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El espanto de Félix

Hechos 24:22-27

Félix aparece en el relato como un hombre bien informado sobre el «camino», amigable con los cristianos y con un aparente interés por el mensaje. Sin embargo, fue también profundamente indeciso. Durante dos años recibió testimonio sin recibir salvación. Más que un testimonio de salvación es un ejemplo del avance del evangelio a pesar del rechazo de los hombres. Muestra que Dios puede colocarnos providencialmente ante personas específicas para que demos testimonio. Nuestra responsabilidad es proclamarlo con fidelidad, aunque no siempre tengamos fruto.

Predicado29 de junio de 2025
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Dice la Sagrada Escritura, la palabra del Señor, Hechos capítulo 24 del 22 en adelante.

Entonces Félix, oídas estas cosas, estando bien informado de este Camino, les aplazó, diciendo: Cuando descendiere el tribuno Lisias, acabaré de conocer de vuestro asunto. Y mandó al centurión que se custodiase a Pablo, pero que se le concediese alguna libertad, y que no impidiese a ninguno de los suyos servirle o venir a él. Algunos días después, viniendo Félix con Drusila, su mujer, que era judía, llamó a Pablo, y le oyó acerca de la fe en Jesucristo. Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó, y dijo: Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré. Esperaba también con esto que Pablo le diera dinero para que le soltase; por lo cual muchas veces lo hacía venir y hablaba con él. Pero al cabo de dos años recibió Félix por sucesor a Porcio Festo; y queriendo Félix congraciarse con los judíos, dejó preso a Pablo.

— Hechos 24:22-27

No vine a hablar de Félix

Pueden sentarse, mis hermanos. Quisiera hoy hablarle a la iglesia acerca del espanto de Félix. Solamente matizo un poco y pongo un asterisco: no tengo mucho deleite en hablarle a la iglesia sobre Félix. Yo tengo deleite en hablarle a la iglesia sobre Cristo. Y Félix realmente no es un personaje tan importante; no lo es en la historia del Imperio Romano y tampoco lo es en la historia de la iglesia. Es un secundario, notable como secundario, pero secundario al fin. Principal es Cristo.

Y yo creo que como iglesia tenemos que tener la madurez de reclamar que el centro de la predicación siempre sea el glorioso evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Pues después de Cristo todos somos secundarios: secundario es Félix y secundario eres tú. No me parece apropiada esa predicación en la que se importantiza al pecador. Yo creo que en la predicación cristiana Cristo ha de ser glorificado, Cristo ha de ser magnificado. Uno debería tener palabras grandes para hablar sobre Jesucristo y palabras muy pequeñas para hablar de cualquier otra persona.

De hecho, el tema en esta porción de la Escritura no es Félix. El tema es cómo Cristo está siendo predicado a todas las personas, y cómo Dios ha orquestado el plan de salvación de forma tal que todos los hombres providencialmente sean testificados acerca de Jesucristo, reciban a Cristo o no le reciban.

Félix no aparece en el relato como un hombre piadoso, sino como un hombre bien informado sobre el Camino, que es la manera en que se referían al cristianismo. Aparece en la historia como un hombre relativamente amigable con la iglesia de Cristo y con los cristianos, y con un aparente interés en el mensaje de Jesús. Entre todos los gobernadores romanos, según puedo inferir de la historia, fue el que más tiempo tuvo de escuchar el evangelio: dos años completos.

Hay personas que se describen en la Escritura que solamente tuvieron una presentación del evangelio, un corto encuentro. Pero a Félix el Señor providencialmente le instaló al apóstol Pablo al lado de su casa por dos años. Y se documenta más de un encuentro. Y conociendo al apóstol Pablo, eran encuentros donde Cristo era céntrico. Pablo no estaba perdiendo el tiempo con Félix: Pablo estaba predicando a Félix el evangelio de Jesucristo. Y Félix tuvo más de una ocasión para recibir el testimonio de Cristo, y cada vez lo aplazó. Aparece en el relato como un hombre profundamente indeciso.

Más que un testimonio de salvación, es un ejemplo del avance del evangelio a pesar del rechazo de los hombres. Muestra que Dios puede colocarnos providencialmente ante personas específicas para que demos testimonio, y que nuestra responsabilidad es proclamar a Cristo con fidelidad, reciban o no reciban nuestro testimonio.

Ay, hermano, no quiero unirme a aquellos que parece que no quieren que los hombres se conviertan. Anhelamos la salvación de todos los hombres, pero al mismo tiempo reconocemos que no todos los hombres van a proceder con salvación. Lo que quiero traer es aliento a la iglesia, a que den testimonio de Cristo reciban o no los hombres su testimonio. Pablo, durante dos años, tuvo la oportunidad de convertir a Félix y no lo logró. Se los muestro porque hay hermanos míos que se sienten como fracasando cada vez que hablan de Cristo y sienten hielo, cada vez que dan testimonio del Señor y sienten indiferencia. Por dos años Pablo estaba predicando, y este hombre lo que estaba esperando era que Pablo le diera algo.

Hoy veremos tres momentos claves en esta historia. Primero, la providencia que llevó el evangelio hasta Félix. Después, su interés inicial, que aunque prometedor fue superficial. Y después veremos cómo Félix fue progresivamente degenerando.

Yo creo que todos nosotros conocemos gente así. Gente que da largas, que no decide, que espera el último momento para tomar una decisión importante, y cuando llega el momento dice que ya no hay tiempo para tomarla, y tú te das cuenta de que de entrada tampoco quería decidir nada. Los «yo te llamo» de la vida, los «yo te confirmo», «coordinaremos eso», «yo te llamo». Es gente nice, gente bien, que se está perdiendo abiertamente, y cada vez que tiene la oportunidad dice: lo consideraré después.

Lo que resume la idea en el relato de Félix es que él se espantó y dijo: «Ahora vete, pero cuando tenga oportunidad te llamaré.» Félix es el hombre que postergó un encuentro con Cristo para cuando tuviese oportunidad, y al parecer nunca hubo oportunidad.

La providencia que llevó el evangelio hasta Félix

Recuerden: yo vine a hablar sobre Cristo, vine a hablar sobre mi Dios que está salvando a los hombres; yo no vine a hablar sobre Félix. Lo que tengo que hacer es introducirte mostrándote todo lo que el Señor movió de forma tal que a Félix le fuera predicado. No fue cosa sencilla. Pablo no estaba en Cesarea, y el encuentro con Félix sucede en Cesarea, una ciudad marítima a unos cuantos kilómetros de Jerusalén. Pablo estaba predicando en otros sitios, pero la historia comienza en Hechos capítulo 9, donde el Señor salva a Saulo, y cuando le salva, desde el primer momento le dice: «Instrumento escogido me es este para dar testimonio a los gentiles.»

El Señor está pensando en Félix, el Señor está pensando en Festo, el Señor está pensando en las esposas de cada uno de ellos, el Señor está pensando en hombres en los cuales no hay evidencia de que recibieron salvación. Hombres importantes, hombres que estaban por encima de centuriones, hombres que tenían importancia política, hombres que eran regentes de otros hombres poderosos. Pero estos hombres no proceden con salvación.

Y yo le pregunto a Dios con toda humildad: Señor, si esos hombres no van a proceder con salvación y tú conoces todas las cosas, ¿cómo tú haces todo este andamiaje de la providencia de forma tal que a estos hombres se les predique? Hay un aparente desperdicio. Uno como iglesia siente que está perdiendo sus batallas, pues le está dando testimonio a mucho pueblo y mucho pueblo sigue en abierta indiferencia. Y cuando yo veo casos como este, yo digo: hermano, sigámoslo intentando.

Nosotros no hacemos la labor de predicar a Cristo porque los hombres se encuentren muy predispuestos a responder a Cristo. Nosotros hacemos la labor de testificar sobre Cristo reciban o no reciban nuestro testimonio, porque los hombres deben ser notificados al respecto de su responsabilidad. Y cada vez que a un hombre se le ha predicado y se le ha mostrado a Cristo con completa claridad, y cuál es la demanda de Dios ante el hombre, ese hombre ya no tendrá excusa. Hace muchos años yo predicaba y le decía a la iglesia que el evangelio no solamente es una buena noticia: regularmente el evangelio es una notificación.

«Félix, te estamos diciendo que en el cielo hay un Dios que juzgará a todos los hombres. Tú lo recibas o no lo recibas. ¿Lo vas a recibir? Queremos que lo recibas. Durante dos años te vamos a repetir consistentemente que Dios tiene una demanda sobre el hombre. Y sabemos, Félix, que tú estás encumbrado en este momento en tu posición de autoridad, que tú no tienes tiempo, que estás muy distraído, que estás muy ocupado; pero tú necesitas saber que en el cielo hay un Dios que ha querido salvar a los hombres a través de Jesucristo.»

Dos años invirtió Pablo. Y yo a veces pienso que la tercera conversación ya está buena. Ay, hermano, la razón principal para predicar el evangelio no es que los hombres nos abracen: la razón principal para predicar el evangelio es que Dios nos ha enviado a predicar el evangelio. Y un emisario oficial no anda pensando si el receptor es amigable, si está dispuesto, si va a hacer algo con esta carta. Tú entrega lo que te mandaron a entregar, lo reciban o no lo reciban —y tú quieres que lo reciban—.

Muestro primero la providencia que llevó el evangelio ante Félix, para que Félix terminara rechazándolo. Este es un amplio despliegue de la gracia: desde el capítulo 9 hasta el capítulo 24 usted verá a Dios moviendo una gran empresa, un gran andamiaje, un gran proyecto, que es el proyecto de salvación. El Señor estaba moviendo todos los engranajes de forma tal que el evangelio fuera predicado a muchos hombres, entre ellos Félix, y él no lo sabe.

El Espíritu inquietó a Pablo desde Mileto hasta Jerusalén. Nos dice que el mismo Espíritu detuvo a Pablo con precisión, exactamente durante siete días, de forma tal que Pablo llegara a Jerusalén en el momento específico donde el Señor había preparado otra cosa, de forma tal que las personas específicas recibieran el testimonio de Cristo. Ay, esto no es como que Pablo va a salir, va a predicar y va a ver. No: el Señor está deteniendo a Pablo. Siete días le dijo: no vayas. Y siete días después Pablo llega a Jerusalén.

Hermano, en la salvación de los hombres hay precisión. Y del lado de nosotros hay ignorancia. Ninguno de nosotros sabe la cantidad de cosas que Dios movió de forma tal que nuestras almas fueran despertadas a salvación. Pero cuando vemos casos como estos nos damos cuenta de que la salvación no es un asunto fortuito, que no es casualidad, que no es algo que nos tocó; que el Señor nos estaba salvando desde antes de que nosotros entendiéramos que en el cielo hay un Dios y que había misericordia a través de Cristo.

En el momento en que Saulo fue salvado se le dijo para qué fue salvado: «Instrumento escogido me es este para esto.» Luego vino el Espíritu Santo, inquietó a Pablo en Mileto y le dijo: ve a Jerusalén. Luego vino el Espíritu Santo, le inquietó de nuevo y le dijo: ve, pero no ahora mismo, espera siete días. Hay una corta visita preparatoria en Cesarea, que era la misma ciudad donde Pablo permanecería durante dos años, y en esa corta visita Pablo tuvo la oportunidad de conectarse con los creyentes que vivían en Cesarea.

Después vino un profeta, en el capítulo 21, que se llamaba Ágabo, y se ató con correas y le dijo a Pablo: así mismo te va a suceder cuando llegues a Jerusalén. ¿Y saben lo que Pablo le dijo a Ágabo? «Sí, yo sé.» A Pablo no le dijeron: hey, todo el mundo te va a estar esperando, están predispuestos, tú no vas ni a tener que predicarles, esa gente va a comenzar a convertirse desde que tú comiences. No: a Pablo le dijeron que iba a ir a Jerusalén, que no lo iban a recibir y que lo iban a atar con cadenas. Y le decían los creyentes: Pablo, si Ágabo te está diciendo que te van a amarrar, no vayas, quédate. Y Pablo les decía: no, es que para esto fue que el Señor me llamó. Es la providencia del Señor en la salvación.

Después llega a Jerusalén y es arrestado en el templo de forma sorprendente. Dice que toda la ciudad se agolpó en su contra. La verdad es que si Pablo hubiese decidido llamar la atención con panfletos, no lo logra. Eso fue un revuelo tan grande que iban a faltar megáfonos para decirle a la gente: salgan de sus casas, ¡agredan a Pablo! Y esta ciudad, como si fueran muñecos mecánicos, sale y agrede a Pablo. ¿Saben por qué Pablo está siendo agredido? Porque el Señor sabía cómo todas las cosas iban a suceder.

Yo veo a Pablo en esta historia como que él es un mártir, como que a Pablo no le importa. Un mártir no: es que el Señor se lo dijo. Se habla mucho del encuentro del Señor con Pablo cuando lo interrumpió en el camino a Damasco, pero en este momento viene el Señor mismo de nuevo y se encuentra con Pablo. Un encuentro poco difundido, pero el Señor mismo se encontró con él, y dice el 23:11: «Ten ánimo, Pablo; así como has sido mi testigo aquí en Jerusalén, también debes predicar la buena noticia en Roma.»

Y uno ve a Pablo con esta convicción, recibiendo los golpes, recibiendo el maltrato, recibiendo un naufragio, y uno dice: pero ¿cómo que Pablo está tan tranquilo? Él está tan tranquilo porque el Señor se encontró con él personalmente. Él le dijo que iba a predicar el evangelio en Roma. Y cuando la gente en el barco entendía que eso se iba a despedazar, él les decía: no, no vamos a morir, yo sé que no, el Señor me dijo que iba a predicar en Roma. Todo esto explica la actitud de Pablo. Pablo no es un prisionero, sino un emisario. Pablo no es una víctima: es una persona que tiene dignidad. Él no está en la mano de Roma; Roma está en la mano de Cristo.

Fue dramático. Aparecen cuarenta sicarios judíos que juraron no comer ni beber hasta que mataran a Pablo. Pero ¿y esta gente? Mira, si yo llego siete días antes, quizás no me he visto los cuarenta sicarios. ¿Qué quería el Señor? Que todo eso apareciera. El evangelio está siendo predicado. Aparece el procurador y lo apresan para que no lo maten. Y cuando lo apresan, recibe más protección que un gobernante.

Lo que costó que a Félix se le predicara

Y quienes parecen estarle dañando son el transporte de la providencia. El Señor mandó dos centuriones —cada centurión tenía cien soldados—; mandó a doscientos soldados para que agarraran a Pablo, se lo quitaran a los judíos y les dijeran: llévenlo ahora a Cesarea, porque allá está Félix. A Félix le están mandando el evangelio en bandejas grandes, así se lo están sirviendo. «Yo te traje el instrumento, te lo traje de allá y te lo puse ahí. Te lo voy a poner ahora a vivir en tu casa, en bandeja, así, para que tú veas a Cristo.» Ese es el compromiso que el Señor tiene con la salvación de los pecadores: que te lo está sirviendo así, en tus ojos.

Dos centuriones, doscientos soldados, setenta jinetes, doscientos lanceros. Lo sacaron como a las nueve de la noche y caminaron con él durante doce días, protegiendo a Pablo para que no le pasara nada a ese muchacho en el camino. ¿Saben por qué? Porque él tiene que predicarle a mucho pueblo. Es Dios cuando sale a salvar. Y es la indiferencia de Félix, es la indiferencia de los hombres, que ven el despliegue de gracia y dicen: no, no es mi tiempo, no es mi hora, yo no estoy listo. A Pablo lo detuvieron siete días para que no entrara antes de tiempo, ¿y tú crees que no es el momento? Doscientos soldados lo fueron a buscar para traértelo a tu casa, para que te prediquen el evangelio, ¿y tú crees que aún no es el momento? O sea: Dios está listo y tú no.

Lo llevaron a Cesarea, lo hospedaron, lo alimentaron, lo cuidaron. «Que nadie le ponga un dedo», les decían; «cuidado si se le muere». ¿Por qué hay que proteger tanto a Pablo? Porque ahí está el instrumento que le va a predicar el evangelio a muchos pueblos, entre ellos Félix. Y lo que ellos entienden que es mostrar su poder, es Dios mostrando su providencia.

Yo se lo calculo, hermano: solamente el esfuerzo de doce días de esos doscientos soldados con dos centuriones. El salario por día de un soldado equivalía a unos cuatro denarios, y un denario era el salario de un día de un jornalero; más comida, ropa, alojamiento. Y hablando solamente del salario de esos doscientos soldados y dos centuriones por doce días: 10.140 sestercios, que equivalía a siete años de trabajo de un trabajador promedio. Para que el evangelio a ti te fuera predicado.

La gente dice: eso es mucho desperdicio, es con nuestros impuestos. ¿Ustedes han pensado en el costo de abrir una iglesia domingo tras domingo? La gente dice: eso es muy costoso, no deberían invertir en eso. ¿Sabe para qué se hace eso? Para que tú recibas el testimonio de Cristo. ¿Para qué la música? Para que tú, a través de la música, también recibas el testimonio de Cristo. ¿Y por qué predican tantas veces? Porque el Señor te ama.

Al dominicano le encanta contar cuartos ajenos, y proyectando este asunto a la actualidad: a la guardia le pagan, yo calculo, como mil pesos por día. Doscientos soldados a mil por día durante doce días: dos millones cuatrocientos mil pesos. Y no estamos poniendo ahí el salario de los dos centuriones, más lanceros y jinetes. Cerca de tres millones de pesos de la actualidad para que Félix recibiera el testimonio de Cristo. ¿Y qué dijo Félix? «No es el momento, yo te escucharé después. Vete, vete ahora, me da agobio lo que tú me estás diciendo.»

Esta es la clave para tú entender el libro de los Hechos. No se trata de los personajes secundarios: se trata de la pasión de Dios para que a cada hombre se le testifique. El evangelio va abriendo camino, abriendo camino, abriendo camino, y el Señor va donde el personaje específico y le dice: ¡hey, tú! Aquí está Cristo. «No, no estoy listo.» Ok. Hey, tú: aquí está Cristo. El Señor salió a que el hombre vea a Cristo.

La predicación del evangelio es una operación compleja y costosa, coordinada por Dios. No es casualidad que tú estés aquí. No es casualidad que en tu familia haya creyentes. Dicen las personas: «Es que yo crecí en una iglesia.» Ah, como Félix. «Todos mis familiares son creyentes.» Maravilloso: háblame de lo que ha costado. Primero salvamos a tu abuela, después salvamos a tu mamá, para que a ti se te sirva Cristo en bandeja de plata, sí, de oro, en bandeja grande. «No, yo no estoy listo.» O sea, que el Señor está listo y tú no.

Dios organiza nuestras circunstancias a lo largo de su propósito, y en vez de quejarnos deberíamos ser sensibles. ¿Para qué el Señor te llevó a esa empresa? ¿Para qué ese trabajo? ¿Para qué ese cliente? ¿Para qué esa escuela? ¿Para qué ese liceo? ¿Por qué no te dieron cupo en esa universidad, sino en la otra? ¿Por qué no en el momento que tú querías, sino en el momento que Dios lo dispuso? Si uno caminara como caminaba Pablo, uno deja de quejarse y comienza a ver a Dios en sus circunstancias. Y dice: quizá el Señor está orquestando algo. ¿Para qué me mudé a esta ciudad? ¿Por qué vivo en este residencial? Estoy aquí en misión, como decía Pablo: me estoy quedando dos años en la casa de Félix. Y cada vez que Félix esté abierto a escuchar, yo le voy a mostrar a Cristo. Todavía no lo ve, pero yo le seguiré mostrando a Cristo.

Lo que parece normal, común o casual podría ser extraordinario. El rechazo de hombres poderosos como Félix hace más hermosa mi salvación. Ay, hermano: ellos dijeron que no, y tú fuiste salvado.

¿Casualidad? Porque mira: yo vine el domingo pasado y me predicaron, y yo no hice nada; yo volví este domingo de nuevo y me predicaron. Ay, cada domingo que te estamos predicando, el Señor ya lo vio. Y va a llegar un momento en que ya no hay otro domingo. Cada persona que a ti te habló de Cristo, ya el Señor la vio. Y va a llegar un momento en que ninguna otra persona te hablará sobre Cristo. No abuse de la gracia, no desperdicie la providencia del Señor.

Un interés bien informado

¿Qué es lo que nos muestra ahora el interés inicial de Félix? Dice el 22: «Entonces Félix, oídas estas cosas, estando bien informado de este Camino…» Estando bien informado de este Camino. Hay cantidad de gente que está muy bien informada acerca del cristianismo. De hecho, a mí me sorprende la cantidad de gente que está muerta en su delito y pecado y tiene los datos perfectamente organizados. Conocen las Escrituras, conocen las iglesias, conocen las denominaciones, conocen la historia de la iglesia, conocen el liderazgo cristiano. Hay cantidad de gente que está muerta en su delito y pecado y te habla del liderazgo cristiano con más propiedad que cualquier creyente.

Muchos hombres están bien informados: conocen la historia, la cultura, la música, la Biblia. El asunto no es cuánta información tú tienes sobre Cristo: es qué estás haciendo tú con esa información. «No, yo conozco, yo estoy siempre cerca.» Tú puedes estar tan cerca que puedes sentir el calor cristiano. «Apartaos de mí, hacedores de maldad, nunca os conocí.» Félix no será salvado porque tenga a Pablo como un muñequito durmiendo en el palacio. Esto no es un amuleto.

«Yo tengo familiares cristianos, todos mis familiares son cristianos.» Y hay gente hasta orgullosa de eso. ¿Y tú? «No, yo soy Félix.» Tener familiares creyentes, venir a los cultos desde niño, participar en la escuela bíblica, tener una opinión favorable del pueblo de Dios: eso no salva. Lo que salva es un compromiso con Cristo, aceptar a Cristo como tu Señor y Salvador. Es renunciar a otras cosas para poner a Cristo en el centro. Eso es lo que salva. Tú no serás salvo por proximidad, tú no serás salvo por información, tú no serás salvo porque manejes mucho dato. Tú serás salvo porque hiciste algo con esos datos. ¿Qué fue lo que no hizo Félix? Ese interés secundario no salva, no es suficiente, no disculpa.

Tú puedes tener todo el vocabulario, puedes tener todos los términos, puedes tener hasta el interés inicial. Lo que hace falta es el compromiso. Tú puedes parecer un cristiano, y tú puedes confundir a otros cristianos. Pero el Señor conoce el corazón de Félix. Yo me imagino que Félix se sentía inicialmente como: wow, qué privilegio, yo lo tengo ahí; cada vez que yo quiero que me hablen del Camino, lo mando a buscar. «Hey, háblame, háblame.» Llega un momento en que las personas, mientras más escuchan, más se degeneran.

Él trató a Pablo en forma amigable, dice el 23: «Y mandó al centurión que se custodiase a Pablo, pero que se le concediese alguna libertad, y que no impidiese a ninguno de los suyos servirle o venir a él.» Wow, pero ese es el tipo de hombre que yo necesito en mi ministerio: gente favorable, gente que abra puertas. «Vamos a escribirle a las iglesias, a decirles que el Señor abrió el corazón de Félix.» Eso no es que el Señor esté abriendo el corazón de Félix. Tu generosidad no importa más que tu salvación.

«Gloria al Señor, que inquietó a Félix: ya estoy comiendo bien, estoy siendo cuidado, custodiado, y hasta permiten que la gente de Pablo venga y esté con él. ¡Gloria al Señor que hizo la obra!» Esa no es la obra principal que el Señor quiere hacer en ti. La obra principal no es usar tus dones, la obra principal no es usar tu favor: la obra principal es que te humilles ante Cristo y que vengas a Él en obediencia y fe. El Señor desea más tu salvación que tus bienes; desea más tu salvación que tu poder. Hay cantidad de gente que abre puertas para el pueblo del Señor, muerta en su delito y pecado. Su salvación es lo que importa.

Dice que no impidiese que ninguno de los suyos viniera a servirle. Recuerden: en Cesarea vivía Felipe, y Felipe tenía cuatro hijas que eran profetisas. En Cesarea vivía Cornelio, que se convirtió con toda su familia. Ahí se estaba dando un culto bueno. Imagina a esos creyentes ahí: «Gloria al Señor, ya el culto lo estamos haciendo en mi casa.» Hey, que hagamos culto en tu casa no te salva. Hay gente a la que le encanta eso: «Wow, sí, tráiganmelos, vengan.» Porque ellos ven esto como si fuera mágico-religioso, como que si el pueblo del Señor está cerca, algo bueno se me va a pegar. Y no dudamos de que la gracia común del Señor traiga algo bueno; lo que no te va a hacer es salvo. La salvación no opera por ósmosis: la salvación opera por recibir a Cristo con entendimiento y venir a Él en arrepentimiento y fe.

Los paneles acústicos

Dice el 24: «Algunos días después, viniendo Félix con Drusila, su mujer, que era judía, llamó a Pablo y le oyó acerca de la fe en Jesucristo.» Hermano, oren, que el hombre parece que se va a convertir: vino hasta con su esposa. Ya yo ni celebro anticipadamente, por lo que uno vive.

He contado esta historia varias veces. Una vez estaba yo predicando el evangelio en el sitio donde se reunía la iglesia anteriormente. Yo estaba predicando a Cristo y había una persona que visitaba la iglesia por primera vez. Y esa persona, mientras yo predicaba a Cristo, tenía los ojos abiertos; yo veía que me acompañaba en la predicación. Yo predicaba y le veía un interés creciente, y miraba alrededor, y miraba hacia allá, y volvía y me miraba a mí, y estaba como la persona que está esperando para hacer una pregunta.

Yo quise dejar de predicar y como abordarle, pero terminé mi predicación, y me voy a acercar y él me está llamando con los ojos. ¿Tú has visto cómo la gente te invita con los ojos, que con la mirada te llama? ¡Wow, hermano! Yo estaba ya celebrando, saltando en un pie: realmente vio a Cristo, va a recibir a Cristo, él me quiere hablar acerca de Cristo, me va a hacer preguntas. Efectivamente, él quería encontrarse conmigo al final del sermón, y se me acerca y me dice: «Mire, pastor, yo estaba mirando aquí y esto está lindísimo. Yo soy médico, y yo veo esos paneles acústicos que ustedes utilizan, y esos paneles acústicos yo quisiera también ponerlos en mi consultorio, y yo quisiera que usted me diga…» Ay, hermano, qué decepción.

Yo quiero hablar de la cosa más sublime, quiero hablar de la salvación de las almas, y la gente te quiere hablar del parqueo de la iglesia, la gente te quiere hablar de la silla, la gente te quiere hablar de la música. Hay personas que vienen y se quedan distraídas en los cables, y dicen: «¿Y cómo es que tú estás conectado? ¿Y cómo será que funciona?» Y miran a los músicos ejecutando, y miran la precisión, y miran al predicador, y miran la elocuencia. Lo que hace falta es que mires a Cristo. Porque la infraestructura de la iglesia no te va a salvar, el arte de la iglesia no te va a salvar, la cultura de la iglesia no te va a salvar, la gente no te va a salvar. «Qué iglesia más bonita», me dicen algunos; «aquí hay envejecientes, hay niños, hay matrimonios, esta iglesia tiene de todo». Sobre todo, esta iglesia tiene a Cristo, y quiere que tú veas a Cristo. Con lo estético de la iglesia tú no serás salvado; con el andamiaje, con la estructura, tú no serás salvado.

Ellos vienen y se sientan y dicen: «Yo como que me sentí bien hoy.» Cuando uno va al culto, uno como que siente algo; yo sé que uno siente algo. El asunto no es solamente que tú sientas algo: es que tú hagas algo con lo que estás sintiendo. Yo sé que tú ves algo cuando vienes, tú dices: entre ellos hay algo ahí, y eso es bueno. Queremos que eso sea bueno para ti.

Pablo no le habló de otra cosa

Imagino a Pablo: wow, el hombre vino de nuevo, ¿de qué le hablo? El desperdicio es cuando el Señor nos coloca a alguien al frente y nosotros le hablamos de otra cosa. Un emisario de Cristo vino a hablar sobre Cristo; no lo distraiga con otra cosa. Pablo no le distrajo con asuntos secundarios: «le oyó acerca de la fe en Jesucristo». Podemos hablar de manera secundaria y ocasional de otras cosas, pero la iglesia habla principalmente de la fe en Jesucristo. Ese es nuestro tema, de eso es que queremos hablar. Ay, qué triste que una gente venga aquí y reciba otra cosa, que puede ser importante pero no prioritaria.

La iglesia te puede enseñar muchas cosas y te puede dar muchas cosas, pero la cosa que otra institución no te va a dar es Cristo. Los Boy Scouts dan algunas cosas. El Inespre da otras cosas. Salud Pública debería estar dando otras cosas. Lo que no da Salud Pública, lo que no da el Inespre ni dan los Boy Scouts, es el evangelio de Jesucristo. Hay muchos lugares donde tú puedes tener buena música, donde puedes tener arte, donde puedes tener infraestructura, donde puedes tener liderazgo, donde hasta el cariñito te lo dan. Uno no viene aquí a buscar un compadre: tú vienes aquí para recibir a Cristo. Y los hombres necesitan ver a Cristo.

¿De qué le quería hablar Pablo a Félix? De Cristo. Ahora se habla, hermano —yo puedo entender la carga— de contextualización, y todo el mundo quiere contextualizarse. Es como una estrategia muy elaborada: «No, como él es un gobernante romano, vamos primero durante dos semanas a hablar de historia, vamos a ver cómo nos conectamos con él, para estratégicamente dejarle caer a Cristo así como de lado, de manera subjetiva, que él no lo note mucho.» Pablo vino al centro: mira, es Cristo. Tú y yo podemos hablar de muchas cosas, yo tengo también muchos temas, pero yo voy a hablar sobre Cristo. Explícitamente, claramente, urgentemente.

Desperdicio es cuando una persona que necesita un salvador viene a la iglesia de Cristo y no se le muestra un salvador. Tú no necesitas un tema secundario. Tú estás muerto en tu delito de pecado, tú estás en enemistad con Dios, la cosa más importante en tu vida es tu salvación y tú necesitas eso. Y tú estás donde eso puede ocurrir. Él no le distrajo: «Vamos a hablar de entretenimiento. ¿A ti te gustan los caballos, Félix? ¿Te gustan los caballos?» Hoy no vamos a hablar de eso.

Reflexiona un poco acerca de esto. Reflexiona un poco acerca de la providencia del Señor que ha permitido que el evangelio te sea predicado. Reflexiona un poco en la providencia del Señor que te colocó en la familia que te colocó. Considera la providencia del Señor a través de tu abuela. Considera la providencia del Señor a través de la preservación de tu vida. Y deja de verme a mí y mira hoy a un emisario de Cristo. Aquí hay un hombre que el Señor te mandó hoy para que de nuevo te predicara el evangelio. Y de nuevo tú quizá ya tienes el no predispuesto, tú tienes el «yo te llamo luego» predispuesto. De hecho, tú estás pensando quizá que hasta vas a venir el próximo domingo. No es que vengas el próximo domingo: es que decidas hoy por Cristo.

Vivimos en días donde la iglesia quiere ser tan prudente respecto de todo, que la gente sigue muerta en su delito de pecado. De hecho, hay cantidad de gente que va a iglesias y yo me pregunto si van a ver a Cristo. La distracción es tan fuerte que Cristo no se deja ver. Mi amistad no te salva, mi compañía no te salva, mi bienvenida no te salva: tú serás salvo en Cristo, no en lo secundario. Pablo no le está hablando aquí de cosas variadas. La fe en Jesucristo es el tema central, el tema importante, el tema no negociable. Y para esto fue traído Pablo.

Félix se espantó

«Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero…» Y esos son temas para una primera reunión. «No, ¿pero tú crees que él vuelva? Ya lo mataste.» Por ser tan prudentes, quizás las personas siguen en su perdición. Que el Señor me cuide de hacer una crítica superficial, pero yo tengo temor y temblor al respecto de cuántos lugares surgen al día de hoy a los que la gente va por lo atractivo que es el lugar: por cómo hablan los predicadores, por cómo viste la gente del lugar, por la fama que tiene la gente que va allí, por qué grande es, qué bonito es, cuántas luces hay, qué bien suenan. De ese lugar tú podrías salir con Cristo claramente predicado, o te van a distraer.

Yo anhelo que podamos ser una iglesia explícitamente cristiana, claramente cristiana. Que cuando cualquier persona pregunte algo, digan: ahí se habla sobre Cristo. Eso es, hermano.

Ahora veré el rechazo progresivo del evangelio. Dice que Félix se espantó. «Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó, y dijo: Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré.» Esa cosa que te da como agobio, que tú dices: uff, demasiada información junta, espérate, espérate, espérate. Es que es de ese tamaño el problema que tú tienes. Pablo se lo mandó todo junto, entero.

La fe en Jesucristo no es narrativa, no es moralidad, no es estridencia, no es legalismo. Estos son los tres elementos: la justicia, el dominio propio y el juicio venidero. Y debería llamar nuestra atención lo poco que espanta el cristianismo contemporáneo. A mí me llama la atención lo poco que espanta. Porque si el problema grave que tiene el hombre es su pecado y la necesidad de un salvador, y nosotros estamos aquí predicándole a la gente cuál es la solución de su pecado, espantado alguien debería estar.

La iglesia se ha vuelto inofensiva. El cristianismo como que no ofende, un cristianismo nice. Mano, no que ofendas con tu palabra: lo que ofende es Cristo. Yo no puedo ofenderte. Lo que ofende es que tú creas que estabas bien, y que en Cristo te muestren que tú estás totalmente mal.

Caderas rotas, huesos rotos: la gente llega así y los remiendan de nuevo. «Wow, yo voy a tratar de volver el próximo fin de semana.» Ay, si la iglesia es un hospital de almas. Si realmente nosotros somos pecadores que hemos visto la salida a través de Cristo, esto debería espantar un poco. Esto debería llevarte a decir: yo soy ciego, yo soy cojo. Romanos 1: eso eran ustedes antes de que se les diera a Cristo. Pareciera que en la iglesia todo el mundo está bien, y que la iglesia es para la gente bien. No: tú necesitas ser confrontado respecto de tu necesidad de un salvador.

Miles de personas asisten todos los domingos a cientos de iglesias y no se espantan. De hecho, el non plus ultra, el summum, el no hay más del evangelismo contemporáneo, es ser amable y ambiguo. Es como engatusar a la gente con temas variados: «tráelo para que hablemos de la vida, y si aparece la ocasión hablamos de Cristo». Yo no quiero hablar de la vida: yo quiero hablar de Cristo, y desde Cristo hablemos de la vida. Yo quisiera hablar de Cristo, y desde Cristo hablemos de los negocios. Yo quisiera hablar de Cristo, y desde Cristo hablemos de la crianza. Cristo es el tema.

El arte de no decir que no

Félix aplazó la decisión: «Cuando tenga oportunidad te llamaré.» Doscientos soldados, dos centuriones, jinetes y toda la cosa, ¿para qué? Para que vengamos a hablar contigo. Él era un maestro en postergar los compromisos. Yo quiero hablarle a la gente que tiene el expertise en no decir que no. ¿Saben que hay gente que no dice que no? Deja siempre las opciones abiertas. Hay cantidad de personas que están esperando llegar a un encuentro con Dios para decirle: ¡hey, yo nunca dije que no!

¿Saben lo que dijo Cristo? «El que conmigo no recoge, desparrama; y el que no es conmigo, contra mí es.» «Nadie puede decir que yo rechacé a Cristo.» Quizás Félix está jugando ese jueguito de siempre. ¿Sabe que eso es la diplomacia? La diplomacia es el arte de mandar la cosa para el futuro, a ver si se resuelve sola. «Wow, lo que tú me estás diciendo, eso me resonó, me espantó, me removió. Pero yo sé que si yo no decido nada ahora, mañana yo no voy a sentir lo mismo que siento hoy. Quizás mañana a las ocho de la mañana ya yo me sienta bien. Vamos a hablar la semana entrante.» Y es verdad: mañana tú te vas a sentir bien. Pero hay que decidir por Cristo en el momento.

Cuatro veces. Miren, el 23:35 dice: «Te oiré cuando vengan tus acusadores.» En el 24:22 dice: «Les aplazó, diciendo: Cuando descendiere el tribuno Lisias, acabaré de conocer de vuestro asunto.» El 24:25 dice: «Ahora vete; cuando tenga oportunidad te llamaré.» Y en el 24:27 dice que al cabo de dos años, para congraciarse con los judíos, dejó preso a Pablo. Dos años de mandar el asunto para el futuro.

Dicen: «No, que no podemos presionar demasiado a la gente porque no van a volver.» ¿Qué hacemos con Pablo, que le habló desde la primera reunión del juicio venidero? Yo no vivo en eso tampoco, pero a todo el que yo tengo cerca, cada cierto tiempo yo le pregunto: hey, ¿ya tú has escuchado? ¿Tú conoces? Y algunos me dicen: no, yo todavía no estoy listo, no estoy preparado. Y yo entiendo eso perfectamente, pero yo creo que es providencial que yo te hiciera esa pregunta hoy. No tengo esa personalidad, pero me acerco en privado y le digo a la persona: hey, tú has escuchado, tú tienes años entre nosotros. ¿Por qué es que no te has bautizado? ¿Por qué es que no has decidido por Cristo? ¿Por qué no te comprometes? Y me dan todas las excusas del mundo. ¿Saben lo mejor? Que yo no les rebato las excusas. Me entristezco un poco y sigo esperando que el Señor me dé la oportunidad de volver a hacer la pregunta mañana.

«No es que yo no estoy listo, es que todavía lo estoy pensando.» Yo sé que Félix no estaba listo. ¿Cuándo va a estar listo un hombre que tiene el poder, los recursos, la fama? ¿Sabes lo duro que es humillarse delante de Dios, si es que Él es grande y no tú? Ahora, hay testimonio de gente tan poderosa como Félix que vino al Señor. Un centurión que estaba en la cruz dijo: «Verdaderamente este hombre era justo.» Y hubo otro con el cual el Señor se encontró en Capernaum, un hombre poderoso que le dijo: con que tú digas la palabra, basta. Y Cornelio era un centurión y se convirtió, y Cornelio vivía en Cesarea. Y Félix me dice que no está listo.

Gente más grande que tú, gente más poderosa que tú, gente más rica que tú, gente con más crédito moral que tú, han visto su necesidad de Cristo y se han humillado. ¿Y tú no te vas a humillar? De verdad que tú sí eres genial. ¿Ha visto al pecador genial que dice: «Yo soy más inteligente que todos ellos; ellos necesitaban a Cristo, pero yo me puedo salvar por mis propios medios»? ¿De verdad tú te puedes salvar? Hombres más buenos que tú, hombres con más calidad moral que tú, hombres con más logros que tú, se han humillado delante de Cristo, y tú no.

De forma notable, Félix nunca rechazó explícitamente a Cristo, ni explícitamente al evangelio, ni explícitamente a los cristianos. De hecho, cada cierto tiempo decía: vuelvan y repítanme la historia. Hay un momento en que no le vamos a dar lo santo a los perros; hay veces que a la gente hay que decirle: mira, ya tú has visto. La Escritura dice: sacúdanse los pies. Ahora está en boga el despido silencioso, la renuncia callada: no se van, pero se van; hay gente a la que no la despiden, pero la despidieron. Hay gente que despidió a Cristo hace rato, pero todavía dice: yo nunca he dicho que no. Hace rato que Cristo no está en tu esfera, hace rato que Cristo no está en tu vida, hace rato que tú te apartaste. Para muchos, ese silencio pecaminoso ya es una forma de vida: están calladamente perdidos.

Algunos administran bien su perdición: «Me mantengo cerca. De vez en cuando yo los mando a buscar. Mira, yo creo que al final de mes yo voy ahí a la iglesia.» Yo voy a mandar un emoji, la manito ahí, de oración, para decir que estoy aquí, ¿entiendes? El Señor va al corazón.

Ese aplazamiento regularmente tiene que ver con haber calculado el costo de hacer la inversión. «Wow, Pablo, tú me estás hablando de vivir en justicia, de cultivar el dominio propio y de pensar en el juicio venidero. Uff, demasiado para mí. No tengo presupuesto en este momento para tomar esa decisión.» Yo imagino que él miró a Drusila, y Drusila dice: «Mira, si tú te conviertes, te voto. Si tú te conviertes, mira lo que tú vas a hacer, porque yo no voy a sacrificar mi nivel de vida. Tú sabes lo difícil que es vivir como los cristianos. Mira a Pablo, que está preso. Pablo estaba bien, Pablo era un fariseo que vivía bien, y ahora es el que ha predicado el evangelio. ¿Y tú vas a salir ahora a predicar el evangelio como Pablo, así, para estar preso?»

Él no se atrevió a preguntar, pero más o menos: «Pablo, ¿cómo se ve un procurador romano cristiano?» Bueno, lo primero: va a tener que dejar de extorsionar. Y esa vuelta que me están dando para que me mojen la mano, ya no la va a poder hacer. «Y entonces, ¿cómo yo voy a llegar a fin de mes?» La gente se acostumbra a sus ingresos, y es duro darle para atrás a la calidad de vida. «Wow, es que yo sé que con lo que me pagan a mí, yo no llego. Tengo hijos, tengo situaciones, tengo líos. Cuando yo más o menos pague mis deudas, entonces yo hablo contigo, Pablo; yo te llamo de nuevo, yo te llamo.»

De la conciencia despierta al endurecimiento

Félix degeneró. Es posible que él tuviera primero una conciencia despierta, pero luego tuvo un abierto endurecimiento. Dice el 26: «Esperaba también con esto que Pablo le diera dinero para que le soltase; por lo cual muchas veces le hacía venir y hablaba con él.» Llegó un momento en que ya le hacía venir a Pablo buscando dinero. Hay gente que inicialmente viene a los caminos del Señor por un interés genuino, pero tarde o temprano hace como Judas y termina buscando qué puede conseguir en Cristo.

«Wow, con esta gente, aquí hay mucha gente, yo le podría vender algo. Wow, si cada uno de ellos fuera a mi tienda y me comprara. Me pueden conseguir un trabajo, me pueden abrir una puerta, me pueden validar socialmente.» ¿Qué es lo que está buscando la iglesia? Está buscando validación social, está buscando clientes, está buscando proveedores, está buscando un empleo. ¿Y a Cristo, ya lo tiene?

Yo no dudo de eso, hermano: la iglesia es la institución que más movilidad social produce. ¿Cuánta gente ha conseguido cliente, proveedor, empleo, acceso a cosas, a través del capital relacional que tiene la iglesia? ¿Y a Cristo, ya lo conseguiste? Ya el hombre está operando abiertamente carnal. Ya Pablo no le importa por lo que Pablo representa, ya no le importa que Pablo le fuera enviado para predicarle el evangelio. «Pablo, dinero.» «Pablo, la próxima vez que vengas deja la Biblia y trae la cartera.»

Hay gente que hace rato que perdió sus convicciones. Tú dices: ¿por qué están aquí todavía? Porque aquí hay gente. Ya él no ve a Pablo como un evangelista, sino que Pablo para él es un recurso.

¿Qué es la iglesia de Cristo para ti? Me lo digo con tristeza. ¿Qué es el cuerpo de Cristo para ti? ¿Qué es el evangelio para ti? ¿Por qué tú estás aquí hoy? ¿Porque esta gente representa algo socialmente para ti? ¿Por qué estás aquí hoy? «No, porque aquí están mis amistades, yo he crecido aquí.» ¿Qué te trajo aquí hoy? «No, porque aquí yo tengo como un sentido de responsabilidad, yo hago alguna cosa, yo sirvo en tal cosa.» Eso no es. Pablo no es dinero: es el evangelio de Cristo. Si tú estás aquí por cualquier razón que no sea Cristo, tú estás por la razón incorrecta.

Félix nunca fue consciente de la providencia del Señor que trajo a Pablo para que le predicara. Félix nunca fue consciente de que durante una ventana su mente estuvo abierta a ver a Cristo. Y Félix nunca fue consciente de que estaba caminando a su perdición. De hecho, quizás murió creyendo: «Yo nunca le dije que no a Cristo.»

Cómo se ve el evangelio

El evangelio es la buena noticia de que Dios quiere salvarnos por medio de Cristo. Y esa noticia no llega por accidente. Hay gente en esta tierra a la que todavía no se le ha testificado de Cristo. A ti sí.

Que tú tengas memorias en medio del pueblo de Dios puede hablar en contra tuya. «Wow, yo tengo tantos lindos recuerdos, esta es una parte hermosa de mi vida.» ¿Y Cristo es tu vida? «Esta gente me quiere tanto que cuando yo vengo aquí me cargan, me abrazan; cuando yo voy a la iglesia, esa gente no encuentra dónde ponerme.» ¿Y Cristo, qué dice de ti? Cuando tú llegues a su presencia, ¿tú crees que te van a tratar con tanta amabilidad como te estamos tratando nosotros? Cuando tú tengas que tener un encuentro personal con Cristo, ¿tú crees que Cristo sea tan amigable como es amigable el pastor de la iglesia Pez Mundial? «Cada vez que yo los visito, esa gente me carga, me busca, me aprieta. Yo siento que esa es mi gente.» Cuando tú llegues a la presencia del Señor, ¿tú crees que mi Señor haga por ti lo mismo que estamos haciendo nosotros?

Lo más doloroso de todo esto es que Félix está caminando a su perdición. Dios envía la predicación del evangelio en forma intencional, en forma urgente, a cada persona, usando medios y circunstancias. Esta historia muestra que no basta con escuchar el evangelio: el evangelio, más que información, es una invitación que exige respuesta. Todo hombre tiene que ver a Cristo, caminar hacia Cristo, caminar en justicia, en dominio propio y pensando en el juicio venidero.

Cuando tú te encuentres delante de la presencia del Señor, no podrás decir otra cosa que no sea que cuando a ti Cristo te fue predicado, tú aceptaste a Cristo como tu Señor y tu Salvador, y que Cristo es la única seguridad para tú mantenerte en pie en la presencia del Señor. Oro por la iglesia, y oro por cualquier persona que providencialmente pueda ver a Cristo.

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