Domingos 9:30 AM y 11:30 AM Gazcue, Santo Domingo
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El Gozo Del Desprendimiento

Filipenses 4:10-20

Este sermón celebra la generosidad de la iglesia filipense y la de la iglesia local, mostrando que el desprendimiento material es evidencia de madurez espiritual y una forma de participar en la misión de Dios, confiando en su provisión fiel.

Predicado5 de enero de 2020
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Que el Señor les bendiga, hermanos, amigos queridos. Qué bueno estar el primer día del año en la casa del Señor con una actitud gozosa, hermanos, deseosos de ser sorprendidos por Él, de que Él nos hable, de que Él nos visite, de que Él traiga cosas nuevas a nuestro entendimiento. Le pido que se ponga un momento ahí sobre sus pies y abramos la sagrada Escritura. Vayamos al libro de Filipenses en el capítulo cuatro, y leamos allí diez versículos de la Palabra del Señor. Filipenses, capítulo cuatro, desde el versículo 10 y hasta el versículo 20.

Como ya se ha anunciado, con la ayuda del Señor el próximo domingo tendremos nuestra primera reunión de miembros del año. Es ya costumbre entre nosotros que en esta primera reunión de miembros se presenta el informe financiero para ver el cierre del año. Tuve el gozo de ya haber visto la presentación preliminar del informe financiero y cuando lo vi le di gloria al Señor, hermano, por su fidelidad en sostenernos. Esto ha sido uno de los milagros contemporáneos: cómo el Señor toma un grupo, una iglesia relativamente pequeña, y se glorifica en medio de nosotros por medio de un ejemplo amplio de desprendimiento, de generosidad.

Al verlo, lo primero fue darle las gracias al Señor por esto, pero entendí que no era sabio dejarlo solamente allí. Hubiese sido bueno decir solamente: “Gracias Señor por tu fidelidad, lo de siempre, no esperábamos menos, Señor”. No, hermano. Al mismo tiempo dije: “Tengo que decir públicamente y dar testimonio de la fidelidad en el desprendimiento que ha tenido esta iglesia local.” No basta solamente con tenerlo en el corazón, yo creo que es necesario ponerlo con palabras. Y encontré muy propicio para esto, muy propio, de hecho, la última parte de la carta de Pablo a los Filipenses, cuando el apóstol Pablo mandó una nota llena de gratitud, también de instrucción.

También de prudencia, de mucho decoro, a estos hermanos que habían sostenido por medio de sus dádivas, por medio de sus ofrendas, el ministerio del apóstol Pablo. Tomando esta porción de la Escritura, me gustaría que la iglesia tome esto hoy como una preciosa expresión de agradecimiento. No ha sido en vano, hermano, hemos tenido el privilegio de sostener la obra del Señor. El Señor hasta aquí nos ha traído y cada una de las contribuciones suyas, todo según la provisión que el Señor le ha dado, algunos más, algunos menos, pero juntos hemos podido cargar, hermano, el mantenimiento de la obra del Señor en esta ciudad. A Él se ha dado la gloria y a ustedes se han dado las gracias. Entonces tomemos esta porción de la carta a los Filipenses para hablar del gozo del desprendimiento. Dice así la sagrada Escritura:

En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solicitos, pero os faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación. Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades. No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta. Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios. Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Al Dios y Padre nuestro sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.

— Filipenses 4:10-20

Podemos leer todos juntos, hermanos, nuevamente el versículo 19. Dice así la Escritura, y tomamos esto como una bendición para la iglesia de Año Nuevo. Leamos juntos el 19: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.” Amén. Gloria al Señor. Puede sentarse, hermanos queridos.

La iglesia de Filipos: ejemplo de generosidad

Les diré a modo de introducción que, entre todas las iglesias del Nuevo Testamento, la de los Filipenses sobresale por su gran generosidad. Cada iglesia tiene su detalle. Por ejemplo, la iglesia en los Corintos era una iglesia llena de dones. La iglesia de los Efesios tenía sus características particulares. Así todas las iglesias que se mencionan en el libro de Apocalipsis, cada una tenía un asunto en lo cual sobresalía. Aquello en lo cual sobresalía la iglesia de los Filipenses era su gran desprendimiento.

Ellos participaron en la misión por medio de sus recursos materiales. Lo hicieron primero que cualquier otra iglesia y en forma recurrente; cada vez que tuvieron la oportunidad, su disposición fue motivo de gran alegría para Pablo. No solamente porque le permitió suplir sus necesidades materiales, sino también porque el desprendimiento es una fuerte evidencia de salud espiritual. Si usted quiere saber el nivel de salud que tiene una iglesia, pregunte algunas cosas: ¿cómo está la asistencia regular de esa iglesia?, ¿qué tanto testifican estos hermanos de qué antes eran y ahora son en Cristo?

Pero hay una señal que no debe ser obviada, no debe ser pasada por alto, y es que el nivel de desprendimiento, el nivel de generosidad de una iglesia también anuncia dónde está su corazón. Si un pastor me preguntara ahora: “Yo quiero saber cómo está el corazón de mi iglesia”, le preguntaría: “¿Por dónde va el presupuesto?” Se puede teorizar muchas cosas, hermano, pero allí donde está tu tesoro, también está tu corazón. Esto muestra que ellos habían nacido de nuevo, dejando atrás el egoísmo que es característico del hombre natural, para llegar a parecerse a nuestro Dios, que tal cual dice Santiago, es el autor de toda buena dádiva y de todo don perfecto.

Cuando una iglesia crece en generosidad, no se está pareciendo a ningún hombre, no se está pareciendo a un ministro, se está pareciendo a su Dios. ¿Quién es el ser más generoso que existe? Es Él. Él es el autor de toda dádiva, de todo don perfecto. De hecho, tú estás aquí hoy por la generosidad suya, por su misericordia. Nuestro estado natural es “para mí”; nuestro estado regenerado es “para Dios y para los otros”. Una iglesia que se ha expandido en el desprendimiento, en la generosidad, es una iglesia que está imitando a su Padre celestial.

Y así mismo, una iglesia que tiene todavía sus corazones y sus manos cerradas, es una iglesia que está todavía según la imagen del viejo hombre, viciado, egoísta, de la avaricia, del “para mí solamente”. El apóstol dio testimonio y reconocimiento de ello en su carta con expresiones muy sentidas que se han convertido en un motivo de ejemplo y estímulo para los creyentes en todas las generaciones. Nosotros, a la distancia, podemos reconocer en nuestra iglesia local el mismo espíritu de los Filipenses, pues el desprendimiento ha sido característico en nuestros hermanos desde el comienzo mismo de esta obra.

Y hoy, al cerrar un año más, nos regocijamos con la madurez que hemos alcanzado en este sentido. Y aprovechamos la ocasión para resaltar esta actitud y para estimular a aquellos que aún no participan con el gozo del desprendimiento. Me da mucho gusto predicar esto desde una perspectiva positiva. Qué alegría da al alma resaltar aquello en lo cual somos buenos. No es que yo sea un experto en ese tema, pero por unas reglas básicas de crianza, es que a sus hijos usted debe destacar lo que es positivo.

Y si usted va a destacar algo, trate de destacar reiteradamente aquello que es bueno, aquello que es positivo. De hecho, en una crianza bien balanceada, usted se dedica más a resaltar que a corregir. No quisiera pasar por alto esta actitud porque es bueno entre nosotros, porque ya ocurre. Me gustaría resaltarla para que siga ocurriendo. Consideraba en esta semana que tenemos aquí siempre varias generaciones de creyentes. Tenemos hermanos que han participado en esta obra desde su primer momento y han visto cómo el Señor nos ha traído hasta aquí. Pueden testificar que el Señor ha sido fiel.

Y tenemos hermanos que van llegando en esta nueva ola, que quizás no han visto aquellas cosas preciosas que el Señor ha hecho con el corazón de los otros, que ha permitido que llegáramos hasta aquí. De hecho, en este momento hay jóvenes que van entrando al mercado laboral y están por tener su primer empleo. Me gustaría que se aproximaran a la vida laboral, al trabajo, a la vida productiva, bajo una perspectiva de mayordomía cristiana. Que entiendan que esto es útil y sobre todo que es agradable.

Habremos perdido la perspectiva si tuviéramos una generación de creyentes muy desprendida que ayudó en el primer momento, y al dar esto por hecho, entonces olvidemos la responsabilidad de instruir a la generación siguiente. Hermanos queridos, desde los comienzos de esta obra han habido hermanos muy desprendidos que no solamente le han dado a esta iglesia su tiempo, no solamente le han dado a esta iglesia su talento, también le han dado sus recursos materiales, y esto ha sido un gran milagro contemporáneo: una iglesia relativamente pequeña sirviendo en el centro de Santo Domingo, que ha podido durante doce años levantar localmente su presupuesto. Es un precioso testimonio de la fidelidad de Dios y de la madurez de esta iglesia.

No es un asunto sencillo, hermanos. La gente frecuentemente se pregunta por qué es que en Pez Mundial no se habla de dinero, no le dicen a la gente que diezme, ofrende. Es que la gente lo hace de buena gana. De hecho, deberíamos comenzar a hacerlo porque hay otra generación que se va levantando que quizás no ha visto aquel ejemplo de desprendimiento que anunciaron los primeros. Tomo esta porción en el capítulo cuatro, del 10 en adelante de la carta a los Filipenses, porque me parece, hermano, una nota de gratitud con mucha sabiduría. Esto combina primero la gratitud del apóstol Pablo, pero al mismo tiempo su decoro. Cuánta dignidad hay en esta nota de gratitud y también mucha prudencia.

En el tiempo antiguo no era como en el tiempo contemporáneo que usted va a mandar un mensaje y le sale la ventanita: “Fulano está escribiendo”, y después “ya no está escribiendo”, y después “Fulano está escribiendo”. Eso sucede que usted escribe algo, y después se arrepiente, lo borra y vuelve a escribir. En el tiempo antiguo no era así. Usted iba a escribir una carta, tomaba tinta, escribía, y lo que usted escribió se quedó así mismo. Y yo infiero que cuando el apóstol Pablo estaba mandando esta nota de gratitud, escribía algunas cosas y después que las escribía, él pensaba: “Oye, esto como que podría malentenderse. Pero no se olviden de lo otro”, y después ponía otra cosa.

La delicadeza de Pablo al agradecer y el contentamiento cristiano

Por ejemplo, él dice: “En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí”, y después lo escribe, piensa: “Pero esto parece más una reprensión que una gratitud.” Entonces agrega: “De lo cual también estabais solicitos, pero os faltaba la oportunidad.” Ahí le pone una nota más positiva.

Después dice: “Bueno, pero ellos podrían pensar que es que realmente yo estaba aquí pasando hambre en abierta necesidad, que su descuido fue una ocasión de que casi me muriera.” “No, no, no deben entender eso.” Y escribe: “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Y después piensa: “Pero pareciera ahora como que realmente no les estoy dando las gracias, como que no hacía falta.” Entonces después dice: “Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación.”

Y luego piensa: “Pero quizá hay algún muy inmaduro allí que piense que le estoy mandando la nota de gratitud para que me envíen más.” Entonces escribe en el 17: “No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta.” Y luego piensa: “Ahora lo mandé para atrás de nuevo y pareciera que no les estoy dando las gracias, ¡qué cosa!” Entonces agrega: “Pero todo lo he recibido y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis, olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios.” Y después termina esta nota de gratitud diciéndoles: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”

Yo leí esta nota, hermano, y digo: “Yo nunca he hecho eso en mi ministerio. ¡Wow! Yo nunca le he mandado una notita a mis hermanos a decirles: ‘Hermano, gracias por tu contribución, que ha sido útil para el avance de la obra en medio de nosotros’.” De hecho, yo soy más dado a celebrar el tiempo ocupado en ministerio de la iglesia en mis hermanos que a celebrar su desprendimiento material. Frecuentemente a mis hermanos yo les mando una notita: “Gracias por tu esfuerzo, gracias por tu sacrificio, gracias por tu constancia.”

Frecuentemente yo valoro que hay hermanos nuestros que por semana le dedican a su iglesia local en diferentes áreas de servicio hasta doce horas por semana, y así mismo lo destaco públicamente, les mando notas. Pero en cuanto a lo económico, hermano, yo como que preferiría no mirar para allá. De hecho, les digo la verdad: es que me siento muy descansado porque hay un equipo de finanzas que lleva las finanzas de la iglesia, y yo la verdad es que veo solamente los informes cuando llegan, pero no soy dado a mandar una nota, hermano, a decirle o a celebrar y felicitar públicamente a la congregación, tratarlo como lo hizo el apóstol Pablo. Y no sé si lo estoy felicitando o si lo estoy instruyendo.

Lo que pasa, hermano, es que hablar de tema financiero es difícil. Mueve emociones en el ser humano que son emociones muy profundas. Sin embargo, una iglesia, una familia que ha alcanzado madurez, podría hablar de los temas financieros con más libertad. Y me gustaría que ese sea un avance importante en este año para nuestra iglesia: que no solamente esperemos la reunión de miembros para ver el informe financiero, ver si las finanzas van bien y ver si el Señor ha provisto, sino que estemos más enterados acerca de cuál es la situación de nuestra iglesia y al mismo tiempo que estemos más prestos a agradecer la generosidad y el desprendimiento de cada uno de nuestros miembros.

Mostraré que la generosidad en una iglesia es motivo de mucha alegría. Dice él: “En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí.” Para Pablo, el saber que ellos tenían interés en sostenerle a él —pero no piensen en Pablo solamente como la persona, piensen como el obrero del Señor, piensen como el instrumento de Dios, como la obra misma de Cristo—, al sostener a Pablo eso produjo en Pablo un sentido de alegría.

Ya lo ha clarificado en el versículo 11 y el 17. El apóstol Pablo aclara que la alegría no fue solamente por su beneficio personal o particular. Es evidente que la alegría se produce en él por asuntos que van más allá del hecho de que realmente, quizás porque ellos han enviado una ofrenda, el apóstol Pablo está en una mejor posición para comer. No, no es solamente eso. Lo que ve en todo esto es que la generosidad de una iglesia anuncia su condición espiritual por más de una señal. Esto evidencia que la iglesia de los Filipenses había crecido en madurez y entendimiento.

Un hermano maduro, un hermano ingenuo asume que todas las cosas de la obra del Señor están como dadas. Usa todo lo que está aquí, se beneficia de todo lo que se ha hecho, pero entiende que eso sucede como por arte de magia. Eso sucede de manera maravillosa solamente. No, hermano, de manera práctica: alguien ha estado proveyendo para que tú y yo seamos bien edificados en la casa del Señor. El hermano maduro no solamente asume que aquí existe una iglesia porque el Señor la colocó, también trata de ver cuál fue el instrumento que el Señor utilizó para que los programas de esta iglesia puedan ser desarrollados.

Un hermano maduro no da por sentado que en esta iglesia alguien existe que va a instruir a mis hijos. Si alguien está instruyendo mis hijos, significa que esa persona se preparó, significa que esa persona se dispuso, significa que esa persona se trasladó hacia aquí y que tiene la paciencia necesaria de ayudarme a mí en el proceso de formar espiritualmente a mis hijos. Un hermano maduro entiende que si aquí hay una infraestructura que es tan costosa como costosas son las cosas en una gran ciudad, y esta iglesia puede aquí reunirse, no es que suceda de manera maravillosa, de que aquí hay una infraestructura. Hay un ejército de hormiguitas detrás de esto, sosteniendo con constancia, prudencia y mucho desprendimiento para que esta iglesia tenga un lugar donde reunirse en la ciudad de Santo Domingo.

Un hermano maduro entiende que si la semana entrante se va a estar dando mantenimiento a esta planta física y se va a pintar, la pintura vino de alguna parte, y la mano de obra también, y los materiales de algún lugar se consiguieron. El mismo plan de pintura y mantenimiento, alguien lo está recordando. Quiero mostrar, hermanos, que tener atención material de la obra del Señor anuncia que una persona hizo un ejercicio de discernimiento.

De ello, lo que puedo compartir en esto, hermano, es mi testimonio. Desde que yo comencé a trabajar, comencé a desprenderme para el beneficio de la obra del Señor en gran manera. Lo hice porque pensé en que por tantos años mi iglesia local me ha estado sirviendo, por tantos años mi iglesia local me ha estado instruyendo, por tantos años me ha rodeado de bienes, y yo debería, ahora que tengo los medios, crear la oportunidad para que alguien más reciba lo mismo que yo he recibido. Si una iglesia se desprendió, es una iglesia que reflexionó.

Me gustaría invitar a mi iglesia que en el 2020 no solamente contribuya, sino que también reflexione. Que su contribución no sea solamente un ejercicio mecánico, es decir: “Dado que soy un cristiano, dado que el Señor me ha provisto, entonces aquí están mis diezmos y aquí están mis ofrendas.” Me gustaría que la iglesia piense: “Mi aportación a la obra del Señor importa, y yo estoy dando porque, yo dar, estoy contribuyendo a que la obra del Señor avance.” Y me gustaría al mismo tiempo que la iglesia se regocije del desprendimiento de cada uno de sus hermanos y que esto produzca en nosotros mucha alegría.

El presupuesto como termómetro espiritual y vida en comunidad

Que los hermanos de finanzas, cuando vean aportaciones de diezmos y ofrendas, no vean eso solamente como un número; que entiendan: ahí hay madurez, ahí hay entendimiento, ahí hay discernimiento, ahí hay alguien que valora la importancia de que en la ciudad de Santo Domingo haya una iglesia que esté predicando el Evangelio. Esto anuncia también que Dios ha sido fiel en proveernos, y es alegre. Si usted puede contribuir con la obra del Señor, yo me alegro de que pueda contribuir. Significa que Dios le ha provisto.

Qué tristeza tiene uno cuando hay un hermano que pareciera que el Señor en su providencia no le está proveyendo tanto como ese hermano necesita. Dios tendrá razones para hacerlo, pero qué hermoso es cuando uno dice: “Wow, hermano, gloria al Señor que te ha prosperado en este mes, que te ha prosperado en esta semana, de modo tal que tú puedes contribuir generosamente con su causa.” Esto recuerda mucho a un padre prudente, que sus hijos quizás ya fueron formados, ya trabajan y pueden rodearle de bienes. Cuando su hijo le agrada con algún bien, el padre no solamente se alegra por el bien mismo, al mismo tiempo se alegra porque a su hijo le está yendo bien.

Dice: “Qué hermoso que a mi hijo Dios le ha dado trabajo, qué hermoso que en su negocio el Señor le ha prosperado.” Y cuando un hijo le ayuda a un padre, cuando un hijo le aporta algún bien, cuando un hijo le regala algo, ese padre no solamente recibe esto como una buena dádiva, al mismo tiempo lo recibe como un descanso y dice: “A mis hijos les está yendo bien.” Hermano, que los Filipenses puedan contribuir con la obra misionera del apóstol Pablo era de alegría para el apóstol Pablo porque significaba que a sus hermanos Dios había sido fiel en proveerles.

Debe haber una alegría en ver el presupuesto de una iglesia, porque el presupuesto de una iglesia es un reflejo del presupuesto de cada uno de sus miembros. Y tú dirás: “Bueno, yo no fui el que más contribuyó.” Pero qué bueno que el Señor bendijo a mi hermano. Qué bueno que quizás el Señor no me lo dio a mí, pero el Señor se lo dio a él y él nos lo dio a todos nosotros, porque el presupuesto de una iglesia, hermano, es un esfuerzo compartido y es un asunto comunitario.

Puedo hablar más de esto, doy uno más y me muevo. Es un ejemplo de vida en comunidad. Nosotros vivimos en una sociedad particular e individualista, y la iglesia, en medio de una sociedad aferrada a sí misma, individualista, que busca cada cual lo suyo y su propio interés, la iglesia es una organización donde las cosas se tienen en común. Y esta cosa testifica de la vida de Cristo en nosotros. No hay una organización que tenga más cosas en común en esta tierra que la iglesia del Señor.

Usted puede buscarme las Naciones Unidas, puede buscarme UNICEF, puede buscarme la junta de vecinos allí por su casa, puede traerme el club de leones, y ninguna compite con la iglesia del Señor en esta capacidad que tiene la iglesia del Señor de autoorganizarse, autoproveerse y dar en esto un testimonio de que realmente tenemos vida en comunidad. Aquel hermano dice: “Yo no tengo nada en común con esta gente.” Sí, esa silla suya también es mía. Donde está sentado, esto es de todos y no de nadie. Todo del Señor, y el Señor también es nuestro.

Cada ave que usted camine en medio de la propiedad de la iglesia, usted debería pensar: “Esta es la casa del Señor, es la casa tuya y también es la casa mía.” Estas son cosas en común, y qué bueno es tener cosas en común. El Señor tuvo con nosotros cosas en común y nosotros tenemos también cosas en común con nuestros hermanos. No puedo dejar de mencionarlo, pero dice Pablo que en gran manera se gozó en el Señor de que al fin habían revivido su cuidado de él.

Dice él que para el apóstol Pablo el cuidado del obrero era un asunto sumamente importante. Cuando yo lo leía, yo preferiría que Pablo dijera: “Bueno, en gran manera me gocé de que han tenido cuidado de la obra” o “En gran manera me gocé de que tuvieron cuidado del avance de la causa, de la misión.” Pero el apóstol Pablo está diciendo: “Que tengan cuidado de mí.” Y uno dice: “Oye, Pablo, ¿y por qué de ti de manera particular?” Porque es sumamente importante que la iglesia entienda la necesidad de bien sostener a sus obreros.

En estas cosas es verdad que, como en todo, ha habido extremos, ha habido abusos. Al mismo tiempo ha habido desinterés, pero lo que más ha prevalecido entre los evangélicos ha sido en esto un amplio desconocimiento. Siempre hay un lobo que se levanta entre las ovejas y maltrata la obra del Señor, y se vuelve eso una caricatura. Pero lo que es más común en medio de las iglesias evangélicas, sobre todo Latinoamérica, que son las iglesias que yo conozco, no es el caso caricaturesco del pastor que se ha hecho rico a causa de la obra, sino tristemente la cantidad de obreros que hacen la misión con las uñas, donde no tienen ni siquiera para sus necesidades básicas.

Tristemente, eso no sale en las noticias, eso no se vuelve la comidilla de sobremesa. Todos los años hay cantidad de pastores que por diferentes razones, pero principalmente por el desinterés y desconocimiento de la iglesia de que los pastores o los obreros del Señor tienen necesidad, tienen que verse en situaciones muy precarias haciendo la obra del Señor. Que si sus hermanos supieran las necesidades de los obreros, yo creo que sus hermanos fueran más entendidos al respecto de eso y cuidaran más de ese aspecto en particular. El apóstol está hablando aquí de manera corporativa, pero está hablando aquí directamente del obrero. Dice: “Que tengan cuidado de mí.”

Para él era importante que los Filipenses entendieran que el obrero del Señor debería ser bien sostenido. Resumo esto en que, por cada lobo que abusa, hay cientos de pastores y sus familias luchando financieramente para hacer la obra. Que gran parte de la infraestructura para la obra se edifica sacrificando el sostenimiento de los obreros. Ves tras vez he asistido a inauguraciones de templos magníficos, y cuando me pregunto: “¿Los pastores tienen para comer? ¿Sus hijos pueden ir por lo menos a un lugar donde reciban educación?” En la iglesia me dicen: “Nosotros no sabemos; lo que sabemos es que acabamos de construir una gran edificación.”

Es como que una empresa no tenga con qué pagar la nómina, pero estén pensando en expandir la planta física. Hermanos, es un asunto de prioridad. El apóstol Pablo estaba diciendo aquí que tengan cuidado del obrero. Tristemente, muchos de mis hermanos critican al catolicismo romano por esa postura suya de impedir el matrimonio entre sus sacerdotes, pero se les olvida que su pastor tiene familia. Y mientras miran allá, que deberían permitir que se casen, ya se casaron. Su pastor tiene familia.

Lo que más frecuentemente sucede es que virtualmente ningún pastor al final de su ministerio tiene un patrimonio ni tiene plan de retiro. Qué gozo me da, hermano, de nuevo le digo. Estoy ahora, siento como que voy como el apóstol Pablo: los entristezco por el momento y vuelvo y lo celebro. En esto, hermano, yo me siento un privilegiado. Yo pastoreo una iglesia que me ha llenado de atenciones en doce años, y la verdad, hermano, que testifico públicamente que no tengo queja alguna del cuidado que tienen mis hermanos de mí y también de mi familia, y en esto estoy muy agradecido.

Frecuentemente le pregunto a mi esposa cómo se siente en la iglesia, y toda la argumentación que me da es muy buena. Eso a mí me importa. Para mí sería muy triste pastorear una iglesia que no ame a mi esposa, por ejemplo. O sería muy triste pastorear una iglesia que no importe a Juliette, y que me soporten a mí y también soporten a mi familia completa, hermano. Para mí esto es un motivo de acción de gracias.

Pero que la iglesia también pueda cuidar en gran medida mis necesidades materiales, hermano, es un honor. Por eso digo: gloria al Señor por su generosidad. Ven que yo lo hago como el apóstol Pablo, que dice una cosa y después la otra. Sí, hermano, yo me siento muy bien representado en el presupuesto de esta iglesia, y eso me da mucha alegría. Síganlo haciendo así, y cada vez que la iglesia les dé pastores, vuélvanlo a hacer así. Y si el Señor le lleva eventualmente a otro lugar donde existan las necesidades, y usted llega a esa iglesia, levante la voz a favor del ministro de esa iglesia. Es importante que los obreros del Señor sean muy bien sostenidos.

“En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí”, decía el apóstol Pablo. Luego él habla del contentamiento. No abundaré aquí porque ya he predicado sermones acerca de esto, solo lo leo. Dice él: “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”

El apóstol Pablo está diciendo: “Esto ha ayudado, pero estoy preparado para que mañana tenga otra situación.” Hermano, esa es la vida normal de un creyente. Nosotros nos sentiremos del todo seguros cuando hayamos vencido y estemos a su presencia. Mientras tanto, en nuestro caminar temporal hay montañas y hay valles. Hay momentos de gozo y hay momentos también de tristeza. Hay momentos de mucha provisión y hay momentos de escasez. Aprenda cada etapa. Hay hermanos que tienen más facilidad para glorificar al Señor en la escasez y hay otros que tienen más facilidad para hacerlo en la abundancia. Las dos cosas hay que aprenderlas.

Aprenda a glorificar al Señor en la abundancia, hermano, eso se aprende. Aprenda a glorificar al Señor en la abundancia, y aprenda a glorificar al Señor en la escasez, eso también se aprende. Para ambas cosas dice él: “Estoy enseñado.”

Dar como misión: orar, ir y dar

Mostraré ahora, en primer lugar, he estado mostrando que la generosidad de la iglesia es motivo de alegría, hermano. Debemos estar contentos cuando la iglesia es generosa. Mostraré ahora que contribuir materialmente debe ser considerado como una forma de misión. Dice el versículo 14: “Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación.” Él se refiere a “tribulación” cuando habla de su trabajo para el Señor. El apóstol Pablo desarrolló un ministerio, hermano, en medio de muchas precariedades, en medio de muchas persecuciones, en medio de mucha incertidumbre, en trayectos hostiles, y él hablaba de su trabajo como sus tribulaciones.

Él decía: “Ustedes, a través de sus dádivas, a través de su contribución material, a través de sus ofrendas, han estado participando conmigo en mis tribulaciones.” Lo que esto infiere es que los recursos materiales son tan útiles para la base de la obra como cualquier otro don. Cada vez que la iglesia ha tenido un hermano que atiende dones en algún área, hermano, uno ha dicho: “Gloria al Señor, que ha provisto.” Venía yo desde mi casa hasta acá pensando en aquel momento en que en nuestra iglesia local no había un solo músico, para poner un ejemplo. Cada hermano que ha venido con una voz, con un don, con un instrumento, con una facilidad para algo, ha contribuido en esa área.

Yo podría asimismo citar todos los ministerios de la iglesia. Hablemos de finanzas, hermano: la cantidad de hermanos que año tras año ordenan bien las finanzas de nuestra iglesia, generan reportes. Hablemos del ministerio de niños, hablemos de los hermanos que dan la bienvenida, hablemos de los hermanos que hermosean la planta física. Todos los ministerios han sido bien provistos del Señor. Pero le diré que proveer con tus tiempos o proveer con tus dones es tan importante como proveer con tus recursos materiales.

Y debemos gozarnos cuando el Señor nos da algún conocimiento, nos da alguna experiencia que podemos aportarle a la obra. Pero gozarnos de igual modo cuando el Señor, de manera extraordinaria, aumenta nuestro presupuesto y podamos desprendernos en consecuencia. Asumamos que contribuir materialmente es tan importante como contribuir con tus propias manos.

Recuerdo aquel corito que me enseñaron en la escuela bíblica de verano, que decía: “Soy un pequeño misionero, soy un pequeño misionero, soy un pequeño misionero: oro, doy y voy.” Y después se repetía: “Oro, doy, oro, doy, oro, doy y voy.” Las tres maneras son maneras correctas. Hay hermanos que contribuyen con la misión orando, hay hermanos que contribuyen con la misión yendo, y hay hermanos que contribuyen con la misión también dando, y todas son correctas.

Hermanos, aspiren en el Señor a hacer tanta contribución como usted pueda. El anhelo de un creyente debe ser: “Señor, dame más disponibilidad en mi agenda para redimir más de ese tiempo y dedicárselo a tu obra. Señor, dame aún más inteligencia, capacidad, talento para redimir todo eso y entregarlo en tu obra. Señor, aumenta aún más mi patrimonio para, a través de eso, entonces poder contribuir con tu obra.” Entonces algún hermano dirá: “Wow, yo como que no tengo tanto.” Si usted tiene presupuesto, hágalo.

Lo que quiero mostrar hoy es lo que nos hace falta, y lo que nos hace falta es entender que el presupuesto también importa, y que es una forma preciosa de contribuir con la misión. De hecho, cuando esto es así, dar para la obra se convierte en algo mucho más significativo. Ya no es solamente un asunto transaccional de que: “Bueno, estamos en una iglesia, como la cultura es ofrendar, entonces doy ofrenda.” No: “Estamos en misión, y como la misión necesita recursos, entonces contribuyo.”

Ya no es solamente de que: “Bueno, si el Señor me dio diez pesos, me desprendo de uno, está bien.” No, no. “Si el Señor me ha dado es porque espera que yo contribuya. Yo aporto con significado, aporto con propósito, aporto con sentido.” Hermanos, acostúmbrense a dar y ofrendar así. Cuando usted lo haga, hágalo con ese entusiasmo de que esta contribución será significativa para el avance, en algún modo, de la obra de Cristo en medio de nosotros.

También esto tiene un plus, y es que nosotros llegamos a ver el trabajo de nuestros hermanos como una extensión de nuestro propio trabajo. Los Filipenses dirán: “Pablo, ninguno de nosotros, quizás Epafrodito, pero más allá de eso, ninguno de nosotros te acompañó ni en el primero ni en el segundo viaje misionero. ¿Cómo que nosotros participamos contigo?” “Con eso que ustedes ayudaron, pagamos el pasaje.” Ah, pero hermano, la misión se come. Hay gente que piensa que con la Biblia es suficiente en la mano. Sí, para casi todo, pero la Biblia es suficiente para instruir, no respecto de que se come, de que se paga el transporte.

Yo no sé cuánto era el pasaje, hermano, pero sospecho, infiero, que no era de gratis que le transportaban. Poder ir en un barco, eso tenía un costo. Poder hacerlo. De hecho, el apóstol Pablo en algún momento rentó una escuela para ahí dedicarse a instruir. Yo espero que él haya pagado esa escuela, o quizás haya sido la generosidad también de alguien, y eso también importa.

Alguien dice: “Yo no tengo un ministerio en la iglesia.” Estimule y provea para el trabajo de los otros. Bello, hermano, todo no hay ministerio con mucho gusto. Por mucho gusto ese esfuerzo usted no lo va a poder hacer, por lo menos no de adelante. Pero hay hermanos que les gusta un ministerio y proveen para ese ministerio. Usted puede proveer: provea, estimule. Hay un ministerio que a ti te gusta, ese ministerio te encanta, pero como tú no tienes el don para hacerlo, estimula al que lo hace.

Hay ministerios que a usted le encantan, ese ministerio le fascina, pero si el Señor mayormente ese don no se lo ha dado, provea para que otro lo haga. Aprovecho ahí, hermano, y hago un anuncio. Recibí, cuando recibí el informe preliminar, que para el programa de desarrollo del talento musical solamente quedan dos mil pesos, creo que eran, y nos están faltando como cuarenta para terminarlo. A mí me encanta el ministerio de música, pero ¿sabe qué? Yo no soy el que toma las clases. No, no, usted es el que toma las clases.

Pero si a usted le encanta ese ministerio, fondee para ese ministerio. Ayude. Lo que le quiero mostrar, hermano, es que no siempre hay que hacerlo; hay veces que hay que gozarse en que otro lo haga y en yo ser instrumental para que eso se alcance. Y decir: “Hermano, yo preferiría ir, pero el Señor no me ha dado los medios para ir, pero yo me entusiasmo y asumo tu ministerio como si fuera el mío. Aquí está, te colaboro contigo, contribuyo con que ese ministerio se haga.”

Dice el apóstol Pablo también aquí, al respecto de su contribución. Les dice en el 15: “Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos.” Y aquí de nuevo pareciera que él está siendo descortés con las otras iglesias. Quizá no tenían la madurez de los Filipenses. Quizá no tenían la oportunidad que tuvieron los Filipenses. Es posible que estas otras iglesias no tuvieran los medios que tenían los Filipenses. Gloria al Señor por aquellos que sí lo hicieron.

Lo que tenemos que desarrollar es una cultura de celebración, y cuando alguien el Señor le ha dado los medios para que se haga, celebrarlo. Y dice aquí que hacerlo en las etapas más tempranas es un asunto aún más significativo.

Etapas tempranas, diligencia y testimonio de generosidad

Hermano, va a llegar un momento en la iglesia local —y yo lo espero en mi corazón— que llegue una temporada, hermano, que los recursos sean tan abundantes que nuestro problema sea la mayordomía. Pero las etapas tempranas, hermano, son las etapas más difíciles. Y yo quisiera imaginar que ya salimos de las etapas tempranas, hermano, pero lo que me dice el presupuesto es que todavía estamos en.

Que es verdad, hermano, que el Señor ha sido fiel, pero todavía nos mantiene como en el borde. Que podemos llegar quizá hasta mediados de enero, pero qué descanso sería poder decir: “Wow, Señor, gracias, porque nos has provisto un chin más para tener por lo menos dos meses de nuestros gastos corrientes.” Dios ha sido fiel, hermano, pero estamos hasta el borde. Va a llegar un momento donde usted tenga mucho presupuesto, y ahí quizás ya la contribución no sea tan urgente. Pero hay momentos que son apremiantes, hermanos; hay momentos donde uno debería ser especialmente agradecido. Y sí, apremiante estamos todavía. Apremiante era el asunto del 2008.

Por eso, hermano, le pido al Señor que mantenga mi corazón agradecido de aquellos hermanos que asumieron en el 2008 desprenderse muchos de ellos de lo poco que tenían, porque la verdad es que era un grupo de muchachos. Todos eran muchachos. Y el muchacho no tiene presupuesto. Ustedes no saben eso, pero hay un momento en la vida donde usted tiene presupuesto y un momento donde no tiene. En aquel momento estábamos teniendo nuestros primeros trabajos; en aquel momento lo que podíamos ayudar era quizás lo que nos daban en el grupo de muchachos. Casi todos ellos solteros fueron usados por Dios para dar un tremendo testimonio de desprendimiento. Gloria al Señor por aquellos.

Muestro aquí que sí, hermano: mire, su aportación importa aún más cuando las cosas son aún más apremiantes. Cuando ya hay excedente, en ese momento del ministerio de Pablo es esperable que haya muchas más iglesias que estén participando; es esperable que haya mucho más testimonio; es esperable que haya mucha más madurez; es esperable que haya muchos más creyentes que puedan soportar la misión. Pero en aquel momento, cuando la misión empezó, cuando todavía no había mucha gente que aportara, la aportación de ellos fue en extremo necesaria.

Le transmito a la iglesia lo mismo, hermano: su contribución importa porque todavía no hemos llegado a ese momento donde esperamos que el Señor nos lleve, cuando nuestro problema sea administrar con sabiduría un gran excedente. Gloria al Señor por aquellos que participan en las etapas aún más tempranas.

Después dice Pablo: “Pues aun en Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades.” Para tú entender esto tienes que trasladarte a cómo funcionaba el mundo antiguo. Al día de hoy, alguien puede estar virtualmente en cualquier parte del mundo y usted ya puede enviarle cualquier cosa. En la antigüedad, poder hacer que una contribución para la misión le llegara a la misión era un ejercicio de diligencia muy difícil. Usted tenía que preguntarse: “¿Dónde están?” No había una comunicación tan sincrónica como el día de hoy.

Quisiera mandar una carta y preguntar: “¿Dónde está ahora? ¿Dónde lo envío? ¿Con quién lo envío?” Esperar que un barco zarpe y que llegue en algún momento. Pero estos hermanos no se dejaron amilanar por las dificultades para contribuir, y ellos se ocuparon de preguntar vez tras vez: “¿Dónde está la misión?” Y allá, donde estaba la misión, entonces enviaban su ayuda. Qué hermoso, hermano, porque no solamente fueron desprendidos, sino que fueron diligentes.

Lo que he visto, hermano, es que hace falta un esfuerzo para conocer dónde está la necesidad, y también hace falta mucha diligencia para hacer llegar tu ayuda al lugar donde está la necesidad. Y para ambas cosas hace falta un esfuerzo. Quien tiene generosidad no es una persona que solamente tiene recursos; es una persona que tiene recursos y al mismo tiempo casí una labor de indagar, de preguntar: “¿Dónde es que puedo aportar?”

Y después se asegura de que el recurso se mueva. Cuántas veces me ha pasado que yo he querido contribuir de algún modo y se me olvida. Y después como que reacciono y digo: “Oye, pero yo dije que iba a contribuir con eso y no he contribuido.” Y yo espero que a usted también le pase. Usted tiene la intención, pero se le olvida conectar la intención con la acción, porque hace falta un esfuerzo de discernimiento: “¿Cuándo lo hago, dónde lo hago, cuánto envío?” No se sabe.

Estos hermanos hicieron el esfuerzo vez tras vez, y en esto el apóstol Pablo se está encargando de dar un testimonio. Entre el 17 y el 18, el apóstol Pablo muestra aquí que es algo loable dar testimonio de la generosidad de nuestros hermanos. Dice él: “No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta.” Qué hermoso es, hermano, saber eso, que es fruto que abunda en nuestra cuenta.

“Todo lo he recibido y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios.” Aquí hay un dilema, y es cómo podemos armonizar eso de dar testimonio de la generosidad de nuestros hermanos con lo que dice Mateo 6, del 2 al 4, que “no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”. Esto es un dilema en el cual todo creyente vive. Uno quiere asumir un testimonio de discreción, pero al mismo tiempo sabemos que dar testimonio de generosidad es un asunto loable, repercute en fruto para quien lo hace y da un testimonio también para los otros.

De hecho, a veces sucede, hermanos, que como iglesia —ha sucedido entre nosotros— somos tan discretos al dar, que virtualmente nadie sabe qué se puede hacer. Y cómo que lo hacen, porque si yo te viera haciéndolo yo también lo haría, pero como yo nunca te he visto haciéndolo… Hermano, no es algo ilegal, no es algo inmoral; es algo muy bueno, algo loable.

Cómo armonizamos el hecho de dar un testimonio de generosidad, de desprendimiento, de decir: “Estamos participando y nos da gusto, nos da gozo participar”, y al mismo tiempo que no sepa mi mano izquierda lo que ha hecho mi mano derecha. Es un dilema, hermano, y yo creo que esos dilemas han sido colocados así para que vivamos en esa tensión. No aspiro a resolverlo, sino a darle algunas recomendaciones generales.

Primera recomendación: que tu intención al hacerlo nunca debería ser ser visto. Si se hace público —nosotros a la distancia llegamos a conocer la generosidad de los Filipenses, hermanos—, pero no fue que el apóstol les dijo: “Miren, vamos a hacer un acuerdo de publicación, y en alguna de tus cartas tú dejas tu testimonio de nuestra generosidad. Podemos cubrir dos años de tu trabajo misionero.” No, hermano, no fue así.

Ellos no sabían. Quizá ellos mismos, cuando Pablo mandó la carta, se sintieron un poco avergonzados. Tú te has sentido así, que tú contribuyes con algo y cuando alguien te da las gracias como que tú te sientes en apuro, como: “Ay, no deberían agradecérmelo.” No era su intención que todo se hiciera público. El Señor providencialmente lo publicó. Gloria al Señor por eso.

Lo que le quiero recomendar, hermano: no pida que se celebre, que se toque trompeta, como hacían aquellos hombres impíos en tiempo de Jesús cuando ofrendaban, que hacían de esto una publicidad. Pero tampoco se sienta mal si en algún momento el Señor, aunque sea de manera corporativa, hermano… Por ejemplo, en cada reunión de miembros anunciamos: “El Señor ha provisto”, y usted quizás no sabe, pero usted puede imaginar: “Bueno, quizá entre mi contribución yo contribuí con el 10% del presupuesto de mi iglesia. Gloria al Señor. Contribuí con el 30.” No lo publicite usted, hermano, no lo busque; pero si el Señor lo hace público, que eso no le destruya, que repercuta en testimonio para otros de que también puede ser hecho.

Y lo que he visto es que cuando una iglesia sabe que nos da gusto contribuir y que contribuimos de buena gana, hay otros que lo hacían y se sienten al mismo tiempo invitados. Otra recomendación: asuma el reconocimiento de tu generosidad como un testimonio del favor de Dios y no como lisonja. No como: “Me están dando juego ahora.” No, eso es lisonja, son palabras que se hacen para inflar tu ego, para atraer al hombre natural. No, hermano. Si acaso tú recibes una notita de nuestro equipo de finanzas o del pastor donde dice: “Hermano, gracias por tu contribución este año”, no digas: “Me están alabando.” No. Estamos testificándote que Dios te proveyó y al mismo tiempo estamos testificando que la generosidad es un valor entre nosotros, de que no lo damos como asunto mecánico, por hecho, sino que lo celebramos de manera intencional. Asúmelo de ese modo.

Lo que sí he visto aquí —lo tomo una vez, son para mí— es que el obrero mismo debería ser un poco más expresivo. Wow, hermano, yo en doce años nunca he mandado una nota de ese tipo. Y miren, hermano, si yo he podido hacer mi ministerio durante doce años, ha habido un ejército de personas que el Señor ha levantado, que me permite no solamente contribuir en la iglesia local, sino en diferentes maneras, me permiten seguir haciendo la obra del Señor.

Y cuando yo miro atrás, yo veo que el Señor respondió mi oración. Recuerdo que del 2005 hasta el 2008 yo tenía mucho estrés al respecto de cómo podía sembrar su iglesia en Santo Domingo y sostener una misión entre nosotros. Parecía una locura, en aquel momento, hermano. Y recuerdo que de manera en fe, hermano, escribí una notita en la cual yo andaba con esto en mi bolsillo, y es que: “En el camino el Señor tiene personas dispuestas con recursos para ayudarme.” Y comencé a hacer la obra del Señor con la expectativa de que los recursos del Señor iban a ir apareciendo en el camino.

Y cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de que el Señor lo hizo. Respondió mi oración y suplió aquello que para mí era un motivo de ansiedad: de dónde se podía sostener una iglesia sembrada en la ciudad de Santo Domingo con recursos. Dios ha levantado un ejército de gente, hermano, y tengo la disposición de ser un poco más explícito al respecto de eso. No avergonzar a los hermanos, decirles: “Así como te reconozco tu tiempo, también reconozco tu contribución material.” Gloria al Señor por eso.

Dice Pablo que esto ha repercutido en fruto. Gloria al Señor por ello. Terminaré mostrando que quienes participan en la misión pueden contar siempre, hermano, con el favor de Dios. Dice el 19 al 20: “Mi Dios, pues…” Está comentando esta expresión con lo anterior. Está concatenando dos cosas: “Dado lo que acabo de decir, entonces tomen esta promesa.” Dado que ustedes han demostrado tener una disposición a la generosidad, dado que ustedes han demostrado tener en esto mucha diligencia, dado que es evidente que la obra del Señor en su presupuesto tiene un lugar de prioridad, dado que veo que han madurado respecto de esto y que ya a ustedes las riquezas no les afectan.

Señor, perdóneme que vuelva un poco atrás. Hay gente que la riqueza le derriba, y hay gente que la riqueza la edifica. Aquel al cual la riqueza le edifica es una persona que tiene qué hacer con la riqueza. Las riquezas ociosas son un problema para cualquier ser humano, creyente o no creyente. Qué hermoso es una persona que su presupuesto tiene capacidad de acción, y él dice: “Cuando el Señor provee, no solamente acumulo, sino que canalizo. Y si el Señor provee aún más, eso a mí no me hará daño, porque no lo conservo conmigo. Tengo lugares donde ponerlo que repercuten en gloria para su nombre y en el avance de su obra.”

Pablo entonces dice: “Pues…” O sea, dado lo anterior, dado que han dado un ejemplo, dado que veo madurez, dado que veo que tienen capacidad de canalizar, dado que es evidente que por ustedes les da satisfacción contribuir con esto: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”

Anuncié un dilema anterior, y es este dilema entre ser discreto y al mismo tiempo dar testimonio. Aquí hay otro dilema. No debería ser la razón por la cual usted contribuye el que el Señor se lo devuelva. Sin embargo, dice la Escritura que Dios bendice al dador alegre. No debería ser nunca esa su intención, pero dice la Escritura que aquel que cuida del pobre le presta a Dios. No debería ser lo que te mueva, pero dice la Escritura: “Pruébenme, a ver si yo no abro las ventanas de los cielos.”

Y en esto yo mismo he vivido un dilema, porque permítanme mi testimonio, hermano. Yo puedo testificar que la generosidad de nuestra forma ha repercutido en bendiciones que han sobreabundado. Pero no quisiera yo dañar mi iglesia, donde esto se convierta en una casa de cambio, donde yo contribuyo hasta un punto y espero que Dios me devuelva aún más.

Sin embargo, hermano, no ignoremos lo que dice la Escritura: Dios bendice al dador alegre. No ignoremos el consejo de Pablo a los Filipenses: dado que ustedes han tenido deleite en sostener la misión, confíen en que el Señor va a seguir haciéndolo. De hecho, debería ser para nosotros un motivo de tristeza cuando estamos por perder un empleo, cuando estamos por perder un negocio, cuando estamos por perder una oportunidad de ingreso, decir: “Wow, si se pierde esa oportunidad, voy a estar en peor condición para seguir contribuyendo con la misión. Señor, permite que no se pierda la continuidad, la oportunidad, porque yo tengo qué hacer con mis recursos.”

“Mi Dios, pues, suplirá…” Está diciendo el apóstol Pablo: suplirá por esta actitud que hay en el corazón. La fidelidad de Dios en sostener al propio apóstol Pablo les motivó a dar por sentado que también lo haría con ellos. Él está diciendo: “Mi Dios, el mismo que me ha sostenido a mí, les sostendrá a ustedes.” Lo que Pablo está diciendo es bello: “Lo he visto en mi propia vida. Y si yo he visto que el Señor me ha sostenido en mis tribulaciones, también les sostendrá a ustedes.”

Hermano, tengamos esto como un axioma. Lo dijo alguien en el pasado, y es que a la obra de Dios hecha de la manera de Dios nunca le faltarán los recursos de Dios. Mantenga siempre un pie en la obra del Señor y le irá bien. Manténgase siempre ocupado en contribuir con todos sus recursos —tiempo, dinero y talento— en la obra del Señor, y el Señor se mantendrá bien ocupado en darle recursos para que lo siga haciendo. Conviértase en un canal de bendición, y a través de ese canal el agua siempre estará circulando.

A veces sospecho que hay gente que pide y no recibe porque pide con oraciones de falta de confianza en el Señor y oraciones egoístas. Pide “para mí”. En qué sentido responder esa oración repercutiría en alabanza a la causa de Cristo. Yo anhelo, hermano, que muchos de ustedes tengan mucho patrimonio, que el Señor les enriquezca en lo material. Yo quisiera que el Señor bendiga ampliamente su trabajo, bendiga ampliamente su carrera, bendiga ampliamente sus negocios.

Ahora yo te pregunto, hermano: ¿cómo repercutiría esa bendición en el avance de la obra del Señor en medio de nosotros? Y si tú respondes: “Yo no sé”, yo creo que todavía no estás listo para recibirlo. Qué hermoso es un hermano que dice: “Señor, si tú aumentas en un 50% mi presupuesto, ya yo me siento saciado. Eso va a repercutir en un avance muy significativo en tu casa, porque ya yo me siento saciado en ti, Señor.”

Y qué triste es una persona que pide y pide y pide, y nunca ha tenido la intención de dar. Es muy difícil pedirle a un Dios tan generoso cuando no somos generosos nosotros. Yo me imagino que se ve feo en la presencia de un Dios que no ha escatimado a su propio Hijo, que vayamos siempre a pedir a su presencia, y que Él diga: “Pero tú solamente pides, tú no das.” Qué hermoso es aquel que ha dado aún más allá, y cuando va a la presencia del Señor dice: “Señor, dame para seguir dando. Qué hermoso cuando te piden para hacer lo que tú has querido hacer.”

Escuchaba hoy, en días pasados, a una persona que tiene pasión por la academia, tiene pasión por los estudios. Y esta persona decía —ya está en un momento de su vida que pudiera retirarse—: “Yo creo que podríamos retirarnos y cerrar ya este negocio, pero fulano está haciendo ahora mismo su maestría, y deberíamos seguir operando para que él pueda seguir trabajando y pagar su maestría.” Yo digo: “Guau, ¿qué hace que un empleador considere mantener su negocio unos años más para que un empleado suyo pueda seguir trabajando y pagar su maestría?” Que ese empleador es una persona que hizo maestría en su vida, es una persona que valora lo que es la academia, valora los estudios, a un punto que dice: “Yo tengo un deleite en que este que está trabajando conmigo termine también sus estudios.”

Qué hermosa es una persona que se parece a su Dios en la generosidad, y cuando va a la presencia del Padre le dice: “Padre, tú que eres generoso, yo quiero ser generoso como tú. Lo que te pido es que me des para hacer más de esto que tú también lo harías.” Ser muy hijo de nosotros. Hermano, yo creo que aquel que tiene planes de proveer generosamente a la causa de Cristo puede contar que “mi Dios puede suplir todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”

Me consuela también esto: que el apóstol Pablo no dice que va a proveer para sus necesidades materiales solamente, porque quizá entre los Filipenses está el doble problema, el problema de que tenían un hijo enfermo, el problema de que tenían familiares suyos que todavía no habían creído, el problema de que tenían alguna pena atravesada en el corazón, el problema de que tenían alguna disyuntiva de la cual no podían salir por sus propios medios. Yo no sé cuál era su necesidad particular. Lo que sé es que el apóstol Pablo les dijo: “Mi Dios, pues, suplirá todo, hermano, todo, todo lo que os falte.”

Qué hermoso es, hermano, porque a veces tú te desprendes en un área y el Señor te repone por diez áreas más. Y tu generosidad es recompensada, no solamente en metálico. A veces lo que el Señor te manda es una dosis de paz. Lo que el Señor te manda es una puerta para salir de esa situación. Lo que el Señor te manda es una respuesta a la oración. Qué hermosa es la generosidad, porque no es, hermano, una casa de cambio donde me dan de esto y devuelve el Señor. Él nos da según Él nos conoce, y qué bueno que sea así, porque el Señor nos conoce.

Hermano, yo no sé lo que te hace falta; el Señor lo sabe. Me parece un deseo muy sentido, al mismo tiempo muy propicio, porque yo no sé cuál es tu aflicción. La gente está atribulada en este mundo de injusticia, de pecado, de maldad, por una variedad de cosas muy extensas. Y lo que a ti te está atribulando y no lo comentas, quizá no me está atribulando a mí. Pero sabemos que nuestro Dios bien puede suplir todas nuestras necesidades. Qué bueno que el apóstol no especificó: “No, las materiales; también las espirituales, también las emocionales, también las relacionales.” Para todas nuestras necesidades el Señor puede cumplir.

Muestra también él aquí que la actitud correcta de un cristiano no debe ser —y con esto vuelvo a corregir algo que he enseñado los últimos dos domingos—: la actitud correcta no es: “Señor, dame más medios productivos.” No. “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta”, no conforme a asuntos terrenos, no cosas terrenales, asuntos mecánicos, asuntos humanos, sino “conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”

Hermano, no le pida al Señor en base a las cosas que ve. También en este momento pídale al Señor en base a que hay cosas que el Señor tiene y usted en este momento no sabe dónde están. Hermano, somos muy buenos pidiendo por cosas que están ya ahí mismo: “Eso está dentro de mi perspectiva, yo voy a pedir por eso porque veo que es muy accionable. Hay aumento este año. Si hay aumento, ¿de cuánto es? Del 10%. Vamos a pedir a ver si me dan a mí el 15, porque yo sé que hay aumento.” Hermano, pida contando en que su Dios no le va a proveer según lo que usted está mirando, sino que le va a proveer según sus riquezas en gloria.

Hay cosas que yo deseo, hay cosas que ni siquiera deseo porque necesito, y esas cosas que yo necesito yo ni siquiera las puedo ver. Qué bueno es que el Señor que me conoce también es el Señor que me provee, y no me provee según recursos humanos o materiales, sino según sus riquezas en gloria. Eso hace que nuestra provisión no dependa en ningún momento de nuestra preparación, de nuestros contactos, de nuestros esfuerzos, de la capacidad productiva del país, de la economía global, de que si va a haber o no va a haber una cuarta guerra mundial. No sabemos eso, hermano. Lo que sabemos es que vamos a ser provistos de manera sobrenatural.

Y cuando en tu entorno quizá no haya recursos, sabemos que en el cielo hay aquello que nosotros bien necesitamos. Hermano, no pida contando lo que sus ojos ven; pida contando en que su Dios habita en gloria y que tiene provisiones que son sobrenaturales. Le doy algo más: no pida pensando en que usted se lo merece. Cuente con los méritos de Cristo. “Mi Dios puede suplir todo lo que os falte conforme a sus riquezas en gloria…” Y si lo deja hasta ahí me descansa en un punto y me preocupa en el otro: “¿Y si no me lo merezco? ¿Y si no me he portado bien? ¿Y si no me dejan reír?”

Bueno, qué hermoso es saber que nuestro Dios lo hace no porque nosotros podamos, no porque nosotros merezcamos. Él lo hace por los méritos de alguien que está por encima de todos nosotros, y es por los méritos de Cristo. Cualquier cosa que usted espere en Dios, espérela en Cristo. Cualquier cosa que usted anhele profundamente, no la anhele en usted mismo. No le diga: “Señor, porque yo lo merezco, Señor, porque yo puedo, Señor, porque tú…” No. Por los méritos de Cristo.

Veamos la generosidad con alegría. Tratemos de estar al tanto de las oportunidades que tiene la obra de Dios entre nosotros. Y sobre todo, hermano, seamos en esto muy constantes, que en el 2020 se nos conceda dar de forma aún más extraordinaria para la gloria del Señor y el testimonio no solamente de los hermanos de nuestro tiempo, sino de los hermanos que están por venir. Que el Señor sea glorificado.

Oración final por generosidad y provisión de Dios

Oro por la iglesia. Gracias, Padre, por este testimonio de generosidad que has dado en medio de nosotros. Gracias, Padre, por cada familia a la cual tú la has provisto. Gracias, Señor, por cada hermano que puede certificar que tuvo empleo o algún medio productivo en este año, y gracias por cada cual que puede testificar que no lo tuvo, pero que tú lo has sostenido.

Gracias, Señor, por cada familia, por cada hermano, por cada joven que tuvo su iglesia en este año como un asunto prioritario en su presupuesto. Gracias, Señor, por cada uno de los que se esforzaron en contribuir con su merienda, o contribuir con su salario, contribuir desde sus inversiones. Gracias, Señor, porque como un ejército tú has permitido que tu obra en medio de nosotros pueda cerrar un año sin vergüenza, Señor, sino dando testimonio de tu gloria y de tu fidelidad en sostenernos.

Padre, sosténnos aún más. Permite que aquellos que todavía no habían probado el gozo de la generosidad, Señor, que este sea su año. Permite que el presupuesto de cada miembro de esta iglesia en este año, Señor, tu causa esté muy bien representada. Permite, Señor, que nuestra prosperidad particular repercuta en un bienestar colectivo. Danos aún más, Señor, para administrar. Permite, Señor, que el 2020, contra todo pronóstico, sea un año aún más extraordinario en provisión y generosidad.

Y de todo esto, Señor, estaremos prestos a darte las gracias a ti, el instrumento, y darle las gracias a aquel que suple todo cuanto nos falta según su riqueza en gloria. Todo esto por los méritos de Cristo. Amén. Dios le bendiga, hermano. Que el Señor le guarde. Nuestro ministerio de alabanza lo despide con canción.

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