Pueden buscar la Sagrada Escritura, hermanos queridos, y ponerse sobre sus pies. Vayamos al Nuevo Testamento, a una carta relativamente corta, es la carta del apóstol Pablo a Filemón. Quizás usted tenía el deseo de leer en algún momento la Escritura completa. Un buen paso es comenzar a leer un libro completo de la Escritura, y en esta oportunidad podemos leer todos juntos un libro completo de las Escrituras. La carta de Pablo a Filemón tiene solamente un capítulo de 25 versículos, o sea que tenemos esta preciosa oportunidad de tomar una carta completa, leerla y tener en la mente todo el mensaje que dio el apóstol Pablo cuando envió esta carta a Filemón. Leamos todos; estaré leyendo yo el primer versículo, ustedes el dos, yo el tres y así sucesivamente, para que todos podamos participar.
Dice así la palabra del Señor:
Pablo, prisionero de Jesucristo, y el hermano Timoteo, al amado Filemón, colaborador nuestro; y a la amada hermana Apia, y a Arquipo nuestro compañero de milicia, y a la iglesia que está en tu casa: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones, porque oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús, y para con todos los santos; para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús. Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos. Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, más bien te ruego, por amor, siendo como soy, Pablo ya anciano, y ahora además prisionero de Jesucristo; te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones; el cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil; el cual vuelvo a enviarte; tú, pues, recíbele como a mí mismo.
— Filemón 1:1-12
Yo quisiera retenerle conmigo, para que en lugar tuyo me sirviese en mis prisiones por el evangelio. Porque quizás para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre, no ya como esclavo, sino más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor. Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí mismo. Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta. Yo, Pablo, lo escribo de mi mano, yo lo pagaré; por no decirte que aún tú mismo te me debes también. Sí, hermano, tenga yo algún provecho de ti en el Señor; conforta mi corazón en el Señor. Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aún más de lo que te digo. Prepárame, al mismo tiempo, alojamiento, porque espero que por vuestras oraciones os seré concedido. Te saludan Epafras, mi compañero de prisiones por Cristo Jesús; Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén.
Leamos todos juntos, hermanos, los versículos 15 y 16:
Porque quizás para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre; no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor.
— Filemón 1:15-16
Puede sentarse, hermanos, amigos queridos.
Contexto de la esclavitud y la relación Filemón–Onésimo
Dice nuestra introducción que en los tiempos en que se escribió el Nuevo Testamento la esclavitud era una institución jurídica común, socialmente admitida y practicada aún entre los cristianos. Tener sirvientes en condición de esclavos, esto es, sin libertad, para trabajos agrícolas o domésticos, era una forma de acceder a mano de obra y no necesariamente tenía las connotaciones de abuso extremo y generalizado que eventualmente llegó a tener esta práctica con la llegada del colonialismo. La carta a Filemón se ocupa de la relación entre un esclavo que había escapado, esto es Onésimo; la persona que lo recibió y ganó para Cristo, esto es el apóstol Pablo; y su amo, un creyente de buen testimonio al que al parecer había defraudado, esto es Filemón.
Sorprendentemente no hay en esta carta un llamado a la sublevación o una condena directa a la esclavitud como forma de trabajo. El apóstol toma un camino más alto para lograr que Filemón reciba y perdone a su esclavo creyente; apela a la expresión del amor cristiano, al sacrificio común que tenemos que hacer todos los creyentes por la causa de Cristo, a la utilidad superior que tiene un cristiano, a las formas providenciales en que Dios interviene para alcanzar sus propósitos y al sentido de gratitud que debemos tener haciendo por los otros lo que alguien antes hizo por nosotros. El mensaje de esta carta sigue siendo muy relevante para tener una aproximación cristiana a temas que sí son muy actuales.
Quisiera tomar el cuerpo de esta carta, ya que es una carta corta, para mostrar a mi iglesia que tenemos el santo deber cristiano de estimularnos los unos a los otros al amor y a las buenas obras. Usted es parte de una iglesia cristiana, en gran medida, para tener otros creyentes que, en el momento álgido, en el momento de la verdad, le digan: tú eres un cristiano, el Señor te ha dado la capacidad, y en este momento estoy llamándote a que tengas para el Señor una obediencia radical. Lo que el apóstol Pablo está por pedirle, en primer lugar a Onésimo, es un asunto extraordinario: le está pidiendo a un esclavo sublevado que, ya que tiene un nuevo conocimiento, que es el conocimiento del Señor, se comporte como un cristiano.
Este esclavo sublevado que había escapado de su amo tiene, después de escuchar la persuasión del apóstol Pablo, que tomar la decisión de, con una carta en la mano, emprender un viaje de regreso al lugar del cual él salió, un viaje peligroso en más de un sentido. Era peligroso por el viaje mismo y al mismo tiempo por lo que le podría estar esperando en la casa de su amo. Pablo le está diciendo a Onésimo: si realmente tú eres un creyente, yo te invito a que, a la luz de tu nuevo entendimiento y tus convicciones, te expongas y vayas a colocarte en las manos de tu amo. Yo escribiré una carta, que es esta, y espero que él tenga de ti misericordia, pero era un peligro altísimo lo que podría ocurrirle a Onésimo por hacer la voluntad del Señor.
Dos decisiones radicales: Onésimo y Filemón
Por otro lado, está Filemón, un amo que ha sido defraudado. El apóstol Pablo escribe esto con mucha elegancia y no se describe cuál fue la falta específica que cometió Onésimo contra Filemón, pero se ve que al parecer había sido algo que había venido en daño sobre él, y el apóstol Pablo estaba dispuesto a pagar de su propio bolsillo. Le está pidiendo entonces a Filemón algo muy interesante, porque la interacción de Pablo con Onésimo no se documenta, pero sí la interacción de Pablo con Filemón, y ahora Pablo le pide que reciba a este hermano ya no sólo como un esclavo, sino como más que un esclavo, como un hermano en el Señor.
Quisiera, a través de estos 25 versículos de Filemón, mostrarle a mi iglesia que tenemos el deber cristiano de exhortarnos al amor y a las buenas obras y que podemos utilizar estos mismos recursos que utilizó el apóstol Pablo. También quisiera mostrarle a mi iglesia que deberíamos tener nosotros en el Señor la misma gracia que está mostrando el apóstol, los recursos que utilizó el apóstol Pablo, y son los recursos que me gustaría mostrarle que deberíamos emplear también para estimularnos al amor y a las buenas obras, para decirnos los unos a los otros: hermano, obedece al Señor.
En primer lugar, el apóstol Pablo muestra un amor superior y dice que esa decisión era el resultado práctico de la fe y el amor. En segundo lugar, el apóstol Pablo hace un llamado al sacrificio cristiano; le dice a Filemón: todos estamos llamados a padecer, yo padezco prisiones, Onésimo está padeciendo al exponerse a ti, y en este momento tú también deberías padecer por la causa de Cristo recibiendo a este esclavo que te defraudó. Después de mostrar el sacrificio en común que tenemos todos los creyentes, entonces el apóstol Pablo apela a la utilidad y le dice: ha sucedido algo maravilloso, y es que este esclavo que anteriormente te era inútil ahora es un creyente y es útil para el Señor, y esto repercutirá en bendición para ti y para mí y para toda la iglesia local.
Más tarde le muestra la providencia del Señor diciéndole: quizás para esto el Señor lo permitió. Y si acaso estos cuatro motivos no habían sido suficientes para mover en el corazón de Filemón una decisión radical de hacer la voluntad del Señor, entonces el apóstol Pablo despide el asunto diciéndole: y si acaso todo esto no es suficiente, recuerda que tú mismo te me debes a mí. El apóstol Pablo apela al sentido de la gratitud: debemos hacer por otros lo que alguien antes ya hizo por nosotros. Es un paquete de cinco razones con las cuales me gustaría mostrarle a mi iglesia cómo deberíamos nosotros estimularnos los unos a los otros al amor y a las buenas obras.
Arraigo en la iglesia y oración eficaz por los hermanos
Comienzo con los primeros versículos donde el apóstol Pablo muestra que esta decisión no es solamente un favor personal, sino que son las consecuencias prácticas de haber conocido al Señor. La introducción del texto es la introducción de una carta y tiene un saludo, pero aún en los saludos hay sabiduría. Dice el apóstol Pablo:
Pablo, prisionero de Jesucristo, y el hermano Timoteo, al amado Filemón, colaborador nuestro, y a la amada hermana Apia, y a Arquipo nuestro compañero de milicia, y a la iglesia que está en tu casa: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
— Filemón 1:1-3
Esto es hermoso porque la correspondencia entre creyentes, el testimonio de Filemón, era conocido por la iglesia en general. Se muestra aquí que Filemón no solamente era un creyente, era un creyente que tenía arraigo en el pueblo del Señor. Los nombres que aparecen aquí, el consenso generalizado de los estudiosos del Nuevo Testamento es que probablemente era el núcleo familiar de Filemón. Filemón quizá el padre, esta hermana la cual se saluda, Apia, muy probablemente era su esposa, y Arquipo era muy probablemente un hijo de Filemón que había sido también colaborador del apóstol Pablo, y todos ellos eran siervos del Señor.
Hermanos queridos, tener arraigo dentro del pueblo del Señor es un medio de gracia que utiliza el Señor para llevarnos a la obediencia. Quiero mostrarle que deberíamos ver en nuestras relaciones primarias en el Señor un recurso que nos ha dado el Señor, que nos coloca en la posición correcta y que nos invita a obedecer al Señor. El hecho de que Filemón no fuera solamente un creyente, sino que fuera un creyente con una familia de creyentes y con una iglesia cristiana que se reunía en su casa, todos estos argumentos el apóstol Pablo los coloca para invitar: Filemón, tú tienes que obedecer.
Hay momentos en la vida donde uno quizás quisiera hacer su propia voluntad, pero no termina haciendo la voluntad del Señor porque no considera que familiar y socialmente ya está comprometido con el nombre del Señor. Sería más fácil que Filemón dijera que no si Filemón fuera solamente un cabo suelto, si fuera solamente un elemento aislado en el pueblo del Señor. Pero Filemón no es solamente un hombre cristiano, es un hombre cristiano con una esposa cristiana, con un hijo cristiano y con la iglesia del Señor que se reunía en su propia casa.
Medios de gracia, amor practicado y la necesidad de orar
Todas estas cosas, hermano, debemos nosotros mirarlas como medios de la gracia del Señor. El hecho de que usted tenga una iglesia local, el hecho de que usted tenga familiares creyentes, el hecho de que usted tenga un servicio memorable a la casa del Señor, son situaciones que utiliza el Señor para que nosotros terminemos haciendo la voluntad del Señor. No quiero ser en esto categórico, pero es más fácil que obedezcamos de manera radical al Señor cuando tenemos arraigo en el pueblo del Señor que cuando no tenemos hermanos o familiares que también han creído. Cada hermano que usted tiene en el Señor es un elemento que puede utilizar el Señor para que usted haga su voluntad.
Después de eso, el apóstol Pablo dice que ora por dos propósitos. Lo primero por lo que está orando es para dar gracias al Señor por Filemón. Dice el versículo 4:
Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones, porque oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús, y para con todos los santos.
— Filemón 1:4-5
Qué hermoso, hermano, que Filemón no comenzó a practicar el amor cristiano con Onésimo. Este hombre tenía un reconocimiento cristiano de que había estado practicando la hospitalidad, lo que se estilaba en la iglesia primitiva. Nosotros no tuvimos templos físicos quizás hasta el año 240 al 300 después de Cristo; se podría fechar que donde se reunía la iglesia del Señor era allí donde hubiese espacio, y lo que se estilaba era que aquellos hermanos que tenían medios materiales, que tenían recursos, quizás una casa grande, recibían en su casa a la iglesia del Señor.
Pablo está haciendo memoria de la hospitalidad que había tenido anteriormente Filemón y estaba diciendo: Filemón, te estoy por pedir algo, pero esto que te estoy por pedir no es un asunto absolutamente nuevo en tu vida, es algo que se corresponde con lo mismo que desde antes habías estado tú haciendo para tu Señor. Él da gracias y muestra dos esferas del amor y la fe de Filemón: primero lo muestra hacia el Señor y después lo muestra hacia todos los santos. Esta estructura de los versículos 5 y 6 es muy interesante. Dice en el 6:
Para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús.
— Filemón 1:6
En la traducción de la Reina-Valera del 60 se pierde un poco el hilo, porque el apóstol Pablo lo que está diciendo es: yo estoy orando, primero en el versículo 4, dando gracias a Dios por ti; y en el versículo 6 también estoy orando para que la participación de tu fe sea eficaz.
Orar para que la fe sea eficaz y recordar todo el bien en Cristo
Hermano, nosotros como cristianos estamos llamados no solamente a dar consejos, estamos llamados a orar para que nuestros hermanos hagan en su vida la voluntad del Señor. Nosotros no estamos llamados solamente a persuadir, estamos llamados a clamar delante del Señor por nuestros hermanos. Lo que el apóstol Pablo está haciendo es que, antes de decirle a Filemón: yo vengo ante ti a persuadirte con cinco razones diferentes a que hagas en tu vida la voluntad del Señor, él está diciendo: antes de cualquier otra cosa, yo he venido, en primer lugar, orando por ti, dando gracias al Señor y pidiéndole al Señor que la participación de la fe que hay en ti sea eficaz.
Yo creo que a veces, hermano, desperdiciamos demasiada pólvora tratando de persuadir a nuestros hermanos de que hagan la voluntad del Señor. Dediquemos la misma cantidad de tiempo a orar por ellos como a persuadirles a ellos. Tenemos labor, posibilidades, argumentos, pero no trate usted solamente de argumentar con sus hermanos como si fuera un asunto meramente racional, como si fuera solamente una decisión humana. Necesitamos a veces poder de lo alto para tomar en nuestras vidas decisiones que hacen la diferencia, decisiones que están a la altura del llamado del Señor sobre la vida de nosotros.
El apóstol Pablo no está aquí solamente persuadiendo a Filemón; el apóstol Pablo está diciendo: yo he estado orando por ti, he estado orando para dar gracias y he estado también orando para que la fe y el amor que están en ti sean eficaces. Y la estructura de ese versículo es interesante; me gusta como lo traduce la Reina-Valera del 95: “Y pido…”; está recordando que está hablando de la oración, “…para que la participación de tu fe, sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús”. Asimismo traduce la Biblia de las Américas, que dice: “Y ruego que la comunión de tu fe llegue a ser eficaz”.
En esto sucede un asunto muy triste: a veces hay creyentes que tienen fe y amor que son reales, pero eventualmente dejan de ser eficaces. Usted puede tener el amor correcto, puede tener la fe correcta, pero es necesario que eso se convierta en una acción eficaz. ¿En qué momento es eficaz? Cuando llega a ponerse en práctica. Que usted conozca lo que Dios espera de usted no es suficiente, usted debe conocerlo y debe hacerlo. El apóstol Pablo está orando para que el aprovechamiento de todas estas cosas sea evidente, para que sea eficaz en él.
Considerar la misericordia recibida y perfeccionar el entendimiento del evangelio
Menciona aquí algo, hermano, que me llama la atención y es “todo el bien que está en vosotros”. El apóstol Pablo está diciendo: mi oración ha sido, Filemón, primero, para dar gracias, porque eso que estoy por pedirte es lo mismo que hace mucho tú estás haciendo; pero en segundo lugar, yo he estado orando por ti para que el Señor te permita ver todas las cosas buenas que el Señor ha puesto en nosotros, para que el Señor te permita tener una conciencia renovada de todo el favor del Señor para nosotros, para que todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús sea evidente para ti.
Hermano querido, para poder hacer en su vida la voluntad del Señor a menudo usted tiene que considerar la obra del Señor en su vida. Usted primero tendrá que considerar la rica gracia que ha sido derramada a favor del pueblo del Señor, y eventualmente usted hará en su vida la voluntad del Señor. ¿Qué es esto que tenemos en Cristo y debemos extender o participar, como dicen algunas traducciones, a nuestros hermanos? Lo que tenemos en Cristo, en primer lugar, es que él tiene una capacidad de soportarnos a nosotros, hermanos, es impresionante lo que el Señor me soporta a mí, tomando en cuenta lo que él conoce de mí; me impresiona.
Si usted piensa que usted tiene que soportar a su hermano, piense lo siguiente: que usted conoce a su hermano parcialmente. Y usted dice que le soporta, “mira, me está dando lucha soportar al hermano”, pero usted le conoce parcialmente. Cristo le conoce a usted perfectamente y aún así Cristo le soporta. Lo que el apóstol Pablo está diciendo, en esencia, es: Filemón, yo estoy orando para que el Señor te permita ver todo lo bueno que hay en nosotros, todo lo bueno que compartimos en él, todo lo bueno que está en nosotros. ¿Qué es lo bueno que está en nosotros, hermano? Que el Señor nos conoce perfectamente y aún así nos soporta.
Lo segundo es la pronta disposición a restaurar que tiene el Señor, esa capacidad es tan alta que aun los incrédulos han tratado de negar la gracia del Señor sobre la gente, porque dicen: es demasiado rápido. “¿Cómo va a ser que una persona confiese sus pecados y el Señor le declara en ese momento justo? ¿Cómo va a ser que una persona clame por su misericordia y en ese momento el Señor no tome en cuenta treinta años de una vida disoluta?” Yo soy un creyente, hermano, y hasta mí a veces me cuesta: uno ve ese pecador escandaloso que el Señor le salva y sale por allá a decir que el Señor le ha salvado y uno dice: guau, es verdad que el Señor le salvó.
El perdón de Dios y la invitación a un diario de gratitud
La gente no entiende eso y dice: “¿Pero cómo va a ser que después de cuarenta años de desobediencia, el Señor le perdonó?”. Hermano, ese es el Señor. Todo lo bueno que está en nosotros es, en primer lugar, que el Señor nos ama a pesar de que nos conoce perfectamente, y lo segundo es que el Señor tiene una disposición a perdonar y a restaurar. Es que no media mucho argumento, el Señor perdona en un momento, el Señor recibe inmediatamente. Esta resolución a no reclamar que tiene el Señor es impresionante. Dice la Escritura que él se olvida de nuestros pecados, y esto parece una contradicción porque estamos hablando de un Dios omnisciente, el Dios que lo sabe todo. ¿Cómo que se olvida?
Sabe que hay cosas que pueden ser borradas de la memoria del Señor, no en el sentido de que él no sepa, sino en el sentido de que no las trae a cuenta. Cuando la Escritura dice que Dios olvida es que Dios toma una firme resolución a no reclamar. El Señor tiene la capacidad de que tú vas delante de él a arrepentirte por el mismo pecado que cometiste ayer y ya él no se recuerda del pecado de ayer. Nosotros no somos así: cuando una persona te falla consistentemente en la misma área, tú terminas haciendo un cúmulo y dices: no, tú me fallaste ayer y me fallaste antier. El Señor tiene una capacidad de perdonar, hermano, que no guarda registro; dice él que él lo lanza, figuradamente hablando, a lo profundo del mar.
Todo lo bueno que hay en nosotros, hermano, es que por gracia hemos sido aceptos, por gracia hemos sido perdonados, y que la seguridad que tenemos en él es una relación con el Señor que permanece. Quiero comenzar a aplicar inmediatamente esto: es que la decisión que está por tomar Filemón no es solamente una decisión basada en la persuasión, es basada en la fe y en el amor que él ya conocía. La primera aplicación que yo puedo hacer de todo esto, hermano –ya lo he mencionado–, es que nosotros debemos orar para que nuestros hermanos hagan la voluntad del Señor, para que esto emerja.
El apóstol Pablo usa esa misma expresión, dice: “Para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros en Cristo Jesús”, esto como que salga de él, como un “guau, cuando tú llegues a ver todo el bien que está en ti, tú lo hagas asimismo con Onésimo”. Quiero invitar a mi iglesia, aplicando esto inmediatamente, a que haga la tarea de todos los días: recordar la misericordia del Señor. Hermano, si tú no tomas esa práctica de tener –yo vi un autor que recomendaba tener un diario de gratitud–, y yo quiero comenzar a hacerlo: que todos los días tú trates intencionalmente de hacer memoria de alguna manifestación de cómo el Señor te ha mostrado su favor.
Mirar el evangelio para poder recibir al hermano
¿Cómo el Señor te ha mostrado su misericordia? Para uno operar en este mundo caído, hermano, el mundo tiene que estar mirando todos los días las grandes misericordias del Señor a favor de su pueblo. Yo quiero invitarte, hermano, a que perfecciones tu entendimiento del evangelio. Mira, mientras más tú entiendas el evangelio, más disposición tendrás de recibir a tus hermanos. ¿Qué es el evangelio, hermano? El evangelio es lo que nos dice que al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo Dios pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él, eso es el evangelio. ¿Qué más es el evangelio? Lo que dice Primera de Pedro, capítulo 3, versículo 18: “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos…”.
Mientras más miremos el evangelio, mientras más resplandezca el evangelio ante nuestros ojos, mejor relación tendremos nosotros con nuestros hermanos, mejor disposición tendremos para recibirlos. Si usted conoce el evangelio, usted tendrá la disposición de recibir a Filemón; es decir, de hacer lo que Filemón tiene que hacer. La primera cosa que está haciendo el apóstol Pablo para que Filemón tome la decisión correcta –que es recibir a su hermano en la fe– y para que Onésimo tome la decisión correcta –que es ir y restaurar la relación con su amo– es que está apelando al resultado práctico de la fe y el amor, pero no lo deja ahí.
Después menciona, desde el versículo 8 al 10, el sacrificio por la causa de Cristo que tenemos en común todos los creyentes. Filemón podrá decir: “Pablo, esto que tú me estás pidiendo es en extremo difícil. ¿Qué van a pensar la gente de mi casa? Acuérdate, yo recibiendo a este que me defraudó. ¿Qué dirá eso de mi autoridad sobre mi casa? ¿Qué dirán los otros hermanos respecto de mí, que yo soy el que recibo, yo soy ahora el que…?”. Lo que tocaba, hermano, según las leyes romanas del tiempo en que se escribe esta carta, era mucho daño sobre Filemón, y Pablo está pidiendo que no lo haga.
“Pablo, lo que tú me estás pidiendo que haga es muy difícil, el converso sublevado, este hombre me ha defraudado y entonces tú quieres ahora que yo le reciba como mi hermano”. Hermano, el sacrificio que tú estás llamado a hacer, el sacrificio que te estamos invitando a ti a que hagas, no es un sacrificio muy distinto del sacrificio que estoy haciendo yo y del que tenemos que hacer todos los creyentes.
Sacrificio compartido y autoridad espiritual de Pablo
Le dice el apóstol Pablo en el versículo 8:
Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, más bien te ruego, por amor, siendo como soy, Pablo ya anciano, y ahora además prisionero de Jesucristo, te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones.
— Filemón 1:8-10
Pablo dice que se sentía con mucha libertad para mandarle; esa es la libertad, hermano, que da la autoridad espiritual. Pablo dice: “Yo sé que tengo una autoridad espiritual sobre ti y yo puedo mandarte a que hagas la voluntad del Señor, pero yo prefiero rogártelo”. Y te lo estoy rogando, en primer lugar, apelando al amor y la fe que has conocido, y en segundo lugar, quiero apelar a que tú entiendas que lo que te estoy pidiendo que hagas no es algo distinto a lo que yo mismo estoy haciendo. Yo estoy padeciendo prisiones por la causa de Cristo y a ti te estoy pidiendo que recibas a un hombre que te defraudó.
Hermanos, los creyentes tenemos que aprender a estar cargados y a decirle a los hermanos: la vida no es ligera, yo también estoy padeciendo por la causa de Cristo. Muchos hermanos no obedecen porque piensan que la vida que nos toca es una vida de confort y dicen: “Yo no voy a obedecer al Señor porque eso va a traer incomodidad sobre mi vida. Eso que me estás exhortando a hacer, yo sé que se debe hacer, pero es muy incómodo; es un asunto muy vergonzoso, es un asunto muy difícil”.
Hermano querido, nosotros como creyentes tenemos todos que hacer la voluntad del Señor aun con sacrificio. Pablo está diciendo: yo te estoy pidiendo que recibas a tu esclavo, y quiero que tú sepas que yo soy un esclavo de Cristo, en todo momento estoy prisionero. No es que yo estoy ligero, con los pies adentro de la playa, pidiéndote que por favor lo hagas; hermano, yo mismo estoy padeciendo por la causa de Cristo, padece tú también un poco. Yo quisiera invitarle a que, cuando usted exhorte a alguien a hacer la voluntad del Señor, por favor le recuerde que todos nosotros estamos luchando para hacer la voluntad del Señor.
Todos cargados por la causa de Cristo
Cuando un hermano tiene que obedecer en el momento álgido, normalmente Satanás le inocula el pensamiento de que “tú eres el único que está haciendo eso”. No, hermano, estamos todos cargaditos. Filemón, recíbelo, pero tú sabes que yo estoy aquí preso, es preso que estoy por la causa de Cristo. Y cuando él dice “ya anciano”, ese “ya anciano” Pablo lo que está diciendo es: tú sabes que yo he dedicado mi vida a este asunto. Y la vida de Pablo era que lo dejaban por muerto; la fortuna nacional de Pablo dice: “Ya me entró la vejez, y la vejez me entró cogiendo piedra, cogiendo persecución y ahora aquí prisionero de Jesucristo”.
Pablo estaba soportando las prisiones por amor al Señor. Hermano, todos tenemos que hacer sacrificios por la causa. Pablo va a tener que soportar prisiones, Onésimo va a tener que regresar a su amo y exponerse a que el amo le muestre misericordia, y Filemón va a tener que recibirle; todos nosotros vamos a tener que agarrar un pedazo de sufrimiento. Es frecuente que Satanás utilice ese recurso para alejarnos de la voluntad del Señor; el recurso es: “Tal cosa no te conviene; eso es sólo a ti que te está pasando”. Hermano, mire, usted como creyente no vive difundiendo eso, pero los sacrificios que nosotros hemos tenido que hacer para mantener la vida cristiana son enormes, y todo cristiano en algún momento queda, en algún momento, viviendo sacrificado por la causa de Cristo.
El segundo argumento que Pablo le da es que el sacrificio por la causa de Cristo hay que hacerlo. “Esto que te estoy compelando, esto que te estoy invitando, yo sé que es un asunto gravoso, sé que es un asunto difícil, pero sé que es un asunto que le conviene a la causa de Cristo”. Impresiona el término con que Pablo dos veces se dirige a él: le dice “Te ruego, te ruego”. Uno diría: “Pablo, pero y a ti, ¿qué tal te hace el favor? ¡Eres apóstol!”. Pero Pablo no está mirando un asunto personal hacia él o hacia Onésimo, Pablo está mirando en este momento una oportunidad de edificar la casa del Señor, de edificar el cuerpo de creyentes, de edificar el Reino.
Pablo estaba mirando, hermano, lo que sucede hasta el día de hoy: que el Señor utilizó esta circunstancia hostil y difícil para establecer un precioso testimonio, edificarnos aún a nosotros. Pablo no veía el asunto como un simple detalle, como un favor; Pablo veía una preciosa oportunidad para edificación.
Engendrar vida espiritual y tener autoridad espiritual
Si Onésimo regresaba donde su amo, y si su amo hacía lo que había que hacer como cristiano, el nombre del Señor iba a ser glorificado; esto iba a ser una oportunidad preciosa de edificación. Por eso Pablo está rogando dos veces. Dice el apóstol Pablo que engendró a Onésimo en sus prisiones; dice:
Te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones.
— Filemón 1:10
Pablo está hablando de Onésimo y se está vinculando espiritualmente a él. Él le dice: “Este que yo te estoy enviando, este es un nuevo hombre. No es solamente el esclavo que tú conociste, es uno que espiritualmente fue engendrado en mis prisiones”. El apóstol Pablo está diciendo: por ese sacrificio que yo te dije que tenemos que hacer, todo ese sacrificio está convertido en fruto. Y yo, prisionero aquí en dificultad, no he dejado de hacer la voluntad del Señor; en prisiones he podido engendrar espiritualmente, en cierto sentido de paternidad espiritual.
Quizás Filemón se podía sentir en este momento reflejado en el vínculo que llegó a tener Pablo con Onésimo, porque es muy probable –ya sea que se lo haya ganado para el Señor o que lo haya edificado en el Señor– que el mismo Filemón haya sido en algún momento discipulado por Pablo, o que haya sido Pablo quien le trajo en los caminos del Señor. Pablo está diciendo: “Guau, a este, del mismo modo que ha pasado contigo, el Señor me lo ha dado como un fruto en mi ministerio”.
Yo quisiera aplicar esto diciéndole a mi iglesia que tenemos que procurar tener autoridad espiritual, no solamente dar consejos, hermanos. Dar consejos sin tener cierta autoridad espiritual limita el impacto. Esa autoridad espiritual es muy necesaria para edificar la causa de Cristo. ¿Saben qué es autoridad espiritual? Es un hermano que te dice: “Hermana, haz la voluntad del Señor”, y sin palabras, yo creo que tú puedes ver en mi vida que yo soy una persona que también vivo sacrificado para hacer la voluntad del Señor.
Una persona que tiene autoridad espiritual no es alguien que está sentado pidiéndole al mundo que haga la voluntad del Señor, es una persona que está un poco doblada, con dificultad, haciendo la voluntad del Señor mientras lo está pidiendo. Es alguien que tiene autoridad espiritual.
Reconocer a los que tienen autoridad espiritual
Hermano, yo creo que no hay más edificación en la casa del Señor porque no hay más gente que tenga autoridad espiritual. La autoridad espiritual la dan las decisiones. Es un hermano que ha sabido apartarse cuando hay que apartarse y avanzar cuando hay que avanzar, y después le dice a su hermano: “Hermano, avanza en el Señor”. Ese hermano que te manda a avanzar, tú dices: guau, pero este que me está mandando a avanzar no es alguien que ha estado multiplicado por cero en los caminos del Señor. Es una persona de la que hay evidencia de que está sacrificado por Cristo, que hay evidencia de que ha tenido aprovechamiento espiritual. Debería considerarlo.
De hecho, quien te da un consejo, la mitad del consejo –si me permiten la expresión– será eficaz de acuerdo a quién lo dé. El mismo consejo, en labios diferentes, marca diferencia. Una persona que tiene autoridad espiritual, una persona que tiene reconocimiento, una militancia cristiana de sacrificio espiritual, una persona que ha demostrado que ama el cuerpo del Señor, una persona que ha demostrado que pone la causa de Cristo por encima de su comodidad y te dice: “Hagamos la voluntad del Señor”, es una persona que tú te sientes más predispuesto a escucharle.
Yo quiero invitar a mis hermanos a que no renieguen de eso. Muchos de los consejos que no se reciben en el pueblo del Señor no se reciben porque la persona que los está dando no tiene el testimonio que tenía el apóstol Pablo, que podía decir: “Yo, prisionero de Cristo, y uno que ha envejecido militando a favor de Cristo”. Que el Señor traiga a nuestra iglesia local hermanos que tengan autoridad espiritual sobre otros creyentes. Pero asimismo no puedo dejar de incentivar al pueblo a que reconozca a aquellos que la tienen.
Hermano, cuando alguien es una persona dedicada al Señor, que ama al Señor, que es un líder en el pueblo del Señor, que tiene prestancia espiritual, escuche a esa persona. Filemón, por favor, no cierres los ojos cuando el apóstol Pablo, que es un líder espiritual, te está hablando. Dos cosas más, hermanos, y me muevo al siguiente punto: procuremos engendrar vida espiritual. Qué hermoso sería si tú tuvieras, hermano, la convicción: “Wow, yo he podido ser usado por el Señor para traer vida espiritual a alguien; esta persona vino a los caminos del Señor a través de mi testimonio; gloria al Señor por eso”. Que el Señor nos dé a nosotros esa satisfacción.
Y por último, respecto a este punto, sepamos nosotros bien sacrificarnos para que avance Cristo. La iglesia del Señor es edificada corporativamente a través de piedras individuales que son puestas al servicio del Señor. Cada vez que tomas una decisión difícil en tu vida, pero que conviene al pueblo del Señor, corporativamente está siendo edificado. Sepamos nosotros, hermanos, bien sacrificarnos; si tú dices: “Si mi patrimonio debe ser afectado para que avance Cristo, que avance Cristo en medio de nosotros”.
Onésimo: de inútil a útil, y la utilidad del creyente
Entre el versículo 11 y el 14, el apóstol Pablo le recordó a Filemón la utilidad superior que llegó a tener ahora Onésimo para la causa de Cristo. El nombre Onésimo, en la antigüedad, los nombres tenían significado, y el nombre Onésimo significa “útil”. Entonces el apóstol Pablo, en el versículo 11, hace un juego de palabras con el nombre de Onésimo y la palabra “inútil”. Dice desde el 10: “Te ruego por mi hijo Onésimo”, y en el 11:
El cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil.
— Filemón 1:11
El juego de palabras no se siente tanto en español, pero está diciendo: “A ti y a mí nos es onésimo, a ti y a mí nos es útil; él tiene para nosotros utilidad”. ¿Por qué anteriormente le era inútil? El texto no dice por qué, pero yo infiero que, si escapó, parece que no estaba cumpliendo su función. ¿Para qué sirve un esclavo escapado, sublevado? No sirve para nada. Por otro lado, dado que escapó, podemos inferir que hubo cierta tensión en esa relación, que probablemente no combinaron.
Después entonces menciona la utilidad superior que tiene ahora. La realidad es que cuando uno viene a Cristo llega a tener el mayor momento de utilidad que puede tener en su vida. Usted no será útil para nadie más, para ninguna institución, más de lo que será útil para Cristo y para la causa del Señor. El mayor sentido de utilidad en la vida de una persona lo llega a tener cuando viene a componer el cuerpo de Cristo, el pueblo del Señor. Este sentido de utilidad que el apóstol Pablo está mencionando, le dice: “Ahora es un cristiano, y ahora que es un cristiano, él nos es extremadamente útil”.
Yo quisiera despertar la conciencia de mi iglesia respecto de que nosotros tenemos utilidad para el Señor. Yo estoy convencido, hermano, de que el Señor no nos salva por salvar; el Señor salva con un propósito, el Señor salva con sentido, el Señor nos salvó y nos llamó. El Señor no solamente te salvó para evitarte la condenación eterna, el Señor te salvó con un sentido de propósito y utilidad. Cada vez que una persona es alcanzada con salvación, el pueblo del Señor debería emocionarse y decir: “Wow, ahora ha sido reforzada la utilidad; ahora este será útil para el Señor”.
Apreciar la utilidad de los hermanos y la restitución cristiana
Deberíamos nosotros, hermano, atesorar asimismo a nuestros hermanos por su utilidad. No decir: “Este no es solamente un hermano, es un hermano y nos es utilísimo”. El Señor nos es muy útil para la causa de Cristo. Cada persona que se salva trae dones, trae experiencia, llega a componer el cuerpo de Cristo, trae una voz más, trae dos manos más, trae un saborcito único al cuerpo de Cristo. Ese sentido de utilidad que tenemos nosotros para el Señor deberíamos auparlo; es decir: “Hermano, yo no solamente te amo porque el Señor te trajo, yo te amo porque para nosotros tú eres muy útil”.
Esta comparación que hace el apóstol Pablo está hablando de su situación como esclavo, pero al mismo tiempo está hablando ahora de su situación como hermano en Cristo. Él dice: “Si como esclavo te fue inútil, ahora, siendo esclavo, tanto en el Señor como en la carne, te será un mejor esclavo y también te será un hermano en el Señor”.
Cuando una persona viene a los caminos del Señor, hasta en su trabajo se debería sentir. Su utilidad ahora es inmensamente superior. Primero, es útil para un grupo más grande. Si anteriormente tú eras un esclavo, eras esclavo útil solamente para tu amo, ahora tú eres útil para tu amo, también eres útil para los amigos de tu amo, eres útil para la iglesia del Señor en general. La utilidad, ¿cómo se multiplica?
No debe ser lo único, pero es una de las cosas que animan la militancia cristiana: que uno se siente útil. Usted se va a dar cuenta de cuál es el hermano que quiere congregarse: es el hermano que entiende que cuando él se congrega hay una diferencia. Y no lo ve, hermano, solamente como un asunto de “yo vengo aquí, me congrego porque cumplo tal ministerio demasiado especializado”. Yo estuve predicando al respecto de esto a principio de año, que el simple hecho de congregarnos ya es un servicio al Señor, y que cuando usted se congrega, su simple presencia debería contribuir a la alegría de otro creyente, debería estimular a alguien más.
Hay hermanos que cuando no están aquí usted siente la diferencia, usted siente como que le hacen falta. Eso es que son útiles para el Señor. Primero, serán útiles para un grupo mucho más grande. Segundo, serán útiles para una tarea mucho más importante. Si anteriormente él servía para tareas agrícolas o domésticas, que es lo que hacía un esclavo, ahora será útil para la iglesia del Señor que estaba en la casa de su amo. Y se puede decir otra cosa: será útil, hermano, mucho más útil porque su propósito ahora es un propósito mucho más duradero. Un esclavo servía hasta que sus fuerzas le daban y después se moría; ahora él será útil desde aquí y hasta la eternidad.
Restitución: resolver los asuntos del pasado
La relación que tenía un amo con su esclavo era tacaña, sacábamos las fuerzas del esclavo y moría; ahora se quedará vinculado para siempre. Me emociona el hecho, hermano, de que el apóstol Pablo está poniendo en este momento todos sus recursos para ayudar a Onésimo a que pueda ser útil en la iglesia que estaba en Colosas. Esta es la ciudad donde estaba Filemón y de la cual salió Onésimo; era la ciudad de Colosas. ¿Recuerdan la carta a los colosenses?
Yo tengo que ver aquí, hermano, la sagacidad espiritual que tiene el apóstol Pablo; se escapó un esclavo de allá y ahora se lo devuelve a la iglesia no como un esclavo, sino como un obrero entrenado por el apóstol Pablo. Eso es valiosísimo. Este hombre se fue de aquí como un esclavo que anteriormente no nos era útil espiritualmente hablando; el Señor providencialmente lo alcanzó y ahora nos lo devuelven formado. Dice la historia de la iglesia, hermano, que Onésimo llega a ser uno de los grandes líderes de su tiempo. El Señor utilizó un recurso como este para alcanzarle. Pablo estaba poniendo todos los recursos que tenía a disposición de lo que el Señor estaba haciendo en Onésimo para que continuara.
Yo quiero animar a mi iglesia: cuando llega un nuevo creyente, por ejemplo, a nuestra iglesia local, debemos poner todos los recursos que el Señor nos dé para que ese nuevo creyente alcance su mayor sentido de utilidad. Deberíamos acariciarlo para el Señor, desearlo, formarlo. Lo que Pablo está haciendo en este momento es que está poniendo todos los recursos que él tiene como ministro del evangelio para que Onésimo llegue a ser un buen ministro del evangelio en la ciudad a la cual está mandándolo.
Lo primero que pone es una relación previa que tenía Pablo con Filemón y su familia. Después pone su testimonio propio, aunque sea indirectamente. Puso su credencial apostólica, le dijo: “Sí, yo tengo la autoridad para mandarte, pero te estoy rogando”. Pablo está haciendo todo lo necesario y, si acaso falta el recurso material, Pablo dice: “Yo mismo estoy escribiendo ahora que, si él te defraudó con algo, yo te lo pagaré”.
La cosa más valiosa que pudo hacer el apóstol Pablo por Onésimo fue ayudarle a aclarar la deuda de su relación con Filemón, porque si no iba a haber dos problemas. Primero, iba a tener mala conciencia: cuando una persona tiene la conciencia de “yo me escapé, estoy en falta, soy un prófugo, soy un fugitivo”, eso es mala conciencia. Y lo segundo, mal testimonio.
La vida cristiana como vida de restitución
El apóstol Pablo entendió que, para que Onésimo llegara a tener su mayor utilidad en los caminos del Señor, no bastaba solamente con “borrón y cuenta nueva”, y quiero establecer en este momento que la vida cristiana es una vida de restitución. Hay personas que han malentendido el evangelio y han pensado que, si Cristo perdonó mis pecados, ya todo se quedó en este momento y no hay nada más que hacer. No. Si Cristo realmente perdonó tus pecados, si tú eres parte de su población, usted tiene que resolver los asuntos del pasado. Y resolver los asuntos del pasado, a veces, tiene que ver con ayudarle a nuestros hermanos, acompañarles en la restauración de sus relaciones.
Hay padres que, cuando vienen al Señor, van a tener que restaurar la relación con sus hijos; y hay hijos que, cuando vienen al Señor, tendrán que restaurar la relación con sus padres, y cuando lo hagan serán muy útiles para Cristo. Así como era un esclavo prófugo, el apóstol Pablo, con un discernimiento espiritual, le dijo: “No lo dejes donde está, sino ve, pide perdón, restaura la relación. Si hace falta, yo mismo lo pagaré”.
Pablo entendió que, para que un creyente llegue a ser muy útil al Señor, tiene que resolver los asuntos del pasado. Hay veces que esto tiene que ver con acompañarles en la tarea, demostrar el carácter de Cristo en sus deseos, sus acciones, sus conversaciones. Una persona que viene a los caminos del Señor tiene que aprender a hablar, a pensar, a desear cosas distintas; ayudar al creyente en esto es una manera de proveer para su utilidad.
Hay otros que aún tendrán que ser rescatados, hay algunos que tendrán que ser ayudados para que paguen una deuda. Se han sabido de casos de personas que, viniendo a los caminos del Señor en su iglesia local, su ministro hasta los entrega a las autoridades. Uno dice: “Pero qué indolente, ¿cómo va a ser que la iglesia lo entregó a la autoridad?”. Pero es que esa persona tiene una deuda pendiente con la justicia, tiene que pagar. Y no va a poder serle muy útil al Señor si tiene el tema pendiente.
Paciencia con los prófugos y situaciones legales complicadas
Hermano, cuando tú vienes a los caminos del Señor no basta con que: “Ya yo estoy aquí, estoy congregado y estoy salvo”; es necesario que usted salga a rectificar. ¿Recuerdan aquel que había defraudado? “Si alguno he defraudado, se lo devuelvo cuadruplicado”. Ese entendió la necesidad de restaurar. Pablo, en este momento, está enseñando que el evangelio se evidencia, que hemos nacido en el Señor, no solamente porque dejamos las cosas donde están, sino porque queremos restaurar nuestras relaciones, y eso es precioso. Frecuentemente son medios que el Señor utiliza para aumentar su iglesia: relaciones restauradas, padre con hijo, hijos con padres, entre cónyuges.
Cuando usted viene al Señor, no basta con “borrón y cuenta nueva”; hasta donde el Señor le dé gracia, usted tiene que restaurar, y es precioso, hermano, y eso no avergüenza. Al mismo tiempo, quiero hoy llamar a mi iglesia a que seamos en esto graciosos y pacientes. Mire, si una persona llegó adulta y lo alcanzó el Señor, esa persona tiene un bollo de hilo enredado. No es tan sencillo. Que una persona guarde silencio y usted lo vea aquí sentado no significa que esa persona tenga todas las áreas de su vida en OK. Venir a Cristo, hermano, eso es convertirse; hay cosas que van a faltar, hay cosas que hay que poner; restaurar una vida para que sea útil al Señor es algo que toma tiempo.
Pablo no tuvo ningún problema en lidiar aquí con un esclavo prófugo. Ahora, por favor, no sea prófugo para siempre. Entienden el principio: como prófugo te podemos acompañar durante un tiempo, pero el propósito final de esto también es restauración. Como iglesia, no podemos acompañarte para siempre en tu condición de prófugo, porque no podemos hacernos copartícipes de un pecado. Dice la Escritura que el que es parte de pecados ajenos se hace copartícipe.
Sin embargo, hay veces, hermano, que tenemos que lidiar con el pecado de la gente, no porque queramos ser parte, sino porque queremos que la persona sea restaurada. Esto toma un proceso. Onésimo fue tratado como un hermano, sirvió a Pablo en sus prisiones, y Pablo después le dijo: “Mira, eso está pendiente en tu vida, tienes que resolverlo”.
Una aproximación cristiana a la ilegalidad y al trabajo doméstico
Cuando Onésimo resolvió eso, hermano, eso fue un “gon-forrón” en el Reino de los cielos. Que el Señor nos ayude como iglesia a ser lo suficientemente pacientes para recibir a los prófugos como estén y decirles: “Ve y restaura tu relación, ve y restablécete, ve y haz lo que debes hacer”. Que el Señor nos dé la gracia.
Hay muchos dilemas que estas cosas nos pueden ayudar a resolver. No estamos tan habituados en la República Dominicana, hermanos, pero iglesias que están en los Estados Unidos, en países donde hay mucha migración, ven frecuentemente el caso de personas que están en condición ilegal. ¿Y qué se hace? Bueno, ¿cuál es la aproximación cristiana que debemos tener ante la ilegalidad? Usted podrá decir: “Bueno, las fronteras físicas se las inventaron los hombres”, y la institución de la esclavitud también, y usted no encontrará al apóstol Pablo en ningún momento diciéndole a los esclavos que se subleven; lo que les decía era: “Sean sumisos, sujetándose”.
Tenemos un caso ahora mismo, hermano: primero tenemos una gran cantidad, millones de dominicanos que están viviendo en otros países en condición de ilegalidad. ¿Y qué hacemos con un hermano que está ilegal en otra parte del mundo? Pero al mismo tiempo tenemos cantidad de extranjeros que en este momento han llegado a nuestro país. ¿Qué es la aproximación cristiana que debemos tener? Dos cosas, hermanos: como creyentes, siempre tenemos que tener una respuesta que hasta donde sea posible glorifique al Señor. Siempre debemos honrar al Señor, siempre debemos sujetarnos a las leyes y siempre debemos tener una perspectiva humanitaria.
Pablo no fue y se lo entregó a los cazadores de esclavos. En tiempo de Pablo, había cazadores de esclavos que buscaban por recompensas los esclavos fugitivos. Pablo no lo hizo así. ¿Sabes qué hizo Pablo? Primero, guardó silencio quizá durante un tiempo; este hombre, un prófugo, estaba con ellos. Lo discipuló, lo formó, aparece incluso nombrado en Colosenses. ¿Cómo fue que Pablo lo devolvió? Pablo mandó una carta, la carta a los colosenses. Mandó a uno de sus colaboradores, y con ese colaborador mandó también a Onésimo. O sea, el apóstol Pablo no se lo entregó a los cazadores de esclavos que andaban por ahí, que podían hacerle gran daño.
Por favor, hermano, como iglesia nosotros no estamos llamados a delatar a una persona así por así. Hay que ver cantidad de cosas.
Tratar el pecado sin ser copartícipes y el caso de la migración
He hablado en este momento de asuntos ilegales, hermano, pero cuando personas vienen a los caminos del Señor frecuentemente abren su corazón, y de ahí salen cosas. Uno dice: “Guau, pero esta persona ha estado participando en esto; esta persona… ¿y qué hacemos?”. Lo primero es que tenemos que amar a la persona, primero la persona. Porque antes de Pablo decirle a Filemón que reciba a Onésimo, Pablo trabajó el corazón de Onésimo. Como iglesia, tenemos que trabajar el corazón de las personas para que rectifiquen su situación.
Si es necesario para el avance de la causa de Cristo que una persona se vaya a su país para que viva en condición de legalidad, hagámoslo. Estamos mirando una iglesia muy conocida en Los Ángeles, la iglesia donde es pastor John MacArthur; ellos tienen todo un ministerio de hermanos que acompañan a los inmigrantes en eso. Un hermano que está ilegal en los Estados Unidos, ellos le dicen: “Hermano, vamos a tratar de que tú rectifiques tu situación, pero si esto es evidente de que tú no vas a poder, en un tiempo prudente, rectificar tu situación en los Estados Unidos, regresa a tu país y sé de bendición allá”. Y han tenido testimonio de hermanos que han regresado a sus países y el Señor les ha usado poderosamente.
Como iglesia, hermano, ¿cuál es la aproximación que debemos tener en esto? Una aproximación que primero glorifique al Señor, después esté sujeta a las leyes, pero al mismo tiempo tenga una perspectiva que sea humanitaria. Me muevo un poco más: esto se parece también a la condición que tiene un empleador. ¿Qué debemos hacer como cristianos? Hermano, esto aplica también en la situación que tenía un sirviente, un esclavo en el mundo antiguo, y hasta cierto punto es parecido a la situación de empleo que tienen personas al día de hoy, o quizás al trato que tú tienes con el empleado doméstico en tu casa.
¿Qué debemos nosotros hacer? Lo primero es que, si se trata de creyentes, hermano, esa persona tiene una dignidad que es especial. Y yo sé que lo que les voy a pedir a mi iglesia es difícil, porque te ha traído gran cantidad de problemas. Hay cantidad de empleadores cristianos que ya están prejuiciados al respecto de contratar creyentes, porque dicen: “Si contratamos creyentes, terminan abusando de la relación, terminan abusando la confianza, terminan deshonrando al Señor y avergüenzan a uno”. Entonces, dos veces da miedo.
Trato digno a los empleados creyentes
¿Cuántos son los creyentes empresarios que testifican que sus empleados cristianos son los empleados que tienen el peor testimonio? Es triste. Pero más allá de lo que la experiencia nos haya dicho, nosotros tenemos un deber cristiano de darle preferencia a los hermanos en la fe. Y si usted tiene un colaborador cristiano en su casa, en su trabajo o donde sea, usted debe entender que esa persona tiene una dignidad especial. Pablo está diciendo, en este momento, a Filemón: ya ese hombre no solamente es tu esclavo, él es más que un esclavo, es tu hermano en Cristo; recíbelo como más que un esclavo.
El apóstol Pablo no le está diciendo que le quite la esclavitud; lo que el apóstol Pablo está diciendo es: ahora reconoce su doble condición. Mire, si usted tiene una doméstica en su casa que le ayuda y es cristiana, esta es una hermana primero y después una doméstica. Si usted tiene un compañero de trabajo que es creyente, primero es un creyente, tiene una dignidad como creyente, después un compañero de trabajo. Como creyentes, estamos llamados nosotros a tener un trato digno con aquellos que el Señor ha salvado y entender que son muy útiles para el Señor.
Una satisfacción que a mí me ha dado, hermano, cuando he podido contratar, es que si son creyentes, yo pienso: “Estas personas no solamente yo les estoy dando un empleo, al mismo tiempo yo estoy proveyendo para un ministro del evangelio”. Un testimonio que tengo, por ejemplo, muy bonito, es que en los últimos tiempos yo tuve una oficina aparte, fuera de la oficina que tengo en mi casa para mi empresa; las personas que han limpiado la empresa es una hermana, y a mí me daba cierta satisfacción de que la hermana, que limpia, es una hermana que hacía trabajos en las cárceles, una hermana que tiene un testimonio. Yo digo: “Wow, yo no solamente estoy proveyendo a esta persona un empleo, al mismo tiempo estoy proveyendo para un ministerio, para un instrumento en las manos del Señor”.
El apóstol Pablo está diciendo: recuerda que, en este momento, no es solamente un sirviente; estás recibiendo un sirviente y también estás recibiendo a un hermano.
La providencia de Dios en el escape y la conversión de Onésimo
Muestra ahora las maneras providenciales en que el Señor alcanzó su propósito. Dice del 15 al 16:
Porque quizás para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre; no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor.
— Filemón 1:15-16
Hermano, yo quiero invitarte a que tengas los ojos abiertos y sensibilidad espiritual, porque el Señor alcanza sus propósitos de maneras misteriosas. Esto que ha sucedido aquí, hermano, es un milagro. ¿Qué probabilidades había de que Onésimo termine en este momento a kilómetros de distancia de su casa? Él salió de la ciudad de Colosas y terminó viviendo en la ciudad de Roma. Quizás se mezcló con esa cantidad de gente que había en Roma para confundirse entre los unos y los otros. ¿Qué probabilidades hay de que un esclavo sublevado termine estando en Roma y se encuentre en Roma con el apóstol Pablo, y que el apóstol Pablo conociera a su amo y fueran creyentes?
¿Qué probabilidad había de eso, hermano? Mínimas. Cuando el apóstol Pablo conoció a Onésimo, no era un cristiano, él le conoció como un hombre y después llegó a entender que era un esclavo que se había sublevado. El Señor hiló ahí las cosas, hermanos, providencialmente, de forma tal que Onésimo, cuando se escapó, terminó encontrándose con Pablo, y que Pablo conociera entonces a su amo y fueran amigos íntimos. ¿Qué probabilidad había de eso? Muy pocas. La ciudad de Colosas quedaba relativamente lejos. Providencialmente se encontró en una prisión con otros creyentes que conocían a su amo.
Y en ese mismo momento, Pablo estaba por enviar una carta con Tíquico a la ciudad de Colosas –es Colosenses 4:7-9–, y en ese mismo momento entonces Pablo dice: “Espérate, esta es la oportunidad, Onésimo”. ¿Qué probabilidad había de que yo te conociera? ¿Qué probabilidad había de que yo conociera a tu amo? ¿Qué probabilidad habría de que en este momento yo esté escribiendo la carta a los colosenses y la tenga por enviar a la iglesia que se reúne precisamente en la casa de la cual tú escapaste?
Sensibilidad a la providencia y el sentido de gratitud
Hermano, así obra la salvación del Señor. A veces alguien está huyendo de otra cosa y el Señor le alcanza por allá; a veces usted está corriendo de una cosa y el Señor termina alcanzándolo. El Señor se mueve en terreno misterioso, hermano, de formas que nosotros no conocemos. Yo solamente puedo, con esto, invitar a mi iglesia a que tenga los ojos abiertos. ¿Cómo se traduce esto? Que usted considere que no está en cualquier lugar; el cielo está conspirando para alcanzar a alguien con salvación. Quizás cuando vivía con Filemón en su casa se hacían cultos y Onésimo no recibió el evangelio; quizá estaba endurecido. El Señor, en este momento, lo manda a Roma, y en Roma entonces lo alcanza con salvación, y quien le alcanza con salvación en Roma es amigo íntimo de su amo, y está por enviar una carta a una iglesia que se reúne precisamente en la casa de la cual Onésimo salió.
¿Qué probabilidades había? Mínimas, pero el Señor lo hace en maneras providenciales. Hermano, no es casualidad que usted trabaja donde trabaja, que usted vive donde usted vive. No es casualidad que esa persona usted siempre se la encuentra en el camino, no es casualidad. Quizás es que el Señor ha estado hilando las cosas para alcanzar a alguien con salvación. En esto, hermano, hace falta sagacidad, cierta sensibilidad espiritual.
Termino mostrando, hermano, el sentido de la gratitud; son los versículos 17 al 22. Si del 15 al 16 vemos lo providencial de la manera en que el Señor alcanzó a Onésimo y le devolvió a su amo, en el 17 al 22 el apóstol Pablo termina apelando al sentido de la gratitud. Dice así la palabra del Señor:
Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí mismo. Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta. Yo, Pablo, lo escribo de mi mano, yo lo pagaré; por no decirte que aún tú mismo te me debes también. Sí, hermano, tenga yo algún provecho de ti en el Señor; conforta mi corazón en el Señor. Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aún más de lo que te digo. Prepárame también alojamiento, porque espero que por vuestras oraciones os seré concedido.
— Filemón 1:17-22
Usar relaciones para reconciliar y las deudas de gratitud
Cómo Pablo termina esto, apelando al sentido de gratitud, al hacer por los otros lo que alguien hizo por nosotros. Hermanos, miren, sin manipular a nadie, nosotros podemos utilizar nuestra relación con alguien para que esa persona mejore su relación con alguien más. En algún momento tú vas a tener que decirle a una persona: “Mira, si tú eres hermano de fulano, si tú eres hermano mío, tú tienes que ser hermano de fulano también”.
Yo tengo un doble estándar –lo digo con prudencia–, pero comparto frecuentemente con pastores que están en un contexto cristiano que no comparten con otra gente y hablan de ellos en términos peyorativos. A veces se mofan, otros se burlan; estoy hablando de mis hermanos pastores de iglesias bautistas, bautistas reformadas. Ellos se burlan de los pastores pentecostales frecuentemente. En días pasados yo tuve que confrontar a uno y decirle: “Hermano querido, yo te voy a pedir que si tú no vas a recibir a fulano, tampoco me recibas a mí, porque él y yo somos hermanos. Y si tú tienes conmigo una relación de amistad, yo también la voy a tener con fulano. No podemos tener un doble estándar; si tú me recibes a mí y él es mi hermano, tú vas a tener que recibir también a mi hermano”.
Lo que el apóstol Pablo está diciendo es: “Si tú eres amigo mío, tú vas a tener que ser amigo de Onésimo”. Hermano, esto no nos está invitando a manipular, pero hay personas que quieren hacer la selección de personas, y tú vas a tener que decirle: “Mira, si tú no vas a recibir a fulano, tienes que estar preparado entonces tampoco para recibirme a mí, porque yo sí lo recibo a él. ¿Cómo va a ser que tú y yo seamos amigos y tú no seas amigo de fulano?”. Hermanos queridos, el apóstol Pablo en este momento está haciendo un asunto que es puntiagudo, un asunto que puede ser, hasta cierto punto, difícil, pero le está diciendo: “Si tú a mí me recibes, por favor recibe a Onésimo”.
La carta termina con Pablo casi imponiendo el asunto, hermano. De hecho, se ve al final que Pablo no está rogando nada, lo está ordenando. Esto no es un ruego, esto es una orden. “Yo, Pablo, lo escribo de mi mano, yo lo pagaré; por no decirte que aún tú mismo te me debes también. Sí, hermano, tenga yo algún provecho de ti”. Pablo está diciendo: “Déjame sacarte algún provecho. ¡Qué curiosa la amistad que no le saca provecho a nadie!”. Pero cuando son otras cosas, la gente conseguir un trabajo porque conoce a alguien por ahí… “Si yo puedo sacar algún provecho de ti, hermano, permíteme sacar un provecho que no es ni siquiera para mí, sino a favor de otro. Déjame abusar de ti un poco”, es lo que él está diciendo.
Deudas de gratitud como medio de gracia y la parábola del siervo malvado
“Si yo soy amigo tuyo para tener algún tipo de provecho, para que tú me abras alguna puerta, por favor permíteme abusar de tu amistad en este momento y recibe a Onésimo, que es alguien que yo engendré espiritualmente en mis prisiones”. Pablo estaba apelando a una deuda de gratitud. No lo ignore, hermano: hay deudas de gratitud. Dice la Escritura: “No debáis nada a nadie… al que honra, honra”. Hay gente que a veces pretende desconocer ese asunto; si alguien en algún momento le sirvió desinteresadamente, de buena gana, en algún momento usted va a tener que servir a esa persona del mismo modo. Si alguien a ti te ha dado en algún momento, esa persona puede tocar esa puerta.
Eso es una deuda de gratitud. Pablo está diciendo: recuerda que conmigo tú tienes una deuda de gratitud. A mí me emociona que el apóstol Pablo no está utilizando esa deuda de gratitud para tener un beneficio material o particular, lo está utilizando para ponerla al servicio de otro. Guau, hermano, que el Señor te haga a ti una persona que sirva desinteresadamente, de buena gana, y que sirva a tanta gente que tú tengas una línea directa al corazón de alguien, que tú puedas decirle a alguien: “Fulano, aunque sea por los años de ministerio que tenemos, por favor pon ese asunto en la agenda”. Eso se llama una deuda de gratitud, hermano, y también es un medio de gracia.
Que alguien te deba un favor espiritual, hermano, es un asunto precioso. Pablo está diciendo: “Tú mismo te me debes a mí”. Vamos, tenemos que sacar provecho espiritual de nuestras relaciones. Si usted y yo somos amigos, eso debe servir para algo a la luz del reino del Señor. ¿Cómo va a ser que usted y yo somos amigos, pero en la vida del pueblo yo no puedo tocar esa puerta? Tengo que poder tocar esa puerta; para eso sirve.
Que alguien pudiera decir: “Bueno, la bendición no puede ser Onésimo en la iglesia que se reúne en la casa de Filemón”, es algo que amerita que el apóstol Pablo tenga que utilizar recursos extremos. Un recurso extremo es decir: “Recuerda que a ti yo te di por gracia lo que por gracia has recibido”. Les pido que vayan buscando Mateo, que con esto terminaré leyendo esta parábola. Mateo 18.
Pero muestro en los últimos versículos de aquí la confianza que tenía Pablo de que Filemón atendería a su solicitud. En el 21 al 22 se ve que evidentemente Pablo lo que le estaba haciendo era ordenándole: “Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aún más de lo que te digo. Prepárame también alojamiento, porque espero que por vuestras oraciones os seré concedido. Te saludan Epafras, mi compañero de prisiones por Cristo Jesús; Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén”.
Parábola del siervo malvado y oración final
Termino leyendo la parábola del siervo malvado –aunque el predicador la llama de los labradores malvados–. Es Mateo capítulo 18. Dice así la palabra del Señor; para dar un poco de contexto leo el 21 y el 22:
Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.
— Mateo 18:21-22
Entonces le contó esta parábola:
Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A este, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle y a su mujer e hijos y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y haciendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros, si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.
— Mateo 18:23-35
Oro por toda la iglesia, hermano, en dos sentidos. Oro porque el Señor nos dé un trato gracioso hacia las personas que trabajan con nosotros. Cierre sus ojos un momento; si tú tienes una empleada doméstica en tu casa, que el Señor te permita, aún más si es una empleada doméstica que es creyente, darle un trato con dignidad, un trato gracioso, perdonar la ofensa más de una vez. Si tienes empleados en tu trabajo, y aún más si son empleados creyentes, que el Señor te dé mayor gracia sobre ti.
Sobre todo, hermano, que el Señor nos permita restaurar todas nuestras relaciones de forma tal que su casa sea bien edificada. Padre, gracias por tu palabra, gracias Señor porque nos llamas a obediencia radical, nos confrontas. Gracias, Señor. Padre, permítenos, los unos a los otros, estimularnos al amor y a las buenas obras. Padre, como hacía el apóstol Pablo, hago yo por mi iglesia: mira a mis hermanos que tú les estás guiando a tomar asuntos radicales que quizá les perjudicarán económicamente, les perjudicarán emocionalmente, socialmente, perjudicarán su casa; que lo hagan.
Permite, Señor, que se levante aquí hoy un Filemón que tome el consejo, Señor, del liderazgo que el Señor le ha dado y que actúe en consecuencia. Ay, Padre, mira a los Onésimos que tengamos aquí presentes, a las personas que tienen relaciones que tienen que restaurar, mira a los hijos, Señor, que no tienen buena relación con sus padres, los padres que no tienen buena relación con sus hijos. Mira, Señor, aquí las personas que tengan cuentas pendientes, que no debamos nada a nadie, Señor.
Invitación al arrepentimiento y cierre del culto
Mantén tus ojos cerrados ahí, hermano querido. La mayor deuda de gratitud que tenemos los cristianos es nuestro Señor y Salvador Jesucristo, que no tomó en cuenta nuestros pecados, sino que “de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Es el mismo que dice que, “si nosotros confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”. Lo que el Señor nos está mandando a hacer no es nada más ni nada menos que lo mismo que él ha hecho: que perdona, que restaura, que recibe al pecador arrepentido.
Si en este momento has escuchado la predicación del evangelio y el Señor te ha permitido ver la misericordia que ha tenido contigo, yo te invito a que confieses delante del Señor. Harás ese tu “hoyo” espiritualmente hablando, serás el Onésimo que va donde Filemón y le dice: “Yo he fallado, te he defraudado”. Pídele al Señor que perdone tu deuda, que perdone tus pecados, que perdone tus faltas, y ten la satisfacción de que el Señor te recibirá en su casa, te recibirá en su iglesia, y que pronto todos celebraremos la gran obra que el Señor ha hecho en medio de nosotros.
Si alguien puede poner en el Señor hoy su confianza, que le diga ahí al Señor, en oración: “Señor, perdona mis pecados, yo te he defraudado, he huido de ti. Yo soy el Onésimo, que mis ojos hoy han sido abiertos y vuelvo delante de ti”. Dice la Escritura –el Señor mismo hablando de él– que él desea que todo lo que el Padre le ha dado vendrá a él y al que viene él no le echa fuera. Que si hay un pródigo aquí, que vuelva a la casa de su Señor, tenga la convicción de que su Señor asimismo le recibirá.
Ay, Señor, si hay alguien que ha orado, fortalécele, afírmale, Señor, y dale el gozo de encontrarnos pronto en las aguas del bautismo. Bendice, Señor, toda esta congregación que está aquí hoy reunida, para tu gloria. En el nombre de Cristo. Amén.
Que el Señor les bendiga. Nuestro ministerio de alabanza nos despide con canción.