Gloria al Señor, hermanos amados. Pueden acompañarme en sus Biblias a la primera carta de Pablo a los corintios. Vayamos juntos hasta el capítulo 8. Es la primera carta del apóstol Pablo a los corintios. Vayamos juntos hasta el capítulo 8 y veamos, con la ayuda del Señor, lo que enseñó el apóstol Pablo acerca de este precioso instrumento que el Señor nos ha dado a cada uno de nosotros, que es nuestra conciencia. Veamos el lugar de la conciencia.
Es la primera carta del apóstol Pablo a los corintios, en el capítulo 8. Es mi deseo, hermanos, siempre, compartir la Escritura libro a libro, capítulo a capítulo. Pero recuerden que yo soy un pastor, y un pastor tiene prioridad y agenda, y tengo el interés ahora de edificar a mi iglesia acerca de este precioso instrumento que el Señor le ha dado, que es su conciencia. No porque yo pueda ayudar, hermanos, por mis propios medios, a que su conciencia sea mejor, sino porque cuando uno sabe lo que el Señor le ha dado y lo que el Señor está haciendo, es más fácil que uno permita que el Señor haga en uno cada una de estas cosas.
Lo que pretendo hacer es primero mostrarle a mis hermanos qué es la conciencia, y luego mostrarle desde el capítulo 8 de la primera carta de Pablo a los corintios el lugar que desempeña la conciencia en la vida cristiana: para qué el Señor nos ha dado conciencia, cuál es el uso de ese instrumento. Al mismo tiempo quiero enseñarle, como si fuera un instrumento, cuáles son las oportunidades y al mismo tiempo cuáles son los riesgos de operar con la conciencia. Aunque uno escuche la expresión que dicen “ese es un inconsciente”, la realidad humana es que el ser humano se diferencia de los animales en que somos seres conscientes. Dios nos hizo así, es un instrumento valioso que nos ha dado.
Y en este capítulo, que es el capítulo 8, el apóstol Pablo está resolviendo un asunto de conciencia. Pueden ponerse un momento sobre sus pies y leamos esta porción completa de la Escritura. Primera carta de Pablo a los corintios, el capítulo 8, desde el versículo 1 y hasta el versículo 13. Dice así la sagrada Escritura.
En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica.
Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo.
Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él.
Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios.
Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores),
para nosotros, sin embargo, solo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.
Pero no en todos hay este conocimiento; porque algunos, habituados hasta aquí a los ídolos, comen como sacrificado a los ídolos; y su conciencia, siendo débil, se contamina.
Si bien la vianda no nos hace más aceptos ante Dios; pues ni porque comamos, seremos más, ni porque no comamos, seremos menos.
Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles.
Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un lugar de ídolos, la conciencia de aquel que es débil, ¿no será estimulada a comer de lo sacrificado a los ídolos?
Y por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió.
De esta manera, pues, pecando contra los hermanos, e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis.
Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano.
— 1 Corintios 8:1-13
Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano. Leo este último versículo, hermano, y les comparto la introducción. Pueden sentarse.
Contexto histórico: idolatría y alimentación
Amigos, hermanos queridos, dice nuestra introducción que en el siglo primero gran parte de la sociedad era dominada por la idolatría. La idolatría estaba en las grandes fiestas nacionales, estaba en el comercio, la idolatría estaba en el turismo y también en la alimentación. Los ídolos estaban tan presentes que virtualmente era imposible vivir en una ciudad sin tener contacto con ellos, aunque fuera de manera indirecta.
Lo relativo a la alimentación, por ser comida, por ser un asunto de primerísima necesidad, era un reto para los creyentes. Un creyente podía decir que no iba a participar en el turismo idolátrico, que no iba a participar en las fiestas idolátricas, que no iba a dejarse permear por las fiestas nacionales idolátricas. Pero el creyente tenía que comer. Y como las carnicerías y los restaurantes estaban vinculados a los centros de sacrificios, quienes se habían convertido desde los ídolos tenían mucha dificultad para comer carne sin sentir que estaban volviendo a su vida anterior. Esto creó mucha controversia entre las iglesias.
Este mismo tema lo trata el apóstol Pablo después con los romanos y con otras iglesias más, y todavía en las cartas a Timoteo el apóstol Pablo sigue hablando del mismo problema. Algunos comían sin ninguna dificultad de estos alimentos, aunque entendían que eran alimentos que venían de sacrificios a los ídolos, y otros evitaban participar. Algunos, a los que Pablo les llama fuertes, comían sin problema de lo sacrificado a los ídolos, pudiendo separar su necesidad de alimentación de la práctica idolátrica. Pero otros se abstenían completamente, y al ver a sus hermanos participar con libertad, su conciencia era lastimada.
En este contexto histórico es que el apóstol Pablo escribe a los corintios para explicarles cuál es el lugar de la conciencia en la vida de los cristianos y la actitud correcta ante una situación que estaba contribuyendo a la división de las iglesias. Tenemos dos grupos: hay hermanos fuertes que ya han podido resolver el tema de la idolatría y participan de la carne o de cualquier otra cosa con limpia conciencia delante del Señor y se alimentan, y hay otros hermanos que Pablo llama hermanos débiles, que entendían que si ellos comían esa cosa que anteriormente venía de sacrificios idolátricos, habiéndose convertido desde los ídolos, no deberían jamás probar este tipo de vianda.
Trasfondo pagano y aplicación contemporánea
Sin embargo, ellos no solamente se abstenían, sino que veían hermanos participar, y cuando veían hermanos participar entonces sentían tristeza. Hermano, yo me pongo en el lugar de ellos, y es difícil. Usted, que anteriormente era un idólatra, usted que ha sido rescatado de ese paganismo, usted que ha salido desde allá, usted que anteriormente cuando probaba bocado entendía que era un bocado dedicado a los ídolos, ahora se ha arrepentido de corazón delante del Señor y jamás quiere volver a ver tal cosa. Y hermanos que no habían participado de aquello, aunque entendían cuál era el origen, participaban con libertad, y cuando estos hermanos participaban, tú quisieras quitarle la carne, tú quisieras que no lo hicieran.
¿Cómo nosotros podemos luchar en la iglesia con estos asuntos de conciencia? Quiero comenzar aplicando desde la introducción al día de hoy. El paganismo a este nivel no es la realidad en nuestra sociedad. Usted va a cualquier supermercado y comerá carne, comprará cualquier alimento, y estos alimentos no han sido, que usted sepa, dedicados a ningún ídolo. Sin embargo, todavía siguen habiendo asuntos controversiales en las iglesias que separan la congregación. Algunos dicen “participo”, otros dicen que no, y aún hay otros que se abstienen y también quieren lograr que la iglesia en general se abstenga de participar en estas cosas.
¿Cómo podemos nosotros, como iglesia local, glorificar al Señor y al mismo tiempo tener tranquilidad de conciencia? Comenzaré diciendo, hermano, estos que eran débiles, a pesar de que quizás les faltaba conocimiento, tenían una muy buena intención. Póngase usted en el caso de ellos: usted ha sido un idólatra durante 30 años, ha participado en los templos, ha participado en los restaurantes de idolatría, se ha sentado con ellos en las mesas, ha comido cada comida pensando que está comiendo algún tipo de alimento religioso, espiritual o ritual, y ahora usted viene a Cristo. El Señor le ha dado un nuevo entendimiento acerca de su posición. ¿Cómo quiere seguir comiendo? ¿Cómo enfrenta la iglesia estos dilemas? Esto es lo que el apóstol Pablo, en el capítulo 8 de la primera carta a los corintios, está mostrando.
Primero, hermano, mostraré qué es la conciencia. Después tomaré este caso de la idolatría para ilustrar casos contemporáneos y mostrar una aproximación cristiana a estos temas controversiales. La definición que estaré dando, hermano, quizás ustedes puedan anotar las referencias bíblicas, porque no puedo ir una tras otra, pero quiero que ustedes tengan una perspectiva bíblica acerca de qué es la conciencia. Para eso estaré compartiendo seis citas distintas que usted puede anotar, tratando de hacer una definición bíblica de qué es la conciencia. No es una definición psicológica o psiquiátrica, quisiera mostrarles desde las Escrituras qué es la conciencia.
¿Qué es la conciencia según la Biblia?
Según la Escritura, la conciencia es un instrumento que ha sido dado por Dios a los hombres para el discernimiento moral, para llevarnos a discernir entre lo que es bueno y lo que es malo. Y entre las características que, según la Escritura, llega a tener la conciencia, está que ella a nosotros nos acusa, haciendo que algo que pretendíamos hacer no lo hagamos. La conciencia es lo mismo que algunas personas le llaman “la vocecita interior”.
Dice la Escritura en Juan 8:9 de aquellos hombres que estaban siendo reprendidos por el Señor: al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros, y quedó solo Jesús y la mujer que estaba en medio. Estos hombres fueron acusados por su conciencia y no hicieron aquello que pretendían hacer. ¿Qué es nuestra conciencia? Este instrumento que nos ha dado el Señor, que ante una decisión nos detiene. Hay una persona que pretendía hacer algo, pero su conciencia la acusó y se detuvo.
¿Qué es la conciencia? Es un instrumento que, según Romanos, puede ser informada y vivificada por el Espíritu Santo. Dice así la Escritura:
Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo.
— Romanos 9:1
Es un instrumento natural, pero que puede ser vivificado por el Espíritu Santo y controlado por el Espíritu Santo. Podríamos decir que, cuando el Espíritu Santo habla al corazón del hombre, lo que está haciendo es vivificar y despertar su conciencia. Iglesia, te estoy hablando acerca de ese instrumento interior que el Señor ha puesto dentro tuyo, que te permite a veces sentir tristeza, sentir gozo, sentir aprehensión ante algunas cosas, y que es utilizado por el Espíritu Santo para vivificarla y alcanzar sus propósitos.
Dice 1 Corintios 4:4 que la conciencia es útil pero que no es un instrumento definitivo. La conciencia por sí sola no es suficiente, no es un juez, es un instrumento:
Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor.
— 1 Corintios 4:4
La conciencia no justifica a nadie. Puede ayudarte, puede ser vivificada por el Espíritu Santo, pero por sí sola no funciona. La conciencia no puede justificar a ningún ser humano. Nadie puede ir a presencia del Señor y decir “soy acepto porque tengo buena conciencia”.
Peligros y transformación de la conciencia
Advertía Pablo a Timoteo que algunos, al ignorar la conciencia, naufragaron. Decía en 1 Timoteo 1:19:
Manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos.
— 1 Timoteo 1:19
Hermano, ignorar la conciencia, ignorar esa voz interior, entregarte a la parte animal que tienes, a esa parte meramente material, va a hacer que naufragues en la fe. La conciencia es un instrumento que ha dado el Señor, una brújula moral que funciona en tu corazón y que te mantiene en su voluntad, vivificada por el Espíritu Santo e informada a través de la Palabra.
Dice asimismo el apóstol Pablo a Timoteo que la conciencia también puede ser cauterizada, puede perder su santo efecto, y hay seres humanos que, a pesar de que son seres conscientes por diseño, el día de hoy se comportan como animales. Ignorar la conciencia consistentemente, ignorar el llamado del Señor vivificando tu conciencia consistentemente, va a hacer que tu conciencia, como un resorte, pierda su propósito y llegue a ser cauterizada. Decía:
Por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia,…
— 1 Timoteo 4:2
Hacen determinadas cosas. Hay, por último, diré sobre la definición, que nuestra conciencia según Hebreos 9:14 puede ser limpiada por la sangre de Cristo, y un cristiano no solamente tiene una conciencia, un cristiano tiene una conciencia regenerada y limpiada por la sangre de nuestro Señor Jesucristo:
¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?
— Hebreos 9:14
Hermano que está aquí presente, un creyente no solamente tiene una conciencia, tiene una conciencia calibrada, tiene una conciencia informada, tiene una conciencia vivificada por el poder del Espíritu Santo. Nuestra conciencia opera en nosotros, pero no debemos confiar solamente en la conciencia.
Paso ahora a exponer el texto que me ha traído hasta aquí: 1 Corintios 8:1-13. Un problema de conciencia. Este instrumento que estaba siendo vivificado por Dios, este instrumento que estaba levantando alarmas en el corazón de los nuevos creyentes, este instrumento que había sido informado correctamente en otros, estaba creando una división en la congregación. A uno, su conciencia le decía “participa”, y a otro, su misma conciencia le decía “abstente”.
Leo el primer versículo del capítulo 8. Dice el apóstol Pablo:
En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica.
Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo.
Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él.
— 1 Corintios 8:1-3
Hermanos queridos, el apóstol Pablo comienza no tratando el tema directamente, sino con una introducción necesaria. Y la introducción necesaria al tema de la conciencia es que, en determinados temas, el conocimiento solamente no es la mejor aproximación. Hay temas que tendremos que discutir con hermanos, hay temas que tendremos que hablar con hermanos, y en estos temas, si nos aproximamos sin amor, o solamente con que tú tienes un conocimiento y yo otro, nunca podremos ser edificados.
Temas de conciencia y amor como primera aproximación
Hermanos queridos, como el apóstol Pablo introduce el tema de la conciencia es diciéndote: lo importante no es qué tanto sabes tú o qué tanto sé yo. Hay asuntos que es necesario tratar, no solamente desde la perspectiva de quién tiene el conocimiento y quién no lo tiene, también es necesario incluir la perspectiva del amor. Comienza diciendo cuál es el tema: lo sacrificado a los ídolos. Y este tema, hermanos queridos, era un tema de índole privada, y con eso entonces comienzo a exponerlo.
Lo que aquí se está debatiendo no es si la iglesia debería o no participar en sus cultos públicos de determinada cosa, no es eso. Es si un creyente, en la esfera privada de su alimentación, podría obrar a la izquierda o podría obrar a la derecha. Lo que aquí estamos tratando no es materia del orden del culto público o una decisión general paralela, es: hermano, tu conciencia te permite comer, come, o si no te lo permite, no lo hagas. La decisión está en la esfera privada.
Tengo que decirlo de este modo porque la idolatría no solamente había llegado a la alimentación. Los hermanos también se abstenían de participar en fiestas, también se abstenían de participar en rituales, también rechazaban cualquier práctica que viniera a comprometer su testimonio cristiano. Pero ¿por qué el apóstol Pablo no trata los otros temas, pero sí el tema de la alimentación? Es que es un tema vital.
Ay, hermanos queridos, yo lo que he venido a decirles es que hay determinados temas que rápido podemos solucionarlos, porque eso no es necesario ni glorifica al Señor. Pero hay temas, hermanos, en los cuales vamos a tener que participar, y usted va a tener que tener una conciencia informada acerca de eso, y yo también voy a tener que tener la mía. Quiero mostrarles cómo en una iglesia pueden haber diferentes entendimientos sobre asuntos particulares o privados. Dice: “todos tenemos conocimiento”.
Nuestra aspiración en ninguna iglesia bíblica es tener un dominio completo sobre las conciencias de los hombres. Hermano, usted tiene una conciencia delante del Señor y esperamos que su conciencia sea informada por la Palabra y sea vivificada por el Espíritu Santo. Pero uno de los axiomas de la Reforma Protestante es la libertad de conciencia. Nosotros no podríamos obligar a un hombre a ir en contra de su conciencia; este instrumento que el Señor le ha dado debe ser utilizado.
Dice él: “todos tenemos conocimiento”. Todos tenemos algún entendimiento sobre este aspecto. Quizás tú has llegado a una conclusión y yo he llegado a otra. Hermano, la primera aproximación no es quién sabe más sobre la materia, la primera aproximación debe partir del amor. Las guerras de versículos que se producen en estos temas, y yo traigo un listado, hermano, de temas que históricamente han dividido la congregación. Si nos aproximamos a ellos solamente con cinco versículos cada uno, hermanos, no seremos edificados. Si nos aproximamos al tema acerca de cuál tiene un conocimiento más profundo, no seremos edificados.
La introducción a cualquier tema controversial de este tipo, como lo sacrificado a los ídolos y cualquier tema más, lo que primero debería ser buscado es la mutua edificación, es el amor cristiano. No tanto qué tanto tú conoces, sino qué tanto el Señor te conoce a ti. He traído un listado de temas controversiales. Cuando ponga “sacrificado a los ídolos”, aplique eso al tema que usted esté teniendo en dilema en este momento.
Ejemplos modernos de asuntos de conciencia
Muchas iglesias, hermanos, en la historia han sido divididas acerca de las fiestas y celebraciones que la iglesia debería tener o no tener. Hay iglesias radicales que han dicho que cualquier asunto que tenga que ver con el calendario litúrgico y esas cosas es asunto del catolicismo romano, y que la iglesia protestante reformada no debería participar en esas cosas. Y hay hermanos que, cuando se aproximan temporadas como la Pascua o la Navidad, aunque se queden en silencio, tienen mala conciencia.
La mayoría de los cristianos protestantes hemos llegado a crecer en el conocimiento y hemos entendido que la celebración de la Pascua, aunque sea un asunto ritualista dentro del catolicismo romano, puede tener propósito de edificación en el cuerpo de Cristo, y participamos en esto con conocimiento. Pero, como participamos, hermanos, con conocimiento de la Pascua, quizás no es como participa un hermano que es un nuevo creyente desde el catolicismo romano. Si usted viene del catolicismo romano y está nuevo en la fe cristiana, quizás usted entiende que celebrar la Pascua es no pisar duro en Viernes Santo, es no comer carne en determinados días, es no hacer ruido. Y tiene toda una serie de prejuicios acerca de estas cosas que no son asuntos bíblicos, pero que dañan su conciencia.
Aguántenmelo aquí: este otro tema. ¿Qué hacemos con ese hermano que tiene su conciencia maltratada porque ve a otros participar y él no? Y si la Pascua levanta controversia, ¿cuánta controversia no levantará la Navidad? Cada vez que viene octubre, hay hermanos que están esperando: “compadre, ya viene la Navidad”, y hay hermanos que se van entristeciendo. ¿Qué haremos con nuestra conciencia? Porque definitivamente que hay hermanos que, cuando participan en asuntos navideños por su trasfondo, sienten que están repitiendo las mismas cosas, y hay hermanos que cuando participan en la Pascua también sienten lo mismo.
Estaré dando cuál es la solución que ha presentado el apóstol Pablo en 1 Corintios 8. Pero quiero traer el tema a la actualidad. ¿Cuánta división han creado en la iglesia las normas de vestimenta, de maquillaje, de uso del pelo y cuántas cosas más? Hay lugares donde las personas no utilizan prendas ni ningún tipo de adorno, y hay lugares donde los hermanos participan de estas cosas libremente. Hay una hermana que su conciencia no le reprende si tiene sus orejas agujereadas, y hay hermanas que jamás pensarían ponerse un zarcillo en ninguna parte de su cuerpo. ¿Qué haremos en este tema?
Hay cosas que, en estos temas, yo quisiera tratarlas porque parecen cosas ridículas, estrafalarias. Por ahí hay congregaciones en donde los hombres pueden, o no pueden, usar bigote, la barba larga; qué implicación tiene. Todos los cortes de pelo… Caigo en otro número más, un número menor. ¿Qué haremos con él? Usted se ríe de eso porque ya usted lo resolvió quizás desde la Escritura, pero hay un hermano que todavía tiene el tema pendiente y dice: “¿qué hago con los cortes del pelo?”. ¿Si la mujer debería utilizar el cabello largo, debería poderlo utilizar más corto? ¿Podemos darle un colorcito, aunque sea unos rayitos? “Pastor, es solamente unos rayitos”. ¿A cuántos centímetros de la rodilla debe venir la falda? ¿Qué tan desahogado debería ser un pantalón? ¿Debería una hermana usar un pantalón?
Ritmos, estilo de culto y la prioridad del amor
Son temas, hermano, le digo, que parecen temas de risa, pero son temas controversiales, así como anteriormente se debatía si deberíamos participar de lo sacrificado a los ídolos o no participar, si deberíamos comer solamente vegetales o también podemos comer carne. En todos estos temas, que yo pudiera darle veinte temas más, como los ritmos que utilizamos en la adoración, hay iglesias que están habituadas a un tipo de adoración que es una música litúrgica muy alta y solamente incluye determinados instrumentos. Y hay otras donde quizás utilizar una pandereta traería mala conciencia sobre la congregación.
Que guarden la batería, que guarden los panderos, que guarden determinados instrumentos; que no haya una persona aquí, que no hayan cinco, sino que haya un solo; que no le llamemos “música”, le llamemos “alabanza”; que no le llamemos “banda”, le llamemos “coro”; y tampoco le llamen “cántico”, llámenle “himnos”. Y en la mesa del Señor, le llamaremos “la Santa Cena”, le llamaremos “la comunión”. Hay tantos asuntos que crean separación en la iglesia, y yo creo que todos podemos resolverlo desde este caso ejemplo que nos ha dado el apóstol Pablo en 1 Corintios capítulo 8.
La primera solución para el tema, hermano, es que la aproximación que debemos tener no debe comenzar con el conocimiento, sino que tenemos que comenzar con el amor. Lo que debe primar no es si un hermano tiene diez versículos y otro tiene quince, o un hermano tiene cinco versículos más que otro. Esa no es la aproximación. La aproximación es que el conocimiento envanece, pero el amor edifica. Y tenemos que tener la apertura, hermanos, en que quizás alguien participe o no participe; de todos modos, es tu hermano.
En estos temas, que son temas particulares, que son temas de conciencia, hay asuntos en la Escritura que el Señor los rigió y dijo: “no participes, no debes participar”, y ya. Pero hay asuntos que el Señor no ha regido y te ha dejado tu conciencia, y tu conciencia te condena. ¿Qué hacemos en asuntos de conciencia? Dice la Escritura que todos tenemos conocimiento, que el conocimiento envanece, pero que el amor edifica. La primera aproximación es el amor.
Tenemos que tener un corazón grande, hermano, para entender que alguien va a comer y comerá mucha carne, y es tu hermano, y que alguien solamente comerá vegetales, y también lo es. Me interesa el hecho de que el apóstol Pablo no tratara a los fuertes como inconversos o a los débiles como sus únicos hermanos, sino que él dice: “hay débiles y hay fuertes”, y el hermano fuerte es hermano, el hermano débil también lo es. El inconverso puede entender diferentes sensibilidades a su conciencia, pero son hermanos.
Humildad, trasfondo y graduación de la conciencia
El hecho de que todos tengamos diferentes conocimientos significa que hemos encontrado, en el mejor de los casos, diferentes maneras de glorificar al Señor. Y a ti esto te parecerá una locura, pero hay hermanos que han encontrado que con diferentes ritmos musicales pueden glorificar al Señor y tener limpia conciencia al hacerlo. Y hay hermanos que se han reservado de participar en determinados ritmos musicales.
Como les he dicho que este es un tema que se trató también en Romanos, dice Romanos 14:6:
El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios.
— Romanos 14:6
Hermano, la aproximación al tema es primero un asunto de amor y después un asunto de respeto mutuo, de que si el hermano lo que está buscando es glorificar a su Señor, no interrumpa usted ese asunto. Mire, yo vengo de una iglesia donde esto se vio, hubo controversia durante años. Hay hermanos míos muy queridos, hermanas mías muy queridas, que jamás han perforado sus orejas. Eso hay que dejarlo así. Y usted me dice: “No, ella debería manifestar su libertad en Cristo perforando sus orejas”. Yo pregunto: ¿con cuántos orificios, con uno, con dos? “Con dos, pastor”.
Hermanos queridos, lo que les estoy transmitiendo con esto es que hay temas que no son temas centrales en el Evangelio, ni son temas normados de la Escritura; que el Señor nos ha dado la conciencia, y hay hermanos que con su conciencia entendieron que era mejor no ponerse una prenda que ponerse otra. Conozco yo hermanas mías que jamás han vestido un pantalón. “Ay no, esa hermana debería manifestar su libertad en Cristo útil”, y perdóneme, nada más se han puesto una falda. “Debería manifestar su libertad en Cristo poniéndose de vez en cuando un pantalón”. Deje a la hermana, porque quizás ella tiene razones prudenciales para vestir de esa manera, y el hecho de que lo haga o no lo haga, si lo ha hecho para el Señor, gloria al Señor por eso.
Esto tiene que ver también con diferentes entendimientos y momentos en el Señor que tienen diferentes creyentes. Pero a un hermano que no ha tenido un entendimiento profundo hacia eso, la primera aproximación no debería ser traerle eso. He hablado yo, por ejemplo, con personas que han venido a Cristo desde el adventismo, y todavía al día de hoy estas personas tienen problemas los viernes al final de la tarde, cuando van a recibir el sábado. Ellos rechazaron, hermanos, el legalismo del adventismo, ya se han identificado solamente con Cristo, pero todavía en ellos está este asunto que se llama conciencia, que fue moldeada de un modo que les afecta.
Por favor, hermanos queridos, la primera aproximación para esto no debe ser el conocimiento, sino que debe ser el amor. No les trates mal porque lo hagan. Conozco gente también, por ejemplo, que todavía el día de hoy les da demasiada dificultad consumir el cerdo. Desde chiquitos, su conciencia, cuando eran niños en colegios adventistas, les fue machacando eso: que el cerdo, que el cerdo, que el cerdo. Yo les digo: “Pero dice el Señor en el libro de los Hechos a Pedro: ‘Pedro, mata y come’, que lo que el Señor ha purificado…” Y ellos pueden entenderlo, hermano, pero todavía la conciencia sigue ahí.
Con esto, lo que quiero mostrarles es que en una iglesia no necesariamente estaremos a la par en todas estas áreas. Un hermano puede ser de Cristo, aunque todavía su conciencia no le permita comer una cosa o la otra, o vestir una cosa o la otra. Todos tenemos conocimiento. Dice el apóstol que el dilema está no entre participar o no participar, sino entre envanecerse o edificar. Y el término que utiliza, hermanos, es un término fuerte; él dice: ellos están hinchados. Ese tipo de conocimiento lo que hace es que hincha. ¿Sabe lo que hace? Hincha. Es un crecimiento por enfermedad. Un hinchazón.
El peligro de hincharse con conocimiento
Te has dado un golpe y la muñeca se le puso grande; te dice: “Ah, está fuerte”. No, está hinchado. Dice el apóstol Pablo que el conocimiento manejado de esa manera, expresado de esa manera, lo que hace es que hincha, inflama sin aprovechamiento, pero que el amor lo que hace es que edifica. Quisiera mostrarle, hermano, alguna manera de envanecernos al respecto de estas cosas. Quizás tú ya tienes el entendimiento de que cualquier ritmo musical puede ser redimido y dedicado al Señor, o que un ritmo musical no te afecta.
Hay un hermano tuyo al que sí lo afecta, y cuando insistes vehementemente en ese asunto como si fuera tema central, lo que estás haciendo es que te estás hinchando. Y tú dices: “Yo estoy edificando a mi hermano porque estoy haciendo que él crezca”. No, te estás hinchando, lo estás hinchando a él. Hermanos, en estos temas la primera aproximación no es conocimiento, es amor. Ceder, ceder es lo que edifica. Tú entender: “Mira, ya mi conciencia no me reprende por eso, entiendo yo que con eso no deshonro a mi Señor, pero si tú sigues absteniéndote, hermano, abstente”.
La realidad en esto, hermano, es que la evidencia de que hemos sido conocidos por el Señor es la humildad en estos asuntos. Mientras más conocemos, hermano, mientras más crezcamos, le dice: “Si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo”. Hermano, mientras más usted crezca en los caminos del Señor, usted debería ser un hermano más humilde. Mientras más usted conozca del Señor, más usted debe reconocer que todavía desconoce a su Señor. Mientras más usted crezca en el conocimiento de Él, más debería crecer su corazón para sentar al hermano que todavía no ha llegado al nivel de conocimiento que tiene usted.
Uno expresa que ha crecido manifestando su humildad y no aferrándose a sus conocimientos. Mientras más crecemos, más entendemos nuestra propia insuficiencia; mientras más avanzamos, más entendemos lo lejos que estábamos antes y seguimos estando del Señor. Algo que he encontrado es que hay hermanos que encuentran un bajadero a su conciencia, e inmediatamente quieren que todo el mundo llegue a esa conclusión al mismo tiempo. Si el Señor a ti te dio tranquilidad de conciencia en un área y ya tú participas en eso, deja tu hermano tranquilo, porque quizás el Señor está tratando a tu hermano a otro momento, a otro ritmo o de otra manera.
¿O qué sabes tú si ese hermano se abstiene de eso porque, para él, ese asunto podía comunicarle de nuevo y llevarlo a ir a la idolatría? Estoy seguro que en el siglo primero hubo cristianos que jamás probaron la carne. Y usted me dice: “A tus hermanos, ¿por qué jamás probaron la carne?”. No era porque entendieran que la carne era pecaminosa, sino porque tenían una conciencia débil y probablemente terminarían nuevamente practicando la idolatría. Ilustro esto de la manera siguiente: muchos de ustedes no saben que la mayoría de las iglesias que tienen una población con ascendencia africana cantan melodías anglosajonas. Y la gente nos explica ese asunto: ¿cómo es que una iglesia de africanos, donde lo que prima es el tambor, traen un piano de cola?
Cultura, ritmos y asociaciones en la conciencia
Si usted es superficial en el conocimiento de la Escritura, usted va a decir: “Ellos adoran al Señor con un órgano porque eso fue lo que los misioneros les enseñaron”. Yo le diré, hermano, que desde mi entendimiento, muy probablemente esos hermanos ni siquiera estaban listos todavía para adorar al Señor con el tambor. El tambor quizás significaba fiesta de promiscuidad, el tambor quizás les significaba orgías, el tambor quizás les significaba un movimiento del cuerpo provocativo. Y estos hermanos, cuando escuchaban tocar el tambor, el tambor les recordaba la vergüenza de su anterior condición.
“Ah, hermano, tú eres libre en Cristo; tienes que tocar el tambor”. “Permíteme el órgano, porque a ti quizá el tambor no te hace nada, pero a mí me afecta”. Este es el asunto de la libertad cristiana. Hermano, hay asuntos que a ti no te hacen nada, pero hay cosas que al hermano lo destruyen. Compartía en Cuba: hay ritmos musicales en Cuba que ellos no los prefieren en el culto. Me enseñan el ritmo. A mí ese ritmo me da una combinación de los sonidos en el tiempo. Para ellos esto tiene una connotación negativa, como la tiene la bachata entre los dominicanos.
“Ah, no, yo soy culto: mire el tu-pin-tun-kin de la bachata”. Ese “tun-kin, tun-kin, tun-kin”, hay hermanos míos que cuando escuchan la bachata eso les recuerda borracheras, promiscuidad, adulterio. Y tú dices: “No, eso no significa nada”. Hermano, no es lo que significa, sino lo que la conciencia le transmite a ese hermano en su caso particular. En este sentido, uno tiene que tener una aproximación de gracia cuando uno cambia de un pueblo al otro, de una cultura a otra, de un país al otro, porque lo que a mí no me daña el alma, a otro lo destruye.
Lo que se estaba debatiendo era si iban o no iban a comer de lo sacrificado a los ídolos. Había hermanos cuya conciencia les reprendía, y hermanos que no. Primero, una aproximación de amor. En primer lugar les estamos mostrando esto; quiero mostrarles en segundo lugar que la solución al problema, aunque no es la primera aproximación, sí es un asunto de conocimiento. No queremos dejar a los hermanos con su conciencia como está. Tendremos que respetar la conciencia, pero no la dejemos donde está. No debe ser el conocimiento la primera aproximación, sino el amor, pero tarde o temprano tenemos que preguntarnos si eso es un asunto de vanidad o si eso glorifica al Señor.
Dice el apóstol Pablo: “Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo”. Y aquí yo me imagino que los hermanos que habían estado participando en la idolatría están comenzando a sentirse tristes. Y dicen: “Ay, Pablo está diciendo entonces que eso no es nada. ¿Posición de nada? ¿Podemos participar? Es que no es nada, aunque para ti lo sea, pero no es nada”.
Conocimiento correcto: los ídolos nada son
Escucha la aproximación de Pablo. Él no comienza por conocimiento, pero va al conocimiento. Les dice: ustedes tienen que entender que los ídolos nada son y que, cuando estaban sacrificando animales a los ídolos, eso no tenía ningún valor. Pero primero comenzó con el amor. Aquí está la gracia, hermano, de la iglesia cristiana: usted tiene un hermano que tiene mala conciencia en un tema; no arranque diciendo: “Dice Romanos 3:23, dice Gálatas 4:5”. Primero entienda al hermano: “Eso que tú tienes es muy bueno, es el Señor que te lo ha puesto, es tu conciencia que te está hablando. Pero quizás puedes tener un conocimiento aún más perfecto de cuál es la voluntad del Señor para tu vida en ese caso particular”. Aunque el conocimiento no es el punto de entrada, sí es la solución al problema. La solución al problema es un conocimiento aún más perfecto.
Lo que entendían estos hermanos tuyos del siglo I es que las deidades poseían los animales. Había dioses rudos. Ellos decían que, cuando poseían un cerdo y entonces comían el cerdo, se les transmitía su carácter. “Y yo que estoy luchando, hermano, para cultivar la paciencia, me han dado un trozo de cerdo rudo”. Ellos entendían que las deidades promiscuas, lujuriosas, podían poseer una vaca, y que cuando usted comía carne de res, esa característica de la deidad se le iba a transmitir a usted. Lo que Pablo está diciendo es: esos dioses no son nada, no existen, son vanidades.
“Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo”. Hermanos queridos, tenemos nosotros que entender que, aunque sea un tema sensible, nosotros tenemos que seguir predicando la verdad de que los ídolos nada son. Hay gente que viene de cultos, hay gente que viene de prácticas, hay gente que viene de determinadas cosas, y ellos entienden que eso es verdad. Eso no es verdad, son vanidades, eso no existe en el mundo concreto.
Lo que hizo el apóstol Pablo fue que presentó a Cristo en su suficiencia y en su señorío, enseñando que eso no es nada delante de Cristo. Dice él:
Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores),
para nosotros, sin embargo, solo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.
— 1 Corintios 8:5-6
Pero reconoce: “Pero no en todos hay este conocimiento”. Hermano, la solución para los asuntos de conciencia es tener un entendimiento más perfecto de cuál es la voluntad del Señor para los hombres. Usted va a resolver eso de no sentirse mal cuando hace determinadas cosas que, de hecho, no deshonran al Señor, cuando entienda cuál es la voluntad del Señor, agradable y perfecta.
Aquí entonces paso a otra página. Hay hermanas mías que pudieron haber entendido que el problema no está en qué tan lacio está su cabello, sino en la actitud con la cual ellas lo lucen. Se analizaron el cabello. Primero resolvieron el problema de la conciencia; su conciencia fue instruida por la Escritura de que el problema es la vanidad, la ostentación. Hay hermanas que, después de haber entendido que no es que si los pantalones son ropa de hombre o la falda ropa de mujer, decidieron que un pantalón que glorifique al Señor puede ser tan útil como una falda que también lo haga, y que puedes honrar al Señor con falda o con pantalón.
Trasfondo, conocimiento y calibración de la conciencia
Después de haber resuelto el problema de conciencia a la luz de la Escritura… Aguánteme aquí: la conciencia, hermano, usted no la resuelve con razonamiento de hombre. Usted demanda la Palabra del Señor. Le dice: lo que el Señor espera de mí es tener un porte digno como representante del reino de los cielos; lo que el Señor espera de mí no es que me mantenga sin comer una cosa o sin comer la otra; lo que el Señor espera de mí es esto, esto y aquello. Así se va cambiando la conciencia.
“Pero no en todos hay este conocimiento, porque algunos, habituados hasta aquí a los ídolos…” Aquí tanto es el asunto, hermano. La conciencia y la manera en que opera en cada uno está graduada de manera particular, y cosas que a ti te afectan de manera desmedida, a mí me tienen sin cuidado. Estos hermanos que estaban siendo más afectados eran los hermanos que venían de la idolatría. Pero los hermanos que venían quizás del judaísmo, esta cosa para ellos no les afectaba tanto.
¿En qué nos afecta en las cosas? Especialmente a aquel que ha sido especialmente expuesto a esas mismas cosas. He visto, por ejemplo… Creo que les compartí a la iglesia la experiencia: era una joven creyente que tenía determinados temas por la música electrónica. Me decía ella que el techno, el metal, determinados ritmos estridentes, cuando ella los escuchaba, le hacían sentir culpable, le hacían sentir triste, menguaba su espíritu. Yo le dije: “Yo escucho esa música. A veces, cuando trabajaba programando computadoras, yo pongo una música instrumental, y a mí eso no me hace nada”. Ella me dice: “Yo ni siquiera la instrumental la puedo escuchar, yo me pongo un trasfondo relativamente cristiano”.
Yo no he sido expuesto a ese ritmo. El contexto que tienen en Alemania acerca del techno, esa música, no es lo que tenemos en el Caribe insular. Después ella me compartió su testimonio; me dijo: “Yo vengo de abuso de drogas, vengo de una vida licenciosa, y cuando escucho esos ritmos musicales, esos ritmos me recuerdan mi anterior condición”. Yo entendí, hermano, que en mi conciencia, por mi trasfondo, esas cosas me tenían sin cuidado, pero que a mi querida hermana, por su trasfondo, esas cosas le estaban afectando especialmente.
Hay hermanas suyas que tienen una manera de vestir que usted dirá: “Esa hermana es extrema en el uso de su ropa”. Quizás es una hermana que tiene un pasado de promiscuidad. Hay un hermano suyo que quizás usted ve que jamás utiliza prendas de adornos ni en las manos ni en el cuello. Quizás antes de venir a Cristo tenía cinco kilos de cadena adornando su cuello. Y usted le dice: “Hermano, pero ponte aunque sea una cadenita, aunque sea algo finito”. Deje al hermano con su cuello libre, porque eso para él significa liberación. Lo que para ti no significa nada, para tu hermano tiene enorme valor delante del Señor.
Diferentes impactos según nuestro pasado
Hay hermanas tuyas que quizás su arreglo, hermano, es tan discreto que quizás es solamente ponerse un poquito de lápiz labial. Entonces tú, hermana, le dices: “Ponte colorete, una sombra, una mascarilla”. Quizás esa hermana, antes de salir de su casa, dedicaba cinco horas a la vanidad. Con esto, lo que estoy diciendo es que cada uno de nosotros será afectado por temas de conciencia en asuntos distintos, y tu trasfondo determinará tus inclinaciones. Dice él: “Porque algunos, habituados hasta aquí a los ídolos…”. El problema es que, como yo venía de la idolatría, me era demasiado gravoso volver a participar en estas cosas.
¿Cuáles son los elementos que componen la graduación de nuestra conciencia? Tu trasfondo y tu conocimiento del Señor. ¿De qué depende que tú tengas una conciencia informada? Es una cosa y la otra: tu trasfondo y tu conocimiento del Señor. Dice él: “habituados hasta aquí a los ídolos…”. Me permite entonces ahora entristecer un poquito a los hermanos sensibles. Hermano, usted que tiene su sensibilidad especial al respecto de esto, queremos respetar, como deben respetar la mía. Hay cosas a las cuales yo no me voy a exponer en mi conciencia, y mi conciencia es útil hasta ese nivel.
Hay hermanos suyos que, por su trasfondo, ellos no juegan baraja. ¿Baraja entienden? Juegos de baraja, traidor, casinito, paquete robado. Hay hermanos suyos que no juegan esos juegos. Dice: “Hermano, ¿y qué tiene? Esos son números en una baraja, en una carta. ¿Y qué?”. Ese fue el mismo hermano que disipó su vida en los casinos, que viene desde un trasfondo de eso, y que eso le está recordando su condición.
Estos hermanos que venían de la idolatría, había que ser paciente hacia ellos. “Oh, pero tú sabes lo que es 30 años comiendo esto como si fuera comida de idolatría. ¿Ahora, con tanta facilidad, el Señor puede transformar su conciencia, puede vivificarla?” Puede, pero esas cosas, hermano, hay que respetarlas. “Habituados hasta aquí…” Me llama la atención, hermanos. Ese es el caso suyo: si usted tiene cierta debilidad hacia la vestimenta, hacia determinadas cosas que para mí no lo son, entienda, hermano, que estas cosas usted participó en ellas hasta el momento, pero a partir de ese momento tiene dos caminos: uno, informar su conciencia de la Palabra del Señor y permitir que el Espíritu Santo vivifique a su hombre interior.
¿Qué es lo que hacemos con esto, hermano? Volvemos a calibrar nuestra conciencia a la luz del nuevo conocimiento que tenemos en nuestro Señor Jesucristo. Sin embargo, hay algo más que tengo que mostrarle aquí mismo. Dice él: “Y su conciencia, siendo débil, se contamina. Si bien la vianda no nos hace más aceptos ante Dios; pues ni porque comamos seremos más, ni porque no comamos seremos menos”.
Riesgo de legalismo en normas prudenciales
Hermano, el que se está absteniendo de participar en algo, por favor, no haga de su abstención un asunto de llamar la atención. Está esa hermana que dice: “Jamás por mi cabello ha pasado tal número. Yo jamás me he dado una ‘permanente’, hermano, que sea usted”. ¿Me entiende lo que le digo? “No, aquí nadie puede darse ‘permanente’”. Hermano, entienda que esto, si usted lo hace, no será más; y si deja de hacerlo, tampoco lo será.
Hay un hermano que se sentirá que es más santo porque él jamás ha comido otra carne que no sea carne de pollo: “Hermano, eso me afecta a mí”. Pero no te hace más acepto delante del Señor. Aquí está el riesgo, hermano, de que cuando uno, por asuntos de conciencia, se traza normas prudenciales, tiene riesgo de terminar en el legalismo. Y hay cantidad de gente que quiere ponerle a la iglesia normas de hombres porque su conciencia les está reprendiendo, a veces con utilidad.
No en esta casa. En mi casa, hermano, tenemos una baraja; para nosotros no es nada, un mazo de cartas. Eso no es un problema para nosotros. Y a veces con Carol yo juego al traidor. Si usted va a mi casa, no será el primer juego que yo le voy a ofrecer. ¿Pueden seguirme con esto? Porque yo sé que el hermano mío, cuando ve estos juegos: “Ay, pero vamos a apostar a cinco pesos”.
En casa de mi madre, el deleite para nosotros era jugar bingo. Yo no invitaré a mis hermanos de la iglesia: “Hermano, vamos a un bingo recreativo”. No lo haría. “¿Y el pastor juega bingo?”. Y a mí me encantaba cantar el bingo, hermano. Sin embargo, yo puedo jugar bingo en el ambiente familiar. Ahora, usted se encuentra al pastor de la iglesia en el bingo de la 27, cantando el bingo, hermano…
Quiero destacar: hay asuntos que no son pecaminosos, pero por el contexto en que se practican lo son. “Pero mirad que esta libertad vuestra…”. Tengo la libertad para jugar determinadas cosas, para comer determinadas cosas, “…no venga a ser tropezadero para los débiles”. Hay hermanos que tienen cierto deleite por determinadas prendas, y hasta el Señor les ha dado los medios para comprarlas, porque el Señor es así. Por ejemplo, alguien que conoce y tiene cultura del valor de un reloj; él sabe qué reloj, sabe de ese fabricante en Suiza y demás. Y está el hermano débil que solamente tiene un Casio y no conoce si parecería “cutre” o tentado en su cultura relojera, hermano.
Use su reloj y vístalo si usted quiere vestirlo, pero no tiene que hacerlo de forma que sea tropezadero para el hermano. He escrito en otros temas respecto de esto, hermano, las bebidas. Yo, en lo particular, hermano, yo no consumo bebidas alcohólicas, especialmente fuera de mi casa. Y usted me dirá: “¿Y en tu casa?”. Quizás, hermano, puedo tomar una copa de vino, pero no es que yo tengo la cultura del vino, tampoco. Usted puede entenderme que yo no puedo decir que a mí me da olor el corcho.
Libertad, alcohol y contexto dominicano
Sin embargo, me gusta mucho el pollo a la cerveza. Y quizá, hermano, usted también va saliendo del súper con una Presidente. “¿Pastor?” Yo no la compraría en el súper, entonces puede entenderme el asunto. Son asuntos que, por amor a mis hermanos… Ahora, otra cosa es que usted vea a un hermano suyo con una Presidente en un colmado. “¿Esa no es para el pollo, verdad?” No. Además, aguánteme aquí, hermano. Miren el contexto en el cual nosotros somos iglesia: los problemas de alcoholismo que hay son tan graves que históricamente los evangélicos hemos elegido, en nuestra libertad, abstenernos, en nuestra libertad, sobre todo de las bebidas que tienen la propensión directa al alcoholismo.
De hecho, conozco yo hermanos evangélicos que podrían tomarse una copa de vino, pero no comprarían una botella de vodka. Y tú me dices: “¿Qué tiene que ver?”. Es el contexto. Hay determinadas bebidas que son consumidas no por un asunto recreativo, sino para darle duro a la conciencia, para darle duro al cerebro. El whisky, el coñac, ese tipo de bebidas que tienen una graduación alcohólica tan fuerte, hay personas que no las beben solamente por un asunto del vino como “rojea”, sino que tienen ya determinada predisposición.
Además, en nuestro contexto es tanto el abuso del alcohol y de determinadas sustancias, hermano, que uno prefiere ni siquiera participar para no ser piedra de tropiezo. Dice el apóstol Pablo al final: “Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano”. ¿Qué es lo que le quiero decir con esto? Y, sobre todo, un llamado al liderazgo de una iglesia y a los cristianos.
Mire, los cristianos son referentes de la sociedad. Y cuando un creyente participa en determinadas cosas, está mandando un mensaje a la sociedad. Y cuando un líder cristiano participa en determinadas cosas, está mandando un mensaje a la sociedad. Y hay cosas en que la sociedad participa, y de eso nosotros nos abstenemos.
Doy un tema controversial más, hermano, y tengo que progresar, porque me quedan versículos por exponer: ¿qué hacemos con el tema del baile? Primero, es un tema amplio. Lo que es el baile hoy quizá no es lo mismo que era el baile en otros tiempos. Puedo decir, hermano, con relación al baile, que hay baile y hay baile. Y si usted estuviera en Alemania, o estuviera en los países nórdicos, quizás usted bailaría la polca. Quizás, si usted estuviera en Israel, en Israel bailan; lo sorprendente es que bailan los hombres con los hombres, y hacen una fiesta donde tú estás allá y yo estoy aquí, y yo hago así y tú haces asá, y tú desde allá y yo desde aquí.
Baile, billar y contextos escandalosos
En el Caribe, el baile por lo general es un asunto extremadamente sensual. Y creo que cualquier persona tendría mala conciencia si viera a un creyente participar con alguien que no sea su esposo, su esposa, en determinadas cosas. Yo le animo, mi hermano: si usted quiere bailar, baile con su cónyuge, baile en su casa. “Ay, pastor, ¿y podemos ir al ‘diesel’, a la fiesta que tienen el lunes?” Es intencional que le he puesto el asunto, porque dice el versículo 10:
Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un lugar de ídolos, ¿la conciencia de aquel que es débil no será estimulada a comer de lo sacrificado a los ídolos?
— 1 Corintios 8:10
Lo que Pablo está diciendo es: no vayan y siéntense. Lo que le está diciendo es: es verdad que la carne que sirve la carnicería se la dedicaron a los ídolos, pero no solamente tenían carnicería; también tenían mesas donde servían la comida ya hecha. No se la coma ahí; cómasela en su casa. Cómprela y cómasela en su casa. Lo que le está diciendo es: no hay que sentarse necesariamente, porque va a dañar la conciencia de tus hermanos.
“Ay, pastor, pero si alguien yo lo sorprendo, yo lo veo así, que llega a su casa y le dio dos vueltas a la esposa”. Esa es su esposa, y el baile no es algo vergonzoso. Ese es el criterio que tenemos que tener para determinadas prácticas recreativas. ¿Qué hacemos con el billar? Hay un hermano suyo que lo encuentra; hay campamentos cristianos donde hay billar. Sin embargo, el billar, el dominó, en Latinoamérica tiene una connotación. Esos dos deportes, hermano, son dos deportes que se lubrican con alcohol. Vaya a un billar y se encontrará que en un billar hay venta de bebidas fuertes, y hay mujeres que están dando vueltas, hay apuestas y muchas cosas más. ¿Pasa lo mismo en el golf?
Sin embargo, usted ve a un hermano saliendo de un campo de golf, y no es lo mismo que verlo saliendo de un club de billar. Con esto quiero traer, hermano, que hay asuntos que son escandalosos por nuestra situación particular y por el lugar donde el Señor nos ha puesto, y por ser asuntos escandalosos deberíamos limitarnos, por asuntos de conciencia. Dice él ahí: “No será estimulada su conciencia a comer de lo sacrificado a los ídolos”.
Hermanos, ese “comer”, en el contexto, está significando: tú no lo estás haciendo, pero estás haciendo que vuelva a participar en su anterior condición, porque cuando ese hermano ingenuo participe, él no solamente va a participar como participas tú, con conocimiento, sino que él va a participar con ignorancia. Y él se va a comer los alimentos y también va a participar de la idolatría.
Termino hablándoles acerca de la libertad cristiana. Les he dicho, hermano, que determinadas personas tienen determinados entendimientos. Les he mostrado que hay asuntos que a ti te reprenden y a mí no. Les he mostrado que en estos asuntos particulares, que no son asuntos de normas generales para la iglesia, tenemos relativa libertad. Les he mostrado que hay límites prudenciales que cada quien en su conciencia debería dejar establecidos, y que por tu trasfondo particular deberías limitarte en algunas cosas, aunque participes en otras.
Verdadera libertad: renunciar por amor
Déjeme mostrarle ahora lo que dice el apóstol Pablo, y es que nuestra libertad, como mejor es expresada, es cuando por amor a nuestros hermanos, aun siendo libres, nos abstenemos. Y que si un hermano es verdaderamente libre, manifiesta su libertad teniendo el derecho y renunciando. “¿Hasta qué nivel, pastor, yo debería renunciar?”. Aquí está el detalle: si acaso hacemos una norma muy general, el hermano débil y prejuicioso va a terminar dominando la iglesia.
Si acaso entregamos esto a que: “Mira, por amor a ese hermano que tiene ese asunto particular que tú estás haciendo, él está teniendo un daño tan grande; vamos a abstenernos todos”, vamos a terminar, hermano, siendo siempre una iglesia inmadura y siendo una iglesia que está ataviada por los hermanos más débiles. Dice Pablo: “Pero mirad que esta libertad vuestra… tenemos libertad, tenemos libertad en Cristo… no venga a ser tropezadero para los débiles. Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un lugar de ídolos, ¿la conciencia de aquel que es débil no será estimulada a comer de lo sacrificado a los ídolos?”.
“Y si por el conocimiento tuyo se perderá el hermano débil, por quien Cristo murió…” Y así:
Y por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió.
De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis.
— 1 Corintios 8:11-12
Ay, hermano, en tu libertad tú puedes estar siendo escandaloso. En tu libertad tú puedes estar siendo imprudente. En tu libertad tú puedes estar haciendo que los hermanos vuelvan a su anterior condición. Por tu conocimiento, en vez de edificar, lo que estás haciendo es destruir. “De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis”.
Ay, hermano, esto es todo en el Evangelio, en un fondo trascendental. Lo que a ti no te condena en tu conciencia, y tú con libertad participas delante del Señor, si te expones a dañar a tu hermano, el Señor te lo considera pecado. Y tú vas a ir al Señor: “Ay, Señor, pero tú sabes que mi conciencia a mí no me reprendía cuando yo me ponía un pantalón”. A tu hermano sí. “Ay, Señor, es que tú sabes que mi conciencia no me reprendía cuando yo jugaba la baraja”. A tu hermano sí. “Ay, Señor, es que tú sabes que yo solamente le ponía la cerveza al pollo”. Pero tu hermano te vio con la botella en la mano y le dañaste.
Hermano querido, lo que te estoy invitando es que cuando tú entiendas que tu libertad puede ser tropezadero para los hermanos, en amor a tu hermano, tú te abstengas. ¿Cuál ha sido mi recomendación histórica en esta iglesia, hermano querido? Si usted va por una congregación donde las hermanas no adornan sus orejas, le va a quitar un pedazo a tu cuerpo que tú no te pongas unos aretes. Hermano querido, si te invitan a una congregación donde la mayoría de los hombres usa corbata, ¿te hará gran daño ponerte una corbata?
Conclusión: crecer en conciencia y amor
Hermana querida, si vas para un lugar donde tú sabes que en ese lugar, a las hermanas les sería escandaloso verte usando un pantalón, aunque sea un pantalón holgado, usa una falda. Y cuando lo haces, ¿sabes lo que tú estás manifestando? Que no eres esclavo, sino libre. La verdadera libertad cristiana se manifiesta cuando tú, por el conocimiento del Señor y por una conciencia vivificada por el Espíritu Santo, tales cosas ya no te reprenden, y de todos modos, por amor a tus hermanos, tú te abstienes. Te demuestras verdaderamente grande, verdaderamente sabio, verdaderamente maduro cuando podrías participar y dices: “En el Señor está mi deleite. Si tengo que comer vegetales por amor a mis hermanos, comeré vegetales”.
Termina el apóstol Pablo diciendo:
Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano.
— 1 Corintios 8:13
¿Cuál es la lección espiritual que hay en esto, hermano? Hay asuntos en los cuales diferentes hermanos de nuestra iglesia tendrán diferentes entendimientos. Hay asuntos donde habrá hermanos que serán más fuertes que tú. La conciencia de cada uno es despertada progresivamente por el Señor. Y cada uno debe ponerle a su conciencia los límites que, a la luz de la Escritura, encuentre que sean límites prudenciales.
En todas estas cosas, hermano, manifestemos libertad, y en aquellas cosas que podrían traer controversia, manifestemos aún más que en Cristo somos verdaderamente libres: “A quien el Hijo os libertare, será verdaderamente libre”. Oro por la iglesia para que el Señor instruya su conciencia, para que el Señor despierte su conciencia, para que no ignoren este instrumento que el Señor les ha dado, y al mismo tiempo para que crezcamos en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.
Después de orar, nuestros diáconos nos ayudan con pan y vino, y vamos a permitirle… ¿Dónde está mi hermano Raúl? Ven por aquí, hermano querido, para que Raúl nos acompañe con una canción mientras todos nosotros participamos de la mesa del Señor. Oraré por los hermanos, oraré por la iglesia.
Oración final y transición a la comunión
Luego nuestros diáconos nos acercan pan y vino para participar de la comunión. Extiende tu manito sobre alguna persona que tengas cerca y sientes que tienes ahí a alguien ante el cual tú debes ejercer libertad.
Ay, Señor, mira cómo he estado diciéndole a mis hermanos que ellos son verdaderamente libres. Que nuestra conciencia, Señor, ha sido regenerada, informada por ti. Cosas que atormentaban, que nos condenaban… Condenan. Permite que esta iglesia manifieste que es verdaderamente libre, teniendo una alta, Señor, sensibilidad, teniendo una alta sensibilidad hacia el entendimiento de sus hermanos.