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El evangelio en nuestras amistades

Colosenses 4:7-18

Las amistades en el pueblo de Dios, cuando se cultivan de manera intencional y en el contexto del evangelio, fortalecen la misión de la iglesia y traen consuelo a nuestras vidas. Pablo concluye Colosenses con una larga despedida que nos enseña a compartirnos, atesorar las relaciones por lo que significan en Cristo y a interesarnos por lo que Dios hace más allá de nuestro círculo inmediato.

Predicado22 de junio de 2025
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Pónganse ahí un momento sobre sus pies y abran la Sagrada Escritura. Que el Señor les bendiga mucho. Pueden abrir la Sagrada Escritura en la carta de Pablo a los colosenses, en el capítulo 4. Estén conmigo en Colosenses capítulo 4, desde el versículo 7 y hasta el final.

Con el favor del Señor, hoy llegamos al final de la carta de Pablo a los colosenses. Esta parte final son sobre todo saludos, pero si usted, como yo, está consciente de que toda la Escritura es inspirada por Dios y útil, entonces usted entenderá que hasta los saludos, cuando son inspirados por Dios, tienen edificación para su pueblo. Y que no hay una porción de la Escritura donde nosotros podamos eximirnos y decir: «Bueno, ya cerramos la parte didáctica, ya Dios dejó de hablar». Yo creo que ahora, especialmente, Dios está hablando.

Es Colosenses 4 del 7 al 18, para ver desde aquí el evangelio en nuestras amistades. Dice así la Sagrada Escritura, la Palabra del Señor:

Todo lo que a mí se refiere, os lo hará saber Tíquico, amado hermano y fiel ministro y consiervo en el Señor, el cual he enviado a vosotros para esto mismo, para que conozca lo que a vosotros se refiere y conforte vuestros corazones, con Onésimo, amado y fiel hermano, que es uno de vosotros. Todo lo que acá pasa, os lo harán saber.

Aristarco, mi compañero de prisiones, os saluda, y Marcos, el sobrino de Bernabé, acerca del cual habéis recibido mandamientos; si fuere a vosotros, recibidle; y Jesús, llamado Justo; que son los únicos de la circuncisión que me ayudan en el reino de Dios, y han sido para mí un consuelo.

Os saluda Epafras, el cual es uno de vosotros, siervo de Cristo, siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere. Porque de él doy testimonio de que tiene gran solicitud por vosotros, y por los que están en Laodicea, y los que están en Hierápolis. Os saluda Lucas, el médico amado, y Demas.

Saludad a los hermanos que están en Laodicea, y a Ninfas y a la iglesia que está en su casa. Cuando esta carta haya sido leída entre vosotros, haced que también se lea en la iglesia de los laodicenses, y que la de Laodicea la leáis también vosotros. Decid a Arquipo: Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor. La salutación de mi propia mano, de Pablo. Acordaos de mis prisiones. La gracia sea con vosotros. Amén.

— Colosenses 4:7-18

Pueden sentarse, mis hermanos. Recuerden que, después de ya muchos meses en la carta de Pablo a los colosenses, llegamos al final. Y siempre que el Señor nos da el privilegio de exponer y exponernos a un libro completo de la Palabra del Señor, al llegar al final hay una sensación como de despedida. Pienso que quizás en otro momento de mi ministerio ya el Señor no me permita volver a exponer este libro completo, por lo cual lo atesoro.

Esta carta específicamente, recuerden, el apóstol Pablo la escribió desde la prisión, junto con otras. Y se le escribió a una iglesia que él no conocía personalmente. Pablo está en Roma, en una prisión domiciliaria, y desde allá envía un grupo de cartas, entre ellas esta. Y la carta concluye con una despedida sorprendentemente larga, rica en nombres. Algo notable, considerando que Pablo está preso y que no conoce esta iglesia. De hecho, hay dos cartas que Pablo envió sin conocer personalmente a la iglesia, la carta a los romanos y la carta a los colosenses, y ambas terminan con un largo saludo y muchos nombres.

El evangelio también se hace presente en la despedida

En esta sección final, el evangelio sigue siendo el centro. Pablo, al igual que cualquier persona que ha conocido e interiorizado el evangelio, no puede separar ninguna área de la vida de este hecho sorprendente: que nosotros en Cristo hemos sido salvados, hemos sido amados, hemos sido acercados, hemos recibido en Cristo un lugar de utilidad.

El evangelio y Pablo son como si fueran un solo elemento. Pablo puede articular cualquier asunto desde la perspectiva del evangelio, y el evangelio también en la despedida se hace presente. Con expresiones intencionales, con inferencias, con referencias, con sentimientos. Si nosotros estamos persuadidos de que la cosa más importante que está sucediendo ahora mismo es la predicación del evangelio, deberíamos hacernos duchos en presentar el evangelio con palabras, con acciones, con sentimientos, con gestos. Llega un momento en que todo es evangelístico, aun la despedida.

La idea central que veremos hoy es que las amistades en el pueblo de Dios, cuando se cultivan de manera intencional y en el contexto del evangelio, fortalecen la misión de la iglesia y traen gran consuelo para nuestras almas. El alma de un creyente va a ser consolada por un creyente, y la misión de Cristo avanzará a través de las relaciones del creyente.

Yo no quisiera solamente exponer cosas, yo quisiera involucrarlos a cada uno de ustedes en estas cosas. El evangelio es más que contenido, es más que conocimiento. El evangelio de Jesucristo es más que instrucciones, es más que leyes. El evangelio de Jesucristo es vida, es relaciones. Y llegar a ser un creyente no es solamente asumir un cuerpo de conocimiento. Llegar a ser un creyente es, en gran medida, asumir un conjunto de relaciones.

De hecho, la parte difícil de la vida cristiana es esta. Yo temo por la cantidad de creyentes poco relacionales que voy conociendo. Gente que a nivel doctrinal podría parar un ángel en la punta de una aguja, pero que no tiene dos amigos profundos en el camino del Señor. Gente que puede devorar libros en la soledad, pero que no tiene a quién clavarle el codo y decirle: «Mira lo que dice aquí». Gente sin complicidad, gente sin relación, gente sin amigos.

Lo menos que quiero yo es venir a acusarte o a crear en ti tristeza. Quiero invitarte, quiero provocarte, quiero estimularte. Y si para algo sirve la despedida de la carta de Pablo a los colosenses, que sirva para animarte a que no te quedes solo. A que tengas amistades, a que te inviertas en amistades, a que sufras las amistades.

Pablo no era el hombre más sociable

Pablo no solamente está buscando instruir a los colosenses; él está buscando compartirse con ellos, mostrarles lo que Dios está haciendo en su ministerio. También está atesorando sus relaciones como cosa muy valiosa y también se está preocupando por otras iglesias que tampoco conoce.

La gente piensa en el apóstol Pablo y piensa solamente en un intelectual de su tiempo. El apóstol Pablo no solamente era un gran intelectual de su tiempo —y lo era—, era un hombre altamente relacional. El ser humano es un ser relacional.

Y ahora hablo yo, hermano, lo que percibo leyendo las cartas de Pablo. Yo asumo que Pablo no era el hombre más simpático del mundo. Pablo era un intelectual, un fariseo, instruido a los pies de Gamaliel. Yo no creo que fuera de estas personas que son sumamente sociables, que ese fuera su elemento. De hecho, yo lo percibo hasta un poco agrio en su relacionamiento: se enfrentó con Pedro, con Bernabé, con Juan Marcos.

Hago esto, hermano, porque a veces uno habla de estos temas y piensa: «Bueno, es que hay gente que es muy sociable». Yo asumo que el apóstol Pablo no era el hombre más sociable. Yo asumo que el apóstol Pablo, cuando entendió el evangelio, realmente lo interiorizó y comprendió que el evangelio es un asunto de equipo. Y que juntos necesitamos hacer la misión y que solos no podemos hacerla.

Mostraré hoy que la misión requiere que nos compartamos de manera profunda. Mostraré que la misión requiere que atesoremos las relaciones y que la misión requiere que estemos al tanto de lo que Dios está haciendo en nuestro contexto más inmediato y también en los pueblos que nos quedan al lado.

Introduzco con preguntas, hermano. Recuerda que mi meta es provocarte, abrirte, que salgas de tu caparazón. Voy lento y testifico un poco. Yo creo que entre ustedes, quienes me conocen un poco, saben que si no fuera por Cristo, yo fuera un tipo solitario, casi huraño. Por mí, yo estaría en este momento leyendo la Escritura desde mi casa. Es mi hombre natural. Yo creo que la capa social en mi personalidad el Señor me la regaló a través de una iglesia, y que en mucho sentido una iglesia a mí socialmente me salvó. Me sacó de la soledad, me sacó de este interiorismo, de estar mirando siempre hacia adentro. La iglesia de Cristo ha enriquecido mi vida porque me ha dado amigos, me ha dado compañeros de ministerio, me ha dado un interés genuino y legítimo en la vida de los otros.

Aumentó mi capital relacional. Te pregunto: ¿cuántas de tus amistades actuales seguirán siendo importantes de aquí a los próximos mil años? ¿Con quién tú vas a tener temas de conversación en la eternidad? ¿En cuánta de la gente con la cual tú estás invirtiendo tiempo en este momento realmente Cristo cabe en esa relación? ¿Has podido tú reconocer alguna vez la mano providencial del Señor al conectarte con personas que han sido de bendición para tu vida, que han glorificado su nombre y han contribuido al avance del evangelio? ¿Cuántas de tus amistades son valiosas no solamente para ustedes dos, ustedes tres, ustedes cuatro, sino que son valiosas para el pueblo de Dios? ¿Con cuánta gente tú te estás asociando intencionalmente, aunque no tengan el mismo registro de personalidad?

¿Me siguen en esto? Tú y yo no somos iguales, no somos idénticos. Pero a causa de no ser iguales ni ser idénticos, cuando nos unimos, cuando nos asociamos a la luz del evangelio, nuestras vidas juntas pueden repercutir para la gloria del Señor de manera mucho más significativa que de manera individual. ¿Cuántas de tus relaciones tú las atesoras no necesariamente porque sean cómodas para ti o buenas para ti, sino porque son de bendición para otros?

Cordialidad, aprecio mutuo y valoración

Cuando hablo del evangelio en nuestras amistades, no estoy pensando necesariamente en amigos del alma. Le pregunté a Jules que cómo es la categoría, y ella me explicó, hermano, que son como cinco categorías. Vamos desde besties, mi mejor amigo, mejor amigo, amigo. Son muchas. Ay, hermano, cuando estoy hablando del evangelio en tus amistades, no estoy hablando necesariamente de que todo el mundo para ti va a ser tu bestie. Estoy hablando de cordialidad, de aprecio mutuo y de valoración.

Ajusto el criterio porque cuando las personas piensan en amistades están pensando que vamos a bailar pegados, que ahora vamos a ser lo más cercano del mundo. Yo no creo que de estos nombres que están aquí ninguno haya sido para Pablo como su mejor amigo del alma. Ni bestie. Eran compañeros del ministerio que podían tener una amistad cristiana adornada de cordialidad, de aprecio mutuo, de valoración.

Y vemos a Pablo haciendo un esfuerzo por compartirse. Comienza él diciendo: «Todo lo que a mí se refiere os lo hará saber Tíquico». O sea, Pablo quiere que los hermanos de Colosas realmente sepan lo que está pasando en su vida, en su ministerio, lo que está pasando en Roma, lo que el Señor está haciendo en Roma en medio de la prisión domiciliaria. Dice él: «Amado hermano y fiel ministro y consiervo en el Señor». Eso es cordialidad, aprecio mutuo y valoración.

Advierto, hermano: esos amigos del alma no siempre suceden. Hay gente a quien el Señor se los concede. Si el Señor se lo concedió, atesórelo. Pero no siempre ocurre. Y a veces, por estar esperando los amigos del alma, tú te pierdes la hermosa oportunidad de gente que el Señor está trayendo para enriquecer tu vida, enriquecer la misión y ser de bendición para los otros. Ser amigos del alma depende de nuestras personalidades, depende del momento de la vida. No siempre hay disponibilidad relacional para establecer este tipo de relaciones. Si el Señor te lo concedió, atesóralo. Pero mi expectativa en este momento es pastorearte respecto de la cordialidad, la mutua valoración, el aprecio, que no significa que «wow, tú eres mi mejor amigo». No necesariamente.

Y finalmente somos compañeros del ministerio, donde hay cordialidad y, sobre todo, te valoro por lo que tú significas para la misión. Pablo no solamente está enviando una carta con instrucción, como va desde el capítulo 1 al 4. Pablo está enviando un testimonio. Pablo está tratando de mostrarles a estos hermanos lo que está pasando con su vida. Pablo está tratando de compartirse.

Y una de las cosas más difíciles es compartirnos. El hombre natural vive en su introspección, vive en su encerramiento, y todo el mundo se queda muy solo. Nadie habla acerca de su vida, sino solamente generalidades. Pablo dice: «Yo no solamente quiero enviar una carta de instrucción, yo quiero enviar un testimonio. Yo quiero mostrarles a ustedes cómo se ve lo que el Señor está haciendo en Roma».

Pablo está mostrando que el evangelio es mucho más que contenido, que es relaciones, que es experiencias compartidas, que es saborear lo que Dios va haciendo en la vida de la gente. Y ese paladar hay que cultivarlo. Hay hermanos míos que tienen un hermoso paladar para la instrucción, para la predicación, pero hay un paladar para las relaciones: cuando tú llegas a gustar lo que Dios está haciendo en la vida de la gente y tú puedes gozarte realmente de la obra de Dios en cada uno de sus hijos. Y quien cultiva eso ya no solamente se congrega porque quiere cantar, ya no solamente se congrega porque quiere recibir la predicación; se congrega porque quiere gustar de lo que Dios va haciendo en medio de su pueblo.

El evangelio es más que contenido, es vida de iglesia. Es una persona que mira a otro y dice: «Fulano, es que tú te ves de manera diferente». Y cuando yo te veo a ti, yo puedo ver la mano de Dios en ti, de forma tal que esto es digno de ser compartido. Y para eso tenemos que estar presentes. Yo creo que congregarse es más que traer el cuerpo, es traer la vida. Congregarse es tener un testimonio compartido. Yo creo que estar en medio del pueblo del Señor es más que ocupar un asiento, que ocupar una banca. Yo creo que estar en medio del pueblo del Señor es ponerse por donde está pasando la obra de Dios.

Y cuando la obra de Dios pasa en medio de nosotros, tú tienes que testificar lo que Dios hizo en ti y yo te voy a testificar lo que Dios también está haciendo en mí. De forma tal que podamos sentirnos parte de la obra de Dios en nuestro tiempo. Dios está vivo y en medio de su pueblo. Y si Dios está en medio de su pueblo, yo quiero ver lo que Dios está haciendo en ti.

Pablo no solamente está mandando instrucción. Pablo está mandando testimonio. Pablo está mandando vida de iglesia. Y alguien dirá: «¿Y qué le importa eso a los colosenses?». Debería importarle. Porque dondequiera que mi Dios se ha estado moviendo, eso tiene que ver conmigo. «No, es que esa es mi vida». Esa no solamente es tu vida, es la vida de Cristo en ti. Dice la Escritura que nosotros somos cartas leídas. Y dondequiera que Dios está doblando un corazón, ahí hay un corazón digno de ser visto.

A mí me impresiona la cantidad de gente que ya se está congregando y dice: «Ya yo me estoy congregando». El asunto es si tú estás perteneciendo. Si tú estás al tanto de lo que Dios está haciendo en medio de tu gente. ¿Cuándo fue la última vez que tú celebraste algún detalle de Dios en el carácter de alguno de los tuyos? Que tú pudiste ver la vida donde tus hermanos y tú dijiste: «Ahí está la mano de mi Dios, yo lo veo. Ahí Dios se está moviendo». Eso es digno de ser compartido.

La vida de Pablo importa porque es un testimonio de la obra de Dios. Dice: «Todo lo que a mí se refiere». Hermano, aguánteme aquí: yo no creo que Pablo estaba pensando principalmente en que le hablen de su salud, en que le hablen de su oficio. Todo lo que a mí se refiere, todo lo que Dios está haciendo en medio de nosotros: es la obra de Dios en la vida de Pablo, es la obra de Dios en la vida de la gente en Roma, es la vida de Dios en Colosas, es la vida de Dios en Laodicea.

¿Qué cosas tú deberías poder compartir, atesorar? Madurez, frutos, servicio, liderazgo. Hay un hermano que sintió el llamado de Dios y dio un paso al frente. ¡Gloria al Señor por eso! Hay una persona que estaba luchando y en este momento Cristo en él ha vencido. ¡Gloria al Señor por eso! Había alguien que anteriormente no estaba participando y ahora participó. Llega un momento en que la gente abre los ojos en lo espiritual, y quien está atento celebra que alguien abrió los ojos en lo espiritual. Hay gente que tú siempre la habías visto ahí como un poco desrengada espiritualmente, y ahora tú la ves incorporada, como el gadareno, sentado, vestido y en su juicio cabal. Y tú dices: «¡Gloria al Señor por su obra en la vida de mi hermano!». Pablo aquí no solamente quiere mandar instrucción, Pablo quiere mandar vida. Yo creo que nosotros necesitamos más de eso.

Tíquico y Onésimo: la obra de Dios documentada

¿A través de quién él está hablando? Dice Tíquico y Onésimo. De Tíquico dice él: «Amado hermano y fiel ministro y consiervo en el Señor». Y dice de Onésimo: «Con Onésimo, amado y fiel hermano, que es uno de vosotros. Todo lo que acá pasa, os lo harán saber».

Un momentito ahí, hermano. ¿Tú estás realmente al tanto de lo que Dios está haciendo en medio de nosotros? Si tuviéramos que compartir lo que Dios está haciendo en medio de nosotros, ¿tú serías un buen emisario? Escúchalo, que él dice: «Todo lo que acá pasa, os lo harán saber». ¿Tú estás al tanto de lo que Dios está haciendo en tu iglesia local? ¿Tú conoces nuestras luchas, los motivos de oración, las pequeñas victorias? A mí me causa sincera tristeza el nivel de cerrazón en que viven una gran cantidad de miembros de la iglesia local.

En todo culto el Señor hace algo, pero tú no lo estás mirando. ¿Tú has visto restauración en este año? ¿Tú has visto dones que se están utilizando? ¿Tú has visto gente incorporada espiritualmente? ¿Tú estás al tanto espiritualmente, o tú solamente te estás congregando? «Todo lo que acá pasa, os lo harán saber», de forma tal que la iglesia pueda gozarse en la obra de Dios en medio de ellos.

¿Quién es Tíquico? Voy rápido, hermano, pero fue parte del tercer viaje misionero de Pablo. Dos veces, por lo menos documentadas, representó a Pablo como su emisario ante otras iglesias: ante Éfeso, ante Colosas. En algún momento, al parecer, Tíquico relevó a Tito y también a Timoteo en el cuidado de la iglesia, o sea que era un obrero confiable.

¿Y quién era Onésimo? El testimonio de Onésimo fue lo que dio a luz a una carta del Nuevo Testamento, la carta de Pablo a Filemón. Uno ve estos nombres y parecen nombres sueltos; hermano, es la obra de Dios, atesore eso. No lo vea solamente como historia dispersa, mire la mano de Dios. Esos son testimonios. Esas son historias que comenzaron siendo muy tristes y terminaron siendo historias felices.

Es la obra de Dios documentada. ¿Qué sabemos sobre Onésimo? Un esclavo fugitivo. Dice Pablo: «Lo engendré en mis prisiones». O sea, yo no solamente me lo gané para el Señor, no solamente le testifiqué; dice: «Yo lo engendré en mis prisiones». Era tan valioso para Pablo que él le dijo a Filemón: «Mira, si fuera por mí mismo, yo quisiera retenerlo para que me sirva a mí».

Había tensión aquí. A veces uno no puede ordenar estos datos cronológicamente, pero al parecer esta carta llegó antes de que Onésimo llegara donde Filemón. Y es muy probable que Filemón y su familia fueran miembros de la iglesia en Colosas. O sea, que a Colosas está llegando un fugitivo con dos cartas, y aquí hay cierta tensión.

Eso es vida de iglesia. Ay, hermano, ¿tú has sentido el sustito en algún momento? Es como: «Vamos a ver si el Señor interviene». Y el Señor va por ahí. Y cuando el Señor lo hace, uno dice: «¡Gloria al Señor!». Es un sustito santo que hay que vivirlo. Es ver cómo viene la trama, el nudo y el desenlace, y ver un desenlace espiritual de un asunto que pudo haber sido muy triste. Es un asunto hermoso. Hay gente que no sabe en qué capítulo estamos, y no se goza. Parte del gozo en la vida de la iglesia es estar al tanto de la trama espiritual que Dios va haciendo en cada iglesia local. Cada iglesia tiene sus tensiones, cada iglesia tiene sus retos, tiene sus motivos de oración, y el Señor los va respondiendo, y tú te vas gozando. Y tú dices: «Míralo ahí, cómo lo hizo el Señor. ¡Gloria al Señor!».

Pablo está mandando esta carta, hermano, ahí con Dios, esperando que el Señor lo haga. «Onésimo, llévala. Entrégasela a Filemón y entrégale también a la iglesia». Y espera que, si el Señor realmente te ha salvado, el Señor también te guardará. Y Filemón, ¿cómo va a obrar? Por fe sabemos que el Señor puede obrar en él de forma tal que no obre en contra tuya.

¡Qué cosa más hermosa, hermano! El que tiene los ojos abiertos es el que se lo goza. El que solamente trae el cuerpo, canta las alabanzas, recibe la predicación y se va, no participa de la vida de la iglesia. Y si tú no participas de la vida de la iglesia, tú no te puedes gozar con nosotros. «Todo lo que aquí pasa, os lo harán saber». Estamos mostrando, en primer lugar, que la misión requiere compartirnos, estar al tanto, con los ojos abiertos, con el corazón.

A veces hay un hermano pasivo al que le toca una clase bíblica, y tú dices: «¡Oh, pero tiene algo en la bola! ¡Gloria al Señor! ¡Ay, qué hermoso!». A veces había alguien que no había participado durante todo el año y llega temprano, y cuando llega temprano, tú en silencio dices: «Gracias, Señor». A veces en el culto hay una persona que atiende al que visita, y tú sabes que llegó, y tú lo celebras en el corazón y tú lo atesoras. Quiero mostrarte, hermano, que congregarse es más que traer el cuerpo: es participar de la vida de la iglesia, es poder dar parte a los demás de aquello que el Señor está haciendo en medio de nosotros.

Atesorar las relaciones por lo que significan en Cristo

Ahora muestro cómo atesorar relaciones por lo que significan para Cristo. Del 10 al 14, aquí todo el mundo quiso saludar. «Ponme un saludo a mí también, ponme a mí también uno». ¿Quién es el segundo? «Aristarco, mi compañero de prisiones, os saluda». «Pablo, ¿ya terminaste?». «Sí, sí, ya terminé aquí; mira, ya terminé con la instrucción también». «Ponme un saludo ahí. Dile que yo también estoy al tanto, que yo también los quiero. Dile que yo también he estado orando por ellos».

¡Ay, hermano! ¿A quién tú le puedes mandar un saludo? Es como que no: «Lo que Dios está haciendo en mi vida, mi relación con Dios», y ahora es su cosita. Y esto no es tuyo solamente. Tú eres de nosotros, y somos todos de Cristo. Y lo que Dios hizo en tu vida tú tienes que mostrármelo, porque me edifica a mí; y lo que Dios está haciendo en mi vida también te edifica a ti, y tenemos que compartirnos.

Ahora todo el mundo manda saludos. El primero, Aristarco. De cada uno de estos nombres sabemos algo. Y estos cuatro versículos en conjunto también nos dicen algo. Quiero verlo de manera individual, pero el grupo de nombres que hay aquí son muchos. «Aristarco, mi compañero de prisiones, os saluda. Y Marcos, el sobrino de Bernabé, acerca del cual habéis recibido mandamientos». Recuerden que hay otra tensión ahí con Juan Marcos. Este año, hermano, se me mete una rosa de Guadalupe en la predicación, pero es que realmente hay tensión aquí. Juan Marcos había tenido un encontronazo con Pablo, y Pablo lo reprendió públicamente.

Relaciones trabajadas, no relaciones ideales

Hoy en día la gente ve la iglesia y dice: «No, en esa iglesia hay muchos conflictos». Es porque estamos vivos. La iglesia son lágrimas, la iglesia es tristeza, la iglesia son heridas, y la iglesia también es gracia. Había un youtuber cristiano que decía: «La iglesia me defraudó más de mil veces». Like. Y tú también. Eso somos los seres humanos: nos arruinamos, nos mordemos, tenemos gestos, actitudes.

Si tú entiendes que tú eres el centro de la iglesia, entonces la iglesia te va a defraudar mil veces. Pero tú no eres el centro. El centro es Cristo. Tú eres periferia. Si tú entiendes que tú eres periferia, tú te vas a dar cuenta de que si tú has llevado la cuenta de que te han defraudado más de mil veces, probablemente tú no estás llevando tu propia cuenta, o tú estás exagerando la falta.

Estos nombres que aparecen aquí no aparecen como relaciones ideales. Aparecen como relaciones que han sido trabajadas. Ha habido fricción entre ellos, pero hay cordialidad, aprecio mutuo y valoración. El equipo es relativamente grande, y esto llama la atención. Pablo, que tenía un talento extraordinario, no confiaba en que él podía hacer la misión él solo. Estaba lleno de colaboradores. ¡Gloria al Señor por eso! Una mezcla de judíos y gentiles. Una mezcla entre relaciones antiguas y relaciones recientes: tan antiguas como Marcos y Bernabé, y tan recientes como Aristarco y Onésimo, que fueron conocidos en las prisiones.

Gente en transición. Las relaciones no son estáticas, no somos un bloque. Tú conociste a Juan Marcos ayer y tú vas a tener que reconocerlo hoy. Y parte de lo que daña la iglesia del Señor es que la gente se aferra a la foto de antes. Ese es otro ser humano en todos los sentidos. Onésimo ya no es el Onésimo que era, porque Dios siguió trabajando en Onésimo. «Ah, no, Onésimo que por aquí no venga, que él defraudó a fulano y él es miembro de esta iglesia». Que venga por aquí, porque probablemente nos estamos perdiendo los últimos cuatro capítulos que el Señor siguió grabando. «No, Juan Marcos es conflictivo». Espérate, que era un muchacho inmaduro, que hubo que reprenderlo en su momento, pero ya es un hombre hecho y derecho; estate tranquilo.

Cuando tú te conoces mucho, tienes que tener mucha gracia. Porque si tú vives aferrado a lo que tú conociste del hermano en el 2017, en el 2015, en el 2014, tú no te vas a gozar de lo que Dios está haciendo. Y Dios hace cosas nuevas todos los días. De forma tal que todos los días nosotros vamos a tener que reconectarnos, reconocernos y volvernos a gozar de la obra del Señor. Hermano, en el 2007 tú y yo tuvimos situaciones, pero yo me gozo de que Dios no terminó contigo en el 2007, y conmigo tampoco.

En la carta a Timoteo dice que Demas se apartó amando el mundo. Y aquí, a la única persona a quien Pablo no le manda flores es a Demas. De Aristarco sabemos que, en el tercer viaje, en Jerusalén apresaron a Pablo, luego lo enviaron preso a Cesarea, lo embarcaron, lo mandaron a Roma, y por allá le siguió Aristarco.

De Juan Marcos él dice: «Si fuere a vosotros, recibidle». Interesante: tres veces Pablo, en diferentes momentos, recomendó a Juan Marcos, y es porque el trauma fue duro. Me gozo en cómo Pablo, después de haber tenido un encontronazo público con Juan Marcos, tres veces lo recomendó. Porque el testimonio de Pablo era muy fuerte, y saber que Juan Marcos tuvo una situación con Pablo probablemente lo iba a descalificar entre las iglesias. Y Pablo tres veces dijo: «Juan Marcos, recíbanle». Y a Timoteo le dice: «Si encuentras a Juan Marcos, tráemelo, que me es útil». ¡Qué hermoso! Eso es lo que es restauración.

¿Tú entiendes, hermano? Tú me ofendiste a mí, pero tú eres muy útil para Cristo. Hay gente que esclaviza al otro a una ofensa: «Fulano a mí me dijo tal cosa, entonces está descalificado». Espérate, que él te dijo tal cosa, pero eso no importa tanto. Él sigue siendo útil para el Señor. Es evidente que ya no había tensión alguna entre Pablo y Juan Marcos. ¡Gloria al Señor por eso! Es muy indicativo el deseo de Pablo, ya anciano, según Filemón versículo 9.

La gente no controla sus prejuicios. Yo iba llevando anotaciones. Un cuadernito, siempre anotando: «Este me falló, este lo otro, este tiene tal situación». Hermano, mándaselo a Cristo y gózate de que todavía él es útil al Señor.

De Jesús, llamado Justo, es relativamente anónimo para nosotros, pero dice que fue útil para Pablo, y si fue útil para Pablo, fue útil también para Dios.

Epafras y Lucas: los instrumentos que el Señor provee

Epafras. ¡Cuánto habla de Epafras! Dice el versículo 12:

Os saluda Epafras, el cual es uno de vosotros, siervo de Cristo, siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere. Porque de él doy testimonio de que tiene gran solicitud por vosotros, y por los que están en Laodicea, y los que están en Hierápolis.

— Colosenses 4:12-13

¿Y por qué habla tanto respecto de Epafras? Es que este era el obrero entre ellos. Es probable que este fue el hombre que le llevó el evangelio a los colosenses. Y Pablo no iba a estar entre los colosenses, pero él sí.

Miren la sabiduría que hay aquí: a su obrero local, Pablo se lo destaca especialmente, porque cada iglesia local tiene que tener un gozo con los instrumentos que el Señor le ha provisto. Y Pablo quiere que ellos se entusiasmen con el hombre. ¿Por qué? Porque él es el que está en medio de ustedes, y él es el que tiene ardor por ustedes. De hecho, desde el principio de la carta Pablo lo está destacando. ¿Por qué lo está haciendo? Porque es necesario destacar, en cada grupo de creyentes, a aquellos creyentes que tienen ardor por el pueblo.

Lucas escribió el Evangelio de Lucas y el libro de los Hechos, pero no hay muchos detalles acerca del ministerio de Lucas. Pareciera que Lucas hizo del ministerio de los otros su propio ministerio. De hecho, él escribió en Lucas que indagó diligentemente con otros que habían conocido a Cristo. Y durante todo el libro de los Hechos aparece como un colaborador del apóstol Pablo. Y aun en el tramo final del ministerio de Pablo, quien aparece junto a Pablo es Lucas. O sea que Lucas resalta porque su rol principal fue asistir y documentar el ministerio de los otros.

No todo el mundo tiene que tener un protagónico. Hay otros que pueden ser buenos secundarios. Lo importante no son los instrumentos, sino la obra que Dios está haciendo a través de los instrumentos. Y si usted puede fortalecer, bendecir, ayudar, hacer más llevadero el ministerio de los otros, es un rol valiosísimo. Este año escuché a unas personas que me dijeron: «Yo he entendido que el llamado de Dios para mi vida es hacer más llevadero el ministerio de los otros». Y a mí me pareció algo tan sublime, tan hermoso, y yo puedo ver en eso la obra de Dios. En un mundo donde todo el mundo quiere ser primero, hacen falta unos cuantos Lucas que digan: «Yo le atiendo, yo soy médico, cualquier cosa estamos aquí».

Actitudes que hay que evitar

Voy a mostrar algunas actitudes a evitar y a traer más preguntas de aplicación. Hay una expresión que la gente usa mucho en las redes sociales: «No nuevos amigos, solamente con los amigos de siempre». Eso no es misión. Evita la actitud de aferrarte a tus amistades de siempre, que tus amistades de siempre no siempre están disponibles para la misión. No te cierres, mantente abierto: amigos de siempre, amigos nuevos, los que Dios está trayendo en cada momento. Yo le pido al Señor que me dé esa flexibilidad relacional para no aferrarme a la iglesia de siempre. Porque la iglesia es nueva todos los días. Yo no quiero quedarme en el pasado, yo quiero moverme a lo que Dios sigue haciendo en medio de nosotros.

La segunda actitud a evitar son las amistades sin propósito. ¿Qué es lo que yo realmente valoro de esta relación? No puede ser que nuestras amistades sean todas amistades que nos den satisfacción a nosotros solamente. ¿De qué manera nosotros vamos a repercutir en bendición para la vida de alguien? «Fulano, ¿tú y yo somos amigos?». Sí, somos amigos. Hace ya veinte años. ¿De qué manera nuestra amistad va a repercutir en fruto que tenga valor eterno? ¿De qué manera nuestra amistad va a repercutir en bendición de los otros? «No, tú eres de bendición para mí y yo para ti». Yo sé, yo sé, pero no se trata solamente de nosotros. Se trata de los otros.

La tercera actitud a evitar: no exageres tus expectativas o demandas. Miren, ningún amigo será suficiente. Y si lo es, ya es un ídolo. Tarde o temprano, en todas nuestras relaciones seremos decepcionados. Cristo no falla. Y el problema de nuestros días es que se espera demasiado de los amigos y se espera muy poco de lo que Dios puede hacer en nosotros a través de nuestros amigos. No esperes tanto de los hombres. Espera lo que Dios puede hacer a través de tus relaciones para bendición tuya, de forma tal que conforte tu alma, como decía Pablo, y también de bendición para otros. Un amigo que vale la pena es una persona de quien dices: «Wow, realmente tú confortas mi alma y tú sirves al pueblo de Dios». Realmente nuestra amistad es muy satisfactoria y al mismo tiempo de bendición para mucho pueblo.

Evita la ceguera relacional. ¿Tú estás mirando lo que Dios está trayendo? A veces uno le está orando al Señor por cosas. El Señor te lo trajo. Agárralo. «No, que yo todavía no le conozco, que yo nunca le había visto». ¿Qué es esto? El Señor lo trajo. Agárralo. Porque tú estás orando y tú estás esperando, cuando gran parte de lo que Dios va a hacer en medio de nosotros lo hará trayendo a un Epafras, a un Jesús llamado Justo, a un Tíquico. «Ah, no, es que yo a Tíquico no le conozco mucho. Onésimo, y ese hombre está como corriendo de por allá de su pueblo y anda por aquí». Tú no sabes: atesóralo, recíbelo, ten los ojos abiertos.

Les habla su pastor, hermanos: miren, uno de nuestros problemas como iglesia es que nosotros no vemos al que está llegando. Tenemos tanto cariño, tenemos tanta cercanía, que siempre es como un asunto muy interno. Y tú vas a estar en un culto y vas a buscar con tus ojos a tus amigos del alma y a tus hermanos de siempre. Acércate al que está llegando, que el que está llegando probablemente es el recurso que el Señor está trayendo para confortar tu alma y ayudarnos a avanzar en la misión.

Preguntas. ¿A quién tú valoras principalmente por el bien espiritual que representa para otros? «Mira, fulano y yo no tenemos la misma personalidad, definitivamente no, pero sus dones repercuten en valor para mi iglesia». «¿Y es que él te cae mal?». No, no es eso. Esa es la superficialidad de nuestros días, donde si una persona no te cae súper bien, siempre te va a caer súper mal. No se polarice. «Mira, él y yo no somos especialmente amigos, no somos especialmente cercanos, pero yo veo su constancia en servir al pueblo del Señor, y yo a la distancia le amo». «¿Y por qué tú le quieres tanto?». Porque él es el que está librando la batalla.

Cuando Pablo habla de Epafras, se ve que le conoce. Él no está hablando de él como un desconocido, como un agente random. Dice: «Siempre rogando encarecidamente por vosotros»; está diciendo lo que él hace en sus oraciones. Pablo, ¿y tú estás atento a las oraciones de él? Una de las cosas más íntimas que tiene una persona es su motivo de oración.

¿De cuántos creyentes tú podrías decir con discreción: «Yo conozco su motivo de oración»? Yo conozco su carga, yo conozco su ardor, yo sé hacia dónde tiende su corazón, yo conozco sus dones, he gustado de ellos. Dice que Pablo sabía que él estaba orando para que ellos estuvieran firmes, perfectos y completos. Y dice él: «Porque de él doy testimonio de que tiene gran solicitud por vosotros y por todos los que están en Laodicea y los que están en Hierápolis». Wow, Pablo le conocía. No te quiero acorralar, pero ¿tú conoces por lo menos a un creyente así? Que yo he orado con él, hemos llegado a conocernos, hemos podido llegar a ver cuál es nuestro llamado.

¿Qué tan bien se te ha dado el restaurar relaciones o recomendar a alguien después de alguna aflicción? «¿Que me pisó un pie? Baneado para siempre. No entra en mi reino». «¿Que te pisó un pie?». «En el 82». Hermano, ¿qué tan bien se te ha dado el restaurar relaciones, el recomendar a alguien luego de alguna aflicción? «Mira, tuvimos un desencuentro. Tuvimos una desavenencia. No lo entendimos. Pero sí, mira, trabaja con él. Si pasa por allá, recíbanle. Tiene dones que son preciosos». Está esa persona que está muy presta a dar una recomendación negativa. Bueno, los conflictos en gran medida dependen de cosas que son muy superficiales, no son asuntos estructurales.

¿Has llegado a ser algún Lucas para el ministerio de alguien, o tú siempre necesitas ser un Pablo? Si soy yo quien lidera ese ministerio, si la iniciativa es mía, bien; pero si la iniciativa es de los otros, ¿te sacrificarías? Y si es para respaldar el llamado de Dios en la vida de alguien, ¿tú tendrías el mismo tesón? ¿O tú siempre necesitas ser un principal?

El interés por creyentes que no conocemos

He estado mostrando, en primer lugar, que la misión requiere compartirnos de forma profunda, tener los ojos abiertos, estar aquí. Y estoy demostrando, en segundo lugar, que hay que atesorar las relaciones, especialmente por lo que significan en Cristo. Toda esa gente era valiosa para Pablo porque era valiosa para el pueblo de Dios. Ellos eran lo más granado de la misión, y Pablo les veía como el fruto de su ministerio, no necesariamente porque fueran amigos del alma, sino porque eran útiles para Dios.

Vemos del 15 al 18 el interés de Pablo por creyentes que él no conocía. «Saludad a los hermanos que están en Laodicea, y a Ninfas y a la iglesia que está en su casa». «Oh, Pablo, ¿y tú conoces a Ninfas? Pablo, pero tú como que conoces a todo el mundo». Ah, pero es que si en la casa de Ninfas hay una iglesia que se reúne, yo tengo que conocerle.

Ay, hermano, yo sé que el día a día nos vence. Uno vive del trabajo a la casa. Ya me está dando lucha conectarme en mi iglesia local, ahora para mantenerme conectado en el pueblo grande del Señor. Pero lo menos que usted debe tener es un recuerdo por allá, un abur, un saludo.

Estaba en una reunión de pastores el viernes pasado y alguien dice que va por una iglesia que está en Sánchez Quisqueya, que están haciendo tal actividad. Yo digo: «Mira, saluda a fulano y a fulano, que son gente que yo aprecio mucho, que son músicos». Me dicen: «¿Tú eres de esa iglesia?». Yo no soy de esa iglesia, pero hay gente que yo conozco. Y veo a otros pastores y les mando saludos a otras personas. «Pero ¿cómo tú conoces a la gente de mi iglesia más que yo?». No es que yo conozca a la gente de tu iglesia más que tú; es que uno tiene unos cuantos años en los caminos del Señor y ha coincidido con mucha gente.

Preguntas por los que se reúnen en aquella iglesia: ¿qué tal, cómo están? «¡Ay, están ahí!». ¡Qué alegría da eso! No es que todo el mundo tenga que estar a un metro de distancia para estar presente. Un recuerdo, un saludo allá, abur, abur. A veces con eso basta.

«¿Y tú conoces a Ninfas?». Yo lo que conozco es que la iglesia se reúne en su casa. Y me han hablado tanto de Ninfas que estoy loco por conocerla. O conocerlo, porque no sabemos si el nombre es masculino o femenino. Para Pablo esto no es un asunto aislado, esta es su norma. Recuerdo haber predicado el final de la carta de Pablo a los romanos, y en Romanos saluda a Rufo, a la mamá de Rufo, a todo el mundo. «Pero, Pablo, ¿y qué?». Es que es un hombre expansivo, por amor a Cristo. ¿Cómo va a ser que tú veas a un pastor que tú conoces y no haya un saludo allá, un saludo a la congregación? Dondequiera que tú vas: «Dios te bendiga, ¿cómo están los hermanos?». La amistad cristiana, hermano, es la cosa más básica.

Se evidencia su conocimiento detallado del evangelio en esas ciudades. Él no les escribe como un extraño, sino como un hermano cercano, porque el amor de Dios nos une. Dondequiera que la obra de Cristo está creciendo, eso tiene que ver contigo.

El entusiasmo es el lubricante que facilita las relaciones. Yo temo, porque he sentido que en los últimos años todo lo que media la relación cristiana es el prejuicio. Y nos cuidamos tanto del error, de la herejía, de la secta falsa, que no abrazamos al que está llegando. ¿Cómo va a ser que tu primera actitud sea la sospecha? «Dios te bendiga». Amén. A veces yo tiro mi «Dios le bendiga», le doy su abrazo a gente de quien después digo: «Como que…». Pero yo prefiero concederle la sinceridad de la amistad cristiana de manera incorrecta al que no lo es, que prejuiciarme respecto de aquello que Cristo compró a precio de sangre.

Dondequiera que haya alguien: «Ah, que Dios le bendiga». «¿De dónde tú eres?». Ay, hermano, cuánto me molesta ese término, porque se ha utilizado de manera desleal. «Ahora, tú eres de sana doctrina, sana doctrina», como si fuéramos nosotros aquí arriba en nuestro Olimpo teológico y el pueblo allá abajo. «La iglesia, nosotros, la iglesia de sana doctrina».

Nosotros, la iglesia del Señor, la iglesia de Cristo, el pueblo adquirido por Dios a precio de sangre, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios para que anunciemos las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Ese retintín de orgullo hay que quitárselo. «Nosotros, las iglesias de sana doctrina». Ay, no, hermano, no me pongan a mí ahí. Y si usted tiene sana doctrina, gócese en el Señor discretamente, y ayude todo lo que usted pueda ayudar y fortalezca todo lo que usted pueda fortalecer. Pero no puede ser que una persona te salude, un saludo cristiano, y usted tenga que dar su background, su currículum. «No, espérate, que hay que hablar primero, llevarte a un consistorio para ver si te aprobamos y te decimos que Dios te bendiga». Dios te bendiga, y ya.

Hubo uno que fue donde Saulo, cuando Saulo venía de consentir el apedreamiento de Esteban y de perseguir la iglesia de Cristo, y le dijo: «Hermano Saulo». Wow. Y yo veo a esa persona y yo digo: ahí hay carácter, ahí hay convicción. Este que viene de perseguir la iglesia de Cristo, que ahora se supone que ha nacido de nuevo: «hermano Saulo». Ese «hermano Saulo» pesa mucho. Bueno, dígale su «Dios le bendiga». Esa gente tiene que ver conmigo. Esa sonrisa genuina sale, hermano. La sonrisa de sospecha también se siente. ¿No has visto cuando te dan como la mano con sospecha? «¿De qué iglesia es que ustedes son?». Dale la mano, «Dios te bendiga», ya, que eso es un asunto que es hermoso.

En toda la carta es evidente que Pablo está al tanto y que conoce esa iglesia. Él conocía que en Laodicea, en casa de Ninfas, ahí se reunía la iglesia. Y está exhortando a Arquipo al final. Oye lo que le dice: «Decid a Arquipo: Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor». ¿Y tú conoces a Arquipo, Pablo? ¿Cómo? Hermano, es que Pablo tiene una curiosidad: la curiosidad de quien atesora algo.

Evita el territorialismo y las comparaciones

A quien le interesa algo, busca, sale, investiga, indaga. Salga, busque, investigue, indague. En esto también te comparto algunas actitudes a evitar y preguntas de aplicación.

Hermano, evita el territorialismo: eso de sentir que solamente en tu pueblo se está predicando el evangelio. El evangelio se está predicando en esta gran ciudad y en muchos lugares. Y en algunos lugares, en formas, contextos y modos que probablemente tú no quisieras que se predique, pero ahí también Cristo está siendo predicado. Quizás tú no soportas la vida de iglesia en ese lugar, pero ese no es tu lugar, es el de ellos, y ahí están haciendo vida de iglesia, y que el Señor tenga misericordia.

Evita la falta de arraigo e identidad, la superficialidad. Si su nivel de identidad con el pueblo de Dios y de arraigo es tan bajo que usted va a un lugar solamente porque en ese lugar existe un alumno un poquito más brillante, y ya usted está haciendo la maleta, usted tiene un problema grave. Usted no ama a su pueblo y usted no conoce a su gente. Ese es el problema, hermano: que la gente vive en ese temor y en ese cuidado porque la gente no tiene arraigo. Si tú estuvieras sufriendo ese pueblo, aunque el otro sea más numeroso, tú estás sufriendo el tuyo, y te gusta tu gente y tú gustas de ellos, y ellos te aman y tú les amas. Y realmente tú tienes identidad: tú puedes ir a cualquier lugar y visitar. «Dios le bendiga, qué gusto conocerle». «¿Y tú te vas a quedar con nosotros?». No, yo tengo mi iglesia, tengo mi pueblo. Pero lo que ustedes están haciendo aquí es todo un asunto hermoso. ¡Gloria al Señor por eso!

Evita las comparaciones superficiales. Uno va a una iglesia que no es la suya y se pone a contar cuántos muebles tienen, si los muebles son victorianos o modernos. Si usted tiene identidad, no vaya a una iglesia que no es la suya a buscar las cosas superficiales. Vaya allá para encontrar a Cristo. Vaya allá para celebrar la obra de Cristo en medio de ellos.

Un edificio: «Wow, mira, esto está bien aquí». Ay, hermano, ¡qué carnalidad es esa! A mí me duele cada vez que una persona me pregunta por mi iglesia y lo que me pregunta es por propiedades, me pregunta por programas. Pregunte por mi gente. Cómo estamos mirando a Cristo, cómo el evangelio se está sintiendo en nuestras vidas: eso es lo que hay que preguntar. Pablo no está preguntando si en la casa de Ninfas en este momento tienen bocina grande o de la chiquita. No había bocina. Su interés no es lo superficial en la vida de la iglesia. A él realmente lo que le interesa es que la iglesia se está reuniendo en la casa de Ninfas.

No debilite al pueblo. Si su iglesia en algún sentido tiene dones más marcados que otros pueblos, no lo debilite. «No, que eso que ustedes están haciendo así no se hace». Lo están haciendo como pueden. Y si en otro lugar el Señor le dio esa gracia, tenga contentamiento. Tiempo atrás, nosotros necesitábamos espacio físico. Yo fui a un lugar, hermano, que tiene tanto espacio físico, que yo tuve que cuidar mi corazón. ¿Sabes lo que yo pensé? Yo pensé: pero estamos sirviendo al mismo Dios. El Señor a nosotros no nos ha dado espacio físico, y a ellos les ha dado espacio físico de sobra. Algo tendrá el Señor en mente, porque si la obra es de Dios y ellos están sirviendo a Cristo allá con mucho espacio físico, y nosotros con poco espacio físico, el Señor sabe más que nosotros.

¿Qué más? Contentamiento. Hay pastores que tienen dones en un área, en otra. Hay ministerios de alabanza. «¡Ay, que aquí tenemos un ministerio de niños!». En otros lugares no lo tienen. Gócese en lo que el Señor está haciendo.

Evite el orgullo carnal. Está esa gente que cada vez que sucede una tristeza en una iglesia dice: «En mi iglesia eso nunca pasaría». Quizás está pasando y usted no lo está mirando. Es un orgullo carnal. «No, eso es de iglesias inmaduras». Ay, hermano, no, eso es un orgullo carnal. La soberbia es lo que precede a la caída.

Evita el reclutamiento imprudente. Yo sé que las personas se mueven de un lugar al otro, pero no podemos andar como una aspiradora, arrebatando a los miembros de todos los lugares porque tienen un don que brille. Porque parece que estamos confiando en el hombre, no en Dios. Yo estoy persuadido de que cada iglesia local tiene sus cargas, tiene sus recursos, tiene sus joyas, tiene sus cosas para atesorar y tiene sus cosas también para sufrir. Esa es la hermosura del pueblo del Señor.

Las preguntas son estas, hermano. ¿Qué otras iglesias tú conoces aparte de la tuya? «No, yo no conozco ninguna otra iglesia». Te estás perdiendo quizá de algo. «¿Y es que debo ir un domingo aquí y otro allá?». No, hermano. Pero mira, a veces se hace una actividad, a veces te invitan a algo. Y con prudencia tú vas, saludas, gustas: «Dios le bendiga, gloria al Señor, sigan a Cristo». Ya les conocí. Y eso tú lo atesoras en el corazón.

¿Hay algún Arquipo a quien tú puedas estimular? Cada iglesia tiene sus recursos. ¿Hay algún Epafras a quien tú puedas decirle: «Síganle dando por allá»? A veces uno dice: «Mira, el fulano de allá es ese». Gente que empuja, gente que mueve. Estimúlalos. ¿Hay algunos creyentes anónimos, no celebridades, que has llegado a conocer? No todos los que están aquí son celebridades. Hay gente que son desconocidos, pero eran conocidos para Pablo y también para Dios. Qué hermoso es cuando alguien todavía no ha sido notado por el ecosistema de iglesia y ya el Señor te permitió gustar de sus dones. Y tú dices: «Mira, esa persona casi nadie la conoce, pero el Señor me ha dado el gusto de conocerla y de gustar de ella».

Salvados para ser de bendición a otros

Hermano, el evangelio es la buena noticia de que fuimos salvados en Cristo para ser de bendición para otros. El evangelio no es una buena noticia solamente para ti. Cada vez que el Señor salva a uno, lo salva para que ese uno sea de bendición para mucho pueblo. El evangelismo no es un asunto solamente personal; el evangelismo es un asunto local, es un asunto de ciudad. Dondequiera que haya un hombre salvado, ahí hay un recurso que es de bendición para mucho pueblo.

El evangelio se hace evidente cuando nuestras amistades dejan de girar en torno a lo que los otros pueden ofrecernos, en lo que pueden darnos, en lo que podemos obtener. Nuestras amistades comienzan a reflejar que realmente son amistades que tienen sentido a la luz del evangelio, que son de bendición para la misión y que ya no solamente me consuelan a mí, sino que también pueden consolar a otros. También se manifiesta cuando el testimonio de nuestras vidas fortalece la vida de los otros y cuando aprendemos a valorar las relaciones diversas que el Señor ha reunido.

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