Félix aparece en el relato como un hombre bien informado sobre el «camino», amigable con los cristianos y con un aparente interés por el mensaje. Sin embargo, fue también profundamente indeciso. Durante dos años recibió testimonio sin recibir salvación. Más que un testimonio de salvación es un ejemplo del avance del evangelio a pesar del rechazo de los hombres. Muestra que Dios puede colocarnos providencialmente ante personas específicas para que demos testimonio. Nuestra responsabilidad es proclamarlo con fidelidad, aunque no siempre tengamos fruto.
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Quisiera hoy hablarle a la iglesia acerca del espanto de Félix. Solamente matizo un poco y pongo un asterisco. No tengo mucho deleite en hablarle a la iglesia sobre Félix. Yo tengo deleite en hablarle a la iglesia sobre Cristo. Y Félix realmente no es un personaje tan importante. No lo es en la historia del Imperio Romano y tampoco lo es en la historia de la Iglesia. Es un secundario, notable como secundario, pero secundario al fin. Principal es Cristo. Y yo creo que como iglesia tenemos que tener la madurez de reclamar en la predicación que el centro siempre sea el glorioso evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Pues después de Cristo, todos somos secundarios.
Entonces Félix, oídas estas cosas, estando bien informado de este camino, les aplazó diciendo: Cuando descienda el tribuno Lisias, acabaré de conocer de vuestro asunto. Y mandó al centurión que se custodiase a Pablo, pero que se le concediese alguna libertad, y que no impidiese a ninguno de los suyos servirle o venir a él. Algunos días después, viniendo Félix con Drusila su mujer, que era judía, llamó a Pablo y le oyó acerca de la fe en Jesucristo. Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó y dijo: Ahora vete, pero cuando tenga oportunidad te llamaré. Esperaba también con esto que Pablo le diera dinero para que le soltase, por lo cual muchas veces lo hacía venir y hablaba con él. Pero al cabo de dos años recibió Félix por sucesor a Porcio Festo, y queriendo Félix congraciarse con los judíos, dejó preso a Pablo.
— Hechos 24:22-27
De hecho, el tema en esta porción de la escritura no es Félix. El tema es cómo Cristo está siendo predicado a todas las personas y cómo Dios ha orquestado el plan de salvación de forma tal que todos los hombres providencialmente sean testificados acerca de Jesucristo. Reciban a Cristo o no lo reciban.
Félix: bien informado, profundamente indeciso
Félix no aparece en el relato como un hombre piadoso, sino como un hombre bien informado sobre «el camino», que es la manera en cómo se referían al cristianismo. Aparece como un hombre relativamente amigable con la iglesia y con un aparente interés en el mensaje de Jesús. Entre todos los gobernadores romanos, según puedo inferir en la historia, fue el que más tiempo tuvo de escuchar el evangelio: dos años completos. Hay personas en la escritura que solamente tuvieron una presentación del evangelio, un corto encuentro. Pero a Félix, el Señor providencialmente le instaló al apóstol Pablo al lado de su casa por dos años.
Se documenta más de un encuentro. Y conociendo al apóstol Pablo, eran encuentros donde Cristo era céntrico. Pablo no estaba perdiendo el tiempo con Félix; Pablo estaba predicándole el evangelio de Jesucristo. Y Félix tuvo más de una ocasión para recibir el testimonio de Cristo y cada vez lo aplazó. Más que un testimonio de salvación, es un ejemplo del avance del evangelio a pesar del rechazo de los hombres. Muestra que Dios puede colocarnos providencialmente ante personas específicas para que demos testimonio y que nuestra responsabilidad es proclamar a Cristo con fidelidad, reciban o no los hombres nuestro testimonio.
Lo que resume la idea en el relato de Félix es que él se espantó y dijo: «Ahora vete, pero cuando tenga oportunidad te llamaré.» Félix es el hombre que postergó un encuentro con Cristo para cuando tuviese oportunidad, y al parecer nunca hubo oportunidad. Hoy veremos tres momentos clave en esta historia. Primero, la providencia que llevó el evangelio hasta Félix. Después, su interés inicial, que aunque prometedor, fue superficial. Y después veremos cómo Félix fue progresivamente endureciéndose.
La providencia que llevó el evangelio hasta Félix
Nosotros no hacemos la labor de predicar a Cristo porque los hombres se encuentren muy predispuestos a responder. Nosotros hacemos la labor de testificar sobre Cristo, reciban o no reciban nuestro testimonio. Porque los hombres deben ser notificados al respecto de su responsabilidad. Y cada vez que un hombre ha sido predicado y se le ha mostrado a Cristo con completa claridad y cuál es la demanda de Dios ante el hombre, ese hombre ya no tendrá excusa. Hace muchos años yo predicaba y le decía a la iglesia que el evangelio no solamente es una buena noticia: regularmente el evangelio es una notificación. Félix, te estamos diciendo que en el cielo hay un Dios que juzgará a todos los hombres. Tú lo recibas o no lo recibas.
Durante dos años te vamos a repetir consistentemente que Dios tiene una demanda sobre el hombre. Y sabemos, Félix, que tú estás encumbrado en tu posición de autoridad, que no tienes tiempo, que estás muy distraído, muy ocupado, pero tú necesitas saber que en el cielo hay un Dios que ha querido salvar a los hombres a través de Jesucristo. Un emisario oficial no anda pensando si el receptor es amigable, si está dispuesto, si va a hacer algo con esta carta. Tú entrega lo que te mandaron entregar, lo reciban o no reciban.
Muestro primero la providencia que llevó el evangelio ante Félix. Desde el capítulo 9 hasta el 24 de Hechos usted verá a Dios moviendo un gran andamiaje, un gran proyecto que es el proyecto de salvación. El Espíritu inquietó a Pablo desde Mileto para que fuera hasta Jerusalén. Nos dice que el mismo Espíritu detuvo a Pablo con precisión, exactamente durante siete días, de forma tal que Pablo llegara a Jerusalén en el momento específico donde el Señor ha preparado otra cosa. En la salvación de los hombres hay precisión. Y del lado de nosotros hay ignorancia. Ninguno de nosotros sabe la cantidad de cosas que Dios movió de forma tal que nuestras almas fueran despertadas a salvación.
Después vino un profeta que se llamaba Ágabo, se ató con correas y le dijo a Pablo: «Así mismo te va a suceder cuando llegues a Jerusalén.» ¿Y saben lo que Pablo le dijo? «Sí, yo sé.» A Pablo no le dijeron que todo el mundo lo estaría esperando. Le dijeron que iban a Jerusalén y que no lo iban a recibir y lo iban a atar con cadenas. Y Pablo decía: «Para esto fue que el Señor me llamó.»
Llega a Jerusalén y es arrestado en el templo en forma sorprendente. Toda la ciudad se agolpó en su contra. Aparecen cuarenta sicarios judíos que juraron no comer ni beber hasta que mataran a Pablo. El procurador lo apresa para que no lo maten. Y quienes parecen estarle dañando son el transporte de la providencia. El Señor mandó dos centuriones, doscientos soldados, setenta jinetes, doscientos lanceros. Lo sacaron como a las nueve de la noche y caminaron con él durante doce días, protegiendo a Pablo para que no le pase nada. ¿Saben por qué? Porque él tiene que predicarle a mucho pueblo. Es Dios cuando sale a salvar.
El costo de predicar el evangelio
Yo se lo calculo, hermano. Solamente el esfuerzo de doce días de esos doscientos soldados con dos centuriones: el salario por día de un soldado eran 2.47 sestercios, equivalía a cuatro denarios. Un denario era el salario de un día de un jornalero. Calculando solamente el salario de esos doscientos soldados por doce días: 10,140 sestercios. Equivalía a siete años de trabajo de un trabajador promedio. Para que el evangelio a ti te fuera predicado.
¿Ustedes han pensado el costo de abrir una iglesia domingo tras domingo? La gente dice «eso es muy costoso, no deberían invertir en eso.» ¿Sabe para qué eso se hace? Para que tú recibas el testimonio de Cristo. ¿Para qué la música? Para que tú a través de la música también recibas el testimonio de Cristo. ¿Y por qué predican tantas veces? Porque el Señor te ama.
Esta es la clave para entender el libro de los Hechos. No se trata de los personajes secundarios; se trata de la pasión de Dios para que cada hombre sea testificado. Como el evangelio va abriendo camino y el Señor va donde la persona específica y le dice: «Hey, aquí está Cristo.» «No, no estoy listo.» «Hey, aquí está Cristo.» Y la predicación del evangelio es una operación compleja y costosa, coordinada por Dios. No es casualidad que tú estés aquí. No es casualidad que en tu familia hayan creyentes.
Un interés que no salva
Félix estaba bien informado de «este camino.» Hay cantidad de gente que está muy bien informada acerca del cristianismo. Conocen las escrituras, conocen las iglesias, conocen las denominaciones, conocen la historia de la iglesia, conocen el liderazgo cristiano. Hay cantidad de gente muerta en su delito y pecado que te hablan del liderazgo cristiano con más propiedad que cualquier creyente. El asunto no es cuánta información tú tienes sobre Cristo; es qué tú estás haciendo con esa información.
Tú no serás salvo por proximidad, no serás salvo por información, no serás salvo porque manejes mucho dato. Serás salvo porque hiciste algo con esos datos. Que fue lo que no hizo Félix. Ese interés superficial no salva, no es suficiente, no disculpa. Lo que hace falta es el compromiso. Tú puedes parecer un cristiano y puedes confundir a otros cristianos. Pero el Señor conoce el corazón de Félix.
«Y mandó al centurión que se custodiase a Pablo, pero que se le concediese alguna libertad, y que no impidiese a ninguno de los suyos servirle o venir a él.» Que hagan culto en tu casa no te salva. La salvación no opera por ósmosis inversa. La salvación opera por recibir a Cristo con entendimiento y venir a Él en arrepentimiento y fe. La obra principal no es usar tus dones, la obra principal no es usar tu favor. La obra principal es que te humilles ante Cristo y que vengas a Él en obediencia y fe. El Señor desea más tu salvación que tus bienes.
Pablo no le distrajo con asuntos secundarios
«Le oyó acerca de la fe en Jesucristo.» Podemos hablar de manera secundaria y ocasional de otras cosas, pero la iglesia habla principalmente de la fe en Jesucristo. Ese es nuestro tema. De eso es que queremos hablar. Lo que no da salud pública, lo que no da Inespre ni dan los Boy Scouts es el evangelio de Jesucristo. Hay muchos lugares donde tú puedes tener buena música, arte, infraestructura, liderazgo. Uno viene aquí a recibir a Cristo. Los hombres necesitan ver a Cristo.
Se habla de contextualización y todo el mundo quiere contextualizarse. Es como una estrategia muy elaborada: «Como él es un gobernante romano, vamos primero durante dos semanas a hablar de historia, a ver cómo nos conectamos con él, para estratégicamente dejarle caer a Cristo así como medio de lado.» Pablo fue al centro. «Mira, es Cristo. Tú y yo podemos hablar de muchas cosas, pero yo vine a hablar sobre Cristo. Explícitamente, claramente, urgentemente.»
El espanto que debería producir el evangelio
«Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó.» Pablo no le dio la información por partes, como en una serie de conferencias. Se lo mandó todo junto. La justicia, el dominio propio y el juicio venidero. Y debería llamar nuestra atención lo poco que espanta el cristianismo contemporáneo. Si realmente el problema grave que tiene el hombre es la necesidad de un Salvador y su pecado, y nosotros estamos aquí predicando cuál es la solución de su pecado, espantado alguien debería estar.
La iglesia se ha vuelto inofensiva. Un cristianismo que no ofende, un cristianismo agradable. No es que ofendas con tu palabra; lo que ofende es Cristo. Lo que ofende es que tú creías que estabas bien y te muestran en Cristo que estás totalmente mal. Me preocupa la cantidad de cristianismo que no espanta. Tú puedes estar en una iglesia sin sentirte en falta, sin sentirte en peligro. Si la iglesia es un hospital de almas, si realmente somos pecadores que hemos visto la salida a través de Cristo, esto debería espantar un poco. Yo quisiera hablar de Cristo y desde Cristo hablemos de la vida, de los negocios, de la crianza. Cristo es el tema.
Cuatro veces aplazó la decisión
Félix era un maestro en postergar los compromisos. Cuatro veces lo aplazó. En el 23:35 dice: «Te oiré cuando vengan tus acusadores.» En el 24:22 dice: «Cuando descienda el tribuno Lisias, acabaré de conocer vuestro asunto.» En el 24:25 dice: «Ahora vete, cuando tenga oportunidad te llamaré.» Y en el 24:27: «Al cabo de dos años, para congraciarse con los judíos, dejó preso a Pablo.» Dos años de mandar el asunto para el futuro.
¿Qué hizo Cristo? El que conmigo no recoge, desparrama. Y el que no es conmigo, contra mí es. Nadie puede decir que rechazó a Cristo, pero Félix está jugando ese jueguito de la diplomacia: el arte de mandar las cosas para el futuro y que se resuelvan solas. «Lo que tú me estás diciendo me espantó. Pero si yo no decido nada ahora, mañana no voy a sentir lo mismo que siento hoy. Mañana a las ocho de la mañana ya me voy a sentir bien.» Y es verdad, mañana te vas a sentir bien. Por eso hay que decidir por Cristo en el momento.
Un rechazo progresivo
Imaginemos que Félix miró a Drusila y pensó: «¿Cómo se ve un procurador romano cristiano?» Lo primero que va a tener que dejar de hacer es extorsionar. Y esa vuelta para que Pablo le mojara la mano ya no la va a poder hacer. «¿Y cómo yo voy a llegar a fin de mes?» La gente se acostumbra a sus ingresos. Es duro darle para atrás a la calidad de vida.
Es posible que él tuviera primero una conciencia despierta, pero luego tuvo abierto endurecimiento. «Esperaba también con esto que Pablo le diera dinero para que le soltase, por lo cual muchas veces lo hacía venir y hablaba con él.» Llegó un momento en que ya le hacía venir a Pablo buscando dinero. Ya no le importaba lo que Pablo representaba como emisario del evangelio. Ya Pablo no era un evangelista; Pablo para él era un recurso. ¿Qué es la iglesia de Cristo para ti? ¿Qué es el evangelio para ti? ¿Por qué tú estás aquí hoy? Si estás aquí por cualquier razón que no sea Cristo, estás por la razón incorrecta.
El evangelio no llega por accidente
Félix nunca fue consciente de la providencia del Señor que trajo a Pablo para que le predicara. Nunca fue consciente que durante una ventana su mente estuvo abierta a ver a Cristo. Y nunca fue consciente que estaba caminando a su perdición. De hecho, quizás murió creyendo «yo nunca le dije que no a Cristo.»
El evangelio es la buena noticia de que Dios quiere salvarnos por medio de Cristo y esa noticia no llega por accidente. Dios envía la predicación del evangelio en forma intencional, urgente, a cada persona usando medios y circunstancias. Esta historia muestra que no basta con escuchar. El evangelio, más que información, es una invitación que exige respuesta. Cuando tú te encuentres delante de la presencia del Señor, no podrás decir otra cosa que no sea que cuando a ti Cristo te fue predicado, tú aceptaste a Cristo como tu Señor y tu Salvador.