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Mensaje

El evangelio en nuestras amistades

Colosenses 4:7-18

Las amistades en el pueblo de Dios, cuando se cultivan de manera intencional y en el contexto del evangelio, fortalecen la misión de la iglesia y traen consuelo a nuestras vidas. Pablo concluye Colosenses con una larga despedida que nos enseña a compartirnos, atesorar las relaciones por lo que significan en Cristo y a interesarnos por lo que Dios hace más allá de nuestro círculo inmediato.

Transcripción automática

Con el favor del Señor hoy llegamos al final de la carta de Pablo a los Colosenses. Esta parte final son sobre todo saludos, pero si usted, como yo, está consciente de que toda la Escritura es inspirada por Dios y útil, entonces entenderá que hasta los saludos, cuando son inspirados por Dios, tienen edificación para su pueblo. No hay una porción de la Escritura donde nosotros podamos eximirnos y decir «ya cerramos la parte didáctica, ya Dios dejó de hablar». Yo creo que ahora especialmente Dios está hablando. Es Colosenses 4 del 7 al 18 para ver desde aquí el evangelio en nuestras amistades.

Todo lo que a mí se refiere, os lo hará saber Tíquico, amado hermano y fiel ministro y consiervo en el Señor, el cual he enviado a vosotros para esto mismo, para que conozca lo que a vosotros se refiere, y conforte vuestros corazones, con Onésimo, amado y fiel hermano, que es uno de vosotros. Todo lo que acá pasa, os lo harán saber. Os saludan Aristarco, mi compañero de prisiones, y Marcos el sobrino de Bernabé, acerca del cual habéis recibido mandamientos; si fuere a vosotros, recibidle. Y Jesús, llamado Justo; que son los únicos de la circuncisión que me ayudan en el reino de Dios, y han sido para mí un consuelo. Os saluda Epafras, el cual es uno de vosotros, siervo de Cristo, siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere. Porque de él doy testimonio de que tiene gran solicitud por vosotros, y por los que están en Laodicea, y los que están en Hierápolis. Os saluda Lucas el médico amado, y Demas. Saludad a los hermanos que están en Laodicea, y a Ninfas, y a la iglesia que está en su casa. Cuando esta carta haya sido leída entre vosotros, haced que también se lea en la iglesia de los laodicenses, y que la de Laodicea la leáis también vosotros. Decid a Arquipo: Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor. La salutación de mi propia mano, de Pablo. Acordaos de mis prisiones. La gracia sea con vosotros. Amén.

— Colosenses 4:7-18

Pablo no solo instruye, se comparte

Recuerden que después de muchos meses en la carta de Pablo a los Colosenses llegamos al final. Siempre que el Señor nos da el privilegio de exponer y exponernos a un libro completo de la Palabra, al llegar al final hay una sensación como de despedida. Esta carta específicamente Pablo la escribió desde la prisión junto con otras, y se la envió a una iglesia que él no conocía personalmente. Pablo está en Roma, en una prisión domiciliaria, y desde allá envía un grupo de cartas, entre ellas esta.

La carta concluye con una despedida sorprendentemente larga, rica en nombres, algo notable considerando que Pablo está preso y que no conoce esta iglesia. De hecho, hay dos cartas que Pablo envió sin conocer personalmente la iglesia: la carta a los Romanos y la carta a los Colosenses. Ambas terminan con un largo saludo y muchos nombres. Aun en esta sección final el evangelio sigue siendo el centro. Pablo, al igual que cualquier persona que ha conocido e interiorizado el evangelio, no puede separar ningún área de la vida de este hecho sorprendente: que nosotros en Cristo hemos sido salvados, amados, acercados, y hemos recibido un lugar de utilidad.

El evangelio y Pablo son como un solo elemento; Pablo puede articular cualquier asunto desde la perspectiva del evangelio. Si nosotros estamos persuadidos de que la cosa más importante que está sucediendo ahora mismo es la predicación del evangelio, deberíamos hacernos duchos de presentar el evangelio con palabras, con acciones, con sentimientos, con gestos. Llega un momento que todo es evangelístico, aun la despedida. La idea central que veremos hoy es que las amistades en el pueblo de Dios, cuando se cultivan de manera intencional y en el contexto del evangelio, fortalecen la misión de la iglesia y traen gran consuelo para nuestras almas.

El alma de un creyente va a ser consolada por un creyente y la misión de Cristo avanzará a través de las relaciones del creyente. Yo no quisiera solamente exponer cosas, yo quisiera involucrarlos a cada uno de ustedes en esto. El evangelio es más que contenido; el evangelio de Jesucristo es más que conocimiento, más que leyes, más que instrucciones. El evangelio es vida, es relaciones. Llegar a ser un creyente no es solamente asumir un cuerpo de conocimiento, es en gran medida asumir un conjunto de relaciones. De hecho, la parte difícil de la vida cristiana es esta. Yo temo por una cantidad de creyentes poco relacionales que voy conociendo: gente que a nivel doctrinal podría parar un ángel en la punta de una aguja, pero que no tiene dos amigos profundos en el camino del Señor. Gente que puede devorar libros en la soledad, pero que no tiene a quién clavarle el codo y decirle «mira lo que dice aquí». Gente sin complicidad, sin relación, sin amigos.

Preguntas que nos abren el corazón

No quiero venir a acusarte ni a crear tristeza. Quiero invitarte, provocarte, estimularte. Y si para algo sirve la despedida de la carta de Pablo a los Colosenses, que sirva para animarte a que no te quedes solo, a que tengas amistades, a que te inviertas en amistades, a que sufras las amistades.

Pablo no solamente está buscando instruir a los colosenses; él está buscando compartirse con ellos, mostrarles lo que Dios está haciendo en su ministerio. También está atesorando sus relaciones como cosa muy valiosa, y se está preocupando por otras iglesias que tampoco conoce. La gente piensa en el apóstol Pablo y piensa solamente en un intelectual de su tiempo. El apóstol Pablo no solamente era un gran intelectual —lo era—; era un hombre altamente relacional. Yo asumo que Pablo no era el hombre más simpático del mundo. Era un intelectual, un fariseo instruido a los pies de Gamaliel. No creo que fuera de esas personas sumamente sociables. De hecho lo percibo hasta un poco agrio en su relacionamiento: confrontó con Pedro, con Bernabé, con Juan Marcos.

Hago esto porque a veces uno habla de estos temas y piensa que es solo un asunto de personalidad. Yo asumo que cuando el apóstol Pablo entendió e interiorizó el evangelio, comprendió que el evangelio es un asunto de equipo, que juntos necesitamos hacer la misión y que solo no podemos hacerla. Mostraré hoy que la misión requiere que nos compartamos de manera profunda, que atesoremos las relaciones y que estemos al tanto de lo que Dios está haciendo en nuestro contexto más inmediato y también en los pueblos que nos quedan al lado.

Te pregunto: ¿cuántas de tus amistades actuales seguirán siendo importantes de aquí a los próximos mil años? ¿Con quién tú vas a tener temas de conversación en la eternidad? ¿Cuántas de las personas con las cuales estás invirtiendo tiempo realmente permiten que Cristo quepa en esa relación? ¿Has podido reconocer alguna vez la mano providencial del Señor al conectarte con personas que han sido de bendición para tu vida? ¿Cuántas de tus amistades son valiosas no solamente para ustedes dos o tres, sino que son valiosas para el pueblo de Dios?

Cordialidad, aprecio mutuo y valoración

Cuando hablo del evangelio en nuestras amistades, no estoy pensando necesariamente en amigos del alma. No estoy hablando de que todo el mundo para ti va a ser tu mejor amigo. Estoy hablando de cordialidad, de aprecio mutuo y de valoración. Ajusto el criterio porque cuando las personas piensan en amistades están pensando en algo muy íntimo e intenso. Yo no creo que ninguno de estos nombres que están aquí hayan sido para Pablo como su mejor amigo del alma. Eran compañeros de ministerio que podían tener una amistad cristiana adornada de cordialidad, de aprecio mutuo, de valoración.

Vemos a Pablo haciendo un esfuerzo por compartirse. Comienza él diciendo: «Todo lo que a mí se refiere os lo hará saber Tíquico.» Pablo quiere que los hermanos de Colosas realmente sepan lo que está pasando en su vida, en su ministerio, lo que el Señor está haciendo en Roma en medio de la prisión domiciliaria. Dice él: «amado hermano y fiel ministro y consiervo en el Señor.» Eso es cordialidad, aprecio mutuo y valoración.

Esos amigos del alma no siempre suceden. Hay gente a quien el Señor se lo concede; si el Señor se lo concedió, atesórelo. Pero a veces por estar esperando los amigos del alma, te pierdes la hermosa oportunidad de gente que el Señor está trayendo para enriquecer tu vida, enriquecer la misión y ser de bendición para otros. Mi expectativa en este momento es pastorearte al respecto de la cordialidad, la mutua valoración, el aprecio. No necesariamente que «tú eres mi mejor amigo», sino que somos compañeros del ministerio donde hay cordialidad. Sobre todo te valoro por lo que tú significas para la misión.

Pablo no solamente está enviando una carta con instrucción; Pablo está enviando un testimonio. Está tratando de mostrarle a estos hermanos lo que está pasando con su vida, de compartirse. Una de las cosas más difíciles es compartirnos. El hombre natural vive en su introspección, en su encerramiento, y todo el mundo se queda muy solo. Pablo dice: yo no solamente quiero enviar una carta de instrucción, yo quiero enviar un testimonio; yo quiero mostrarle a ustedes cómo se ve lo que el Señor está haciendo en Roma.

El evangelio es más que contenido

Pablo está mostrando que el evangelio es mucho más que contenido: es relaciones, es experiencias compartidas, es saborear lo que Dios va haciendo en la vida de la gente. Ese paladar hay que cultivarlo. Hay hermanos que tienen un hermoso paladar para la instrucción, para la predicación, pero hay también un paladar para las relaciones, cuando llegas a gustar lo que Dios está haciendo en la vida de la gente. Quien cultiva eso ya no solamente se congrega porque quiere cantar o recibir la predicación; se congrega porque quiere gustar de lo que Dios va haciendo en medio de su pueblo. El evangelio es más que contenido, es vida de iglesia.

Cuando la obra de Dios pasa en medio de nosotros, tú tienes que testificarme lo que Dios hizo en ti, y yo te voy a testificar lo que Dios también está haciendo en mí, de forma tal que podamos sentirnos parte de la obra de Dios en nuestro tiempo. Dios está vivo y en medio de su pueblo. Pablo no solamente está mandando instrucción; Pablo está mandando testimonio, vida de iglesia. Y alguien dirá: «¿y qué le importa a los colosenses?» Debería importarle. Porque dondequiera que Dios está moviéndose, eso tiene que ver conmigo. Dice la Escritura que nosotros somos cartas leídas. Dondequiera que Dios está doblando un corazón, ahí hay un corazón digno de ser visto.

Me impresiona la cantidad de gente que dice «ya yo me estoy congregando». El asunto es si tú estás perteneciendo, si estás al tanto de lo que Dios está haciendo en medio de tu gente. ¿Cuándo fue la última vez que tú celebraste algún detalle de Dios en el carácter de alguno de los tuyos? Que pudiste ver la vida de uno de tus hermanos y dijiste: «ahí está la mano de mi Dios, yo lo veo; ahí Dios se está moviendo.» Eso es digno de ser compartido. La vida de Pablo importa porque es un testimonio de la obra de Dios. «Todo lo que a mí se refiere»: todo lo que Dios está haciendo en medio de nosotros, en Roma, en Colosas, en Laodicea.

¿Qué cosas tú deberías poder compartir y atesorar? Madurez, frutos, servicio, liderazgo. Hay un hermano que sintió el llamado de Dios y dio un paso al frente: ¡gloria al Señor! Hay una persona que estaba luchando y en este momento Cristo en ella ha vencido. Había alguien que anteriormente no estaba participando y ahora participó. Llega un momento en que la gente abre los ojos en lo espiritual, y quien está atento celebra que alguien se incorporó espiritualmente, como el gadareno: sentado, vestido, en su juicio cabal. Pablo aquí no solamente quiere mandar instrucción, Pablo quiere mandar vida. Yo creo que nosotros necesitamos más de eso.

Tíquico y Onésimo

¿A través de quién está hablando? Tíquico y Onésimo. De Tíquico dice: «amado hermano y fiel ministro y consiervo en el Señor.» De Onésimo: «amado y fiel hermano que es uno de vosotros. Todo lo que acá pasa, os lo harán saber.» Tú estás realmente al tanto de lo que Dios está haciendo en medio de nosotros. ¿Conoces nuestras luchas, los motivos de oración, las pequeñas victorias? Sinceramente me preocupa el nivel de aislamiento en que viven una gran cantidad de miembros de la iglesia local. En todo culto el Señor hace algo, pero tú no lo estás mirando.

¿Quién es Tíquico? Fue parte del tercer viaje misionero de Pablo. Por lo menos dos veces documentadas representó a Pablo como su emisario ante otras iglesias. En algún momento Tíquico relevó a Tito y también a Timoteo al cuidado de la iglesia: era un obrero confiable. ¿Quién era Onésimo? Su testimonio fue lo que dio a luz a una carta del Nuevo Testamento: la carta de Pablo a Filemón. Uno ve estos nombres y parecen nombres secundarios, pero es la obra de Dios. El enorme testimonio de un esclavo que defraudó a su amo, que ahora se encuentra con Pablo en Roma y Pablo lo muestra como un colaborador suyo. Según los historiadores cristianos, Onésimo llevó esta carta y debajo también llevó la suya.

La carta de Pablo a Filemón, donde Pablo intercede por Onésimo ante Filemón. Uno ve todo esto y dice: eso es vida de iglesia, esos son testimonios, historias que comenzaron siendo muy tristes y terminaron siendo historias felices. Es la obra de Dios documentada. Esto es más que un saludo, es un testimonio. ¿Qué sabemos de Onésimo? Un esclavo fugitivo. Dice Pablo: «lo engendré en mis prisiones.» Era tan valioso para Pablo que le dijo a Filemón: «Si fuera por mí mismo, yo quisiera retenerlo para que me sirva.»

Es muy probable que Filemón y su familia fueran miembros de la iglesia en Colosas. Llega a Colosas un fugitivo con dos cartas y hay cierta tensión. Eso es vida de iglesia. A veces hay un sustito santo que hay que vivirlo: es ver cómo viene la trama, el nudo y el desenlace. Y cuando uno ve un desenlace espiritual de un asunto que pudo haber sido muy triste, eso es hermoso. Hay gente que no sabe en qué capítulo estamos y no se goza. Parte del gozo en la vida de la iglesia es estar al tanto de la trama espiritual que Dios va haciendo en cada iglesia local. Pablo está mandando esta carta con Onésimo esperando que el Señor obre, esperando que Filemón obre conforme a Dios.

Atesorar las relaciones por lo que significan en Cristo

Estamos mostrando en primer lugar que la misión requiere compartirnos, estar al tanto, con los ojos abiertos, con el corazón. Ahora muestro cómo atesorar relaciones por lo que significan para Cristo. Del 10 al 14, aquí todo el mundo quiso saludar. «Ponme un saludo a mí también.» ¿Quién es el primero? Aristarco: «mi compañero de prisiones, os saluda.» Y Marcos, el sobrino de Bernabé. Recuerden que hay otra tensión ahí con Juan Marcos. O sea, Juan Marcos había tenido un encontronazo con Pablo; Pablo le reprochó públicamente y dijo: «aquel que apostó de nosotros en el primer viaje no va con nosotros.» Por eso se separaron.

La gente ve la iglesia al día de hoy y dice: «en esa iglesia hay mucho conflicto.» Hay conflicto porque estamos vivos, porque no queremos ser una cápsula donde cada uno está en su mundo. Realmente hay tensión porque somos pueblo, porque somos familia, porque somos iglesia. El mismo Juan Marcos que aparece allá en Hechos con una tensión con Pablo, aparece ahora aquí junto con Pablo. Eso es la iglesia: tensión, relaciones restauradas, lágrimas, tristeza, heridas, y también gracia.

Ha habido fricción entre ellos, pero hay cordialidad, aprecio mutuo y valoración. El equipo es relativamente grande y esto llama la atención. Pablo, que tenía un talento extraordinario, no confiaba en que podía hacer la misión él solo. Estaba lleno de colaboradores. Una mezcla de judíos y gentiles, de relaciones antiguas y relaciones recientes —tan antiguas como Marcos y Bernabé, tan recientes como Aristarco y Onésimo, conocidos en las prisiones—. Gente en transición. Las relaciones no son estáticas.

Tú conociste a Juan Marcos ayer y vas a tener que reconocerlo hoy. Parte de lo que daña a la iglesia del Señor es que la gente se aferra a la foto de antes. Onésimo ya no es el Onésimo que era porque Dios siguió trabajando en él. «Que Onésimo por aquí no venga, que él defraudó a fulano.» Que venga, porque probablemente nos estamos perdiendo de los últimos capítulos que el Señor siguió escribiendo. «No, Juan Marcos es conflictivo.» Era un muchacho inmaduro que hubo que reprenderlo en su momento, pero ya es un hombre hecho y derecho. Cuando tú conoces mucho a alguien tienes que tener mucha gracia, porque si vives aferrado a lo que conociste del hermano en el 2017, no te vas a gozar de lo que Dios está haciendo. Dios hace cosas nuevas todos los días.

Relaciones restauradas y roles diversos

De forma tal que todos los días vamos a tener que reconectarnos, reconocernos y volvernos a gozar de la obra del Señor. «Hermano, en el 2007 tú y yo tuvimos situaciones, pero me gozo que Dios no terminó contigo en el 2007 y conmigo tampoco.» En la carta a Timoteo, dice que Demas se apartó amando el mundo. Y aquí, a la única persona que Pablo no le manda flores es a Demas.

Me gozo en cómo Pablo, después de haber tenido un encontronazo público con Juan Marcos, tres veces le recomendó. El testimonio de Pablo era muy fuerte, y saber que Juan Marcos tuvo una situación con Pablo probablemente le iba a descalificar entre las iglesias. Pablo tres veces dijo: «recíbanle.» Ya al final, en la segunda carta a Timoteo le dice: «si encuentras a Juan Marcos, tráemelo, que me es útil.» ¡Qué hermoso! Eso es restauración. «Tú me ofendiste a mí, pero tú eres muy útil para Cristo.» Es evidente que ya no había tensión alguna entre Pablo y Juan Marcos. Gloria al Señor por eso.

Es muy indicativo el deseo de Pablo, ya anciano según Filemón versículo 9, de vincularse con obreros mucho más jóvenes que él: Tito, Timoteo, Juan Marcos. Logrando así controlar su prejuicio, que no todo el mundo logra eso. La obra del Señor se detiene, la misión sufre, porque la gente no controla sus prejuicios. De Jesús llamado el Justo, es relativamente anónimo para nosotros, pero dice que fue útil para Pablo, y si fue útil para Pablo fue útil también para Dios.

Epafras. Dice el versículo 12: «Os saluda Epafras, el cual es uno de vosotros, siervo de Cristo, siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere.» Es probable que Epafras fue el hombre que le llevó el evangelio a los colosenses. Miren la sabiduría que hay aquí: a su obrero local, Pablo se lo destaca especialmente, porque cada iglesia local tiene que gozarse con los instrumentos que el Señor le ha provisto. Pablo quiere que ellos se entusiasmen con Epafras porque él es el que está en medio de ustedes y tiene ardor por ustedes.

De Lucas, el médico amado, no hay muchos detalles acerca de su ministerio personal. Pareciera que Lucas hizo del ministerio de los otros su propio ministerio. Lo que escribió en su evangelio dice que indagó diligentemente con otros que habían conocido a Cristo. Durante todo el libro de los Hechos aparece como un colaborador del apóstol Pablo, y aun en el tramo final del ministerio de Pablo, quien aparece junto a él es Lucas. Lucas resalta porque su rol principal fue asistir y documentar el ministerio de los otros.

No todo el mundo tiene que tener un protagónico. Hay otros que pueden ser buenos secundarios. Lo importante no son los instrumentos sino la obra que Dios está haciendo a través de los instrumentos. Si usted puede fortalecer, bendecir, hacer más llevadero el ministerio de los otros, es un rol valiosísimo. Este año escuché a unas personas que me dijeron: «Yo he entendido que el llamado de Dios para mi vida es hacer más llevadero el ministerio de los otros.» A mí me pareció algo tan sublime, tan hermoso.

Actitudes a evitar en nuestras amistades

Quiero moverme a lo que Dios sigue haciendo en medio de nosotros. Primero: evita amistades sin propósito. ¿Qué es lo que yo realmente valoro de esta relación? No puede ser que nuestras amistades sean todas amistades que nos den satisfacción a nosotros solamente. ¿De qué manera nuestra amistad va a repercutir en fruto que tenga valor eterno? ¿De qué manera va a repercutir en bendición de los otros? No se trata solamente de nosotros, se trata de los otros.

Segundo: no exageres tus expectativas. Ningún amigo será suficiente. Y si lo es, ya es un ídolo. Tarde o temprano, en todas nuestras relaciones, seremos decepcionados. Cristo no falla. El problema en nuestros días es que se espera demasiado de los amigos y se espera muy poco de lo que Dios puede hacer en nosotros a través de nuestros amigos. No esperes tanto de los hombres; espera lo que Dios puede hacer a través de tus relaciones para bendición tuya, de forma tal que conforte tu alma, y también de bendición para otros. Un amigo que vale la pena es una persona que te dice: «Realmente tú confortas mi alma y tú sirves al pueblo de Dios.»

Tercero: evita la ceguera relacional. ¿Tú estás mirando lo que Dios está trayendo? A veces uno le está orando al Señor y el Señor te lo trajo: agárralo. «No, que yo todavía no le conozco, que yo nunca le había visto.» El Señor le trajo, agárralo. Gran parte de lo que Dios va a hacer en medio de nosotros lo hará trayendo a un Epafras, a un Jesús llamado el Justo, a un Tíquico.

Uno de nuestros problemas como iglesia es que no vemos al que está llegando. Tenemos tanto cariño, tanta cercanía, que siempre es un asunto muy interno. Tú estás buscando en un culto con tus ojos a tus amigos del alma y a tus hermanos de siempre, y no miras al que está llegando. Lo que está llegando probablemente es el recurso que el Señor está trayendo para confortar tu alma y ayudarnos a avanzar en la misión.

¿A quién tú valoras principalmente por el bien espiritual que representa para otros? «Fulano y yo no tenemos la misma personalidad, definitivamente no, pero sus dones repercuten en valor para mi iglesia.» No, que no somos especialmente amigos, no somos especialmente cercanos. Pero yo veo su constancia en servir al pueblo del Señor y yo a la distancia le amo. ¿Y por qué tú le quieres tanto? Porque él es el que está librando la batalla. Tiene un corazón para servir a Dios y yo me gozo en verlo servir a mi Dios.

¿De cuántos creyentes tú podrías decir con discreción «yo conozco su motivo de oración, conozco su carga, conozco su ardor, sé hacia dónde tiende su corazón, conozco sus dones, he gustado de ellos»? Pablo sabía que Epafras estaba orando para que ellos estuvieran firmes, perfectos y completos. Pablo le conocía. ¿Tú conoces por lo menos un creyente así de cerca? ¿Qué tan bien se te ha dado el restaurar relaciones o recomendar a alguien después de alguna aflicción? «Me pisó un pie: baneado para siempre.» No; tuvimos un desencuentro, tuvimos una desavenencia, no nos entendimos, pero sí, trabaja con él, recíbanle, tiene dones que son preciosos. Los conflictos en gran medida dependen de cosas que son muy superficiales, no son asuntos estructurales.

Recomienda especialmente aquello con lo cual tuviste alguna desavenencia. Casi que eso fue lo que hizo Pablo con Juan Marcos consistentemente. ¿Has llegado a ser algún Lucas para el ministerio de alguien? ¿Tú siempre necesitas ser el principal? Si la iniciativa es de los otros, ¿te sacrificarías para respaldar el llamado de Dios en la vida de alguien con el mismo tesón?

Interés genuino por el pueblo grande de Dios

Toda esa gente era valiosa para Pablo porque era valiosa para el pueblo de Dios. Él estaba en lo más granado de la misión y veía a ellos como el fruto de su ministerio, no necesariamente porque fueran amigos del alma, sino porque eran útiles para Dios. Vemos del 15 al 18 el interés de Pablo por creyentes que él no conocía. «Saludad a los hermanos que están en Laodicea y a Ninfas y a la iglesia que está en su casa.» ¿Pablo conocía a Ninfas? Es muy probable que le conociera por referencia, pero la atesoró. Atesoraba la obra de Dios.

Qué bien se siente uno cuando le saludan su gente. Y te preguntan: «¿Y tú le conoces?» «Claro, mira, es de allá que viene.» Ya hay una alegría en eso. Y uno se siente como parte del pueblo grande de Dios. Gente que tú no ves hace muchos años y la encuentras sirviendo al Señor. Qué hermoso es eso.

Para Pablo esto no es un asunto aislado, esta es su norma. Recuerdo haber predicado el final de la carta a los Romanos, y allá Pablo saluda a todo el mundo. Es un hombre expansivo, por amor a Cristo. La amistad cristiana es la cosa más básica. Se evidencia su conocimiento detallado del evangelio en esas ciudades. Él no les escribe como un extraño, sino como un hermano cercano, porque el amor de Dios nos une. Dondequiera que la obra de Cristo está creciendo, eso tiene que ver contigo.

El entusiasmo es el lubricante que facilita las relaciones. Yo temo porque en los últimos años he sentido como que todo lo que media la relación cristiana es el prejuicio. Nos cuidamos tanto del error, de la herejía, que no abrazamos al que está llegando. ¿Cómo va a ser que tu primera actitud sea la sospecha? Yo prefiero concederle la sinceridad de la amistad cristiana al que llega, antes que prejuiciarme al respecto de aquello que Cristo compró por precio de sangre. Donde quiera que haya alguien que ha sido comprado por Cristo: «Dios le bendiga, ¿y de dónde tú eres?»

También dice Pablo al final: «Decid a Arquipo: Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor.» ¿Tú conoces a Arquipo, Pablo? Pablo tiene la curiosidad de quien atesora algo. A quien le interesa algo, busca, sale, investiga, indaga. Y si usted tiene sana doctrina, gócese en el Señor discretamente y ayude todo lo que pueda. No puede ser que una persona te salude, un saludo cristiano, y usted tenga que darle su currículum antes de responderle. Dios te bendiga y ya.

Evita el territorialismo

En esto comparto algunas actitudes más a evitar. Primero: evita el territorialismo, eso de sentir que solamente en tu pueblo se está predicando el evangelio. El evangelio se está predicando en esta gran ciudad en muchos lugares. Y en algunos lugares en formas, contextos y modos que probablemente tú no quisieras, pero ahí también Cristo está siendo predicado.

Segundo: evita la falta de arraigo e identidad. Si usted va a un lugar solamente porque en ese lugar exista una luz un poquito más brillante y ya está haciendo la maleta, usted tiene un problema grave. Usted no ama su pueblo y no conoce a su gente. Si tú estuvieras sufriendo en ese pueblo, aunque el otro sea más numeroso, tú estás sufriendo el tuyo, te gusta tu gente, tú gustas de ellos y ellos te aman. Realmente tienes identidad; puedes ir a cualquier lugar y visitar: «Dios le bendiga, qué gusto conocerle.» «¿Y te vas a quedar entre nosotros?» «No, yo tengo mi iglesia, tengo mi pueblo, pero lo que ustedes están haciendo aquí es hermoso. Gloria al Señor por eso.»

Evita comparaciones superficiales. No vaya a una iglesia que no es la suya a buscar las cosas superficiales. Vaya allá para encontrar a Cristo, para celebrar la obra de Cristo en medio de ellos. A mí me duele cada vez que una persona viene y me pregunta por mi iglesia y lo que me pregunta es por propiedades, por programas. Pregunte por mi gente, cómo estamos mirando a Cristo, cómo el evangelio se está sintiendo en nuestras vidas. Eso es lo que hay que preguntar.

Las preguntas son estas: ¿qué otras iglesias tú conoces, aparte de la tuya? ¿Hay algún Arquipo que tú puedas estimular? ¿Hay algún Epafras para que tú puedas decirle «sigue dando por allá»? Hay algunos creyentes anónimos, no celebridades, que se han hecho conocidos para ti. Hay gente que son desconocidos para el mundo, pero eran conocidos para Pablo y también para Dios. Qué hermoso es cuando alguien todavía no ha sido notado por el ecosistema de iglesia y ya el Señor te permitió gustar de sus dones.

El evangelio es la buena noticia de que fuimos salvados en Cristo para ser de bendición para otros. Cada vez que el Señor salva a uno, lo salva para que ese uno sea de bendición para mucho pueblo. El evangelio se hace evidente cuando nuestras amistades dejan de girar en torno a lo que pueden ofrecernos, cuando comienzan a reflejar que tienen sentido a la luz del evangelio, que son de bendición para la misión, y que no solamente nos consuelan a nosotros sino que pueden consolar a otros. Oro por ti especialmente para que el Señor abra tu corazón, para que tus ojos se vuelvan a abrir, y sobre todo para que atesores lo que el Señor está haciendo en medio de tu gente.