El evangelio de Cristo avanza en el mundo por medio de creyentes que oran con perseverancia y testifican con sabiduría. Pablo nos lleva a considerar dos dimensiones adicionales de nuestra vida cristiana: nuestra relación con Dios, expresada en la oración, y nuestra relación con los de afuera, manifestada en nuestro testimonio público.
Transcripción automática
Colosenses 4 desde el 2 y hasta el 6, para mostrar desde esta porción de la Escritura la oración y el testimonio público del creyente. En la última exposición que tuvimos en esta serie de Colosenses estuvimos viendo cómo representar a Cristo en el matrimonio, en la crianza y en el trabajo. El texto no se queda aquí, sino que va aún más profundo y ahora nos introduce dos relaciones más, sumamente importantes: primero, la relación con Dios a través de la oración, y segundo, la relación con los de afuera a través de nuestro testimonio. La meta de Cristo no es salvarte para que tú sigas como estabas. La meta de Cristo es salvarte para que tú vivas de manera distintivamente cristiana.
Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias, orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar. Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo. Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.
— Colosenses 4:2-6
Perseverad en la oración
No he conocido ningún no creyente que tenga una pasión por la oración. He conocido no creyentes que tienen una pasión por la Escritura, que son eruditos de la Biblia. He conocido personas que no han nacido de nuevo y encuentran cierto interés por el culto cristiano, que se ofrecen hasta para servir en algún ministerio de la iglesia. Lo que no se ha sabido es que exista gente que no haya nacido de nuevo y que tenga una pasión por buscar el rostro del Señor en oración, por perseverar en la oración velando en ella con acción de gracias. La oración es difícil para el creyente y para el no creyente. Este texto revela con claridad si realmente hemos recibido el evangelio.
Más que un asunto ocasional, la oración es una lucha constante. De todas las disciplinas espirituales, orar es difícil porque siempre estamos ocupados, distraídos, fríos. Tú te das cuenta cómo está el corazón de una persona no por cómo lee la Biblia, cómo se congrega o cómo sirve al Señor, sino por cómo ora. No estoy hablando de rezos; los no creyentes pueden rezar con facilidad, como una actividad mecánica. Ahora, hablarle al invisible con la expectativa de que del otro lado está Dios y escucha, eso requiere un corazón. Esta no es una lucha de los nuevos creyentes; es la lucha de creyentes maduros y de campeones de la oración. He leído biografías de creyentes que destacaron por una vida vibrante de oración y no fue fácil. Esto es como un deporte de alto rendimiento.
Lo mismo pasa con el matrimonio, con la crianza y con cualquier relación importante. «A ti sí se te da eso de la paternidad.» No se me da; me cuesta. «Ustedes sí tienen un matrimonio bonito.» Hemos muerto diez veces para poderlo tener. Nos dice el texto: perseverad en la oración. No dice solamente «oren», sino que infiere que hay un nivel de dificultad. Tengo años en los caminos del Señor y todavía para mí orar no es fácil. Yo busco el rostro del Señor y cuando lo busco puedo ver la recompensa, la satisfacción, el gozo, la calidez en mi corazón. Pero no lo hago tan reiteradamente, con tanta constancia, porque en mí hay una doble naturaleza: hay un viejo hombre que quiere hacer las cosas por sus propios medios y hay un nuevo hombre que necesita una vida de oración, de devoción, un avivamiento personal.
La oración como sujeción
Cualquiera de las relaciones anteriores que Pablo describió testifican en contra de tu vida de oración. En todas las relaciones anteriores hablaba de sujeción: sujeción en el matrimonio, sujeción en la crianza, sujeción en lo laboral. ¿Qué tal nuestra sujeción delante de Dios? El problema de nuestra falta de piedad y persistencia en la oración es que cuando tú no estás persistiendo en oración, tú no te estás reportando. Significa que eres sabio en tu propia opinión, que puedes cuidar de ti mismo. Cuando dejas de orar, lo que significa es que estás operando por la libre.
Si a ti como marido te ofende que tu esposa no te tome en cuenta, que no te pregunta, que no te consulta, ¿cómo se siente tu Dios cuando no le reportas nada? Si a ti como padre te duele cuando tus hijos reclaman su independencia y comienzan a operar por la libre, ¿cómo se siente tu Dios que te creó, que te salvó, que te ha dado el privilegio de ir a su presencia? Todas las relaciones anteriores testifican en contra de nuestra vida de oración.
En las empresas, quienes son tomados en cuenta para los trabajos importantes son la gente que se reporta. No sea un freelance con relación a su Dios. Persevere en oración. Los apóstoles, cuando estaban muy atareados, dijeron: «Busquen quién sirva la mesa y nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra.» O sea, orar es un asunto necesario y superior a cualquier forma de ministerio. La iglesia de nuestros días es una iglesia muy activa en servir. ¿Podemos serlo también en perseverar?
Velando en ella
Más que una tarea mecánica, este es un acto intencional y consciente. Dice: «velando en ella.» El Señor no está esperando que usted actúe como un personaje que repite movimientos mecánicos. El Señor está esperando que cuando usted vaya a orar, persevere y vele en oración. Literalmente, velar es estar despierto, alerta y vigilante. No es venir a repetir palabras mientras el corazón no está ahí.
Lo que nos está diciendo es que cuando vayas a la presencia del Señor, no vayas solamente físicamente, sino ten una actitud alerta, dispuesto. Frecuentemente en un momento de oración tú vas a ser interrumpido, dirigido, comisionado, nutrido. Dios habla en el momento de oración. No te estoy llevando a que pienses que cada vez que hablas el Señor responde audiblemente. Lo que te estoy diciendo es que cuando vas a la presencia del Señor, tienes el entendimiento encendido, tus sentidos encendidos, estás alerta. No solamente quieres repetir cosas, quieres decidir cosas en oración.
Hermoso es una persona que va a la presencia del Señor porque quiere tomar decisiones con el Señor. En el mundo de los hombres, muchos de ustedes buscan una reunión importante, una persona que pueda abrirles una puerta, y van a esa reunión esperando que ahí se pueda decidir algo bueno. Usted va a la presencia de Aquel que tiene decisión, que tiene autoridad, que tiene voluntad, y Aquel que le ama y que quiere satisfacer a su pueblo. En un momento de oración, cuando los ojos espirituales están abiertos, se están decidiendo cosas. A veces usted viene con una decisión pretomada, el Señor le cambia el curso, y usted termina el momento de oración con el corazón girando hacia otro sitio.
Velar es la actitud de quien está esperando, de quien está en expectativa. En los deportes, cuando alguien está recibiendo un lanzamiento, tiene como que está esperando: «¿Por dónde viene?» No estoy aquí como autómata; estoy aquí porque estoy recibiendo. ¿Entiende el privilegio que es estar en la presencia de Aquel que todo lo decide? «Di la palabra y basta.» Con que el Señor diga sí, ya es sí. Y con que diga no, es no, y su no es tan bueno como su sí. Ese es el privilegio de la oración. Vaya a la presencia del Señor con los ojos espirituales abiertos, con decisión. Dios no es una contestadora: Él es una persona real que tiene emoción, decisión, cariño. Él te ama.
Con acción de gracias
Ahí comienza la falta de devoción, esa trivialidad. Las relaciones anteriores te explican estas relaciones adicionales. Lo mismo pasa en el matrimonio: «Nosotros siempre estamos juntos.» Vaya y haga la salidita. «Ella sabe que todos mis recursos son de ella.» Cómprele las flores. Y con Dios: «Dios es soberano, Él está en todas partes.» Sí, pero Él quiere devoción. Hay unos hermanos que para la falta de piedad son tremendos teólogos.
Hay que pedir. No asuma que no necesita nada. En pedir hay un asunto del corazón que se está manifestando. Una cosa prepara a la otra: perseverar en oración, velando, y después con acción de gracias. La acción de gracias, para que suceda, debe suceder la petición. Usted agradece cuando ha pedido. Cuando usted es consciente de que su Dios le ha satisfecho con aquello que usted ha estado pidiendo, usted tiene gratitud. Para dar gracias, tenemos que tener primero un ruego. Usted vele en oración, ruegue en oración, persevere en oración, y a medida que el Señor va respondiendo, agradezca también en oración. Y para agradecer hay que pedir.
Da duro cuando a ti te han dado algo que tú debiste haberlo pedido y no lo pediste. «Señor, gracias por esto que tú me mandaste, yo debí haberlo pedido. Yo sabía que lo estaba necesitando, lo estaba buscando en otra parte. Y ahora me doy cuenta que tú me humillas y me das lo que yo estaba buscando donde no había. Debía haber traído mi petición delante tuyo.» Ese es el camino a la devoción: una vida de gratitud conectada con la oración. Y este es el camino a la carnalidad: un camino de autosuficiencia y merecimiento, sin pedir ni agradecer, sino asumiendo que todo te toca.
Orar es un reclamo de identidad
«Señor, ¿qué es lo que tú quieres hacer en medio de nosotros? ¿Cuáles son tus planes?» El Señor dijo a Abraham: «¿Cómo no voy a compartir yo con Abraham lo que tengo por hacer?» El Señor quiso compartir su plan con Abraham. ¿Quiere el Señor compartir su plan contigo? Orar es un reclamo de identidad. Yo soy hijo de Dios, no siervo. Tengo un derecho, así como tienen derecho mis hijos de decir «papi, un ratito en la cama grande.» Si tú eres hijo, tienes derecho a ir a la presencia del Señor en intimidad, en oración. Y si los que no son hijos están esperando que Dios les responda algo, ¿qué será de nosotros que somos hijos y no vamos a su presencia?
Orar es un testimonio ante toda la creación. Parece grandilocuente, pero cuando tú estás orando le estás dando un mensaje a toda la creación: a los creyentes, a los no creyentes, a los ángeles, a los ángeles caídos. En ese punto geográfico de la tierra hay una persona que se sujeta a su Dios y está esperando ser satisfecho en Él. Los ángeles caídos pecaron porque quisieron buscar fuera de Dios lo que solamente en Dios se puede encontrar. Cuando yo vivo para Dios en oración, me diferencio de eso. ¿Por qué quiero orar? Porque no quiero adelantarme, sino esperar. Cada vez que espero la respuesta de mi Dios en oración, me estoy separando de los que operan por la libre. Estoy mostrando que en esta tierra hay gente que realmente cree que en el cielo hay un Dios que satisface a su criatura en el momento adecuado.
Quiero orar porque quiero celebrar con Dios y tener temas de conversación. No salgas a hacer las cosas por tu propio medio y después quieras celebrar con Dios. Para celebrar con Dios, tengo que participar en eso con Él y sentir que nos estamos moviendo juntos. «Señor, este no es mi sueño; este es tu sueño en el cual tú me involucraste. Quiero celebrar contigo, tener temas de conversación contigo para la eternidad.» Piensa que de aquí a poco esto va a ser un recuerdo, y que un tramo de tu vida tuviste que operar con fe, y que cuando estabas operando con fe, estabas orando.
El motivo prioritario de oración
Así como la falta de oración evidencia autosuficiencia, el contenido de la oración refleja tu madurez. ¿Cuáles de tus motivos de oración tienen valor desde aquí y hasta la eternidad? Dice aquí: «Orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo.» No es que no ores por las otras cosas, pero hay motivos gruesos de oración, motivos prioritarios. Y el motivo prioritario de oración del pueblo de Dios es la predicación del evangelio, pues no hay otro tema más importante en este momento de la historia.
Mientras oran por los alimentos, por los hijos, por el matrimonio, por el trabajo, por la salud, oren para que el Señor abra puertas para dar a conocer a Cristo. Esa es la cosa más importante, el motivo que no debe faltar en nuestras oraciones. Tome en cuenta que Pablo está preso, en aflicción, en cadenas. Viene de vivir un naufragio. Y el apóstol Pablo no está pidiendo que le aflojen la cadena o que lo reivindiquen y lo suelten. La prioridad en su corazón es la predicación del evangelio.
Pablo tenía más de 50 años en este momento. Si Pablo tuviera las prioridades de nosotros, estaría pidiendo por su comodidad personal. Pero no: eso no es la urgencia. Ore por lo cotidiano, ore por lo grande y también por lo pequeño con humildad, pero ore también al mismo tiempo por las cosas importantes. Las cosas importantes es el avance del evangelio.
Tres motivos de oración aquí. Primero: que el Señor abra puertas para la palabra. Puertas son oportunidades providenciales para predicar. ¿Cómo se ve una puerta? Circunstancias cotidianas donde se sabe que Dios está obrando, dirección puntual del Señor, circunstancias adversas que Dios usa para su propósito. Pablo dice: «Estoy aquí preso en cadenas, pero durante dos años tuve la oportunidad de dar testimonio a Félix. Ahora vino Agripa y Berenice y también les estoy dando testimonio. Si no estuviera preso, no les estaría dando testimonio.» O sea, son puertas.
Cuando usted ha orado por algo, usted tiene los ojos abiertos y puede ver las oportunidades donde el Señor le coloca para que dé testimonio. ¿Para qué el Señor te llevó a ese barrio, a ese trabajo, a esa relación? Para representar a Cristo. Cambia la situación adversa por tratar de ver la puerta que el Señor quiere estar abriendo detrás de eso. También Pablo pide: «Para que pueda proclamar este mensaje con la claridad que debo hacerlo.» Pablo no asumía que porque era un orador, un erudito, un apóstol de Jesucristo, no necesitaba ser ayudado por Dios.
Andar sabiamente con los de afuera
Un rasgo distintivo de un verdadero creyente es que tiene una vida que es distintivamente cristiana y vive en la esfera pública para la gloria del Señor. La fe para él no es un paréntesis en la semana, no es un día y medio los domingos. El 24/7 está representando a Cristo. Lo que necesita el pueblo del Señor de manera urgente en nuestros días es volver a tener una vida de oración vibrante y volver a tener vidas que sean distintivamente cristianas.
Piense en el empresario que entiende que tiene cierto porte: «Yo tengo que representar esta empresa.» Piense en el padre de familia que dice: «Esta mujer y estos muchachos dependen de mí, yo tengo que tener cierto trato digno.» Piense en el embajador que dice: «Yo tengo que ser cuidadoso, estoy representando un país.» Hermano, tú estás representando una nación completa: nación santa, pueblo adquirido por Dios. Interesante cómo el texto salta de la esfera más privada —tu vida de oración, donde nadie te ve— a la esfera más pública, donde todo el mundo te está mirando. Te está diciendo: anda sabiamente. Yo creo que el evangelio no avanza más en medio de nosotros porque muchos andan torpemente hacia los de afuera. Y la manera más torpe es sin ser distintivamente cristianos.
Cuando usted se bautizó, usted entendía que realmente se estaba muriendo al mundo y naciendo para la familia de Dios. Usted siente que representa algo, le pesa el ruedo en lo espiritual. «Yo no soy un cualquiera; yo soy una persona que represento a Cristo. Estoy en esta tierra para ser sal y ser luz.» ¿Cómo hablas con los de afuera? ¿Cómo te vinculas con los de afuera? ¿Cómo haces negocio con los de afuera? No asumas que lo estás haciendo bien, ni subestimes el ojo inquisidor del mundo. El mundo te está mirando. Dondequiera que haya un hijo de Dios en esta tierra, la gente tiene curiosidad de cómo viven los hijos de Dios. Y a veces discretamente saca conclusiones al respecto de ti.
Peregrinos y extranjeros
Al hacer de Cristo tu Señor y unirte a su pueblo, te convertiste en un extranjero para los de afuera. Ya tú no eres de casa en el mundo. Peregrinos extranjeros somos nosotros. El mundo no es nuestro hogar. Cantábamos hace cuarenta años: «No puede el mundo ser mi hogar; en gloria tengo mi mansión.» Andar sabiamente con los de afuera: este término de «los de afuera» habla de que existen límites saludables entre el mundo y la iglesia. El pueblo del Señor es distinto y hay límites.
Maneras prácticas de andar sabiamente con los de afuera: evita darle las perlas a los cerdos. Sé astuto al hablar de tu iglesia, de tus luchas, tu tristeza y aun tus alegrías. Si tus familiares no son creyentes, no es la audiencia para que estés hablando de los problemas internos del pueblo del Señor. Nuestras luchas son nuestras luchas. En la medida de lo posible no se unan en yugo desigual con los incrédulos, dice 2 Corintios 6:14. Eso aplica para amistades cercanas, negocios, matrimonios.
Dice aquí que andemos redimiendo el tiempo. Una persona que redime el tiempo tiene agenda, tiene propósito. Vea cada una de sus interacciones como una oportunidad. Vecino, cliente, empleador: «¿Para qué tú estás aquí? Yo soy un creyente. Te puedo ayudar de algún modo.» Viva para representar a Cristo. Procure tener conversaciones evangelísticas.
Palabra con gracia, sazonada con sal
Dice el versículo 6: «Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.» Jesucristo siempre está en sus conversaciones y usted siempre sea gracioso en sus conversaciones. No puede ser que el creyente sea el aburrido, el negado, el poco dispuesto. La sal preserva, da sabor, produce sed. Que tus palabras preparen la gente para el evangelio. Que cuando tú interactúes con la gente, la gente diga: «¿Qué es lo que hay en él?» Y que alguien diga que es cristiano. «Yo sabía que había algo.» Esa persona está siendo preparada para que también anhele a Cristo.
«Para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.» Si usted tiene una vida de oración y vive de una manera distintivamente cristiana, el Señor le puede mostrar cómo responder al que es hostil, cómo responder al que es amigable, cómo responder al que es neutral. «Señor, esta persona te necesita a ti. Tú me puedes dar la palabra oportuna, sazonada con sal, que la persona necesita escuchar, de forma tal que vea a Cristo.»
¿Cómo se ve el evangelio en esta porción de la carta? El evangelio se hace evidente cuando el creyente ora con confianza, como un hijo, agradece como uno que ha sido redimido, y vive con propósito para la misión. No se trata simplemente de hacer más cosas para Dios, sino de vivir como alguien que ha sido transformado por su gracia y ahora refleja a Cristo en cada palabra y en cada acto. El evangelio es la buena noticia de que hemos sido acercados a Dios por medio de Cristo y enviados a testificar al mundo acerca de Cristo. Que el Señor nos permita fortalecer nuestra vida de oración y comportarnos en la tierra de manera distintivamente cristiana. Que la oración nos acompañe en lo privado y el testimonio de Cristo en la esfera pública.