero animarte a que te imagines que, después de haber experimentado la vida de la iglesia local, de haber tenido dificultades a veces grandes, a veces pequeñas, con tus hermanos, es el momento en que mejor estás, porque ya estás preparado para ser usado por el Señor. Hoy estaré dando tres consejos distintos, y primero se los resumo basado en lo que acabamos de leer del conflicto entre Pablo y Bernabé: tres consejos para los opuestos.
Miren, este tema es muy amplio, y como el tema es muy amplio, entonces tengo, de algún modo, que limitarlo. No pretendo hacer un estudio exhaustivo del conflicto en la iglesia, sino enfocarme en un tipo de conflicto que es común, que es regular, y al que yo le llamo el conflicto entre los opuestos. ¿Qué es un opuesto? Que tú quieres una cosa y yo quiero la otra, eso es un opuesto.
Definición: el conflicto entre los opuestos
Miren, el tipo de conflicto al cual yo pienso darles hoy tres consejos, a la luz de la Palabra del Señor, es el conflicto que sucede cuando dos hermanos no se ponen de acuerdo en torno a algo. Es el conflicto con el cual pienso enfocarme porque es el que más se presta al pasaje que he elegido. Es un conflicto que sucede cuando tú quieres ir al norte, yo quiero ir al sur y hay un solo carro. Es un conflicto. Es ese conflicto que sucede cuando tu hermano quiere que hagamos las cosas en la iglesia de un modo y tú quieres que se hagan de otro modo. Ese es el conflicto entre los opuestos.
Es ese conflicto, hermano, donde no hay uno que es malo y otro que es bueno, sino que los dos son buenos o malos, como el Señor entienda que son, pero que no han podido ponerse de acuerdo. A ese es el conflicto que quiero hoy enfocarme: es el conflicto de opiniones. Es la persona que participa en una reunión, y en la reunión no se acuerda hacer lo que la persona quería que se haga. Y pone truño, y murmura, y hace chisme, y dice: “No, porque mira, yo proponía tal cosa y no me hicieron caso”. A ese conflicto quiero atacar, es cuando tú tienes una opinión que es una opinión distinta a la opinión que tienen tus hermanos, a la opinión distinta que tiene un hermano tuyo. A ese conflicto quiero referirme: el conflicto entre los opuestos.
El primer consejo tendrá que ver con tu percepción. El segundo consejo tendrá que ver sobre equipos que son temporales en esta tierra. Y el tercer consejo tendrá que ver sobre nuestros intereses y la causa del Señor. Asimismo, está distribuida esta porción que hemos leído en tres partes, siguiendo cada una los versículos que ya vimos.
Consejo número uno: miren, regularmente los conflictos en la iglesia tienen que ver más con nuestras percepciones que con las personas en sí mismas. El problema que había en el libro de los Hechos es que Pablo y Bernabé tenían diferentes percepciones sobre quién: sobre Juan Marcos. Bernabé tenía la percepción de que Juan Marcos era útil para el trabajo, y Pablo entendía que no. Usted me dirá: “¿Era correcta la percepción de Pablo o era correcta la percepción de Bernabé?”. No sabemos, hermano, no sabemos, porque son percepciones.
Consejo 1: nuestras percepciones no son la realidad
Una percepción es algo que tú tienes, un concepto que tienes formado sobre algo a pesar de que no tienes, como dicen en el campo, “el caballo agarrado por los pelos”. En el campo dicen: “Mira, cuando yo te digo que tengo el caballo, es porque lo tengo agarrado por los pelos”. Eso es lo que dicen en el campo, que ya es seguro que eso está ahí porque tú lo palpaste. Hay conceptos que tú tienes que tú no has podido tocar el caballo todavía, ¿me siguen en esto? Hay opiniones que tú tienes formadas sobre un hermano para las cuales quizás no tienes una base sólida para demostrar que eso es así, sino que esa es tu percepción.
Una percepción podría ser: “Mire, ese hermano es inconstante”. Quizá Pablo tenía esa percepción, que Juan Marcos era inconstante. Quizás Bernabé tenía la percepción de que Juan Marcos era útil, aunque quizá no tenía la constancia de Pablo. Esa era quizá la percepción de Bernabé. Ambos tenían percepciones. Dice el texto que Bernabé quería que se llevasen consigo a Juan, pero a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos. ¿Cuál de los dos estaba en la razón, hermano? ¿Cuál era el bueno y cuál el malo? Ninguno de los dos. Nos han enseñado como que en cada conflicto hay un bueno y un malo. Hermano, a veces no hay ni un bueno ni un malo, sino dos personas que son buenas y malas mezcladas, como tú y como yo, pero que tienen opiniones que son distintas.
Tu percepción no es la realidad. Lo primero que tenemos que tener muy claro es que un conflicto interviene en percepciones. Hay opiniones que tú tienes y que expresas, hay pensamientos que te llegan a la mente, pero son pensamientos, no necesariamente son mentira o son verdad. Quizá nuestros hermanos no son lo que pensamos que son, quizás tampoco serán lo que nosotros querramos que ellos sean. Lo que sí es seguro es que, por la gracia de Dios, son lo que son y que por su gracia podrán ser algo más.
Tus hermanos son como la auyama, hermano. El que va al colmado a comprar una auyama, compra la auyama entera. Él no sabe si la auyama está buena o está mala, eso solamente lo sabe el Señor. Dice el refrán popular que el corazón de la auyama solamente lo conoce el cuchillo. El problema en la iglesia está en que generamos conflicto porque vivimos evaluando auyamas. Y tú, a tu hermano, entonces dices: “No, a mí me parece que ese hermano es inconstante”. Y el otro: “A mí me parece que el hermano es carnal”. Y otro te dice: “No, ese hermano no es muy comprometido”. Hermano, ciertamente, tarde o temprano sabremos si la auyama era buena o era mala. Como dice el Señor, con el tiempo el fruto se manifiesta. Pero ahora mismo, que la auyama no ha sido abierta, solamente tenemos una percepción: que a mí me parece que la auyama es buena y a ti te parece que la auyama es mala, ¿me siguen en esto?
No tenemos razones concretas, a veces, para decir una cosa o la otra, pero nosotros actuamos en base a percepciones, y es normal. Dice el apóstol Pablo: “Por la gracia de Dios soy lo que soy”. Lo que te quiero establecer con esto es que tus percepciones no hacen la realidad del personaje que evalúas, hermano. Tú dices: “No, ese hermano es tal cosa”. Aguanta, aguanta, esa es tu percepción, hermano, no necesariamente lo que tú quieres que sea, no necesariamente lo que tú piensas que sea, y regularmente uno se confunde.
Cuidado con juzgar desde nuestra propia condición
¿No te ha pasado a ti que evalúas mal a una persona, que a primera vista, en el primer contacto, te parece: “Mira, a mí me parece que esa persona es una persona un poco agria”? No, quizás es alguien que en su primer contacto no manifiesta mucho lo que está pensando y es un poco reservado. No tiene que ver con una situación de su carácter, tiene que ver con algo de su personalidad, que él es así. Quien me conoce a mí, quizás de primera entrada pensará: “Mira, él es una persona que no es muy sociable”. Sí, porque en grupos nuevos, donde yo no estoy acostumbrado a interactuar, yo tiendo a no expresarme mucho, ¿me siguen? O sea, tu percepción inicial no necesariamente es la realidad. El problema está en que cuando tú haces de tu percepción la realidad y tú dices: “Ese hermano es tal cosa”.
Tengamos cuidado con nuestras percepciones, porque nuestras percepciones nos engañan. Lo que tú piensas que alguien es, no necesariamente eso es lo que la persona es, eso es una suposición, es algo subjetivo. Además, los lentes en tus ojos, los lentes que tú tienes, lo que tú tienes en tus ojos limita mucho lo que tú puedes ver en tu hermano. Dice la Escritura:
Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.
— Mateo 7:5
Lo que tú tienes en tu ojo determina lo que tú ves hacia allá. Yo hice una dinámica con ustedes mismos, que me puse unos lentes y les dibujé a los lentes por encima. Si yo le pongo a los lentes una cruz, me parece que todos ustedes son santos. Y si le pongo a los lentes un corazón, entonces me parece que todos ustedes son amorosos. Y si le pongo a mis lentes entonces dos X, entonces yo entiendo que todos ustedes están desaprobados. Hermano, lo que tú tienes en tus ojos determina lo que tú ves en la gente. Dice la Escritura que cuando tú te quitas eso de encima, entonces puedes ver con objetividad.
Mire, muchos conflictos en la iglesia dependen de que la gente tiene cosas por dentro que todavía no se ha sacado y comienzan a verlas en sus hermanos. Muchos de los refranes populares tienen su origen en cosas que el Señor dijo, y dice el refrán popular que “el ladrón juzga por su condición”. Cuando tú tienes algo en tus propios ojos, tú andas pensando que tus hermanos son así, y no necesariamente, y en el mejor de los casos no será así.
Percepciones, inseguridad y el valor de callar
No son pocas las veces, hermano, que uno ha tenido que desencantarse porque pensaba que algo era así y no era. He escuchado personas que dicen: “Yo tengo un ojo para ese asunto que yo no fallo”. Ten cuidado. Muchas veces, los que tienen “un ojo” para estar mirando el corazón de la auyama, lo que tienen es el ego allá en el cielo, que piensan que su palabra es palabra de Dios. Esa persona dice: “No, yo conozco por los ojos; yo mismo lo presento y yo sé quién es”. Ten cuidado, que a veces en esa autosuficiencia, hermano, lo que tienes es el ego que está nublando la visión. Ten cuidado tratando con ligereza de juzgar a tus hermanos; lo que está en tus ojos limita lo que ves en la gente.
He visto, hermano, que a menos que tengas una imagen saludable de ti mismo, nunca verás el valor y el potencial que Dios puso en los demás. La gente que peor le cae la gente, la gente que más mata por dentro… Óyeme bien ese asunto. La gente que más sucia está por dentro es la gente que más suciedad ve. Dice la Escritura que nosotros tenemos que amar a nuestros hermanos como a nosotros mismos, pero si ni siquiera tú te amas a ti, si ni siquiera has podido resolver los problemas que tú tienes por dentro, ¿cómo es que vas a amar a tu hermano?
Para tú poder reconocer el valor y el potencial que hay en la persona que tienes al lado tuyo, lo primero que tú tienes que resolver es la cosa que tú mismo tienes por dentro. “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, dice el Señor. Si tú no estás seguro de que tú eres valioso para el Señor, de que tú eres importante para el Señor, a todo el que te llegue, hermano, entonces lo vas a juzgar mal. Por eso es que eso viene: la gente que es media depresiva, la gente que es un poco insegura, anda mirando depresión e inseguridad en todas partes. Y dice la Escritura: “Hipócrita, es que lo tienes por dentro”. Lo que tú tienes por dentro determina lo que tú ves por fuera, hermano.
Lo primero que te estoy enseñando sobre este tipo de conflicto es que tiene que ver regularmente con nuestras percepciones. “Aguántame ahí”: entonces, ¿no deberíamos usar la percepción? Miren, es lo que tenemos, es lo que tenemos. Si usted ha escuchado tiros que se sueltan por ahí, usted se agacha, claro, porque hubo una percepción de inseguridad. Bueno, hay otros que tienen el carácter tan fuerte que salen y preguntan: “¿Son tiros que están tirando o fue otra cosa?”. Pero el primero se agacha y después pregunta. Nuestras percepciones muchas veces están en lo correcto porque uno comienza a ver cosas: “Mira, yo veo que es un poco violento”. Quizá en el fondo no sea, pero yo no quiero que sea a mí que me den los golpes. Eso es una percepción. Él a mí no me ha dado todavía, pero ya yo vi que le ha estado dando golpes a otro. Él a mí no me ha agredido todavía, pero yo vi que ha estado agrediendo. Yo tengo una percepción de que él es agresivo, y con esa percepción que tengo no podemos trabajar juntos, ese es el asunto.
Cómo se arma el conflicto: percepción, opinión, debate
Fue lo que sucedió con Pablo. Pablo entendía: “Mira, la percepción que yo tengo de Juan Marcos es que parece que se devuelve el muchacho, se devuelve, sí. Y como yo tengo esa percepción, lo mejor es que no lo llevemos, o llévalo tú, porque yo no me siento seguro saliendo con Marcos”. Es lo que Pablo decía: “Yo no he podido experimentar un segundo ni un tercer viaje con él, pero mejor sigue tú con él y yo sigo por aquí, porque mi percepción me limita”. Eso es así. Dice la Escritura que “¿cómo andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo?”. Eso es una realidad.
Miren, normalmente un conflicto comienza con una percepción, se expresa por medio de una opinión y se sostiene en un debate. Casi todos los conflictos comenzaron con una idea que te llegó a la mente. Les dramatizo un poco, les dramatizo un poco. Por poner un ejemplo, pongo a Patricia, mi hermana Patricia. Yo veo a Patricia comentando sobre algo, y en esa conversación yo percibo, yo percibo que Patricia es vanidosa. Yo percibo que ella es vanidosa porque me estuvo hablando de tal cosa, que compró una cartera. “Patricia como que es media vanidosa”, yo percibí ese asunto. Hermano, yo no sé si es vanidosa o no lo es, yo solamente escuché una conversación donde ella dijo que acaba de comprar una cartera. Esa es mi percepción, o sea, yo tengo una percepción: “Mira, ella como que es vanidosa; cuando debe guardar ese dinero, lo gasta en esa cartera”, esa es mi percepción.
Y si yo lo dejo a nivel de percepción y cierro la boca, hermano, eso se quedó ahí. Ahora yo voy y busco a Laura. “Laura, mira, yo estaba hablando ahí con Patricia; me estaba hablando de la cartera que compró. A mí me parece que ella como que es media vanidosa, ¿tú no crees?”. Hermano, ya hay una opinión, ya se va complicando el asunto. Lo que comenzó con una percepción en mí, de que ella era vanidosa, entonces yo lo convertí en una opinión. Y ya Patricia está detrás de mí y me oyó que yo le estaba diciendo a Laura que aquella hermana de eso. “¿Qué es lo que tú estás diciendo de mí, que yo soy vanidosa?”. “Sí, porque tú compraste una cartera…”, y ahí hay un debate.
Bien, hermano, la mayoría de los conflictos en la iglesia comienzan con chismes de ese tipo. Una gente que escuchó mal un comentario, una gente que percibió y formó una percepción. ¿Qué es lo que te recomiendo? Podemos evitar muchos conflictos, o por lo menos evitar que crezcan, cerrando la boca a tiempo. Si tú piensas algo sobre un hermano para lo cual no tienes ni base ni justificación para emitir una opinión con juicio, no la emitas, o sea, quédate con eso para tus adentros, y el problema terminó ahí.
El poder de la prudencia y de ahorrar palabras
El asunto está en que tú lo dices. Otra cosa, hermano: a veces todos nos metemos en un debate. Yo te pregunto: ¿ese debate es relevante? ¿Edifica ese debate? ¿Es un asunto que, de algún modo, colabora con nosotros como iglesia? No entres, tumba ese asunto rápido. Tengo tres proverbios para leerles que se relacionan con esto.
Primer proverbio:
El que carece de entendimiento menosprecia a su prójimo; mas el hombre prudente calla.
— Proverbios 11:12
Ese proverbio lo que dice es que el que es medio bruto anda menospreciando al que tiene al lado; pero el que es prudente se queda callado.
Dice también Proverbios:
El que comienza la discordia es como quien suelta las aguas; deja, pues, la contienda, antes que se enrede.
— Proverbios 17:14
Es como la represa, hermano. Miren, emitir una opinión sobre algo es abrir una represa. Llega un momento que el agua toma fuerza y derriba la presa misma. Dice la Escritura: “Es mejor dejar ese asunto como está, antes de seguirlo cultivando”.
Y dice también Proverbios:
El que ahorra sus palabras tiene sabiduría; de espíritu prudente es el hombre entendido. Aún el necio, cuando calla, es contado por sabio; el que cierra sus labios es entendido.
— Proverbios 17:27-28
Hermano, con esos tres proverbios nosotros podemos evitarnos la mayoría de los conflictos en Pez Mundial, esa es la realidad. Callando a tiempo, no emitiendo. Hay gente, hermano, que piensa con la boca abierta. Qué triste esa persona que piensa con la boca abierta y verbaliza cada pensamiento que le llegó, porque vive generando conflictos. Qué triste esa persona que anda diciendo: “Me parece que tiene vanidad, me parece que…” Hermano, cállate, dice la Escritura.
¿Usted entiende este asunto, que si uno se calla a tiempo puede evitar los conflictos, o por lo menos evitar que crezcan? Dice el proverbio, hermano, que aun el necio cuando se calla parece sabio. Tú lo ves y parece un filósofo. Cuando la gente te dice una cosa y tú solamente… o tú dices: “Ajá”, y sigues así, bien. Dice: “Oye, pero él sabe lo que está pensando, él es medio filósofo, sí, ay, ay, ay, cuidado con lo que está pensando”, dice más. Bueno, estoy tratando de evitar los conflictos en nuestra iglesia.
Los conflictos se evitan cuando dejamos de opinar sin conocimiento de causa. Y cuando tú tengas que opinar, trata, trata, trata de que la persona esté ahí, ese es el asunto. Es más, vamos a subirlo más. Mira, por cada comentario que tú emitas sobre un hermano, negativo, cuando el hermano no esté ahí, paga mil, paga mil. Cada vez que tú tengas que decir: “Tengo mil pesos aquí para poder decir que fulana compró la cartera…”. Gran parte de nuestros conflictos dependen de nuestras percepciones.
Juzgamos duro a otros y suave a nosotros mismos
El libro de Proverbios, hermano… Miren, yo les voy a dejar esto de tarea para que lo hagan en la casa, pero uno, con mucha facilidad, opina sobre un tercero, pero de uno mismo uno es cuidadoso. Les dejo la tarea, pero les digo de qué se trata. En cierto momento, David cometió un pecado garrafal, hermano, contra el Señor. Ustedes saben, el rey David, pecado feísimo, hermano, un asunto repugnante ante el Señor: homicidio, adulterio, mentira, un combo de pecados avergonzantes. Y el Señor le mandó al profeta Natán. “Natán, ve donde David y confróntalo”. ¿Y saben lo que hizo Natán? No fue directo, sino que fue con una historia, le contó una historia, le dijo:
“Rey, había un hombre en el reino que tenía una corderita, y era la única corderita que él tenía, y esa corderita era casi un miembro de su familia. Él la había criado, la había alimentado, era la única. Rey, al mismo tiempo, había un hombre rico que tenía muchos animales en el reino. Y vino un visitante a la casa del rico, y el rico no sacrificó ninguno de sus animales, sino que le quitó a ese pobre hombre su corderita”.
Ay, David se puso la mano en la cabeza y dijo: “No, ese hombre merece la muerte, es un desconsiderado, sáquenlo, hay que matarlo”. Y Natán le dijo: “Tú eres ese hombre”. Pues yo me imagino que David ahí, por poco, suelta la pluma con la que escribía los salmos, búsquense ese salmo de ahí, búsquenme el lápiz. Hermano, qué fuerte, con qué facilidad tú destrozas a tu hermano, con qué facilidad tú emites cualquier juicio sobre un tercero, y si se tratara de ti: “Ay, no, Señor, ten misericordia de mí; ay, no, Señor…”.
Hermanos, si nosotros opináramos de nuestros hermanos como nos gustaría que se opinara sobre nosotros, los conflictos no es que van a desaparecer, pero serían mínimos. Con qué facilidad uno anda diciendo: “Que caiga el rayo sobre ese, eso no tiene perdón del Señor, si aquel hizo tal cosa, ella no merece la gracia”. Hermano, con qué dureza nosotros pedimos para el otro, pero cuando se trata de uno: “Misericordia, Señor, ay, misericordia”.
Búsquenlo en su casa y lean la historia, porque ustedes van a aprender ahí que nuestra percepción, cuando se trata de uno mismo, normalmente hace trampa. Lo que con facilidad le cargaríamos el dado al otro, con uno mismo estamos ilesos. Lo que les quiero especificar es que su percepción, cuando se trata de ustedes mismos, es muy buena, pero cuando se trata del otro es muy mala.
Consejo 2: no todos los equipos son para toda la vida
Consejo dos. El primer consejo, hermano: entiende, entiende que tu percepción no es la verdad. Primer consejo, iglesia: entendamos que nuestras percepciones no producen verdades. Primer consejo, hermanos: entendamos que lo que llega a nuestra mente no necesariamente es la realidad, esos son pensamientos. Primer consejo, hermano: cerremos la boca temprano y evitemos estar comentando sobre diferentes personas que para nada edifica.
Segundo consejo: miren, no todos los equipos tienen que ser para toda la vida. A veces conviene tomar distancia. Que tú estés trabajando con un hermano en determinado equipo no quiere decir que se vayan a morir haciendo eso. “Y hubo tal desacuerdo entre ellos que se separaron el uno del otro”. Hay gente que ha pensado como que, mira, si yo estoy trabajando con mis hermanos en ese ministerio y no estamos combinando, eso debe ser así para siempre. No, hermano, eso no tiene por qué ser así.
Miren, yo solamente conozco dos relaciones que son relaciones permanentes: tu relación con el Señor, eso va a trascender la eternidad, es una relación que es para toda la vida, hermano, y tu relación con tu esposo o tu esposa, eso es para toda la vida terrenal, porque en el cielo no habrá matrimonio. Esa es un poco larga con relación a la eternidad; es chiquita con relación a la eternidad, pero con relación a otras, entonces es muy grande. Ahora, fuera de esas, relaciones de negocios, relaciones ministeriales, “que estamos juntos en tal cosa”, todo eso se baraja, hermano, y a veces conviene que se baraje por el progreso del reino.
Cualquiera pensaría: “¿Cómo que no se debieron haber separado? ¿Cómo va a ser? Estaban trabajando juntos, hermano”. Pero es que no estaban de acuerdo, y lo que convenía es que las iglesias se siguieran atendiendo, no que ellos se pusieran de acuerdo. Además, al parecer, ellos no habían tenido un conflicto como para morirse con eso, sino que eso terminó ahí. Lo que tengo que aconsejar es que, si acaso tú estás en una relación de trabajo, en una relación ministerial con un hermano, y no están combinando, a veces conviene barajar eso temporalmente. Hermano, vete tú y sigue trabajando por allá y yo voy a seguir trabajando por aquí. Es para el Señor que lo estamos haciendo los dos. No hay que morirse ahí.
Distancias saludables: Abraham y Lot, Filemón y Onésimo
A veces, hermano, el conflicto se hace más grande por el contacto. Miren esto: distanciamiento y reencuentro. Abraham y Lot comenzaron juntos, estaban juntos los dos. Es más, hermano, miren, Lot fue bendecido porque estaba con Abraham. En un momento comenzaron los dos a tener muchos animales, comenzaron a tener muchas propiedades y había discordia entre los trabajadores de Lot y entre los trabajadores de Abraham. ¿Y saben lo que le dijo Abraham a Lot? “Lot, tú y yo como que estamos muy grandes los dos, como que no estamos combinando. No tenemos que estar peleando aquí necesariamente, porque la tierra es demasiado grande; coge tú la tierra que quieras y yo cogeré la otra. Coge la mejor parte”. Y Lot, ni tonto ni perezoso, cogió lo mejor. Agarró sus animales y dice que había una colina por allá que estaba muy buena, se fue con lo mejor. Hermano, Lot era considerado, él había sido bendecido con Abraham y cuando Abraham le da a escoger, entonces Lot cogió lo mejor que había sobre la tierra; se le llenaron los ojos. Esa fue una percepción.
¿Qué sucedió después? Pasó el tiempo: Lot por allá y Abraham por aquí. Y Abraham se enteró, se enteró de que su sobrino estaba ahí en una situación que no era la mejor, ¿y saben lo que hizo? Se mandó corriendo, le ayudó. En un momento, hermano, a Lot lo secuestraron y fue Abraham, no, espérate, estamos distantes, pero yo sigo sintiendo afecto hacia ti. Estamos distantes, pero yo sigo cuidando de ti. Estamos distantes, pero si acaso tú necesitaras de mí, como en efecto está sucediendo, aquí estoy yo. Él fue, lo rescató. Y después, hermano, fue el mismo Señor que dijo: “Ahí no queda nada bueno”, y el Señor lo iba a destruir y comenzó Abraham a interceder por su sobrino: “Ay, Señor, ten misericordia, ten misericordia”. Por amor a Abraham se salvó la vida de Lot.
Un distanciamiento, pero se ve que no había un chisme, se ve que no había una controversia, se ve que no había un “dime que te diré”, no. Se separaron: uno por allá y otro por aquí. Otra separación: Pablo y Juan Marcos, hermano. “¿No va conmigo? No, ¿por qué? Porque a mí me parece que no aporta para la misión y esa es mi percepción”. Y entonces él por allá. Hermano, al final de la historia Pablo y Marcos terminaron trabajando juntos.
Otra más: Filemón y Onésimo. Hermano, Onésimo era un servidor de Filemón y se fue, se le escapó. Quizás, leyendo la carta de Pablo a Filemón, se puede entender hasta que le había defraudado, porque le dice: “Si él te faltó en algo, yo te lo devuelvo”. Ahora, ¿qué pasó? Que Filemón se quedó aquí, Onésimo se fue, y en el camino se convirtió, encontró a Pablo por allá. Hermano, y estoy suponiendo, pero parece que lo conoció a Pablo en prisión, al parecer no había llevado una vida muy recta. Y allá, hermano, entonces Pablo le escribe a Filemón: “Filemón, aquí te mando a Onésimo, recíbelo como a mí mismo”. Y así mismo, hermano, Filemón recibió a Onésimo. Lo que te estoy diciendo es que a veces los distanciamientos producen hasta salvación.
A veces los distanciamientos, hermano, producen más fruto que quedarte junto ahí chocando y chocando los unos contra los otros. ¿Algunas formas de tomar distancia? Miren, no siempre hay que dejar la iglesia local. Una forma de tomar distancia es cambiar de tema o de ministerio, eso es tomar distancia. “Mira, tú y yo no tenemos la misma opinión sobre ese tema, y lo mejor es que de eso no hablemos”. Hay temas, hermanos, que son temas espinosos, o sea, son temas espinosos. Son tan espinosos que hay gente que dice: “Miren, yo de pelota, de política y de religión no hablo”. Nosotros tenemos que hablar de religión, pues tenemos que hablar de Cristo, pero vamos a dejar el tema político, que a veces trae su roncha.
Cambiar de área, incluso de iglesia local
Hay gente, hermanos, que son reformistas desde chiquitos; y hay gente que no, que “mi papá fue del círculo tal, del PRD”. Y hay gente que tuvo a Peña Gómez aquí en la cabeza, en el puente de la 17, en esas grandes manifestaciones multitudinarias. Hay familias que son peñagomistas de tradición, que cuando tú le hablas del PRD hablan muy duro porque aquello les marcó. Si tú sabes que tu hermano es perredeísta y que tú eres de “macho”, de moreno, de cualquiera de los partidos pequeños, hermano, no traigas el tema. Administra ese asunto, porque tú sabes que no se van a poner de acuerdo, que va a haber más mal que bien y eso no es asunto de vida o muerte.
Cambiar de equipo, de proyecto, de rol o de área: “Mira, tú y yo estamos juntos en…”. Nosotros tenemos aquí un departamento con un equipo muy bueno, que es el equipo de administración. Estamos aquí en el equipo de administración, y tú y yo como que no estamos poniendo de acuerdo. ¿Hay otra cosa en la cual podemos servir juntos que no sea esta? Porque en esta no estamos de acuerdo. Hay gente que no combina, hermano. Hay gente que no combina. “Mira, estamos juntos en el mismo proyecto y como habrá otra persona que pueda hacer este proyecto contigo, porque conmigo como que no estamos… No es que tú estás mal ni que yo estoy mal, es que no estamos combinando ahora mismo, y el Señor quiere que esto se haga”.
En situaciones, hermanos, que son situaciones un poco drásticas y complejas, hasta es saludable que una gente de una iglesia local se vaya a otra iglesia local. Quiero hablar de esto con mucho amor, pero miren, en Pez Mundial todo el mundo sabe que nosotros, en nuestro reglamento local, tenemos una política de puertas abiertas. Esto significa que ustedes vienen, formalizan aquí su membresía, y si por alguna razón usted encuentra motivos de peso, no cualquier caballá, no cualquier “quítame esta paja”, por la cual sea conveniente que vaya a otra iglesia, así mismo dicen los estatutos: que se vaya, preferiblemente en paz. No hay que estar haciendo un chisme: “No, que fulano era de tu iglesia y se fue para la otra”. Hermano, miren, Pez Mundial no es la única iglesia acá en Santo Domingo donde se predica la sana doctrina. Hay muchas iglesias. Gloria al Señor que ahora mismo, en una cuadra, te encuentras tres iglesias distintas que predican la Palabra del Señor.
O sea, no somos la única iglesia. Hay gente que pasan años generando frustración y una úlcera le va a salir ahí porque está chocando y chocando, y a veces lo que conviene es que busque otra iglesia local y que permanezca en el Señor. Eso es bonito, hermano. ¿Qué es lo que hay que hacer? Antes de salir, hermano, antes de salir hay que hacerse una pregunta. Antes de salir de una iglesia, antes de salir de un proyecto, antes de salir de un equipo, antes de salir de una relación de negocios, hazte la siguiente pregunta, como cristiano, con sinceridad, pregúntate tú mismo lo siguiente: en el estado actual de las cosas, ¿existe la posibilidad de que podamos seguir trabajando por separado sin guardar ningún rencor, o resentimiento, o sentimiento negativo? ¿Tú podrás irte por tu lado, yo por el mío, y vamos a seguir en paz?
Mire, si usted puede responder que sí, la mayoría de las veces le aconsejo: apéese de ese asunto. Hay personas que tienen un conflicto y ya han llegado a agredirse de una manera muy profunda, han llegado a ofenderse, han dicho palabras descompuestas, y podría ser que, si nos separamos, yo voy a seguir por allá con eso en mi corazón y tú por aquí con eso en tu corazón. Antes de salir, hermano, asegúrate de que tu corazón se va solo, de que no está cargado con eso.
Raíz de amargura y separaciones prudentes
“Mira, tú y yo estamos en el mismo equipo, en el mismo departamento, en el mismo proyecto. Tú estás guapa conmigo por lo que está pasando”. “¿Tú estás guapa?”. “Pues mira, yo no estoy guapo, sino que lo que veo es que no estamos combinando”. Si no estamos guapos los dos, no vamos a esperar que nuestros corazones se dañen. Cuando termine la molestia, tú sigues por allá, como hizo Bernabé, ¿tú te recuerdas? Bernabé fue por un lado y Pablo por el otro. Vamos a hacer lo mismo.
“Mirad bien”, dice la Escritura, “no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe y por ella muchos sean contaminados”. Antes, alerta: pregúntate, ¿tengo alguna raíz en mi corazón? ¿Hay ahí algún sentimiento negativo? Miren, a esta iglesia han venido pocas personas así, pero han venido casos de gente que venía de otra congregación, y cuando, como pastor de esta iglesia, me reúno, lo primero que yo me aseguro es que salgan bien. Y les he preguntado así mismo: “¿Tú tienes algún conflicto que no has resuelto allá?”. Miren, en casos así yo les pregunto: “Dame el teléfono de tu líder, que quiero reunirme con él. Quiero ver qué fue lo que pasó, quiero ver qué es lo que hay; no quiero llevar un chisme, sino asegurarme de que, si acaso queda algún concón pegado ahí en el caldero de tu corazón, hermano, no te vayas con eso”. Que si acaso hay alguna raíz de amargura que se está cuajando, que dejes ese asunto ahí mismo para que puedas, para la gloria del Señor, no seguirte haciendo daño y hacerle daño a los demás.
Gran parte de los conflictos, hermano, terminarían con que nos demos un tiempecito. Miren, hay gente que no está funcionando bien donde está en ese momento. Vamos a la misma iglesia, tú y yo no estamos de acuerdo. Hazlo tú así, que yo lo voy a hacer por aquí. Eso no es feo, hermano, eso es bonito y glorifica el nombre del Señor. Sobre todo, les tengo que decir lo siguiente: alguien se podría escandalizar por decir: “Mira, no se pudieron poner de acuerdo. ¿Tenía el Señor la capacidad de lograr que ellos llegaran a un acuerdo?”. Claro, hermano, que la tenía.
Miren, no hay conflicto tan grande que no se le pueda sacar el nudo. Claro, ¿les ha pasado? El que vuela chichigua se ha enredado con el hilo. Cuando yo volaba chichigua, a veces el hilo se me enredaba. Truquito aquí para el que vuela chichigua: el que vuela chichigua tiene que tener su bollo de hilo desenredado, porque si no le sale callo en la mano. Cuando hay nudo en el hilo, usted siente campanas en los dedos, es un nudo que se queda pegado, y le va raspando la mano y se le hacen callos y ampollas. Todo el que vuela chichigua tiene que tener su bollo de hilo desenredado. Esta es la lección, hermano: ten cuidado que tú estás arrastrando ese hilo con nudos, y si se tarda, te van a salir ampollas en la mano, porque eso cae nudo ahí, y hay que desenredarlo.
Sin embargo, sin embargo, sin embargo, tengo que decir: hay nudos, hermano, que son tan complicados que vale la pena tú ver ese hilo por perdido y agarrar otro bollo y seguir volando chichigua. Hay veces que el bollo de hilo se enreda a un punto tal que tú dices: “No, pero si yo me dedico a sacar ese nudo, jamás vuelo chichigua en verano”. Hay veces que vale la pena tú soltar y seguir volando con lo que queda. Hay gente que pretende solucionar cada conflicto que le llega a su vida. Hermano, los conflictos que se deben de solucionar son aquellos conflictos que podrían estar afectando a nuestro corazón. Pero si tu hermano y tú están en paz, ¿qué necesidad hay de estar sacando cosas viejas que se están dejando de hacer?
Tres consejos para poner la obra de Cristo primero
Lo mejor que sucedió fue que Pablo y Bernabé no intentaran sacar el nudo, porque quizá se mueren las iglesias en lo que Pablo, Bernabé y Juan Marcos se ponen de acuerdo. Las iglesias estaban mal atendidas, en lo que ellos logran desatar aquel nudo. Había mucha gente que se estaba quedando desabastecida. Una anécdota: yo tenía un taxista antes de tener mi primer carro, que él era el que me transportaba, la unidad 11, un excelente taxi. Yo lo llamaba: “¿El 11 está disponible?”, y me lo mandaban a mi casa. Y ya yo era un cliente tan habitual con él que él me llevaba hasta el periódico, me trataba con cariño. Una vez aumentaron la tarifa y él me mantenía la tarifa de antes. Había cariño, hermano, de ese taxista hacia mí.
En ese tiempo yo tenía que llegar a una reunión en el trabajo antes de las 8 de la mañana, y cuando llamo al 11: “¿El 11 está disponible?”. Llaman por la base: “11, que si estás disponible…”. Él pensó en los cien y pico de pesos y dijo que sí, y ya fue el 11 a buscarme. Cuando arrancó conmigo para allá, hermano, en medio camino se le quedó el carro. Y él zapeaba y levantaba así la tapa del bonete, yo lo veía buscando la manera, y le daba a prender y el carro “tun, tun” y se caía. Y yo apurado, hermano, porque tenía que llegar a mi reunión temprano, y yo veía que aquel estaba contando con los 130 pesos míos. O sea, que cuando vino la pausa, se nos creó un problema: él quería prender el carro para no perder el servicio, había una expectativa ahí; yo tenía la expectativa de llegar a mi trabajo antes de las 8 para mi reunión, y él tenía la expectativa de tratar de prender el carro para no perder esos 130 pesos.
¿Saben qué sucedió? Que yo le di un chancecito ahí, pero le dije: “Oye, 11, yo te voy a pagar la tarifa, pero llámame otro desde la base, que el radio sí prende, porque yo tengo una reunión a las 8”. Le pagué la tarifa, hermano. Él se quedó resolviendo su problema mecánico, y yo llegué temprano a mi reunión. ¿Lo importante? Lo importante es que los dos ganamos. Él ganó sus 130 pesos y yo no llegué tarde. Hay problemas en la iglesia que por tú estar tratando de prender el carro y prender el carro y tenerlo junto en eso, al final quedamos mal para el Señor y el Señor pierde. Lo mejor es: “Mira, si no estamos combinando, hazla tú por allá, Bernabé, y produce fruto, porque el trabajo es del Señor como quiera. Produce fruto para el Señor, y yo me voy por aquí y también lo voy a hacer por mi parte”.
No todos los equipos son para toda la vida. Miren, y en los muñequitos sucede así. Diego y Dora, ¿se acuerdan? También estaban en la caricatura juntos. Era lo mismo Diego y Dora la exploradora, eran juntos la caricatura, pero llega un momento en que dicen: “Diego, tú vas a tener tus muñequitos aparte, y Dora va a tener los suyos”. “Ay, ¿están peleados Diego y Dora?”. Hermano, dejen los muñequitos, hasta en los muñequitos se ha entendido que hay equipos que no son para toda la vida.
Miren, gran parte de mi trabajo pastoral en Pez Mundial trata de recombinar y recombinar la gente. “Mira, tú y tu hermano, vamos a ver si podemos ponerlos ahí, que hagan tal cosa para el Señor, y vamos a ver cómo reaccionan; y si no, hermano, no eche la vida ahí, que es que ustedes como que no están hechos para trabajar juntos. Tú por aquí, el otro por allá, no hay problema”.
Distanciamiento y división: lo que sucedió no fue una división en la iglesia, no. O sea, Pablo y Bernabé no estaban divididos; los dos estaban trabajando en la obra del Señor. Fue un distanciamiento muy prudente que permitió que uno produjera fruto por un lado y el otro fruto por el otro. No se puede hablar de división si seguimos siendo parte del mismo cuerpo y mantenemos la misma hermandad.
Consejo 3: la causa de Cristo por encima de la razón
Pongo un caso. Vamos a poner a Jonathan y a Tomás. Han visto qué buen trabajo hacen Jonathan y Tomás trabajando juntos en multimedia. Tremendo trabajo, para la gloria del Señor. Bueno, vamos a lanzar ahora otro ministerio más desde la parte de logística, y Tomás va a estar trabajando en su ministerio, y quizá no siempre esté junto ahí con Jonathan. ¿Están divididos los dos? No, no. Los dos están trabajando en diferentes cosas: uno por un lado en algo, y el otro en otro. No ha habido ningún conflicto entre ellos, sino que hemos encontrado que, para comenzar algo nuevo, conviene que tu hermano comience, y que ya el ministerio de multimedia está funcionando bien, que con uno solo podemos administrarlo. Eso es lo que es un distanciamiento, y después quizá, en junio, vuelvan los dos juntos al mismo ministerio. Qué bonito es eso, hermano. No hay que quedarse en los mismos ministerios para toda la vida.
El último consejo, hermano: miren, la causa de Cristo siempre debe ser puesta por encima de nuestros intereses particulares. Me importa poco que tú tengas la razón o que la tenga el otro. A veces, viene un hermano un domingo con un conflicto y quiere: “No, porque yo tengo la razón; la tiene el hermano”. Miren, a la luz de la causa de Cristo, importa poco que tú tengas la razón o que la tenga él. Lo que importa es que se haga lo que el Señor quiere que se haga. Que no se detenga la obra, que no se detenga el trabajo para el Señor. Importa poco, hermano, quién tiene la razón; aunque la tengas tú, dásela al otro por amor a la causa.
“Y Pablo, escogiendo a Silas, salió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor, y pasó por Siria y Cilicia, confirmando a las iglesias”. O sea, lo importante era que se atendiera la iglesia del Señor, no era ver si Pablo tenía la razón o la tenía Bernabé. Quizá ninguno de los dos, hermano, o quizás ambos. Lo importante es que se siga haciendo la obra del Señor. El ejemplo aquí no es que se festeje el conflicto, sino que podamos dejar el conflicto de lado y continuar haciendo la obra del Señor.
Hay pleitos que no vale la pena echarlos. Hermano, les digo por mi experiencia propia: hay pleitos que no vale la pena echarlos. Miren, hasta las relaciones de pareja funcionan así. Esas parejas que en cada pleiquito quieren estar echándose cosas en cara, no caminan. Miren, cuando hay una relación de hermandad, una relación de “filía”, hermanos, hay que dejar pasar alguna bola. Esa gente que quiere vivir: “No, porque él me hizo tal cosa, no, porque el hermano dijo…”. Dice la Escritura que el amor cubre multitud de faltas.
Dejar pasar bolas y priorizar que Cristo sea anunciado
En una iglesia, para uno desarrollar vida de iglesia, hermano, hay que dejar pasar muchas bolas. Hay veces que hay que hacer “ruchín” los ojos, a propósito, para no ver a su hermano. Hay veces que alguien va caminando y te da sin darse cuenta, y tú no anotas el golpe, sino que tú dices: “Fue que no me vio”, y se lo pasas. Hay veces que un hermano te agrede y tú dices: “Déjame tratar de entenderlo”. No se trata de que tú digas: “Qué loco, él me hizo tal cosa”. Trata de entenderlo: “No, lo que pasa es que él ha tenido una semana difícil y parece que no tuvo la paciencia necesaria para referirse en otro tono, y por eso me agredió”. O sea, tú no puedes estar anotando cada cosa que te han hecho: “Ay, me faltó en esto, me faltó en aquello”.
En los matrimonios, lo mismo, hermano. Miren, en todas las relaciones hay cosas que se dejan. Uno deja esa basurita ahí, eso es como cuando el delivery te trae un asunto: “¿Cuánto es?”, “Tanto”. “No, no, deja ahí el menudo, déjalo ahí”. Hermano, en todas las relaciones a veces se deja el menudo. Gran parte de nuestros conflictos dependen de que tú quieres estar contando cada cosa que se te hace: “Mira, me dijo, no me dijo, me dijo…”. Hermano, cierra un chin los ojos y sigue haciendo la obra del Señor. Deja pasar algunas bolas.
“Unos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda, pero otros de buena voluntad… ¿Qué, pues? Que de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y aún me gozaré”. A Pablo no le importaba tanto de que uno lo haga por una cosa u otra; lo que importaba es que Cristo fuera anunciado. Es más, imagínese el caso: hay un jalón puesto para hacer algo y están los dos ahí peleando, a ver cuál lo va a hacer, con el cucharón agarrado, a ver cuál de los dos va a mover el sancocho: “Yo lo muevo”. “No, lo mueves tú”. Miren, muevan el sancocho para que podamos comer, para que no nos muramos de hambre. Esa es la lección que hay en este asunto.
Algo que aprendí, hermano, como pastor leyendo esta historia, es lo siguiente: miren, al final del ministerio de Pablo, Pablo terminó medio solo. Pablo tenía una actitud hacia sus colaboradores que no era de retener, sino de edificar. Pablo estaba preso, hermano, y él dijo: “Mira, ya se fueron algunos, otros me dejaron, y los que quedaban…”. ¿Saben qué hizo Pablo? Los mandó a distintas iglesias. A Tito lo mandó por aquí, a Timoteo lo mandó por allá, los despachó a todo el mundo, hermano. Y se quedó solo.
En la obra del Señor, los colaboradores vienen y van. Como pastor te hablo en este momento. Miren, en el primer año de Pez Mundial, yo oraba al Señor, le decía: “Señor, permíteme llegar con todos mis hermanos que comenzamos en el parqueo hasta el final”. Se lo decía al Señor en oración. Yo tenía la expectativa, hermano, y tenía el deseo en mi corazón de que esos hermanos que habían estado conmigo en el parqueo sean los hermanos que, cuando yo me retire en 25 años, estén ahí todavía.
La dinámica de colaboradores que vienen y van
Aprendí, por experiencia, que eso no siempre sucede. Ustedes conocen un caso de un hermano que yo amaba, hermano, que estaba conmigo desde el día uno en esta iglesia, y que tuvimos que dejar atrás. Fue el primero que perdí, y me dolió en el alma. En el alma me dolió, hermano. Yo lloré por ese hombre como ustedes no se imaginan, hice lo que estaba a mi alcance para retenerlo. Ahora entendí, como Pablo, hermano, que algunos se van porque te abandonan, y algunos se van a trabajar. Eso es normal.
En el segundo año de Pez Mundial, yo oraba al Señor, le decía: “Señor, permíteme llegar hasta el final con un buen número de los hermanos que estábamos en el parqueo”. Ya se me habían ido algunos, o sea, cambié mi oración, ya no era llegar con todos, sino: “Señor, permíteme llegar con algunos de los hermanos que comenzamos en el parqueo”.
Al tercer año, hermano, mi oración al Señor fue: “Señor, permítenos llegar… en alguna parte”. En esta iglesia o en cualquier otra, hermano, pero que lleguemos, eso es lo que yo quiero. Ya mi oración no es tanto que lleguemos en la misma iglesia, sino que lleguemos, esa es mi oración. Es mi oración al Señor ya, ya no es “señor, antes era Señor, que lleguemos todos; después, Señor, que lleguemos algunos en la misma iglesia; ahora yo estoy dispuesto, hermano, que la gente que conoció al Señor en Pez Mundial llegue en otro barco al cielo, que lleguen otros, pero que lleguen”.
En la obra del Señor, los colaboradores vienen y van. Hoy están con nosotros, y en el mejor de los casos mañana estarán en otra parte de la misma obra, pero la obra permanece. Lo más importante no es retener, sino permanecer edificando. Me reuní a cenar con unos hermanos que hacía cerca de cinco o seis años que no veía. Éramos hermanos muy cercanos en la iglesia de Lucerna. Y en la cena, departiendo con ellos, llega la conversación y dicen: “Guau, y en Lucerna no queda casi nadie de aquellos tiempos”. Yo me tomé el comentario para mí, antes que eso se me convierta en un desorden, y les dije: “Excelente que no quede ninguno. Lo importante es que todos estemos en alguna parte sirviendo”.
Me imagino que ellos lo dijeron con cierta cajarita, sí, yo sentí como que lo que estaban diciendo era como: “En Lucerna ya no hay nadie de los de antes, que todo el mundo se fue, como que todo el mundo dejó a Parra”. Yo me tomé la libertad y dije: “No, lo importante es que la gente que salimos de Lucerna, cada cual esté en una iglesia sirviendo”. Hoy nosotros estamos aquí en Pez Mundial, hermano, fruto de Parra. No hay tensión entre nosotros, es que nosotros nos fuimos a Luperón. En Luperón yo no conocía a nadie, hermano, de esa iglesia, y la iglesia era muy distinta, pero ¿qué yo le dije a esos hermanos? “Qué bueno que el Señor ha seguido alcanzando personas en Luperón”. Esa fue mi respuesta.
Hermano, Pablo murió un poco solo, pues había enviado a otras partes a la mayoría de sus colaboradores y, aun otros, abandonaron la fe. Hay gente que se descarría, hermano. Hay que entender esto: las separaciones son normales, los distanciamientos, mejor dicho, son asuntos normales. Hay reencuentros y hay reconciliación.
Reencuentros: Pablo y Marcos, Filemón y Onésimo
Termino con esto, miren. Después de años de aquel conflicto que sucedió entre Pablo, Bernabé y Juan Marcos, después de años, hermano, yo supongo que ahí hubo hasta mordidas emocionales. Después de años en que ellos se distanciaron, miren, el distanciamiento fue: uno cogió a la izquierda y otro a la derecha. Después de años en eso, ya Pablo en su postrimería, Pablo preso, hermano, escribe a Timoteo una carta muy emotiva, le dice: “Timoteo, mira, ya yo estoy solo. Fulano abandonó la fe, el otro me dejó, nadie estuvo conmigo en mi defensa, solamente me quedas tú y me quedan unos cuantos más”. Le dijo: “Tráeme los libros que dejé en tu casa y el capote”. Al final del ministerio de Pablo, todos sus colaboradores se habían ido. Le quedaban un capote, un par de libros y un amigo.
¿Y saben qué le escribió Pablo a Timoteo? “¿Te recuerdas de Juan Marcos? Sí, aquel que allá… Solo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio”. Años después, hermano, están ahí Pablo de nuevo y Juan Marcos. En su momento último de vida, él encontró un mejor colaborador para esa campaña que Juan Marcos. Hermano, a veces un buen distanciamiento permite una mejor reconciliación o un mejor reencuentro. Después de eso, Pablo se encontró con Onésimo, y miren lo que él escribe a Filemón:
Te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones, el cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil; el cual vuelvo a enviarte; tú, pues, recíbele como a mí mismo.
— Filemón 1:10-12
Hermano, estamos hablando aquí de reencuentros. Gente que hoy no se pudo poner de acuerdo, quizá dentro de veinte años pueda trabajar juntos para el Señor. Gente que hoy están sacando chispa, puede ser que mañana aprovechen esa energía para la obra del Señor. Hermano, no siempre hay que estar junticos y apiñados, hay veces que separados funcionamos mejor.
Es triste ver cómo muchos obtienen a través de los años la misma percepción que se crearon sobre sus hermanos en el pasado, por hechos reales o por supuestos, y detienen con ello el avance de la obra de Dios. Hay gente que se quedó con una cosa: “No, porque una vez me pasó tal cosa con ese hermano…”. Hermano, eso fue antes. Dice la Escritura que el Señor hace cosas nuevas todos los días. Hay gente que guarda la misma percepción que tuvo de alguien en los años 50, en los años 60: “No, porque yo y fulano trabajamos juntos en los años 70 y él era de tal forma”. Hermano, eso fue en los años 70. El Señor mueve las aguas de aquí para allá y hace cosas nuevas todos los días.
Finalmente, miren, no nos es posible seguir conectados al cuerpo de Cristo y estar totalmente separados de nuestros hermanos. Por muy lejos que estén una mano de otra, seguirán siendo parte del mismo cuerpo. Les muestro: miren, esas dos manos son mías, mis dos manos, mías las dos, y a veces están juntas, mis dos manos, hermano, que tú no puedes distinguir qué dedo pertenece a una y qué dedo pertenece a otra. Las dos manos son mías y están tan pegaditas que tú dices: “Guau, mira, esas manos son como Pablo y Bernabé, esas manos son como Pablo y Tito, esas manos son como Abraham y Lot”. Y llega otro momento en que las mismas manos, que son parte de mi mismo cuerpo, están tan lejos la una de la otra que ni se ven. Pero, hermano, siguen siendo parte de mi mismo cuerpo. Yo no me corté una mano, lo que pasa es que la mano a veces está muy cerca y a veces, en el mismo cuerpo, está muy lejos.
Un solo cuerpo, aunque a veces estemos lejos
No abusemos de la metáfora. Dice la Escritura que la iglesia es un cuerpo y que todos nosotros somos miembros del cuerpo de Cristo. Pero no es fácil, hermano, no es fácil llevarse a la boca el dedo gordo del pie, no llega. Póngase el codo, junte el codo con la oreja a ver si llega; inténtelo. Junte la rodilla con la quijada a ver si puede. Hay partes que no llegan tan fácil. Somos todos parte del cuerpo de Cristo, hermano, pero en el mismo cuerpo a veces estamos chilejos, y hay partes del cuerpo que se encuentran con más facilidad que otras. Miren con qué facilidad se encuentran mis dos manos y mis dos codos, pero hay otras partes que no tan fácil se juntan, hermano, hay cosas que no llegan tan fácil. Lo importante es que somos parte del cuerpo de Cristo y miembros cada uno en particular. “Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo”.
Cierra tus ojos un momento. Yo no sé cómo están tus relaciones con tus hermanos. Quizás eres nuevo por aquí, todavía no has podido experimentar ningún conflicto. Quizás no has tenido el tiempo de conocer a tus hermanos como son por dentro. Quizá todavía no has chocado con nadie en Pez Mundial, estás fresquecito. Como tu pastor, tengo que decirte: tarde o temprano los conflictos llegarán, es normal. Como tu pastor, tengo que decirte: trata de quitar toda la ira, la amargura, el enojo, evitando que tu corazón se dañe. Pero si acaso no puedes conectar con el hermano, a veces es saludable tomar distancia.
Como tu pastor, te digo: lo importante no es que tú tengas la razón, ojalá la tenga yo menos todavía; lo importante es que la obra del Señor avance. No siempre vamos a estar de acuerdo, pero siempre tenemos que trabajar para la obra del Señor.
“Señor, mira esta congregación aquí reunida. Tú sabes lo que hay en nuestros corazones. Si acaso hay hermanos, Señor, que tienen amargura en su corazón, permite que no se ponga el sol sobre su enojo, Señor, y que vayan rápido a resolver eso. Si acaso, Padre, hay hermanos que están chocando porque no han podido ponerse de acuerdo, enséñales, Padre, que tu obra es muy grande, que somos parte de un solo cuerpo, pero que a veces estamos muy lejos, muy separados, muy distantes, pero que seguimos siendo cristianos y hermanos, sobre todo. Gracias, Padre, porque somos parte de una familia grande. Gracias, Señor, porque la mies es mucha y los obreros pocos. Ay, Señor, que no se nos distraigan los obreros por pequeñeces.
Mira a los hermanos de esta iglesia, Señor, que en cuatro años ya han podido chocar y conocerse. Mira a aquellos, Padre, que han tratado como las piedras, refinando su corazón. Enséñales, Señor, que el conflicto valió la pena. Enséñales, Señor, que los choques producen refinamiento. Enséñales, Señor, que tú has estado preparándoles en una iglesia local para que te sean útiles aquí o en cualquier otra parte.
Señor, termino pidiéndote por la iglesia también, y lo que te pido ahora es que seamos una iglesia desprendida. Permite, Señor, que si acaso eventualmente alguna iglesia necesitara un ministro y tengamos que desprendernos de alguno de nuestros hermanos, que lo hagamos con generosidad. Y del mismo modo, Señor, que si alguna otra iglesia pudiera bendecirnos prestándonos algún hermano, que lo recibamos con cariño. Enséñanos, Señor, a recibirnos como parte de un solo cuerpo”.
Doy un chancecito ahí, hermano, por si acaso el Señor tocó tu corazón, algún conflicto pasado del cual no saliste bien, alguna trifulca, alguna desavenencia, algún choque del cual no saliste bien, del cual saliste enojado, del cual saliste amargado. Te animo ahí, en oración, a resolverlo delante del Señor, a buscar a tu hermano y ponerte de acuerdo. Te dejo un chance ahí para que el Señor, a través de su Santo Espíritu, traiga luz a tu mente, y si acaso tuviste alguna situación con algún hermano de la cual no pudiste salir bien, como salieron Pablo y Bernabé, te invito a evitar que se asiente la amargura en tu corazón.
Llamado final a la reconciliación y unidad práctica
Decide en este domingo 11 de marzo buscar a tu hermano y ponerte de acuerdo, aunque no vuelvan a trabajar juntos, pero que se detenga el enojo. Te animo ahí, en oración, a pensar dónde estás trabajando ahora mismo y con quiénes, a buscar maneras creativas de rediseñar equipos, a buscar maneras creativas de separarse y seguir dentro, a buscar ponerse de acuerdo para que no se deje de hacer lo que hay que hacer para el Señor.
“Bendice la iglesia, Señor. Permite que ahora, entrando a nuestro cuarto año, estemos más de acuerdo que nunca, combinados, Señor, de la mejor manera posible, para que tú te lleves la gloria y haya mucho fruto. Todo esto te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén”.
Que el Señor les bendiga y que podamos ponernos de acuerdo. Nos vemos el próximo domingo.