Ahí donde están les pido que cierren sus ojos un momento, siempre que vamos a leer la Biblia, leer la Palabra del Señor, comenzamos con oración, pidiéndole que él nos dé su dirección, que él nos dé su consejo y también que nos permita entenderle. Les pido, cierre sus ojos un momento y encomendémonos delante del Señor.
Te damos gracias, nuestro buen Dios, porque nos permite estar hoy congregados celebrando tu institución, que es la familia. Te presentamos estas familias que están aquí reunidas y representadas. Te pedimos, Señor, que sea tu bendición sobre cada persona que se movió hoy para congregarse. Bendícenos, Señor, con familias más fuertes, bendícenos, Señor, con familias donde prevalezca la paz.
Sobre todo, Señor, bendícenos con familias de acuerdo al modelo original, que es el modelo tuyo. Permite que cada persona que está aquí hoy congregada, desde los niños hasta los adultos, puedan ser bendecidos con el pan de tu Palabra. Permite que sea tu Santo Espíritu en medio nuestro, que cuando escuchemos tu Palabra, Señor, sintamos un vivo interés de conocer más y más de ti y un vivo interés, Señor, de poner en práctica estas cosas que vamos conociendo.
Mira aquellos que no están tan familiarizados con tu consejo. Permite que hoy, Señor, puedan comenzar una larga jornada donde cada vez te conozcan más profundamente, más perfectamente. Y mira aquellos, Señor, que ya han creído, permite que, al ser escuchadas estas cosas, vuelvan, Señor, a recordarlas y que su vida sea cada día más afianzada en tu perfecta voluntad. Todo esto te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Siempre en noviembre, hermanos, aprovechamos en nuestra iglesia para volver a hablar de la familia. No es que en otros momentos del año no lo hagamos; en la iglesia del Señor estamos constantemente trabajando para fortalecer la familia de acuerdo al modelo de Dios. Pero ya que en noviembre está tomado como el mes de la familia, entonces aprovechamos el momento para redoblar el esfuerzo.
Y lo que hago como pastor de esta iglesia, por lo menos una vez en el mes de noviembre, es tratar de enseñar el modelo original de Dios para el proyecto de familia. En esto tratamos de que, sin importar el momento en que esté tu familia, tu familia pueda ser bendecida. Por ejemplo, sospecho que hay aquí hoy jóvenes que piensan, eventualmente con la ayuda del Señor, desarrollar un proyecto de familia. También tenemos familias ya establecidas, con muchos años.
Lectura de Génesis 2:24 y diagnóstico de la cultura
Con muchos años, quizá que ya han casado sus hijos o que pretenden casarlos. Tenemos la bendición de tener niños que están todavía en brazos y familias que están comenzando. Qué bueno es recordar que cuando uno va a la Palabra del Señor hay consejos para la familia en sus diferentes momentos. Por eso les pido que me acompañen en sus Biblias, si tienen una, al libro de Génesis. Si no, dentro de su programa está el texto bíblico que estaremos exponiendo. Es el libro de Génesis, en el capítulo 2 y en el versículo 24.
Y, con la ayuda del Señor, veamos cuál es el diseño de Dios para la familia. Doy un momentito para que puedan buscar sus Biblias o su programa, el libro de Génesis en el capítulo 2.
Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.
— Génesis 2:24
Si usted ha ido a una boda cristiana, quizás usted ha escuchado este versículo. Si usted ha tenido la bendición de que ha sido casado en nuestra iglesia y a usted se le predicó este versículo, si usted ha leído el libro de Génesis, muy probablemente encontró aquí los planos del proyecto de familia. Es una expresión sencilla pero cargada de sabiduría, y entiendo que si comenzamos a vivir en nuestras familias a la luz del consejo de Dios, entonces nos irá bien.
Lo que pretendo hacer hoy es explicar Génesis 2:24 y trazar estos tres principios del Señor, que son los planos originales para un proyecto de familia. Dice así en sus programas, que hoy más que antes la gente está dispuesta a recibir asesoría familiar. La información sobre relaciones, crianza de hijos y matrimonio está más disponible que nunca y la sociedad mucho más abierta que antes a conversar sobre estos temas. Tristemente, lo que sigue estando ausente es la perspectiva de Dios y su diseño original presentado en el libro de Génesis.
La secularización de la familia la ha alejado de cualquier base estable, dejando como único fundamento el sentimiento o la conveniencia del momento. El consejo que más abunda es que, siempre y cuando se sientan bien, cualquier cosa vale. Aún así, nosotros como iglesia creemos que la familia está en el centro del propósito de Dios para bendecir la humanidad, y aunque se pueda obtener una satisfacción temporal, nadie puede aspirar a tener plenitud en sus relaciones al alejarse del consejo de Dios.
El primer principio: dejar padre y madre
Quizás hace 40 años era impensable que se esté hablando del tema de la familia. Estas cosas no se trataban, se trataban solamente en el seno de la intimidad familiar, pero casi nadie hablaba, en los medios de comunicación por ejemplo, acerca de las parejas. Ahora usted prende la televisión, enciende su radio y encontrará que en casi todas las emisoras hay por lo menos un programa donde encontrará un psicólogo, algún terapeuta o alguien dando consejos acerca de relaciones y consejos sobre vida familiar.
Es como el tema del momento, algo que uno celebra como iglesia, que la familia esté siendo asesorada. Tristemente, la información que más abunda no es la mejor, y yo lo he escuchado, y todavía quizá en contadas ocasiones escucho que se enseñe la perspectiva de Dios. Casi todos estos programas dicen lo mismo que la gente quiere oír, y lo que la gente quiere oír es que si usted se siente bien con eso, entonces proceda. El consejo de Dios es diferente y me gustaría que tomáramos hoy la oportunidad de mostrarles a ustedes cuáles son los planos para el proyecto de familia, considerando que la familia fue la primera institución que Dios creó.
Cuando Dios quiso hacer una familia, entonces la inauguró con esta expresión. Comenzando él dice: “Dejará el hombre a su padre y a su madre”. Hermanos y amigos hoy congregados, me gustaría mostrarles cuáles son las implicaciones del proyecto de familia de acuerdo a la perspectiva de Dios, y de acuerdo a la perspectiva de Dios, todo proyecto de familia comienza dejando atrás su familia original. Y por haberse apartado y obviado este consejo de Dios, las familias hoy han entrado en crisis y tienen cantidad de necesidades como comienzo de familia.
Un proyecto de familia comienza, según el plano original, dejando atrás a papá y dejando atrás a mamá. Y me permito primero hablar de los padres, padres que están hoy congregados: una de sus responsabilidades, según la paternidad cristiana, es preparar a sus hijos para que eventualmente dejen atrás su casa y comiencen su propio proyecto de familia. Y padres sabios, que han escuchado el consejo de Dios, preparan a sus hijos para que eventualmente dejen atrás a papá y dejen atrás a mamá.
A mí me preguntan cuáles son los temas más frecuentes en los proyectos de familia, y es eso: para un buen comienzo, un proyecto de familia comienza con una buena salida, y esta salida es responsabilidad de un padre comenzar a prepararla. Me gustaría alentar a los padres que están aquí congregados a que no dejen esto para muy después y comiencen a alentar el corazón de sus hijos, que eventualmente podrán comenzar ellos sus próximos proyectos de familia.
Y para hacerlo, me gustaría que comiencen a mostrarlo como algo agradable. Quizás podrías hablar acerca de este tema con tus hijos adolescentes y decirle: “Hijo, eventualmente tú comenzarás tu propia familia, tendrás tu propia casa, tendrás tu propio espacio, y es mi deseo como tu padre que el Señor te dé a ti esa bendición”. Comenzar a mostrarlo no como algo injusto, no como algo vergonzoso, como algo improcedente, sino como la cosa esperable, la cosa anhelada y la graduación de un buen padre. Porque le digo que, desde la perspectiva de Dios, un padre cristiano se gradúa cuando entrega bien a un hijo, y en esto no hay vergüenza, en esto no hay lamento, sino que en esto lo que hay es satisfacción.
¿Cómo comienza un proyecto de familia? Un proyecto de familia comienza dejando atrás a tu padre y a tu madre. Me gustaría aquí poner una nota aclaratoria y de advertencia: no hay que abusar del principio. No significa que ya no eres su hijo, no significa que ya no eres su hija; lo que significa es que saliste de bajo la autoridad de esa familia y el Señor está responsabilizado ahora con tu próximo proyecto de familia. Seguirás siendo un hijo, seguirás siendo un hermano. Pero dice la Escritura: “Por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre”.
Si eres un padre y estás aquí hoy presente, me gustaría encargarte de esto, de que comiences a ayudar a que tu hijo, tu hija, sueñe con su próximo proyecto de familia. No significa que los saques de la casa, que los empujes a que se vayan. Significa que calientes su corazón para que no vea su proyecto familiar como algo vergonzoso, como algo injusto o como algo triste, sino que lo vea como el gozo de sus padres. Porque el gozo de un padre cristiano es poder casar a la manera de Dios. Asimismo, un hijo: ¿cómo comienza un proyecto de familia? Comienza de esta manera: “Dejará el hombre a su padre y a su madre”. Lo primero es eso.
Preparar a los hijos y valorar el diseño de Dios
Muestre su proyecto como algo agradable; quizás puede mostrárselo tan agradable como que esa es la voluntad de Dios. Quizá puede decirle a tu hija: “Hija, es que la voluntad del Señor es que tú te cases”. Hijo: “Es que la voluntad del Señor es que tú lideres una casa”. Y eso no es algo triste, no es algo vergonzoso, es algo que debe ser recibido con una fiesta. “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre”. Algo que puede hacer un padre cristiano es enseñarle a sus hijos a valorar el diseño de Dios.
Y me refiero intencionalmente al diseño de Dios porque no deberías valorar tanto tu propia versión del diseño de Dios, sino el diseño original. Un padre cristiano no enseña tanto sus particularidades familiares, sino que enseña cuál es el general proyecto de Dios para el diseño de la familia. Quizás podría enseñarle a tu hijo varón que la voluntad del Señor es que eventualmente él lidere, que provea para una casa. Quizás puedas enseñarle a tus hijas que es la voluntad del Señor proveerle eventualmente un marido para que ella sea su ayuda idónea.
Quizás puedes enseñarle a todos tus hijos que ellos tendrán sus propios hijos y que tendrán que enseñarle a sus hijos sujeción y también obediencia. Mostrarle a nuestros hijos el diseño de Dios es una manera de prepararles para que eventualmente “dejará el hombre a su padre y a su madre”. Casi en todas mis reuniones prematrimoniales, cuando se van a casar hermanos de nuestra iglesia, encuentro que hay como cierta tristeza y apego innecesario. Preguntan: “¿Es algo adecuado? ¿Debería yo comenzar? ¿Debería quedarme todavía en casa de mis padres?”. Pues dice la Escritura que toda nueva familia comienza dejando atrás tu familia original.
Les he alentado en primer lugar a mostrarlo como algo agradable, en segundo lugar, a enseñarles a valorar el diseño de Dios. Me gustaría alentar ahora a los padres que están aquí presentes a que valoren su propio matrimonio. Con tristeza, el caso más frecuente es aquel padre que, cuando tiene hijos, entonces detiene su proyecto de matrimonio. Según la voluntad del Señor, los hijos no se quedan en la casa para siempre, y eventualmente en tu casa se quedará solo el matrimonio.
El matrimonio es la voluntad del Señor, y un padre cristiano ayuda a sus hijos a cultivar el diseño de Dios para sus propias familias, con la expectativa de que eventualmente pondrán hacer ellos en su casa solos. Y se quedará solamente el matrimonio. Tus hijos eventualmente partirán del hogar, pero la voluntad del Señor es que permanezca tu matrimonio hasta que la muerte los separe.
Por eso un padre sabio, un padre que conoce la voluntad del Señor, no se aferra a los proyectos de vida de sus hijos. Tú sigues teniendo un proyecto de vida. Por eso el mejor regalo que un padre cristiano le da a sus hijos no es cuidarles innecesariamente, sino darles un ejemplo de un amor que permanece. ¿Tú quieres ayudar a tus hijos? ¿Tú quieres bendecirles? Bendíceles con un proyecto de familia a imitar, que haya permanecido a través del tiempo.
La voluntad del Señor para las familias es que somos padres durante un tiempo. Somos padres para siempre, y durante un tiempo tenemos los hijos en nuestra casa, y después seguimos siendo padres, pero nuestros hijos tendrán sus próximos proyectos de familia. “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre”. Y para hacerlo, hermano, tienes que valorar tu propio matrimonio y tu propio proyecto de pareja. No deberías dedicarte o enfocarte tanto a tus hijos de manera hasta innecesaria, a un punto tal que dejes atrás a tu esposo, que dejes atrás a tu esposa.
La voluntad del Señor para las familias es que papá y mamá se mantendrán juntos, más allá de que los hijos sigan en la casa. Por eso prepárate no solamente para despedir a tus hijos, sino para cómo será tu vida cuando tus hijos se hayan despedido. “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre”. Un pastor amigo muy querido hace unos años me dio un buen consejo que yo puedo compartirles a ustedes. Me dijo: se pueden ver los hijos como un proyecto a 30 años en bloques de a tres de 10 años cada uno.
En el primer bloque tienes toda la atención de tu hijo. Es el bloque donde debes formarle, transmitirle los conocimientos, los valores y el ejemplo. En el segundo bloque, tu niño tendrá entre 10 y 20 años, es el momento de acompañarles. Y en el tercer bloque tendrá de 20 a 30 años, es el momento de despedirle. No pienses que tus hijos estarán en tu casa para siempre. “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre”.
Dejar padre y madre: espacio, decisiones y dinámicas
Quizás entender esto puede producir dos cosas: que tengas más expectativa y más intencionalidad al hacerlo, y al mismo tiempo que esperes esta transición como un asunto deseable y como algo que produce paz. Y si te preparas para no tener a tus hijos contigo para siempre, te aseguro que aprovecharás cada día que tengas disponible para poner en ellos los valores, para poner en ellos las convicciones que les acompañarán durante toda la vida, y que cuando llegue el momento podrás decirle: “Hijo, se está cumpliendo Génesis 2:24”.
Y que tu comienzo significa que yo lo hice bien. Gloria al Señor por aquellos padres que no solamente casan a sus hijos, sino que anhelan que sus hijos comiencen sus próximos proyectos de familia. “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre”. Algo que puedes hacer es celebrar esa unión. Y quizá no funciona de manera intencional, sino de manera velada, pero hay padres que en su fuero interno no están celebrando las relaciones matrimoniales de sus hijos.
Quizás no las celebran porque el matrimonio de tu hijo no es el matrimonio que esperabas que fuera. Quizás no lo celebran porque entendiste que tu hijo se fue de tu casa antes de tiempo. Pero una manera en que puedes reconocer el principio de Dios, de dejar atrás a padre y madre, es comenzar a celebrar intencionalmente los proyectos familiares de tus hijos.
En primer lugar, un padre cristiano puede celebrar la unión de sus hijos orando por ellos. También puede hacerlo dándoles aliento y motivación. Quizás un consejo sabio de un padre, para alentar el proyecto de su hijo, es ajustar el punto de referencia. He escuchado el comentario de hijos que dicen que no se casarán para irse a una condición menor de como están en las casas de sus padres. Una madre y un padre sabio quizá puedan ajustar a su hijo el punto de referencia.
Les pongo un ejemplo: quizás tu ves la relación armoniosa de tus padres y tú piensas que siempre ha sido así. Tus padres, por prudencia, quizá no te van a hablar de sus crisis familiares, pero cuando tengas el momento quizá puedas decirle a tu hijo, a tu hija: “Hijo, hija, mira la relación que tengo con mi esposo, mira la relación que tengo con tu papá, mira la relación que tengo con tu madre. Es una relación donde prevalece el amor. Es una relación armoniosa. Es una armonía que ha sido en el tiempo y a través de los años”.
Muchos hijos idealizan el proyecto familiar de sus padres, entienden que sus padres, por ejemplo, nunca tuvieron un cine, sino que siempre la armonía prevaleció en el proyecto de familia. Un padre cristiano, un padre sabio, comparte con sus hijos un testimonio y les dice, no necesariamente entrando en detalles, sino solamente a modo general: “Los tiempos no siempre fueron tiempos de paz, pero con la ayuda del Señor nuestro proyecto familiar prevaleció. Y hoy, en nuestra casa hay armonía; pero los primeros años no fue así necesariamente”.
Muchos hijos cargan con esta pesada cruz del proyecto familiar de sus padres, es un proyecto idealizado. Quizá puedas hablar acerca del patrimonio. Yo les aseguro, hermanos, que en 30 años de matrimonio algunas cosas se consiguen: por lo menos una cama grande. Quizás se consigue una casa propia. Quizás se consiguen los medios con los cuales hacer un viaje. Después de 40 y 50 años de matrimonio se consigue. Sin embargo, si no ajustas las expectativas de tu hijo, muy probablemente cuando se case estará insatisfecho o insatisfecha. Dirá: “Mamá, papá, yo no tengo lo que tienes tú”. Claro, tú tienes un año de matrimonio, ellos tienen 50.
El patrimonio familiar es algo que se desarrolla a través del tiempo, y un padre sabio, un padre piadoso acompaña a sus hijos en su matrimonio, quizá ajustando sus expectativas de patrimonio y sus expectativas de paz. Cada proyecto de familia es un reto, y la armonía, el estar juntos y de acuerdo se consigue a través del tiempo. Quizás puedas reunirte con tus hijos que vas a casar y enseñarles la parte de la historia que ellos no han conocido, la parte de la historia donde los tiempos no eran tan buenos como los tiempos actuales.
En esto puedes vivir a la luz del principio del Señor de: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre”. Les he hablado a los padres por un momento; permítanme hablar en este momento a los hijos que ya se han casado o que eventualmente se casarán. ¿Cuáles son las implicaciones prácticas de vivir a la luz de este primer principio, de: “Dejará el hombre a su padre y a su madre”?
Primera implicación práctica: cada familia necesita su propio espacio físico. Y a la luz de la Palabra del Señor, cuando usted comienza, usted tiene que dejar atrás la casa de papá y la casa de mamá. Me dice alguien: “Pero eso es muy difícil porque yo no puedo comenzar si no fuera en la casa de mis padres”. Bueno, trata de que, en la casa de sus padres, por lo menos haya una habitación que se delimite, y esa es la habitación donde vive esa familia nueva que está comenzando. Según el principio de Dios, “dejará el hombre a su padre y a su madre”, y eso tiene implicaciones de espacio físico.
Cada familia debe tener su propio espacio, sobre todo un espacio de intimidad, un espacio donde la gente no conozca, un espacio donde la gente no es invitada a entrar.
Fronteras físicas, decisiones y dinámicas familiares
Lo mínimo que debe tener cada familia es por lo menos un gavetero, donde, para abrir esas gavetas, se deba pedir permiso. Eso es lo mínimo. Si me dicen: “Pastor, ¿qué más?”, bueno, si usted puede tener por lo menos una pieza. Me dicen: “No tenemos con qué mudarnos, ni siquiera un apartamento”. Consiga una pieza y ubique en esa pieza un proyecto familiar, porque se entienda que esa familia tiene sus propias fronteras. “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre”.
Óigame, Pastor, pero vamos a estar muy incómodos. Pero estarán a la luz del consejo de Dios. “Y si nos mudamos con un primo, y si nos mudamos con una tía, y si nos mudamos con el padre?”. Si se van a mudar, haga una frontera, y si no puede hacer una frontera, sacrifíquense y vivan a la luz del principio del Señor en otra parte. “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre”. Ahora les pregunto: ¿la mayoría de los conflictos familiares no comienzan por allí?
La mayoría de los retos que tiene la familia contemporánea, ¿no es este el génesis? Dice la Escritura que cada familia tiene su propio espacio. Y esto no es solamente un espacio físico, también es un espacio de decisiones. Cada familia tomará sus propias decisiones. Entonces el padre se va a dar al corazón y decir: “Pastor, pero las decisiones no van a ser buenas, como fueron las suyas cuando usted comenzó”. No serán las mejores, pero serán las propias.
Le diré que cada familia cometerá también sus propios errores, y hay que dejar el espacio para que esa familia tome forma. El peor de los escenarios es una familia que depende físicamente y depende también de las decisiones, no solamente de unos padres sino de cuatro padres, en un proyecto familiar donde no se ha tomado la primera decisión porque la decisión la toma la mamá de un lado o el papá del otro lado.
“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre”. ¿Cómo comienza un proyecto familiar según el modelo de Dios, según los planos? Cada familia tiene su propio espacio y cada familia tomará sus propias decisiones. Y usted me dirá: “Entonces un hijo no pide sabiduría a un padre para tomar una decisión”. La pide, pero al final él y su esposa, ella y su esposo, tomarán sus propias decisiones, y muy probablemente no serán las decisiones que usted entendió que debía tomar. Y acaso un padre guarda silencio y está dispuesto para ayudar si hace falta.
Les he mencionado implicaciones prácticas. Hermano, una implicación práctica es el espacio físico. Le diré lo mínimo necesario: es una pieza. No tiene una cama y tiene por lo menos una estufita de dos hornillas. Ahí comienza un proyecto familiar, y con la ayuda del Señor esa familia eventualmente prosperará. Es decir, si puede tener algo más, téngalo. Y lo mínimo que pueda hacer, si tiene que vivir en casa con alguien, ciérrese ahí y ahí desarrolle su espacio de intimidad. Tenga un espacio de su vida, de su casa, del lugar donde usted habita, que sea solamente para su familia y que las demás personas ahí no estén invitadas.
Les he hablado de las implicaciones físicas; les he hablado de las implicaciones de decisiones. Es que es difícil esto en las familias que se sienten obligadas a considerar siempre la decisión de los padres, y saben que hay cosas que hay que decidir, pero están considerando “cómo lo haría papá” o “cómo lo haría mamá”. “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre”.
Miren, cada familia tiene sus propias dinámicas familiares, y esas dinámicas familiares son tantas que no podemos entrar en detalle, pero les pongo un ejemplo: hay familias que tienen su ritual de que todos los hijos tienen que cenar juntos en la casa el viernes por la noche. Bueno, pero no los hijos casados. Una de las hijas dejó atrás a su padre y a su madre. Entonces, ¿qué hacemos? Esa familia hará sus propias dinámicas familiares. Y quizá no sea el viernes por la tarde, sino que sea el domingo por la noche.
Y las familias de origen tienen que ser flexibles para entender que sus hijos están haciendo sus propias dinámicas familiares. Miren, por ahí viene la Navidad. La Navidad siempre es un tiempo de conflicto en ese sentido: “¿Lo haremos en una casa, lo haremos en la otra? En la casa de mami tienen la costumbre de hacerlo de tal manera, pero en la tuya se hace de otra. ¿Y aquí cómo lo hacemos?”. A la manera de nuestra propia familia.
Pastor, ¿y entonces es indebido ir a cenar a la casa de los padres? No, no es indebido. Lo que es indebido es tú comprometerte a seguir participando en dinámicas de las cuales ya tú dejaste. “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre”. Pastor, pero antes de yo casarme, yo tenía el ritual de que todos los días, cuando venía del trabajo, yo tenía que ir donde mi mamá y yo tenía que ir allá, que ella me guardaba algo. ¿Y qué hago? Si se puede, se puede. Si no, “dejará el hombre a su padre y a su madre”.
Con esto estoy hablando, hermano, de dinámicas familiares que son repetitivas y en las cuales a veces se siente el compromiso de seguir participando. Cada familia tiene su propia agenda, y hay veces que coincide con la familia de origen y a veces no. Y cuando no coincide, entonces usted se recuerda: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre”. Qué distintas serían nuestras familias si viviéramos a la luz de estos principios. Qué distinto sería si los padres lo entendieran. Qué distinto sería si los matrimonios nuevos comenzaran a cultivar esto.
Presupuesto propio y ánimo mutuo en la nueva familia
Pero no se detiene ahí. Así como cada familia nueva tiene su propio espacio físico y tiene su propio espacio para tomar sus decisiones, tiene también sus propias dinámicas familiares. Bueno, cada nueva familia tiene también su propio presupuesto. Y usted me dirá: “Para que la familia funcione, siempre papi tiene que mandarnos algo”. Admítalo durante un tiempo, pero órele al Señor y sea diligente para que su familia eventualmente tenga su propio presupuesto.
A veces esto es lo que sucede porque hay unas expectativas desmedidas, y son los mismos padres que viven fondeando los hijos para que sus hijos tengan el nivel de vida que tenían en la casa de ellos. Quizá un padre tenga que admitir que su hijo está comenzando su proyecto de familia y que probablemente tiene que vivir con sus propios límites, y que los límites que tiene la familia de tu hijo, de tu hija, en este momento, no es el límite que tenía la familia tuya.
Pero cada familia se debe arropar hasta donde la sábana le dé. Si el Señor le dio una sábana más grande, disfrútela. Y si le dio una sábana pequeña, sea agradecido. Pero cada familia, a la luz del propósito de Dios, tiene su propio presupuesto. No tiene un presupuesto prestado. No depende, si usted depende de sus padres, para usted pagar la casa en la cual usted habita con su proyecto de familia, puede que esté sucediendo una de dos cosas: o que no haya demostrado la diligencia necesaria, o que esté viviendo en la casa que todavía no le corresponde a su proyecto familiar.
“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre”. Tengo que pasar a otro más, pero doy una ñapa, doy otro más. Miren, cada proyecto de familia tiene que aprender a alentarse los unos a los otros cuando están comenzando. Si usted viene de una familia grande y ruidosa, es probable que usted se sienta solo en su propia casa, porque usted viene de la casa de sus padres donde están sus hermanos, están sus padres, donde siempre hay una actividad, y las casas de matrimonio nuevo tienden a ser casas más silenciosas.
Por otro lado, a veces hay menos “coroto” en la casa, donde cuando usted está llegando, y eso también ayuda a veces a la tristeza. Quizá no hay tantos muebles, quizás no hay los electrodomésticos que habían antes, pero que usted dejó a su padre y a su madre, y usted con sabiduría se sacrifica y le pide al Señor que quizá vayan llegando las cosas poco a poco. Dice la Escritura que hay sabiduría en eso, en enriquecerse poco a poco. “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre” también implica que el aliento y el acompañamiento tiene que venir desde aquí.
Y que cuando te sientas descorazonado, te esperes que llegue tu esposa o te esperes que llegue tu esposo. “Oye, pero es que yo estoy aquí tan sola, yo quisiera irme a la casa de mis padres”. “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre”. “Mi hija, pero que tú te pasas ahí horas en esa casa sola y tu marido todavía no ha llegado; ven y pásate el día conmigo”. “Mami, es que ‘dejará el hombre a su padre y a su madre’”.
“Mijo, pero ven por aquí todos los días, que tú sabes que a mí me gusta compartir contigo”. La madre lo anhelaría, pero “dejará el hombre a su padre y a su madre”.
Son implicaciones. Les recuerdo, hermano, no lleve estos principios al límite. Usted sigue teniendo padres, usted sigue teniendo hermanos, usted sigue teniendo una familia muy grande, pero hay una frontera necesaria que cada familia debe establecer. No es una barrera, es una frontera. Las barreras son para impedir, las fronteras son para delimitar.
Cuando usted vaya a la casa de sus padres, usted debe entender que está visitando la casa de sus padres. Y cuando sus padres vengan a su propia casa, ellos deben entender que están entrando al nuevo proyecto de familia. Seamos sabios los unos y los otros para respetar estas fronteras familiares, que son las fronteras que nos permiten andar de acuerdo a los principios de Dios para la familia.
Pero según el proyecto de Dios, este quizás es el primer pilote, este es quizás el primer pilar de un proyecto de familia, pero hay dos más. “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre” es el primero. Por eso en cada familia nueva hay un “babay”. Cuando se van los recién casados se les dice adiós, “babay”. Hay una despedida y a veces hay hasta lágrimas, y eso es saludable, que hayan lágrimas, porque uno se apega a los suyos. Pero uno le dice “babay, se casó, se fue”. Hay una frontera que yo podría entrar, pero que estaría transgrediendo. Hay una frontera. Van a tomar sus decisiones, van a tener su propio espacio, van a tener sus propias limitaciones.
El segundo principio: se unirá a su mujer (unión exclusiva)
Lo segundo: “se unirá a su mujer”. Me interesa especialmente la manera en cómo Dios presenta esa unión. Primero, es una unión singular. No dice: “y se unirá a determinadas mujeres”; dice: “se unirá a su mujer”. Me permito decirle que esa unión es una unión exclusiva, es una unión que tiene, cada vez, lazos que progresivamente se afianzan más, pero es una unión también definitiva desde el propósito de Dios.
Podría mencionar algunos puntos de esta unión. Si me preguntan: ¿cómo se une esa unión? Esa unión tiene más de un vínculo. No hay un solo vínculo que une; hay múltiples vínculos, y la voluntad del Señor es que todo vínculo esté atado, esté unido. Mientras más de esos vínculos usted tenga juntos, más saludable será su proyecto de familia.
¿En qué sentido “se unirá a su mujer”? Miren, hay un tipo de unión, si me permito mostrársela, en primer lugar, que es la unión social. Cuando una persona se casa, la sociedad sabe que se casó. No es un disco un secreto de que “no, que vamos juntando, y que nos vemos”. Si hay una familia, la sociedad sabe que hay una familia, de forma tal que cualquier persona que tenía expectativas en esa joven, que la abandone porque se unió. Y que cualquiera que tenga expectativas en ese joven, que sueñe para otro lado porque terminó.
Usted me pregunta: “Pastor, ¿son necesarias las ceremonias de boda?”. No son absolutamente necesarias, pero es muy bueno que por lo menos un sancocho se haga, y que se anuncie: “Esa gente se casó y esa familia comenzó, y que nadie mire para allá, porque son maridos y esposas, son esposos ya”. Ante el Señor están unidos, y que nadie más aspire.
Usted me dirá: “Pastor, ¿que yo no tengo que hacer una ceremonia de boda?”. Mire, vaya a su iglesia local, que yo le aseguro que su iglesia local, aunque sea un bizcocho, le parten y que comience con una fecha de que esa familia comenzó, porque “se unirá a su mujer” y es una unión definitiva, y la sociedad es necesario que sepa que esas personas mutuamente se pertenecen, y que ahí cualquier tercero sobra.
Y es tan definitiva que se debería desalentar aun la suposición de que ese hombre o esa mujer puedan estar socialmente unidos a nadie más. Personas creyentes que viven a la luz del principio de Dios atajan este asunto y evitan, a toda costa, ser relacionados con una mujer o con un hombre que no es su esposa o su esposo. Ellos tratan de, socialmente, estar juntos.
Que no haya duda en la sociedad de que se pertenecen. Por eso el matrimonio tiene que cultivar eso, eso de verse juntos, y es muy saludable que los esposos compartan juntos y que salgan juntos y que salgan solos y que se dejen ver. Por eso el helado nunca sobra, hermano, por eso la salida nunca sobra. ¿Qué hay en eso? Bueno, en eso hay un disfrute, pero al mismo tiempo hay un testimonio que glorifica al Señor, y es que ellos mutuamente se corresponden.
Y asimismo la alerta para evitar ser relacionado con alguien más. Compañero de trabajo, por ejemplo: “No, es que almorzamos juntos”. Yo siempre les repito esto a mis hermanos: no hay que almorzar juntos todos los días, o no hay que hacerlo juntos solos; podemos salir en grupo. Luego la esposa que dice: “No, que él me da la bola siempre hacia mi casa”. Mire, una bola a la semana, en días no consecutivos y no regulares.
Pero ese ritual de que “si él me recoge en la mañana y me lleva en la tarde”, déjele eso a su esposo. “Mi esposo no tiene carro”. Váyase a pie. Ese es el asunto con los principios de Dios: que la gente siempre quiere enseñar el extremo opuesto. “Ah, pues entonces voy a llegar tarde al trabajo”. Levántese temprano. “Se unirá a su mujer” y evite a toda costa ser relacionado con esposos o esposas ajenos. Que nadie piense. Si usted se da cuenta que tiene que responder esa pregunta: “¿Ustedes son compañeros de trabajo, qué es lo que ustedes son, ustedes son esposos?”, preocúpese, que ahí hay un gran problema.
“Dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer”. Solamente, primero hermano, enséñese con su esposa; primero hermana, enséñese con su esposo. Y segundo, evite ser relacionado. “Merezco un asistente”. Esas son cosas que le dan lugar al diablo, porque hay que estar: “Ah, que ella es mi asistente y por eso ella anda conmigo siempre”. Busque un asistente varón.
Exclusividad social y emocional; amistades y límites
O haga un proceso. Son cosas. O, si usted es una hermana, empresaria, busque una asistente que sea hembra. O, si usted es un varón, un asistente masculino, que son muy buenos, déjenme decirles, y creo que están subestimados. Pero hay sabiduría en evitar, por ejemplo… Una pareja tiene rituales, rituales que son: que comemos juntos en determinados lugares, que hay horas que son para nosotros. Los compañeros de trabajo, los rituales que tienen son de 8 a 5 y en la empresa. Eso fuera no glorifica al Señor.
“Se unirá a su mujer”, en singular. Por eso quiero alentar a todas mis hermanas solteras o casadas que eviten ser relacionadas con hombres que no sean su esposo. Y a todos mis hermanos solteros o casados que eviten ser relacionados con mujeres que no sean sus esposas. “Dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer”.
Alguien me dirá: “Pastor, pero no hay nada. Mire, esa persona y yo ni siquiera la mano nos ponemos”. Es que no solamente es un asunto de lo que hay en el corazón, es del testimonio público. Yo predicaba el domingo pasado de eso: todo lo que ustedes quieran que los hombres hagan con ustedes, háganlo ustedes también con los hombres. Hay hombres que me dirán: “No, es que ella es mi amiga de toda la vida”. Yo les diré: ¿cómo usted se sentiría si su esposa cultivara una amistad del mismo tipo con su amigo de toda la vida?
El sermón del monte: “Por tanto, todo lo que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos”. A mí no me gustaría que mi esposa tenga un amigo especial, pues yo tampoco tendré una amiga especial. Y ese asunto de las amistades es un daño tremendo. Las relaciones, hermano… Mire, los matrimonios son “hasta que la muerte los separe”. Las amistades no.
Hay personas que dicen: “Es que somos amigos y demás”. Yo les diré: si no puede ser un amigo de la familia, ya no es posible una amistad. Yo no tengo… Cuando salga, nadie, si alguien no me va a recibir a Carolina, que no me reciba a mí, porque mi carné es que me uní a ella. Si alguien no recibe a su esposo, entonces no debe cultivar esa amistad. Una amistad que celebra tu proyecto de familia.
Y miren, hay amistades que uno tiene que uno se huele que no están muy de acuerdo con la esposa o con el esposo. Uno se lo huele. Y si no están dispuestos a aceptarlo sinceramente de corazón, búsquese otro juego de amistades. “Se unirá a su mujer”.
La primera unión de la que he hablado es unión social y evitar cualquier vinculación; pero también hay uniones emocionales. Miren, todo ser humano tiene unas manos que le consuelan, tiene una voz que le habla al oído y que le permite tener valentía y entereza. Y trate de que esa voz y esas manos sean la voz y la mano de su esposo y de su esposa. “Ah, que no hay ninguna infidelidad, Pastor. Lo que pasa es que ese proyecto estaba muy atareado y ella me da aliento, ella creía en mí”. Casi todas las infidelidades comienzan con que aparece alguien que creía en mí y me alentaba. “Por tanto, se unirá el hombre a su mujer solamente”.
Esas uniones emocionales. La infidelidad no es solamente un asunto sexual, la infidelidad comienza en el corazón. Cuando permites que sentimientos que florecen se le eche agüita, se les cuide, que se vayan alentando. Por eso un creyente sabio corta cualquier avistamiento de una emoción improcedente.
Nadie debería alentar tu corazón como lo hace tu esposo. Nadie debería alentar tu corazón como lo hace tu esposa. Esa exclusividad también se da en lo emocional. Algo que les aconsejo es que eviten que se cultive. Sería mucho pedir que una hermana, en algún momento, no se sienta agradada por algún hombre, ya sea porque le saque una silla, porque tenga con ella un detalle, o que sienta algo en el corazón. Eso sería mucho pedir, porque somos humanos. Lo que podemos impedir es que ese sentimiento se evoque, se anime, se repita.
Sería imposible que algún hermano, en algún momento, no se sienta agradado por alguna persona que no sea su esposa. Lo que hace el hermano, si es sabio, es que trata de no repetir la ocasión, de no alentar ese sentimiento y, sobre todo, de no evocarlo. Yo siento que estoy repitiendo, hermano, pero es que esto es vital. Yo por lo menos una vez al año tengo que volverlo a repetir.
Hay fotos que hay que borrarlas de los celulares después que uno se casa. Hay teléfonos que hay que dejarlos. Hay recuerditos, el peluchito que me regaló el noviecito que tuve en algún momento, eso no hay que estarlo guardando. “Ay, pero es que él lo regaló con tanto cariño”. Eso no procedió; no fue con ese que usted se casó. Hay una canción que usted tiene que pasarla cuando la oye, o evitarla. Hay hermanos… Evocar. El peligro está en evocar esos sentimientos.
La infidelidad no es solamente un asunto físico, también es un asunto social y un asunto emocional. Hay mujeres que nunca han puesto ni un dedo en el cuerpo de un marido que no es el de ellas, pero con el pensamiento lo han logrado y socialmente han dado a entender que pudo haber pasado. “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer”, en singular.
Unión social, legal, íntima y económica
Una vinculación social. Hermano, tengo carga por eso, de que los matrimonios de nuestra iglesia se celebren. Yo mismo tenía este dilema; yo he resuelto un día a la semana para estar… “Ah, que no, que el estudio”. Hermano, busque la manera de pasar tiempo con su esposa, de hacer espacio en su trabajo, sobre todo de hacer espacio para enseñarse socialmente con su esposo o con su esposa. Vayan a las plazas públicas y caminen agarrados de la mano. Y si usted es muy tímido, no se deja agarrar la mano, por lo menos caminen juntos. Esas cosas glorifican al Señor.
Les he hablado también de vinculaciones emocionales. También en lo legal. Uno está tan distorsionado en este asunto que hay que mencionar el tema. Un creyente no solamente se enamora y se muda. Un creyente se casa formalmente, y de eso no se avergüenza.
Particularmente, y he visto casos, yo no conozco ninguna razón honrosa para que dos personas que se casaron permanezcan legalmente sueltas. Yo no he encontrado una razón honrosa; todas esas razones son razones vergonzosas. Algunos lo han hecho porque no están seguros. Eso no es algo que glorifica al Señor, eso trae vergüenza. Otros lo han hecho por asuntos, truculencias legales, de unos papeles que le llegan, o cuando llegan. Eso no glorifica al Señor.
Si usted se va a casar, únase, aunque sacrifiquen cualquier oportunidad de “dejar algo” por lo que usted no ha conocido. No hay razón alguna. Primero sorpréndanse: ha habido momentos de la historia donde los magistrados civiles no quieren dar a los cristianos un certificado de unión matrimonial, pero en este momento tenemos la libertad de hacerlo, y el Señor en eso nos lo ha permitido.
Por eso, todo creyente, cuando se enamora y quiere establecer un proyecto de familia, va y se casa, y en eso ese matrimonio no tiene vergüenza. Lo otro son cosas que, dice la Escritura, ni aun se nombran entre vosotros. Qué feo. Eso se llama vivir amancebado, vivir en concubinato. No son la esposa, sino… A veces, en mi experiencia pastoral, esos matrimonios tienen una vinculación tan débil que en cualquier momento la gente se suelta, y ya como que nada ha pasado, como que no estuvieron viviendo juntos. Un creyente no vive “junto”. Un creyente tiene una esposa o un esposo.
Hay una unión social, una unión emocional, una unión legal y también una unión íntima. Que me gustaría quitarle el prejuicio a eso, porque los cristianos hablamos abiertamente de la intimidad matrimonial. Dice la Escritura que honroso es el lecho, es la cama sin mancilla. Eso no da vergüenza. La sexualidad entre las familias cristianas es algo que se aúpa, es algo que se celebra. Los creyentes no hablamos de estos temas como un tema tabú, como un tema deshonroso. Dios ha diseñado la sexualidad, por eso animamos a que las familias vivan vidas de intimidad y que en esto se glorifique al Señor.
Pero usted se une íntimamente a su mujer y a su marido. Un creyente evita unirse íntimamente a cualquier persona con la cual no haya un pacto matrimonial. Y les digo, hermanos, que a la luz de la Palabra del Señor es la única manera de disfrutar la sexualidad, a un punto tal que aquellos que han vivido vidas promiscuas, uniéndose mujeres a más de un hombre u hombres a más de una mujer, tienen muchas dificultades para eventualmente disfrutar la plenitud de la sexualidad.
La sexualidad está diseñada por Dios para ser vivida intensamente dentro de uniones permanentes, uniones donde no hay vergüenza, uniones donde no hay temor. Por eso dice la Escritura, después, en el versículo 25: “Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban”. Una de las cosas que más ha dañado la intimidad familiar es la vergüenza. ¿Cómo usted disfruta esa intimidad cuando usted piensa que ese instrumento ha sido utilizado con otra mujer, que no ha sido usted con otro marido que no ha sido usted? Esos temores, esas vergüenzas, esos rechazos, a veces traen mucho daño a la intimidad familiar.
Por eso hay una unión social, emocional, legal, íntima. Una unión económica. Entre las familias, a la luz de la Palabra del Señor, no hay dos presupuestos, no hay dos ingresos. Hay un jarrito, hay una bolsa donde está el ingreso que el Señor le ha dado a esa familia. “Mira, que ella va a pagar la casa y yo voy a pagar los servicios”. No: “esta familia”, la familia va a pagar la casa y va a pagar los servicios. “No, que ella, con su trabajo, va a hacer tal cosa porque ella gana más que yo”. No: es que esta familia… Si hay dos salarios de cinco, esa familia tiene un salario de diez. Y si hay dos salarios de diez, esa familia tiene un gran salario de veinte.
Si usted en lo legal está unido, si usted en lo íntimo está unido, si usted en lo social está unido, en lo económico únase. Eviten tener esas fronteras y esas competencias, sobre todo, de “a ver quién gana más o quién gana menos”. Ninguno de los dos: somos una misma carne. Dice el Señor: “Esta carne”, el Señor le ha dado unos mismos ingresos.
Paso a la última parte, hermano, pero no puedo dejar de mencionar esta. Ahora mismo se dice que los hijos no son razones para permanecer en unión familiar. Sí, los hijos vinculan, y vinculan mucho, y es muy bueno. Los hijos atienden con desconocidos. Los hijos atienden en contexto. En la familia, en el contexto de la familia, los hijos tienen un mucho mejor desarrollo y una mucha más bendición.
Me dirá: “Pastor, yo no tuve esa oportunidad”. Pídale al Señor que le ayude. Pero en el diseño de Dios, los hijos se tienen en el contexto familiar, y los hijos son una razón para vincularse. Mientras más yo ame a los hijos que el Señor me dé, más amaré la esposa que el Señor me dio para procrear esos hijos.
Mientras más usted ame sus hijos, más amará el esposo que el Señor le dio para procrear esos hijos. Es más, qué gloriosos son una oportunidad de amarse los esposos entre ellos, innecesariamente dirigirse el amor los unos a los otros. Y los hijos unen.
La gente me dirá por eso, hermanos… Históricamente, solamente en los últimos tiempos esto ha sucedido, pero históricamente, cuando personas engendraban, lo que tocaba era casarse, porque se entendía que el vínculo que daban los hijos era un asunto muy fuerte, y lo es así. Usted no puede sacar de su vida a una persona con la cual usted procreó. No hay manera alguna. Pueden vivir en países distintos, pueden estar en ciudades distintas; los hijos vinculan.
Y es la voluntad del Señor que sea así, porque los hijos necesitan proyectos familiares que permanezcan. Quiere el Señor darle a tu familia hijos. Quiere el Señor darle a tu familia un presupuesto juntos. Quiere el Señor darle sus propias dinámicas familiares. Quiere el Señor darle sus propias decisiones. Quiere el Señor darle su propio espacio físico. Quiere el Señor evitar el abuso en todas estas cosas.
Como son los planos de Dios, les he dado dos de los pilares: lo primero, “dejará el hombre a su padre y a su madre”. Recuerden que hablé de una frontera, no de una barrera. No es impedir entrar, es delimitar. Segunda cosa: “se unirá a su mujer”. Y en eso lo único que puedo decirles es: “solamente”. A ninguna otra, ni socialmente, ni emocionalmente, ni íntimamente, ni legalmente. Un creyente se une, y se une bien. Y si alguno de esos puntos de unión no está fuerte, entonces lo que hace, como cuando a ustedes se les sueltan los zapatos…
Yo no he sabido de nadie que se le sueltan los zapatos y bote los zapatos y se quede descalzo. Si se le suelta un nudo, amárreselo. El tema: “Pastor, en este momento socialmente no estamos tan vinculados, ella está por una parte, yo por otra”. Órele al Señor, dependan, cultiven eso, la unión social intencionalmente. “Pastor, no estamos de acuerdo ahora mismo, ella está por una parte, yo por otro lado”. Pídale al Señor que le dé armonía a su proyecto familiar. Pero cuando los zapatos se sueltan, usted no los bota, usted los amarra, y se los amarra bien. Que el Señor permita que los vínculos de unión de las familias relacionadas con nuestra iglesia sean vínculos fuertes.
El tercer principio: serán una sola carne
Termino con la tercera parte del diseño de Dios para la familia. Primero: “dejará el hombre a su padre y a su madre”. Segundo: “se unirá a su mujer”. Lo tercero: “serán una sola carne”. Y lo que me permito decirles ahí: y eso está en los libros de Dios. Por eso dice la Escritura que lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre, porque tampoco puede hacerlo. Se puede desvincularse, pero ante Dios el Señor les verá como uno solo.
Por eso aquella mujer que encontró al Señor le preguntó: “¿Y tu marido, dónde está?”, y el Señor le responde: “Anda buscando junto”. Dios los considera uno. Es un asunto primero de convicción y de una realidad. Tanto Dios… Y usted me dirá: “Pastor, porque somos matrimonio nuevo. Nosotros tenemos solamente un mes”. Miren, puede ser que tengan horas, puede ser que tengan minutos, pero en el momento que ese matrimonio fue consumado, en el cielo, si Dios tuviera… En los libros de Dios hay un acta de matrimonio que dice: “Eso ha sido unido de manera irrevocable, y ante mí está ese testimonio”.
Y la gente habla de eso con tanta ligereza. Yo les diré: así mismo… Tan otro es el testimonio de salvación. Yo les diré: ¿quién tiene aquí un acta de nacimiento espiritual que diga: “Yo soy de Dios”? Yo lo sé por convicción. Y asimismo yo sé que mi esposa me corresponde, que yo le correspondo a ella, por un asunto de convicción, porque ante Dios el Señor nos ve como uno, a pesar de que somos matrimonio nuevo.
Aun en las crisis matrimoniales más agudas. Por eso, hermanos, una de las salidas que el Señor les ha dado a las crisis familiares es la convicción. Miren, podemos estar tan lejanos como el oriente del occidente, pero si en nuestra convicción permanece que ante el Señor somos uno, tarde o temprano tendremos que reencontrarnos. Aun en las crisis familiares más agudas, un creyente, una creyente, sigue entendiendo que lo que Dios unió, que no lo separe el hombre.
Me dirá alguien: “Pastor, nosotros… ¿Sabe usted? Nosotros estamos aquí, pero nosotros no somos cristianos”. ¿Y quién le ha dicho a usted que eso se trata de ser cristiano? ¿Usted cree que la familia la hizo Dios para los cristianos? La familia la hizo Dios para todos los hombres. Y Dios, usted sea cristiano o no sea cristiano, él le sigue considerando como uno. La gente piensa como que, por no adorar a Dios, está como en un planeta diferente. Usted está dentro de la creación de Dios, y Dios es soberano de su creación. Y Dios, que es soberano de su creación, ha determinado que cuando sus criaturas se corresponden al matrimonio, que ese asunto permanezca. “Ay, Pastor, pero yo no soy cristiano”. No es un asunto de tus convicciones, es un asunto de tu realidad. Dios te hizo, y tú te debes a tu Creador. Y el Creador que te hizo…
Ya él te considera uno solo. Quiere el Señor poner eventualmente convicción, quiere el Señor que eventualmente tú entiendas ese tema perfectamente. Pero mientras tanto, entiende que el Dios que te creó ahora te ve como una sola unidad. Y a pesar de lo que diga la cultura, a pesar de lo que diga la amiga o el amigo tuyo, o a pesar de lo que diga el consejero matrimonial…
“Ah, sí, Pastor, le tengo una amiga muy querida que yo consulto siempre. Ella me dice que si no nos estamos llevando bien, que no dejemos, que nos estamos haciendo daño nosotros”. Esa es la excusa de siempre. Y el consejero te ha dicho lo que tú quieres escuchar. Pregunta por el consejo de Dios. El consejo de Dios te dirá que el matrimonio permanece para siempre.
Es más, hay gente que ya sabe a dónde pedir el consejo, y hacen un “preconsejo”: “¿Qué piensa ese terapeuta acerca del divorcio? Porque, ¿sabes?, yo me quiero divorciar y quiero un consejo”. Eso no es un consejo. No es lo que piensa el terapeuta, no lo que piensan tus padres, no lo que piensan tus hermanos, no lo que piensa tu mejor amiga o tu mejor amigo. Es lo que dice Dios, y lo que Dios dice es que ese matrimonio permanece, que tiene esa vocación de permanencia.
Por eso quiero alentar que, si Dios les considera uno, nosotros vivamos a la luz de esa misma realidad. Nosotros debemos hacer lo mismo. Y es el llamado que hago como pastor a todos los miembros de iglesia: alentar todos los matrimonios que tengamos cerca, sin importar los despropósitos que ese matrimonio tenga ahora mismo. Entienda que el Señor los ve uno, y usted véalos del mismo modo.
Para hacerlo, haga una cosa práctica. Nosotros podemos vivir como creyentes a la luz de esta realidad, de que Dios los fundió en un solo ser. Algunos traductores utilizan esa expresión, dicen: “Y se fundirán en un solo ser”. Como usted toma agua y la usa con otro saco, lo mueve. Ahora, saque a ver cuál es de uno y cuál es del otro. No hay manera de hacerlo. Se funden en un solo ser, y eso tanto el Señor.
Y si Dios lo ve así, yo tengo que hacer esfuerzo para verlo, y a veces se requiere esfuerzo. A veces usted tiene amigos que están en crisis familiar, y lo más cómodo sería considerarlos sueltos, porque ya viven sueltos; ya que no salen juntos, ya no se llevan bien. Entonces, ya yo voy a entender que él es amigo mío y ella es amiga mía. No. Usted entiende que eso es una familia que la ha constituido Dios, y esa familia permanece, y hace el esfuerzo para verles como uno.
Apoyo a matrimonios, evitar ser punto de quiebre
Recomendaciones prácticas. Si usted tiene un matrimonio cerca, cultive pronto una relación con la parte nueva. “Amigo mío, te casaste, ¿y dónde está tu esposa? Yo quiero conocerla. Vengan a mi casa”. Si no hacen nada, porque no todo tiene que invitarle a cenar, invíteles a beber un café. Miren, el café, con permiso de los que no toman café, o el té. Esas bebidas… Eso es un lenguaje universal de manifestar afecto. Cuando les invitan a beber un café contigo… “Yo te estoy invitando”. “Yo no bebo café”. Ven a tomarte un té conmigo. “Pasa por mi casa y bebe, vamos, aunque sea un vaso de agua”. Usted está tratando de alentar. Y haga con la pareja que usted no conoce.
“Mi amiga, te casaste, pero no conozco todavía a tu marido, no conozco tu esposo. Vengan a mi casa, que queremos conocerles”. Algo que he estado desalentando, hermanos, y se lo repito, desalentando totalmente, son las relaciones de amistad que son de una sola parte. Si una persona no celebra tu familia, ten cuidado con eso, porque está celebrándote a ti solamente. “Ay, que ella, mi amiga, dice que ella no tolera a mi marido, que ella no se lleva bien con él”. Bueno, amiga, el tema es que ya cuando tú le amas a él, tú me amas a mí, porque somos uno.
Es como la gente me habla de la Iglesia de Cristo, me dice: “Yo amo a Cristo, pero no su iglesia”. Si la iglesia es la esposa de Cristo, ¿cómo usted puede amar a Cristo y no amar a su esposa? No hay manera de hacerlo.
Con esto les digo, hermanos, que tenemos que cultivar esto: buscar amistades de familia. Sobre todo, hay atenciones que se tienen. Por ejemplo, lo mínimo que usted debe mandarle a ese esposo o esposa de su amigo o de su amiga que usted no conoce es un saludo. Lo mínimo. Y asegurarse de que el saludo llegó, decirle: “Mira, dale un saludo de mi parte y asegúrate de que ese saludo llegue”. Y eventualmente, cuando usted le conozca: “¿Te habían estado llegando mis saludos?”. Con esto usted está manifestando que le interesa esa familia en pleno, y no solamente sus partes. Que le interesa ese proyecto familiar y que usted lo considera de la misma manera que lo considera Dios: como una sola carne.
A veces puede tener un presente. Mire, hay gente que usted no conoce a la que le puede mandar media mano de plátano sin problema. “No, que nunca nos hemos visto, pero mira, yo te voy a encarecer que me entregues esa media mano de plátano”. Con esto usted está diciendo: “A mí me interesa la unión de ustedes, me interesa su vinculación familiar y los considero como uno”.
Animo a mis hermanos a ser puntos de apoyo para los matrimonios, no puntos de quiebre. Cuando alguien está en una crisis familiar, siempre busca refugio, siempre busca a alguien que acompañe. Tristemente, en un asunto maldito que a veces llegan a lugares donde le dan la estocada final a ese matrimonio.
Esa hermana está descorazonada en su asunto familiar, y llega donde amigas no creyentes, y cuando llega allá, lo primero que le dicen es: “Eh, yo te lo dije, que ese hombre no servía. Yo te lo dije, que ese no era el marido tuyo. Te dije que el tuyo era fulano y no ese”. Y a una gente en medio de una crisis familiar, a veces, al matrimonio, le dan la estocada, la estocada final se la dan ahí, ese comentario.
A veces lo dan los padres. Los padres lo que hacen es que arrullan a su hijo: “Sí, mi hijo, yo sé que esa mujer no te ama como te amo yo”. Padre, “Dejará el hombre a su padre y a su madre”. Usted lo dejaron, entienda, quédese allá. Digo esto con prudencia: hay momentos donde es sabio acoger a un miembro de un matrimonio. Asuntos donde ha habido crisis grave, asuntos donde ha habido un hábito de violencia o algo parecido. Es sabio. Pero si no es el caso, si lo que hay es que “estamos guapos” y que no queremos estar juntos, que usted con sabiduría se convierta en un punto de apoyo, no en un punto de quiebre.
Que cuando el miembro de esa familia que llegó a la suya salga de ahí, en vez de salir descorazonado, en vez de salir ahí envalentonado para buscar un abogado, salga de ahí envalentonado para depender del Señor y buscar el plan del Señor para esa familia. Quiere el Señor que nuestras familias sean lugares de apoyo para otras familias y no lugares de quiebre.
Cosa que yo, leyendo… Es que si usted tiene alguien cerca… Mire, la familia se va erosionando cuando alguien comienza a compensar fuera lo que no tiene ahora mismo en su casa. Usted quizá es el empleador de un empleado del que se da cuenta que innecesariamente se está quedando hasta las nueve. Usted podría decir: “Qué buen empleado tengo”, o usted puede decir: “Este hombre tiene en su casa una mujer y unos hijos”.
Si usted es el empleador y tiene un empleado que consistentemente está llegando a su casa cuando sus hijos están durmiendo, un empleador cristiano le dice: “Amigo empleado, me gustaría que trates de irte a las cinco para que compartas con tu familia”. “Ah, que mi familia está en crisis, que en mi familia no soy invitado”. Haga un esfuerzo, dependa del Señor. Pero ya que el vínculo emocional no está, trate de no destruir el vínculo físico.
Si usted es una hermana que tiene una amiga que está refugiándose en su casa, que está yendo donde usted a buscar aliento, a buscar apoyo, que dice que no quiere estar en casa de su marido, que quiere estar contigo, te animo a que tú le digas: “Amiga, ve a tu casa, permanece con tu esposo, aunque sea físicamente”. “Pero no hablamos, solamente nos sentamos en la mesa como si fuéramos dos desconocidos”. El poner los dos las piernas bajo una mesa y tener por lo menos un plato en común, ahí hay una vinculación. Y quiere el Señor utilizar alguna vinculación de ese tipo para fortalecer las demás.
Si alguien ha estado pasando tiempo en tu casa innecesariamente, fuera de su familia, con prudencia mándelo a que comparta con los suyos. “Ve allá, en tu casa, que te alienten en tu casa, que te animen”.
Mire, los proyectos familiares hay que luchar por ellos. Esto no es un asunto desechable. Envíelo. En mi conclusión: “dejará el hombre a su padre y a su madre”, primera cosa. “Se unirá a su mujer” definitivamente, exclusivamente, permanentemente. Después: “serán una sola carne”. Y si Dios los considera así, considerémoslos nosotros también.
Alguien me dirá: “Pastor, yo no tengo… Yo soy viuda, ya yo no tengo un esposo, y mis hijos no están conmigo”. El que el Señor no le ha dado en este momento una familia física, le ha dado una familia espiritual. Tú tienes una iglesia. Alguien me dirá: “Pastor, yo soy un hombre soltero, todavía no me he casado”. Dice la Escritura que los solteros tienen una bendición y es que están totalmente disponibles para servir al Señor.
“Pastor, no tuve información a tiempo, fracasé en mi proyecto familiar”. ¿Qué hace una persona que ha tenido este caso? Primero, reconoce ante el Señor que pudiste haberte comportado de manera diferente. Y después, cuando tengas la oportunidad, no enseñas tu caso como un paradigma, sino que sigues enseñando el consejo de Dios que permanece para siempre. Por eso un cristiano, aun en crisis familiar, aun después de una separación, que será el caso más triste, aun así sigue diciendo: “Sea Dios veraz y todo hombre mentiroso”.
Oro al Señor por las familias que están aquí congregadas, para que el Señor les bendiga con unidad, para que el Señor les bendiga con convicción y, sobre todo, que el Señor les bendiga con paz y también con patrimonio.
Oración final por familias, jóvenes y llamados a la fe
Oro para que todos sean bendecidos. Cierren sus ojos un momento.
Te honramos a ti, Dios, nuestro diseñador de la familia. Reconocemos que este es un proyecto tuyo en el cual nosotros participamos, reconocemos que cuando lo hacemos a la manera tuya nos va bien. Te pido, Señor, por cada familia que está congregada. Comienzo pidiéndote por los jóvenes, jovencitos que están aquí congregados, que todavía no han tenido la oportunidad de entrar a un proyecto de familia. Comienza a alentar esperanza en su corazón.
Enséñales que tú puedes permitir que los jóvenes que están aquí hallen esposa y que las jóvenes que están aquí tengan marido, y que esto lo anhelen, Señor, más que como una expectativa carnal, como una expectativa de glorificarte a ti por medio de un proyecto de familia. Bendice los jóvenes aquí presentes, Señor, con expectativa, con anhelo, con valor, Señor, para comenzar desde cero un proyecto en el cual pueden contar con tu ayuda.
Te pido asimismo, Padre, por los matrimonios nuevos que están aquí presentes. Mira aquellos matrimonios que acaban de comenzar, los que tienen pocos años. Señor, trae tu aliento en este momento especial de su matrimonio. Permite, Padre, que esos que antes estaban sueltos y que ahora por convicción están juntos, también aprendan a estar juntos. Lleva armonía, lleva, Señor, consolidación a esos proyectos. Lleva hijos, Señor, lleva presupuesto para las familias. Lleva espacio físico donde puedan disponer cada uno de su propia casa.
Sobre todo, Señor, lleva familias que te pongan a ti al centro, dándoles, Señor, la bendición de que familias nuevas, temprano en su proyecto, te incluyan a ti; que el próximo domingo estén aquí congregadas en tu casa como familia. Mira aquellos padres que están aquí, Señor, que tienen hijos en edades casaderas. Dale convicción, Señor, de que a sus hijos tú también puedes darles casa, puedes darles familia, y ayúdales a ellos a transicionar.
Permite que los padres que están aquí, que tienen hijos que pronto se casarán, comiencen a tener paz respecto de eso, que comiencen a desear, Señor, alentar una familia nueva, a bendecir en oración una familia nueva y hasta materialmente, hasta donde esté a su alcance. Haz, Señor, padres desprendidos. Sobre todo, Señor, lo emocional: que suelten a sus hijos para que sus hijos comiencen bien.
Quita las zancadillas familiares, quita los comentarios que destruyen, quita el chisme y la murmuración. Te pido, Padre, por aquellos que están aquí, que ya han casado, Señor, y que comienzan ahora a envejecer juntos. Permítenos llegar juntos hasta el final. Da bendición a las parejas que tengo aquí congregadas, Señor, de que puedan imaginarse envejeciendo juntos, uno al lado del otro, Señor, en dos mecedoras, tomados de la mano.
Cómo no pedirte, Padre, por las familias que están en crisis. Mira los esposos que tengo aquí presentes, que tienen sus esposas lejos por cualquier razón. Dales, sobre todo, valentía, Señor, dales aliento, dales motivación para sacar de abajo. Permite que, sobre todo, los hombres, Señor, tomen el liderazgo de la reconciliación. Que los matrimonios que han estado fríos, Señor, que han estado distantes, que ya han llegado, Señor, sus expedientes hasta los abogados de esta tierra, permite, Señor, que encuentren hoy el aliento de luchar por su proyecto familiar, sobre todo para glorificarte a ti por medio de su familia.
Bendice, Padre, las familias que están en crisis con estabilidad, comunión, vinculación.
Mantengan sus ojos ahí cerrados. El propósito más alto que tiene la familia cristiana con su permanencia, hasta con sus propias crisis, es que anuncia de manera hermosa la relación de Cristo con su iglesia. El mayor testimonio que da la familia cristiana es que aun en crisis permanece, y asimismo nuestra relación con Dios: aun en los momentos más bajos, aun así permanecemos, porque el Señor no desecha a sus hijos cuando sus hijos están en crisis.
Si tú has escuchado el consejo de Dios para la familia, cómo no decirte que puedes tener el bendito privilegio de ser parte de la primera institución que Dios creó, que es la familia, y también de la segunda, que es la iglesia. Una fortalece la otra, una da testimonio de la otra. Si es que hay personas que todavía no conocen a Cristo…
El cambio más trascendental que puede experimentar una familia humana es cuando los miembros de esa familia son llenados de la presencia de Dios, cuando son cambiados de adentro hacia afuera, cuando es el Espíritu Santo quien les une. Si tú has escuchado hoy el consejo respecto de la familia y esto te ha interesado, si esto te ha parecido que tiene coherencia, como es la mente de Dios, una mente perfecta, es que el Espíritu Santo te ha estado ayudando.
Dice la Escritura:
A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron; mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.
— Juan 1:11-12
Si tú todavía no te consideras hijo de Dios y solamente criatura suya, yo te invito a que hoy recibas a Cristo, confieses tus pecados y te dispongas de aquí en adelante a vivir una vida agradable al Señor. No hay una plantilla para hacerlo, pero puedes decirle ahí al Señor, con tus palabras y en oración: “Señor, te pido que perdones mis pecados, que me aceptes como hijo tuyo, que escribas mi nombre en el libro de la vida. A partir de este domingo de noviembre, yo resuelvo hacer en mi vida lo que sea tu perfecta voluntad”.
Pídele ahí al Señor en oración que te ayude, porque en tus propias fuerzas tú no puedes ser un cristiano. Por tus propios medios tú puedes hacer lo que conviene, pero ayudado por el Señor todas las cosas son posibles. Si tú has hecho esta oración con fe, confía en la promesa del Señor, que dice que todo lo que el Padre le ha dado vendrá a él, y al que viene a él, él no le echa fuera.
Confía en la promesa del Señor. Oro ahora por esta congregación.
Gracias, Padre, por este día de familia, gracias por esta oportunidad que nos das de entrar en contacto con la perfección de tu pensamiento. Bendice cada persona que está aquí congregada, Señor. Desde ahora te pedimos por nuestro próximo culto dominical, el próximo domingo. Señor, permite que los que estaban aquí visitando, que vengan el próximo domingo también a congregarse. Trae un ánimo especial, Señor, por incluir la adoración a tu nombre, la instrucción de tu Palabra en los proyectos familiares.
Gracias por este tiempo.
En el nombre de Jesucristo.
Amén.