La carta de Pablo a los colosenses, en el capítulo 4. Abran ahí la Escritura; pero más que la Escritura, yo quisiera pedirles que abran especialmente sus corazones, su mente, su discernimiento, para que el Señor, hablando a nuestros corazones, haga lo que él quiere hacer en medio de su pueblo, que es la edificación, el fortalecimiento. Colosenses 4, desde el 2 al 6, para mostrar desde esta porción de la Escritura la oración y el testimonio público del creyente. Dice así la Sagrada Escritura, la palabra del Señor.
Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias; orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar. Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo. Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.
— Colosenses 4:2-6
Pueden sentarse, mis hermanos. Veamos en esta porción de la Escritura la oración y el testimonio público del creyente. En la última exposición que tuvimos en esta serie de Colosenses estuvimos hablando de tres relaciones importantes: estuvimos viendo cómo representar a Cristo en el matrimonio, cómo representar a Cristo en la crianza y cómo representar a Cristo en el trabajo. El texto no se queda aquí, sino que va aún más profundo y ahora nos introduce dos relaciones más, que son dos relaciones sumamente importantes: primero, la relación con Dios a través de la oración, y la relación con los de afuera a través de nuestro testimonio.
La meta de Cristo no es salvarte para que tú sigas como estabas. La meta de Cristo es salvarte para que tú vivas de manera distintivamente cristiana. Y para vivir de una manera distintivamente cristiana no bastan nuestras relaciones primarias, cotidianas: hay que considerar la relación trascendental, la relación con Dios, y al mismo tiempo la relación con los de afuera.
La oración revela si hemos recibido el evangelio
Pienso y recuerdo que no he conocido ningún no creyente que tenga una pasión por la oración. Yo he conocido no creyentes que tienen una pasión por la Escritura, aún más que yo. He conocido personas que no han nacido de nuevo y son eruditos de la Biblia: atesoran la palabra, leen la palabra, escudriñan la palabra. Yo no he conocido gente que no haya nacido de nuevo que tenga una pasión creciente por la oración. He conocido no creyentes que pueden encontrar cierto interés por el culto cristiano, que dicen: ya yo me estoy congregando, estoy yendo a la iglesia. Y pueden ver en la iglesia algunas cosas y las rescatan, pueden sentirse bien en medio del pueblo del Señor, pueden escuchar la exposición de la palabra del Señor hasta con interés.
De hecho, yo he conocido no creyentes que se ofrecen hasta para servir en algún ministerio de la iglesia: yo tengo un don, tengo un talento, yo ayudo. Se ha sabido de no creyentes que participan en diferentes ministerios de la congregación. Lo que no se ha sabido es que exista gente que no nació de nuevo que tenga una pasión por buscar el rostro del Señor en oración, por perseverar en la oración, velando en ella con acción de gracias. De hecho, la oración es difícil para el creyente y para el no creyente. Esto es como un parteaguas.
Este texto revela con claridad si realmente hemos recibido el evangelio. Usted puede no recibir el evangelio y tener un deleite en el discurso cristiano —por llamarle discurso, porque eso es lo que es para usted—, con la erudición de un maestro. Usted puede ser un no creyente y tener un interés en el andamiaje de la iglesia del Señor, en la espectacularidad que ha tenido el culto público en los últimos años. Pero para usted buscar el rostro del Señor humildemente en oración, sin sentir que está hablando al aire, usted necesita un nuevo nacimiento.
De forma tal que usted se da cuenta de que nació de nuevo cuando la oración tiene sentido para usted. Porque, a menos que usted sea un desconectado, un lunático, una persona sin raciocinio que disfrute hablar con el aire, para tener pasión por la oración usted debe creer que le hay y que es galardonador de los que le buscan. La oración es una disciplina espiritual difícil para los verdaderos creyentes, pero imposible para los que no han nacido de nuevo.
Perseverad en la oración
Dice aquí «perseverad en la oración», y el texto alude a que el asunto tiene un nivel de dificultad. No dice aquí solamente «oren», como que orar sería un deleite: perseveren en oración. Perseverar es insistir haciendo algo que se supone que es difícil. Perseverar es sostenerse en algo, afirmarse en algo como que te lo quieren quitar. Lo que te están diciendo aquí no es «oren», sino «perseverad en la oración», de forma tal que se alude a que orar es difícil.
Más que un asunto ocasional, es una lucha constante. De todas las disciplinas espirituales, orar es difícil, porque siempre estamos ocupados, distraídos, fríos. Es difícil romper el hielo en una relación que se dejó apagar. ¿Han visto esa conversación incómoda? ¿Qué más? Tú puedes sentir que la atmósfera se puede cortar con un cuchillo. Y tú dices: ok, ahora tenemos que hablar, tenemos que encontrarnos, ¿qué va a pasar?
Tú te das cuenta de cómo está el corazón de una persona no por cómo lee la Biblia, cómo se congrega, cómo sirve al Señor: es por cómo ora, si disfruta la oración, si puede hablar como si realmente él conociera a Dios. ¿Qué es lo que nos hace creer en Dios? Que Dios le conoce a él. No estoy hablando de rezos: los no creyentes pueden rezar con facilidad, con una actividad mecánica, y hasta contar las cuentas de un rosario. Ahora, hablarle al invisible, con la expectativa de que del otro lado está Dios y escucha, eso requiere un corazón.
Miren, esta no es una lucha de los nuevos creyentes: esta es la lucha de creyentes maduros y de campeones de la oración. He leído biografías de creyentes que destacaron por una vida vibrante de oración, y no fue fácil. Esto es como un deporte de alto rendimiento: realmente ellos perseveraron en oración porque sabían que necesitaban la oración. Y yo digo: pero esta persona tiene ya años en los caminos del Señor, ¿cómo es que es una persona reconocida por tener una pasión vibrante por la oración y aun así le cuesta?
Lo mismo pasa con el matrimonio, pasa con la crianza y con cualquier relación importante. «¡Wow! A ti sí se te da eso de la paternidad, ser un padre que está presente». No se me da, me cuesta. «¡Wow! Ustedes sí tienen un matrimonio bonito, y esa complicidad que ustedes tienen». Nos hemos muerto diez veces para poder tenerlo. «Wow, pero si tú eres una persona devota, piadosa, ¿tú cómo es que tienes ese elemento?». No lo tengo: lucho, lo busco, sobre todo porque lo necesito.
Nos dice el texto: perseverad en la oración. No solamente oren, sino entiendan, infieran que hay un nivel de dificultad. Tengo años en los caminos del Señor y todavía para mí orar no es fácil. Y yo digo: pero yo soy, se supone, un pastor, una persona madura, y todavía lucho todos los días. Y yo busco el rostro del Señor, y cuando busco el rostro del Señor puedo ver la recompensa, puedo ver la satisfacción, puedo ver el gozo, puedo sentir la calidez en mi corazón; pero yo digo: ¿por qué no lo hago tan reiteradamente, con tanta constancia? Porque no persevero en la oración, porque en mí hay una doble naturaleza, una dualidad: hay un viejo hombre que quiere hacer las cosas por sus propios medios, y hay un nuevo hombre que necesita una vida de oración, necesita devoción, necesita un avivamiento personal.
¿En qué momento, hermano, vamos a dejar de luchar con la oración? Cuando tengamos la presencia del Señor, con un cuerpo y una mente glorificada, y podamos hablar con él directamente. Mientras tanto, vamos a necesitar la fe y luchar por tener una vida de oración. No te juzgo —vamos a dejar eso al diablo, que es el acusador de los creyentes—, pero tú sabes cómo está tu vida de oración.
¿Cuál es tu nivel de oración? Por los alimentos, por el día. Yo soy el que manda los emoji. Los emoji no suben a la presencia del Señor. «Oremos por tal cosa»: emoji, emoji, emoji. Oración, oración, oración. Y es mentira. Yo creo que es una de las mentiras más piadosas de esta tierra, eso de que están orando por ti. Eso es como una manera de soltar a la gente, de darle banda: vamos a orar por eso.
El Señor reprendió a sus discípulos en Getsemaní. Dijo: ustedes no pueden velar conmigo ni siquiera una hora. Y yo leía el texto esta semana y decía: wow, ni siquiera una hora. Una hora. No sé si me entienden; o sea, yo veo que los están reprendiendo porque no pudieron permanecer una hora. Y yo: Señor, una hora, ¿de verdad? Monosílabos, minutos. Te presento el día, Señor, aquí con la almohada puesta, el aire en 22: gracias por el día. Mano, no estoy hablando de ti, estoy hablando de mí; por temporadas esa ha sido mi vida de oración.
«El pastor es apasionado de la oración, él tiene hasta cuadernos de oración». Mi cuaderno de oración testifica en contra de mi falta de devoción, porque le pongo fecha y encuentro grandes saltos. Encuentro momentos del año donde me fui solo, encuentro momentos del año donde oré. Motivos de oración, alimentos, o con los muchachos —eso lo tenemos por lo menos los padres creyentes, que los hijos nos lo recuerdan: papi, ora ahora conmigo, y uno ora con ellos—. Hermano, esa no es la vida de oración que el Señor espera que tú tengas. Está esperando que perseveres en oración.
Todas las demás relaciones testifican en contra
Cualquiera de las relaciones anteriores que Pablo describió testifica en contra de tu vida de oración. En todas las relaciones anteriores hablaba de sujeción: sujeción en el matrimonio, sujeción en la crianza, sujeción en lo laboral. ¿Qué tal nuestra sujeción delante de Dios? ¿Sabe cuál es el problema de nuestra falta de piedad, de constancia, de persistencia en la oración? Que cuando tú no estás persistiendo en oración, significa que tú no te estás reportando. Significa que tú eres sabio en tu propia opinión, significa que tú puedes cuidar de ti mismo, significa que tú sabes. Cuando tú has dejado de orar, lo que significa no es que dejaste de operar: es que estás operando por la libre.
Yo he tenido empleados que son creativos y operan por la libre, y cada cierto tiempo entonces yo jalo la soga. No tengo esa personalidad de la persona que te reporta todo el día, pero yo siento cuando alguien se me fue de las manos. Orlando, yo sé que tú estás trabajando para mí, sé que estás trabajando conmigo, pero yo no sé qué estás trabajando, yo no sé cómo tú estás trabajando; yo necesito que tú te me reportes: semanalmente, una vez al mes. Yo tengo la práctica de que semanalmente se envía, y tengo gente que trabaja conmigo que no me ha enviado su reporte semanal. Y yo puedo dejarlo pasar unas cuantas semanas, pero tarde o temprano voy a ir y le voy a decir: mira, hace tres semanas que no me llega tu reporte. «Pero usted ve que estoy haciendo el trabajo». Ahí está el problema.
Es que las relaciones de sujeción duelen, son difíciles. Y si a ti, como marido, te ofende que tu esposa no te tome en cuenta, que no te pregunte, que no te consulte, que no te involucre, ¿cómo se siente tu Dios cuando tú no le reportas? ¿Cómo se siente tu Dios cuando tú estás operando por la libre? Si a ti, como padre, te ofende, te molesta, te duele cuando tus hijos reclaman su independencia y comienzan a operar por la libre, ¿cómo se siente tu Dios cuando tú estás operando por la libre? Y si tú, como empleador, te sientes defraudado cuando tus subalternos no te están dando reporte y tú no sientes que hay sujeción, ¿cómo se siente tu Dios, que te creó, que te hizo, que te salvó?
En Jesucristo te ha sido dado el privilegio, el derecho de picaporte, de volver a su presencia cuando estás operando por la libre. Todas las relaciones anteriores testifican en contra de nuestra vida de oración. «Perseverad en la oración» es lo que nos están diciendo: no solamente oren, sino sigan luchando. Y cuando todo vaya a ser más llevadero, cuando tengamos la presencia del Señor, con un cuerpo y una mente glorificada, y podamos ver al Señor cara a cara, en vivo y directo, ahí probablemente tú tengas temas de conversación. Eso va a ser maravilloso: cuatro horas en oración. Ahí sí. Ahora requiere fe, ahora requiere persistencia, requiere creer que le hay y que es galardonador de los que le buscan.
La lucha principal no es una lucha mecánica: es una lucha contra la incredulidad, porque la oración requiere fe. Para tú ir a la presencia del Señor, tú necesitas cultivar la fe, tú necesitas ejercitar la fe, tú necesitas operar con convicción, pues no siempre hay una retroalimentación directa. Uno quisiera tener esa vida de oración donde siempre hay como un canal doble, que la oración sube y la respuesta baja. A veces uno siente solamente la piadosa tranquilidad de que nuestras oraciones han sido escuchadas, o por lo menos la santa diligencia de que yo fui y me reporté, me dijeran o no me dijeran. Yo vine.
Cuando en tu memoria de oración pasen meses, semanas, días en que tú no vayas a la presencia del Señor a reportarte, preocúpate. Porque tú dices: yo soy su siervo, él es mi Señor. Cuando yo dejo de venir a su presencia, significa que yo sigo operando, pero sigo operando por la libre, en mis fuerzas, en mis medios y según mi inteligencia.
Esto también es una lucha contra el activismo: dedicamos más tiempo a hacer cosas para Dios que a buscar su dirección. Llaman la atención los apóstoles —que supongo que conocieron mejor al Señor que cualquiera de nosotros—: cuando estaban muy atareados dijeron: hey, busquen quién sirva las mesas, y nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra. Escucha: los apóstoles de Jesucristo no entendían que ellos tenían un protagonismo, un activismo constante, de «no tengo tiempo para orar», sino que dijeron: hey, si nos está afectando la perseverancia en la oración, busquen ustedes quién haga eso; nosotros nos vamos a dedicar a la oración y al ministerio de la palabra. O sea, que orar es un asunto necesario y superior a cualquier forma de ministerio.
La iglesia de nuestros días es una iglesia muy activa en servir; vamos a hacerlo también en perseverar. Piensen en lo siguiente, hermano: nuestro Dios no necesita de ninguno de ustedes, de ninguno de nosotros, para hacer lo que Dios va a hacer. Es nuestro privilegio que el Señor lo haga con nosotros; y para que él lo haga con nosotros, necesitamos cultivar una vida de adoración. En las empresas, a quienes toman en cuenta para los trabajos importantes es a la gente que se reporta. El que es medio libre, el freelance interno —él es un empleado y toda la cosa, pero es un freelance—, pronto va a ser un autoempleado, y quizás no obtenga su doble sueldo este año. Hermanos, no sea un freelance con relación a su Dios. Persevere en oración; perseveremos en oración.
Velando en ella
No se queda ahí. Más que una tarea mecánica, este es un acto intencional y consciente. Dice: «velando en ella». El Señor no está esperando que usted actúe como un NPC, que esté aquí como en un rezo, un asunto mecánico, sino que el Señor está esperando que cuando usted vaya a orar, usted persevere en oración y usted vele en oración. Los NPC, en los videojuegos, son personajes que la inteligencia artificial del juego mueve, y hacen un movimiento mecánico que no va ni para adelante ni para atrás; y hay otro personaje que usted lo mueve.
No sea un NPC en su vida devocional, una persona que solamente trae el cuerpo y está aquí repitiendo balbuceos delante de Dios. Dios no está esperando balbuceos, Dios no está esperando rezos: Dios está esperando personas que perseveren en oración y que velen en oración. Literalmente, velar es estar despierto, alerta y vigilante. No solamente vengo yo aquí a repetir mi palabra: al Señor, al Señor, al Señor, amén. ¿Estás rezando? Tú no estás ahí, tu corazón no está ahí, tus ojos no están abiertos. La actitud de tu cuerpo anuncia que tú no estás esperando nada.
Lo que se te está diciendo aquí es que cuando vayas a la presencia del Señor a perseverar en oración, no solamente vayas físicamente, sino que tengas una actitud alerta, dispuesta. Señor, estoy dispuesto. Y frecuentemente, en un momento de oración tú vas a ser interrumpido, en un momento de oración vas a ser dirigido, en un momento de oración vas a ser comisionado, en un momento de oración vas a ser nutrido. Dios habla en los momentos de oración, y tú atesora eso. No te estoy llevando a que pienses que esto es como un walkie-talkie, que cada vez que tú hablas el Señor dice «copiado, recibido, adelante». No, no es eso.
Lo que te estoy diciendo es que cuando tú vas a la presencia del Señor, tú tienes el entendimiento encendido, tú tienes tus sentidos encendidos, tú estás alerta, estás dispuesto. Tú no solamente quieres repetir cosas: tú quieres decidir cosas en oración. Hermoso es una persona que va a la presencia del Señor porque quiere tomar decisiones con el Señor. Señor, estoy despachando contigo, o tú conmigo, que es la palabra. Qué poderoso es eso, hermano: usted está en la presencia del Omnipotente.
Ustedes buscan una reunión y la están esperando, y la atesoran y la practican. Esa reunión es importante: una persona que puede abrirme una puerta. Ustedes van a esa reunión no solamente entendiendo que van a repetir cosas y que las van a dejar en visto: ustedes van a esa reunión esperando que en esa reunión misma ahí se pueda decidir algo que puede ser muy bueno. Vaya a la presencia del Señor con los ojos espirituales abiertos, vaya con el sentimiento encendido, con decisión.
¿Han visto a esta gente? A veces voy con una persona a reunirme para un negocio y yo me doy cuenta de que la persona no tiene autoridad, y yo estoy en el caballo incorrecto. Estoy aquí reunido y está muy bien toda la cosa, pero la persona me dice: no, no hay presupuesto, no hay decisión, fulano es el que autoriza esto y está de viaje. Perdí el tiempo. Usted va a la presencia de aquel que tiene decisión, que tiene autoridad, que tiene voluntad, y de aquel que le ama y que quiere realmente satisfacer a su pueblo.
En un momento de oración, cuando los ojos espirituales están abiertos, se están decidiendo cosas en oración. A veces usted viene con una decisión pretomada y el Señor le cambia el curso de la decisión; usted termina el momento de oración y ya tiene el corazón girando hacia otro sitio. Para eso usted ora con los ojos abiertos, velando en ella, como dice la Escritura. Los ojos abiertos: la actitud de quien está esperando, de quien está en expectativa, como en los deportes.
¿Han visto en el tenis? Cuando alguien está recibiendo, está esperando: ¿por dónde viene el lanzamiento? Yo no solamente estoy aquí porque voy a lanzar pelotas; yo estoy aquí como un shortstop en béisbol, que está esperando: ¿por dónde viene? Les menciono, hermano, esa historia de cuando yo intenté jugar béisbol con el guante en la cabeza, en el right field, pensando en el mundo 8 de Mario. Allá atrás, así. Mi tío Luis, que sí era pelotero, decía: ¡Junior, atiende, que por ahí viene la pelota! No, hombre, tío, por aquí no pasa nada.
Hermano, así es que usted ora. O sea: es como «vine a orar», un autómata; todo lo que hay que hacer, todo lo que hacemos los cristianos. Usted entienda el privilegio que es estar en la presencia de aquel que todo lo decide. «Di la palabra», le dijo un soldado, «di la palabra y basta; tú no tienes que ir». Hermano, con que el Señor diga sí, ya es sí; y con que diga no, es no, y su no es mejor que su sí, o tan bueno como su sí. Es que responda algo, hermano: ese es el privilegio de la oración.
Y no solamente perseverar, sino velando en ella. Ojos abiertos, discernimiento encendido, el buen momento. Si usted va a una reunión importante, usted trata de estar despierto, usted mismo se despierta, se prepara. Señor, quiero estar alerta, yo quiero ser interrumpido, quiero ser dirigido, quiero ser confortado en oración. Quiero ser consciente de tu presencia, de tu dignidad, de tu personalidad. Dios no es una contestadora: él es una persona real, que tiene emoción, tiene decisión, tiene cariño. Él te ama.
Wow, no estás aquí ante una contestadora, no es una IA la que está del otro lado, no es un bot. ¿Sabes? Las empresas, ahora que no le sirven al cliente, todo el mundo quiere poner un bot. No me pongan bot, que yo soy un ser humano; búsquenme gente que hable conmigo. Un bot ahí respondiendo cosas medio random. Dios no es un bot, Dios no es una IA: él es una persona con emoción, con inteligencia, con decisión. ¡Wow! Ese es nuestro Dios. Por eso hay que velar. Es irrespetuoso estar en la presencia de Dios como si se estuviera tratando con una máquina.
En los pueblos antiguos, cuando alguien se iba a reunir con el rey, entraba siempre de frente y salía de la misma forma; entraba y salía así porque entendía la dignidad. Tu Dios tiene dignidad, él es digno. Ahí comienza la falsa devoción, la falta de devoción, esa trivialidad. Hermano, yo no soy nuevo en esto, tengo muchos años; yo también lo he relativizado por momentos: «yo estoy en cualquier parte, oro en el carro, oro en tal sitio, yo tengo una vida constante de oración». Yo no sé, pero tú sabes de verdad cómo es toda esa cosa.
Recuerda, las relaciones anteriores te explican estas relaciones adicionales, que son extremadamente importantes. Lo mismo pasa en el matrimonio: «no, nosotros siempre estamos juntos». Vaya, hermano, y haga la salidita. «Siempre estamos aquí». Paguen las cuentas. «Ella sabe que todos mis recursos son de ella». Cómprenle las flores. Y con Dios, no: Dios es soberano, él está en todas partes, él siempre está escuchando, Dios es el dueño del oro y la plata. Y no concedemos nosotros llevar cabritos, llevar lo mejor de la tierra. Eso es devoción.
Porque hay unos hermanos que para la falta de piedad son tremendos teólogos. Para la falta de piedad: Dios es soberano, él sabe con antelación cualquier cosa. Uno me dijo a mí una vez que él solamente estaba dando gracias, que ya él no pedía. El Señor quiere que usted pida. También quiere que cuando usted pida, usted le diga: sea tu voluntad y no la mía. Pidan. Hay un problema cuando alguien no pide, porque manifiesta orgullo, autosuficiencia. Hay que pedir. «No es que yo no necesite»; ahí viene otro, el más piadoso: yo no necesito nada, yo tengo todo, el Señor me ha rodeado de bienes. Pida. Esa es la resolución, hermano: Dios quiere que usted pida, porque en el pedir hay un asunto del corazón que se está manifestando.
Con acción de gracias
Una cosa prepara a la otra. Persevera en oración, velando; y después dice: con acción de gracias. Para que suceda la acción de gracias, debe suceder la petición: usted agradece cuando ha pedido. Su Dios le rodea de bienes todos los días, pero cuando usted es consciente de que su Dios le ha satisfecho con aquello que usted ha estado pidiendo, usted tiene gratitud. Para dar gracias tenemos que tener primero un ruego. Usted vela en oración, usted ruega en oración, usted persevera en oración; y a medida que el Señor está respondiendo, usted agradece también en oración.
Y para agradecer hay que pedir. Ey, da duro cuando a ti te han dado algo que tú debiste haber pedido y no lo pediste; es difícil dar gracias. Señor, gracias por esto que tú me mandaste; yo debí haberlo pedido, yo sabía que lo estaba necesitando, lo estaba buscando en otra parte. Y ahora me doy cuenta de que tú me humillas y me das lo que yo estaba buscando en otras partes: tú me lo das de inmediato, en tu tiempo y a tu manera, y he quedado muy feo ante tu presencia. En vez de estar zafaconeando en el mundo, buscando eso donde no había, yo debí haber traído mi petición delante de ti. Y gracias, Señor.
Uno da gracias con entereza. Es como el niño que está esperando. ¿Han visto al niño merecido, que entiende que todo lo tiene, que todo le toca? Pero cuando hay un niño agradecido, es el niño que está esperando: yo quiero la pelota, yo quiero el guante, yo quiero eso. Sí, mi amor, eventualmente, vamos a ver. El papá pudo haberle dado el guante desde antes de ayer, pero lo posterga, lo posterga, para darle el guante cuando realmente corresponde; y cuando le da el guante, cuando le da el regalo, entonces el niño salta: gracias, papi, era lo que necesitaba.
Vi un meme de un niño al que le regalaron un perrito. Le llevaron una caja y él tanteó la caja así, él creía que era otra cosa; y cuando tanteó, sintió el pelo, y el niño estaba llorando. Y dijo: sí, sí, sí, es eso, es eso, lo que quería, eso mismo. Y después ve el perrito y dice: así mismo era que lo quería. Ese niño estaba pidiendo un perrito. Y hay otro al que le traen las cosas más sublimes: póngalo ahí, cualquier cosa.
Pedir te permite atesorar la respuesta de Dios, y cuando estás atesorando la respuesta de Dios, tú te desbordas en gratitud. Cuando estás adorando, entonces tú puedes dar gracias. Ese es el camino a la devoción: una vida de gratitud conectada con la oración. Y este es el camino a la carnalidad: un camino de autosuficiencia y merecimiento, sin pedir ni agradecer, sino asumiendo que todo te toca. «Yo soy hijo suyo, él me lo debe dar, todo lo de él es mío, yo soy el dueño de la plata, el Señor me lo da todo». Hermano, ese es el camino que daña el corazón. En este capítulo de Colosenses se menciona la misma cosa: con acción de gracias, con acción de gracias, con acción de gracias. Porque la vida piadosa requiere la gratitud, y la gratitud está conectada a una vida de oración.
¿Por qué orar?
¿Por qué orar? No quiero que Dios haga mis caprichos, sino participar con él en sus planes y proyectos; y para eso yo necesito ir a su presencia. Señor, ¿qué es lo que tú quieres hacer en medio de nosotros? ¿Qué es lo que tú estás haciendo en mi vida? ¿Cuáles son tus planes? El Señor dijo de Abraham: ¿cómo no voy a compartir yo con Abraham lo que tengo por hacer, habiendo de ser Abraham una nación muy grande? El Señor quiso compartir sus planes con Abraham.
Si tú eres hijo, tienes derecho a ir a la presencia del Señor en intimidad, en oración. Alguien me dirá: ¿y Dios solamente escucha a sus hijos? Miren, Dios es tan gracioso que yo no le garantizaría a nadie que no lo van a escuchar por no ser hijo, porque fácilmente tú dices que no y te lo encuentras comiendo en la casa del Padre. Dios recibe a quien quiere recibir. Ahora, yo sé que a sus hijos los recibe. ¿Entienden la diferencia? Y si los que no son hijos, sino siervos, están esperando y haciendo fila para que Dios les responda algo, orar es un reclamo de identidad.
Y en estos días, donde todo el mundo es cristiano, y todo el mundo tiene un papito Dios, y todo el mundo ya se está congregando, ir a la presencia del Señor en oración es un asunto de reclamo de identidad. Señor, yo soy tuyo, soy tu hijo, y vine a tu presencia con la seguridad de que yo no soy un siervo, no soy un esclavo, sino que yo soy de la casa del Padre. Y mi privilegio es mi identidad: cada vez que yo voy en oración, yo estoy confirmando que yo realmente soy suyo.
En el mundo, tú le estás dando un mensaje a toda la creación: a los creyentes, a los no creyentes, a los ángeles, a los ángeles caídos. En ese punto geográfico de la tierra hay una persona que se sujeta a su Dios y está esperando ser satisfecha en su Dios. Porque los ángeles caídos son muchos, y su pecado fue que ellos quisieron buscar fuera de Dios lo que solamente en Dios se puede encontrar. Aquí hay obediencia, aquí hay sujeción; que el diablo y sus demonios me vean orando.
Perdóname, yo no vivo pensando en el diablo, tampoco vivo en ese asunto del diablocentrismo, como que el diablo siempre en el centro: yo vivo para Dios. Pero cuando yo vivo para Dios en oración, me diferencio del diablo, porque el diablo quiso irse por la vida libre y fue desechado, y yo quiero mantenerme sujeto al que me creó. En eso me diferencio. ¿Por qué tú quieres orar? Porque tú quieres diferenciarte: tú no eres un demonio, tú no eres un diablo, tú eres un siervo humilde de tu Dios, que no se adelanta, sino que espera en él.
«Ay, pero es que el Señor se está tardando mucho». No te adelantes. Este fue el asunto de Saúl: Dios dijo que era el sacerdote Samuel el que iba a ofrecer el sacrificio, y llegó Saúl y dijo: el hombre se está tardando, tráiganme el asunto, que yo lo hago. Y le dijo: neciamente has actuado, te adelantaste. Recuerda que fue para mí que yo lo anoté: yo necesito orar porque no quiero adelantarme, sino esperar. Y cada vez que yo espero la respuesta de mi Dios en oración, yo me estoy separando de los inconversos, me estoy separando de los que no son hijos, me estoy separando del diablo y sus demonios; y yo estoy mostrando que en esta tierra hay gente que realmente cree que en el cielo hay un Dios que satisface a su criatura en el momento adecuado. Y el momento de Dios es el momento bueno para mí, y por eso quiero orar.
Quiero orar porque yo quiero celebrar con Dios y tener temas de conversación. ¿Han visto a esa persona que hace las cosas por sus propios medios y después quiere celebrarlo con el equipo? «Esto es un mérito del equipo», y vamos todos a dárselo a él, que fue el que lo hizo. No salgas a hacer las cosas por tus propios medios y después quieras celebrar con Dios. Para yo celebrar con Dios, yo tengo que participar en eso con Dios, y sentir que nos estamos moviendo juntos. Señor, este es nuestro proyecto, estamos hablando; este no es mi sueño, este es nuestro sueño, este es tu sueño en el cual tú me involucraste. Señor, yo quiero celebrar contigo, tener temas de conversación contigo para la eternidad.
Recuerda, hermano, piensa que de aquí a poco, en el año 7700, esto va a ser un pasado recuerdo, y que en un tramo de tu vida tú tuviste que operar con fe; y que cuando tú estabas operando con fe, tú vas a poder ver la foto de que realmente tú estabas orando. En mi existencia terrenal, cuando hacía falta fe —porque ahora mismo todo el mundo habla con Dios cara a cara—, cuando hacía falta fe, en ese momento yo ya hablaba con Dios. Que haya memoria.
¿Por qué estás orando?
Alguien dice: ¿por qué orar? Parezco temerario, hermano, porque si ya es difícil persuadir a la iglesia para que ore constantemente, ahora yo también quiero persuadirla de que ore mejor. Si ya estaba difícil orar, ahora también que oremos por las mejores cosas. Recuerda la pregunta retórica, no para que me la respondas, sino para que la respondas entre ustedes: ¿cómo va tu vida de oración? Los alimentos: tres veces al día yo oro, por el desayuno, por el almuerzo y por la cena. Ese es tu nivel. Ahora vamos a hablar del contenido de tu oración: ¿por qué tú estás orando?
Dice aquí: «orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo». ¿Por qué tú estás orando? Así como la falta de oración evidencia autosuficiencia y falta de devoción, su contenido refleja tu madurez. ¿Cuáles de tus motivos de oración tienen valor desde aquí y hasta la eternidad? ¿Cuántas de las cosas que el Señor te va a conceder en oración van a ser motivo de conversación de aquí a los próximos tres mil años, siete mil años? ¿O tus motivos de oración son cosas egoístas, efímeras, caprichosas, cosas que no tienen sentido alguno?
Dice aquí «al mismo tiempo». O sea, no es que no ores por las otras cosas, pero hay motivos gruesos de oración, hay motivos importantes de oración, hay motivos prioritarios. Y el motivo prioritario de oración del pueblo de Dios es la predicación del evangelio, pues no hay otro tema más importante en este momento de la historia que la predicación del evangelio. Dice él: al mismo tiempo, mientras oran por los alimentos, por los hijos, por el matrimonio, por el trabajo, por el negocio, por la salud, por la diligencia.
¿Cuál es el motivo de la oración? Carro, casa, ropa, viaje. Esos son los motivos de oración. Un buen motivo de oración, hermano: gran parte de la aflicción de los creyentes del siglo XXI está en los vehículos, en los medios de transporte. Orando por el carro, u orando por la reparación del carro. Los motivos de las oraciones más persistentes son esos: usted está orando por un carro, o usted está orando por la reparación del carro, por el mantenimiento del carro, por algo del carro. Esas son oraciones que suben, pero no son las oraciones prioritarias. Carro, viajes, ropa.
Tome en cuenta que Pablo está preso, en aflicción, en cadenas. Tome en cuenta que Pablo viene de vivir un naufragio; ya van tres viajes misioneros que han sido a contracorriente, con dificultad. El apóstol Pablo no está pidiendo: «oren para que me aflojen un poquito la cadena»; «ay, si ustedes pudieran orar para que esta gente realmente me reivindique, me suelten». Esa no es su motivación: la prioridad en su corazón es la predicación del evangelio.
Viene de un naufragio, ahora tiene prisión domiciliaria, hizo dos años de prisión en Cesarea antes de que lo enviaran a Roma, y el hombre no está pidiendo: oren para que esta gente me pase causa rápido y me liberen. Esa no es su urgencia. En otra ocasión él dijo que esperaba también ser liberado, pero no es su urgencia, no es su ardor. El ardor de mis motivos de oración está hablando de mi madurez como cristiano, de qué es para mí prioritario. Para Pablo, el avance del evangelio tenía prioridad sobre su liberación; para Pablo, el avance del evangelio tenía prioridad sobre su comodidad.
Él pudo haber pedido: oren para que se suspenda la prisión domiciliaria, que el Señor mueva el corazón de un soldado y me permita salir. Oren por controversias ministeriales: oren por Juan Marcos, que tengo un problema ahí con él, con Bernabé; oren por Onésimo y Filemón, que hay una situación. Eso no es lo prioritario: lo prioritario es que el Señor abra puertas para el evangelio. ¡Ay! Pablo tenía más de cincuenta años en este momento. Si Pablo tuviera las prioridades de nosotros: ay, oren por mí, que tengo ya más de cincuenta años y siento que mi vida como que está estancada, no tengo una mujer, hijos y demás, y yo quisiera ver si el Señor… ¡Hermano, esa no es la urgencia!
Sabemos que Pablo tuvo un sobrino que lo ayudó, y parece que estuvo en Roma, pero no es la urgencia. «Es que no debemos orar por lo cotidiano, pastor». No, eso no es: ore por lo cotidiano, ore por lo grande, también ore por lo pequeño, con humildad; pero ore también al mismo tiempo por las cosas importantes, y las cosas importantes son el avance del evangelio.
Que el Señor nos abra puerta para la palabra
Ese es el asunto. Tres motivos aquí. Dice primero que el Señor nos abra puertas para la palabra. Las puertas abiertas son oportunidades providenciales para predicar la palabra. Que abra puertas el Señor. Él no está buscando aquí oportunidades providenciales para hacer un viajecito; no, no: oportunidades providenciales para predicar la palabra. Ore por eso.
¿Cómo se ve una puerta? Circunstancias cotidianas donde se sabe que Dios está obrando, dirección puntual del Señor, circunstancias adversas que Dios usa para su propósito. Las puertas eran característica del ministerio de Pablo. Él dice: wow, mira, estoy aquí preso en cadenas, pero preso en cadenas tuve durante dos años la oportunidad de dar testimonio a Félix; ahora vino Agripa, Berenice, y también les estoy dando testimonio. Si no estuviera preso aquí, no les estuviera dando testimonio a ellos. O sea, que son puertas.
Cuando usted ha orado por algo, usted tiene los ojos abiertos y usted puede ver las oportunidades donde el Señor le coloca para que dé testimonio del Señor y muestre a Cristo. Colaboradores imprevistos: Timoteo, Lucas, Onésimo en prisión. Esas son puertas. Decía Pablo: pero la palabra de Dios no está presa.
También él pide que pueda dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual está preso. Interesante: él vinculaba su circunstancia con dar a conocer a Cristo. Perdóname que vaya un chin hondo. De verdad, hermano, que tu adversidad en la vida, ese trabajo incómodo que tú tienes… ¿y tú no has pensado que probablemente ese trabajo incómodo que tú tienes es la puerta que el Señor está abriendo para que tú ahí representes a Cristo? Porque Pablo no quería estar preso, pero él dice: yo estoy preso para dar a conocer a Cristo.
Oye, ¿para qué el Señor te llevó a ese barrio? ¿Para qué el Señor te llevó a ese trabajo? ¿Para qué el Señor te llevó a esa relación? Para representar a Cristo. En este colegio: ¿para qué estoy aquí?, ¿para qué los muchachos estudian aquí? Para que representemos a Cristo. Cambia la situación adversa por tratar de ver la puerta que el Señor quiere estar abriendo detrás de eso.
Oren para que pueda proclamar este mensaje. Así lo traduce la Nueva Traducción Viviente: para que pueda proclamar este mensaje con la claridad que debo hacerlo, para que hable como debo hablar. Pablo no asumía que él era un orador, que él era un erudito, que él era un apóstol de Jesucristo, sino que él necesitaba ser ayudado por Dios para presentar el ministerio de Cristo y hacerlo como debe hacerse. «No, yo sé lo que hay que decir». No sabemos, no sabemos; eso el Señor te lo puede dar, la dirección.
Andad sabiamente para con los de afuera
Del 5 al 6 está vinculado su testimonio público. Dice él: «Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo. Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno». Les dije al comienzo que un rasgo distintivo de un verdadero creyente es que tiene una vida de oración y se sujeta a Dios. Un rasgo distintivo de un verdadero creyente es que tiene una vida que es distintivamente cristiana y vive en la esfera pública para la gloria del Señor; que la fe para él no es un paréntesis en la semana, no es un día y hora y media los domingos, sino que 24/7 está representando a Cristo. Y lo que necesita el pueblo del Señor de manera urgente en nuestros días es volver a tener una vida de oración vibrante y volver a tener vidas que sean distintivamente cristianas.
Este término que está ahí es un término que debe molestar, que debe generar cierta cosa: los de afuera. «Andad sabiamente para con los de afuera». O sea, que en la mente de Pablo están los de adentro y están los de afuera. No que todo es lo mismo: no, no todo es lo mismo. Una cosa es lo de adentro, otra cosa es lo de afuera. ¿Y quiénes son los de afuera? Los no creyentes. Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo.
Es andar sabiamente. Es una manera cuidadosa de conducirse, como quien sabe que representa algo o a alguien. Fíjate en el ejemplito, si no me entiendes. Está el empresario que entiende que ya él tiene cierto porte: espérate, yo tengo que representar esa empresa, yo no puedo andar aquí como si fuera un peón. Está ese hombre que casi se incorpora y dice: soy un padre de familia ya, ya estas personas dependen de mí, yo tengo más o menos que tener cierto trato digno. Está un funcionario, un representante, un embajador, que dice: yo tengo que ser cuidadoso, yo estoy representando un país.
El punto es que más que tu vida de oración —donde nadie te ve, donde nadie te alcanza, donde eso solamente lo saben tú y Dios—, al punto opuesto, en la esfera pública, donde todo el mundo te está mirando, donde estás siendo escrutado, te está diciendo: anda sabiamente. Yo creo que el evangelio no avanza más en medio de nosotros porque mis hermanos andan torpemente hacia los de afuera. Y la manera más torpe en que andan es no siendo distintivamente cristianos. Usted siente que encarna algo, que representa a alguien. Cuando usted se bautizó, usted entendía que realmente se estaba muriendo al mundo y naciendo para la familia de Dios.
Usted siente que representa algo, le pesa el ruedo en lo espiritual. Hay gente a la que le pesa el ruedo en lo espiritual, que dice: yo no soy un cualquiera, yo no soy ninguno, yo soy una persona que represento a Cristo, yo estoy en esta tierra para ser sal y ser luz, y quiero andar sabiamente con los de afuera. Te manda primero de la esfera más privada, que es la oración, a la esfera más pública. ¿Cómo hablas con los de afuera? ¿Cómo te vinculas con los de afuera? ¿Cómo haces negocios con los de afuera? ¿Cómo eres un cliente con los de afuera? ¿Cómo eres un proveedor con los de afuera?
En la esfera pública, ¿qué tal? No asumas que lo estás haciendo bien, ni subestimes el ojo inquisidor del mundo. El mundo te está mirando. Dondequiera que haya un hijo de Dios en esta tierra, la gente tiene curiosidad de cómo viven los hijos de Dios. Yo soy un cristiano, y la gente lo guarda ahí en silencio, pero te está mirando; y a veces discretamente saca conclusiones al respecto de ti. La gente te está mirando, el vecino te está mirando. Quienes están considerando el camino del Señor, aun en silencio, te están mirando. Hay un compañero de trabajo a quien tú le dijiste que eres creyente, y él está considerando cómo vive un creyente: te está mirando.
«Yo no soy un referente para nadie, yo no quiero ser un líder». Te están mirando, tú estás encarnando algo. Andar sabiamente es asumir que te están mirando. Quienes persiguen a la iglesia de Cristo están buscando ocasión en tu comportamiento: cómo hablan, cómo se conducen. «No, a mí no me importa, yo tengo una vida vibrante de oración». Las dos cosas: la esfera privada, la más privada, y la esfera pública, la más pública.
¿Entienden? Al hacer de Cristo tu Señor y unirte a su pueblo, te convertiste en un extranjero para los de afuera. Ya tú no eres home club en el mundo: visitante. Indiana le ganó el primer juego de la serie a Oklahoma. ¿Cómo se veían esas gradas? Que se vayan pronto. Le ganaron el primer juego, está bien, que se vayan pronto, porque ahí va a haber un lío. Se lo ganaron por milésimas de segundo: en los últimos tres segundos ahí entró un lanzamiento. ¿Sabe lo que es un equipo jugando en su casa, celebrando, ganando durante los cuatro cuartos consecutivos, y después, faltando tres milésimas de segundo, entra un lanzamiento y se pierde? Hasta uno dice: vamos a ver si esa gente es civilizada, porque si eso fuera en San Carlos ahí se vería. La botella, corren.
Hermanos, no tenemos home club en el mundo. No esperes la celebración, no esperes likes. Yo veo a la gente que dice: no, ya nosotros somos amados en este mundo. Pronto te muerden y te recuerdan rápido que este no es tu espacio, que este no es tu lugar, que tú no perteneces. El extranjero, dondequiera que esté… yo veo a ese extranjero que ya hizo vida en otro país, ya conoció el idioma, conoció la cultura, pero todavía no se entrega. Él dice: yo reconozco que soy de los morenos, que soy latino, que soy extranjero; puedo ser ciudadano y todas las cosas, pero yo lo reconozco.
Extranjeros, hermanos: nosotros somos peregrinos extranjeros. Y andamos sabiamente con los de afuera, o sea, asumimos que nos están mirando, asumimos que estamos representando a Cristo, asumimos que ante cualquier cosita van a decir que los cristianos fuimos los que quemamos Roma. Entonces, con cuidado.
Este término de «los de afuera» habla de que existen límites saludables entre el mundo y la iglesia. La gente me habla de que no, que nosotros somos una iglesia abierta. Bueno, yo estaba con un pastor —y yo entiendo su expresión— y me decía: nosotros queremos ser la iglesia para la gente a la que no le gusta la iglesia. Yo creo que para que te guste la iglesia tú necesitas nacer de nuevo, y que si a alguien no le gusta este pueblo, quizás no sea parte de este pueblo. Es como que tú me digas: yo quiero ser una nación para todo el que no tenga nación; tú no tienes identidad, tú no tienes código, tú no tienes nada. No vivan en esos sueños, hermanos, esto es un infantilismo. El pueblo del Señor es distinto y hay límites. No es que le vamos a estar haciendo una línea de pizarra y decir «ustedes allá y nosotros aquí»; pueden estar en medio de nosotros.
En España hubo una campaña muy popular en estos días, a la que algunas empresas se unieron: ponían a todos los empleados en una escalera y después les decían a los extranjeros que salieran, y se quedaba la escalera medio vacía. Y yo decía: háganlo, síganlo haciendo, está bien; pero extranjero, extranjero. Y si yo fuera de la gente a la que le dicen que se muevan ahora los extranjeros y se van, yo diría: ay, no lo hagan, que al extranjero siempre le va mal. Peregrinos extranjeros somos nosotros, hermano, y el mundo no es nuestro hogar. Cantábamos hace cuarenta años: «no puede el mundo ser mi hogar, no puede el mundo ser mi hogar; en gloria tengo mi mansión, no puede el mundo ser mi hogar». Y ahora los creyentes me dicen: no, ya no cantamos eso, ya somos cristianos, no como los de antes, ya yo soy de los cristianos nuevos. Probablemente tú perdiste tu distintivo, y cuando tú intentes ir a tu pueblo, no seas recibido dentro de tu pueblo.
Maneras prácticas de andar sabiamente
Muy rápido, hermano: maneras prácticas de andar sabiamente con los de afuera. Evita darle las perlas a los cerdos, darle las cosas espirituales a los carnales y las cosas santas a los impíos: ellos ni las quieren ni las entienden, no pueden gustarlas, no pueden.
Sé astuto al hablar de tu iglesia, de tus relaciones, con los no creyentes; de tus luchas, tu tristeza y aun tus alegrías. Si tus familiares no son creyentes, no son esa la audiencia para que tú estés hablando de los problemas del pueblo del Señor: eso es un asunto interno, lo doméstico. Cuánto daño le hace al pueblo del Señor cuando tú llevas esas cosas afuera. Número dos, hermanos: nuestras luchas son nuestras luchas. Nuestro vino es agrio, pero es nuestro; tenemos nuestras circunstancias, pero son las nuestras, y ellos no entienden. Pero hay gente que quiere dar consejos pastorales y no ha nacido de nuevo: yo te recomiendo que lo que tienes que hacer es todo aquello. Y si su cónyuge no es creyente, ámele, pero sea sabio: ellos no entienden.
En la medida de lo posible, no se una en yugo desigual con los incrédulos. Dice 2 Corintios 6:14, y eso aplica para amistades cercanas, negocios, matrimonios. ¿Cómo va a ser que tus amigos del alma sean gente que no ama a tu pueblo? «No, yo no quiero saber de tu gente, pero de ti sí quiero saber». Si tú no quieres saber de mi gente, tampoco quieres saber de mí.
Dice aquí que andemos redimiendo el tiempo. Y una persona que redime el tiempo tiene agenda, tiene propósito. A ti no te mandaron aquí para que dieras la vuelta: tú tienes agenda, tienes propósito. Tengo poco tiempo para hacer lo que hay que hacer, está la puerta, es que el Señor quiere que yo lo haga. Tengo una ansiedad respecto a esto —uso el término «ansiedad», que es un término ya políticamente incorrecto; perdón: urgencia—. Tengo urgencia, hermano, tengo agenda. Vea cada una de sus interacciones, de la luz con la tiniebla, como una oportunidad: vecino, cliente, empleador, carcelero. ¿Para qué tú estás aquí? Yo soy un creyente, te puedo ayudar de algún modo. Camine con los ojos abiertos, viva para representar a Cristo.
Sea vuestra palabra siempre con gracia
Procura tener conversación evangelística. Dice el versículo 6: «Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno». El contexto es nuestro testimonio público hacia los de afuera. No te iguales, no pierdas tu distintivo. No puede ser que tú te rías de lo mismo de que se ríe el mundo, que tú consumas lo mismo que consume el mundo, que tú te deleites en lo mismo en que se deleita el mundo.
Aquí está esa otra palabra: con gracia. La gente me pregunta: ¿eso es la gracia de Dios en el evangelio, o es la disposición favorable del creyente hacia la gente? Son las dos cosas: Jesucristo siempre está en sus conversaciones, y usted siempre sea gracioso en sus conversaciones. No puede ser que el creyente sea el aburrido, sea el negado, sea el poco dispuesto. Así es como la gente va realmente a darse cuenta de que representamos a un pueblo más alto. Decían de los judíos: ¿qué nación hay sobre esta tierra que tenga leyes tan altas? Eso es lo que debe decir la gente de nuestro pueblo. O sea: destáquese.
Sazonada con sal. La sal preserva, da sabor, produce sed. Que tus palabras preparen a la gente para el evangelio; que cuando tú interactúes con la gente, la gente diga: ¿qué es lo que hay en él? Y que tú, o alguien, diga: es que él es cristiano. Yo sabía que había algo. Sí: esa persona está siendo preparada para que también anhele a Cristo.
Después dice: «para que sepáis cómo debéis responder a cada uno». Yo no sé testificar; yo tampoco. Pero si usted tiene una vida de oración y vive de una manera distintivamente cristiana, el Señor le puede mostrar cómo responder a cada uno: cómo responder al que es hostil, cómo responder al que le es amigable, cómo responder al que es neutral. Señor, yo no sé; mira, esta persona, yo sé que él te necesita a ti, y tú me puedes dar la palabra oportuna, sazonada con sal, que la persona necesita escuchar, de forma tal que vea a Cristo, que Cristo sea manifestado ante esa persona.
¿Cómo se ve aquí el evangelio?
¿Cómo se ve el evangelio, hermano, en esta porción de la carta? El evangelio se hace evidente cuando el creyente ora con confianza, como un hijo; agradece como uno que ha sido redimido, y vive con propósito para la misión. El evangelio se hace manifiesto cuando nosotros testificamos con sabiduría, hablando con gracia. No se trata simplemente de hacer más cosas para Dios, sino de vivir como alguien que ha sido transformado por su gracia y ahora refleja a Cristo en cada palabra y en cada acto. El evangelio es la buena noticia de que hemos sido acercados a Dios por medio de Cristo y enviados a testificar al mundo acerca de Cristo.
Que el Señor nos permita, hermano, fortalecer, restablecer, mejorar nuestra vida de oración. Que el Señor nos permita comportarnos en la tierra de manera distintivamente cristiana. Que la oración nos acompañe en lo privado y el testimonio de Cristo en la esfera pública. Oro por todos los que aquí están presentes.