Un estado de situación del mundo
Dios les bendiga, hermanos, amigos queridos. Les pido que me acompañen en la Sagrada Escritura. Vayamos, con la ayuda del Señor, hasta el libro de Romanos, capítulo 8. Estaremos leyendo desde el versículo 17 hasta el versículo 25. Pónganse en pie un momento para que leamos la Sagrada Escritura.
Estaré exponiendo desde el 18 hasta el 25, pero para dar el sentido completo del texto veamos también el versículo 17. Dice así la Palabra del Señor:
Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza.
— Romanos 8:17-20
Porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.
— Romanos 8:21-25
Pueden sentarse, hermanos queridos. Expongo hoy esta Escritura tratando de lograr que mi iglesia tenga una anticipación de su gloriosa esperanza. En estos versículos de la carta a los romanos, el apóstol Pablo estaba tratando de que la iglesia pelee y triunfe. Era una iglesia que estaba siendo perseguida y que sería perseguida aún más, y necesitaba los recursos espirituales para poder anteponerse a la persecución y glorificar al Señor.
Para poder entender los versículos subsiguientes, que son desde el 18 hasta el 25, hay que tener en mente el versículo 17. El apóstol Pablo está llamando a la iglesia herederos, herederos de Dios y coherederos de Cristo, pero después lo condiciona, y lo condiciona a lo siguiente: «si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados». El apóstol Pablo está llamando a la iglesia a padecer para ser glorificada juntamente con el Señor, y para que este propósito sea alcanzado se dedica desde el versículo 18 hasta el versículo 25 a mostrar un estado de la lastimosa situación del mundo.
Dice nuestra introducción que en su estado actual, tanto nuestros cuerpos como la creación misma tienen una capacidad muy limitada para experimentar y ofrecer deleite. Su situación más característica es la aflicción y no el disfrute. Si uno pudiera describir cómo está ahora mismo tanto la creación como nuestro cuerpo, que es parte de la creación, podríamos decir que están en una situación lastimosa. ¿Cuánto potencial hay en el mundo para el deleite? Poco. Por momentos podemos encontrar satisfacción, pero nunca permanente; ni siquiera los creyentes, que tenemos las primicias del Espíritu y llegamos a anticipar parcialmente el gozo de lo que será nuestro estado eterno en la presencia de Dios.
En el mundo hay poco deleite, y esto no es un asunto que se escapa a la realidad de los creyentes. Aun los creyentes experimentamos en esta tierra momentos sublimes, momentos de mucho gozo y satisfacción, pero así mismo se nos escapan de la mano, como se escapa la arena o se escapa el agua. Esta lamentable situación lleva a quienes no han conocido el propósito de Dios a procurar la mejoría del estado del mundo. Los lleva a un vano intento de preservar la creación, o a lo que es más común: abusar de todos los recursos que tengan a su alcance para maximizar sus opciones de deleite.
En eso vive el mundo al día de hoy, buscando cualquier opción que pueda darle algún tipo de satisfacción, para combinarla, mezclarla, explotarla y tratar de extraer de ahí la mayor cantidad de satisfacción que puedan. Y aun al final ellos mismos dicen que no es suficiente. La realidad del mundo es la insatisfacción: en esta creación, ahora mismo, no podemos ser plenamente satisfechos. A los creyentes tal cosa debería movernos a la esperanza, a anhelar fervientemente la consumación de todas las cosas, cuando recibiremos la redención de nuestros cuerpos y podremos disfrutar con ellos de una nueva creación. Asimismo debería producir en nosotros un santo desencanto, pues si sabemos que en su estado actual la creación no puede satisfacernos, más pronto pondremos nuestra expectativa en las seguras promesas del Señor.
He venido a hacer campaña negativa
Hoy estaremos anticipando el gozo de nuestra gloriosa esperanza. Me dispongo hoy a hacer campaña negativa. He venido a tirarle un balde de agua a las expectativas del mundo. Lo que quiero hacer hoy, hermano, es anteponerme al mensaje que te están dando los medios de comunicación, que te dicen que tú mereces y puedes estar satisfecho. Vengo a decirte que lo que estás viendo por la serie de televisión no es verdad, que todo lo que el mundo promueve está exagerado, que por eso existe la publicidad, porque si no existiera la publicidad quizás ni siquiera saldríamos a buscarlo.
He venido a cuidar mi iglesia para que no se entregue al idealismo, al triunfalismo, al hedonismo; para que entienda que por diseño en el mundo no está nuestra satisfacción, porque no puede estarlo. He venido a hacerle campaña negativa al mundo, a decirle a la iglesia que en el mundo no puede haber satisfacción. Quiero explicarle las razones técnicas por las cuales hay cierta incapacidad para llegar a tener deleite en esta tierra.
Esto fue lo mismo que hizo el apóstol Pablo ante los romanos. Primero les dijo que tienen que padecer con Cristo, y después trató de mostrarles cuál es la verdadera realidad del mundo, para que la iglesia no se entregue al mundo. Cuando alguien está por comprar una empresa se asesora de un financiero, de un contador, y lo primero que pide es un estado de situación: cómo van los activos, cómo van los pasivos, dónde están las oportunidades de esa empresa, para ver si es una buena opción. Yo he traído hoy un estado de situación del mundo para que mi iglesia no lo compre; para que cuando usted vea lo que queda después de la doble raya, usted diga: no vale la pena, no es una buena inversión, la tasa interna de retorno es mala.
Lo que hizo el apóstol Pablo es que comenzó en el versículo 18 a mostrar el estado actual de la creación. Él comienza haciendo una comparación y dice: «pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse». Lo primero que hace es una comparación, y en esta comparación habla de la situación actual del mundo: se refiere a ella como aflicciones, y se refiere a lo porvenir como gloria. Es muy interesante que el apóstol Pablo no trató ni siquiera de ponerle un caramelo y de decir las cosas atractivas que hay en el mundo. Él englobó toda la situación actual como aflicción y englobó toda la situación futura como gloria.
Quiero decirle a mi iglesia que toda cosa deleitosa que usted pueda encontrar en esta creación actual está hermanada al sufrimiento. Todo está amarrado a alguna clase de mal. Cuando usted intente encontrar una fuente que le produzca deleite, que le produzca placer, que le produzca algún tipo de sosiego, de reposo, usted encontrará que eso viene con su dolorcito. El crecimiento económico no es malo; tener bienes es algo relativamente bueno, sobre todo si usted tiene una causa loable para tenerlos. Pero el libro de Eclesiastés demuestra que todo eso lo que hace es atraer la envidia y el ajetreo para mantener el nivel adquirido. Mientras más creces, más aflicción. Uno dice: cuando yo estaba en el piso dos del bienestar económico tenía que hacer un esfuerzo del nivel uno; pero para mantenerme en el piso cuatro tengo que hacer un esfuerzo del nivel ocho.
Quizás la cosa más hermosa que podemos tener en esta creación caída son los hijos. Y si el Señor ya le dio a usted hijos, cosa que no está asegurada para todo el mundo, le puedo pronosticar que ahí estará su principal punto de dolor y de aflicción. Es un asunto impresionante, pero el dolor de los hijos duele como cuatro veces más en el padre. Y usted dice: qué satisfacción son los hijos, qué asunto más satisfactorio, qué asunto más deleitoso; y al mismo tiempo, qué doloroso es tenerlos. Escuchaba a alguien que decía que los hijos nos hacen vulnerables, y es verdad.
¿Qué tal la belleza? Mentiríamos si no dijéramos que en este mundo hay determinados niveles de belleza, en algunos más manifiestos que en otros. La belleza es un don del Señor. ¡Y qué rápido se va! Las melenas más impresionantes desaparecen, y no encuentra uno en esta persona las fotos de juventud que tenía tal cabellera, y uno dice: ¿para dónde se fue? Las proporciones en el cuerpo, un rostro agradable: todo esto tiene un acelerado deterioro. Hay que tomarle la foto, porque si no, ni siquiera recordaríamos qué fue lo que pasó.
Qué tal las expresiones de bondad. En este mundo pueden ser encontradas, pero cuando usted las vea, véalas rápido, porque pronto se desencanta. Uno dice: mira qué nivel de hospitalidad. Si usted se detiene ahí por un momento, usted contará que lo que se veía tan virtuoso así mismo viene compensado por alguna gran expresión de la maldad. Pronto nos desencantamos también de eso. Los alimentos tienen plagas. La sabiduría que vamos adquiriendo con los años es compensada con los dolores de la vejez. Cuando usted alcanza su momento de plenitud en sabiduría y dice: yo abandoné las locuras de los tiempos primeros, entonces encontrará que esa sabiduría vino hermanada con el dolor en el cuerpo, con enfermedades, y con la poca disposición del cuerpo para poder practicar tal nivel de sabiduría y de virtud.
Esta es la razón por la cual existe la música, existe la poesía: porque es la única manera de hacer un poco agradable tan lastimosa condición de la creación. Aquí hay un problema de diseño. He venido a desencantarte. Estuve mirando el teleférico que está por inaugurarse. Después de que se construyó, pintaron algunos techos para que desde arriba se pueda ver un poquito de arte. Nuestra generación logró un gran avance en transportación, pero qué feo se ve hacia abajo. Esta es la realidad en esta creación caída. Una cosa es cómo se ve el mueble por delante y otra cosa es cómo se ve el mueble por detrás. Cualquier manifestación de bondad, de virtud, de cosa bella, viene hermanada con un asunto malo.
Y esta es la razón por la cual uno termina engañándose hasta a uno mismo para tratar de endosarle a la creación cosas que no tiene. No es un asunto intencional, pero cuando uno recuerda el pasado, el pasado siempre está exagerado. Dentro de nosotros hay un mecanismo de compensación que hace que resaltemos los recuerdos buenos y al mismo tiempo que diluyamos un poco las cosas que no son tan agradables, para hacer un poco potable esta existencia lastimosa. El apóstol Pablo evaluó todo esto como aflicción. Él dijo: yo tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria futura. Al tiempo presente, todo aflicción.
La creación aguarda la manifestación de los hijos de Dios
Después menciona el versículo siguiente, que es el versículo 19: «porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios». Está utilizando un recurso de personificación, le está atribuyendo a la creación raciocinio, y dice como si la creación completa estuviera esperando nuestra manifestación. Este término «manifestación» también puede ser traducido como nuestra revelación: es algo que ya existe, pero que está velado y que estamos esperando poder ver.
Me emociona el saber que ya existe, pero que todavía en nosotros no está todo lo que será. La realidad de nuestra salvación, al día de hoy, en gran parte está a nivel de promesas, y por eso encontramos consuelo en las promesas del Señor. Va a llegar un momento en que todo esto que está a nivel de promesa estará a nivel de concreción. Lo que está por manifestarse, lo que está por revelarse: el término tiene la misma raíz de apocalipsis, de revelación. Es algo que existe ya, pero que todavía está velado. Nuestra salvación no es solamente esto que estamos ahora mismo experimentando; es algo que está todavía por manifestarse, y dice que la creación misma lo está aguardando.
Recuerdo un poco esto el día de Reyes. En algunas casas sucede que les compran los regalos a los niños y los niños ven el regalo envuelto, pero todavía no pueden jugar con eso, todavía ni siquiera pueden destaparlo: tienen que esperar el día puntual. Quizás ahorita, cuando niño, recuerde esta experiencia de estar mirando el regalo y anhelando que llegue el día. Usted tiene plena seguridad de que ahí está lo que usted está anhelando, pero todavía no puede jugar con eso, todavía no puede verlo concretamente. Es lo mismo que pasa con la concreción de nuestra salvación: nuestra salvación es un asunto real, tan real como que ahora mismo vemos ahí el regalo, pero todavía está en un envoltorio. En nosotros hay algo que está por manifestarse.
La pregunta que hay que responder es por qué la creación nos anhela. Cuando el apóstol Pablo personifica la creación, dice que la creación está esperando que esto que en nosotros ha de revelarse, ha de manifestarse, se manifieste. Una de las razones por las cuales la creación misma nos está esperando es que gran parte de la situación lastimosa del mundo es así a causa de nosotros. Este mundo, hermano querido, no es un lugar ideal. Este mundo es un lugar caído donde hay pecado, y como el pecado está en nosotros, este mundo se vuelve cada vez más insoportable.
Al mismo tiempo, la creación lo anhela ardientemente porque toda cosa espera alcanzar plenamente sus propósitos. El propósito de esta creación es satisfacernos, pero no puede. La razón por la cual Dios hizo la creación natural es traer en nosotros satisfacción. Aplica aquí el mismo principio que para el día de reposo: dijo el Señor que el día de reposo fue hecho a causa del hombre, no el hombre a causa del día de reposo. La creación fue hecha como un lugar agradable para nosotros, para ser colocados aquí y que nos produzca satisfacción; pero la creación logró hacer eso solamente por breves instantes.
Me emociono cuando leo el libro de Génesis, que en el capítulo 1, cada vez que el Señor hizo algo, dice: y era bueno en gran manera; y era bueno en gran manera; y era bueno en gran manera. Esa situación de ser bueno en gran manera y producir en nosotros un alto nivel de deleite llega hasta Génesis capítulo 3. El capítulo 1 del libro de Génesis, el primer capítulo de la Biblia, termina en el versículo 31 diciendo:
Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.
— Génesis 1:31
El hombre llegó a experimentar lo que era un mundo bueno en gran manera, y la creación llegó a producir durante un breve instante todo el nivel de satisfacción que fue diseñada para producir. Esto no duró mucho tiempo, porque si ustedes van conmigo hasta el capítulo 3, ese capítulo describe la caída del hombre a causa de la desobediencia, y la consecuencia de la caída comienza en el versículo 16:
A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.
— Génesis 3:16-19
Oye, hermano, esta situación idílica en la creación duró un momentito. La creación misma está anhelando ardientemente poder quitar la limitante y producir todo el nivel de satisfacción y deleite que en nosotros puede producir, y ahora mismo no lo hace. El proyecto del Edén quedó maltrecho. Este desarrollo positivo que iba a tener la creación no puede alcanzarse ahora mismo; la creación está en deterioro.
Sigue el apóstol Pablo desarrollando el argumento. En primer lugar hace la comparación y dice: todo esto es lastimoso, todo esto es aflicción, y todo lo que viene es gloria. Después avanza un poco más y dice que la creación misma está anhelando satisfacernos y no puede. Es como que todo este sistema armonioso, un sistema que era hermoso, fue creado para satisfacernos, y la creación misma quisiera satisfacernos. Ahora abuso un poco de la personificación: es como si, cuando el agricultor quisiera sembrar la tierra, la tierra dijera: yo te quiero mucho, quisiera proveerte, pero no puedo; yo quisiera sacar un poco más, pero no hay; yo quisiera darte un poco más de deleite, pero no lo alcanzo. La creación misma gime porque ha sido limitada.
La creación fue sujetada a vanidad
Recuerde que estoy haciendo mala campaña, hermano. Avanza un poco más y aquí incluye el elemento de vanidad. Dice el versículo 20: «porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza». Si primero dice que la creación está gimiendo, deseando alcanzar su propósito pleno, que es satisfacernos a nosotros, ahora dice que ella misma ha sido sujetada a vanidad, y que esto no es un principio de diseño ni es por su propia voluntad, sino que un agente externo la limitó.
La razón por la cual nosotros, como cristianos, no podemos ser ecologistas es porque nosotros entendemos que el problema que hay aquí no es un problema administrativo, que con sagacidad nosotros no vamos a poder resolver el problema de la creación. La razón por la cual nosotros entendemos que la creación está en este asunto lastimoso es la razón que está en el versículo 20: porque la creación fue sujetada a vanidad. Aquí hay una entropía que el Señor intencionalmente le inculcó. Llama la atención que dice aquí que no fue por su propia voluntad; o sea, la creación no estaba diseñada para ser esto. Quien la diseñó después la sujetó. Es como una persona que hizo un sistema perfecto —esto es Dios— y después que lo hizo, entonces él mismo vino y le inculcó el daño.
Y si tú quieres sacarla del daño, si te dicen cómo administrar la creación, no lo vas a lograr, porque Dios mismo fue quien la sujetó. ¿Cómo puedes desatar tú lo que Dios ha sujetado? Hermano, nosotros podemos manifestar nuestro más alto sentido de la diligencia y todavía esta creación estará sujeta a vanidad. Con que nos esforcemos, con que seamos creativos, con que seamos prudentes y diligentes, con que no abusemos del ecosistema, con que no dañemos el medio ambiente, no es suficiente. El problema que hay aquí no es solamente un asunto de daño inculcado por el hombre. Si el daño lo inculcáramos nosotros, entonces nosotros podríamos remediarlo; pero el daño lo inculcó Dios.
Yo me impresiono cuando veo Discovery Channel, porque cualquier situación mala que hay aquí es a causa del hombre: la creación es perfecta, pero a causa del hombre. Enseñan que el peligro más grande que tiene la creación somos nosotros. Hermano, el peligro más grande que hay en la creación es el propio Creador. Si usted le va a temer a alguien, no le tema al hombre: témale a Dios. El mismo que la creó y que la sujetó en esperanza fue el mismo que la sujetó a vanidad. En esta creación, ahora mismo, nosotros no podemos tener tanto deleite como en algún momento fue posible, porque el mismo que hizo que ese deleite fuera posible después lo limitó: espinos y cardos te producirá, y comerás con sudor todos los días de tu vida.
¿Qué es entonces vanidad? Vanidad no es solamente un asunto estético. Vanidad es la carencia de significado, la carencia de sentido; es un sinsabor, es una sinrazón, es algo que ha perdido su propósito, algo que no logra dar sus resultados. Es el mismo término que frecuentemente emerge en el libro de Eclesiastés: dice todo vanidad, y cómo todo esto tiene un sinsentido, una sinrazón. En esta creación hay un problema de diseño, y es que los resultados no se corresponden con el esfuerzo. Usted trabaja mucho y se cansa mucho, pero no recibe así mismo la recompensa. Eso es vanidad.
Nunca es tan satisfactorio como dice el anuncio
Y veo impresionante de todo esto que esta creación defectuosa nos la han puesto a nosotros a administrar. Después que el Señor la hizo, la hizo perfecta, y nosotros vimos lo que era deseable; entonces Él viene y la limita, y nos pone a nosotros a administrar un sistema que no es perfecto.
Hay una forma de mundanalidad que es la exageración del deleite actual. Miren: nunca es tan satisfactorio, ni por tanto tiempo, como dice el anuncio. Un creyente tiene que tener la capacidad de ver los anuncios a la luz de Romanos 8:19 en adelante. Cuando a usted le enseñan el anuncio y le dicen que eso es un asunto satisfactorio, que es glorioso, entonces usted tiene que decirse a sí mismo: porque la creación fue sujetada a vanidad. Si le enseñan la comida, usted tiene que leerle a la comida Romanos 8:20: porque la creación fue sujetada a vanidad.
Estaba recordando la primera presentación del iPhone que hizo Steve Jobs; creo que hacen diez años de esto. Él dedicó gran parte de su vida a hacer ese objeto tecnológico que iba a producir, según lo que él transmitía, unos niveles de satisfacción extraordinarios. Recuerdo que salió al escenario. Aquella presentación, por los videos que rodaron inmediatamente después, cuando él trajo esto, fue un salto tecnológico que hizo que todo lo anterior se viera opaco. Usted todavía no había usado ese aparato, pero cuando se lo mostraron, usted veía lo que tenía hasta el momento en la mano y decía: ¿qué yo hago con esto? Yo necesito aquello. ¿Usa usted el día de hoy la misma versión que él presentó? Y usted tendrá la misma impresión: ¿qué yo puedo hacer con esto? Yo necesito el otro que están presentando. Hermano querido, por definición nunca será tan satisfactorio como dice el anuncio, ni la satisfacción durará tanto tiempo.
Movámonos de la tecnología y vayamos a la hospitalidad, otro ámbito. ¿Cómo se enseñan los anuncios de la hotelería? Esa persona parece que no solamente tiene la capacidad de resolver los problemas de su cuerpo, sino también los problemas de su mente. ¡Qué relajados se ven todos! Uno ve esos anuncios, hermano, y esa persona parece que está teniendo unos niveles de satisfacción extraordinarios. Y usted llega al hotel y le van a dejar la comida, y no se ve tan satisfactoria como se veía en el anuncio.
Hay una especialidad en la fotografía que es el maquillaje de comida. O sea, toman un alimento y lo primero es que eso lleva un barniz encima para que la comida brille. El pan no se ve compactado en su harina: usted ve ese pan incorporado, y la lechuga, hermanos. Esos plásticos son ilusión. Hermano querido, nosotros sabemos por definición que la creación ha sido sujetada a vanidad: nunca es tan satisfactorio como dice el anuncio, ni por tanto tiempo. ¿Qué es la mundanalidad? Es difundir esto como si fuera verdad. La expresión de la mundanalidad es exagerar la capacidad presente de la creación para traerle al hombre satisfacción. Eso es mundanalidad. Nosotros sabemos por definición que en esta tierra, en el tiempo presente, ni siquiera con la ayuda del Espíritu Santo será tan satisfactorio como dice el anuncio, ni por tanto tiempo.
Inicialmente todo era bueno en gran manera. Si Burger King, McDonald’s y KFC existieran en el Edén, yo le digo: se vería así y al mismo tiempo sabría así; o sea, habría una armonía entre mis ojos y mi paladar. Pero como vivimos a la luz de Génesis 3 en adelante, y no hacia atrás, entonces nunca es tan satisfactorio como dice el anuncio, ni por tanto tiempo. Hermano, esto es parte de sus recursos de santificación. Si usted exagera el potencial del mundo, usted siempre va a vivir en la carne. Un creyente tiene que recordárselo todos los días cuando ve televisión: nunca es tan satisfactorio como dice el anuncio, ni por tanto tiempo. Porque si no, terminará entregándose a buscar su deleite en el mundo.
Una manera de contrarrestar el mensaje mundano es decirse todos los días: la creación ha sido sujetada a vanidad. Ni el matrimonio, ni los hijos, ni la comida, ni el descanso, ni el trabajo, ni las realizaciones son tan satisfactorias como dice la gente. Todo el mundo exagera. Estaba leyendo un libro de negocios que cuenta cómo una persona dedica su vida a desarrollar un proyecto empresarial para hacer una historia de éxito. Pero cuando le preguntan por el éxito, él está exagerando; él mismo no tiene tanta satisfacción como la está diciendo. Él mismo se pregunta si valió la pena dedicar su vida a desarrollar ese proyecto, porque al día de hoy el nivel de satisfacción es quizás hasta menor que el nivel de satisfacción que él tenía antes de comenzar.
La creación fue sujetada a vanidad, hermano; esto es un decreto soberano de Dios. Este término tiene una connotación de poder y de autoridad; es algo que se le está atribuyendo a Dios directamente. La causa de todo esto es el mismo que la sujetó en esperanza, y el que la sujetó en esperanza fue Dios: todo está atribuido a Dios. El término transmite hacerlo desde una posición de poder e intencionalidad. Esto es una causa, hermano, no es un imprevisto. La creación no está como está por un accidente. No fue un accidente: lo que sucedió fue pecado, y el Señor limitó la creación a consecuencia del pecado.
Yo creo que si uno viviera a la luz de Romanos 8, los creyentes hablaríamos de cualquier situación de esta tierra con determinado cuidado. Uno está fumigado en contra de la mundanalidad, en contra del idealismo. Si hay una persona que le dice a usted que este es un proyecto político que va a alcanzar todas las expectativas de la gente, entonces usted le lee Romanos 8: porque la creación fue sujetada a vanidad. Por regla general, un creyente no puede ser, sobre todo en lo filosófico, un ecologista, un revolucionario. Nosotros no ponemos nuestra esperanza en los sistemas de esta tierra; sabemos que todo está sujeto a vanidad. Hasta los mejores sistemas fallan, y lo que han demostrado los últimos cien años es que todas las ideologías colapsaron. Todo está sujeto a vanidad. No somos idealistas en estas cosas, hermano; nosotros somos cristianos, vivimos a la luz de Romanos 8.
La decadencia anuncia la soberanía de Dios
Me emociona el hecho de que tanto en la vanidad como en la esperanza se manifiesta el poder y la soberanía de Dios. Cuando yo veo toda la situación lastimosa de este mundo, digo: realmente Dios es poderoso. La tecnología es el uso de la ciencia en beneficio del hombre; lo que hace la tecnología es tomar el avance científico y convertir esa base científica en soluciones que hacen que nuestra vida sea mejor. Pero si usted se dedica a ver los anuncios de tecnología, se dará cuenta de que siempre hemos vivido un poco engañados. Cuando uno ve las cosas retrospectivamente, dice: ¿realmente estábamos tan felices como nos vemos en el anuncio? ¿Realmente la tecnología ha llegado a darnos satisfacción? Hermano querido, el avance tecnológico de los últimos años es un asunto que ha sido exponencial con relación a cualquier otro momento de la historia, y al día de hoy el hombre está tan insatisfecho como comenzó, porque la creación ha sido sujetada a vanidad.
Eso se llama decadencia, hermano; todas las cosas en esta creación son decadentes. Lo que hoy brilla, mañana no brilla. Usted pinta su casa hoy y al poco tiempo como que perdió el brillo, y usted dice: pero yo acabo de pintar, y como que siento el sucio o el polvo. Eso es esta creación lastimosa. A las cosas que se acaban de lanzar, en un momento se les va el brillo, les llega la vejez rápidamente, la decadencia. Las cosas aquí están siendo decadentes, y uno puede buscar cualquier razón para atribuírselo, y la razón que va a encontrar es Dios.
Recuerdo que la primera vez que caminé por La Habana Vieja se produjo en mí un sentido muy negativo; era como un asunto de vivir la decadencia. El nivel de desarrollo que llegó a tener La Habana con relación a Santo Domingo fue muy alto, fue mucho más alto. Desde el puerto de La Habana se anuncia que los barcos que entraban eran barcos mucho más grandes; pero la ciudad misma fue desarrollada con un criterio arquitectónico, un criterio de elaboración mucho más alto. Y caminar en medio de esto, en una buena ciudad que está en decadencia, con toda esa gloria, edificios impresionantes que al día de hoy están desocupados o donde las personas viven en hacinamiento, me producía a mí un cierto malestar. Me sentía como airado.
Y mientras más me internaba en La Habana Vieja, más salía yo a buscar un culpable. En un momento pensé: la razón de esto es el régimen de los Castro, que durante tantos años ha estado limitando, oprimiendo a este pueblo. Y después salgo a buscar: no, debe haber una causa más fuerte. Y me muevo y dejo a los Castro por un lado y pienso: no, el problema está en la corrupción anterior, el gobierno de Batista; si eso no hubiese sido un gobierno tan corrupto, entonces la revolución no tiene sentido. Y después suelto la corrupción del gobierno anterior y pienso: no, el problema fueron los yanquis, porque si el imperio no se hubiera radicalizado en la persecución, entonces esta gente no estuviera teniendo una razón para estar durante tanto tiempo. Y después suelto a los Estados Unidos y agarro el comunismo y digo: no, el problema está en la ideología comunista.
Esta decadencia, esto que era una ciudad gloriosa: la razón de esto es la ideología del comunismo. Por eso cayó el muro y terminó en Gorbachov. Eso fue todo un ratico, hermanos, unos cuantos minutos. Y suelto a Gorbachov y agarro el hambre de poder: eso lo ha demostrado el ser humano, que cuando tiene la oportunidad… Al final yo tuve que concluir en Dios. Es Dios como tal, porque esta creación tiene un problema de diseño, y la causa no es el imperialismo yanqui, la causa no son los rusos, la causa no son los Castro, la causa no son las ideologías. Hermano, el asunto es que Dios avergüenza el entusiasmo de los hombres. Fue lo que pasó en la torre de Babel: mientras más nos entusiasmamos con la creación, más el Señor se encarga de decir: está limitada y se quedará limitada.
Aquí hay un problema de diseño, y el problema de diseño permanecerá. Cada vez que el hombre ha querido entusiasmarse con algo, el Señor viene y baraja el asunto, confunde. La decadencia humana anuncia la soberanía de Dios. Un creyente no puede ser nunca un triunfalista. A mí que nadie me llame a que hay un proyecto que va a cambiar el mundo. Este mundo no lo vamos a cambiar; esto tiene un problema de diseño, la creación fue sujetada a vanidad. De hecho, tengo cuidado, porque hay cantidad de ministerios cristianos que quieren transformar el mundo, y yo digo: vayan a hablar con Dios para que quite la vanidad, vayan a hablar con aquel que la sujetó a vanidad, porque esto fue sujetado a vanidad.
Todas estas cosas son la explicación más dramática de las consecuencias del pecado. Hermano querido, un volcán en erupción está anunciando que el pecado tiene consecuencias. Ah, ¿que eso no importa? Usted no es un deísta; usted cree en un Dios soberano que tiene control en esta tierra. Un cabello no se cae de su cabeza sin que el Señor lo decrete. El Señor tiene control de todas las cosas. Lo que pasa es que uno no está preparado para ver a Dios manifestándose así: un volcán, un terremoto, la temporada de huracanes que ya llegó. Así de drástica es la expresión de la ira de Dios. Y esto, hermano, solamente son los tráilers. Si usted lee Mateo 24 se dará cuenta de que lo que nosotros estamos viendo ahora mismo solamente son los anuncios de lo que será la ira de Dios derramada sobre la tierra.
La gente le tiene temor a un temblorcito de tierra. No le tema al temblorcito de tierra: tiemble usted delante del Dios que puede hacer que se mueva la tierra, que será el mismo Dios que eventualmente todo esto lo consumirá con el poder de su palabra y hará que desciendan un cielo nuevo y una tierra nueva. La creación completa está sujeta a vanidad, y no puedo aferrarme a esta tierra estando esperando un cielo nuevo y una tierra nueva. Mientras menos me entusiasmo con esto, más preparado está mi corazón para soportar la adversidad, para soportar la tribulación y, sobre todo, las ofertas del mundo.
Un cuerpo nuevo, una tierra nueva y la libertad gloriosa
Después dice el versículo 21. Nosotros no podemos experimentar deleite ahora, porque para experimentar deleite necesitamos dos cosas: un cuerpo nuevo y una tierra nueva. Si nos dieran una tierra nueva con el cuerpo viejo, no hay deleite; y si nos dieran un cuerpo nuevo en la tierra vieja, tampoco. Lo que dice el versículo 21 es: «porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios». Cuando el Señor traiga su libertad gloriosa, hermano, no solamente usted tendrá un cuerpo nuevo; también habrá un cielo nuevo y una tierra nueva. El Señor está preparando un contexto en el cual nosotros vamos a tener unos niveles de deleite que ahora mismo no somos capaces ni siquiera de anticipar.
Ambas cosas, la creación y nosotros, estamos limitados. Estamos limitados por diseño. ¿Se han puesto ustedes a pensar que nuestro paladar se agota? ¿Han tenido esta experiencia de llegar ante un banquete y como perder el apetito? Y uno dice: aquí están los medios para satisfacerme, pero yo no tengo apetito. Su cuerpo es demasiado limitado por diseño, igual que la creación, para que el hombre llegue a tener verdadero deleite en Dios. No solamente hace falta tener la oportunidad; hace falta una nueva creación completa.
Me emociona este término, hermano, que es el término más alto que encuentro yo en toda esta porción de la Escritura: libertad gloriosa. Yo tuve que sentarme a saborear ese término. En el original, estos términos, eleuthería dóxa, son algo que no tiene límites, pero que al mismo tiempo te coloca en un estado de asombro. Libertad gloriosa es estar sin restricciones ni vergüenza, en un estado de asombro, de exclamación y de deleite, todo eso ilimitado. El Señor está por hacer que en nosotros se revele un estado de satisfacción que, como mejor se puede describir, es libertad gloriosa: un asunto que no está limitado ni por diseño ni por contexto en ningún sentido, y que te coloca en un estado de expectación. Lo que en nosotros ha de manifestarse, hermanos, son unos niveles de gozo, de satisfacción, unos niveles de deleite en Dios, como si no hubiera para eso limitación alguna.
Tengo que magnificar ese término en su mente para que, cuando veamos el pecado, nosotros podamos ver el pecado y al mismo tiempo leer Romanos capítulo 8 y versículo 21 y poder decir: libertad gloriosa. O sea, eso me está ahora mismo entusiasmando porque me va a satisfacer, pero yo sé que por diseño no puede hacerlo; ni siquiera yo puedo experimentarlo. Escuché a una persona que decía: la tragedia del mundo es que cuando yo tenía los dientes no podía comprarlo, y cuando puedo comprarlo me faltan los dientes. Hermano, usted está por entrar a eleuthería dóxa, a libertad gloriosa, a un lugar donde usted va a poder disfrutarlo y al mismo tiempo estará disponible.
Y el mundo le va a enseñar aquello, y usted dice: el mundo me está enseñando eso, y yo digo eleuthería dóxa, yo digo libertad gloriosa; ni yo tengo con qué comérmelo, ni es tan bueno como parece. Todo el mundo está exagerado, hermano: el poder está exagerado, el sexo está exagerado, hasta las cosas más sublimes han sido exageradas. Y nosotros tenemos por delante Romanos capítulo 8 y versículo 21, que dice que se nos ha reservado una libertad gloriosa, la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Los cristianos no le huimos al deleite, hermano; es que tenemos un criterio demasiado alto. Cuando le agarra el pecado, no es huir del deleite: es que yo sé que eso no puede satisfacerme. Ah, pero le vamos a dar esto, esto y aquello. Yo sé que ni ustedes mismos pueden dárselo, y el problema también es que yo no puedo, en este cuerpo terrenal caído, tener el nivel de satisfacción que estoy buscando. Y de ñapa, yo sé que tampoco pueden dármelo.
La creación será redimida, nuestro cuerpo será redimido, y llegaremos a un contexto de libertad gloriosa donde no habrá ningún límite, hermano, donde no habrá ninguna vergüenza. El propósito de Dios en todas estas cosas es manifestar su gloria dándonos a nosotros satisfacción, unos niveles de intensidad en el deleite que jamás nosotros hemos podido conocer. El pecado te dice que aquí está, y tú dices: no está; yo sé que a la luz de Romanos 8 no puede estar, no puede satisfacerme.
Si yo pudiera darle a usted, hermano, una aproximación a lo que es eleuthería dóxa, me llegan a la mente textos como Isaías capítulo 11. ¿Usted puede mudarse al país más tranquilo de la tierra? A mí, particularmente, me atraen los países nórdicos. Yo he hablado con Carlos: si algún lugar quiere el Señor que nos manden, que sea alguno de los países nórdicos. Me gustan las casitas, los colores; me atrae el clima; los índices, hermano, los índices son tan buenos para allá. Y yo puedo ver Islandia y quizás me emocione con Islandia, hermano. Pero cuando yo veo Islandia por televisión, yo leo Romanos 8: hay un problema de diseño, eso por algún lugar se dispara. En esta tierra todo desencanta, hermano. El país que tiene los mejores indicadores desencanta. Hace unos años Venezuela era un bizcochito; a Venezuela fue de los primeros lugares que los dominicanos aprendieron a irse a buscar su futuro, y allá hay cantidad de dominicanos que se quedaron. Todo desencanta.
Si a mí me dijeran qué sería eleuthería dóxa a la luz de un lugar para vivir, yo le diría Isaías 11:
Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.
— Isaías 11:1-2
Ese es el gobernante que yo necesito. Un gobierno como el de un hombre así, ese es el cambio. Espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová: ese es el gobernante que estamos buscando. Y le hará entender diligente en el temor de Jehová: ese es el pueblo que estamos buscando. Si a mí me dijeran un país para vivir, algo así.
No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra.
— Isaías 11:3-4
Eso es lo que me llamaba la atención de los países nórdicos: ellos dicen que tienen equidad. Mentira, no la tienen; hay un problema de diseño, no pueden tenerla. Aquí sí la hay.
Y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío.
— Isaías 11:4
Ese es el país que estamos buscando. Ahí escucho yo a veces: no, la China es comunista, a los delincuentes los matan, ese es el gobierno que estamos buscando. No se vaya para la China comunista, que se va a desencantar.
Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura. Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar.
— Isaías 11:5-9
Esa es la ciudad que yo quiero. Eso es eleuthería dóxa, hermano. Lo que nos está esperando del otro lado de la línea —y no falta mucho para que llegue— es un tipo de satisfacción que para nosotros es impensable, porque nunca lo hemos vivido. Lo que mi alma necesita para satisfacerse yo sé que este mundo nunca podrá dármelo; ni siquiera con su mejor esfuerzo lo hace. Si me preguntaran qué es eleuthería dóxa, hermano, eleuthería dóxa es eso: Isaías 11, Isaías 65, Apocalipsis, un cielo nuevo y una tierra nueva.
Estos son dolores de parto
Después menciona el versículo 22 del mismo capítulo 8, que esto que estamos experimentando ahora mismo son dolores, y los menciona como dolores de parto: «porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora». Yo quisiera saber cuál es el estado en esta tierra que le ha podido quitar a la tierra los dolores de parto; cuál es el gobernante humano que ha logrado que la tierra deje de gemir.
Publicó ayer la BBC un informe acerca de los países nórdicos. La mitad del video es mostrar las virtudes, y son migrantes los que hablan. Uno dice: nosotros dejamos nuestro país para venir aquí porque aquí hay oportunidades, aquí hay fuentes de trabajo. Otra persona dice que el clima. Otra persona dice que en este país los veranos son muy largos, los niños pueden jugar hasta la noche y es de los pocos lugares del mundo donde todavía los niños juegan en la calle. Y después la mitad del video es qué es lo que no te gusta de estos países. Y cuando yo lo leo, yo tengo que decir: Romanos 8, Romanos 8. No han logrado hacer que la tierra deje de gemir, ni le han podido quitar los dolores de parto.
Me gusta que se describa la situación de la tierra como dolores de parto, porque los dolores de parto no se evitan. A una mujer que está por parir usted no le quiere quitar los dolores de parto; de hecho, lo que queremos es que lleguen los dolores de parto. Se describe la situación de la tierra como un dolor de parto porque esta cosa no debe ser tomada como cosa extraña. Eso no es una enfermedad. Si la mujer tiene dolores de parto, eso es salud, no es que está enferma; o sea, parir no es una enfermedad. Si hay dolores de parto, son cosas naturales, hermano. En esta tierra, cuando usted experimenta el dolor, trate de recordarse a usted mismo que desde la perspectiva de Dios esto no es un problema: estos son dolores de parto.
Otra cosa por la cual se describe la situación de la creación como dolor de parto es que estas cosas son comunes a todo el género humano. Dice que gime a una; o sea, no es que una parte de la creación está en paz y la otra está gimiendo. Lo que pasa es que nos engañan los ojos. ¿Saben qué parte de la insatisfacción en esta tierra? Que uno piensa que hay gente que verdaderamente está satisfecha. Uno dice: yo estoy aquí, yo soy el único que tengo insatisfacción. No, mentira. Esto es como dar a luz: usted puede ser china, o puede ser dominicana, o puede ser de otra nación, y los dolores de parto son reales. La Escritura está describiendo la aflicción como un asunto que es esperable, natural y que nos es común a todos.
De hecho, yo quiero pedirle a mi hermano que no llame la atención hacia su aflicción, que todos estamos afligiditos. Recuerdo una artista que se hizo popular porque en todos sus conciertos cantaba una canción que era acerca del dolor, y la gente iba a su concierto y ella dedicaba siempre una parte del concierto a decir que ella tenía una vida muy lastimosa en su niñez, que sus padres se divorciaron y eso le dolió mucho. Y yo la veía en el escenario hablando del divorcio de sus padres, y lo mismo le ha pasado a la mitad de la creación; se han divorciado. O sea, que tú sufras eso no es especial. Los problemas hogareños y familiares, hermano, son comunes al género humano. ¿Y por qué debemos ahora conmiserarnos de la situación tuya, si la situación tuya es la mía, y la de aquel, y la de millones y millones de personas? Por favor, hermano querido, no llame la atención hacia eso. No, no es que nos volvamos indolentes; lo que quiero decir es que no nos sintamos especiales, porque la tribulación nos es común. Dice que aun la creación está gimiendo como con dolores de parto, y a una: que todos estamos participando.
La otra razón por la cual son dolores de parto es que es un dolor imprevisto. Esta creación tiene una capacidad para sorprendernos negativamente que impresiona. Usted va caminando y le visita el dolor; usted se levanta hoy con la expectativa de que le va a dar palante, y ahí viene el golpe; y cuando bien lo va enderezando, ahí está el otro. Ay, hermano: cuando no nos pulla el hambre, nos pulla la enfermedad; y cuando no nos apoya la enfermedad, nos apoya la noticia. Estos son dolores de parto porque usted los recibe cuando menos los está esperando. Y otra razón por la cual son dolores de parto es que esto va incrementando cada vez más, hermano, a la luz de Mateo 24. Esto es un asunto que va acelerándose, acelerándose, acelerándose.
Nosotros también gemimos
Y para nosotros, los que hemos visto a Cristo, hermano, lo que hay después de los dolores de parto es algo glorioso. Nosotros deberíamos experimentar el sufrimiento en esta tierra como esa mujer parturienta, ahí gimiendo, gimiendo, gimiendo, y cuando le traen al niño ella como que siente que eso tiene una capacidad de obnubilar todo el dolor anterior. Hermano, nosotros vamos a entrar a un estado eterno metidos en estas aflicciones, pero cuando abracemos al niño del otro lado, cuando lleguemos a eleuthería dóxa, cuando lleguemos a esta satisfacción completa, esto sucederá como si hubiera sido una pesadilla, como si hubiera sido un sueño malo, y todo lo anterior lo que va a servir es para maximizar el gozo que estaremos experimentando en la presencia del Señor. Son dolores de parto porque lo que hay del otro lado es un asunto de plena satisfacción, que nos satisface plenamente. Anticipan algo bueno; estos dolores tienen su sentido, tienen su providencia.
Hablé una vez con un hermano que tiene una posición teológica cuestionable, y él decía: no, para nosotros no; eso es para los impíos, y a los creyentes lo que nos queda es prosperidad, a los creyentes lo que nos queda es satisfacción. No, eso no es lo que dice el texto. Dice el 23:
Y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.
— Romanos 8:23
Cuando alguien le diga a usted que un cristiano no debe sufrir, léale Romanos 8:23; dígale: la creación completa gime, y también nosotros. Lo que pasa es que tú no tienes el Espíritu Santo; lo que tenemos es el Espíritu Santo, y a veces es amargo, porque es el mismo asunto: al mismo tiempo te das cuenta de que tu verdugo es tu Salvador. El mismo Dios que ha limitado esta creación, el mismo que es tu esperanza, el mismo que va a cumplir en nosotros la promesa, es el mismo que ahora mismo nos está apretando.
No es que los creyentes no vamos a ser atribulados. Es cierto, dice el libro de Mateo, capítulo 24, que la tribulación será acortada para nosotros; pero hay una parte que nosotros vamos a tener que experimentar, hay una parte en la cual vamos a tener que identificarnos. Recuerden que todo esto está tratando de responder al versículo 17: «y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él». Si alguien le dice que los cristianos no vamos a padecer, entonces usted le dice: si usted no va a padecer, tampoco va a heredar.
Porque para heredar con Cristo hay que padecer con él; se nos ha concedido que padezcamos, para que también con él eventualmente lleguemos a heredar. Yo quiero animar a mi iglesia a que evitemos dar la impresión de que los creyentes estamos con más confort. Nosotros tampoco nos estamos comiendo la lechuga tan verde como aparece en el anuncio; para nosotros también esta creación es difícil. Evitemos dar la impresión de que los creyentes estamos viviendo unas vidas que son absolutamente plenas. Hermanos, es por las promesas del Señor que llegamos a tener plenitud, la seguridad de las promesas, lo que nos anima. De hecho, Pablo mismo dijo en la primera carta a los corintios, capítulo 15, versículo 19:
Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.
— 1 Corintios 15:19
Pablo está diciendo: si lo que nos está esperando es solamente el nivel de gozo, de deleite, el nivel de concreción que tenemos ahora mismo, somos dignos de lástima. Pero no: hay gran cantidad de las promesas del Señor que se van a cumplir en nosotros, y cuando se cumplan, entonces estaremos plenamente satisfechos.
Yo creo que tener una expectativa razonable acerca del sufrimiento puede ayudarnos a permanecer firmes. Hay veces que cuando las personas vienen a los caminos del Señor se decepcionan, porque tienen expectativas irreales. Les dicen: cuando tú vengas a Cristo, todos los problemas se resuelven; cuando tú vengas a Cristo, hay paz. Hermano, hay veces que cuando usted viene al Señor ahí es que viene la especial tribulación; ahí es que usted se da cuenta de que hay toda una guerra y que usted estaba en el terreno contrario. Cuando usted viene a Cristo, usted se da cuenta de que la hostilidad y la persecución le vienen aumentadas; y si no tiene expectativas realistas, entonces usted se va a entregar a decir que las promesas del Señor no son ciertas, no son reales. Hermanos, son ciertas y son reales; el regalo está ahí, lo que pasa es que todavía no se ha revelado, todavía no se ha manifestado, está por manifestarse.
Me emociona el saber que parte de mi herencia del Señor es un cuerpo. Lo que está por manifestarse, lo que todavía está por llegar, es un cuerpo; dice, en el 23, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. Esa palabra «cuerpo» téngala ahí, porque para usted experimentar el deleite que tendrá en una nueva creación, usted lo experimentará también con un cuerpo. A mí me emociona el hecho de que el Señor no elimine el cuerpo: el mismo que hizo a Adán es el mismo que restaurará todas estas cosas de manera definitiva. Me gusta cómo lo traduce la Nueva Traducción Viviente, que es más una paráfrasis: «nosotros también deseamos con una esperanza ferviente que llegue el día en que Dios nos dé todos nuestros derechos como sus hijos adoptivos, incluido el nuevo cuerpo que se nos prometió».
¿Dónde está mi cuerpo? El cuerpo que se me prometió, ¿dónde está? Hermano, ese cuerpo que a usted se le prometió es un cuerpo que la enfermedad no lo visita, es un cuerpo que la edad no lo limita, es un cuerpo que el entorno no está en contra de él, sino que está a favor suyo. Yo no quiero especular mucho, hermano, pues yo no he estado todavía en mi estado eterno; pero ahora mismo yo siento que la creación como que me agrede. Uno se cae y se da muy duro, y dice: si esto se diseñó, debería ser que si uno se cae, la creación responda. Hermano, usted está por recibir un cuerpo nuevo y una creación que estará a favor suyo. De hecho, lo que es la civilización es el dominio del hombre sobre la utilidad de la creación: pudimos anteponernos al clima, pudimos anteponernos a los ríos, pudimos anteponernos a todas estas cosas. Nosotros estamos por recibir un cuerpo nuevo y una creación nueva que no están en contra nuestra, sino a favor. ¿Dónde está mi cuerpo y dónde está mi nueva creación? Ambas cosas, porque queremos deleitarnos.
Con paciencia lo aguardamos
Entre el 24 y el 25, lo que termina esto es redundando en el hecho de que nuestra salvación es algo mucho más grande de lo que se ve. Dice así: «porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos». Solamente quiero agregar que ese término «paciencia» es el mismo término del cual en otros momentos les he transmitido el significado: es una capacidad de resistir en contra de una hostilidad. Lo que nos permite a nosotros aguardar con paciencia es ver la esperanza que tenemos en el Señor. Como estamos anhelando aquel deleite que he tratado de proyectarles, entonces podemos aguardar todas estas cosas resistiendo activamente, y no necesariamente con una actitud pasiva.
Termino dándoles tres razones por las cuales todo esto es útil. Primero, es útil para que evitemos desesperarnos por las aflicciones del presente. Entonces uno dice: soy cristiano, estoy enfermo, pero las promesas del Señor son ciertas; tengo problemas en mi casa, pero las promesas del Señor son reales. Yo soy rico en el Señor, me está reservada la gloria, me está reservada una nueva creación y un nuevo cuerpo para experimentarla plenamente. Mi paladar, hermano, hay sabores que mis papilas gustativas ahora mismo no pueden discernir; mi paladar será más amplio, mi visión será más amplia, mis sentidos serán más amplios. Qué deleite nos está guardado. Hay aflicción, pero soportamos.
Lo segundo para lo cual todo esto nos sirve es para que evitemos ser atraídos por las agendas ilusorias del mundo. Yo quisiera evitar que me salga un hermano mío diciendo: yo soy ahora vegetariano. Miren, hay gente que tiene una dieta específica por una razón de salud; yo les estoy hablando del vegetarianismo filosófico. Estas personas que se dicen veganas dicen: por un sentido de responsabilidad, yo he decidido cuidar la creación no participando en la matanza de animales. Usted puede evitar que yo me coma un corte de carne, pero usted no puede evitar que otra fiera se lo coma. La violencia en esta tierra usted no puede limitarla; usted puede no comérselo, pero se lo va a comer el otro animal. Sobre todo según su filosofía materialista, que dice que nosotros no tenemos nada especial, sino que somos un animal más. Somos un animal más en la cadena alimenticia, y los animales comen.
Yo no puedo entender las contradicciones que hay en esa filosofía, que no quieren que nosotros disfrutemos de un corte de carne, pero los animales se comen unos a otros y tú habilitas que ese animal se coma al otro; y además, desde la perspectiva suya, nosotros también somos animales, así que déjenos comportarnos como tal. A mí no me hace sentido, hermano. Qué triste sería que me salga un hermano mío diciendo: no, es que yo tengo que tener responsabilidad. Yo entiendo que hay razones de colesterol y de salud, pero un creyente no puede anteponerse a la revelación. Recuerde que fue un decreto de Dios soberanamente; además, «mata y come» se lo dijo Él varias veces, y los sacrificios del Antiguo Testamento no eran solamente de vegetales, eran de animales. Hay varias razones por las cuales un creyente no puede dejarse llevar por eso, pero uno ve creyentes atraídos a esas filosofías. La gente anda buscando siempre una filosofía de turno.
No te quiero hacer una burla, hermano, pero es muy feo un creyente que deja que una filosofía ilusoria reemplace la revelación de Dios. Eso no es bonito. Del mismo modo, hermano, quiero oponerme a la ecología filosófica. Un creyente tiene mayordomía de la creación; nosotros fuimos puestos en esta tierra para administrarla, y tenemos que sacar de la tierra el mayor provecho que nos sea posible, porque la connotación del término de Génesis, «sojuzgadla», es extraer de la tierra tanto provecho y utilidad como nos sea posible. Pero nosotros sabemos que por diseño esta tierra está limitada. Podemos tener responsabilidad en el uso de la creación, hermano, pero estamos llamados a tener un nivel de aprovechamiento de esta tierra. No: que yo quiero cuidar mi huella ecológica. Vamos a dejar una huella.
Y lo mejor de todo esto es que al final todo será destruido. Alguien le dirá: no, porque nosotros y el cambio climático. Hermano querido, según el entendimiento de ellos mismos, ¿qué yo puedo evitar cortando unas cuantas matas? Yo corté una mata bien grande en mi casa y un niño me vociferó desde los apartamentos que están al lado: ¡los árboles nos dan la vida! Tenemos que cortarlos con determinada responsabilidad, porque ahí está nuestro sustento, ¿verdad?, nuestra comida viene de ahí. Pero al mismo tiempo yo le diré que yo puedo dejar una huella muy corta con relación a un meteorito que pueda caer en la tierra y llevarse no solamente un árbol, sino hectáreas completas, y cambiar las condiciones del clima de forma tal que los animales grandes se queden sin alimentación y mueran. Usted y yo podemos evitar cortar unos cuantos árboles, pero Dios, en su soberanía, cada cierto tiempo se lleva hectáreas completas. Y uno dice: ¿y qué pasó ahí? El Señor nos está recordando que aquí hay un problema de diseño.
La revolución, hermano: huya de eso. Nosotros no somos revolucionarios. No es un libro cristiano, pero yo les recomiendo que lean Rebelión en la granja, de George Orwell, y le va a decir lo que son las ideologías. Vamos a hacer la revolución para que el proletariado venga. Es una fábula que habla acerca de un asunto real, de cómo comienzan y terminan las revoluciones. Comienzan los animales diciendo que todos los animales son iguales, y después un animal cuadrúpedo comienza a comportarse como humano, a caminar en dos patas. Y les preguntan a los otros: ¿y por qué ustedes están caminando en dos patas, como aquellos que anteriormente nos subyugaban? Y los animales responden: es que todos los animales son iguales, pero hay animales que somos más iguales que otros.
Ahí termina la revolución, hermano: uno explotando al otro, y el que está siendo explotado lo que quiere es cambiar de turno. Por eso un creyente no se deja ilusionar ni por partidos políticos, ni por ideologías, ni por revueltas. Un creyente entiende que, hasta donde le sea responsable, está para administrar bien la creación, pero no pone su esperanza en vanidades ilusorias. Ninguna ideología, ningún partido, ningún movimiento va a traer a esta tierra lo que solamente el reinado perfecto de Cristo eventualmente va a traer.
Les he mencionado que esto es útil para evitar ser dominados por las aflicciones, entendiendo que esto está así por diseño, que son dolores de parto, un asunto natural. Les he mostrado que esto ayuda a evitar ser atraídos por agendas ilusorias; nosotros tenemos una agenda, Romanos 8, la consumación de todas las cosas, que la estamos esperando ardientemente. Y, por último, esto es útil para que evitemos ser atraídos a las tentaciones del mundo actual. Recuerde que todo esto es vanidad: mientras menos te ilusione el mundo, más fácil será para ti santificarte; mientras menos el mundo te ilusione, más fácil será para ti decir que no.
Pónganse un momento sobre sus pies y terminemos leyendo Apocalipsis 21. Hermano, esto es lo que para nosotros está reservado. ¿Cómo va a cambiar este mundo? No con la ecología. ¿Cómo va a cambiar este mundo? No con la revuelta. ¿Cómo va a cambiar este mundo? No maximizando nuestro deleite a través del hedonismo. Lo que está por venir es un cielo nuevo y una tierra nueva.
Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.
— Apocalipsis 21:1-4
Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.
— Apocalipsis 21:5-7
Hermano, esa es nuestra revolución, esa es nuestra esperanza, esa es nuestra confianza: «el que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo».
Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.
— Apocalipsis 21:8
Que el Señor permita, a la luz de Romanos 8, hermanos, que tengamos nosotros toda nuestra victoria, y que anticipemos desde ahora el gozo que en nosotros ha de manifestarse.