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La regla de oro

Mateo 7:1-12

Jesús resume la enseñanza del Sermón del Monte en la regla de oro: hacer por los demás lo que quisiéramos que ellos hicieran por nosotros, como expresión concreta de una relación genuina con Dios.

Predicado15 de noviembre de 2015
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Con la ayuda del Señor ya hemos podido exponer hasta Mateo, capítulo 7 y versículo 11. Ya lo que nos resta, en la última parte del Sermón del Monte, es este único versículo que es el versículo 12, que corresponde a la sección anterior. Lo último que estuve exponiendo, esto fue el mes pasado, fueron las instrucciones del Señor respecto de la oración. Acompáñenme a Mateo capítulo 7 para que podamos hacer memoria y recordar dónde estamos. Les invito a que se pongan sobre sus pies un momento, leamos desde el versículo 1 y hasta el versículo que nos corresponde hoy, que es el versículo 12. Esto nos servirá para recordar lo que el Señor había estado exponiendo y que podamos, con su ayuda, cerrar esta sección.

Mateo capítulo 7, leemos desde el versículo 1 esta porción del Sermón del Monte. Dice así la palabra del Señor, dice el Señor:

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis seréis juzgados, y con la medida con que medís os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.

No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?

Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.

— Mateo 7:1-12

Pueden, hermanos, ocupar sus asientos. Dice en nuestra introducción que en esta sección del Sermón del Monte, que es el capítulo 7, el Señor ha estado enseñando principalmente sobre el cristiano y sus relaciones. Primero se refirió a nuestra actitud ante el pecado de nuestros hermanos, los versículos del 1 al 5. Después, a nuestra actitud ante los incrédulos que rechazan el mensaje, este es el versículo 6; y luego, a nuestra relación con Dios en la oración, los versículos del 7 al 11. Después de hablar sobre la oración, concluye con nuestra relación con todos los hombres, y esto es lo que se conoce como la regla de oro: “Todo lo que queráis que los hombres hagan con vosotros, hacedlo vosotros también con ellos”.

A diferencia de los paganos que adoraban a falsos dioses distantes, que poco tenían que ver con las relaciones de los hombres, y a diferencia de los maestros judíos, cuya actitud ante los que no eran como ellos se limitaba al distanciamiento, Cristo nos recuerda que el propósito de todo el Antiguo Testamento es llevarnos a una relación con Dios que se evidencia principalmente en una disposición a actuar a favor de todos los hombres. Así como con la oración él nos acerca al Padre, al mismo tiempo espera que nuestros actos benevolentes nos vinculen a todos los hombres. Este versículo se conoce así, se le llama la regla de oro, y debe ser paradigma de todos los cristianos con relación a sus relaciones interpersonales.

Es una expresión corta, un versículo muy conciso, pero depende de todo lo que el Señor había estado enseñando en el Sermón del Monte. Me gustaría, en primer lugar, mostrar qué relación guarda este texto, que no debe ser tomado de manera aislada, con todo el Sermón del Monte, y después considerar con ustedes el texto en sí mismo. Pero esta expresión que comienza diciendo “así que” vincula ese versículo con lo que él había estado diciendo. Y parece raro, hermano, pero quisiera, en primer lugar, exponer el “así que”: por qué “así que”.

Los creyentes no debemos hacer la mala costumbre de tomar las expresiones del Señor, como se toman las expresiones de un poeta, que se cuelan por las redes sociales como estribillos, aforismos, expresiones cortas y concisas que tratan de decir algo. Tenemos que ver cada palabra dicha por el Señor en el momento, en el contexto en que el Señor la dijo. Antes de invitarnos a que hagamos por los otros lo que esperamos que los otros hagan con nosotros, el Señor había estado enseñando muchas cosas.

El “así que”: la regla de oro conectada con la oración y las relaciones

Con nosotros el Señor había estado enseñando acerca de la oración. Había estado enseñando acerca de diferentes relaciones, por ejemplo, cómo deberíamos proceder con aquellos que nos rechazan, es cuando dice que no echemos lo santo a los cerdos. También el Señor había estado enseñando acerca de nuestras relaciones con otros hermanos que caen, cómo actuar cuando vemos el pecado en la vida ajena. Y después de cubrir todo esto, entonces habla acerca de la oración; y después que habla sobre la oración, nos recuerda: “Así que todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos”.

Me gustaría, en primer lugar, considerar el “así que”, y le diré que el Señor está buscando prevenirnos del abuso. Es algo que tengo que exponerlo con preocupación, porque veo cómo se levanta la efervescencia cuando se leen versículos como “no deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos”. Todo el mundo dice que sí, es verdad, no se la demos, no se la demos. Y si lo dejáramos ahí solamente, podríamos crear un perfil de creyente indiferente, soberbio y que no tiene relación con los hombres, como de hecho está pasando.

Un mal de la iglesia contemporánea es que los creyentes, cuando llegan a pensar que han madurado, entonces se distancian de sus relaciones y piensan que, ya que tienen paz con Dios, entonces no hace falta buscar enmendar sus relaciones con los hombres. El Señor les dice: el Padre puede recibir la oración, pero espera que al mismo tiempo ustedes se relacionen con personas que no son necesariamente como ustedes. Quiero hablar acerca de la indiferencia, quiero hablar acerca de la soberbia y quiero hablar acerca de esta actitud de considerar solamente nuestra relación vertical con Dios y no nuestra relación horizontal con los hombres. El Señor nos está previniendo.

La indiferencia tiene que ver con nuestros hermanos. Es aquel creyente que dice: todo el mundo que tenga su relación con Dios como le parezca, que yo también tendré la mía, y cometemos todos con Dios y no nos consideramos tanto para conectarnos entre nosotros. El Señor está diciendo: si ustedes serán recibidos en oración, al mismo tiempo tienen que tratar de tener buenas acciones entre ustedes mismos y pasar de la indiferencia a la sincera preocupación. Es interesante que esta expresión del Señor no es absolutamente original en Cristo.

La diferencia entre la ética pagana y la ética positiva de Jesús

Los filósofos griegos decían algo parecido, y esa teoría de los filósofos griegos, al mismo tiempo, llegó a los maestros judíos, que decían ellos lo que es el paradigma de vida de muchas personas en este tiempo: “Yo no le hago mal a nadie”. Yo hablo con dos personas y dicen: “Mira, yo trato de no hacerle daño a nadie, esa es mi filosofía de vida”. Sin embargo, lo que al final está diciendo Jesús es todavía más radical. Él no solamente te dice, no te está diciendo como te decían los maestros judíos y los maestros griegos: “No le hagas mal a nadie”. Él te está diciendo: háganle tanto bien a tantas personas como les sea posible. El Señor no enseña el mandamiento de forma negativa, sino de manera positiva.

Él dice que no basta con evitar la maldad, que es necesario cosechar la virtud; que no basta con quedarse en la indiferencia de “yo no le hago nada mal a nadie”, sino que hace falta buscar activamente el bienestar de todos los hombres. Está buscando el Señor, en primer lugar, quizás evitar que estos mandamientos trascendentales que ha hablado de las relaciones no se abuse de ellos y terminemos con la indiferencia. Pero hay algo también que me gustaría tratar con ustedes: es acerca de la soberbia, principalmente ante los inconversos.

Te pregunto, querido hermano: ¿qué actitud tienes tú ante aquellos que no han creído? Quizás la actitud que tienes es la actitud que tenían los fariseos. Los fariseos tenían el aislamiento. Ellos decían: no nos juntemos con los inconversos, no nos juntemos con los que no son tan santos como nosotros para que no nos contaminen. El Señor les está diciendo: procuren su bienestar con tantas acciones como les haga falta. Quizás la actitud que tienes es la actitud de la exclusividad, y es aquella persona que va a tener el trato mínimo necesario, pero quiere cultivar solamente su relación con Dios, y si pudiera vivir en un monasterio, lo haría.

Todos aquellos que quisieran vivir en “Villa Bendición”, en un lugar donde solamente haya cristianos, donde el vecino sea cristiano, donde el colmadero sea cristiano, donde el empleador también lo sea, y que lo único que se oiga es decir “gloria al Señor”. La realidad, hermano, es que cuando el Señor nos alcanza con su amor y nos permite ser hijos suyos, él no nos saca del mundo, sino que nos deja ahí. Y él espera que vivamos en el mundo de una manera tal que le glorifiquemos a él. La voluntad del Señor para su pueblo no es que cultivemos tanto la oración que no queramos descender del monte, sino que la voluntad del Señor para su pueblo es que, después de permanecer ante el Señor en oración, vayamos a considerar cómo está nuestra relación con los hombres.

Contra el aislamiento espiritual y el escapismo religioso

Quizás sería maravilloso dejarlo ahí solamente en “pedid y se os dará”, pero después de “pedid y se os dará” el Señor dice: vayan ahora ustedes y procuren el bienestar de la gente. Quizás quiere prevenir nuestro Señor no solamente la indiferencia ante nuestros hermanos o la soberbia expresada en aislamiento, en exclusividad. A veces hay en esto un elitismo que es innecesario y hasta imprudente. Y es aquel que dice: es verdad lo que dice la Escritura, que tenemos que tener cierta preferencia hacia los hermanos de la fe, pero no a un punto tal de que los hermanos de la fe reemplacen todas nuestras demás relaciones.

Dice la Escritura que tenemos que tener cierto deseo de buscarnos los unos a los otros. Sin embargo, hermano, el Señor espera que usted siga compartiendo con sus vecinos no creyentes, con sus familiares no creyentes, con sus compañeros de trabajo también. Y ese aislamiento es un asunto peligroso. Digo esto con cuidado, pero una marca casi generalizada entre las sectas falsas es que reemplazan las relaciones de la gente. Con dos personas llegas a la secta, entonces ya no tienes familia, ya no tienes otros amigos y estás totalmente desconectado. Eso es peligroso. El Señor no quiere aislarte de tus relaciones. El Señor quiere que cultives una relación con el Padre en la oración, pero al mismo tiempo que desciendas a tener una buena relación con los hombres, hasta donde te sea posible.

Y es triste esto, hermano, quizá no deberíamos mencionarlo, pero sucede. Es aquel escapismo que manifiestan algunos cuando vienen a Cristo y que les lleva a evadir su realidad. Las personas que piensan que ya que están en Cristo, ya que tienen una iglesia, entonces no hay problemas. Que ya que están en Cristo, entonces no hace falta remediar otras cosas. El Señor espera que cuando vengas y estés ahora en una nueva relación con el Padre, esto se manifieste en una nueva versión de ti mismo para relacionarte con los hombres. Y en vez de escapar a tus realidades, lo que hace el cristianismo es que te envía directamente hacia ellas.

Recuerdo que el Señor, del cual ya he predicado aquí, que vino después de haber sido sanado por el Señor, el endemoniado gadareno, y él le dijo: “Señor, yo te seguiré a cualquier parte”. El Señor dijo: “Ve a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido misericordia de ti”.

Cristianismo vs espiritismo: Dios obra mediante medios humanos

Hermano querido, la voluntad del Señor no es conectarte con tu iglesia a un punto tal de que te desconectes de tu realidad y la evadas. La voluntad del Señor es conectarte con el Padre para que, a través de esta nueva relación con el Padre, entonces vayas a lidiar con tus situaciones en el matrimonio, con los hijos, con los padres y en la familia. No es reemplazar unas relaciones por otras; es cultivar una relación con Dios para, al mismo tiempo, mejorar la relación con los hombres. Dice el Señor que ese es el cumplimiento de la ley y los profetas.

Esta prevención, hermano, les ha hablado acerca de la indiferencia ante el hermano caído, de la soberbia ante los inconversos, pero hay un asunto aquí también que tengo que mencionar, y es que esos son aquellos que entienden que el cristianismo es un tipo elaborado de espiritismo. El espiritista es una persona que espera que Dios intervenga más allá de su creación, que entiende que tiene una relación con Dios tan especial que lo material no hace falta, que las relaciones no hacen falta, que lo único es conectarse con Dios; y si pudieran quedarse en oración solamente y de ahí entonces pensar que ese es el todo del hombre, se quedarían allá.

Sin embargo, a diferencia del espiritismo, en el cristianismo decimos que cuando Dios quiere proveerte, te provee por medios físicos. Que hay un conflicto con los hombres y tú vas a la presencia del Señor: no es que el Señor va a evitar eso, el Señor te va a ayudar a que tu conflicto con los hombres sea solucionado, pero utilizará medios físicos. Digo esto, hermano, porque algunos hablan acerca de la lucha espiritual, y ahora la lucha espiritual en un sentido como que parece que la lucha espiritual es un asunto que se sale de la estratósfera, y hay como dos fuerzas solamente.

La lucha espiritual, que habla Efesios, para la cual tenemos que estar preparados, dice que tenemos que ponernos toda la armadura, por ejemplo. Efesios capítulo 6 habla de una lucha espiritual, pero por la manifestación de esa lucha espiritual. No es un asunto etéreo. ¿Cómo se manifiesta esa lucha espiritual regularmente? Efesios 6:4: para criar los hijos. Así es. No es como que vamos a luchar un asunto en que están como dos ángeles peleando. No. La lucha espiritual, a veces, que tenemos, es que Satanás nos ataca para que abandonemos esa responsabilidad solemne que tenemos ante el Señor de criar los hijos.

La lucha espiritual en las relaciones humanas cotidianas

Efesios 6:2, de honrar a los padres. Esa es lucha espiritual, pastor. Sí, hermano, es una lucha espiritual que tú tienes para obedecer a los padres. Para amar a los esposos es una lucha espiritual amar a los esposos. Bueno, con esto le estoy diciendo que la intención del Señor no es reemplazar las relaciones de los hombres, sino que es darle a los hombres una llenura de su corazón a un punto tal que puedan mejorar en sus relaciones interpersonales. Y que la conclusión de todo esto es hacer por todos los hombres tanta benevolencia como nos sea posible. La lucha espiritual no es un asunto etéreo, es un asunto práctico.

Dice que hay una lucha espiritual que tienen las esposas, Efesios 5:22, para sujetarse a sus maridos. ¿Y eso es espiritual, pastor? Sí, hermano, esa es la lucha de un cristiano. La lucha de un cristiano no es un asunto como la gente lo ve, como una novela, como ángeles contra demonios que están en el cielo. No lo ve así. Se manifiesta en asuntos prácticos. Dice Efesios también, en el capítulo 4, del 26 en adelante, que se manifiesta en una lucha para vencer la fornicación, para vencer las avaricias, para vencer las palabras deshonestas.

No es solamente, hermano, un asunto etéreo, como que tenemos un asunto espiritual, una relación con Dios que reemplaza a todas las otras. Una evidencia de que realmente estás creciendo en los caminos del Señor, dice la Escritura, es que cuando un hombre tiene paz con Dios, el Señor lo reconcilia hasta con sus enemigos. Con esto quiero luchar contra aquella tentación de una persona pensar que está madurando en la fe siempre y cuando sienta que es más espiritual y que tiene menos contacto con los hombres.

Si realmente estás avanzando en los caminos del Señor, verás una mejoría en tu relación con Dios, y al mismo venir viendo verás una mejoría en tu relación con tus padres, una mejoría en tu relación con tus hijos, una mejoría en tu relación con tu esposa y también con tu esposo. Y cuando tú digas: “Todo lo demás se cayó, pero tengo una buena relación con Dios”, muy probablemente revísate, porque la relación que se cultiva en esta cultura, hermano, no será necesariamente la que tú habías pensado.

Me escandaliza, hermano, ver aquel creyente que tiene supuestamente una buena relación con Dios y un desastre su relación con los hombres. Me escandaliza aquel que dice que realmente ha vivido a la luz del Sermón del Monte y todavía no tiene esta disposición de hacer por todos los hombres aquello que espera que se haga con él mismo. En primer lugar, el Señor nos ha estado previniendo este abuso de considerar las delicias de la revelación de Dios al margen de lo que pasaba con los hombres.

Oración y reconciliación: la prioridad de las relaciones humanas

Me recuerda aquella ocasión cuando el Señor se transfiguró ante sus discípulos, que le dijeron: “Señor, hagamos aquí unas cuantas enramadas y quedémonos aquí”. El Señor: “No, allá abajo que está la cruz”. Y me gusta esa dinámica del Señor, que subió al monte con sus discípulos, pero después aterrizaba en la ciudad. Me parece que el paradigma de cristiano apropiado no es el cristiano que se aísla para vivir en los montes, es el cristiano que puede buscar a Dios en los montes para venir a vivir adecuadamente en medio de la ciudad.

Bueno, la realidad, hermano, es otra: fe desafía en el tapón, otra fe desafía con el ruido. Nos somos probados. Y me gusta esta dinámica del Señor, que habla de la oración y después aterriza a nivel Dios primero, a nivel hombre después. No puedo dejar de aprovechar esta conclusión de la sección, hermano, para mencionar esto: que el Señor está previniéndonos de este abuso de cultivar nuestra relación con Dios sin considerar cómo está nuestra relación con los hombres.

Y esto es un asunto frecuente. Cada vez que el Señor habló de la oración nos recordó los seres humanos. Por ejemplo, en el Padre Nuestro nos dice que si deseamos ser perdonados tenemos primero que perdonar. Dice el Padre Nuestro: “Perdona nuestros pecados”, y el mismo Señor, no nosotros, es quien dice: “y digan también: como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Ajá. “No, Señor, perdona mis pecados solamente”. Para perdonarte es necesario que perdones.

Pero para sacrificar al Señor también dice la Escritura que si vienes ante el altar a presentar tu ofrenda y recuerdas que tienes algo pendiente con tu hermano, deja tu ofrenda allí mismo y ve primero y reconcíliate con tu hermano. Con que el Señor está luchando con esta tentación de nosotros de decir que todo está bien con Dios y todo está mal con los hombres. Si quieres adorar a Dios, ve primero y reconcíliate con tu hermano. Y aquí nos dice: “Pedid y se os dará”, e inmediatamente nos dice después: “Todo lo que queráis que los hombres hagan con ustedes, primero háganlo ustedes con ellos”.

Parece que la voluntad del Señor es que no descuidemos ningún aspecto; que cuidemos nuestra relación vertical y también nuestras relaciones horizontales. Te darás cuenta, hermano, de que el carácter de Cristo se está formando en ti, porque serás hijo de tu Padre celestial, que hace salir su sol sobre justos y sobre injustos. Y esa es también, hermano, una implicación del “así que”.

Dar por gracia lo recibido: identidad en Dios y desprendimiento

Un milagro es que nosotros podamos orar y pedir cosas al Padre. Tú eras enemigo de Dios, tú no tenías comunión con Dios, y él, por su misericordia, te recibe: “Pedid y se os dará”. Es verdad, es un gran privilegio. Pero si tú pides y el Padre te da, ¿tú crees que puedes seguir siendo enemigo suyo? Porque no puedes tener esa misma actitud ante aquellos que están a tu nivel, al mismo nivel, aquellos que están todavía dentro de la creación junto contigo.

Esto nos recuerda que lo hacemos principalmente porque tenemos que dar por gracia lo que por gracia hemos recibido. Si tenemos la disposición —y me encanta eso, hermano, me encanta la libertad con la cual el Señor dice: “Pidan, pidan, y si le piden, se les dará”— pero inmediatamente te dice: “Denle, denle a los hombres tanto como puedan darles”.

He estado considerando el “así que”, hermano, y tengo que considerar todavía algo más antes de pasar a la exposición como tal: las implicaciones del mandamiento. Y es que lo que hace posible que podamos tener benevolencia hacia todos los hombres es que el Señor ya ha mostrado su benevolencia hacia nosotros. Es necesario que se considere lo anterior, porque el hombre natural, aquel que todavía no tiene a Dios como su Padre y su proveedor, no está capacitado para manifestar el nivel de desprendimiento que hace falta para ser primero con todos los hombres lo que esperamos que los hombres hagan por nosotros.

Es natural en el hombre que busque reforzar su identidad, por ejemplo, exigiendo cosas. Una persona que no tiene a Cristo en su corazón, que todavía no tiene una relación apropiada, que todavía está muerta absoluta en pecado, solamente vive para exigir. Dice aquí que nosotros tenemos que hacer lo primero, pero la mayoría de los hombres lo que espera es que se haga con ellos por su dignidad: “Porque yo me lo merezco, porque yo soy fulano”. El que no tiene a Dios como Padre y proveedor no puede vivir a la luz de la regla de oro, porque está tan ocupado buscando sus seguridades que no tiene espacio para desprenderse hacia nadie más.

Dice: “Pero servir… yo no puedo servir a nadie, a mí todavía me hace falta”, a menos que estés completo en Cristo, a un punto tal que tú entiendas que el Señor, en su misericordia, ya ha provisto para ti tanta benevolencia como haga falta, no podrás desprenderte con los otros para hacer con ellos primero lo que tú esperas que ellos hagan contigo. Es natural en el hombre sacrificar las relaciones para alcanzar sus propósitos. Son aquellos que se llevan el mundo por delante. Tienen un objetivo en mente, y si tienen que sacrificar a cinco hombres en medio, sacrificarán a cinco porque tienen su objetivo en medio.

A menos que hayas llegado a ver a Dios como tu Padre y como tu proveedor, y entender que en él estás completo y que la voluntad de él es darte todas las cosas que te hagan falta, nunca podrás desprenderte. Es más, la generosidad de un cristiano en sus relaciones interpersonales tiene que ver, sobre todo, no con un asunto de su abundancia, es un asunto de su seguridad y su identidad en Cristo. Si estás seguro en Dios, entonces das; si estás lleno en él, entonces te desprendes. Si has experimentado el verdadero amor, un amor que llena de manera profunda y satisfactoria, entonces puedes llenar a los otros de manera profunda y con generosidad.

Una persona que no ha sido llenada en Cristo no llena a nadie. “Todo lo que queráis que los hombres hagan con ustedes”, eso no es, hermano, un asunto para el hombre natural, eso es un asunto para aquellos que han sido amados por Dios a un punto tan profundo que dicen: “Si el Señor a mí me ha dado tanta misericordia, yo puedo mostrar tanta misericordia. Si me ha dado tanta seguridad, yo puedo transmitir la misma seguridad”. Nadie da a menos que tenga la seguridad de que en Cristo sus necesidades ya están cubiertas. Si aún no ha sido profundamente llenado, no podrá llenar a nadie.

Así que: “Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, hacedla también vosotros con ellos”. En primer lugar les he mostrado, hermano, el “así que”. Les digo: eso no es un versículo que está ahí como suelto en el aire, eso depende de lo anterior. Esto depende de haber visto a Cristo cubriendo tus necesidades. Si realmente en él te sientes satisfecho, así mismo podrás desbordarte hacia todos los hombres.

Tomar la iniciativa y ponerse en el lugar del otro

Ahora permítame mostrarle lo que el Señor está demandando de nosotros. Esto lo resumo en tres cosas sencillas. Primero, demanda que tomes la iniciativa. Dice, así mismo, ya lo expuso en el Sermón del Monte en el capítulo 5, desde el versículo 43. Lo que muestra esto, principalmente, es que el Señor ha tomado la iniciativa. Dice:

Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.

Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;

para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.

— Mateo 5:43-45

La manera en que tomamos la iniciativa es entendiendo que Dios ha tomado su iniciativa contigo. Tú no merecías ni siquiera respirar, y estás respirando. Tú no merecías ver el sol, y lo estás viendo. Si el Señor ha tomado la iniciativa contigo, ahora cuando te dice “así que”, el “así que” pesa: han venido a mí a pedir; yo les he dado. Pidieron más; les di más. Entonces ahora les toca el “así que”.

Me recuerda mucho esto cuando el apóstol Pablo le mandó la carta a Filemón para que recibiera a Onésimo. Onésimo era su esclavo y había huido de su señor, y parece que le había hasta defraudado. El apóstol Pablo le dice a Filemón: “Te pido que le recibas como a mí mismo, y si algo te debe, yo te lo pago”. Y después le dice: “Y si tienes algún recelo, temor para recibirlo, recuerda que tú mismo te me debes a mí”.

El Señor te está diciendo: “Así que hagan por los otros lo que ustedes esperan que lo hagan. Y si tienen dudas de si los otros merecen que se haga, ya yo lo hice con ustedes”. Me recuerda también aquel que dice el Señor que se le perdonó una gran deuda, y después encontró a otro que le debía y comenzó a hostigarlo. La única manera que nosotros podemos vivir del “así que” en adelante es considerar lo que el Señor hizo del “así que” hacia atrás. Si el Señor, que anteriormente nosotros éramos enemigos suyos y nos recibe, nosotros podemos recibir a los otros. Si el Señor tomó la iniciativa, nosotros también podemos tomarla.

Pero algo que me impresiona de esto es que no solamente nos invita a tomar la iniciativa, sino a ponernos en el lugar de los demás, un asunto que da lucha. Eso da lucha, porque todo el mundo dice: “Yo espero que tú te pongas en el lugar mío”. Lo más natural del ser humano es que todo el mundo entienda su necesidad y que todo el mundo se identifique y que tú entiendas mi quebranto, entiendas mi padecimiento. ¿Y qué tal si hacemos el esfuerzo que dice el Señor de, antes de considerar tu necesidad y tu padecimiento, considerar el lugar de los demás?

Por ejemplo, cuando te pregunto: ¿cómo tú quisieras ser tratado? Esa es la pregunta básica. Mira, a mí me gustaría ser tratado con deferencia. Me gustaría que las personas tomen iniciativas. “Mira, yo quisiera ser saludado”, por ejemplo. Yo espero que eso no suceda entre nosotros, yo espero que no suceda, pero ya que vino el pastor para el domingo pasado, yo recuerdo que Lucerna, la razón número uno que decía una persona cuando se apartaba de la iglesia es: “Es que los hermanos no me visitaban”.

Yo me pongo a pensar: “¿Y este malvado ha visitado alguna vez a alguien?” “No, que no me llaman”. ¿Y tú has llamado a alguien? “No me buscan”. ¿Y tú has buscado? Dice el libro de Proverbios: “El hombre que quiere tener amigos ha de mostrarse amigo”. Comentarios regulares dicen: “No, yo fui ahí, nadie me buscó, nadie me atendió”. ¿Y usted ha recibido a alguien, ha buscado a alguien, ha atendido? Dice el Señor que tenemos nosotros que tomar la iniciativa.

Y yo tiro ahí el “atajolí”, hermano. La gente dice: “No, que el pastor a mí no me busca, no me llama”. ¿Y tú has buscado al pastor? Completamente con necesidad. “Bueno, por mí no se ora”. ¿Y usted ha orado por…?” Son cosas, hermano. Le digo esto un poco en broma, un poco en serio. El esfuerzo es ponerte tú en los zapatos del otro y tratar de ver también sus necesidades, no mirando cada uno por lo suyo propio, dice la Escritura.

Aplicaciones prácticas: trabajo, deudas, confrontación, matrimonio

Asuntos prácticos: analicemos la relación empleado–empleador. Si tú fueras… imagínate que tú eres el empleador, ¿cómo tú…? Si tú fueras el empleado, ¿cómo te gustaría ser tratado? Oye, si el negocio no fuera tuyo, sino que tú tuvieras que mandar el currículum y esperar que te contraten, ¿qué te gustaría a ti recibir del trato de tu empleador? Así sería una buena pregunta para hacérsela. Oye, si tú no fueras el supervisado, el supervisor, sino que tú fueras el empleado de primera línea, si tú no fueras gerente, ¿cómo te gustaría a ti que tu gerente te tratara? Y si la empresa fuera tuya, ¿cómo te gustaría que procedieran tus empleados?

Si la empresa fuera tuya, quizá tú dirías: “Yo quisiera que mis empleados entendieran que junto a una nómina viene un gran reto, y que se venda o no se venda, hay que pagar su salario, y que generar beneficio en esta tierra es casi morirse tres veces”, y ellos no lo consideran. Ellos están esperando su “novio” —su pago—. Un empresario quisiera eso. Y el empleado, ¿qué quisiera? “Oye, yo quisiera que el jefe entendiera que a cada uno los niños se le enferman, y que se enferman mucho. Y cuando uno tiene un muchacho enfermo, aunque uno quiere echar ‘pa’lante’, es difícil; uno quiere estar en su casa con su hijo ahí”. Es porque aquí eventualmente te tocará ser el empleador o te tocará también ser el empleado. Interesante: no mirando por lo suyo propio.

Así que: “Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos”, dice el Señor. Es ponerse en el lugar del otro. Oye, y si no fueras tú el que debiera el dinero, sino que fueras tú el deudor, ¿cómo te gustaría ser tratado? “Con paciencia, que no me hostigaran, que no me llamaran tantas veces, que me dieran un ‘chin’ de respiro, que entendieran que yo realmente quiero pagar, que me faltan los medios, que se identificaran con mi necesidad”. Cómo te gustaría que te trataran, comienza a tratar así.

Y al ser confrontado en tu pecado, ¿cómo a ti te gustaría? Dice la Escritura que todos nosotros nos descarriamos como ovejas. Este versículo, hermano, está resumiendo lo anterior. El Señor te dijo que con la vara con que midas serás medido. Y después de que te dijo: “Ven a mí, que yo te voy a dar todo lo que me pidas”, el siguiente está diciendo: “Ahora ve a los hombres y busca la iniciativa también de manifestar benevolencia”. Imagínate que fueras confrontado en tu pecado. Hay mucha altanería, a veces, en uno referirse a los pecados de los otros: “No, que fulano cayó, que fulano pecó”, y tú sabes los detalles. ¿Y a ti cómo te gustaría ser confrontado en tu pecado? “Con paciencia, yo quisiera”.

“Con discreción”, diría otro. “Yo quisiera que cuando me vayan a confrontar en mi pecado, que no me lo digan delante de la gente; que me llamen aparte”. Ah, pero a ti sí te gusta, ¿verdad?, que cuando el otro es confrontado, que públicamente se le anuncie, que se le enrostre. Todo lo que quieras que los hombres hagan con ustedes, háganlo también ustedes con ellos.

Y en el matrimonio, hermano, no entremos ahí porque hay mucha tela por donde cortar, pero uno siempre está esperando la otra parte que tome la iniciativa, que tome la iniciativa. ¿Y por qué no la tomas tú? Es fácil uno oponerse, uno mirar siempre lo suyo propio. Lo difícil es mirar la situación del otro. La realidad, hermano, es que eso cumple la ley y los profetas, porque si la gente viviera alrededor de eso, la legislación mosaica se resumiría, hermano. Eso fuera un folletico. Si la gente viviera eso en sus relaciones interpersonales, la ley, en vez de ser gran parte del Antiguo Testamento, eso fuera un folletico.

Si lo que primara en nuestras relaciones fuera primero ver el interés del otro y no el interés mío, y tratar de sentir lo que sentiría el otro. Yo creo que, por ejemplo, dice que no desees la mujer de tu prójimo, pero tampoco quieres que te estén deseando la tuya, ¿verdad? Interesante. Así es que eso cumple toda la ley y los profetas, hermano, porque cuando tú vengas a la luz de esa realidad te das cuenta que todo aquel aparato mosaico buscaba eso: que tú llegaras a entender el interés ajeno y entender que el mundo no se trata solamente de ti.

Y en el noviazgo, hermano, hay tantas áreas. Gente que dice: “No, no hay ningún versículo que prohíba que algunos novios no puedan hacer tal cosa”. Ajá, no hay ningún versículo. Primera de Timoteo 5, hermano, capítulo 5, versículos 1 y 2, dice:

No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos; a las ancianas, como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza.

— 1 Timoteo 5:1-2

“Pastor, ¿cómo yo sé cuál debería ser el procedimiento? Yo soy un joven cristiano para tener una novia”. Lo que te preguntan siempre: “¿Se hace o no se hace?” Haz lo mismo que tú esperarías que proceda un hermano suyo con su hermana. Sencillo. Capítulo 5. O sea, si a mí me preguntan: “¿Cómo yo, hermano…?” La verdad es que no entremos en detalle, hermano, pero si uno viviera a la luz de eso, cuántos problemas se evitarían.

Tú estás en conversión, tienes un amigo creyente. ¿Cómo te gustaría que el creyente procediera contigo? “Yo quisiera que él orara por mí, que me invitara, que me llevara a la iglesia. Estoy borracho, yo quisiera…”. Así que todo lo que queráis que los hombres hagan con ustedes, háganlo también vosotros con ellos, hermano. Ver la vida no solamente desde tu perspectiva y desde tu ego, ver la vida desde la perspectiva de Dios.

Universalidad del mandamiento: con todos los hombres

Me impresiona de esto que él dice que lo hagamos con todos los hombres. No está diciendo aquí “con los hermanos de la fe”. No, no es algo que se limita como: “Mira, a los hombres que sean buenos, a la gente que se parezca a ti”. Él está diciendo: “Todo lo que queráis que los hombres hagan con ustedes, háganlo primero ustedes con ellos”. No dice que si fueran buenos, no dice que si toman la iniciativa. Dice: háganlo.

Qué distinta sería una iglesia local, hermano, si la gente viera no solamente por lo suyo propio, sino también por las necesidades de los otros. Te has sentido tú desmayando en tu fe, ¿cómo esperarías que la iglesia te tratara? Trata así a los que están débiles. Te has sentido derribado tú, ¿cómo te gustaría que la iglesia procediera? Procede tú en consecuencia.

La realidad, hermano, es que si uno vive a la luz de eso y hace de eso su filosofía de vida, dejaría de estar buscando, dije, “los versículos”. Al hombre natural le encantan los versículos y los límites. Por ejemplo, a los maestros judíos les encantaba tener los parámetros: hasta cuándo uno debería hacer algo. Y fueron donde el Señor: “Señor, hasta siete”. Al hombre natural le gustan las leyes que tienen límites; no le gustan los principios generales, porque los principios generales, hermano, son dinámicos, eso no se detiene.

Las áreas donde tú podrías vivir a la luz de Mateo 7:12 son casi ilimitadas. Tú podrías buscar y buscar y buscar glorificar al Señor en esa área.

Termino con esto, hermano: ¿de qué manera esto cumple la ley y los profetas? Creo que ya se lo he avanzado. El sentido del Antiguo Testamento en pleno no es solamente adorar a una deidad, no es solamente satisfacer al Dios airado. El propósito de las Escrituras en pleno es que tengamos plenitud de vida. El propósito, hermano, de todas estas cosas… dice asimismo, el credo, uno de los credos históricos, dice que el propósito de la vida del hombre es glorificar a Dios, pero después dice “y disfrutar de él eternamente”.

La realidad, hermano, de vivir a la luz de la palabra del Señor no es solamente decir: “Cumplí con Dios, y ahora salgo y busco mi propia agenda”. El propósito de la ley de Dios, el propósito de su palabra, no es solamente satisfacer a Dios; es satisfacer a Dios y que, al mismo tiempo, en eso nosotros encontremos nuestra propia satisfacción. Cuando tú vives de acuerdo a la ley de Dios…

Me gusta esto, hermano: que el Señor no lo enseña como una promesa. Si fuera Paulo Coelho que escribe eso, diría: “Todo lo que usted espere de los hombres, hágalo primero usted, y todos los hombres le van a corresponder”. El Señor no te está diciendo que te van a corresponder. Y en esto se parecerán a su Padre, que hace salir su sol sobre buenos, sobre justos y sobre injustos.

El Señor no te está diciendo que lo hagas porque algo va a suceder. Te está diciendo: hazlo porque algo ya sucedió. Me gusta que no es con un caramelo al final de que “cuando ustedes lo hagan, todo estará bien”. Lo que está diciendo es: como ya tú tienes paz con Dios, como ya no hay deudas entre tú y Dios, como ya el Señor ha arreglado las cosas entre ustedes, procedan.

“¿Y, Señor, qué va a pasar?” No, ya pasó. Tú estabas muerto, estaba en delito y pecado, y ahora tienes esperanza. Tú tenías deudas que no podías pagar, y el Señor las ha perdonado. Tú antes eras enemigo de Dios, eras enemigo de Dios, y ahora el Señor te recibe en su presencia. Si el Señor ha logrado para nosotros tantas cosas, ¿cómo no lo haremos nosotros con las personas que tenemos cerca?

Oremos al Señor para que Mateo 7:12 sea nuestro paradigma en nuestras relaciones. Y yo te invito ahí, antes de orar, hermano, que le pidas al Espíritu Santo que ponga luz en aquellas áreas donde quizás habías estado siendo desconsiderado sin darte cuenta. Donde estabas tratando de demandar cosas que tú mismo no estás dispuesto a dar. Donde estabas haciendo hacia los otros cosas que tú no esperarías que los otros te hicieran a ti.

Oración por la iglesia y llamado a responder al evangelio

Oro por la iglesia. Padre, te pido por esta congregación que ha recibido tu palabra. Te pido, Padre, que tú llenes su vida de una manera tan completa, una manera tan profunda y tan especial, que puedan desbordarse en benevolencia hacia todos los hombres. Te pido, Señor, que podamos tener tanta seguridad en tu provisión, que podamos proveer para otros; que podamos, Señor, tener tanta confianza en nuestra identidad como hijos tuyos, que podamos darle a los demás, Señor, el trato apropiado, aunque humanamente hablando ellos no lo merezcan.

Padre, permítenos por un momento sentir lo que sienten los otros. Permite que los que están aquí, Señor, que son empleadores, que sientan lo que sienten sus empleados. Permite que los que están aquí, Señor, que son empleados, que sientan lo que sienten sus empleadores. Permite que los que están aquí, Señor, que son hijos, que sientan la tribulación que siente un padre. Y que los que están aquí, que son padres, Señor, que sientan lo que sienten los hijos.

Permite que los esposos, Padre, puedan ver la perspectiva de las esposas, y al mismo tiempo las esposas lo hagan en consecuencia. Permite que la realidad del Sermón del Monte, Señor, se resuma también en nuestros corazones. Permítenos tomar la iniciativa.

Si aquí hay personas que han escuchado la exposición de la palabra y esto les ha hecho sentido, les invito a todos ahí que mantengan sus ojos cerrados. Esto es una pequeña porción de las Escrituras, pero cuánta sabiduría hay en los caminos del Señor. Si esto te ha hecho sentido, si esto te ha parecido algo que ha despertado en ti un interés, eso significa que el Espíritu Santo te ha estado llamando, te ha estado ayudando. Solamente con la ayuda del Espíritu Santo la palabra de Dios puede ser entendida por la mente de un hombre caído.

Si esto te ha generado a ti un interés, yo te invito a tomarlo como una invitación del Señor. Dice la Escritura que si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo, el Señor, para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Él ha dicho que a los que vienen a él, él no los echa fuera. Yo te invito a que ahí, en oración, si tú nunca lo has hecho, tú le digas al Señor… No le menciones cada pecado por su nombre, porque son tantos nuestros desvíos que no daría el tiempo. Dile al Señor que tú te admites, te confiesas como un pecador. Confiesa tus pecados, todos tus pecados. Dile: “Señor, yo confieso que he vivido apartado de ti, apartada de ti; que he seguido mi propia agenda y no tu voluntad; que estoy lejos de la regla de oro”.

Dile ahí que le recibes en este momento, que crees en su nombre, que te recibes como su hijo o como su hija. No hay una plantilla para hacer esto; lo que hay es sinceridad de corazón y la confianza en que el Señor honra su promesa. Dice también el libro de Apocalipsis:

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

— Apocalipsis 3:20

Yo te invito a que abras la puerta de tu corazón para que el Señor entre y él ponga el orden. Si tú vas con sinceridad, si te has acercado al trono de la gracia del Señor para alcanzar gracia y oportuno socorro, yo te invito a que confíes ahora en la promesa del Señor.

Oro también por la iglesia que está aquí. Si alguien aquí entregó su vida a Cristo, yo le invito a que no solamente crea, sino que proceda, como dice la Escritura: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo”. Durante dos mil años de historia todos los creyentes, comenzando con Cristo, han ido a las aguas del bautismo a emprender formalmente su fe y a inaugurarse en la vida cristiana. Será un gozo en nuestra iglesia recibirte, ayudarte, acompañarte en este proceso.

Oro por la iglesia que está aquí presente. Bendice tu iglesia, Señor. Mira a aquellos que ya te han conocido, te han recibido. Permite, Padre, que así mismo vivamos. Permítenos parecernos a ti, que tu carácter se manifieste en nosotros, Señor, con una nueva iniciativa de benevolencia. Permite que comencemos esta semana haciendo tanto bien como nos alcance. Permite, Padre, que marquemos diferencias en las oficinas, que marquemos diferencias en las familias, Señor, que marquemos diferencias en los vecindarios. Permítenos, Padre, ser reconocidos como gente benevolente, no para que los hombres hagan cosas, Señor, sino porque tú has hecho una gran cosa en nuestro corazón.

Intercesión por familias y relaciones mixtas en la fe

Trae una nueva realidad a nuestras relaciones. Permite, Padre, permite mejorar ahí. Permite, Señor, un nuevo momento en nuestras relaciones. Sobre todo, Señor, te pido por aquellas familias donde algunos han creído y otros no. Te pido, Señor, por mis hermanas que están luchando con maridos inconversos, hombres que no te aman a ti. Señor, permite que ellas sean más pacientes a sus maridos, por la paciencia que tú mostraste hacia ellas.

Mira los maridos que están aquí, Señor, que tienen esposas que todavía no han creído. Permite que sean maridos pacientes, maridos cariñosos, maridos que no impongan la fe, Señor, sino que ganen a sus esposas con su buen testimonio. Te pido que aquellos, Señor, cónyuges que todavía no están aquí, que mañana lo estén por el testimonio de los nuestros, Señor.

Permite, Padre, que sean maridos tomando iniciativa, esposas tomando iniciativas, de forma tal que en estos años en sus hogares… Mira aquellos, Señor, que algunos de sus padres todavía no han creído. ¡Guau, Padre! Danos victoria en esa área, y que por el testimonio de hijos que no descuidan sus relaciones, sino, Padre, que se llenan de ti para vaciarse en sus familias. Permite, Padre, que padres vengan aquí por el testimonio de sus hijos.

Mira aquellos hijos que todavía… mira aquellos padres, Señor, que tienen hijos que todavía no te conocen. Te pido, Padre, que tú les des una paciencia especial, una resistencia especial, una compasión especial por sus hijos, de forma tal que no dejen de clamar por ellos. Y dales la victoria, Señor, de que padres que piden a ti, que claman a ti, que se llenan de ti, aman a sus hijos de manera tan profunda, y ahora tienen un comportamiento tan digno delante de ellos, Señor, que por su testimonio también los ganan para Cristo.

Bendice, Señor, esta iglesia, no solamente con la relación principal, que es la relación de Padre–hijo que tenemos contigo, sino también, Señor, las relaciones que tenemos con todos los hombres. Todo esto te lo pedimos para la gloria tuya, en el nombre de Cristo. Amén.

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