Y vayamos nuevamente a la primera carta de Pablo a los corintios. El domingo pasado estuvimos en el capítulo 8 y hoy, con la ayuda del Señor, avanzamos hasta el capítulo 9. Es la primera carta del apóstol Pablo a los corintios, en el capítulo 9. Estaré continuando la exposición que comencé el domingo pasado. Son estos tres capítulos de la primera carta de Pablo a los corintios que he resuelto exponer: primero el capítulo 8, el domingo pasado; ahora, con la ayuda del Señor, el capítulo 9; y, con la ayuda del Señor, estaré concluyendo el próximo domingo en el capítulo 10. Estos tres capítulos son una misma unidad temática en la Escritura, tres capítulos con un mismo tema y diferentes aproximaciones al tema mismo. Es el mismo tema sobre la idolatría, un problema en la iglesia primitiva, y la carne sacrificada a los ídolos. El apóstol Pablo comienza en el capítulo 8 hablando acerca del problema de conciencia.
Ahora, en el capítulo 9, desde su testimonio y ejemplo personal, él invita a la iglesia a seguir su ejemplo, sacrificándolo todo por el evangelio, y en el próximo capítulo, que es el capítulo 10, entonces cierra la unidad hablando nuevamente acerca de qué son los ídolos. Póngase un momento sobre sus pies para que leamos la Escritura. Primera carta de Pablo a los corintios, en el capítulo 9. Hoy tengo un gran reto por delante porque hay mucho texto aquí para exponer. Hacía mucho que no me encontraba con un capítulo tan extenso y que me viera en la obligación de cubrirlo al mismo tiempo. De hecho, quizás en otra ocasión hubiese elegido exponer el capítulo 9 en tres sermones distintos.
Viendo la cantidad de versículos, hermanos, tenemos por delante 27 versículos de la Escritura para exponer en un solo día. Parece un proyecto titánico, pero encuentro, hermanos, que esto es absolutamente necesario. Es un capítulo amplio, pero mantiene la misma unidad temática, y tengo el temor de que si lo fraccionamos perdamos el sentido. De hecho, muchas veces se ha expuesto parte del capítulo 9 de primera de Corintios con intereses enfocados a asuntos particulares y, siento yo, que se ha perdido el foco. Por eso prefiero, aunque sea muy rápido y muy amplio, exponer los 27 versículos del capítulo 9 hoy mismo.
Leamos primero todo el texto, hermanos, y después pasemos a exponerlo. Voy a leer el versículo 13 del capítulo 8 para unir el tema con el capítulo 9, y luego todos los versículos del capítulo 9, desde el 1 y hasta el 27. Dice así la palabra del Señor:
Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano.
— 1 Corintios 8:13
Ahora vayamos al capítulo 9, del 1 y hasta el 27, dice la Sagrada Escritura:
¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor? Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy; porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor. Contra los que me acusan, esta es mi defensa: ¿Acaso no tenemos derecho de comer y beber? ¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer, como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas? ¿O sólo yo y Bernabé no tenemos derecho a no trabajar? ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño? ¿Digo esto sólo como hombre? ¿No dice esto también la ley? Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla con esperanza de recibir el fruto. Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáramos de vosotros lo material? Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo. ¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio. Pero yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo; porque prefiero morir antes que nadie desvanezca esta mi gloria. Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme, porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada. ¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio. Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número. Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley), como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos. Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él. ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la aventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.
— 1 Corintios 9:1–27
Siéntense, hermanos queridos. ¡Cuánto texto de la Sagrada Escritura! No recuerdo otra oportunidad que haya tenido, quizá cuando exponga el Salmo 119, hermano, tendré que tomar de 27 en 27 versículos.
Quiero mostrarles en primera de Corintios 9, primero, que esto no es una queja; es una continuación del capítulo 8. Si en el capítulo 8 el apóstol Pablo concluye que deberíamos nosotros, teniendo libertad, sacrificarnos por amor al hermano, ahora se pone él mismo como ejemplo de que él practica esto a lo cual nos está exhortando. Dice nuestra introducción que para el apóstol Pablo el avance del evangelio tenía una importancia suprema. Era algo por lo que valía la pena hacer los más grandes sacrificios. Si en el capítulo anterior hace un llamado a los hermanos de la iglesia de Corinto a mostrarse cediendo por amor a los hermanos, ahora se presenta él mismo como ejemplo, mostrando tres grandes derechos legítimos que él había voluntariamente sacrificado, haciéndose siervo por el avance del evangelio. Esto es el derecho a alimentarse de lo que quisiera comer y beber; esto es el derecho a tener una esposa creyente, como cualquiera de los otros apóstoles; y esto es el derecho a ser justamente recompensado por su trabajo.
En esta continuación de la exposición sobre la libertad cristiana veremos que hay una aún más alta expresión de la misma. La más alta expresión de la libertad cristiana es sacrificarlo todo por el evangelio. Permítanme, hermanos, mostrarles cómo el apóstol Pablo sacrificó todo por el evangelio. Mostraré en primer lugar la identidad que tenía el apóstol Pablo; mostraré en segundo lugar la defensa que hizo el apóstol Pablo de su ministerio; mostraré en tercer lugar cuáles eran las motivaciones que dirigían la vida del apóstol Pablo; y terminaré mostrando cuál era el código personal que había asumido voluntariamente el apóstol Pablo por el avance del evangelio.
La identidad sólida de Pablo como base para renunciar a sus derechos
¿Cuál era esta identidad que tenía en Cristo? El apóstol Pablo dice así en el capítulo 9, los primeros dos versículos:
¿No soy yo apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor? Si para otros no soy apóstol, para vosotros, ciertamente lo soy, porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor.
— 1 Corintios 9:1–2
Comenzaré mostrando, hermanos, la identidad del apóstol Pablo y diré que, para renunciar a nuestra libertad sin terminar en esclavitud, tenemos que estar absolutamente seguros de cuál es nuestra identidad en Cristo. Y, a menos, hermano, que tú seas primero libre, entendiendo que en Cristo eres verdaderamente quien eres por su misericordia, no podrás renunciar con la liberalidad que renunció el apóstol Pablo. Para renunciar a algo en libertad tienes primero que estar seguro de quién eres en Cristo.
Pablo no dudaba de que él era un apóstol verdadero. Él no dudaba de que su condición de apóstol le daba unos privilegios excepcionales. Pablo no dudaba de que él era libre, decía él: “¿No soy yo libre?”. Él no dudaba de que estaba cualificado para su ministerio, pues sus ojos habían visto al Señor resucitado. Él no dudaba de que el Señor estaba respaldando su ministerio porque había tenido un apostolado fructífero, y la evidencia de lo fructífero de su ministerio era que había podido sembrar esta iglesia en la ciudad de Corinto. Dice el apóstol Pablo: “¿Acaso no soy apóstol? ¿Acaso no soy libre? ¿Acaso no he visto yo al Señor? ¿Acaso no son ustedes mi fruto en el Señor?”. Pablo está diciendo: yo no tengo un problema para identificar cuál es en Cristo mi verdadera identidad.
Y, después de conocerla, voluntariamente puedo renunciar a mis derechos. Hermanos queridos, en un momento estaré invitando a esta iglesia a que haga grandes sacrificios por el avance del evangelio, pero a menos que tú entiendas cuál es tu identidad y tus derechos legítimos en el Señor, tú no podrás desprenderte de ellos. Una persona que llega a renunciar todo por el avance del evangelio es una persona que entiende que todo lo tiene y está en Cristo. El apóstol Pablo voluntariamente pudo renunciar porque él estaba muy consciente de a qué estaba renunciando.
Yo quiero mostrarle a mi iglesia que quiero que esta sea una iglesia verdaderamente libre, que entienda los derechos que tiene en el Señor, porque estaré llamándoles, como su pastor, a que hagan grandes sacrificios por el avance de la causa de Cristo. Y, a menos que entiendas primero cuál es tu libertad, no entenderás cuál es este tipo de renuncia. Una persona que no es libre, no renuncia. Una persona que no entiende cuál es su identidad, no se despoja. Ahora, una persona como el apóstol Pablo, que sabe cuál es su identidad y sus derechos en el Señor, voluntariamente puede dejar de lado su derecho por el avance de la causa del Señor. Es “todo por el evangelio”.
Hermanos, quien no tiene una identidad fuerte en Cristo termina o en idolatría o agradando a los hombres. Una persona que no sabe que es libre en Cristo termina, cuando renuncia a algo, haciéndolo no para la gloria de Cristo, sino para no ofender a un hermano, para no dañar su conciencia. Hermano, tú eres libre en el Señor, y como eres libre en el Señor, entonces puedes voluntariamente renunciar.
Reconocer nuestra identidad en Cristo no es algo pecaminoso. De hecho, hermano, estas cuatro preguntas retóricas que hace el apóstol Pablo, las cuatro se pueden responder de la misma manera en Cristo. Dice él: “¿No soy apóstol?” Sí, apóstol de Jesucristo. “¿No soy libre?” Claro que eres libre en Jesucristo. “¿Acaso no he visto a Jesús?” Sí, viste al Señor Jesucristo resucitado. “¿Acaso no son ustedes mi obra en el Señor?” Sí, la obra del Señor Jesucristo. Hermano, todo esto que componía la identidad del apóstol Pablo tenía un enlace directo hacia Cristo.
Hermano querido, si anteriormente te expuse en el capítulo 8 quién eres verdaderamente en Cristo, ahora te quiero exponer que, para que puedas renunciar a esto, tienes que afirmar cuál es tu verdadera identidad. Hermanos, reconocer nuestros derechos para luego renunciar es madurez. Me gozo en el hermano que ya su conciencia no le reprende por un asunto u otro y aun así dice: “Yo, con una conciencia tranquila, ahora me desprendo de esto, me despojo y me vuelvo siervo para el Señor”. Me gozo en el hermano que no está engañado al día de hoy, pensando que una cosa daña o la otra no, sino un hermano que tiene su conciencia clara y dice: eso nada es, eso nada me afecta; pero por el avance del evangelio lo sacrifico todo. Ese es el hermano que más glorifica al Señor.
Y hay otro que todavía vive en sus prejuicios, que todavía vive en su desconocimiento, que todavía vive en su ignorancia, y supuestamente está renunciando; él no está renunciando, él es esclavo. Un hermano que verdaderamente renuncia a un legítimo derecho es un hermano que entiende que en Cristo es verdaderamente libre. El contexto también era apropiado para que el apóstol Pablo compartiera su testimonio personal. Lo que está por explicar el apóstol Pablo es que él personalmente ha hecho los mayores sacrificios. Él está diciendo a los corintios que si, por asunto de comida, tienen que dejar de comer eso, que lo dejen por amor al hermano, y ahora les está diciendo: yo personalmente no solamente he dejado de comer; yo he hecho sacrificios que ninguno de ustedes ha hecho por el avance del evangelio. Lo que el apóstol Pablo dice en el capítulo 9 es su testimonio personal.
Hermanos queridos, la iglesia está ávida de testimonios personales de hermanos que renuncien a derechos legítimos por el avance del evangelio; hermanos que digan: “Eso a mí me correspondía, eso yo pude hacerlo, eso yo pude usarlo, pero ni lo uso ni me corresponde; me sacrifico por amor al evangelio, porque mi gloria es el avance de su causa”. Para renunciar, tienes primero que reconocer en Cristo tu verdadera identidad. Hermano, todo lo contrario es la actitud mundana. Un creyente maduro entiende que comer una cosa o beber la otra nada es; pero, como nada es y como entiende que tiene el derecho de comer y beber, entonces no come.
Un hermano que ha crecido en el Señor es un hermano que primero dice: “Lo tengo todo en el Señor”, y ahora voluntariamente se lo devuelve todo en sacrificio. Un hermano que vive con las más altas privaciones, teniendo los más altos privilegios. El mayor testimonio de vida cristiana es un hermano que materialmente, espiritualmente, socialmente, podría usufructuar de un derecho, pero él dice: “Si acaso puedo sacrificarlo, aún es mejor”.
¿Cuál es la actitud mundana? Es la actitud que tiene el título de un libro que publicó hace unos años una periodista, que decía: “Porque puedo, porque quiero y porque me da la gana”. ¿Qué es lo que dice un cristiano? “Tendría la libertad, pero el avance del evangelio es un tema tan prioritario, un tema que tiene una importancia suprema para mí, que voluntariamente me despojo porque avanza su nombre, su causa, y no avanza mi agenda personal”. Es un hermano que sabe que tiene un derecho que es legítimo y voluntariamente renuncia, no para su autoexaltación, sino por el avance de la causa de su Señor. “Es todo por el evangelio”.
Versículos 1 y 2, el apóstol Pablo está diciendo: yo soy verdaderamente libre; que nadie piense que yo he renunciado a esto porque estoy apocado. Que nadie piense que yo ando sin esposa porque tengo la mala conciencia de tener una esposa. No. Yo, de hecho, tengo el derecho de tenerla. Que nadie piense que estoy dejando de comer o beber algo porque soy esclavo de eso. No soy esclavo, soy libre. Que nadie piense que soy un apóstol de segunda categoría y por eso la iglesia no tiene que sostener mi ministerio. Soy tan apóstol como los que más, porque vi al Señor resucitado. Pero yo, en todos mis derechos de este universo tan amplio, solamente me he permitido probar esta poquita cosa por el avance de la causa de Cristo. Hermano, es todo por el evangelio.
La defensa de Pablo: tres derechos legítimos que decide sacrificar
¿Cuál es su defensa? Versículos 3 al versículo 14, dice él:
Contra los que me acusan, esta es mi defensa: ¿Acaso no tenemos derecho de comer y beber? ¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer, como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas?
— 1 Corintios 9:3–5
Contra los que me acusan, esta es mi defensa: ¿acaso no tenemos derecho de comer y beber? ¿Lo tenemos? ¿Acaso puede después alguien decirme que no podría ingerir eso o ingerir lo otro? No puede decírmelo. Primer derecho: el derecho, hermanos, a la alimentación amplia.
Hay, hermano querido, en esta iglesia, yo quiero llamarte primero a que resuelvas el problema de conciencia, entendiendo que comer una cosa, comer la otra, nada es; y que cuando tú resuelvas el problema de tu conciencia y te sientas libre en el Señor, entonces tú le digas: “Señor, ahora que soy libre, te lo entrego a ti”. Dice Pablo: “¿Acaso no tengo derecho a comer y a beber?”. Pero lo acaba de decir en el capítulo 8, al final:
Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás.
— 1 Corintios 8:13
Ay, hermano querido, a menos que tú entiendas tu libertad en el Señor, no podrás renunciar voluntariamente. Primera cosa: lo que Pablo renunció es a lo mismo que él está invitando a los corintios a que renuncien. Él dice: si el problema aquí es que la carne está trayendo tropiezo de conciencia, coman otra cosa.
Pero no se queda aquí. Él está enseñando —y aquí quiero hacer un llamado a todo aquel que quiere ser un líder en la iglesia del Señor— que el liderazgo cristiano tiene que estar dispuesto a hacer no solamente el nivel básico de sacrificio. Aquel que quiere ser heraldo del evangelio, ¿está llamado solamente a sacrificar lo que la media de los creyentes sacrifican? No. Un líder cristiano cualificado sacrifica eso, y sacrifica lo otro, y también lo otro. El liderazgo cristiano está llamado a ser el más alto nivel de sacrificio para el avance de la causa del Señor Jesucristo. Es todo por el evangelio.
Aquí el apóstol Pablo deja atrás a la multitud de creyentes y avanza gloriosamente a darlo todo por el evangelio. Él dice: “Ok, yo, al igual que ustedes, sacrifico la comida”.
“¿No tenemos derecho a traer con nosotros una hermana por mujer?” Aquí, hermanos, la media del pueblo se quedó atrás. Aquí se ve definitivamente que es un apóstol del Señor. Porque yo quizá ya me he abstenido de la carne sacrificada a los ídolos, pero, ¡guau, Pablo, yo no llegaría hasta ahí! Tú no, pero yo sí. Gloria al nombre del Señor por el apóstol Pablo, que en su libertad se sacrificaba.
Y aquí, hermanos, comienzo a responder una confusión que ha sostenido el catolicismo romano, una herejía durante tiempo. El catolicismo romano ha tomado versículos como estos para decir que el liderazgo cristiano no debería casarse. Pablo no está diciendo aquí que los otros no se casen. Él está diciendo: yo, particularmente, me he abstenido de todo, aun del derecho de llevar una esposa por mujer, de llevar una hermana por esposa. No está diciendo el apóstol Pablo aquí que es pecaminoso que los apóstoles se casen. No está diciendo el apóstol Pablo aquí que el que se casa frente al Señor peca. Lo que está diciendo es: yo, de manera particular, y en pleno uso de mis libertades cristianas y mi derecho como apóstol, tenía el derecho de tomar una creyente para que sea mi esposa y que me acompañe en mi plan de viaje misionero, pero por amor al evangelio hasta eso lo he sacrificado.
Este derecho, hermano, está directamente relacionado con el otro: el derecho a ser sostenido. Ya que si el apóstol Pablo viajaba con una esposa, la realidad, hermano, es que no hubiese tenido un ministerio del tipo de ministerio que el apóstol Pablo tuvo: tres viajes misioneros, quizás hasta un cuarto. Bueno, un apóstol solo soporta eso, pero miren, con una esposa y tres niños, no. De hecho, si Pablo hubiese tenido una esposa, con toda seguridad hubiese tenido hijos y no hubiese estado tan disponible para la obra del Señor, y hubiese necesitado un alto presupuesto para sostenerse.
Primer viaje misionero: vamos a hacer primer viaje misionero. Ah, no, se tuvo que quedar Pablo, el niño tenía el pecho apretado. Esa es la realidad de la familia, hermano. “Pablo, que vamos para un viaje misionero”. “Ajá, pero ¿cómo dejo a la esposa aquí? Mira, el niño tiene el pecho apretado. Nada, Bernabé, ve tú; yo estaré orando desde aquí”.
Segundo viaje misionero, tuvo que mandar a Timoteo solo porque la esposa estaba embarazada, y “¿cómo yo me voy de aquí a un viaje misionero con la esposa embarazada?”. Tercer viaje misionero, la esposa no lo deja ir. “No, Pablo, tú no vas por ahí; eso es demasiado peligroso, que tenemos dos niños chiquitos”. Esa es la realidad, hermano, de un hombre casado.
“Ay, pastor, ¿y cuál es el estímulo, que no nos casemos?” No, ese no es el estímulo. Lo que estoy llamando, hermano, es al reconocimiento de que Pablo, en su libertad, pudo casarse y no se casó. ¿Y por qué? Todo por el avance del evangelio. Él está diciendo: para yo hacer el ministerio que estoy haciendo, me he sacrificado aun al punto de renunciar a mi legítimo derecho de tener una esposa.
Hermano, aunque no es deseable, la soltería y la viudez tienen grandes oportunidades. Escuchen cómo lo digo: aunque no es deseable. Dice el mismo apóstol Pablo que si alguien no tiene esa capacidad de contenerse, que se case, que mejor es casarse que estarse quemando. Sin embargo, si un hermano podría —o una hermana— permanecer soltero o soltera por el avance de la causa de Cristo, que lo haga, que es ganancia.
De hecho, hermano, la soltería está subestimada. Y no lo digo yo, hermano, lo dice la Escritura. Miren ahí mismo, primera de Corintios 7, del 6 al 9, dice el apóstol Pablo:
Mas esto digo por vía de concesión, no por mandamiento. Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don de Dios, uno a la verdad de un modo, y otro de otro. Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera quedarse como yo. Pero si no tienen don de continencia, cásense; pues mejor es casarse que estarse quemando.
— 1 Corintios 7:6–9
Ay, el hermano soltero que está aquí, mi consejo quizá no sea que permanezca para siempre soltero, pero por favor aprovecha tu soltería. Va a llegar un momento en tu vida en que vas a tener tantas complicaciones familiares, que tu disponibilidad para el avance de la causa de Cristo va a ser mínima. Por eso, hermanos, los jóvenes cristianos son un precioso tesoro para la iglesia del Señor; de ellos, históricamente, quienes han estado empujando la iglesia del Señor.
No tienen un niño enfermo, no tienen un niño que amamantar, no tienen un niño que cuidar, no tienen una reunión del colegio. Analicen la agenda de los padres: la agenda gira alrededor de la vida de sus hijos. Hermanos creyentes que están aquí, que aún no se han casado, mi estímulo es: aprovechen la soltería. Hermanas que están aquí, que han enviudado: “Ay, que no tengo un compañero”. Asuman el ministerio cristiano como su llamado. Dice que las viudas están disponibles.
Y no se queda aquí, hermano. Esto fue tan importante que el apóstol Pablo después lo recalcó, desde el versículo 32 en adelante del mismo capítulo 7. Dice él:
Quisiera, pues, que estuvieseis sin congojas. El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor; pero el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer. Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella. La doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo como en espíritu; pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido.
— 1 Corintios 7:32–34
Hago una alerta aquí: en su etapa casado o casada, no se siente; siga agradando a su Señor. Pero, por favor, hermanos, entendamos que el apóstol Pablo está diciendo: yo encontré, primero, que el Señor me había dado la capacidad para soportar la soltería, y después, que sacrificando mi derecho de tener esposa podía lograr todavía un mayor avance para la causa de Cristo.
Primer gran sacrificio que hace Pablo: él dice, yo me he abstenido de determinados alimentos que podrían traer escándalo en la iglesia del Señor. En segundo lugar, yo me he abstenido de llevar una hermana que me acompañe como mi esposa en estos viajes misioneros.
El ejemplo de que esta es una decisión personal de Pablo y no un asunto global para la iglesia está en que él mismo dice que los otros apóstoles tienen esposa. ¿Me pueden ver la diferencia? El catolicismo romano dice: si usted tiene un llamado, si usted tiene vocación, usted no debe casarse. El apóstol Pablo dice: si usted tiene llamado y tiene el don de continencia, no se case. Pero dice él: los demás apóstoles están casados todos.
Y pone, hermano, dos ejemplos muy pintorescos. Primero pone el ejemplo de Cefas, que es Pedro. Pedro era el primero entre iguales en la iglesia. Hasta Pedro está casado, y de hecho la suegra de Pedro aparece en los evangelios. Aquí hay otra confusión del catolicismo romano: dicen que los apóstoles no se casaron. Ellos dicen que Pedro fue el primer papa y que los papas no se casan, cuando Pedro tenía hasta suegra en el evangelio, y el Señor le hizo un milagro a su suegra.
Lo que estoy estableciendo aquí, hermano, es que esto no es un caso global para la iglesia, no es una difusión de la soltería. Pablo está diciendo: yo, particularmente, aunque todos los demás apóstoles se casaron, yo preferí la soltería por el avance del evangelio. Yo, personalmente, aunque hasta los hermanos del Señor, que no creían en él en su ministerio, pero después creyeron y difundieron el evangelio, ellos también se casaron, pero yo particularmente, de manera excepcional, por el avance del evangelio, he preferido la soltería.
Primer sacrificio de Pablo: Pablo se sacrifica en lo que va a comer, y Pablo se sacrifica y, en vez de casarse, permanece soltero.
Quiero dar aquí una alerta. Pablo prefirió la soltería por el avance del evangelio: todo por el evangelio. Quizás muchos hermanos aquí presentes lo que tengan que hacer no es preferir la soltería, sino precisamente luchar por su matrimonio por amor al evangelio. Muchos, su llamado no está en decir: “Yo voy a permanecer soltero por la causa de Cristo”, sino en decir: “Yo, que he sido vejado, que he sido ofendido, que he sido dañado, que he sido ofendida, por amor al evangelio, busco a mi esposo, busco a mi esposa, lucho por mi matrimonio, lo reconstituyo, por no traer afrenta ni vergüenza al nombre de nuestro Señor Jesucristo”. En este tiempo luchamos más por el evangelio luchando por nuestro matrimonio que permaneciendo solteros, como permaneció el apóstol Pablo.
Tercer derecho de Pablo, hermano. Todo va subiendo. Si en el capítulo 8 les dice: yo he sacrificado comer y beber como los estoy invitando a ustedes que hagan, yo quiero que ustedes sepan que no solamente a comer y beber; yo he renunciado hasta tener familia. Y yo me imagino que el apóstol Pablo luchó, hermano, con todos los dilemas de los hombres, quizá pensar: “Guau, yo moriré y no tendré hijos, no tendré descendencia, nadie cuidará de mí”. Quizá si el apóstol Pablo hubiese tenido esposa, no lo dejan por muerto a las afueras de Listra, porque va la mujer y lo recoge. Quizás no escribe esa carta tan triste como escribió la segunda carta de Pablo a Timoteo, donde dice: “Ya todos me han dejado, todos se han ido”.
Porque al fin y al cabo, si tuviera la esposa al lado, ella no lo hubiera dejado. Pero, por amor al evangelio, todo por el evangelio, el apóstol Pablo sacrificó hasta la posibilidad de un matrimonio.
¿Cuál es su tercer gran sacrificio, hermano, con lo cual nos está provocando a que sacrifiquemos cosas por el Señor? Su tercer gran sacrificio, dice él:
¿O sólo yo y Bernabé no tenemos derecho a no trabajar?
— 1 Corintios 9:6
Hermano, los apóstoles eran sostenidos por la iglesia, como el Señor ordenó que los obreros fueran bien sostenidos por la iglesia. Ahora, el apóstol Pablo y sus colaboradores no usaban este derecho. El apóstol Pablo tenía un oficio: él era tejedor de tiendas de campaña. Y donde él iba, decía: yo trabajo con mis propias manos, para no traer carga a la iglesia y afrenta al nombre del Señor.
Pero alguien dice, hermano, que no está haciendo otra obligación. La dinámica en todo esto es que él está haciendo grandes sacrificios, pero no porque nadie pudiera obligarlo, no porque nadie pudiera demandárselo. Él dice: yo tengo la libertad y no la uso. Todo por el evangelio, hermano.
Dice él: “Miren que tengo la libertad. ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿Quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño?” Son tres ejemplos de su legitimidad desde el sentido común. Él está diciendo: yo les voy a poner tres casos de sentido común que les van a decir si es o no es digno que yo sea bien sostenido por las iglesias.
De hecho, el término “salario” viene de ahí, porque a los soldados se les pagaba. Un soldado romano se le pagaba con sal; les daban sal, y ellos cambiaban la sal por diferentes alimentos. La sal era como si fuera una moneda; de ahí viene el término salario que se le da a un empleado. Él dice: no hay soldado que milite solo y le digan: “Mira, tú vas para la guerra, pero al mismo tiempo siembra plátano por ahí por donde tú puedas; si tú puedes poner un colmadito, ponlo; si tú puedes ganarte unos cuantos pesos para que no te mueras de hambre”. No. Un soldado es bien sostenido por quien lo recluta.
“¿Quién planta una viña y no come de su fruto?” Todo agricultor siembra lo que va a vender y lo que se va a comer. Y si usted fuera un agricultor, usted no siembra y compra en el colmado o en el mercado. No. Un agricultor come de lo mismo que está sembrando; siembra un poco más para su casa. Él dice: “¿Quién planta una viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño?”. Son tres ejemplos desde el sentido común que Pablo está poniendo sobre la mesa para decirles: lo más razonable es que ustedes sostengan nuestro ministerio como deben ser sostenidos los obreros. Sin embargo, yo en mi libertad no he usado ese derecho.
Ah, iglesia, quizá ustedes están luchando por abstenerse de la carne sacrificada a los ídolos. Yo me he abstenido de la carne, de la bebida, me he abstenido del matrimonio y hasta me he abstenido de recibir mi digna recompensa. Dice él:
¿Digo esto sólo como hombre? ¿No dice esto también la ley? Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla.
— 1 Corintios 9:8–9
Digo esto sólo como hombre; esto es decir, esto es solamente un razonamiento humano, son solamente ejemplos del sentido común, de oficios comunes: el oficio de un soldado, el oficio de un agricultor y el oficio de un pastor de ovejas. Entonces él pasa ahora a dar tres ejemplos más de la legitimidad de su sostenimiento, ahora desde las Escrituras. Él dice:
Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir el fruto.
— 1 Corintios 9:9–10
Hermano, lo que está citando es el libro de Deuteronomio, en el capítulo 25, versículo 4. Cuando se iba a trillar usando bueyes no se podía ser tan malvado que se pusiera un buey con hambre a trillar. Trillar con buey era poner el grano en el piso, atar dos bueyes para que caminando vayan pisando, y cuando pisan vayan desgranando, vayan trillando los granos. No puede ser tan desconsiderado, tan abusador, que pongas un buey hambriento a trillar y también le ates la boca para que no coma lo que está trillando. “No pondrás bozal al buey que trilla”. Si está allá dando vueltas trillando y es el que se está esforzando por trillar, por lo menos deja que coma un bocado de lo que está pisando.
Lo que el apóstol Pablo está diciendo es: la ley misma dice: “No pondrás bozal al buey que trilla”. No sean tan desconsiderados para mandar a un hombre a hacer la obra del Señor y dejar que se muera de hambre. No sean tan desconsiderados de atar un buey para que trille y no permitir que tome un bocado de lo que está trillando.
“¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros?” Pues por nosotros escribió, porque con esperanza debe arar el que ara y el que trilla con esperanza de recibir el fruto. Él está diciendo: lo más legítimo y lo que es bíblico es que si una persona está trabajando, coma de eso mismo. Yo soy un apóstol; yo he estado sembrando la semilla del evangelio. Se debe permitir que la iglesia sostenga al apóstol Pablo. Pero dice él: ni siquiera de ese derecho yo he abusado, porque es todo por el evangelio.
Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáramos de vosotros lo material? Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros?
— 1 Corintios 9:11–12
Él está diciendo: ustedes en Corinto, aun los otros que no fueron los que sembraron la iglesia —porque la iglesia fue sembrada por mí— aun otros usan el derecho entre ustedes, y nosotros no. Hermano, ¿cuál era el ejemplo del apóstol Pablo? Que él se había sacrificado, no solamente en abstenerse de comer alimentos sacrificados a los ídolos para no hacer caer la conciencia de los hermanos, sino que renunció al matrimonio y renunció a su legítimo sostenimiento por el avance de la obra.
Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo.
— 1 Corintios 9:12
Bueno, lo que Pablo está diciendo es: yo no me abstengo solamente de una comidita o de la otra; yo me abstengo de la comida, yo me abstengo de la familia, yo me abstengo de sustento, de todo. Lo soportamos todo. Hermano, es todo por el evangelio. Lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo.
Ay, hermano querido, mi tristeza es que la causa de Cristo frecuentemente se detiene por un hermano encaprichado. ¿Por qué se detiene el crecimiento de la iglesia del Señor? Un hermano encaprichado que, en vez de sacrificarlo todo por el evangelio, se ata a su punto de vista, se ata a su derecho, se ata a su caprichito, se ata a “yo no me siento del todo bien”. Hermano, todo por el evangelio. Sacrificamos una cosa, la otra y también la otra: todo por el evangelio.
Pablo está diciendo: yo, por amor al evangelio, lo he sacrificado todo. Y ustedes, ¿qué están sacrificando? ¿Saben cuál es el problema del cristiano en este tiempo? Un cristiano empoderado. El problema del cristiano en este tiempo es que es un cristiano con derecho; es un cristiano que dice: “Yo soy libre en el Señor; a mí nada se me puede imponer ni nada me pueden abstener”. Hermano, es todo por el evangelio. La causa de Cristo no prospera más en este siglo porque no hay más gente que tenga la actitud de Pablo: todo por el evangelio.
Cuántas veces se ha detenido la obra porque hay un hermano guapo; cuántas veces se ha detenido la obra porque hay un hermano que siente que hay un derecho que se le ha vejado; cuántas veces se ha detenido la obra del Señor porque hay un hermano que dice: “Yo no me siento completamente a gusto”. Pablo no se sentía a gusto soltero; quizá Pablo tampoco se sentía a gusto comiendo una comida limitada. Pablo tampoco quizás se sentía a gusto teniendo que sudar dos veces: primero para sembrar la semilla y después para sostener su estómago. Pero Pablo lo había sacrificado todo por el evangelio.
Ay, hermano querido, si Pablo lo dejó todo, yo creo que nosotros podemos dejar nuestros pequeños “periquitos”, nuestro pequeñito derecho legítimo —todavía lo entienden, y es verdad, hermano. “Ay, pero es que yo tengo el derecho, porque mira que hay cinco versículos que dicen que tengo el derecho”. Hermano, tienes no un derecho; tienes un derecho de ese tamaño, tienes una legitimidad de ese tamaño, pero es todo por el evangelio. Pablo está diciendo:
Pero nosotros no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo.
— 1 Corintios 9:12
Ay, hermano, que el tapón en la obra del Señor no seas tú. Hay hermanos que lo que están haciendo es escandaloso con su comida, con su vestimenta, con su actitud, con su porte, con sus palabras: “No, yo no he dicho nada inapropiado”, hermano. Que no seas tú, con tu pequeño derecho legítimo, el que está haciendo que la obra del Señor se detenga, porque Pablo, por el avance de la obra, lo sacrificó todo: todo, todo por el evangelio.
Si no es suficiente, él da más ejemplos. Pablo está diciendo aquí, hermano: yo me siento en el derecho de que ustedes me sostengan bien. Él les dijo una vez, como le escribió después a Filemón, que le dijo: “Y recuerda que tú mismo te me debes a mí”. No es que yo ignoro que tengo el derecho; es que yo lo sacrifico voluntariamente. Pablo está demostrando aquí, hermano, que no es que está forzado, obligado; él se siente con el derecho, él se siente empoderado, y se dobla.
Él da más ejemplos; dice él:
¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan?
— 1 Corintios 9:13
Primero el ejemplo del Deuteronomio: “No pondrás bozal al buey que trilla”. No le vas a amarrar la boca al buey que está trillando. Y ahora pone un ejemplo desde el templo, y es verdad: los sacerdotes, los levitas, se sostenían del templo. De hecho, los grandes almacenes en el templo eran almacenes para sostener a los sacerdotes y a los levitas, y el pueblo de buena gana, hermanos, se sacrificaba; de buena gana entregaban todas estas cosas porque entendían, primero, que era legítimo, y después que era necesario para ellos mismos.
Miren, en el mejor momento del templo, el pueblo de buena gana sostenía tanto a los sacerdotes como a los levitas, y cuando peor estuvo la cosa en el pueblo fue cuando, por su necedad, descuidaron este digno sostenimiento. Dice el libro de Nehemías, en el capítulo 12, en el versículo 44:
En aquel tiempo fueron puestos varones sobre las cámaras de los tesoros, de las ofrendas, de las primicias y de los diezmos, para recoger de ellas, de los ejidos de las ciudades, las porciones legales para los sacerdotes y levitas; porque era grande el gozo de Judá con respecto a los sacerdotes y levitas que servían.
— Nehemías 12:44
Bueno, el pueblo tenía tanto gozo de ser bien servido por sus sacerdotes y sus levitas que llenaron las cámaras del templo. Hubo que buscar, hermanos, espacio para guardar todo esto que, dice, era su derecho legítimo. Me gusta el término que utiliza: “las porciones legales”. Pablo está diciendo: si en la antigüedad había porciones legales en el templo para sostener a los obreros, ¿cómo va a ser que yo no tenga el derecho? Tengo el derecho, y aun así no lo uso.
Bueno, si no ha sido suficiente con decirles, primero: ustedes no me están obligando; lo que está diciendo es: yo voluntariamente he renunciado. Soy un buey que trilla y no tengo la boca amarrada. Los sacerdotes en el templo eran bien sostenidos. ¿Qué más podemos decir al respecto? Él les da otra más, hermano, que es como la estocada final, para que ellos entiendan que nadie ha obligado a Pablo a renunciar a esto, que él se sentía empoderado y en el derecho de hacerlo, y voluntariamente renunció. Dice él, en el versículo 14:
Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.
— 1 Corintios 9:14
Hermano, está diciendo aquí: esta es una orden del Señor; ya esto no es solamente algo que era una práctica de la ley, no es algo que era una práctica en el templo, esto es una orden del Señor. Y miren, solamente una razón más imperiosa, como es el avance del evangelio —un asunto que tiene una importancia tan suprema— daría lugar a la inobservancia de esta ordenanza del Señor. Pablo dice: esto el Señor lo ha ordenado. Por el avance del evangelio —que es un asunto que tiene una importancia tan suprema— yo me atrevo a violar esto que el Señor mandó, y me abstengo de recibir mi reconocimiento y recompensa por el trabajo que estoy haciendo.
Bueno, todo lo otro es cualquier cosa superficial. La realidad es que Pablo no tenía mala conciencia y renunció voluntariamente a todas estas cosas. Le digo, a modo de aplicación, hermano, lo primero: esto no puede ser aplicado a otros. Usted no puede andar por el mundo diciéndole: “No, usted va a tener que trabajar con sus manos; eso es voluntario”. “No pondrás bozal al buey que trilla”, pero porque han aparecido algunos malvados que han permitido que los obreros se mueran de hambre. “Ah, porque Pablo lo hacía”. Espérese.
Habrá otros como el catolicismo romano que obligan a los ministros a que no se casen. “No, porque Pablo no se casó”. Aguanta, que fue Pablo. Y hay otros que quieren globalizar sus normas de alimentación. “Espérate, que eso fue Pablo, hermano”.
Ahora, sin embargo, le diré a mis hermanos: no porque nadie te lo demande, pero voluntariamente un creyente tiene que estar dispuesto a hacer los más altos sacrificios por el avance de la causa de Cristo. Es todo por el evangelio. Si alguien no se sostuvo, no fue un mal ministro. Pablo no está aquí colocando un chisme, una contienda de que: “No, Pablo no es un apóstol, porque Pedro sí; Pedro es sostenido; los hermanos del Señor son falsos”. No, hermanos. Es que esto es local: soy yo que lo he resuelto así.
Sin embargo, le diré que yo he encontrado que es sabio un ministro que da evidencia de tener algún otro medio de sustento. He encontrado yo que eso es sabio. He encontrado que es sabio un ministro que dice: “Si estoy en un contexto donde la iglesia es madura y puede sostenerme, que lo haga; pero entre creyentes inmaduros, como los corintios, yo prefiero trabajar con mis propias manos”. He encontrado que eso es sabio.
Y, de hecho, hay ministros que sirven en lugares que son tan malvados, que yo le recomendaría a cualquier ministro que busque un trabajo de medio tiempo, que se sostenga, porque esa gente es tan inmadura, tan carnal, tan materialista, que es mejor que él coma mal a que el evangelio sea manchado. Eso sí lo diré. Sin embargo, siempre es una afrenta contra la iglesia cuando un obrero tiene que ser de “tripa corazón” para hacer el ministerio y también sostenerse; siempre es un mal testimonio, del mismo modo que era un mal testimonio sobre la iglesia de Corinto.
Hermanos, les he dicho en primer lugar cuál era la libertad que Pablo tenía. Él decía: “Yo soy libre, soy apóstol, ustedes son mis frutos del Señor, yo vi al Señor resucitado”. Les he mencionado cuál era su defensa: que sacrificó tres grandes cosas. Por eso ninguno de ellos le podría decir: “Pablo, estás estableciendo una norma que es muy alta, nadie puede vivirla”. Él está diciendo: “Claro que pueden vivirla; ustedes sacrifican un chin, yo lo he sacrificado todo por el evangelio”.
Les muestro en tercer lugar, hermanos, cuál era la motivación del apóstol Pablo. Y mientras yo estudiaba esto, hermano, yo estuve teniendo gran estímulo, una gran motivación para hacer la obra del Señor. Pablo estaba altamente motivado. Un creyente no motivado no sacrifica nada. ¿Qué te lleva a ti a sacrificar algo por amor a Cristo, hermano? La motivación que tengas en Él. Pablo estaba altamente motivado.
Dice el versículo 15:
Pero yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo; porque prefiero morir antes que nadie desvanezca esta mi gloria.
— 1 Corintios 9:15
Pero yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo, porque ahora van a pensar: “Ya, Pablo ahora está reclamando pagar eso, sostenerlo”. No. Él dice: no es eso lo que estoy buscando. “Yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo, porque prefiero morir”.
Ay, hermano, yo me imagino que Pablo, cuando estaba escribiendo, estaba emocionado: “Yo prefiero morirme, ya sea de hambre o de soledad, ya sea de hambre por no tener qué comer, o de soledad por no tener una esposa, o de lo que sea; yo prefiero morirme antes que nadie desvanezca esta mi gloria”.
La motivación de Pablo: el evangelio como gloria, necesidad y obligación
Hermano, eso es un motivo legítimo: tener una profunda satisfacción. El avance del evangelio debe ser motivo de satisfacción profunda y personal. Miren, toda persona tiene en su vida algo que le da una motivación especial, una satisfacción profunda, algo que eso es como su gloria, ese es su deleite, lo que muestra, lo que acaricia. Todo ser humano tiene algo así.
Si tú fueras un músico, más frecuentemente un músico secular, quizá tu música y tu producción artística sean tu gloria. Quítele a Silvio Rodríguez su discografía y usted va a tener un hombre deprimido en su casa que no va a querer ni siquiera salir, porque su música es su gloria, su producción, “¡guau!”. Quítele a Benedetti su poesía, y quizá muere, porque esa es su gloria, eso es lo que a él le da identidad. Quítele a Carlos Slim sus negocios, y usted se va a encontrar a un hombre que no encuentra qué hacer con su vida, porque esa es su gloria.
Pablo está diciendo: “Esta es mi gloria: el evangelio. El evangelio es lo que a mí me representa, el evangelio es lo que me satisface, el evangelio es lo que yo quiero anunciar”.
No. Todo hombre tiene algo que le satisface profundamente. Salvando toda diferencia, hermano, en algún momento, a veces más fuerte, a veces más débil, por algo también me ha dado mucha satisfacción la jardinería de mi casa, por ejemplo. Porque sería un asunto muy distante, ¿verdad? Comparar el evangelio y la satisfacción que da el evangelio con el patio de una casa, hermano. Pero ese patio, cuando yo me mudé ahí, hermano, yo lo limpié, yo saqué la basura, yo saqué las piedras, lo sembré, puse la grama y después puse diferentes plantas. Después lo he arreglado, sembré otras cosas. Hermano, Virgilio me llevó una mata, la sembré, ya estamos comiendo coco. En un momento, hermano, yo caminaba por el patio, yo iba diciendo “que sí”. Cuando algo te da satisfacción, tú caminas, tú lo miras; tú agarras un gajito así y vas caminando, y vas como diciendo: “Guau, sí, sí, sí”. Esa es tu gloria.
Hay hermanos que su empresa es su gloria, su empresa, su organización. “Esta empresa, yo de la nada conseguí el capital, la desarrollé”. Y cuando hablan de su empresa, esa es su gloria, su empresa. No está mal, hermano. Lo que yo digo es: no es malo sembrar unas cuantas matas en su casa y sentirse bien por eso; no es malo constituir una empresa y sentir satisfacción. Hermano, eso es legítimo. Hay hermanos que su carrera profesional es su gloria, y tienen toda una historia: “Yo vine del campo a estudiar, yo vivía en un catre, y ahí pasé mi primer trabajo, y después conseguí una pieza, y después me ascendieron, y hoy soy el gerente”. ¡Guau! Esa es su gloria, es algo que le da como una satisfacción.
Hay gente que su familia es su gloria, hay gente que su carrera profesional es su gloria. Todo el mundo tiene algo. Pablo decía: “Mi gloria, mi gloria, lo que a mí me entusiasma, lo que yo quiero mostrar, lo que a mí me alienta desde adentro, es el evangelio. Esta es mi gloria”.
Ay, hermano querido, tú no vas a hacer ningún gran avance para la causa de Cristo a menos que tú ates el avance del evangelio con tu satisfacción; que tú hagas el avance de tu iglesia y digas: “Esa es lo que a mí me emociona”. Cuando tú ves tu iglesia creciendo, dices: “Guau, yo soy parte de esta obra, y estamos empujando, estamos avanzando. Miren lo que el Señor nos ha permitido hacer”. Esa era la gloria de Pablo.
¿Alguien va a decir: “Pablo, eso es vanagloria, tú no deberías”? ¿Cómo que no, hermano? Se está volviendo loco, entonces. Hablar difícil que es esto. O también uno se envanece cuando piensa que fue el Señor que le dio cada cosa que ahora valora. Yo no soy el apóstol Pablo, hermano; yo miro para atrás, y yo me gozo porque no estoy en un taller de mecánica, no tengo un parqueo. Y tú dices: “Pastor, eso es vanagloria; ustedes deben ir al taller”. Hermano, yo estoy listo para reunirme de nuevo en un parqueo, pero me gozo porque el Señor no nos dejó allí. Y esto a mí me satisface. El avance, cada vez que yo veo a alguien que espiritualmente abre los ojos al Señor, hermano, eso es una motivación profunda. Esa debe ser tu gloria.
Si tu gloria no es el evangelio, tú no vas a sacrificar nada por el evangelio. Todo por el evangelio, porque el evangelio es lo que te da a ti una motivación muy profunda, una satisfacción que es muy profunda.
Dice él también, hermano, que si no fuera eso:
Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme, porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!
— 1 Corintios 9:16
El evangelio ya da profunda satisfacción, y tú me dirás: “A mí me han mandado a hacer este asunto”. Miren, cuando el Señor te da el llamado del Señor, hermano, es un asunto que produce; es como si fuera fuego. Cuando el Señor te ha mandado a hacer algo y te instala esa vocación en el corazón, hermano, tú no puedes dejar de hacerlo. ¿Quién es infeliz? Un hombre que tiene el llamado del Señor a empujar el evangelio y no ha hecho aquello que el Señor le mandó a hacer. Ese hombre siempre está frustrado, ese hombre siempre está aburrido, ese hombre nunca encuentra sitio en su vida. Pablo decía: “A mí me es impuesta necesidad. Yo tengo como un deseo que me sale desde adentro. Yo no puedo dejar de anunciar el evangelio; esta es mi gloria y esta es mi necesidad”.
Y después dice él: si acaso te faltara, también tengo la obligación.
Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada.
— 1 Corintios 9:17
Hermano, qué completo. Pablo dice: lo primero, la razón, la motivación que tengo, es que esta es mi gloria. Después, la motivación que yo tengo para hacerlo es que me es impuesta necesidad; es un deseo, es algo que me impulsa, que me compele. Y lo otro es que me es impuesta necesidad y “¡ay de mí si no anunciare el evangelio!”.
Yo quisiera que los hermanos de esta iglesia vivieran como vivía el apóstol Pablo; dijeran: “Guau, me estoy distrayendo. ¡Ay de mí si no anuncio el evangelio!”. ¿Por qué Pablo sacrificaba todo esto, hermano? Porque esta era su gloria, esto era lo que a él lo representaba, con lo cual se sentía profundamente identificado. Esta, al mismo tiempo, era un asunto que era una necesidad, algo que le salía desde adentro; y también era una obligatoriedad, y él tenía temor de encontrarse con su Señor y ser reprendido.
¿Te imaginas el apóstol Pablo? Pablo dice: “Yo voy pronto al encuentro con mi Señor, y yo no quisiera llegar a mi Señor a decirle que yo gasté mi vida haciendo dibujitos en el aire. Yo quisiera decirle a mi Señor que yo usé bien mi tiempo, que usé mis mejores años para el avance de su causa entre los hombres”. Esa es su gloria, esa es su necesidad y, al mismo tiempo, esa es su preocupación, hermano: todavía tener una santa preocupación por no ser sin fruto.
Ay, hermano, yo he pensado: cuando yo me encuentre con mi Señor. Yo me imaginaba ese encuentro, hermano; que yo vea a mi Señor con los brazos abiertos y yo vaya caminando hacia él, y creo que me voy a derretir en medio. Creo que cuando yo me encuentre con el Señor, hermano, yo voy a caer así; se me van a ir las fuerzas. Para mí, Señor, si el Señor me dice a mí —hermano, si yo escucho su voz, mi Señor en gloria— que va a recibirme, y yo escucho que mi Señor me ve allá a lo lejos y me dice: “Rafael, ven, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor”, hermano, yo desde ahora pienso en eso, yo creo que voy a caerme.
Ay, pero si lo que tu Señor te dice es: “Siervo malo e negligente”. Dice el apóstol Pablo: “¡Ay de mí si no anunciara el evangelio!”. Hermano, eso es un asunto solemne; dice: “Yo puedo sacrificar, no a la esposa, a la comida y hasta mi propia vida, porque ¡ay de mí si no anuncio el evangelio!”.
Y sigue:
Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada.
— 1 Corintios 9:17
Les dije que tenía muchos versículos para compartir. Me falta, gracias al Señor, solamente el último punto. Yo estaba deseoso, hermano, de exponer esta Escritura; entonces les dije que iba a requerir tiempo. Faltan todavía unos cuantos versículos.
Desde el versículo 18 al versículo 27, el apóstol Pablo comienza a describir cuál es su código personal. Yo lo he llamado así, hermanos, como su firme resolución: cuál es su filosofía de ministerio, de qué manera el apóstol Pablo se aproxima a la obra del Señor, cuál es su “librito”. Todo el mundo tiene un librito de cómo hace las cosas. Si tú fueras abogado, tú tienes la manera de decir: “Mira, yo mi práctica legal la hago así o la hago asá”, y tú decir: “Otro tiene otro modo, pero esta es la manera mía”. Si tú fueras un constructor, tú tienes tu librito para hacer tu construcción, y tú dices: “Yo no hago ninguna construcción si no tengo esto o aquello, porque ese es mi librito, esa es la manera”. Si tú fueras médico, hay una manera de hacer tu diagnóstico y tú dices: “Esta es la manera en que yo ejecuto mi práctica de medicina; esta es mi filosofía”.
El código personal de Pablo: siervo de todos, enfoque en ganar a muchos
¿Cuál es la filosofía ministerial del apóstol Pablo? Desde el versículo 18 al 27 dice él:
¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio.
— 1 Corintios 9:18
Primer componente de la filosofía ministerial de Pablo: “Yo lo hago de gratis”. “Ah, Pablo, pero hay otros colaboradores que reciben su buen sustento”. Él dice: “Yo no tengo problema con eso; yo lo hago de gratis”. ¿Usted entiende que esto es algo personal? Él no está diciendo aquí: “Pedro tiene que hacerlo como yo”. Él está diciendo: “Yo, la resolución que he tomado es hacerlo gratuitamente”.
Primer componente de la aproximación ministerial de Pablo: rechazar el derecho a ser sostenido, especialmente por iglesias inmaduras. Porque hubo otra iglesia que le mandó una ofrenda y él se sintió agradado, pero sobre todo entre iglesias inmaduras, él dice: “El sustento, la comida y el matrimonio, las tres cosas, las he puesto en esta filosofía; así es que yo lo hago”.
Por lo cual —versículo 19— dice él:
Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos, para ganar a mayor número.
— 1 Corintios 9:19
Segunda característica de la resolución ministerial, de la filosofía ministerial del apóstol Pablo: tenía una actitud de siervo ante todos los hombres. Y si alguien podía caminar erguido y orondo era el apóstol Pablo, porque él mismo dice en otra parte: “Yo trabajo más que todos ellos”. Pero aun así dice: “Yo me he hecho siervo de todos”. Esta actitud hacía algo, hermano: una actitud de reconocimiento, una actitud de trabajo. “Yo no estoy aquí para enseñar que soy más grande que nadie; estoy para trabajar: siervo de todos”.
Tercera característica, hermanos, de su filosofía ministerial: la primera, rechazar un derecho legítimo, hacerlo gratuitamente; la segunda, una actitud de siervo ante todos los hombres; la tercera, una meta muy ambiciosa. Dice: “Para ganar a mayor número”. Pablo no estaba apuntando a cosa pequeña en su ministerio, hermano. Pablo no estaba esperando, diciendo: “Si yo le puedo testificar a uno, está bien”. No. “El mayor número”. El mayor número: una meta ambiciosa.
Hermano, tenemos que ser competitivos en esto. Uno no puede trazarse una meta muy pobre. Yo estoy, como el apóstol Pablo, “garay”, yo me siento animado a testificar. Mira, yo siento que en mi ministerio pastoral estoy todavía en lo introductorio, estoy en los prolegómenos; yo quiero hacer más cosas para mi Señor. Me comprometo a 25 años de esta iglesia, y estoy calculando, hermanos, que me va a faltar tiempo. Entonces, no sé si me entienden: yo tengo todavía más hambre por hacer cosas para mi Señor, tengo más proyectos, tengo más sueños para mi Señor, quiero alcanzar más para Cristo todavía. Y usted me dice: “Pero ya siéntete satisfecho”. Satisfecho estoy; no es que estoy sufriendo. El mayor número era la meta de Pablo, hermano: una meta ambiciosa, no quedarte donde estás, no ser un conformista.
Primero, entonces, rechazar ser sostenido voluntariamente, hacerlo de gratis. Lo segundo, tener una actitud de siervo ante todos los hombres. Tercero, ganar el mayor número que fuera posible.
¿Cuál es la cuarta? Dice él, versículos 20 y 21:
Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley), como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley.
— 1 Corintios 9:20–21
Yo he escuchado tantas posiciones de eso, hermanos que lo enseñan como “araquera”, que Pablo se le llamaba contextualizar el evangelio. Hermano, él no estaba contextualizando; Pablo se estaba sacrificando lo que tenía que sacrificarse, aunque fuera lo que hubiera que sacrificarse. Él decía: si de este modo yo tengo que doblarme para que avance el evangelio dentro de los judíos, yo me doblo de ese modo; y si me tengo que doblar así para ganar a los otros, también me doblo así. Está diciendo: yo estoy teniendo una actitud de sacrificarme de manera particular según la audiencia que yo tenga que trabajar. Está diciendo: si yo tengo que doblarme en cuatro, me sigo doblando; si tengo que doblarme en seis, me doblo en seis. Y eso cansa mucho, hermano; ese sacrificio focalizado cansa mucho. Es como una persona que tiene dos jefes, eso cansa mucho, y que hay uno que te puede mandar y también te demanda el otro. Eso cansa, eso agota. Pablo dice: “Yo me he hecho siervo de estos, y me he hecho siervo también de los otros, y aun de los otros también me hago siervo por el avance”. Es todo por el evangelio.
Dice él en el versículo 22:
Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos.
— 1 Corintios 9:22
Y remata en el versículo 23:
Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él.
— 1 Corintios 9:23
Bueno, Pablo vinculó su vida al avance de las causas de Cristo. Él se sentía parte de eso, él se sentía instrumental. Él decía: si eso avanza, avanzo yo. Es como cuando una persona está tan identificada con un proyecto, con una organización, que él siente que si eso se derrumba, se derrumba él, y si está avanzando, dice: “Yo soy copartícipe con el avance del evangelio. Si esto progresó, yo progresé; si a esto le fue bien, a mí me fue bien”. Por eso el apóstol Pablo vivió una vida plena, hermano, porque el evangelio iba glorioso.
La mejor institución a la que tú puedes vincular tu nombre es la iglesia del Señor, porque esta siempre ha estado triunfante y no hay manera de que termine perdiendo; ni aun las puertas del Hades prevalecerán contra ella. Pablo dice: “Yo he atado mi nombre, me he hecho copartícipe en el avance de la causa de Cristo”.
Por último, él dice cuál era su código: asumir su militancia cristiana como asume su vida cualquier atleta. Él dice: “Para mí esto es un deporte de alto rendimiento. Esto no es liga amateur, esto no es un hobby; esto para mí es un deporte de alto rendimiento”. Y él está hablando a una audiencia que estaba vinculada a los deportes, porque ahí mismo en la ciudad de Corinto se hacían unos juegos muy famosos en la antigüedad, que eran los Juegos Ístmicos, y un poco más al poniente estaban los Juegos Olímpicos. Y Pablo está diciendo: “Yo soy un jugador olímpico del evangelio: alto rendimiento”. Hay personas que los sacan de la sociedad, los mandan a vivir un deporte: “Tú tienes que prepararte para las olimpiadas”. Él dice: “Yo soy un jugador olímpico de este asunto; yo no soy amateur”.
Él lo expresa de la manera siguiente, versículos 24 al 27:
¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la aventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.
— 1 Corintios 9:24–27
Pablo está diciendo: esto para mí es un deporte donde hay mucha gente que está compitiendo, pero yo quiero mantenerme a la vanguardia, correr de una manera que sea conducente a ganar el premio. Yo veo hermanos míos que están militando la vida cristiana como corro yo en el Botánico: un poco torpe, un poco lento. Yo a veces voy corriendo por el Botánico y pienso que la gente que va en los carros dicen: “Mira el gordito donde va; mira el gordito donde va corriendo”. No. Hay gente que milita la vida cristiana así, con una actitud floja. Pablo dice: “Yo estoy corriendo como que me voy a comer la meta”.
Abstenerse como un luchador para ganar una corona incorruptible. Él toma una imagen de la lucha; él dice: es como un luchador que come una dieta muy estricta, pero es porque se está preparando para algo más grande. Dice él que tiene metas concretas, en el versículo 26. Me gusta como lo traduce la NVI, que dice: “Yo no corro como quien no tiene meta”. “No como a la aventura”, como el que corre un chin y otro chin mañana. No. “Yo corro como el que tiene meta; yo sé hacia dónde voy”.
Él dice que hace esfuerzos intencionales, “no como quien golpea el aire”. En el boxeo, los golpes que se dan al aire cuentan de manera negativa. Un buen boxeador es alguien que hace mucho contacto. Este era un deporte que yo seguía, hermano; me gustaba el boxeo. Y el asunto es que te cuenta no solamente lo que tú das, sino lo que tú fallas. Viene alguien y dice: “Le di duro”, pero fallaste cuatro. Además, un golpe muy fuerte al aire puede ser que te lesiones. Dice él: yo soy un jugador que soy asertivo en mis golpes, yo hago contacto frecuentemente; no me gusta golpear al aire.
Bueno, hay gente que en su ministerio golpea al aire. Comienzan con una cosita aquí, la dejan, continúan otra cosita allí, la sueltan. Hermanos, den duro, duro, duro. Hagan contacto con la obra del Señor, o sea, no tiren como a cualquier cosa. Él dice: “Yo golpeo, no como golpeando al aire; yo le quiero dar al ministerio”.
Dice que está haciendo grandes sacrificios para seguir siendo heraldo. “Yo que soy heraldo”. Los comentaristas no están de acuerdo en si él está hablando aquí de quien anunciaba las peleas o quien anunciaba las competencias, o si está hablando como proclamador del evangelio. Yo me inclino a pensar que él está apelando a la competencia. Él dice: “Yo, que soy quien está diciendo cuáles son las normas, cuáles son las reglas, que estoy diciendo cómo es que van a correr todo el mundo, no quiero venir ahora a ser descalificado”. Él dice: “Yo quiero mantenerme a la vanguardia, para gloria de mi Señor”.
Hermanos, tú tienes que tener un código personal; tú tienes que tener una resolución, una filosofía de ministerio, una manera en que tú vas a hacer las cosas del Señor. Los beneficios de tener un código de este tipo, hermanos, es que esta existencia en esta tierra es muy pasajera, y a menos que tú tengas un código, que tú digas: “Eso es lo que yo voy a hacer para la gloria del Señor”, te vas a diluir en diferentes cosas. Un hermano que sabe para dónde va en asuntos ministeriales es un hermano que es asertivo en su vida.
Yo le doy las gracias al Señor, hermano, porque hace cerca de 15 años yo tenía muy claro qué era lo que yo iba a hacer para el Señor. Yo lo tenía tan claro que yo conocí a mi esposa y le dije: “Mira, yo ahora mismo trabajo en una empresa, tengo tal trabajo, pero yo voy a ser un pastor, y quizás yo no tenga los ingresos que tengo ahora mismo ni tenga la vida que tengo; porque yo lo que soy es pastor”. Y todo el que me conoce a mí en los últimos 15 años sabe que en algún momento yo le dije que iba a sembrar una iglesia y que la iba a pastorear por 25 años.
Hermano, a menos que usted sepa lo que va a hacer para el Señor, se va a diluir en diferentes asuntos. Le dicen: “No, que ahora todo es…”, hermano, usted renuncia, y usted puede renunciar con seguridad. Además, discernir cada vez es agotador. Usted debe saber qué usted come, qué no come, cómo lo come. “¿Por qué todavía yo, ahora, como cristiano, debería permitirme esto, permitirme lo otro?” Tenga una resolución de decir de qué te vas a abstener, para que no tengas que estar siempre discerniendo, pensando si es apropiado o no es apropiado.
Además, al momento de decidir, no se planifica. Un creyente que no ha tomado resoluciones de cómo va a hacer el ministerio para el Señor siempre está planificando y reaccionando: “Y ahora, ¿qué hago?”. Tenga una meta clara: “Yo voy a hacer ministerio, lo voy a hacer así, así y asá; y esa es mi gloria; estoy vinculado a ese asunto”.
Códigos, hermanos. Termino con estos ejemplos de códigos posibles. Este código no era un código global; era un código personal. No era que el apóstol Pablo quería que todos los apóstoles asumieran la filosofía ministerial suya. Él dice: “Así lo hago yo; este es mi librito; este es mi código; esta es mi filosofía”. Hermano, en áreas distintas debemos tener filosofías ministeriales.
Quiero preguntar a los jóvenes de esta iglesia en este momento: ¿qué parte de tu vida dedicarás tú intencionalmente al avance del evangelio? Si un joven cristiano no resuelve temprano dedicarse… En una vida de 70 años, hermano, hay que buscar que en el centro de la vida, haya años que sean muy dedicados a la causa de Cristo. Y un joven cristiano tiene que resolver eso. Tiene que poder responder, decir: “Mira, entre los 18 y los 25 años, yo quiero enfocarme en trabajar para mi iglesia, en trabajar por el evangelio, porque a los 25 yo quisiera orar al Señor para que me permita tener un esposo, una esposa y desarrollar familia, y quizás no esté tan disponible”. Pero un joven cristiano tiene que tener esa resolución.
Me avergüenza tener que poner este ejemplo: los mormones tienen ahora mismo, a nivel mundial, 53,000 misioneros jóvenes. Esos mormones, usted los ve en la calle. Son jóvenes que están entre los 18 y los 25 años, y dedican, todos ellos, de sus propios recursos, los fondos para sostener una misión en otra parte del mundo, de 18 a 24 meses. Y usted habla con un mormón, y él le dice: “No, yo estoy ahora mismo ahorrando, porque yo quiero ir, antes de casarme, a dedicarme a hacer mi viaje misionero”.
Esta gente, hermano, es verdad, son una religión falsa, pero están dándole duro a su asunto. Deberían avergonzarnos a nosotros. Uno habla con los jóvenes cristianos: “¿Y qué tú vas a hacer con tu vida?” “Yo todavía no sé”, dando vueltas. Que los mormones tengan ahora mismo 53,000 misioneros entre 18 y 24 años en diferentes partes del mundo, sosteniendo ellos con su tiempo y sus recursos su misión, debería avergonzarte, joven cristiano. ¿Qué parte de tu vida dedicarás intencionalmente al avance de la causa de Cristo?
Quiero hablarles a los comerciantes de la iglesia: ¿de qué forma contribuirás con el avance del evangelio si aumentaran tus recursos? Un comerciante cristiano, un negociante cristiano, debe poder responder esa pregunta: “Yo ahora mismo manejo una operación X y Y; si el Señor aumentara mi operación, ¿de qué manera eso va a repercutir en gloria para mi Señor? Todo por el evangelio”.
Es triste esto, pero muy probable que lo que estén pensando los comerciantes de la iglesia es hacer lo mismo que hizo el hombre de la parábola. Dice Lucas:
También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores; y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes. Y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?
— Lucas 12:16–20
Hermano, comerciantes de la iglesia, si el Señor bendijera tu negocio y te fuera bien, y fueras muy rico, ¿de qué manera eso repercutiría en el avance del evangelio? Todo por el evangelio.
Hay empleados que están aquí hoy congregados. ¿Ustedes saben a qué cosas ustedes van a decirles que no? Todo el que hace un trabajo debería saber de antemano, tener un código, decir: “Yo, cuando me pidan eso, digo que yo no lo hago”, porque un creyente que no sabe de antemano a qué va a decir que no, tiene la tendencia de decir que sí. Y después se sale, se da en el pecho: “Ay, yo como que no debí haber hecho eso, yo no debí haber aceptado ese negocio”. Hermano, tú deberías saber, en tu trabajo, en tu industria, en tu oficio, a qué cosas tú particularmente, aunque los otros le digan que sí, tú les dices que no.
Familias aquí congregadas, ¿cómo evitarán que los afanes de la vida les roben el tiempo del Señor? Mire, una familia ahora mismo en esta sociedad acelerada, esto hay que pelearlo con uñas y dientes, para que los compromisos familiares no se roben el tiempo del Señor. La familia media ahora mismo, que tiene niños pequeños, tiene que participar en tantos “baby shower”, tantos cumpleaños, tiene tantos compromisos del colegio, tiene tantas reuniones de los padres y amigos, tiene tanto pluriempleo, tiene tantas cosas, que, a menos que tú tengas un código familiar, de tú decir: “A eso, como familia, nosotros no renunciamos”, va a terminar renunciando.
Concluyo preguntándole a todos mis hermanos aquí presentes: ¿a cuáles partes de la cultura contemporánea vas intencionalmente a ausentarte? “Ah, pero ¿cómo tú vas a decir que tú digas: ‘No, yo no sé a qué me abstengo, más o menos…’?” Hermano, tú deberías tener resoluciones estoicas de abstenerte de cosas que repercutirán en el avance del evangelio. La pregunta que te hago, hermano, es: ¿qué cosas de la cultura tú te vas a abstener? ¿Realmente pretendes ver todas las series de televisión que transmiten en Netflix? ¿Realmente las vas a ver todas? ¿Qué tipo de serie tú no ves?
Yo fui reprendido esta semana; alguien me preguntó, vio, me indagó sobre lo que yo recientemente había visto, y me dijo: “Oye, pero esas cosas están como complicadas”. Yo me sentí avergonzado. Hermano, ¿qué cosas tú no vas a ver en Netflix? En cuanto a la televisión, ¿realmente pretendes celebrar del mismo modo que celebra el mundo, escuchando la música que el mundo escucha? Hermano, la música es una celebración de lo que una sociedad valora. ¿Cómo va a ser que un creyente se goza de lo mismo que se goza cualquier mundano? ¿De qué cosas tú te abstienes? “Ah, no, que se abstenga todo el mundo de utilizar tal tipo de música”. Abstente tú, y no la escuches tú.
Oye, ¿realmente tú vas a tener las mismas prioridades y código de vestimenta que tiene el mundo? ¿Realmente no vas a sacrificar ninguna prenda, ningún estilo, ninguna moda? ¿Te vas a entregar tú, como se entregó Eldredge? Él dijo: “Alma mía, te probaré con esto, con lo otro”. ¿Realmente, hermano, a tu cuerpo le va a llegar toda la ropa, le van a llegar todas las modas, le van a llegar todas las estridencias del mundo? “Ah, no, que se abstenga todo el mundo de utilizar tal tipo de vestimenta”. Abstente tú, para la gloria de tu Señor. Hermano, es todo por el evangelio.
Pero nosotros no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo.
— 1 Corintios 9:12
Hermano, a ti el llamado es que, a cosas grandes o pequeñas, seas sabio y lo sacrifiques todo por el evangelio. Oro por la iglesia, para que esta sea una iglesia fructífera, una iglesia triunfante, una iglesia con fuertes códigos y una iglesia que sea reconocida como una iglesia que se sacrifica por el avance de la causa de Cristo.
Ay, Señor, gracias por hombres como el apóstol Pablo, que nos ponen el listón muy alto. Gracias, Señor, por tus otros compañeros nuestros de ministerio de otras jornadas, de otros tiempos, que nos colocaron un listón muy alto. Gracias, Señor, porque el ejemplo de él, de renuncia voluntaria de tantas cosas, nos estimula a nosotros en este tiempo. Te pido, Señor, por todos estos hermanos míos que quizás están aferrados a sus derechos legítimos. Permite, Señor, que manifiesten su vinculación con tu nombre, sacrificándolo todo por el evangelio. Mira aquellos que necesitan sacrificar tiempo, que sacrifiquen tiempo; mira aquellos que tienen que sacrificar posesiones, que sacrifiquen posesiones; mira aquellos que tienen que sacrificar opciones y oportunidades, que sacrifiquen opciones y oportunidades: todo por el evangelio.
Ay, Señor, permítenos ser tan motivados como Pablo, que veamos nuestro nombre atado al tuyo, de forma tal que el avance de tu causa y tu casa, Señor, sea nuestro propio avance. Permite, Padre, que tu gloria sea la nuestra, que tu victoria lo sea por igual. Bendice a tu iglesia, Señor, con gente que renuncie voluntariamente a sus derechos legítimos, todo por el evangelio.
Todas estas cosas te las pedimos para tu gloria, en el nombre de Jesucristo. Amén.