Acompáñenme hermanos queridos a la primera carta del apóstol Pablo a los corintios, y lleguemos hoy, con la ayuda del Señor, hasta el capítulo 10. Pueden ir buscando sus Biblias: primera carta del apóstol Pablo a los corintios, y lleguemos juntos hasta el capítulo 10. Con este habremos alcanzado tres sermones sobre el mismo tema. Es el tema que comienza en primera de Corintios capítulo 8, acerca de qué hacer; esta era la pregunta que tenían los hermanos de Corinto: ¿qué hacer con aquello que ha sido sacrificado a los ídolos?
Es un tema extenso, primera de Corintios, capítulo 8 versículo 1, y esto se proyecta hasta el capítulo 11 versículo 1. Es el mismo tema: la iglesia en Corinto tenía un dilema. Había tenido esta mala conciencia, parece que era un tema también de división, y le preguntaron al apóstol Pablo por carta. Sucede con los textos del Nuevo Testamento que nosotros tenemos la respuesta, pero a veces tenemos que inferir cuál fue la pregunta. Dice, por ejemplo, el capítulo 8 versículo 1: «En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos conocimiento», parece que era un tema que los hermanos en Corinto le habían preguntado al apóstol: ¿qué hacemos con aquello que se sacrificó a los ídolos?
Ya vimos el domingo antepasado cómo proceder con los temas de conciencia. Después vimos el domingo pasado el llamado que hace el apóstol Pablo a que sacrifiquemos todo en aras de que avance el Evangelio: todo por el Evangelio. Hoy veremos en el capítulo 10 la continuación de este tema, y me faltará un sermón más para completar la unidad.
Pudimos exponer, por la misericordia del Señor, 27 versículos el domingo pasado, hermano, pero yo no tengo primero la capacidad ni la resistencia para 27 versículos en cada vuelta. Yo soy de los cortos, yo me canso pronto, y no tengo esa retención de tanto material para poderlo exponer con fidelidad. Lo hice el domingo pasado porque quería evitar que se malentienda este capítulo 9, que es el capítulo de más difícil entendimiento. Hay tantos temas juntos, que si se toma el capítulo completo se puede malentender.
Hoy nos limitaremos solamente a 14 versículos. Esto nos permite entonces aplicar más, y quisiera dejar una sola cosa hoy en la mente de la iglesia. He titulado el sermón “Mire que no caiga”, que es lo mismo que dice la Escritura, pero quizás pudo haberse llamado también “Una advertencia acerca del exceso de confianza”. No puedo recapitular todo lo que hemos visto en los sermones anteriores, pero están grabados; usted puede pedirle a nuestros hermanos de multimedia que se lo pasen. Pero tomo el tema donde lo dejamos el domingo pasado.
Decía el domingo pasado el apóstol Pablo que él se aproximaba a su ministerio y a la vida cristiana, y parte de su código era asumir esto como si fuera un atleta de alto rendimiento. Dice el versículo 24 del capítulo 9:
¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis.
Después da otras ilustraciones basadas en el deporte, y luego de estas ilustraciones, entonces en el capítulo 10 dice:
Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube.
Él va a unir un tema con el otro. Esta división de capítulos recuerde que es una división relativamente contemporánea. Esto inicialmente era una sola carta larga, y era más fácil en la antigüedad porque la gente no perdía el hilo de la conversación. Ahora mismo pareciera como que el apóstol Pablo mandó una carta de un capítulo, después mandó otra carta de un capítulo. Todos estos capítulos que tenemos hoy, esos números grandes que aparecen en el texto, fueron añadidos para que podamos todos leer al mismo tiempo, pero inicialmente esto era una sola carta larga, y en esta carta larga no había una transición desde el 9 hasta el 10, sino que seguía directo.
Lectura del texto y tesis del sermón
Ahora, en el capítulo 10, en la primera parte, después de que el apóstol Pablo apela a estas imágenes de su propio sacrificio, de cómo él se aproximaba como un atleta, entonces él comienza a hacer un llamado acerca de la confianza desmedida. Voy a leer los 14 versículos; pueden ponerse un momento sobre sus pies desde el versículo 1 y hasta el versículo 14, y después, con la ayuda del Señor, pasaremos a exponerlos. Solamente les pido esto: que recuerden que es una continuación de la exposición anterior, y de todo este amplio tema en la carta de Pablo a los corintios acerca de qué hacer con los sacrificados a los ídolos. Dice así la Sagrada Escritura:
Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar, y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. Pero de los más de ellos no se agradó Dios, por lo cual quedaron postrados en el desierto. Mas estas cosas sucedieron como ejemplo para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar. Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil. Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. Y todas estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también, juntamente con la tentación, la salida, para que podáis soportar. Por tanto, amados míos, huid de la idolatría.
— 1 Corintios 10:1–14
Si uno mirara solamente los versículos del capítulo 10 del 1 hasta el 31, diría: ¿de qué está hablando el apóstol Pablo, qué tiene que ver esto con la idolatría? Entonces él corona todo el texto al final, en donde dice: «Por tanto, tomando en cuenta lo que acabo de decir, amados míos, huid de la idolatría». Siéntense hermanos queridos.
Dice nuestra introducción que aunque tenemos en Cristo seguridad de nuestra salvación y libertad, nuestra lucha contra todas las manifestaciones de la maldad requiere que estemos atentos, que seamos prudentes y evitemos el exceso de confianza. En esta extensa exposición sobre el tema de la idolatría, que comenzó en el capítulo 8 y llega hasta el capítulo 11 versículo 1, el apóstol Pablo ya se ocupó del tema de la conciencia y también de los grandes sacrificios que deberíamos hacer por el avance del Evangelio.
Ahora llama a sus lectores a mirar hacia el pasado. Sus padres, que vivieron todos las más impresionantes experiencias junto a Moisés, terminaron en su mayoría desagradando a Dios y postrados en el desierto al entregarse a diferentes pecados.
Su historia es un llamado para nosotros: no usemos la seguridad de la salvación como argumento para entregarnos al pecado. Cuidemos nuestros pasos para no caer y dependamos de Dios en la tentación; huyamos del pecado. Continuando esta exposición acerca de la idolatría, el apóstol Pablo les dice ahora a sus interlocutores, que eran los corintios: recuerden sus antepasados. Él está apelando ahora a la historia de Israel, está diciendo: Israel, todos eran el pueblo del Señor. En Israel todos ellos vivieron al mismo tiempo las más intensas experiencias en su peregrinar caminando junto a Moisés.
Todos ellos fueron sacados de Egipto con la mano fuerte del Señor y cruzaron el Mar Rojo. Todos fueron alimentados, y me llama la atención que él le pone ahora el aditivo de que fueron alimentados espiritualmente en el desierto. Todos ellos fueron protegidos por una nube. Pero los más de ellos desagradaron al Señor y se entregaron al pecado. La relación de esto con el tema es que parece que los corintios estaban muy confiados. Decían ellos: nosotros somos el pueblo del Señor, nosotros somos creyentes bautizados, tenemos experiencia de que el Señor está con nosotros, nosotros tenemos experiencia.
Pablo está previniendo a la iglesia acerca del exceso de confianza. Son aquellos que piensan que por su posición en Dios podrían practicar determinadas cosas y no es nada. Son aquellos que piensan que son lo suficientemente maduros para poder resistir. Son aquellos que piensan que la seguridad de su salvación es tan fuerte, que aún podrían practicar no solamente la idolatría sino los cinco pecados característicos de Israel, y todavía están bien con Dios. El apóstol Pablo dice: recuérdense que todos ellos tuvieron experiencia y la mayoría de ellos terminaron postrados en el desierto; y el que piensa estar firme, mire que no caiga.
La meta del creyente y la primera recomendación: mirar al pasado
Hermano, he venido a decirle hoy un asunto muy sencillo: no confíe en su confianza. No ponga su confianza en su propia capacidad, no piense que su lugar en Dios le va a garantizar mantenerse sin caída. Y vengo a responder la pregunta: ¿cómo podemos nosotros evitar la caída? A esta pregunta, pienso darle cuatro respuestas distintas. La meta de un creyente debe ser no tocar el suelo. Se trata de una expectativa de la vida cristiana que no es una vida cristiana de arrastre; no es esa la expectativa de Dios.
De hecho, si usted va a comenzar a militar la vida cristiana, usted debería anhelar salir invicto. Un creyente debería vivir, para la gloria del Señor, anhelando no tener que tocar el piso. Este tipo de vida cristiana que es una vida cristiana de arrastre no tiene nada que ver con la expectativa de vida cristiana que tiene Dios para sus hijos. A la luz de la Escritura, la caída, hermano, es un asunto excepcional. Es más, dice la Escritura que «fiel es Dios para guardarnos sin caída». Y se ha debatido durante mucho tiempo si sería posible que un creyente no pecara.
Los antiguos decían: ¿podría vivir un creyente largo tiempo sin pecar? Algunos llegaron a la conclusión de que sí y otros llegaron a la conclusión de que no. Yo le digo, hermano: ya sea que usted concluya que puede vivir para siempre sin pecar o que no, a la luz de la Escritura un creyente debería anhelar ardientemente no pecar. Un creyente debería tener el deseo de nunca pisar el piso; debería desear pasar por este mundo siempre para la gloria del Señor. Y aunque no lo lograra, debería apuntar hacia allá.
Como tu pastor vengo a darte hoy cuatro recomendaciones para evitar la caída. La primera recomendación que te voy a dar es que tienes que mirar hacia el pasado con sabiduría. El apóstol Pablo comienza esta parte de su exposición apuntando al pasado, a la experiencia de atrás. Dice él en el versículo 1:
Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube.
Este “porque”, hermano, está concatenando la autodisciplina que el apóstol Pablo dice que él tiene con la actitud que parece era prevaleciente entre ellos: Pablo autodisciplinado y ellos autoconfiados. Pablo desarrollando amplios ejercicios espirituales para glorificar a su Señor como un heraldo, y los corintios caminando con la guardia baja y confiando en la seguridad de su salvación. Por eso él no quiere que ignoren esto; les está diciendo.
Después viene, hermano, una expresión donde lo más recurrente es “todos, todos, todos”. El apóstol Pablo está haciendo un argumento de que no piensen que Israel salió parcialmente: salieron todos, todos vieron la gloria del Señor. Y vez tras vez el apóstol dice: todos, todos, todos. Dice él:
Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar, y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron del mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. Pero de los más de ellos no se agradó Dios.
El apóstol Pablo lo que está haciendo es primero incluir a todo el pueblo y después fragmentarlo. Ay, hermano querido, todo el que está aquí presente, tristemente digo, esto no le garantiza que está aquí en buen centro. Y yo quisiera que como iglesia tengamos unas perspectivas bíblicas también acerca del descarriado. Yo tengo ya el suficiente tiempo en el camino del Señor para ver muchos haber muerto en batalla.
Y, tristemente, muchos de ellos no han muerto en batalla de manera honrosa. No se tocará trompeta por el nombre suyo; su memoria será borrada. En los caminos del Señor diariamente hay alguien que muere en batalla, y muchos no mueren ni siquiera luchando. Usted mismo conoce a alguien que ya volvió atrás. Y esta confianza desmedida que algunos tienen en su salvación, de decir: yo soy salvo, yo soy cristiano, yo soy hijo de Dios, en mí hay evidencia de la mano fuerte de Dios, o a mí no me sacó el Señor con su mano poderosa de Egipto, el Señor me dio vida espiritual.
Dice la Escritura que algunos que han probado en estas cosas han vuelto atrás, que han caído de la gracia. Hermanos queridos, yo quisiera hoy reducir un poco el ego espiritual de aquellos que dicen: yo estoy confiado en que voy a poder prevalecer porque soy cristiano, porque tengo experiencia, porque estoy afirmado en la promesa del Señor. Yo quisiera llevar a esta iglesia a que sea una iglesia humilde.
Atletas, temor y temblor: la autoconfianza que lleva a caer
Quisiera que esta iglesia asuma su lucha contra el diablo, el mundo y la carne con la humildad necesaria de los atletas de alto rendimiento. Algo que he visto, observando diferentes deportes, es que aquellos que más lejos llegan son los que se toman más en serio los peligros de su carrera. Quiero dar algunos ejemplos solamente para ilustrar esta verdad. Usted está militando la vida cristiana: quien llega lejos en la vida cristiana es una persona que tiene temor y temblor.
No es una persona altiva que está confiada en que “yo voy a llegar hasta el final porque tengo los medios”. Es una persona que cuida, como dice la Escritura, su salvación con temor y temblor. Y si yo pudiera hoy transmitirle a mis hermanos temor y temblor acerca de su salvación, creo que habré logrado mi propósito en este sermón. Yo quisiera llevarte, hermano, a la humildad necesaria para que prevalezcas, la humildad necesaria para que seas fortalecido en Dios.
Es aquel que no apela a su posición en Cristo para llevar entonces su carnalidad a un punto honroso; es aquel que no dice: “como yo soy cristiano, entonces yo puedo hacerlo”. Es aquel que cuida su salvación con temor y temblor. Pablo consistentemente dice “todos, todos, todos”, y después dice “los más”. Ay, hermano querido, qué hermoso sería si todos fueran salvos en Cristo: todos, todos, todos, y después los más. Me llama la atención que les llama “nuestros padres”.
Pero estos, hermano, que vivían en la ciudad de Corinto no todos eran judíos. Pablo los llama “nuestros padres”; me permiten aquí hacer una pequeña digresión para decirle que la historia de Israel también es la suya. La historia del pueblo del Señor no comenzó solamente con el nacimiento y la obra de nuestro Señor Jesucristo; nuestra historia viene desde antes. Las promesas de Abraham también son las suyas. Las promesas de Israel, la historia de Israel, también es para el pueblo cristiano.
Muchos de estos hermanos en Corinto no eran, por naturaleza, por sangre, por un asunto consanguíneo, parte del pueblo de Israel. Pero ya habían sido añadidos a este pueblo, y la historia de su pueblo era también la historia suya. Por eso Pablo no tiene ningún cuidado en hablarles acerca de “nuestros padres”. Estos padres, hermano, nos están apelando a nosotros, al Antiguo Testamento. Yo quisiera enseñar a mis hermanos que el Antiguo Testamento es un testamento útil también para nosotros, y que, de hecho, un cristiano tiene que tener su mente embebida de las historias del Antiguo Testamento; y que estas historias tienen una función profiláctica y preventiva para el pueblo del Señor.
Si alguien me dijera por qué el Antiguo Testamento existe en nuestra Biblia, y si calculan el número de libros y el texto que esto compone, hermano, es un texto mucho más amplio que el del Nuevo Testamento. Toda la Biblia es útil, y todas estas historias son para nosotros historias necesarias. Nuestro peregrinar hacia la tierra prometida es similar al peregrinar del pueblo de Israel hacia su tierra prometida. Estamos sirviendo al mismo Dios, que es el mismo ayer, hoy y por los siglos; y los grandes ejemplos de Israel son ejemplos para nosotros, tanto para imitar como para evitar.
Un creyente que va a ser guardado sin caída tiene que aprender a mirar hacia atrás, mirar el pasado con sabiduría. Para mirar el pasado con sabiduría deberías conocer la historia de Israel en el Antiguo Testamento. Tú no eres la primera persona que comenzó a conocer a Jehová, el Dios de los ejércitos. Tú no eres el primer creyente de la historia. El Señor se hizo un pueblo, y la historia de ese pueblo es también tu propia historia; por eso son “nuestros padres”.
Quiero mencionar esta expresión recurrente, “todos”, que va del versículo 1 al 4: dice que “todos estuvieron bajo la nube”. Hermano, la nube era un instrumento provisto milagrosamente por el Señor para dirigir y proteger a su pueblo. Y alguien dirá: si el Señor a mí me quiere tanto, que me ha estado protegiendo por medio de una nube, que me ha estado dirigiendo por medio de una nube, ¿cómo va a ser que yo seré reprobado? ¿Cómo no voy a ver yo la tierra prometida si el Señor me la prometió?
Este dilema lo tengo yo frecuentemente con hermanos míos que me dicen: “¿Cómo va a ser que el Señor te promete una cosa y no se cumpla? ¿Cómo va a ser que el Señor te salvó y vas a terminar perdiéndote? ¿Cómo va a ser que el Señor sacó a todos y al final solamente salvó algunos?”
Falsas seguridades y el oficio de alto riesgo de ser cristiano
Dice que “todos pasaron el mar”; esa experiencia de liberación. Usted sabe lo que es ver el poder del Señor, la mano del Señor, las grandes obras del Señor abriendo el mar en dos para que un pueblo cruce, y usted le puede decir: «Y todavía el Señor a mí no me ama, ¿cómo va a ser que el Señor me está castigando? ¿Cómo va a ser que voy a quedar postrado después que el Señor abrió el mar en dos para mostrarme su poder?». Dice que “todos fueron bautizados en Moisés”, “todos comieron el alimento espiritual”, “todos bebieron la bebida espiritual”.
Desde aquí podemos deducir cuáles eran las falsas seguridades que habían hecho que la iglesia en Corinto se entregara a la idolatría. ¿Cuál era su falsa seguridad? Quizás la misma falsa seguridad que tienen hoy muchos hermanos míos, que dicen: “Oh, pero Dios me está dirigiendo, Dios me está protegiendo, estamos bien, no va a llegar ningún mal. A partir de este momento podemos decir: todos, Dios nos ha hecho verdaderamente libres, ¿cómo va a ser que alguien me va a decir que puedo terminar yo en esclavitud? Aquí el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”.
Quizás algunos en Corinto decían: “Nosotros fuimos bautizados en Cristo”. Hermano, bautismo significa identificación profunda; cuando un personaje era bautizado significaba que esa persona se estaba identificando completamente. Un corinto puede decir: “Cuando yo fui bautizado a mí se me transmitió la victoria de Cristo, el carácter de Cristo, la mente de Cristo; la impecabilidad de Cristo”. No se te transmitió. Y todavía en Cristo puedes volver a entregarte al pecado.
El apóstol Pablo lo que está diciendo es: dejen su autoconfianza. Para ustedes romper la idolatría tienen que dejar esa falsa seguridad; a menos que ustedes entiendan que son vulnerables, que pueden caer, que pueden terminar postrados, ustedes no van a tener una vida victoriosa. Hermano, a menos que usted se tome en serio el oficio de ser cristiano, usted no va a poder terminar en victoria. Y el oficio de ser cristiano es un oficio de alto riesgo.
Recuerdo cuando entré al Politécnico a estudiar electricidad, a un profesor que me decía que la electricidad no es algo para jugar. Si usted va a ser un buen electricista, usted primero tiene que tomarse en serio la corriente eléctrica, que es un asunto de vida o muerte. Y todo electricista conoce a alguien que fue electrocutado. “¿Entonces no, yo no conozco ninguno?” Entonces tú no eres electricista. Si tú fueras electricista vas a conocer a una persona que murió ejecutando el oficio.
De hecho, hay oficios determinados que marcan las personas. Si usted es ebanista, muy probablemente usted conoce a algún ebanista amputado. Si usted es herrero, quizás también. ¿Qué es lo que pasa? Que hay determinados oficios, hermano, que tienen muy alto riesgo, y a menos que usted se tome en serio el oficio que está militando, usted no va a tener una vida victoriosa. Hermanos en Corinto, hermanos en nuestra iglesia local: a menos que usted se tome en serio el riesgo que es militar la vida cristiana, usted siempre va a estar pecando de ingenuo.
Ese hermano que se entrega al pecado y después dice: “Es que yo no sabía que eso era tan complicado, es que yo no sabía que era tan peligroso”, hermano, usted está luchando, y en esta lucha, a menos que usted mida el riesgo y lo entienda, usted no va a salir bien. Esta expresión contrastante, “de los más”, me llama la atención. Oye, me llama la atención esto, porque del pueblo de Israel en pleno dice que “de los más”, o sea, la mayoría de ellos. Y si yo le dijera: ¿cuántos son ese “de los más”, hermano, usted se pondría la mano en la cabeza?
De esa generación que salió, usted sabe cuántos entraron a la tierra prometida: Josué y Caleb. Y usted me va a decir a mí: ¿y el Señor no les dio la promesa a todo el mundo? Sí. ¿Y el Señor no era poderoso para haber salvado a todo el mundo? Sí. ¿Y el Señor no pudo haber hecho una obra de forma tal que ese judío, ese israelita fornicario, ese israelita murmurador hubiera cambiado su mente, su boca y hasta sus ojos? Sí, hermano. Pero “de los más”, dice el Señor, no se agradó.
Ay, hermano querido, estando aquí presente, lo que estoy haciendo es ponerte una santa urgencia para que cuides tu salvación con temor y temblor. La manera en que uno tiene una victoria contundente sobre el pecado es tomándose en serio el pecado. Tengo la sospecha, y apelo aquí a las ilustraciones anteriores del apóstol Pablo que está hablando de los deportes, tengo el temor de que muchos hermanos míos estén jugando con el pecado.
Ilustraciones deportivas: no bajar la guardia
Si tú, deportista, vas a llegar lejos, tienes que tomarte en serio ese deporte, y hay prácticas que son prácticas antideportivas. Alguien me mencionó, me dijo: “Pastor, no debió haber hablado del boxeo en el sermón anterior, porque como que se le vio deleite”. No es deleite que yo sigo el boxeo, y el apóstol Pablo habla de la lucha. Y si él habla de la lucha, no está muy lejos el boxeo. En boxeo hay dos actitudes que son antideportivas.
Hay un boxeador que viene muy confiado; está tan seguro de su victoria que, ¿sabe lo que hace? Baja la guardia y enseña el rostro, y cuando enseña el rostro hace así al contrario. Normalmente no pasa del quinto. Eso es burlarse. Un boxeador con una actitud deportiva combatiente, desde el primer round hasta el último, boxea. No hay un round donde baje la guardia. Un cristiano, hermano, no dice: “No, yo soy hijo de Abraham, yo soy salvo por gracia, soy en Cristo verdaderamente libre, yo puedo probar el pecado, yo puedo experimentar porque yo soy fuerte”. De “los más” no se agradó Dios.
Hay otro boxeador confiado que él no mide su fuerza, sino que, para demostrar su actitud atlética, comienza a saltar desde el primer round y hasta el noveno; termina cansado, no llega al tercero. En béisbol hay actitudes que también son antideportivas. Está, hermano, esa regla no escrita en el béisbol: si usted da un batazo, usted tiene que correr. Aunque se fue jonrón, corra; eso es lo que se le enseña a usted. Aunque usted haga contacto y sienta que eso fue jonrón por 400, usted corre.
Hay un pelotero confiado que él da cualquier toquecito y va caminando porque entiende que se fue de jonrón; normalmente lo hacen out en primera. Hermano querido, lo que te estoy transmitiendo con esto es que si no te tomas en serio tu actitud atlética, combativa, deportiva, si comienzas a pelear en tu experiencia en tu posición en Dios, en que tienes tiempo en el Señor, en que eres un creyente maduro, vas a terminar avergonzado.
Otra regla del béisbol es que si usted da un jonrón no mira al pitcher. Eso no se usa; si usted la saca del play, usted corre su batazo de su base con alegría, pero no se burla del lanzador. Hay uno que lo mira y se viste; normalmente en el siguiente juego hay un pelotazo. Son reglas del béisbol. Ay, hermano querido, yo te estoy llamando a que no juegues con el pecado, a que no te confíes en tu capacidad, a que no abuses de tu posición en Dios. El que piensa estar firme, mire que no caiga.
El problema en Corinto era la autoconfianza. Ellos habían estado buscando asuntos filosóficos, que es lo que se evidencia en los capítulos anteriores: que si una cosa, si la otra; al final estaban confiados. Ellos entendían que eran cristianos, que ya habían sido bautizados, que eran una iglesia que tenía dones, que era una iglesia que tenía diferentes ministerios, que era una iglesia que estaba en crecimiento, que era una iglesia que tenía las manifestaciones del poder de Dios. ¿Cuántos hermanos míos han visto las manifestaciones del poder de Dios y han terminado avergonzados?
Tengo los suficientes años en el Señor para haber visto muchos morir en batalla, y normalmente han sido unos que combinan dos actitudes: primero, una alta capacidad, un don muy fuerte, un conocimiento muy fuerte; y segundo, una fuerte autoconfianza. Miren, los que más lejos llegan en los caminos del Señor no son necesariamente los más sabios, ni siquiera los más fuertes; son los más precavidos.
Mencionar otros pecados además de la idolatría
Son aquellos que dicen: “Yo soy electricista y yo uso guantes”. Hay uno que te dice: “Vamos a ver si el bombillo tiene la energía”; mete la mano. Las máquinas de cortar tienen sensores y hay que poner los dos brazos; y hay uno que dice: “No, que eso es un quita tiempo, yo puedo hacerlo directamente”, le quita el sensor y la utiliza; pierde las manos. Hermano, la vida cristiana es una vida que requiere cierta previsión, y a menos que tú mires al pasado y entiendas que el problema de Israel fue la autoconfianza, no vas a terminar en victoria.
Me llama la atención que el apóstol Pablo está hablando de la idolatría y comienza a mencionar otros pecados más. Del versículo 6 en adelante él menciona otros pecados, y yo me imagino que cuando los corintios leyeron la carta comenzaron a decir: “Pablo, pero estamos hablando de la idolatría, ¿qué tiene que ver la fornicación con la idolatría, qué tiene que ver la murmuración con la idolatría? Ese no es el pecado del que estamos hablando”. Hermano, yo he encontrado que hay sabiduría en que el apóstol Pablo no se limite ahora solamente al tema de la idolatría, sino que mencione otros pecados más.
En un momento estaré mencionando esos pecados, pero permítame compartirle algunas razones necesarias para mencionar otros pecados aparte de la idolatría. El tema de idolatría lo comenzó en el capítulo 8. Sin embargo, he encontrado, y mientras más leo esto más me doy cuenta de la perspectiva pastoral y de sabiduría que tenía el apóstol Pablo cuando escribía, que hay razones para mostrar otros pecados ahora aparte de la idolatría.
Una razón es que debemos evitar enfatizar imprudentemente un solo mal. Una iglesia que combate solamente un pecado es una iglesia muy débil. Quizás habría hermanos que tenían el problema de idolatría entre los corintios, pero había otros que no, sino que eran fornicarios, murmuradores, codiciosos. Una iglesia que predica solamente contra un pecado va a terminar siendo una iglesia debilitada.
El apóstol Pablo sabía que estaba atendiendo no tanto un pecado específico sino una actitud pecaminosa, y lo que he visto es que un hombre que tiene una actitud relajada hacia un pecado normalmente tiene también una actitud relajada hacia otros pecados.
Una persona que no se pone límites en su vida al practicar un pecado específico con mucha facilidad termina practicando ese pecado, ese otro pecado y también el otro. Hermano, la raíz del pecado es la misma raíz: es rebelión contra Dios. Y un hermano que no se establece límites ni autodisciplina, como decía al final del capítulo 9 el apóstol Pablo, es un hermano que termina no solamente en idolatría: termina en idolatría, viene con fornicación, con murmuración, con codicia y con otros pecados más.
Sería muy extraño que te encuentres una persona que en algún aspecto de su vida tiene una actitud liviana y en otro aspecto tiene una actitud muy bella. Ese mismo que no se puso límite ahí será el mismo que no se pondrá límite allá. Por eso es sabio no solamente atender uno, sino atender muchos.
Además de esto, todos los pecados son igualmente aborrecibles delante del Señor, y como iglesia no podemos hacer acepción de pecados. Si nos dedicáramos solamente a un pecado, solamente a un mal, podríamos servir muy bien a una parte y desatender completamente la otra. El apóstol Pablo ahora comienza a decir: no es solamente el tema de la idolatría; apliquen esto mismo a cinco pecados más, y es la misma receta. El cuidado que un hermano debería tener hacia un pecado es el mismo cuidado que debería tener hacia todos los pecados.
Por demás, la realidad en esto es que todos los pecados tienen la misma fuente, que es falta de satisfacción en Dios, y todos los pecados siguen el mismo proceso. De hecho, lea la historia del adulterio del rey David, y usted encontrará que ese proceso de pecado de mirar, codiciar, establecer límites, un pecado sobre otro pecado, eso mismo aplica a la avaricia, eso mismo aplica a la murmuración, eso aplica al robo, a cualquier otro mal. Los pecados tienen el mismo proceso.
A partir de aquí entonces el apóstol Pablo comienza a presentar otros pecados. Dice él, a partir del versículo 6:
Mas estas cosas sucedieron como ejemplo para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. Ni seáis idólatras, como algunos de ellos; según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar. Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil.
Hermano, ese “se levantó a jugar” es un eufemismo, es una manera de describir lo que hacían ellos cuando practicaban su idolatría. No tengo el tiempo para explicar eso, pero es una expresión delicada para un pecado muy grotesco.
Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron y perecieron por las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron y perecieron por el destructor.
La razón de esto es que si un hermano decía: “yo soy fuerte para practicar ir a un templo idolátrico y comerme lo que ahí sirvan”, al mismo tiempo decía: “soy fuerte para ir a un centro de prostitución y entregarme al mercado”, y al mismo tiempo “soy fuerte para poder murmurar olímpicamente sin tener límite en ninguna cosa”. Hermano, en tu vida yo te animo a que no luches contra un pecado: lucha contra el pecado.
Los cinco pecados de Israel y su paralelo hoy
No luches contra idolatría solamente, lucha contra el pecado. Exígete en todas las áreas del pecado el mismo nivel de autodisciplina que se exigía el apóstol Pablo. Me da gusto que él mencione estos pecados, porque si no podríamos estereotipar la vida cristiana como si fuera solamente idolatría. Él está diciendo: la actitud idolátrica es compartida al mismo tiempo por el fornicario, por el murmurador, por aquel que está siendo víctima de la codicia y por cualquier otro que practique determinados pecados.
¿Cuáles eran los pecados específicos de Israel? Hermano, esto nos describe la naturaleza de un pueblo. El pecado en Israel era primero la codicia: desear lo que no te corresponde. “Ah, el pastor tiene ya tres semanas hablando de idolatría, pero ese no es el pecado mío”; jamás digas que ese no es tu pecado. No es solamente idolatría, también codicia.
La idolatría misma es todavía una realidad en nuestros días. ¿Cuántas personas dependen y le atribuyen a personas, lugares o cosas atributos de Dios? ¿Cuántos hermanos evangélicos dicen: “yo ya quité las vírgenes de mi casa, ya quité los ídolos, ya quité los palos, ya quité las imágenes de piedra”, pero todavía tienen cantidad de asuntos en su vida y en su casa a los cuales le atribuyen características místicas? ¿Cuántos hermanos tienen todavía prendas a las que le atribuyen asuntos idolátricos? Dicen: “No, esto yo lo camino”, y le hacen una historia bonita. Hermano, al final no es otra cosa que idolatría.
La fornicación la menciona también: la promiscuidad sexual. Fornicación es cualquier experiencia sexual que está alejada de donde Dios lo ha establecido, que es el matrimonio. ¿Cuántas personas están entregadas a la fornicación?
Dice “tentar a Dios”, provocarle con quejas sobre su provisión. La murmuración: quejarse de forma tal que indispones hasta a otros. ¿Cuántos cristianos murmuradores hay? “Yo no soy muy idólatra”; aquí hay, hermano, una receta adicional para que entendamos que esta situación que el apóstol Pablo ha estado exponiendo no es solamente para aquel que tiene en su casa una piedra, un palo al cual está adorando. Hay muchos otros males que tienen la misma fuente.
Y dice el versículo 11:
Y todas estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos.
Me impresiona el hecho de que el apóstol Pablo entendía que ya estamos en los fines de los siglos, y muchos hermanos dirán: “Pero del apóstol Pablo hacia aquí han pasado miles de años”. Hermano, el tiempo de los fines de los siglos comenzó y fue inaugurado con nuestro Señor Jesucristo. Con la llegada de Cristo se consumó todo el programa principal del Señor. Lo que estamos viviendo ahora mismo es el final de los tiempos.
El final de los tiempos no significa que sea corto; lo que significa es que lo que había que hacer ya se hizo. Ya lo que Dios iba a decir lo dijo. Ya no deberíamos estar esperando ahora una cosa adicional; todo está cumplido, lo que falta es la consumación de todos los tiempos. Estamos ahora mismo en los tiempos finales.
Dice el apóstol Pablo que nosotros que vivimos en los fines de los siglos, a nosotros nos es muy útil todo esto que se vivió en las dispensaciones anteriores. La realidad, hermanos, es que nosotros como cristianos tenemos una posición ventajosa; por eso un cristiano que se entrega al pecado se ve tan mal. Yo encuentro que en el libro de los Hechos, que es lo que estamos estudiando ahora mismo en la escuela bíblica, el Señor es tan contundente en la lucha contra el pecado: pecados que practicaban los antiguos, cuando llegaban al libro de los Hechos, el Señor no solamente los reprendía, sino que los fulminaba.
Hermano, es que nosotros tenemos una posición ventajosa. No se nos ve bien el pecado porque tenemos ya la experiencia de generaciones de creyentes que tuvieron que hacer la voluntad del Señor. Nosotros no somos nuevos en esto. De hecho, tenemos más conocimiento que el conocimiento que tenía Moisés; tenemos más conocimiento que el que tenían los profetas, porque tenemos el conocimiento de ellos y el conocimiento que después vino a través de Cristo sobre lo que dijeron ellos.
Tenemos más conocimiento y tenemos más profundidad y mayor entendimiento también porque Cristo nos dio la mejor interpretación que se puede hacer de la Ley y los Profetas. Hermano, usted junta la Ley, los Profetas y el Sermón del Monte, y usted dice: “¡Guau! Pero qué cuerpo de conocimiento tenemos los cristianos”. No nos vemos bien cuando nos entregamos al pecado.
Y añádale a todo esto la presencia vivificante y celosa del Espíritu Santo en la vida nuestra. Los antiguos, el poder del Espíritu Santo lo veían como de repente; nosotros somos su casa, donde él habita permanentemente. Una persona que tiene conocimientos antiguos, una persona que tiene la explicación clara que hizo Cristo de la Ley y de los Profetas, una persona que tiene el Espíritu Santo en su corazón, tiene una posición ventajosa. Todo el cúmulo anterior es para beneficio nuestro.
Segunda recomendación: cuidar los pasos (mire que no caiga)
Y si me dijeran una ñapa sobre esto, hermano, nosotros también tenemos la expectativa de que estamos al final de los tiempos, y en el último tramo de la carrera uno se esfuerza y lo sacrifica todo, lo deja todo en la pista. Un creyente debe vivir su vida como que está al final de los tiempos y que allá está la meta, que lo está esperando su Señor con los brazos abiertos. Nosotros deberíamos militar la vida cristiana y correr como corre un atleta el último kilómetro de un maratón: que usted tiene ya 30 kilómetros corriendo, hermano, la última parte usted se envalentona y también lo corre.
Es raro que una persona se devuelva en el último kilómetro porque ya ha corrido 30. Cuánto más nosotros, estando al final de los tiempos, tenemos expectativas más gozosas y más envalentonadas para hacer la voluntad del Señor. Primer asunto para evitar la caída: mire hacia atrás con sabiduría. Cada vez que usted lea la Escritura, usted tiene que decir: “Me están advirtiendo”. Es más, hermano, a veces usted va a leer historias grotescas del Antiguo Testamento, que la gente le pone la mano en la cabeza y dice: “¿Pero para qué esos documentos?”. Para bienestar tuyo.
La gente lee los tiempos de los jueces y dice: “Ay, pero qué historia”; sí, una historia aberrante, como se está viviendo al día de hoy: cada cual hacía lo que bien le parecía. Y todo eso fue escrito para tu amonestación. Alguien dice: “¿Pero por qué el Señor nos desnuda a David con tanta precisión, su carácter, su corazón, sus grandes fallos?”. Para bienestar tuyo, para tu amonestación. “¿Por qué tenemos nosotros que ver a Salomón, un hombre sabio, participando de esas cosas?”. Para que entendamos, hermano, para amonestación tuya.
Todo el Antiguo Testamento es una fuente fresca de provisión para apartarse del pecado a todo aquel que vive de este lado de la dispensación. Primer asunto, hermano: mire hacia atrás con sabiduría. Los otros no puedo dedicarles tanto tiempo, pero tengo que decirle que un creyente cuida sus pasos. Dice el versículo 12, y este versículo, hermanos, es el corazón palpitante de esta perícopa, de esta parte de la exposición de Pablo:
Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.
Así que, dado lo anterior, dado que tenemos el ejemplo anterior, dado que podemos estar participando de la misma autoconfianza, así que: el que piensa estar firme, mire que no caiga. Es más precisa aún la traducción que hace la NVI, que lo traduce de la manera siguiente: “Si alguien piensa que está firme, mire que no caiga”, porque ese es el mismo problema: “Ay, ¿sabes qué? Estoy muy firme en el Señor, estoy afirmado”, hermano, no te confíes.
¡Ay!, pero yo tengo tanto tiempo en los caminos del Señor. ¡Ay, qué pena da eso! Un hermano que durante una vida de 20 años consistentemente glorificó al Señor, alguno ya ahí, en el pedacito final termina avergonzándole. El que piensa estar firme, mire que no caiga. Hay, hermano, cuántos creyentes descarriados, cuántas personas han vuelto atrás.
No confíes en tu capacidad. No te refugies en tu autoconfianza. No apeles a que el Señor se ha manifestado en ti. No apeles a que el Señor te sacó del pecado. No apeles a que fuiste bautizado. El que piensa estar firme, mire que no caiga. Hermano, por eso el título es así: “Mire que no caiga”. Primera cosa: mire el pasado con sabiduría; la otra: tiene que cuidar sus pasos.
Fue noticia hace algunos meses el vicepresidente de los Estados Unidos. Según una entrevista, él dijo que no cena solo con ninguna mujer que no sea su esposa. Los titulares de los periódicos: “¿Cómo va a ser que el segundo líder mundial, el vicepresidente de los Estados Unidos, se atreva a despacharse con la declaración de que él no cena solo con ninguna mujer que no sea su esposa?”. El que piensa estar firme, mire que no caiga.
Él no está diciendo que él le prohíbe eso a ningún otro hombre, dice: “Mi práctica personal es que yo no ceno con ninguna otra mujer que no sea mi esposa”. Le preguntaron después a un colaborador suyo, y dijo: “Entre él y su esposa no cabe ni un centavo; son tan cercanos, son tan unidos, tienen tal nivel de complicidad”. Dice otro colaborador suyo: “Entre Mike Pence y su esposa no cabe ni un centavo”, o sea, está diciendo que están tan juntos, son tan unidos.
Dice que él, por años, en sus diferentes funciones públicas, ha mantenido un teléfono particular que solamente lo conoce su esposa, y que ese teléfono le permite una comunicación tan cercana. El que piensa estar firme, mire que no caiga. Bueno, ¿cuál es el creyente que ha terminado avergonzando al Señor? El que cree que no es propenso a caer, el que piensa que puede caminar por un mundo caído sin ningún tipo de protección, sin ningún tipo de seguridad, y que va a terminar bien.
Es el boxeador que cuando está comenzando baja los guantes y dice: “Mira, que estoy confiado”.
Tercera recomendación: depender de Dios en la tentación
Primera cosa: hay que mirar hacia atrás con sabiduría, hermano, y cada vez que usted lea el Antiguo Testamento, mientras más grotesca la historia, más reprendido siéntase. Mientras más usted lee esos pecados aberrantes que el Señor reprendió, sienta que le están picando cerca. Diga: “¡Guau, esa historia me picó cerca!”. Mientras más usted va a los salmos de arrepentimiento diga: “¡Guau!, de ahí el Señor me está sacando”. Todo eso fue escrito para tu amonestación.
Lo otro: tiene que cuidar sus pasos y establecer la norma que haga falta para tu seguridad espiritual. No confiarse. Una persona que se confía es peligrosa por los caminos del Señor. Estamos mirando ahí cómo estas personas que escalan montañas y demás se preparan para eso; dicen que ellos no buscan un compañero de escalada que sea riesgoso. Estas personas que les gusta hacer figuras, piruetas y demás dicen: “No es seguro subir con él”.
Hermano, la vida cristiana es un asunto de alto riesgo. Tu vida está en peligro; el enemigo tuyo es el diablo, el mundo y la carne. Y a menos que desarrolles temor y temblor, y ese temor y temblor no al diablo ni a la carne ni al mundo, sino que tú vas al encuentro con tu Dios; tú no quieres ser reprendido, tú quieres ser recibido por el Señor con los brazos abiertos. Temor y temblor, hermano: tienes que tener un nivel muy alto de precaución.
He estado preguntando acerca de oficios peligrosos; le decía a Giovanni, que trabaja conmigo: él trabajó como soldador hace muchos años, y me dice: “Un soldador que aprendió a soldar en República Dominicana no puede trabajar en los Estados Unidos; son tantas las normas de seguridad, son tantos los asuntos, que no es productivo: un chaleco completo, guantes de diferentes cosas, protecciones…”. Aquí el que piensa estar firme, mire que no caiga.
Nuestra militancia cristiana es una militancia de altos riesgos. Satanás ha pedido tu vida para zarandearte. El que piensa estar firme, mire que no caiga. Primero: mire hacia atrás con sabiduría; toda esa historia que obre a favor tuyo. Segundo: tienes que cuidar tus pasos y desarrollar normas prudenciales. El que piensa estar firme, mire que no caiga.
Lo tercero: tienes que depender de Dios en las tentaciones. Dice el versículo 13, y esto da mucho aliento:
No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también, juntamente con la tentación, la salida, para que podáis soportar.
Ese versículo hay que aprenderlo, hermano. Esos son los versículos que son ancla para el alma. Cuando tú estés siendo zarandeado, eso debe venirte ahí, memorizado: “No me ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana”.
Yo se lo he compartido antes, pero miren: he tenido una temporada, del último año para acá, en que estoy afirmado en que nadie se muere por hacer la voluntad del Señor; y si se muere, le va bien. Porque Satanás te impresiona con los asuntos como que son insoportables; él te conmiserará diciendo: “Estás sufriendo más que todo el mundo”. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana.
Sabe que gran parte de la fortaleza de Satanás es que él impresiona. Se parece a que usted sube la pluma y él la hace más grande. Satanás impresiona y dice: “No, eso es insoportable, eso nadie lo aguanta, nadie puede hacer la voluntad del Señor en esa área de su vida”. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana.
Hermano, hay veces que hay que bajarle un poco a la expectativa del poder que tiene el pecado, porque si tú entiendes que, aunque es cierto que es peligroso, no es algo insoportable. El Señor es respuesta para cada una de esas cosas. Satanás hace que tu Dios se vea pequeño y que tu pecado se vea más grande. Por eso yo invito a mi iglesia a que mire a su Dios. Tú tienes que mirar a tu Dios triunfante, tu Dios grande.
Hermano, cuando yo he tenido aflicciones, ¿saben qué hago? Yo miro la cruz. Cuando miro la cruz, veo a mi Cristo debilitado, y después me recuerdo: resucitó al tercer día. No pudo la muerte con mi Señor. Al tercer día llegó, resucitó en gloriosa luz, y al triunfar sobre el mal, perdió el pecado potestad. Hermano, tú tienes que ver a Cristo en una cruz y después verlo en gloria, y te vas a llenar de poder para sobrevivir. Tú vas a decir después: “No me ha sobrevenido ningún asunto que no sea humano”.
Tu esposa con la cual estás luchando, no la sobredimensiones. “Ay, porque el mundo se está acabando, nos vamos a morir de hambre”. Ay, que Satanás es fatalista en eso. Tú tienes una necesidad de alimentación, una necesidad que es vital, de primera necesidad, y ahora dicen que uno no debería comerse tal o cual asunto: “Nos vamos a morir de hambre”. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana.
La gente no entiende a veces ese versículo; en el original, eso de “que no sea humana” tiene la connotación de que no es algo que no sea común a todos los seres humanos. Hermano, tu pecado no es ni más fuerte ni más especial que el pecado que estoy luchando yo. Hay hermanos que se dan por vencidos porque piensan que su pecado es el pecado más irresistible; que mi pecado es el pecado más grande. Hermano, no hay nada tuyo que no sea humano.
Tú tienes que entender que todo es común al género humano. Primero eso, en cuanto a la tentación: no la sobredimensiones. Esto es común. Sabe que hay hermanos que les gusta hacer ese asunto para enseñar como que su lucha es la más grande: “Nadie está viviendo lo que yo he vivido”. Sí lo han vivido, y han glorificado al Señor. “Nadie ha soportado lo que estoy soportando yo”. Lo han soportado; han soportado más de lo que has soportado tú, y han glorificado a su Señor. “No, con esto nadie puede, nadie ha podido hacerlo”. Hay muchos que han podido y lo están haciendo, y han glorificado a su Señor.
No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a todo el género humano. Cuando venga la tentación, primer asunto es eso: esto es algo que vamos a poder soportar. La primera razón por la cual vas a poder soportarlo es que eso no viene al nivel extrahumano; son asuntos humanos.
Lo más precioso de esto, hermano, es que generaciones de creyentes han vivido lo mismo que viviste tú. ¿Cuántos hermanos están atribulados al día de hoy por la enfermedad y piensan que esa enfermedad es lo que los va a derribar? No eres el primer creyente enfermo en la historia. Han podido glorificar al Señor; han podido, en enfermedades debilitantes, enfermedades hasta un poco denigrantes, enfermedades dolorosas. Hay creyentes que han podido triunfar en la enfermedad.
“Ah, no, que solamente yo estoy padeciendo esto, yo soy único”; no, hermano, no te ha sobrevenido ninguna cosa que no sea humana. Tribulaciones familiares: luchar con un hijo, luchar con una hija, luchar con un padre, luchar con un cónyuge, luchar con un… Mire, hermano, luchar en las relaciones familiares. Tú no eres el primer creyente que ha tenido tribulación ahí.
“Es que el mío es un caso tan puntual, tan especial, tan particular…” Lo estás sobredimensionando. Apelo a un ejemplo un poco pobre, pero cuando yo me dedicaba a la consultoría en negocios, todo comerciante piensa que su negocio es particular: “No, mira, yo tengo una operación muy complicada porque mi negocio…”. Y hay diez negocios igualitos al tuyo. Pero cuando se acercan a buscar consultoría, dicen: “Mi práctica comercial es tan particular, tan específica…”.
Es un asunto de lo que están cuidando: sus malas prácticas y su ego, enseñándose como que él es el más grande. Si fuera el más grande, no estuviera pidiendo ayuda; todos necesitamos ser ayudados. Lo que tú estás enfrentando en tu vida como cristiano no es algo extraterrestre; es común. En primer lugar, es común al género humano.
Lo otro es que Dios es fiel. “Pero fiel es Dios”. Y ese Dios fiel, la connotación de fidelidad es que no tiene variación en cada uno de sus toques. No tiene variación; Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Y el Dios que fortaleció a los patriarcas fue el mismo Dios que fortaleció a los jueces, y el mismo Dios que fortaleció a los profetas, y el mismo Dios que fortaleció a los apóstoles, y el mismo Dios que fortaleció a los primeros cristianos, y el mismo Dios que te fortalecerá a ti.
Hermano, el mismo Dios con que contaba Daniel en el foso de los leones es el mismo Dios con que cuenta Rafael Pérez en Santo Domingo, República Dominicana, el Caribe insular. Y usted me dice: “No, es que ese Dios solamente para un territorio”. No, Dios es soberano sobre toda su creación. Hermano, Dios es fiel. No venga a entender que él va a tener un trato contigo diferente a cómo ha tratado a otros. Dios tiene el mismo toque con cada uno de sus instrumentos.
Dios es fiel. La fidelidad de Dios va a poder lidiar no solamente con la idolatría sino con muchas cosas más. Y después dice que Dios no solamente es fiel, sino también bueno, y que él limitará la tentación a tu capacidad. No es que me quiero gozar en el sufrimiento de nadie; sin embargo, he visto a mis hermanos que están experimentando unos niveles tales de padecimiento, tribulaciones combinadas, donde se te atribula por aquí, pero también por allá y también por allá.
Y sabe lo único que puedo pensar: “¡Guau!, qué capacidad el Señor le ha dado a ese hermano, y cuando el Señor lo saque de ahí, ¡qué tremendo instrumento tendremos!”. Porque dice la Escritura:
Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir.
Medida de la prueba, salida de Dios y cuarta recomendación: huir
Tu nivel de tribulación, tu nivel de sufrimiento está atado a la capacidad que el Señor te ha dado, y a cada quien el Señor le ha dado. Un hermano muy atribulado es un hermano que tiene mucha capacidad para resistir. Y normalmente de ahí el Señor se saca sus mejores instrumentos. Cuando veo a ese hermano que está atribulado, muy afectado, no es que se goce en esto de nuevo; la tribulación es real. Pero hay hermanos que, como dice el dicho, “se le cayeron todos los palitos”.
Ya tenía un problema aquí, pero después un problema allá, y después un problema allá, y de tipo Job. Bueno, cuando yo voy a la historia de Job, digo: “Si el Señor dice que él no permite que nosotros seamos tentados más allá de lo que podamos resistir, ¡qué nivel de resistencia tenía Job!”. Pero usted ha visto la tribulación en cascada que le llegó a Job: primero esto, después otro, después otro, después otro… “¡Guau!, ¿para dónde que va a llegar?”. Hasta donde tú puedas resistir.
Hermano, la actitud que tenemos para poder vencer es que no nos entregamos diciendo: “Esto me sobrepasó, caí, ya me rendí, déjame derribarme”. Usted avergonzó al Señor. Un creyente entiende: “Fiel es Dios; no seré tentado más allá de lo que pueda resistir. Y juntamente con la tentación Dios me dará la salida para que pueda soportar”.
Aguante más que el pollo. Siento que muchos hermanos míos se me están quedando solamente en la tribulación. Un creyente lucha y resiste, pero está buscando una puerta. Y esto no es algo vergonzoso ni nada; en el momento que el Señor abra la puerta, hermano, sálgase. Digo esto con cuidado, pero hay gente que está luchando sin necesidad, porque el Señor ya les dio un bajadero a su problema.
No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana. Este asunto es común a todos los seres humanos. “Si el hermano pudo, yo también voy a poder”. Pero fiel es Dios que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir. “El Señor sabe que yo soporto este asunto y, por eso, me lo ha permitido”.
Sino que dará también, juntamente con la tentación, la salida. “Señor, enséñame la salida y por ahí yo salgo”. Nosotros no estamos llamados a vivir una vida de entregarnos a un padecimiento perpetuo. Cuando el Señor… Me llama la atención que son salidas bíblicas. Hay salidas bíblicas para los problemas; salidas limpias, salidas que honran.
Hermano, no estamos llamados a esclavitud. Dice la Escritura —y esto en los temas más complicados, temas de los cuales yo no quisiera ni siquiera verbalizarlo para no dar ocasión de caer, pero tengo que hacerlo—: ustedes me han visto aquí durante nueve años predicar consistentemente a favor del matrimonio; consistentemente el hecho, hermano, miren, el Señor aborrece el divorcio; honre a su Señor, luche por su familia, luche por su matrimonio. Y hasta ahí.
Dice la Escritura que si acaso usted está glorificando al Señor en matrimonio y lo están esclavizando, y tiene un cónyuge que ha deshonrado al Señor y le ha dejado, él, no usted, está tomando la decisión: él le dejó. Dice que usted no está esclavizado; entonces suéltelo, porque a esclavitud no te ha llamado Cristo.
Un creyente no se entrega a la aflicción como hermano cuando el Señor le da una salida, y si es una salida bíblica, tómela. ¿Cuántas veces el Señor…? Hay gente que le gusta luchar y han hecho de eso un personaje. Hay gente que el Señor le ha resuelto sus necesidades básicas, aunque sea a nivel de lo material, y siempre viven gritando las carencias; están murmurando.
Hay gente a quienes el Señor les ha dado medios legítimos de provisión, y tanto están sufriendo diciendo: “Yo no tengo”. ¡Pues agarre el medio que el Señor le ha dado! Hay gente que está luchando en áreas donde el Señor ya proveyó. Hermano, no solamente luche, sino que luche y resista; resista, resista y mire alrededor a ver si se abre una puerta.
Y cuando tú encuentres una puerta para salir de la tentación, ¿sabes lo que tienes que hacer? El versículo 14 dice:
Por tanto, amados míos, huid de la idolatría.
Usted va a luchar; el dilema que ellos tenían era luchar contra este asunto de una carne que fue sacrificada a los ídolos. Están luchando con esto: “¿Cómo lo hago? ¿Cómo puedo manejar mi alimentación y, al mismo tiempo, mi fe?”. Si el Señor le dio un medio de salida, salga: huya de la idolatría. No se quede ahí; no se entregue a eso con liviandad, como que “aquí esto hay que correr”.
Primer asunto: mire hacia atrás con sabiduría. Segundo: cuide sus pasos. Tercero: dependa de Dios en las tentaciones, sabiendo que no debe sobredimensionar el pecado, que Dios es fiel y que está limitada a su capacidad. Y lo otro, hermano: huya. ¡Cuántos hermanos míos están ahora mismo detenidos en áreas pecaminosas sin necesidad! Yo entiendo que hay gente que ha sido expuesta a contextos donde está luchando con la conciencia; hermano, si usted puede huir, huya.
Si usted tiene un medio para alimentarse que no le va a dar mala conciencia, que no va a dar mal testimonio, que no va a tener problemas, huya de la idolatría. De hecho, lo que Pablo está por compartir en los próximos versículos es cómo huir de la idolatría; eso es lo que está por explicar. Pero en esto, hermano, huya de la idolatría; no intente demostrar fuerza.
Un creyente no puede tener un asunto que sea grandilocuente, como que demostrando lo mucho que lucha. “Mira, estoy venciendo”. Hermano, si usted puede huir, es mejor huir. Creo que aquí quedará yo pesado, pero si no tuviera tanta convicción de mi oficio pastoral, hiciera otra carrera: yo estuviera en leyes. Es un mundo interesante, el mundo de las leyes.
No administrar el pecado y no abusar de la gracia
Estaba leyendo de un abogado que decía que, ante cualquier pleito legal, es mejor hacer una buena negociación que un pleito. Y en la realidad, hermano, hay tantos riesgos de usted ir a los tribunales, que es mejor: “Ajá, ¿por qué no peleó aquí?”. Huya; si usted puede oír, oiga. No tirese a pleito si puede salir por la puerta lateral.
No intente administrar el pecado. Hay gente que, en vez de huir del pecado, lo administra. Dice: “Yo puedo tenerlo ahí cerca y darle un chin de vez en cuando, que no se fortalezca mucho; yo voy a tener siempre dominio”. Hermano, huya del pecado, no lo administre. Lo que la Escritura nos está diciendo a un militante de la idolatría es: “Huid de la idolatría”.
Militar el pecado es tener una actitud de complacencia hacia el pecado, donde tú estás ahí: “Sí, practico un chin y lo alejo un chin”. Hermano, huya de ese asunto. “No, es que él no me domina, yo domino el pecado, yo lo administro”. No administre el pecado; huya de la idolatría.
No corras riesgos innecesarios. Si el Señor le ha dado una puerta, una salida, no corra riesgos: huya. Hay gente que está creando un testimonio: “No, que yo me quiero quedar aquí luchando para poder testificar que el Señor…”. Mire, no hay que hacer el mejor testimonio; el mejor testimonio es no haber participado.
Y, de hecho, yo les he manifestado una vez que todos los evangelistas de una generación anterior hicieron un daño tremendo, porque acostumbraron al pueblo a escuchar testimonios grandilocuentes de mucha vergüenza. La provisión del Señor, el testimonio más contundente es el de una persona a quien el Señor le preservó. Sin embargo, hay testimonios que deben ser escuchados, pero no son fans del pecado, son fans de la liberación del Señor.
Si usted todavía no ha visto un asunto muy grande, antes de que eso se ponga grande, huya y glorifique al Señor porque le permitió huir. Un hermano que diga: “Mira, me di cuenta que yo puedo ser presa de eso, y antes de que eso me agarre, corrí por mi vida, por amor al Señor”. Huya de la idolatría.
Ay, hermano, no abuse de la provisión del Señor para preservar a los santos. Estoy convencido de que la gracia del Señor es la que nos preserva. Mire, si no fuera por la misericordia del Señor, ¿cómo pudiéramos nosotros estar en pie? Es la gracia del Señor que nos preserva, nos guarda sin caída. No abuse.
Hay hermanos míos que están abusando de la gracia del Señor para preservarle. Es verdad, hermano, que usted no ha terminado entregándose porque el Señor es quien le ha estado atrayendo, le ha estado preservando. Pero no abuse; es como la garantía de un electrodoméstico. Hay personas que, como el electrodoméstico está en garantía, abusan del electrodoméstico. Cuando van a reclamar garantía, dicen: “No, pero es que eso no está hecho para usarse así; usted abusó del electrodoméstico”. La garantía es una garantía limitada.
Con esto quiero mostrarle: no temamos, el Señor nos cuidará; no temamos, el Señor nos sacará; no temamos, el Señor vencerá en nosotros. Pero no abusemos de esto. Más adelante, Pablo dice: no abusen del Señor. El Señor le estará preservando; hermano, cuando usted tenga una puerta, una salida, salga, huya de la tentación.
Sobre todo, he querido transmitirte un poco de urgencia acerca del temor y temblor, para que puedas tener victoria militando la vida cristiana. A menos que entiendas el riesgo que corre tu alma, no vas a ser un cristiano victorioso. Oro al Señor que nos permita, el próximo domingo, terminar esta amplia exposición acerca de la idolatría.
Oración final y anuncios
Ay, Señor, he contado mientras expongo la Escritura que sea tu Santo Espíritu acomodando al corazón. Pero te pido de nuevo, Señor, que comiences tú a levantar las alertas en mis hermanos. Sácalos de la indiferencia espiritual, Señor, de entender que están tan salvos, de entender que están tan seguros. Enséñanos, Padre, que estamos en la guerra; sácanos del área de confort; enséñanos, Señor, que los tiros nos están picando cerca.
Padre, haznos sensibles a esto, a que no bajemos la guardia. Permite, Señor, que luchemos, que luchemos en tus fuerzas y no en las nuestras. Padre, si hay algún hermano mío aquí presente que ha tenido la guardia baja con relación a cualquier expresión del pecado, alértale, Señor.
Que no abuse. Padre, que el ejemplo de los antiguos le pastoree, que los casos de antes, Señor, le eviten hacer un caso igual. Ay, Padre, permítenos ver esta semana, de manera especial, tu fidelidad. Te pido que enseñes puertas, que enseñes salidas para mis hermanos. Mira los dilemas que están teniendo de cómo glorificarte en un área o en otra; yo te pido, Señor, que mis hermanos esta semana puedan ver puertas.
Que encuentren bajaderos bíblicos para sus situaciones; que encuentren maneras honrosas de salir de la tentación. Dale buena conciencia, Señor, y decisiones contundentes para salir de situaciones de pecaminosidad, de mal testimonio; de salir de ahí, Señor, glorificándote. Padre, enséñanos puertas.
Ay, Padre, ¿cómo no pedirte esto? Danos la humildad de huir. Mira al hermano soberbio que está ahí luchando, Señor, en vez de correr. Danos la humildad para huir. Permite que al ver un bajadero, Padre, evitemos el pleito y corramos, y que huyamos hasta tu presencia. Señor, ¿a qué lugar correr si no fuera a tu presencia?
Permítenos entender, Padre, que tú nos anhelas celosamente. Cuida a mis hermanos de repetir los errores viejos del pasado. Señor, que el ejemplo de los antiguos no nos defina a nosotros. Permite que el Espíritu Santo y el conocimiento marquen la diferencia. Bendice, Señor, esta iglesia. Bendice, Señor, este pueblo con bendición desde lo alto. Trae aquí hermanos que se toman en serio su militancia cristiana, que, Señor, trabajen con los estándares más altos, que tengan las normas de seguridad más elevadas, para que te sean útiles por muchos años para tu gloria.
En el nombre de Jesucristo. Amén.
Nuestro hermano de adoración nos despide con alabanzas y nos veremos, hermanos. El jueves no tenemos discipulado, tenemos conferencia. Nos vemos el jueves en nuestra conferencia. Oremos durante la semana para que seamos acompañados por el Señor.