No les voy a guardar más heridos. Les pido que se pongan un momento sobre sus pies y me acompañen en la más sagrada Escritura. Vayamos juntos a la primera carta de Pablo a los corintios. Consideremos hoy la despedida solamente de esta carta. Es la primera carta de Pablo a los corintios.
Como siempre sucede, cuando predicamos la Escritura, predicamos la Escritura para toda la congregación. Nunca podríamos predicar Escritura solamente para un grupo de personas. Estaremos predicando la Escritura para la iglesia. Sin embargo, hoy estaré considerando especialmente cuál es la voluntad del Señor para nosotros como hombres. Aunque guardo su mensaje para los hombres, es un mensaje para la iglesia. Estaré mostrándoles desde la Escritura el comportamiento que se espera de un hombre cristiano.
Pero esto no es para que lo escuchen solo los hombres cristianos, sino para que todos los hombres que están aquí presentes puedan tener una aproximación al estándar de Dios y, al mismo tiempo, para que toda mujer que esté aquí presente también lo entienda. Del mismo modo que ha sucedido cuando he predicado de las mujeres virtuosas de la Escritura, de aquellas mujeres que han desmoceado la historia de la iglesia, no lo he predicado solamente para las mujeres. Hoy estaremos mostrando el comportamiento de un hombre cristiano para que hombres y mujeres puedan tener una aproximación al alto estándar que el Señor nos ha trazado. Entonces le pediré hoy que sean los hombres que me ayuden a leer.
Hagamos un esfuerzo, hermanos, porque necesitamos que se escuche, que podamos leer la Escritura hoy varonilmente. Para hacerlo más evidente, entonces, por favor, las hermanas que se sienten, los hombres permanecemos de pie y leemos la Escritura a viva voz para toda la comunidad.
Estaremos leyendo la primera carta de Pablo a los corintios en el capítulo 16, desde el versículo 13 y hasta el versículo 21. Es la despedida de la carta. No lo leeremos de manera antífona, sino que todos juntos lo leeremos cada uno de los versículos, desde el versículo 13 y hasta el versículo 22. Pero después de haber leído todo el texto, retrocedemos y leemos de nuevo todos juntos el versículo 13, que es donde comenzamos. O sea, vamos del 13 hasta el 22 y después repetimos de nuevo el 13.
Dice así la sagrada Escritura. Vamos juntos al 13:
Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos. Todas vuestras cosas sean hechas con amor. Hermanos, ya sabéis que la familia de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que ellos se han dedicado al servicio de los santos. Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos los que ayudan y trabajan. Me regocijo con la venida de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico, pues ellos han suplido vuestra ausencia, porque confortaron mi espíritu y el vuestro. Reconoced, pues, a tales personas. Las iglesias de Asia os saludan. Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa, os saludan mucho en el Señor. Os saludan todos los hermanos. Saludaos los unos a los otros con ósculo santo. Yo, Pablo, escribo esta salutación de mi propia mano. El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. El Señor viene. La gracia del Señor Jesucristo sea con vosotros. Mi amor en Cristo Jesús esté con todos vosotros. Amén.
— 1 Corintios 16:13-24
Yo Pablo, escribo de mi propia mano: el que no amare al Señor Jesucristo sea anatema. El Señor viene. Vamos juntos, hermanos, y repitamos el 13:
Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.
— 1 Corintios 16:13
El Señor les guarde, pueden sentarse.
Hermano, que este ejercicio que hemos practicado acompañe la vida de nuestra iglesia en lo adelante: que sean más sonoras las voces de los varones. Que sea el Señor que nos ayude, porque cada vez que tenemos temas como este, Satanás aprovecha para traer cortina de humo y hacer que la gente le abra entre una nube de humo que le nuble la perspectiva de aquello a lo cual el Señor nos está llamando. Le pido a la iglesia hoy que, por favor, sea más sobria que de costumbre, que cuando mostremos el estándar de Dios no aprovechemos esto ni para la burla ni para la risa. Estas son cosas muy serias.
He venido hoy a atender un problema que tenemos en la sociedad, pero que también ha llegado hasta la iglesia: es el deterioro de la masculinidad. Dice nuestra introducción: entre los muchos problemas que tenía la iglesia en Corinto estaba el problema también de la pobre diferenciación en cuanto al porte y a los roles entre los hombres y las mujeres. Las mujeres habían asumido el porte y el rol de los hombres y a los hombres hubo que recordarles que se portaran varonilmente.
Problemas en Corinto y diagnóstico de la masculinidad actual
Hoy este llamado vuelve a hacerse necesario. Vivimos en tiempos donde la tendencia es a invertir los roles o a difuminarlos, y la vida de la iglesia no se ha quedado al margen. Abundan en la iglesia los llamados a la femineidad y las invitaciones a ser la mujer virtuosa de Proverbios 31, pero escasean los hombres de verdad, como dice Proverbios 20. Los varones de carácter, porte y presencia han escaseado. La falta de esto ha llegado a describir bien que todo un grupo de nuestros hombres se ha quedado instalado en la adolescencia tardía. Son adultos que no terminan de superar los brazos de sus primeros años.
Gracias al Señor que tenemos su Palabra, una norma fija y el poder transformador del Evangelio, pero en este asunto tenemos que poner énfasis e intención. Hoy veremos el comportamiento de un hombre cristiano, tal como se describe en las sagradas Escrituras. No pretendo hoy motivar a los hombres, no pretendo ni siquiera exhortar a los varones por mis propios medios. Lo que me interesa es mostrarles que Dios tiene un estándar, que caminemos todos nosotros como hombres refugiados en el poder del Evangelio.
No creo que tengamos ninguno de nosotros la capacidad por nuestros propios medios de suplir el alto estándar al cual el Señor nos ha llamado. Tendremos hoy que depender todos nosotros del poder transformador que hay en el Evangelio. Si acaso la sociedad ha perdido este estándar, nosotros tenemos en la Escritura la norma explícita de Dios al respecto de esto y tenemos la vida de la iglesia y el poder del Espíritu Santo.
Es el comportamiento de un hombre cristiano lo que haré durante esta porción de la Escritura. Primero, con la iglesia, rodear la periferia y luego ir al corazón mismo del texto. Mostraré el lugar que ocupan estos llamados dentro de la primera carta de Pablo a los corintios. Después, los imperativos que tiene este texto; son cuatro imperativos. Quiero mostrar esos cuatro imperativos que no son exclusivos para los hombres, pero con un énfasis especial en los hombres. Luego iremos más profundo a lo que es singular en esta porción de la Escritura, porque estos imperativos pueden ser encontrados en otra parte, pero hay una parte de ellos que no está en ningún otro lugar y es un llamado explícito a los hombres a que nos comportemos varonilmente.
Creo que una de las debilidades que tenemos como iglesia es que no trazamos claramente cuáles son las expectativas de Dios para los hombres. Si le preguntan sobre la mujer virtuosa, todo el mundo está claro. Si usted le dice a un hombre cristiano: “¿Con qué tipo de mujer usted quisiera construir un proyecto familiar?”, le dijera: “Con la mujer virtuosa”. Tristemente, si usted le pregunta a las mujeres cristianas: “¿Cuál es el estándar, cuál expectativa usted tiene sobre un hombre en un matrimonio?”, aunque no lo digan con palabras, lo que quizás hay en su mente y corazón es “lo que haya”.
Hermanas queridas, cuando yo predico de esto me gustaría que las jovencitas que tenemos aquí presentes tengan un alto estándar de lo que el Señor quiere darles a ustedes como esposo. Quisiera que las jóvenes que están aquí presentes hoy aprendan a elegir y quisiera al mismo tiempo que los jóvenes varones que todavía no han hecho familia sean elegibles. Que no tengamos aquí el caso de que los hombres están esperando la mujer virtuosa de Proverbios, pero las mujeres están esperando a ver si aparece “algunos”.
Estoy ampliamente preocupado. Si me permitieran trazar como Pastor cuál debe ser la expectativa de nuestra iglesia con relación a la masculinidad, es mi deseo y oración para cada hombre de nuestra iglesia que usted tenga el porte de estos hombres que aparecen descritos al final de la carta a los corintios. Que usted sea un hombre de prestancia, que sea un hombre columna en la iglesia del Señor.
Deseos pastorales para solteros, casados y niños
Y que cualquier joven cristiana o cualquier de nuestras hermanas que haya decidido que usted será la cabeza de su hogar sienta no solamente que se llevó el hombre que había, sino que se ha casado con un hombre de verdad, como dice su Palabra. Es mi deseo que los solteros sean el marido idóneo que cualquier joven piadosa pueda desear. No estamos hablando aquí en que los jóvenes “antes saben”, no; que sea el objetivo de una joven piadosa, que una mujer quizás con el perfil de María, la madre de nuestro Señor, se pudiera fijar en un hombre como usted. Que nuestras hermanas no tengan que ajustar su estándar para poder desarrollar un proyecto familiar, sino que ellas mismas tengan que subir al suyo.
El pensamiento sea que para ser considerada por un joven verdadero, como dice, “yo tengo que ser una mujer aún más piadosa de lo que soy”. Es mi deseo que los casados sean de su casa despedidos con tristeza cuando salen y recibidos con aplauso cuando llegan. Este asunto que ha poblado la familia, donde cuando un hombre está lo que la familia siente es más tensión y menos seguridad, se ha reemplazado. Que se ha reemplazado por un hombre piadoso, que cuando llegan a sus hogares, en sus hogares llega la paz.
Es mi deseo y mi oración que los niños de esta iglesia tengan una buena cantidad de referentes para imitar, varones cristianos que espiritualmente hablando, sobre todo, “les pese el ruedo del pantalón”. Que cuando nuestros muchachos miren puedan mirar hacia arriba y digan: “¡Guau, eso es un hombre cristiano!”. Estas cosas no sucederán porque nosotros las decidamos, pero tenemos que tener un estándar para orar por eso y dejarnos guiar hacia allá por el Espíritu Santo.
Quiero hoy exponer un estándar de la masculinidad bíblica para que como iglesia todos nosotros podamos desearla. Estoy seguro que si nuestras jóvenes comenzaran a valorar el estándar de Dios, incluso ustedes se sentirían un poquito más presionados a salir a buscar ese estándar.
Tal cual les he dicho, en primer lugar, veamos qué lugar ocupa este texto dentro de la carta. Lo que pasaba en la iglesia de Corinto era que el mundo había entrado en la iglesia. Ya no había una clara diferenciación entre lo que era el mundo y lo que era la iglesia. El apóstol Pablo les dice: “Ustedes se están comportando en la práctica como impíos. Las mismas cosas que escuchamos que hay en el mundo están entre ustedes”.
En la iglesia de Corinto había una inversión completa de los valores y los estándares de Dios. Por ejemplo, se menciona en el capítulo 5 que ellos habían perdido todo criterio sobre la pureza sexual. El caso era tan grave, que un hijo tenía por mujer a la esposa de su padre. Casos escandalosos como esos habían dejado de generar entre ellos asombro. Se había perdido todo estándar acerca de lo que era la pureza sexual, y eso era una iglesia.
Dice el capítulo 6 que ellos habían permitido que fuera el mundo que juzgara a la iglesia, en vez de prepararse para juzgar al mundo. La iglesia había perdido toda su autoridad moral ante la sociedad. En ese mismo capítulo 6 dice que ellos habían llegado a entender que no importaba lo que hicieran con su cuerpo, que se podían entregar a la inmoralidad y no pasaba nada.
En el capítulo siguiente se presenta que los hombres pretendían vivir como solteros siendo casados, y hombres y mujeres casados querían vivir como solteros. Había una inversión. Llega el capítulo 11 y el apóstol Pablo muestra que las mujeres y los hombres habían perdido su distintivo femenino y masculino. Las mujeres vestían y se comportaban como hombres y, al mismo tiempo, los hombres vestían y se comportaban como mujeres. Y tristemente, se parece un poco a cómo va la iglesia hoy.
En este contexto de inversión, el apóstol trata de mostrar no solamente la exhortación, sino el Evangelio; muestra el poder del Evangelio para volver a llevar las cosas al estándar de Dios. Y presenta al final de su carta cuatro imperativos que están desde el versículo 13 hasta el versículo 14. Evidentemente, no los escribió el apóstol Pablo solamente para que fueran leídos por los hombres, pero encuentro que son muy pertinentes para todo hombre.
Estos imperativos que muestra el apóstol Pablo comienzan llamando: “Velad”; luego: “Estad firmes en la fe”; luego: “Portaos varonilmente”; luego: “Esforzaos”; y corona todo esto con: “Todas vuestras cosas sean hechas con amor”. Como les dije, estaremos rodeando, haciendo una circunferencia, para después ir al centro: “Portaos varonilmente”. Me interesa que los hombres entiendan que debemos portarnos varonilmente, pero al mismo tiempo que, desde una perspectiva masculina, entendamos el lugar de todos estos imperativos.
Los cuatro imperativos: velar, firmeza, masculinidad y amor
Nos llama primero: “Velad”. Es lo contrario de un hombre que está durmiendo. Si me permitieran describir cuál es la situación general de los hombres en la iglesia cristiana ahora mismo, velar es lo opuesto a una persona que está ahí, que está presente, que está vivo, todavía se siente, no está frío el “nodo” nuestro, pero duerme. Es la completa pasividad. Es la persona que está presente, pero está inoperante. Está ahí, pero está pasivo cuando el mundo avanza.
La urgencia que tengo al respecto de estas cosas es que veo a mis hermanos varones de la iglesia cristiana que ahora mismo no están velando, sino que están durmiendo. Las mujeres velan y los hombres duermen. Creo que todo esto lo resolvemos cuando vamos al corazón del pasaje, pero tengo que hacer el llamado explícito, hermanos queridos. Es necesario, por la causa de Cristo, por el buen testimonio de su nombre y, sobre todo, por obedecer a los imperativos de la Escritura, que todos nosotros despertemos. Queremos no solamente hombres que sepamos que están vivos; usted dice: “Sí, él no se ha ido al mundo, él no sale descarriado”, pero no se siente. ¿Qué pasa con él? Está dormido.
Es la voluntad del Señor que la iglesia tenga hombres que estén velando, que tenga hombres que estén despiertos. Todo lo que mencionaré hoy podría aplicarse también a las mujeres, pero los hombres necesitamos un énfasis especial, y estoy seguro que las mujeres cristianas piadosas anhelan que tal cosa ocurra.
Después menciona el apóstol Pablo, y dice: “Estad firmes en la fe”. “Estad firmes” es un término que apela a una persona que no es una veleta, una persona que no es arrastrada por el viento, una persona que está bien anclada. Si pudiera describir cuál es el estado general de los hombres en las iglesias cristianas, diría: los hombres no están bien anclados, sino que se sienten que están como “volando”.
Es el lamento de una persona que todavía no ha aterrizado, una persona que todavía no ha concluido, una persona que todavía está en los niveles introductorios de la vida cristiana, donde todo lo está considerando, y llega una idea nueva y él se va volando, y otra más y se va volando. Necesitamos hombres que no solamente estén despiertos, sino hombres que estén bien anclados, hombres que estén firmes en la fe.
Creo que esta característica no solamente es deseable, sino que es muy urgente. “Estad firmes en la fe” temo que no es algo que describe bien la situación de la masculinidad en la iglesia cristiana. Tenemos más hermanas que están firmes en la fe que hombres que estén firmes en la fe.
Después dice el apóstol Pablo —al imperativo donde me detendré después—, dice explícitamente: “Portaos varonilmente”. Y esto puede tener dos connotaciones. Puede ser que el apóstol Pablo esté hablando de un contexto de transición, de dejar el alineamiento y tener el porte de un hombre ya maduro, algo que podría imitarlo hombres y mujeres: esta transición en la vida cristiana de dejar la simplicidad de la niñez para llegar al compromiso de la vida adulta.
Pero estoy seguro que el apóstol Pablo no hubiese colocado aquí este término si no tuviera una intencionalidad, porque sería contraproducente todo lo que viene enseñando en una iglesia donde las mujeres se comportaban como hombres. Lo menos que haría sería recordar a toda la iglesia que se comporten varonilmente. Hermanos, hemos tratado de sacar a las mujeres de ese comportamiento varonil, no vamos a terminar la carta llamando a las mujeres a que se comporten varonilmente. Estoy convencido de que el gran apóstol Pablo en este momento está pensando en los hombres.
Y estoy aún más convencido porque menciona, si calculo bien, creo que son ocho nombres de hombres que bien podrían llenar este estándar. Es la despedida de las cartas paulinas más masculinas que usted puede encontrar. Pablo se dedicó a saludar a todos los hombres por su nombre y a compartir también su testimonio. Hay un caso interesante: Priscila y Aquila, que frecuentemente son nombrados en el Nuevo Testamento primero Priscila, después Aquila; aquí menciona Aquila y Priscila.
Parece que el apóstol Pablo está identificando que hay un problema de masculinidad y él quiere que hasta Aquila aparezca de primero. Hermanos queridos, el Señor nos ha dado a nosotros una primacía, en cuanto al servicio, en cuanto a la diligencia, que yo estoy seguro que todas nuestras mujeres están anhelando en oración: “Portaos varonilmente”. Volveré ahí en un momento, porque estamos ahora mismo en la circunferencia.
Dice el versículo 14: “Todas vuestras cosas sean hechas con amor”. Haced las cosas con amor es lo contrario a la rudeza, a la aspereza, a la falta de delicadeza. A todos estos hombres, el apóstol Pablo les dice: “Hagan las cosas también con amor”.
Voy entonces, hermanos, donde quería llegar: ¿qué significa portarnos varones? Aclaro primero: usted va a tener que dejar de lado cualquier paradigma que usted entienda de lo que debe ser un hombre. Cuando se le menciona que se comporte varonilmente, muy probablemente usted está pensando en su abuelito: “Sí, como don Fulano”. No. No he venido a hablarle del abuelo Fulano. Y cuando decimos que se comporte varonilmente, usted está pensando en su papá. El estándar en este momento no es su papá.
Un error que ha cometido la iglesia frecuentemente es que, cuando habla de la masculinidad, la gente asume que masculinidad es lo que ellos aprendieron que era masculinidad. Hermano, no estamos hablando de su paradigma, no estamos hablando de su ejemplo, que muy probablemente no es el mejor.
Lo que Dios espera de los hombres está muy claramente determinado en las sagradas Escrituras. Una de las grandes crisis contemporáneas —este doble que mencioné en la introducción— es la adolescencia tardía. No es mi interés hacer en este momento un pleito, una lucha de sexos entre hombres y mujeres; no es eso. Estoy mostrando algunos datos; no son datos concluyentes, muy probablemente esta es una encuesta viciada, muy probablemente hay cosas a las que haya que ponerle un “pero”, pero creo que podemos hacer un caso de que tenemos en este momento una crisis de la masculinidad, de que los hombres no nos hemos estado comportando varonilmente. Tenemos que remediar.
Crisis de diligencia: estudios, salud, trabajo y finanzas
Entre las estadísticas que menciono: en este momento las mujeres están mostrando mucho más diligencia que los varones en cuanto a su capacitación. Y usted dirá: “No, pero eso es muy bueno, porque siempre las mujeres se han capacitado más”. No, no es bueno. Esperamos que un hombre muestre tanta diligencia o aún más que su esposa también en ese departamento, por amor a su esposa.
Estadísticamente hablando, al 2006 el 62.8% de los estudiantes en nuestro país eran mujeres. Estoy hablando de estudiantes en las universidades. Y el 37% se trataba de varones. No hay que hacer un gran esfuerzo para notarlo. Pregúntese: ¿cuántos son los hombres que suspenden sus estudios y cuántas son las mujeres que llegan hasta el final? Las mujeres han estado demostrando mucho más constancia. Usted dirá: “No, eso está muy bueno, eso es maravilloso”. No, no es bueno.
Un hombre debería encabezar el proyecto familiar también dando el ejemplo en ese sentido. Y es una razón poderosa para invitar a todos los hombres cristianos que están aquí a que, por favor, hermanos, sean diligentes a completar sus estudios. La gente dirá: “El amor todo lo aguanta, el amor todo lo soporta”. Hermanos queridos, es frecuente la tensión porque se van a casar, esta muchacha ya completó esa etapa de la vida y todavía él está en los pasos introductorios.
Y por favor, los hombres de nuestra iglesia que no se sientan que esto es un asunto ajeno. Este es mi testimonio, hermano. Yo he tenido que aprender masculinidad, diligencia, y me di cuenta que iba a tener que esforzarme especialmente porque perdí mucho tiempo. Algo de lo que me avergüenzo es que cuando yo conocí a Carolina, ya Carolina tenía estudios de posgrado, y todavía yo estaba intentando ver si en la cuarta universidad en que nos habíamos matriculado iba a poder terminar.
Eso no es algo que me llena de satisfacción, hermano, es algo que me avergüenza un poco, pero lo comparto como testimonio. Esos son los estudios; pero busque en cualquier otro departamento y usted se dará cuenta que las mujeres están mostrando un nivel de entereza, de diligencia, de constancia. Y los hombres, ¿qué pasa? Están durmiendo.
Hablemos de la salud. Las mujeres han demostrado que están mucho más saludables que los hombres. Escuchaba un doctor hablando de cómo es su consulta. Dice: “Vienen las mujeres, y los hombres cuando están muy malos, entonces las mujeres los traen. Y cuando los traen, él no responde a la pregunta, sino que responde ella: qué es lo que le duele, qué es lo que se siente; ella va respondiendo y él guarda silencio, como si fuera su madre”.
No quiero dejar a la iglesia en esta pasividad. Lo que quiero es mover a la iglesia de esta pasividad para que entendamos que tenemos que aprender a comportarnos varonilmente. Esto que estoy hablando, hermano, en cuanto a la salud es una cosa, pero hablemos de la prevención de la salud. Las mujeres buscan la manera de hacer ejercicio, las mujeres buscan la manera de hacer dieta, y los hombres nos sentimos orgullosos de estar en una deplorable condición física, y hemos hecho de esto, hermanos, hasta un asunto de orgullo.
Para que un hombre cuide, provea y represente a su familia, necesita estar presente; y si usted está enfermo, usted no estará disponible para ellos. Queremos hombres aquí que puedan criar sus hijos, y para eso necesitan un cuerpo.
Vamos con otra estadística: pequeña y mediana empresa. El 58% de las mujeres son ahora mismo propietarias de establecimientos fijos de pequeñas y medianas empresas. ¿Y los hombres qué hacen? Empleos informales, en constante rotación, sin un asunto fijo. La capacidad de comenzar un proyecto, mantenerlo durante el tiempo, operando, más de la mitad ahora mismo está siendo operado por mujeres, y los hombres ni siquiera en los negocios están demostrando constancia.
Hablemos de finanzas personales. Uno de los primeros bancos del país entendió que las mujeres son tan buenas clientes, que orientó hacia ellas toda su publicidad. Usted va al banco y siente que es otra celebración de la mujer. Se dieron cuenta de que las mujeres, financieramente hablando, son tan buenas clientes, que ellos sacaron al hombre de la publicidad y pusieron toda su publicidad orientada a mujeres.
Las instituciones de microcrédito testifican que las mujeres honran más sus compromisos que los hombres. Prefieren prestarle a mujeres. Estadísticamente hablando, el salario que devenga una mujer impacta más a sus hijos que el salario que devenga un hombre. Eso es vergonzoso. O sea, que estamos hablando de que una mujer está trabajando y produce dos pesos. Esos dos pesos impactan más en la vida de sus hijos que los mismos dos pesos que pueda producir un hombre.
Aquí doy una alerta. Miren, esto es muy complejo, es un asunto que no es sencillo, pero en gran medida los casos de violencia incrementada que tenemos ahora mismo se deben a hombres pasivos que se duermen en sus tareas y después quieren pasar de cero a cien y lograr, por medio de la violencia física, lo que por medio de la diligencia no han podido conseguir.
Las mujeres se prepararon, las mujeres estudian, las mujeres honran sus compromisos, las mujeres abren oportunidades para su familia. Los hombres permanecen en un estado de inoperancia. Cuando ven que no pueden proveer para los suyos, entonces quieren que las mujeres dejen de hacerlo y operan con violencia.
Estoy haciendo una generalización quizás muy superficial, hermano, pero en gran medida los casos de violencia que tenemos ahora mismo pueden ser rastreados hacia la pobre masculinidad que estamos mostrando. Ok, ya le mostré cómo funciona el mundo y usted dirá: “Pastor, eso a mí no me importa porque eso es el mundo. Si eso fuera la iglesia fuera otra cosa, pero esos son los hombres impíos, eso el Señor es que los está castigando”.
Hablemos de la iglesia: ¿cuál es la situación de la masculinidad dentro de la iglesia? Aquí puedo hablarle con más autoridad, porque yo no soy un sociólogo, soy un Pastor. ¿Qué es lo que estamos viviendo al respecto de la masculinidad dentro de la iglesia local? Lo primero: grandes dificultades para tener liderazgo masculino. Usted sale a buscar hombres que lideren la casa del Señor y no aparecen. Yo tengo a las cinco mujeres que están listas y prestas a atender la casa del Señor.
“Ah no, las mujeres no deberían”, dice alguno. Yo estoy convencido, por la Escritura, que el liderazgo en la familia, el liderazgo en la casa del Señor, el Señor lo ha asignado a los varones. Pero las mujeres terminan de facto haciéndolo. Es como decirle a la mujer que esté sujeta a su marido, y si su marido deja el puesto y abandona, esa mujer va a tener que esforzarse doblemente para proveer para los suyos, para representar a los suyos y para crear oportunidades para los suyos.
No es que ella no lo haga porque “tiene que esperar que el Señor le dé un marido, y si el marido se fue…”, no. No es que las mujeres en la iglesia asuman un rol aún más pasivo. Eso no se soluciona de ese modo. El modo bíblico de solucionarlo es que los varones se comporten varonilmente. Cuando los hombres asumamos el precioso rol que el Señor nos ha asignado, hermano, nuestras mujeres estarán mucho más descansadas.
Carga de las mujeres, adolescencia tardía y feminización de roles
Hermano, le está hablando un Pastor: las mujeres en la iglesia trabajan mucho más que nosotros, por la razón siguiente. Los hombres frecuentemente hacemos un ministerio en la iglesia, pero las mujeres primero atienden a uno, atienden a un marido, atienden a varios hijos y después también atienden la casa del Señor. Hermanos varones queridos, esto no es una rivalidad; lo que pretendo es mostrar que las mujeres están, por nuestra negligencia, cargando aún más.
Usted encontrará a alguien que se vaya al otro extremo y muestre el feminismo; le dirá que eso es bueno, pero las mujeres están muy cansadas. Para colmo, si fuera esto un hombre que se desvive en atenciones hacia su esposa, uno diría: “Bueno, pues magnífico”. Pero ni siquiera eso. Y es triste, y es un secreto a voces, que muchas mujeres piensan que sus casas quizás sin sus maridos estarían mejor.
Quizás por un compromiso cristiano, quizás por un asunto de no deshonrar al Señor, permanecen, pero las mujeres están cargando mucho. Y estoy convencido que esta ha sido siempre una estrategia del enemigo de nuestras almas para debilitar al pueblo del Señor. Recuerdo que en el momento cuando Faraón quiso debilitar al pueblo, lo que hizo fue tratar de matar a los varones. Esa ha sido la estrategia en la guerra: cuando un pueblo ha vencido sobre otro, matar a los hombres, porque cuando matan a un hombre, asimismo el pueblo completo es debilitado.
Dentro de su estrategia diabólica, hermano, que se está tejiendo a favor de todas estas cosas, es un asunto complejo, pero tenemos como iglesia que sobreponernos. Cantidad de hombres que se comportan como niños. Las características de esta adolescencia tardía las he mencionado ya, pero quiero hacerlas explícitas: es una cantidad de hombres que ya, en los términos de su edad, donde deberían haber manifestado otras actitudes, todavía siguen buscando identidad. Todavía ellos no saben claramente quiénes son. Esa es la característica de un adolescente.
“Portaos varonilmente” es: dejen el comportamiento de un muchacho. ¿Qué comportamiento tiene un muchacho? La falta de identidad. Un adolescente está en una moda nueva cada día. Yo sé que estas modas van cambiando. En mi tiempo, la moda era: si usted era adolescente, usted iba a ser “alternativo”, “emo” o algo así; yo sé que eso ha ido variando. Pero, hermanos queridos, hoy usted encuentra adultos que todavía ellos no tienen una identidad definida. Todavía andan buscando qué los va a definir. Si todavía usted no sabe quién es usted, sobre todo delante de Dios, usted en la práctica es un adolescente.
¿Cuál es la característica que se manifiesta en los adolescentes, que muestra que no se están comportando varonilmente? La falta de compromisos. Un adolescente no asume un compromiso, sino que siempre vive del compromiso que asumió otro por él. Cantidad de hombres que están, en este momento, hasta casados, desarrollando proyectos familiares, y es su esposa la que tiene que comprometerle. Son los compromisos que terminan arrastrándole. Pero no se trata de un hombre que ha tomado el toro de los compromisos por los cuernos y ha mostrado en esto prestancia, de forma tal que puede ser confiable para su familia. No, sus compromisos lo van arrastrando. Es un adolescente.
¿Cuál es la característica de los adolescentes que muestra que no se están comportando varonilmente? La experimentación, el buscar la libertad, la rebeldía ante la autoridad, la falta de disciplina, el estar centrados en ellos mismos. Una de las maneras en que Satanás ha estado dominando la sociedad y también la iglesia es por medio de esos adolescentes tardíos: hombres que todavía, aunque han pasado ya de más de 30 años, andan buscando qué van a hacer con su vida.
Otra estrategia diabólica para minar la masculinidad en el mundo y también en la iglesia es esta tendencia a “feminar”, o a diluir las diferencias, y enseñar eso como si fuera un lujo. Los hombres que se muestran ahora mismo como modelo son hombres andróginos. Un hombre al que usted le puede poner una mujer al lado y no hay elementos distintivos.
Hermanos queridos, a la luz de la Escritura yo puedo demostrarle que hay elementos distintivos para hombres y para mujeres, y que un hombre debería manifestarse públicamente como auténticamente masculino, de forma tal como le pedimos a las mujeres que lo hagan. Cada cultura tiene códigos donde usted puede separar lo que es el varón de lo que es la hembra, y el Señor en su sabiduría ha trazado esto, no por códigos finos, sino visibles.
Por ejemplo, en las personas ahora mismo: un hombre usa un pantalón, un corte masculino en su ropa. En los tiempos bíblicos, los hombres vestían una túnica, pero había clara distinción entre cuando un hombre estaba vestido y cuando una mujer lo estaba. En la antigüedad, por ejemplo, la manifestación del pelo, un velo en la cabeza, eran cosas que dividían, que separaban, que diferenciaban claramente qué era una mujer, o qué era un hombre.
Usted dirá: “Bueno, ya nosotros no utilizamos velo en la cabeza”. Todavía el día de hoy necesitamos códigos que nos hagan auténticamente diferenciables, que usted pueda saber si se está refiriendo a un hombre o a una mujer. Quizás usted ha tenido el caso de que se va a aproximar a una persona y no sabe cómo tratarle. A veces le vemos de espalda, no sabemos si asumir o si dudar. Y algunos juegan a esto como si fuera un asunto liberador.
Hermanos queridos, el Señor ha dado no solamente un rol, el Señor ha dado una presencia distintiva a un hombre y también a una mujer. No quiero hacer de esto un estereotipo, pero todavía hasta recientemente una mujer mantener su pelo largo era claramente distintivo de una mujer. Y del mismo modo, los hombres evitábamos esos códigos porque no queríamos ser confundidos. A los niños se les enseñaban ciertas cosas: había colores, había actitudes, había poses, había una manera de cruzar las piernas que era masculina y había una manera que era femenina.
Tenemos toda una serie de medios de comunicación que van permeando el ambiente de la iglesia: medios que nos van mandando imágenes, que nos van mandando conductas, nos enseñan que lo bueno es malo y que lo malo es bueno. Hermanos queridos, hay códigos que deben ser distintivos para hombres y para mujeres. Usted debería sentirse satisfecha de ser una fémina, y yo debería sentirme satisfecho de ser un varón.
Esto de volvernos andróginos nunca sientes. Yo siento como que viene bajando, hermano, pero el aluvión que tuvimos con relación a la “metrosexualidad” fue apenas una brisa para tumbar hojas secas. Eso era un asunto: “ser metrosexual”: hablar de eso, y usted encontraba a los hombres tratando de imitar cosas que no eran masculinas.
Les he mostrado maneras en que la masculinidad se ha estado permeando: perpetuar la niñez, afeminarles, volverles andróginos. Otra manera: la esclavitud de la informalidad. Los varones se encuentran entregados a la informalidad en todas las áreas de su vida. La formalidad no es algo que nos caracteriza: en los estudios, informalidad; en los empleos, informalidad; en el noviazgo, informalidad; en la paternidad también, informalidad.
Los hombres siempre se ven como que están en transmisión de prueba en cada una de esas áreas. “Vamos a ver al final, a ver qué pasa”. Hermanos queridos, ser constantes es algo que debería caracterizarnos.
Y algo en lo cual hasta las mujeres piadosas a veces participan es relegar a los hombres los asuntos domésticos a un segundo plano. Hermanos queridos, los hombres en los tiempos de los patriarcas estaban muy presentes para su familia. Este asunto de “los hombres no participamos en la vida doméstica” es algo que no tiene ningún asidero bíblico. Un hombre tiene que dirigir su casa y administrar la vida, y esta labor de administrar bien su casa es algo que el Señor ha puesto en los varones. Administrar bien su casa tiene que ver desde las relaciones hasta los compromisos.
Este hombre ausente de la vida familiar es un paradigma que desde el mundo se reproduce. Es un hombre que no sabe a dónde van sus hijos, un hombre que no sabe dónde está su esposa, es un hombre que trata de llegar al final de la tarde y que no se le moleste mucho. El paradigma del mundo es: los hombres son del trabajo y las mujeres de la casa. Hermanos queridos, como hombres cristianos deseamos estar muy presentes en lo que pasa en nuestra casa.
Y al mismo tiempo tener en nuestra casa “fiesta” y tener celebración. Quiero mostrar las dos facetas principales donde el Señor espera que nosotros nos comportemos varonilmente. Quiero hacer un llamado a todos los jóvenes que están aquí presentes, que todavía no se han casado, a que entiendan que ser cabeza de una casa no es solamente un asunto mecánico; es algo dinámico, es algo que se adquiere en el corazón.
No porque dice la Escritura que el hombre es cabeza de su mujer. Hermano, no estamos hablando de un asunto mecánico. Del mismo modo, para la iglesia, Cristo es cabeza de la iglesia; Cristo se ganó la iglesia, Cristo se ganó el corazón de la iglesia, Cristo compró su iglesia, Cristo se sacrificó por ella. Nosotros no servimos a un Dios que desapareció un día y dijo: “Yo soy el Creador y a mí hay que darme honra”. Estamos sirviendo a un Dios que se sacrificó, que sacrificó a su propio Hijo a favor de nosotros. Él nos mostró cuál es el estándar.
Preparación del joven para liderar su hogar
Cristo es cabeza de la iglesia no solamente en un asunto mecánico de posición —sí, también es posición—, pero Cristo ciertamente se ganó el afecto de su iglesia. Un hombre cristiano no está llamado a demandar de su esposa sujeción y sumisión; está llamado a ganarse eso en el corazón de ella, sobre todo buscarlo para la gloria del Señor.
Quiero animar hoy a los jóvenes que aún no se han casado a que se preparen para liderar un proyecto familiar, para comportarse varonilmente en su propia casa. ¿Cuál es el estándar de Dios al respecto de estas cosas? Hermanos queridos, cuando el Señor colocó a Adán en el huerto le dio responsabilidades administrativas, y después le llamó a Eva y le dijo: “Ella será ayuda idónea para ti”. No estamos hablando de que ahora Adán puede jubilarse, dejar el huerto y que lo haga Eva. No. Estamos hablando de que ahora Adán va a tener una compañera, una ayuda idónea, para hacerlo junto a ella.
La principal vía en el proyecto familiar, en dirigir los destinos de una casa, es la voluntad del Señor que como hombres nos preparemos para tenerla. Salvando toda la diferencia porque esto es algo mucho más sublime, pero ni siquiera las monarquías se pierden al respecto de estos asuntos. Los reyes no asumen que sus hijos por ser hijos de reyes van a ser reyes; les dan una educación especial para que lleguen a ser reyes. Les enseñan el porte que un rey debe tener, las funciones reales, las limitaciones amplias con las cuales tendrá que convivir.
No porque se crió como un plebeyo y después queremos que lidere. Hermanos, si usted quiere liderar un proyecto familiar, usted debería comenzar a prepararse desde ahora.
¿Cómo prepararse para liderar tu propia casa? Lo primero que debes hacer como joven cristiano es cuidar tu corazón. Gran parte del deterioro del matrimonio es la cantidad de referentes que los hombres llegamos a tener cuando entramos al proyecto familiar. Usted nunca va a tener una vida familiar satisfactoria si usted vive lleno de referentes mundanos al respecto de lo que es la relación suya con su esposa.
Por regla general, lo que digo es que uno desaconseja tener muchas relaciones de noviazgo. Eso no le conviene a tu mente, no le conviene a tu corazón. Este asunto que se promueve, directa o indirectamente, de jóvenes que “van pujando” de un lugar a otro lugar, al final todo eso juega en contra.
Cuando usted se case, usted va a tener que luchar para despojar todo eso de su mente, para despojar todos esos referentes. Lo mejor es haber no conocido muchas otras, sino una sola; aquel que el Señor le dio la gracia de poder conocer y casarse con una sola, le fue bien. Hermano querido, te quiero invitar en este momento a que como hombre cuides tu corazón. Para tú poder liderar el corazón de tu esposa, tú tienes que tener tu corazón disponible, tu mente disponible. Una mente cargada de referentes, una mente cargada de imágenes, una mente cargada de comparación nunca va a tener satisfacción en un proyecto familiar.
Un hombre tiene que prepararse para liderar una casa cuidando su corazón. No avives las pasiones. Dice la Escritura:
¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus vestidos ardan?
— Proverbios 6:27
Hay jóvenes que dicen: “No, yo no me he entregado a la fornicación, yo no me he entregado a la inmoralidad sexual porque no lo he practicado”. Hermanos queridos, uno no juega con fuego porque termina quemándose. Con las pasiones no se juega. Esas cosas están reservadas para el matrimonio, y como hombres cristianos deberíamos manifestar nosotros un comportamiento varonil haciendo el estándar de Dios en ese sentido.
Un llamado urgente a todo joven cristiano: usted tiene que hacerse un experto en las Escrituras. Oigan el término que puedo utilizar: usted debería tener ‘expertise’ en las Escrituras, porque dice la Escritura que usted, en su casa, debería tener la capacidad de instruir a su propia esposa. ¿Cuántos son los hombres que en este momento lo podrían hacer, por lo menos, maestros de escuela bíblica de su propia esposa? Quizás no los encontramos.
Ay, hermana querida, cuando usted va a elegir a un hombre, por favor fíjese en un hombre que pueda ser su maestro. Yo no sé cuál de los dos opera con más negligencia: si un hombre que no se formó en las Escrituras para poder dirigir su casa desde la Palabra, o una mujer que eligió cualquier hombre que ni siquiera tiene un ejemplar propio de las sagradas Escrituras.
Una de las cosas por las cuales un hombre levanta fervor en la casa, y una mujer que adora, es que el hombre sea duro en la Palabra. Que por lo menos la esposa pueda tener un “de tú a tú” con él en las sagradas Escrituras, que pueda sentir que están hablando en un idioma que ella comprende.
Es mejor permanecer soltera que casarse con un hombre que no conozca la Palabra, porque si no conoce la Palabra no dirigirá los destinos de su casa según los estándares de Dios, sino según lo que él aprendió en su casa, lo que aprendió en el mundo. Un hombre que no estudia la Palabra no está apto para dirigir una casa.
“No, pero yo puedo porque mira, yo me puedo ir de mujer civil a una casa, y después usted va a hacer el proyecto”. No. “Yo hago lo mismo que hacía mi papá”. Hermano querido, usted necesita ser ducho en la Palabra. Un hombre no puede darse el lujo de ser un necio.
Y usted me dirá: “Pero es que yo no estoy preparándome para ser esposo”. Estando en una iglesia, debería ser que los hombres tengan tanta prestancia en la Palabra, en el testimonio, en ser sobrios, que usted podría decir: “Ese está cualificado para ser un pastor, aunque le falte el llamado”. Y, de hecho, el sacerdote en su casa. ¿Cómo va a instruir a sus hijos?
Hermano, si usted no se ha casado, yo lo invito a que aproveche bien el tiempo, primero cuidando su corazón y después haciéndose un experto en las sagradas Escrituras.
Hermanas de vida contenta aquí: si usted es una joven cristiana que todavía no se ha casado, no se fije en un hombre que no ame la Palabra, en un hombre que no tenga ese testimonio de que es un hombre de las Escrituras. Un hombre necesita el ruedo espiritual. Pesa cuando un hombre permanece en su Palabra.
Es más: si usted se está preparando para desarrollar un proyecto familiar, tiene que cultivar disciplinas espirituales. El matrimonio le va a desafiar por tantas áreas que no va a haber tiempo para comenzar las disciplinas espirituales entonces. El que no tomó el voto de la oración antes de casarse, cuando esa vida familiar se vuelve caótica no va a encontrar el momento para orar.
Me he dado cuenta, hermano, que la disciplina espiritual que uno no aprendió en la soltería toma doble esfuerzo desarrollarla en el matrimonio. Si a usted le hace falta leer la Palabra, si le hace falta la oración, si le hace falta congregarse, cuando usted se case todo eso se va a complicar.
Disciplina espiritual, carácter y prestancia antes de casarse
Si usted hoy tiene que estar forcejeando para la disciplina espiritual más básica, imagínese usted cuando sea que tenga que estar dirigiendo el destino de su esposa, de sus hijos y representando su familia. Es tanta la vorágine de un matrimonio que, si usted no desarrolló en tiempo de paz eso, cuando lleguen los tiempos de guerra no va a poder.
“Yo como que no me he casado ahora mismo”, dice alguno. Hermano, precisamente porque no se ha casado, en este momento no debería estar haciendo los cimientos de su familia. Los cimientos de su familia es tener disciplinas espirituales bien establecidas.
Hermano querido, usted va a tener que desafiar carácter y desarrollar prestancia. Carácter es integridad, disciplina, valores, lo que no se ve pero que, al fin de cuentas, es lo que lo expresa. Carácter no es lo que usted quiere tener; carácter es lo que ya los demás notan en usted, aunque usted no lo verbalice. Eso lo define.
Y prestancia es que queremos que también eso se vea hacia afuera. Un hombre que tiene prestancia social es un hombre que tiene reconocimiento como un hombre honorable, trabajador, íntegro, sobrio. Es otra instancia. Se ha dejado de hablar de la prestancia, de ponerle el “don” delante: “don fulano”.
Al día de hoy, quienes son los que llegan a tener prestancia son los delincuentes. Queremos hombres cristianos que tengan prestancia, hombres buenos. La prestancia se siente. Cuando llega un hombre completo y usted siente que en el salón hay como una ola de tinta, y dice: “¿Qué es lo que pasa?”, eso se siente, eso se manifiesta.
Cosa que me parece muy preocupante: mire, como Pastor, usted no puede venir donde mí a decirme que usted va a pretender a una hermana sin tener un trabajo estable, sin tener un oficio. Hermano, tenga un oficio. “Pastor, que estoy enamorado de fulanita”. Hermano, guarde su corazón y pídele al Señor ver qué hace con usted también. Pero si usted no tiene ni siquiera un oficio, yo tengo que hablarle claro.
No tengo que estar hablando finta, porque me doy cuenta que la gente no invierte bien su vida. Las cosas hay que hacerlas explícitas: si usted no tiene un medio de sustento, ¿cómo va a sustentar a una familia? “No, cuando nos casemos yo busco qué hacer”. Dice el papá de esa muchacha: “No se lo voy a decir al Pastor de ella, se lo digo yo”.
Cantidad de hombres que no saben todavía hacia dónde van en la vida, y lo que están pensando es en pretender una muchacha, haciéndonos un gran problema. Porque entonces comienza una relación de noviazgo y uno dice: “Ok, ¿y esto cuál es el desenlace?”. Él todavía no tiene prestancia, todavía no tiene carácter, es una persona que todavía es “aliñada” en muchas áreas.
Por lo tanto, una muchacha que, con toda seguridad, es disciplinada, una muchacha que está estudiando, una muchacha que ya sabe para dónde va en la vida, a nivel de madurez emocional, mental, en cualquier cultura ella le lleva por lo menos cuatro puntos, pero ella quiere casarse también y lo ve como una opción.
Aquí van cuatro años de noviazgo, vamos a ver qué pasa con esa relación. Y después dando la vuelta, a ver si nos casamos o no nos casamos. Hermanos queridos, antes de usted pretender a una muchacha, usted debería tener en su mente, en su corazón y en su carácter ya formado un proyecto familiar, con su televisión puesta en eso.
No encuentro los jóvenes cristianos al día de hoy llegando a madurar al ritmo que deberían, y en ese aparato los hombres deberían encabezar. Por eso las mujeres terminan eligiendo hombres mucho mayores. Entonces queremos hacer de eso burla, pero es que los hombres de su generación todavía no han terminado de salir del horno.
Una muchacha de 20 años que comienza a proyectar una vida familiar, estamos hablando de que el de 25 al día de hoy es un niño. Ay, hermana querida, por favor no se case con un niño. Cásese con un hombre que tenga prestancia, que tenga carácter, sobre todo el carácter de Cristo en él.
Hermano querido que no se ha casado todavía, con la ayuda del Señor y mucha prudencia trate de ser certero. Mire, este asunto de salida en falso, cada salida en falso cuesta mucho, sobre todo en testimonio. Cada vez que usted intenta pretender a una muchacha, usted va a pretender a una familia, y va a comprometer su propia familia, va a comprometer la familia de nosotros. Y cada salida en falso trae daño.
Y usted dice: “No, Pastor, hay que probar”. No, no hay que probar, hermano; hay que depender del Señor. Dice la Escritura:
El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová.
— Proverbios 18:22
Usted tiene que buscar una esposa en oración, usted tiene que prepararse para ser el esposo piadoso que una mujer cristiana está buscando. Pero por favor, hermano querido, administre las salidas en falso, porque traen mucho daño.
Cada vez que una muchacha es entusiasmada por un hombre que no tiene todavía la manera de llevar a feliz término un proyecto familiar, no solamente usted está dañando el corazón de ella, está dañando el corazón suyo, le está dejando un referente. Y usted quisiera no dejar eso por ahí.
Hay hombres que han dejado referentes en muchos lugares. Hermanos, eso no es agradable. Esas cosas después se sufren, esas cosas después llegan a ser dolorosas, sobre todo hacia una familia completa que usted ha entusiasmado al respecto de algo que no va a estudiar a futuro.
Hermano, hay cosas que muestra la vida. Me llegó de estos memes que circulan en internet un video de un padre. El novio de la hija va a pedirle matrimonio. Y enfocan la cara del padre. El novio es un niño todavía con un pantaloncito corto, con una media hasta la rodilla y una característica muy “niñada”. Y él viene lleno de amor a decirle que la está pidiendo en matrimonio, y enfocan la cara del papá; la cara del papá imputado, así, serio.
Y toda la familia: “Ay, el amor, que el matrimonio”, y este hombre se le ve la preocupación en los ojos, está como sudando frío. Y viene el hermanito: “Ay, la mamá, que le está pidiendo matrimonio, papá…”, entonces la cámara se viene sobre la cara del papá: está preocupado. Y después: “Feliz día de los inocentes”. Hermano, es mejor verlo en un meme de internet que verlo en la familia suya.
Porque eso es un trago duro. “¿Este me está diciendo que está pretendiendo mi hija?”, y todavía, evidentemente, no ha adquirido sobriedad, no ha adquirido carácter, todavía no tiene ni siquiera un medio, no sabe hacia dónde va en la vida; quiere entusiasmar a mi hija, muy probablemente durante diez años un proyecto familiar que… eso es muy fuerte.
Es más fácil verlo en un meme que verlo en su familia. Por favor, como iglesia cuidemos el testimonio del Señor. Estas cosas no son para jugar con ellas. Un llamado a todos los hombres solteros que están aquí: sea certero en esas cosas. Para ser certero, usted va a tener que cultivar la oración, va a tener que formarse como hombre para dirigir una casa, tener prestancia respecto de estas cosas.
Concluyo este apartado, hermano: tenga claro qué busca, para qué lo busca y para cuándo. Hermano, sé que es muy fácil, yo mismo no lo logré en todo, pero eso no cambia la Palabra del Señor.
El matrimonio no es algo para jugar. Cuando José desposó a María, no era José un romántico entusiasmado; era un hombre que tenía un oficio. El desposorio, en esa cultura, no era “vamos a jugar al matrimonio”; el propósito del desposorio es desarrollar un proyecto familiar. Un hombre pedía a una muchacha en matrimonio y se desposaban para él comenzar a construir una casa, para él comenzar a poner los cimientos de lo que va a ser su futura familia, y luego de un tiempo eso sucedía, ya la mujer entraba en un momento de realización. Ahora mismo la gente se casa para buscar esas realizaciones.
Mujeres cristianas, por favor, sean pretendidas por hombres que conozcan el modelo estructural al respecto de estas cosas.
Liderazgo del hogar y de la iglesia: testimonio y pureza
Primera área donde debe un hombre comportarse varonilmente: su nombre debería prepararse para dirigir una casa. Le di algunas recomendaciones. Segunda área: comportémonos varonilmente también en el liderazgo de la iglesia.
Todo hombre debe aspirar a ser columna de una iglesia. Decía: columna es una persona que soporta a otros. El liderazgo cristiano necesita tener referencias y modelos masculinos.
¿Cómo nos preparamos para liderar la iglesia del Señor? Un hombre cristiano debe cuidar especialmente su testimonio. Son muchas las personas que pueden llegar a tener los dones o hasta el llamado, pero su testimonio no les ayuda. ¿Cómo ponemos los destinos de la iglesia en la mano de este hombre que tiene ese testimonio?
Hermano querido, el testimonio es un lastre que nos impide hacer la obra del Señor. Un hombre cristiano debe cuidar especialmente su testimonio a la luz de lo útil que puede ser para su Señor. Estoy hablando en este momento de la iglesia, pero aplica también a otras áreas.
Debería tener un trato puro con las jóvenes. Dice la Escritura que debería tratarlas como hermanas, con toda pureza. Si todavía tú no has llegado a tener control de ese asunto, eso va a ser un lastre en tu ministerio. ¿Cómo ponemos a esta persona que no puede servir a una joven sin pretenderla?
Esas cosas las aprendió el mundo. El mundo solamente sabe servir para conquistar, servir para conseguir. Un joven cristiano debe aprender a tratar a sus hermanas en la iglesia como si fueran sus hermanas, con toda pureza, dice la Escritura. Aprender a servir con pureza es opuesto al modelo del mundo. Es un asunto muy necesario para un líder cristiano.
¿Cuántos son los hombres que cuando los vemos en el ministerio sentimos que siempre están perseguidos por sospechas? Son los mismos que no han aprendido a tener control de su corazón.
He escuchado líderes impíos que dicen: “No, yo no puedo estar a solas con una mujer, yo no puedo reunirme con una mujer”. Hermanos queridos, ese es alguien que no ha tenido control. Si tú no aprendes a tratar a tus hermanas con pureza, de forma tal que tú veas a una hermana con pureza, que tu mirada sea una mirada pura, que tus gestos sean gestos puros, que tus aproximaciones sean puras, entonces huye del liderazgo.
Un líder cristiano debe aprender a cuidar la pureza en sus relaciones con el sexo opuesto, porque si no será un lastre. ¿Cómo va a ser que ese hombre, para que sirva limpiamente, haya que tenerlo en una jaula? Yo entiendo, hermanos queridos, que hay normas prudenciales que uno llega a establecer, no solamente para no deshonrar al Señor, sino también para no crear percepción de deshonra. Sin embargo, un líder cristiano debe aprender a dar ósculo santo, debe aprender a saludar a las hermanas.
Sigamos haciéndolo. Hay hombres que yo sospecho que ni siquiera es que lo hacen, es que lo disfrutan. Pero hay mujeres cristianas que no quisieran que un hermano específico les saludara, porque ese hermano cuando saluda… usted siente la incomodidad.
¿Cómo puede aproximarse a una hermana? ¿Cómo se aproxima? Un abrazo quizás demasiado íntimo. Hay gestos que aun yo mismo los siento impropios, y soy varón; no se los dé a las hermanas de la iglesia.
Les he pedido, por favor, que seamos sobrios. Tenemos que cuidar a las jóvenes de nuestra iglesia, porque hay lobos que se meten en la iglesia y quieren venir con aproximaciones inundadas desde el saludo. La aproximación debe ser con toda pureza para poder ser un líder cristiano.
El testimonio que uno escucha: “Ese líder es el novio de todas las que lidera”. “Ese líder es…” Si ha sido su caso, si eso lo ha definido, tenga control de eso con la ayuda del Señor para que le sea útil.
Hermano, aproveche su soltería para servir especialmente al Señor, como dice la primera carta a los corintios, capítulo 7. Los solteros están disponibles. La soltería es un precioso momento en la vida de los jóvenes en el cual podemos dedicarnos nosotros a servir al Señor especialmente.
Distráigase con el servicio al Señor, ocúpese en el servicio al Señor, ponga en eso sus energías, ponga en eso sus fuerzas, porque si no se va a quemar.
Quien no aprendió a servir al Señor en la soltería tiene también un gran problema, ya que el matrimonio no está garantizado para todo el mundo. No todo el mundo se va a casar. Hermanos queridos, hay gente que padece de no aprender a tener satisfacción en la soltería, y si usted no aprende a estar satisfecho siendo soltero, tampoco estará satisfecho siendo casado.
Dice 1 Corintios 7 que los solteros se ocupen en las cosas del Señor. Hermano, al igual que en un matrimonio, para ser un líder cristiano no solamente hace falta que usted tenga cosas para decir; es necesario que usted pueda decirlas bíblicamente.
Hay hombres que hablan mucho. Usted ve a este hombre que habla y habla con mucha seguridad, tiene mucha salida, tiene mucha creatividad, pero no se da cuenta que le falta que todos sus conceptos sean permeados por la Palabra de Dios.
Es imposible que una persona llegue a ser un líder cristiano si no tiene autoridad de la Palabra. Encuentro cantidad de jóvenes que no tienen autoridad en la Palabra. Un líder cristiano se distingue porque todos sus razonamientos son razonamientos a la luz de las Escrituras, a la luz de una cosmovisión cristiana.
Y hay cantidad de hombres que tiran conceptos, que ellos son muy buenos hablando, hablan con autoridad, siempre están muy dispuestos, pero no pueden hablar bíblicamente. Para usted ser un líder en la iglesia del Señor, usted tiene que aprender a pensar y hablar según los principios de Dios.
Hermano querido, usted está llamado a liderar la iglesia. Usted debe cultivar sus dones. Los dones uno aprende a usarlos cada vez mejor, cada vez con más fruto, cada vez con más excelencia, y para usar los dones hay que practicar. Queremos jóvenes cristianos que se comporten varonilmente cuidando sus dones.
Les he mostrado en primer lugar este problema que había en la iglesia: el mundo. En segundo lugar, los diferentes llamados que se nos hacen para que veamos, desde la perspectiva masculina, estas cosas. He tratado de aterrizarlas en áreas en las cuales debemos comportarnos varonilmente.
¿Cómo no, hermano? No hay mejor manera que terminar que mostrando el ejemplo de estos varones que presenta el apóstol. Seleccionó varios, pero voy a mencionar la constancia de ellos.
Ejemplos de hombres: Timoteo, Apolos, Estéfanas y su triunvirato
El primero de los varones que presenta el apóstol en la despedida de la carta de Corinto es el hermano Timoteo. Está en el versículo 10. Timoteo quizás era el más joven de todos estos líderes. El apóstol Pablo dice de Timoteo:
Y si llega Timoteo, mirad que esté con vosotros con tranquilidad, porque él hace la obra del Señor así como yo.
— 1 Corintios 16:10
Antes de eso, Pablo había escrito acerca de Timoteo mismo: “Por tanto, nadie le tenga en poco”. Timoteo era un joven, y Pablo, que era un viejo delante de él, que hablaba de Timoteo como su hijo, dice: “Ese hace la obra del Señor igualito que yo”.
Hermano, eso es un piropo muy alto. Qué hermoso sería si tuviéramos jóvenes de los cuales uno diga: “¡Guau, es que es un muchacho corto en edad, pero hace la obra del Señor como si fuera un hombre entrado en años!”. Qué hermoso que manifiesta ese nivel de madurez. Timoteo era un joven, y Pablo podía hablar así de él. Jóvenes así es que nos hacen falta en la iglesia.
¿Qué destaca en Timoteo? Dice: “Hace la obra del Señor igual que yo”. Así es que lo queremos. Es un ejemplo masculino.
Después menciona a Apolos. Dice del hermano Apolos, acerca del hermano Apolos, en el versículo 12:
Acerca del hermano Apolos, mucho le rogué que fuese a vosotros con los hermanos; mas de ninguna manera tuvo voluntad de ir por ahora; pero irá cuando tenga oportunidad.
— 1 Corintios 16:12
Me impresiona en Apolos una cualidad que yo quisiera que todos los hombres tengan. Apolos era un hombre con criterio y voluntad. Aún Pablo le decía: “Apolos, ve”, y Apolos consideraba: “No, Pablo, no es el momento. Hay cosas más prioritarias que eso”.
Es hermoso ver eso en los hombres: que aun para Pablo había cosas que eran de peso. Apolos no era un hombre que se iba detrás de cada nueva idea: “Apolos, hay que llevar una carta: yo la llevo; Apolos, hay que comenzar un negocio: ahora comienzo; Apolos, trabajo nuevo: véalo a mí”. No. Apolos sabía para dónde iba.
Yo veo a Apolos y me transmite esa idea de un hombre certero: que Pablo le está diciendo: “Apolos, ve a Corinto”, y él dice: “No. Aquí yo tengo que permanecer; estoy haciendo algo urgente para el Señor”. Así es que queremos hombres, hermano: hombres que tengan criterio, temple, y no sean arrastrados a cualquier lugar, aun si es un lugar bueno.
De Apolos dice Pablo: “Le rogué, y él dijo que iría cuando tenga oportunidad. En este momento está ocupado”. Hermoso sería si habláramos nosotros así.
Después de Apolos, menciona a Estéfanas. Dice en el versículo 15:
Hermanos, ya sabéis que la familia de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que ellos se han dedicado al servicio de los santos.
— 1 Corintios 16:15
Estéfanas no solamente sirvió al Señor, sino que logró involucrar a toda su familia al servicio del Señor. Así es que queremos hombres: hombres que tengan la capacidad, la fibra espiritual no solamente de hacer ellos la obra, sino de lograr involucrar en la obra a su esposa, a sus hijos. ¡Qué cosa más hermosa!
Después de mencionar a Estéfanas, dice que sirvió a la iglesia junto a su familia. Aquí hago una pared, hermanos. Mire, frecuentemente —y esto no es ley de salvación, no puedo pronosticar la salvación—, pero frecuentemente un hombre piadoso que tiene fibra, liderazgo, interesa y se está comportando varonilmente logra entusiasmar a su familia completa en los caminos del Señor. Él logra hacerlo. No le digo, hermano, que esos son asuntos escritos en piedra, pero frecuentemente un hombre cristiano tiene esa capacidad e interesa para que su familia diga: “Aunque yo no tenga la fe que tiene él, yo tengo que acompañarlo”.
Toda esta familia se dedicó a servir al Señor. Era una familia ministerial. Para que esto suceda es muy necesario que comience por la cabeza. Cuando un hombre en la casa sirve al Señor con hambre y pasión, asimismo sus hijos responden.
Después menciona nuevamente a Estéfanas, y nos menciona aquí un triunvirato que frecuentemente en las iglesias bíblicamente establecidas termina levantándose. En toda iglesia bíblicamente establecida usted se da cuenta de un grupo de hombres que llevan el mismo liderazgo; aunque no sean los líderes principales, son hombres que soportan la iglesia.
Hay una iglesia que estuvo sin Pastor como doce años, y yo pregunté: “¿Y cómo siguió la iglesia?”. Me mencionaron tres varones que asumieron la carga, hermano, con interesa, que defendieron la iglesia del Señor. Miren este triunvirato aquí, hermano, que se menciona:
Me regocijo por la venida de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico, pues ellos han suplido vuestra ausencia, porque confortaron mi espíritu y el vuestro.
— 1 Corintios 16:17-18
Son pocas las iglesias, hermano, que pueden mencionar tres hombres en fila y decir: “Estos hombres pueden representar bien a la iglesia”. Cuando estos hombres vinieron donde Pablo, Pablo sintió que Corinto completo estaba viniendo donde él.
Eran hombres que estaban tan identificados con su iglesia local, que estaban tan comprometidos con su iglesia local, que servían tan bien en su iglesia local, que para Pablo ellos fueron como un baremo. O sea, si ellos están aquí conmigo es como si estuvieran conmigo todos ustedes. Dice: “Pues ellos han suplido vuestra ausencia”.
Hermanos, qué hombres que tienen tanta identificación con la casa del Señor que usted siente que conocerlos a ellos es conocer su iglesia. Hay algunos que lo que generan es temor y temblor, que uno dice: “Guau, si conocen la iglesia a través de él…”. Pero qué hermoso es un hombre que tiene el testimonio y la interesa de que el apóstol Pablo diga: “Cuando ellos vinieron donde mí, yo sentí que estaban supliendo la ausencia de una iglesia completa”.
Hermoso es esos hombres que llegan a tener ese involucramiento, ese entusiasmo, ese testimonio en la iglesia, que conocerlos a ellos sea como conocer a la iglesia completa. Dice que su llegada le produjo a Pablo regocijo. Es evidente que su llegada representó bien a su iglesia, en cuanto a la cercanía, al conocimiento, la retroalimentación.
Hermanos, otro hombre que sabe dónde está su iglesia espiritualmente. Hay hombres que no saben lo que está pasando en la iglesia. Y hay hombres que sí, que están enterados de cuál es la necesidad de la iglesia, que pueden darle la retroalimentación a Pablo, y Pablo sintió como que estaba con la iglesia.
Queremos hombres piadosos que estén tan involucrados en su iglesia local, que estén tan apasionados por su iglesia local, que estén representando tan bien su iglesia local, que conocerlos a ellos sea como conocer a todos nosotros; y que la iglesia en pleno cierre filas con esos hombres. Dice frecuentemente el apóstol Pablo: “Os ruego que os sujetéis a personas como ellos”.
Dice el apóstol Pablo al respecto de ellos, en el versículo 16:
Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos los que ayudan y trabajan.
— 1 Corintios 16:16
Personas como ellos. Hombres creyentes que están aquí presentes, es el solemne llamado del Señor para todos nosotros: no solamente que seamos cabeza, sino que nos preparemos para ser que el cuerpo nos desee.
Es la voluntad del Señor que nosotros despertemos, que velamos, que nos anclemos. Es la voluntad del Señor que lo hagamos con amor, pero es la voluntad del Señor que varonilmente encabecemos bien nuestras casas y nuestras iglesias. Es mi oración que haya hombres aquí hoy escuchando esto y que ese entusiasmo respecto a llegar a ser una columna crezca en dependencia del Señor.
Estoy seguro que mis hermanas piadosas también están deseando estas cosas. Oro corporalmente.
Oración final por un avivamiento de masculinidad bíblica
Padre, mira esta carga de mi corazón al respecto de despertar a mis hermanos varones. Señor, mira cómo está sufriendo tu pueblo la ausencia, en tu casa, de hombres que nos representen, de hombres que cuiden de los demás.
Padre, quiero pedir especialmente por mis hermanos jóvenes que aún no se han casado. Yo te pido, Señor, que ellos puedan ser formales, que ellos puedan establecerse bien, Señor. Padre, dales integridad, dales decisión. Permite que representen bien su casa. Dales el interés de tener la sobriedad necesaria para representar bien su familia.
Padre, bendice a las jovencitas con hombres piadosos, hombres que sean deseables sobre todo en lo espiritual, Señor. Padre, comienza a levantar un fervor en la triple congregación por la masculinidad bíblica. Quítanos los estereotipos mundanos, Señor, y levanta hombres que virtuosamente te rindan el rol que tú les has dado.
Señor, haz un avivamiento en nosotros al respecto de comportarnos varonilmente. Padre, mira aquellos de mis hermanos que se han quedado más al margen; despiértales tú, Señor. Permite que se levanten como estos hombres que aparecen al final en la primera carta de Pablo a los corintios.
Padre, danos una sarta de hombres que tengan estas características. Levanta aquí, Señor, hombres con interesa, hombres con buen testimonio, hombres que representen bien la casa del Señor.
Padre, cómo no pedirlo: levanta al mismo tiempo hombres que reúnan cualificación, que reúnan dones, Señor, y al mismo tiempo que respondan al llamado de ministrar. Trae, Señor, entre nosotros hombres que asuman con responsabilidad y honor, Señor, el llamado pastoral.
Padre, qué hermoso sería si en tu iglesia, en los próximos años, como parte de un milagro, muchos ministros se levantan. Y al mismo tiempo, Señor, cómo no pedirte que muchos esposos bíblicamente cualificados se levanten. Trae, Señor, estabilidad a nuestras familias.
No olvides —Padre— que frecuentemente somos nosotros el punto vulnerable de la familia, y deberíamos ser el ancla. Señor, trae estabilidad al proyecto familiar a través de nosotros. Permítenos sentir, Señor, la sobriedad de esta responsabilidad, pero al mismo tiempo, Señor, la gracia que fluye a favor de que hagamos lo que tú quieres que se haga.
En todas estas cosas, Padre, queremos traer honra y gloria a tu precioso nombre.
En Jesucristo. Amén.