Acompáñame a la Sagrada Escritura, hermanos, amigos queridos. En cada Viva de Familia buscamos la oportunidad de tener algún provecho espiritual para el proyecto familiar. Abran sus Biblias, estemos juntos en el libro de Génesis y pónganse en un momento sobre sus pies para leer la Escritura. Es el libro de Génesis en el capítulo 18. Estaremos leyendo con la ayuda del Señor desde el versículo 17 y hasta el versículo 19. Es el libro de Génesis en el capítulo 18, desde el versículo 17 y hasta el versículo 19. El contexto de este texto es el momento cuando el Señor intervino en la humanidad para castigar a los pueblos respecto de su pecado, pero al mismo tiempo, cuando el Señor intervino para visitar a Abraham y prometerle un hijo. Le dice así la Sagrada Escritura.
Libro de Génesis, capítulo 18, desde el versículo 17 hasta el 19:
Y Jehová dijo: Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer, habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra. Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.
— Génesis 18:17-19
Podemos leer estos tres textos al unísono desde el 17 hasta el 19 nueva vez.
Y Jehová dijo: Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer, habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra. Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.
— Génesis 18:17-19
Pueden sentarse, hermanos queridos. Mientras se describe el castigo que vendría sobre Sodoma y Gomorra, el Señor hace una pausa para mencionar en un pequeño comentario cómo se veía desde su perspectiva el futuro de la familia de su siervo Abraham. No estamos hablando aquí de cómo era la familia de Abraham en ese momento, sino cómo se veía la familia de Abraham en el tiempo y desde la perspectiva de aquel que conoce todos los tiempos. Lo interesante en este texto es que no se está describiendo una familia después de que esta familia alcanzara toda su composición. Eran dos viejos, Abraham y Sara, su esposa: uno tenía 100 años, la otra 90, no tenían hijos.
Y el Señor le está describiendo el futuro que tendría por delante su familia, cómo se veían ellos. Si le preguntan a Abraham: “Abraham, ¿cómo ves tu familia?” él dirá: “Desde mi perspectiva, nosotros no tendremos descendencia, desde mi perspectiva nos ha ido muy mal”. Si le preguntaran a Sara: “Sara, ¿cómo ves tu familia en el futuro?” ella probablemente diga: “Yo no tengo familia en el futuro”. El Señor interrumpe un relato para, en unos cuantos versículos, mostrarnos cuál era el futuro de esta familia. Y cuando describamos el futuro de esta familia, me gustaría transmitirle a toda la iglesia la idea de que nuestra familia, con la ayuda del Señor, también puede tener un futuro.
Por más cerradas que estén las cosas ahora mismo, lo importante no es cómo son ahora, sino cómo las puede estar viendo el Señor. ¿Cómo se veía la familia de Abraham desde la perspectiva de Dios? Dios los veía como un agente importante en el cumplimiento de sus planes. Dios los veía llegando a ser una familia grande y una familia fuerte. Dios los veía como un instrumento para bendecir a todas las naciones de la tierra y Dios los veía también como un ejemplo del poder que tiene la instrucción cuando se asume con intención como un legado familiar. Dentro de la narración, este comentario en tres versículos parece anecdótico, pero es sumamente importante. El Señor está estableciendo una diferencia entre dos grupos humanos: los que se entregan al pecado y son destruidos como Sodoma y Gomorra, y los que mandan a sus hijos y a sus casas que guarden el camino de Jehová y estos son bendecidos. La diferencia entre unos y otros está en la instrucción familiar. Hoy veremos la importancia, el potencial y el futuro de nuestros diferentes proyectos familiares.
Familias en distintas etapas y el proyecto de Dios
No quisiera hablar del presente en nuestras familias, me gustaría mostrar la perspectiva futura que podría tener nuestra familia. Sé que aquí hay hermanos que están en diferentes momentos de la vida. Hay algunos que aún no se han casado, pero si el Señor se lo concede, eventualmente podrían casarse. Me gustaría que aquellos que no se han casado no vean la instrucción de hoy como que esto es solamente para matrimonios o para parejas. Creemos que el Señor también puede hacer algunas cosas a favor de su casa cuando se lo conceda.
También hay aquí congregadas algunas familias que son familias jóvenes, familias que todavía no tienen muchos años de constituidas, matrimonios que quizá tienen niños pequeños. Son aquellos que están comenzando. Son los hermanos que quizás dicen: “Mis hijos en este momento tienen más vida social que yo”. Son los hermanos que están cambiando pampers, los hermanos que todavía van de fin de semana en fin de semana de un cumpleaños al otro cumpleaños. Son los hermanos que todavía los niños aprietan, son familias que están en esos momentos muy tensos. Me gustaría mostrarles que el Señor cambia los tiempos y que, a pesar de que en este momento estemos muy cansados, con la ayuda del Señor y para su gloria nuestra familia podría tener futuro.
Y quisiera hablarles a aquellos hermanos que tienen familias que podemos llamar familias ya maduras. Son aquellos que sus niños ya no aprietan, son aquellos cuyos hijos ya no les consultan tanto, son aquellos que ya no tienen una influencia directa sobre los suyos, son aquellos que probablemente ya son abuelos. Y quisiera animar a mis hermanos que todavía pueden tener alguna influencia espiritual sobre su familia aún en ese momento de la vida. Comenzaré mostrando cómo se veía esta familia desde la perspectiva del Señor. Dice el Señor en el versículo 17: “Y Jehová dijo: Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer”. ¿Por qué esa razón? El Señor está hablando de Abraham como si fuera una persona muy importante.
El Señor está por tomar una decisión con relación a la humanidad, y es que va a castigar unos pueblos, y el Señor piensa: “Pero ¿cómo voy a tomar esta decisión importante sin darle parte a mi siervo Abraham?”. ¿Por qué Abraham tenía tanta importancia a la luz de los planes del Señor? Lo que se ha visto en toda la Escritura es que las iniciativas de Dios frecuentemente empiezan con una familia, y esta familia estaba en el centro de la iniciativa de Dios para ese tiempo. El último sermón que prediqué en este púlpito hace unas tres semanas les hablaba de que uno de los temas del libro de Génesis es que hay dos simientes: por un lado, personas que hacen la voluntad del Señor y, por otro lado, personas que terminan aborreciendo a Dios. Y estas dos simientes son gran parte del tema del libro de Génesis. Por un lado se evidencia personas que deshonran al Señor, se entregan al pecado, y por otro lado un nacimiento nuevo que el Señor está haciendo a través de Abraham.
En todo el texto de la Biblia, no solamente en Génesis, se ve que cuando el Señor quiso hacer algo importante llamó una familia. Por ejemplo, para comenzar una generación piadosa con los hijos de Adán se levantó un hijo, se llamaba Set, y a partir de entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre del Señor. Cuando el Señor quiso comenzar una nación llamó a los patriarcas: Abraham, Isaac, Jacob. Para el Señor levantar un reino buscó la familia de David, de la familia de Isaí. Para preparar a su pueblo ante la llegada del Mesías llamó a Zacarías y a Elisabet, y para enviar a su Hijo al mundo seleccionó también una familia, a José y a María.
Porque el Señor no quería encubrir sus planes de Abraham, porque en este momento Abraham estaba siendo un agente de Dios para el cumplimiento de sus propósitos. En su tiempo él no lo sabía, pero desde la perspectiva del Señor la familia de dos viejos tenía mucha importancia. Algo que he aprendido, hermanos queridos, en la Escritura, es que para glorificar a Dios en nuestra familia debemos llegar a ver a nuestra familia como un asunto importante. Yo quisiera que aquellos que aún no se han casado lleguen a importantizar el proyecto familiar; que aquellos que están comenzando familias y tienen familias jóvenes entiendan que su familia importa desde la perspectiva del Señor; y aún aquellos que sienten que van terminando, que sepan que su familia es un poderoso instrumento en las manos de su Dios.
Motivos para casarse y permanecer casados
Sentirse que son parte de la agenda de Dios para su tiempo, reconocer que en primera instancia este no es un proyecto nuestro, este es un proyecto de Dios. Algo que a mí me entristece es que veo que aún entre mis hermanos prevalece la idea de que el matrimonio es una conveniencia. Le preguntas a una persona qué razones tiene para casarse y frecuentemente responden con razones secundarias o hasta superficiales. Lo más importante del proyecto familiar no es lo que a nosotros nos satisface; lo más importante del proyecto familiar es lo que Dios podría hacer a través de nuestra familia. El llamado más alto que tiene toda familia no es mi satisfacción particular, el llamado más alto que tiene toda familia es alcanzar los propósitos de Dios en su tiempo.
Hermano, si usted no gusta importantizar su proyecto familiar, usted siempre se sentirá frustrado, porque por temporadas a cada familia le falta alguna cosa. En este momento de Abraham y de Sara lo que les faltaban eran los hijos. Uno dice: “¡Guau!, qué futuro glorioso tienen dos viejos que no tienen hijos”. ¿Por qué la gente se casa en nuestro tiempo? Son pocos los que dicen: “Nos vamos a casar…” —yo les pregunto en las reuniones prematrimoniales— “¿Qué razones tienen para querer casarse?”. Me responden algunos, dicen: “Ya tenemos un buen tiempo de novios”. De hecho, algunas personas se casan por la mala conciencia de que después de un noviazgo largo ya “hay que casarse”. Otros dicen: “Ya hemos llegado a conocernos, ya le hemos dado unas cuantas vueltas al año, hemos estado en el Día de las Madres, Día de los Padres, hemos compartido algunas navidades, ya entendemos que…”.
Hay otros que dicen: “Estamos muy enamorados”, esos son los que más me preocupan. Porque cuando alguien entra a un proyecto familiar contando solamente con su enamoramiento, es muy probable que termine mal. Son muchos los que se casan para satisfacer alguna necesidad personal, la necesidad de compañía: “¿Y por qué quieres casarte?” “Porque necesito alguna compañía en mi vida”. Hermano, esas razones no es que estén mal absolutamente; lo que le quiero decir es que hay razones que son aún más importantes, mucho más profundas y mucho más permanentes. Por temporadas en tu matrimonio probablemente tú te puedas sentir muy solo, muy sola, y todavía Dios puede estar alcanzando sus propósitos.
Hay otros que dicen: “Me voy a casar porque tengo una necesidad de afirmación, una necesidad de representación”. Hay otros que quieren llenar expectativas sociales, hay gente que ve el matrimonio como un descanso: “Ya van a dejar de preguntarme cuándo me voy a casar. Uf, ya, si este reloj había que hacer, lo hicimos”. Es una razón muy superficial para un proyecto familiar. Algunos otros buscan algún beneficio egoísta, hay gente que anda buscando el sustento, la seguridad: “Si yo me caso con esa mujer yo creo que puedo prosperar”, o “Ese es un hombre evidentemente próspero”. Hay otros que andan buscando el placer, la satisfacción física, que no está mal absolutamente. Aún otros se casan buscando una seguridad futura. Sobre todo en Latinoamérica la gente llega a ver a los hijos como un proyecto de jubilación y dice: “Bueno, hay que casarse, tener sus hijos jóvenes, porque uno va a envejecer y hay que tener alguien que cuide de uno”.
Por favor, hermano querido, no caricaturicemos ninguna de estas razones. Lo que quiero transmitirles es que hay una razón aún más importante, aún más imponente, una razón aún más relevante. ¿Cuál sería la mejor razón para casarse o permanecer casados? Nos vamos a casar o queremos permanecer casados porque hemos encontrado que juntos podemos servir y llegar a glorificar a Dios. Queremos casarnos y queremos permanecer casados porque entendemos que nuestra familia puede ser un instrumento de Dios para bendecir a muchas familias más. Queremos casarnos y permanecer casados porque entendemos que, aun con las dificultades esperables en el matrimonio, el proyecto familiar, la familia, puede repercutir bendiciones de muchas formas y todo eso glorifica al Señor.
Entonces: “¿Encubriré yo ahora lo que voy a hacer?”. Abraham era importante porque desde la perspectiva del Señor en Abraham estaba representada toda una familia, en Abraham estaba representado todo un legado espiritual, en Abraham estaban representados los planes de Dios para su tiempo. Quisiera mostrarte, hermano querido, que tu familia, a pesar de las muchas dificultades que pueda tener, desde la perspectiva del Señor puede tener un futuro; no el futuro carnal, material, que nosotros estamos buscando, sino el futuro que Dios está persiguiendo a través de nosotros y del cual todavía quizás ninguno de nosotros es consciente. Yo quisiera poder revelarle a cada persona la manera particular en que su familia está siendo utilizada en este tiempo para alcanzar los propósitos del Señor. A veces no lo sabemos. Ahora, lo que sabemos es que Dios se mueve en las familias; lo que sabemos es que la familia es un instrumento poderoso, no porque nosotros lo seamos, sino porque Dios está detrás de ella. Hay dos instituciones que no comenzó ningún hombre, son instituciones creadas directamente por Dios: una es la familia y la segunda es la iglesia, y esas dos instituciones, para la gloria del Señor, a pesar de la destrucción que hay alrededor de nosotros, les puede ir bien.
Limitaciones familiares y la perspectiva de Dios
¿Cómo se veía la familia de Abraham desde la perspectiva del Señor? Se veía como un agente importante para que avanzaran sus planes. Dice el versículo 18 que también desde la perspectiva del Señor se veían como una nación grande y fuerte: “Habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte”. Cuando a Sara le dijeron que iba a tener un hijo, se rió. Y ahora el Señor no solamente le dice que va a tener un hijo, sino que va a ser una nación grande y fuerte. “Señor, ¿realmente tú estás seguro?”. Cuando el Señor le dijo esto a Abraham, Abraham también lo dudó y pensó en Ismael, y dijo: “Bueno, que el Señor preserve la vida de ese muchacho, porque parece que va a ser algo”. Hermano, tu familia puede ser grande y fuerte si Dios lo quiere, si Dios lo dice y si Dios lo hace, a pesar de las dificultades que podamos tener en este tiempo.
Lo que Dios estaba viendo en ellos estaba muy lejos de su realidad del momento. Quiero alentar a todos mis hermanos a que esperen que el proyecto familiar se vaya desarrollando a través del tiempo y no se mueran en la víspera. Miren, por temporadas el proyecto familiar se pone complicado. La familia de Abraham no era una familia muy estable, una familia muy calmada; esa familia estaba llena de dificultades. La cosa más importante que había en esa familia era la promesa de Dios y la dependencia de Dios. A esa familia no le iba a ir bien porque todo a los ojos le iba a ir bien. La familia estaba llena de disfuncionalidades.
Algo que a mí me parece extraño —tomémoslo en su contexto— pero algo que a mí me entusiasma es las abiertas disfuncionalidades que había en los proyectos familiares de los patriarcas. Pero aun así esos proyectos familiares permanecían y terminaban siendo utilizados para los propósitos de Dios, familias donde había más tensiones que en la familia media que yo pastoreo. El Señor sacó grandes cosas de esos proyectos familiares y uno dice: “Señor, pero esa familia con tantas dificultades, ¿por qué tú terminas usándola para que tú manifiestes tu gloria?”. Hermano, tu familia puede estar en los planes del Señor aunque a ti, evidentemente, en este momento no te parezca. ¿Cuál era la limitación de ellos, hermanos? La limitación de ellos era la esterilidad. Sin embargo, el Señor utilizó eso como una oportunidad para mostrar su gloria.
Y mostrar su poder. ¿Cuál es la limitación que hay en tu familia en este momento? Hay hermanos que piensan que su familia no tiene futuro porque las cosas evidentemente ahora mismo no están bien. Hermanos, no es como están ahora mismo, es como el Señor puede ver las cosas en perspectiva. Por ejemplo, hay familias aquí representadas que probablemente su dificultad está en que los cónyuges tienen diferentes temperamentos: “Pastor, yo no creo que mi familia tenga futuro porque es que somos muy diferentes”. Hermano, el Señor puede utilizar cónyuges con diferente temperamento para propósitos que son muy grandes. No le estoy diciendo que las tensiones sean buenas; lo que le estoy diciendo es que no hace falta que los dos sean una copia del otro para alcanzar los propósitos del Señor. Aun en nuestras disfuncionalidades el Señor puede glorificarse. Lo más hermoso del matrimonio cristiano no es que los dos se parezcan; lo más hermoso del matrimonio cristiano es que permanece a pesar de… y en esto representa la relación de Cristo con su iglesia.
Nuestras familias no son buenas porque son familias perfectas. En tu familia pueden haber diferencias de temperamento y, aun así, el Señor alcanzar sus propósitos. Hay otros que dicen: “En esta temporada tenemos limitaciones económicas”. Miren, yo creo que las limitaciones económicas pueden afectar, si no se depende del Señor, el proyecto familiar aún más que la diferencia de temperamento. Humanamente hablando, genera un poco de alerta cuando las familias tienen presiones económicas. Mire, la presión económica tiene la capacidad de tragarse el gozo de cualquier proyecto familiar. Ahora, hermanos, no se mueran en la víspera; que la dificultad económica de hoy puede ser que no esté presente mañana y, de todos modos, su familia tiene futuro. No es una temporada, son los propósitos del Señor a lo largo del tiempo.
Hay otras familias que no tienen hijos. Yo lo he testificado otras veces, hermanos, y es de las cosas más difíciles que yo he tenido que pastorear. Porque dentro de una mujer hay un deseo natural de procrear, y dentro de un hombre él ve los hijos como una extensión de él mismo, y cuando la familia no les ha dado hijos, eso genera una desesperación que puede llevarles casi hasta la muerte y hacer que pareciera que el proyecto familiar no tiene ningún tipo de sentido. Hermano, si el Señor te permitió constituirte como familia, o él puede darte hijos o puede darte las vías para que tu familia glorifique al Señor y alcance su propósito aun sin hijos. Procrear directamente no es el único propósito de la familia. El hecho de permanecer juntos.
Puede alcanzar propósitos de Dios. Hay otros que tienen temporadas de situaciones de salud; hay otros que vienen de trasfondos familiares muy distintos; hay otros que están desarrollándose en ambientes que son casi inhóspitos. Hay padres que por temporadas, hermanos, nos visitan situaciones en la crianza y pareciera que los hijos no van para ninguna parte. En una reunión el día pasado, una persona —hablábamos de alguien que era de su familia directa— me decía: “Mi madre murió antes de ver que esta persona llegó en su vida a encauzarse, y al día de hoy es un profesional exitoso, es un profesional estable, es una persona que tiene una vida muy productiva, y mi madre, su dolor era que le preocupaba cuál iba a ser el futuro de su hijo”. Algo que yo veía es que esa madre partió con el Señor y no vio cuál era el futuro de su hijo, pero al día de hoy su hijo tiene mucha más estabilidad que la que tenía cuando ella le conoció.
Quizás el Señor hoy está respondiendo la oración de esa madre; esa madre no lo vio. Hay cantidad de padres que están frustrados porque sus hijos no responden a la crianza. Quizás tú te mueras y no lo veas, y el Señor puede encauzar la vida de tus hijos para bien. Hermanos queridos, veamos la familia en el contexto de los grandes planes de Dios. Quizás en este momento abiertamente estamos fracasando en la crianza y nos toquen años por delante donde todavía no se hayan alcanzado los propósitos que nosotros teníamos, y a pesar de eso, hermanos, el Señor puede al final de la historia estar alcanzando sus propósitos. Hubo una madre, la mamá de Jacob y la mamá de Esaú, a quien el Señor le dijo: “Tú tienes como una guerra en tu vientre”.
Y tus hijos tendrán tensiones entre ellos, y esos muchachos tuvieron tensión semana tras semana entre ellos, pero al final de la historia el Señor los reconcilió. Quiero animar en este momento a los padres que están criando a que no se entreguen, hermanos. El proyecto de crianza puede ser difícil, pero el Señor podría alcanzar sus propósitos. Dios veía a la familia de Abraham como una nación grande y fuerte, a pesar de que en este momento sus circunstancias no lo estaban anunciando. ¿Cuál es el reto que tenemos, hermanos? El reto es permanecer creyendo y obedeciendo a Dios el tiempo necesario hasta que Dios intervenga. Las intervenciones de Dios en la historia nadie puede pronosticarlas. Yo no puedo poner eso en el calendario; yo puedo alentarte, hermano, decirte: no te desesperes, sigue creyendo al Señor, sigue obedeciendo al Señor hasta que Dios intervenga. Pero el Señor puede cambiar los tiempos y hacer que tu familia alcance sus propósitos. Les digo que me entusiasma que estas familias estaban llenas de limitaciones, llenas de circunstancias difíciles, estaban hasta llenas de pecado, y aun así el Señor alcanzó sus propósitos.
Ser de bendición para otras familias y naciones
¿Qué le puedo decir a mis hermanos? Que no se mueran en el abismo. Que tu familia hoy no sea confortable no significa que tu familia no sea buena. Que tu familia hoy tenga limitaciones no significa que Dios no esté presente. Que la misma perspectiva de estas cosas, hermanos, debemos medir el impacto en nuestras familias más allá de nuestra generación y más allá de lo evidente. Hay cosas que el Señor ha estado haciendo en medio de nosotros que nosotros ahora mismo no somos conscientes. Dice el Señor: “Habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte”. Abraham en este momento no es una nación. Abraham en este momento no tiene todavía la promesa del Señor cumplida que le dijo que en un año tendría un hijo, pero ya el Señor lo está mirando como una familia grande y fuerte. Cuando tu familia evidentemente no se ve así, trata de pedirle al Señor que te permita ver tu familia desde su perspectiva.
No abandones el proyecto familiar; sigue contando con que el Señor lo seguirá haciendo. Primera cosa que he estado mostrando a la iglesia: es que las familias son agentes importantes en el avance de los planes de Dios, por eso importan. Lo segundo: que el Señor puede estar mirando tu familia como una nación grande y fuerte, a pesar de que en este momento tú estés lleno de limitaciones. A pesar de que pareciera que el proyecto familiar está estancado, puede ser que el Señor esté alcanzando sus propósitos. Quiero detenerme en la segunda parte de lo que él le dijo, para mostrarles en tercer lugar que las familias pueden ser un instrumento para bendecir a otras naciones. Dijo el Señor:
“Y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra”. Miren, desde la perspectiva del Señor esa familia iba a ser de bendición para muchas familias más. Y yo no puedo ofrecerte a ti la misma promesa de Abraham, pero puedo decirte que, por extensión, toda familia que el Señor constituye puede ser un proyecto de bendición. Quiero hablar acerca de esta familia en particular: ¿cuáles eran las maneras generales en que Israel repercutiría en bendición para todas las naciones de la tierra? El Señor utilizó esta nación para que fuera una lámpara encendida. A través del testimonio de Israel, como llegó a conocerse en la descendencia de Abraham, la gente llegó a tener una perspectiva más alta acerca del valor de la familia. Esto se ha conocido como la familia judeocristiana. Miren, el modelo de familia que nosotros conocemos al día de hoy en gran medida es lo que el Señor le enseñó a la familia de Abraham y lo que la familia de Abraham le enseñó a todas las naciones de la tierra. La noción que nosotros tenemos del vínculo familiar, de la importancia de la familia, de la permanencia de la familia, de la importancia de tener a los hijos, eso se conoce como la familia judeocristiana, y aun aquellos que todavía no conocen a Cristo ya están participando de esta institución.
A causa de que el Señor seleccionara la familia de Abraham, la familia de Abraham ha sido utilizada para mostrar a todas las naciones de la tierra una perspectiva mucho más alta de lo que debe ser la familia. De hecho, hay gente que aborrece el pueblo de Dios, pero ama la familia. Y yo digo: “Lo que tú conoces como familia, de tener padres que crían a sus hijos, de permanecer juntos en el núcleo familiar, de criar a tus hijos, sacrificarte por ellos, en gran medida fue lo que el Señor le enseñó a la familia de Abraham, y la familia de Abraham le ha enseñado a todas las naciones de la tierra”. ¿Cómo esta familia de este hombre repercutió en bendición para todas las naciones? Esta gente llegó a tener una perspectiva mucho más alta acerca de la dignidad de la vida humana. Ellos fueron los que le enseñaron a todas las naciones de la tierra que todos los seres humanos somos hechos a imagen de Dios.
Y la dignidad de la vida que se llega a tener desde esta perspectiva es mucho más alta que cualquier esfuerzo que hayan hecho los hombres por sus propios medios. Gracias a la familia de Abraham todas las naciones de esta tierra entienden que todo ser humano vale la pena. Para muchas naciones la vida humana era un asunto desechable y, si no me convenía, yo podía descartarla. Desde la perspectiva de la familia de Abraham, toda vida cuenta porque toda vida ha sido creada a imagen de Dios, y esta perspectiva ha servido para todas las naciones de esta tierra. Al mismo tiempo, ellos llegaron a tener una perspectiva positiva acerca del oficio, acerca del trabajo. Los hijos de Abraham, los descendientes de Abraham, no veían el trabajo solamente como una pesada carga. Ellos llegaron a entender que el trabajo era un privilegio, que Dios el Creador había trabajado, y que nos permitió a nosotros también unirnos a él en el trabajo. Y la perspectiva acerca del oficio, del trabajo, que llegó a tener la familia de Abraham fue mucho más alta que cualquier perspectiva que tenían las naciones circundantes, y a través de esa perspectiva han sido de bendición para nosotros.
Qué bueno decir a los hijos: “Mira, trabajamos con gusto porque Dios nos enseñó a trabajar, porque el Señor nos ha permitido tener mayordomía de la creación”. Toda esta perspectiva sirvió para bendecir a las familias que estaban cerca. Doy dos más de las generales, hermanos, y mencionaré la perspectiva especial. Los judíos llegaron a tener un trato justo y humanitario hacia los más desfavorecidos. Hay tres grupos sociales que las Escrituras son consistentes: decía el Señor: “Tengan cuidado del extranjero, tengan cuidado del huérfano y tengan cuidado de la viuda”. Las otras naciones explotaban a estas personas en debilidad; esta nación les dio un trato mucho más digno y, a través del ejemplo de ellos, muchas naciones comenzaron a cambiar para bien.
No estoy diciendo a través de esto que todas las naciones de la tierra llegaron a convertirse a Dios a través del testimonio de Abraham. Lo que estoy diciendo es que el Señor, en su misericordia, permitió que fueran un poco más iluminadas a causa de que había un pueblo diferente. Esta gente dio a conocer al único Dios verdadero y también dio a conocer su ley. Y una gran cantidad de pueblos circundantes a ellos, sin llegar a convertirse, llegaron a entender que solamente había un único Dios verdadero y que ese Dios había dado su ley. Conocer la ley de Dios y al único Dios verdadero ya es ganancia para muchos pueblos. Sin embargo, hermanos queridos, la bendición más grande que nos ha dado Israel a todos nosotros es que a través de esta nación, a través de este pueblo, a través de este linaje, a través de esta simiente, el Señor nos dio a Jesucristo. Y a través de él, hermanos, hemos obtenido nosotros el único instrumento que nos lleva al Padre. Cristo se encarnó a través de esta nación; el Señor les eligió a ellos para, a través de ellos, darnos a todos nosotros un Salvador.
Qué hermoso privilegio le dio el Señor a esta familia de dos ancianos que todavía no habían engendrado por sus propios medios. Muestro que una familia bien fundamentada repercute en bendición para todo su entorno. Tú me dirás: “Pastor, yo no soy Abraham, yo no tengo la misma promesa que tenía él”. Sin embargo, te mostraré que si tu familia está fundamentada en Cristo, puede repercutir en mucha bendición para las familias que están alrededor. Una familia de creyentes modela la institución del matrimonio y la paternidad aun a aquellos que todavía no se han casado. Mi recomendación y testimonio a todos los matrimonios jóvenes: lleven a los jóvenes de su iglesia a su casa, que les vean participar en una dinámica familiar.
Cada vez que, hermanos, nosotros en casa estamos dando un testimonio a esta ciudad de que todavía el matrimonio tiene futuro. Y cada vez que un hermano que no se ha casado va a algunas de nuestras casas y nos ve a nosotros participar en nuestras dinámicas familiares, a ellos les estamos dando un precioso testimonio de que la familia vale la pena. Familias jóvenes de creyentes que reciben a jóvenes solteros en su casa les están diciendo: “El matrimonio es posible”. Hay cantidad de jóvenes en nuestra ciudad que no ven el matrimonio como una opción. Hay cantidad de jóvenes en esta ciudad que no ven las grandes bendiciones que tiene un proyecto familiar. Y cuando tú invitas a los jovencitos de tu iglesia a tu casa y te ven a ti participando en tu proyecto familiar, ellos mismos pueden entusiasmarse.
Tu familia como testimonio y plataforma de bendición
Tú me dirás: “¿Para qué puede servir mi familia?”. Tu familia puede servir para que otras familias sean constituidas. ¿Qué pasa en las familias cristianas? Que frecuentemente el primero que se casa le muestra a sus primos, a sus hermanos, a sus familiares, que también pueden casarse. Yo no sé a qué se debe… Sí, yo sé, pero la gente dice: “Yo no sé a qué se debe que cuando la gente viene a Cristo como que comienzan a casarse”. Es que entendemos que esto no es una pesada carga, entendemos que esto es un privilegio, que el matrimonio es algo que nos ha concedido el Señor y que es de bendición para nosotros y también que es bendición para los otros. ¿Para qué sirve tu familia? Para testificarle a aquellos que no se han casado que casarse es bueno.
Que el que halla esposa halla la gracia, la benevolencia de Jehová; que esto es un privilegio que viene desde lo alto. Qué hermoso es cuando yo veo los jovencitos de la iglesia compartiendo; yo los veo a veces cargando a los hijos de mis hermanos con entusiasmo y me digo en mi corazón: “El Señor puede darte también los tuyos”, y me digo en mi corazón: “El Señor puede darte tu propia familia”. Hermano, el hecho de que tu familia exista en medio de nosotros se constituye en un testimonio para aquellos que pueden también comenzar y permanecer en un proyecto familiar. Con cuidado, hermano, pero también nuestras situaciones familiares sirven de aliento. El matrimonio cristiano lucha y permanece en pie. Y a veces tú compartes con otro hermano de tu iglesia, le preguntas por teléfono: “¿Cómo está tu familia?”, y el hermano te dice: “Estamos luchando”.
Pero su lucha a ti te entusiasma. Hay una hermana que está teniendo situaciones de tribulación en su casa y habla con otra hermana y le dice: “Hermana, ¿cómo está tu familia?”. Dice: “En este momento hay tensión, pero estoy confiando en el Señor”, y esta hermana que quizás no tiene la misma libertad para compartir su tribulación, dice: “¡Wow!, pero si el Señor a ella le está ayudando, también puede ayudarme a mí”. El hecho de que el Señor coloque muchas familias en una ciudad repercute en bendición para toda esa ciudad. Nosotros vivimos en un mundo donde el matrimonio se desecha, y cuando vemos que nuestros hermanos luchan para permanecer en el proyecto, dependen del Señor y permanecen juntos, y después el Señor trae para ese matrimonio un tiempo de solaz, a todos nosotros nos entusiasma. ¿De qué manera tu familia es de bendición para mi familia? Porque tu familia me entusiasma, porque tu familia me testifica, porque tu familia me enseña que, dependiendo del Señor, podemos hacerlo. Yo me gozo aun con familias donde no necesariamente los dos son creyentes y esa familia permanece junta, y aun en eso, hermano, uno se goza. El Señor les ha guardado, el Señor.
Observamos y damos gloria al nombre del Señor. Sí, también una familia es una fuente muy segura de consejos, de consuelo y de aliento para muchas personas. Qué hermoso es una hermana que tiene su casa y su familia y le dice a otra de sus hermanas: “Pasa por mi casa para que hablemos un rato”. ¡Guau!, el hecho de que tú tengas una casa permite que otra persona venga a tu casa y puedan hablar un momento. Qué hermoso es, hermano. Una casa es una plataforma de bendición. De hecho, cuando tú te casas, tú deberías ver que estás participando en algo que va a repercutir en 360 grados de bendición a mucha gente. Cada vez que un matrimonio se establece, las familias como que renacen. ¡Gloria al Señor!
Una familia crea innumerables oportunidades para la compasión, para la misericordia. Una familia es un gran testimonio de amor constante, de amor sacrificial, de un tipo de amor que permanece. En el lugar donde tú vives, la gente se da cuenta de que hay una familia establecida y que han permanecido juntos. Gloria sea dada al nombre del Señor. No puedo dejar de mencionarlo: hay mucha bendición general que una familia produce. Pero una familia bien fundamentada, fundamentada en Cristo, es también una base para la misión. Alguien dirá: “Es que yo no tengo como un ministerio muy vibrante en la iglesia”. Tú tienes una familia; en tu casa hay una base misionera. Tu familia provee relaciones, amigos, primos, vecinos que son expuestos al Evangelio.
“Pero en mi casa yo no tengo un púlpito”. Sí, hermano, todo el que participa en un proyecto familiar en su casa tiene un púlpito. Tú estás predicando ahora mismo en tu casa permaneciendo casado, permaneciendo en el vínculo familiar, entusiasmándote en tu familia; tú estás predicando. Tu familia está siendo expuesta a cómo el Evangelio transforma las cosas para bien sin palabras. Una familia bien fundamentada testifica. La gente se da cuenta y dice: “Esa familia es distinta, me doy cuenta de que después que vinieron a Cristo no es que son perfectos —no estamos hablando de eso, hermano—, lo que estoy diciendo es que son distintos, que cambiaron para bien a causa de que Cristo llegó a esa casa”. Una familia provee también recursos materiales para el avance de la obra. ¿Cómo se sostiene la obra del Señor? A través del esfuerzo de muchas familias.
Una de las cosas que a mí me entusiasmó cuando me casé es que yo sentí que me estaba casando con una creyente, y que con esa creyente yo podía suplir muchas cosas para la casa del Señor, y eso me entusiasma. Asimismo, a todos mis hermanos, entendamos que el privilegio que tenemos los matrimonios creyentes es contribuir con muchos recursos para que la casa del Señor siempre esté bien cubierta. Pero también proveemos dones y talentos, los nuestros y los de nuestros hijos, que fortalecen la casa del Señor. Aquí hay familias que tres hijos suyos al día de hoy están sirviendo. Aquí hay familias que dicen: “Mi sobrino en este momento está en una clase de niños”. Aquí hay familias que dicen: “Mi hijo en este momento está participando de algún ministerio de la iglesia”. Contraer hijos a esta tierra, criarlos en los caminos del Señor, estamos fortaleciendo el testimonio de Cristo en esta ciudad. Qué hermoso es un abuelo que dice: “Ya el Señor me dio quizá dos hijos, me dio uno, me dio cuatro, me ha dado doce nietos, y ellos están involucrados al día de hoy en que avance la causa de Cristo en medio de nosotros”.
Qué precioso testimonio, hermano. Son los recursos humanos que nuestra familia le provee a la iglesia del Señor. Sí, también nuestra familia ofrece espacios donde Cristo es predicado. Yo creo que todo creyente debe tener la satisfacción de que en la sala de su casa alguien se convirtió. Ese gozo, hermano, uno debería tenerlo, decir: “Yo creo que el Señor nos ha permitido a nosotros ya vivir aquí durante cuatro años; ¿para qué ha servido esta sala? Alguien vino a Cristo en esta sala, alguien fue fortalecido”. Hermano, el testimonio de que nuestra casa fue casa de salvación. En la casa de un creyente se dan estudios bíblicos; en la casa de un creyente también se predica; en la casa de un creyente hay células que se congregan. Hay hermanos que dicen: “En mi patio ya van cinco que se han convertido a Cristo”. ¡Gloria dada al Señor por el avance de su obra directamente a través de esa familia!
Estoy mostrando ejemplos, hermanos, de que sin ser Abraham, sin ser Isaac, nuestras familias también pueden ser de bendición. Estoy mostrando ejemplos de que nuestras familias pueden tener futuro en la mano del Señor. Criar hijos en el temor del Señor es un gran privilegio; también, ¿para qué sirve una familia? Para criarle hijos a Cristo. Uno se goza con cada obra de salvación. Hermanos nuestros que vinieron al Señor ya adultos, aun otros que vinieron al Señor ya adultos mayores, ¡qué privilegio precioso tienen aquellos que son creyentes de ya segunda y tercera generación! Que dicen: “Yo vine al Señor tal vez a los cuarenta años, pero mis hijos ya han crecido en los caminos del Señor, y mis nietos…”. Se va a cumplir en ellos lo que dice el Salmo primero. ¿De qué manera se puede vivir a la luz del Salmo primero? Criando hijos en los caminos del Señor.
Dice el Salmo primero:
Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace prosperará.
— Salmo 1:1-3
Ese es el gozo que el Señor le ha dado a muchas familias que ya van para segunda y tercera generación de creyentes. El que dice: “Yo vine al Señor tal vez ya grande, pero mi nieto nació en los caminos del Señor y ha crecido en los caminos del Señor, y yo espero que nunca se siente en la silla de escarnecedores. Yo espero que en la ley de Jehová esté su delicia y que en su ley medite de día y de noche. Yo espero que sea como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto a su tiempo y su hoja no cae”. Quizá tú no tuviste ese privilegio, pero tus hijos y tus nietos sí. ¡Gloria al Señor por la segunda y tercera generación de creyentes, personas que tuvieron el privilegio, como hoy presentamos al hermano, de estar desde los primeros días en la casa del Señor y aquí permanecer para siempre! Eso es ganancia, eso es de mucha bendición.
He estado mostrando en primer lugar que podemos ser agentes en la mano del Señor y que eso tiene importancia. He estado mostrando en segundo lugar que nos veamos como familia grande y fuerte, a pesar de que estemos llenos de tribulación en este momento; no lo que podemos nosotros hacer, sino lo que Dios puede hacer a favor de nosotros. Y he estado mostrando que nuestra familia puede repercutir en bendición para muchas naciones, para muchas otras familias. Terminaré mostrando un precioso ejemplo del poder de la instrucción. Dice el versículo 19:
“Porque yo sé que mandará…” O sea, el Señor sabía que Abraham mandaría: “…porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él”.
El poder de la instrucción en la familia
El gozo que tenía el Señor es que sabía que Abraham instruiría a sus hijos en sus caminos. Jehová contaba con que Abraham lo haría bien. A mí me entusiasma las expectativas altas que tenía el Señor acerca del éxito que tendría Abraham en su proyecto de crianza. Yo, leyendo eso, hermanos, decía: “Yo tengo que ser más positivo respecto de la familia de mis hermanos”. Él dice el Señor: “Yo sé que lo va a instruir”. Una traducción alterna de esto, como la traduce la Biblia de las Américas, dice: “Yo lo he escogido para que mande a sus hijos y a su casa después de él”. Porque el Señor le escogió para que instruya a sus hijos en el camino.
Esta es la principal tarea, hermanos, del proyecto familiar cristiano: ¿para qué estamos trabajando?, ¿por qué estamos aquí?, ¿por qué estamos criando los hijos al Señor?, ¿por qué estamos instruyendo a nuestra familia en los caminos del Señor? Ese es un proyecto importante. Esto parece un poco iluso, pero yo creo que, a la luz de la Escritura, nosotros podemos confiar en que realmente se logrará. Tú deberías poder ver a los hijos de tus hermanos y decir: “Yo creo que ellos van a permanecer en Cristo, yo creo que el Señor les va a salvar, yo creo que sí; que, a pesar de que en este momento no tengan una buena temporada, el Señor va a reencauzarlos”. Y tú me dices: “Ah, no, pero tú no sabes”. Yo no sé, pero yo lo espero, yo lo quiero, yo lo anhelo.
Yo veo a los niños de la iglesia, hermanos, y yo veo ahí grandes proyectos. Yo creo que todos ellos van a ser preservados por el Señor; yo creo que ahí están los obreros, yo creo que esos niños, hermanos, realmente el Señor les va a alcanzar con salvación. Y alguien me dirá: “No, Pastor, no podemos afirmar la salvación”. Yo digo: “Yo también creo eso, pero yo anhelo que el Señor lo haga”. No porque nosotros tengamos la capacidad, sino porque Dios puede ayudarnos. Hermanos, yo creo que tus hijos pueden ser del Señor, no porque tú seas lo suficientemente persuasivo. La salvación es del Señor. Yo creo que Dios es poderoso para salvar a tus hijos.
Y alguien me dirá: “Pastor, no lo sabemos”. Es verdad, no lo sabemos, pero lo creemos, hermanos, y lo queremos al mismo tiempo. Quizás no podemos garantizarlo, pero lo anhelamos profundamente y creemos absolutamente que es posible si el Señor quiere hacerlo. Es un asunto de creerle a Dios, hermanos, de orar al respecto de eso. He conocido hermanas que han orado al Señor intensamente por los integrantes de su núcleo familiar y el Señor les ha dado, hermanos, lo que ha sido el anhelo de su corazón. Y qué hermoso eso se ve. Tú dirás: “Se ve muy difícil, Pastor”. Yo sé que se ve difícil, como difícil era para Abraham, que todavía no tenía ni siquiera hijos, pero el Señor sabía que iba a tener hijos y que los iba a criar en su temor.
No es porque nuestros hijos sean fáciles de persuadir, sino porque Dios es poderoso para salvar. Miren, hay temporadas, y hay hijos que son más difíciles que otros. Usted sabe que no todas las personas responden igual al Evangelio; hay algunos que son más indiferentes que otros. Pero frecuentemente aquellos que inicialmente no eran los más entusiastas terminan siendo los más apasionados por Cristo. Hay muchachos en la iglesia que yo recuerdo que de niños yo les daba Escuela Bíblica y yo como que los evaluaba en mi carnalidad y trataba de decir: “Yo creo que este, creo que aquel”. Hermanos, aquellos que han sido más fructíferos para la causa de Cristo eran los más inquietos. Y aquellos en los cuales quizás nadie confiaba terminan siendo instrumentos poderosos que el Señor utiliza. Yo creo, hermanos, que tus hijos pueden ser salvos, yo creo que tu familia puede levantarse como instrumento para llevar adelante las causas de Cristo. Y tú me dices: “¿Por qué tú lo crees?”. Yo lo quiero profundamente y creo absolutamente que Dios es poderoso para salvar.
También porque las Escrituras me alientan. Yo he participado en discusión al respecto de eso. Ese texto que dice Proverbios, hermano: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. Ahí vamos, hermanos, me van a poner un asterisco de todo el tamaño: “Espérese, Pastor, no vaya tan rápido, porque fulano le instruyó y no permaneció”. Hermanos, no hagan de una excepción la norma. También Dios, en su soberanía, puede ser que no les salve, pero yo quiero que sean salvos y yo creo que van a ser salvos. Tú deberías poder ver a los niños que están alrededor tuyo y decir: “Estamos haciendo el esfuerzo”. ¿Cuál es el esfuerzo? Orar por ellos, instruirles y esperar que el Señor les va a salvar.
Carga tus hijos y dile: “Mi amor, yo creo que tú vas a ser de Cristo y que el Señor te guarde en tu camino”. A veces yo busco a mis sobrinos, hermanos, y les digo: “Mi amor, recuerda que nosotros somos de Cristo, ¿verdad?”. “Sí, somos de Cristo”. “Mi amor, el Señor puede usarte para grandes cosas”. Y tú me dices: “Pero la salvación…”. Yo creo que el Señor les salva, hermano; además, yo lo espero en mi corazón. Yo creo, hermanos, que si instruimos al niño en su camino, estamos orando, estamos instruyendo, pues confiemos que nuestros hijos serán salvos. Yo no quisiera pastorear una congregación que está esperando como que los hijos se van a desbaratar en el camino. Yo creo que el Señor puede ayudarnos; si el Señor ayudó a Abraham, el Señor puede ayudarte también a ti.
Debemos evitar el pesimismo y afirmar nuestra confianza en la salvación de nuestros hijos. Quiero aconsejar a las familias que están en diferentes momentos, hermanos. Si usted tiene niños que están de 1 a 12 años, entienda que hay un momento, y otro momento va a ser cuando pasen de los 13 y lleguen hasta los 24. Yo no recuerdo quién fue, pero hubo alguien al cual yo le agradezco en mi corazón que me mostró que hay tres etapas para formar a nuestros hijos. La primera etapa está entre los 1 y los 12 años, unos años que se llaman años de formación. En esos años hay que sobreprotegerlos e instruirlos. La gente te va a decir: “No, mira, tu niño solamente tiene tres años, no lo sobreprotejas”. En esa edad un papá tiene que sobreproteger a un hijo y, al mismo tiempo, tiene que instruirlo.
Se llaman así, se llaman años de formación. Hay otro momento de la vida; no son años de formación, son años de transición. Están entre los 13 y los 24 años. Si sus hijos ya están entre los 13 y los 24, entienda que ahora no debe sobreprotegerlos; usted debería protegerlos y supervisarlos. Ya no es el momento para tener las amarras cortas; a esa edad son los años de transición en sus relaciones, en su cuerpo, en su mente. Cuando los niños están entre los 13 y los 24 años, es el momento donde van explorando el mundo por sus propios medios, ya tienen sus propios amigos y hacen sus propias relaciones. Si su hijo tiene 21, por favor, no trate de sobreprotegerlo.
¿Y qué pasa si los míos están de 25 en adelante? Trate de no hacer lo mismo que usted hacía cuando tenían 12. ¿Sabe cuál es el problema? Que muchos padres entienden que pueden administrar hijos de 35 como si tuvieran 3. Pero hay mucho que un padre con hijos ya adultos también puede hacer. ¿Qué puede hacer usted cuando ya pasaron de los 25? Esos años ya no son ni los años de instrucción ni tampoco son los años de transición; son los años de independencia. Si sus hijos ya son grandes, pasan de 25, todavía usted puede darles mucha libertad, pero al mismo tiempo mucho estímulo. ¿Qué significa eso? Darles mucho ánimo, exhortación y, sobre todo, mucho consejo.
Aun sean muy grandes, hermanos, todavía el Señor puede ayudarnos para hacerlo a su manera. Termino mostrando qué era lo que Abraham iba a hacer con ellos. Les dijo: “Que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y haciendo juicio”. ¿Qué era lo que Jehová sabía que él iba a hacer con su familia? Les iba a mostrar cómo guardar el camino de Jehová. Lo primero: un camino. Esto alude a una manera diferente de vivir, alude a una ruta que tiene a Jehová como destino y, al mismo tiempo, alude a algo que es superior a todos nosotros, algo que nosotros no podemos hacer por nosotros mismos. No es enseñarles nuestro plan, es enseñarles el camino de Jehová.
Y la promesa que el Señor le dio fue esta: “Para que haga venir lo que Jehová ha hablado acerca de él”. Por favor, hermanos, no vean el proyecto familiar como algo estático; véanlo como algo dinámico. Entiendan que Dios, en su soberanía, ha determinado hacer algunas cosas como consecuencia de nuestra fidelidad en hacer en nuestra casa la voluntad del Señor. ¿Qué es lo que deseamos para nuestros hijos? No es solamente una obediencia mecánica. El Señor quería que les enseñáramos a guardar el juicio y a practicar una vida en justicia. Quiero orar por todas las familias que están aquí hoy congregadas, para que el Señor nos ayude a dar el tiempo de instrucción, pero al mismo tiempo, hermanos, para que el Señor permita que donde las cosas no se ven, las cosas sean posibles.
Ahí donde está, hermano querido, por favor entienda: su manito sobre alguna familia que usted tenga cerca. Piensa en tu propia familia, pero ahí hay una familia que también está luchando. Quizás no sea tu familiar directo, pero ahí hay una familia que está representada. Dondequiera que hay una vida hay un padre, dondequiera que usted encuentra un muchacho, ahí hubo una madre, hay un tío, hay una abuela. Estas aflicciones del tiempo presente, las temporadas de nuestra familia, que sea el Señor en medio de nosotros ayudándonos hasta que nuestras familias alcancen su propósito. Nuestras familias particulares están cada una en momentos distintos, pero en todo y en otro momento el Señor puede hacer cosas que son muy grandes. Oremos ahí para que nuestras familias en esta temporada.
Podamos verlas desde la misma perspectiva que quizá las está viendo el Señor. Padre, te pido por cada padre que está aquí, por cada madre; te pido, Señor, por cada esposo, cada esposa; te pido por cada madre soltera que has traído a este lugar; te pido por cada niño que está congregado. Señor, permite que en los proyectos familiares que se ven más difíciles se pueda cultivar mucho fruto para tu gloria. Padre, te pido que nos des un aliento especial en los momentos particulares de nuestras familias. Mira aquellas familias que están teniendo tribulaciones especiales, Señor. Mira los matrimonios que están luchando, mira los padres que están criando solos. Mira los niños que están creciendo, Señor, quizás en circunstancias muy particulares. Mira las abuelas que están haciendo, Señor, con tu ayuda, el trabajo.
Mira las personas que estamos aquí reunidos, Señor, donde no parece que tú vayas a sacar nada, cosas que son muy grandes. Te pedimos, Señor, que nuestras familias repercutan en bendición para muchas familias más y, sobre todo, Señor, te pedimos que podamos ver, cuando tú nos lo permitas, que nuestra familia para tu gloria está alcanzando tu propósito. Yo te pido, Padre, que tú traigas aliento, te pido que traigas esperanza, te pido que traigas confianza. Permíteme orar por todos los niños que están congregados hoy en nuestra iglesia. Padre, te pido por cada niño aquí congregado este domingo. Permite, Padre, que en ellos repose tu palabra y que permanezca durante muchos años. Te pido que todos sean salvos para tu gloria, Señor. Te pedimos que te levantes instrumentos en esta iglesia local, que aun en aquellos casos que parecen muy difíciles, Señor, tú manifiestes tu poder y tu gloria de una manera muy especial. Te pedimos por cada hijo que está aquí hoy congregado, Señor, aquellos que ya están muy grandes y aquellos que están comenzando. Permite que la oración de cada madre, de cada padre, hoy sea contestada, Señor.
Mira las oraciones de los tuyos al respecto de sus casas, Señor. Aunque las cosas en este momento no se vean, que para tu gloria sean posibles. Bendice nuestra iglesia, Señor, bendice nuestras familias de manera especial. Bendice especialmente a nuestros familiares que aún no han creído. Danos, Señor, una carga de amor especial para ellos. Permite que todos, Señor, sientan nuestro estímulo, que todos sientan, Señor, que su vida también es valiosa, que aun todavía no hayan venido a tu camino, Señor, puedan sentir el amor de una familia de creyentes que les cubre, que les guarda, Señor, que les recibe también como un proyecto tuyo y para tu gloria. En el nombre de Jesucristo, que es nuestro Señor. Amén. Nuestro ministerio de música nos despide con canción.
El Señor nos continúe ayudando.